Ensayo · Transversal · —
La discontinuidad entre 1781 y 1810
La insurrección comunera del Socorro movilizó a decenas de miles de personas contra el orden colonial borbónico, pero ese capital insurreccional no se tradujo en liderazgo plebeyo en 1810: fue capitalizado por las élites letradas de Santafé. Esa discontinuidad revela el carácter socialmente conservador y de clausura clasista de la Independencia neogranadina.
Orientación para entrar
La respuesta en breve
La Independencia neogranadina no fue la continuación del comunerismo sino su clausura estructural y deliberada. Las élites criollas de 1810 —abogados, hacendados y funcionarios coloniales que en 1781 habían estado mayoritariamente del lado de la Corona— desactivaron el potencial subalterno mediante tres operaciones articuladas: el modelo de pacto-desmovilización-represión aprendido en Zipaquirá (1781–1782), la sustitución del vocabulario de la justicia distributiva por el de la representación ilustrada —que expulsó a los treinta mil del Socorro del sujeto político legítimo—, y la borradura sistemática del precedente comunero del panteón fundacional. El conservadurismo social del proyecto criollo no fue un defecto sobrevenido sino su condición de origen: las exclusiones raciales, regionales y de castas que atraviesan el siglo XIX republicano son su cumplimiento, no su traición.
La tensión central enfrenta dos lecturas incompatibles del vínculo entre 1781 y 1810. La lectura continuista —implícita en el relato escolar del siglo XX que colocó a Galán y a Nariño en el mismo panteón— sostiene que la Independencia fue un proceso de acumulación popular con liderazgo criollo tardío, y que sus limitaciones sociales son accidentes corregibles. La lectura de la discontinuidad estructural, respaldada por la evidencia documental, sostiene que comunerismo e Independencia pertenecen a tradiciones políticas inconmensurables: el primero articulado en torno al vasallo agraviado y la justicia distributiva de raíz hispánica; el segundo, en torno al ciudadano propietario y letrado del vocabulario ilustrado atlántico. Dentro de esta segunda lectura se abre un segundo debate: si la clausura fue principalmente un acto deliberado de las élites criollas —que conocían el precedente y lo gestionaron con silencio y borradura iconográfica— o si fue ante todo el resultado de una incompatibilidad estructural de horizontes políticos que ningún actor individual diseñó. La anulación de las Capitulaciones de Zipaquirá por el virrey Flórez en 1782, el descuartizamiento de Galán y la cooptación de Berbeo como corregidor establecieron además un modelo —pactar bajo presión, desmovilizar al aliado plebeyo, romper el pacto cuando cambia el balance de fuerzas, reprimir el ala radical y cooptar la moderada— cuya herencia en la política colombiana posterior constituye un tercer eje de controversia historiográfica.
Ensayo completo
La lectura
La discontinuidad entre 1781 y 1810: por qué la Independencia no fue heredera del comunerismo
En el arco que va de la insurrección comunera del Socorro (marzo de 1781) al Grito de Independencia en Santafé (20 de julio de 1810) y la Reconquista de Pablo Morillo (1816), la historia neogranadina exhibe una paradoja que ninguna narrativa cívica ha logrado disolver: la primera gran movilización que puso en jaque al poder colonial no fue el prólogo de la segunda, sino su contrafigura. Los treinta mil hombres que marcharon desde el Socorro hacia Zipaquirá bajo Juan Francisco Berbeo, la sangre de José Antonio Galán descuartizada en cinco pueblos de Santander, el edicto que Manuela Beltrán rompió en la plaza: toda esa energía insurreccional plebeya desapareció del horizonte político efectivo cuando, veintinueve años después, los abogados y letrados de Santafé instalaron una Junta Suprema. ¿Por qué la fuerza del 81 no produjo liderazgo popular en el 10, y qué dice esa discontinuidad sobre el proyecto emancipador criollo? La respuesta es incómoda: la Independencia no fue continuidad del comunerismo sino su clausura, y esa clausura fue a la vez estructuralmente inevitable y deliberadamente ejecutada.
Se juega en la pregunta la naturaleza misma de la fundación republicana colombiana. Si 1810 es continuación de 1781 —tesis implícita en buena parte del relato escolar del siglo XX, que colocó a Galán y a Nariño en el mismo panteón—, entonces la Independencia habría sido un proceso de acumulación popular con liderazgo criollo tardío, y sus limitaciones sociales serían accidentes corregibles. Si, por el contrario, entre ambos momentos hay una discontinuidad estructural —una fractura de sujeto histórico, de vocabulario político y de mando—, entonces el conservadurismo social del proyecto criollo no es un defecto sobrevenido sino su condición de origen, y las exclusiones raciales, regionales y de castas que atraviesan el siglo XIX republicano no son la traición de un ideal fundacional sino su cumplimiento.
La pregunta importa además porque las claves de la desactivación se juegan en episodios concretos y documentados. Las Capitulaciones de Zipaquirá del 5 de junio de 1781 y su anulación por la Real Audiencia el 18 de marzo de 1782. El descuartizamiento de Galán el 1 de febrero de 1782. El Memorial de Agravios de Camilo Torres de 1809. La guerra civil entre Antonio Nariño y Antonio Baraya en 1812. El silencio historiográfico de casi un siglo hasta Los comuneros de Manuel Briceño en 1880. Cada uno es una pieza de la operación por la cual el sujeto plebeyo comunero fue desalojado del proyecto nacional en construcción.
