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Hecho histórico · Pre-independencia · 1780–1809

Reforma agraria antioqueña de Juan Antonio Mon y Velarde (1785-1788)

Entre 1785 y 1789, el oidor visitador Juan Antonio Mon y Velarde ejecutó en Antioquia un programa de composición de tierras que invalidó títulos coloniales inactivos en favor del trabajo efectivo, abriendo centenares de miles de hectáreas del sur de la provincia a colonos pobres de Rionegro y Marinilla y encendiendo la mecha de la gran colonización antioqueña del siglo XIX.

Reforma agraria antioqueña de Juan Antonio Mon y Velarde (1785-1788)
1785-1789
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1785-1789
Dónde
Antioquia, Medellín, Rionegro, Nueva Granada, Marinilla, Valle de Aburrá, Santa Fe de Antioquia, Sur de la Provincia de Antioquia
Protagonistas
Juan Antonio Mon y Velarde, Francisco Silvestre, Felipe Villegas, José María Aranzazu, Joaquín Barrientos, Antonio de Quintana, Carlos III
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Presión demográfica estructural: la rápida reproducción de mestizos desde 1690 generó un excedente poblacional en Rionegro y Marinilla cuyos hijos carecían de tierra propia y empujaban hacia el sur de la provincia.
  2. Monopolio territorial colonial: grandes concesiones de centenares de miles de hectáreas —como la de Felipe Villegas entre el río Aures y la quebrada de Arma— permanecían inactivas, bloqueando el acceso a la tierra de los colonos pobres.
  3. Estancamiento de la minería antioqueña por carestía de subsistencias: la economía extractiva requería ampliar la frontera agrícola para abaratar el aprovisionamiento de los reales de minas.
  4. Reformismo borbónico bajo Carlos III: la Corona buscaba racionalizar la administración colonial, captar recursos y demostrar capacidad de gobierno mediante visitadores con poderes amplios y agenda redistributiva.
  5. Doctrina limitativa de la Corona sobre mercedes de tierra: la tradición jurídica borbónica prescribía conceder solo la tierra que cada vasallo pudiera trabajar según sus fuerzas, proporcionando a Mon y Velarde el fundamento normativo para invalidar títulos inactivos.
1785-1789Reforma agraria antioqueña de Juan Antonio Mon y Velarde (1785-1788)

Consecuencias

  1. Fundación de Sonsón hacia finales del siglo XVIII (actividad documentada desde 1789) sobre tierras de la concesión Villegas, seguida de Abejorral y Aguadas en las primeras décadas del siglo XIX, consolidando el poblamiento del sur antioqueño.
  2. Desencadenamiento de un conflicto prolongado —estimado en siglo y medio— entre colonos que desmontaban bosques alegando tierras inhabitadas y propietarios que defendían títulos antiguos de concesión o merced.
  3. Surgimiento de una dinámica colonizadora autogenerada: las parcelas desmontadas resultaban insuficientes para las familias crecientes, impulsando a los hijos a buscar nuevas tierras más al sur y repitiendo el ciclo hasta el Quindío y el norte del Valle.
  4. Establecimiento de relaciones de producción relativamente más igualitarias en las zonas de colonización, con predominio de la aparcería frente a los conciertos y terrazguerías de las haciendas tradicionales, aunque sin eliminar la concentración de tierras por grupos de élite.
  5. Anticipación práctica del principio de función social de la propiedad: la aplicación retroactiva del criterio de morada y labor sobre concesiones ya otorgadas invirtió la carga de legitimidad del título antiguo y prefiguró debates jurídicos y políticos que marcarían la legislación agraria republicana del siglo XIX.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La reforma de Mon y Velarde es el eslabón que conecta el reformismo borbónico tardío con la colonización antioqueña del siglo XIX: al aplicar retroactivamente el principio de morada y labor sobre grandes concesiones inactivas, creó el precedente jurídico y el impulso social que convirtieron a Antioquia en la región de mayor expansión de frontera agrícola de Colombia. Su legado es ambivalente: abrió tierras a los pobres pero no resolvió el conflicto entre colonos y titulares de mercedes, un litigio que se prolongó por siglo y medio y cuya estructura —colono con hacha frente a propietario con papel— reaparecería en distintas formas a lo largo de la historia agraria colombiana.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La reforma agraria de Juan Antonio Mon y Velarde en Antioquia (1785-1788)

Entre 1785 y 1789, el oidor visitador Juan Antonio Mon y Velarde recorrió la Provincia de Antioquia con instrucciones de la Corona para averiguar el estado de su administración, su hacienda y su población. De aquella visita salió mucho más que un informe: un programa deliberado de fundación de pueblos y de redistribución de tierras que descansaba sobre un principio jurídico cortante: quien no había ejercido morada y labor sobre una concesión, la había perdido. Con esa fórmula, aplicada al sur de la provincia, el visitador desatascó centenares de miles de hectáreas retenidas por títulos coloniales dormidos y las abrió a los vecinos pobres de Rionegro y Marinilla. La consecuencia fue duradera: allí se encendió la mecha de la colonización que en el siglo XIX empujaría a los antioqueños hacia el sur, hasta el Quindío y el norte del Valle. Y allí también quedó planteado el conflicto que aquella reforma no cerró: el pulso, prolongado por siglo y medio, entre el colono con hacha y el titular de la merced antigua.

