Idea · Frente Nacional
Realismo mágico
El realismo mágico es la forma narrativa que la literatura colombiana encontró para nombrar lo que no cabía en la crónica ni en el informe: una mezcla deliberada de acontecimiento verificable y prodigio doméstico en la que la masacre y el fantasma comparten el mismo tono de voz. Como fenómeno colombiano es indisociable del período que va de 1948, año del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, a 1982, año del Nobel de Gabriel García Márquez.
Trayectoria de una idea
- 1925
Acuñación del término en Europa
- 1940
Naturalización latinoamericana del concepto
- 1948
El Bogotazo como detonador histórico
- 1955
Formación del grupo de Barranquilla y exilio de García Márquez
- 1962
La violencia en Colombia y el silencio oficial
- 1967
Publicación de Cien años de soledad
- 1975
El otoño del patriarca y la ampliación del procedimiento
- 1982
Nobel de Literatura y apropiación simbólica del Estado colombiano
La lectura
El realismo mágico colombiano no nació de un programa estético sino de una necesidad histórica: cuando la realidad de La Violencia era tan extrema que el realismo estricto empezaba a mentir, y cuando el Frente Nacional había decretado el olvido oficial de los muertos, la literatura encontró en el prodigio doméstico el único tono capaz de decir la verdad. Su rasgo técnico central es que el asombro reside en el lector, no en el narrador: dentro del texto nadie se sorprende de que una muchacha ascienda al cielo ni de que un pueblo padezca una peste de insomnio, del mismo modo que los colombianos de la época no se sorprendían de que los guerrilleros se convirtieran en animales. Fue un fenómeno colectivo antes que individual: lo fabricaron el grupo de Barranquilla con su lectura de Faulkner y Woolf, la revista Mito con su cosmopolitismo crítico, y una diáspora de escritores que tuvo que irse a México, Barcelona y Buenos Aires para escribir lo que Colombia no podía ayudarlos a escribir. El Estado colombiano no financió ni protegió ese proceso; lo heredó ya hecho en 1982, cuando el Nobel convirtió a Macondo en marca-país, y aprendió tarde a exhibirlo como propio. Esa paradoja —una identidad cultural producida en el exilio y apropiada por el Estado que expulsó a sus creadores— es quizás el dato más revelador sobre la relación entre el realismo mágico y la historia política de Colombia.
El realismo mágico
El realismo mágico es la forma narrativa que la literatura colombiana encontró para nombrar lo que no cabía en la crónica ni en el informe: una mezcla deliberada de acontecimiento verificable y prodigio doméstico, en la que la masacre y el fantasma comparten el mismo tono de voz. Como etiqueta crítica circula desde los años treinta europeos y se aclimata en América Latina con Alejo Carpentier y Arturo Uslar Pietri, pero como fenómeno colombiano es indisociable del período que va de 1948, año del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, a 1982, año del Nobel de Gabriel García Márquez. Entre esas dos fechas ocurren La Violencia y el Frente Nacional, pacto bipartidista que clausuró el debate sobre culpas y responsabilidades; ocurren también el exilio de una generación de escritores, la publicación de Cien años de soledad en Buenos Aires y la conversión de Macondo en marca-país. Que la consagración se haya cocinado fuera de Colombia —en México, en Barcelona, en Buenos Aires, en La Habana— no es un accidente biográfico: es el rasgo estructural del asunto. El Estado colombiano no fabricó el realismo mágico; lo heredó ya hecho, y aprendió tarde a exhibirlo.
La semblanza
Llamar realismo mágico a una obra literaria supone una operación específica: sostener que en ella los prodigios no interrumpen la realidad sino que la completan. Un cura levita después de tomar chocolate, una muchacha asciende al cielo mientras dobla sábanas, y el narrador lo cuenta con la misma naturalidad con que registra el precio del banano o la fecha de una elección. La técnica exige que el asombro esté del lado del lector, no del narrador: dentro del texto, nadie se sorprende. Ese pacto separa al realismo mágico del fantástico clásico, donde el prodigio es ruptura, y del costumbrismo, donde la superstición se describe desde afuera como error de los otros.
En Colombia, el término se pega a García Márquez y a Cien años de soledad con tal fuerza que termina siendo casi un sinónimo. Es una simplificación útil y engañosa a la vez. Útil porque ninguna otra obra encarna mejor el procedimiento; engañosa porque oculta que el realismo mágico colombiano tuvo un tejido colectivo —el grupo de Barranquilla, la revista Mito, la diáspora en México— y respondió a una situación histórica precisa: la de un país donde algunos colombianos atribuían a los guerrilleros la capacidad de convertirse en animales o en viento, y peregrinaban a los lugares donde los habían enterrado. El realismo mágico no inventó esa mezcla; la codificó.
Su peso en la historia de Colombia excede lo literario. Durante el Frente Nacional, cuando el ministro de Gobierno Fernando Londoño y Londoño declaró en el Congreso que el pacto bipartidista se había firmado precisamente para no volver a hablar de la violencia, la literatura asumió una función que la política oficial había abandonado: la de nombrar. El realismo mágico fue, entre otras cosas, el idioma en el que Colombia habló de sus muertos cuando el Estado había decretado que no se hablara. Habló en clave, con prodigios, con exageraciones deliberadas, con árboles genealógicos que se repetían como maldiciones; pero habló. Y esa función indirecta explica por qué la novela colombiana del período no se parece a la crónica ni al testimonio directo: no podía parecérseles, porque el terreno de la denuncia frontal estaba clausurado por decreto político.
Los orígenes
El término Magischer Realismus lo acuñó el crítico alemán Franz Roh en 1925 para referirse a un giro de la pintura post-expresionista. En América Latina, Arturo Uslar Pietri lo trasplantó a la literatura en los años cuarenta, y Alejo Carpentier reformuló la idea con la fórmula de lo real maravilloso americano, que atribuía a la propia geografía y cultura del continente —y en particular al Caribe— una densidad prodigiosa que Europa había perdido. Esa genealogía europea del concepto es un dato incómodo pero necesario: el realismo mágico llegó a Colombia con etiqueta de importación, y solo después se naturalizó como si hubiera nacido en Aracataca.
