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Biografía

María Currea de Aya

La Violencia

1890–1985

16 min de lectura30 documentos
Nacimientoc. 1890
Fallecimiento1985
RolesPresidenta de la Unión Femenina de Colombia · Redactora del periódico Verdad
Lugar principalColombia
Período históricoLa Violencia1946–1957
03

La biografía

En la larga y tortuosa marcha del sufragismo colombiano, María Currea de Aya (c. 1890 – 1985) fue la mujer que puso rostro y voz orgánica a la ciudadanía política femenina en el país. Presidenta de la Unión Femenina de Colombia, redactora del periódico Verdad, articuladora de comités bipartidistas y protagonista en la Asamblea Nacional Constituyente de 1954, encarnó a la vez la persistencia del movimiento de mujeres —con raíces en los años veinte— y su desenlace paradójico: el voto se ganó bajo una dictadura que había suspendido las elecciones. Su trayectoria no cabe en la placa conmemorativa, porque estuvo hecha de esa incomodidad: denunciar la barbarie bipartidista de La Violencia y, al mismo tiempo, aceptar como interlocutor al régimen militar que se sirvió del sufragismo para legitimarse. Entender a Currea de Aya es entender que la ciudadanía política de la mujer colombiana no llegó por la puerta ancha de la democracia liberal, sino por la puerta lateral de una crisis nacional.

Currea de Aya perteneció a esa generación de mujeres bogotanas nacidas hacia el ocaso del siglo XIX, cuando el país todavía se organizaba bajo la Regeneración y la Iglesia católica administraba, con muy poca competencia, el sentido común sobre lo que una mujer podía o no podía hacer. Su vida pública no se explica por ese punto de partida sino por lo que hizo con él: convirtió la posición social heredada —familia bien situada, acceso a la educación, redes con la política liberal capitalina— en plataforma para una causa que la mayoría de sus pares veía como excentricidad o impertinencia.

Su nombre es indispensable en cinco escenas colombianas del siglo XX: la organización femenina que floreció al calor de la República Liberal, la denuncia civil de La Violencia bipartidista tras 1948, la campaña por el voto que culminó en 1954, la Asamblea Nacional Constituyente de ese año donde el sufragio femenino se aprobó, y la lenta apertura del Frente Nacional a la presencia de mujeres en la política institucional. En cada una fue actriz, no espectadora. Pero en cada una también quedó atrapada en la contradicción estructural del feminismo liberal de élite: hablar por todas las mujeres desde una posición que no compartía la vida de casi ninguna.

02

Línea de vida

  1. 1930

    Politización en el umbral de la República Liberal

    Leer contexto

    Con la llegada de Enrique Olaya Herrera al poder y el inicio de la República Liberal, Currea de Aya consolidó su vocación pública, aprovechando la ventana reformista para articular redes con el liberalismo urbano y construir la infraestructura organizativa del sufragismo colombiano.

  2. 1936

    La reforma constitucional y la herida abierta

    Leer contexto

    La reforma constitucional del gobierno de Alfonso López Pumarejo autorizó a las mujeres para ejercer cargos públicos por nombramiento, pero reservó el voto exclusivamente a los varones. Currea de Aya convirtió esa asimetría en el argumento central del movimiento sufragista durante las dos décadas siguientes.

  3. 1948

    El 9 de abril y la denuncia de La Violencia

    Leer contexto

    El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el Bogotazo marcaron el segundo momento definitorio de su trayectoria. Desde el periódico Verdad, Currea de Aya y sus compañeras denunciaron que las banderas partidistas se habían convertido en 'estandartes de odio empapados en lágrimas y sangre', cruzando la causa sufragista con la urgencia de detener la guerra civil no declarada.

  4. 1954

    La Asamblea Nacional Constituyente y el sufragio femenino

    Leer contexto

    Durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó el Acto Legislativo sobre la Ciudadanía de las Mujeres. Currea de Aya estuvo en el corazón del movimiento que impulsó ese proyecto, cuya evaluación y presentación recayó en Esmeralda Arboleda (Partido Liberal) y Josefina Valencia de Hubach (Partido Conservador), encarnando el pacto bipartidista sufragista que ella había contribuido a construir.

