Conspiración esclava de Antioquia de 1781 y el rumor de la cédula real oculta
El 9 de diciembre de 1781, las autoridades coloniales descubrieron en la provincia de Antioquia una conspiración de esclavos negros que planeaban concentrarse a la entrada de la villa el día de Año Nuevo. El plan se articuló en torno al rumor de que una cédula real concedía la libertad a los esclavizados pero era retenida en secreto por amos y funcionarios, revelando que la crisis de 1781 activó proyectos políticos esclavos autónomos con lenguajes propios de legitimación monárquica.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 9 de diciembre de 1781
- Dónde
- Medellín, Chocó, Popayán, Socorro, Zipaquirá, Nueva Granada, Provincia de Antioquia, Santa Fe de Antioquia, Buriticá
- Protagonistas
- Esclavos negros conspiradores de la provincia de Antioquia, Carlos III (rey cuya cédula liberadora se decía ocultada), Antonio Caballero y Góngora (arzobispo virrey, autor de la relación de mando que cuantificó la esclavitud minera), Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres (regente visitador cuyas reformas fiscales detonaron la crisis comunera), José Antonio Galán (líder comunero ejecutado en 1782, referente del ciclo insurreccional), Francisco Javier de Mendoza (agente en los Llanos de Casanare que proclamó libres a esclavos en 1781), Manuela Beltrán (comerciante del Socorro cuyo acto detonó la revuelta comunera el 16 de marzo de 1781), Túpac Amaru II (referente simbólico del ciclo insurreccional americano de 1781)
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Estructura demográfica y económica de Antioquia: más del 55% de la población de Medellín y más del 70% de Santa Fe de Antioquia era de ascendencia africana, libre o esclava, y cerca de 12.000 de los 18.496 esclavos del Chocó, Antioquia y Popayán trabajaban en la minería, concentrados en cuadrillas que facilitaban la coordinación.
- Coyuntura comunera de 1781: las reformas fiscales del regente Gutiérrez de Piñeres, la insurrección del Socorro, la firma y posterior anulación de las Capitulaciones de Zipaquirá, y los episodios previos en Antioquia (condena y perdón de agosto, resistencia indígena de Buriticá en noviembre) mostraron a los subalternos la vulnerabilidad del aparato colonial.
- Circulación del rumor de la cédula real oculta: la creencia de que Carlos III había concedido la libertad a los esclavizados pero que amos y autoridades la retenían en secreto dotó de legitimidad simbólica monárquica al proyecto conspirador, permitiendo articular la resistencia sin declarar formalmente una guerra contra la Corona.
- Debilidad militar colonial en la provincia: el aparato represivo local era insuficiente para sofocar sin refuerzos externos una insurrección coordinada, y los recursos militares del virreinato estaban comprometidos en la defensa de Cartagena ante la guerra con Inglaterra.
Consecuencias
- Aborto del plan antes de su ejecución: descubierta la conspiración el 9 de diciembre de 1781, veintidós días antes de la concentración prevista para el 1 de enero de 1782, las autoridades coloniales desarticularon la trama y reforzaron la vigilancia sobre las cuadrillas mineras.
- Cierre del ciclo comunero antioqueño de 1781: la conspiración esclava fue el último de los sucesos comuneros de ese año en la provincia, completando una secuencia que había atravesado la estratificación colonial completa —episodio con condena y perdón real, insubordinación indígena de Buriticá, proyecto esclavo autónomo.
- Evidencia de la extensión social de la crisis de 1781: el episodio demostró que la crisis no fue exclusivamente fiscal ni criolla, sino que activó proyectos políticos autónomos entre los esclavizados, con repertorios propios de legitimación basados en el monarquismo popular y el rumor de la cédula liberadora.
- Persistencia del rumor como instrumento político subalterno: la lógica de disociar al rey de sus representantes corruptos —empleada tanto por comuneros como por esclavos— quedó inscrita en el repertorio político popular neogranadino, anticipando tensiones que reaparecerían en el período de independencia.
La clave interpretativa
Por qué importa
La conspiración esclava de Antioquia de 1781 demuestra que la crisis del Nuevo Reino de Granada en ese año no fue un fenómeno exclusivamente fiscal y criollo, sino que movilizó proyectos políticos autónomos entre los esclavizados, quienes encontraron en el lenguaje monárquico disponible —el rumor de la cédula real oculta, la disociación entre el rey justo y el mal gobierno— una gramática para imaginar y reclamar su libertad. El episodio revela además la densidad política del rumor como tecnología de resistencia subalterna: al invocar una voluntad real supuestamente interceptada por amos y funcionarios, los conspiradores articulaban desobediencia local como obediencia superior, preservando una apariencia de lealtad mientras deslegitimaban el orden esclavista. Ignorar este episodio empobrece la comprensión de 1781 y de las formas en que los esclavizados de las cuadrillas mineras antioqueñas participaron, con agencia propia, en la crisis más profunda del orden colonial neogranadino del siglo XVIII.
