Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Ensayo · Prehispánico · antes de 1499

La sociedad muisca en vísperas de la Conquista

Los muiscas construyeron una arquitectura política, ritual y económica que integraba calendario lunar, sacerdocio institucionalizado, tributo cacical y cosmología hidrológica. Paradójicamente, esa densidad institucional y su incipiente centralización proto-estatal operaron como vulnerabilidad ante la conquista española de 1537.

17 min de lectura3.672 palabras42 documentos93 fragmentos
La sociedad muisca en vísperas de la Conquista
Actualizado 23 de julio de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El sistema muisca era una arquitectura integrada en la que el calendario lunar sincronizaba la siembra, el tributo, la fiesta y el sacrificio, de modo que la imposición del calendario juliano no fue un cambio neutro sino la destrucción de la matriz que sostenía la economía cacical. El sacerdocio de los jeques, formado en seminarios de reclusión y ayuno, constituía un sistema institucionalizado de saber que las autoridades coloniales reconocieron como adversario formal, no como superstición difusa. La cosmología hidrológica que depositaba oro en las lagunas expresaba una relación ritual con el agua como fuente de fertilidad, y su reducción a economía aurífera por parte de los conquistadores inauguró una lógica extractiva que el Estado colombiano reeditó durante cuatro siglos. La proto-centralización muisca —un experimento inestable sostenido por capitanías con fuerza centrífuga y cacicazgos aún no consolidados— facilitó la captura de sus élites dirigentes sin que la sociedad entera pudiera dispersarse y resistir como lo hicieron sociedades menos jerarquizadas.

La tensión

La historiografía oscila entre dos polos irreconciliables: quienes, siguiendo a cronistas tempranos, leen en los zipazgos y zacazgos embriones de Estado comparables al Tahuantinsuyo, y quienes, con la arqueología revisionista, los reducen a cacicazgos simples sin centralización real. Langebaek sostiene que el poder cacical se manifestaba sobre todo en fiestas ceremoniales y que la vida cotidiana atenuaba toda noción de dominación de élite, mientras Fals Borda los describe como sociedad en transición desde lo áylico hacia un estado central incipiente. El debate sobre el sacerdocio reproduce la misma tensión: llamar chamanes a los jeques implica autoridad carismática e individual; llamarlos clero implica institución con dogma y jerarquía supralocal. Ninguna etiqueta encaja, y la zona de ambigüedad es precisamente lo que explica tanto la persistencia clandestina del culto tras la evangelización superficial como la ferocidad de la persecución colonial. Finalmente, la pregunta sobre si la receptividad muisca al cambio fue debilidad cultural o trampa de una sociedad demasiado ordenada para dispersarse enfrenta la evidencia de que pijaos y motilones, menos jerarquizados, resistieron durante más tiempo, sin que ello implique superioridad cultural sino distinta vulnerabilidad estructural.

Temas
Calendario muisca y régimen agrario-tributarioSacerdocio jeque y sincretismo colonialCosmología hidrológica y extractivismo auríferoProto-centralización cacical y vulnerabilidad ante la ConquistaEconomía no monetaria, tributo y redes de intercambio prehispánicas
02

Ensayo completo

La lectura

¿Qué clase de sociedad era la que Gonzalo Jiménez de Quesada encontró en marzo de 1537 al coronar las montañas del Opón? Ni el imperio andino en miniatura que imaginaron los primeros cronistas ni la aldea acéfala que a veces sugiere la arqueología revisionista. Entre el año 1000 y la llegada de los españoles, las sociedades que ocupaban la sabana de Bogotá, el valle de Tunja y las tierras de Sogamoso construyeron una arquitectura política, ritual y económica capaz de sostener a decenas de miles de personas en un espacio ecológicamente acotado, y suficientemente legible para que un puñado de forasteros pudiera capturarla sin conquistarla del todo. ¿Por qué esa densidad institucional —calendario ceñido a la agricultura, sacerdocio formado en seminarios, tributo cacical, culto a las lagunas— se volvió, en 1537, más una debilidad que una defensa? ¿Y por qué su desmontaje inauguró una lógica extractiva que el Estado colombiano seguiría reeditando durante cuatro siglos?

Preguntar cómo se articulaban entre sí la cosmología, el calendario, la agricultura, el tributo y el saber sacerdotal muiscas no es un ejercicio de anticuario. De la respuesta dependen cuestiones incómodas: si la Conquista del altiplano fue el choque de una civilización con una horda o el desmontaje planificado de un sistema institucional coherente; si la relativa docilidad muisca ante los invasores expresó debilidad cultural o, al contrario, la trampa de una sociedad demasiado ordenada para dispersarse; si el saqueo de la orfebrería y el vaciado de las lagunas fueron episodios cerrados en el siglo XVI o el primer capítulo de una relación extractiva que el republicanismo no supo o no quiso interrumpir. Detrás de la ceremonia de El Dorado hay una cosmología hidrológica; detrás del tributo colonial hay capitanías prehispánicas; detrás del confesionario en lengua chibcha hay un sacerdocio que las autoridades españolas consideraban, con razón, más peligroso que los hechiceros del Perú.

¿Reinos, cacicazgos o algo más incómodo?

