Simplificación censal borbónica de 1778–1782
La real orden de 1776 dio paso a padrones levantados desde 1777 en la Nueva Granada. Sus resúmenes de 1778 y años siguientes agruparon a la población en grandes categorías, con los libres de todos los colores como grupo más numeroso. Las primeras repúblicas modificaron después la relación entre esas clasificaciones y la ciudadanía.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1778–1782
- Dónde
- Nueva Granada, Popayán, Antioquia, Chocó, Cartagena, Honda, Colombia, Santafé, Bogotá, Medellín, Toribío, La Habana, Argentina, Cundinamarca, Santafé de Bogotá, Cartagena de Indias, Villa de Medellín
- Protagonistas
- Manuel Antonio Flórez, Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, José Celestino Mutis, Francisco Silvestre, Pedro Fermín de Vargas, Simón Bolívar, Antonio Caballero y Góngora, Antonio Caballero y Góngora (arzobispo-virrey desde 1782; recibió y empleó resultados de padrones iniciados bajo Flórez), Carlos III (monarca que ordenó las reformas y el censo), Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres (regente visitador, impulsor de la reforma fiscal), Francisco Silvestre (gobernador de Antioquia, participante en el poblamiento y ordenamiento territorial), Francisco Pedro Vidal (comisario del padrón del barrio de La Merced, Cartagena), Mariano José de Valverde (regidor interino de Cartagena, ejecutor del padrón general de la ciudad)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Necesidad fiscal borbónica: la triplicación de la carga tributaria colonial exigía una base censal precisa para aplicar la alcabala, el tributo indígena y los estancos de tabaco y aguardiente, que aportaban casi un tercio de los 2,4 millones de pesos anuales que la Corona extraía del virreinato.
- Imperativo militar tras la toma inglesa de La Habana (1762): la Corona reorganizó las milicias disciplinadas de vecinos en plazas como Cartagena e incorporó allí un Batallón de Pardos Libres desde 1773. El empadronamiento posterior permitió describir esa población a escala virreinal.
- Desbordamiento demográfico y de policía: la población mestiza y libre crecía sin control, fundaba asentamientos ilegales (rochelas) fuera del alcance estatal —unas 60.000 personas en el Caribe neogranadino hacia 1770— y desbordaba el mapa colonial heredado, haciendo urgente fijar y hacer legible a esa mayoría flotante.
- Los resúmenes administrativos reunieron grupos diversos en grandes rubros; la clasificación combinó calidades sociorraciales, condición jurídica y estado eclesiástico, en lugar de reproducir todas las denominaciones locales.
- La real orden de 1776 llevó al virrey Manuel Antonio Flórez a disponer los padrones de 1777. Caballero y Góngora recibió después los resultados y los relacionó con sus proyectos ilustrados de conocimiento y gobierno del territorio.
Consecuencias
- Los resúmenes virreinales reunieron bajo el rótulo de libres de todos los colores a poblaciones de orígenes diversos. La denominación era anterior al padrón; las primeras repúblicas cambiaron las reglas de ciudadanía al admitir en varias provincias a padres de familia libres de distintos colores.
- Primer retrato demográfico del territorio colombiano: el censo arrojó cifras —cerca de 800.000 a 940.000 habitantes, 26% blancos, 46% libres, 20% indios, 8% esclavos— que revelaron que la mayoría de la población era ya de origen mixto, desplazando el imaginario de una colonia de indios y españoles.
- Visibilidad estadística de los libres de color en un proceso militar ya iniciado: el Batallón de Pardos Libres de Cartagena existía desde 1773, y el padrón posterior registró una población que ya participaba en las milicias y reclamaba reconocimiento y fuero.
- Fijación de una brecha entre realidad étnica y clasificación oficial: el censo registró como 'indios' a poblaciones que eran culturalmente mestizas, como 'blancos' a personas de ascendencia mixta que negaban su mestizaje, y como 'libres' a un conglomerado heterogéneo, instalando una distancia estructural entre la identidad vivida y la categoría estatal que persistiría durante toda la República.
- Convergencia con las tensiones fiscales que desembocaron en la Revolución de los Comuneros (1781): la orden de empadronar de 1776 y las reformas tributarias de fines de la década de 1770 formaron parte del mismo ciclo de intervención borbónica, cuyos conflictos quedaron de manifiesto en el levantamiento.
La clave interpretativa
Por qué importa
Los padrones levantados desde 1777 muestran cómo la administración borbónica resumió una sociedad diversa mediante grandes categorías. Esas denominaciones tenían antecedentes y cambiaron de sentido con el tiempo: las primeras repúblicas modificaron las reglas de ciudadanía, y los censos posteriores emplearon otras clasificaciones. El caso permite entender el poder de los recuentos para representar a la población y los límites de cada esquema.
