José Antonio Osorio Lizarazo
República Liberal
1900–1964
La biografía
Novelista, cronista y funcionario colombiano nacido en Bogotá en 1900 y muerto en la misma ciudad en 1964, José Antonio Osorio Lizarazo construyó uno de los retratos literarios más sostenidos del arrabal bogotano y más tarde colaboró profesionalmente y escribió textos favorables a los gobiernos de Juan Domingo Perón y Rafael Leónidas Trujillo. Su obra registra la Colombia pobre de la primera mitad del siglo XX —tenderos, empleados, obreros, mendigos y jornaleros—, y El día del odio, publicada en Buenos Aires en 1952, es una entrada temprana de la literatura al 9 de abril de 1948, aunque no un testimonio presencial. Su itinerario revela tensiones entre denuncia social, trabajo intelectual y poder autoritario; no puede resumirse como un simple cambio de la República Liberal por dos caudillismos ni explicarse sólo por el fracaso del reformismo colombiano.
Línea de vida
- 1926
La cara de la miseria
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Reúne en La cara de la miseria crónicas urbanas publicadas previamente en Mundo al Día sobre hospitales, cárceles y espacios marginales de Bogotá, material reporteril que alimentará su ficción posterior.
- 1930
La casa de vecindad
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Publica su novela inaugural, en la que un inquilinato bogotano funciona como microcosmos de la pobreza urbana; establece el molde realista-social que caracterizará toda su obra.
- 1932
Barranquilla 2132
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Publica su única incursión en la ciencia ficción, una utopía-distopía situada dos siglos en el futuro en una Barranquilla convertida en metrópoli científica del Caribe, considerada pionera del género en Colombia.
- 1938
Hombres sin presente
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Publica su novela sobre el oficinista bogotano, subtitulada Novela de empleados, considerada una de sus obras más logradas del período liberal; retrata la existencia diminuta del empleado público al que la República Liberal no ha redimido.
- 1944
El hombre bajo la tierra
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Publica su novela sobre los mineros de esmeraldas de Muzo, una de las primeras obras colombianas que entra a la mina con detalle documental, retratando el régimen semifeudal del trabajo extractivo.
- 1946
La isla iluminada y el primer giro hacia Trujillo
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Publica la primera edición de La isla iluminada después de un viaje invitado por el gobierno dominicano, iniciando una serie de textos de propaganda de Rafael Leónidas Trujillo; la edición de Ciudad Trujillo aparecerá en 1953.
- 1947
Inicio del exilio voluntario
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Inicia el viaje latinoamericano que llamó exilio voluntario después de romper con el gaitanismo; pasa por Venezuela y se instala en Buenos Aires antes del asesinato de Gaitán en abril de 1948.
- 1952
El día del odio y la biografía de Gaitán
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Publica desde el exilio El día del odio, novela que narra los sucesos del 9 de abril de 1948 y que se inscribe en la tradición colombiana de narrativa sobre la Violencia; publica también Gaitán, vida, muerte y permanente presencia.
- 1958
Así es Trujillo
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Publica Así es Trujillo, panegírico del dictador dominicano en el que la prosa reporteril que había servido para denunciar el hacinamiento bogotano se pone al servicio del régimen autoritario.
Un escritor del arrabal en la capital del país
Osorio Lizarazo llegó al mundo con el siglo, en una Bogotá que se recuperaba de la Guerra de los Mil Días y que pronto viviría la separación de Panamá. La capital de su infancia era una ciudad pequeña, con tranvías por la carrera séptima, fuerte influencia eclesiástica y una cercanía espacial marcada entre casas de comercio, conventos y viviendas precarias. Ese contexto ayuda a leer la ciudad que después construyó en crónicas y novelas, pero no permite deducir por sí solo una postración cultural nacional ni afirmar, sin evidencia biográfica adicional, que vivió el arrabal exactamente como sus personajes.
La biografía temprana de Osorio Lizarazo está mejor documentada de lo que sugiere la imagen de un escritor siempre en la sombra. Se graduó en 1916 del Colegio Mayor de San Bartolomé y en 1923 ya trabajaba en Mundo al Día, donde publicó las crónicas que luego reunió parcialmente en La cara de la miseria. José Eustasio Rivera había publicado La vorágine en 1924 y moriría cuatro años después en Nueva York; ese cruce entre reportaje, denuncia y ficción formaba parte del campo en que Osorio consolidó su método: observar la ciudad pobre, sus alquileres, trabajos y formas de supervivencia.
La Bogotá que aparece en sus novelas no es la de las tertulias del Jockey Club ni la de los salones donde se citaba a Anatole France. Es la del barrio Las Cruces —sur del centro histórico, cerca de la iglesia del mismo nombre, encajado entre Egipto y Belén—, de los tenderos endeudados, de las muchachas que bajan a servir a las casas del norte y suben molidas por la noche, de los oficinistas que temen al jefe y al casero por partes iguales. Es la Bogotá que las estadísticas oficiales de la República Liberal no registraban con precisión y que la literatura respetable evitaba porque olía mal.