  5. 1957

    El primer voto femenino y el Frente Nacional

    Leer contexto

    En el plebiscito de 1957 las mujeres colombianas ejercieron por primera vez el derecho al voto, fruto tardío de tres décadas de trabajo organizativo. A partir de 1958, con el inicio del Frente Nacional acordado en Benidorm por Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, la política institucional comenzó a abrirse a la presencia femenina con las primeras senadoras.

Los orígenes: una mujer educada en un país que no educaba mujeres

Cuando Currea de Aya llegó a la edad adulta, las estructuras educativas colombianas seguían siendo herencia decimonónica y relegaban a las mujeres a formas de instrucción menores y marginales: colegios de monjas, enseñanzas orientadas al hogar, ninguna universidad. Esa condición se prolongó hasta bien entrada la década de 1920. Que ella, y unas pocas más, encontraran acceso a la lectura, la escritura y las tertulias urbanas fue producto simultáneo de un privilegio de clase y de una obstinación personal. Recién en 1936, con la reforma constitucional del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, se autorizó a las mujeres mayores de edad a desempeñar empleos públicos con autoridad o jurisdicción en las mismas condiciones que los ciudadanos varones. El voto, sin embargo, siguió reservado exclusivamente a los hombres. Y el avance práctico fue lentísimo: la primera juez colombiana fue nombrada apenas en 1943, y en la primera mitad del siglo no hubo ninguna gobernadora.

Ese es el andamiaje sobre el cual se levantó la vocación pública de Currea de Aya. Su formación intelectual llegó cuando la instrucción femenina era todavía anómala; su politización se consolidó cuando el país entero entraba en la etapa de reformas de la República Liberal iniciada con la llegada de Enrique Olaya Herrera al poder en 1930, y cuando el gobierno de López Pumarejo (1934-1938) abría por primera vez el debate sobre lo social —trabajo, tierra, escuela— como asunto del Estado y no como caridad de la Iglesia. Currea de Aya no fue lopista militante, pero fue una de las mujeres colombianas que entendieron que la ventana abierta entonces —y estrechada luego por la "pausa" de Eduardo Santos (1938-1942)— era la oportunidad histórica de su generación.

En esos mismos años se le iba conformando una genealogía: las precursoras Georgina Fletcher y Ofelia Uribe de Acosta, que desde los años veinte impulsaban las voces sufragistas colombianas; las maestras Alicia Ruiz de Amórtegui y María Eastman de Molina, que en Bogotá agitaban ideas progresistas sobre el rol femenino y pagaban por ello con la represión social; las profesoras y publicistas dispersas por las regiones —Francisca García Klinger entre ellas— que abrían espacios educativos para niñas. Currea de Aya se inscribió en esa tradición, pero le añadió lo que le faltaba: organización orgánica, presencia en los partidos, uso sistemático de los medios y capacidad de negociación con el poder.

La trayectoria: entre reforma, violencia y conquista

La organización femenina bajo la República Liberal (1930-1946)

Los años treinta y comienzos de los cuarenta encontraron a Currea de Aya construyendo, junto a otras, la infraestructura organizativa del sufragismo colombiano. La reforma constitucional de 1936 dejó una herida abierta: abrió los cargos por nombramiento pero cerró el voto. Esa asimetría —que las mujeres pudieran juzgar como magistradas pero no elegir como electoras— fue el argumento persistente del movimiento durante las dos décadas siguientes. Currea de Aya lo entendió temprano y lo transformó en programa.

La organización femenina de este período recurrió a tres herramientas: la radio, la prensa y las giras. Ofelia Uribe de Acosta transmitía desde Tunja La Hora Feminista, un programa que agitó tanto a sus oyentes que en respuesta se creó La Hora Azul para contrarrestarlo, prueba —anotó Uribe con lucidez amarga— de que la división se agudizaba incluso entre las propias mujeres. Currea de Aya operaba más en Bogotá, articulando redes con el liberalismo urbano y con figuras conservadoras que, como Josefina Valencia de Hubach, empezaban a militar por los derechos políticos desde el otro lado del espectro. La Unión Femenina de Colombia, de la que llegaría a ser presidenta, fue una de las plataformas donde esa articulación bipartidista se ensayó antes de que fuera política nacional.

