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Biografía

La Gaitana

Conquista

16 min de lectura24 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesCacica yalcón · Líder de resistencia indígena
Lugar principalTimaná, Huila, Colombia
Período históricoConquista1499–1599
03

La biografía

La Gaitana es el nombre con que la tradición fijó a una cacica yalcón del Alto Magdalena que, hacia 1539 y 1540, encabezó la respuesta indígena contra la penetración española comandada por los capitanes de Sebastián de Belalcázar en el actual departamento del Huila. Su figura ocupa un lugar singular en la historia colombiana: es a la vez el rostro de una resistencia regional que retrasó durante casi un siglo la consolidación española en el corredor entre Popayán y Santa Fe, y una construcción de la memoria criolla que reelaboró un episodio local hasta convertirlo en emblema. Lo primero es un proceso prolongado y estructural; lo segundo, una operación simbólica que se intensificó desde el siglo XIX y sigue viva en el uso público del personaje. Separar ambas capas —sin renunciar a ninguna— es la única manera de leerla con honestidad.

02

Línea de vida

  1. 1538

    Fundación de Timaná y contexto de la conquista

    Leer contexto

    Pedro de Añasco funda Timaná como avanzada española sobre territorio yalcón, tras la devastación causada por las huestes de Ampudia y Añasco que incendiaron pueblos, talaron campos y despoblaron el Alto Magdalena antes de la llegada de Belalcázar.

  2. 1539

    Ejecución del hijo y represalia de La Gaitana

    Leer contexto

    Ante la ejecución pública de su hijo —un joven cacique yalcón— ordenada por Pedro de Añasco como represalia por la resistencia al tributo, La Gaitana organizó la coalición indígena que capturó al propio Añasco. Según los cronistas, lo hizo cegar y arrastrar de pueblo en pueblo hasta su muerte, en un acto de venganza espectacular que las crónicas de Castellanos y Simón fijaron como escena central del episodio.

  3. 1540

    Derrota de la guarnición española y muerte de Ampudia

    Leer contexto

    La coalición liderada o personificada por La Gaitana, que incluyó a los paeces del cacique Pigoanza y otros grupos vecinos, derrotó la guarnición de Timaná y causó la muerte de Juan de Ampudia en combates de la misma coyuntura, obligando a la refundación posterior del asentamiento español.

  4. 1540

    Expedición punitiva de Baltasar Maldonado

    Leer contexto

    Enviado desde Popayán, Baltasar Maldonado libró combates duros contra la coalición yalcón-paez sin lograr la sumisión definitiva de los indios; la represalia con 'poder de sangre vertida', según la fórmula de fray Pedro de Aguado, no zanjó el conflicto y la región siguió siendo un frente abierto durante décadas.

  5. 1601

    Fijación cronística del relato por Juan de Castellanos

    Leer contexto

    Juan de Castellanos publica sus Elegías de varones ilustres de Indias, donde narra con detallismo el episodio de La Gaitana y la venganza sobre Añasco, modelando el personaje según moldes épicos clásicos y renacentistas; fray Pedro Simón retomará el relato casi un siglo después de los hechos en sus Noticias historiales, consolidando la figura en la memoria colonial.

Una cacica en el filo de dos mundos

El nombre indígena que las crónicas coloniales recogieron —Guaitipán, del que derivó por castellanización "Gaitana"— pertenece a una mujer del pueblo yalcón, uno de los grupos asentados en las tierras cálidas y quebradas del Alto Magdalena, en las inmediaciones del actual Timaná y en la vertiente oriental de la cordillera Central. Los yalcones aparecen mencionados junto a pijaos y paeces como parte de un mosaico de comunidades que compartieron territorio, prácticas guerreras y una resistencia persistente a la ocupación española. No se conocen con certeza fechas de nacimiento o filiación exacta de La Gaitana; su existencia se recorta contra el fondo de un episodio bélico concreto, el de la fundación y primera defensa del pueblo español de Timaná en 1539-1540, y del ciclo de represalias que le siguió.

