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Ensayo · Independencia · 1810–1831

El racismo republicano en la Gran Colombia

Entre 1810 y 1831, las élites fundadoras de la Gran Colombia proclamaron igualdad racial mientras fabricaban conspiraciones pardas en correspondencia privada, teatralizaban la libertad como gracia estatal y postergaban la abolición durante tres décadas. La pregunta es si ese conjunto constituyó un racismo político de Estado o apenas el residuo torpe de una república recién nacida.

15 min de lectura3.157 palabras37 documentos65 fragmentos
El racismo republicano en la Gran Colombia
Actualizado 29 de julio de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El racismo republicano grancolombiano no fue residuo colonial sino dispositivo político deliberado: la ley de libertad de vientres de 1821 ató la libertad al servicio tutelado hasta los 18 años, los fondos de manumisión se vaciaron por insuficiencia de rentas, la ceremonia de Cartagena del 25 de diciembre de 1828 convirtió la emancipación en deuda gratitudinal, y la correspondencia Montilla-Bolívar construyó epistolarmente la conspiración parda que justificó el fusilamiento de Padilla. La abolición definitiva no llegó hasta el 21 de mayo de 1851, promulgada por José Hilario López para entrar en vigor el 1° de enero de 1852, casi un tercio de siglo después de Cúcuta. La originalidad del dispositivo consistió en volver el racismo eficaz al hacerlo indecible en la esfera oficial: lo que se nombraba en cartas privadas como 'pardocracia' desaparecía en sentencias y decretos bajo el vocabulario neutro del orden y la filantropía.

La tensión

La tensión central enfrenta dos lecturas del mismo corpus documental. La primera sostiene que el gradualismo abolicionista fue el máximo consenso posible en una república donde los esclavistas del Cauca, la costa Caribe y el Pacífico controlaban haciendas, minas y bancadas legislativas; que los fondos de manumisión resultaron insuficientes por restricciones fiscales reales, no por perfidia; y que gestos como la liberación incondicional de más de cien esclavos por Bolívar en 1821 revelan sinceridad ilustrada, aunque sin seguimiento. La segunda lectura, apoyada en el patrón colonial de Popayán —donde las manumisiones diferidas hasta la muerte del amo constituían aproximadamente la mitad del total y las espontáneas sin pago eran las menos frecuentes—, argumenta que el gradualismo republicano constitucionalizó una lógica preexistente en lugar de superarla. El debate se agudiza en el caso Padilla: Joaquín Posada Gutiérrez sostuvo que los incidentes de 1828 no pasaron de imprudencias amplificadas por Montilla, mientras que Restrepo consignó en su Diario que el desenlace fue afortunado porque evitó que Padilla 'se pusiera al frente de los pardos', calificándolo de 'negro'. La historiografía discute además si la vía radical representada por la Junta de Cartagena (1811-1815) y marginada por el eje altiplano-Cúcuta fue un camino viable descartado por decisión política o una opción clausurada por la reconquista española de 1815 antes de que la Gran Colombia pudiera pronunciarse sobre ella.

Temas
Abolicionismo y esclavitud en la Nueva GranadaPardocracia y exclusión política afrodescendienteManumisión colonial y republicanaLeyenda Negra y retórica antiespañola criollaRevolución haitiana y su impacto en el Caribe neogranadinoEscritura de la historia y legitimación del Estado republicano
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Ensayo completo

La lectura

¿Operó el miedo a la pardocracia como un racismo político de Estado, o fue apenas el residuo colonial de una república recién nacida?

Entre 1810 y 1831, las élites que fundaron la Gran Colombia construyeron un régimen singular: una república que se proclamaba igualitaria en un territorio donde la esclavitud seguía sosteniendo minas del Chocó, haciendas del Valle del Cauca y trapiches del Caribe, y donde los pardos libres formaban la mayoría demográfica de ciudades como Cartagena. ¿Cómo se resolvió esa contradicción —o más bien, cómo se administró sin resolverla? La respuesta corta es incómoda: el racismo colonial, que había sido religioso, jurídico y explícito, mutó en un racismo político de Estado que hablaba el idioma de la armonía racial, fabricaba conspiraciones pardas en correspondencia privada, teatralizaba la libertad como gracia estatal y postergaba la abolición efectiva durante tres décadas. Padilla fusilado en 1828, la ley de manumisión de 1821 vaciada por falta de fondos, la ceremonia de Cartagena en la plaza de la catedral, las cartas de Mariano Montilla desde Cartagena y el término pardocracia circulando en la correspondencia bolivariana son piezas del mismo dispositivo.

¿Qué se juega en la respuesta?

¿Fue la eliminación de liderazgos afrodescendientes, la lentitud abolicionista y la retórica antiespañola un efecto colateral de una república joven que apenas balbuceaba la igualdad, o constituyó el núcleo funcional de un pacto entre las élites criollas para conservar la sociedad heredada bajo un lenguaje nuevo? En la primera lectura, el racismo republicano es residuo; en la segunda, dispositivo. ¿Inventó Colombia, entre 1810 y 1831, una forma específicamente moderna de administrar la desigualdad racial —una forma que hacía el racismo indecible en la esfera oficial mientras lo ejecutaba con eficiencia— o simplemente arrastró, con torpeza, la herencia colonial?

Lo que sigue sostiene la segunda lectura, con una precisión: el dispositivo no fue invención pura de las élites, sino la codificación política de miedos y estructuras que tenían raíces materiales. Padilla usó efectivamente la raza como idea movilizadora en Cartagena; la revolución haitiana era memoria viva; las cuadrillas de esclavos en el Chocó resultaban numéricamente inquietantes para cualquier orden republicano. De ese sustrato real las élites extrajeron una tecnología de gobierno cuya originalidad consistió en volver el racismo eficaz al hacerlo indecible.