El territorio muisca estaba organizado en torno a dos formaciones políticas mayores que los cronistas asimilaron apresuradamente a "reinos": la del Zipa, con sede en Hunza —la Funza actual, no la Tunja moderna—, y la del Zaque, con sede en Tunja. Llamarlos Estados es forzar el vocabulario; llamarlos simples confederaciones tribales lo empobrece. La arqueología reciente los describe como cacicazgos en trayectoria de centralización, resultado de campañas de expansión aún inconclusas hacia 1537. Nemequene y Tisquesusa por el sur, los zaques de Hunza por el norte, habían sometido a decenas de comunidades sin haber terminado el trabajo: cuando llegaron los españoles, los cacicazgos de Tundama en Duitama, de Sáchica, Sogamoso, Tinjacá y Guachetá seguían siendo semi-independientes, con relaciones ambiguas o disputadas frente a los grandes señores.

Por debajo del zipa y del zaque descendía una jerarquía de caciques y uzaques locales, y por debajo de estos los capitanes que encabezaban las capitanías, la unidad social básica del altiplano. Esa cadena no era rígida: los capitanes conservaban una fuerza centrífuga considerable y, ante disensiones internas, podían separarse de un cacicazgo y trasladarse con toda su gente a otro repartimiento. Carl Henrik Langebaek ha insistido en que el poder cacical se manifestaba sobre todo en las grandes fiestas ceremoniales, mientras la vida cotidiana atenuaba toda noción de dominación de una élite; los muiscas alternaban centralización y descentralización según los ritmos del calendario ritual y de la política interna.

La observación es decisiva. La proto-centralización muisca no era el resultado inevitable de una evolución hacia el Estado sino un experimento inestable, sostenido por instituciones frágiles y por una base de recursos permanentes que el altiplano ofrecía y las vertientes negaban a otros cacicazgos como el tairona. Orlando Fals Borda describió a los chibchas como una sociedad en transición desde el orden tribal —lo que llamó lo áylico— hacia un estado central incipiente, con estratificación social apenas esbozada y jerarquías entre uzaques y capitanes que no habían alcanzado la complejidad incaica. La descripción, anclada en un vocabulario de época, capta bien la textura del asunto: los muiscas eran una sociedad en camino, no una llegada.

¿Qué significaba medir el tiempo en el altiplano?

De todos los engranajes de esa arquitectura, el más subestimado por la historiografía tradicional es probablemente el calendario. Cuando el sacerdote criollo José Domingo Duquesne redactó a fines del siglo XVIII sus disertaciones sobre el calendario y los jeroglíficos muiscas, propuso una hipótesis que aún hoy conserva vigor: los nombres de los números chibchas estaban vinculados a las fases de la luna y a las faenas agrícolas y de culto. La astronomía, la meteorología y el calendario muiscas se habían desarrollado como saberes prácticos, hijos de la observación campesina y de la necesidad ritual de fijar cuándo sembrar el maíz, cuándo cosecharlo, cuándo pagar tributo al cacique y cuándo celebrar los sacrificios que aseguraban el ciclo siguiente.

El complejo de columnas de piedra conocido como El Infiernito, en el valle de Villa de Leyva, es el testimonio material más elocuente de esa integración. Los doctrineros españoles lo consideraron lugar diabólico y comenzaron su destrucción en el siglo XVI —una destrucción que continuó hasta épocas recientes, con columnas incorporadas en construcciones campesinas y urbanas—, precisamente porque intuyeron lo que era: un observatorio, un dispositivo de sincronización entre el cielo y la faena. Otras columnas similares se reportan cerca de Tunja, Ramiriquí y Tibaná, señales de una red ritual-calendárica repartida por el altiplano.

De aquí se sigue una tesis fuerte: la imposición del calendario juliano por parte de los colonizadores no fue un cambio administrativo neutro. Fue la sustitución de la matriz temporal que sincronizaba la siembra, la cosecha, el tributo, la fiesta y el sacrificio. Cuando los jeques dejaron de marcar los ciclos, cuando el ciclo lunar dejó de gobernar la faena, cuando las columnas de El Infiernito cayeron o se reutilizaron para muros de corral, se desmontó algo más que una superstición: se rompió el sistema métrico que había permitido a los caciques legitimar tributos, convocar trabajos comunales y organizar mercados periódicos. La economía cacical no sobrevivió al calendario colonial porque nunca había estado separada de él.

¿Chamanes o clero? El problema del sacerdocio muisca

El segundo engranaje mayor era el sacerdocio, y aquí la nomenclatura importa. Llamar chamanes a los jeques —o chuques, según la variante dialectal— sugiere una figura solitaria, carismática, que accede al saber por vocación individual y por trance; llamarlos clero evoca una institución con reglas, jerarquía y disciplina doctrinal. Ninguna de las dos etiquetas encaja del todo, y la zona de ambigüedad entre ellas es precisamente lo que hace difícil pensar el fenómeno.

Del lado del clero: los jeques se formaban en un régimen institucional de reclusión que los cronistas asimilaron a un "seminario", con años de encierro, ayuno riguroso, estudio religioso y ejercicios esotéricos como condición para acceder al cargo. Había lugares reconocibles de formación, técnicas de transmisión, un cuerpo diferenciado de especialistas. Del lado del chamán: la práctica ritual incluía trance, manejo de alucinógenos, contacto directo con lo sagrado a través del cuerpo del oficiante, y la autoridad de cada jeque dependía tanto de su reputación como de su ordenación. No había, hasta donde puede saberse, un dogma unificado, ni una jerarquía sacerdotal supralocal equiparable a la incaica, ni una separación tajante entre el especialista religioso y el curandero.