Los rechazos fueron enconados. Armando Solano, dirigente liberal de peso, se burlaba públicamente de la sola idea de una mujer parlamentaria y afirmaba que la mujer colombiana era "esencialmente casera, doméstica", y que quienes tuvieran "algo de latinos" no querrían ni tolerarían "la mujer politiquera, la mujer de acción, oradora, periodista o redentora del pueblo". La frase circuló entre las sufragistas por lo mucho que revelaba: un liberalismo que se decía reformador en lo social y permanecía patriarcal en lo político. La Iglesia católica aportaba desde el otro flanco su propia obstrucción: tras 1930, al perder el respaldo del poder conservador, había reorientado su acción hacia programas sociales, agrarios y laborales como estrategia defensiva frente al comunismo y el protestantismo, y esa presencia intensa se traducía también en control sobre los espacios de sociabilidad femenina.

La irrupción de La Violencia y el 9 de abril de 1948

En 1946, los conservadores recuperaron el poder con Mariano Ospina Pérez, favorecidos por la ruptura del liberalismo entre las candidaturas de Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Comenzaba entonces el período que la historiografía colombiana llama La Violencia: una guerra civil no declarada entre liberales y conservadores que se prolongaría hasta 1958 y dejaría una cifra de muertos que ninguna contabilidad ha logrado fijar con certeza, oscilando entre 100.000 y 300.000. Tuvo dos olas: la primera entre 1946 y 1953, bajo el gobierno y la dictadura conservadora; la segunda entre 1953 y 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo masacres, descuartizamientos, pueblos quemados.

El asesinato de Gaitán en Bogotá, el 9 de abril de 1948, agravó decisivamente el curso del conflicto: desencadenó reacciones violentas en las ciudades y, en el campo, hizo de las matanzas un fenómeno ordinario. Currea de Aya vivía en Bogotá y presenció el Bogotazo. Ese día, y la década que siguió, marcaron su segundo momento definitorio. La causa por el voto se cruzó entonces con otra más urgente y menos abstracta: parar la carnicería.

Desde el periódico Verdad, las mujeres que luchaban por su ciudadanía escribieron que las banderas partidistas "se han enarbolado últimamente como estandartes de odio y empapadas en lágrimas y sangre", y proclamaron "la urgencia de que la mujer penetre en la vida nacional como representante del hogar". La operación política era delicada: denunciar con crudeza a los dos partidos tradicionales por lo que la violencia había convertido en sus banderas, y a la vez justificar la entrada de la mujer al ámbito público con el argumento más aceptable para la sociedad de la época —no como sujeto autónomo, sino como "representante del hogar", como agente moralizador—. Currea de Aya operaba en esa estrechez: pedía el voto invocando la maternidad simbólica, porque cualquier fundamentación más radical habría cerrado todas las puertas.

Mientras tanto, en el campo, La Violencia rehacía el país en silencio. El despojo alcanzó 393.648 parcelas, sobre todo en el Valle del Cauca, Cundinamarca, Tolima, el antiguo Caldas y Norte de Santander. Tolima concentró el trauma con especial crudeza: entre 1949 y 1957 el 42,6% de la población departamental salió al exilio interno y cerca del 43% de las propiedades quedaron abandonadas, mientras las cifras de muertos superaban las dieciséis mil sin contar masacres colectivas ni bajas militares. Las zonas cafeteras del centro fueron las más golpeadas, con una intensificación característica de la violencia en épocas de cosecha. El desplazamiento forzado superó, en total, los dos millones de personas. Las víctimas eran, mayoritariamente, campesinas y campesinos: mujeres que Currea de Aya no conocía y por las que, sin embargo, decía hablar.

En medio de ese fondo, se constituyeron en zonas de conflicto —como Villarrica, en el Tolima— los llamados Comités Femeninos, que motivaron a las mujeres rurales a interesarse por sus propios derechos, aunque su funcionamiento estuviera limitado por el machismo imperante en las mismas comunidades. Es una de las señales de que la politización de las mujeres colombianas hacia mediados del siglo XX no fue solo un asunto urbano y letrado: hubo también, aunque menos visible, una politización campesina forjada en la resistencia y el duelo.