El terreno local, sin embargo, estaba preparado desde antes. En Barranquilla, principal puerto marítimo del país, la modernización económica de las primeras décadas del siglo XX había atraído inmigrantes europeos, entre ellos el catalán Ramón Vinyes, crítico impresionista y sagaz que participó en la revista Voces, órgano cultural de renovación literaria que reunía a jóvenes inconformes con el estado de las letras. Vinyes es la figura que después reaparece transfigurada como el sabio catalán de Cien años de soledad, pero su función histórica fue anterior: sirvió de puente entre las vanguardias europeas y un grupo caribeño que aprendería a leer a Faulkner, a Joyce y a Virginia Woolf sin pedirle permiso a Bogotá.
De ese ambiente nace, ya a mediados del siglo, el llamado grupo de Barranquilla: Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas Cantillo, Alfonso Fuenmayor y un joven García Márquez recién llegado de Cartagena. El grupo no produjo un manifiesto ni una revista de largo aliento, pero sí una manera de leer: irreverente frente al hispanismo académico bogotano, atenta a la novela norteamericana, dispuesta a tomarse en serio el habla costeña y sus prodigios. Que García Márquez incluyera después en Cien años de soledad a un personaje llamado Álvaro que viaja en un tren eterno —guiño reconocido a Cepeda Samudio— indica hasta qué punto la novela funciona también como acta de nacimiento de una fraternidad.
Paralelamente, en Bogotá, la revista Mito, fundada a mediados de los años cincuenta, agrupaba a escritores nacidos mayoritariamente entre 1920 y 1930, de posiciones políticas diversas pero con actitud crítica ante el país y aceptación explícita del pluralismo. Jorge Gaitán Durán fue una de sus figuras centrales. Sus colaboradores vivieron el 9 de abril de 1948, atravesaron La Violencia y participaron en la transición al Frente Nacional. Fue en esa transición, en la conversación entre el grupo caribeño y el grupo capitalino, entre el testimonio y la vanguardia, donde se formó la sensibilidad de la que saldría el realismo mágico colombiano.
Los antecedentes literarios inmediatos son menos gloriosos y por eso más reveladores. Las primeras novelas sobre La Violencia —El día del odio de José Antonio Osorio Lizarazo, Lo que el cielo no perdona de Fidel Blandón, La sombra del sayón de Augusto Ángel— habían apostado al testimonio y a la denuncia, y algunas incluso incorporaban fotografías de incidentes reales para intensificar el efecto dramático. Eran obras polémicas, tendientes a la posición liberal, muchas basadas en experiencias directas de sus autores. Retrataban la tragedia en términos humanos concretos, pero se agotaban en la crónica. La evolución hacia obras de mayor elaboración estética no fue una traición al testimonio sino su desplazamiento: cuando la realidad es implausible, el realismo estricto empieza a mentir.
La trayectoria
El asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948 en Bogotá desencadenó el Bogotazo y aceleró un ciclo de violencia bipartidista que pudo dejar hasta 200.000 muertos, cifra recogida por el sacerdote Germán Guzmán Campos y sus colaboradores en un informe pionero publicado en 1962. Ese libro, escrito por una comisión que incluyó también a Eduardo Umaña Luna, apareció ya en pleno Frente Nacional y provocó un escándalo político de primer orden: el ministro Londoño y Londoño sostuvo desde el Congreso que el pacto bipartidista se había firmado justamente para no volver sobre esos hechos, y el expresidente Mariano Ospina Pérez lo secundó al recomendar que no se examinaran orígenes ni responsabilidades. El mensaje era inequívoco: la violencia debía olvidarse por decreto.
En ese silencio institucional se instala la trayectoria del realismo mágico colombiano. El Frente Nacional se había firmado en los pactos de Benidorm (1956) y Sitges (1957), con Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez como signatarios, para poner fin tanto a la Violencia bipartidista como al gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyas tendencias populistas y su intento de prolongación habían llevado a los altos mandos militares a pedirle que abandonara el país el 10 de mayo de 1957. Tras una junta militar de transición, el 7 de agosto de 1958 asumió Lleras Camargo, y con él comenzó un régimen de alternancia presidencial y paridad estricta en gabinetes, asambleas y concejos que se extendería hasta 1974.
El sistema tenía dos lógicas simultáneas y opuestas. Fue reparador porque terminó con la matanza partidaria y garantizó cuotas de reforma social: el plebiscito de 1957 obligó a destinar al menos el 10% del presupuesto nacional a educación, y el gobierno de Lleras Camargo prometió reformas agrarias. Fue excluyente porque, como lo describió Alfonso López Michelsen, funcionó a la manera de un régimen de partido único, sin oposición, que volvía impensable cualquier propuesta al margen del consenso general. Ningún tercer partido podía aspirar legalmente a la presidencia. Cuando en 1962 la izquierda liberal encabezada por el propio López Michelsen obtuvo 625.000 votos —el 24% del total—, esos sufragios fueron anulados por inconstitucionales, pues el turno correspondía a un conservador.
Fue en ese cierre donde germinó, sin plan previo, la escena del realismo mágico. García Márquez había salido a París en 1955, ya fuera empujado por su serie Relato de un náufrago en El Espectador —que lo puso en tensión con la dictadura de Rojas Pinilla— o por la búsqueda de nuevas oportunidades como reportero, o por ambas cosas a la vez. Carlos J. Villar Borda, uno de los primeros periodistas colombianos exiliados, buscó protección en España en 1956, en el mismo contexto. Álvaro Mutis, en tanto, había emigrado antes a México. Fue allí donde García Márquez lo alcanzó, y donde encontró el entorno cultural que le permitió, según sus propias palabras, restarle tiempo a la publicidad y al periodismo para dedicarlo a la literatura. México se convirtió, junto con Barcelona, en el laboratorio material donde se escribió lo que Colombia iba a exportar después como imagen de sí misma.