Los términos del debate
Hay varias tesis en pugna que conviene nombrar con sus mejores argumentos antes de pesarlas. La primera, la más frontal, sostiene que la Independencia fue una operación de élites letradas que desactivó el potencial subalterno comunero, prefigurando el orden republicano excluyente. Su apoyo empírico es sólido: los redactores del Acta del 20 de julio —José Acevedo y Gómez a la cabeza—, los diputados federalistas de Antioquia, Cartagena, Neiva, Pamplona y Tunja que firmaron el Acta de Federación de noviembre de 1811, y los líderes de la Confederación como Camilo Torres eran todos abogados, hacendados o funcionarios coloniales, es decir, la misma élite criolla que en 1781 había estado mayoritariamente del lado de la Corona.
Una segunda lectura afina la primera: la independencia criolla operó una clausura clasista que requería borrar el precedente comunero, lo que cuestiona cualquier lectura continuista entre 1781 y 1810. Se apoya en la ausencia sistemática de referencia a Zipaquirá en los documentos fundacionales de 1810 y 1811, y en el silencio historiográfico que sepultó a los comuneros hasta finales del siglo XIX.
Cerca de ella se sitúa la tesis de la invisibilidad iconográfica: la ausencia de los comuneros del panteón fundacional fue un acto activo de exclusión que prefiguró el patrón de coalición de élites contra la voluntad popular. El manual de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, adoptado como texto oficial en 1910 y matriz de los libros escolares hasta los años setenta, es la evidencia palpable: el panteón fue construido en torno a abogados, militares criollos y mártires letrados, no en torno a Galán ni a los treinta mil del Socorro.
Una cuarta lectura desplaza el énfasis del acto criollo hacia la estructura: la Independencia hereda una desconexión entre demandas populares y proyecto criollo que limita su carácter emancipador. Las masas rurales —llaneros movilizados por José Tomás Boves en favor de España, indígenas que rechazaron el movimiento, mulatos y mestizos cuyos intereses no coincidían con los de la élite criolla— no fueron excluidas por decisión de los letrados sino por la incompatibilidad de sus horizontes políticos.
Y hay una quinta, la más provocadora: la traición del pacto comunero habría inaugurado un patrón de descrédito de los acuerdos negociados que ha lastrado la política colombiana hasta hoy. La anulación de las Capitulaciones de Zipaquirá por parte del virrey Manuel Antonio Flórez, apenas los rebeldes se desmovilizaron y llegaron los refuerzos desde Cartagena, habría enseñado a las élites que se puede pactar sin ceder, y a los subalternos que ningún acuerdo es firme.
Las cinco no son equivalentes ni excluyentes. Se combinan con jerarquía: la clausura fue estructuralmente condicionada, deliberadamente ejecutada mediante un modelo de pacto-desmovilización-represión aprendido en 1781, recodificada en el vocabulario ilustrado de la representación, y consolidada retrospectivamente por la construcción del panteón en el siglo XIX largo.
La evidencia comunera: un sujeto plebeyo que ya venía
El levantamiento del 16 de marzo de 1781, cuando Manuela Beltrán rompió el edicto de nuevos impuestos en la plaza del Socorro, no fue una explosión súbita. Venía precedido de motines en 1752, 1764 y 1767, de una sublevación indígena de cerca de mil personas en 1779 y de un motín en Mogotes en 1780. La región del Socorro —junto con Pamplona— tenía una estructura social distinta de la del resto del virreinato: pequeñas parroquias rodeadas de agricultura de medianos propietarios blancos, artesanos numerosos, una división del trabajo más avanzada que la de las zonas de hacienda del valle del Cauca o de la minería esclavista del Pacífico. De sus telares salían algodones en rama, lienzos, paños de manos y colchas que llegaban a Santafé, Popayán, Cartagena, Antioquia, Santa Marta y Riohacha, una producción textil estimada hacia la época del levantamiento en un millón de pesos.
Sobre esa economía cayó el peso desproporcionado de las reformas borbónicas. Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, nombrado regente visitador en 1778, restableció el impuesto de la armada de Barlovento y extendió la alcabala. Los estancos de tabaco y aguardiente —el segundo formalizado por Real Cédula anterior a las reformas, ambos intensificados por los Borbones— llegarían a concentrar alrededor de un tercio de los ingresos totales de la Corona en Nueva Granada en la última década de dominación, y la presión fiscal sobre la economía se cuadruplicó en pocas décadas. Los recaudadores y guardias de rentas hostigaban sobre todo a mulatos pobres, mestizos y sectores de bajos estratos, y ese hostigamiento cotidiano explica por qué el movimiento del Socorro se extendió con rapidez a Pamplona, Vélez, Cúcuta y los llanos orientales.
La alianza que se armó era heterogénea: criollos notables como Berbeo, mestizos, indígenas, mulatos pobres. Frágil, transitoria, pero real. Marcharon sobre Santafé y forzaron a las autoridades a negociar. El arzobispo Antonio Caballero y Góngora recibió el encargo de componer. Las Capitulaciones firmadas el 5 de junio de 1781 en el campamento de Zipaquirá incluían la fijación del tributo indígena en cuatro pesos anuales, la regulación del precio del aguardiente y la exigencia de preferencia de criollos sobre españoles en los cargos. Nada allí proclamaba la independencia. El horizonte era el de la justicia distributiva: un rey justo restaurando el equilibrio roto por sus visitadores.
