Luis Zapata de Cárdenas
Conquista
La biografía
Segundo arzobispo de Santafé entre 1573 y 1590, franciscano extremeño de vida áspera, Luis Zapata de Cárdenas gobernó la sede metropolitana del Nuevo Reino de Granada en los años en que se intentó trasladar el Concilio de Trento a las doctrinas de indios. De él salieron un catecismo, una junta eclesiástica que fijó reglas para los doctrineros, un colegio de lengua chibcha que naufragó endeudado, un expediente sobre el milagro de Chiquinquirá y, sobre todo, un rimero de cartas al Consejo de Indias en las que denunciaba a frailes, oidores y encomenderos con el mismo brío con que reclamaba diezmos sobre las mantas y la leña. Su arzobispado condensa, mejor que ningún otro del siglo XVI neogranadino, la contradicción del patronato regio: un prelado con inmensa autoridad nominal y escasísimos medios efectivos, empeñado en centralizar una Iglesia indiana que se le escapaba por todos los frentes.
Línea de vida
- 1573
Llegada a Santafé y toma de posesión de la arquidiócesis
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Zapata arriba a Santafé tras cuatro años de sede vacante desde la muerte de fray Juan de los Barrios (1569), encontrando una Iglesia con escasos doctrineros, doctrinas sin cubrir y una Real Audiencia que legislaba en materia religiosa.
- 1574
Junta eclesiástica que fija reglas para la doctrina
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Propiciada por su llegada como arzobispo, la junta estableció normas para la evangelización en el Nuevo Reino; un informe de 1575 registra su celebración como primer intento de ordenamiento pastoral bajo su autoridad metropolitana.
- 1575
Inicio de la guerra de cartas al Consejo de Indias
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Zapata comenzó a enviar diagnósticos amargos al Consejo de Indias denunciando a frailes incapaces o delincuentes huidos de la justicia, la intromisión de la Audiencia en asuntos eclesiásticos, la escasez de diezmos y la continuación de los ritos indígenas pese a la predicación.
- 1576
Redacción del Catecismo de 1576
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Zapata elaboró un catecismo diocesano para uniformar la doctrina predicada a los indios del Nuevo Reino, inscrito en la oleada tridentina del Catechismus ad Parochos; el instrumento era a la vez pastoral y jurisdiccional, pues imponía la autoridad del ordinario sobre los doctrineros regulares.
- 1580
Fundación y fracaso del colegio de lengua chibcha
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Conforme a lo ordenado por las leyes, Zapata fundó un colegio en Santafé para enseñar la lengua chibcha a los doctrineros; los frailes no acudieron a clases, los estudiantes lo abandonaron quejándose del profesorado, la institución se endeudó y cerró en 1586. Su ruina fue semilla indirecta del futuro Colegio de San Bartolomé.
- 1586
Información eclesiástica sobre el milagro de la Virgen de Chiquinquirá
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Por orden de Zapata se realizó una larga información (proceso eclesiástico) sobre la renovación milagrosa del cuadro de la Virgen de Chiquinquirá, documentación que quedó registrada en los archivos de la iglesia y constituye uno de los actos de gobierno más recordados de su pontificado.
- 1590
Muerte y balance de su arzobispado
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Al morir en 1590, las órdenes regulares seguían firmes en sus doctrinas, el colegio de lengua chibcha había cerrado, y los indios muiscas continuaban con sus ritos. Su arzobispado dejó más huella documental que transformación efectiva, ilustrando la brecha entre la autoridad nominal del patronato y los medios reales de gobierno eclesiástico.
Un franciscano extremeño en la sede vacante
Cuando Zapata llegó a Santafé en 1573, la arquidiócesis llevaba cuatro años sin titular. Fray Juan de los Barrios, primer arzobispo, había muerto en 1569 tras un pontificado (1563-1569) más ocupado en instalar el aparato eclesiástico que en gobernarlo. La sede vacante coincidió con la etapa más delicada de la transición colonial neogranadina: la Real Audiencia bajo la presidencia de Francisco Briceño intentaba estabilizar la sociedad post-conquista, reglamentar la mita hacia 1575, tasar tributos y contener a los encomenderos, mientras la población indígena caía por epidemias y huidas. Los doctrineros escaseaban al punto de que, en 1569, el presidente Venero de Leiva había tenido que hacer traer cuarenta religiosos de San Francisco y Santo Domingo para que fueran efectivamente a las encomiendas.