Cien años de soledad fue publicada en Buenos Aires por la Editorial Suramericana en abril de 1967. El fenómeno editorial que siguió no tuvo precedentes en el continente. La novela circuló primero por América Latina y después por Europa con una velocidad que sorprendió incluso a la crítica del boom, y en pocos años estableció una nueva vara de medida para la narrativa en español. Las cifras que se repiten —cercanas a los cuarenta millones de ejemplares vendidos— circulan sin verificación estricta, pero la magnitud del asombro es real. En ese libro, la masacre de las bananeras de 1928, la llegada del ferrocarril, las guerras civiles del siglo XIX, la peste del insomnio y la ascensión de Remedios la Bella conviven en un mismo plano, y esa convivencia es el argumento estético central: en Macondo, la historia y el mito no se distinguen porque no pueden distinguirse.
El Frente Nacional entró en su segunda mitad justo mientras el libro se convertía en emblema. Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) gobernaba cuando la novela apareció; Misael Pastrana Borrero, en un cierre disputado, ocupaba la presidencia cuando el pacto expiró en 1974. En 1975 García Márquez publicó El otoño del patriarca, tras siete años de trabajo silencioso, y su aparición desconcertó a críticos y lectores que esperaban una segunda entrega macondiana. La estructura oceánica, las frases largas, el tema del dictador latinoamericano marcaban una intención distinta: no repetir la fórmula sino ampliarla. Algunos comentaristas han sugerido que la Biografía del Caribe de Germán Arciniegas pudo influir en ese giro, aunque la hipótesis carece de respaldo documental directo.
La consagración culminó el 8 de diciembre de 1982, cuando García Márquez pronunció su discurso del Nobel en Estocolmo. Para entonces, el Frente Nacional había terminado ocho años atrás, pero sus efectos —la deslegitimación de la política, la proliferación del clientelismo, el escalamiento de las guerrillas comunistas que no se habían desmovilizado en 1958— seguían configurando el país. El Nobel llegó, pues, sobre un Estado que no había financiado ni protegido a su autor, y que ahora recibía por primera vez el retorno simbólico de una obra escrita en el exilio. La paradoja no fue percibida en su momento con la nitidez que hoy tiene: Colombia se apropió públicamente de un triunfo que había producido a pesar suyo, y comenzó, desde entonces, a construir sobre Macondo una imagen internacional cuya rentabilidad turística y diplomática todavía dura.
Su red
Reducir el realismo mágico colombiano a una biografía individual falsea la historia. La obra de García Márquez descansa sobre una trama de personas, lugares e instituciones con geografía y cronología propias.
En Barranquilla, junto a Vinyes, estaban Cepeda Samudio y Fuenmayor. El grupo tenía en Germán Vargas Cantillo a un lector de precisión maníaca. Y contaba con un antecedente decisivo: la revista Voces, que desde comienzos del siglo enlazaba a la ciudad con las vanguardias europeas. En Bogotá, Mito y su núcleo alrededor de Gaitán Durán ofrecieron el otro polo: una tradición ensayística cosmopolita, atenta al pensamiento francés y a los debates políticos, capaz de dar hospedaje intelectual a escritores de los que hasta ese momento no se ocupaba la academia. Entre los dos polos —el caribeño y el capitalino— circulaba una tensión productiva: el habla costeña ganaba estatuto literario en la misma medida en que la reflexión ensayística abandonaba el hispanismo defensivo.
México aportó lo material: acogida, redes editoriales, contacto con Carlos Fuentes, con Julio Cortázar de paso, con el nuevo cine latinoamericano. Álvaro Mutis fue, según el propio García Márquez, su amigo más cercano; la sombra del éxito descomunal del Nobel terminaría, paradójicamente, opacando la propia obra de Mutis, uno de los grandes narradores colombianos del siglo. La lista de exiliados y emigrados colombianos en México dibuja por sí sola un mapa cultural. Antes que nadie estuvo Porfirio Barba Jacob. Después llegaron el fotógrafo Leo Matiz, el poeta Germán Pardo García, Mutis, García Márquez, y más tarde Fernando Vallejo. Todos ellos escribían Colombia desde afuera porque adentro no había cómo escribirla: no una expulsión formal, sino la indiferencia estructural del Estado y de las élites hacia los creadores. García Márquez llegó a rechazar el ofrecimiento de un consulado en Barcelona con el argumento de que el servicio gubernamental compromete la independencia del escritor.
La Habana añadió otra capa. García Márquez, Cortázar, Pablo Neruda y otros artistas latinoamericanos mostraron simpatía por la Revolución Cubana e intercambiaron estatus con el régimen: el prestigio literario legitimaba a la Revolución en el ámbito cultural, y la Revolución confería a los escritores un aura política que multiplicaba su atractivo. Ese intercambio simbólico fue una de las palancas del boom, y explica por qué la consagración internacional del realismo mágico se produjo en un circuito que iba de La Habana a París pasando por México y Buenos Aires, sin escala obligatoria en Bogotá.
Dentro del país, la red se completa con figuras que raramente aparecen en las semblanzas triunfales, y que sin embargo sostuvieron el tejido intelectual sobre el que Macondo se hizo posible. Manuel Zapata Olivella trabajó una veta afrocaribeña anterior y paralela a la de Macondo, con menos fortuna internacional pero con un peso decisivo en la reivindicación cultural del litoral. Eduardo Zalamea Borda y su hermano Jorge Zalamea habían sido lectores tempranos y difusores, capaces de traducir para el público bogotano lo que llegaba desde la costa. Plinio Apuleyo Mendoza fue interlocutor de larga distancia, compañero de conversaciones que después se publicarían como libro. Y desde el nuevo campo académico, Orlando Fals Borda convertiría más tarde el adjetivo macondiano en herramienta descriptiva de la cultura popular caribeña, señal de que la ficción había reingresado al lenguaje analítico como categoría. Ese cruce entre literatura y sociología no fue trivial: mostró que el realismo mágico había producido, además de novelas, una gramática nueva para pensar el país.
