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Hecho histórico · Prehispánico · antes de 1499

Consolidación de cacicazgos andinos y guerra endémica (900–1450)

Entre 900 y 1450, el territorio colombiano desarrolló una forma propia de complejidad política basada en cacicazgos jerarquizados, orfebrería fina, redes de intercambio interregional y guerra ritual endémica, sin llegar a constituir un Estado coercitivo ni un imperio centralizado. La diversidad de esta vía —desde los cacicazgos guerreros quimbayas y pijaos hasta los teocráticos zenúes del Sinú— define una trayectoria política singular en el continente.

Consolidación de cacicazgos andinos y guerra endémica (900–1450)
900–1450
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
900–1450
Dónde
Valle del Cauca, Quindío, Tolima, Bajo Cauca, Altiplano cundiboyacense, Cesar, Mompox, Río Magdalena, Cordillera Central, Depresión Momposina, Bajo San Jorge, Río Sinú
Protagonistas
Cacicazgos zenúes (Fincenú, Pancenú, Cenúfana), Cacicazgos quimbayas, Pijaos, Panches, Muiscas (Zipa y Zaque), Taironas, Gerardo Reichel-Dolmatoff, Ana María Falchetti, Clemencia Plazas, Carl Henrik Langebaek, Robert Drennan
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La agricultura intensiva de maíz, papa, yuca y tubérculos andinos sostuvo densidades demográficas que favorecieron la emergencia de jerarquías cacicales en las cordilleras y valles bajos colombianos
  2. El escalonamiento de pisos térmicos y la distribución desigual de recursos estratégicos —sal en Zipaquirá, esmeraldas en Somondoco, oro en el valle del Magdalena, coca y algodón en las tierras bajas— impulsó redes de intercambio interregional que generaron asimetrías materiales y reforzaron la autoridad de los caciques
  3. El régimen hídrico extremo de la depresión momposina exigió una respuesta técnica colectiva que los zenúes materializaron en miles de canales y camellones, creando un paisaje humanizado que requería coordinación política sostenida
  4. La demanda de distinción social en sociedades con movilidad vertical estimuló la especialización artesanal en orfebrería y cerámica fina, cuyos productos circulaban como marcadores de rango y alimentaban el prestigio cacical
  5. Movimientos de población —posiblemente de grupos de filiación caribe desde las tierras bajas— introdujeron presión demográfica y territorial en el Magdalena medio y el occidente andino, amplificando tendencias belicosas preexistentes
900–1450Consolidación de cacicazgos andinos y guerra endémica (900–1450)

Consecuencias

  1. La guerra ritual endémica —con sacrificios humanos, toma de cabezas trofeo y canibalismo ceremonial— se consolidó como mecanismo estructural de legitimación de la autoridad cacical, no como táctica de conquista territorial ni de subordinación económica de los vencidos
  2. La concentración de la autoridad en la persona del cacique y su vínculo ritual con lo sobrenatural hizo que la resistencia a la conquista española colapsara en cuanto los caciques fueron capturados, revelando la fragilidad institucional de un sistema sin maquinaria política impersonal
  3. El sistema hidráulico zenú —canales, camellones y represas en el bajo San Jorge y la depresión momposina— transformó permanentemente el paisaje de La Mojana y sus huellas son aún detectables en fotografías aéreas, constituyendo el legado de ingeniería prehispánica más ambicioso del territorio colombiano
  4. La orfebrería quimbaya y calima alcanzó su máximo desarrollo técnico y simbólico en este período, produciendo ajuares funerarios diferenciados que documentan la estratificación social y que hoy forman parte del patrimonio disperso en museos de varios continentes, incluido el Tesoro Quimbaya en el Museo de las Américas de Madrid
  5. Las redes de intercambio interregional —sal, oro, mantas, coca, esmeraldas, caracoles marinos— articularon economías complementarias entre el altiplano, los valles y las tierras bajas, sentando las bases materiales sobre las que operó la conquista española al identificar rutas, recursos y jerarquías aprovechables
03

La clave interpretativa

Por qué importa

Este período demuestra que la complejidad política no requiere Estado coercitivo ni burocracia impersonal: los cacicazgos colombianos tardíos alcanzaron alta estratificación social, ingeniería hidráulica a gran escala y redes de intercambio continental mediante autoridad personal, ritual y prestigio. El contraste entre la trayectoria guerrera quimbaya-pijao y la teocrática zenú-sinú ofrece un laboratorio comparativo para entender cómo distintas ecologías, presiones demográficas y cosmovisiones producen formas divergentes de organización política dentro de un mismo umbral de complejidad. Comprender esta vía colombiana es indispensable para explicar tanto la rapidez del colapso ante la conquista como la persistencia de formas de autoridad personal y ritual en la política regional posterior.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Consolidación de los cacicazgos andinos y guerra endémica (900–1450)

Entre el año 900 y la víspera del contacto europeo, en el actual territorio colombiano cuajó una forma propia de complejidad política que no fue Estado ni imperio, pero tampoco tribu igualitaria: los cacicazgos tardíos. Fueron sociedades densamente pobladas, jerarquizadas, con orfebrería fina, redes de intercambio de largo alcance y una violencia ritual endémica; y sin embargo, no desarrollaron un aparato coercitivo impersonal, ni burocracia, ni ejércitos permanentes al modo andino o mesoamericano. La autoridad se concentraba en la persona del cacique y se sostenía en dos pilares que la historiografía suele tratar por separado y que aquí conviene pensar juntos: la guerra ritualizada, con su cortejo de sacrificios y cabezas trofeo, y una economía de intercambio interregional que producía asimetrías materiales concretas —control de la sal, del oro, de la coca, de las mantas—. La diversidad de esta vía colombiana, más que un abanico de etapas evolutivas, resulta de la proporción variable en que cada sociedad combinó guerra endémica y ritualidad teocrática, con el Quimbaya tardío y los Pijaos en un extremo, los cacicazgos zenúes del Sinú y los grupos del Tamalameque en el otro, y el Muisca del altiplano como contrapunto intermedio.