En ese vacío institucional aterrizó Zapata. Era franciscano de la observancia, formado en la provincia de San Gabriel de Extremadura, una de las ramas más rigoristas de la orden en la Península. Nada en su formación anunciaba al inquisidor jurisdiccional en que se convertiría: los franciscanos habían sido los primeros misioneros en tierras colombianas, llegados con los contingentes de la conquista, y la orden encarnaba precisamente el modelo mendicante de evangelización autónoma que Trento venía a disciplinar. Zapata iba a ejecutar contra sus propios hermanos de hábito, y contra los dominicos, la política de secularización de doctrinas que la Corona impulsaba en toda América.
La designación respondía a la lógica del patronato regio. La Corona de Castilla ejercía desde antiguo derechos sobre la Iglesia, y en América la bula papal había ampliado esas prerrogativas hasta convertir a Felipe II en jefe efectivo de la Iglesia indiana. Los altos dignatarios eclesiásticos, generalmente españoles, se relacionaban más estrechamente con el rey que con el pontífice de Roma. Zapata no fue excepción: llegaba nombrado por el rey, presentado por el rey, sostenido por el rey, y le debía al rey el silencio o el clamor de sus cartas. Que ese mismo rey le negara luego los medios para gobernar es la primera de las contradicciones que marcaron su arzobispado.
El país que encontró
El Nuevo Reino de 1573 era una sociedad en transición. Hacia 1550 había concluido el paso de la economía de saqueo a la organización colonial sustentada en la encomienda: un encomendero recibía un grupo de indígenas obligados a tributos en trabajo, bienes agrícolas o mercancías, y debía a cambio catequizarlos y ejercer su cuidado. Las Leyes Nuevas de 1542, que limitaban el goce de las encomiendas a dos generaciones y buscaban un trato más benigno, habían provocado guerra civil en el Perú y la Corona había suspendido su aplicación en la Nueva Granada. Los encomenderos neogranadinos conservaban entonces un poder considerable, pero ese poder empezaba a erosionarse: la población tributaria caía, las mercedes de tierras se multiplicaban desde 1570 en favor de encomenderos y no encomenderos, y el monopolio de la mano de obra indígena era causa permanente de conflictos.
La Real Audiencia de Santafé se había reservado las competencias centrales del funcionamiento económico: tasación de tributos indígenas, legislación sobre encomienda, definición del trabajo indígena, repartición de tierras en la sabana, jurisdicción sobre el cabildo y el gobierno ciudadano. En 1575 emitió las Ordenanzas para la provincia de Tunja, que entre otras cosas prohibían a los indios portar mantas pintadas con figuras de tunjos o demonios y colocarlas en las iglesias, medida pensada como extirpación de idolatría. La Audiencia legislaba, pues, en materia religiosa; y Zapata iba a resentirlo.
En cuanto a la evangelización, el balance era desolador. La presencia de doctrineros había sido siempre reducida y se vio casi radicalmente interrumpida en 1558 por una gran epidemia de viruelas. Los encomenderos culpaban a la escasez de frailes de su incumplimiento del deber de adoctrinar. El visitador licenciado López había constatado que los indios continuaban sus prácticas religiosas pese al evangelio predicado, y había autorizado a los españoles a perseguir los santuarios y apropiarse de las ofrendas. Los sínodos de Popayán (1555), Cartagena (1556) y Santafé (1558) habían intentado ordenar la vida eclesiástica con éxito limitado. La cristianización real, en 1573, era más aspiración normativa que hecho consumado.
