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Ensayo · Transversal · —

Fronteras coloniales y marginalidad periférica en Colombia

Las fronteras orientales y meridionales de Colombia no fueron trazadas por la diplomacia republicana sino heredadas de cartografías misionales jesuíticas, cédulas reales imprecisas y bulas papales que nunca describieron los interiores continentales. La pregunta es si esa herencia colonial —y no la agencia republicana— explica los litigios fronterizos del siglo XX y la marginalidad estructural de la Orinoquía y la Amazonía.

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Fronteras coloniales y marginalidad periférica en Colombia
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La herencia colonial —imperial y misional— opera como matriz de las fronteras periféricas de Colombia y de la marginalidad estructural de sus periferias orientales y meridionales, pero no como fatalidad irreversible. Las fronteras con Venezuela, fijadas definitivamente en el Tratado de Cúcuta de 1941, y con Perú, disputadas en el conflicto de Leticia de 1932-1934, son sedimento directo de cartografías misionales del siglo XVIII y de cédulas reales cuyas vaguedades el principio del uti possidetis juris de 1810 congeló como fronteras internacionales. La expulsión jesuítica de finales del siglo XVIII interrumpió el único proyecto de articulación productiva de los Llanos, y ningún actor —ni otras órdenes religiosas ni el Estado republicano— lo sustituyó con eficacia equivalente. Sin embargo, la persistencia de esa marginalidad durante dos siglos no puede atribuirse sólo a la herencia colonial: fue sostenida por omisiones y decisiones republicanas concretas, desde el Concordato de 1887 hasta la tolerancia hacia economías extractivas privadas como la Casa Arana en el Putumayo.

La tensión

La tensión central enfrenta dos interpretaciones sobre la naturaleza del Estado colombiano en sus periferias. La lectura estructuralista sostiene que la debilidad institucional de la Orinoquía y la Amazonía es una condición heredada e irreparable: el Estado nunca fundó esos territorios, sólo los recibió delineados por misioneros, sertanistas portugueses y cartógrafos jesuíticos, y los administró con las mismas herramientas coloniales —delegación en órdenes religiosas, tolerancia extractiva, integración postergada—. La lectura agencialista replica que los litigios del siglo XX fueron negociables, que la marginalidad fue una elección política y que la responsabilidad recae sobre gobiernos concretos: el proceso colombo-venezolano se arrastró más de 130 años no por fatalidad cartográfica sino por resistencia venezolana y desinterés colombiano; el conflicto de Leticia estalló sobre un territorio reconocido formalmente por el Tratado Lozano-Salomón de 1922 pero abandonado sustantivamente por el Estado. Un tercer eje de debate concierne a la expulsión jesuítica: mientras una posición la identifica como la ruptura decisiva que condenó los Llanos a dos siglos de marginalidad —dado que las haciendas de Caribabare, Cravo y Tocaría no encontraron sustitutos capaces de reproducir su complejo económico—, otra señala que en el Perú y México la misma expulsión produjo transferencias a hacendados criollos sin colapso productivo, lo que sugiere que la marginalidad llanera tiene causas adicionales a la interrupción misional.

Temas
Misiones jesuíticas en la Orinoquía y la AmazoníaUti possidetis juris y formación de fronteras republicanasConflicto colombo-peruano y el caso Leticia (1932-1934)Economías extractivas y violencia en el Putumayo y el CaquetáReformas borbónicas y expulsión de los jesuitasMarginalidad estructural de las periferias orientales colombianas
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Ensayo completo

La lectura

¿Son las fronteras periféricas de Colombia sedimento de cartografías coloniales misionales, más que producto de la diplomacia republicana?

Las fronteras orientales y meridionales de Colombia —las que se extienden desde la Guajira hasta el trapecio amazónico a lo largo de 2.219 kilómetros lindantes con Venezuela, y las que descienden por el Putumayo y el Amazonas hacia Perú, Ecuador y Brasil— no fueron dibujadas en las mesas de la diplomacia republicana. Fueron heredadas. Cuando en 1810 los criollos invocaron el principio del uti possidetis juris para fijar los límites de las nuevas repúblicas sobre las divisiones administrativas coloniales, aceptaban como propia una cartografía imperfecta, tejida durante tres siglos por bulas papales imprecisas, cédulas reales que describían territorios apenas penetrados y, sobre todo, por las geografías misionales que jesuitas y otras órdenes habían levantado en el Orinoco, el Casanare, el Meta y el alto Amazonas. La expulsión de la Compañía de Jesús a finales del siglo XVIII no borró esas geografías: las dejó huérfanas de la institucionalidad que las sostenía y transformó lo que había sido un archipiélago misional en un vacío productivo que la República tardaría más de un siglo en intentar cubrir. Los litigios fronterizos con Venezuela, resueltos apenas en 1941, y con Perú, estallidos en Leticia en 1932, son la consecuencia jurídica de esa doble herencia mal saldada; la marginalidad estructural de los Llanos y la Amazonía —donde en la primera mitad del siglo XX vivía apenas el 2,8% de la población colombiana— es su consecuencia social.