La red tiene también una dimensión estrictamente geográfica. Aracataca, el pueblo natal de García Márquez en el corazón de la zona bananera del Magdalena, es el molde geográfico de Macondo. Ciénaga es donde el general Carlos Cortés Vargas ordenó disparar contra los huelguistas de la United Fruit Company el 6 de diciembre de 1928. En la zona bananera, entre Ciénaga y Fundación, la United Fruit controlaba hacia 1921 cerca del 59% de la tierra productiva e improductiva, y hacia 1928 empleaba a unos treinta mil trabajadores —la cifra más alta habla de 32.146 organizados sindicalmente—. Se les pagaba con vales canjeables en comisariatos de la propia empresa, en un circuito cerrado que hacía retornar el dinero a la compañía. La huelga que Raúl Eduardo Mahecha organizó ese año, con demandas de mejora de condiciones laborales, fue reprimida por el gobierno de Miguel Abadía Méndez y culminó en la masacre. Esa historia, contada en pocas páginas en Cien años de soledad, es la materia prima documental sobre la que el realismo mágico monta su gramática: los muertos de las bananeras se acumulan en un tren de doscientos vagones porque los muertos reales, cuyo número exacto nadie estableció nunca, se habían acumulado en la memoria colectiva sin cifra fija.
Su huella
La huella del realismo mágico en Colombia es doble, y sus dos caras se contradicen sin cancelarse.
Por un lado, funcionó como dispositivo de gestión simbólica de La Violencia en el silencio decretado por el Frente Nacional. Donde la política oficial exigía el olvido —Ospina pidiendo que no se analizaran orígenes ni responsabilidades, Londoño y Londoño declarando que el pacto se había firmado para no hablar del asunto—, la literatura ofreció una lengua para procesar lo inprocesable. La atribución de poderes mágicos a los guerrilleros que la cultura popular ya practicaba, las peregrinaciones a los sitios de las masacres, la sensación colectiva de que la realidad excedía toda plausibilidad: todo eso encontró en el realismo mágico una forma de decirse. La eficacia estética consistía en no separar el prodigio del hecho; la eficacia política, en que así contada la historia podía atravesar la censura del olvido oficial.
Por otro lado, la institucionalización internacional del realismo mágico produjo efectos que ni García Márquez ni sus lectores habían buscado. Macondo se convirtió en marca-país. En años recientes, el alcalde de Aracataca, Pedro Sánchez Rueda, llegó a proponer un referendo para cambiar el nombre del municipio a "Aracataca-Macondo" con el fin explícito de aprovechar el realismo mágico para impulsar el turismo local. La operación era transparente: la ficción se había hecho tan real que podía redimir económicamente al territorio que la había inspirado. El propio García Márquez había reconocido en Vivir para contarla que la palabra Macondo le había llamado la atención desde sus viajes de infancia con su abuelo, por su resonancia poética, y que la había usado en tres libros antes de que adquiriera proyección mundial. Entre esa resonancia íntima y el referendo municipal median cincuenta años de conversión simbólica.
Esa conversión tuvo costos. Al consolidarse como imagen internacional del país, la fórmula macondiana oscureció tradiciones que la precedían o coexistían con ella: la novela urbana de Bogotá, la narrativa antioqueña heredera de Tomás Carrasquilla, la literatura afrocaribeña de Zapata Olivella, la obra ensayística de Marta Traba, la sociología narrativa de Fals Borda, y la producción de Álvaro Mutis y Pedro Gómez Valderrama, por citar solo algunas. El efecto óptico fue implacable: todo lo que no cabía en Macondo dejó de verse desde afuera, y muchas veces también desde adentro. Una parte de la crítica académica pasó décadas midiendo la literatura colombiana con la vara de García Márquez, y encontrando invariablemente que los demás eran menos.
En la generación siguiente, la reacción fue explícita. Entre los narradores posteriores pareció imponerse la consigna de cancelar el macondismo, afirmar nuevos lenguajes, abrir la novela histórica y la narrativa urbana, romper los límites que la etiqueta había fijado. Germán Espinosa se inscribió en propuestas de transformación del lenguaje e indagación en la historia; otros exploraron la ciudad, el conflicto contemporáneo, el ensayo. La palabra macondismo pasó a designar no una virtud sino un peaje a evitar, y esa reacción, aunque a veces injusta con el propio García Márquez, era la forma inevitable en que una literatura viva se defiende de su monumento más pesado.
La huella también tocó a la propia obra de García Márquez. Después del Nobel, algunas de sus obras posteriores dejaron sentir una cierta saturación de su técnica, y la imitación masiva del estilo —dentro y fuera de Colombia— generó una economía literaria de segunda mano que abarató lo que en 1967 había sido invención. El realismo mágico, como toda forma cultural que se institucionaliza, terminó por producir sus propios epígonos y su propio cansancio. La ironía fue doble: el procedimiento que había servido para decir lo indecible se convirtió, en manos ajenas, en receta para adornar lo obvio.