Lo que la vuelve un personaje central no es la abundancia de datos biográficos —son escasísimos—, sino la conjunción de dos hechos: la evidencia estructural de una resistencia yalcón prolongada, atribuida colectivamente al grupo, y la elaboración cronística posterior que personalizó esa resistencia en una figura femenina de rasgos casi mitológicos. La Gaitana se sostiene, por tanto, en dos apoyos desiguales: uno histórico, el marco de la guerra en el Alto Magdalena hacia 1540, y otro narrativo, los relatos de Juan de Castellanos, fray Pedro Simón y fray Pedro de Aguado, redactados décadas o casi un siglo después. Ambos son legibles; ninguno agota su significado.

El Alto Magdalena antes de la conquista

Comprender su lugar exige situarla en el territorio. Hacia 1500, la población indígena del Alto Magdalena se estima en unos 375.000 habitantes, con otras 500.000 personas repartidas en las vertientes del gran río, dentro de un total aproximado de cinco millones para lo que hoy es Colombia. Las extensas praderas naturales de la región estaban, sin embargo, escasamente pobladas en comparación con los altiplanos muiscas o con los densos cacicazgos del Cauca; la vida se concentraba en los pliegues de las cordilleras y en los valles laterales, donde los yalcones convivían con timanás, paeces y, más al norte, con los pijaos.

A diferencia de las sociedades sedentarias del altiplano —Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto, Popayán—, con cohesión tribal marcada y jerarquías cacicales relativamente estables, los grupos del Alto Magdalena conservaban rasgos de sociedades bandales: descentralizadas políticamente, sin caciques permanentes por encima del nivel local, con decisiones colectivas sobre la guerra y sin un aparato tributario obligatorio que los españoles pudieran capturar y redirigir. Esta descentralización tuvo un doble efecto histórico. Hizo prácticamente imposible que los yalcones fueran sujetos al régimen de encomienda con la misma facilidad que los muiscas: no había una cabeza que pactara por todos, ni una red tributaria previa que reciclar. Pero esa misma dispersión, que a corto plazo alimentó la resistencia, resultó a la larga una limitación estructural: sin coordinación superior, la respuesta indígena quedó siempre fragmentada, y los españoles supieron aprovechar rivalidades locales, alianzas puntuales y la ausencia de un mando unificado.

Las prácticas guerreras de los yalcones —como las de sus vecinos timanás y paeces— incluían, según los testimonios españoles, la antropofagia ritual asociada al combate, lo que sirvió a los cronistas para clasificarlos junto a los pijaos y panches dentro de la categoría de "caribes", una etiqueta más ideológica que etnográfica. Los testimonios más antiguos indican, de hecho, que estos grupos no usaban el arco y la flecha como arma principal, lo que complica cualquier filiación caribe rigurosa. La categoría servía menos para describir un origen étnico que para justificar el trato bélico: al calificar a un pueblo como caníbal y rebelde, los españoles se otorgaban el derecho de enfrentarlo sin someterse a regla alguna, fuera del marco jurídico que teóricamente amparaba a los indios sometidos.

Belalcázar, Ampudia y la violencia inaugural

La conquista del Alto Magdalena no llegó desde el norte, por Santa Fe, sino desde el suroccidente, en el movimiento expansivo de Sebastián de Belalcázar. Antiguo lugarteniente de Francisco Pizarro y fundador de Quito, Belalcázar emprendió a mediados de la década de 1530 una marcha hacia el norte con un propósito doble: buscar el Dorado del que le hablaban informantes indígenas y, sobre todo, independizarse del gobernador del Perú. A esa expansión se atribuyen las fundaciones de Pasto, Popayán, Cali, Anserma y Cartago, unas por su mano directa, otras por la de los capitanes que enviaba por delante.

En 1538 fueron Juan de Ampudia y Pedro de Añasco quienes penetraron el Alto Magdalena antes que él. El método fue el que ya se practicaba en el Cauca y que Pascual de Andagoya documentaría con horror: incendio de pueblos y cabañas, tala de campos con hierro y fuego, desplazamiento masivo de poblaciones enteras hacia las alturas de la cordillera. Cuando Belalcázar llegó al año siguiente al valle, encontró los campos desolados y la región despoblada. La comparación de Andagoya para el tramo entre Lili —Cali— y Popayán es reveladora: donde antes había numerosos pueblos de quinientas a ochocientas casas, tras el paso de la hueste solo quedaban cimientos. La misma lógica devastadora se aplicó al Alto Magdalena.