La tensión no se resuelve porque los propios muiscas no la vivían como tensión. Un jeque podía formarse durante años en un régimen cuasi-monástico y ejercer luego en una comunidad pequeña, ligado al cacique local por vínculos personales y a la vez portador de un saber que lo excedía. La autoridad que se derivaba de ese doble estatuto competía o se articulaba con la del cacique según los momentos, sin que hubiera reglas fijas de precedencia. Los cronistas, formados en la distinción católica entre clero regular y clero secular, describieron lo que reconocían —el seminario, el ayuno, la reclusión— y omitieron lo que no cabía en su rejilla. La historiografía posterior, oscilando entre el modelo amazónico del chamán y el modelo andino del sacerdocio estatal, ha reproducido en negativo esa incomodidad.

Que este sacerdocio fuera un sistema formal, y no una constelación difusa de curanderos, explica la ferocidad con que las autoridades coloniales lo persiguieron. Pedro de Aguado atribuyó a mohanes y jeques la incitación de las revueltas de los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles. El arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero, en 1606, afirmó que los jeques eran más perjudiciales que los hechiceros del Perú, y no era retórica: reconocía a un adversario institucional. Los confesionarios coloniales en lengua mosca-chibcha del siglo XVII, redactados para uso de los doctrineros, interrogaban minuciosamente a los indígenas sobre las ofrendas hechas a los santuarios —mantas, pepitas de algodón, esmeraldas, oro, cuentas. La confesión y, cuando ella fallaba, la tortura, fueron los instrumentos con que se localizaron y despojaron los santuarios.

De aquí una segunda tesis: el sincretismo religioso colonial no fue una improvisación popular. Fue el encuentro entre dos sistemas institucionalizados de saber, cada uno con sus especialistas formados, sus lugares de transmisión, sus técnicas de interrogación del mundo. Que los jeques operaran en la clandestinidad y que a fines del siglo XVI, tras una campaña de predicación en Fontibón, se recogieran y quemaran más de tres mil imágenes de los antiguos dioses guardadas en las casas indígenas, muestra la persistencia estructural del sacerdocio muisca. La evangelización inicial fue superficial precisamente porque enfrentaba no una masa supersticiosa sino una casta ritual con métodos propios de reproducción.

¿Por qué el oro iba a las lagunas?

El panteón muisca —Chiminigagua, Bachué asociada a la luna, Bochica al sol, Chibchacum como dios protector, y otras divinidades menores ligadas a actividades específicas— se articulaba con una geografía sagrada donde el agua tenía un papel central. La laguna de Iguaque era el lugar del origen mítico del primer hombre; a las lagunas del altiplano —Guatavita, Fúquene, Tota— se les rendía culto de fertilidad; las cumbres de Monserrate y Guadalupe eran veneradas como ejes del sol. El altiplano no era un escenario neutro donde ocurría la vida ritual: era, él mismo, la geografía del mito.

Esta cosmología hidrológica tiene una lógica material. Los páramos del altiplano funcionan como colchones de musgo donde nacen los ríos que descienden al Magdalena; el agua estructura la agricultura, marca los ciclos, define las fronteras de los cacicazgos. Que las lagunas fueran depositarias de ofrendas de oro y esmeraldas no era una excentricidad exótica: era el reconocimiento ritual de que el agua era la fuente última de la fertilidad. La ceremonia del cacique dorado en Guatavita —confirmada materialmente por la balsa hallada en Siecha, con sus figuras humanas jerarquizadas alrededor del cacique— era una devolución simbólica de la riqueza al principio que la hacía posible.

El malentendido español fue tan tosco como consecuencial: leyó economía aurífera donde había cosmología hidrológica. Reducidas las lagunas a depósitos de metal, se inauguró una relación con el paisaje muisca que aún dura. Todavía en pleno siglo XX la Gobernación de Cundinamarca otorgaba títulos mineros sobre terrenos que incluían la laguna de Guatavita, y los arqueólogos debían impugnarlos en defensa de las reliquias: cuatro siglos después de Quesada persistía la misma reducción cognitiva. La cosmología muisca del agua no podía sobrevivir intacta a una lectura que sólo veía el metal disuelto en el fondo.

¿Cómo funcionaba una economía sin moneda?

La economía muisca era no monetaria pero no primitiva. Se basaba en el trueque y en redes de intercambio a larga distancia, con mercados que se celebraban cada cuatro días en los principales centros y que articulaban la especialización regional. Ninguna mercancía llegó a ser plenamente moneda, pero las mantas de algodón —que los muiscas no cultivaban, sino que obtenían del valle del Magdalena— se aproximaron a un patrón de medida de valor, aunque su heterogeneidad, con las mantas chingas menos elaboradas, impedía la homogeneización propia del dinero.

Sobre esta base circulaban los productos estratégicos. La sal de Zipaquirá, controlada por el Zipa, alcanzaba comercialmente hasta Neiva y a lo largo del Magdalena. Las esmeraldas de las minas de Somondoco, controladas por el Zaque, obligaban al propio Zipa a obtenerlas por intercambio, pues carecía de ellas en sus dominios. El oro, curiosamente, no lo extraía ningún muisca: su territorio no lo producía, y llegaba desde el valle del Magdalena a cambio de sal, esmeraldas, coca y mantas. La orfebrería muisca —figuritas planas, adornos, tunjos con representaciones humanas provistas de poporo, propulsor y bandeja para alucinógenos— trabajaba oro que había recorrido cientos de kilómetros. La aleación característica, la tumbaga de oro y cobre, con métodos de dorado por amalgama y aplicación de placas mediante cera perdida, era prueba de una pericia técnica que Paul Rivet defendió como marca de identidad muisca, aunque la narrativa museística posterior tendería a matizarla para reterritorializar el mito de El Dorado en Colombia.