El mundo del que brota la visita

Cuando Mon y Velarde llega a Antioquia, la provincia es aún un lugar pequeño y de gravedad extractiva. Su población, en 1778, no alcanzaba los cincuenta mil habitantes: apenas un 6% del total del Nuevo Reino de Granada. Crecía, sin embargo, con rapidez, empujada por la fecundidad de una masa mestiza que a esa altura del siglo era ya el grupo mayoritario del virreinato: un 46% de la población frente al 26% de blancos, el 20% de indios y el 8% de esclavos. En Antioquia esa aritmética se decantaba con un matiz propio: la población libre se sentía blanca, y la escasa presencia indígena, muy erosionada desde el temprano siglo XVII, no daba lugar a las economías de mano de obra tributaria que sostenían a otras provincias.

Esa economía se ordenaba en torno a la minería de aluvión. Las ciudades mineras fundacionales —Cáceres, Zaragoza, Remedios— habían entrado en decadencia a mediados del siglo XVII, cuando la extinción indígena privó a los reales de minas de la posibilidad de autoabastecerse en alimentos, sin que la conversión a la agricultura llegara nunca a compensar la pérdida. La falta de subsistencia a precios cómodos, las vejaciones de gobernadores y tenientes, la carestía o directa imposibilidad de conseguir esclavos figuraban entre los obstáculos que las autoridades identificaban al progreso de las minas. Solo el Valle de Aburrá, sin yacimientos pero bien dotado para la agricultura, había comenzado desde la década de 1630 a suministrar comestibles a los campos mineros que avanzaban hacia el norte.

La agricultura tropezaba con dos frenos estructurales. El primero era la falta de caminos: sin salida hacia el río Nare, los frutos no podían intercambiarse con las provincias vecinas. El segundo, más silencioso pero más decisivo, era la estructura de la propiedad. Al terminar el siglo XVIII, gran parte del territorio donde después se desplegaría la colonización antioqueña había sido adjudicado, mediante concesiones de la Corona, a personas influyentes de raíz peninsular. Felipe Villegas era titular de las tierras entre el río Aures y la quebrada de Arma; más al sur figuraban otros nombres, entre ellos el de José María Aranzazu. Eran mercedes de centenares de miles de hectáreas que nadie ocupaba ni trabajaba, y sobre las que los vecinos pobres del oriente antioqueño no podían asentarse sin infringir un título antiguo.

Ese régimen hundía sus raíces en un largo proceso colonial. Entre 1590 y 1620, la Corona había recurrido a las composiciones de tierras al mejor postor para titular los realengos, y de ahí había nacido el régimen de haciendas como sistema social, económico y político. La composición permitía legalizar ocupaciones de hecho —muchas veces usurpaciones anteriores— mediante el pago de una suma a la Corona, y aunque el mecanismo también admitía a pequeños propietarios y otorgaba tierras a resguardos y municipalidades, el peso del pago tendía a identificar como grandes latifundistas a quienes disponían de mayores recursos. La propia Corona había reconocido los abusos derivados de las mercedes ilimitadas y prescrito, para corregirlos, una política de limitación que asignaba a cada solicitante solo la tierra que pudiera trabajar según sus fuerzas, con medición, amojonamiento y concesión gratuita. Esa doctrina —la tierra medida por la fuerza de brazos del que la pide— es el trasfondo normativo del que Mon y Velarde extraerá su instrumento.

Las reformas borbónicas y el instrumento de la visita

La visita antioqueña no fue una iniciativa personal ni un episodio administrativo aislado: fue una pieza dentro del más amplio esfuerzo del reformismo borbónico. Desde Felipe V, a comienzos del siglo XVIII, la nueva dinastía había iniciado en América una tercera etapa administrativa que buscó racionalizar el gobierno, dotarlo de mecanismos de control y de eficacia, y ejercer sobre los recursos y las actividades sociales una intervención mucho más densa que la de los Habsburgo. Bajo Carlos III —el momento culminante del ciclo— esa vocación de mando se tradujo en el Nuevo Reino en medidas fiscales duras (el restablecimiento del impuesto de la armada de Barlovento y la extensión de la alcabala, en la regencia de Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres desde 1778) y en un ambicioso ciclo de visitas.

La visita era el segundo gran instrumento de control e información de la Corona. Las generales, ordenadas sin sujeción a períodos fijos, buscaban informes amplios sobre la marcha de la administración, la economía, la hacienda y —sobre todo— la situación de la población indígena. A partir de 1755, los visitadores reales pudieron además observar el crecimiento demográfico en la parte oriental del virreinato, un dato que dejaría de ser dato para volverse problema: el mestizaje mayoritario, la apertura de nuevos espacios de colonización, la emergencia de una élite criolla más ambiciosa, y con todo ello, la evidencia de que la sociedad neogranadina había cambiado bajo el suelo antes de que las instituciones lo notaran.

En ese ciclo se inscribe la designación de Mon y Velarde como oidor de la Audiencia con comisión especial para Antioquia. El nombramiento coincide con —o se prolonga sobre— un movimiento ya iniciado en la provincia: entre 1778 y 1782, el gobernador Francisco Silvestre había comenzado a incentivar nuevas colonizaciones, y en 1784 el propio gobernador declaró que los titulares de grandes concesiones no ocupadas en el sur habían perdido su derecho por falta de morada y labor, autorizando la ocupación por colonizadores pobres. Cuando Mon y Velarde asume la visita formal en 1785, encuentra por tanto una decisión política ya tomada en el papel —la de invalidar títulos inactivos— y la convierte en programa: le da doctrina, procedimiento y continuidad, y la extiende del sur al conjunto de la provincia.