Desarrollo histórico
La historia completa
La conspiración esclava de Antioquia de 1781 y el rumor de la cédula real oculta
El 9 de diciembre de 1781, en la provincia de Antioquia, las autoridades coloniales descubrieron una conspiración de esclavos negros que planeaban concentrarse a la entrada de la villa de Antioquia el día de Año Nuevo. Fue el último de los episodios comuneros de aquel año en la provincia, y quizá el menos citado en los relatos canónicos de la crisis: una trama esclava que corría en paralelo a la insurrección del Socorro, alimentada por el rumor de que existía una cédula del rey Carlos III concediendo la libertad a los esclavizados, retenida en secreto por los amos y los funcionarios. El plan fue abortado antes de estallar, pero su sola existencia altera la forma habitual de contar 1781: la crisis no fue solo fiscal ni solo criolla, sino un momento en que los esclavizados de los reales de minas antioqueños encontraron, dentro del lenguaje monárquico disponible, una gramática para imaginar su propia libertad.
Antioquia, provincia esclava y minera
Diciembre de 1781 amaneció con una conspiración de cuadrillas y no con un motín de aldeanos por razones que estaban inscritas en la composición demográfica y económica de la provincia. Antioquia no era —pese a la mitología posterior de una región de colonos blancos y montañeses libres— un territorio marginalmente africano. Era, en el último cuarto del siglo XVIII, una provincia donde la población de ascendencia negra constituía una fracción decisiva del cuerpo social, y donde la minería de aluvión dependía estructuralmente del trabajo esclavo.
Los censos son inequívocos. En 1778, la villa de Medellín tenía 14.704 habitantes; el 55% eran mulatos o negros esclavos. Para Santa Fe de Antioquia, el censo de 1805 registró 4.242 personas catalogadas como mulatos o esclavos sobre un total de 5.945 habitantes: más del 70% del núcleo urbano cabecera de la provincia. En Pontezuela, en la jurisdicción de Santa Rosa, un padrón de 1777 contó 117 blancos, 13 mestizos, 274 mulatos y negros libres, y 174 esclavos: la presencia africana alcanzaba incluso las altiplanicies frías, allí donde la tradición ha ubicado la Antioquia "blanca". En el partido de Obregón, cercano a Santa Fe de Antioquia, se registraron 865 mulatos y 70 esclavos sobre 1.069 habitantes. Hacia el final del período colonial, la sangre negra constituía por lo menos un tercio del linaje antioqueño en evolución.
La razón económica de esta demografía era la minería. Desde la última década del siglo XVI, el esclavo negro había sustituido al indígena en el trabajo de las minas neogranadinas, y la poca población nativa había sido destinada a la producción agraria. Hacia 1788, la relación de mando del arzobispo virrey Antonio Caballero y Góngora contabilizaba 18.496 esclavos en el Chocó, Antioquia y Popayán, de los cuales cerca de 12.000 —dos terceras partes— se dedicaban a la explotación minera. La unidad productiva característica era la cuadrilla: un empresario minero con capital reunía un conjunto de esclavos para explotar un territorio de su propiedad, constituyendo los llamados reales de minas. A fines del siglo XVI ya existían entre 3.000 y 4.000 esclavos en las minas de Zaragoza, y Francisco Beltrán de Caycedo poseía por sí solo 500 esclavos en las minas de Remedios: la concentración territorial de trabajadores forzados era considerable desde muy temprano, y no había hecho más que consolidarse.
Esta geografía tenía una consecuencia política que las autoridades conocían por experiencia acumulada. En el partido de Nóvita, en el Chocó, podían concentrarse más de mil esclavos en dos horas dada la proximidad de las cuadrillas: la topografía de la minería agrupaba a la mano de obra en núcleos capaces de coordinarse rápidamente sin necesidad de convocatoria formal. Tras la insurrección de 1728 en el Chocó, el superintendente había solicitado a Popayán una guarnición permanente de veinte hombres, aprobada por el Cabildo abierto del 1 de junio solo por término de un año. Los amplios movimientos de esclavos del siglo XVIII en la Nueva Granada apuntaban a provocar una insurrección general de la población de color, con eventual participación de grupos indígenas, contra la esclavitud y las autoridades coloniales. El miedo señorial a una coordinación de cuadrillas era un factor político activo, y estructuraba tanto la vigilancia como el castigo ejemplar.