La operación de Zipaquirá: la escuela criolla
Aquí se produce el episodio que enseñará a las élites cómo se hace. Berbeo firma. Los comuneros comienzan a regresar a sus pueblos. Llegan los refuerzos militares desde Cartagena. El virrey Flórez improba las Capitulaciones alegando que fueron negociadas bajo amenaza. La Real Audiencia expide el acuerdo formal de anulación el 18 de marzo de 1782. Berbeo, principal negociador, es nombrado corregidor con sueldo anual de mil pesos.
José Antonio Galán rechaza el pacto por insuficiente y prepara una segunda marcha sobre Santafé para el 15 de octubre de 1781. Dos días antes es aprehendido cerca de Onzaga junto con nueve compañeros. Es conducido a Santafé, juzgado, y el 1 de febrero de 1782 ahorcado, decapitado y descuartizado. Su cabeza va a Guaduas; la mano derecha, al Socorro; la izquierda, a San Gil; el pie derecho, a Charalá; el pie izquierdo, a Mogotes. La sentencia declara infame su descendencia, confisca sus bienes, ordena asolar su casa y —detalle capital— dar olvido a su nombre. Junto a él son ejecutados Molina, Alcantuz y Ortiz. La coalición firmante incluye a auditores de Santafé, al propio Caballero y Góngora —quien poco después será nombrado virrey— y al corregidor Berbeo, el mismo que había negociado en Zipaquirá.
El modelo queda establecido: pactar bajo presión, desmovilizar al aliado plebeyo, romper el pacto cuando el balance de fuerzas cambia, reprimir con brutalidad ejemplar al ala radical y cooptar al ala moderada con cargos. Berbeo se retira a su corregimiento; los treinta mil regresan al Socorro con la sensación de haber vencido y descubren, meses después, que no vencieron.
Esta es la primera operación estructural que hereda la Independencia. Cuando en 1810 las juntas provinciales se instalan una tras otra —Cali el 3 de julio, Pamplona el 4, Socorro el 10, Santafé el 20— y los criollos negocian con las autoridades coloniales el paso del poder, lo hacen con la memoria de que se puede pactar sin ceder. Con la diferencia decisiva de que esta vez son ellos quienes están del lado del pacto ganador.
La sustitución del vocabulario
La segunda operación es de lenguaje. Las Capitulaciones de Zipaquirá se articularon en torno a la justicia distributiva: precios justos del aguardiente, tributos moderados, preferencia de criollos en los cargos. Su marco era antiabsolutista de raíz hispánica —una tradición de fueros y libertades locales que los Borbones habían intentado suprimir, prohibiendo durante el despotismo ilustrado las obras de Francisco Suárez y la enseñanza del derecho natural—. No apelaban al contrato social ni al derecho de representación. Su súbdito era el vasallo agraviado, no el ciudadano.
El Memorial de Agravios que Camilo Torres redactó en 1809 opera en otra clave. Su idea cardinal es el derecho de representación. Aunque el título alude a los agravios, el marco conceptual pertenece al vocabulario atlántico de la Ilustración: representación, ciudadanía, contrato. El tránsito no fue un desliz teórico. Fue el resultado de tres décadas de formación intelectual criolla en tertulias, sociedades económicas y expediciones científicas —notablemente la Expedición Botánica protegida por Caballero y Góngora—, del acceso de una minoría letrada a los textos ilustrados franceses (Antonio Nariño imprimió los Derechos del Hombre el 13 de diciembre de 1793 en su Imprenta Patriótica), y del Semanario del Nuevo Reino de Granada que Francisco José de Caldas editó entre 1808 y 1810.
El efecto político del cambio de vocabulario fue radical. En el lenguaje de la justicia distributiva, el sujeto legítimo del reclamo es la comunidad plural: campesinos, indígenas, mestizos, artesanos, criollos, todos vasallos agraviados por un mismo visitador. En el lenguaje de la representación ilustrada, el sujeto legítimo es el ciudadano capaz de deliberar, es decir, el propietario letrado. Los treinta mil de Zipaquirá cabían en el primer vocabulario; en el segundo no. La sustitución del lenguaje no fue una traducción: fue una expulsión.
Aquí la tesis de la inconmensurabilidad recobra fuerza: comunerismo e Independencia pertenecen a tradiciones políticas que apenas se tocan. No hay traición porque los criollos de 1810 nunca habitaron el lenguaje del 81. La paradoja borbónica que Juan Pablo Viscardo documentó —la Corona formó a los criollos con reformas ilustradas y esa misma formación los alejó de la Corona— produjo una élite que hablaba un idioma político distinto del que se había hablado en el Socorro.
Pero la inconmensurabilidad no es toda la historia. Porque los criollos de 1810 sí conocían el precedente, y su modo de gestionarlo fue el silencio.
La borradura: cabildos, juntas y la ausencia comunera
Cuando la Junta Central Suprema española fue reemplazada por el Consejo de Regencia y los americanos empezaron a discutir la legitimidad del nuevo cuerpo, Ignacio de Herrera y Vergara escribió en Santafé el 1 de septiembre de 1809 que "el pueblo es la fuente de la autoridad absoluta". La fórmula sonaba democrática. En la práctica, el pueblo así invocado era el cabildo: institución del Antiguo Régimen integrada por vecinos notables. Cuando en julio de 1810 se instalaron las juntas provinciales, el mecanismo fue casi siempre la invocación del cabildo abierto, combinado con la participación de algunos vecinos.