El programa: fundar pueblos, componer tierras, mover gente

El corazón de la reforma tuvo dos brazos entrelazados. El primero fue la fundación de pueblos. Entre 1780 y 1800 se levantaron en Antioquia varios asentamientos formados por grupos organizados de colonos pobres con apoyo de las autoridades. La lógica inicial fue estrictamente utilitaria y minera: las primeras fundaciones se hicieron en las cercanías de las explotaciones, para abastecerlas y bajar los precios de sus subsistencias. Muy pronto, sin embargo, el movimiento giró: las fundaciones se orientaron hacia las montañas del sur, allí donde había tierras nuevas y buenas y donde los vecinos de Rionegro y Marinilla —pobres, sin tierra, empujados por la escasez— buscaban ya por su cuenta pastos, salinas y minas de oro.

El segundo brazo fue la composición y redistribución. Mon y Velarde argumentó, recogiendo casi al pie de la letra la doctrina borbónica de limitación de mercedes, que el abuso en las concesiones antiguas había causado grandes perjuicios, dejando a numerosos pobladores sin tierra que trabajar, y que la Corona quería repartir sus dominios para que sus vasallos no tuvieran que mendigar de otros ni sufrir condiciones exorbitantes. Con ese fundamento, aplicó el criterio de morada y labor: los titulares de grandes concesiones que no habitaban ni cultivaban sus tierras habían perdido el derecho sobre ellas, y los colonos podían solicitar títulos describiendo los terrenos como inhabitados y sin uso, la fórmula que aparece, con esas palabras, en las peticiones tempranas.

El caso emblemático fue la concesión de Felipe Villegas, entre el río Aures y la quebrada de Arma. Sobre ese territorio, hacia finales del siglo XVIII, se produjo la fundación de Sonsón, cuya actividad colonizadora está documentada desde 1789. Los fundadores eran vecinos pobres de Rionegro y Marinilla que habían migrado por extrema pobreza y escasez de tierras, buscando en el sur lo que su comarca ya no ofrecía. En archivos coetáneos figuran también los nombres de los agentes menores que instrumentaron esas fundaciones y peticiones —Joaquín Barrientos, Antonio de Quintana—, vecinos y funcionarios locales que hicieron de correa de transmisión entre el mandato del visitador y la práctica del monte.

El programa se complementó con una atención sostenida a la infraestructura. La apertura de caminos hacia el Nare —que un memorial de la época identificaba como condición necesaria para dar vida al comercio y a la agricultura, permitiendo al labrador intercambiar sus frutos con los de otras provincias— se volvió obsesión administrativa. Sin salida al río, cualquier redistribución de tierra quedaba estéril: los colonos podían desmontar y sembrar, pero no vender.

En el trasfondo estaba, además, una preocupación social que iba más allá de Antioquia y que era propia del reformismo tardío: el vagabundaje. La Corona, y sus visitadores, veían con inquietud la existencia de una masa de vasallos indigentes que no se dejaba capturar por el trabajo asalariado ni por la economía formal. La política de tierras se convirtió entonces también en política de fijación: dar tierra al pobre era, entre otras cosas, arrancarlo del ocio y hacerlo productivo. En Antioquia, donde los mineros y comerciantes favorecían la inmigración campesina y la ampliación de la frontera agrícola por la escasez de alimentos, ese diseño encajaba con los intereses locales.

Las causas: por qué la reforma se hizo, y por qué se hizo aquí

Bajo la reforma antioqueña laten tres capas de causas que conviene distinguir.

La primera es estructural y demográfica. Antioquia, junto con Santander, fue abierta a colonos españoles pobres precisamente porque había sufrido una pérdida apreciable de su población aborigen y no había desarrollado economías basadas en mano de obra indígena. La recuperación demográfica del Nuevo Reino a partir de 1690, apoyada en la rápida reproducción de mestizos, negros y mulatos, alimentó un crecimiento poblacional que en Antioquia se manifestó como presión sobre el terrazgo de Rionegro y Marinilla: familias crecientes, parcelas que se subdividían hasta la insuficiencia, hijos sin tierra propia que buscaban abrir la propia. Sin ese excedente humano empujando hacia el sur, la reforma habría sido letra sin sujeto.

La segunda capa es económica. La minería antioqueña llevaba un siglo largo estancada por la extinción indígena y por la carestía de sus subsistencias; los mineros y comerciantes veían con buenos ojos la ampliación de la frontera agrícola porque abarataba el aprovisionamiento. La reforma, en ese sentido, no fue autónoma frente a la economía extractiva sino instrumental a ella: se abría tierra al pobre no solo por doctrina redistributiva, sino porque el pan del pobre bajaba el costo de la mina. Esa subordinación, poco declarada, explica tanto la rapidez con que la reforma se ejecutó como el hecho de que sus beneficios acabaran captados en buena parte por los grupos de élite locales.

La tercera capa es coyuntural y política. Bajo Carlos III, la Corona quería mostrar músculo administrativo y captar recursos en las Indias; los visitadores fueron el instrumento privilegiado de ese proyecto. La designación de un oidor con poderes amplios y agenda propia —y la coincidencia con un gobernador, Silvestre, ya decidido a mover ficha— abrió una ventana de oportunidad que en otras provincias no se dio con la misma nitidez. La reforma antioqueña se hizo, en parte, porque hubo un visitador dispuesto, un gobernador cómplice, un cuerpo doctrinario borbónico disponible y una élite minera que no puso resistencia.