Antioquia, en 1781, reunía todas las condiciones que ese miedo temía: densidad de población negra, cuadrillas concentradas en los reales de minas del noroeste, una población libre de ascendencia africana numerosa que se mezclaba con la esclava en la vida cotidiana, y —crucialmente— un aparato militar colonial delgado, insuficiente para reprimir sin refuerzos externos una insurrección coordinada.
1781: el año cabalístico y antitiránico
Sobre ese sustrato estructural cayó la coyuntura. El año 1781 fue calificado por un cronista contemporáneo como "año cabalístico y antitiránico", en paralelo retórico con la revuelta de Túpac Amaru II en el Perú. En la Nueva Granada, la crisis se había desatado el 16 de marzo, cuando la comerciante Manuela Beltrán arrancó en la oficina de impuestos del Socorro un bando que informaba sobre los nuevos tributos.
El detonante fiscal traía detrás un descontento acumulado por las reformas del regente visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, designado para el cargo en 1778. Piñeres restableció el impuesto de la armada de Barlovento, extendió la alcabala a nuevos productos y aumentó los gravámenes sobre la sal, el tabaco, los textiles y el algodón. Reorganizó además el estanco del tabaco: cuatro zonas de cultivo —Ambalema, Girón, Pore-Nunchía y Palmira— y seis administraciones de distribución para todo el virreinato. Numerosos pueblos que antes cultivaban la hoja quedaron excluidos de la producción legal.
Estas medidas se ejecutaban en el marco de la guerra de España contra Inglaterra: el virrey estaba en Cartagena supervisando defensas, y la Audiencia, actuando en su nombre en Santafé, quedó expuesta a una insurrección que rebasó con rapidez la provincia del Socorro. La rebelión sumó a criollos, mestizos e indígenas descontentos con las nuevas cargas, y los comuneros marcharon hacia Santafé bajo el liderazgo, entre otros, de Juan Francisco Berbeo. En Zipaquirá, el arzobispo Antonio Caballero y Góngora negoció con los líderes y firmó las Capitulaciones para evitar la toma de la capital. Los rebeldes se dispersaron y retornaron a sus hogares, pero las Capitulaciones fueron anuladas por las autoridades coloniales una vez llegaron refuerzos militares de Cartagena. Entre el 20 de junio y el 11 de septiembre se produjeron nuevos motines en el Socorro, motivados por el incumplimiento del pacto, y culminaron con la convocatoria de una segunda marcha.
El movimiento tenía una gramática política peculiar, y es la misma que hablarían, a su manera, los esclavos antioqueños de diciembre. Los comuneros no proclamaron la independencia como objetivo. Sus demandas centrales fueron la reducción de impuestos, la corrección de agravios administrativos y —en un registro incipiente— la preferencia de neogranadinos sobre españoles en los cargos oficiales. Su lema, "Viva el rey y muera el mal gobierno", disociaba la figura del soberano lejano de sus representantes locales. Circulaban rumores de que las cédulas publicadas por el regente eran "fingidas y no del Rey", de que los gravámenes fiscales no eran para el monarca sino para los "chapetones" —los funcionarios peninsulares que llegaban pobres y se enriquecían a costa de los vasallos—, y de que las medidas se dictaban a espaldas del rey por intermediarios corruptos. Era una cultura política del rumor anticolonial: acatamiento formal al soberano, deslegitimación de los representantes.
La provincia de Antioquia no permaneció ajena a este mapa. En noviembre de 1781, los indígenas del pueblo de Buriticá, en la jurisdicción de Santa Fe de Antioquia, se negaron a pagar tributos y el impuesto del Gracioso Donativo. El movimiento fue reprimido con el envío de tropas cinco días después. Hubo además, ese mismo año en la zona antioqueña, un episodio previo en el que las autoridades desconocieron un acuerdo y condenaron a muerte a los principales comprometidos: se salvaron por el indulto del 7 de agosto de 1781. Cuando en diciembre se descubrió la conspiración esclava, la provincia venía ya de dos oleadas comuneras —una de acuerdo roto y otra indígena— cuya secuencia había mostrado a los subalternos algo importante: que la autoridad colonial local podía ser desafiada, que las capitulaciones se firmaban y se rompían, y que existía un margen —el del indulto real, el del perdón invocado— donde una vida amenazada podía todavía preservarse.
El rumor de la cédula oculta
El repertorio del rumor liberador tenía en 1781 una pieza específica que resulta central para leer lo ocurrido en Antioquia. Circulaba entre las voces populares neogranadinas la afirmación de que existía una cédula real que concedía la libertad a los esclavos, pero que era mantenida en reserva por las autoridades coloniales o por los amos, negándosela a los esclavizados.
