Idea · Independencia
Soberanía popular
Principio según el cual la autoridad legítima reside en el pueblo y no en un monarca por derecho divino o herencia; llegó al Nuevo Reino de Granada en 1810 como doctrina de emergencia ante el vacío dejado por la captura de Fernando VII y se instaló como axioma fundacional de la República colombiana.
Trayectoria de una idea
- 1781
Revolución de los Comuneros: antecedente fiscal
- 1793
Nariño imprime los Derechos del Hombre
- 1809
Primeras formulaciones doctrinales criollas
- 1810
Cascada de juntas y reasunción de soberanía
- 1810
Manifiesto de reasunción de soberanía
- 1811
Constitución de Cundinamarca: soberanía en texto normativo
- 1811
Acta de Federación de las Provincias Unidas
- 1815
Nueve constituciones provinciales: laboratorio y límites
La lectura
La soberanía popular no llegó al Nuevo Reino de Granada como conquista de un pueblo movilizado, sino como instrumento jurídico de una élite criolla ilustrada que necesitaba legitimar el desplazamiento de los funcionarios peninsulares sin declararse abiertamente traidora al rey cautivo. Su formulación más precisa —que en ausencia del monarca la soberanía retornaba a su legítimo depositario, el pueblo— era funcionalmente equivalente al pactismo tradicional hispánico, pero abría un vocabulario que sectores más amplios comenzaron a apropiarse. La paradoja fundacional del concepto quedó expuesta desde el primer momento: quienes lo invocaban no eran el pueblo entero, sino quienes hablaban en su nombre, y el propio Nariño lo admitió con lucidez retrospectiva. Las constituciones provinciales de 1811 a 1815 convirtieron el principio en texto normativo, pero lo hicieron conservando las exclusiones coloniales por esclavitud, analfabetismo y falta de propiedad, de modo que la retórica incluyente convivió desde el origen con una práctica sistemáticamente excluyente. Esa tensión entre la soberanía que se proclamaba y las soberanías que en la práctica se retenían —provinciales, de clase, de raza— marcó el pulso de dos siglos de guerras civiles, refundaciones constitucionales y disputas territoriales en la historia colombiana.
La soberanía popular es, en la historia política colombiana, el principio según el cual la autoridad legítima reside en el pueblo y no en un monarca por derecho divino o herencia. Llegó al Nuevo Reino de Granada en 1810 como doctrina de emergencia —una respuesta jurídica al vacío dejado por la captura de Fernando VII a manos de Napoleón— y se instaló como axioma fundacional de la República. Desde el comienzo cargó una ambigüedad estructural: fue invocada por una élite criolla ilustrada para desplazar a los funcionarios peninsulares, pero también abrió un vocabulario y unas instituciones —juntas, cabildos abiertos, colegios electorales, constituciones provinciales— que sectores más amplios aprovecharon parcialmente. Entre la retórica incluyente y la práctica censitaria, entre la soberanía nacional que se proclamaba y las soberanías provinciales que en la práctica se retenían, el concepto atravesó dos siglos marcando el pulso de guerras civiles, refundaciones constitucionales y disputas territoriales que van del 20 de julio de 1810 a la Asamblea Constituyente de 1991.
La grieta ilustrada en el orden colonial
Antes de que la palabra "soberanía" adquiriera vecindad neogranadina, la Corona borbónica ya había producido, sin quererlo, las condiciones para su circulación. Las reformas fiscales del último tercio del siglo XVIII —aumento de impuestos, endurecimiento de los monopolios del tabaco y los licores, control administrativo más estrecho— tensaron el pacto colonial. En 1781 estalló en la región de El Socorro la Revolución de los Comuneros: una protesta fiscal masiva que llegó hasta Zipaquirá, donde el arzobispo Antonio Caballero y Góngora negoció con Juan Francisco Berbeo y otros líderes las Capitulaciones que revirtieron algunas medidas impositivas. Reforzada militarmente la capital, la Corona anuló las capitulaciones; José Antonio Galán, que había rechazado sus términos, fue apresado y ejecutado.
Los Comuneros no proclamaron la independencia. Sus demandas se agotaban en el terreno fiscal y en la petición de preferencia criolla para los cargos oficiales; en varias regiones se documentó incluso una lealtad explícita al rey. Y sin embargo el episodio dejó una lección subterránea: el orden podía ser desafiado, negociado, reescrito. Que muchos de los futuros líderes de 1810 hubieran estado en 1781 del lado de la Corona subraya que no hubo continuidad directa entre uno y otro proceso, pero sí una memoria disponible.
La otra grieta se abrió por la vía de los libros. La Ilustración entró a Santafé como paradoja: las expediciones científicas, las tertulias y las sociedades económicas patrocinadas por los propios Borbones formaron intelectualmente a una generación de criollos que, precisamente por esa formación, comenzó a concebir su capacidad de autogobierno. Antonio Nariño, dueño de una biblioteca clandestina donde convivían clásicos griegos y latinos con los enciclopedistas franceses, tradujo del francés e imprimió el 13 de diciembre de 1793, en su Imprenta Patriótica, el folleto de los Derechos del Hombre y del Ciudadano proclamados por la Asamblea Constituyente de Francia. Lo obtuvo a través de un libro del realista Christophe Félix de Montjoie, que reproducía el texto pese a no ser entusiasta de la Revolución. Nariño lo hizo circular en Santafé.
La reacción colonial fue desmedida y reveladora. Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de bienes; el virrey alertó a Quito, Caracas y otras ciudades sobre el potencial sedicioso del documento. Su biblioteca, confiscada, quedó como el mapa inadvertido de una mentalidad: filosofía, teología, matemáticas, ciencias naturales, tratados de leyes y los prohibidos enciclopedistas franceses. La represión fue tan aparatosa que terminó certificando lo que quería negar: había en Santafé lectores capaces de traducir la idea de que la autoridad descansa en el consentimiento y no en la sangre real.
El vacío del rey y la doctrina del retorno
La invasión napoleónica a España en 1808 y la captura de la familia real produjeron, más que una crisis diplomática, un colapso de la ficción política que sostenía el imperio. Sin rey en su trono, ¿quién era el soberano? La respuesta —articulada en el mundo hispánico con acento en las viejas tradiciones jurídicas peninsulares y con ecos del pensamiento francés— fue que, en ausencia del monarca, la soberanía que él ejercía a nombre del pueblo retornaba a su legítimo depositario. La doctrina, funcionalmente equivalente al pactismo tradicional, servía para legitimar juntas de gobierno provisionales sin romper formalmente con el rey cautivo.