La Bogotá que escribió: el arrabal como método
El realismo social de Osorio Lizarazo fue una elección estética e ideológica que él defendió como parte de la responsabilidad social del novelista, no la única poética objetivamente disponible. Óscar Calvo muestra que el escritor se situó dentro de una tradición realista y naturalista y reivindicó referentes como Zola, Gorki y Balzac. Las vanguardias circularon de manera desigual en Colombia, pero atribuir sus decisiones literarias al aislamiento geográfico de Bogotá o a una postración cultural general convierte una interpretación en determinismo. Los diagnósticos de Baldomero Sanín Cano sobre la cultura colombiana ayudan a reconstruir el debate de época, no prueban por sí solos los límites formales de Osorio.
Una lectura crítica sostuvo que aplicar técnicas asociadas con Joyce o Proust a los personajes de Osorio habría resultado inverosímil. Conviene conservarla como interpretación, no como incapacidad inherente de los personajes populares para una vida interior compleja. El propio escritor prefirió la tradición de Zola y Gorki y cuestionó la posibilidad de reproducir en su medio ciertas formas europeas, pero esa declaración tampoco demuestra que careciera de capital cultural o que no pudiera escribir de otro modo. Sus novelas retratan sobre todo a las clases populares y medias bajas: una elección estética, moral y de posición dentro del campo literario. La comparación con Tomás Carrasquilla puede iluminar el peso del entorno y la crónica, siempre que no reduzca a ninguno de los dos a un mero producto regional.
Sus obras circularon entre el público lector colombiano de los años treinta y cuarenta junto a las de Carrasquilla, en un mercado editorial que también se apoyaba en colecciones como la Samper Ortega y, desde 1946, la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana. No fueron nunca best sellers al modo de Vargas Vila, cuyo folletín siguió siendo el gran fenómeno popular colombiano hasta bien entrado el siglo; pero se leyeron, se comentaron, entraron en las conversaciones sobre lo que era, o podía ser, una literatura nacional.
Las novelas: inventario de un realismo tenaz
Su obra narrativa forma una especie de mapa emocional y social del país entre las dos guerras. La casa de vecindad, publicada en 1930, es su libro inaugural y ya contiene el molde de todo lo que vendrá: un edificio de inquilinato bogotano funciona como microcosmos, con sus cuartos malolientes, sus cocinas comunes, sus disputas por el agua y el patio, sus caseros distantes y sus inquilinos que se hunden uno a uno. La casa es a la vez escenario y personaje, y la novela adelanta un procedimiento que Osorio no abandonaría: la ciudad se cuenta desde los rincones que la ciudad misma prefiere no mirar.
Barranquilla 2132 (1932) es la rareza de su catálogo: una utopía —o distopía, según se lea— situada dos siglos adelante, en una Barranquilla convertida en metrópoli científica del Caribe, con un narrador que despierta del letargo y descubre un mundo donde la técnica ha resuelto lo que la política no supo. El libro suele leerse como curiosidad pionera de la ciencia ficción colombiana, pero es también un desahogo del reformista: allí donde la vida real cerraba puertas, la ficción se permitía imaginar que alguien, al fin, había hecho las obras.
La cara de la miseria (1926), volumen que reunió crónicas publicadas previamente en Mundo al Día, es una de las canteras reporteriles de su ficción posterior: recorridos por hospitales, cárceles y espacios marginales de la ciudad, con la mirada del que anota sin decorar. De ese material sale Hombres sin presente (1938), subtitulada Novela de empleados, quizá su obra más lograda del período liberal. Retrata la existencia diminuta del oficinista bogotano —el sueldo que no alcanza, la humillación del escritorio, el matrimonio como resignación, el ascenso que no llega— con una amargura que anticipa, treinta años antes, la novela urbana latinoamericana del sesenta. Su protagonista es un empleado público al que la República Liberal, en cuyo aparato administrativo trabaja, no ha redimido de nada.
El criminal (1935) sigue a Higinio González, periodista enfermo y frustrado cuya trayectoria desemboca en el crimen; Garabato (1939) reconstruye las humillaciones escolares y familiares del joven Juan Manuel Vásquez. Son novelas distintas sobre enfermedad, formación y exclusión, no un mismo inventario del hampa y la infancia abandonada. El hombre bajo la tierra (1944), sobre los mineros de esmeraldas de Muzo, desplaza el foco al trabajo extractivo y al régimen semifeudal que lo sostenía, y es una de las primeras novelas colombianas que entra a la mina con detalle documental antes que folclórico. El día del odio (1952) es la culminación, y también el cierre, del proyecto: publicada ya desde el exilio, cuenta el Bogotazo desde la calle y sella la etapa colombiana de su literatura.
La serie propagandística dominicana comenzó antes de lo que suele sugerir la cronología del exilio: después de un viaje de 1946 invitado por el gobierno de Trujillo, Osorio publicó La isla iluminada ese mismo año; una segunda edición apareció en Ciudad Trujillo en 1953. En Buenos Aires publicó la biografía elogiosa Gaitán, vida, muerte y permanente presencia y El día del odio en 1952, y más tarde Así es Trujillo (1958). El contraste entre la denuncia social de sus novelas y los panegíricos trujillistas es uno de los datos más duros de su trayectoria.
La República Liberal como escenario
Para pesar la posición de Osorio Lizarazo hay que reconstruir el escenario. En 1930, tras cuarenta y cinco años de hegemonía conservadora, el liberalismo regresó al Palacio de la Carrera con Enrique Olaya Herrera, en una elección en la que el conservatismo se presentó dividido en las candidaturas de Guillermo Valencia y Alfredo Vázquez Cobo, con un clero desgastado y una nueva movilización política empujando desde abajo. Olaya no tenía mayoría propia: los conservadores conservaron el Congreso, el aparato judicial y, en la práctica, buena parte de la Policía Nacional, cuyos rasos siguieron siendo conservadores en abrumadora mayoría durante toda la primera mitad de los años treinta. De ahí que su gobierno se llamara de Unidad Nacional, con gabinete paritario y cuatro ministerios conservadores, incluyendo Gobierno, Guerra y Hacienda.