La estructura lógica del rumor era la misma que sostenía el lema comunero. Al afirmar que las cédulas fiscales del regente eran fingidas y no del rey, la protesta preservaba la lealtad al soberano mientras deslegitimaba a sus representantes; al afirmar que existía una cédula liberadora escondida, la resistencia esclava se declaraba obediente al monarca legítimo y culpaba de su cautiverio a los amos y funcionarios que interceptaban su voluntad. En ambos casos, la operación era la misma: disociar al rey de su gobierno, convertir la rebelión en restauración, presentar la desobediencia local como obediencia superior.
Este dispositivo no era exclusivo de la Nueva Granada. Francisco Javier de Mendoza, en los Llanos de la provincia de Casanare, se apoderó ese mismo 1781 de los caudales del gobernador, embargó sus haciendas y publicó que los esclavos de ellas habían quedado libres, actuando bajo la suposición —o invocación— de órdenes del rebelde Túpac Amaru. Un rey lejano cuya voluntad se ocultaba, un rebelde andino cuyo nombre autorizaba proclamas, una revuelta comunera que había firmado y roto pactos: un archivo político compartido, disponible para actores subalternos de muy distinta condición.
Hay que ser preciso sobre lo que el rumor podía y no podía hacer. Un rumor de cédula liberadora dotaba de legitimidad simbólica a demandas esclavas, dislocaba la figura del soberano de la de sus representantes, y permitía articular una resistencia sin declarar formalmente una guerra contra la Corona. Ese rumor no fue, por sí solo, el motor causal y organizativo de la conspiración antioqueña. La conspiración emergió de condiciones estructurales —densidad esclava, minería de cuadrilla, precedentes de insurrección, momento de debilidad del aparato colonial— y encontró en el rumor el lenguaje disponible para pensarse. El rumor no creó la agencia esclava; le prestó gramática.
El plan descubierto
El 9 de diciembre de 1781, las autoridades de la provincia de Antioquia descubrieron una trama de esclavos negros. El plan consistía en concentrarse a la entrada de la villa de Antioquia —Santa Fe de Antioquia, cabecera provincial— el día de Año Nuevo, es decir, el 1 de enero de 1782.
Qué iba a ocurrir exactamente en esa concentración es difícil de reconstruir con certeza. La lectura más plausible, coherente con el contexto, es que los conspiradores buscaban aprovechar una circunstancia —quizá una festividad, quizá la concentración habitual de amos y autoridades en la cabecera— para proclamar públicamente la libertad que el rumor les atribuía, apoyándose en la supuesta cédula real que los amos habían ocultado. La elección del Año Nuevo tiene su propia elocuencia: no era una fecha arbitraria sino un umbral simbólico, y coincidía con las semanas en que la crisis comunera había desnudado la vulnerabilidad del gobierno.
Que la conspiración se descubriera veintidós días antes de la fecha prevista sugiere una red delatora eficaz —esclavos vigilados, amos alertas, curas párrocos con oídos abiertos, capitanes de cuadrilla presionados— y confirma que el miedo señorial funcionaba como sistema de alarma. Antioquia venía de dos episodios de disidencia en menos de cuatro meses: la condena y el indulto de agosto, y la resistencia indígena de Buriticá en noviembre. La provincia estaba en máxima vigilancia. Que aun así los esclavos hubieran alcanzado la fase de un plan concertado con lugar, fecha y modo de reunión indica un grado de organización considerable, especialmente en cuadrillas dispersas por reales de minas del noroeste provincial.
La conspiración fue el último de los sucesos comuneros de 1781 en Antioquia. Se cerraba así un año en el que la provincia había visto, en secuencia, movimientos de sectores distintos: primero un episodio con condena y perdón real, después la insubordinación indígena de Buriticá, finalmente el proyecto esclavo. No fueron episodios coordinados entre sí, pero su sucesión revela que las oleadas de descontento social del ciclo comunero atravesaron la estratificación colonial completa: no fue solo la protesta fiscal de comerciantes y labradores del Socorro, ni la reivindicación de tierras y tributos de los pueblos indígenas, sino también un proyecto autónomo de los esclavizados, articulado con el lenguaje disponible en la coyuntura.
Castigo ejemplar y economía del terror
El marco general de respuesta colonial a las conspiraciones de aquel año permite entender qué esperaba a los descubiertos.