Queda una pregunta más difícil, y es probablemente la que decide el balance histórico del asunto: si el Frente Nacional clausuró el debate sobre responsabilidades y desplazó a la literatura la tarea de nombrar, ¿el realismo mágico ayudó a procesar La Violencia o contribuyó, sin quererlo, a mitificarla? Las dos cosas son ciertas, y ahí está el problema. La ficción de Macondo, al fundir prodigio y masacre en un solo plano, honra la experiencia colectiva de un país que efectivamente vivió lo ocurrido como si fuera desmesura y no política, y en esa fidelidad al modo colombiano de recordar hay una verdad que ningún informe habría alcanzado. Pero lo legendario tiene su propia inercia. Tiende a resistirse a la cuenta de nombres, fechas y culpables que la justicia histórica requiere; convierte a los victimarios en fuerzas atmosféricas y a las víctimas en cifra redonda. La escena más citada de la novela —el tren de doscientos vagones cargado de cadáveres en la zona bananera— es un ejemplo casi perfecto de esa ambigüedad: la imagen ha hecho más por instalar la masacre en la conciencia pública que cualquier archivo, y al mismo tiempo ha fijado en el imaginario una cifra imaginaria en un lugar donde la cifra real nunca terminó de estabilizarse. Que el número de muertos siga siendo motivo de debate, con observaciones críticas sobre las diferencias entre la versión novelada y los datos verificables, muestra la incomodidad del asunto. La novela no mintió: hizo lo que la literatura hace, que es ocupar el vacío que otros dejan. El costo fue que, una vez ocupado el vacío por la ficción, la investigación histórica tuvo que competir con ella durante décadas por el derecho a nombrar lo ocurrido, y en esa competencia la imagen literaria suele ganar. Colombia recuerda la masacre de las bananeras a través de Macondo, no a través del expediente. Es una victoria de la literatura, y también una derrota de otra cosa.
Ese es, en última instancia, el nudo del realismo mágico colombiano. Fue técnica narrativa importada y aclimatada, red intelectual entre Barranquilla, Bogotá, México, Barcelona y La Habana, dispositivo cultural para hablar de lo prohibido durante el Frente Nacional, consagración internacional venida desde fuera, marca-país que el Estado aprendió a exhibir después de haber abandonado a sus creadores, etiqueta contra la que la generación siguiente tuvo que escribir para poder existir. Pero, por encima de esa enumeración, fue sobre todo el hallazgo formal de un país que no podía contarse en el registro de la crónica y encontró la manera de contarse en el registro del mito, sabiendo o sin saber que el mito cobra caro sus servicios. Todo eso cabe entre la caída de Gaitán en 1948 y el discurso de Estocolmo en 1982, con el arranque del Frente Nacional, la publicación de la novela y el final del pacto bipartidista trazando las estaciones intermedias. En ese arco de poco más de tres décadas se dibuja un fenómeno que sigue siendo, casi medio siglo después, la principal exportación cultural del país y su nudo interpretativo más difícil de deshacer.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Transversal—1
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Gabriel García Márquez — principal codificador del realismo mágico colombiano; su obra Cien años de soledad (1967) y el Nobel de 1982 convirtieron el concepto en marca cultural internacional de Colombia
- 02La Violencia y el Frente Nacional — contexto histórico determinante: el silencio oficial decretado por el pacto bipartidista (1958-1974) convirtió al realismo mágico en el idioma en que Colombia habló de sus muertos cuando el Estado había prohibido hablar de ellos
- 03Grupo de Barranquilla (Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas Cantillo, Alfonso Fuenmayor, Ramón Vinyes) — tejido colectivo que formó la sensibilidad narrativa caribeña, irreverente frente al hispanismo bogotano, de la que surgió el realismo mágico colombiano
- 04Revista Mito y Jorge Gaitán Durán — polo capitalino que ofreció hospedaje intelectual cosmopolita y actitud crítica ante el país, en tensión productiva con el grupo costeño
- 05Alejo Carpentier y Arturo Uslar Pietri — antecedentes latinoamericanos que naturalizaron el concepto en el continente antes de su versión colombiana
- 06Macondo — territorio ficcional creado en Cien años de soledad que funciona como síntesis espacial del realismo mágico y como imagen internacional de Colombia
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
56 documentos · 69 fragmentos
01El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 852 citas
[1]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[2]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
02El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1021 cita
[3]la ingobernabilidad. Pero, por otro lado, Rojas siguió con el proyecto constituyente autoritario que había ya inicia do Gómez, y que en esencia excluía al Partido Liberal. A medida que las críticas contra su gobierno fueron arreciando se lanzó a una represión abierta, aunque no muy sistemática, que incluía cierres…
p. 102
03Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 422 citas
[4]planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…
p. 42
[5]planning a coalition government; the Catholic Church had lost interest in the Rojas experiment. Leaders of most of the economic interest groups, representing the upper levels of Colombian economic life, had supported the trade unions in general strikes. On May 10, 1957, the top military leaders asked Rojas to leave…
p. 42
04Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2401 cita
[6]salido de control en las regiones, y que luego le devolviera el poder a los sectores moderados de las élites políticas liberales y conservadoras. Sin embargo, el plan no salió como lo esperaban. El proceso de pacificación arrojaba resultados más bien pobres y, más grave aún, Rojas no daba señales de querer devolver el…
p. 240
05Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 781 cita
[7]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1411 cita
[8]the rest. Altogether the urban population was now close to equaling that of the countryside. This shift meant that a greater percentage of Colom- bians would have access to education and social benefits and also that the pace of all sorts of change was likely to accelerate, with con- sequences difficult to foresee.…
p. 141
07Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 701 cita
[9]dad institucional que, a su vez, permitié un notable desarrollo econémico y social. Al margen de las necesidades practicas de res- taurar la convivencia bipartidista y de librarse de la dictadura cada dia mas autocratica del general Gus- tavo Rojas Pinilla, habia, desde luego, algo mas: el reconocimiento filos6fico de…