Le siguió Alfonso López Pumarejo (1934-1938) con la Revolución en Marcha: reforma agraria, reforma constitucional, reforma educativa, la promesa de una campaña nacional de alfabetización, la ampliación tímida pero real de los derechos sindicales. Después, el gobierno de Eduardo Santos (1938-1942), llamado con precisión "la Pausa": el ala moderada del liberalismo tomó aire, frenó el ímpetu reformista, no derogó lo hecho pero tampoco avanzó. López volvió en 1942 y su segundo mandato terminó en 1945 en medio de un golpe frustrado y de una crisis de autoridad que abrió paso a Alberto Lleras Camargo como designado y, al año siguiente, a la vuelta conservadora con Mariano Ospina Pérez, favorecida otra vez por la división de un partido, esta vez el liberal, entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán.
Osorio Lizarazo escribió y trabajó dentro de este arco. La República Liberal fue el paisaje institucional de su madurez profesional, y también la ilusión frustrada de su generación política. Fue durante estos dieciséis años cuando el país intentó modernizarse por vía reformista, cuando el Estado empezó a llegar a los territorios —la Intendencia del Amazonas creada por Olaya, la reorganización financiera de las regiones, las carreteras, la aviación civil incipiente—, cuando los sindicatos crecieron y cuando la cultura letrada, por primera vez desde la Regeneración, tuvo un signo distinto del clerical-conservador.
Redes: los Nuevos, el gaitanismo, los diarios
Osorio Lizarazo fue cercano durante los años veinte al núcleo de intelectuales agrupado como "Los Nuevos"; esa cercanía no equivale a una nómina formal y estable. En esa red coincidieron, con posiciones y trayectorias distintas, Baldomero Sanín Cano, Germán Arciniegas, Jorge Zalamea, Alberto Lleras Camargo, Luis Tejada y otros escritores y políticos. Su acción intelectual contribuyó al vocabulario reformista y a una relación crítica con el pasado que después dialogaron con la Revolución en Marcha, sin convertir al grupo en causa única ni homogénea de ese programa.
Zalamea propugnó una renovación intelectual antielitista: exigía desaprender "la lección falsa y miope" sobre los grandes hombres de la historia patria para conocer mejor al pueblo colombiano. Arciniegas hizo carrera con una operación distinta: sus interpretaciones del pasado nacional privilegiaron los aspectos populares de los momentos consagrados por la historia tradicional, pero rehuyendo el aparato crítico y el rigor documental, apostando por la anécdota, la biografía brillante, el ensayo divulgativo. Esa fórmula —que le daría éxito internacional con libros como Biografía del Caribe— se amoldaba con eficacia a las pretensiones políticas de los gobiernos liberales a los que estuvo vinculado. Arciniegas fue el intelectual orgánico de la República Liberal por antonomasia, y Osorio Lizarazo fue, en cierto modo, su reverso: mientras Arciniegas exportaba una imagen épica de América, Osorio contaba en voz baja el hacinamiento de un cuarto de inquilinato en Bogotá.
Luis Tejada, muerto joven en 1924, había dejado el modelo: la crónica breve, urbana, política, capaz de hacer literatura con el detalle mínimo. Osorio Lizarazo trabajó en esa estela periodística, en unos años en que el oficio del reporterismo colombiano se estaba constituyendo. Eduardo Santos, dueño y director de El Tiempo, había utilizado su periódico para impulsar la candidatura de Olaya Herrera y poner fin a la hegemonía conservadora; concebía su vocación como "hablar escribiendo" y llegó a considerar, antes de la muerte de Olaya en 1937, que su destino estaba en el periodismo antes que en cualquier magistratura. El Espectador, fundado por Fidel Cano en Medellín a finales del siglo XIX como tabloide bisemanal, era la segunda casa liberal.
Pero era también un periodismo entreverado con el poder: en Colombia fue siempre difícil distinguir entre periodismo y política. La prensa contribuyó activamente a avivar violencias, ideologizar tensiones, estigmatizar actores con nombre propio. En el bando conservador, El Siglo, dirigido por Laureano Gómez en Bogotá, y La Defensa, publicado en Medellín, cumplían funciones comparables. Osorio Lizarazo trabajó en periódicos y suplementos culturales de este ecosistema, con la incomodidad del que ve las costuras: escribió sobre pobreza en órganos financiados por los mismos que administraban su reproducción.
Su vínculo con Gaitán fue directo pero acotado: dirigió la primera época del semanario Jornada entre 1944 y 1946, participó en su proyecto político y rompió con el caudillo a finales de 1946. Jorge Eliécer Gaitán —investigador de la masacre de las bananeras de 1928, fundador con Carlos Arango Vélez de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR) en los primeros años treinta, alcalde de Bogotá en 1936— fue el político que puso en el centro de la escena colombiana la "cuestión social" que Osorio Lizarazo llevaba años narrando. Gaitán se reclamaba del socialismo liberal de Murillo Toro, Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera, rechazaba desde temprano las tácticas comunistas y proponía intervención estatal en la economía, reforma agraria, reforma constitucional y nacionalismo antiimperialista. Su proyecto no era solo programático: aspiraba a transformar la "cultura delegataria" de los colombianos para convertirlos en actores políticos directos, lo que empezó a hacer con acciones colectivas desde su alcaldía.