Fue en este contexto —tierras arrasadas, comunidades dispersas, indios refugiados en las cordilleras— cuando Añasco fundó Timaná en 1538, como avanzada española sobre el territorio yalcón. Y fue esta fundación, junto a las exigencias tributarias y las capturas de indígenas que la acompañaron, la que precipitó el episodio con el que se abre la historia visible de La Gaitana.

El episodio: 1539-1540

La versión que fijaron los cronistas, y que ha llegado en distintas variantes hasta el presente, tiene un núcleo estable. Pedro de Añasco, al frente de la guarnición de Timaná, exigió a los caciques locales el suministro de indios para trabajo y tributo. Ante la resistencia o la demora de un joven cacique yalcón —el hijo de La Gaitana en la tradición narrativa—, Añasco lo hizo ejecutar públicamente en la horca o en la hoguera, según las versiones. La madre, cacica de su parcialidad, respondió organizando la coalición que en pocas semanas capturó al propio Añasco y a buena parte de la guarnición española.

Lo que ocurrió con Añasco después es el núcleo del relato que la memoria colombiana ha conservado: La Gaitana lo habría hecho cegar con sus propias manos y arrastrar de pueblo en pueblo, exhibido como trofeo hasta su muerte. Este episodio de la venganza espectacular —fijado con detallismo por Juan de Castellanos en sus Elegías de varones ilustres de Indias, publicadas en 1601, y retomado décadas más tarde por fray Pedro Simón en sus Noticias historiales, escritas casi cien años después de los hechos— constituye la escena que la posteridad recordaría. La derrota inmediata de la guarnición y la muerte del propio Juan de Ampudia, caído poco después en combates de la misma coyuntura, dejaron a Timaná en una situación tan precaria que el asentamiento tuvo que ser refundado más tarde.

En los meses siguientes, La Gaitana aparece en las crónicas coordinando —o al menos siendo el centro visible— de una coalición más amplia que incluyó a los paeces del cacique Pigoanza y a otros grupos vecinos. Baltasar Maldonado, enviado desde Popayán en expedición punitiva, libró contra esa coalición combates duros en los que la victoria española fue costosa y no zanjó nada duradero. La represalia se ejerció con poder de sangre vertida, según la fórmula que fray Pedro de Aguado emplearía para describir episodios semejantes, sin lograr la sumisión definitiva de los indios. La región siguió siendo un frente abierto durante décadas.

Lo que las fuentes permiten, y lo que no

Aquí conviene detenerse. La cronología que los relatos ofrecen es coherente con lo que se sabe por otras vías: la fundación de Timaná en 1538, la muerte de Ampudia en 1540, la persistencia de la resistencia en el corredor Popayán-Neiva durante todo el siglo XVI y buena parte del XVII. Los cronistas coloniales no inventaron el marco general; se apoyan en tradiciones orales americanas y en testimonios de conquistadores que sí participaron.

Pero la figura misma de La Gaitana como cacica individual con mando articulado sobre una coalición regional choca con lo que las mismas crónicas describen del funcionamiento político yalcón. En una sociedad sin caciques permanentes por encima del nivel local, sin tributos obligatorios estructurados, con decisiones bélicas tomadas de manera colectiva y fragmentada, resulta estructuralmente difícil sostener que una sola persona ejerciera el liderazgo continuado que la tradición le atribuye. El paralelismo con Pigoanza, cacique paez cuya existencia y papel militar están mejor documentados por su presencia repetida en las fuentes militares, sugiere que el liderazgo yalcón funcionó de manera más difusa, con figuras que emergían para episodios concretos y que la memoria posterior condensó y personalizó.

Esto no invalida la existencia histórica de La Gaitana ni la veracidad del episodio de venganza —que muy probablemente ocurrió, aunque con la carga narrativa propia del género cronístico—, pero exige leer con cuidado la atribución de un liderazgo político regional sostenido. La cacica que la memoria recuerda es, en buena medida, la personificación de una resistencia colectiva que las crónicas no lograban explicar sin una cabeza visible. Añadir a esto la mediación literaria de Castellanos, cuyo verso épico modelaba a sus personajes según moldes clásicos y renacentistas, y la de Simón, que escribió casi un siglo después con propósitos edificantes, obliga a distinguir entre el hecho de la resistencia yalcón, prolongado y estructural, y el retrato de la heroína individual, construido, deudor de convenciones narrativas y proyectado hacia atrás desde una distancia considerable.