¿Residuo colonial o dispositivo deliberado?

La primera lectura —la del residuo colonial— tiene fuerza. La ley de libertad de vientres del Congreso de Cúcuta, impulsada en 1821 por José Félix de Restrepo, no era hipocresía: era el máximo consenso posible en una república recién armada donde los esclavistas del Cauca, de la costa Caribe y del Pacífico controlaban simultáneamente las haciendas, las minas y buena parte de las bancadas legislativas. Los fondos de manumisión resultaron insuficientes no por perfidia sino porque las rentas asignadas no alcanzaban. Bolívar liberó a sus propios esclavos primero condicionalmente en 1814 y luego incondicionalmente en 1821 —más de cien en la segunda ocasión—, gesto sincero que pocos hacendados siguieron. En esta lectura, la lentitud de la abolición se explica por la resistencia esclavista, no por un cálculo racial coordinado desde el poder ejecutivo.

La segunda lectura observa lo mismo desde otro ángulo. La ley de 1821 no solo declaró libres a los nacidos de esclavas después de la fecha: los sometió a la tutela del amo de la madre hasta los 18 años, en compensación por los gastos de alimentación y vestuario. La libertad venía atada, desde su formulación jurídica, al servicio continuado. La ley del 29 de mayo de 1842, veinte años después, prolongó esa tutela hasta los 25. Cuando la abolición definitiva llegó por fin el 21 de mayo de 1851, promulgada por José Hilario López para entrar en vigencia el 1° de enero de 1852, había transcurrido casi un tercio de siglo desde Cúcuta, y las haciendas del Valle del Cauca concentraban la mayor parte de los manumitidos —precisamente la región donde el complejo mina-hacienda había sostenido durante la colonia la relocalización de mano de obra esclava. El gradualismo republicano prolongó, con lenguaje ilustrado, la geografía esclavista heredada.

¿Y si el patrón colonial de manumisiones ya prefiguraba el gradualismo republicano con exactitud inquietante? En Popayán durante el siglo XVIII, un esclavo urbano llamado Juan Antonio podía recibir una carta de libertad condicionada a servir a su ama hasta la muerte de esta, y ese caso —lejos de ser excepcional— pertenecía a la modalidad dominante: las manumisiones diferidas hasta después del fallecimiento del amo constituían aproximadamente la mitad de las registradas, mientras que las verdaderamente espontáneas y sin pago eran las menos frecuentes. Recaían predominantemente en esclavos domésticos urbanos y en mulatos, casi nunca en trabajadores de mina, y con frecuencia condicionaban la libertad al servicio continuado del exesclavo hacia su antiguo amo. Los negros libres coloniales vivieron en un área gris entre esclavitud y ciudadanía, y la principal vía de acceso a la libertad fue la autocompra, no la generosidad. El gradualismo republicano no inventó una lógica: la constitucionalizó.

¿Cómo se ve el dispositivo cuando se lo mira de cerca?

Un pasaje concreto ilumina toda la operación. El 25 de diciembre de 1828 —tres meses después de la Conspiración Septembrina, dos meses después del fusilamiento de Padilla— se celebró en la plaza de la catedral de Cartagena una ceremonia pública de manumisión. Se entregaron actas de libertad a los liberados, se les impusieron gorros de la libertad, se dieron vivas a la República y al Libertador, la banda del batallón de artilleros de la plaza puso música. El discurso oficial construyó la escena con precisión doctrinal: los esclavos manumitidos eran deudores de "la filantropía de un gobierno que mira la esclavitud como en contradicción con sus instituciones, equitativas y justas", y quedaban obligados a "someterse a las leyes, obedecer a los magistrados y cumplir los deberes de los verdaderos colombianos". La libertad se presentaba como "beneficio extraordinario y exorbitante", nunca como derecho.

Dos operaciones se anudan en esa ceremonia. La libertad se convierte en deuda gratitudinal: el manumitido no es sujeto de un derecho abstracto sino receptor de una gracia, y esa gracia tiene contrapartida —la lealtad al Estado que la otorga. Y el lenguaje abolicionista queda neutralizado antes de nacer, porque quien reclamara la libertad como derecho aparecería no como ciudadano exigente sino como ingrato. La teatralización republicana no era decorativa: era el mecanismo por el cual la libertad, mientras se otorgaba en pequeñas dosis rituales, se despolitizaba. Enseñaba que la emancipación se obtiene por lealtad y no por revuelta —lección tanto más pertinente cuanto que se pronunciaba en la misma ciudad donde José Padilla, el marino pardo elegido senador en febrero de 1825, acababa de ser eliminado.

¿Cómo se fabrica epistolarmente una conspiración parda?

El caso Padilla concentra el segundo circuito del dispositivo. Mariano Montilla, comandante en Cartagena, cultivó durante años ante Bolívar la imagen de una conspiración parda en la plaza. En marzo de 1828 se produjeron incidentes en los que Padilla estuvo involucrado, pero Joaquín Posada Gutiérrez sostuvo después que no pasaron de "imprudencias" y "simples conatos", y que Montilla actuó con precipitación amplificando su alcance. Montilla escribió a Daniel Florencio O'Leary desde Cartagena el 18 de marzo de 1828; entre marzo y abril, Bolívar envió desde Bucaramanga y Sativi varias cartas a O'Leary y a Pedro Briceño Méndez conservadas en las Memorias de O'Leary. En esa red epistolar se construyó, no se descubrió, la conspiración parda. El expediente Tumultos populares en Cartagena de Indias (Año de 1828) y los testimonios del proceso septembrino no contienen pruebas convincentes de que Padilla promoviera un levantamiento racial ni de que la sentencia de muerte tuviera fundamento probatorio.

