La Gaitana
Conquista
La biografía
La Gaitana es el nombre con que la tradición y las crónicas coloniales fijaron a una mujer asociada con la resistencia indígena del Alto Magdalena frente a los capitanes de Sebastián de Belalcázar. El marco bélico es histórico: Timaná fue fundada durante la expansión española y Pedro de Añasco murió en una emboscada de una coalición indígena. En cambio, la identidad de la mujer, su pertenencia étnica, su rango político y su intervención personal proceden de relatos tardíos y siguen discutidos. Su figura ocupa por ello un lugar singular en la historia colombiana: condensa una resistencia regional comprobable y, al mismo tiempo, una construcción de memoria reelaborada durante los siglos XIX y XX. Separar esas capas —sin borrar ninguna— es la única manera de leerla con honestidad.
Línea de vida
- 1538
Fundacion tradicional de Timana o Guacacallo
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La tradicion historiografica situa hacia finales de 1538 la fundacion de la villa por Pedro de Anasco, como punto de comunicacion entre Popayan y el interior. La fecha no determina por si sola la cronologia del episodio de La Gaitana.
- 1540
Muerte de Juan de Ampudia en otra campana
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Ampudia murio hacia 1540 en combates contra fuerzas indigenas vinculadas a la region paez. Este episodio debe distinguirse de la emboscada posterior de Pedro de Anasco.
- 1544
Emboscada y muerte documentada de Pedro de Anasco
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Una probanza levantada el 13 de noviembre de 1544 confirma que una coalicion indigena mato a Anasco y veintidos hombres. La revision de otro documento firmado en noviembre de 1543 situa el hecho entre ambas fechas; la probanza no nombra a La Gaitana.
- 1591
Conclusion aproximada de la tercera parte de las Elegias
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Juan de Castellanos termino hacia 1590-1591 la tercera parte de su obra, donde aparece la primera narracion extensa conocida de La Gaitana. Pedro Simon retomaria despues ese relato.
- 1847
Primera impresion de la tercera parte de las Elegias
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La seccion que contiene el relato de La Gaitana fue publicada por primera vez en Madrid en 1847, no en 1601.
- 1974
Monumento a La Gaitana en Neiva
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El monumento de Rodrigo Arenas Betancourt, inaugurado en 1974, fijo en el paisaje urbano la escena cronistica de la cacica conduciendo a Pedro de Anasco con una cuerda.
Una cacica en el filo de dos mundos
Juan de Castellanos no registró “Guaitipán” como nombre indígena ni explicó “Gaitana” como una castellanización. Escribió, por el contrario, que ignoraba si era nombre propio o un apelativo puesto por los españoles. Documentos del siglo XVI mencionan a una señora Guatepán o Guatipán, pero su identificación con La Gaitana pertenece a una hipótesis historiográfica y a la tradición huilense; incluso se ha propuesto que fuera un título o una función. Tampoco es seguro llamarla yalcón: Jorge Morales observa que Castellanos y Simón la presentan aparentemente como paez, mientras Pigoanza figura como cacique de los yalcones. Las fuentes sitúan el relato en la provincia de Timaná, pero no resuelven la identidad étnica de su protagonista.
Lo que la vuelve un personaje central no es la abundancia de datos biográficos —son escasísimos—, sino la superposición de evidencias de naturaleza distinta. Una probanza de 1544 confirma la emboscada en que murieron Añasco y veintidós hombres, pero no nombra a La Gaitana. La protagonista aparece en la tercera parte de las Elegías de Juan de Castellanos y, después, en la versión de fray Pedro Simón, dependiente en buena medida de aquella. La guerra y las alianzas indígenas tienen apoyo documental; el nombre, los discursos, la maternidad y la venganza personal pertenecen al relato cronístico. Ambos niveles son históricamente relevantes, pero no poseen el mismo peso probatorio.