La formulación tuvo un momento clásico en el Río de la Plata: el 25 de mayo de 1810, en el cabildo abierto de Buenos Aires, Juan José Castelli proclamó que España había caducado en su poder sobre América y que al pueblo correspondía reasumir la soberanía. La misma noción jurídica —que la soberanía retornaba, no que se inventaba— circulaba ya en Santafé. Ignacio de Herrera y Vergara, en un documento del 1 de septiembre de 1809 que formaba parte de las instrucciones al delegado neogranadino ante la Junta de Sevilla, había afirmado que "el pueblo es la fuente de la autoridad absoluta" y que el rey estaba encargado de ejercerla en beneficio de sus dominios. Ese mismo año, Camilo Torres redactó el Memorial de agravios, cuya idea cardinal era el derecho de representación de los criollos americanos: no una ruptura, todavía, sino una exigencia de paridad dentro del orden monárquico.
La opinión pública del virreinato se dividió en tres bandos: los afrancesados, los partidarios de la Junta Suprema que proclamaba a Fernando VII, y los criollos democráticos con designios de independencia absoluta. La división se manifestó tempranamente en Mompox, motivada por la abdicación de Carlos IV en 1808. La doctrina del retorno de la soberanía no era, en manos de estos criollos, una teoría abstracta: era el instrumento jurídico que permitía tomar el poder sin declararse todavía traidores al rey.
El propio Nariño reconocería, años más tarde y con lucidez retrospectiva, los límites prácticos de la doctrina. En estado de revolución, admitió, ciertos hombres de luces y crédito se apropiaron de una parte de la soberanía para dar los primeros pasos: la movilización simultánea y organizada de todo el pueblo era, en la práctica, imposible. La soberanía popular nacía así con una advertencia interna: quien la invocaba no era el pueblo entero, sino quien hablaba en su nombre.
1810: la cascada de las juntas
Entre mayo y agosto de 1810, el Nuevo Reino de Granada vivió una cascada de juntas de gobierno que reordenó el mapa político del virreinato. Cartagena inauguró la secuencia el 22 de mayo, con una segunda junta el 14 de junio; siguieron Cali el 3 de julio, Pamplona el 4, El Socorro el 10, Santafé el 20, Tunja el 25, Neiva el 27, Girón el 30, Mompox el 6 de agosto, Antioquia el 30 y Quibdó el 31. En cada ciudad, un cabildo abierto o una asonada callejera desembocaron en la constitución de una junta que asumía el gobierno provisional, desconocía a la autoridad peninsular y, en la mayoría de los casos, mantenía la lealtad nominal a Fernando VII.
En Santafé, la jornada del 20 de julio fue simultáneamente cuidada y explosiva. El plan y el secreto de la revolución estaban entre unos pocos dirigentes criollos; la masa del pueblo nada sospechaba, pero dejó explotar sus antipatías y resentimientos contra algunos españoles cuando la ocasión —el incidente del florero, la movilización en la Plaza Mayor— la puso en la calle. El acta aprobada esa misma noche depositó el poder político en una Junta Suprema de Gobierno, desconoció a la autoridad proveniente de la península y estableció que toda autoridad quedaría provisionalmente en ese cuerpo hasta que se formara una constitución; reconocía aún a Fernando VII como monarca, pero condicionaba su autoridad al cumplimiento de dicha constitución. La fórmula era doctrinalmente coherente con la reasunción de soberanía, y políticamente astuta: rompía sin romper.
Dos meses después, el 28 de septiembre de 1810, Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez redactaron y la Suprema Junta aprobó el Manifiesto sobre los motivos que han obligado al Nuevo Reino de Granada a reasumir los derechos de soberanía. El título por sí solo condensaba la doctrina: no se declaraba una independencia inaudita, se reasumía un derecho previo. El texto abordaba, entre otros temas, los obstáculos que la Corona había impuesto a las actividades productivas del virreinato: la queja fiscal comunera, veintinueve años después, encontraba por fin su lenguaje constitucional.
Las juntas no fueron uniformes. Algunas se mantuvieron leales a la Junta Central o al Consejo de Regencia peninsulares; otras, como la de Santafé, adoptaron una autonomía cauta; otras avanzaron hacia la independencia absoluta. Esa diversidad decantó, con el tiempo, en dos grandes partidos: realistas, partidarios de la monarquía absoluta y del régimen colonial; y patriotas o independentistas, partidarios de la ruptura definitiva. Pero además de decantar bandos, el proceso juntista dejó una consecuencia territorial de larga duración: cada provincia definió un espacio regional de gobierno y lealtades que correspondía a lazos reales entre sus habitantes y a regiones económicas y sociales. Esa matriz provincial delimitaría, medio siglo más tarde, los ocho estados soberanos que integrarían en 1861 los Estados Unidos de Colombia.
Y hubo, en algunos lugares, un ensayo de ampliación del sujeto político que merece registro. En Cartagena, para formar la Junta Provincial en diciembre de 1810, se invitó a participar a todos los vecinos libres —incluyendo mestizos y castas, aunque excluyendo esclavos y analfabetos sin casa poblada ni ingreso independiente—. Fue una convocatoria que rebasaba con mucho al puñado de criollos ricos e ilustrados que había liderado el proceso. El principio de soberanía popular, apenas invocado, ya comenzaba a producir efectos que sus invocadores no habían previsto del todo.
Constituciones provinciales: el pueblo como texto
Entre 1811 y 1815 se proclamaron nueve constituciones provinciales en el territorio de la Nueva Granada, ante la imposibilidad de acordar una constitución general. Ese archipiélago constitucional fue el laboratorio donde el principio de soberanía popular se convirtió por primera vez en texto normativo, y donde también se hicieron visibles sus contradicciones internas.
La Constitución de Cundinamarca, aprobada el 30 de marzo de 1811 y promulgada el 4 de abril bajo la presidencia de Jorge Tadeo Lozano, es el caso más elocuente. Estableció una forma de gobierno híbrida —descrita como monarquía limitada o monárquico-republicana— que reconocía a Fernando VII como titular del ejecutivo pero condicionaba ese ejercicio a su presencia física en la provincia; en su ausencia, el poder recaía en un presidente elegido por el colegio electoral. En un mismo texto declaró que "la soberanía reside esencialmente en la totalidad de sus ciudadanos" y, al subordinar la corona a la elección, puso el principio electivo por encima del hereditario. Que se le diera al rey un lugar simbólico mientras se le vaciaba del contenido efectivo del poder era, en el fondo, una operación doctrinal precisa: el pueblo era ya el soberano; el rey, un huésped condicionado.