La secuencia se repite con variaciones. Un mando militar en el terreno alimenta durante años, con carta tras carta, la certeza de un peligro racial en su plaza. El poder central, ya predispuesto por el trasfondo emocional de la revolución haitiana y de los levantamientos de esclavos y pardos en Venezuela y Cartagena entre 1811 y 1815, recibe cada carta como confirmación. Cuando el líder pardo tropieza —y Padilla efectivamente había comenzado a usar la raza como idea movilizadora—, el archivo previamente construido convierte la imprudencia en conspiración y la conspiración en delito capital. José Manuel Restrepo lo consignó sin ambages en su Diario: el desenlace fue afortunado porque evitó que Padilla "se pusiera al frente de los pardos", y lo calificó de "negro". La élite bolivariana leyó el caso en clave racial explícita en la escritura privada, mientras la sentencia y su justificación pública se expresaron en el lenguaje neutro del orden republicano.

¿Por qué la asimetría entre lo público y lo privado es el corazón del dispositivo?

En la correspondencia, Bolívar usó el término pardocracia y expresó sus temores en un tono que sus editores calificaron de "ofensivo, dramático". En documentos eclesiásticos como las Memorias de José Francisco Heredia, los pardos aparecían como grupo que "necesita poco estímulo para matar blancos". Los contemporáneos usaban indistintamente "guerra de clases" y "guerra de colores". Pero en las sentencias, en los decretos, en los discursos de manumisión, el lenguaje racial desaparecía y era sustituido por el vocabulario abstracto del orden, la filantropía y los deberes ciudadanos. El racismo, dicho en cartas, se volvía indecible en actos oficiales —y esa indecibilidad, lejos de debilitarlo, lo protegía de la impugnación.

¿Y si España sirvió como pantalla?

La tercera pieza del dispositivo fue la construcción de España como culpable exclusivo del racismo. La prensa patriota neogranadina difundió sistemáticamente relatos sobre la violencia de Pablo Morillo contra los letrados de la Nueva Granada, aprovechando tropos ya existentes de la leyenda negra española en Gran Bretaña y Estados Unidos para movilizar apoyo internacional. Camilo Torres había articulado antes la doctrina complementaria: los americanos eran "ciudadanos" que formaban un "pueblo soberano", y la república se fundaba en derechos ciudadanos que sustituían a la vieja nación hispana. El binomio funcionaba: España era el pasado despótico, la república el presente igualitario. La esclavitud subsistente y la exclusión de pardos podían así presentarse como herencia por desmontar, no como estructura por perpetuar. La lentitud abolicionista quedaba justificada por la magnitud del daño español, y las élites criollas podían presentarse como liberadoras precisamente en el momento en que administraban la continuidad de la explotación.

La escritura de la historia participó en la operación. La Historia de la revolución de Colombia de José Manuel Restrepo, referencia fundacional de la historiografía nacional del siglo XIX, centró la narración en los héroes epónimos de la Independencia y relegó los cuadros sociales y geográficos al papel de "marco natural". El discurso republicano criollo construyó un vínculo simbólico entre los ancestros muiscas ya desaparecidos y los criollos libertadores, presentando a estos como herederos del poder de los caciques, mientras a los indios vivos les asignaba un lugar tutelado. Los afrodescendientes no aparecían en ese linaje: quedaban fuera del relato de origen y por lo tanto fuera de la nación imaginada. El silenciamiento historiográfico no fue omisión distraída, fue arquitectura.

¿Qué vía radical fue descartada?

Si España funcionaba como pantalla hacia afuera, hacia adentro operaba una segunda clausura: la de las alternativas republicanas que sí habían nombrado el problema racial. Todo dispositivo se define también por lo que suprime, y la república grancolombiana tuvo, desde 1811, una vía radical que apuntaba en dirección opuesta. Cuando Bolívar recibió en Los Cayos y Jacmel el apoyo material del presidente Alexandre Pétion en 1815-1816, aceptó una condición: liberar a los esclavos. Cumplió condicionalmente en 1814 y de forma más amplia en 1821 con los suyos, pero el ejemplo no se generalizó. Antonio Nicolás Briceño había representado en 1813 una posición más radical dentro del bolivarianismo temprano, marginada después por el peso de las élites esclavistas del Cauca, Cartagena y Popayán. Y la Junta de Cartagena, entre 1811 y 1815, había decretado la libertad de los esclavos en la provincia —con una rebelión en Mompox como detonante para extender la medida al comercio y a la posesión— y vinculado a los pardos al sufragio y a las políticas republicanas. La sociedad de Cartagena y Santa Marta estaba compuesta en gran parte por castas: mestizos de origen africano, negros libres, mulatos. Allí, brevemente, hubo república parda antes que hubiera Gran Colombia.

La reconquista española de 1815 clausuró ese experimento, pero la Gran Colombia posterior no lo restauró. Al contrario: el eje de gravedad político se desplazó al altiplano, la constitución se pensó desde Cúcuta, los liderazgos afrodescendientes que habían nacido en el Caribe insurgente —Piar en Angostura, ejecutado en 1817; Padilla en Cartagena, ejecutado en 1828— fueron eliminados en operaciones que combinaban acusaciones formales de subversión con lecturas raciales privadas. El límite social de la revolución bolivariana no fue consecuencia inevitable de las circunstancias: fue el resultado de decisiones políticas concretas que optaron por una vía y descartaron otra.