El Alto Magdalena antes de la conquista
Comprender su lugar exige situarla en el territorio sin trasladar cifras nacionales o regionales a una biografía que no las documenta. La investigación arqueológica del valle del río Timaná describe un poblamiento disperso y de baja densidad, con una aldea nucleada de rasgos defensivos y una larga historia de ocupación. El valle enlazaba el Macizo con el Magdalena y no era una periferia aislada. Las estimaciones de cientos de miles de habitantes usadas antes procedían de agregados geográficos más amplios y no permiten fijar la población del escenario concreto de La Gaitana.
Tampoco es sostenible describir sin matices a las sociedades del Alto Magdalena como bandas sin jefaturas permanentes ni tributación. La arqueología regional muestra cacicazgos independientes y, para el valle de Timaná, propone una organización supralocal con liderazgo central permanente y relaciones tributarias, aunque siguen abiertas la escala y la calidad exactas de ese poder al momento de la conquista. La ausencia de una confederación regional estable no equivale a ausencia de autoridad política. Esta corrección hace posible una jefatura femenina, pero no demuestra que la mujer de las crónicas ejerciera por sí sola un mando sobre todos los pueblos aliados.
Las crónicas y algunas deposiciones españolas atribuyeron prácticas antropófagas a los pueblos que combatieron en la región. Esa acusación debe conservar el sujeto que la formuló: en la probanza de 1544, Florencio Serrano declaró haber escapado de la emboscada y haber oído después que los cautivos fueron torturados y comidos; otro testigo repitió lo dicho por un intérprete indígena capturado. No es una observación etnográfica directa. La categoría colonial de “caribe” reunió guerra, rebeldía y canibalismo para clasificar enemigos y legitimar su sometimiento. Tampoco puede afirmarse que estos pueblos carecieran de arco y flecha: la fuente citada por la historiografía se refiere a flechas envenenadas, no a la inexistencia del arma.
Belalcázar, Ampudia y la violencia inaugural
La conquista del Alto Magdalena no llegó desde el norte, por Santa Fe, sino desde el suroccidente, en el movimiento expansivo de Sebastián de Belalcázar. Antiguo lugarteniente de Francisco Pizarro y fundador de Quito, Belalcázar emprendió a mediados de la década de 1530 una marcha hacia el norte con un propósito doble: buscar el Dorado del que le hablaban informantes indígenas y, sobre todo, independizarse del gobernador del Perú. A esa expansión se atribuyen las fundaciones de Pasto, Popayán, Cali, Anserma y Cartago, unas por su mano directa, otras por la de los capitanes que enviaba por delante.
La expansión hacia el Alto Magdalena abrió una ruta entre Popayán y el interior del Nuevo Reino. La tradición historiográfica atribuye a Añasco la fundación de Timaná por orden de Belalcázar, generalmente fechada hacia finales de 1538. La violencia de las entradas españolas está ampliamente documentada en el suroccidente, pero el pasaje de Pascual de Andagoya sobre pueblos incendiados y campos talados describe el trayecto entre Lili y Popayán; no prueba por sí solo que cada una de esas acciones ocurriera del mismo modo en Timaná ni que Belalcázar encontrara allí un valle totalmente despoblado al año siguiente.
Fue en ese contexto cuando se estableció la villa de Timaná o Guacacallo, cuya fecha tradicional de fundación es 1538. El asentamiento buscaba asegurar la comunicación y organizar el dominio colonial en una zona donde las alianzas y resistencias indígenas dificultaron la implantación temprana de encomiendas. La fundación es un antecedente firme del conflicto; lo que no puede hacerse es fechar automáticamente el episodio de La Gaitana en 1539 solo por su proximidad narrativa con ese hito.
El episodio: de la crónica al archivo
La versión que fijó Juan de Castellanos tiene una secuencia clara, pero debe leerse como relato cronístico. Añasco exigió obediencia y tributo a los jefes locales; el hijo de la mujer llamada Gaitana no acudió, fue capturado y, según el poema, quemado vivo. Castellanos presenta entonces a la madre solicitando ayuda a Pigoanza y a otros parientes para vengarlo. No se ha encontrado un documento contemporáneo que confirme la identidad del joven, el nombre “Timanco” difundido por versiones posteriores ni la intervención de su madre. El castigo por fuego pertenece a las dos crónicas; la alternativa de una ejecución en la horca no está en ese núcleo narrativo.