El mundo que se hereda hacia el año 900

Hacia el siglo X, los pueblos que ocupaban las cordilleras y los valles bajos ya contaban con siglos de agricultura consolidada y con tecnologías que sostenían poblaciones densas. El maíz, la papa, la yuca, el fríjol, la quinoa, los tubérculos andinos —hibias, cubios, chuguas— y una variedad de frutales producían más energía y nutrientes por hectárea que los cultivos del Viejo Mundo. Este paquete permitió una alimentación completa a lo largo del año y sustentó densidades demográficas que no conocieron las hambrunas periódicas europeas del mismo período. El maíz, en particular, se asocia con la expansión hacia las laderas andinas y con la aparición de la organización cacical: donde llegó el maíz, tarde o temprano llegaron también los caciques.

La geografía impuso su lógica. En el altiplano cundiboyacense, el escalonamiento de pisos térmicos aseguró productos frescos casi todo el año dentro del propio territorio muisca. El algodón y la coca —bienes rituales y suntuarios— debían traerse siempre del valle del Magdalena. En el Valle del Cauca medio y el Quindío, el clima templado, los suelos volcánicos y la doble cosecha anual de maíz alimentaron la trayectoria de los cacicazgos quimbayas, cuya orfebrería llegaría a ser la más refinada del continente. En las tierras bajas del bajo San Jorge, del Sinú y de la depresión momposina, un régimen hídrico brutal —crecientes anuales que cubrían miles de hectáreas— exigió una respuesta técnica que los zenúes venían perfeccionando desde antes del año 900 y que hacia esa fecha ya funcionaba como un paisaje humanizado a gran escala.

Ese paisaje zenú es el emblema más ambicioso de la ingeniería prehispánica colombiana. En la cuenca media y baja del río San Jorge —el antiguo Jegú— y en la depresión momposina, los panzenúes trazaron miles de canales rectos y levantaron camellones alargados, extrayendo el limo del fondo para acumularlo en diques donde se sembraba yuca y frutales, y donde se edificaba la vivienda al abrigo de las aguas. El sistema tenía doble función: canales de desagüe y terraplenes altos frente a las inundaciones anuales, y represas y canales de irrigación para la estación seca. Las huellas todavía se leen en las fotografías aéreas de La Mojana, y la ingeniería contemporánea reconoce que aquel manejo del agua sigue siendo un desafío técnico. Quién exactamente coordinó semejante obra, con qué grado de centralización política y sobre cuántas generaciones, es la pregunta que la arqueología aún no cierra: se documenta una población rural dispersa con diferenciación de rangos en los entierros, pero no una estructura de mando comparable a la de un Estado.

Al inicio del período, la región zenú estaba organizada en tres cacicazgos: Fincenú, en el valle del Sinú, con centro cerca de la Laguna de Betancí; Pancenú, en la hoya del San Jorge; y Cenúfana, en el bajo Cauca y el Nechí. Cada uno cumplía funciones diferenciadas dentro de un conjunto que operaba como sistema regional, en un territorio donde la muerte se pensaba como paso natural en el ciclo cósmico y el oro no circulaba como moneda sino como conducto de la energía solar.

La consolidación del período 900–1450

El período tardío no inventó los cacicazgos: los densificó, los hizo más desiguales y los volvió, en muchas regiones, más belicosos. En el occidente andino, el Quimbaya tardío corresponde al momento en que la orfebrería del Valle del Cauca medio, del Quindío y de Risaralda alcanza una diversidad técnica y una circulación que rebasan cualquier lectura puramente utilitaria. Es la sociedad de los grandes ajuares en tumbas de pozo con cámara lateral, excavadas en las laderas de las lomas, donde se depositaban máscaras, diademas, pectorales, orejeras, narigueras, collares, instrumentos musicales y cucharas de oro y tumbaga. El Tesoro Quimbaya —las 122 piezas orfebres exhumadas de dos sepulturas en La Soledad, municipio de Finlandia, que el presidente Carlos Holguín donó en 1892 a la reina María Cristina de España y que hoy se conservan en el Museo de las Américas de Madrid— proviene de este universo funerario.

Los ajuares diferenciales delatan la lógica del sistema: el oro no era ornamento anónimo sino marcador de rango en sociedades con movilidad vertical, donde la riqueza personal y el estatus tenían peso. La suntuosidad del entierro no describía al muerto por lo que fue en un abstracto igualitario, sino por el lugar que ocupó en una escala social visible y estimada. Y esa demanda de distinción alimentó la especialización artesanal: los orfebres calima y quimbaya no eran cultivadores ocasionales de metal, sino especialistas cuyos objetos alimentaban a la vez el ritual funerario, el prestigio del cacique en vida y las redes de intercambio interregional.