La Junta de 1574 y el Catecismo de 1576
El nuevo arzobispo se movió rápido. Un informe de 1575 registra la realización de una junta en el Nuevo Reino cuya celebración parece haber sido propiciada por su llegada, aunque no con el rango canónico de sínodo pleno. En esa reunión y en los años inmediatos, Zapata elaboró el instrumento que ha quedado asociado a su nombre: el catecismo de 1576, redactado para uniformar la doctrina que se predicaba a los indios del Nuevo Reino. El Concilio de Trento, con su Catechismus ad Parochos, había impulsado en toda la cristiandad católica la producción de manuales de uso universal; en España proliferaban los catecismos y uno de ellos, el del jesuita Gaspar Astete, se difundiría en Hispanoamérica hasta bien entrado el siglo XX. El de Zapata pertenece a esa oleada tridentina de formalización pastoral, y su valor histórico está menos en el texto mismo que en lo que representa: la voluntad del ordinario de fijar, desde su autoridad metropolitana, qué debía enseñarse y cómo.
El proyecto pastoral se vuelve entonces, sin dejar de serlo, un proyecto jurisdiccional. Al legislar sobre lo que los doctrineros debían enseñar, el arzobispo se arrogaba una competencia que las órdenes regulares habían venido ejerciendo de facto durante décadas con métodos propios. Un catecismo diocesano imponía la lengua del ordinario. La Junta de 1574 y el Catecismo de 1576 son inseparables de las cartas que Zapata empezó a enviar al Consejo de Indias denunciando a los frailes: unos y otras formaban parte de una misma operación de centralización.
La guerra de las cartas
Pocos arzobispos del siglo XVI dejaron un rastro epistolar tan cargado de agravios como el de Zapata. Al Consejo de Indias enviaba diagnósticos amargos: los indios continuaban en sus ritos y ceremonias pese a la predicación; los frailes doctrineros eran en muchos casos incapaces, hombres sin ley ni orden, algunos incluso delincuentes huidos de la justicia peninsular, que vivían en chozas que llamaban monasterios. Estorbaban además la inspección de sus bienes, se resistían a la visita del ordinario, y sus provinciales enviaban continuamente procuradores a la corte de Madrid para evadir su autoridad. Protestaba también contra el nombramiento de "oficiales manuales y advenedizos" como curas de indios, es decir, contra la práctica de habilitar a personas de dudosa formación para tapar los huecos doctrinales.
En materia económica, sus reclamos eran igualmente incisivos. Los diezmos rendían poco. Los vecinos no eran devotos. La Audiencia se entrometía en asuntos eclesiásticos. Zapata pidió que se impusieran diezmos sobre productos que hasta entonces no los pagaban, como las mantas y la leña, ampliando la base contributiva de la Iglesia. Aquí ya no hablaba solo el reformador pastoral: hablaba el prelado empeñado en dotar de recursos a una arquidiócesis que percibía como estrangulada.
El expediente no era del todo suyo. El cabildo eclesiástico, cuerpo colegiado de canónigos de la catedral, era quien formalmente denunciaba ante el Consejo de Indias la continua intromisión de la Audiencia, la escasez de diezmos y la poca devoción. Y ese mismo cabildo había señalado que los impuestos cobrados por la Iglesia —sobre indios de alquiler, velas, carne y vino— recaían en la práctica sobre los pobres colonos, porque los encomenderos, mercaderes y hombres ricos, autosuficientes, no necesitaban recurrir a esos bienes y servicios gravados. Es un detalle revelador: dentro de la propia institución eclesiástica había sensibilidades sociales que contrastaban con la actitud del arzobispo, descrito por juicios contemporáneos como más preocupado por conservar las prerrogativas político-sociales de la Iglesia que por el bienestar del pueblo. La Iglesia neogranadina no era monolítica, y Zapata encarnaba una de sus almas: la más celosa de la potestad institucional.
El colegio de lengua chibcha y la evangelización imposible
Uno de los episodios más reveladores de su arzobispado es la fundación del colegio para la enseñanza de la lengua chibcha a los doctrineros. La política lingüística era una exigencia legal: la Real Cédula de Felipe II de 1580 ordenaría formalmente la cátedra de la lengua general de los indios del Nuevo Reino, pero desde antes existía la disposición de que los curas de indios aprendieran la lengua de sus feligreses. Zapata, ateniéndose a lo ordenado por las leyes, montó el colegio en Santafé.
Fue un desastre en toda regla. Los frailes, precisamente aquellos a quienes el colegio estaba destinado, no acudieron a las clases. Los estudiantes que sí acudían terminaron abandonándolo, quejándose del profesorado y de la forma de enseñanza. La institución, además, se endeudó. En 1586 cerró sus puertas.
