José Antonio Osorio Lizarazo
República Liberal
1900–1964
La biografía
Novelista, cronista y funcionario colombiano nacido en Bogotá en 1900 y muerto en la misma ciudad en 1964, José Antonio Osorio Lizarazo fue el escritor que le puso rostro literario al arrabal bogotano y, más tarde, la pluma incómoda que cambió la República Liberal por el peronismo argentino y la satrapía dominicana de Rafael Leónidas Trujillo. Su obra levanta acta de la Colombia pobre de la primera mitad del siglo XX —tenderos, empleadillos, obreros, mendigos, jornaleros hacinados en las lomas del centro— con una fidelidad casi fotográfica, y su novela más citada, El día del odio, es todavía una de las puertas por las que la literatura colombiana entra al 9 de abril de 1948. Entenderlo es entender una fractura: la que corre entre la retórica de redención popular de los gobiernos liberales de 1930-1946 y la práctica oligárquica que dejó sin ley las reformas sociales; entre la Colombia que Germán Arciniegas contaba en clave heroica y la que se pudría en las calles empedradas de Las Cruces.
Línea de vida
- 1926
La cara de la miseria
Leer contexto
Publica sus primeras crónicas urbanas sobre hospitales, cárceles y barrios marginales de Bogotá, material reporteril que servirá de cantera para toda su ficción posterior.
- 1930
La casa de vecindad
Leer contexto
Publica su novela inaugural, en la que un inquilinato bogotano funciona como microcosmos de la pobreza urbana; establece el molde realista-social que caracterizará toda su obra.
- 1932
Barranquilla 2132
Leer contexto
Publica su única incursión en la ciencia ficción, una utopía-distopía situada dos siglos en el futuro en una Barranquilla convertida en metrópoli científica del Caribe, considerada pionera del género en Colombia.
- 1938
Hombres sin presente
Leer contexto
Publica su novela sobre el oficinista bogotano, subtitulada Novela de empleados, considerada una de sus obras más logradas del período liberal; retrata la existencia diminuta del empleado público al que la República Liberal no ha redimido.
- 1944
El hombre bajo la tierra
Leer contexto
Publica su novela sobre los mineros de esmeraldas de Muzo, una de las primeras obras colombianas que entra a la mina con detalle documental, retratando el régimen semifeudal del trabajo extractivo.
- 1948
Testigo del Bogotazo
Leer contexto
Presencia y registra los sucesos del 9 de abril de 1948, día del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, que desató la revuelta popular conocida como el Bogotazo; ese material se convertirá en la materia prima de su novela más citada.
- 1952
El día del odio y la biografía de Gaitán
Leer contexto
Publica desde el exilio El día del odio, novela que narra los sucesos del 9 de abril de 1948 y que se inscribe en la tradición colombiana de narrativa sobre la Violencia; publica también Gaitán, vida, muerte y permanente presencia.
- 1954
La isla iluminada y el giro hacia Trujillo
Leer contexto
Publica La isla iluminada desde Ciudad Trujillo, iniciando una serie de textos de propaganda del régimen de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana, contraste radical con su obra anterior de denuncia social.
- 1958
Así es Trujillo
Leer contexto
Publica Así es Trujillo, panegírico del dictador dominicano en el que la prosa reporteril que había servido para denunciar el hacinamiento bogotano se pone al servicio del régimen autoritario.
Un escritor del arrabal en la capital del país
Osorio Lizarazo llega al mundo con el siglo, en una Bogotá que apenas se recuperaba de la Guerra de los Mil Días y que pronto perdería Panamá. Esa doble derrota —civil y territorial— dejó al país en un estado de postración cultural del que las élites intelectuales tardarían décadas en salir, si es que salieron. La capital de su infancia era una ciudad chica, encaramada en la sabana, con tranvías que crujían por la carrera séptima, iglesias que dictaban la moral pública y un centro donde las casas de comercio, los conventos y los ranchos de los pobres se apretaban sin mediaciones. En ese trazo se formó su mirada: la del que vive el arrabal desde dentro, no la del turista literario.
Su biografía anterior a la escritura pública es escurridiza —así fue también su vida, casi siempre a la sombra de los grandes— y lo que importa retener es el resultado: hacia finales de los años veinte y comienzos de los treinta, Osorio Lizarazo ya circula como periodista en la prensa capitalina, en un momento en que el oficio y la ficción se confundían productivamente. José Eustasio Rivera había publicado La vorágine en 1924 y moriría cuatro años después en Nueva York, a los cuarenta, adonde había ido a buscar editor anglófono para su novela; ese cruce entre reportaje y ficción, entre denuncia y forma, era el aire que respiraba la generación siguiente. Osorio lo tomó por el lado del reportaje social urbano: contar lo que se ve, contar lo que huele, contar cómo cobran los alquileres y cómo se muere en un cuarto de tres metros.
La Bogotá que aparece en sus novelas no es la de las tertulias del Jockey Club ni la de los salones donde se citaba a Anatole France. Es la del barrio Las Cruces —sur del centro histórico, cerca de la iglesia del mismo nombre, encajado entre Egipto y Belén—, de los tenderos endeudados, de las muchachas que bajan a servir a las casas del norte y suben molidas por la noche, de los oficinistas que temen al jefe y al casero por partes iguales. Es la Bogotá que las estadísticas oficiales de la República Liberal no registraban con precisión y que la literatura respetable evitaba porque olía mal.