El tributo articulaba el sistema. Los capitanes recogían de sus comunidades para el cacique; el cacique redistribuía en fiestas ceremoniales que reafirmaban su autoridad; el zipa y el zaque, en la cúspide, disponían de un excedente que se materializaba en mantas, oro trabajado y ofrendas rituales. El flujo tenía un componente redistributivo evidente: los documentos del siglo XVI registran el apego muisca por objetos suntuarios —textiles, oro, caracoles marinos— pero escasas referencias a propiedad privada de tierras o control económico de mano de obra en el sentido colonial posterior. La desigualdad muisca existía, pero no operaba con las categorías con que operaría la encomienda.

¿Cómo se captura una sociedad con 170 hombres?

La expedición de Quesada salió de Santa Marta a comienzos de abril de 1536, dentro de la empresa mayor de Pedro Fernández de Lugo, que reunió más de mil personas entre tropa terrestre y bergantines por el Magdalena. Casi un año después, en los primeros días de marzo de 1537, entre 170 y 179 sobrevivientes cruzaron las montañas del Opón con 30 caballos y alcanzaron el altiplano. El 20 de agosto de ese año Quesada capturó al zaque Quemuenchatocha en Tunja y obtuvo un botín registrado por el libro oficial de la expedición en 136.000 pesos de oro fino, 14.000 de oro bajo y 280 esmeraldas; el 4 de septiembre siguiente sumó el botín del valle de Sogamoso. La expedición fue, según estimaciones posteriores, quizás la segunda más rentable del siglo XVI después de la de Pizarro en el Perú.

Que 170 hombres y 30 caballos sometieran a la densa población muisca del altiplano ha sido explicado tradicionalmente por la superioridad de armas y caballería. Es una respuesta insuficiente. La que el propio funcionamiento del sistema muisca sugiere es más interesante y más incómoda: la sociedad muisca fue capturada, más que conquistada, porque era legible. Su jerarquía hereditaria permitía identificar a los sujetos cuya neutralización paralizaba el conjunto; sus santuarios eran localizables mediante interrogación; su sistema tributario ofrecía un andamiaje organizativo que los invasores podían utilizar sin construirlo de nuevo. Cuando Hernán Pérez de Quesada dio muerte al último zaque de Tunja y a los uzaques y capitanes viejos reunidos con ocasión del matrimonio de su señor, no cometió un exceso: aplicó la lógica del sistema.

La comparación con las tierras bajas es esclarecedora. Los pijaos del alto Magdalena, los motilones de la Sierra de Perijá, los grupos del valle medio del Cauca presentaban patrones políticos radicalmente distintos: caciques no permanentes, autoridad basada en reciprocidad más que en tributo obligatorio, multiplicidad de jefes locales sin nodo central. Los españoles denominaron "caribes" a muchos de estos grupos, con independencia de su origen étnico real, precisamente porque los identificaban por la resistencia. Sin punto de captura institucional, sin jefe cuya rendición implicara la del grupo, los pijaos, paeces y yalcones obligaron a disputar durante casi un siglo el territorio aledaño a Popayán. Los quimbayas del Quindío, más fragmentados en carrapas, pícaras y pozos, fueron presa fácil precisamente porque Robledo pudo aliarse con unos para atacar a otros, siguiendo el modelo de Cortés. Donde había legibilidad —muiscas, grupos cercanos a Pasto y Popayán—, hubo tributo colonial y supervivencia demográfica; donde había opacidad institucional, hubo guerra prolongada y exterminio.

Esta es la paradoja central. La proto-centralización muisca no fue una defensa que fracasó: fue una superficie de agarre. El ethos de receptividad —esa disposición ceremonial a integrar lo nuevo dentro de un orden cosmológico ancho, esa alternancia entre centralización y descentralización que Langebaek describe— hizo posible que un grupo minúsculo de forasteros se instalara como interlocutor legítimo del sistema, capturara sus nodos y desmontara su lógica desde dentro. Los pijaos, por no tener un centro, no tenían un cuello por donde ser estrangulados. Los muiscas sí. Pero el precio de la resistencia pijao fue la marginalización o la extinción; el precio de la captura muisca fue la supervivencia bajo un régimen que redefinió, empobreciéndolas, las categorías con que se organizaba la vida.

¿Cómo se desmonta un mundo?

Las décadas posteriores a 1537 muestran cómo se ejecutó operativamente esa captura. La primera misa en Teusaquillo, el 6 de agosto de 1538, marca la fundación simbólica de Santafé de Bogotá; al año siguiente, Gonzalo Suárez Rendón refundó Tunja sobre el sitio de la antigua Hunza, y Martín Galeano hizo lo propio en Vélez. La ciudad hispana se plantó sobre las capitales indígenas. La Catedral Primada, erigida en 1539, se ubicó según ciertas lecturas —discutibles pero sugerentes— en alineación con la geografía sagrada muisca, con Monserrate como eje solar visible desde la Plaza de Bolívar.

La encomienda aprovechó la estructura de las capitanías. Lo que se encomendaba no eran individuos sueltos sino grupos, y el cacique era el representante colectivo responsable de pagar el tributo. Caciques y capitanes fueron convertidos en agentes de la Corona, con privilegios y responsabilidades. Los encomenderos, sin embargo, no se limitaron al tributo en especie: utilizaron a los indios para el remo de canoas en el Magdalena, para el transporte de carga, para servicios personales que ninguna norma real logró suprimir. Las Leyes Nuevas de 1542, que limitaban las encomiendas a dos generaciones, fueron obedecidas formalmente pero no cumplidas: desde 1546 el Cabildo de Bogotá las acató en la forma y decidió no aplicarlas.