Lo que se juega en la pregunta

Preguntar si las fronteras republicanas son sedimento de cartografías coloniales misionales e imperiales, más que producto de la diplomacia ilustrada o republicana, no es un ejercicio de erudición retrospectiva. Es una pregunta sobre la naturaleza del Estado colombiano en sus periferias. Si la respuesta se inclina hacia la herencia colonial, se sigue que la debilidad institucional de la Orinoquía y la Amazonía no es un accidente reparable sino una condición estructural: el Estado nunca fundó esos territorios, sólo los recibió ya delineados por otros —misioneros, sertanistas portugueses, cartógrafos jesuíticos— y los administró con las herramientas que tenía a mano, casi siempre las mismas de la Colonia: delegación en órdenes religiosas, tolerancia hacia economías extractivas privadas, integración postergada.

Si en cambio se privilegia la agencia republicana, se sigue que los litigios del siglo XX fueron negociables, que la marginalidad fue una elección política y que la responsabilidad por los conflictos fronterizos y por la violencia sobre las poblaciones indígenas del Putumayo y el Caquetá recae directamente sobre gobiernos concretos —los de la Regeneración, los de la República Liberal— y no sobre una fatalidad heredada. Ambas lecturas tienen fuerza. La lectura más honesta reconoce que la herencia colonial pesa como matriz, pero que fue la incapacidad —o el desinterés— republicano el que la convirtió en destino.

Los términos del debate

La primera tesis sostiene que las fronteras colombo-venezolanas son sedimento directo de cartografías misionales jesuíticas naturalizadas como geografía nacional. Basta con volver al Plano del Orinoco del padre José Gumilla, quien en la primera mitad del siglo XVIII escribió sobre los pueblos guayanos a partir de los libros de bautismo que los capuchinos habían heredado de los fundadores jesuitas Ignacio Llauri y Julián de Vergara. Esa cartografía misional —que había reducido a la nación guayana, fundado cinco iglesias en la isla de la Trinidad y sus alrededores y trazado el mapa efectivo del Orinoco medio y alto— fue durante casi dos siglos la única representación fiable del territorio, primero para las autoridades coloniales y luego para los negociadores republicanos. Cuando en el siglo XIX Colombia y Venezuela intentaron fijar su frontera fluvial —los aproximadamente 250 kilómetros del Orinoco desde la confluencia con el Guaviare y el Atabapo hasta la desembocadura del Meta, tramo difícilmente navegable por sus raudales— lo hicieron sobre nombres, hitos y descripciones que provenían del archivo misional.

La segunda tesis apunta más atrás, hacia las indefiniciones imperiales originarias. La bula Inter Caetera de Alejandro VI en 1493, que repartió el mundo entre las coronas ibéricas, nunca describió con precisión los interiores continentales. Las cédulas posteriores —la de 1563 y la de San Ildefonso del 20 de agosto de 1739, que restableció el Virreinato de la Nueva Granada anexándole la Audiencia de Quito segregada del Perú, seguida de la cédula de 1740 que fijó la demarcación entre los dos virreinatos— establecieron una geografía administrativa que las propias autoridades españolas admitían esencialmente igual a la de 1563, con correcciones atribuibles al mejor conocimiento del terreno. Ese "mejor conocimiento" era, en gran medida, el que aportaban los misioneros. Cuando el uti possidetis juris de 1810 congeló esas divisiones como fronteras internacionales, heredó también sus vaguedades: territorios descritos por ríos cuyos lechos cambiaban de cauce —el Putumayo, el Caquetá, el propio Amazonas—, por hitos que nadie había verificado en el terreno, por una cartografía cuyos autores eran clérigos y no funcionarios reales.

La tercera tesis desplaza el foco a la Amazonía propiamente dicha: sus fronteras modernas son sedimento de geografías misionales que el Estado republicano apenas reconoció con retraso. En el Putumayo y el Caquetá, jesuitas, mercedarios y agustinos se turnaron y superpusieron desde el siglo XVI. Un jesuita misionó en Mocoa entre 1650 y 1661; los agustinos volvieron al mismo enclave entre 1793 y 1803; los mercedarios organizaron pueblos en el bajo Caquetá. Aguas abajo, los jesuitas lusitanos remontaron el río Negro en 1657 y ejecutaron traslados masivos de indígenas que redibujaron el poblamiento amazónico durante generaciones. Cuando el conflicto colombo-peruano estalló en 1932, Colombia se disputaba con Perú un territorio descrito, evangelizado y cartografiado por órdenes religiosas siglos antes de que existiera un Estado colombiano.