La Bogotá que escribió: el arrabal como método
El realismo social de Osorio Lizarazo no fue una decisión ideológica en el vacío, sino la única poética disponible para lo que se propuso describir. Colombia había quedado al margen de las vanguardias latinoamericanas de entreguerras —el cubismo, el futurismo, el surrealismo, el creacionismo, el ultraísmo apenas rozaron la escritura nacional—, en parte por el aislamiento geográfico de una Bogotá mediterránea a 2.600 metros, en parte por ese estado de postración cultural post-1903. Cuando Baldomero Sanín Cano publicó en 1928 su ensayo Una República fósil, señalando la pobreza intelectual del país y la necesidad de leer en otras lenguas para asomarse a la literatura universal, no exageraba: nombraba una condición de época.
Aplicar el monólogo interior de Joyce o la puntillosidad memoriosa de Proust a los personajes de Osorio Lizarazo habría resultado inverosímil hasta lo cómico. ¿Qué interioridad proustiana cabía en un cesante que hace cola para un plato de sopa? La poética realista de Osorio se ajustó al objeto porque el objeto —una sociedad pobre en todos sus estratos, incluida una clase alta sin tradición cultural, frívola, incapaz de un examen serio de su interioridad— exigía esa nitidez sin adornos. Sus novelas retratan sobre todo a las clases populares y medias bajas, y esa elección fue simultáneamente estética, moral y de campo literario: un escritor sin capital cultural cosmopolita no podía sino escribir así. En eso comparte destino con Tomás Carrasquilla, aunque los separen temperamento y geografía: si a Carrasquilla se le ha reprochado ser más cronista que novelista, porque sus personajes aparecen ya del todo definidos por su entorno antioqueño, Osorio Lizarazo hace una operación parecida sobre Bogotá y sobre el tránsito rural-urbano.
Sus obras circularon entre el público lector colombiano de los años treinta y cuarenta junto a las de Carrasquilla, en un mercado editorial que también se apoyaba en colecciones como la Samper Ortega y, desde 1946, la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana. No fueron nunca best sellers al modo de Vargas Vila, cuyo folletín siguió siendo el gran fenómeno popular colombiano hasta bien entrado el siglo; pero se leyeron, se comentaron, entraron en las conversaciones sobre lo que era, o podía ser, una literatura nacional.
Las novelas: inventario de un realismo tenaz
Su obra narrativa forma una especie de mapa emocional y social del país entre las dos guerras. La casa de vecindad, publicada en 1930, es su libro inaugural y ya contiene el molde de todo lo que vendrá: un edificio de inquilinato bogotano funciona como microcosmos, con sus cuartos malolientes, sus cocinas comunes, sus disputas por el agua y el patio, sus caseros distantes y sus inquilinos que se hunden uno a uno. La casa es a la vez escenario y personaje, y la novela adelanta un procedimiento que Osorio no abandonaría: la ciudad se cuenta desde los rincones que la ciudad misma prefiere no mirar.
Barranquilla 2132 (1932) es la rareza de su catálogo: una utopía —o distopía, según se lea— situada dos siglos adelante, en una Barranquilla convertida en metrópoli científica del Caribe, con un narrador que despierta del letargo y descubre un mundo donde la técnica ha resuelto lo que la política no supo. El libro suele leerse como curiosidad pionera de la ciencia ficción colombiana, pero es también un desahogo del reformista: allí donde la vida real cerraba puertas, la ficción se permitía imaginar que alguien, al fin, había hecho las obras.
La cara de la miseria (1926) y las crónicas urbanas de esos mismos años son la cantera reporteril de su ficción posterior: recorridos por hospitales, por las cárceles, por los barrios recién levantados en las faldas de los cerros, con la mirada del que anota sin decorar. De ese material sale Hombres sin presente (1938), subtitulada Novela de empleados, quizá su obra más lograda del período liberal. Retrata la existencia diminuta del oficinista bogotano —el sueldo que no alcanza, la humillación del escritorio, el matrimonio como resignación, el ascenso que no llega— con una amargura que anticipa, treinta años antes, la novela urbana latinoamericana del sesenta. Su protagonista es un empleado público al que la República Liberal, en cuyo aparato administrativo trabaja, no ha redimido de nada.
El criminal (1935) y Garabato (1939) exploran los bordes del mundo del hampa capitalina y de la infancia abandonada, cerca del universo que Alfredo Molano llamaría décadas más tarde el de los "hijos del bajo mundo". El hombre bajo la tierra (1944), sobre los mineros de esmeraldas de Muzo, desplaza el foco al trabajo extractivo y al régimen semifeudal que lo sostenía, y es una de las primeras novelas colombianas que entra a la mina con detalle documental antes que folclórico. El día del odio (1952) es la culminación, y también el cierre, del proyecto: publicada ya desde el exilio, cuenta el Bogotazo desde la calle y sella la etapa colombiana de su literatura.
Después vendrían los libros del extrañamiento: la biografía elogiosa Gaitán, vida, muerte y permanente presencia (1952), y ya en Ciudad Trujillo, La isla iluminada (1954) y Así es Trujillo (1958), textos de propaganda del régimen dominicano donde la prosa reporteril que había servido para denunciar el hacinamiento bogotano se puso al servicio del panegírico. El contraste entre las dos series —la del arrabal y la del sátrapa— es uno de los datos más duros de la historia literaria colombiana del siglo XX.