p. 70
08Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4102 citas
[10]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
[11]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
09Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1391 cita
[12](1957). Citado por Álvaro Delgado, “Anotaciones a la Política del Partido Comunista” Controversia, n.° 190 (2008). 94 En una decisión posterior, en 1958, se añadió la norma que obligaba a que los presidentes fueran alternativamente liberales y conservadores, y se amplió la duración del Frente Nacional con su…
p. 139
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2341 cita
[13]ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…
p. 234
11Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 681 cita
[14]rodeó el regreso de Rojas Pinilla al país y su juicio en el Congreso, los dirigentes del Frente Nacio- nal (FN) podían estar optimistas porque, en lo fundamental, el reparto biparti- dista estaba funcionando bien. La izquierda liberal era una minoría creciente y respetable. En 1962 la candidatura presidencial de López…
p. 68
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 631 cita
[15]el Frente Nacional, los comunistas retomaron la fuerza del movimiento agrario de los años treinta y cua- renta y se organizaron en sindicatos agrarios que fundaron en diferentes municipios de la región. Era una estructura de organización compleja, pues en su interior se crearon comités de mujeres, núcleos juveniles y…
p. 63
13Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 411 cita
[16]del sentimiento de pertenencia al partido político, y la capacidad cohesionadora que ello implicaba, motivaron un cambio de estrategia en los partidos. La modorra de las ma- sas fue enfrentada con la proliferación de las viejas prácticas clientelistas. En estas nuevas circunstancias, la burocracia del Estado pasó a…
p. 41
14No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 771 cita
[17]de matrices ideológicas que abogaban por cambios radicales y violentos del sistema. El inicio del Frente Nacional estuvo marcado por la violencia que se sostuvo durante finales de los años cincuenta en el sur del Tolima, Cauca, Huila y Valle, y que provenían tanto de actores ilegales (cuadrillas de «bandoleros»,…
p. 77
15Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2322 citas
[18]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
[19]inició en el año 1947. Cuando el presidente conservador Mariano Ospina Pérez intentó imponer la ley marcial, a fines de 1949, el Partido Comunista or- denó a sus miembros que se alzaran en armas para defenderse del Gobierno. El llamado de los comunistas a la autodefensa fue imitado por líderes del Partido Liberal y,…
p. 232
16Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 261 cita
[20]que llevaron a cabo los gobiernos, sobre todo de Lleras Camargo, y de su sucesor, el conservador Guillermo León Valencia (1962-1966), rápidamente experimentaron el desvanecimiento del efecto “luna de miel” sobre la gestión de una violencia que, si bien controlada entre 1959 y 1964, nuevamente presentaba exacerbados…
p. 26
17Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2181 cita
[21]en manos de un conservador. El presidente electo se comprometió a extender el perdón y olvido a todos los militares, individual e institucionalmente. El realismo político y el fantasma de otro cuartelazo (hubo un intento serio el2 de mayo de 1958) llevaron a los fundadores del FN a pro- rrogar sin fecha la reforma del…
p. 218
18Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1171 cita
[22]o conceptos que aún después del debate en grupo queden confusos, podrán quedar simplemente enunciados, con el compromiso de que se completará su definición más adelante. La literatura y el Bogotazo Los estudiantes, organizados en los mismos grupos, escucharán un fragmento del re - lato autobiográfico de Gabriel García…
p. 117
19La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 211 cita
[23]al Presbítero Camilo Torres Restrepo, fraternal im- pulsador de todas las horas; a la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional que promovió la idea de la investi- gación; a la Fundación de la Paz con cuyo patrocinio fue posible realizar la labor; a don René Camargo, generoso auxiliar; al doctor Andrew Pearse…
p. 21
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 204, 2072 citas
[24]en la literatura colombiana una tradición de escritura que se inicia como puro testimonio y logra con el tiempo afianzarse como una opción estética, en la que la fuerza de lo temático va dando paso a la elaboración de obras de gran al- cance y valor artísticos. Quizás, como se verá en el caso de García Már- quez, la…
p. 204
[62]que buscan, desde la exploración del lenguaje, la potenciación de la fábula y la indagación de realidades inéditas, así como un nuevo posicionamiento, ya sea acu- diendo al deslinde con la tradición o a una recu- peración de exploraciones marginales o no com- pletamente desarrolladas. Se impone la necesidad 709 Germán…
p. 207
21When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 163 citas
[25]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
[26]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
[27]ll The Conservative etiology of the Violencia did not achieve wide cur- rency outside of the country. It smacked of cold war paranoia and ran counter to evidence showing little communist influence in national life. Novels written early in the Violencia, though blatantly polemical and tending to present the Liberal…
p. 16
22El día del odioJosé Antonio Osorio Lizarazo · 2016 · p. 11 cita
[28]el día del odio J o SÉ a NT o N io o S o R io li Z a R a Z o J o SÉ a NT o N io o S o R io li Z a R a Z o el día del odio Osorio Lizarazo, José Antonio, 1900-1964, autor El día del odio / José Antonio Osorio Lizarazo; [presentación, María Mercedes Andrade]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de…
p. 1
23The Flight of the Condor: Stories of Violence and War from ColombiaJennifer Gabrielle Edwards (ed.) · 2007 · p. 161 cita
[29]with a mix of horror and admiration and their prolonged battles against their enemies—the pájaros, the army, and the National Police—became legendary. Some Colombians, faced with an implausible reality, re- placed it with fantasy and its fictions and went so far as to embark on pilgrimages to where guerrillas were…
p. 16
24La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 551 cita
[30]actitudes ni de superioridad ni de inferioridad. Sólo se adopta la actitud escapista nihilista que exige, "ahora no, sino después"; aunque sin sugerir los caminos para entender mejor el fenómeno estudiado. Casi desde la aparición del libro, se dejaron oír algunas voces de desaprobación, por considerar que con él se…