Desarrollo histórico
La historia completa
La simplificación censal borbónica de 1778–1782
Por real orden de 1776, el virrey Manuel Antonio Flórez dispuso en 1777 el empadronamiento de los habitantes de la Nueva Granada. Los padrones locales, levantados desde ese año en ciudades como Cartagena de Indias y resumidos durante los años siguientes, son uno de los primeros recuentos generales de la población del territorio colombiano que se parecen a un censo moderno. Sus cuadros agregados distinguían blancos, indios, libres de todos los colores y esclavos, además de registrar a los eclesiásticos. Su valor no está solo en las cifras —cerca de 800.000 almas, 26% de blancos, 46% de "libres", 20% de indios, 8% de esclavos— sino en algo más silencioso y más duradero: al reunir en grandes rótulos a mulatos, pardos, zambos, mestizos y otras variantes, los resúmenes borbónicos hicieron visible una población heterogénea. Esas denominaciones venían de prácticas anteriores y adquirieron nuevos usos en la administración colonial. Las primeras repúblicas cambiaron después las reglas de ciudadanía y sus clasificaciones.
El mundo del que brota el padrón
Cuando llegó la orden de empadronar, la Nueva Granada llevaba dos décadas en obra. Desde los años sesenta, el reinado de Carlos III había desplegado en América un programa de reformas —conocidas después como borbónicas— cuyo propósito declarado era racionalizar la administración, ensanchar los ingresos de la Corona y recuperar el control efectivo de territorios que, bajo los Austrias, habían operado con notable autonomía. En la Nueva Granada, la carga tributaria pasaría de representar cerca del 2,9% del producto colonial antes de las reformas a rozar el 8,4% hacia 1800; los estancos de tabaco y aguardiente, reorganizados con minuciosas ordenanzas, terminarían aportando casi un tercio de los 2,4 millones de pesos anuales que la Corona sacaba del virreinato en la última década de la dominación.
Ese cambio de escala fiscal exigía saber. Las audiencias y cabildos heredados del siglo XVII eran considerados por los Borbones demasiado independientes; las reducciones jesuíticas, disueltas años atrás, habían dejado poblaciones enteras fuera del alcance de la autoridad real; las visitas de inspección —el instrumento clásico de la Corona para pulsar la marcha de la hacienda, la economía y la situación de los indígenas— arrojaban informes fragmentarios sobre un territorio cuyas divisiones no estaban demarcadas de manera inequívoca. Contar era, en ese contexto, una operación política: sin padrón no había base cierta para la alcabala, para el reclutamiento miliciano, para la administración del tributo indígena, para la asignación de curatos.
La orden de empadronar llegó en 1776 y Flórez la puso en marcha en 1777. En 1778 Carlos III promulgó el Reglamento y aranceles reales para el comercio de España y las Indias —el llamado libre comercio dentro del imperio—. Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, nombrado regente visitador de la Nueva Granada en 1776, restableció el impuesto de la armada de Barlovento, extendió la alcabala a nuevos productos y reordenó el estanco del tabaco delimitando zonas de cultivo y montando un sistema policial de control sobre su comercialización. La operación fiscal se estrelló en 1781 con la Revolución de los Comuneros, sublevación que expuso los límites de gobernar un territorio del que se sabía tan poco. Cuando en 1782 Caballero y Góngora asumió como arzobispo-virrey —figura extraordinaria, mitad clérigo, mitad estadista ilustrado—, el empadronamiento llevaba varios años en marcha.
A esa política se sumaba una inquietud más difusa y más honda. La demografía del virreinato había cambiado. El colapso indígena de los siglos XVI y XVII —causado conjuntamente por la violencia de la conquista y por las enfermedades europeas— había reducido a poco más de 150.000 personas a una población que pudo superar los tres millones antes del contacto. Desde 1690, la recuperación demográfica venía impulsada no por los indios sino por la rápida reproducción de mestizos, negros y mulatos. Hacia 1778 esa población de origen mixto era ya el grupo más numeroso: entre 1750 y 1800 sería responsable de la fundación del 20% de los municipios colombianos, buena parte en tierras de clima medio. La administración empleaba varios nombres para esta población: "castas", "libres", "arrochelados", "gente sin Dios ni ley"; hacia 1770 se calcula que unas 60.000 personas vivían en las rochelas del Caribe neogranadino —asentamientos ilegales en bosques, colinas, pantanos y riberas— fuera del alcance efectivo de las autoridades. Contar era también un modo de conjurar el temor a que esa mayoría demográfica escapara a toda cuadrícula.
Cómo se hizo el censo
El empadronamiento comenzó en 1777 y continuó en los años siguientes. Fue una operación irregular. No cubrió todo el territorio: las divisiones y subdivisiones provinciales estaban mal demarcadas, y los curas párrocos, corregidores y cabildos que recogían la información trabajaban con criterios y celo variables. Sus resultados no fueron muy precisos —el propio virrey y sus sucesores lo reconocieron—, y las cifras totales oscilan: unas 800.000 almas para la cobertura efectiva del empadronamiento, cerca de 940.000 en estimaciones que corrigen la subcobertura. Pese a todo, y por comparación con lo que había antes, la historiografía suele tratarlo como el primer censo confiable de la población del territorio que hoy es Colombia.