La República Liberal como escenario
Para pesar la posición de Osorio Lizarazo hay que reconstruir el escenario. En 1930, tras cuarenta y cinco años de hegemonía conservadora, el liberalismo regresó al Palacio de la Carrera con Enrique Olaya Herrera, en una elección en la que el conservatismo se presentó dividido en las candidaturas de Guillermo Valencia y Alfredo Vázquez Cobo, con un clero desgastado y una nueva movilización política empujando desde abajo. Olaya no tenía mayoría propia: los conservadores conservaron el Congreso, el aparato judicial y, en la práctica, buena parte de la Policía Nacional, cuyos rasos siguieron siendo conservadores en abrumadora mayoría durante toda la primera mitad de los años treinta. De ahí que su gobierno se llamara de Unidad Nacional, con gabinete paritario y cuatro ministerios conservadores, incluyendo Gobierno, Guerra y Hacienda.
Le siguió Alfonso López Pumarejo (1934-1938) con la Revolución en Marcha: reforma agraria, reforma constitucional, reforma educativa, la promesa de una campaña nacional de alfabetización, la ampliación tímida pero real de los derechos sindicales. Después, el gobierno de Eduardo Santos (1938-1942), llamado con precisión "la Pausa": el ala moderada del liberalismo tomó aire, frenó el ímpetu reformista, no derogó lo hecho pero tampoco avanzó. López volvió en 1942 y su segundo mandato terminó en 1945 en medio de un golpe frustrado y de una crisis de autoridad que abrió paso a Alberto Lleras Camargo como designado y, al año siguiente, a la vuelta conservadora con Mariano Ospina Pérez, favorecida otra vez por la división de un partido, esta vez el liberal, entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán.
Osorio Lizarazo escribió y trabajó dentro de este arco. La República Liberal fue el paisaje institucional de su madurez profesional, y también la ilusión frustrada de su generación política. Fue durante estos dieciséis años cuando el país intentó modernizarse por vía reformista, cuando el Estado empezó a llegar a los territorios —la Intendencia del Amazonas creada por Olaya, la reorganización financiera de las regiones, las carreteras, la aviación civil incipiente—, cuando los sindicatos crecieron y cuando la cultura letrada, por primera vez desde la Regeneración, tuvo un signo distinto del clerical-conservador.
Redes: los Nuevos, el gaitanismo, los diarios
Osorio Lizarazo pertenece a la generación que en los años veinte se llamó a sí misma "Los Nuevos". El grupo tuvo dos polos: Sanín Cano, el mayor, hizo de patriarca y garante intelectual; Gaitán, el más joven con proyección política, terminaría siendo su emergente histórico. Entre ambos gravitaban Germán Arciniegas, futuro intelectual orgánico del liberalismo; Jorge Zalamea, la conciencia crítica más fina; Alberto Lleras Camargo, el hombre de Estado en ciernes; Luis Tejada, el cronista muerto joven que fijó un modelo; y figuras hoy más borrosas como Guillermo Hernández Rodríguez. Su acción intelectual empujó el proceso que desembocaría en la Revolución en Marcha: aportaron el vocabulario reformista, el gusto por la crítica y una relación distinta con el pasado nacional.
Zalamea propugnó una renovación intelectual antielitista: exigía desaprender "la lección falsa y miope" sobre los grandes hombres de la historia patria para conocer mejor al pueblo colombiano. Arciniegas hizo carrera con una operación distinta: sus interpretaciones del pasado nacional privilegiaron los aspectos populares de los momentos consagrados por la historia tradicional, pero rehuyendo el aparato crítico y el rigor documental, apostando por la anécdota, la biografía brillante, el ensayo divulgativo. Esa fórmula —que le daría éxito internacional con libros como Biografía del Caribe— se amoldaba con eficacia a las pretensiones políticas de los gobiernos liberales a los que estuvo vinculado. Arciniegas fue el intelectual orgánico de la República Liberal por antonomasia, y Osorio Lizarazo fue, en cierto modo, su reverso: mientras Arciniegas exportaba una imagen épica de América, Osorio contaba en voz baja el hacinamiento de un cuarto de inquilinato en Bogotá.
Luis Tejada, muerto joven en 1924, había dejado el modelo: la crónica breve, urbana, política, capaz de hacer literatura con el detalle mínimo. Osorio Lizarazo trabajó en esa estela periodística, en unos años en que el oficio del reporterismo colombiano se estaba constituyendo. Eduardo Santos, dueño y director de El Tiempo, había utilizado su periódico para impulsar la candidatura de Olaya Herrera y poner fin a la hegemonía conservadora; concebía su vocación como "hablar escribiendo" y llegó a considerar, antes de la muerte de Olaya en 1937, que su destino estaba en el periodismo antes que en cualquier magistratura. El Espectador, fundado por Fidel Cano en Medellín a finales del siglo XIX como tabloide bisemanal, era la segunda casa liberal.
Pero era también un periodismo entreverado con el poder: en Colombia fue siempre difícil distinguir entre periodismo y política. La prensa contribuyó activamente a avivar violencias, ideologizar tensiones, estigmatizar actores con nombre propio. En el bando conservador, La Defensa, ligada a Laureano Gómez, cumplía funciones simétricas. Osorio Lizarazo trabajó en periódicos y suplementos culturales de este ecosistema, con la incomodidad del que ve las costuras: escribió sobre pobreza en órganos financiados por los mismos que administraban su reproducción.