En el frente comunero, José Antonio Galán fue ejecutado el 1 de febrero de 1782. Junto a él fueron condenados otros comuneros —al menos uno mencionado parcialmente como Isidro— con pena similar. El cuerpo de Galán fue descuartizado y sus partes distribuidas geográficamente en un mapa punitivo del centro del virreinato: la cabeza enviada a Guaduas, la mano derecha expuesta en El Socorro, la mano izquierda en la Villa de San Gil, el pie derecho en Charalá y el pie izquierdo en Mogotes. La sentencia incluyó además la declaración de infamia de su descendencia, la confiscación de todos sus bienes aplicados al real fisco, y la demolición y siembra de sal de su casa. Era la fórmula clásica del castigo ejemplar: destrucción del cuerpo, del linaje, del patrimonio, del hogar. Se buscaba producir terror general y borrar la memoria material del rebelde.
La misma economía del terror gobernaba la respuesta a las conspiraciones esclavas. El descuartizamiento y la exhibición pública de los restos no eran una brutalidad excepcional; eran el protocolo. Frente a la coordinación potencial de cuadrillas —esa posibilidad de mil esclavos reunidos en dos horas que asombraba en el Chocó—, la Corona respondía con violencia codificada y visible, complementada a veces con mediación religiosa: en 1745 había sido decisiva la intervención del padre franciscano fray José Joaquín de Barrutieta para lograr la rendición de los insurrectos acaudillados por el negro Jerónimo en la región de Quito.
En el caso antioqueño, la conspiración fue abortada antes de estallar, y precisamente por eso la respuesta pudo modularse. Las autoridades coloniales tenían dos registros disponibles: el castigo ejemplar sobre los cabecillas identificados y el disciplinamiento cotidiano —vigilancia reforzada, control de reuniones, presión sobre capitanes de cuadrilla— sobre el resto de la población esclava. La táctica del gobierno virreinal en 1781 combinó ambos: mediación política con los grupos más peligrosos, ejecuciones espectaculares sobre los más obstinados, indultos oportunos sobre los subordinados. En agosto había concedido el indulto que salvó a los comprometidos del episodio antioqueño previo; en febrero descuartizaba a Galán. La misma administración operaba con clemencia y con terror, según la coyuntura y el rango del inculpado.
Anatomía de las causas
El episodio antioqueño se explica solo en la intersección de lo estructural, lo coyuntural y lo detonante.
Lo estructural pesaba desde hacía dos siglos. La sustitución del trabajo indígena por el esclavo negro en la minería, iniciada a fines del siglo XVI, había producido una provincia donde los reales de minas concentraban cuadrillas numerosas en manos de pocos propietarios, donde la población negra —esclava y libre— superaba en muchas localidades a la blanca, y donde las condiciones topográficas y demográficas hacían plausible una coordinación rápida entre esclavizados de distintas haciendas. A esto se sumaba una cultura de vigilancia y castigo codificada: los actos de rebelión esclava se castigaban con pena de muerte, ejecutada mediante descuartizamiento y exhibición pública de los restos en la picota, y a veces con el gesto adicional de arrojar trozos a los ríos, todo diseñado para producir terror general. Este régimen punitivo no era teórico: era el marco que cualquier conspirador esclavo tenía presente al pensar su acto.
Lo coyuntural venía de las reformas borbónicas y del descrédito acumulado del aparato colonial. Las medidas fiscales de Gutiérrez de Piñeres habían generado un descontento generalizado que rebasaba la protesta contribuyente e involucraba a mulatos pobres y sectores subalternos, quienes expresaban resentimiento contra los funcionarios españoles y eran los más expuestos al hostigamiento y encarcelamiento por parte de recaudadores. La alianza tradicional entre la Corona y las élites locales había entrado en crisis; las autoridades coloniales habían negociado con rebeldes en Zipaquirá y luego roto el pacto; el arzobispo Caballero y Góngora había gestionado políticamente una insurrección abierta y las tropas habían llegado tarde. Toda esa exhibición de debilidad y de doblez formaba parte del paisaje mental de cualquier grupo subalterno que sopesara, hacia diciembre, sus posibilidades.
El detonante, más próximo, se cifra en tres hechos concretos. El indulto del 7 de agosto de 1781 había salvado de la muerte a los principales comprometidos en un movimiento previo: mostraba que el margen de clemencia real existía, y que invocar la voluntad del monarca podía torcer la fuerza del castigo local. El precedente inmediato de Buriticá en noviembre había mostrado a los observadores atentos que la resistencia colectiva era posible, aunque también que la represión era rápida. Y la circulación del rumor de la cédula liberadora ofrecía un argumento —no meramente un deseo— para actuar: la libertad ya había sido concedida; solo faltaba tomarla.