La cuarta tesis es la más ambiciosa: la expulsión de los jesuitas a finales del siglo XVIII interrumpió un proyecto de articulación productiva de la Orinoquía que ningún actor sustituyó, condenando la región a dos siglos de marginalidad. Los jesuitas habían construido en los Llanos un complejo económico integrado: las haciendas de Caribabare, Cravo y Tocaría eran contiguas, y el ganado circulaba entre ellas de manera constante. Combinaban ganadería con producción de mieles y azúcar, y sus utilidades sostenían los colegios de la orden. Aunque menos valiosas que sus contrapartes peruanas o mexicanas —las principales haciendas neogranadinas no excedían los 100.000 pesos, frente a los 200.000 del Perú o los 500.000 a 700.000 de México—, constituían la única empresa capaz de articular productivamente los Llanos con los mercados andinos. Su desmantelamiento tras 1767, en el marco de reformas borbónicas que veían a la Compañía como entidad díscola, dirigida por autoridades internacionales fuera de España y peligrosa por sus reducciones "imposibles de vigilar", dejó un vacío que ni los capuchinos ni los agustinos ni el Estado republicano llenaron.

La evidencia y sus contornos

El caso del Orinoco es el más nítido. La frontera fluvial que hoy separa a Colombia de Venezuela en ese tramo corresponde punto por punto a la geografía misional del siglo XVIII: los raudales de Atures y Maipures, San Fernando de Atabapo, la confluencia del Guaviare —río de aproximadamente 1.200 kilómetros que desde tiempos coloniales fue considerado con frecuencia como las fuentes del Orinoco— provienen directamente de la cartografía jesuítica. Cuando Alejandro de Humboldt recorrió la región a comienzos del siglo XIX, viajaba con los mapas de Gumilla en la mano. Y cuando el proceso de delimitación colombo-venezolana se arrastró durante todo el siglo XIX —más contencioso que el ecuatoriano, con acuerdos fallidos que culminaron en el Tratado Suárez-Losada Díaz de 1916 sin lograr la delimitación definitiva—, los negociadores discutían sobre nombres y accidentes fijados por los misioneros.

El Tratado de Cúcuta, firmado el 5 de abril de 1941 en el templo del Rosario, cerró finalmente esa disputa. Su artículo 2° estableció el derecho recíproco y a perpetuidad de libre navegación en los ríos comunes, con igualdad de condiciones para venezolanos y colombianos, cuestión lo bastante sensible para haber bloqueado durante décadas cualquier acuerdo. Que se hayan necesitado más de ciento treinta años desde la independencia para fijar una frontera terrestre de 2.219 kilómetros no puede explicarse sólo por la resistencia venezolana o la incompetencia diplomática: la materia sobre la que se negociaba era una cartografía imprecisa heredada de las cédulas de 1563 y 1740 y de los mapas misionales.

El caso amazónico añade una capa adicional: la coexistencia entre soberanía formal indeterminada y economía extractiva agresiva. Los ríos Putumayo, Caquetá y Amazonas presentan lechos inestables que cambian de cauce, lo que genera dificultades técnicas y jurídicas persistentes para la demarcación basada en el talweg. Sobre esa geografía de bordes móviles, y sobre el vacío institucional dejado por el fracaso de las misiones franciscanas en el Putumayo, Caquetá y Coca durante los siglos XVII y XVIII —fracaso atribuible en parte a la "saca" y esclavitud de indígenas auspiciada por las propias autoridades de Popayán—, se instaló el ciclo cauchero. La Casa Arana, que operaba entre la Amazonía colombiana y peruana, no fue un intruso en un territorio deshabitado: fue un poder de facto que llenó con violencia privada un espacio que el Estado no ocupaba. Para 1917 se reportaba que los peruanos controlaban la porción del Putumayo desde la frontera brasileña hasta Güeppí, y la trata de indígenas —hombres, mujeres y niños sometidos por relaciones paternalistas, servidumbre por deudas, cautiverio disfrazado— reproducía a escala industrial patrones de sujeción con antecedentes coloniales.

La toma de Leticia el 1° de septiembre de 1932 por un grupo armado de 250 peruanos que izó la bandera de su país reveló la fragilidad de la soberanía colombiana sobre un territorio que, en teoría, le había sido reconocido por el Tratado Lozano-Salomón del 24 de marzo de 1922. Colombia enfrentó el conflicto en condiciones lastimosas: aviones de escuela —los viejos Caudron, los Wild suizos—, un ejército "poco menos que inerme". Perú exigió en la negociación que Colombia aceptara la revisión obligatoria del tratado y que Leticia quedara bajo administración brasileña durante sesenta días, tras los cuales, si no había acuerdo, Brasil devolvería el enclave al Perú. El armisticio del 24 de octubre de 1933 y el Protocolo de Río de Janeiro del 24 de mayo de 1934, que otorgó a Colombia plena soberanía sobre Leticia, cerraron el episodio; pero la Casa Arana se retiró al Perú al final de la guerra sin que el suplicio de los pueblos indígenas terminara, y el trapecio amazónico quedó como territorio soberano formalmente pero deshabitado sustantivamente.