El Acta del 20 de julio, redactada por Acevedo y Gómez, dispuso que la autoridad quedara provisionalmente en la Junta Suprema, que las provincias enviaran representantes a un cuerpo deliberativo, que el gobierno se basara en la libertad de las provincias unidas por sistema federal, y que se reconociera a Fernando VII como monarca legítimo. La junta de Cartagena se constituyó por unión del cabildo con seis diputados de la ciudad y cinco de los cabildos subalternos; el 11 de noviembre de 1811 declaró su independencia absoluta.
En todo este proceso —el juntero de septiembre de 1809 a febrero de 1811, el Acta de Federación de noviembre de 1811 que creó la Confederación de las Provincias Unidas, la guerra civil de 1812 entre Nariño y Baraya, la parálisis militar frente a Morillo en 1816— el comunerismo está ausente como referente explícito. No se invoca Zipaquirá. No se nombra a Galán. Un cronista contemporáneo dejó constancia de que el plan de la revolución del 20 de julio estaba en manos de un grupo reducido de criollos, mientras la masa popular, que nada sospechaba, actuó dejando explotar sus antipatías contra algunos españoles.
La ausencia no es neutra. En el Socorro, provincia comunera por antonomasia, la junta se instaló el 10 de julio de 1810, diez días antes que la de Santafé. Los cuadros locales conocían el 81 en carne viva —muchos eran hijos o nietos de quienes habían marchado a Zipaquirá—. Pero el lenguaje con que la junta se articuló ya no era el de las Capitulaciones. Era el del federalismo ilustrado que Camilo Torres suscribiría poco después al presidir el Congreso de las Provincias Unidas.
La tensión estructural: por qué no hubo pacto posible
Contra la lectura de una operación puramente criolla debe pesarse la evidencia de que el sujeto plebeyo mismo era heterogéneo hasta la incompatibilidad. La rebelión comunera había sido una alianza estratégica y transitoria de criollos, mestizos, indígenas y mulatos pobres, unidos por el agravio fiscal pero divididos por posiciones sociales muy distintas. En 1810 esa alianza no se reeditó, y no solo porque las élites no la buscaran: los propios sectores populares tenían horizontes divergentes.
Los indígenas rechazaron con frecuencia el movimiento independentista. Los llaneros, que pelearían décadas después con Bolívar, en un principio siguieron a Boves y combatieron por la Corona: sus inquietudes no hallaban resonancia en el proyecto criollo. Las comunidades rurales afrodescendientes e indígenas del Caribe neogranadino, que habían resistido abusos coloniales, no tenían vínculos con la rebelión comunera ni concebían una nación independiente igualitaria. Entre la élite criolla y los sectores populares, la cuestión se planteaba en términos raciales, de etnias y de castas: cualquier acuerdo era aleatorio y estaba marcado por desconfianza mutua.
Esta desconexión estructural refuerza y matiza la tesis de la clausura. Los criollos no inventaron la exclusión plebeya: la heredaron de una sociedad de castas que había organizado tres siglos de vida colonial. Pero heredarla y consolidarla activamente son cosas distintas. La nueva élite criolla post-independentista no estaba interesada en romper los nexos culturales con Europa, precisamente porque esos nexos le servían para distanciarse de la masa de mestizos, indígenas y negros. La construcción de un sentido de igualdad con los europeos, basado en el acceso al conocimiento civilizatorio, funcionaba simultáneamente como distanciamiento de los europeos y como distanciamiento de los subalternos americanos. La clausura era doble.
La respuesta
La discontinuidad entre 1781 y 1810 admite una lectura precisa: la fuerza insurreccional comunera no se tradujo en liderazgo plebeyo porque nunca hubo un sujeto unificado que pudiera producir tal liderazgo, y porque la élite criolla —formada intelectualmente en las mismas reformas borbónicas que la alienaron de la Corona— construyó activamente un proyecto emancipador cuyo vocabulario, mecanismos y actores excluían por diseño a los sectores populares. La operación se apoyó en tres pilares: un modelo de pacto-desmovilización aprendido en Zipaquirá, un vocabulario ilustrado de la representación que sustituyó al vocabulario hispánico de la justicia distributiva, y una borradura simbólica del precedente comunero que se prolongó a lo largo del siglo XIX.
La tesis del pacto traicionado como origen de un patrón político colombiano tiene mérito pero debe matizarse: lo que Zipaquirá enseñó a las élites no fue tanto a descreer de los acuerdos como a instrumentalizarlos. Berbeo firmó y fue recompensado; Galán rechazó y fue descuartizado. La lección de la coalición ganadora —criollos moderados aliados con la autoridad colonial contra el ala radical plebeya— fue el molde operativo con que la élite letrada de Santafé abordaría luego su propia relación con la Corona y, más tarde, con los sectores populares que la acompañaron intermitentemente en las guerras de independencia.