La distribución por categorías dibujó el paisaje que definiría el imaginario demográfico del país durante generaciones. Los blancos rondaban el 26%, los indios el 20%, los esclavos el 8% y los eclesiásticos apenas el 0,3%; la sorpresa estaba en la casilla restante. Casi la mitad de la población —alrededor del 46%— caía bajo el rótulo de "libres", un término que combinaba la condición libre con una clasificación social de orígenes diversos. La categoría capturaba a mestizos, mulatos, zambos, pardos, cuarterones y a todos los cruces intermedios que la sociedad colonial había producido a lo largo de dos siglos y medio de mezcla. Que ese conglomerado fuera ahora el grupo más numeroso, y no los indios ni los esclavos —cuyas proporciones venían decreciendo desde hacía un siglo—, era el hallazgo mayor del padrón.
El detalle regional afinaba el cuadro y desmentía la idea de un país homogéneo. En Santafé de Bogotá, los blancos rondaban un tercio de los habitantes y los mestizos algo más de la mitad, con presencias marginales de indios y esclavos que apenas alcanzaban el 3% cada una. En la villa de Medellín, cuyo padrón registró 14.704 habitantes, más de la mitad eran mulatos o esclavos negros. En Cartagena de Indias, plaza portuaria y militar del Caribe, los libres de color eran ampliamente el grupo mayoritario, y su peso demográfico también se reflejaba en unas milicias de pardos reorganizadas desde 1773.
Debajo del gran padrón virreinal circulaban padrones locales de barrio, más granulares y hoy más elocuentes. Los de Cartagena, fechados hacia 1777, dan cuenta de al menos cuatro barrios: Santo Toribio, San Sebastián, La Merced y, aparentemente, la Santísima Trinidad de Gimaní. El padrón de La Merced lo formó Francisco Pedro Vidal, capitán de Milicias de Blancos y comisario del barrio; el general lo ejecutó Mariano José de Valverde, regidor interino de la ciudad. Estos registros, hechos casa por casa, consignaban rango honorífico —el uso de "don" y "doña" antes del nombre—, condición de esclavo, y llegaban a un nivel de matiz que el padrón consolidado ya no podía retener. Cuando los datos subían a la capital virreinal y de allí a Madrid, la textura se aplanaba: pardo, zambo, cuarterón y mulato se convertían, en la casilla oficial, en "libre".
Esa pérdida de granularidad no era descuido burocrático. Era el corazón de la operación. La Corona no necesitaba distinguir a un cuarterón de un mulato para lo que le importaba: saber cuántos vasallos pagaban tributo indígena, cuántos aportaban alcabala, cuántos podían servir en milicia de pardos, cuántos eran propiedad esclava. Las categorías agregadas mezclaban distinciones de color, ascendencia, condición jurídica y estado eclesiástico. El padrón resumía esas diferencias para la administración del virreinato.
Las causas de la simplificación
Hay una lectura clásica según la cual las reformas borbónicas fueron, ante todo, un ejercicio de racionalidad ilustrada: gobernar mejor, saber más, someter el territorio al ojo del Estado. Caballero y Góngora encaja bien en ese retrato. Formuló un Plan de Estudios que privilegiaba las ciencias útiles —química, botánica, mineralogía, medicina— sobre las materias especulativas; apoyó la Expedición Botánica que José Celestino Mutis dirigió desde 1783, tras haber llegado al virreinato en 1761; propuso reformar la distribución y el orden de los asentamientos del virreinato para acomodar la población dispersa a un molde de "policía", de orden civil. En su visión, contar a los habitantes formaba parte de un proyecto mayor de conocer un territorio "enormemente rico" que había escapado hasta entonces a la mirada estatal.
Pero la Ilustración es solo la superficie amable del asunto. Debajo pulsa la crisis fiscal del imperio y el miedo al desorden social. La triplicación de la carga tributaria entre las décadas centrales del siglo XVIII y 1810 no fue metáfora: fue exigencia concreta a poblaciones concretas. Para tributar, hay que estar contado; para estar contado, hay que estar clasificado; para ser clasificado, hay que caber en una casilla. Los grandes rubros del padrón resumen este problema con eficiencia brutal. Blancos: aportan alcabala, pueden acceder a cargos, milician como blancos. Indios: pagan tributo indígena, gozan de tutela paternalista, milician en su condición. Esclavos: son bienes, tributan a través del amo, no militan. Libres de todos los colores: pagan alcabala pero no tributo indígena, aportan cuerpo a las milicias de pardos, se les excluye de la universidad y de la mayoría de cargos públicos.