Un detalle más ilumina el gesto. Mon y Velarde no fabricó desde cero el principio de morada y labor: lo tomó de la propia tradición limitativa de la Corona, que había prescrito conceder solo la tierra que cada vasallo pudiera trabajar según sus fuerzas, con medición y amojonamiento. Lo que hizo —y esto es lo decisivo— fue aplicarlo retroactivamente sobre concesiones ya otorgadas y no trabajadas, invirtiendo la carga de la legitimidad. Hasta entonces, el título antiguo prevalecía; a partir de la visita, el título antiguo debía justificarse en trabajo efectivo, so pena de invalidez. Ese giro de foco es la operación jurídica más audaz de la reforma, y la que abrió el conflicto largo.

Las consecuencias inmediatas: el sur en movimiento

En el corto plazo, la reforma produjo lo que se proponía. El sur antioqueño se puso en marcha. Sonsón se fundó y consolidó en el arco de la última década del siglo XVIII, sobre tierras de la concesión Villegas descritas por los colonos como inhabitadas y sin uso. Detrás de Sonsón vendrían, en las primeras décadas del XIX, Abejorral y Aguadas, en un movimiento continuo. El patrón de fondo era autogenerado: las parcelas desmontadas resultaban insuficientes para las familias crecientes, los hijos buscaban tierras más al sur, repetían el ciclo. La colonización dejó de ser un programa administrativo y se volvió una dinámica social, y ese cambio de estatus es también obra, remota, de la visita.

La distribución de la propiedad en la primera generación de colonización resultó relativamente más igualitaria que en otras regiones del Nuevo Reino. Antioquia presenta desde entonces una estructura que Parsons, Brew, López Toro y Twinam habrían de considerar atípica: la gran hacienda tuvo desarrollo limitado, existía una gama más amplia de medianos y pequeños propietarios, y las relaciones de producción incluyeron la aparcería en condiciones más equitativas que los conciertos individuales, agregaturas y terrazguerías de las haciendas centrales. Ese ethos más igualitario —más que igualdad plena, un piso de dignidad campesina menos brutalmente estratificado— es la marca de fábrica que la memoria antioqueña habría de convertir en mito.

Pero conviene detener el elogio en el umbral. Ya en la primera colonización, junto a los productores independientes, se asentaron criollos y mestizos con recursos que trajeron consigo colonos bajo compromiso de aparcería, reproduciendo relaciones de dependencia, aunque más blandas que las del resto del virreinato. La colonización no fue nunca plenamente democrática: fue más igualitaria, en la comparación, y eso no es lo mismo.

Las consecuencias de largo plazo: el conflicto que la reforma no cerró

El efecto duradero de la reforma se juega en un terreno inesperado. Al declarar perdidos los títulos por falta de morada y labor, el visitador no eliminó a los titulares: los obligó a defender jurídicamente lo que ya no podían defender físicamente. La consecuencia fue un conflicto prolongado —estimado en siglo y medio— entre colonos que desmontaban bosques y propietarios que alegaban títulos antiguos de concesión o merced. Ese pleito, en sus formas locales, atravesaría la República entera.

En el siglo XIX, la colonización antioqueña continuó hacia el sur y encontró nuevas tierras concesionadas pero inactivas. La concesión de la familia Aranzazu fue el origen de uno de los enfrentamientos más espectaculares entre colonos y grandes terratenientes de la región. Más al sur todavía, en el Quindío, la Concesión Burila —basada en una merced real de 1641 y encabezada por la familia Caicedo con sede en Manizales— reclamó unas 130.000 hectáreas que cubrían la mitad del sur del Quindío y parte del norte del Valle del Cauca, superponiéndose a un territorio ocupado por entre mil y cuatro mil familias de colonos pobres en jurisdicción de Armenia y Calarcá. En 1905, el personero y el concejo municipal de Calarcá dirigieron comunicaciones al Ministerio de Obras Públicas advirtiendo que las reclamaciones de Burila causaban graves perjuicios al vecindario. Los pleitos se prolongaron hasta los años treinta del siglo XX, cuando la empresa perdió finalmente sus derechos.

Ese arco largo —del Aures a Calarcá, de 1789 a 1930— muestra que la reforma de Mon y Velarde inauguró una tensión que la República heredó sin resolver. No fue la construcción de una democracia agraria, sino el disparo de una carrera entre dos legitimidades: la del colono que trabajaba y la del concesionario que exhibía papel antiguo. Cuando las compañías concesionarias recurrieron a la violencia física, destruyendo o incendiando propiedades de colonos pobres, provocaron reacciones igualmente violentas. La imagen idílica de las Juntas Repartidoras y las Comisiones Agrarias del XIX apenas cubre esa realidad. Si se toman las 195.000 hectáreas base usadas por Parsons, no más de cuatro mil familias habrían sido beneficiadas por los repartos oficiales en toda el área de colonización antioqueña: una cifra inaceptablemente baja dado el número real de colonos, y una prueba de que el aparato administrativo republicano no absorbió sino una fracción menor del movimiento popular que la reforma borbónica había echado a andar.

La continuidad Colonia-República: qué se heredó realmente

Se ha dicho a menudo —y con razón parcial— que la reforma de Mon y Velarde anticipó los principios de la política agraria republicana. Es cierto que la exigencia de habitación y labranza figuró entre los rasgos esenciales de la política de tierras heredados de la Colonia y conservados por la República, y que ese principio orientó la retórica de la legislación decimonónica de baldíos. Pero la continuidad real, la que decide la vida de la gente, corrió por otro carril.