Su vínculo con Gaitán es la clave de bóveda. Jorge Eliécer Gaitán —investigador de la masacre de las bananeras de 1928, fundador con Carlos Arango Vélez de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR) en los primeros años treinta, alcalde de Bogotá en 1936— fue el político que puso en el centro de la escena colombiana la "cuestión social" que Osorio Lizarazo llevaba años narrando. Gaitán se reclamaba del socialismo liberal de Murillo Toro, Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera, rechazaba desde temprano las tácticas comunistas y proponía intervención estatal en la economía, reforma agraria, reforma constitucional y nacionalismo antiimperialista. Su proyecto no era solo programático: aspiraba a transformar la "cultura delegataria" de los colombianos para convertirlos en actores políticos directos, lo que empezó a hacer con acciones colectivas desde su alcaldía.
En las elecciones para concejales de octubre de 1947 el liberalismo se impuso ampliamente al conservatismo y el gaitanismo era ya la fuerza dominante del liberalismo popular. Y sin embargo, en el Congreso de mayoría liberal no se aprobó ninguna ley importante: los dos grandes proyectos sociales de Gaitán —reforma bancaria y reforma agraria— murieron sin trámite. Esa brecha entre la fuerza electoral popular y la parálisis legislativa es el hueco por el que se cuela toda la literatura de Osorio Lizarazo. Escribe sobre gente que espera algo que no llega.
El 9 de abril y El día del odio
El 9 de abril de 1948, a la una y pico de la tarde, Gaitán fue asesinado sobre la carrera séptima con calle 13, a pocas cuadras del Capitolio. Bogotá estalló. En horas, vastas zonas del centro fueron saqueadas y quemadas, el sistema de tranvías destruido, iglesias y archivos eclesiásticos incendiados —incluida La Defensa, el periódico laureanista, borrado del mapa ese mismo día, con Belisario Betancur figurando entre sus periodistas apenas tres años antes—, negocios asaltados uno tras otro. De los grandes populistas latinoamericanos de la época —Lázaro Cárdenas, los Perón, Getúlio Vargas, Víctor Raúl Haya de la Torre—, Gaitán fue el único asesinado. Ese detalle marca la diferencia entre la trayectoria colombiana y la del resto del continente.
El presidente Ospina Pérez se mantuvo en el poder. Negoció con la dirigencia liberal, que aceptó entrar a un gobierno de Unión Nacional bipartidista que duraría poco más de un año. El gobierno y buena parte de la prensa culparon a los comunistas de los disturbios; Colombia rompió relaciones diplomáticas con la URSS. El Bogotazo agudizó y extendió la violencia política que ya venía desarrollándose desde 1946, esa Violencia con mayúscula que se prolongaría por lo menos hasta 1957 y que dejaría, en el balance más aceptado, más de 200.000 muertos y más de dos millones de desplazados.
El día del odio se propuso narrar aquel 9 de abril desde la calle. La novela reconstruye la jornada con la misma economía descriptiva de sus obras anteriores: personajes menudos arrastrados por una marea que no comprenden del todo, la ciudad como cuerpo que se rompe, la política como estruendo y como saqueo. Se inscribe en una tradición de novelas colombianas sobre la Violencia que, entre 1946 y 1966, produjo un número notable de títulos y en la que también aparecerían Gabriel García Márquez y otros. Esa tradición evolucionó del testimonio directo hacia obras de mayor densidad estética, y Osorio Lizarazo ocupa en ella una posición temprana e insustituible: el suyo es el registro del cronista que no espera para publicar. Su reedición posterior en la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana confirmó su lugar dentro del corpus canónico de la Violencia, aunque la enorme popularidad ulterior de García Márquez terminaría desviando la atención crítica hacia sus obras y dejando en penumbra a autores como Osorio Lizarazo o Álvaro Mutis.
Aquel 9 de abril, además de asesinar a Gaitán, clausuró para Osorio Lizarazo el país en el que había construido su oficio. Sin el caudillo y con el gaitanismo huérfano, el escritor debió buscar afuera lo que Colombia le negaba, y las opciones que encontró le pasarían factura póstuma.
La deriva: peronismo y Trujillo
En los años posteriores al 9 de abril, con el liberalismo replegado, Osorio Lizarazo salió del país y desembarcó en la Buenos Aires de Juan Domingo Perón y Eva Perón. Encontró allí un régimen en su apogeo —el primer peronismo, entre 1946 y 1955, con su reforma constitucional del 49, sus centrales sindicales encuadradas, sus periódicos comprados o clausurados, su culto expansivo a la pareja gobernante—, y encontró también un espacio profesional que Colombia le había negado: escribió en la prensa peronista, publicó libros en editoriales cercanas al régimen, se familiarizó con el gesto del líder que interpela al descamisado por encima del Congreso y de los partidos. Al escritor formado en la insatisfacción del reformismo liberal colombiano, la fórmula peronista —justicia social por decreto, líder providencial, verticalidad partidaria— pudo parecerle la resolución que a su país le había faltado. Se acercó a Eva Perón en particular, cuya iconografía plebeya conectaba con el registro de sus propias novelas: la muchacha de provincia que llega a la capital y no vuelve.
Caído Perón en septiembre de 1955, el terreno argentino se le cerró. Pasó entonces a Ciudad Trujillo —la Santo Domingo rebautizada por megalomanía del dictador— y se puso al servicio de la maquinaria propagandística de Rafael Leónidas Trujillo, uno de los tiranos más sanguinarios del Caribe, responsable de la masacre de haitianos de 1937 y de un régimen de terror que se extendería hasta su asesinato en 1961. Fue funcionario del aparato cultural del régimen, colaborador de sus publicaciones, cronista oficioso de sus obras, y firmó los libros ya mencionados —La isla iluminada, Así es Trujillo— en los que la República Dominicana aparece como faro civilizatorio del Caribe y su Benefactor como estadista visionario. Un escritor que había pasado la primera mitad de su vida haciendo el retrato compasivo de los sin voz terminó al servicio de un poder que enmudecía a los suyos por otros medios.