Las convocatorias electorales dejaron ver la textura social del nuevo sujeto político. El reglamento provisional para las elecciones del Colegio Electoral Constituyente de Antioquia (1812) llamó a votar a todos los hombres libres, incluidos los indios, sin que la pertenencia a una casta fuera impedimento. En Cartagena, el censo electoral de 1814 registraba 9.927 electores; si se descuentan los esclavizados y quienes carecían de voto por otras razones legales, la población total superaba con holgura los 16.000 habitantes. Esa aritmética expresa la doble cara del nuevo orden: un demos más amplio que el de los cabildos coloniales, pero recortado sistemáticamente por la esclavitud, el analfabetismo y la falta de propiedad. Los esclavos, según la formulación cruda de la época, quedaban situados incluso "fuera del registro de humanidad".
El 11 de noviembre de 1811, Cartagena se proclamó "Estado libre, soberano e independiente" en un acto formal de soberanía provincial. Dieciséis días después, el 27 de noviembre, delegados de Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona y Tunja firmaron el Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, creando una confederación que desconocía a las autoridades españolas. Cundinamarca, bajo la influencia de Nariño, no se adhirió.
Un rasgo estructural que la crítica posterior señalaría con dureza: las constituciones provinciales, pese a proclamar la independencia y la soberanía popular, no rompieron categóricamente con la dependencia jurídica preexistente. Adecuaron semánticamente las instituciones coloniales —cabildos, corregimientos, jerarquías vecinales— con vocabulario republicano, sin establecer instituciones materialmente distintas. La ruptura formal con España convivió con una continuidad sustantiva del orden social: expresaron la igualdad política de la Revolución Francesa y el paso del pueblo político al individuo-ciudadano, pero conservaron las exclusiones de facto por condición étnica, racial, de sexo y de esclavitud. Una retórica de inclusión sobre una práctica de exclusión: así se instalaba, ya en texto normativo, la ambigüedad del concepto.
Soberanías retenidas: la Patria Boba
Si en 1810 la doctrina del retorno de la soberanía había servido para desplazar a los peninsulares, entre 1811 y 1815 mostró su reverso: la soberanía, una vez reasumida, resultó difícil de agregar en una unidad superior. Las provincias, siguiendo el ejemplo de Santafé y Cartagena, retuvieron en sí mismas las soberanías reasumidas en 1810, impidiendo la formación de un cuerpo soberano nacional unificado. El intento de un Congreso del Reino fracasó porque no se pudo negociar un consenso sobre la representación nacional. La pregunta de quién era el sujeto político legítimo —los cabildos o los diputados elegidos por los vecinos, y cómo se ponderaba la representación entre provincias grandes y pequeñas— quedó irresuelta desde el inicio.
De ese impasse nacieron dos experiencias paralelas y rivales. Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, defendió un gobierno central capaz de organizar el país para la defensa; sostuvo que el territorio de Cundinamarca debía comprender los corregimientos de Mariquita, Neiva, Tunja, Socorro y Pamplona, y las anexiones que promovió provocaron la reacción del Congreso federal. Camilo Torres, presidente del Congreso de las Provincias Unidas, defendió la soberanía provincial y la tradición de los cabildos autónomos. La disputa desembocó en la primera guerra civil de la Nueva Granada: las tropas del Congreso, comandadas por el general Antonio Baraya, se enfrentaron a las de Cundinamarca en Ventaquemada el 2 de diciembre de 1812, seguido de un intento fallido de tomar Santafé.
El sistema federal adoptado por las Provincias Unidas nunca logró definir con nitidez las competencias entre los estados y la Confederación, y los conflictos se reprodujeron en cada escala: entre ciudades subalternas y capitales provinciales, entre provincias dentro de la Confederación, y entre el gobierno confederal y los estados. Una segunda guerra civil estalló cuando el dictador Manuel Bernardo Álvarez clausuró las sesiones del Colegio Electoral que debía decidir la vinculación de Cundinamarca al Pacto Federal; el 12 de diciembre de 1814, tras el ataque de las tropas federalistas a la capital, Álvarez debió renunciar ante ese cuerpo. Bolívar, que había participado en la campaña contra Cundinamarca, se retiró de la Nueva Granada en mayo de 1815 reconociendo que su presencia solo servía para dividir al país en partidos y que la guerra doméstica sería eterna: partió hacia Jamaica mientras Cartagena enfrentaba el sitio del Ejército Expedicionario español al mando de Pablo Morillo.
La restauración monárquica evidenció otro rasgo de la soberanía popular neogranadina: su fragilidad social. Cuando Fernando VII regresó a España en 1814 tras la derrota de Napoleón, la mayoría de sus súbditos en la Nueva Granada volvieron al orden absolutista, dejando a los independentistas en una posición insostenible. El pueblo soberano, invocado por las juntas y las constituciones, resultó reversible: cinco años después de haber reasumido la soberanía, buena parte de la sociedad estaba dispuesta a devolvérsela al rey.
Bolívar y Santander: dos gramáticas del pueblo
La derrota de la Patria Boba y la reconquista española de 1816-1819 no borraron el principio de soberanía popular; obligaron a repensarlo. Cuando la campaña libertadora culminó y el Congreso de Cúcuta produjo, en 1821, la primera Carta fundamental de la República de Colombia, se hizo evidente que la doctrina admitía traducciones institucionales muy distintas. Bolívar y Santander encarnaron dos gramáticas rivales del mismo principio.
Simón Bolívar, atento a la fragilidad demostrada por las repúblicas de la primera hora, propugnaba un gobierno con ejecutivo fuerte y centralizado. Su argumento no era el rechazo del pueblo como fundamento de la autoridad —conocía a Locke y las ideas ilustradas sobre derechos naturales y contrato social—, sino la desconfianza en la aplicación abstracta e idealizada de esos principios a una sociedad como la hispanoamericana. En carta a Santander de 1821, Bolívar señaló la extrema diversidad étnica y social de Colombia como argumento contra quienes diseñaban instituciones ignorando esa realidad. Su realismo político lo llevaba a considerar que Colombia necesitaba un ejecutivo más fuerte, una legislatura menos asertiva y una reversión parcial de reformas que consideraba apresuradas, y atribuía muchos de los problemas de la República al estilo legalista de Santander rodeado de jóvenes abogados. En 1826 presentó en Lima la Constitución Boliviana, cuya característica central era un presidente vitalicio que designaba a su sucesor: la fórmula más extrema de su desconfianza en la rotación electoral.