La segunda causa es militar. Después de la toma inglesa de La Habana en 1762 —trauma imperial que reordenó toda la política defensiva española en América—, la Corona comprendió que no podría defender su Caribe con tropas peninsulares. La solución fue crear milicias disciplinadas de vecinos, y en plazas como Cartagena, donde los pardos eran la mayoría, eso significaba incorporarlos formalmente y extenderles el fuero militar. El padrón registró a esa población mientras las milicias de pardos, organizadas antes de su levantamiento, ampliaban sus funciones defensivas. La expresión "libres de todos los colores" ya circulaba fuera del ámbito militar y abarcaba a una población más amplia que los hombres reclutados; las compañías de pardos tenían una organización propia bajo mando blanco.
La tercera causa es demográfica y de policía. Las autoridades sabían, mucho antes del censo, que la población mestiza y libre crecía sin control, se reproducía en el servicio doméstico —el crecimiento de los mestizos en Santafé fue estimulado por el abuso sexual de mujeres indias y negras y por relaciones informales en una ciudad con más mujeres que hombres entre esos grupos—, fundaba pueblos en tierras marginales y desbordaba el mapa colonial heredado. Las campañas borbónicas de reducción de arrochelados en el Caribe neogranadino, el poblamiento de Antioquia impulsado por Francisco Silvestre y, durante su visita de 1785 a 1788, por el oidor Mon y Velarde, la erección de decenas de nuevos municipios en clima medio: todo respondía al mismo impulso de fijar, ordenar y hacer legible a esa mayoría flotante. El padrón era la contraparte estadística de una política territorial. Contaba para poder gobernar; agrupaba para poder simplificar; simplificaba para poder actuar.
Bajo estas tres presiones —fiscal, militar, de policía— el mosaico colonial de castas resultaba disfuncional. Distinguir en un padrón entre mulato, zambo, cuarterón, tercerón, morisco y salta-atrás quizá tenía sentido en el registro parroquial, donde cada casta se anotaba en la partida de bautismo, pero era insostenible como base de un sistema tributario y militar de escala imperial. Resumir todo eso bajo el rótulo de "libres" era un atajo administrativo. Los cuadros generales reunían a mestizos, mulatos, zambos y pardos dentro de una práctica de clasificación que venía de antes.
Lo que la categoría no veía
Los propios funcionarios sabían que estaban simplificando. La jerarquía social colonial no coincidía con la jerarquía legal. Los indios, jurídicamente vasallos libres del rey, ocupaban en la práctica una posición inferior a la que su condición sugería, sometidos a una tutela minuciosa que los trataba como menores de edad. Los "blancos" del censo se subdividían internamente en "primera clase" o nobleza y "segunda clase" —pobres y asalariados—, y muchos de ambas descendían de conquistadores e indígenas y negaban su mestizaje. La categoría "blanco" encubría, con frecuencia, realidades mestizas; muchos individuos registrados como "indios", "blancos" o incluso "esclavos" eran, en términos culturales y étnicos, mestizos. Para finales del siglo XVIII, casi todos los "indios" de los resguardos del oriente colombiano eran culturalmente mestizos, al igual que muchos de la altiplanicie del sur.
El criterio con que un empadronador asignaba una casilla era, con frecuencia, la opinión de la comunidad donde vivía el individuo, más que un examen genealógico. La casta se leía en el bautismo, en los apellidos, en la vestimenta, en la ocupación, en el barrio, en la reputación. El sistema formal de "pureza de sangre" —operacionalizado a través del registro parroquial y de la exigencia de documentos de nacimiento legítimo para acceder a la universidad o a cargos públicos— coexistía con una fluidez práctica considerable. Los individuos cambiaban de identidad sociorracial a lo largo de la vida: un mulato acomodado podía volverse "libre" y con el tiempo empezar a ser tratado como "blanco de segunda"; un mestizo que aprendía un oficio y se casaba con una española podía comprar, literalmente, un documento de blancura. La sociedad colonial operaba con una doble contabilidad: la formal, hecha de partidas de bautismo y probanzas de sangre, y la informal, hecha de reputación, matrimonio, oficio y vecindad.
En esa doble contabilidad, los mestizos y mulatos eran los grandes ambiguos. Contados como "libres", carecían de un lugar definido en la jerarquía social. No estaban protegidos por el estatuto tutelar del indio, no gozaban de los privilegios del blanco, no eran propiedad como el esclavo. Constituían la mayor parte de la clase trabajadora urbana, poblaban los barrios de artesanos, servían en las milicias, y en los Libros de Cabildos aparecían apenas como "el común", masa anónima afectada por epidemias, carestías y obligaciones fiscales. Los estereotipos negativos que la minoría blanca dominante proyectaba sobre ellos —indios "perezosos", mestizos "conflictivos", pardos "pendencieros"— tuvieron larga vida y aparente aceptación social.