En la zona Calima, del período Yotoco en adelante, los ajuares combinan cerámicas finas, ornamentos de oro martillado y collares de piedras verdes; el tamaño diferencial de las casas confirma la estratificación. Existían terrazas de vivienda, zonas aplanadas y campos de cultivo antiguos con vestigios de canales trazados en cuadrículas: manejo intensivo del paisaje, sostenido por sociedades donde las cerámicas finas y ordinarias coexistían en los rituales funerarios de todos los estratos, aunque solo algunos podían llevarse consigo el oro.

Al norte, en el altiplano cundiboyacense, los muiscas ocuparon el corazón geográfico del país con un tejido de aldeas nucleadas y viviendas dispersas que la arqueología reconstruye con dificultad: mientras las aldeas se ocupaban de manera continua, las viviendas dispersas solo funcionaban con ocasión de la siembra y la recolección. Cerca de Bogotá y de Tunja, pequeñas planadas artificiales con piedras en círculo delatan casas sencillas próximas a los cultivos. El territorio se organizaba en torno a los grandes señores —el Zipa en el sur, con centro en Bogotá; el Zaque en Tunja— pero conservaba en sus márgenes un archipiélago de jefaturas menores independientes, particularmente en las comarcas montañosas del noroccidente de Tunja y en las hoyas del Suárez y del Moniquirá. Duitama, Sogamoso, Sáchica, Tinjacá y Guachetá todavía no se habían consolidado dentro de la estructura federal a la llegada de los españoles. Las fronteras eran móviles: cada señor procuraba incorporar comunidades previamente independientes, y las crónicas no registran protestas por caciques impuestos, lo que indica que la expansión no adoptaba la forma de una sujeción directa.

En las tierras bajas del Caribe, los cacicazgos zenúes mantuvieron durante estos siglos la administración de un paisaje humanizado que dependía menos de la coerción que de la coordinación ritual y del prestigio del oro. La sociedad era matrifocal, centrada en el papel conductor de la madre, sin evidencia de discriminación formal por sexo. La cosmovisión ligaba el oro a la fertilidad y al renacimiento: los zenúes construían montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban adornos de oro. En el caso del cacique Buhba, los zenú-malibúes depositaron su cadáver en una urna de cerámica dentro de un túmulo junto con sus objetos personales; la construcción del túmulo llevó muchos días y noches, en un ambiente alegre, invocando a las deidades Ihtíoco, Ninha, Thi y Uhrira.

Guerra endémica y sacrificio como mecanismo de reproducción política

Las crónicas españolas del siglo XVI describen buena parte de las vertientes andinas colombianas como un territorio en estado crónico de guerra, con sacrificios humanos, canibalismo ritual y toma de cabezas trofeo. La arqueología y la iconografía confirman parcialmente el cuadro, aunque desmienten sus versiones más extremas: la evidencia osteológica no soporta un exterminio recíproco perpetuo. Lo que sí se sostiene es que la guerra fue estructural en la reproducción de la autoridad cacical, no una patología del sistema.

El caso muisca lo ilustra con precisión. Durante los festejos de siembra de maíz, entre enero y marzo, los muiscas sacrificaban guerreros panches capturados en combate: los subían a un poste a la entrada del cercado del cacique y los flechaban hasta desangrarlos. Niñas de personajes importantes eran depositadas en los hoyos de los postes de las viviendas cacicales. Y los moxas —esclavos jóvenes adquiridos vírgenes en la Casa del Sol, en el piedemonte llanero— se compraban con el único propósito de ser sacrificados como intermediarios con el sol. Esta violencia no perseguía una subordinación económica de los vencidos: no hay registro de que los panches capturados hayan sido incorporados como mano de obra, ni de que el territorio panche haya sido anexado. La guerra muisca tenía carácter predominantemente ceremonial y de reconocimiento político. Sacrificar al panche era escenificar, cada año agrícola, la potencia del cacique frente a sus propios súbditos y frente a los cacicazgos vecinos.

En el occidente andino, el patrón adopta una intensidad mayor. Los pueblos del valle del Cauca entre Nori y Popayán combinaban rasgos derivados de las culturas metalúrgicas del primer milenio con formas de guerra y canibalismo asociados a los grupos caribes. El canibalismo aquí parece haber tenido sentido ritual o mágico antes que alimenticio, y la guerra tenía más que ver con confirmar la autoridad de los jefes que con la aniquilación del adversario o la conquista territorial. La presión demográfica sobre las tierras cultivables pudo introducir un componente material en estos conflictos, y la hipótesis no puede descartarse; pero incluso admitiéndola, la forma que tomó la violencia —trofeos, canibalismo ceremonial, sacrificio— confirma que la guerra funcionaba como escenario de legitimación antes que como táctica de expansión.