p. 55
25El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 991 cita
[31]los 56 ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta, hasta casi saturar con el terror nuestra ancestral cultura del humor y del dejar hacer. Insistí entonces, con colegas de los Andes, en el análisis del trágico fenómeno de la violencia política. Aquel libro de 1962 causó mucho ruido, pero los culpables lograron…
p. 99
26When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 11 cita
[32]Introduction The Violencia and Its Literature On the fourth of June 1949} the registrar of voters of Santa Isabel} Tolima} picked up a pistol and fired a bullet through his brain. The news caused a ripple of interest in the village} and for several days people mused on his untimely passing. A newspaper in the nearby…
p. 1
27Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 801 cita
[33]Alianza Popular Revolucionaria Americana del Perú, huyeron hacia México en busca de refugio durante esa época. Véase Semana (1987, 23 de noviembre). 100 Dentro de estos casos se encuentra Carlos J. Villar Borda, considerado uno de los primeros periodistas exiliados de Colombia, quien buscó protección en España en…
p. 80
28Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 89, 942 citas
[34]Pero en 1975, des- pués de siete años de trabajo silencio- so, les deparó una sorpresa muy des- concertante: El otoño del patriarca. Hubo miradas atónitas, salidas en fal- so de críticos áulicos, tímidas tentati- vas de rechazo, etc.; no era para me- nos, no porque se tratara de un inten- to de experimentación…
p. 94
[46]Instituto Colombiano de Cultura. 1979. 88 Capítulo 4 Literatura y pensamiento. 1958-1985 Luis Antonio Restrepo El grupo de Mito L a revista Mito permite ubicar, así sea sin mucho rigor, un grupo de escritores que ya sea como orienta- dores de la publicación o bien como sus habituales colaboradores se han denominado el…
p. 89
29Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 63, 1382 citas
[35]a escribirlos. Álvaro Mutis había viajado a México, a donde lo persiguió la intolerancia de unas empresas que consideraban siempre aceptable gastar dinero en campañas electorales y en relaciones públicas pero que veían escandaloso que se hicieran esos mismos gastos en relaciones culturales y en estímulos a los…
p. 138
[37]país. Porque aquí nadie los expulsaba, ni siquiera había ya el respeto y el temor que tuvieron por Vargas Vila y que los llevó a desterrarlo. Ahora les daba igual. Colombia era capaz de apreciar los libros, pero no de ayudar a escribirlos. Un artista estaba abandonado a su suerte, y lo más probable es que no se…
p. 63
30Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 178, 1822 citas
[36]elites who lived along that nation’s coast. La vorágine helped merge the disciplines of Colombian journalism and fiction writing; this art form would be perfected, later on, by Gabriel García Márquez. Tragically, Rivera died in 1928, at forty years of age, after suffering a series of seizures in New York City. He went…
p. 182
[65]is principally associated with the founding of the MAMBO—Museo de Arte Moderno de Bogotá. The most famous and internationally acclaimed Colombian painter, Fer- nando Botero, was born in Medellín in 1932 and now lives in Italy and New York. His work is easily recognizable: his expressive, overweight figures and…
p. 178
31Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 118, 1212 citas
[38]Botero se fue a Madrid en 1952 y estudió en la Escuela de San Fernando. En la Academia de San Marcos, en Florencia, tuvo como profesor a Bernard Berenson.Vivió en Nueva York, en Greenwich Village; allí sobrevivió vendiendo su arte por muy poco; “hacía réplicas de grandes obras, para turistas”, sin imaginar que…
p. 118
[42]él tenía 16 años, en Zipaquirá, poesía que firmó con el seudónimo de “Javier Garcés”. El hijo de un telegrafista, que creó una novela fantástica de “un mundo imaginario pero coherente” y que tuvo también una vida de novela, se casó con Mercedes Barcha en 1958 y tuvieron dos hijos, Rodrigo y Gonzalo. Su poder político…
p. 121
32Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1981 cita
[39]soledad, novela fundamental de la literatura hispanoamericana del siglo XX, que se convirtió de inmedia- to en un verdadero bestseller mundial. Transformado en un personaje céle- bre, García Márquez se radicó en Bar- celona y por temporadas vivió en Bo- gotá, México, Cartagena y La Habana. Durante las décadas…
p. 198
33¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 911 cita
[40]García Márquez recibiera el Nobel de Literatura en 1 982. Mientras tanto, la cultura local se redefinía al reconocer su diversidad en la mo dernidad: en las artes plásticas con Enrique Grau, Fernando Botero, Eduardo Ramírez Villamizar y Beatriz González; en la literatura con Manuel Zapata Olivella, Álvaro Cepeda…
p. 91
34Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 256, 2792 citas
[41]libro. 287 s é P tima P arte NARRATIVA DE FINALES DEL SIGLO XX (1970-1999) h acia una narrativa P osmodernista Esta penúltima parte se ocupa de los principales narradores de ficción posteriores a García Márquez, es decir, de los nacidos en su mayoría entre 1930 y 1945, aproximadamente. La excepción la hacen Pedro…
p. 279
[51]mundo. Ninguna interpretación mejor para sus cuentos que la descripción que de él hace García Márquez al final de Cien años de soledad, cuando lo pone a viajar en un tren que nunca se detiene: Álvaro fue el primero que atendió el consejo de abandonar Macondo. Lo ven- dió todo, hasta el tigre cautivo que se burlaba de…
p. 256
35Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 163, 1642 citas
[43]la aventura armada en todo el continente. Pero el ardor no les llegó solo a ellos. La simpatía hacia el triunfo del Movimiento 26 de Julio, primero, y por las ejecutorias del nuevo gobierno cubano fueron más extensas y plurales. El caso más notorio es el de los artistas y, entre ellos, las estrellas ascendentes de la…
p. 163
[44]la aventura armada en todo el continente. Pero el ardor no les llegó solo a ellos. La simpatía hacia el triunfo del Movimiento 26 de Julio, primero, y por las ejecutorias del nuevo gobierno cubano fueron más extensas y plurales. El caso más notorio es el de los artistas y, entre ellos, las estrellas ascendentes de la…
p. 164
36Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 251 cita
[45]al respecto, las cuales han sido retomadas por otras personas en diferentes formas.²⁶ Como frecuentemente se hace con Balzac para ilustrar aspectos de la vida burguesa, o con Charles Dickens para hacerlo sobre las miserias de la población en Inglaterra, acudí a un fragmento de Manuela, una novela costumbrista del…
p. 25
37Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 6971 cita