La tensión de fondo era esta: durante el siglo XVIII, el número creciente de aspirantes mestizos y mulatos a educación superior y a cargos generó una respuesta institucional endurecida. Las disposiciones sobre nacimiento legítimo y pureza de sangre —vigentes desde finales del XVI— se aplicaron con renovado rigor precisamente cuando la demografía las hacía obsoletas. Al mismo tiempo que el padrón agrupaba a todos los libres bajo un mismo rótulo administrativo, las universidades y cabildos multiplicaban las probanzas para diferenciarlos por dentro. El resultado fue un sistema esquizofrénico: por arriba, grandes categorías; por debajo, decenas de gradaciones sutiles que decidían el destino cotidiano de cada persona.
Los padrones locales de Cartagena permiten asomarse a esa doble textura. Registrados barrio por barrio, casa por casa, discriminaban con mayor detalle la condición de cada habitante; el general de la ciudad, resumido después, contaba cinco grupos —blancos, libres de color, esclavos, eclesiásticos e indios— donde los libres de color eran la mayoría. Al subir la información de los barrios al resumen, y del resumen a Santafé, y de Santafé a Madrid, cada paso limpiaba matices. Lo que llegaba a la mesa del rey era un cuadro agregado de grandes rubros.
Consecuencias inmediatas
Ese cuadro agregado, sin embargo, no se quedó como retrato inerte de la sociedad neogranadina: empezó a actuar sobre ella casi desde el momento en que se cerró.
En lo inmediato, el padrón cumplió su función. Permitió ajustar el reclutamiento miliciano en Cartagena y otras plazas caribeñas, dio base a la reorganización del estanco del tabaco, alimentó las relaciones de mando de los virreyes —la de Caballero y Góngora, entregada en 1789, sigue siendo documento capital para entender el virreinato— y aportó materia prima a los ilustrados criollos que empezaban a pensar el país en términos estadísticos. Pedro Fermín de Vargas, en su Memoria sobre la población del Nuevo Reino de Granada, discutió cifras y proyecciones. Los datos del padrón se convirtieron, casi de inmediato, en el punto de partida para toda especulación demográfica.
Los cuadros generales dieron una visibilidad amplia a poblaciones que ya aparecían bajo nombres colectivos en documentos locales y provinciales. "Libres de todos los colores" era una expresión anterior al padrón, usada para nombrar poblaciones distintas en varios lugares. El recuento virreinal la proyectó en sus resúmenes generales, mientras las personas así designadas continuaron reclamando derechos y reconocimiento ante las autoridades.
En Cartagena, los pardos milicianos empezaron a usar el fuero militar que la Corona les había concedido como palanca de estatus y de negociación. La incorporación de los pardos a las milicias, hecha por razones defensivas contra Inglaterra, les dio acceso a privilegios legales y a símbolos de honor —uniforme, grado, exención de ciertos castigos— que la sociedad tradicional les había negado. El servicio miliciano se volvió, para ellos, una plataforma.
También se ve en la resistencia. El descontento fiscal de 1781 —los Comuneros— movilizó a poblaciones que la administración empezaba apenas a contar. Y en las décadas siguientes, cuando la crisis imperial se agravara, el peso demográfico de los libres, ya visible en el papel gracias al padrón, se volvería argumento político en las juntas de 1810.
La herencia republicana
La independencia transformó el valor político de las clasificaciones heredadas. Entre 1811 y 1816, seis de las nueve provincias-estados de la Nueva Granada crearon un cuerpo electoral constituido por "hombres de todos los colores" que tuvieran independencia económica. En la mayoría de las provincias patriotas, la división racial del censo de 1778 dejó de ser un criterio de separación electoral: los padres de familia libres de distintos colores podían integrar el cuerpo ciudadano. México, Perú, Bolivia, Argentina y Chile configuraron en sus primeros años republicanos cuerpos electorales distintos; en la Nueva Granada, la apertura formal convivió con exclusiones económicas, de género y de condición jurídica.
Los requisitos, sin embargo, filtraban duro. Las condiciones de edad y familia variaban entre provincias. En Cundinamarca, la Constitución de 1812 daba voto a los ciudadanos mayores de 21 años inscritos en la lista cívica y a los menores casados y velados que vivían de su renta y trabajo; excluía, entre otros, a quienes servían a otro y vivían a sus expensas, y a los separados de su mujer sin justa causa. Nhora Patricia Palacios Trujillo estima que apenas el 14% de la población podía votar. La categoría racial ampliada se combinaba con un filtro económico y patriarcal estrecho: era todos los colores, pero eran pocos. Aun así, en algunas provincias caribeñas la porosidad fue real. Mauricio José Romero, pardo, hijo de un mulato nacido en Matanzas, fue vicepresidente de la Convención Constituyente de 1832 que erigió el Estado de la Nueva Granada y segundo firmante de su primera Constitución. Un pardo firmando la carta fundacional: una muestra del cambio político que trajo la primera República.