La borradura iconográfica es la ratificación de esa clausura. La gesta comunera permaneció en la sombra durante casi un siglo. El primer texto importante sobre la insurrección, Los comuneros de Manuel Briceño, apareció en Bogotá en 1880. En 1910, cuando el manual de Henao y Arrubla se adoptó como texto oficial y ganó el premio de historia del Centenario en Bogotá, el panteón ya estaba fijado en abogados, militares y mártires letrados: Nariño, Torres, Caldas, Acevedo y Gómez, Policarpa Salavarrieta. Ese manual, matriz de los textos escolares hasta los años setenta, buscaba explícitamente la unidad cultural y espiritual del pueblo colombiano por encima de las diferencias políticas, dentro del proyecto de una "nación cultural" que la Regeneración terminó de tomar forma en la primera década del siglo XX.
La recuperación de la figura comunera en el siglo XX —el frente José Antonio Galán del ELN, la revisión historiográfica de los años treinta que buscó incorporar a las clases populares en el relato nacional, la advertencia de Orlando Fals Borda de que el esfuerzo de Galán fue sofocado en su cuna sin producir subversión fundamental— llegó como corrección tardía, no como recuperación de una tradición viva. Cuando el siglo XX necesitó un linaje insurreccional, tuvo que exhumar uno que la fundación republicana había enterrado en cinco pedazos.
El núcleo aguanta: la Independencia neogranadina no fue el cumplimiento del comunerismo, sino su clausura. Los treinta mil que marcharon a Zipaquirá no encontraron descendencia política en el 20 de julio de 1810. La encontraron, tarde y a medias, cuando la nación que ellos no fundaron necesitó, ya bien entrado el siglo XX, reconstruir el linaje que sus fundadores oficiales habían sembrado de sal.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
58 documentos · 75 fragmentos de referencia01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 fragmento
[1]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…
p. 231
02Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 235, 2472 fragmentos
[2]deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…
p. 235
[47]a los gobiernos de la Península, más injusta, más tiránica y opresiva ha sido la de estos contra nosotros. “Declaramos solemnemente, a la faz de todo el mundo, que la provincia de Cartagena de Indias es desde hoy, de hecho y por derecho, Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión,…
p. 247
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 87, 902 fragmentos
[3]pesinos y comerciantes arrancaron los avisos de las nuevas reglas de impuestos. Las protestas crecieron con rapidez y poco a poco fueron incorporando a los notables locales de todo el oriente y se extendie ron a los llanos orientales. En decenas de pueblos se formaron gru pos de gente del “ com ú n ” que se un í an y…
p. 87
[25]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…
p. 90
04Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 651 fragmento
[4]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
05Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 132, 1392 fragmentos
[5]de exportación del palo de tinte y el de la quina, de corta duración. Estos estancos o monopolios, especialmente el de aguardientes y tabaco, fueron el blanco de las mayores críticas, porque restaban campos de actividad a comerciantes y agricultores, que estaban en capacidad de hacer inversiones y explotar por su…
p. 139
[28]y lanares, o al contado, y del Socorro recoge lienzos, bayetas, colchas y otras piezas útiles. El Socorro. Remite a todo el reino algodones en rama “con pepita y sin ella”, lienzos, paños de manos, colchas y otras piezas útiles. A Santa Fe y Popayán se envían por tierra, a Cartagena, Antioquia, Santa Marta y Riohacha…
p. 132
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 95, 982 fragmentos
[6]el rey, pero no queremos pagar la Armada de Barlovento!» El alcalde prometió que participaría al cabildo sobre los reclamos de los reunidos para informar al visitador. La muchedumbre no le prestó aten- ción y una vendedora de la plaza, Manuela Bel- trán, rompió el edicto donde se hallaba fijado el impuesto. Como…
p. 95
[13]del Socorro. En esta pro- vincia, entre el 20 de por el arzobispo Caballero y Góngora, que se ha- llaba de visita en la región, no apoyó las preten- siones del pueblo. Galán, que había llegado a Mogotes el 2 de septiembre, pertenecía al bando de quienes no creían en las promesas del arzobispo de hacer cumplir las…
p. 98
07Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2071 fragmento
[7]la escena. E! gesto de Manuela Beltran comunico su propia audacia a la ira contenida de la multitud y millares de gentes hicieron sentir, entonces, el terrible poder de un pueblo enfurecido. »Los almacenes de los estancos fueron asaltados; los funcionarios perseguidos por las calles y sus casas convertidas en objeto…
p. 207
08¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 39, 482 fragmentos
[8]itinerario del co mercio colonial al conocer la actividad portuaria de Cartagena, Mompox y Honda, como también al tener una comunicación permanente con habitantes de Tunja y Popayán, hacia donde él mismo se dirigía para comercializar los productos de los indíge nas a los que evangelizaba en el piedemonte amazónico. Él…
p. 39
[32]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…
p. 48
09Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 1701 fragmento
[9]([C-19], pág. 20) da cuenta de una estimación del valor de los tejidos de algodón en la región del Socorro en la época del levantamiento de los Comuneros: un millón de pesos. No dice de dónde lo hubo. 171 Iíndicers t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 Se puede afirmar que en el periodo final de la Colonia la Nueva…
p. 170
10Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 fragmento
[10]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
11Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 fragmento
[11]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…
p. 108
12Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1421 fragmento
[12]1697. La prohibición no tuvo éxito: el consumo continuó extendién- dose y los productores satisficieron la demanda incentivados por las grandes ganancias que obtenían. Se dijo incluso que el aguardiente “se fabricaba en los trapiches o ingenios de azúcar que están en la gente más poderosa y válida del Reyno”. 12 En…