Ese descarte tuvo una dimensión doctrinal. Las clases dirigentes criollas adoptaron el liberalismo como fundamento teórico indispensable para justificar la independencia, pero no consideraban conveniente extender los derechos implícitos a toda la población. El ideal de igualdad jurídica se convirtió, en la práctica, en un mito que dejó intactas las estructuras señoriales; sólo funcionó una "democracia ateniense" para la minoría gobernante y letrada. Cuando Colombia optó por el lenguaje del blending —la mezcla y asimilación racial como horizonte nacional— frente a las alternativas visibles de la segregación estadounidense o la negritud republicana haitiana, no eligió la vía menos racista disponible: eligió la vía más eficaz para diluir la identidad afrodescendiente como sujeto político sin nombrarla explícitamente como problema. La mezcla proclamada no fue integración: fue una forma de exigir a los pardos y negros que renunciaran a su especificidad política a cambio de una promesa de asimilación cuyo cumplimiento se aplazaba indefinidamente.

¿Dónde se hizo audible el racismo que la esfera oficial silenciaba?

La eficacia del dispositivo tenía límites, y esos límites conviene medirlos. Precisamente porque la esfera oficial había vuelto indecible el lenguaje racial, se constituyó una esfera pública paralela donde el racismo sí podía nombrarse. Los pasquines anónimos que circularon en Cartagena en la década de 1820, y los tumultos que Montilla amplificó en su correspondencia, eran también síntomas de que los pardos habían aprendido a usar los intersticios del orden republicano. Padilla mismo, elegido senador en febrero de 1825 por votantes con derecho al sufragio, era la prueba de que la exclusión no había sido total: el propio sistema representativo republicano había producido un liderazgo pardo con capacidad institucional. La eliminación violenta de Padilla en 1828 responde precisamente al éxito relativo de esa agencia: se lo fusiló no porque estuviera al margen del sistema, sino porque estaba dentro y ganaba terreno.

¿Puede reducirse entonces el racismo republicano a mera imposición desde arriba? Los pardos de Cartagena, los libertos de las haciendas del Valle, los mineros esclavizados del Chocó no fueron receptores pasivos. Pagaron sus manumisiones cuando pudieron, se sumaron a los ejércitos con la promesa de libertad, votaron cuando el censo se los permitió, participaron en tumultos y pasquines, apoyaron a Padilla. El dispositivo tuvo que operar contra esa agencia, y por eso necesitó volverse tan sofisticado: la eliminación de liderazgos, la teatralización de la manumisión, la fabricación epistolar del enemigo interno son respuestas a una presión real desde abajo, no operaciones sobre un cuerpo social inerte.

Entonces, ¿qué tipo de racismo fue el racismo grancolombiano?

El miedo a la pardocracia y la retórica de la armonía racial operaron, entre 1810 y 1831, como un racismo político de Estado que sustituyó al racismo religioso y jurídico colonial. No fue mera continuidad: fue transformación. El racismo colonial había sido explícito, taxonómico, sostenido por las categorías de casta y por la doctrina eclesiástica sobre la limpieza de sangre. El racismo republicano fue un dispositivo que operaba en la brecha entre lo que podía decirse en cartas privadas —donde pardocracia, negro y guerra de colores circulaban sin freno— y lo que podía decirse en actos oficiales, donde el lenguaje era el de la ciudadanía, la filantropía y la armonía. Esa asimetría fue su innovación, y fue su eficacia.

Su arquitectura articuló tres mecanismos que conviene separar. Primero, la eliminación de liderazgos afrodescendientes —Piar en 1817, Padilla en 1828— mediante causas formales que envolvían decisiones raciales tomadas en la correspondencia. Segundo, un gradualismo abolicionista que reconvertía la libertad en deuda de servicio, primero hasta los 18 años, después hasta los 25, y que solo culminó treinta años después de Cúcuta, cuando la generación de esclavistas que había pactado la independencia estaba ya prácticamente desaparecida. Tercero, una externalización de la culpa hacia España, sostenida por una prensa patriota que hizo de la leyenda negra el mecanismo por el cual el racismo republicano quedaba fuera del escrutinio interno, y complementada por una liturgia de manumisiones que enseñaba que la libertad se obtiene por lealtad y no por derecho, haciendo del lenguaje abolicionista una impertinencia frente al Estado dador de gracias.

¿Qué preguntas siguen abiertas?

¿Cuál fue la magnitud precisa de la agencia parda en el período? El caso Padilla se conoce con detalle, pero la vida política de los pardos libres de Cartagena, Mompox y Santa Marta —sus redes de sociabilidad, sus vinculaciones con los tumultos, la circulación efectiva de pasquines, su presencia en el sufragio— espera todavía una cartografía a la altura. La esfera pública paralela donde el racismo pudiera nombrarse está sugerida por la evidencia; su alcance real, su continuidad en el tiempo y sus vínculos con los liderazgos posteriores del Caribe aguardan una investigación de mayor aliento.