El desmantelamiento del proyecto jesuítico llanero tiene una densidad de evidencia que respalda la cuarta tesis con matices. Las reformas borbónicas apuntaron contra la Compañía por razones que combinaban geopolítica, doctrina y economía: independencia excesiva respecto a la Corona, dirección internacional, reducciones imposibles de vigilar dada su extensión y lejanía, enseñanza de doctrinas jurídicas vistas como subversoras en la época absolutista. Moreno y Escandón, uno de los principales promotores de las reformas ilustradas en la Nueva Granada entre 1764 y 1780, articuló ese proyecto de mayor control regio directo. Pero lo que en el Perú o México produjo transferencias de haciendas a hacendados criollos capaces de mantener la producción, en los Llanos neogranadinos —donde las haciendas eran menos valiosas y estaban más aisladas— produjo simplemente el colapso. Las haciendas de Caribabare, Cravo y Tocaría, cuya rentabilidad dependía precisamente de la indeterminación de límites que permitía a los jesuitas mover ganado entre ellas, no encontraron sustitutos. Los capuchinos que ocuparon los pueblos guayanos del Orinoco mantuvieron la evangelización pero no reprodujeron el complejo económico.

La respuesta que sostienen los hechos

La herencia colonial —imperial y misional— pesa como matriz de las fronteras y de la marginalidad de las periferias orientales y meridionales de Colombia, pero no como fatalidad. Pesa como condición inicial cuya persistencia se explica por decisiones —u omisiones— republicanas concretas.

Las fronteras con Venezuela y con Perú son, en su trazado geográfico, sedimento directo de las cartografías misionales del siglo XVIII y de las cédulas reales del mismo siglo. El uti possidetis juris de 1810 no fue un acto de creación republicana sino de aceptación de una geografía heredada: los negociadores del siglo XIX discutían sobre nombres puestos por Gumilla, sobre reducciones fundadas por Llauri y Vergara, sobre pueblos organizados por mercedarios en el bajo Caquetá y agustinos en Mocoa. Cuando el Tratado de Cúcuta finalmente fijó la frontera en 1941, lo hizo sobre una materia cartográfica que provenía en última instancia del archivo misional colonial.

La debilidad institucional en la Amazonía y la Orinoquía tiene, en cambio, una causalidad más compleja. La expulsión jesuítica de 1767 fue una interrupción real de un proyecto que articulaba productivamente los Llanos, y ningún actor la sustituyó con equivalente eficacia. Pero la marginalidad de dos siglos no puede atribuirse sólo a ese hueco: la República tuvo oportunidades de intervenir. El Concordato de 1887 con la Santa Sede y el Convenio de Misiones de 1902 optaron por reciclar el modelo colonial —delegar en misiones capuchinas y de otras órdenes lo que el Estado no quería o no podía hacer—, respaldados por la Ley 89 de 1890, que estableció la manera en que debían ser gobernados los indígenas "salvajes que se reduzcan a la vida civilizada". Esa continuidad no fue herencia inevitable: fue elección política del régimen regenerador. Y tuvo costos concretos: mientras el Estado delegaba la "civilización" en los misioneros, la Casa Arana y otras empresas caucheras ejercían una soberanía de hecho basada en la trata indígena y el exterminio.

La demografía completa la explicación. Un Estado cuya población se concentraba abrumadoramente en el altiplano y el Caribe —el 65% en el núcleo andino, el 19,8% en la Costa Caribe, el 11,1% en el Valle del Cauca y la Costa Pacífica, y apenas el 2,8% en los Llanos y la Amazonía durante el largo período de intendencias y comisarías de 1931-1946— carecía de incentivos políticos para invertir en periferias fluviales lejanas. La región amazónica, que abarca aproximadamente el 37% del territorio nacional, era enorme, remota, y su explotación productiva quedó en manos de empresas privadas y economías de bonanza sucesivas: caucho, quina, pieles, luego petróleo, maderas y coca. El Putumayo, territorio de bonanzas extractivas encadenadas con presencia estatal escasa y no orientada al bienestar de sus habitantes tradicionales, es el caso paradigmático.

Fueron finalmente presiones externas, y no una política deliberada de integración, las que forzaron al Estado a actuar. Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo (1930-1946) impulsaron reformas administrativas, subsidios financieros, obras públicas y políticas de colonización que rompieron con la tradición de abandono. Olaya negoció el arreglo de fronteras con Venezuela y Brasil antes incluso del conflicto con Perú por Leticia, y creó la Intendencia del Amazonas. La guerra colombo-peruana (1932-1934) avivó el nacionalismo y reforzó el interés estatal por los territorios amazónicos, y las políticas de colonización se prolongaron bajo la Revolución en Marcha de López Pumarejo. Pero incluso esa integración tardía se hizo mediante colonización espontánea de campesinos andinos empobrecidos, no mediante construcción de instituciones civiles: la frontera agraria se expandió sobre las periferias contribuyendo directamente a La Violencia —guerra civil que costó 200.000 vidas en los años cincuenta— y alimentando después movimientos guerrilleros. Entre 1930 y 1950, liberales que huían de la persecución conservadora se refugiaron en los Llanos; algunos conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo. Desde los años setenta, esmeralderos y narcotraficantes se convirtieron en referentes identitarios del piedemonte llanero norte, mientras la explotación de hidrocarburos desplazaba desde los noventa la economía agropecuaria en el sur de Casanare.