p. 142
13Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 441 fragmento
[14]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…
p. 44
14Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 2301 fragmento
[15]reunían; suponiendo órdenes del rebelde Tupamaro —Tupac-Amaru— 5 y queriéndo - les dar a entender que todos se hallaban exentos de tribu - tos y que habían cesado las contribuciones de diezmos y obligación de cumplir con los preceptos eclesiásticos, para esto, y como el principal motor y cabeza fue un vecino llamado…
p. 230
1530 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 13, 262 fragmentos
[16]se inició el retorno de los comuneros a sus pueblos. Berbeo fue nombrado corregidor, con un sueldo anual de mil pesos. José Antonio Galán no aceptó las negociaciones, pues le parecía que habían sido aprobadas muy rápido. El tiempo acabó por darle la razón. El virrey, que estaba en Cartagena para prevenir un ataque de…
p. 13
[20]aprobación sea sin ambigüedad. Campamento de guerra en territorio de Zipaquirá, 5 de junio de 1781. M.P.S. Puesto a los pies de V.A. El más rendido vasallo, JUAN FRANCISCO BERBEO. (Estas Capitulaciones fueron redactadas por don Agustín Justo de Medina y don Juán Bautista de Vargas, Delegados de la ciudad de Tunja. Al…
p. 26
16Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1261 fragmento
[17]Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…
p. 126
17Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 10, 132 fragmentos
[18]incorporado previamente en el habitas (Bourdieu, 1999b: 21). Hábito e ideología criolla... 9 Debido al proceso de expropiación de los privilegios criollos, acelerado con la visita general de 1776 y encaminado a desestimular la formación de vínculos entre ellos y los peninsulares, se desencadenó u n a creciente…
p. 13
[35]Buitrago 'Yo diré siempre con un filósofo piadoso que más me gusta Keaumur observando las polillas y dándonos remedios para poner a cubierto nuestras telas de la voracidad de estos insectos, que Leibni^ creando mundos" Francisco José de Caldas En el presente texto, haciendo uso de algunos conceptos desarrollados por…
p. 10
18The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 1991 fragmento
[19]stipends. Attentive to such misery, then, the total and annual contribution for the Indians shall remain at four pesos, and at two pesos for the mulattoes; priests shall not charge for rights or gratuities on baptisms, burials or weddings, nor require them to name an official for their holy days; if no participant…
p. 199
19Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1611 fragmento
[21]a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…
p. 161
20Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 731 fragmento
[22]en esta obra de pintura-ficción no se oye —o si se oye se desatiende— el ruido de las pisadas de los comuneros que, diez años antes de su estallido, ya comenzaban a volverse perceptibles. El primero de febrero de 1782 un hombre es arrancado a golpes de la cárcel, arrastrado por el suelo, llevado hasta el lugar donde…
p. 73
21Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4051 fragmento
[23]su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes. Declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sem- brada de sal, para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detesta- ble memoria, sin que quede otra que…
p. 405
22Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 511 fragmento
[24]el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…
p. 51
23Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 622 fragmentos
[26]las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…
p. 62
[27]las demás provincias donde no hay este auxilio, la po- blación se reduce a unos pocos labradores, cuyos frutos se invierten en su propia manutención ". 91 Efectivamente, la división del trabajo en Santander era mayor que en el resto del territorio del virreinato: había una especiali- zación incipiente entre artesanía…
p. 62
24Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 161 fragmento
[29]de Pamplona, Guanentá y el sur de la de García Rovira, con los conservadores. El 12 de abril de 1861 el Estado de Santander se convirtió en el Estado Introducción Soberano de Santander y se trasladó por 25 años la capital de Bu- caramanga a El Socorro. Sólo hasta el decreto del 7 de septiembre de 1886, la primera…
p. 16
25Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2731 fragmento
[30]pobres y todas las formas posibles de mestiza ci ó n que no estaban enmarcados dentro de un esquema institucional r í gido. Puede decirse que estos sectores fueron la base de relaciones sociales de producci ó n abiertas hacia el futuro. Como las exigen-' cias de tipo salarial no pod í an ser satisfechas por el tipo de…
p. 273
26Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2421 fragmento
[31]objeto de menciones frecuentes en docu- mentos políticos o fiscales. Pero la presencia de una numerosa población de españoles y mestizos pobres, de mulatos y libertos, de artesanos, peque- ños propietarios y jornaleros, resulta desdibujada en los documentos his- tóricos. Los Libros de Cabildos de las ciudades, por…
p. 242
27El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 190, 1952 fragmentos
[33]«… no debe guardar el juramento cuando por algún nuevo evento im - premeditado puede venir un peor mal. Si el juramento puede ser contra la salud, es indebido, no tiene fuerza para obligar, como acto que cae sobre indebida materia» 124. Tan claro era el sentido antiabsolutista de esa tradi- ción, que durante el…
p. 190
[40]pág. 79. 196 Jíndi Jícídneer Ucnsi gravamen sale del peculio del rico» 127. Y la Constitución del Estado Soberano de Antioquia dirá que «ningún hom- bre, ninguna clase, corporación o asociación de hombres puede, ni debe ser más gravada por la ley, que el resto de los ciudadanos» 128. En esta forma, en ambos casos se…
p. 195
28Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 251 fragmento
[34]no longer co-opted, they were coerced, and they were acutely conscious of the shift. Juan Pablo Viscardo, the Jesuit émigré and advocate of independence, had been a direct observer of policy trends in Peru and bore witness to the fact that the Bourbons moved from consensus to confrontation, alienated the creole elite,…