Queda además el problema de la ponderación causal. Los fondos de manumisión fueron insuficientes: la ley de 1821 dependía de impuestos difíciles de recaudar en una república que apenas construía su fiscalidad. Esa insuficiencia coexistió con la voluntad política de mantener el trabajo esclavo en los sectores decisivos —la concentración de manumitidos en 1851 en las haciendas del Valle del Cauca, y no en las minas del Pacífico ni en el Caribe, es un indicio elocuente—, y las dos determinaciones se retroalimentaron sin que sea siempre posible separarlas. Si el marco fiscal impedía estructuralmente la abolición temprana, la lentitud tiene una cara técnica antes que racial; si el marco fiscal era también una decisión política —qué se grava, qué se recauda, qué se prioriza—, entonces la contabilidad es una prolongación del discurso por otros medios. Los historiadores discrepan, y esa discrepancia no está por cerrarse.

Entre 1810 y 1831, la Gran Colombia construyó una forma de racismo que hablaba el idioma de la igualdad, teatralizaba la libertad como gracia, fabricaba enemigos internos en correspondencia y eliminaba liderazgos afrodescendientes bajo cargos formalmente no raciales. Esa arquitectura no desapareció con la disolución de la república en 1831; sobrevivió a la abolición de 1851, atravesó el siglo XIX y prefiguró lógicas de exclusión que reaparecerían, con otros nombres, en el siglo XX. Preguntar hoy por el racismo republicano grancolombiano equivale a identificar el momento en que Colombia aprendió a administrar la desigualdad racial diciendo que no existía.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

37 documentos · 65 fragmentos de referencia
01Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 23, 81, 843 fragmentos
[1]

no conceder la libertad es una bar- barie; darla de repente es una precipitacion. La li- bertad social tiene ciertos grados y necesita cierta disposicién en los que la reciben para que no sea peligrosa. No se pasa repentinamente de un estado al opuesto sin exponerse a grandes inconvenientes. Por otra parte, los…

p. 81
[12]

resurgieron a to- dos los niveles: provincial, seccional y cantonal. Africa en un mapa del atlas de Blaeuw. El continente africano fue la cantera constante de la que, durante siglos, se sacaron miles y miles de negros para ser condenados a la esclavitud. La captura por parte de los blancos se vio a menudo favorecida…

p. 84
[37]

no participaron a favor de la Independencia, y que otros, aislados geografica- mente y ausentes de las grandes luchas que forja- ban una nueva naci6n, continuaron viviendo sim- plemente como si nada ocurriera. En la atraccién de esta fuerza social a su causa, Espana puso en juego una politica de caracter in- 1106…

p. 23
02Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 57, 742 fragmentos
[2]

propiedad privada. Esta disposicion, referente a la poblacién indige- na, lejos de realizarse en los términos dispuestos en 1821, se convirtid en Ultima instancia en una enajenacion de las tierras comunales que pasaron a manos de particulares y no propiamente a las de la comunidad indigena. Dada la persistencia de la…

p. 74
[62]

se apresuré a despachar con caracter urgente a su edecan Daniel Florencio O'Leary con instrucciones precisas, a fin de que calmara al general Paez mientras él mismo se dirigia a Caracas. Cabe senalar en este punto que el general José Antonio Paez ya habia propuesto al Libertador que imitara a Napoleon y estableciera…

p. 57
03Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 2561 fragmento
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valiera la pena a los resguardos de los indígenas 277, base de su peculiar organización social —en la medida en que ella subsistía— pero la tendencia era a buscar más y más su asimilación al resto de los habitantes. A ello tendió, entre otras medidas, la supresión de la capitación. La libertad de los hijos de los…

p. 256
04Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1621 fragmento
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tierra de hacienda, además de vivienda y / o comida. 2. Concierto forzoso. El fin de la esclavitud hizo nacer otro concierto que resultó forzoso, aunque teóricamente pudiera verse como una forma de trabajo libre. La ley del 21 de julio de 1821 que dispuso la libertad de vientres (los hijos de esclavos nacidos a partir…

p. 162
05Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 341, 344, 6993 fragmentos
[5]

razón respecto de la escasez de la renta asignada a los fondos de manumisión, con lo cual era imposible cumplir la tarea en los 30 años previstos por los legisladores más optimistas para la extinción gradual de la esclavitud. Es probable que, en el fondo, se jugó la suerte de los esclavos a otras estrategias…

p. 341
[13]

miembro de un noble cuerpo al que perte - nece. Por esas relaciones estáis obligados a someteros y respetar las leyes que os protegen con tanta generosidad, a obedecer a los magistrados, en quienes deposita la República la autoridad de hacerlas observar y cumplir; y en fin, a llenar los deberes de los verdaderos…

p. 344
[30]

completas, tomo V. Bucaramanga: FICA, 2008. Bolívar, Simón. “Carta del Libertador presidente al general Francisco de Paula Santander. Ibarra, 8 de octubre de 1826”. En Obras completas, tomo V. Bucaramanga: FICA, 2008. Bolívar, Simón. “Carta del Libertador presidente al general Francisco de Paula Santander. Pasto, 14…

p. 699
06Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 170, 3742 fragmentos
[6]