La ciudadanía activa fue, con todo, una cualidad inestable. Encontró su punto de inflexión en 1827, bajo el gobierno de Simón Bolívar, y solo en 1832 recuperó los términos de las primeras repúblicas. Detrás de esas oscilaciones legales pulsaba la misma tensión que había animado al padrón: cómo contar, cómo clasificar, cómo distribuir derechos entre una población que los padrones coloniales habían agregado bajo grandes rótulos sin haberla hecho igual.
Por qué importa
El interés de los padrones iniciados en 1777 y de sus resúmenes posteriores no está solo en las cifras, discutidas con paciencia durante dos siglos. Está en que muestra, con nitidez rara, que las categorías con las que una sociedad se piensa a sí misma no son necesariamente el reflejo de una realidad previa: pueden ser el producto de tecnologías estatales concretas, tomadas por razones concretas, en momentos concretos. Las categorías actuales tienen una historia de cambios: los resúmenes borbónicos de fines del siglo XVIII fueron un episodio importante, y las repúblicas posteriores reformularon tanto los censos como las reglas de ciudadanía. La diversidad de nombres usados en la sociedad colonial —mulato, pardo, zambo, cuarterón, tercerón, morisco, castizo, coyote, salta-atrás— perdió matices en los cuadros agregados.
Esa pérdida de matices tiene consecuencias. Las categorías históricas también tenían puntos ciegos: los "libres" reunían a poblaciones de ascendencia diversa, incluido un componente afro que los resúmenes agregados podían ocultar; la ficción de un blanco puro que ya en el siglo XVIII encubría mestizaje; el estatuto ambiguo del indio, protegido en el papel y subordinado en la práctica. Cada una de esas tensiones actuales tiene su forma temprana en el padrón borbónico.
Contar es un acto de poder. Clasificar, más aún. Los padrones que Flórez mandó levantar desde 1777 fueron más que un recuento: fueron una operación de traducción, en la que una realidad social densa fue vertida al idioma esquemático que el Estado podía leer. La República transformó ese idioma y modificó la relación entre clasificación y ciudadanía. Dos siglos y medio después, el DANE pregunta a los colombianos por su autorreconocimiento étnico-racial mediante criterios distintos de los padrones coloniales. Uno de los capítulos decisivos de esta historia quedó escrito en las mesas de los empadronadores de barrio desde 1777, contando casas.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 71, 742 citas
[1]o “ cuarterones ”, agrupadas en los censos co mo “ mestizos ”, “ castas ” o “ libres ”. En efecto, ya para 1778 casi la mi tad de la poblaci ó n del Nuevo Reino figuraba como mestiza, y mu chos de los que aparec í an como ind í genas, blancos o incluso esclavos eran mestizos. En el censo de ese a ñ o los indios fueron…p. 74
[18]los nobles, eran considerados vecinos y ten í an derechos similares a ellos, al menos frente a la ley: declaraban en juicio, pod í an ocupar cargos p ú blicos, ir a los colegios u ordenarse como sacerdotes. En esta sociedad, los indios, considerados vasallos libres del rey, estaban sometidos a una tutela minuciosa:…p. 71
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 196, 199, 2316 citas
[2]vienen levas militares de población o tributos, o los dos. De to- das maneras, la tendencia de la población será, de 30) aquí en adelante, hacia un crecimiento sostenido. Una de las realidades que se evidencian en el censo de 1778, que inquiere por la pertenencia socio-racial, es el crecimiento de la población…p. 199
[3]vienen levas militares de población o tributos, o los dos. De to- das maneras, la tendencia de la población será, de 30) aquí en adelante, hacia un crecimiento sostenido. Una de las realidades que se evidencian en el censo de 1778, que inquiere por la pertenencia socio-racial, es el crecimiento de la población…p. 199
[19]las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…p. 196
[20]las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…p. 196
[36]Valledupar. En Antioquia, dos funcionarios reales promovieron nuevas regiones de poblamiento: Francisco Silvestre, como gober- nador, y Mon y Velarde, como oidor, incentivaron nuevas colonizaciones entre 1778 y 1782. La Independencia y los procesos de colonización El proceso de Independencia trajo profundos cambios en…p. 231
[37]Valledupar. En Antioquia, dos funcionarios reales promovieron nuevas regiones de poblamiento: Francisco Silvestre, como gober- nador, y Mon y Velarde, como oidor, incentivaron nuevas colonizaciones entre 1778 y 1782. La Independencia y los procesos de colonización El proceso de Independencia trajo profundos cambios en…p. 231
03Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 cita
[4]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…p. 231
04Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 761 cita
[5]En cierta manera, Popayán y su comarca, en la que predomina el elemento indígena, quedaban dentro de sus linderos. Pero la orientación política y económica de la ciu- dad, su función y su constitución social peculiares, llevan a darle cabida —a ella y a su umland indígena— en otra división, en el grupo caucano. La…p. 76
05Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 28, 414 citas