Desde la independencia, el Estado colombiano estimuló y consintió una estructura bimodal de la propiedad a través de la legislación de baldíos, institucionalizando la desigualdad y la exclusión rural, y perpetuando el legado colonial de concentración de la tierra. La cantidad de hectáreas apropiadas por los sistemas de baldíos fue muy superior a la tierra que pasó de corporaciones religiosas a particulares con la desamortización. La tradición de conceder grandes extensiones de tierras baldías con fines productivos para el mercado externo venía de la política borbónica de fines del XVIII y se prolongó en la República. Lo que la República heredó con más fuerza de la Colonia no fue, entonces, el principio quien trabaja la tierra sino el principio complementario y contrario: el de la gran concesión a actores con capital y conexiones políticas. La colonización popular fue tolerada solo en la medida en que no amenazaba esos intereses.

La estructura de tenencia derivada de la colonización antioqueña, examinada sin nostalgia, muestra un patrón general de transferencias similar al del resto del país: núcleos de pequeños y medianos propietarios rodeados de propiedades mucho más extensas, colonos tardíos obligados a aceptar lotes menores o a vincularse como agregados o arrendatarios de los grandes propietarios, grupos de élite capturando el procesamiento y el mercadeo del café y aumentando el valor de sus tierras al calor del movimiento popular. El mito democrático de la colonización antioqueña, en la lectura de los estudios que lo han cuestionado, encubre esa reproducción —atenuada pero real— del latifundio.

Ese es, quizá, el balance más justo. La reforma de Mon y Velarde introdujo un principio redistributivo verdadero —el desconocimiento de títulos inactivos por falta de morada y labor— que detonó la colonización del sur antioqueño y generó en sus fases iniciales un ethos comparativamente igualitario. Pero ese principio nunca desplazó al régimen de concesiones: coexistió conflictivamente con él durante siglo y medio. La reforma borbónica fue menos el laboratorio de una democracia agraria que el disparador de una tensión irresuelta, y esa tensión —no un principio ni el otro por separado— es lo que la República recibió en herencia.

Por qué la visita sigue importando

Tulio Ospina, en un artículo publicado en el Repertorio Histórico en 1918, caracterizó a Mon y Velarde como regenerador de Antioquia. La fórmula fijó una imagen —la del visitador ilustrado que refunda una provincia— que la historiografía posterior ha tenido que matizar sin poder desmontarla del todo. Y no ha podido desmontarla porque tiene una base real: la Antioquia que colonizó el Quindío y sembró de pueblos las cordilleras entre finales del siglo XVIII y comienzos del XX es, en un sentido genealógico estricto, la que Mon y Velarde ayudó a poner en pie. Sin la invalidación de los títulos inactivos, sin la fundación de Sonsón, sin el precedente jurídico y político que la visita dejó asentado, la colonización decimonónica no habría tenido ni el mismo alcance ni el mismo carácter.

Pero la visita importa además por otra razón, menos celebrable y más útil. Muestra hasta qué punto la ruptura Colonia-República, tan cara al relato patriótico, se disuelve al mirar la tierra. Los mismos principios —morada y labor, gran concesión con destino productivo, tolerancia hacia la colonización popular en tanto no incomode al capital— atraviesan el corte de 1810 sin apenas alteraciones. El Estado colombiano no inventó su política agraria: la recibió del reformismo borbónico y la acomodó a sus élites. Los conflictos entre colonos y concesionarios que llegan hasta los años treinta del siglo XX en Quindío, y hasta más adelante en muchas otras zonas del país, no son problemas nuevos: son la prolongación de una tensión que se abrió en el sur de Antioquia en 1784 y que la reforma de Mon y Velarde, al legalizarla en un sentido y no en el otro, hizo estructuralmente irresoluble sin una decisión política ulterior que nunca acabó de tomarse.

En esa cuenta larga, la visita de 1785-1789 aparece como lo que fue: un episodio pequeño en la escala imperial, decisivo en la escala provincial, y revelador —más allá de todas las escalas— de cómo se hicieron y se deshicieron los derechos sobre la tierra en Colombia. No un mito fundacional, sino un momento fundacional; no una revolución agraria, sino un desplazamiento del centro de gravedad de la legitimidad, del papel antiguo al hacha reciente. Que ese desplazamiento no se completara nunca, y que la Colombia contemporánea todavía cargue con sus consecuencias, es también parte de su importancia.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