He liberated his own slaves, first on condition of military service in 1814, when about fifteen accepted, then unconditionally in 1821 when over a hundred profited. 17 Few hacendados followed his example. Bolívar continued to argue that the creole rulers and property-owners must accept the implications of the…

p. 170
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Prudencio 147–8, 229, 234–5, 241, 242 Páez, José Antonio and Bolívar 203, 243, 262, 300–1 and Carabobo 139–40 land policy 114, 147, 150, 157–8 in llanos 98, 113–14, 125–7, 133 on race 149 rebellion of 218, 219, 220–5, 233, 285, 295, 298 secession 266–9, 272 Paine, Thomas 32, 36 Palacios, Carlos 16, 17–18, 20–1…

p. 374
07Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 66, 1722 fragmentos
[7]

hubieran nacido después de 1821. Normalmente los amos habían practicado desde la Colonia el sistema de manumitir esclavos por decisión personal, pero en escala reducida. En la Colonia, por otra parte, los esclavos trabajaban en sus charcas o cascajeros de oro, con cuyos ingresos podían acumular el valor de su…

p. 172
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consecuencia de la ocupación del trono español por uno de los Borbones, el asiento pasó por unos años a los franceses, nuevos aliados dinásticos. La subsiguiente guerra de sucesión, que duró hasta 1713, no solo arrebató a España sus posesiones europeas, en Italia y los Países Bajos, sino que, por el tratado de…

p. 66
0830 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 791 fragmento
[8]

de la verdadera Libertad! CAPÍTULO 10 La piel no tiene color José Hilario López fue presidente en 1850, resultado de una elección disputada. En mayo de 1851, sancionó la ley sobre libertad de los esclavos con la cual puso fin a esta institución inicua. En sus memorias, Salvador Camacho Roldán estimaba que “Las…

p. 79
09Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 83, 98, 1546 fragmentos
[9]

los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…

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los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…

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de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…

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de la dificultad que se presentó en la recluta de arrendatarios indígenas y mestizos, de su ínfima productividad cuando eran sojuzgados y de la fortaleza de la organización indígena que en algunos casos se prolongaría hasta el presente. El esclavismo, de otra parte, dominaba en las actividades mi- neras del Pacífico,…

p. 83
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(p. 199), o sea, el ge- neral cuidaba un poco más su capital esclavista, representado en vientres, que a los propios esclavos. Es interesante anotar que como la región se encuentra relativamente aislada de los circui- tos comerciales mundiales, el trabajo necesario es ejecutado por los mismos esclavos en sus lotes de…

p. 154
[49]

(p. 199), o sea, el ge- neral cuidaba un poco más su capital esclavista, representado en vientres, que a los propios esclavos. Es interesante anotar que como la región se encuentra relativamente aislada de los circui- tos comerciales mundiales, el trabajo necesario es ejecutado por los mismos esclavos en sus lotes de…

p. 154
10Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2791 fragmento
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abolición, con indemnización. Pero solo desde cuando el Estado garantizara el pago de los esclavos que iban a ser liberados. Aprobaron la ley de manumisión, (liberación), que entró en vigencia el 1° de enero de 1852. Cerca de 17.000 esclavos ganaron el derecho a la libertad; ese día se celebró en todo el país. Los…

p. 279
11Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 99, 1152 fragmentos
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escribano y las manumisiones de hecho de- bían ser muy raras.. Muchos de los esclavos manumitidos en Popayán debíánestar dedica- dos a servicios domésticos, aunque en algunos éasos se menciona expresa- mente que trabajaban en minas y en haciendas. En este último caso casi siempre los esclavos aparecen pagando por su…

p. 99
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los esclavos, ge- neralmente un solar o un pedazo de tierra 10 • La marquesa de San Miguel de la Vega agregó a su liberalidad con el esclavo sacristán 200 patacones para que comprara géneros e instalara una tienda en uno de los locales.de su casa en la plaza mayor. Además, se obligaba a darle de comer «como hasta aquí…

p. 115
12Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 48, 962 fragmentos
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ancho de los siglos las transformaciones de la sociedad colonial, según la presencia o la ausencia de quienes llegaron a trabajar tanto en las minas y el servicio doméstico como en las estancias y el mundo urbano 38. La superposición de estos instru- mentos públicos y las testamentarías, las cartas, los registros de…

p. 96
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haciendas del Valle del Cauca se encontraba el 60% de los 16.500 esclavos manumitidos en 1851. La ventaja estructural de la sociedad esclavista caucana frente a la cartagenera radicó en la existencia del complejo mina-hacien- da que, aparte de lo ya señalado sobre su funcionamiento, permitía la relocalización de la…

p. 48
13Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1001 fragmento
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los esclavos fue la posibilidad de autocom pra, pues la m anum isión por los am os fue m enos frecuente que esta. A dem ás, m uchos de los esclavos liberados por sus am os lo fueron por razones personales, que poco tenían que ver con el precio o el valor económico. M uchos de los liberados eran esclavas, frecuentem…

p. 100
14Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 3, 54 fragmentos
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27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
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se detallan algunos de los apartados Historia de la revolución reunidos en los apéndices de los distintos volúmenes, en los cuales ofrece descripciones y datos de las EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:27:52 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…

p. 5
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impresión de la ausencia de lazos con una tradición de escritura anterior. Estos trabajos expresan un movimiento de regeneración intelectual, tal como se puede desprender de una obra como la de José Manuel Restrepo. La historia tradicional tenía ante sí las dificultades de representar unos contenidos culturales,…

p. 3
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la formalización de los dos partidos políticos predominantes en el espectro político colombiano se dio a mediados del siglo. Esta situación se consolidó en torno a las discusiones XIX sobre temas como los modelos administrativos y económicos que debía aplicar la República naciente, la caracterización de las fuerzas…

p. 3
15El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 2341 fragmento
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la vida y en las institucio- nes coloniales no hubiese residuos feudales y medievales o que la 235 Eí ndicersdita óaíarfseia di dí csoía psp § El liberalismo como ideología de lucha por la independencia política La adopción de la idea liberal del Estado resultaba casi in- evitable para los americanos. Era no sólo el…

p. 234
16La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1061 fragmento
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que toma casi todo el siglo XIX. En el fondo, tanto las constituciones como los conflictos r e flejan las inconsistencias implícitas en el injerto de la utopía liberal, que en estas tierras americanas, a través del diafra g ma interpretativo de las clases dirigentes, deja- 07 D e la subversión y la finali D a D…