La Asamblea Nacional Constituyente de 1954 y la conquista del voto

El 13 de junio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla tomó el poder por la vía del golpe, con aquiescencia inicial de los dos partidos tradicionales, extenuados por la violencia. Su régimen —dictadura militar entre 1953 y 1957— tuvo la habilidad política de convertir en oferta lo que las élites civiles no habían podido, o querido, resolver. Entre esas ofertas: el sufragio femenino.

Durante la dictadura, la organización de las mujeres se intensificó y la campaña sufragista tomó fuerza como nunca antes. Currea de Aya estuvo en el corazón de ese movimiento. La Asamblea Nacional Constituyente convocada por Rojas en 1954 recibió el proyecto de Acto Legislativo sobre la Ciudadanía de las Mujeres, y para evaluarlo y presentarlo fueron nombradas dos figuras que encarnaban el pacto bipartidista sufragista: Esmeralda Arboleda, del Partido Liberal, y Josefina Valencia de Hubach, del Partido Conservador. La Constituyente aprobó el sufragio.

La escena tiene una densidad singular. El voto femenino, bloqueado durante casi dos décadas por la coalición implícita liberal-conservadora que había cerrado esa puerta en 1936, se abrió bajo un régimen que en su mensaje de año nuevo de 1955 anunció por boca del propio Rojas que el estado de sitio no sería levantado mientras él estuviera en el poder y que no habría elecciones, todo justificado en aras de la paz. Se otorgó el derecho al voto en el momento preciso en que se suprimió la posibilidad de ejercerlo. Currea de Aya y sus compañeras aceptaron la conquista sabiendo que venía envuelta en esa paradoja.

Las razones por las que Rojas hizo la concesión eran menos generosas de lo que la ceremonia sugería. Algunos sectores de los partidos tradicionales, y del propio régimen, contemplaban el voto femenino como instrumento útil para contrarrestar las aspiraciones electorales del comunismo tras la Segunda Guerra Mundial —un cálculo anticomunista que las mismas sufragistas denunciaron públicamente como instrumentalización de su causa—. Y para el régimen militar, otorgar el sufragio a la mitad de la población era una forma de fabricar una base de legitimidad alternativa a los partidos, a los que ya se estaba enfrentando. Currea de Aya no era ingenua sobre esos motivos, pero calculó, con razón histórica, que un derecho conquistado por interés ajeno seguía siendo un derecho conquistado.

El Frente Nacional y las mujeres en la política institucional (1957-1960)

El régimen de Rojas se agotó pronto. El 24 de julio de 1956, Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo suscribieron en España el Acuerdo de Benidorm, con el propósito de forzar la salida del dictador y el retorno a la normalidad jurídica. El Pacto de Sitges (1957) fijó luego el mecanismo del Frente Nacional: reparto igualitario del poder entre liberales y conservadores durante cuatro elecciones presidenciales consecutivas, con alternancia cada cuatro años. Nada en ese pacto reconoció expresamente los derechos políticos de las mujeres —el sufragio ya estaba dado y no era ficha de negociación—, pero en el plebiscito de 1957 las mujeres colombianas votaron por primera vez, y a partir de 1958 fueron elegidas las primeras senadoras.

Currea de Aya vio así el fruto tardío de tres décadas de trabajo. La política institucional del Frente Nacional empezó a abrirse a la presencia femenina: las primeras senadoras a partir de 1958; las primeras ministras designadas por gobiernos liberales, primero con timidez, luego en mayor número. Varias mujeres, descontentas con el bipartidismo cerrado, engrosaron las filas de movimientos disidentes como la ANAPO —fundada por el propio Rojas tras su regreso—, el MRL y el sindicalismo; algunas ocuparon lugares protagónicos, entre ellas María Eugenia Rojas, hija del dictador, candidata presidencial en varias ocasiones. El sufragismo se disolvía en sus consecuencias: una vez conquistado el voto, el problema pasaba a ser el uso del voto, y ahí ya no había una sola respuesta.

La red: sufragistas, adversarios, aliados incómodos

La red de Currea de Aya fue, ante todo, una construcción bipartidista deliberadamente levantada contra el reflejo tribal de la política colombiana, y ese carácter explica más de su figura que cualquier lista de nombres. Con Esmeralda Arboleda mantuvo la interlocución liberal decisiva en la Asamblea de 1954; con Georgina Fletcher y Ofelia Uribe de Acosta compartió la genealogía de las precursoras, aunque los temperamentos las separaran: Uribe más frontal, más pública, más pagada de la controversia; Currea de Aya más gestora, más silenciosa, más eficaz en la mediación. Con Josefina Valencia de Hubach tendió el puente indispensable hacia el conservatismo, la prueba viviente de que la causa podía sostenerse fuera del liberalismo. Bertha Hernández de Ospina, primera dama entre 1946 y 1950, ejercía por su parte una forma distinta de presencia femenina en el poder que, sin ser sufragista militante, ensanchaba el terreno.