Francisco de Paula Santander representaba la otra gramática. Legalista y meticuloso, defendía el imperio de la ley, las formas republicanas y la limitación efectiva del ejecutivo. En privado calificó la presidencia vitalicia de la Constitución Boliviana como "más poderosa que la monarquía de Inglaterra o Francia", y consideró toda la carta complicada, absurda y desestabilizadora, aunque públicamente la había elogiado como "liberal, popular, fuerte y vigorosa". Se opuso a cualquier presidencia vitalicia para Colombia, en parte porque tenía ambiciones propias de suceder a Bolívar. Su estilo político era, con todo, sectario: fiel a los derechos políticos formales de sus opositores pero sin interés en conciliar a quienes habían apoyado la dictadura de Bolívar, y expresaba ese sectarismo principalmente en palabras y asociaciones más que en acciones violentas.
Algunas lecturas posteriores han querido inscribir el pensamiento constitucional de Bolívar en una tradición jacobina y robespierriana —la dictadura temporal legitimada por la voluntad general del pueblo, una lectura política de Rousseau—. El propio Bolívar, al no encontrar apoyo suficiente para su proyecto constitucional, buscó una salida de mayor concentración del poder ejecutivo. La disolución de la Gran Colombia en 1830 clausuró esa disputa sin resolverla: dejó, en el suelo del país que empezaba, las dos gramáticas confrontadas de una misma soberanía popular, la fuerte y la legalista, que reaparecerían intactas en cada crisis constitucional del siglo.
De Rionegro a la Regeneración: el péndulo del soberano
El diseño de las instituciones subnacionales —cuánta soberanía retienen las provincias, cuánta cede al centro— fue un asunto crítico desde 1810, y estuvo en el centro de la disolución de la Gran Colombia en 1830, de varias guerras civiles del siglo XIX y de la separación de Panamá en 1903. El péndulo se movió con fuerza en la segunda mitad del siglo.
Desde 1855, cuando Panamá obtuvo estatuto federal, el federalismo se extendió rápidamente a Antioquia, Santander, Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Bolívar y Magdalena. La Constitución de Rionegro, promulgada el 8 de mayo de 1863 y vigente hasta 1886, estableció un régimen federal con nueve estados y garantizó un amplio catálogo de derechos individuales: propiedad, pensamiento, imprenta, domicilio, trabajo y enseñanza. Abolió por completo la pena de muerte, hecho que motivó los elogios de Víctor Hugo. Fue el momento en que la soberanía popular, entendida como soberanía distribuida entre estados y celosa de las libertades individuales, alcanzó su formulación más ambiciosa en el siglo XIX colombiano.
También fue el momento en que la ambigüedad de origen se expresó en un choque frontal con la Iglesia. Los liberales radicales impulsaron en los años sesenta la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas, y en los años setenta la educación laica y obligatoria. La ruptura con la jerarquía católica alienó a un sector amplio del país y preparó el terreno para la reacción.
Rafael Núñez la lideró. Apoyada por conservadores y por un sector independiente del liberalismo, la Regeneración estableció la centralización política, administrativa y económica, formó un ejército nacional y restableció las relaciones armónicas con la Iglesia. La Constitución de 1886, con el Concordato que la acompañó, implicó un tránsito de la federación al centralismo y de la supremacía de la representación nacional a la del ejecutivo, revirtiendo en gran medida la soberanía distribuida que caracterizaba el modelo de Rionegro. Núñez pasó de la federación al centralismo, de la supremacía de la representación nacional a la del ejecutivo, y de la libertad ilimitada a la restricción. La soberanía popular no fue abolida —siguió como fórmula constitucional—, pero fue concentrada, filtrada y disciplinada.
Detrás del vocabulario constitucional operaba, además, otra disputa. El conflicto entre federalismo y centralismo, especialmente agudo en la década de 1840 pero prolongado más allá, se entretejía con la pugna de las élites regionales por el control de los circuitos comerciales y las rentas del intercambio interno. La traducción política en términos de federalismo versus centralismo fue la interpretación más extendida, pero no siempre la más profunda: bajo el lenguaje del soberano, se disputaban también aduanas, caminos y monopolios.
1991: refundar el pueblo
La Constitución de 1991 intentó refundar la soberanía popular con un procedimiento que habría hecho sonreír a los juntistas de 1810: la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente se realizó mediante decretos de estado de sitio amparados en el artículo 121 de la Constitución de 1886. Se usaron facultades de excepción para romper con la constitución que las otorgaba, en una paradoja fundacional que enlazaba, casi dos siglos después, con la vieja doctrina del retorno: la legalidad heredada servía apenas de andamio para su propia reescritura.
El resultado buscó corregir varias de las herencias que las páginas anteriores han recorrido. Frente al ejecutivo hipertrófico de 1886 —bajo cuyo imperio, entre 1958 y 1990, más del 80% del tiempo estuvo vigente alguna forma de estado de sitio—, la nueva carta estableció límites efectivos al uso presidencial de los estados de excepción y buscó explícitamente restringir los poderes del presidente. Frente al centralismo, consolidó la descentralización política y administrativa iniciada en 1986 con la elección popular de alcaldes. Frente al catálogo somero de derechos de la carta anterior, incorporó derechos fundamentales, sociales, económicos, culturales, colectivos y del ambiente, en una arquitectura minuciosa que sus redactores defendieron frente a quienes preferían una carta más declarativa. Frente a las limitaciones de la democracia meramente representativa, introdujo mecanismos de participación directa: iniciativa popular, acciones populares, tutela. Creó la Fiscalía General de la Nación para transformar el sistema judicial-penal en respuesta a la crisis de justicia.
La ANC incorporó a guerrillas reinsertadas —EPL, PRT, MAQL y M-19—, cuya participación en el rediseño institucional constituyó una de las raíces del éxito de esos procesos de paz. Sentar a los alzados en armas dentro del proceso constituyente no fue un gesto meramente simbólico: fue la aplicación práctica, dos siglos después, de la lección más difícil del ciclo abierto en 1810, la de que la soberanía popular no se sostiene si el pueblo que la ejerce está definido por exclusión. Aquella convocatoria de Cartagena en diciembre de 1810 a los vecinos libres, aquel llamado antioqueño de 1812 a los indios, encontraban en 1991 un eco tardío y muy distinto: el sujeto político volvía a ensancharse, ahora incluyendo a quienes le habían disputado al Estado el monopolio de las armas.
El proceso tuvo también sus zonas de sombra. La minuciosa arquitectura de derechos convivió con el escepticismo de quienes veían en ella una carta programática de difícil aplicación; la descentralización se desplegó sobre un territorio donde el conflicto armado limitaba la presencia efectiva del Estado; los mecanismos de participación directa fueron usados con desigual intensidad. La refundación fue real en el diseño y quedó, como es habitual en esta historia, pendiente en la práctica.