En las elecciones para concejales de octubre de 1947 el liberalismo se impuso ampliamente al conservatismo y el gaitanismo era ya la fuerza dominante del liberalismo popular. Y sin embargo, en el Congreso de mayoría liberal no se aprobó ninguna ley importante: los dos grandes proyectos sociales de Gaitán —reforma bancaria y reforma agraria— murieron sin trámite. Esa brecha entre la fuerza electoral popular y la parálisis legislativa es el hueco por el que se cuela toda la literatura de Osorio Lizarazo. Escribe sobre gente que espera algo que no llega.
El 9 de abril y El día del odio
El 9 de abril de 1948, poco después de la una de la tarde, Gaitán fue atacado al salir del edificio Agustín Nieto, sobre la carrera séptima entre la calle 14 y la avenida Jiménez, y murió poco después. Bogotá estalló. En horas, vastas zonas del centro fueron saqueadas y quemadas, el sistema de tranvías quedó destruido, ardieron iglesias, archivos y negocios. En Bogotá fueron incendiadas las rotativas de El Siglo; La Defensa, donde Belisario Betancur había trabajado, era un periódico conservador de Medellín y también sufrió un incendio en esa ciudad, por lo que no debe confundirse con el diario laureanista bogotano. La comparación con otros liderazgos populares latinoamericanos puede orientar, pero no convierte el asesinato de Gaitán en explicación suficiente de la trayectoria posterior del país.
El presidente Ospina Pérez se mantuvo en el poder. Negoció con la dirigencia liberal, que aceptó entrar a un gobierno de Unión Nacional bipartidista que duraría poco más de un año. El gobierno y buena parte de la prensa culparon a los comunistas de los disturbios; Colombia rompió relaciones diplomáticas con la URSS. El Bogotazo agudizó y extendió la violencia política que ya venía desarrollándose desde 1946, pero la duración y el balance de la Violencia siguen discutidos. La estimación clásica elevó las muertes a cerca de 200.000, mientras un estudio demográfico del Banco de la República calculó entre 39.142 y 57.737 para 1949-1958; el Centro Nacional de Memoria Histórica recoge estimaciones de aproximadamente dos millones de personas desplazadas y advierte que no pueden determinarse con exactitud.
El día del odio se propuso narrar el 9 de abril desde la calle. La novela reconstruye la jornada con la economía descriptiva de sus obras anteriores: personajes arrastrados por una marea que no comprenden del todo, la ciudad como cuerpo que se rompe, la política como estruendo y saqueo. Se inscribe en la narrativa colombiana sobre la Violencia y ocupa allí una posición temprana, pero no es el testimonio presencial de un cronista que publicó de inmediato: apareció en Buenos Aires en 1952, cuatro años después de los hechos, y Osorio ya estaba fuera de Colombia antes del asesinato. Su reedición en la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana y las reediciones recientes de otras novelas confirman una recuperación crítica que no puede explicarse sólo por el éxito posterior de García Márquez.
El asesinato de Gaitán reconfiguró la manera en que Osorio narró al caudillo y al 9 de abril, pero no causó su salida del país. Tras romper con el gaitanismo a finales de 1946, inició en 1947 un viaje que llamó "exilio voluntario"; pasó primero por Venezuela y ya estaba en Buenos Aires en marzo de 1948.
La deriva: peronismo y Trujillo
Osorio salió de Colombia en 1947, antes del 9 de abril, pasó por Venezuela y residió en Buenos Aires entre 1948 y 1954. Allí trabajó como corresponsal de prensa, fue contratado por la Oficina de Información de la Casa Rosada durante el primer gobierno de Perón y por el Instituto de Ciencias del Hombre del Ministerio de Salud durante el segundo. También publicó libros y textos favorables al peronismo. La adhesión no debe inferirse de una cercanía personal con Eva Perón, que las fuentes consultadas no documentan. En una carta a Gaitán del 11 de marzo de 1948, Osorio afirmó que la política social de Perón realizaba objetivos que asociaba con el gaitanismo y reprochó al líder colombiano sus vacilaciones legales.
Osorio renunció a su último cargo público argentino en 1954, un año antes de la caída de Perón, y se trasladó a Chile; después pasó a República Dominicana. Su colaboración con el trujillismo, sin embargo, no empezó entonces: La isla iluminada había aparecido en 1946 tras un viaje invitado por el gobierno dominicano. En República Dominicana colaboró en la dirección del periódico oficial del régimen y continuó una serie panegírica que incluyó Así es Trujillo (1958) y El bacilo de Marx (1959), premiado allí. El contraste entre esa propaganda y su retrato anterior de los sectores populares permanece como una tensión central de su trayectoria.
Reducir este itinerario a "traición" simplifica lo que hay que entender, pero explicarlo como consecuencia directa del asesinato de Gaitán contradice la cronología. La ruptura de Osorio con el gaitanismo, su primer libro favorable a Trujillo y su salida de Colombia ocurrieron antes del 9 de abril. Las investigaciones de archivo documentan las oportunidades profesionales y materiales que encontró bajo Perón y Trujillo; no prueban que eligiera a esos gobiernos porque hubieran realizado el encuadramiento popular que Gaitán no alcanzó. Compararlo con Arciniegas, Lleras o Zalamea puede formular una hipótesis generacional, no una cadena causal cerrada.