Los adversarios estaban a la vista y muchas veces dentro de casa. Armando Solano fue el más ruidoso, pero no el único: la Iglesia católica obstruyó el reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos plenos con la eficacia lenta del confesionario y la escuela, más que con la condena explícita. Eduardo Santos, presidente entre 1938 y 1942 y luego dueño de El Tiempo, personificó al liberalismo moderado que veía en el voto femenino un riesgo por el ejemplo español, donde se atribuía la derrota republicana al voto de las mujeres influido por el clero. La objeción se repetía como consigna: si las mujeres votaban, votarían con el cura, y el cura votaba conservador.

Los aliados incómodos fueron los más incómodos de todos, y ahí la figura de Currea de Aya se vuelve ambivalente. El régimen de Rojas Pinilla otorgó el derecho suspendiendo su ejercicio. Sectores partidistas apoyaron la causa para instrumentalizarla contra el comunismo. Élites conservadoras prefirieron el voto femenino ilustrado a la organización popular sin género. Currea de Aya negoció con todos ellos, y por eso su figura resulta legible tanto en el panteón cívico como en el archivo crítico.

Fuera del país, la red se extendía al circuito interamericano de mujeres que en los años cuarenta y cincuenta se reunió en congresos —La Habana entre ellos— donde se coordinaban campañas y se compartían argumentos. Colombia llegó tarde en el continente al voto femenino: Uruguay, Ecuador, Cuba, Argentina, Chile habían ido delante, y buena parte del trabajo de las sufragistas colombianas consistió en importar y adaptar esos precedentes. Currea de Aya se movió con soltura en ese circuito y comprendió que la legitimidad internacional de la causa era también un arma en el debate interno.

La huella: memoria, silencios y disputas

Currea de Aya vivió hasta 1985, lo bastante para ver el país donde el voto femenino se había normalizado sin haber transformado, ni de lejos, las relaciones de género que ella cuestionaba. Vio también el rebrote de la violencia —ahora con nombres nuevos: guerrillas, narcotráfico, paramilitares— sobre las mismas geografías rurales devastadas por La Violencia de su generación. Ese eco tardío, esa segunda vuelta del país sobre sus propias heridas, debió parecerle una derrota parcial. La ciudadanía política de la mujer, ganada en 1954, no había impedido nada de lo que ella había querido impedir denunciando desde Verdad que los partidos habían convertido sus banderas en estandartes de odio.

Su huella pública se concentra en tres registros. El primero, jurídico-institucional: el sufragio femenino, aprobado en la Asamblea Nacional Constituyente de 1954, ejercido por primera vez en el plebiscito de 1957, cristalizado en la presencia de mujeres en el Senado desde 1958 y en los gabinetes desde comienzos del Frente Nacional. El segundo, organizativo: las plataformas femeninas —Unión Femenina, comités bipartidistas, redes de prensa y radio— que ella ayudó a articular funcionaron como precedente para los movimientos de mujeres de las décadas siguientes, aunque muchas veces sin memoria explícita de su origen. El tercero, discursivo: la idea de que las mujeres podían y debían intervenir en la vida nacional no como ornamento sino como sujeto político, aunque el argumento tuviera que envolverse todavía en el lenguaje del "hogar" para ser oído.

La disputa sobre su figura empezó pronto y no se ha cerrado. Para el sufragismo institucional, es heroína fundadora: la mujer que le dio orgánica a una causa dispersa. Para los feminismos posteriores, más críticos y menos deferentes, su trayectoria plantea preguntas incómodas: ¿hasta dónde una conquista negociada con una dictadura militar es una conquista propia?, ¿hasta dónde el feminismo liberal de élite podía representar a las mujeres campesinas cuyas parcelas se despojaban en Tolima mientras en Bogotá se discutía el artículo del voto?, ¿hasta dónde el argumento de "la mujer como representante del hogar" no fue una concesión estratégica sino una limitación estructural del proyecto sufragista colombiano?