[6]mulatos; diez años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se…p. 41
[7]años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se reprodujera ese…p. 41
[10]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…p. 28
[11]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…p. 28
06La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 451 cita
[8]más in- tensamente, la sangre negra debía constituir por lo menos un tercio del linaje antioqueño en evolución. Así, el censo de 1778 de la villa de Medellín 55 alistó 55% como mulatos o negros esclavos, de los 14.704 habitantes. Para Santa Fe de Antioquia, el censo de 180556 registra 4.242 en un total de 5.945, como…p. 45
07Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 50, 652 citas
[9]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…p. 65
[43]determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…p. 50
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 73, 76, 853 citas
[12]E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…p. 85
[21]las uniones efectuadas entre ellos, lo cual dio lugar a la forma- ción de las llamadas castas. De esa suerte, en el de- sarrollo del grupo humano colonial confluyeron múltiples factores derivados de la presencia de culturas diferentes, lo cual planteó a la Corona el problema de crear unas pautas de comportamien- to…p. 76
[32]Les- mes de Espinosa, con los indígenas de Vélez, Mu- zo y La Palma, en 1617, y en Cartago y Anserma en 1627; Herrera Campuzano, en Antioquia, en 1614; y Rodríguez de San Isidro en 1637, en el Valle del Cauca. Sin embargo, la época en que se hicieron ma- yor número de fundaciones fue en el siglo si- guiente, el XVII;…p. 73
09Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 145, 1532 citas
[13]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…p. 145
[42]651.714 768.847 27 37 Totales 786.983 1.129.174 1.570.859 1.812.582 2.105.622 100 100 FUENTES: El presente cuadro se ha levantado siguiendo la división territorial establecida por la Ley 25 de junio de 1824, que creó para la actual Colombia 4 departamentos y 15 provincias así: depto. de Boyacá, constituido por las…p. 153
1030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 131 cita
[14]se inició el retorno de los comuneros a sus pueblos. Berbeo fue nombrado corregidor, con un sueldo anual de mil pesos. José Antonio Galán no aceptó las negociaciones, pues le parecía que habían sido aprobadas muy rápido. El tiempo acabó por darle la razón. El virrey, que estaba en Cartagena para prevenir un ataque de…p. 13
11Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 269, 346, 3563 citas
[15]y la de los virreyes Eslava, escrita por el oidor Ber á s- tegui (1751), Sol í s (1760), Mess í a de la Zerda (1772), Guirior (1776), Caballero y G ó ngora (1789), Ezpeleta (1796), Mendinueta (1803), Montalvo (1818), se cuentan entre los m á s valiosos docu mentos que dej ó el gobierno colonial para el estudio de la…p. 346
[16]est á tico o posi blemente disminu í a, seg ú n pudieron observarlo para la parte orien tal del virreinato los visitadores reales a partir de 1755. Tal creci miento significaba una mayor participaci ó n de los criollos en los problemas p ú blicos y un mayor grado de conciencia pol í tica y social 29 Relaciones,…p. 356
[24]esos elemen tos, que aparecen a primera vista en.forma disparatada, veremos surgir las relaciones de lo concreto, es decir, de su inteligibilidad. Pero esta posibilidad desaparece si de entrada desnaturalizamos é l objeto que se pretende estudiar con falsas conceptualizaciones. El origen de las diferenciaciones…p. 269
12Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 101 cita
[17]Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…p. 10
13Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 78, 1022 citas
[22]a sp ira r a ocupar un lugar de m ayor estatus. D urante las últim as décadas del siglo XVIII, el creciente núm ero de aspirantes m estizos y m ulatos generó eviden tes tensiones sociales. D esde finales del siglo xvi, varias disposiciones esp añ o las m antenían a raya las aspiraciones sociales de m estizos y m…p. 102
[23]y vivían en barrios m ayoritariam ente habitados por artesanos indios y m estizos. En el siglo xviii, estos barrios de artesanos, así com o la clase trabajadora urbana en general, eran en su m ayor p arte m estizos. El crecim iento num érico de los m estizos en Santa Fe de Bogotá (y d e m esti zos o m ulatos en otras…p. 78
14Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 135, 1432 citas
[25]indígenas o de burguesía criolla para algún momento de la época colonial o, peor aún, tratar de entender los conflictos de la sociedad colonial valiéndose de los mismos es- quemas conceptuales que sirven para aproxi- marse a nuestra propia sociedad, no es válido ni siquiera como metáfora. La posibilidad de elaborar…p. 135
[26]de una élite, que se identificaba fácilmente entre sí, hacia los blancos pobres. Con todas las complejidades que pueden resultar de un examen somero de las designacio- nes raciales que proceden de los documentos de la época, el problema resulta incomparable- mente mayor si se trata de establecer las actitu- des y la…p. 143
15Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 297, 3002 citas
[27]of its inhabitants were white; . percent, free people of color; . percent, slaves; . percent, ecclesiastics; and . percent, In- dians (Meisel and Aguilera, ‘‘Cartagena de Indias,’’ ). . Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n; Bossa, Cartagena independiente, . . Padrón del barrio de Sto. Thoribio, año…p. 297
[29]title of ‘‘don,’’ see Twinam, Public Lives, –, and Jaramillo, Ensayos sobre historia social, :–. . On Santa Marta, see Romero, Esclavitud, . . Juan and Ulloa, Relación histórica, . . See, e.g., Causa criminal contra don Pablo García, formada por el marqués de Torrehoyos, in Colombia, AHNC, CO, NE,…p. 300
16Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 297, 3002 citas
[28]of its inhabitants were white; . percent, free people of color; . percent, slaves; . percent, ecclesiastics; and . percent, In- dians (Meisel and Aguilera, ‘‘Cartagena de Indias,’’ ). . Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n; Bossa, Cartagena independiente, . . Padrón del barrio de Sto. Thoribio, año…p. 297
[30]title of ‘‘don,’’ see Twinam, Public Lives, –, and Jaramillo, Ensayos sobre historia social, :–. . On Santa Marta, see Romero, Esclavitud, . . Juan and Ulloa, Relación histórica, . . See, e.g., Causa criminal contra don Pablo García, formada por el marqués de Torrehoyos, in Colombia, AHNC, CO, NE,…p. 300
17Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 291 cita
[31]slaves r5.7 per' cent; whites, including clergy, 27.o percentl and Indians o. 5 percent. Pardo artisans included shoemakers, tailors, masons, and silversmiths. Some of them became relatively wealthy and could afford to live in two-story houses and own slaves.6 The pardos'demographic weight also made them crucial to…p. 29
18Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2421 cita
[33]objeto de menciones frecuentes en docu- mentos políticos o fiscales. Pero la presencia de una numerosa población de españoles y mestizos pobres, de mulatos y libertos, de artesanos, peque- ños propietarios y jornaleros, resulta desdibujada en los documentos his- tóricos. Los Libros de Cabildos de las ciudades, por…p. 242
19Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 491 cita
[34]Granada que nos ha dejado el señor arzobispo virrey. Ezpeleta escribe pacientemente, que no es posible procurar obtener una modificación de la población del virreinato. Se inclina sin cólera ni desesperación ante la ineludible necesidad histórica: «Prescindiendo de entrar en el examen de si la población del Reino es…p. 49
20Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 401 cita
[35]octubre de 1786. — Al se- ñor Virrey de Santafé». 41 Míndicer seie te acródice bí te níbcjcoe ío Seoóepu bí Bdldóv El señor Caballero y Góngora, como lo había hecho el Virrey Guirior en 1775, formó un Plan de estudios, en el cual daba más desarrollo a las ciencias útiles que a las ma- terias especulativas. Propuso a…p. 40
21La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 196, 204, 2083 citas
[38]la calificación de los representantes fue transferida a las cámaras provin- ciales. El Gobierno creaba una junta especial cuando se trataba de la calificación de los diputados a la convención constituyente, Los ciudadanos activos de las primeras repúblicas: los padres de familia libres de todos los colores La sociedad…p. 204
[39]eran expulsados del reino, como fue el caso del francés Juan de Casanova, al ser juzgado y condenado por concubinato y amanceba- miento con sus esclavas. 25 Conjuntamente, entre las condiciones que impedían 25 Palacios Trujillo, Nhora. La utopía de un paraíso. Los franceses en Colombia. Bogotá: Planeta, 2009, p. 63.…p. 208
[40]y las luchas políticas por el control de las elecciones, la ciudadanía activa se volvió una cualidad variable sujeta a las tensiones políticas del momento: la situación encontró su punto de inflexión en 1827, bajo el Gobierno de Simón Bolívar, y recuperó la estabilidad de las primeras repúblicas, específicamente en…p. 196
22Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3491 cita
[41]a los pardos indica que en esta provincia los obstáculos sociales a la incorporación inmediata de los pardos al cuerpo ciudadano fue menor que en otras de fuerte presencia de negros esclavos, como Popayán. Mauricio José Romero —diputado por la provincia de Cartagena ante la Conven - ción Constituyente de 1832 que…p. 349
23Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · p. 11 cita
[44]PEDRO FERMÍN DE VARGAS PENSAM i EN t OS PO l Í tic OS y MEMOR i A SO b RE l A PO bl A ció N DE l N u EVO RE i NO DE GRANADA economía economía PEDRO FERMÍN DE VARGAS PENSAM i EN t OS PO l Í tic OS y MEMOR i A SO b RE l A PO bl A ció N DE l N u EVO RE i NO DE GRANADA Vargas, Pedro Fermín de, 1762-1830, autor…p. 1
24Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 931 cita
[45]77 Along the tropical fertile lands that surrounded the network of rivers in Caribbean New Granada lived tens of thousands of free people of colour, including indigenous peoples that the Spanish 73 AGI, Santa Fe, 1063. 74 AGI, Santa Fe, 1063. 75 AGI, Santa Fe, 1063. 76 AGI, Santa Fe, 1063. 77 Morales, “Manumission of…p. 93