La marginalidad estructural es, entonces, a la vez herencia colonial y producto republicano. Herencia porque el Estado recibió una geografía ya trazada por otros y unos territorios ya vaciados por la expulsión jesuítica. Producto republicano porque, teniendo la oportunidad de reconstruir sobre esas ruinas, optó una y otra vez por delegar, tolerar economías depredadoras y postergar la integración institucional.

Los flancos que quedan abiertos

Ninguna de estas tesis se cierra por completo, y conviene señalar dónde queda tensión. La magnitud real del proyecto productivo jesuítico interrumpido admite dudas: sus haciendas eran menos valiosas que las peruanas o mexicanas y su articulación era regional más que continental, de modo que no está claro si su continuidad hubiera alterado sustantivamente la trayectoria de la Orinoquía, o si el aislamiento geográfico y la baja densidad demográfica hubieran producido, tarde o temprano, la misma marginalidad. A ese interrogante se suma el peso comparativo de las órdenes que sucedieron o coexistieron con los jesuitas: capuchinos, agustinos, mercedarios y franciscanos operaron con desigual éxito en el Casanare, el Putumayo y el Caquetá, y el fracaso franciscano en Putumayo, Caquetá y Coca se debió en parte a la esclavización de indígenas auspiciada por las autoridades de Popayán. La imagen de un vacío absoluto tras 1767 se atempera al reconocer estas continuidades, pero también se complica: si otras órdenes sostuvieron presencia misional, la marginalidad no puede atribuirse sólo a la ausencia jesuítica.

Queda además la cuestión de la agencia indígena, tratada casi siempre como objeto de reducción, evangelización, trata y "civilización". Los pueblos guayanos evangelizados por Llauri y Vergara, los indígenas del Vaupés que constituyeron la mano de obra cauchera, los pueblos del Putumayo diezmados por la Casa Arana no fueron receptores pasivos de las geografías coloniales y republicanas: negociaron, resistieron, migraron, adaptaron. Y queda, por último, la naturaleza del uti possidetis juris mismo. Que Bolívar propusiera en carta del 18 de mayo de 1821 una visión sociogeográfica de las cuencas fluviales por encima de las fronteras formales derivadas del principio —proponiendo un cuarto departamento que integrara Pamplona, Mérida y Maracaibo— indica que la aceptación de la herencia colonial no fue unánime ni inevitable. Hubo, desde el origen, voces republicanas que intuyeron que las divisiones administrativas coloniales no correspondían a las realidades geográficas y sociales del territorio. Que esas voces perdieran dice algo sobre las prioridades de la construcción nacional decimonónica: estabilidad jurídica sobre coherencia geográfica.

Si la herencia colonial pesó tanto en el trazado de las fronteras, cabe preguntarse por qué la diplomacia republicana necesitó más de un siglo para ratificar lo que en principio ya estaba dado. El uti possidetis fijaba un principio pero no un mapa: cada Estado sucesor interpretó las cédulas coloniales a su conveniencia, y las disputas fronterizas del siglo XIX y comienzos del XX fueron en buena medida disputas hermenéuticas sobre documentos coloniales ambiguos. La diplomacia republicana no reemplazó a la herencia colonial: fue su prolongación por otros medios, un largo litigio sobre qué había querido decir realmente la Corona en 1563, en 1739, en 1740. Que Colombia haya salido de ese litigio con las fronteras que hoy tiene —no las que habría podido tener bajo una lectura maximalista de las cédulas, no las que habría querido Bolívar en 1821— es el resultado combinado de una herencia jurídica compleja, una precariedad militar persistente y una demografía que nunca alcanzó a poblar las periferias. En los tres factores hay más continuidad colonial que ruptura republicana. Esa continuidad, más que cualquier bula o cualquier mapa jesuítico específico, es la matriz que todavía hoy se lee en la marginalidad del trapecio amazónico.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

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01Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1301 fragmento
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rosario a lo largo del piedemonte andino, 128 están integradas a través de las localidades de mediana importancia como Guanare, Araure y Acarigua o también San Garlos y San Sebastián de los Reyes «a las regiones más pobladas políticamente dominantes y económicamente importantes, centradas en torno a ciudades como…

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03Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1901 fragmento
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organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…

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04Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 101 fragmento
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Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…

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05El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 611 fragmento
[5]

llevadero el sumo retiro o destierro de la Guayana. 27 Johannes de Laet, Historia del Nuevo Mundo, lib. 10. Antonio de Herrera y Tordesillas, ubi supra, lib. 8, cap. 6.7 62 Jíndic Gerstta Por aquel mismo tiempo, los padres Ignacio Llauri y Julián de Vergara, después de haber hecho mucho fruto en San José de Oruña,…

p. 61
06Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 881 fragmento
[6]

controlar algu- nos aspectos del intercambio. Los witotos desig- naron las hachas obtenidas a través del tráfico de hombres con el nombre de «hachas miedosas», y aún se recuerda, en algunas localidades, los cami- nos que recorrían aquellos traficantes de hombres llevando encadenados a los indios que iban con destino a…