Zapata había escrito al Consejo de Indias solicitando apoyo para sostenerlo. Las respuestas que recibió son un pequeño monumento a la desidia burocrática imperial: "No hay que responder", "no ha lugar", "que la Audiencia informe". La Corona exigía por cédula la enseñanza de la lengua indígena y se desentendía de financiarla. Remitía el asunto a la Audiencia, cuya intromisión en lo eclesiástico Zapata venía denunciando. El círculo se cerraba en la parálisis.
El fracaso ilustra el problema estructural. Zapata denunciaba con razón que los doctrineros no sabían la lengua de sus feligreses y que la evangelización, por eso mismo, era en muchos casos una ficción. Pero no tenía cómo forzarlos a aprenderla: los frailes dependían de sus provinciales, no del ordinario; la Corona respaldaba retóricamente pero no financiaba; la Audiencia informaba pero no ejecutaba. En ese vacío, los indios muiscas seguían con sus ritos, y los santuarios seguían en pie.
Del cierre de aquel colegio, sin embargo, salió algo, aunque no en manos de Zapata ni con su firma. Poco después, el maestro Francisco de Porras emprendió diligencias para reabrirlo con cátedras de gramática, latinidad y teología, aprovechando la llegada de los jesuitas al Nuevo Reino. Ese segundo colegio, ya con otra planta docente, otra orden detrás y otra ambición curricular, fue el origen del actual Colegio de San Bartolomé de Bogotá. La institución que Zapata no supo sostener se convirtió, por vía indirecta y bajo otras manos, en semilla del sistema educativo colonial más duradero de la ciudad. El detalle es cruel para el arzobispo: la enseñanza que él quiso imponer a los frailes prosperó cuando dejó de ser proyecto suyo.
Regulares, Audiencia y encomenderos: el triple pulso
El conflicto entre clero regular y clero secular por el control de las doctrinas de indios fue el gran pleito eclesiástico del siglo XVI americano, y en el Nuevo Reino Zapata lo llevó a un punto de tensión pocas veces igualado. Los frailes —franciscanos, dominicos, agustinos— habían ocupado desde el principio los pueblos de indios "ricos", dejando sin doctrina a los demás. Se producían serios roces y franca enemistad entre órdenes, e incluso dentro de la misma orden, por el reparto de las doctrinas. La Real Cédula de 1565 dirigida a los provinciales de todas las órdenes les había exigido dejar los bienes temporales, no aceptar mandas testamentarias y no cobrar sus servicios a los indígenas: los frailes la consideraban letra muerta y trataban las tierras americanas, en la percepción de la administración regia, como su feudo.
Zapata escribió que los frailes le impedían inspeccionar sus bienes. La visita del ordinario a las doctrinas era una de las banderas tridentinas: el obispo debía poder revisar la conducta, la enseñanza y la administración económica de todos los que ejercían cura de almas en su diócesis. Las órdenes se resistían invocando su exención canónica: dependían de sus provinciales, no del arzobispo. Ese era el nudo jurídico, pero debajo había un nudo material. Los "monasterios" de los que hablaba con desprecio Zapata —chozas, según él— eran los puestos avanzados de la penetración misional. Sacar de ellos a los frailes para poner curas seculares implicaba desmontar una red que había funcionado, con todas sus fallas, durante décadas. El proyecto era coherente con la política de la Corona, que a lo largo del siglo XVI y sobre todo del XVII fue desplazando gradualmente a los regulares de las doctrinas para reemplazarlos por seculares bajo jurisdicción episcopal. Zapata se adelantaba en esa línea con más energía que medios. Y probablemente por eso su ofensiva produjo mucho ruido documental y poco cambio efectivo: cuando murió en 1590, las órdenes seguían firmes en sus doctrinas.
El pleito con los regulares no agotaba el frente de conflicto. La Audiencia intervenía en materia eclesiástica como vicepatrona: los presidentes de audiencias, junto con virreyes y gobernadores, ejercían en América las prerrogativas del patronato regio, marcando pautas de organización y gobierno de la Iglesia indiana. Esa competencia estaba fundada en derecho, pero se prestaba a fricciones cotidianas cuando el arzobispo consideraba que la Audiencia se metía donde no le correspondía. Las Ordenanzas de 1575 para Tunja, con sus disposiciones sobre las mantas pintadas en las iglesias, eran justamente el tipo de legislación que un arzobispo tridentino podía considerar suya.