Herencia de una ambigüedad
La soberanía popular colombiana llegó como respuesta a una crisis específica —el rey cautivo, el vacío de autoridad, la necesidad de un fundamento provisional que permitiera gobernar—, pero terminó siendo el principio estructurante de dos siglos de vida política. Sus contradicciones de origen no fueron accidentes: la ciudadanía censitaria, la exclusión de esclavos y castas, la lealtad nominal a Fernando VII, la retórica incluyente sobre una práctica excluyente, forman parte del mismo tejido conceptual.
Y sin embargo, reducirla a un simple instrumento de legitimación de la élite criolla sería tan inexacto como tomar sus proclamas al pie de la letra. Al invocarla, los criollos ilustrados abrieron un vocabulario y unas instituciones —juntas, cabildos abiertos, colegios electorales, constituciones provinciales, después congresos y tutelas— que no pudieron controlar del todo. En Cartagena votaron mestizos y castas libres; en Antioquia se convocó a los indios; en la Constitución de 1991 se sentaron guerrilleros reinsertados a redactar derechos. El concepto fue lo bastante ambiguo para ser instrumentalizado y lo bastante potente para desbordar a quienes lo instrumentalizaban.
Esa ambigüedad no es un defecto que la evolución haya corregido, ni una promesa que el tiempo haya cumplido: es la estructura misma del principio en el suelo colombiano. Cada refundación constitucional la ha vuelto a debatir con las mismas palabras y con nuevos sujetos, y ha ampliado, siempre parcialmente, el círculo de quienes pueden pronunciarlas. Doscientos años después de que Ignacio de Herrera escribiera que "el pueblo es la fuente de la autoridad absoluta", esa frase sigue significando cosas distintas para quienes la invocan. Es su condición, y también su vigencia.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Antonio Nariño — traductor e impresor de los Derechos del Hombre en 1793; reconoció las limitaciones prácticas de la soberanía popular en la revolución
- 02Camilo Torres Tenorio — redactor del Memorial de agravios (1809) y del Manifiesto de reasunción de soberanía (1810); principal articulador doctrinal del principio en el proceso juntista
- 03Juan Francisco Berbeo — líder comunero que negoció las Capitulaciones de Zipaquirá (1781), antecedente de la capacidad criolla de desafiar el orden colonial
- 04Fernando VII — su captura por Napoleón en 1808 generó el vacío de poder que activó la doctrina del retorno de la soberanía al pueblo
- 05Jorge Tadeo Lozano — presidente bajo cuyo mandato se promulgó la Constitución de Cundinamarca de 1811, primer texto normativo que declaró la soberanía popular en el territorio neogranadino
- 06Santafé de Bogotá — escenario del 20 de julio de 1810 y sede de la Junta Suprema de Gobierno que reasumió la soberanía
- 07Cartagena de Indias — primera ciudad en ampliar el sujeto político al convocar a mestizos y castas libres para formar su Junta Provincial en diciembre de 1810
- 08Federalismo — tensión estructural con la soberanía popular nacional: las provincias retuvieron soberanías propias, impidiendo la formación de un cuerpo soberano unificado durante la Patria Boba
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
57 documentos · 84 fragmentos
01¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 48, 502 citas
[1]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…
p. 48
[36]a establecer en el país un Estado de derecho: la separación de poderes, un ejercicio transitorio del gobierno, la titularidad del poder cedida al pueblo y la consagración de estos principios en una constitu ción. Esas posturas dividieron a los grupos dominantes de cada provincia de la Nueva Granada: los Gobiernos de…
p. 50
02Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 108, 1152 citas
[2]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…
p. 108
[63]blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…
p. 115
03Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[3]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
04Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 44, 522 citas
[4]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…
p. 44
[30]generaron numerosas revueltas que terminaron con el establecimiento en la capital de un regimiento compuesto por centenares de soldados que venían desde Cartagena para proteger su dominio de Santafé de Bogotá. El antagonismo entre las autoridades reales de la capital y los miembros del Cabildo, integrantes de los…
p. 52
05When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 301 cita
[5]the cry heard often in Tolima during the Revolt of the Comuneros. 14 As major landmarks in the political life of late-eighteenth-century Tolima, the Jesuit expulsion and the Comunero revolt were most significant for the reaction they failed to evoke. Those events did not trigger any popular outcry against the king,…
p. 30
06El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 195, 2072 citas
[6]pág. 79. 196 Jíndi Jícídneer Ucnsi gravamen sale del peculio del rico» 127. Y la Constitución del Estado Soberano de Antioquia dirá que «ningún hom- bre, ninguna clase, corporación o asociación de hombres puede, ni debe ser más gravada por la ley, que el resto de los ciudadanos» 128. En esta forma, en ambos casos se…
p. 195
[25]un Congreso Supremo, decía lo siguiente, respecto a la elección popular de los representantes: «En el estado re- pentino de revolución, se dice que el pueblo asume la sobe- ranía; pero en el hecho, ¿cómo es que la ejerce? Se responde también que por sus representantes. ¿Y quién nombra estos representantes? El pueblo…
p. 207
07Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 14, 17, 223 citas
[7]circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…
p. 14
[54]del mando de Castro de la nación para combatir a los federalistas de Tunja, capitaneados por Antonio Baraya, cuyos enfrentamientos con los centralistas ponían en peligro las todavía endebles conquistas logradas por los patriotas, dos años después de los hechos del 20 de julio. Manuel Benito de Castro 21 22 Presidentes…
p. 17
[60]ocasiones aplicó penas de prisión. Sin embargo, pese a haberse opuesto a incorporar a Cundinamarca a los acuerdos fede- ralistas, proponía que, como estado indepen- diente, se aliara a las demás provincias para de- fenderse de la agresión española. Era tal su resistencia a las citadas tesis, que la posición que adoptó…
p. 22
08El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3981 cita
[8]llevaban y llevan los españoles en la propia sangre. Con esta exposición de lo que fue un sistema feu- dal teocrático-absolutista culpamos menos a un determi- nado pueblo civilizador que a la totalidad de una época. Diversos levantamientos de mayor o menor magni- tud, como el de los Comuneros del año 1781 en Colombia,…
p. 398
09La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1031 cita
[9]que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…
p. 103
10Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2921 cita
[10]llegó a las autoridades que entraron en pánico y asociaron la publicación de ese documento a una conspiración anti-hispánica en marcha, sobre la cual veían indicios en otras ciudades a través de pasquines, que como lo mostró posteriormente García Márquez en su novela sobre “La Violencia”, La mala hora, no sólo son de…
p. 292
11Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2791 cita
[11]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…
p. 279
12Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 28, 442 citas
[12]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…
p. 28
[67]Bolívar lo expresó en 1821 en una carta a Santander: “ Piensan esos caballeros que Colombia está cubierta por lanudos arropados en las chimeneas de Bogotá, Tunja y Pamplona. No han echado sus miradas sobre los caribes del Orinoco, sobre los pastores de Apure, sobre los marineros de Maracaibo, sobre los bogas del…
p. 44
13Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5491 cita
[13]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…
p. 549
14Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1011 cita
[14]la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…
p. 101
15La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 70, 119, 1263 citas
[15]dado a un hombre designando a la elección individual y razonada de un candidato”. 22 En esta perspectiva, para Rosanvallon, la idea del derecho al sufragio es incon- cebible “si no se reconoce la soberanía del pueblo y el uso del procedimiento electoral para designar representantes”. 23 Esta idea señala que solo…
p. 119
[42]de los de sus provincias. 46 Ante la imposibilidad de formar una constitución general que lograra unificar el reino, entre 1811 y 1815 se proclamaron nueve constituciones provinciales. El carácter revolucionario de las constituciones provinciales es extraordinario: en ellas operó la igualdad política de la Revolución…
p. 126
[43]pueblo a quien representa a reasumido su soberanía, recobrando la plenitud de sus derechos”. 15 Continua: “todos los funcionarios que sean elegidos, bajo cuya precisa condición serán respetados, obedecidos y sostenidos por todos los ciudadanos estantes y habitantes en la provincia, y de lo contrario, tratados como…
p. 70
16Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 63, 6052 citas
[16]convincentes razones jurídicas. En el cabildo del 25 de mayo en Buenos Aires, declaró Juan José Castelli: «La España ha caducado en su poder para con la América, y con ella las autoridades que son su emanación. Al pueblo corresponde reasumir la sobe- ranía del monarca, e instituir en representación suya, un gobierno…
p. 63
[37]de Alzaga, son actos cívicos tan importantes —política- mente, mucho más— que la formación de una Junta el 25 de mayo del año x». Ya en una vieja y muy conocida obra de Esteban Echeverría, el Dogma socialista, se pueden leer las siguientes frases: «La fórmula única, definitiva, 606 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc…
p. 605
17When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 433 citas
[17]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
[18]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
[19]when national independence was declared two decades later. \;\/hat seemed on the surlace to be an angry reaction against monarchical rule was actually a protest against Napoleon Bonaparte's conquest of Spain. The French dictator enraged Spanish subjects when he seized the royal family in 1808 and conquered most of…
p. 43
18Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 106, 112, 1163 citas
[20]los distintos grupos sociales de la Nueva Granada. En realidad, fue la coyuntura nacida de la inva- sión napoléonica a España la que incitó a los criollos a llenar el vacío de poder dejado por los Borbones, con la teoría en virtud de la cual, cuando faltaba el monarca, la sobe- ranía que éste ejercía a nombre del…
p. 106
[40]padres de familia de cada parroquia, para que el 11 de fe- brero de 1811 eligieran diputados al Colegio Electoral Constituyente. La Constitución, de cor- te monárquico-republicana, fue aprobada el 30 de marzo de 1811 y promulgada por el presiden- te Jorge Tadeo Lozano el 4 de abril de ese año. Mediante el Acta de…
p. 112
[55]constituciones. Camilo Torres defendió la tradición de los cabildos autónomos, pues consideraba justo que las provincias ejercieran su soberanía. 360 AT PTA La Patria Boba vincia de Tunja se separaron Chiquinquirá, Villa de Leiva, Muzo y Sogamoso, y de la provincia del Socorro, Girón y Vélez; posteriormente lo hicie-…
p. 116
19Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 10, 342 citas
[21]con las ideas expresadas por los enciclo- pedistas franceses y emanadas de la Revolucion de 1789, a las cuales se adherian fervorosamente. Existia, ademas, un abierto repudio y disgusto por la insolencia de los funcionarios encargados del go- bierno en el virreinato, y por el escandaloso relaja- miento de la conducta…
p. 10
[53]compuesto por representantes de las provincias de Antioquia, Cartagena, Casanare, Chocéd, Cundinamarca, Neiva, Pamplona, Socorro y Tunja, adopté el sistema fe- deral y comisioné a su presidente, el doctor Camilo Torres, para redactar una constitucién basada en la de los Estados Unidos de América. El acta o pac- to de…
p. 34
20Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 1321 cita
[22]más interés lo sucedido bajo los Borbones. 105 Humboldt (H-7), tomo 4, pág. 3. 106 Humboldt (H-7), tomo 4, pág. 4. En el Manifiesto sobre los motivos que han obligado al Nuevo Reino de Granada a reasumir los derechos de soberanía… (Bogotá, 1810), escrito por Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez, y aprobado por la…
p. 132
21Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 33, 402 citas
[23]to Origins 17 the Seville junta. The town councils did much more than merely complain of the Americans’ unequal representation in the junta or offer the familiar protests concerning the abuses of royal authorities. They went on to formu- late enlightened ideas and true programs for governance. Narv á ez y Latorre…
p. 33
[45]other, and both attacked surrounding provinces that remained loyal to Spain to force them into their particular sphere of influence. Conflict diminished in 1815 when the United Provinces emerged victorious 24 Chapter One over Cundinamarca, resulting in the unification of the republic. This unifica- tion did not change…
p. 40
22Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 29, 332 citas
[24]went on to formulate enlightened ideas and true programs for governance. Narváez y Latorre received instructions from the cabildos of Santafé (known as the “Memorial de Agravios,” or “Memorandum of Grievances”), Popayán, Socorro, Tunja, and Loja, among others. Similarly, he received a document written by Ignacio de…
p. 29
[27]Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction of the recently constituted junta: All authority will be placed provisionally in the Supreme Governing Body of this Kingdom, until this same Junta forms the Constitution that assures public happiness. The noble provinces will be counted on…
p. 33
23Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2631 cita
[26]escondido cuando yo salgo a alguna p a r t e ". Aunque este capitán le pedía a don Mateo que fuera al hato " p a r a conocerlo", no hay noricia de que el marqués consorte hubiera hecho ese viaje a San Benito. Sus actividades militares y políticas lo tenían más que ocupado en Mompox: en efecto, estaba por estallar la…
p. 263
24Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 83, 872 citas
[28]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…
p. 83