p. 106
17Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1551 fragmento
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Gamba hace hincapié en esto al final de su obra. Modán, príncipe que asume el poder tras la muerte de Aquimen, luego de trabarse en un duelo feroz con Suárez Rendón, ya herido de muerte quiso legar el último presente a su pueblo: “tres siglos correrán de ingrato nombre,/ Fanatismo, terror, infamia y pena,/ Atado el…

p. 155
18Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 49, 522 fragmentos
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americanos como una parte diferente de los vasallos legítimos de un “cuerpo nacional” hispano, que Torres menciona. Entre estos, puede seguirse la compleja cuestión de la representación de los americanos a las Cortes, debatida en España en 1812. Momentáneamente, mientras se buscaba la alianza de los criollos contra la…

p. 52
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muerte” y a la idea medieval del derecho a rebelarse contra las autoridades tiránicas se añade la visión filosófica ilustrada de los defensores de la Independencia: la existencia general de un derecho humano a la insurrección. Esta fue expresada con claridad en un texto publicado en El Correo del Orinoco, en 1820 (n.°…

p. 49
19La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 164, 172, 1753 fragmentos
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Bolívar, de no precipitarse el último de sus conflictos con Montilla, cuyo comienzo estuvo en la trifulca del bar Matosi. El terrible problema, en el que quizá no puso mientes Padilla, fue el de que, en medio de las gravísimas circunstancias por las que atravesaba Bolívar –el desmoronamiento de sus ambiciones, su…

p. 164
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de tan altos méritos guerreros e infinita capacidad para el sacrificio, de tan vasta ilustración y talento para la escritura, podía, con la misma pasión que lo hacía todo, escribir cartas ofensivas sobre negros y mulatos, y organizar el sacrificio de Padilla en la forma como lo hizo, habría que acudir, tal vez, y esto…

p. 172
[34]

un hecho que hoy nadie duda que, en el atentado de la noche del 25 de septiembre, no solo no tuvo parte (Padilla), sino que no supo lo que pasaba ni la causa, hasta que su prisión fue invadida”. Y en relación con los sucesos de Cartagena, es también muy claro en decir que en los acontecimientos de marzo en Cartagena,…

p. 175
20Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 132, 1892 fragmentos
[28]

culture of the times. Regardless of the witnesses' veracity, they had to build on the available political imaginary. Both pardos and whites used the language of race war to express social and political tensions. One witness reported having overheard someone in a grotrp of five to six persons, "whose clothes reveal…

p. 132
[29]

desenlace de tales sucesos no puede haber sido mds feliz, y nos ha evitado que Padilla se pusiera al frente de los pardos porque 6l es un negro (Jos6 Manuel Re. strepo, Diarto polittco y militar, r: 375); Sim6n Bolivar to General Pedro Bricefro M6ndez, Sativi, Mar. 24, rBzB, in O'Leary, Munortas, z9: rB9. rrz. Sim6n…

p. 189
21Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 2851 fragmento
[32]

soldados, «de siete años arriba no dexasen vivo a nadie». Este capuchino «en sus modales y palabras parecia mas bien Capitan de vandoleros que religioso de San Francisco». Despues de lo cual, «otro sacerdote, el doctor don Juan Antonio Roxas que estaba presente, horrorizado de oir tan atroz consejo para disipar…

p. 285
22Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 2851 fragmento
[33]

soldados, «de siete años arriba no dexasen vivo a nadie». Este capuchino «en sus modales y palabras parecia mas bien Capitan de vandoleros que religioso de San Francisco». Despues de lo cual, «otro sacerdote, el doctor don Juan Antonio Roxas que estaba presente, horrorizado de oir tan atroz consejo para disipar…

p. 285
23Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 217, 3732 fragmentos
[35]

Moreover, by announcing that he would use his sword to defend the equal rights and full integration of the pardo class at all levels, Padilla formu- lated the very scenario that, since the late s, colonial and early inde- pendent authorities had predicted would transform Caribbean New Gra- nada into another Haiti.…

p. 217
[38]

103; and cities, 93; and gracias al sacar, 93; and racial categories, 94; and carnivals and fiestas, 98; and suffrage, 126; and indepen- dence, 127, 134; and education, 164; population of, 167; and republican policies, 180–84; and Montilla, 199, 200; dispensations for, 282 (n. 49) Múnera, Alfonso, 4, 6, 12 Munive,…

p. 373
24Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 217, 3732 fragmentos
[36]

Moreover, by announcing that he would use his sword to defend the equal rights and full integration of the pardo class at all levels, Padilla formu- lated the very scenario that, since the late s, colonial and early inde- pendent authorities had predicted would transform Caribbean New Gra- nada into another Haiti.…

p. 217
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103; and cities, 93; and gracias al sacar, 93; and racial categories, 94; and carnivals and fiestas, 98; and suffrage, 126; and indepen- dence, 127, 134; and education, 164; population of, 167; and republican policies, 180–84; and Montilla, 199, 200; dispensations for, 282 (n. 49) Múnera, Alfonso, 4, 6, 12 Munive,…

p. 373
25Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 901 fragmento
[40]