No hay modo elegante de referir esta parte del itinerario. Y sin embargo, reducir su deriva a "traición" simplifica lo que hay que entender. La República Liberal colombiana movilizó discursivamente una promesa de redención popular que sus propias instituciones —el Congreso, la Policía, el aparato judicial, el clero— bloquearon una y otra vez; el asesinato de Gaitán clausuró la vía reformista y abrió la sangrienta. Frente a esa clausura, algunos intelectuales de la generación —Arciniegas mismo, Lleras Camargo— se replegaron hacia una respetabilidad institucional que en los años cincuenta pactaría el Frente Nacional; otros, como Zalamea, radicalizaron su crítica desde la izquierda; Osorio Lizarazo, en cambio, se marchó a servir a los caudillos que sí habían conseguido, con métodos que no soportan defensa, el encuadramiento popular que Gaitán no alcanzó a realizar.
Es una deriva lógica sin ser inevitable: lógica en el mapa de opciones latinoamericanas de mediados de siglo; contingente en su forma concreta, porque otro escritor con la misma biografía habría podido leer al peronismo desde la desconfianza y a Trujillo desde el asco. Que Osorio no lo hiciera dice tanto sobre las promesas rotas de su país como sobre sus propias necesidades materiales, su marginalidad respecto al núcleo intelectual oficial del liberalismo colombiano —él no fue nunca Arciniegas, nunca fue director de la Biblioteca Aldeana ni embajador prestigioso— y sobre cierta afinidad íntima con el gesto autoritario del salvador del pueblo. Todo eso convive en el mismo hombre.
Muerte y herencia disputada
Osorio Lizarazo murió en Bogotá en 1964, con el país metido de lleno en el Frente Nacional, con la Violencia clásica ya en repliegue pero con la violencia guerrillera empezando a asomar —el mismo año de la Operación Marquetalia, embrión de las FARC—, y con una obra que había quedado a contrapelo de las modas literarias latinoamericanas del momento. Cuando murió, el Boom estaba a punto de estallar: La ciudad y los perros de Vargas Llosa era de 1962, Rayuela de Cortázar de 1963, Cien años de soledad llegaría en 1967. El realismo social urbano al que Osorio había dedicado su vida quedaba, de pronto, viejo: no por defecto propio, sino porque el campo literario continental se había vuelto otro.
Su lugar en la historia literaria colombiana ha sido desde entonces oscilante. En los ejercicios canónicos de la novela de la Violencia, El día del odio aparece siempre; en las historias de la literatura nacional, su nombre figura como referencia de la narrativa social bogotana; en las relecturas más recientes, se lo reivindica como uno de los primeros novelistas urbanos del país, precursor de una tradición que llegaría hasta Luis Fayad o Roberto Burgos Cantor. Pero su itinerario político ha pesado, y con razón: no es cómodo canonizar a un escritor que trabajó para Trujillo, y buena parte de la crítica colombiana ha preferido tenerlo a media luz.
Esa incomodidad, sin embargo, es precisamente lo que lo vuelve central para entender la República Liberal. Osorio Lizarazo no es la excepción brillante de esos dieciséis años, como Sanín Cano lo es como ensayista, ni el intelectual orgánico exitoso, como Arciniegas. Es el escritor que encarna la contradicción del período: un liberalismo que produjo una literatura del pueblo pobre sin producir las políticas capaces de sacarlo de esa pobreza; una intelectualidad que aprendió a hablar en nombre del pueblo pero no logró abrirle el Congreso; un país que se dio a sí mismo, en el mismo movimiento, la reforma constitucional de 1936 y la matanza que estalló doce años después en la carrera séptima. La deriva final hacia el peronismo y el trujillato no exime a la República Liberal de sus responsabilidades: al contrario, ilumina retrospectivamente lo que no supo hacer con las lealtades populares que había convocado.