Consecuencias y prolongaciones
Los efectos inmediatos son difíciles de rastrear más allá del disciplinamiento provincial reforzado que suele seguir a una conspiración descubierta. Con el tiempo, el episodio pasó a integrar la evidencia sobre la que las autoridades coloniales sustentaron su política de vigilancia esclava en el último cuarto del siglo XVIII: la conciencia de que los reales de minas podían coordinar acciones simultáneas, y de que el rumor de una cédula liberadora circulaba entre las cuadrillas, alimentó el temor señorial y los intentos administrativos de contención.
El rumor mismo no se agotó en 1781. Reapareció con formas distintas en las décadas siguientes, hasta cruzarse con los debates independentistas y con las leyes de libertad de vientres. Durante la independencia circularon rumores de guerra de razas que seguían una lógica de circulación clandestina emparentada con la del rumor liberador: información política subterránea, atribuida a fuentes lejanas y legítimas, invocada por sectores subalternos para justificar acciones colectivas.
Para la historia de Antioquia, 1781 constituye un contrapunto necesario a la mitología posterior de una región de colonos blancos, montañeses libres y economía agraria virtuosa. La provincia que produjo esa mitología era, en el último cuarto del siglo XVIII, esclava y minera, con una población de ascendencia africana que superaba el tercio del total, con reales de minas concentrados y con una historia de resistencia esclava documentada. La construcción del imaginario de una Antioquia blanca fue un trabajo del siglo XIX y XX, no una descripción de la realidad colonial.
Lo que dice la conspiración sobre el ciclo comunero
El episodio antioqueño no cambia la historia general de 1781, pero corrige su encuadre. Suele contarse la crisis como una insurrección fiscal encabezada por criollos y mestizos del Socorro contra las reformas borbónicas, con lema monárquico y agenda administrativa, cerrada con el pacto roto de Zipaquirá y el descuartizamiento de Galán. En su periferia —en Casanare con Mendoza invocando a Túpac Amaru, en Buriticá con los indígenas negándose al tributo, en los reales de minas antioqueños con los esclavos preparando el Año Nuevo— aparecen otros proyectos políticos que compartían el repertorio del rumor y de la lealtad monárquica pero perseguían fines distintos: no la reducción de la alcabala, sino la libertad; no la corrección del gobierno, sino la abolición del cautiverio; no la preferencia de neogranadinos en los cargos, sino la disolución de la propia condición esclava.
Estos proyectos compartían con el movimiento comunero criollo la estructura formal del argumento —el rey legítimo lejano, el mal gobierno cercano— pero le daban un contenido radicalmente distinto. Cuando un labrador del Socorro decía que las cédulas del regente eran fingidas, defendía su bolsillo; cuando un esclavo de una cuadrilla antioqueña decía que existía una cédula real ocultada por su amo, disputaba la legitimidad misma de la propiedad sobre su cuerpo. Ambos usaban el mismo dispositivo retórico, pero apuntaban a órdenes distintos de subversión.
La coincidencia sincrónica no fue casual. El repertorio del rumor circulaba con la coyuntura: cuando el aparato colonial exhibía su debilidad —refuerzos que no llegaban, capitulaciones que se firmaban, indultos que se decretaban—, los actores subalternos leían la posibilidad de reformular su situación en el lenguaje disponible. La conspiración antioqueña fue así un producto de la crisis comunera: no una imitación tardía, sino la extensión lógica de un dispositivo político que estaba en el aire.
Por qué importa
La conspiración de diciembre de 1781 no cambió el curso de la guerra comunera ni alteró el destino inmediato de la esclavitud en la Nueva Granada. Fue descubierta antes de ejecutarse, castigada según los protocolos habituales del régimen colonial, y desaparecida de las narrativas dominantes sobre la crisis del año. Su importancia reside en otra parte.