Este carácter explica un rasgo que llamó la atención de los conquistadores: la fragilidad de la resistencia una vez capturado el cacique. En las tierras quimbayas y en la ausencia general de un poder centralizador fuerte en el occidente andino, la oposición a la conquista española colapsó apenas los caciques y sus hijos fueron capturados o se marcharon. Donde la autoridad reside en la persona del jefe y en su vínculo ritual con lo sobrenatural, decapitar la persona equivale a decapitar el sistema. No había institución que sobreviviera al hombre. Este dato, más que un accidente, define la vía colombiana de complejidad política: fue una arquitectura de la autoridad personal y ritualizada, sin la maquinaria impersonal que hace de un Estado algo que sobrevive a sus reyes.

Los grupos que la etnografía colonial denominó Pijaos —en la Cordillera Central hacia el centro y el norte del actual Tolima, en la Serranía que llevaría su nombre— y sus vecinos y parientes lingüísticos, los Panches, encarnan el extremo guerrero de esta trayectoria. Los cronistas los clasificaron como "caribes" del río Magdalena, categoría amplia que englobaba también a cocinas, pantágoras, yariguíes, opones, muzos, marquitones, colimas y sutagaos, y que los españoles aplicaban sobre todo a los pueblos que ofrecían resistencia armada intensa. La adscripción lingüística caribe de estos grupos se discute: hay quienes postulan una unidad étnica chibcha original para los pueblos del occidente colombiano, modificada por influencias posteriores y por la diversidad del medio ambiente. Es probable que en el período tardío algunos pueblos de origen caribe efectivamente avanzaran desde las tierras bajas caribeñas y atlánticas por el valle del Magdalena, y quizá también por el del Cauca; pero no siempre es posible distinguir entre pueblos migrantes, pueblos previos que adoptaron rasgos caribes y situaciones donde grupos caribes sojuzgaron poblaciones existentes sin destruirlas. Las fechas y las rutas precisas de esa expansión permanecen inciertas.

Lo que interesa aquí es que la reconfiguración étnica del Magdalena medio y del alto Magdalena introduce un factor exógeno en la explicación de la guerra endémica: la presión demográfica y territorial derivada de movimientos de población habría amplificado, en el occidente andino, tendencias belicosas que en otras regiones —el Sinú, por ejemplo— no encontraron el mismo terreno de cultivo. La trayectoria guerrera de los Pijaos y del Quimbaya tardío no es únicamente producto de una lógica interna de legitimación cacical: también responde a una historia contingente de encuentros, desplazamientos y competencia por tierra apta para el cultivo.

La otra cara: teocracia zenú y ritualidad como cohesión sin coerción

Frente a esta trayectoria guerrera, los cacicazgos del bajo San Jorge, del Sinú y del área de Tamalameque en el actual Cesar representan un modo distinto de reproducción política. No hay allí evidencia de sacrificio humano en masa, ni de canibalismo ritual, ni de guerra endémica en el sentido de las vertientes andinas. Lo que hay es una densidad ritual asombrosa, materializada en el manejo del paisaje, en la orfebrería y en las prácticas funerarias.

El sistema hidráulico zenú es, en sí mismo, un ejercicio de política sin coerción manifiesta: coordina el trabajo de miles de personas a lo largo de generaciones, articula pesca en los canales rectos y agricultura en los camellones elevados, y sostiene una economía capaz de alimentar poblaciones densas en un territorio que sin esa infraestructura sería inhabitable la mayor parte del año. La tensión interpretativa que rodea al sistema es sintomática: se registra una población rural dispersa con diferenciación de rangos, pero no una estructura de mando fuertemente centralizada. Que la obra exista sin la centralización que un modelo estatal exigiría es precisamente el punto: la coordinación descansaba en otra cosa —en el prestigio ritual, en la cosmovisión compartida, en la autoridad matrifocal del linaje— más que en un aparato coercitivo.

La orfebrería zenú refuerza la lectura. El oro no era moneda; era fuente numinosa de poder, símbolo de eternidad, conducto de la energía solar. Los íconos, efigies, anillos para la nariz, collares y filigranas se depositaban en contextos funerarios y ceremoniales. Las figuras femeninas en las cámaras funerarias facilitaban la concepción y el renacimiento tras la muerte. Los montículos en forma de mujer embarazada, con árboles floridos y adornos de oro colgando de sus ramas, cerraban el círculo entre fertilidad, muerte y regeneración. En esta cosmovisión, la muerte no era castigo sino paso natural en el ciclo, y el ritual funerario podía ser alegre.

En los cacicazgos colombianos en general, el sacerdocio legitimaba su poder mediante sanciones sobrenaturales y desempeñaba un papel dominante en el bienestar social al controlar la explotación de recursos naturales. La religión no era un fenómeno cultural secundario, adosado a la política real: era la política. En los cacicazgos zenúes y en los del bajo Magdalena, este componente teocrático operó como principal mecanismo de cohesión. La guerra ritualizada, allí donde existió, ocupó un lugar menor frente a la ritualidad funeraria y agrícola.

La economía que sostenía la desigualdad

Reducir todo a legitimación ritual sería, sin embargo, unilateral. Bajo el escenario de la guerra ceremonial y el sacrificio late una economía concreta de asimetrías materiales, y esa economía tiene nombres propios. El Zipa controlaba las minas de sal del altiplano —Zipaquirá entre ellas— con algo cercano a un monopolio, y desde allí la sal viajaba hasta la región de Neiva y a lo largo de las cuencas del Magdalena. El oro que circulaba en sus dominios subía, en buena parte, desde ese mismo valle. Las esmeraldas venían de Somondoco, en territorio del Zaque, lo que obligaba a alguna forma de intercambio o de acceso pactado entre las dos grandes entidades muiscas. La coca y el algodón —esenciales para el ritual y la vestimenta— no prosperaban en el altiplano y llegaban también por comercio desde tierras cálidas. Ningún cacicazgo era autosuficiente en lo que su propio prestigio consumía.