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07Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 34, 2422 fragmentos
[7]

de hombres, mujeres y de niños, porque dicha trata ha sido, quizá, la que mayor destrucción ha generado en el conjunto de la región. En ocasiones, tanto la trata humana como la sujeción y el cautiverio se han camuflado en re- laciones paternalistas y de servidumbre, lo mismo que bajo la apa- rente legalidad del pago…

p. 34
[8]

de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…

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08Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1141 fragmento
[9]

Antioquia, pág. 23. 115 Híndicíe rf ae oíre vidíríete ft Ciailqíe especialmente esclavas ancianas que habían servido a sus amos durante toda su vida. § Control y paternalismo La instrucción más importante dada a mayordomos de haciendas hispanoamericanas, la de la Compañía de Je- sús, concluía con una máxima de suma…

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09Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 1831 fragmento
[10]

principales de la cuenca del Orinoco El Arauca, que forma el límite con Venezuela sobre 280 km tiene una extensión de 1. 000 km y es navegable desde la población de su nombre. El Meta tiene sus cabeceras for- madas por los ríos Humea, Guatiquía, Guayuriba y sus afluentes en el páramo de Sumapaz, tiene una longitud de…

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10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 36, 402 fragmentos
[11]

padecen dinámicas comunes en el contexto del conflicto armado. La superficie de estos cinco departamentos alcanza los 372.942 kilómetros cuadrados, una extensión ligeramente superior a la de la actual Alemania. Sin embargo, para efectos de este informe, se excluyen algunas zonas amazónicas del Caquetá y del Guaviare.…

p. 36
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entre 1930 y 1950, huían de la persecución conservadora. Algunos de estos liberales conformaron las guerrillas de Guadalupe Salcedo en la década de los cuarenta y los cincuenta 39. Por último, está el piedemonte norte. Villavicencio y Yopal se erigen como las ciu- dades referentes de los llanos orientales, y…

p. 40
11El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 441 fragmento
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la Gran Colombia bolivariana /// Orlando Fals Borda 44 guerra y la ocupación desordenada y explotación ilegal de la tierra. Colombia carga con buena parte de la culpa porque todas esas aguas se originan en los Andes colombianos. No sería difícil pensar en corporaciones ambientales binacionales autónomas en esos…

p. 44
12Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 1351 fragmento
[13]

el Guaviare y el Atabapo, dos corrien- tes que confluyen casi en el mismo punto con el gran tio colombo-venezolano. Desde ese punto hacia el norte, hasta la desembocadura del Meta, el Orinoco es comin a los dos paises en un tramo que mide doscientos cin- cuenta kilémetros de longitud, dificilmente navegable a causa de…

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13Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 52, 1412 fragmentos
[14]

divisoria, procedimiento que se ha seguido en todo el trazado de los límites de Colombia. El talweg de un río es una cosa variable. Es claro que en ríos que quedan en sitios despoblados como el Amazonas colombo-pe- ruano, en donde la navegación es esporádica y no hay una vigi- lancia constante, el hecho no se hace…

p. 52
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el 5 de abril de 1941 en el templo del Rosario de Cúcuta, que deja perfectamente claros y definidos los límites entre Colombia y Venezuela, establece con toda la claridad en su artículo 2? "Las dos Repúblicas se reco- nocen recíprocamente y a perpetuidad, de la manera más am- plia, el derecho de la libre navegación de…

p. 141
14Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 1, 5, 233 fragmentos
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includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…

p. 23
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these percentages had changed little: of a total of EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Page 7 Map 1. Colombia: intendancies and comisar í as, 1931 – 1946 Source: Vila, Nueva Geograf í a de…

p. 5
[41]

Page 1 PART I — TERRITORIAL RULE DURING THE LIBERAL REPUBLIC 1999. University Press of Florida. All rights reserved. May not be reproduced in any form without permission from the publisher, except fair uses permitted under U.S. or applicable copyright law. EBSCO Publishing: eBook Collection (EBSCOhost) printed on…

p. 1
15Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1711 fragmento
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su marginalidad. Para permitir y justificar la violencia se acuerdan derechos y reglas fuera de las leyes estatales. Hoy, los habitantes del Putumayo se remiten a este periodo histórico para explicar el por qué de la “barbarie” que según sus dirigentes, caracteriza la violencia en el departamen- to (Plan de Desarrollo…

p. 171
16Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 621 fragmento
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a una intensa colo- nización, creándose muchísimos pueblos nuevos y construyéndose numerosas carreteras. Además, la población autóctona, nacida en el Llano, se está equilibrando con la foránea y busca caminos para seguir sus propios rumbos, Un indio muinane, de la Región Amazónica, ingiriendo coca. En esta región,…

p. 62
17Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 3331 fragmento
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más rica, siendo comunes muchas especies que hoy 334 Eíndice Grst nutrientes del suelo) del lugar. Para otros, donde en la ac- tualidad hay sabanas existieron bosques, pero debido a la tala y quema constantes, la vegetación arbórea fue susti- tuida por una herbácea. Creemos que en esta polémica sobre el origen de las…

p. 333
18Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 561 fragmento
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treaty also guaranteed in perpetuity free navigation of jointly held rivers and created a mixed commission to settle the boundary in the Amazon region, an area further complicated by Peruvian encroachment. Both governments praised the Treaty of 1916 as a positive outcome of the traditionally cordial relations between…

p. 56
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 351 fragmento
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la verdad y avanzar hacia la convivencia y la no repetición en esta región del país. proyectos de investigación, debates, cátedras formales y publicaciones con la participación del sector académico y de las organizaciones sociales». Saúl Franco en Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No…