La resistencia después de la resistencia

Lo que queda claro, en cambio, es la envergadura del proceso que La Gaitana inauguró o del que fue rostro. Pijaos, paeces y yalcones lograron mantener bajo disputa el territorio aledaño a Popayán durante casi un siglo. Los pijaos, en particular, conservaron su independencia efectiva a lo largo de todo el siglo XVI, atacando con frecuencia tanto a los españoles como a los grupos indígenas ya sometidos al régimen colonial. A comienzos del siglo XVII, el tránsito entre Santa Fe y Popayán —eje vital de comunicación del Nuevo Reino de Granada— seguía siendo peligroso por las incursiones de indios refugiados en la cordillera que se volcaban sobre los valles del Magdalena y del Cauca.

El dato es más importante de lo que suele reconocerse. Mientras el altiplano muisca fue integrado al régimen encomendero desde la década de 1540, con caciques hereditarios convertidos en intermediarios de la Corona, el Alto Magdalena y las vertientes de la cordillera Central se mantuvieron como frontera activa, con ocupación española precaria y economía colonial débil, durante generaciones enteras. Los resguardos del macizo colombiano que aparecen documentados en el siglo XVII no eran concentraciones naturales de tribus originarias del lugar, sino núcleos formados artificialmente por la huida de indígenas desplazados y por los reasentamientos forzosos que los españoles impusieron para controlar mejor a lo que quedaba de la población.

El precio de esa resistencia fue devastador. Las causas del colapso demográfico se acumularon: guerras de conquista, epidemias sucesivas de viruela y enfermedades venéreas, encomienda, mita en las zonas donde llegó a implantarse, y la ruptura profunda del orden social. En el Cauca y sus regiones vecinas, numerosas sociedades indígenas del centro y del norte desaparecieron por completo durante la conquista y la colonia, mientras las restantes quedaron al borde del aniquilamiento biológico. Los yalcones como grupo diferenciado se disolvieron en ese proceso; sus descendientes se mezclaron con otros pueblos, se refugiaron en Tierradentro y las altas cordilleras, o desaparecieron sin dejar más rastro que su nombre en las crónicas y en los topónimos.

La respuesta indígena adoptó, ante esa violencia, formas diversas: huida a los montes, suicidios colectivos, retraimiento anímico y social ante los españoles y, cuando fue posible, resistencia armada prolongada. Los grupos que lograron mantener esa resistencia secular escaparon, al menos en parte, al régimen de encomienda; pero ese logro no se tradujo automáticamente en mejor supervivencia demográfica o cultural. La resistencia yalcón que La Gaitana condensa fue, en este sentido, exitosa en retrasar la ocupación española y fallida en preservar al pueblo que la sostuvo.

Los cronistas y la fábrica de la memoria

Buena parte de lo que se sabe —o se cree saber— sobre La Gaitana viene de tres autores. Juan de Castellanos, sacerdote y cronista que había sido soldado en las Indias, publicó en 1601 sus Elegías de varones ilustres de Indias, un extenso poema en octavas reales que dedicaba pasajes específicos a los episodios de la conquista del Nuevo Reino de Granada. Fray Pedro Simón, franciscano, escribió sus Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias Occidentales casi un siglo después de los hechos que narra. Fray Pedro de Aguado compuso una Recopilación historial que también registró rebeliones indígenas y episodios de violencia extrema. Los tres, junto con Rodríguez Freyle, que en El Carnero combinaría dato histórico, literatura picaresca y motivos barrocos, forman el corpus básico sobre el que la historiografía moderna ha reconstruido este período.

Cada uno escribe con distancia y con propósito. Castellanos versifica y hace épica; sus personajes indígenas responden a moldes literarios reconocibles, y su Gaitana tiene rasgos que evocan a las heroínas trágicas del imaginario clásico. Simón, casi un siglo después, ya no comparte la confianza plena de los conquistadores tempranos en el derecho a aplicar toda la violencia posible al cacique para obtener tesoros; hay en él, y en Aguado, una sorpresa moral ante la persistencia de la resistencia indígena que los documentos más antiguos no registran. Esta distancia temporal y la mediación literaria explican tanto la fijación del episodio como su transformación: lo que fue guerra fragmentada y prolongada se convierte, en la página, en drama personal con arco narrativo cerrado.