La política de congregación o poblamiento de indios, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, respondió a la caída demográfica indígena y buscó concentrar asentamientos dispersos para facilitar la instrucción religiosa y liberar tierras para las empresas agrícolas españolas. Paradójicamente, la concentración forzada empujó a muchos indígenas a abandonar sus núcleos habituales y dispersarse por el campo, alterando el patrón de asentamiento prehispánico. La cohesión externa de la sociedad chibcha se rompió: al apoyarse en las capitanías como unidades de encomienda, el régimen colonial desarticuló la jerarquía política que había hecho posible su captura inicial.

Desde al menos la década de 1560, las autoridades autorizaron la persecución de santuarios y la apropiación de sus ofrendas. Los confesionarios en lengua chibcha se convirtieron en instrumento de inteligencia religiosa; la tortura completó lo que la persuasión no lograba. La destrucción de El Infiernito continuó; las tres mil imágenes quemadas en Fontibón a fines del siglo XVI son sólo un episodio documentado de un proceso mucho más ancho. Sin calendario, sin santuarios, sin jeques operando en la luz, la matriz simbólica que había legitimado la autoridad cacical se disolvió, y los caciques mismos quedaron reducidos a intermediarios fiscales de un poder ajeno.

¿Por qué El Dorado nunca terminó?

El mito de El Dorado, que la ceremonia de Guatavita alimentó desde antes de la Conquista, sobrevivió a los muiscas con una vitalidad que sorprende. Impulsó expediciones coloniales hacia el oriente andino —el propio Quesada, ya anciano, salió con doscientos soldados hacia los llanos en su búsqueda—, articuló la cartografía imaginaria donde "Manoa", palabra achagua que significaba genéricamente "laguna", se convirtió en ciudad. La guaquería fue tan intensa desde época temprana que la Corona tuvo que reglamentarla, considerándola privilegio de los primeros pobladores; gran parte del oro extraído de sepulcros indígenas fue fundido en lingotes y enviado a Europa.

Lo que interesa aquí es la continuidad. Cuando en 1882 Liborio Zerda publicó en el Papel Periódico Ilustrado su texto "El Dorado", actualizaba el imaginario doradista para un público republicano. Cuando hacia 1910 un viajero visitó Guatavita y supo que había sido desaguada por una compañía inglesa pocos años antes, constataba que la reducción del santuario a mina no era pasado. Cuando a mediados del siglo XX se otorgaron todavía títulos mineros sobre la laguna, la República seguía leyendo la cosmología muisca como economía aurífera.

El debate geológico sobre el origen de la depresión de Guatavita —H. C. Raasveldt propuso un impacto meteorítico frente a otras hipótesis— es sintomático: cuatro siglos después de la Conquista, el sitio seguía siendo un objeto para las ciencias naturales y para las empresas mineras, no un lugar donde reconstruir el sentido que había tenido para quienes lo consagraron. La nación republicana ha administrado el patrimonio muisca sin haberse acabado de emancipar de la mirada que lo redujo a metal.

¿Vulnerabilidad o forma de supervivencia?

Queda entonces la pregunta más honda, y quizá no debe cerrarse: ¿fue la receptividad muisca —esa disposición cosmológica a integrar lo nuevo dentro de un orden ceremonial— realmente una vulnerabilidad, o fue una forma de supervivencia cuyo precio pagamos en la memoria pero cuyo beneficio se cobra todavía en los apellidos, las palabras y los cultivos con que el altiplano sigue reconociéndose?

La densidad institucional muisca hizo posible la captura de 1537. Y también hizo posible que, cuatro siglos y medio después, algo del sistema siga informando la vida de una región que nunca ha terminado de olvidarlo. Los jeques ya no marcan el ciclo lunar sobre las columnas de El Infiernito. Pero el agua que baja del páramo hacia el Magdalena, la sal que todavía se extrae en Zipaquirá y el maíz que sigue madurando en las mismas terrazas recuerdan que la matriz temporal y territorial que Quesada creyó desmontar en agosto de 1537 nunca fue del todo desmontable. Lo que capturó ese día no era una civilización terminada, ni una horda: era una sociedad en camino, sorprendida a medio construirse.

03

Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

42 documentos · 93 fragmentos de referencia
01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 752 fragmentos
[1]

en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…

p. 52
[49]

y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…

p. 75
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 28, 45, 523 fragmentos
[2]

El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…

p. 28
[57]

tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…

p. 45
[84]

autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…

p. 52
03Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 94, 1342 fragmentos
[3]

perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…

p. 94
[47]

la expedici ó n reducida ya a dos Centenares de hombres, vari ó su ruta dirigi é ndose a la cordi llera que se elevaba al oriente. Y, ciertamente, la vanguardia del ej é rcito enviada por Jim é nez para explorar el Op ó n, encontr ó varias chozas habitadas por ind í genas. Un nuevo destacamento enviado posteriormente…

p. 134
04La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 59, 632 fragmentos
[4]

de turno. De esta etapa del vecindario, los Chibchas estaban pasan- do a otra basada en la conveniencia de un estado central, gracias al predominio que empezaba a ejercer el Zipa o rey de Hunza (hoy Funza), sobre los uzaques o jefes de tribus. Se re- conocían jerarquías entre los uzaques y los capitanes. Los pri -…

p. 63
[12]

“Occidental” para referirse al orden señorial, así perdiéndose en el océano de sentidos que tiene la compleja entidad cu l tural de Europa y América. Estudiaremos aquí someramente los componentes del orden áylico: sus valores, normas, org a nización social y técnicas. Sacralidad y Tolerancia En la época de llegada de…

p. 59
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 37, 45, 714 fragmentos
[5]

u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…

p. 35
[17]

vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

p. 37
[46]

d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…

p. 45
[67]