Las novelas están ahí, en las estanterías de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, disponibles para quien las abra sin exigirle a la literatura ni la coartada de la ideología ni el confort del prestigio internacional. Cuentan cómo era la Bogotá que se apretaba en las calles del sur del centro, cómo hablaban y qué comían los que no salían en los retratos oficiales, cómo se convirtió una ciudad en el día del odio. En un país que todavía discute qué hacer con su pasado violento y con las promesas incumplidas de su reformismo, esa contabilidad menuda del arrabal —firmada por un hombre cuya biografía política obliga a leerlo con los ojos abiertos— funciona como documento antes que como consuelo.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
43 documentos · 51 fragmentos01El día del odioJosé Antonio Osorio Lizarazo · 2016 · Página 11 cita
[1]el día del odio J o SÉ a NT o N io o S o R io li Z a R a Z o J o SÉ a NT o N io o S o R io li Z a R a Z o el día del odio Osorio Lizarazo, José Antonio, 1900-1964, autor El día del odio / José Antonio Osorio Lizarazo; [presentación, María Mercedes Andrade]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de…
p. 1
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Páginas 204, 2332 citas
[2]en la literatura colombiana una tradición de escritura que se inicia como puro testimonio y logra con el tiempo afianzarse como una opción estética, en la que la fuerza de lo temático va dando paso a la elaboración de obras de gran al- cance y valor artísticos. Quizás, como se verá en el caso de García Már- quez, la…
p. 204
[32]glosa e interpreta, hacen que, si- guiendo su libre voz de autodidacta, produzca una obra crítica desigual y matizada —a veces con- tradictoria— por miradas cambiantes. Panorama de ensayos Es común afirmar que en Colombia ha habido críticos, pero no crítica, y que el único verdadero ensayista que ha producido el país…
p. 233
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Páginas 653, 6692 citas
[3]al que consagr ó su obra: una Juana (de La casa de vecindad), que discurriera a lo Proust, hubiera resultado tan inveros í mil y gro tesca como el tip ó grafo (de la misma novela) que hiciera sus sim ples mon ó logos en estilo joyciano. Aunque contradictoria desde el punto de vista de la as é ptica historia de las…
p. 669
[51]Un escritor org á nicamente prevenido, reaccion ó alguna vez contra el escritor de estas l í neas por haber dicho que para entender a Goethe y apreciar el encanto de su poes í a en manera completa, importaba conocer la lengua alemana ” ™. Este mandamiento elemental de la vida inte lectual en los pa í ses occidentales…
p. 653
04Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 3411 cita
[4]ser tan importan- tes en los años sesenta. Pero induda- blemente el más popular sigue siendo Vargas Vila. De los escritores circulan algunas novelas sociales como las de Osorio Lizarazo y las obras de Tomás Carras- quilla. Los críticos Hernando Téllez y Baldomero Sanín Cano introducen el gusto por una literatura de…
p. 341
05Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 1111 cita
[5]Bogotá con numerosas obras de infraestructura, urbanizando la ciudad con la creación de nuevos barrios y generando una amplia oferta de empleos en la ciudad. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Partido Liberal se dividió entre los dos candidatos liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Para las…
p. 111
06Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 1151 cita
[6]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…
p. 115
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1491 cita
[7]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…
p. 149
08Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1991 cita
[8]tras int e rmin ab les meses de racionamientos de agua y electricidad a raíz de una int ensa sequ ía en 1947 que se prolongó en 1948. Además, en un gesto qu e causó irritación en el libera li smo, el canc ill er La ur ea no Gómez lo h ab ía excl uid o de la delegación co l ombia na a la Confe ren cia, pese a que los…
p. 199
09Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 891 cita
[9]al gobierno. De todos modos, los dirigentes liberales intentaron convencer a Ospina Pérez de que cediera el poder, mientras que algunos militares sugirieron que se organizara una junta de gobierno provisional, con militares y dirigentes conservadores, para recuperar el orden. El presidente, acosado por multitudes…
p. 89
10Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Página 291 cita
[10]llegó también la re vuelta. Mientras tanto, varios jefes liberales fueron a Palacio para hablar con el presidente sobre la difícil situa ción. Ospina continuó en el mando. Los liberales aceptaron colabo rar con él. Varios días permaneció la multitud ebria, sin que nadie la dirigiera. Se diluyó la revuelta en las…
p. 29
11More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 491 cita
[11]the Catholic hierarchy was viewed as closely allied with the Conservative cause. Swept up, Castro observed and then embraced what he later called the spontaneous combustion of the pueblo that had loved Gaitan as one of their own. Castro tried to steal some police boots, but they were too small for his feet. He grabbed…
p. 49
12Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Página 1161 cita
[12]on the cover. The violence sparked by “el nueve de abril” (April 9) made the streets and the public sphere, which had shaped Gaitán into a popular icon, dangerous terrain to tread.36 Once the Cali daily El Relator restarted printing its newspaper on April 12, reports tracked and interpreted the violent fallout of…
p. 116
13Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2101 cita
[13]de Valencia y 213.417 del tercero. Se concretaba de tal forma la pretensión de Alfonso López, indicada ya, y se configuraba un hecho de profunda significación histórica: el desplazamiento del conservatismo, luego de 45 años de dirigir los destinos de la República. De nuevo, la división del partido gobernante se con-…
p. 210
14Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 1231 cita
[14]Bogota, procla- maron, por intermedio de los doctores Enrique Ca- ballero Escobar, Gabriel Turbay, Eduardo Santos y Alfonso Lépez, la candidatura del doctor Enrique Olaya Herrera. EI domingo 9 de febrero de 1930 se celebraron las elecciones. El doctor Olaya Herrera obtuvo 369.762 votos, Guillermo Valencia 240.833 y el…