Las fuentes permiten documentar necesidades materiales, una posición menos estable que la de otros intelectuales liberales y empleos concretos bajo gobiernos autoritarios. También permiten evaluar los textos que escribió en favor de Perón y Trujillo. No prueban, en cambio, una "afinidad íntima" con la figura del salvador autoritario ni permiten cerrar retrospectivamente su psicología. Esos factores sostienen hipótesis sobre oportunidad, convicción y supervivencia; distinguirlas mantiene abierta la responsabilidad del escritor sin convertir una interpretación en diagnóstico.
Muerte y herencia disputada
Osorio regresó a Bogotá en 1961 y murió allí el 12 de octubre de 1964. Un año antes había ganado el Premio Esso con El camino en la sombra, publicado póstumamente en Madrid en 1965. Su muerte coincidió con el Frente Nacional y con una transformación del campo literario latinoamericano: La ciudad y los perros era de 1962, Rayuela de 1963 y Cien años de soledad llegaría en 1967. El realismo social urbano perdió centralidad crítica, pero el premio, la publicación póstuma y las reediciones posteriores impiden describir ese cambio como desaparición inmediata de su obra.
Su lugar en la historia literaria colombiana ha sido oscilante. El día del odio aparece con frecuencia en estudios de la novela de la Violencia y su nombre sirve de referencia para la narrativa social bogotana; investigaciones y reediciones recientes lo recuperan como uno de los primeros novelistas urbanos del país. Su trabajo para Trujillo condicionó la recepción póstuma, como advierte parte de la crítica, pero no es una causa única demostrada de su posición canónica: también cuentan la circulación editorial, los cambios de gusto y el acceso desigual a sus libros.
Esa incomodidad, sin embargo, es precisamente lo que lo vuelve central para entender la República Liberal. Osorio Lizarazo no es la excepción brillante de esos dieciséis años, como Sanín Cano lo es como ensayista, ni el intelectual orgánico exitoso, como Arciniegas. Es el escritor que encarna la contradicción del período: un liberalismo que produjo una literatura del pueblo pobre sin producir las políticas capaces de sacarlo de esa pobreza; una intelectualidad que aprendió a hablar en nombre del pueblo pero no logró abrirle el Congreso; un país que se dio a sí mismo, en el mismo movimiento, la reforma constitucional de 1936 y la matanza que estalló doce años después en la carrera séptima. La deriva final hacia el peronismo y el trujillato no exime a la República Liberal de sus responsabilidades: al contrario, ilumina retrospectivamente lo que no supo hacer con las lealtades populares que había convocado.
El día del odio está disponible en la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana; La casa de vecindad, Garabato, Barranquilla 2132 y El camino en la sombra también han vuelto a circular en reediciones recientes, aunque no todas pertenecen a aquella colección. Cuentan cómo era la Bogotá que se apretaba en las calles del sur del centro, cómo hablaban y qué comían los que no salían en los retratos oficiales, cómo se convirtió una ciudad en el día del odio. En un país que todavía discute qué hacer con su pasado violento y con las promesas incumplidas de su reformismo, esa contabilidad menuda del arrabal —firmada por un hombre cuya biografía política obliga a leerlo con los ojos abiertos— funciona como documento antes que como consuelo.
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Documentos y fragmentos citados
43 documentos · 51 fragmentos01El día del odioJosé Antonio Osorio Lizarazo · 2016 · Página 11 cita
[1]el día del odio J o SÉ a NT o N io o S o R io li Z a R a Z o J o SÉ a NT o N io o S o R io li Z a R a Z o el día del odio Osorio Lizarazo, José Antonio, 1900-1964, autor El día del odio / José Antonio Osorio Lizarazo; [presentación, María Mercedes Andrade]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de…
p. 1
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Páginas 204, 2332 citas
[2]en la literatura colombiana una tradición de escritura que se inicia como puro testimonio y logra con el tiempo afianzarse como una opción estética, en la que la fuerza de lo temático va dando paso a la elaboración de obras de gran al- cance y valor artísticos. Quizás, como se verá en el caso de García Már- quez, la…
p. 204
[32]glosa e interpreta, hacen que, si- guiendo su libre voz de autodidacta, produzca una obra crítica desigual y matizada —a veces con- tradictoria— por miradas cambiantes. Panorama de ensayos Es común afirmar que en Colombia ha habido críticos, pero no crítica, y que el único verdadero ensayista que ha producido el país…
p. 233
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Páginas 653, 6692 citas
[3]al que consagr ó su obra: una Juana (de La casa de vecindad), que discurriera a lo Proust, hubiera resultado tan inveros í mil y gro tesca como el tip ó grafo (de la misma novela) que hiciera sus sim ples mon ó logos en estilo joyciano. Aunque contradictoria desde el punto de vista de la as é ptica historia de las…
p. 669
[51]Un escritor org á nicamente prevenido, reaccion ó alguna vez contra el escritor de estas l í neas por haber dicho que para entender a Goethe y apreciar el encanto de su poes í a en manera completa, importaba conocer la lengua alemana ” ™. Este mandamiento elemental de la vida inte lectual en los pa í ses occidentales…
p. 653
04Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 3411 cita
[4]ser tan importan- tes en los años sesenta. Pero induda- blemente el más popular sigue siendo Vargas Vila. De los escritores circulan algunas novelas sociales como las de Osorio Lizarazo y las obras de Tomás Carras- quilla. Los críticos Hernando Téllez y Baldomero Sanín Cano introducen el gusto por una literatura de…