El relato de la venganza es la escena que la memoria colombiana conservó: Castellanos atribuye a La Gaitana el cegamiento de Añasco y su recorrido con una soga hasta la muerte. La probanza levantada en Guacacallo el 13 de noviembre de 1544 confirma la emboscada y la muerte de Añasco con veintidós hombres, y recoge testimonios de oídas sobre tortura y canibalismo, pero no menciona a La Gaitana. Matallana observa además que otro documento firmado por Pedro de Añasco el 13 de noviembre de 1543 desplaza la muerte al intervalo entre esas dos fechas. La tercera parte de las Elegías, terminada hacia 1590-1591, no se imprimió en 1601: su primera edición apareció en 1847.
En las crónicas, La Gaitana continúa convocando a Pigoanza y a otros pueblos, mientras las fuerzas coloniales responden desde Timaná y Neiva. Las fuentes revisadas nombran a Juan del Río y a Juan Cabrera en las campañas posteriores. No respaldan una expedición punitiva de Baltasar Maldonado: Castellanos menciona, en contextos distintos, a Baltasar del Río y a Arias Maldonado, combinación que parece haber producido la confusión del artículo. La investigación citada sitúa el cierre de la rebelión de Timaná hacia 1543, pero distingue ese episodio de conflictos regionales que continuaron después.
Lo que las fuentes permiten, y lo que no
Aquí conviene detenerse. Las fuentes no ofrecen una cronología cerrada y coherente. La fundación tradicional de Timaná se ubica en 1538; Juan de Ampudia murió hacia 1540 durante otra campaña contra fuerzas indígenas; y la revisión de las probanzas sitúa la emboscada de Añasco entre noviembre de 1543 y noviembre de 1544. Las guerras posteriores de paeces, pijaos y otros pueblos muestran la persistencia de una frontera conflictiva, pero no deben comprimirse en una sola coyuntura ni atribuirse todas a la dirección de La Gaitana.
La posición política de La Gaitana sigue sin aclararse. Morales señala que el título de cacica aparece en los cronistas sin mayor respaldo independiente; Arango muestra que sus discursos y su poder están construidos dentro de la lógica narrativa de esos textos. Al mismo tiempo, la arqueología invalida el argumento inverso según el cual una autoridad como ella sería estructuralmente imposible: en el valle existieron formas de liderazgo permanente y organización cacical. La evidencia disponible permite discutir una dirigente local o una personificación literaria, pero no probar un mando regional individual ni descartarlo por una supuesta ausencia total de jefaturas.
El balance debe permanecer abierto. La emboscada y muerte de Añasco son hechos documentados; la mujer llamada Gaitana, la muerte de su hijo y la venganza personal están atestiguadas por Castellanos y repetidas por Simón, no por el expediente contemporáneo. El silencio de otras crónicas y documentos llevó a Juan Friede a considerarla una creación literaria; Matallana ha respondido que Castellanos pudo conocer a sobrevivientes y que existieron mujeres con autoridad, entre ellas la documentada Guatepán. Esos indicios hacen posible un núcleo histórico, pero no autorizan a afirmar que la existencia y cada detalle de la venganza sean “muy probables”.
La resistencia después de la resistencia
Lo que queda claro es la envergadura de las resistencias indígenas del sur del Alto Magdalena y de las cordilleras vecinas. Hubo alianzas entre paeces y yalcones, campañas contra Timaná y Popayán y, más tarde, guerras prolongadas en otras zonas, entre ellas la guerra contra los pijaos. No forman una sola rebelión de casi un siglo inaugurada por La Gaitana. La insurrección de Timaná fue contenida hacia 1543 según la reconstrucción citada, mientras otros conflictos siguieron trayectorias, territorios y liderazgos propios durante los siglos XVI y XVII.