Cada cuatro días se abría mercado en los principales centros muiscas, y esa periodicidad revela una economía más regulada de lo que la imagen del jefe guerrero permitiría suponer. Las mantas de algodón funcionaban como el bien más cercano a un patrón de valor, aceptadas en intercambios por muchas otras mercancías; no eran, sin embargo, del todo homogéneas, y las mantas chingas, más burdas, tenían menor poder de cambio. El oro y la sal, pese a su importancia, no llegaron a ser medios generales de cambio: difícilmente se aceptaban en las regiones donde se producían en abundancia. La mayor parte de la población seguía dedicada a la agricultura y a las artesanías domésticas, pero un núcleo especializado producía específicamente para el mercado, y allí se anida la desigualdad más fina del sistema.

Los taironas de la Sierra Nevada de Santa Marta articulaban un mercado interregional con caminos empedrados por los que circulaban sal, pescado, productos agrícolas y manufacturas —piezas de oro, mantas de algodón, adornos de plumas, objetos tallados—. Entre taironas y muiscas no había contacto directo sino intermediarios, y los bienes de mayor circulación eran objetos de oro, cuentas de concha o piedra y caracoles marinos. Más al este, una cadena larga movía semillas de yopo desde los cazadores-recolectores de los Llanos hasta los cacicazgos laches y muiscas, cuyo culto se apoyaba en el consumo ritual del alucinógeno. El mapa económico, visto en conjunto, es una malla de dependencias cruzadas: el altiplano necesita las tierras cálidas para su ritual, la Sierra necesita al Magdalena para su oro, los llanos abastecen las visiones de los sacerdotes andinos.

Este entramado matiza cualquier lectura puramente ceremonial de la autoridad. El Zipa era poderoso también porque tenía la sal; el Zaque, porque tenía las esmeraldas; los orfebres quimbayas producían para una demanda de prestigio que era, a la vez, ritual y económica. Pero la asimetría material no se traducía en las formas que un observador acostumbrado a los Estados esperaría. El apego muisca a objetos suntuarios —textiles, oro, caracoles marinos— marcaba diferencia social sin convertirse claramente en control de tierras o de mano de obra. El ajuar funerario muisca no refleja necesariamente riqueza acumulada, y la diferenciación social se expresa débilmente en las prácticas funerarias del altiplano, con patrones que varían de sitio a sitio en distancias cortas: el caso de Soacha es ilustrativo. La desigualdad existía, pero no cristalizaba en las instituciones que la habrían hecho hereditaria y estable al modo europeo.

La forma política: jerarquía sin Estado

Es aquí donde se aclara qué tipo de complejidad política produjeron estos siglos. La organización muisca era jerárquica: caciques locales reconocían la autoridad del Zipa o del Zaque, y comunidades familiares o parcialidades formaban la base. Pero las jerarquías intermedias son difíciles de reconstruir: las crónicas no las describen con claridad, y persistían jefaturas menores que no se habían consolidado dentro de la federación. La imagen que los cronistas transmitieron —una pirámide centralizada erosionada por la tiranía, la traición y las rencillas palaciegas— transportaba a la América andina un modelo de reino europeo que se ajustaba mal a la realidad observada.

En el territorio del actual Colombia no existieron imperios con autoridad centralizada sobre amplias poblaciones comparables a los del Perú o México. Los cacicazgos muiscas y taironas, los más complejos del país, posiblemente no alcanzaron ese nivel de integración política, y no necesariamente por incapacidad estructural: la disponibilidad de tierra y las condiciones ecológicas específicas hicieron innecesaria la centralización extrema. El modelo del cacicazgo postula una jerarquización social acentuada, con desigualdad tanto de individuos como de grupos, y un señorío con sistema de linajes y prerrogativas hereditarias. La antropología clásica ubicó la redistribución en el centro de la economía y la autoridad cacical; investigaciones posteriores la relativizan y la tratan como una posibilidad entre otras. El vínculo entre liderazgo cacical y control económico sigue siendo una pregunta abierta que exige verificación caso por caso.

Lo que sí puede sostenerse es que la iconografía de estas sociedades codificaba la jerarquía con transparencia. En la balsa de Guatavita, los personajes están representados a distintas escalas según su rango, y la figura del cacique es la de mayor tamaño; el mismo principio se repite en las representaciones de los cercados. El tamaño era el lenguaje visible de la desigualdad, como los ajuares eran su lenguaje funerario.

Por qué el sistema colapsó tan rápido

La rapidez con que la resistencia indígena se derrumbó ante la conquista española —salvo notorias excepciones como los propios Pijaos, que dieron guerra a la Corona hasta bien entrado el siglo XVII— se explica en buena medida por la naturaleza personalizada de la autoridad cacical. En el occidente andino, la resistencia colapsaba tan pronto los caciques y sus hijos eran capturados o se marchaban. Donde la política se sostiene en el prestigio ritual de una persona y en su vínculo con lo sobrenatural, la captura de esa persona equivale a la disolución del vínculo. Las jerarquías intermedias no eran suficientemente autónomas ni institucionalizadas para sostener el edificio en ausencia del vértice.