p. 341
05Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 1111 cita
[5]Bogotá con numerosas obras de infraestructura, urbanizando la ciudad con la creación de nuevos barrios y generando una amplia oferta de empleos en la ciudad. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el Partido Liberal se dividió entre los dos candidatos liberales Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Para las…
p. 111
06Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 1151 cita
[6]in 1950, but he was murdered in the center of Bogot á on April 9, 1948, a day that changed the history of the nation, much as the assassination of President Kennedy in 1963 changed U.S. society. The marginalized working class, people who felt that government, laws, and society were stacked against them, were stunned…
p. 115
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1491 cita
[7]zonas del centro de Bogotá saqueadas y reducidas a escombros; el sistema de tranvías quedó afectado, varias iglesias y diversos archivos eclesiásticos fueron quemados, y los negocios, en especial los que parecían simpatizar con los conservadores, fueron presa de asaltos. De los principales líderes populistas de…
p. 149
08Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1991 cita
[8]tras int e rmin ab les meses de racionamientos de agua y electricidad a raíz de una int ensa sequ ía en 1947 que se prolongó en 1948. Además, en un gesto qu e causó irritación en el libera li smo, el canc ill er La ur ea no Gómez lo h ab ía excl uid o de la delegación co l ombia na a la Confe ren cia, pese a que los…
p. 199
09Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 891 cita
[9]al gobierno. De todos modos, los dirigentes liberales intentaron convencer a Ospina Pérez de que cediera el poder, mientras que algunos militares sugirieron que se organizara una junta de gobierno provisional, con militares y dirigentes conservadores, para recuperar el orden. El presidente, acosado por multitudes…
p. 89
10Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · Página 291 cita
[10]llegó también la re vuelta. Mientras tanto, varios jefes liberales fueron a Palacio para hablar con el presidente sobre la difícil situa ción. Ospina continuó en el mando. Los liberales aceptaron colabo rar con él. Varios días permaneció la multitud ebria, sin que nadie la dirigiera. Se diluyó la revuelta en las…
p. 29
11More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 491 cita
[11]the Catholic hierarchy was viewed as closely allied with the Conservative cause. Swept up, Castro observed and then embraced what he later called the spontaneous combustion of the pueblo that had loved Gaitan as one of their own. Castro tried to steal some police boots, but they were too small for his feet. He grabbed…
p. 49
12Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Página 1161 cita
[12]on the cover. The violence sparked by “el nueve de abril” (April 9) made the streets and the public sphere, which had shaped Gaitán into a popular icon, dangerous terrain to tread.36 Once the Cali daily El Relator restarted printing its newspaper on April 12, reports tracked and interpreted the violent fallout of…
p. 116
13Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2101 cita
[13]de Valencia y 213.417 del tercero. Se concretaba de tal forma la pretensión de Alfonso López, indicada ya, y se configuraba un hecho de profunda significación histórica: el desplazamiento del conservatismo, luego de 45 años de dirigir los destinos de la República. De nuevo, la división del partido gobernante se con-…
p. 210
14Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 1231 cita
[14]Bogota, procla- maron, por intermedio de los doctores Enrique Ca- ballero Escobar, Gabriel Turbay, Eduardo Santos y Alfonso Lépez, la candidatura del doctor Enrique Olaya Herrera. EI domingo 9 de febrero de 1930 se celebraron las elecciones. El doctor Olaya Herrera obtuvo 369.762 votos, Guillermo Valencia 240.833 y el…
p. 123
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 198, 2042 citas
[15]en medio de una ola latinoamericana de golpes y gobiernos militares. Junto al sufragio manejado por caciques de ambos partidos, hubo nume rosos votos influidos por el debate pol í tico, estimulado por diarios cada vez m á s le í dos, por sus comentarios y sus caricaturas. Adem á s, sac ó la pol í tica de clubes y…
p. 198
[21]ó o no, pero el periodo siguiente fue el de mayor desarrollo de la gran propiedad y estas normas impulsaron la intensa colonizaci ó n, que convirti ó inmensos territorios bald í os y de selva, sobre todo en las zonas bajas, en los Llanos Orientales, el Caquet á, el Magdalena Medio o Urab á, en propiedades privadas…
p. 204
16Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 4841 cita
[16]época de la Violencia, que va de 1946 a 1957; después, el Frente Nacional, de 1958 a 1982 y, por último, el proceso de negociación, apertura política y reforma institucional que se viene desarrollando desde 1982. Cada uno de ellos se desenvuelve en el contexto de unos hechos y situaciones específicas, tiene unas…
p. 484
17Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 591 cita
[17]lanzarse a una política novedosa, como no tardaría en comprobarlo su sucesor. Más allá de la moderación del nuevo mandatario, las circunstancias hacían difícil dar timonazos bruscos. Con excepción de la rama ejecutiva, los conservadores contro- laban todas las instancias del poder. El clero se mostraba resuelto a…
p. 59
18El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 2311 cita
[18]públicos, incluyendo los de algu nos policiales. Por todos estos factores, la Policía tuvo un carácter mixio —desde el punto de vista partidario— durante toda la primera mi tad de la década de 1930. Por ejemplo, en una carta “confiden cial” del 30 de octubre de 1930 de Araújo a Carlos E. Restrepo, el primero hacía un…