Currea de Aya operó con las cartas que tenía, en un país donde el liberalismo era patriarcal, el conservatismo era clerical, la Iglesia era obstáculo, los partidos eran cuchillos, y la única puerta que se abrió fue la de un régimen militar cuya legitimidad ella no compartía pero cuyo gesto no podía rechazar. Que haya sabido moverse en ese terreno y salir con el voto en la mano es un logro histórico. Que ese logro haya coexistido con doscientos mil muertos en el campo, dos millones de desplazados y la reconfiguración latifundista de la propiedad agraria colombiana forma parte del mismo cuadro, y ninguna hagiografía puede recortarlo.

Hoy, cuando se la nombra en manuales escolares y placas conmemorativas, suele aparecer como "pionera del voto femenino", fórmula demasiado corta para lo que fue. Es en su complejidad, no en la placa, donde su figura se sostiene. Colombia debía a las mujeres, en 1954, más de un siglo de ciudadanía negada. Currea de Aya cobró lo que se pudo cobrar, cuando se pudo cobrarlo, al precio que se pudo pagar. El resto —lo que quedó pendiente, lo que quedó torcido, lo que quedó por conquistar— quedó como tarea abierta para las generaciones que vinieron después.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 39 fragmentos
01Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2851 cita
[1]

developed in Palmira 1930 — Enrique Olaya- Herrera is president — Communist Party of Colombia founded — First flare-ups of bipartisan violence Worldwide economic crisis felt in Colombia — First radio station created in Medellín — The Pontificia Universidad Javeriana re- established in Bogotá Colombian Chronology,…

p. 285
02De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 1051 cita
[2]

con FANAL en 1946, y en el de los trabajadores industriales a través de la UTe. Las acciones se llevaron a cabo, en gran parte, como medidas preventivas: para prevenir el surgimiento y la dominación de los comunistas. Para realizar una lectura clara y profunda del período histórico comprendido entre J 930 y 1950, es…

p. 105
03De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Página 1051 cita
[3]

en el sector agrario, con FANAL en 1946, y en el de los trabajadores industriales a través de la UTe. Las acciones se llevaron a cabo, en gran parte, como medidas preventivas: para prevenir el surgimiento y la dominación de los comunistas. Para realizar una lectura clara y profunda del período histórico comprendido…

p. 105
04No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 35, 562 citas
[4]

para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición se pone como ejemplo que la luz eléctrica llegó primero al ingenio La Manuelita que a Cali, y que este tuvo primero una red ferroviaria hacia Buenaventura que hacia la ciudad. 13 Tomo Colombia adentro. Relatos territoriales del conflicto armado,…

p. 35
[8]

Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…

p. 56
05Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2971 cita
[5]

stica o Arte y Decorado, as í como carreras auxiliares de las profesiones “ masculinas ”, como Laboratorio Cl í nico, Enfermer í a o Dibujo Arquitect ó nico. Pero la presi ó n real de las mujeres hizo que esta transici ó n no durara: para 1950 la mayor í a segu í an carreras profesionales como Medicina, Derecho,…

p. 297
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2461 cita
[6]

profunda. 1938 Eduardo Santos, presidente de la República; anuncia un gobierno de moderación y ecuanimi- dad («la pausa», después de las reformas sociales). Censo nacional: 8”701.816 habitantes; Bogotá, 340.000. Inauguración del edificio de la Bibliote- ca Nacional. 1939 Jorge Eliécer Gaitán, ministro de Educación.…

p. 246
07Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 2751 cita
[7]

propicio para el triunfo electoral del partido conser- vador que se había fortalecido en la oposición a López y que concurrió unificado alrededor de Mariano Os- pina Pérez a las elecciones de 1946. La campaña electoral acentuó la cri- sis de la CTC. Su organismo directivo apoyó, con una precaria mayoría, la…

p. 275
08Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 1611 cita
[9]

la Iglesia católica, a la que le entregó las labores de cuidado de la población e impidió al - gún atisbo de reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos. 161 Capítulo 6. Representación política de las mujeres en Colombia Es para los años veinte del siglo xx que causas más liberales cues - tionan los derechos…