Esta debilidad, sin embargo, no debe leerse como fracaso evolutivo: el sistema no aspiraba a ser un Estado. Su lógica era otra. La fragmentación política que se observa en las fronteras muiscas —jefaturas menores independientes, territorios no consolidados, comunidades que se movían entre autoridades— es coherente con una arquitectura donde la autoridad hiperpersonalizada reproduce la fragmentación como condición de su propia existencia. Si el sistema hubiera producido burocracia estable, ya no habría sido un cacicazgo.

Por qué este período sigue importando

El período 900–1450 dejó al actual territorio colombiano una herencia que la historia posterior no ha logrado del todo asimilar. Dejó paisajes humanizados de una escala que la ingeniería contemporánea todavía admira: el sistema hidráulico zenú de La Mojana sigue interpelando a los técnicos que buscan responder al mismo problema con métodos importados. Dejó un patrimonio orfebre —Quimbaya, Calima, Muisca, Zenú, Tairona— cuya circulación internacional, empezando por la donación de Holguín en 1892, sigue marcando la relación de Colombia con su propio pasado. Dejó, sobre todo, una lección política sobre la forma en que una sociedad puede alcanzar densidad, jerarquía y sofisticación material sin recurrir a la coerción centralizada de un Estado.

La vía colombiana de complejidad política combinó, sin fundirlas, una economía de intercambio interregional con asimetrías materiales reales —el monopolio salino del Zipa, la especialización artesanal quimbaya, las redes de mantas y coca— y una política de guerra ritualizada que legitimaba la autoridad personal del cacique mediante sacrificio, canibalismo y toma de trofeos. La diversidad entre trayectorias guerreras y trayectorias teocráticas no separa tipos cualitativamente opuestos: refleja proporciones distintas de la misma combinación. Los Pijaos y los quimbayas tardíos inclinaron la balanza hacia la guerra; los zenúes del Sinú y los grupos del Tamalameque, hacia la ritualidad teocrática y el manejo del paisaje; los muiscas ocuparon un lugar intermedio donde la guerra ceremonial coexistía con una economía de mercados regulares y un culto agrario complejo.

Los europeos que asomaron a las costas del Caribe hacia 1499 no encontraron un imperio que decapitar ni una civilización a punto de nacer: encontraron una arquitectura política tan afinada como frágil, hecha para vivir en ese territorio y no en otro. Sus vértices personales se rompieron pronto —a veces en una tarde de emboscada, casi siempre en una generación—, y con ellos se apagó la lengua ceremonial que sostenía el sistema. Pero lo que había debajo del vértice —los camellones, los caminos empedrados, los cercados abandonados, los cementerios, los topónimos, la organización doméstica del maíz y la sal— resultó más terco que sus caciques. Cinco siglos después, el país que se reconoce en el nombre de Colombia todavía habita, sin saberlo del todo, sobre las huellas de los camellones del San Jorge, los caminos taironas, los cercados de los caciques muiscas y los cementerios quimbayas. La conquista ganó a los hombres; el paisaje que aquellos hombres esculpieron sigue, en silencio, dictando la geografía del presente.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