p. 231
19Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1251 cita
[19]«Toda ten- dencia al intervencionismo de Estado prepara el advenimiento integral del socialismo; toda tendencia a robuste- cerda individualidad favorece el afian- zamvento de la democración. Reunidos algunos opositores en la Acción Patrió- fica Económica Nacional ¡APEN), quisie- ron impedir el trienio de las doctrinas…
p. 125
20La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Páginas 49, 532 citas
[20]pago de la deuda externa”. 90 A pesar de lo anterior y teniendo en cuenta las limitaciones del erario públi - co, el Gobierno propuso algunas alternativas para luchar contra el analfabetismo, lo cual estaba directamente vinculado con los aspectos culturales de la nación. La 88 Latorre Rueda, “1930-1934. Olaya Herrera:…
p. 49
[25]Resuelto a colocarse por encima de quienes habían ensangrentado el territorio nacional con una violencia de que estaba harto el país”. 99 Ejercía una enorme influencia a través de su periódico El Tiempo, el cual utilizó para controvertir con el Partido Conservador e impulsar la campaña y posterior victoria de Enrique…
p. 53
21Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 131 cita
[22]se construyeron a partir de la dramaticidad que tienen los sucesos de los que se ocupa. Sin embargo, sus cuadros corresponden siempre a momentos 32 privilegiados por la historia tradicional sobre el pasado nacional. Los aportes interpretativos intentaron acentuar los aspectos populares de esos hechos, con lo cual la…
p. 13
22Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 111 cita
[23]Herrera and his successor Alfonso López Pumarejo broke with the long tradition of neglect to demonstrate through their administrative reforms, financial subsidies, public works, health campaigns, and promotion of colonization a genuine commit- ment to extending effective national rule to the wilderness regions. Olaya…
p. 11
23Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 107, 1962 citas
[24]el se- dico de tendencia li- Alejandro Galvis Galvis. manario Voz (inicial- beral y fuertemente dl TU ou mente Voz de la De- atacado por la Iglesia mocracía y luego Voz católica en tiempos de la Violencia política, al Proletaria); sin embargo han existido diferen- punto de que en 1949 los obispos de Santan- tes…
p. 107
[37]calificación Magna cum laude. Gaitán regresó al país en 1928, fue elegido representante a la Cámara y desde allí investigó los suce- sos de la masacre de trabajadores de la United Fruit; sus denuncias se convir- tieron en abierto debate contra el go- bierno de Abadía Méndez y fueron el fundamento para su figura de…
p. 196
24La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · Página 341 cita
[26]y la determinación de la agenda informativa que se mimetizaba con la agenda de las hegemonías políticas y económicas del país y particularmente con sus propios y más directos intereses. Desde La Colonia el periodismo colombiano estuvo asociado o en con- 34 La palabra y el silencio tradicción con el poder dominante. El…
p. 34
25La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Página 371 cita
[27]resistencia civil. La prensa liberal recrimina al gobernador tildándolo de débil e inoperante. El periodista "Ca- libán", de El Tiempo, con cabeza fría escribe en la "Danza de las Horas" que la causa de la violencia "es necesario buscarla también en las campañas de prensa que la estimulan sostenien- do todos los días…
p. 37
26Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1261 cita
[28]Prensa, 1946, con la imagen de Antonio Nariño. 126 Nueva Historia de Colombia. Vol. VI Laureano Gómez con periodistas de "La Defensa", de Medellín, en 1945: Juan Mejía, Alberto Giralda López, Ovidio Rincón Peláez, Julián Uribe Cadavid, Bernardo Naranjo, Belisario Betancur, Joaquín Rincón Peláez y Luis Guillermo…
p. 126
27El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · Páginas 90, 1032 citas
[29]Germán Arciniegas, Guillermo Hernández Rodríguez, Baldomero Sanin Cano, Luis Tejada, Alberto Lleras, Jorge Zalamea y Jorge Eliécer Gaitán, del llamado Grupo de los Nuevos que desplazaron a la ante- rior Generación del Centenario. La acción de éstos llevó a la Revolu- ción (liberal) en Marcha, y el Partido Socialista…
p. 90
[31]Chicago y Manchester, pierden de vista la Sabana de Bogotá y el Valle del Cauca”. ¡Clarividencias de Zalamea que lastimosamente siguen vigentes empeoradas por la vergonzosa genuflexión que hacen los adoradores de los imperios que nos atrofian. Entonces, como ahora, son personas que sólo miran en nuestro pueblo gentes…
p. 103
28¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · Página 1151 cita
[30]Juan de Castellanos se parece mucho a los colombianos de nuestros días, a una persona que puede hablar durante horas, días y quizá años, sobre temas muy variados, pero a quien le resulta muy difícil y problemático presentar pruebas sobre lo que ha hecho y dicho. Alguien en quien se puede ver una huella muy cabal de…
p. 115
29Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · Página 121 cita
[33]los hechos que se narran. Con una prosa avasalladora, subyugante, y en innu- merables pasajes verdaderamente poética, los capítulos de estos libros son una fascinante travesía por el mar Caribe, de la mano de sus más extravagantes personajes, que dan cuenta tanto de las epopeyas libertarias como de las tra- gedias…
p. 12
30El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Páginas 133, 1712 citas
[34]hay cosas dedicadas al cambio, y por lo tanto hay capitales... Luego Colombia no s ó lo es un pa í s que tiene capitalismo sino que se desarrolla econ ó micamente bajo el r é gimen capitalista, en el sentido estricto y cient í fico de la palabra. Es un pa í s de r é gimen capitalista ya que el capital no es un simple…