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20Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 1, 11, 1643 fragmentos
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Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…

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vicar is a bishop or priest with jurisdiction over an unorganized territory that is not yet ready to be a full diocese. An apostolic prefect is a priest who heads a missionary area even less developed than that of a vicariate. If a prefecture grows and flourishes, it is elevated to an apostolic vicariate. The usual…

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1 The Llanos Frontier on the Eve of La Violencia The attraction of the Llano is irresistible. It can happen that it may produce a de- formation of the spirit and that men, accustomed to the comforts and advantages of what is called civilization, will become fond of what there is in the plains, in the hatos, in the…

p. 1
21Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 105, 1122 fragmentos
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se hu- biera mantenido la frontera de 1830, o sea la de la ribera norte del río Ama- zonas. El tratado de 1922 por lo me- nos salvó ese pequeño trozo de fron- tera. El Perú, sin embargo, no quedó sa- tisfecho con el tratado Lozano-Salo- món de 1922, y ello condujo más tarde a la invasión por el Perú del trapecio…

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esta cédula con la de 1563 resulta que la demarcación se- ñalada en una y en otra es igual, aun cuando hay algunas diferencias que obedecen primordialmente al mejor conocimiento del terreno en la de 1740. Ésa misma delimitación se es- Sellos y firmas de Marco Fidel Suárez y Alberto Muñoz Vernaza en el documento de…

p. 105
22Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3161 fragmento
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nes se agregaron a los viejos Caudron, los Wild suizos. Cerrada de nuevo en 1928, reabierta en 1929 con oficialidad francesa, la Escuela registra oscilacio- nes similares a las que el ejército y la Armada hubieron de sufrir en un am- biente político de indiferencia por las necesidades de la defensa nacional y la…

p. 316
23Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 78, 852 fragmentos
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oficiales estaban más al servicio de la política que concentrados en su oficio y el gobierno civil no era lo suficien- temente diestro en los asuntos de defensa, como para trabajar en estrecha cola- boración con el sector castrense a la hora de proyectar los planes estratégicos necesarios para cubrir todo el teatro de…

p. 78
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reconsiderar el tratado de 1922, en busca de un acuerdo que comprendiera medidas económicas, comerciales y culturales. Haber aceptado la fórmula en mención demostró, primero, que la canci- llería colombiana no contaba con una política exterior, y, segundo, que los negociadores nacionales carecían de los conocimientos…

p. 85
24Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 71, 782 fragmentos
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el río Apaporas; contintia por el Apaporls hasta su confluencia con re Caquetá y continúa por el curan de es unos 18 kilómetros, hasta un sit cerca de la iso de Inambú, punto Temitorio de Colombia Trestado:de Crayaguil embrrCielponit o Peri del 13 destine de 1629 Firmas del presatrote del Meri, Autors Curtifrnez ae la…

p. 78
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mar territorial y la plataforma submarina, la Constitución co- lombiana de 1991, artículo 101, pre- ceptúa en el título 1, capítulo 4, que junto con el suelo «también son parte de Colombia, el subsuelo, el mar terri torial, la zona contigua, la Forma continental, la zona exclusi- vi, el espacio aéreo, el segmento de…

p. 71
25Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 331 fragmento
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bélico y unos aviones capturados. El 25 de junio, tras la retirada peruana, la guerra terminó y Leticia quedó en manos de la Liga de Naciones. El 24 de octubre de 1933 se pactó un armisticio y se iniciaron negociaciones diplomáticas; el conflicto terminó con la firma del tratado de paz a través del Protocolo de Río de…

p. 33
26Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3181 fragmento
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ser el canal más largo del mundo. En 1932 esa selva de La vorágine, en la parte colombiana, se extendía, como ahora, hasta un barranco sobre el Amazonas, Leticia, único pedazo de tierra firme que por el sur del terri- torio nacional cierra el mapa. Es otra entrada al mar, al Océano, tal como la tuvo Ecuador, como la…

p. 318
27La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 34, 1122 fragmentos
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los procesos de distribución de la propiedad rural son bastante inequitativos. Vemos que las adjudicaciones en los rangos de 501-1.000 hectáreas y de 1.001-2.500 hectáreas con- trolan el 93,10 % de la superficie asignada y representan sólo el 26 % del total de adjudicaciones, mientras que los predios de peque- ña…

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Cubeos, entre otros. Pero es- tos pueblos fueron objeto de un sistemático proceso de extermi- 35 1 De los Andes a la selva: la conquista de la Manigua. Geografía de la colonización en el Caquetá nio y reducción. La inserción del espacio amazónico en la nación comenzó con las exploraciones e incursiones de los…

p. 34
28Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 28, 322 fragmentos
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región en las últimas dos décadas del siglo XX. Igual ocurre al revi- sar estudios académicos e institucionales que, de una parte, se concentran en una configuración territorial a partir de la eco- nomía ilegal de la coca y su relación con los grupos armados y el narcotráfico (Ramírez, 2001; Observatorio de Derechos…