p. 161
09Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Páginas 49, 552 citas
[10]

con el objeto de dar al Estado colombiano una organización política de corte cor- porativista, presentó en febrero de 1953 su proyecto. En la Comisión se analizó el papel de la mujer y. en la perspectiva de ser sostén de las tradi- ciones cristianas, se consideró que las mujeres casadas por lo católico pudie- ran…

p. 55
[11]

den prescindir del rouge en los mo- mentos más delicados de la investiga- ción. Está muy bien la mujer enfer- mera, la mujer institutriz, pero la mujer gobernador no está de acuerdo con nuestro temperamento». El des- tacado dirigente liberal Armando So- lano hacía mofa de los problemas que tendría una mujer…

p. 49
10Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Páginas 75, 1392 citas
[12]

ejemplo, de quienes se identificaban con el “feminismo”. Si, por una parte, la emancipa- ción de las mujeres se vio recompensada con el derecho que se les otorgó para ingresar a la universidad, así como con la eliminación de algunas cláusulas discriminatorias en las relaciones conyugales, los estatutos jurídicos…

p. 75
[35]

al descubierto que amplios sectores de la población femenina se apar- taban cada vez más de los patrones en los que había sido encasillada la mujer colombiana. En la política, numerosas mujeres desplegaron una destacada actividad pública: a partir de 1958, con el Frente Nacional, fueron elegidas las primeras…

p. 139
11Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · Página 2551 cita
[13]

the earth. 14. In this context it is important to mention that women in Colombia were only granted the right to vote in 1956. The 1930s had gradually opened spaces for women in universities, and in the field of art, it was only in that decade that artists such as Hena Rodríguez, Josefina Albarracín, Carolina Cárdenas…

p. 255
12Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · Páginas 64, 1472 citas
[14]

de la Segunda Guerra Mundial al considerar que con éste podrían contrarrestar las aspiraciones electorales de los comunistas. De estas oposiciones, estereotipos y hasta instrumentalización, se opusieron las mujeres quienes, para conseguir la sensibilización sobre sus derechos políticos, recurrieron a la radio, a la…

p. 64
[24]

otras manos y sin ninguna garantía recibida pese a lo prometido por el gobierno (Uribe 1990 p. 62). Ante este descontento con los pactos incumplidos la delincuencia se vuelve a apoderar de los campos o zonas rurales y la crueldad reaparece. Los grupos armados vuelven a organizarse. Ante lo anterior el gobierno militar…

p. 147
13Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 168, 1702 citas
[15]

legitimados para intervenir por el reconocimiento de su ciudadanía [...]. Desde su periódico Verdad, planteaba n: que las banderas partidistas azul (conservadores) y roja (liberales) « se han enarbolado últimamente como estandartes de odio y empapadas en lágrimas y sangre », hay necesidad de « algo nuevo que nos…

p. 170
[18]

sumar y restar a la población negra, descendientes de antiguos esclavizados que se enco ntraban en las márgenes de las ciudadanías, allá donde el Estado republicano criollo desaparecía 472. Pese a la desidia estatal, esta mujer le enseñó a la comunidad timbiquireña que tenía derecho a la educación, al saber, a contar…

p. 168
14Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · Página 771 cita
[16]

de turno en su Instituto hicieron que nombraran a otra mujer al frente: Alicia Ruiz de Amórtegui. Ella, junto a María Eastman de Molina, moti vó grandes cambios en las mentes de las chicas de esa época. Ellas alimentaron su vocación pedagógica e impulsaron su afición por la escritura. “Los sábados dictaban una materia…

p. 77
15Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · Página 571 cita
[17]

mantuvo en alerta frente a la discriminación luchando por conseguir siempre ser escuchadas y ser reconocidas en pie de igualdad con los varones. Uno de los campos en los que la lucha fue más ardua fue en todo lo relacionado con la educación. La herencia del período de La Regeneración; herencia que, como vemos en el…

p. 57
16¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 701 cita
[19]

de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…

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17Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 351 cita
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las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…

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18Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · Página 231 cita
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the nineteenth century, to be the scene of various civil wars (Sánchez, 1991, p. 19). The reference to this period becomes relevant because, just as it is the moment in which the conditions for the emergence of academic sociology in Colombia were configured, its main promoters are recognized as belonging to the…