29 documentos · 54 fragmentos
01La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 26, 54, 573 citas
[1]oidor Juan Antonio Mon y Ve/arde, visitador de Antioquia, 1785-1789 (Bogotá, 1954), 2 vols. 32. Archivo de Antioquia, Estadística y Censo, tomo 5, fol. 25. 56 La colonización antioqueña zapador antioqueño de origen inglés que conoció la región de Dabei- ba-Frontino hasta las más lejanas vertientes de la Cordillera…p. 26
[16]de comunica- ciones entre el nuevo plantío y Mariquita, que está cerca del dicho valle de Sansón. 5 Los pleitos sobre títulos de tierras ocuparon la atención de los nuevos pobladores durante buena parte de aquellos primeros años. Ellos solicitaban, como pobres vasallos, títulos valederos a aquella porción de terreno…p. 57
[23]desarrolló una clase importante de comerciantes al lado de la clase noble. Los indios transportaban la mayor parte de la carga de importación hasta el Peñol o Marinilla, de donde era acarreada por caminos de herradura a Antioquia y Medellín. El camino para Popayán pasaba por Rionegro, pero no por Marinilla. Como…p. 54
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2312 citas
[2]Valledupar. En Antioquia, dos funcionarios reales promovieron nuevas regiones de poblamiento: Francisco Silvestre, como gober- nador, y Mon y Velarde, como oidor, incentivaron nuevas colonizaciones entre 1778 y 1782. La Independencia y los procesos de colonización El proceso de Independencia trajo profundos cambios en…p. 231
[3]Valledupar. En Antioquia, dos funcionarios reales promovieron nuevas regiones de poblamiento: Francisco Silvestre, como gober- nador, y Mon y Velarde, como oidor, incentivaron nuevas colonizaciones entre 1778 y 1782. La Independencia y los procesos de colonización El proceso de Independencia trajo profundos cambios en…p. 231
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 61, 74, 903 citas
[4]Bogot á, Tunja, Popay á n y otras ciudades. En Antioquia, entre 1780 y 1800, se fundaron varios pueblos formados por grupos organizados de colonos pobres, con el apoyo de las autoridades, primero en las cercan í as de las minas, con la idea de que ayudar í an a abastecerlas y reducir los precios de sus consumos, y…p. 61
[20]o “ cuarterones ”, agrupadas en los censos co mo “ mestizos ”, “ castas ” o “ libres ”. En efecto, ya para 1778 casi la mi tad de la poblaci ó n del Nuevo Reino figuraba como mestiza, y mu chos de los que aparec í an como ind í genas, blancos o incluso esclavos eran mestizos. En el censo de ese a ñ o los indios fueron…p. 74
[21]í n, donde la poblaci ó n libre se sent í a blanca, la principal actividad era la miner í a de alu vi ó n. La agricultura era pobre y se estaba promoviendo la coloni zaci ó n de nuevas tierras. En Socorro y Pamplona los habitantes se agrupaban en peque ñ as parroquias rodeadas de una agricultura de grandes y medianos…p. 90
04La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 45, 51, 57, 694 citas
[5]ese aliento que los anima, ese perenne anhelar que los mueve y agita. Todos ellos miran el perfil lejano de las montañas como índice de campos abiertos para su acti- vidad creadora, como señal que anuncia oro y riqueza en las tierras que demoran detrás de los ponientes. Los con- duce un viejo ardor y aunque se dicen…p. 45
[13]dice más adelante, en el mis- mo documento: Reconocidos estos grandes perjuicios y otros muchos que se ocasionaban de las mercedes ilimitadas que antes se concedían, ha tenido a bien Su Majestad prescribir muchas reglas que los impidan y así se ejecutan en el día, dando a cada uno lo que se considera pueda trabajar…p. 57
[15]la vista del investigador a medida que se va inter- nando en el interesante mundo de los archivos locales. Un memorial dirigido al gobernador de la Provincia, con fecha de 27 de agosto de 1789, es muy elocuente y preciso sobre este particular. Dice así, en su parte pertinente: Nosotros, los suscritos vecinos de la…p. 69
[39]otras palabras, esta colonización multitudinaria, de más de 100 mil hombres y mujeres, según cálculos aproximados que veremos más adelante, fue la principal ruptura de nuestro país con el en- granaje colonial que finiquitó con nuestra independencia de España. Fue, en síntesis, la gran revolución económica del siglo…p. 51
05Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 81, 862 citas
[6]Biblioteca Aldeana de Colombia, tomo 55 (Bogotá, 1936). 87 Iíndicers t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 a exámenes críticos agudos. La idea tradicional no ha salido demasiado mal parada 59. En 1778 no alcanzaba a contar 50. 000 miembros —el 6 % del total—, pero aumentaba rápidamente y estaba abriendo con actividad…p. 86
[32]y es la región ecuatorial que cierra el paso al mar por el occidente. En las crónicas de la Conquista, empero, hay muchos pasajes que dan otra idea, como este, de 82 Línd Odince Vrdsíta pero que desaparecieron con increíble rapidez al entrar en contacto con los conquistadores. Por un momento la selva volvió a cubrir…p. 81
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 7111 cita
[7]381. Mendoza Varela, Eduardo: 491. Men é ndez y Pelayo, Marcelino: 503 504 (n. 7) - 540, id. n. 50 - 570 - 590. Men é ndez Pidal, Ram ó n: 507, id. n. 11. Meneses Bravo de Saravia, Francisco de: 393 - 394 - 395 - 396 - 397 - 398 399 - 400 - 402 - 407 - 412 - 581. Meo Zilio, Giovanni: 500. (n. 2) - 5O3, id. n. 6 - 508,…p. 711
07Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 171 cita
[8]CNMH, 2016, página 47), pues ya se apreciaba entre 1590 y 1620, como resul- tado de la política de composiciones de tierras al mejor postor, que la Corona española empleó para titular las tierras llamadas realengas, o del rey de España, y que originó el régimen de las haciendas, concebidas como un sistema social,…p. 17
08La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 161 cita
[9]se admite que el ocupante ad quiera su título de •propiedad mediante el pago de una suma a la Corona. Se autorizó la venta de tierra a bajo precio, por parte del Estado, con la finalidad de recavar fondos y atraer nue vos colonos a las tierras sin ocupar. Asimismo se autorizó otorgar tierras a los indios en forma de…p. 16