[70]se suprimieron los departamentos y el territorio quedo dividido en provincias, ratificadas por la Constituci6n de 1832, que fue la que instituy6 el ré- gimen provincial auténomo (articulo 156). A estas provincias pasaron, con el nombre de camara pro- vincial, las camaras de distrito de los extinguidos de- partamentos,…
p. 87
25Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 941 cita
[29]americanas y acataron las decisio- nes de la Junta Central, la Regencia y las Cortes Es- panolas; otras juntas fueron autonomistas, como la que se organiz6 en Santa Fe de Bogota el 20 de julio de 1810, partidarias de una autonomia de los gobiernos provisionales de Espana y guardadoras de los derechos de Fernando VII.…
p. 94
26Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 16, 1082 citas
[31]Nueva Granada bari libertad de producción y comercio Esto es, suplantación del modelo e múmico colomial porno de libre mer ciones intemas en materia tario eco- cm tene pe tea y social: Der tro del contexto internacional, Co- ymbia es presenta desde ei funda ción como un país economicamente subdecarrollado, exportador…
p. 16
[32]ninguna de las dos posiciones es satistactoria; ademas, independientemente de las exciavo- nes internas, es factible identificar a lo largo de la historia dos tendencias o talantes que conviven, precipitando o demorando el curse de los aconteci mientos ORIGEN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS COLOMBIANOS Absolutismo e…
p. 108
27Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · p. 342 citas
[33]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
[34]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
28Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 103, 1062 citas
[35]ó n. Para formar un gobierno com ú n, si la soberan í a resid í a en el pueblo, ¿ sus representantes deb í an ser los “ cabildos ” o diputados elegidos por los vecinos?, ¿ la representaci ó n de los cabildos deb í a ser igual o proporcional a la poblaci ó n? Si el pueblo estaba formado por los ciudadanos (o vecinos) y…
p. 103
[38]todas las provincias, sobre la base de la Constituci ó n local declararon la independencia abso luta de Espa ñ a. Este proceso ayud ó a definir en cada provincia un espacio regional de gobierno y lealtades pol í ticas, que correspond í a a lazos reales entre sus habitantes, a regiones econ ó micas y sociales m á s o…
p. 106
29Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1121 cita
[39]local por la vía del m atrim onio, de tal suerte que los intereses de los criollos bien relacionados sí tenían alguna representación. A unque por lo general a los criollos no se les perm itía o cupar altos cargos políticos, algunos m iem bros de la elite n eo granadina alcanzaron prestigio com o adm inistradores de…
p. 112
30Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 34, 2912 citas
[41]de Indepen - dencia de Socorro (15 de agosto de 1810), de la Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada (27 de noviem - bre de 1811), y en las Constituciones de Cundinamarca (30 de marzo de 1811), Tunja (9 de diciembre de 1811), Antioquia (21 de marzo de 1812), Cartagena de Indias (15 de junio de 1812),…
p. 34
[69]Constitución de Cúcuta de 1821 se consagraron principios como el de legalidad, la presunción de inocencia, la prohibición de detención sin proceso judicial previo, y la prohibición de tes - tificar contra uno mismo o sus parientes 32. No obstante, en medio de la guerra y con el propósito de con - jurar situaciones de…
p. 291
31Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 451 cita
[44]soberanía reside esencialmente en la totalidad de sus ciudadanos”. 11 De este modo, la primera Constitución de Colombia estableció una monarquía limitada e incluyó principios como el de la separación de poderes y los derechos del hombre y del ciudadano, y, en últimas, fue el texto que sentó el precedente para…
p. 45
32Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 152, 1562 citas
[46]paña en contra de Lozano y los federalistas, que culminó con la renuncia del presidente, y la nominación de Nariño en el cargo de mando supremo. Pero por ese entonces ya se había reunido un nuevo con greso en Santa Fe, el 15 de septiembre de 1811, al que habían asistido representantes de todas las provincias que se…
p. 152
[57]tomarse la ciudad en junio de 1815, pero no pudo continuar avanzando.1 2 Tanto en el nor-este como en el sud-oeste del país los bolsones de resistencia realista continuaron amenazando la auto nomía de Nueva Granada y a pesar del inminente peligro que involucraba esa resistencia, durante todo este período, conocido…
p. 156
33Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5581 cita
[47]y los esclavos (situados aún fuera del registro de humanidad, condición que su cuerpo hacía insuperable). La constitución de estas primeras poblaciones: hombres, mujeres, niños, indígenas, esclavos, y también analfabetas y pobres, no fue un asunto nominal. Algunas medidas de gobierno tuvieron prontas consecuencias,…
p. 558
34La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 471 cita
[48]negros y mulatos libres, en relación con el de los miembros de las élites cartageneras; y, por último, algo que tampoco debería olvidarse, sobre todo, por las lecciones que arroja para la hora presente: las gravísimas consecuencias del conflicto interno para los partidarios de la revolución y la dimensión del desastre…
p. 47
35Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 129, 1322 citas
[49]a favor del Congreso del Reino fracasó, porque no se pudo negociar un consenso para resolver el problema de la representación nacional en este cuerpo, y así las provincias, siguiendo el ejemplo de Santa Fe y Cartagena, prefirieron retener en sí mismas las soberanías que habían reasu - mido en 1810. La afirmación de…
p. 129
[52]247 Pero el 8 de mayo siguiente, al renunciar en el cuartel de La Popa al mando del ejército del Gobierno general, tuvo que reconocer que los dirigentes del Estado de Cartagena habían preferido “la guerra civil, la anarquía y la propia aniquilación”, antes que ponerse a sus órdenes para marchar contra las autoridades…
p. 132
36Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[50]a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…
p. 182
37Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 1821 cita
[51]a la influencia norteamericana como a la fragmentación de la soberanía en el curso de los primeros meses de transformación política. Cada estado participante es soberano; posee una representación elegida y un ejecutivo. Las provincias se reconocen «libres, independientes y soberanas, [y tienen] una forma de gobierno…
p. 182
3830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 311 cita
[56]y Electoral. Se expidió una nueva constitución, similar a la norteamericana. Se eligió presidente del Congreso a Camilo Torres y como presidente de Cundinamarca a Antonio Nariño. Se intensificaron las tensiones entre Tunja y Bogotá. Mariquita, El Socorro, Chiquinquirá y Muzo se anexaron a Santa Fe. Y ahí estalló la…
p. 31
39Recentralisation in ColombiaJulián D. López-Murcia · 2022 · p. 731 cita
[58]it requires the majority of the members of each chamber (not merely the majority of participants in the debate). This, of course, increases the veto power of the opposition. a b rief H istory of C olombia ’ s s ubnational i ssues Since the independence from Spain in 1810, the (re) design of subnational institutions…