p. 123
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 198, 2042 citas
[15]en medio de una ola latinoamericana de golpes y gobiernos militares. Junto al sufragio manejado por caciques de ambos partidos, hubo nume rosos votos influidos por el debate pol í tico, estimulado por diarios cada vez m á s le í dos, por sus comentarios y sus caricaturas. Adem á s, sac ó la pol í tica de clubes y…
p. 198
[21]ó o no, pero el periodo siguiente fue el de mayor desarrollo de la gran propiedad y estas normas impulsaron la intensa colonizaci ó n, que convirti ó inmensos territorios bald í os y de selva, sobre todo en las zonas bajas, en los Llanos Orientales, el Caquet á, el Magdalena Medio o Urab á, en propiedades privadas…
p. 204
16Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 4841 cita
[16]época de la Violencia, que va de 1946 a 1957; después, el Frente Nacional, de 1958 a 1982 y, por último, el proceso de negociación, apertura política y reforma institucional que se viene desarrollando desde 1982. Cada uno de ellos se desenvuelve en el contexto de unos hechos y situaciones específicas, tiene unas…
p. 484
17Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 591 cita
[17]lanzarse a una política novedosa, como no tardaría en comprobarlo su sucesor. Más allá de la moderación del nuevo mandatario, las circunstancias hacían difícil dar timonazos bruscos. Con excepción de la rama ejecutiva, los conservadores contro- laban todas las instancias del poder. El clero se mostraba resuelto a…
p. 59
18El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 2311 cita
[18]públicos, incluyendo los de algu nos policiales. Por todos estos factores, la Policía tuvo un carácter mixio —desde el punto de vista partidario— durante toda la primera mi tad de la década de 1930. Por ejemplo, en una carta “confiden cial” del 30 de octubre de 1930 de Araújo a Carlos E. Restrepo, el primero hacía un…
p. 231
19Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1251 cita
[19]«Toda ten- dencia al intervencionismo de Estado prepara el advenimiento integral del socialismo; toda tendencia a robuste- cerda individualidad favorece el afian- zamvento de la democración. Reunidos algunos opositores en la Acción Patrió- fica Económica Nacional ¡APEN), quisie- ron impedir el trienio de las doctrinas…
p. 125
20La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Páginas 49, 532 citas
[20]pago de la deuda externa”. 90 A pesar de lo anterior y teniendo en cuenta las limitaciones del erario públi - co, el Gobierno propuso algunas alternativas para luchar contra el analfabetismo, lo cual estaba directamente vinculado con los aspectos culturales de la nación. La 88 Latorre Rueda, “1930-1934. Olaya Herrera:…
p. 49
[25]Resuelto a colocarse por encima de quienes habían ensangrentado el territorio nacional con una violencia de que estaba harto el país”. 99 Ejercía una enorme influencia a través de su periódico El Tiempo, el cual utilizó para controvertir con el Partido Conservador e impulsar la campaña y posterior victoria de Enrique…
p. 53
21Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 131 cita
[22]se construyeron a partir de la dramaticidad que tienen los sucesos de los que se ocupa. Sin embargo, sus cuadros corresponden siempre a momentos 32 privilegiados por la historia tradicional sobre el pasado nacional. Los aportes interpretativos intentaron acentuar los aspectos populares de esos hechos, con lo cual la…
p. 13
22Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 111 cita
[23]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
23Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 107, 1962 citas
[24]el se- dico de tendencia li- Alejandro Galvis Galvis. manario Voz (inicial- beral y fuertemente dl TU ou mente Voz de la De- atacado por la Iglesia mocracía y luego Voz católica en tiempos de la Violencia política, al Proletaria); sin embargo han existido diferen- punto de que en 1949 los obispos de Santan- tes…
p. 107
[37]calificación Magna cum laude. Gaitán regresó al país en 1928, fue elegido representante a la Cámara y desde allí investigó los suce- sos de la masacre de trabajadores de la United Fruit; sus denuncias se convir- tieron en abierto debate contra el go- bierno de Abadía Méndez y fueron el fundamento para su figura de…
p. 196
24La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · Página 341 cita
[26]y la determinación de la agenda informativa que se mimetizaba con la agenda de las hegemonías políticas y económicas del país y particularmente con sus propios y más directos intereses. Desde La Colonia el periodismo colombiano estuvo asociado o en con- 34 La palabra y el silencio tradicción con el poder dominante. El…
p. 34
25La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Página 371 cita
[27]resistencia civil. La prensa liberal recrimina al gobernador tildándolo de débil e inoperante. El periodista "Ca- libán", de El Tiempo, con cabeza fría escribe en la "Danza de las Horas" que la causa de la violencia "es necesario buscarla también en las campañas de prensa que la estimulan sostenien- do todos los días…
p. 37
26Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1261 cita
[28]Prensa, 1946, con la imagen de Antonio Nariño. 126 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI Laureano Gómez con periodistas de "La Defensa", de Medellín, en 1945: Juan Mejía, Alberto Giralda López, Ovidio Rincón Peláez, Julián Uribe Cadavid, Bernardo Naranjo, Belisario Betancur, Joaquín Rincón Peláez y Luis Guillermo…
p. 126
27El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · Páginas 90, 1032 citas
[29]Germán Arciniegas, Guillermo Hernández Rodríguez, Baldomero Sanin Cano, Luis Tejada, Alberto Lleras, Jorge Zalamea y Jorge Eliécer Gaitán, del llamado Grupo de los Nuevos que desplazaron a la ante- rior Generación del Centenario. La acción de éstos llevó a la Revolu- ción (liberal) en Marcha, y el Partido Socialista…
p. 90
[31]Chicago y Manchester, pierden de vista la Sabana de Bogotá y el Valle del Cauca”. ¡Clarividencias de Zalamea que lastimosamente siguen vigentes empeoradas por la vergonzosa genuflexión que hacen los adoradores de los imperios que nos atrofian. Entonces, como ahora, son personas que sólo miran en nuestro pueblo gentes…
p. 103
28¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · Página 1151 cita