Más aún, las p au tas culturales españolas chocaban con el poblam iento difuso de los indígenas. En España, los cam pesinos vivían en aldeas rurales y los funcionarios de la C orona pensaron que los indígenas debían hacer lo m ism o. En pos d e estos principios, en las d écadas de los años 1560 y 1570 las a u to rid a…

p. 71
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 129, 1322 fragmentos
[6]

en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…

p. 129
[93]

activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…

p. 132
07Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 130, 133, 1373 fragmentos
[7]

dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…

p. 130
[20]

y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…

p. 137
[66]

las cercanías de Bogotá y Tunja se pueden ver pequeñas planadas artificiales, y sobre ellas, algunas piedras puestas en círculo. Estos si- tios dan la impresión de ser restos de casas senci- llas, cerca de los cultivos». Las aldeas nucleadas o concentradas y las vi- viendas dispersas no fueron necesariamente habi-…

p. 133
08Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 58, 62, 693 fragmentos
[8]

los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensio 21 Ibid. Ene., t. 24 f. 587 r. ss. 22 Cf. Sylvia M. Broadbent, Los chibchas. Organización socio-política. Bogotá, 1964. 23 AHNB. Vis. Boy., t. 8 f. 616 r. 40 H is t o r ia e c o n ó m ic a y so c ia l i nes internas, trasladándose con todos sus…

p. 58
[9]

Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…

p. 62
[68]

de los doctrineros había sido muy reducida y aun se había visto interrumpida casi radicalmente en 1558, a causa de una gran epidemia de viruelas. La escasez de frailes era el prin cipal obstáculo, según los encomenderos, para que ellos pudieran cum plir con su obligación de adoctrinar a los indios. Sólo desde…

p. 69
09Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 297, 376, 4073 fragmentos
[10]

poder de los caciques muiscas, sus argumentos parecen circunscribirse a ciertos momentos específicos, y muy especialmente a las grandiosas y prolongadas fiestas durante las cuales los indígenas se congregaban en lugares ceremoniales de gran importancia, muchos de ellos con una centenaria o milenaria ocupación, para…

p. 407
[28]

una violencia ritualizada, por completo ajena a la incorporación de mano de obra o a la subordinación económica de un grupo por otro. Los muiscas hacían sacrificios humanos durante los festejos relacionados con la siembra de maíz en los valles fríos, es decir, entre enero y marzo. En esa ocasión, los guerreros panches…

p. 297
[59]

de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…

p. 376
10Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 24, 322 fragmentos
[11]

su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…

p. 24
[27]

las fases de la luna en creciente o en menguante, con las faenas agrícolas o con el culto. Humboldt, que ignoraba la existencia de un diccionario chibcha, dudaba de la relación entre los nombres de los números y las fases lunares, y dice que sería uno de los hechos más notables que pudiera presentar la historia…

p. 32
11Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 12, 17, 214 fragmentos
[13]

las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
[45]

reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…

p. 17
[55]

noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…

p. 21
[91]

© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…

p. 4
12Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 fragmentos
[14]

que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

p. 43
[19]

un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

p. 36
13Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 16, 302 fragmentos
[15]

trueque y tributo. De otro lado, se ha procurado que la descripción sobre la circulación de cada producto vaya acompañada de referencias acerca de quién los hacía, el uso que se les daba, la técnica de producción, así como la ubicación de centros productores, distribuidores y consumidores involucrados en el…

p. 16
[26]

aunque resulta probable que también jugaran un rol político más directo, comparable al de los caciques y capitanes. Según Aguado (Ibid.), los intentos de revuelta que fraguaron los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles "fueron inducidos por los mohanes y jeques". Además, todavía en 1606 el Arzobispo Lobo…

p. 30
14Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 332, 342, 3493 fragmentos
[16]

true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

p. 332
[18]

que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…

p. 349
[29]

los doctrineros constituía pues un lugar diabólico —El Infiernito— y la destrucción del sitio se inició ya en siglo xvi y ha continuado hasta hoy en día. Muchas columnas han sido sacadas del sitio, se han incor- porado en la construcción de casas campesinas y aun de casas urbanas en Villa de Leyva. Hoy en día este…

p. 342
15Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 182, 191, 3708 fragmentos
[21]

y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…

p. 158
[22]

y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…

p. 158
[23]

de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…

p. 370
[24]

de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…

p. 370
[34]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
[35]

larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
[38]

delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…

p. 191
[39]

delicadas y otro algo burdo en las figuras más grandes. F OTOGRAFÍA 5. C ONJUNTO VOTIVO HALLADO EN S UBA, B OGOTÁ, D. С. Nota: las figuras representan mujeres con niños, hombres con diferentes atributos, bebés en cunas, animales y objetos cotidianos (O33278 a O33311. Colección Museo del Oro, Banco de la República).…

p. 191
16El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 288, 300, 3063 fragmentos
[25]

hambre y que les permitía superar todos los es - fuerzos. Los cronistas españoles, empero, les reprochan su ebriedad; pero las orgías y bacanales de los chibchas eran en ellos una expresión de alborozo y sólo tenían lugar en ocasiones especialmente solemnes, sobre todo en las fies- tas religiosas. El vestido de los…

p. 300
[41]

entrada del recinto donde te- nía lugar el gran festejo ofrecían a los chibchas el símbolo admonitorio de la muerte. Estas tradiciones sobre la ablu- ción de los hombres cubiertos de oro dieron firme asidero a la creencia de El Dorado. Pero, en nuestro tiempo, exis- tía ya la tendencia a desplazar todo ello, de…

p. 306
[56]

relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…

p. 288
17Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 63, 286, 3943 fragmentos
[30]