La conspiración fracasó como acto pero sobrevive como archivo. Dejó la prueba de que la agencia política esclava existía en la Antioquia colonial, y que sabía usar los materiales disponibles —el rumor, la lealtad al rey lejano, el momento de debilidad del gobierno— para imaginar un orden distinto. Un plan que no llegó a ejecutarse ilumina, sin embargo, lo que era pensable un 9 de diciembre en una cuadrilla del noroeste neogranadino: la libertad como cédula sustraída, la desobediencia como fidelidad más honda al soberano, la fecha del Año Nuevo como umbral escogido para tomar lo que ya se creía concedido. En esa gramática, elaborada por hombres cuya voz apenas asoma en los papeles del descubrimiento, hay una densidad política que ningún relato del ciclo comunero puede permitirse ignorar. El episodio no pesa por su resultado, sino por lo que deja entrever de un pensamiento que existió antes de ser reprimido, y que sobrevivió al castigo transformándose en rumor duradero.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Gran Enciclopedia de Colombia - Historia 1: Desde la prehistoria hasta el alzamiento del comúnJorge Orlando Melo (Dirección Académica); varios autores · 2007 · p. 274, 2862 citas
[1]de Antioquia, no obstante que el estanco seguia vigen te para el resto de la provincia; y el perdon gene- ral. Posteriormente, las autoridades desconocieron el acuerdo y condenaron a muerte a los principales comprometidos; sin embargo, los salvo el indulto te 1781 del7 de agosto de El tercer miento en la zona fue el…p. 286
[2]comuneros: «{Viva el rey y muera el mal gobierno!», lo mismo que los rumores que planteaban que las medidas fiscales Juan Francisco Berbeo Grabado de Antonio Rodriguez sobre dibujo de Alberto Urdaneta, 1881 274 | Gran Enciclopedia de Colombia Firmas de Salvador Plat Antonio José Monsalve, Francisco Rosillo, Ramon…p. 274
02Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 2301 cita
[3]reunían; suponiendo órdenes del rebelde Tupamaro —Tupac-Amaru— 5 y queriéndo - les dar a entender que todos se hallaban exentos de tribu - tos y que habían cesado las contribuciones de diezmos y obligación de cumplir con los preceptos eclesiásticos, para esto, y como el principal motor y cabeza fue un vecino llamado…p. 230
03Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 1421 cita
[4]reveal about con',.-po.rry fears and exPectations? When and why were rumors of race war most likely to emerge, and what impact did they have on re' publican racial constructs? Although in some cases, the concrete origins of racial threats may be ffaced, such rumors usually seem to have been only the product of elite…p. 142
04Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2351 cita
[5]deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…p. 235
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 981 cita
[6]del Socorro. En esta pro- vincia, entre el 20 de por el arzobispo Caballero y Góngora, que se ha- llaba de visita en la región, no apoyó las preten- siones del pueblo. Galán, que había llegado a Mogotes el 2 de septiembre, pertenecía al bando de quienes no creían en las promesas del arzobispo de hacer cumplir las…p. 98
06Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 511 cita
[7]el siguiente mes de marzo estaba listo el expediente para su entrega. Todos esos documentos fueron escritos en español, la única lengua en que escribía correctamente el general, con una traducción inglesa anexa, y los cálculos fueron hechos con la mejor información que recibió, si bien la parte esencial la recogió…p. 51
07Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[8]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…p. 53
08Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 cita
[9]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…p. 108
09Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 441 cita
[10]estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…p. 44
10Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1261 cita
[11]Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…p. 126
11Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2381 cita
[12]Villabona. Ya no eran sólo indígenas ni tampoco estaban sometidos a reglas especiales. El sistema del concierto se había abierto para incluir a rodas las personas, con el fin de emplearlas a cambio de un salario. Eran en esencia jornaleros, genre sin distinción de todas las razas y sus mezclas, que vendían su fuerza…p. 238
12Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1011 cita
[13]la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…p. 101
13Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 731 cita
[14]en esta obra de pintura-ficción no se oye —o si se oye se desatiende— el ruido de las pisadas de los comuneros que, diez años antes de su estallido, ya comenzaban a volverse perceptibles. El primero de febrero de 1782 un hombre es arrancado a golpes de la cárcel, arrastrado por el suelo, llevado hasta el lugar donde…p. 73
14When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 301 cita
[15]the cry heard often in Tolima during the Revolt of the Comuneros. 14 As major landmarks in the political life of late-eighteenth-century Tolima, the Jesuit expulsion and the Comunero revolt were most significant for the reaction they failed to evoke. Those events did not trigger any popular outcry against the king,…p. 30
15Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 321 cita
[16]África, a los que han reducido y do minan cultural y políticamente con base en una teoría estatal de la ficción legal y gracias a un rey remoto (Palacios, 1999b). En este sentido, la combina ción de la obediencia a la “constitución no escrita” de la monarquía (elemen to de la ficción legal), y la habitual conjura…p. 32
16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 311 cita