31 documentos · 60 fragmentos
01Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 61, 65, 693 citas
[1]tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…p. 61
[6]extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…p. 69
[8]el ambiente de todo el acontecimiento era alegre y positivo, casi como en los velorios de hoy después de que se van las lloronas. Pues para los zenú-malibúes la muerte no lle- gaba trágicamente como en un limbo frío o en una caldera satá- nica dónde expiar pecados, sino que aparecía como un simple paso en la vida…p. 65
02Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 641 cita
[2]Fiídadnfitt Además de ganarle la batalla a las inundaciones anua- les, el manejo hidrológico busca unos mecanismos que permitan la utilización del líquido donde y cuando se nece- site. La primera meta exige la construcción de canales de desagüe y terraplenes que se eleven bien por encima del nivel de las aguas. Para…p. 64
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1392 citas
[3]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…p. 139
[4]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…p. 139
04Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 262, 269, 3253 citas
[5]tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…p. 325
[21]adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…p. 262
[60]eficaces, emerge un sacerdocio como un factor poderoso en la toma de decisiones. Para reforzar sus pronunciamientos, que princi- palmente se referían a la naturaleza y la ecología, su poder tenía que ser legitimizado por sanciones sobrenaturales. 270 Gffínídi Rffcerffs-Distnaióó No obstante el énfasis dado a la…p. 269
05Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 2861 cita
[7]de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…p. 286
06Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 271 cita
[9]sequías. Seis meses al año el habitante de La Mojana vive en seco, y seis sobre el agua. En los mismos suelos es pescador en épocas de inundación y ganadero y agricultor en la baja de aguas. La suya es una cultura anfibia. Hace muchos años, también en esa zona, un grupo, el chimila, antes de la con- quista española,…p. 27
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 22, 25, 28, 324 citas
[10]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…p. 28
[20]lenguas a su mando, como algunos panches. Algo similar tal vez empezaba a pasar entre los cat í os de Antioquia o entre los grupos ind í genas del Cauca de la zona quimbaya, pero los relatos de los espa ñ oles no permiten saberlo con certeza. En el territorio colombiano no hubo imperios fuertes como los de Per ú o M é…p. 25
[45]el canibalismo y su car á cter cruel y guerrero. A la llegada de los espa ñ oles estaban en buena parte de la llanu ra atl á ntica, con excepci ó n de lo ocupado por los grupos chibchas ya mencionados, de los sin ú y varios grupos cercanos a Cartagena, (como los calamar), y de otras tribus que parecen arawak, como los…p. 32
[57]pi ñ a, guayaba, aguacate, tomate, guan á bana, granadilla, curaba, uchuva), verduras y tub é rculos (ahuyama, achira, cubios, arracachas, hibias y ullucos o chuguas), legumbres y semillas (frijol y quinoa) y anima les dom é sticos, ofrec í an una alimentaci ó n adecuada, sin las ham brunas peri ó dicas comunes en…p. 22
08Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 130, 133, 1543 citas
[11]dentro de una estructura federal». 103 Figura femenina de arcilla hueca procedente del territorio cundiboyacense. La figura, sin duda una dama de alto rango, aparece adomada con collares, dijes y diademas y hasta con cetro o bastón ceremonial. A continuación se tratará acerca de la estructura socio-política, para lo…p. 130
[36]varios tamaños y longitud, sostenidas generalmente por muros de contención de piedra. En contraste con esto, en las proximi- dades de Santa Marta empleaban zanjas y acequias profundas para irrigar los cultivos durante las épo- cas de sequía y también para conducir agua a lu- gares donde ésta escaseaba. Por las…p. 154
[40]las cercanías de Bogotá y Tunja se pueden ver pequeñas planadas artificiales, y sobre ellas, algunas piedras puestas en círculo. Estos si- tios dan la impresión de ser restos de casas senci- llas, cerca de los cultivos». Las aldeas nucleadas o concentradas y las vi- viendas dispersas no fueron necesariamente habi-…p. 133
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 129, 1322 citas
[12]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…p. 129
[37]activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…p. 132
10Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 33, 35, 373 citas
[13]u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…p. 35
[33]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…p. 37
[44]valle geográfico del Cauca, debió ser apreciable antes de la C onquista. Los estim ativos varían entre seiscien tos mil y un m illón de habitantes. Estaba d iv id id a en m uchos g rupos tribales y lingüísticos de tam año variable, llegando algunos quizás a cuarenta mil. A su vez, cada tribu estaba su b d iv id id a…p. 33
11Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 109, 208, 2253 citas
[14]y sangrientas guerras entre los grandes c caciques muiscas como parte de proyectos de expansión territorial, Los documentos simplemente no mencionan nada que apoye esas empresas militares que, según los cronistas, existieron. No conozco una sola mención de que después de la conquista alguna comunidad hubiera…p. 109
[41]residencial tenga un 10% más del promedio de tiestos s? ¿Es evidencia de un linaje fundador que representa una creo. Otro ejemplo, en ese mismo lugar: para el período { 'emprano, se argumenta que dos unidades, EM-12 y EM- 10polizaron el conocimiento esotérico porque tenían más ción de jarras es del 10,4%, mientras que…p. 208
[42]social, apenas basada en la edad y en el rango heredado, sin mayor discriminación en términos de sexo, excepto por aquellos objetos que indican actividades restringidas a hombres (como cazar) o a mujeres (como hilar algodón). Otros, como en Tibanica, reconocen que existía una diferenciación social, pero que esta se…p. 225
12Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1311 cita
[15]los conquistadores hallaron en las proximidades de los cercados fueron señaladas como almacenes para los pertrechos de guerra. Además de los destacamentos militares en los territorios sometidos, otros guerreros se apostaban en las fronteras para defen- der el imperio. Se trataba de parientes del ‘rey’ y se insistía en…p. 131
13Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 3704 citas
[16]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…p. 158
[17]y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…p. 158
[27]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…p. 370
[28]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…p. 370
14La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 311 cita
[18]pozos, carrapas, ansermas, pícaras y paucuras y los enigmá- ticos quimbayas y quindíos. 9 Habiendo carecido por completo del 9. Juan Friede, Los quimbayas bajo la dominación española (Bogotá, 1963), estudio basado en numerosos documentos del Archivo de Indias en Sevilla, España. Ver, igualmente, Ernesto Restrepo…p. 31
15Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 61, 742 citas