í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…

p. 90
26Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1431 fragmento
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de una élite, que se identificaba fácilmente entre sí, hacia los blancos pobres. Con todas las complejidades que pueden resultar de un examen somero de las designacio- nes raciales que proceden de los documentos de la época, el problema resulta incomparable- mente mayor si se trata de establecer las actitu- des y la…

p. 143
27Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1001 fragmento
[44]

el fin del siglo xviii. Según un censo de minas y esclavos hecho en el año de 1759, había en el Chocó 63 minas y otros tantos propietarios que poseían 4.216 esclavos. En el año de 1788 había 18.496 esclavos en el Chocó, Antioquia y Popayán, de acuerdo con la relación de mando del arzobispo virrey, Caballero y Góngora,…

p. 100
28Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 3471 fragmento
[45]

contaba con 600 esclavos importa - dos y en 1782 los negros ya representaban casi el 75 % de la población en el Chocó, de un total aproximado de 35. 000, mientras los blancos constituían apenas el 2 %, y el resto los indígenas. Los blancos eran dueños o supervisores de las minas, oficiales de la Corona, curas o…

p. 347
29Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2541 fragmento
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sido muy semejantes a los del valle del Magdalena. En el curso del siglo xvii domin ó en el valle del Cauca el latifundio 266 LA ECONOM Í A Y LA SOCIEDAD COLONIALES, 1550-1800 ganadero con propietarios que resid í an en las ciudades de; Cali, Buga, Caloto y Popay á n. El surgimiento de una nueva frontera mi nera en el…

p. 254
30Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 781 fragmento
[51]

conocimientos especialmente valo- rados por los amos eran los de los carpinteros, las parteras y los curanderos de picaduras de víboras. Las cuadrillas mineras llegaron a estar conformadas hasta por varios cientos de esclavos, aunque lo normal era que el tamaño de una cuadrilla oscilara entre los 50 y los 200…

p. 78
31Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 641 fragmento
[53]

Granada native son Caldas had celebrated for refusing the honors the Bona- parte regime would have bestowed upon him in occupied Madrid. Among the “many other learned and valuable personages” that were executed was, of course, Francisco José de Caldas. 41 News of Morillo’s sanguinary tactics and actions was…

p. 64
32Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 351 fragmento
[54]

pedido la reforma de la Constitución y era su deber patrocinarla. Esta nueva "Constitución de la República de Cundinamarca, reformada por él Serenísimo Colegio Revisor Electoral", publicada en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, por don Nicomedes Lora, repitió con mejor redacción castellana, lo dicho…

p. 35
33The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 255, 258, 3423 fragmentos
[55]

Grusin, “The Revolution of 1848 in Colombia.” For the democratic societies, see Colmenares, Partidos politícos y clases sociales; Escobar Rodríguez, La revolución liberal y la pro- testa del artesanado; Sowell, The Early Colombian Labor Movement; and Aguilera Pena and Vega Cantor, Ideal democrático y revuelta popular.…

p. 255
[56]

May 1851, AGN, Gobernaciones (Santa Marta), 31:939–43; Urrutia, The Development of the Colombian Labor Movement, 23. 93. Colombia, Historia electoral colombiana, 114. 94. Goenaga, Lecturas locales, 213; quoted from Regaile to Dávila, Santa Marta, 16 July 1849, AGN, Gobernaciones (Santa Marta), 28:533; see also…

p. 258
[57]

narratives of, 41; Reclus on, 50; José María Samper on, 112–13; Obeso on, 121, 122, 130; and civil marriage, 150; Jiménez López on, 222 Race war: and civil war of 1859–62, 64–68 Racial difference: and citizenship, 2, 9; and national unity, 3; and posteman- cipation civil equality, 9–10, 36–37; historicizing race,…

p. 342
34La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 245, 2602 fragmentos
[58]

España, de quienes sospechaba que aplicaban una táctica taimada: apostaban a que el régimen de Santander degenerara en un caos total, para que España pudiera adue - ñarse otra vez de Colombia sin esfuerzo. En la madrugada del 26 de septiembre se produjeron varias detencio - nes, pues los principales conspiradores eran…

p. 245
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poco después del atentado a Bolívar, se produjo una revuelta en el sudeste. Lideraba el movimiento el coronel 267 Sytze van der Veen José María Obando, que estaba en comunicación con los santanderistas en Bogotá. Hacia finales de año, Bolívar partió rumbo a la zona rebelde para imponer el orden. No solo Obando…

p. 260
35El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 172 fragmentos
[59]

Sin contar a gobernadores y alcaldes presos “uribistas”. No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las importantes revelaciones hechas en este libro por Hernando Calvo Ospina, sobre los mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o mediano plazo confirmadas por los propios…

p. 17
[61]

Sin contar a gobernadores y alcaldes presos “uribistas”. No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las importantes revelaciones hechas en este libro por Hernando Calvo Ospina, sobre los mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o mediano plazo confirmadas por los propios…

p. 17
36Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 521 fragmento
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en la cual la con- ducta legalista del segundo no fue bien aceptada por el Libertador. O como el rechazo que San- tander hizo de la rebeldía de Páez en 1826, al desconocer la autoridad granadina, conducta que no fue condenada por Bolívar, lo que desa- gradó profundamente al mandatario cucuteño. O como la simpatía que…

p. 52
37La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 389, 4082 fragmentos
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La primera estrategia implementada por Santander comenzó en el Senado, ante el cual presentó algunas observaciones contra el decreto que establecía el periodo en el que debía hacerse el escrutinio de las elecciones de presidente y vicepresidente. Santander le solicitó al Senado que dicho escrutinio se hiciera en el…

p. 389
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sea perpetua, es el sistema que reclama la opinión nacional, a pesar que ciertamente carecemos de algunos pocos elementos para igualarnos a otros pueblos. […] Dejo consignados en estas pocas líneas mis principios como ciudadano, y mis deseos como Elector. Mis comitentes serán instruidos oportunamente de la manera con…

p. 408