Monserrate, la iglesia anidada a más de tres mil metros sobre la sabana de Bogotá, se alcanzaba a ver la lejana silueta del Nevado del Tolima, elevándose sobre los picos nevados de la cordillera Central. Al sur, pequeña como un juguete por la distancia, estaba la estatua de Nuestra Señora de Guadalupe, una…

p. 394
[42]

de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…

p. 286
[53]

la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…

p. 63
18La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 701 fragmento
[31]

1492 por realizar una obra evangelizadora. Con diverso grado y éxito se realizó esa evangelización. Al principio la evangelización fue super- ficial. Muestra de esto es la persistencia de la religión indígena en la clandestinidad. El arzobispo de Lima debió iniciar una campaña sistemática de extirpación de la…

p. 70
19Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 931 fragmento
[32]

Corona. Pero estas eran disquisiciones de gabinete. En el mismo terreno de los hechos, el espa- ñol dominaba, explotaba y expoliaba al indio. Y esa era la alternativa. Una cruzada violenta contra los ritos indíge- nas, que Germán Colmenares denomina con propiedad como policía cristiana fue táctica común para lograr no…

p. 93
20Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 661 fragmento
[33]

de la naturaleza, así como la reproducción de la 69 Los muiscas a Chibchacum haciéndolo cargar la tierra sobre sus hombros. Los testimonios de cronistas están repletos de referencias sobre conductas no aprobadas para los muiscas y de referencias sobre esfuerzos para mantener el equilibrio y las buenas costumbres!?, En…

p. 66
21La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 fragmento
[36]

son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…

p. 51
22La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 83, 271, 2923 fragmentos
[37]

entre Colombia y el Ecuador, que la proporción de oro en ciertas piezas es mayor en la superficie y más baja hacia el centro interior del objeto, lo que revela que se usó una base de cobre sobre la cual se fundió una mezcla de cobre y oro, con martillado posterior o final. Los autores franceses (9) agregan que métodos…

p. 83
[76]

Ministerio de Educación era informado de la situación. Tal como lo señalaba Duque, durante el tiempo empleado para reversar ese proceso legal, “los particulares” tenían “ocasión para realizar excavaciones clandestinamente, con serios perjuicios para la defensa y con - servación de tales reliquias” 87. Un ejemplo…

p. 292
[78]

durante varios años cautivó a los guaqueros de la región de Restrepo no estaba relacionado con una guaca indígena, sino con un botín colonial. Se trata de la leyenda de María Luisa de la Espada, una castellana poderosa a quien, decían los rumores, la Real Audiencia de Santafé le había otorgado “[…] la propiedad sobre…

p. 271
23Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 53, 762 fragmentos
[40]

conocido de este tipo de obras es la balsa ilustrativa de la leyenda del cacique de Guatavita, en la cual se distinguen personajes de distintos tamaños, según su jerar- quía, lo mismo que en las representaciones de los cercados de los caciques, en los cuales sobresale la figura del jefe por su tamaño más grande. El…

p. 76
[75]

diferentes usos. Fue tanta la im- portancia de la «guaquería» en el siglo x1 que muy pronto la Corona española, a medida que se iban descubriendo los enterramientos de Sierra Nevada y del Sinú, sumamente ricos en oro, tuvo que re- glamentaria considerándola como un privilegio que correspondia 2 los primeros pobladores…

p. 53
24The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 37, 4622 fragmentos
[43]

as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…

p. 37
[60]

would offer him gold or emeralds.... When word circulated that bearded men were coming who were search- ing carefully for gold among the Indians, they took much of what they had hidden and offered it at the lake. With this sacrifice, they pleaded for the cacica [a noblewoman said to live in the lake] to save them from…

p. 462
25Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 14, 108, 1263 fragmentos
[44]

overwhelming numerical superiority of indigenous forces, not a single Spaniard has lost his life in combat. The native ruler is not so fortunate. Despite the obvious similarities, the preceding paragraph does not describe the opening phase of the Spanish conquest of Peru. 2 And the setting for this story is not the…

p. 14
[48]

the incredible riches of the land in which we found ourselves, Jiménez and the captains decided to return to 10. The figures cited here vary only slightly from the ones recorded in the expedition’s official logbook. The logbook entry from Monday, August 20, 1537, states that “ 136, 000 pesos of fine gold were found in…

p. 108
[50]

Indian guides led them through many towns, and a journey that should have taken no more than one day turned into a fourteen-day expedition. When they approached Tunja, they marched forward at great speed. At sunset, they arrived to where the lord Tunja lived, and they took the cacique captive. The lieutenant Jiménez…

p. 126
26Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 24, 302 fragmentos
[51]

argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…

p. 30
[70]

ordenar formas serviles de trabajo. Los debates sobre estos temas fueron interminables y de gran riqueza, y en ellos aparece el rechazo de los colonos a los alegatos de los curas y a las normas reales que los obligaban a moderar la explotación del indio. Los nuevos pobladores de las Indias argumentaban la necesidad de…

p. 24
27Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 35, 113, 1383 fragmentos
[52]

a los que habían venido a caballo y el cuádruple a los capitanes; Quesada recibió 5 partes y se reservaron 10 para Fernández de Lugo. Como ocurría siempre en situaciones similares, a la relativa abundancia de oro correspondía la gran escasez de artículos españoles, y en especial de aquellos más necesarios para las…

p. 113
[65]

otro lado la utilización continua de los indios, por medio de la encomienda, en el remo de canoas en el Magdalena y en el transporte de carga, está plenamente documentada. La norma ya señalada de ajustar los tributos a lo que pagaban antes los indios, para que la sujeción a los nuevos conquistadores no fuera a…

p. 138
[81]

y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…

p. 35
28Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 671 fragmento
[54]

éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…

p. 67
29Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 3391 fragmento
[58]

muchos respectos. Cinco años y medio después, Hernán Pérez de Quesada daba muerte violenta y alevosa al último zaque de Hunzahúa —Tunja— y a todos los uza - ques y capitanes viejos congregados en Tunja con motivo del matrimonio de su desventurado señor, matando en ellos de una vez los recuerdos y tradiciones que…

p. 339
30Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 19, 234 fragmentos
[61]

múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…

p. 19
[62]

múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…

p. 19
[63]

y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
[64]

y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

p. 23
31Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 461 fragmento
[69]

diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…

p. 46
32Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 93, 1232 fragmentos
[71]

como el Amazonas, Orinoco, Paraná y Mag- dalena, eran asiento de pueblos riquísimos y fabu- losos. Su cauce (se pensaba) guardaba ingentes te- soros auríferos, al igual que los lagos y lagunas del interior. Al tenerse conocimiento de la ceremonia de su- cesión del mando en la laguna de Guatavita, se co- rroboró la…

p. 123
[83]

anónimo, eran producto del trabajo indígena sometido. Sin embargo, Balboa dejó, como caso excepcional, que los indígenas convivieran en la ciudad con los es- pañoles. Así era más difícil que grupos rebeldes ata- caran Santa María la Antigua, por temor a matar a coterráneos suyos. Los éxitos militares de Balboa, a…

p. 93
33El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 390, 4012 fragmentos
[72]

provincias donde rayase la luz del Santo Evangelio, como por su bondad rayó, creció y llegó 134 Fray Pedro Simón, Noticias historiales o conquistas de Tierra Firme, noticias 6 y 7, caps. 7 y 8. 391 Eí Ondicec dírstnaóc a claro y perfecto día, mediante la predicación de muchos varones apostólicos que reputaron el oro…

p. 390
[74]

noticias, ya verificadas del famoso Dorado y de sus gentes; ojalá sea cuanto antes, para bien y salud eterna de aquellas almas. Dos palabras debo explicar antes de pasar adelante: la primera es Manoa, nombre que dan los mapas a la ciudad principal de El Dorado, y digo que Manoa es en lengua achagua tercera persona del…

p. 401
34Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 2641 fragmento
[73]

por la edad del siglo. Era elocuente, garboso, manirroto. Tenía sus ideas. Volvió a España, anduvo por Italia, escribió libros de historia, crónicas de sus viajes. Pero su mente andaba divertida. Seguía pensando en El Dorado. Le hicieron adelantado, mariscal. Regresó a América. Fue gobernador de Cartagena. Pero su…

p. 264
35Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 210, 4032 fragmentos
[77]

viajero que visitó la laguna de Guatavita en 1910 […]. Al tercer día de nuestra estadía en Guatavita decidimos alistar las bestias para subir a la laguna del mismo nom- bre, la cual, según nos informaron, había sido desaguada por una compañía inglesa pocos años antes. […] Montamos cerca de una hora por el camino que…

p. 403
[79]

no se ha aventurado a trepar hasta la cima sagrada ni se ha adentrado por los campos de la geología. Pero sucede que toda la región de Guata- vita, en muchas leguas alrededor, ni es volcánica, ni tiene rastros de rocas ígneas. Por la misma razón se descarta la idea de que se debió a un hundimiento a manera de…

p. 210
36Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 401 fragmento
[80]

de Bogotá. Esta vasija de barro, pintada de rojo ocre y blanco, que mide 25 × 18 cm, apareció descrita y representada en el texto “El Dorado” que Zerda publicó por entregas a partir de julio de 1882 en el Papel Periódico Ilustrado, como una figura indígena sentada, con una apertura de tipo ánfora, llena de muchas…

p. 40
37Tres culturas, tres familias y otros ensayosEstanislao Zuleta · p. 391 fragmento
[82]

de la dominación seño- rial de una población aborigen, ya desarrollada desde el punto de vista agrícola y previamente organizada en tor- no de sus jefes. Para que una tribu pueda ser derrotada se necesita, antes que todo, que esté unida y que tenga jefes. Los pijaos, por ejemplo, no podían ser derrotados porque sus…

p. 39
38La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 311 fragmento
[85]

pozos, carrapas, ansermas, pícaras y paucuras y los enigmá- ticos quimbayas y quindíos. 9 Habiendo carecido por completo del 9. Juan Friede, Los quimbayas bajo la dominación española (Bogotá, 1963), estudio basado en numerosos documentos del Archivo de Indias en Sevilla, España. Ver, igualmente, Ernesto Restrepo…

p. 31
39When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 393 fragmentos
[86]

assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…

p. 39
[87]

assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…

p. 39
[88]

assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…

p. 39
40When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 261 fragmento
[89]

true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best effort at…

p. 26
41Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 fragmento
[90]

La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

p. 106
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 371 fragmento
[92]

nieves perpetuas y páramos interminables a la vista, conviven el frailejón, el cañizo y el romero en absoluta quietud y en un silencio que solo se altera con el sobrevuelo del águila. Allí, colchones de musgo, que actúan como esponjas de la naturaleza, gota a gota forman los ríos que marcan la geografía y la historia…

p. 37