p. 25
29Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 411 fragmento
[36]“embarrassing dilem- ma” was solved not by entirely rejecting the European vision, but by the creation of a sense of equality and a distancing from Europeans, as is reflected in the double mission of “countering the savage spirit” and “the ignorance of the masses” and, at the same time, struggling against “Western…
p. 41
30Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 2791 fragmento
[37]ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…
p. 279
31The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 1041 fragmento
[38]Anillo, an engineer and mathematician sent from Spain as the vice-royalty's director of public works. 22 The most notable of the upper-class creole scientists who appeared at this time was Francisco José de Caldas of Popayán, who, despite the fact that he worked for a long time in virtually total isolation, managed to…
p. 104
32Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 481 fragmento
[39]coastlines, and territories. At the time of his writing, Caldas lamented that geographic knowledge about his place of birth was in its infancy. He argued no expense should be spared to ensure the production of a stately, dignified, detailed map, a “magic painting” that would attract the brightest minds and foment…
p. 48
33Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 601 fragmento
[41]alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…
p. 60
34Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 33, 372 fragmentos
[42]to Origins 17 the Seville junta. The town councils did much more than merely complain of the Americans’ unequal representation in the junta or offer the familiar protests concerning the abuses of royal authorities. They went on to formu- late enlightened ideas and true programs for governance. Narv á ez y Latorre…
p. 33
[48]it was clear—and the vice- roy knew it—that the army would not act against the demonstrators. The plan worked: a junta was organized. At dawn on July 21, 1810, a document was signed that Colombians now refer to as their act of independence. Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction…
p. 37
35Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 29, 332 fragmentos
[43]went on to formulate enlightened ideas and true programs for governance. Narváez y Latorre received instructions from the cabildos of Santafé (known as the “Memorial de Agravios,” or “Memorandum of Grievances”), Popayán, Socorro, Tunja, and Loja, among others. Similarly, he received a document written by Ignacio de…
p. 29
[49]Written by José Acevedo y Gómez, the act made clear the purposes and direction of the recently constituted junta: All authority will be placed provisionally in the Supreme Governing Body of this Kingdom, until this same Junta forms the Constitution that assures public happiness. The noble provinces will be counted on…
p. 33
36Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 351 fragmento
[44]Provincias americanas, lo que provocó que muchos americanos no aceptaran su legitimidad para gobernar en nombre de Fernando VII. Tal malestar estaba además motivado por el miedo de que Napoleón estuviera a punto de conseguir una victoria definitiva en España y en Europa. Ante la posibilidad de perder del todo a su…
p. 35
37La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 122, 1522 fragmentos
[45]de la Independencia. Bogotá: I/M, 2000, p. 25. 22 Sosa Abella, Guillermo. Representación e independencia 1810-1816. Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2006, pp. 139-144. 23 Caballero, Diario de la Independencia..., p. 26. 24 Diario Político de Santafé, n.º 24, tomo 1, 24 de noviembre de 1810. La…
p. 152
[52]Colombia. Bogotá: Fundación para la Inves- tigación y la Cultura, 2009, p. 39. 36 Ibid. 37 Ibid. La elección de la República 94 mediar entre el pueblo y el acusado, llegando a la determinación de encarcelar a Llorente. La medida no fue suficiente para el pueblo y, según lo que relata un testigo: “el desenfreno de este…
p. 122
38Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 831 fragmento
[46]acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…
p. 83
39Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 58, 2092 fragmentos
[50]de un programa político, aunque ciertos valores igualitarios comenzaran a ser defendidos —en derecho por los de arriba, de hecho por los de abajo—. La continuidad prevaleció, a pesar de la salida de los cuadros superiores del ejército regular. En cierto modo se impuso la rutina en aquel momento decisivo de la…
p. 58
[55]un escalamiento de la guerra le dieron al conflicto un giro popular y sangriento. Los marcos de movilización de la población y de los tributos son los pueblos, en mayor medida porque la Confederación cuidaba bien de los municipios, fundamento de su razón de ser. Después de un momento de fructífera cooperación con los…
p. 209
40Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 58, 2092 fragmentos
[51]de un programa político, aunque ciertos valores igualitarios comenzaran a ser defendidos —en derecho por los de arriba, de hecho por los de abajo—. La continuidad prevaleció, a pesar de la salida de los cuadros superiores del ejército regular. En cierto modo se impuso la rutina en aquel momento decisivo de la…
p. 58
[56]un escalamiento de la guerra le dieron al conflicto un giro popular y sangriento. Los marcos de movilización de la población y de los tributos son los pueblos, en mayor medida porque la Confederación cuidaba bien de los municipios, fundamento de su razón de ser. Después de un momento de fructífera cooperación con los…
p. 209
41Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 341 fragmento
[53]compuesto por representantes de las provincias de Antioquia, Cartagena, Casanare, Chocéd, Cundinamarca, Neiva, Pamplona, Socorro y Tunja, adopté el sistema fe- deral y comisioné a su presidente, el doctor Camilo Torres, para redactar una constitucién basada en la de los Estados Unidos de América. El acta o pac- to de…
p. 34
42Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 171 fragmento