[17]las Indias 21, que garantizaba la dominación con intuiciones de control y vigilancia, la uniformidad pretendida seguía siendo trastocada por la realidad heterogénea del terri- torio. A este respecto Jaramillo Uribe anota: Diversas culturas, diversas densidades de población, diferentes territorios geográficos,…p. 31
17Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1001 cita
[18]el fin del siglo xviii. Según un censo de minas y esclavos hecho en el año de 1759, había en el Chocó 63 minas y otros tantos propietarios que poseían 4.216 esclavos. En el año de 1788 había 18.496 esclavos en el Chocó, Antioquia y Popayán, de acuerdo con la relación de mando del arzobispo virrey, Caballero y Góngora,…p. 100
18Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 148, 1632 citas
[19]de Zaragoza para fines del siglo entre 3.000 y 4.000 esclavos. Francisco Beltrán de Caycedo poseía en las minas de Remedios 500 negros esclavos (14). De otra parte, en las minas de Las Lajas y Santa Ana -las que generalmente se supone fueron trabajadas exclusivamente por los mitayos de Santa Fe y Tunja (15) se…p. 148
[24]revueltas en las minas, sufrir robos de bienes de consumo y raptos, especialmente del elemento femenino de color. Al parecer, los amplios movimientos de esclavos, particularmente los del siglo XVIII, tenían como objetivo provocar una insurrección general de la población de color con la posible participación de algunos…p. 163
19Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3311 cita
[20]XVII) y su aparición en el Chocó (s. XVIII) Fuera de los centros mineros de la región de Antioquia, la mano de obra esclava ocupó un lugar secundario en el resto de las explotaciones de la Nueva Granada durante los siglos XVI y XVII. Ya se ha visto cómo hacia 1628 había apenas 250 esclavos en Popayán. En 1623 no se…p. 331
20La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 451 cita
[21]más in- tensamente, la sangre negra debía constituir por lo menos un tercio del linaje antioqueño en evolución. Así, el censo de 1778 de la villa de Medellín 55 alistó 55% como mulatos o negros esclavos, de los 14.704 habitantes. Para Santa Fe de Antioquia, el censo de 180556 registra 4.242 en un total de 5.945, como…p. 45
21Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 86, 1452 citas
[22]minas propiamente dichas, donde un empresario minero con capital suficiente para tener una cuadrilla de esclavos explotaba un territorio de su propiedad. Una o varias de ellas constituyeron los llamados reales de minas, unidades administrativas creadas por las autoridades espafiolas para ejercer el control de la…p. 86
[29]distribución en las provincias de Antioquia, Cartagena, Santa Marta y Mompox. El primer rematador de la renta fue el comerciante de Honda José Mesa Armero, quien pagó por ella la suma de 50.000 pesos anuales. Este sistema de administración privada duró hasta 1774, cuando el virrey Solís estableció la administración…p. 145
22Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 1031 cita
[23]su partido, por lo mismo previne siempre que haciéndose, como dicen, de tripas corazón, se mani- festase éste magnánimo, pero al revés. Y manifestando tanto respeto a la nación Guinea temo verdaderamente no sea ésto motivo para la ruina... ». A pesar de la energía del superintendente, sabía que los temores que…p. 103
23Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 381 cita
[25]todo, entre los más prósperos y educados, algunas formas de pensamiento que señalan restricciones a lo que puede considerarse normal, “civilizado” 29. Pero mientras la violencia privada solo se admite contra personas vistas como inferiores (indios, campesinos forajidos, mujeres, niños), la violencia pública de las…p. 38
24Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3901 cita
[26]de Quito intentó reducirlos pacíficamente en 1732, aprovechando los buenos oficios de don Andrés Fajardo, a quien autorizaron para ofrecerles paz, la libertad y el derecho de seguir viviendo tranquilos, con la condición de que no admitieran nuevos prófugos, condición que jamás cumplieron. El gobernador José Francisco…p. 390
25Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4051 cita
[27]su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes. Declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sem- brada de sal, para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detesta- ble memoria, sin que quede otra que…p. 405
26Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 cita
[28]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…p. 231
27¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 481 cita
[30]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…p. 48
28Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 771 cita
[31]y que la población negra antioqueña dedicada a la minería fue siempre importante. Cuadro la: Población afrocolombiana, estimativos y distribución urbano-rural por regiones para junio de 2001 1'·'\:e'''II'l:o.Jcl",'''I.'''''''lIlJt'~lI kll.~,,,nJ.¡..... lo.Jc 1"""'."""1 h>t.llJ 1'""1' rqpf'Jt'~…p. 77
29Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 61, 902 citas
[32]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…p. 90
[34]Bogot á, Tunja, Popay á n y otras ciudades. En Antioquia, entre 1780 y 1800, se fundaron varios pueblos formados por grupos organizados de colonos pobres, con el apoyo de las autoridades, primero en las cercan í as de las minas, con la idea de que ayudar í an a abastecerlas y reducir los precios de sus consumos, y…p. 61
30Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 2391 cita
[33]lives. 8 That these cases were from haciendas and small towns is significant. Steinar Saether found that the inhabitants of villages, as opposed to cities, were more likely to be married than city dwellers. Yet small-town folk were disproportionately represented in the reports of sins to the bishop during…p. 239