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definición de límites de Colombia con Ecuador, perdió gran parte de su territorio mediante la Ley 56 de 1916 y en 1943 nuevamente perdió territorio cuando La Cocha fue anexada a Nariño (Ley 26 de 1943). La parte del bajo Putuma- yo perdió territorio cuando se creó la Comisaría especial del Amazonas (Ley 2 de 1943). En…

p. 32
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 45, 482 fragmentos
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entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…

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con las amazónicas 86 y desarro- llaron «ganaderías vacunas y cultivos de plátano y hortalizas» 87, dando comienzo a la reconfiguración territorial y productiva. Un colono campesino le contó a la Comisión su origen y el de su familia: «[Soy] un hijo de colonos por parte de mi padre, quien nació aquí en Florencia,…

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30Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 41 fragmento
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region floundered by the late 1910s, Peru’s and Colombia’s continued to grow. By 1917 the Peruvians were reported to control the portion of the Putumayo from the Brazilian border to the strategic settlement of Güeppí,19 later the site of a key battle during the 1932/33 Peruvian-Colombian war which broke out over the…

p. 4
31Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 951 fragmento
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de la complejización del mismo es importante acercarse a otras fuentes, en este caso documentales, que permitan dar cuenta de los contextos regionales a los que no se tiene acceso a partir de los sujetos. No con el ánimo de corroborar si lo dicho por ellos es verdad o no, sino de ampliar el espectro de comprensión. De…

p. 95
32Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 5601 fragmento
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También cultivan caña para la preparación del guarapo. La ganadería forma parte de su economía y tam- bién algunos cultivos menores de frutales como mango, piña, patilla, pa- paya, limón y mamey. Las mujeres elaboran en cerámica tinajas, budares y calderos con fines domésticos y comerciales. Los hombres trabajan…

p. 560
33Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 172 fragmentos
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popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…

p. 17
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popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…

p. 17
34Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 271 fragmento
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se hiciera el reparto a los privilegiados, generándose un problema de tierras con los indígenas y los nuevos inmigran tes europeos, o los españoles pobres. Las capitulaciones daban al conquistador una especie de dominio emi nente, que se particularizó y concretó con la encomienda. La norma según la cual el territorio…

p. 27
35Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 1891 fragmento
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el río Orinoco para establecer su base de apoyo en la Guayana, frontera donde los bandidos pudieron legitimarse con un Congreso Constituyente, un periódico (Correo del Orinoco) y un plan de ataque sorpresivo sobre el Nuevo Reino de Granada. La llegada del Ejército Expedicionario a Venezuela significó la restauración…

p. 189
36Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 631 fragmento
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distintas en años recientes y en nuevas regiones fronterizas. Contribuyó, por ejemplo, a La Violencia, esa guerra civil anárquica que costó 200 000 vidas en los años cincuenta, y dio pábulo a los movimientos guerrilleros que actúan hoy en las zonas fronterizas de Colombia. La interpretación del desarrollo de la…

p. 63
37Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 841 fragmento
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a poco el n ú mero de espa ñ oles en los principales cargos, en particular al mando de tropas, como los gobernadores, que ya para 1794 eran casi todos espa ñ oles. Los cabildos, con regidores que casi siempre compraban sus puestos, siguieron en manos de los crio llos, a pesar de algunos intentos de los virreyes de…

p. 84
38Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1391 fragmento
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más prósperas en el renglón de la manufactura durante el siglo xviii y que poblaciones como Morocote se hicieran famosas por los lienzos que distribuían en los mercados de la Nueva Granada. Las haciendas De gran importancia fueron también las haciendas de los jesuitas, por su valor económico y por las técnicas de…

p. 139
39El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 1211 fragmento
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aquella.<i partes se extienden el ganado y bestia.<i cuanto quieren, porque son del Rey nuestro señor y las poseyeron los extrañados sin más título que su voluntad"". A pesar de ]a.<; imprecisiones en sus lfmires, las principales hacienda.<i jesuitas de Caribabare, Cravo y Tocaría eran contiguas y el ganado de las…

p. 121
40Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2311 fragmento
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de extrañar que las familias más poderosas de la provincia (Arboledas y Caicedos, por 39 V. Juan Manuel Pacheco, SJ, Los jesuitas en Colombia. Bogotá (sin fecha de impresión), t. II, p. 174 y 178. 40 V. por ejemplo G. Colmenares, Cali, op. cit. passim. LA.5 HACIENDAS 207 ejemplo) hubieran optado -en menor escala-por…

p. 231
41Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 282 fragmentos
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de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

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que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

p. 28
42Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 981 fragmento
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sociedades primitivas se acercaban a lo que habían sido las sociedades europeas en el pasado: John Locke había a afirmado que los primitivos americanos representaban el pasa- do de Europa. Las colonias se abrieron modestamente a la visita de europeos inte- resados en el asunto, animados por la idea de que la cultura…

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