[47]í a a Vicente Aleixandre, al poeta espa ñ ol que por su po é tica no se inscrib í a totalmente entre los de la Generaci ó n del 27, sino que, como Luis Cernuda m á s tarde, hab í a asimilado el surrealismo y buscado nuevas formas del lenguaje. El reinado de Aleixandre en la poes í a colombiana lleg ó a mantenerse…
p. 697
38La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 3261 cita
[48]italianos que se empleaban como obreros u oficinistas, como Vinyes 4. Barranquilla, principal puerto marítimo de Colombia en aquel entonces, experimentó a nivel cultural las consecuencias de la modernización económica que cobraría fuerza en otras regiones del país al transcurrir las primeras décadas del siglo xx 5. En…
p. 326
39Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 661 cita
[49]Allí no se presentó el fanatismo por las creencias religiosas o políticas que se observó en el interior del país. Por el contrario, la actitud festiva y burlesca ante las situaciones difíciles hizo que la costa estuviera relativamente al margen durante las grandes guerras civiles del pasado. Los mismos entrevistados…
p. 66
40Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 631 cita
[50]suicidaban... Todos los intelectuales... Todos con barbas y vestidos negros... Todos existencialistas... Todos pensando en Hei- degger y su Da-Sein, todos se suicidaban... Todos lo hacían después de escuchar jazz... Unos se suicidaban de verdad. Otros se suicidaban tres y cuatro veces... Se tomaban el frasco de…
p. 63
41Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 121 cita
[52]los hechos que se narran. Con una prosa avasalladora, subyugante, y en innu- merables pasajes verdaderamente poética, los capítulos de estos libros son una fascinante travesía por el mar Caribe, de la mano de sus más extravagantes personajes, que dan cuenta tanto de las epopeyas libertarias como de las tra- gedias…
p. 12
42Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3411 cita
[53]ser tan importan- tes en los años sesenta. Pero induda- blemente el más popular sigue siendo Vargas Vila. De los escritores circulan algunas novelas sociales como las de Osorio Lizarazo y las obras de Tomás Carras- quilla. Los críticos Hernando Téllez y Baldomero Sanín Cano introducen el gusto por una literatura de…
p. 341
43El río: exploraciones y descubrimientos en la selva amazónicaWade Davis · 2017 · p. 751 cita
[54]menos lo mismo: casas pintadas con cal, plazas polvorientas, puentes grises sobre ríos de agua sucia. Pero justo bajo la superficie hay una historia de traición y de muerte. A principios de la década de 1920, la United Fruit Company trajo el banano, y con el tren y el telégrafo, los caminos, los correos, las esta-…
p. 75
44La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 301 cita
[55]entre la costa Caribe y la capital del país (Velázquez, 2011). La llegada del tren a los municipios daba cierta noción de “modernidad”. En ese momento la población fue estremecida por un silbato de resonan- cias pavorosas y una descomunal respiración acezante. Las semanas pre- cedentes se había visto a las cuadrillas…
p. 30
45Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 691 cita
[56](aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…
p. 69
46Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1221 cita
[57]de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…
p. 122
47Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1981 cita
[58]de la costa caribe y del interior del país, en busca de mejores condiciones econó- micas. Muchos de ellos se emplearon en el ferro- carril y en el puerto o se convirtieron en colonos de las propiedades públicas y se dedicaron a culti- var yuca, plátano, maíz, arroz, caña de azúcar y ta- baco, que se destinaban a…
p. 198
48Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1321 cita
[59]maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…
p. 132
49Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 311 cita
[60]desco- nocida para mí, gracias en parte a la cantidad de culturas presentes, a la inmigración de árabes y europeos que se habían mezclado con lo indígena y con lo afro. Esa exuberancia me con- quistó enseguida. Aprendí a bailar, a reladonarme con mucha- chas muy francas, a enamorarme. Toda mi formación académica, 35…
p. 31
50The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 591 cita
[61]was a phantasmagoria of images past and present and of fantasies about the future; how its reality was suspended between magic and modernity; and how much magic was present in Colombia’s project of modernity. Colombia, both so premodern and so mod- ern in its longing for progress, its shameless use of violence, and…
p. 59
51Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4641 cita
[63]December 8, 1982. www.nobelprize.org/prizes/literature/1982/marquez/lec - ture/. My italics. 8 I have argued this point in detail in my discussion of the structural challenges that constrain the construction of historical memory in Colombia in my essay “Gramáticas de la escucha: Aproximaciones filosóficas a la…
p. 464
52Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 921 cita
[64]with the latent excess that cannot be trapped by official nar - ratives, claiming a truth that declares the impossibility of recovering and reconstructing it in the present. Instead of bodies to be buried and names to be remembered, the instal - lation duplicates the gesture of their disappearance with the material…
p. 92
53Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1351 cita
[66]sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…
p. 135
54Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 11 cita
[67]NHC Nueva Historia de Colombia Director Científico y Académico ALVARO TIRADO MEJI A Asesores JORGE O R L A N D O M E L O JESÚS ANTONIO BEJARANO Plan de la obra 1 2 I II III IV V VI Colombia Indígena - Conquista y Colonia Era Republicana Historia Política 1886-1946 Historia Política 1946-1986 Relaciones…
p. 1
55Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 201 cita
[68]del departamento de Magdalena, Pedro Sánchez Rueda, se le prendió el bombillo y propuso un referendo para cambiarle el nombre a la población. Quería que se llamara en lo sucesivo Aracataca- Macondo, en alusión al territorio en el que transcurren los cuentos y las novelas escritas por su hijo dilecto. Ese nombre tenía…
p. 20
56Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 2031 cita
[69]oficio compromete la independencia del escritor, y que esta es para él, según mi modo de pensar, algo tan esencial, como saber escribir. Más aún: si no he asistido a la entrega de los premios que se me han otorgado en distintos países, ni participado nunca en ninguna clase de promociones públicas, no es solamente por…
p. 203