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 125, 168, 1723 citas
[10]veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…p. 125
[26]fundación de las primeras audien- cias y la promulgación de las primeras Leyes de Indias, particularmente con las de 1542, ex- pendidas por Carlos V, en la Ciudad de Burgos. En este momento es la monarquía, el Estado español, el que asume el control y ejercita sus plenos derechos soberanos sobre los nuevos te-…p. 168
[30]hasta 50 preguntas. El juicio termi- naba con una sentencia, absolutoria o condena- toria. Las condenas incluían desde multas mo- netarias hasta la pena de muerte. Las que se referían a los altos funcionarios como los oido- res de Audiencia, virreyes, presidentes o capita- nes generales, requerían confirmación del…p. 172
10Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 1891 cita
[11]sión de sus tierras. Aunque tanto las composiciones de 1637 como el documento de 1721 sugieren la existencia de pequeños propietarios (por ejemplo, quienes habían pagado menos de 10 pesos oro en 1637 o a quienes se designaba como pro- pietarios de «haciendilla», «hacienda sin cuerpo» y «trapichitos» en 1721), su…p. 189
11Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 248, 346, 3563 citas
[12]que su patr ó n de poblamiento disperso quedaba abolido, muchas tierras se desembarazaron y fueron objeto de mercedes nuevas. Por debajo del aspecto jur í dico-formal de la apropiaci ó n sub yace el problema m á s complejo de la evoluci ó n econ ó mica que llev ó a la efectiva ocupaci ó n de la tierra por parte de los…p. 248
[29]y la de los virreyes Eslava, escrita por el oidor Ber á s- tegui (1751), Sol í s (1760), Mess í a de la Zerda (1772), Guirior (1776), Caballero y G ó ngora (1789), Ezpeleta (1796), Mendinueta (1803), Montalvo (1818), se cuentan entre los m á s valiosos docu mentos que dej ó el gobierno colonial para el estudio de la…p. 346
[31]est á tico o posi blemente disminu í a, seg ú n pudieron observarlo para la parte orien tal del virreinato los visitadores reales a partir de 1755. Tal creci miento significaba una mayor participaci ó n de los criollos en los problemas p ú blicos y un mayor grado de conciencia pol í tica y social 29 Relaciones,…p. 356
12Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 21, 582 citas
[14]y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…p. 21
[41]el manejo del problema de tierras y baldíos se con figuró una estructura institucional en la que compartían responsabilidades varias instancias del Ejecutivo, generando una descoordinación y confusión, que en algunos casos condujo a serios conflictos entre empresas beneficiarías de concesiones de tierras baldías. 5 6…p. 58
13Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 3091 cita
[17]Después de la primera fase de la colonización siguió un proceso autogenerado, consistente en que la parcela primeramente desmontada servía por un tiempo para albergar y dar trabajo a la familia, pero luego, al crecer esta, se tornaba insuficiente y algunos hijos se marchaban cada vez más hacia el sur a constituir su…p. 309
14Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 67, 1143 citas
[18]esenciales de la legalidad terrateniente para extraer rentas a los campesinos. La colonización antioqueña no fue tampoco inmaculadamen- te democrática: al lado de los productores independientes, que consolidaron derechos de propiedad, se asentaron también mu- chos criollos y mestizos pobres pero bien establecidos que…p. 67
[19]esenciales de la legalidad terrateniente para extraer rentas a los campesinos. La colonización antioqueña no fue tampoco inmaculadamen- te democrática: al lado de los productores independientes, que consolidaron derechos de propiedad, se asentaron también mu- chos criollos y mestizos pobres pero bien establecidos que…p. 67
[46]apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…p. 114
15Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 50, 562 citas
[22]determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…p. 50
[24]Kfiídficnerst Posiblemente la producción de oro fue entre la mitad y un tercio mayor de la acuñada (Sharp, 1976) ya que así se eva- día el impuesto del quinto — 20 % del producto— y se financiaba el contrabando, que por esa misma razón sería reducido progresivamente hasta alcanzar un 3 % del valor de la producción…p. 56
16Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1031 cita
[25]limitado la producción agrícola, los vagabundos (y también los trabaja- dores indígenas) se habrían dedicado a una agricultura de subsistencia que no habría generado un excedente que pudieran explotar los criollos. Es difícil aceptar la afirmación de Friede de que a fines del siglo XVIII la presión demográfica estaba…p. 103
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 851 cita
[27]E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…p. 85
18Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2311 cita
[28]Nueva Gr nada. Nace José María del Castillo y Rada en Car- tagena. Se establece la imprenta en esta ciudad. Construcción de la catedral de Santa Marta, según trazas de Juan Cayetano Chacón. 1777 Muere el ex presidente Rafael Eslava en Santa- fé. Venta de resguardos en Popayán. Primer intento de organización gremial de…p. 231
19Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 374, 3922 citas
[33]yacimientos. El emplazamiento original de las ciudades mineras de la región antio queña (Cáceres, Zaragoza, San Jerónimo, Remedios) no había buscado cernir el espacio de la provincia. Ya se ha visto cómo, por ejemplo, el desplaza miento de Remedios fue posible gracias a que no encontró resistencias en una jurisdicción…p. 374
[36]de Santa Fe de Antioquia. Los mineros se abstenían de declarar el metal y pagaban a los comerciantes en oro en polvo. Estos lo sacaban del distrito y lo declaraban en condiciones más favorables o simplemente lo sacaban de contrabando de la Nueva Granada. Ya se ha visto cómo la percepción de los quintos había…p. 392
20Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 751 cita