[19]caracter í sticas espec í ficas de esta etapa culturar constituyen un aspecto te ó rico sumamente interesante en la prehistoria colombiana. El modelo del cacicazgo muestra una combinaci ó n de ciertos rasgos que hacen de las sociedades de esta etapa un conjunto f á cil mente diferenciable, tanto del nivel tribal que…p. 61
[22]suntuosos de jefes y sacerdotes, verdaderos tesoros de orfebrer í a y de piedras finas, nos indican que en estas regiopes __ privilegiadas para la agricultura, se desarrollaron peque ñ os, se ñ or í os con una estructura social jer á r quica, una clase sacerdotal influyente y un alto desarrollo tecno l ó gico y est é…p. 74
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 32, 352 citas
[23]con ellos, se deduce que durante este período había una población relativamente nu- merosa, que practicaba enterra- mientos primarios aislados y en ce- menterios (4, 10, 25 o más tumbas de pozo con cámara lateral) en las laderas de las lomas, generalmente sobre pequeños aplanamientos na- turales o artificiales. Del…p. 32
[25]nadas con orlas punteadas en pastillaje o con inci- siones; también se fabricaron torteros o volantes hechos de arcilla con decorado geométrico a base de barras lineales y punteadas. Todos estos utensilios, después de servir en los quehaceres domésticos formaban parte del ajuar AA AAA Colombia precolombina funerario,…p. 35
17Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 36, 44, 483 citas
[24]vasijas en forma de una persona acurrucada que lleva un recipiente en la espalda, y otras más. La zona del Calima se destaca además por su orfebrería elaborada; se han encontrado grandes máscaras de oro, dia- demas, pectorales, orejeras, collares, narigueras y aun instrumentos musicales y cucharas del mismo metal. A…p. 44
[56]desarrollo del cultivo del maíz permitió a los pobladores Colombia indígena, período prehispánico 43 -hasta entonces ribereños y dependientes de una combinación de recursos acuáticos y de su agri- cultura de raíces- retirarse de los ríos y exten- derse sobre las laderas del sistema andino. Al ocupar tierras tan…p. 36
[59]mues- tran guerreros que llevan escudos redondos y cascos crestados. Están sentados en bancos ba- jos, de cuatro patas. Sobre la espalda de las figuras aparece un animal monstruoso que pa- rece trepar hacia la cabeza, motivo similar al que se puede observar en algunas esculturas de San Agustín. Junto con estos y otros…p. 48
18La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 cita
[26]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…p. 51
19Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 44, 482 citas
[29]embargo, por la misma época, la colonización antioqueña del Gran Caldas se hizo en gran parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo de las tumbas, fundiendo y atesorando estas piezas; algunos las conservarían formando las primeras…p. 48
[39]1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…p. 44
20La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 621 cita
[30]de los calabazos; los canastos para recoger el maíz de los embera-chamí, por su parte, representan la matriz femenina; las mujeres huitoto cargan a sus hijos en la espalda de la misma forma como cargan el canasto con el que recogen la cosecha en sus huertas; el recipiente del que beben el yagé los barasana, del…p. 62
21Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 761 cita
[31]conocido de este tipo de obras es la balsa ilustrativa de la leyenda del cacique de Guatavita, en la cual se distinguen personajes de distintos tamaños, según su jerar- quía, lo mismo que en las representaciones de los cercados de los caciques, en los cuales sobresale la figura del jefe por su tamaño más grande. El…p. 76
22Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 citas
[32]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…p. 36
[35]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…p. 43
23Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 122 citas
[34]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…p. 12
[43]© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…p. 4
24Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 35, 402 citas
[38]oro o la sal. Todo lo anterior hace pensar que por lo menos los artesanos dedicados a la producción de objetos para intercambio se habían especializado en sus oficios, aunque el resto de la población continuara dedicada a la producción de alimentos y de artesanías para consumo propio, y cuando era necesario, a la…p. 40
[48]y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…p. 35
25Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 297, 3032 citas
[46]una violencia ritualizada, por completo ajena a la incorporación de mano de obra o a la subordinación económica de un grupo por otro. Los muiscas hacían sacrificios humanos durante los festejos relacionados con la siembra de maíz en los valles fríos, es decir, entre enero y marzo. En esa ocasión, los guerreros panches…p. 297
[47]nuestras ideas sobre por qué la gente va a la guerra, muere y mata. En el momento de la Conquista, los indígenas tenían conflictos entre sí y no hay duda de que sus desavenencias se remontaran a épocas muy anteriores. La escasa información arqueológica con que se cuenta confirma que la violencia no fue desconocida,…p. 303
26When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 261 cita
[49]true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best effort at…p. 26
27When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 393 citas
[50]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…p. 39
[51]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…p. 39
[52]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…p. 39
28De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 2031 cita
[53]sobre sus orígenes. Sin embargo, son pocos los estudios arqueológicos realizados para sustentar los análisis antropológicos sobre los orígenes y migraciones que determinaron el proceso de poblamiento de estas comu- nidades en el sur del Tolima. Algunas de estas fueron expuestas por el profesor Adolfo Triana Antorveza…p. 203
29Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 511 cita
[54]que en el occidente colombia no no sólo coexistían diferentes estados de evolución sino que muchos gru pos apuntaban hacia formas de cohesión suprafamiliar o intertribal. En la base de esta evolución,.Trimborn afirma una unidad original de todos los grupos que habitaban las márgenes del Cauca. Esta unidad étnica…p. 51
30¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 191 cita
[55]la po sibilidad de valorar el legado productivo de nuestra historia. Aquel proceso se remonta, por lo menos, a los últimos cuatro mil años, cuando, según el profesor Carl Langebaek, existen evidencias arqueológicas del aprovechamiento de plantas como complemento de la caza. En ese proceso tan prolongado en el tiempo,…p. 19
31Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 831 cita
[58]la tierra de aluvión (Chardon, 1930, p. 127). • En el marco de este ámbito natural del valle geográfico del río Cauca se produjeron los primeros asentamientos de grupos humanos, que dejaron una huella de menor impacto sobre el ecosistema. La investigación arqueológica (C. Rodríguez, 2002) ha logrado determinar tres…p. 83