Con los encomenderos la relación era estructural. El sistema colonial exigía la acción conjunta de la Iglesia y del rey: al lado de encomenderos debían estar clérigos y religiosos como parte de la avanzada de la civilización cristiana. Pero la evangelización efectiva imponía nuevas cargas en productos y servicios a las comunidades indias en favor de los doctrineros, trastocando no solo las nociones de lo sagrado sino la vida cotidiana. Los encomenderos veían con recelo cualquier drenaje de tributo o trabajo indígena hacia la Iglesia. Y el arzobispo, por su parte, denunciaba que los encomenderos no cumplían con la obligación catequizadora que legitimaba su encomienda. Zapata pretendía, en suma, reordenar el reparto neogranadino de poder colonial: menos poder para los regulares en las doctrinas, menos intromisión de la Audiencia en lo eclesiástico, más disciplina de los encomenderos, más autoridad para el arzobispo. Era, si se quiere, un programa lógico desde la lectura tridentina. Era también, en las condiciones reales del Nuevo Reino, imposible.
La resistencia muisca y la evangelización de papel
Debajo de todos estos pulsos entre potestades españolas, había un hecho que ningún catecismo resolvía: los muiscas no se dejaban evangelizar como el arzobispo suponía. La denuncia de Zapata sobre la continuidad de los ritos indígenas no era retórica ni exageración polémica. El licenciado López lo había constatado antes, cuando autorizó a los españoles a perseguir los santuarios y a apropiarse de las ofrendas; la propia Ordenanza de 1575 para Tunja, con su prohibición de las mantas pintadas con tunjos, presuponía que esas mantas se seguían haciendo, se seguían llevando y se seguían colgando en las iglesias. La cristianización oficial y la práctica ritual indígena convivían en el mismo espacio ceremonial, y el segundo se filtraba en el primero. Las prácticas religiosas muiscas se transformaron, se ocultaron, se reformularon; ciertos elementos rituales persistieron y negociaron su lugar con la religión impuesta durante los siglos XVII y XVIII. La agencia indígena, esa gran ausente de las cartas de Zapata al Consejo de Indias, fue el factor que hizo estructuralmente inviable cualquier disciplinamiento colonial pleno, con independencia de quién lo intentara y con qué instrumentos tridentinos.
A ello se sumaba el hundimiento demográfico. Hacia el último cuarto del siglo XVI la población indígena estaba ya muy diezmada por epidemias sucesivas, sobre todo la de viruelas de 1558, y muchos indios habían huido de las encomiendas hacia zonas de refugio, hacia otros pueblos, hacia el monte. Los tributos caían, los brazos escaseaban, y la propia base demográfica de la evangelización se contraía año a año. Los doctrineros insuficientes se repartían un rebaño menguante en pueblos que se despoblaban. El catecismo de 1576 se predicaba, cuando se predicaba, en un mundo que iba desapareciendo. Zapata denunciaba desde Santafé una evangelización fracasada; lo que no siempre veía es que el objeto mismo de esa evangelización se estaba desvaneciendo bajo sus pies.
El milagro de Chiquinquirá
En medio de las quejas y los pleitos, Zapata protagonizó también uno de los actos fundacionales de la devoción mariana colombiana. En el pequeño poblado de Chiquinquirá, en la actual Boyacá, existía desde décadas atrás una capilla erigida por el encomendero Antonio de Santana, en la que se veneraba —con más olvido que devoción— una tela pintada con la imagen de la Virgen del Rosario, encargada años antes al pintor Alonso de Narváez. La pintura, malparada y descolorida desde poco después de haber sido colocada, había terminado arrinconada como un lienzo cualquiera. María Ramos, cuñada del encomendero Santana y mujer piadosa establecida en el lugar, había tomado por costumbre recogerse a orar ante ese cuadro maltrecho. El 26 de diciembre de 1586, mientras oraba en la capilla, vio que la imagen aparecía renovada y resplandeciente: los colores habían vuelto, los rasgos se habían recompuesto, la tela rota volvía a mostrarse íntegra.