Ninguno de estos cronistas es un documento de archivo primario; todos son crónicas, con las reservas propias del género. La historiografía moderna colombiana los usa con cuidado, cotejándolos entre sí y con las escasas piezas de documentación administrativa que sobrevivieron. Para La Gaitana no hay documento primario que confirme detalles biográficos: existe el marco de la guerra, existe el episodio de la venganza en las crónicas, y existe el silencio del archivo sobre el resto.

De cacica local a heroína nacional

El paso decisivo en la construcción de la Gaitana que hoy se conoce ocurrió mucho después, en el siglo XIX. Cuando los criollos de la Independencia buscaron un pasado nacional que legitimara su ruptura con España, se volvieron hacia el pasado indígena como reserva simbólica. La figura del indio resistente sirvió para dotar a la naciente república de una genealogía anterior a la Corona y, sobre todo, para presentar la guerra de Independencia como continuación de una lucha secular contra la dominación española. En ese contexto, cacicas y caciques del siglo XVI fueron rescatados de las crónicas coloniales y reelaborados como precursores.

La operación fue eficaz pero contingente. Tan pronto como las luchas militares de la Independencia terminaron, esa relevancia simbólica del indígena se diluyó: el uso retórico del pasado indígena resultó más útil en la coyuntura bélica que como fundamento de una política sostenida hacia los pueblos indígenas reales. La Gaitana entró así en el panteón nacional por una puerta lateral y con una función específica: dar cuerpo femenino y valeroso a un indigenismo simbólico que no comprometía a la república con reivindicaciones concretas.

El arte del siglo XIX contribuyó a esa iconografía. La producción de imágenes heroicas —dominada por la figura de Bolívar— participó en la modelación del imaginario de la república naciente y ofreció un repertorio visual en el que figuras como La Gaitana podían insertarse. Ya en el siglo XX, monumentos, murales, nombres de calles y escuelas, y más tarde estatuas monumentales en el Huila y en Neiva, terminaron de fijar el rostro de la cacica en el paisaje público colombiano. En Neiva, la escultura que la representa arrastrando a Añasco por una cadena es probablemente la imagen más reconocible; su gesto codifica el momento de la venganza como núcleo del personaje.

En décadas más recientes, la figura ha sido reapropiada por el movimiento indígena. Lideresas nasa contemporáneas son evocadas mediante comparación con La Gaitana, en un gesto que rescata su valentía como referencia para las luchas actuales por la tierra, la autonomía y los derechos culturales. Esta reapropiación no es la misma que la criolla del siglo XIX: donde aquella usaba al indio como decorado retórico de una república que enseguida lo olvidaba, la actual se inscribe en una demanda política concreta de reconocimiento y reparación. Que la misma figura sirva a proyectos tan distintos —el criollo independentista, el nacionalismo republicano, el movimiento indígena contemporáneo— dice algo sobre su plasticidad simbólica y sobre lo poco que las tres apropiaciones dependen, en rigor, de la biografía histórica de la mujer del Timaná del siglo XVI.

Qué pesa y qué queda

La Gaitana histórica es difícil de aprehender. Existió, con casi total seguridad, una cacica yalcón que en 1539-1540 encabezó o encarnó la respuesta contra la fundación de Timaná y contra los abusos de Añasco. El episodio de la muerte de su hijo y la venganza subsiguiente, aunque conservado en la mediación cronística, tiene la coherencia suficiente con lo que se sabe del contexto para ser considerado sustancialmente veraz, aun cuando sus detalles hayan sido literaturizados. Su liderazgo político regional sostenido, en cambio, choca con el funcionamiento descentralizado de las sociedades yalcón y se entiende mejor como una condensación narrativa de agencia colectiva.

Lo que resiste toda revisión es el proceso mayor del que ella fue rostro. La resistencia de yalcones, paeces y pijaos frente a la penetración española transformó al Alto Magdalena y al corredor Popayán-Neiva en una frontera activa durante generaciones, alteró los ritmos de la colonización, obligó a los españoles a modificar sus tácticas y a apoyarse en alianzas con grupos indígenas rivales, y produjo un tipo particular de geografía humana —la de los refugiados en las cordilleras, la de los resguardos artificiales del macizo, la de las poblaciones desplazadas— que marcó la historia del sur andino colombiano hasta bien entrada la colonia. Este proceso, y no una biografía individual imposible de reconstruir, es el pedestal real sobre el que descansa la figura.