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19El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 652 citas
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en Colombia /// Hernando Calvo Ospina 64 de seguridad nacional. 6 Son muchos los investigadores que no han excluido la participación de la CIA que, recién creada, hubiera tenido en ese asesinato político su gran bautizo. Washington, como lo dictara la directriz de Seguridad Nacional de Truman, en la mentira plausible,…

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en Colombia /// Hernando Calvo Ospina 64 de seguridad nacional. 6 Son muchos los investigadores que no han excluido la participación de la CIA que, recién creada, hubiera tenido en ese asesinato político su gran bautizo. Washington, como lo dictara la directriz de Seguridad Nacional de Truman, en la mentira plausible,…

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20Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · Página 441 cita
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años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…

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21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 421 cita
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regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…

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22Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 4301 cita
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la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…

p. 430
23Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 506, 5192 citas
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vivía escondida porque no sabía a dónde irse 14. La familia tuvo q u e evacuar Villarrica y establecerse en Girardot m i e n t r a s p a s a b a la persecución; r e g r e s a r o n a la finca en el a ñ o 1954, p e r o de n u e v o la situación se p u s o difícil; ya se e n c o n t r a b a n en la región los…

p. 519
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Editores, 1984. Guzmán Campos, Germán, et. al. La Violencia en Colombia, tomo i, Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1980. Henderson, James, Cuando Colombia se desangró, Bogotá, 2 a éd., El Áncora, 1985. Molina, Gerardo, Las ideas liberales en Colombia, tomo ni, Bogo- tá, 10 a éd., Tercer Mundo, 1990. Oquist, Paul,…

p. 506
24Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 451 cita
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gadas de protegerlos. Las identidades partidistas estaban tan enraizadas que, con su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote “chulativa”, con que los grupos liberales desig- naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia; ese era el nombre de…

p. 45
25Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1811 cita
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decisión de Rojas de conformar y consolidar una alternativa a los partidos tradicionales lo acompañaría hasta la tumba. A tres años de iniciado su gobierno, el divorcio con las jerarquías liberal y conservadora era total. C AÍDA DE R OJAS, F RENTE N ACIONAL, VIOLENCIA Y BANDOLERISMO Al frente de la oposición al…

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26Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Páginas 66, 782 citas
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licize this policy, he sent air force planes over guerrilla strongholds in the Llanos, Antioquia, and Tolima to drop leaflets signed by his minister of war, General Alfredo Duarte Blum, announcing that Gómez had fallen and that the new gov- ernment would extend guarantees to all who wished to lay down their weapons.…

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ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…

p. 78
27Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Páginas 1, 1212 citas
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odio fra- tricida haya desaparecido y podamos de nuevo transitar el camino de la paz y recobrar nuestro prestigio de nación culta y cristiana», lo cual en el contex- to de violencia que se padecía, equi- valía de cierta manera a una condi- ción imposible. Luego, en el mensaje de año nuevo que dirigió al país en 1955,…

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NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJI A Asesores JORGE O R L A N D O M E L O JESÚS ANTONIO BEJARANO Plan de la obra 1 2 I II III IV V VI Colombia Indígena - Conquista y Colonia Era Republicana Historia Política 1886-1946 Historia Política 1946-1986 Relaciones…

p. 1
28Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 701 cita
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dad institucional que, a su vez, permitié un notable desarrollo econémico y social. Al margen de las necesidades practicas de res- taurar la convivencia bipartidista y de librarse de la dictadura cada dia mas autocratica del general Gus- tavo Rojas Pinilla, habia, desde luego, algo mas: el reconocimiento filos6fico de…

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29Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 3711 cita
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mujer el derecho activo y pasivo del sufragio”. Biblioteca Familiar Presidencia de la República, 1998. Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio NASA. Agencia EFE. Alfred Hettner. “Viajes por los Andes colombianos 1882-1884”, Banco de la República Biblioteca Luis Ángel Arango Colombia. Archivo del Banco…

p. 371
30Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 4741 cita
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Women in Colombia s Industrial Experiment, 1905-1960. Durham, North Carolina: Duke University Press, 2000. Fluharty, Vernon Lee. Dance of the Millions: Military Rule and Social Rev- olution in Colombia, 1930-1956. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 1957. Gonzalez, Fernan, S.J. "La guerra de los mil dias." In…

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