[54]del mando de Castro de la nación para combatir a los federalistas de Tunja, capitaneados por Antonio Baraya, cuyos enfrentamientos con los centralistas ponían en peligro las todavía endebles conquistas logradas por los patriotas, dos años después de los hechos del 20 de julio. Manuel Benito de Castro 21 22 Presidentes…
p. 17
43Memorias de un abanderadoJosé María Espinosa · 2016 · p. 342 fragmentos
[57]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
[58]por instantes la orden que debía dar el virrey, pero este 35 Míndicer sí ta eóeasíiesd por fortuna era pusilánime, y no se atrevió a darla ni a hacerse responsable de la sangre que pudiera correr. Más entereza tuvo la señora, y así le echaba en cara a aquel su cobardía. No hubo, en efecto, más sangre derramada aquel…
p. 34
44Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1011 fragmento
[59]la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…
p. 101
45Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 12, 172 fragmentos
[60]tido real, ella se insolento; y la gente de color, que era numerosa en la plaza, adquirio preponderancia 1095 que con el tiempo vino a ser funesta para la tran- quilidad publica». Lo que nos recuerda por cierto las palabras del cabildo de Caracas dirigidas al rey en 1797. Ocurria que entre la élite criolla y varios…
p. 12
[61]desde el mismo ins- 1100 1102 Retrato de José Tomas Boves que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. Este jefe realista fue el que primero moviliz6 a los llaneros, que en un principio pelearon a favor de Esparia. tante en que Crist6bal Colon desembarco en las costas del Nuevo Mundo. Por lo que se puede ver, al…
p. 17
46La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 301 fragmento
[62]so de que Fernando no recuperara el trono. Con 28 ello, defendían los privilegios de que venían go zando y al mismo tiempo aspiraban a detentar el poder y a afianzar la supremacía que desde mu cho tiempo atrás venían ambicionando. La terce ra estaba formada por los comerciantes criollos, por los artesanos y la masa…
p. 30
47Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 2931 fragmento
[63]the peasants of Ayapel’’ in and ‘‘the sedition of the ‘Indians’ of Jegua’’ in . Although these cases show the ability of two rural communities—one mostly of African de- Notes to Pages – scent, the other, indigenous—to resist abuse by the representatives of Spain, Fals presents no evidence that they…
p. 293
48Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 2931 fragmento
[64]the peasants of Ayapel’’ in and ‘‘the sedition of the ‘Indians’ of Jegua’’ in . Although these cases show the ability of two rural communities—one mostly of African de- Notes to Pages – scent, the other, indigenous—to resist abuse by the representatives of Spain, Fals presents no evidence that they…
p. 293
49La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 981 fragmento
[65]evaluación de las cosas, dentro de la pers - pectiva general de la civilización occidental. 99 D e la subversión y la finali D a D histórica 5. Subversión y Frustración en el Siglo XIX La paz hispana se mantiene por tres centurias hasta prin - cipios del siglo XIX, sin que hubiera surgido mientras tanto ninguna…
p. 98
50Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 9041 fragmento
[66]por la propia organización en noviembre de 1985. 259 Óscar Castaño, El guerrillero y el político, Ricardo Lara Parada, Bogotá, Oveja Negra, 1984, p. 61. 260 Nombre en homenaje al líder de la insurrección de los comuneros de 1781, encabezada por José Antonio Galán. Capturado, fue condenado a la pena de muerte y al…
p. 904
51Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2301 fragmento
[67]1983). Capítulo 8 215 De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez. Republicanismo y gobiernos conservadores Jorge Orlando Melo Se inauguraron monumentos y esta- tuas, así como el acueducto de Cha- pinero y el Parque de la Independen- cia, con varios pabellones en los que se hicieron exposiciones industriales,…
p. 230
52Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 102 fragmentos
[68]gobierno nacional adoptó el trabajo de Jesús María Henao y Gerardo EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:28:03 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 54 Arrubla como el manual oficial de enseñanza de la historia de Colombia en 1910. El…
p. 10
[69]79 Capítulo III Los revisionismos históricos: el momento de los años treinta Un autor no especializado se dirige a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Eduardo Galeano en (1971) Las venas abiertas de…
p. 1
53Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 321 fragmento
[70]que el país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…
p. 32
54Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 501 fragmento
[71]asistencia de todas las sociedades científicas y literarias y colegios de la ciudad, así como de señoras y señoritas”. 4 En el año de 1926, surgió la iniciativa de reubicar la estatua de Nariño en la plaza principal del barrio de Las Cruces, donde se pretendía construir un parque de estilo inglés. 5 Luego, entre los…
p. 50
55Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 151 fragmento
[72]the founding fathers. They wantcd instead to understand the social effects ofindependence and to incorporate the popular classes into national histories. As historians compared the nature and dcgrce of social and economic change from colonial times throtrgh the nineteenth centurH they concluded that the lower classes…
p. 15
56Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2041 fragmento
[73]Academia ha sido muy notable y cuan- tiosa; dicha producción se contiene en sus series Biblioteca de historia nacio- nal, Biblioteca de historia eclesiástica, Biblioteca complementaria, Biblioteca Eduardo Santos, Historia extensa de Colombia y Biografías sintéticas; en sus series documentales, y en sus pu- blicaciones…
p. 204
57Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 331 fragmento
[74]del centenario de la Independencia en 1910. Como lo señala Miguel Ángel Urrego, “la coyuntura que representó la Guerra de los Mil Días había desestructurado parcialmente la relación de fuerzas entre los partidos, sin que ello hubiese significado un cambio en los fundamentos del orden político dominante. La guerra…
p. 33
58Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 691 fragmento
[75]También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…
p. 69