[34]y Buriticá habían entrado en completa deca- dencia 26. Sin embargo, lo que muestran los documentos del Archivo Histórico de Antioquia y los del Archivo General de la Nación es que desde la década de 1630 ya se habían asentado en los Osos varios mineros, quienes con sus cuadrillas de negros explotaban tanto el…p. 75
21Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 93, 1142 citas
[35]a la edad adulta. En el siglo xviii, la actividad del lavado de oro de los distritos chocoanos y otros lugares a lo largo de la costa pacífica em pezó a tener un refuerzo en las áreas m ineras recientem ente abiertas en A ntioquia. A m ediados del siglo xvii, la producción había decaído en los distritos iniciales de A…p. 93
[38]pleitos y riquezas, descuidando ente ram ente la felicidad de los pueblos. Para conseguir la de este país, se deben componer con la m ayor perfección los dos caminos que de sus principales ciudades siguen al Este y llegan hasta el N are... Su fragosidad presente es obra de la inacción y del descuido. Los jefes de la…p. 114
22Pensamientos políticos y memoria sobre la población del Nuevo Reino de GranadaPedro Fermín de Vargas · 2016 · p. 791 cita
[37]poca consideración, 8 pesos todos los años al respecto de cada negro, y quedan 183 pesos 4 y ½ reales, o poco más de 90 pesos de oro. Re- bajados de este producto los derechos de quinto, fundición, amonedación, etcétera, apenas quedan a favor del minero 80 pesos de oro, o 160 de plata. De manera que suponiendo que un…p. 79
23El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 270, 284, 2903 citas
[40]presentados por Curry en un seminario privado que se realizó en Bogotá en 1975. 268 LA APROPIACIÓN DE LA TIERRA: LA LETRA MUERTA DE LA LEY las sociedades rurales y se enclava en una visión racionalista, urbana y esencialmente políti- ca de la historia: las «medidas» que vienen de arriba y de rudo golpe cambian,…p. 270
[42]agrimensura, el descuido oficial sobre el registro de tierras públicas, el mismo desconocimiento de vastas áreas, obliga a presumir que muchos colonos pobres, colocados un poco al margen lograron asentarse y sobrevivir, sin que la tierra pasara al registro estadístico; por ejemplo, en las 128.000 hectáreas que…p. 290
[52]en un medio natural pobre, de tierras yermas, penosas para trabajar por lo abruptas y erosionadas. Así fueron llegando a los nuevos parajes pioneros y aventureros con sus ilusiones, su pobreza y su coraje para buscar y desenterrar guacas, explotar los bosques sacando cau- cho y sembrar cacao en pequeñas parcelas…p. 284
24El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 270, 2922 citas
[43]privada de las tierras públicas- salieron del patrimonio estatal por lo menos tres millones de hectáreas ubicadas en las regiones que estos movimientos colonizadores ganaban a la civilización, entonces el tema merece el esfuerzo de desbrozar de entre la enmarañada legislación y las estadísticas confusas y de poco…p. 270
[45]reclamar estas tierras causa gravísimos per- juicios a este vecindario [Calarcá], porque se le abarca una extensión no despreciable de territorio que sirve para su engrandecimiento y en el cual hay muchos colonos ya establecidos pero con los temores de que más adelante ellos o sus sucesores se expongan a controversias…p. 292
25Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 194, 199, 2023 citas
[44]general resume of the social structure which emerged in the course of the antioqueho colonization, I shall describe briefly the relationships between the recipients of large concessions and the inde- pendent and 'organized' colonists, and the procedures and conditions inside the colonias. The evidence in this section…p. 202
[47]productive land for coffee. Colonizers and companies: alliances and conflicts There were many lawsuits, some of them long and complicated, between the colonizers and the companies, and reprisals were sometimes taken outside the terms of the law. At times also the companies resorted to violence against poor colonists,…p. 199
[51]concerning vast areas obliges us to assume that many poor colonists managed to settle and survive outside official programmes, and outside official statistical records. For example, the 128,000 hectares claimed by the Empresa Burila were occupied, if the imprecise figures available are to be believed, by anywhere…p. 194
26"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 411 cita
[48]vertiente occidental recibió la mayor in fl uencia antioqueña durante el siglo XIX con un poblamiento disperso en la zona de ladera, que evitó el choque con los propietarios de la zona plana. Sin embargo, la colonización no estuvo exenta de con fl ictos entre colonos y propietarios. En esta región fue famoso el con fl…p. 41
27El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 961 cita
[49]Sin reconocer tales fracturas internas en la élite no podemos explicar la larga historia de los conflictos partidistas y de guerras civiles. Los Ospina tuvieron algunos problemas con los colonos, pero es sorprendente lo poco que tales conflictos aparecen en su correspondencia. Por el contrario, sus preocupaciones…p. 96
28Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 591 cita
[50]«Problemas generales de la colonización amazónica en Colombia», Enfoques colombianos, 5 (1975), p. 40, e Instituto Colombiano de la Reforma Agraria e Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, La Colonización en Colombia: evaluación de un proceso, 2 vol. (Bogotá, 1974). COLONIZACIÓN Y PROTESTA CAMPESINA EN…p. 59
29Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 106, 2272 citas
[53]parte de las tierras recibidas, para valorizar las restantes. De este modo, otorgaron facilidades para la conformación de los núcleos iniciales de pobladores, donando usualmente las tierras para la cabecera y vendiendo a bajo precio pequeños lotes agrícolas. En uno y otro caso se generó un sistema de colonización en…p. 227
[54]una tuvo un valor superior a esta última suma. Infortunadamente el autor no suministra el dato del costo por hectárea para poder determinar el tamaño de las propiedades. Dados los precios de la tierra en la época es posible que no fueran muy pequeñas, aun en las de los valores inferiores; pero es igualmente cierto que…p. 106