La provincia de Timaná ocupó una posición estratégica entre Neiva y Popayán y sirvió de puente entre el Macizo y el valle del Magdalena. La resistencia dificultó el asentamiento colonial y la temprana organización de encomiendas, pero no convirtió toda la región en un espacio políticamente homogéneo. Tampoco puede afirmarse, sin estudios locales y cronologías específicas, que los resguardos documentados después fueran simples concentraciones artificiales de refugiados. Las historias de desplazamiento, reducción, continuidad y recomposición de cada comunidad requieren evidencia propia.
La conquista y la colonización causaron guerras, epidemias, trabajo forzado, desplazamientos y una profunda transformación demográfica y social. Ese marco general no basta, sin embargo, para reconstruir el destino específico de los yalcones. Las fuentes revisadas no permiten afirmar que se “disolvieron”, que sus descendientes se mezclaron con pueblos determinados o que desaparecieron “sin dejar rastro”. La arqueología y la etnohistoria muestran continuidad de ocupaciones, movilidad y relaciones entre comunidades, pero identificar descendencias colectivas exige una investigación distinta.
La respuesta indígena incluyó alianzas militares, repliegues, negociación y colaboración de algunos caciques con los españoles. La arqueología de Timaná añade conflictos entre entidades políticas indígenas que antecedían o acompañaron la conquista. Las afirmaciones sobre “suicidios colectivos” y “retraimiento anímico” provenían de generalizaciones sobre otros pueblos y no podían trasladarse a los yalcones. Tampoco es posible medir la resistencia como un éxito militar seguido de un fracaso cultural: el registro disponible permite describir episodios y transformaciones, no emitir ese balance sobre un pueblo cuya continuidad histórica aún requiere estudio.
Los cronistas y la fábrica de la memoria
La historia personal de La Gaitana descansa, de manera directa, en dos crónicas. Juan de Castellanos la incorporó a la tercera parte de sus Elegías de varones ilustres de Indias, concluida hacia 1590-1591 y publicada por primera vez en 1847. Fray Pedro Simón retomó el relato en la tercera parte de sus Noticias historiales, también editada en el siglo XIX. Pedro de Aguado, Antonio de Herrera, Juan de Velasco, documentos del cabildo de Timaná y otras piezas examinadas por Juan Friede guardan silencio sobre ella; Rodríguez Freyle tampoco integra un corpus básico independiente para esta biografía. Esos silencios no prueban inexistencia, pero impiden presentar tres o cuatro testimonios autónomos.
Cada cronista escribe con distancia y propósito. Castellanos compone una épica colonial: Luis Fernando Restrepo muestra que el episodio primero permite censurar el castigo de Añasco, pero después rearticula a La Gaitana como figura fuera de control dentro de un proyecto que termina reafirmando la colonización. Arango subraya que los discursos atribuidos a la mujer y los tópicos de crueldad, canibalismo y género pertenecen a la arquitectura retórica de la crónica. Simón simplifica y reproduce buena parte de esa narración; no constituye una confirmación independiente de sus detalles.
Las crónicas son fuentes históricas, pero no equivalen a actas contemporáneas de cada suceso. Para La Gaitana no se ha localizado una fuente oficial que la nombre. Sí existen documentos de archivo sobre la guerra: la probanza de Guacacallo confirma la muerte de Añasco y recoge a Florencio Serrano, a quien Castellanos identificó después como uno de sus informantes. Esa coincidencia acorta la distancia entre el poema y algunos hechos, pero no traslada al archivo el nombre de la mujer, sus discursos ni las acciones que el cronista le atribuyó.
De cacica local a heroína nacional
La transformación de La Gaitana en heroína nacional ocurrió mucho después de la conquista. Matallana muestra que durante los siglos XIX y XX fue representada de maneras cambiantes: como figura protolibertaria, madre abnegada, emblema regional y símbolo adoptado por organizaciones de muy distinto signo. Esa trayectoria permite hablar de una memoria republicana, pero no demuestra que los dirigentes criollos de la Independencia la hubieran convertido de forma concertada en precursora ni que su significado naciera en una sola coyuntura.