De ahí que La Gaitana funcione tan bien como emblema y tan mal como personaje histórico documentado. Su fuerza está en condensar, en un nombre y en una escena, el hecho de que la conquista del actual territorio colombiano no fue un movimiento uniforme ni victorioso, sino una guerra larga, desigual y con derrotas locales que retrasaron decisivamente la consolidación española. Su fragilidad está en que esa condensación oculta, tras el drama personal de la venganza, la dinámica colectiva —la de un pueblo descentralizado que resistió porque nadie podía rendirlo por él— que la hizo posible.

Recordarla exige entonces un doble movimiento: reconocer la potencia real del proceso que representa y, al mismo tiempo, no confundir a la heroína con el proceso. La resistencia yalcón fue anterior a ella, más amplia que ella y persistió mucho después de su desaparición del registro cronístico. La Gaitana es su cara, no su causa. Y quizá esa distinción, más que cualquier estatua o cualquier verso, sea la manera más justa de conservarla en la memoria: como el punto en que un episodio del Alto Magdalena de 1540 y siglos de reelaboración simbólica se cruzan para dejar, en el idioma común de los colombianos, el nombre de una mujer que quiso ser irreductible.

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Conexiones del archivo

Red histórica

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

24 documentos · 31 fragmentos
01Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Página 1061 cita
[1]

La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

p. 106
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Página 1872 citas
[2]

Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…

p. 187
[3]

Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…

p. 187
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 33, 842 citas
[4]

escritor criollo, atribuyó la p ro d u c tiv id ad y la p ro sp e rid ad de G uanentá a la parcelación de sus tierras en u n id ad es relativam ente pequeñas, algo que estaba dictado principalm ente por la topografía. V argas anotó que en esas com arcas la m ayoría de la población poseía pequeñas parcelas y, según la…

p. 84
[25]

valle geográfico del Cauca, debió ser apreciable antes de la C onquista. Los estim ativos varían entre seiscien tos mil y un m illón de habitantes. Estaba d iv id id a en m uchos g rupos tribales y lingüísticos de tam año variable, llegando algunos quizás a cuarenta mil. A su vez, cada tribu estaba su b d iv id id a…

p. 33
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 271 cita
[5]

quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…

p. 27
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 1411 cita
[6]

a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…

p. 141
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1011 cita
[7]

half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…

p. 101
07El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · Página 401 cita
[8]

nombre y de sus afluentes (todos ellos ricos en alu- viones de oro). Sin embargo, a pesar de ser estos últimos indios «pacíficos y humanos», Ampudia y Añasco, que 41 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa años después, marcaron con sangre y fuego la conquista del valle del Alto Magdalena, «… incendiaron cuantos pueblos y…

p. 40
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 45, 522 citas
[9]

tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…

p. 45
[14]

autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…

p. 52
09Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 35, 432 citas
[10]

o menos vecinos que se iban caracterizando por ofrecer una resistencia demasiado decidida y áspera a los españoles, sobre todo cuando las prácticas guerreras iban acompañadas de la antropofagia. Desde las primeras luchas con los españoles resultaron notables por su resistencia, que exaltó Castellanos: “Selváticos,…

p. 43
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y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…

p. 35
10Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Páginas 21, 302 citas
[11]

argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…

p. 30
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España, pues el rey no era soberano temporal del mundo, ni ocuparse de la conversión de los indios lo convertía en soberano de ellos. Pero si los indios no se sometían y, en especial, si ofrecían alguna forma de resistencia armada a la prédica cristiana, era lícito atacarlos y someterlos a la fuerza. Era, entonces,…

p. 21
11Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · Página 931 cita
[13]

anónimo, eran producto del trabajo indígena sometido. Sin embargo, Balboa dejó, como caso excepcional, que los indígenas convivieran en la ciudad con los es- pañoles. Así era más difícil que grupos rebeldes ata- caran Santa María la Antigua, por temor a matar a coterráneos suyos. Los éxitos militares de Balboa, a…

p. 93
12Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Página 1371 cita
[16]