[30]Juan de Castellanos se parece mucho a los colombianos de nuestros días, a una persona que puede hablar durante horas, días y quizá años, sobre temas muy variados, pero a quien le resulta muy difícil y problemático presentar pruebas sobre lo que ha hecho y dicho. Alguien en quien se puede ver una huella muy cabal de…
p. 115
29Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · Página 121 cita
[33]los hechos que se narran. Con una prosa avasalladora, subyugante, y en innu- merables pasajes verdaderamente poética, los capítulos de estos libros son una fascinante travesía por el mar Caribe, de la mano de sus más extravagantes personajes, que dan cuenta tanto de las epopeyas libertarias como de las tra- gedias…
p. 12
30El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Páginas 133, 1712 citas
[34]hay cosas dedicadas al cambio, y por lo tanto hay capitales... Luego Colombia no s ó lo es un pa í s que tiene capitalismo sino que se desarrolla econ ó micamente bajo el r é gimen capitalista, en el sentido estricto y cient í fico de la palabra. Es un pa í s de r é gimen capitalista ya que el capital no es un simple…
p. 133
[38]poder y prestigio personales que constituyeron la base de su posterior carrera pol í tica. 13 Gerardo Molina, “ La Revoluci ó n Marxista ”, en El Espectador, Bogot á, Septiembre 6 de 1.934, p.5. Para una visi ó n de conjunto de la UNIR, ver J. Cordell Roblnson, El movimiento galtanlsta en Colombia (Bogot á: Tercer…
p. 171
31Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 511 cita
[35]anhelos reformadores de los pueblos; pensamos que es mejor luchar porque las fuerzas progresistas de Colombia inscriban en sus rodelas de batalla la lucha integral por las ideas nuevas, por la salud del proletariado y por la reivindicación necesaria de los actuales siervos del capitaP 6 • Desde sus primeras épocas…
p. 51
32War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · Página 1111 cita
[36]and trembling knees on the ground before yankee gold! His position in the face of the U.S. government and its intervention in Colombian affairs was his constant and permanent political position. It is enough to read a few phrases: Neither now nor ever will our nationalist spirit waver. We will defend it today and…
p. 111
33Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2291 cita
[39]contradicciones y ca- rencia de coherencia política. Enfrentó las críticas del sector santista y de los conservadores, afrontó la generalización de la Violencia política, la cual no supo manejar, pues sus diálogos con el gobier- no habían resultado infructuosos. El país comen- zaba a desangrarse sin que se hiciera…
p. 229
34Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · Página 91 cita
[40]trabajar honda y apasionadamente en el cambio de una cultura que despierte en el pueblo voluntad para regir directamente sus destinos y exige un profundo cambio constitucional para disponer de una Constitución acorde con la necesidad de un mandato popular directo sobre los destinos de la patria, que elimine los…
p. 9
35No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 491 cita
[41]ideología de ultraderecha tenía audiencia y el anticomunismo, arraigo. Si bien en Bogotá los partidos mantenían las formas, en medio de una gran polarización política, en las regiones los episodios de violencia pasaron de ser esporádicos a reiterados. Probablemente uno de los episodios que marcaron el regreso de la…
p. 49
36El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 652 citas
[42]en Colombia /// Hernando Calvo Ospina 64 de seguridad nacional. 6 Son muchos los investigadores que no han excluido la participación de la CIA que, recién creada, hubiera tenido en ese asesinato político su gran bautizo. Washington, como lo dictara la directriz de Seguridad Nacional de Truman, en la mentira plausible,…
p. 65
[43]en Colombia /// Hernando Calvo Ospina 64 de seguridad nacional. 6 Son muchos los investigadores que no han excluido la participación de la CIA que, recién creada, hubiera tenido en ese asesinato político su gran bautizo. Washington, como lo dictara la directriz de Seguridad Nacional de Truman, en la mentira plausible,…
p. 65
37La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 311 cita
[44]el proceso de la misma, especialmente sobre la responsabilidad de las clases gobernantes. Las interpretaciones ofrecidas por el profesor desviaron la agresión primaria de los periódicos conservadores hacia éste. Se le llamó " sectario", "santón culterano", "falseador de la realidad histórica", "viejo maniqueísta",…
p. 31
38Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 201 cita
[45](el «Bo- gotazo») y en muchas poblaciones de provincia, la tepresiOn sindical; la persecucién confesional; los tiroteos en la Camara de Representantes; la clau- sura del Congreso y la instauracién del estado de sitio, que desde entonces ha imperado en Colom- bia, excepto en las breves pausas de normalidad…
p. 20
39Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 351 cita
[46]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
p. 35
40Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 451 cita
[47]gadas de protegerlos. Las identidades partidistas estaban tan enraizadas que, con su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote “chulativa”, con que los grupos liberales desig- naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia; ese era el nombre de…
p. 45
41Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1581 cita
[48]mo una empresa cultural propia el difícil desarrollo de su provincia, a juzgar por su libro Francisco Javier Cisneros y el ferrocarril de Antioquia (Medellín, 1924), en el que narró bellamente las hazañas de quienes se aventuraron en semejante construcción. 65 Ibíd., p. 68. 165 c uarta P arte ENTREGUERRAS O ENTRE LAS…
p. 158
42Conversaciones con Estanislao ZuletaEstanislao Zuleta · 2020 · Página 481 cita
[49]llena de grandes ciudades. En las ciudades es donde se han formado todos esos escritores que van de turistas a las selvas, como un señor que escribió un libro lamentable que se llamaba La Vorágine, de cuyo nombre no quiero acordarme; pasó por allí, le pareció interesante la selva, y se puso a escribir sobre ella.…
p. 48
43Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1821 cita
[50]elites who lived along that nation’s coast. La vorágine helped merge the disciplines of Colombian journalism and fiction writing; this art form would be perfected, later on, by Gabriel García Márquez. Tragically, Rivera died in 1928, at forty years of age, after suffering a series of seizures in New York City. He went…
p. 182