La apropiación tampoco siguió una curva simple de auge durante la guerra y olvido inmediato después. Historiadores, novelas, teatro, instituciones educativas, organizaciones políticas y repertorios regionales continuaron reformulando el personaje. Esa persistencia simbólica coexistió con políticas estatales cambiantes y con la exclusión de pueblos indígenas reales, pero las fuentes revisadas no permiten convertir esa coexistencia en una secuencia causal única. La Gaitana ingresó al imaginario nacional mediante usos múltiples y a veces contradictorios.
En el siglo XX, monumentos, obras escénicas, nombres de instituciones y relatos regionales fijaron una iconografía pública de la cacica. La imagen más visible en Neiva es el monumento de Rodrigo Arenas Betancourt, inaugurado en 1974. El inventario turístico del Huila describe seis figuras de bronce y representa a La Gaitana conduciendo a Pedro de Añasco con una cuerda, no arrastrándolo por una cadena. La obra monumentaliza precisamente la escena cronística discutida y muestra cómo una narración de procedencia incierta puede adquirir una presencia material indiscutible en la ciudad.
La figura también circula en memorias indígenas contemporáneas, aunque no como una apropiación uniforme de “el movimiento indígena”. Matallana recoge la narración del historiador oral nasa Julio Niquinás y muestra cómo Guatepán se enlaza con luchas territoriales en el Cauca; otros usos institucionales y políticos han enfatizado rasgos distintos. Estas memorias no prueban por sí mismas la biografía del siglo XVI, pero sí son evidencia de la vida histórica posterior del personaje y deben leerse como voces con contexto propio, no como una sola versión contemporánea.
Qué pesa y qué queda
La Gaitana histórica es difícil de aprehender y su existencia individual permanece abierta. Está documentado que una coalición indígena emboscó y mató a Pedro de Añasco; Castellanos convirtió ese hecho en la historia de una madre poderosa que vengó a su hijo, y Simón retomó la escena. La autoridad llamada Guatepán demuestra que hubo mujeres reconocidas como señoras en la región amplia, pero no que fuera la misma persona. Es posible que el poema conserve un núcleo biográfico transmitido por sobrevivientes; también es posible que haya condensado actores y memorias colectivas. Ninguna de las dos hipótesis alcanza hoy la “casi total seguridad”.
Lo que resiste la revisión es el proceso mayor, siempre que no se borren sus diferencias internas. Yalcones y paeces formaron alianzas contra fuerzas españolas; Timaná fue un punto estratégico y disputado; y otras guerras mantuvieron abiertas distintas fronteras del sur andino durante generaciones. Esos procesos alteraron ritmos de ocupación, comunicación y organización colonial. No permiten, sin embargo, atribuir a La Gaitana la resistencia pijao posterior, describir todos los resguardos como reasentamientos artificiales ni reconstruir una geografía humana uniforme de refugiados y descendientes.
De ahí que La Gaitana funcione con enorme fuerza como emblema y con mucha fragilidad como biografía documentada. Condensa, en un nombre y una escena, el hecho de que la conquista no fue uniforme ni inevitable. Pero la escena no es el hecho completo: el archivo confirma la derrota de una partida española y las crónicas atribuyen su sentido personal a una mujer. Reconocer esa diferencia no reduce la agencia indígena; evita que una representación colonial sustituya a las alianzas, decisiones y conflictos colectivos que sí pueden estudiarse.
Recordarla exige entonces un doble movimiento: reconocer la potencia de la resistencia que representa y no convertir una crónica en expediente. No sabemos si la mujer del relato fue yalcón, paez, la señora Guatepán u otra autoridad cuyo nombre se perdió; tampoco podemos seguir su vida antes o después de la emboscada. Sí sabemos que su figura ha dado lenguaje a memorias regionales e indígenas y que obliga a leer la conquista desde la oposición que encontró. La Gaitana es, a la vez, una posibilidad histórica, una protagonista literaria y una presencia pública duradera. Mantener visibles esas tres condiciones es más fiel que resolver por certeza lo que las fuentes dejaron abierto.