p. 73
40Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1241 cita
[59]mismos objeti- vos a nivel nacional. Eran, p u e s, como dos facciones de la misma clase social que luchaban dentro de un mismo marco económico, aunque diferenciadas por regiones. No había muchas divergencias entre estas facciones, en cuanto a la política económica general del país. Ambas estaban de acuerdo en…
p. 124
41Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 631 cita
[61]organizado el Congreso se Mapa de Colombia, trazado en 1828 por H. S, Tanner y que se conserva en el Archivo Nacional. Todas las provincias que constituéan la Republica enviaron, en 1821, sus delegados al Congreso de Cticuta. procedié a elegir al presidente y al vicepresidente del mismo; la eleccién recay6 en José…
p. 63
42Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 3261 cita
[62]y soberano. En la Constitución de 1821 (Cúcuta) — la primera Carta fundamental de la República de Colombia, pues las anteriores habían sido Constituciones locales como las de Cundí- namarca, Tunja, Antioquia, Cartagena, Mariquita, etcétera—, se consignó la siguiente disposición* que consagra, como las anteriores, la…
p. 326
43Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 52, 2492 citas
[64]the Bolivian Constitution, particularly the life presidency, but meanwhile agreed that it was ‘liberal, popular, strong, and vigorous’. 96 An insincere letter, even by Santander’s standards. His true thoughts were contained in an auto- biographical memoir he subsequently wrote, where he described the life- president…
p. 249
[68]theories. Place, conditions, circumstances, these set the limits of theories and the limits of Bolívar’s enlightenment. His realism always held back the full flow of ideas. Analysis of his own writings show that he was just as familiar with ancient and modern treatises of the art of war as he was with the stars of…
p. 52
44El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1061 cita
[65]proceso revolucionario 85. Se invoc ó a Rousseau como la fuente e inspiraci ó n de esta tragedia pol í tica, de “ la dictadura revolucionaria 85 Las observaciones aqu í expuestas sobre la obra de Bol í var no pueden considerarse como una argumentaci ó n en contra de esa tesis marxista. Las dos cosas deben ser…
p. 106
45Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 651 cita
[66]the acts of repression inflicted on him and his followers by Bolívar's dictator- Page 23 ship, and his political style was clearly what came to be known in Colombia as "sectarian," or highly partisan behavior. Faithful to his own legalistic bent, Santander was careful not to violate directly the political rights of…
p. 65
46Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2471 cita
[71]a los gobiernos de la Península, más injusta, más tiránica y opresiva ha sido la de estos contra nosotros. “Declaramos solemnemente, a la faz de todo el mundo, que la provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho, Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión,…
p. 247
47Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 351 cita
[72]convirtió en la única posible. El segundo rasgo dominante de la Constitución era el amplio reconoci- miento de los derechos y garantías in- dividuales. Abolía por completo la pena de muerte —esto fue lo que mo- tivó los elogios de Victor Hugo— y garantizaba los derechos a la propie- dad, las libertades de pensamiento,…
p. 35
48Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1131 cita
[73]de la cual se había llegado al número de 36 provincias para el momento de ex- pedición de la nueva Constitución, dio paso a partir de este año a un proceso inverso, de agru- pación de las provincias en entidades de mayores dimensiones y capacidades, que fueron la antesala del federalismo. El vigoroso impulso federal…
p. 113
49Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 171 cita
[74]del Beebe ¢ Ae tee batndoe Ue mstrs Critvrtrrmoe gus tfervetla, Ka rensde en dectetuas 4 ta “goin ai fillicd c @. Bfilitle a4 eZ a Wtieele te.S oe Go elarter Lobes aped dé Poliagata Blaine, Lb nen! See Fon dintaciesen, Mag datiun, Pannva: Doerlar dor ¢ Blhiorra, ried doe peyperlen a sereele fers tor aelee Ae ape…
p. 17
50Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1921 cita
[75]libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…
p. 192
51Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 2151 cita
[76]a los que aún viven y militan— pueden com- prenderse dentro de esta categoría por el tipo de civiliza- ción que los seduce y por la modalidad predominante de su actuación. Tanto Núñez como Balmaceda encabezan, desde el alto asiento adonde les exaltara el voto coparti- dario, una reacción a lo Marino Falier o contra…
p. 215
52Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 cita
[77]a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…
p. 49
53El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[78]idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…
p. 112
54Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 181, 1932 citas
[79]Eduardo Jaramillo, “La sociedad apoyó con franqueza los acuerdos entre el gobierno y la insurgencia”, en Biblioteca de la Pa £ vol. 3, 2009, p. 39. 225 Idem., p. 42. 185 Cambiar el futuro decir, la Constitución de 1886. Impulsar una “coyuntura reformista” en el marco de una negociación de paz constituye uno de los…
p. 181
[83]el país. A pesar de lo corto del tiempo, su coordinador, Ricardo Santamaría, sostiene que hubo mucho interés, el cual se vio reflejado, por ejemplo, en el Una de las mayores paradojas de la Constitución de 1991 fue que esta nació con base en la controvertida figura del “estado de sitio”. En efecto, el presidente…
p. 193
55Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 330, 3362 citas
[80]política, creó una circunscripción nacional para elegir un senado de numerus clausus: 100 miembros, más dos indígenas. Antes de esbozar las grandes líneas de la constitución de 1991, conviene subrayar el silencio en relación con el estatuto de los mi- litares y de la policía y sus relaciones con el poder civil. Las…
p. 336
[84]más de medio sig lo transitando esta espiral de cri men-mo vimiento de opinión-represión-crimen. Pero, ya vi- mos, la repr esión no ha funcionado y ello obedece en alguna me- dida a que la población no confia en sus jueces y menos aún en sus po li cías. Si alguna conclusión se deriva de este último medio sig lo, es el…
p. 330
56Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4571 cita
[81]del interés general, artículo I o. • Servir a la comunidad, garantizar derechos y deberes, fa- cilitar participación, asegurar la vigencia de un orden justo, debe- res sociales del Estado y de los particulares. Artículo 2 o. • Condiciones para la igualdad real y efectiva, medidas a fa- vor de grupos discriminados o…
p. 457
57Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 561 cita
[82]plano de la demolición, señalando en el edificio los puntos críticos donde había que poner la dinamita. Lo interesante es que no era, dada la oportunidad que se abría, un mero ejercicio académico. La ruta crítica de la demolición era también el plano arquitectónico del proyecto del Gobierno, el cual, como se ve en…
p. 56