p. 133
[38]poder y prestigio personales que constituyeron la base de su posterior carrera pol í tica. 13 Gerardo Molina, “ La Revoluci ó n Marxista ”, en El Espectador, Bogot á, Septiembre 6 de 1.934, p.5. Para una visi ó n de conjunto de la UNIR, ver J. Cordell Roblnson, El movimiento galtanlsta en Colombia (Bogot á: Tercer…
p. 171
31Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 511 cita
[35]anhelos reformadores de los pueblos; pensamos que es mejor luchar porque las fuerzas progresistas de Colombia inscriban en sus rodelas de batalla la lucha integral por las ideas nuevas, por la salud del proletariado y por la reivindicación necesaria de los actuales siervos del capitaP 6 • Desde sus primeras épocas…
p. 51
32War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · Página 1111 cita
[36]and trembling knees on the ground before yankee gold! His position in the face of the U.S. government and its intervention in Colombian affairs was his constant and permanent political position. It is enough to read a few phrases: Neither now nor ever will our nationalist spirit waver. We will defend it today and…
p. 111
33Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2291 cita
[39]contradicciones y ca- rencia de coherencia política. Enfrentó las críticas del sector santista y de los conservadores, afrontó la generalización de la Violencia política, la cual no supo manejar, pues sus diálogos con el gobier- no habían resultado infructuosos. El país comen- zaba a desangrarse sin que se hiciera…
p. 229
34Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · Página 91 cita
[40]trabajar honda y apasionadamente en el cambio de una cultura que despierte en el pueblo voluntad para regir directamente sus destinos y exige un profundo cambio constitucional para disponer de una Constitución acorde con la necesidad de un mandato popular directo sobre los destinos de la patria, que elimine los…
p. 9
35No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 491 cita
[41]ideología de ultraderecha tenía audiencia y el anticomunismo, arraigo. Si bien en Bogotá los partidos mantenían las formas, en medio de una gran polarización política, en las regiones los episodios de violencia pasaron de ser esporádicos a reiterados. Probablemente uno de los episodios que marcaron el regreso de la…
p. 49
36El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 652 citas
[42]en Colombia /// Hernando Calvo Ospina 64 de seguridad nacional. 6 Son muchos los investigadores que no han excluido la participación de la CIA que, recién creada, hubiera tenido en ese asesinato político su gran bautizo. Washington, como lo dictara la directriz de Seguridad Nacional de Truman, en la mentira plausible,…
p. 65
[43]en Colombia /// Hernando Calvo Ospina 64 de seguridad nacional. 6 Son muchos los investigadores que no han excluido la participación de la CIA que, recién creada, hubiera tenido en ese asesinato político su gran bautizo. Washington, como lo dictara la directriz de Seguridad Nacional de Truman, en la mentira plausible,…
p. 65
37La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 311 cita
[44]el proceso de la misma, especialmente sobre la responsabilidad de las clases gobernantes. Las interpretaciones ofrecidas por el profesor desviaron la agresión primaria de los periódicos conservadores hacia éste. Se le llamó " sectario", "santón culterano", "falseador de la realidad histórica", "viejo maniqueísta",…
p. 31
38Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 201 cita
[45](el «Bo- gotazo») y en muchas poblaciones de provincia, la tepresiOn sindical; la persecucién confesional; los tiroteos en la Camara de Representantes; la clau- sura del Congreso y la instauracién del estado de sitio, que desde entonces ha imperado en Colom- bia, excepto en las breves pausas de normalidad…
p. 20
39Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 351 cita
[46]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
p. 35
40Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 451 cita
[47]gadas de protegerlos. Las identidades partidistas estaban tan enraizadas que, con su proclividad sectaria, parecían funcionar como si fuesen identidades étnicas. No en vano el mote “chulativa”, con que los grupos liberales desig- naban las fuerzas de policía durante la primera ola de la Violencia; ese era el nombre de…
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41Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1581 cita
[48]mo una empresa cultural propia el difícil desarrollo de su provincia, a juzgar por su libro Francisco Javier Cisneros y el ferrocarril de Antioquia (Medellín, 1924), en el que narró bellamente las hazañas de quienes se aventuraron en semejante construcción. 65 Ibíd., p. 68. 165 c uarta P arte ENTREGUERRAS O ENTRE LAS…
p. 158
42Conversaciones con Estanislao ZuletaEstanislao Zuleta · 2020 · Página 481 cita
[49]llena de grandes ciudades. En las ciudades es donde se han formado todos esos escritores que van de turistas a las selvas, como un señor que escribió un libro lamentable que se llamaba La Vorágine, de cuyo nombre no quiero acordarme; pasó por allí, le pareció interesante la selva, y se puso a escribir sobre ella.…
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43Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1821 cita
[50]elites who lived along that nation’s coast. La vorágine helped merge the disciplines of Colombian journalism and fiction writing; this art form would be perfected, later on, by Gabriel García Márquez. Tragically, Rivera died in 1928, at forty years of age, after suffering a series of seizures in New York City. He went…
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