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Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 31 fragmentos01Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Página 1061 cita
[1]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Página 1872 citas
[2]Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…
p. 187
[3]Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…
p. 187
03Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 33, 842 citas
[4]escritor criollo, atribuyó la p ro d u c tiv id ad y la p ro sp e rid ad de G uanentá a la parcelación de sus tierras en u n id ad es relativam ente pequeñas, algo que estaba dictado principalm ente por la topografía. V argas anotó que en esas com arcas la m ayoría de la población poseía pequeñas parcelas y, según la…
p. 84
[25]valle geográfico del Cauca, debió ser apreciable antes de la C onquista. Los estim ativos varían entre seiscien tos mil y un m illón de habitantes. Estaba d iv id id a en m uchos g rupos tribales y lingüísticos de tam año variable, llegando algunos quizás a cuarenta mil. A su vez, cada tribu estaba su b d iv id id a…
p. 33
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 271 cita
[5]quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…
p. 27
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 1411 cita
[6]a la orden de seguirlo, despu é s de explorar la Guajira y fundar la actual Riohacha, sigui ó tras los pasos de Espira, pero luego, desviando su ruta hacia la cordillera, la atraves ó, llegando a Pasca por el mes de marzo de 1539, cuando la tierra ya estaba ocupada por la hueste de Jim é nez. Algunos a ñ os antes de…
p. 141
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1011 cita
[7]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
p. 101
07El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · Página 401 cita
[8]nombre y de sus afluentes (todos ellos ricos en alu- viones de oro). Sin embargo, a pesar de ser estos últimos indios «pacíficos y humanos», Ampudia y Añasco, que 41 Eí ndinc ed írsta ócf ía oneffa años después, marcaron con sangre y fuego la conquista del valle del Alto Magdalena, «… incendiaron cuantos pueblos y…
p. 40
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 45, 522 citas
[9]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…
p. 45
[14]autori dad, les pagaran tributos y les rindieran obediencia. Esta respuesta estaba influida por la estructura y la cultura de las comunidades ind í genas. Donde sobrevivi ó mayor proporci ó n de poblaci ó n fue entre los muiscas y los grupos cercanos a Pasto y Popay á n. Esto se explica en parte porque los espa ñ oles…
p. 52
09Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Páginas 35, 432 citas
[10]o menos vecinos que se iban caracterizando por ofrecer una resistencia demasiado decidida y áspera a los españoles, sobre todo cuando las prácticas guerreras iban acompañadas de la antropofagia. Desde las primeras luchas con los españoles resultaron notables por su resistencia, que exaltó Castellanos: “Selváticos,…
p. 43
[12]y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…
p. 35
10Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Páginas 21, 302 citas
[11]argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…
p. 30
[15]España, pues el rey no era soberano temporal del mundo, ni ocuparse de la conversión de los indios lo convertía en soberano de ellos. Pero si los indios no se sometían y, en especial, si ofrecían alguna forma de resistencia armada a la prédica cristiana, era lícito atacarlos y someterlos a la fuerza. Era, entonces,…
p. 21
11Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · Página 931 cita
[13]anónimo, eran producto del trabajo indígena sometido. Sin embargo, Balboa dejó, como caso excepcional, que los indígenas convivieran en la ciudad con los es- pañoles. Así era más difícil que grupos rebeldes ata- caran Santa María la Antigua, por temor a matar a coterráneos suyos. Los éxitos militares de Balboa, a…
p. 93
12Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · Página 1371 cita
[16]Eugelio de las Heras, 1929. Rodríguez Freyle, Juan. Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada. Edited by Jaime Delgado. Madrid: Historia 16, 1986. Rosa, Moisés de la. “Los Conquistadores de los Chibchas.” Boletín de Histo- ria y Antigüedades 22 (1935): 225 – 53. Rosa Olivera, Leopoldo de la. “Don Pedro…
p. 137
13Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · Página 3302 citas