Eugelio de las Heras, 1929. Rodríguez Freyle, Juan. Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada. Edited by Jaime Delgado. Madrid: Historia 16, 1986. Rosa, Moisés de la. “Los Conquistadores de los Chibchas.” Boletín de Histo- ria y Antigüedades 22 (1935): 225 – 53. Rosa Olivera, Leopoldo de la. “Don Pedro…

p. 137
13Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · Página 3302 citas
[17]

“El proceso contra el cacique de Ubaque en 1563: la última ceremonia religiosa pública de los muiscas.... [1563-1564]”, transcripción de Clara Inés Casilimas y Eduardo Londoño, Boletín Museo del Oro, núm. 49, julio-diciembre. Bogotá, Banco de la República. Castellanos, J. de ([1601] 1955). Elegías de varones ilustres…

p. 330
[18]

“El proceso contra el cacique de Ubaque en 1563: la última ceremonia religiosa pública de los muiscas.... [1563-1564]”, transcripción de Clara Inés Casilimas y Eduardo Londoño, Boletín Museo del Oro, núm. 49, julio-diciembre. Bogotá, Banco de la República. Castellanos, J. de ([1601] 1955). Elegías de varones ilustres…

p. 330
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1661 cita
[19]

cuatro años antes de su muerte, en 1642. Desde el punto de vista historiográfico, Rodrí- guez Freyle se basa en las crónicas de fray Pedro Simón, el padre Juan de Castellanos y en la ex- tensa tradición oral americana. Rafael Humberto Moreno-Durán considera que esta obra, concebi- da inicialmente como una crónica,…

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15Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · Página 581 cita
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amigos y detractores es que es una mujer valiente y aguerrida que hace recordar relatos de mujeres como La Gaitana, quien habitó estas tierras en el año 1500. Esa cacica fue una nasa que se opuso a la muerte y opresión que dejaban a su paso los españoles, y quien tras el asesinato de su hijo a manos de los invasores…

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16Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 232 citas
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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

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17Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · Página 1091 cita
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y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…

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18Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · Página 4071 cita
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poder de los caciques muiscas, sus argumentos parecen circunscribirse a ciertos momentos específicos, y muy especialmente a las grandiosas y prolongadas fiestas durante las cuales los indígenas se congregaban en lugares ceremoniales de gran importancia, muchos de ellos con una centenaria o milenaria ocupación, para…

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19La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · Página 311 cita
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pozos, carrapas, ansermas, pícaras y paucuras y los enigmá- ticos quimbayas y quindíos. 9 Habiendo carecido por completo del 9. Juan Friede, Los quimbayas bajo la dominación española (Bogotá, 1963), estudio basado en numerosos documentos del Archivo de Indias en Sevilla, España. Ver, igualmente, Ernesto Restrepo…

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20La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · Página 711 cita
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h a s t a 1 9 7 1 pueblos en la ruta a Cali, llamada entonces Lili o Lile. Masacres y quema de casas se convirtieron en su política, pueblos enteros fueron arrasados o destruidos completamente. Pascual de Andagoya, que sirvió brevemente como adelantado de la provincia de Popayán, describió lo que encontró en su…

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21Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · Página 2981 cita
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y con ellos sus madres, desgastadas prematu- ramente por los múltiples partos y por el arduo trabajo de la casa y la parcela. La poca comida y las enfermedades hacen que el crecimiento de las poblaciones del Cauca indí- gena sea más lento que el de las poblaciones del Cauca campesino. La pausada expansión demográfica…

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22La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 711 cita
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total entre los Chibchas. Hubo grupos que huyeron a los mo n tes; otros realizaron suicidios colectivos; aún otros ejecutaron el retraimiento anímico, alejándose socialmente de los esp a ñoles (Aguado, 1906, p. 207). Epidemias de en- fermedades nuevas como las venéreas y las viruelas, fueron aniquilantes. La anomia…

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23Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 1461 cita
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nación que movilizara a los sectores subalternos contra los españoles llevó a que el pasado indígena fuera retomado por los criollos como símbolo de la lucha contra la dominación española, al introducir la idea de trescientos años de opresión, como lo ha señalado en su momento Hans König. 8 La interpretación criolla…

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24Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 181 cita
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¿Cuáles son los personajes cuya potencia icónica va modelando el imaginario de una república naciente, cuál su rostro y dónde reside el origen de su potencia evoca- dora? ¿Cómo y en dónde se encuentran la invención y la realidad en la iconografía heroica? La autora rastrea magistralmente todos estos interro- gantes a…

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