[17]“El proceso contra el cacique de Ubaque en 1563: la última ceremonia religiosa pública de los muiscas.... [1563-1564]”, transcripción de Clara Inés Casilimas y Eduardo Londoño, Boletín Museo del Oro, núm. 49, julio-diciembre. Bogotá, Banco de la República. Castellanos, J. de ([1601] 1955). Elegías de varones ilustres…
p. 330
[18]“El proceso contra el cacique de Ubaque en 1563: la última ceremonia religiosa pública de los muiscas.... [1563-1564]”, transcripción de Clara Inés Casilimas y Eduardo Londoño, Boletín Museo del Oro, núm. 49, julio-diciembre. Bogotá, Banco de la República. Castellanos, J. de ([1601] 1955). Elegías de varones ilustres…
p. 330
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1661 cita
[19]cuatro años antes de su muerte, en 1642. Desde el punto de vista historiográfico, Rodrí- guez Freyle se basa en las crónicas de fray Pedro Simón, el padre Juan de Castellanos y en la ex- tensa tradición oral americana. Rafael Humberto Moreno-Durán considera que esta obra, concebi- da inicialmente como una crónica,…
p. 166
15Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · Página 581 cita
[20]amigos y detractores es que es una mujer valiente y aguerrida que hace recordar relatos de mujeres como La Gaitana, quien habitó estas tierras en el año 1500. Esa cacica fue una nasa que se opuso a la muerte y opresión que dejaban a su paso los españoles, y quien tras el asesinato de su hijo a manos de los invasores…
p. 58
16Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 232 citas
[21]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[22]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
17Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · Página 1091 cita
[23]y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…
p. 109
18Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · Página 4071 cita
[24]poder de los caciques muiscas, sus argumentos parecen circunscribirse a ciertos momentos específicos, y muy especialmente a las grandiosas y prolongadas fiestas durante las cuales los indígenas se congregaban en lugares ceremoniales de gran importancia, muchos de ellos con una centenaria o milenaria ocupación, para…
p. 407
19La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · Página 311 cita
[26]pozos, carrapas, ansermas, pícaras y paucuras y los enigmá- ticos quimbayas y quindíos. 9 Habiendo carecido por completo del 9. Juan Friede, Los quimbayas bajo la dominación española (Bogotá, 1963), estudio basado en numerosos documentos del Archivo de Indias en Sevilla, España. Ver, igualmente, Ernesto Restrepo…
p. 31
20La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · Página 711 cita
[27]h a s t a 1 9 7 1 pueblos en la ruta a Cali, llamada entonces Lili o Lile. Masacres y quema de casas se convirtieron en su política, pueblos enteros fueron arrasados o destruidos completamente. Pascual de Andagoya, que sirvió brevemente como adelantado de la provincia de Popayán, describió lo que encontró en su…
p. 71
21Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · Página 2981 cita
[28]y con ellos sus madres, desgastadas prematu- ramente por los múltiples partos y por el arduo trabajo de la casa y la parcela. La poca comida y las enfermedades hacen que el crecimiento de las poblaciones del Cauca indí- gena sea más lento que el de las poblaciones del Cauca campesino. La pausada expansión demográfica…
p. 298
22La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 711 cita
[29]total entre los Chibchas. Hubo grupos que huyeron a los mo n tes; otros realizaron suicidios colectivos; aún otros ejecutaron el retraimiento anímico, alejándose socialmente de los esp a ñoles (Aguado, 1906, p. 207). Epidemias de en- fermedades nuevas como las venéreas y las viruelas, fueron aniquilantes. La anomia…
p. 71
23Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 1461 cita
[30]nación que movilizara a los sectores subalternos contra los españoles llevó a que el pasado indígena fuera retomado por los criollos como símbolo de la lucha contra la dominación española, al introducir la idea de trescientos años de opresión, como lo ha señalado en su momento Hans König. 8 La interpretación criolla…
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24Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 181 cita
[31]¿Cuáles son los personajes cuya potencia icónica va modelando el imaginario de una república naciente, cuál su rostro y dónde reside el origen de su potencia evoca- dora? ¿Cómo y en dónde se encuentran la invención y la realidad en la iconografía heroica? La autora rastrea magistralmente todos estos interro- gantes a…
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