Zapata, con reflejo institucional impecable, ordenó ese mismo año una larga información —un proceso eclesiástico documental— sobre el suceso. Interrogó testigos, recogió pareceres, dejó fijado en expedientes originales, que después reposarían en los archivos de la iglesia, el relato del milagro. Es uno de los pocos episodios en los que el arzobispo aparece haciendo lo que se esperaría de un prelado tridentino: examinar un fenómeno de devoción popular con el rigor procesal que Trento exigía, sin descalificarlo ni entregarse a él. La Virgen de Chiquinquirá se convertiría con el tiempo en la principal advocación mariana del país, y ese arraigo debe algo a la información de 1586, que dio a la aparición el estatuto documental que la costumbre por sí sola no habría bastado a garantizar.
Sirve además de contrapunto al retrato del arzobispo como puro guerrero jurisdiccional. El hombre que en las mismas semanas veía cerrarse endeudado su colegio de lengua chibcha encontraba tiempo y celo para documentar un milagro en un pueblo perdido de Boyacá.
Los últimos años y la sucesión
Zapata gobernó hasta 1590. En sus últimos años el balance se había ido oscureciendo: el colegio de lengua chibcha había cerrado en 1586, las cartas al Consejo de Indias se acumulaban sin producir cambio efectivo, la Audiencia seguía interviniendo en lo eclesiástico y las órdenes religiosas mantenían sus doctrinas contra su voluntad. El arzobispo escribía cada vez más como quien deja constancia para un tribunal futuro que como quien espera respuesta inmediata. La correspondencia final de su pontificado tiene por eso un aire de expediente cerrado por dentro, aunque siguiera abierto de puertas afuera.
Cesó en el cargo ese año y fue sucedido por Bartolomé Lobo Guerrero (1590-1609), que continuaría, con otro estilo y más pericia política, la línea de arzobispos activos en la política eclesiástica neogranadina. Tras Lobo Guerrero vendrían Pedro Ordóñez y Flórez, Hernando Arias de Ugarte y otros, dentro de una línea institucional iniciada en 1563 pero con intervalos entre pontificados. Zapata había sido el segundo, tras un vacío de cuatro años que él mismo llenó con una intensidad que la sede no había conocido antes ni volvería a conocer en las mismas claves.
Su legado inmediato fue ambivalente. El catecismo circulaba, la Junta había fijado normas, el expediente de Chiquinquirá había quedado. Pero el colegio había cerrado, las órdenes seguían en sus doctrinas, la Audiencia seguía interviniendo, los diezmos seguían siendo pocos, y los indios seguían con sus ritos. La correspondencia con Madrid, hecha de reclamos y de respuestas negativas o evasivas, resumía el fracaso de fondo: la Corona quería un arzobispado tridentino disciplinado, pero no estaba dispuesta a pagar por él ni a ceder al arzobispo las palancas que necesitaba para construirlo.
En 1580, la Real Cédula de Felipe II ordenó la cátedra de la lengua de los indios del Nuevo Reino, y de esa disposición derivaron manuscritos del siglo XVII con materiales lingüísticos y pastorales en chibcha —oraciones, y posiblemente catecismos— para la difusión de la fe católica. El proyecto lingüístico que Zapata había intentado montar y que había fracasado en sus manos siguió su curso institucional bajo otros. La política tridentina no era propiedad de un prelado, y el arzobispo que la había servido con tanto ruido no vivió para ver funcionar los mecanismos que había reclamado.
Qué queda de Zapata
El arzobispado de Zapata de Cárdenas cumple una función bisagra. Antes de él, la Iglesia neogranadina había sido predominantemente misional, mendicante, gestionada por regulares con laxa supervisión episcopal. Después de él, y aún más marcadamente bajo sus sucesores, empezó a consolidarse el aparato diocesano tridentino, con su clero secular, sus visitas episcopales, sus sínodos, su producción normativa. Zapata no logró completar esa transición; puede decirse que la abrió a codazos.
Sus cartas y expedientes fijaron una constatación: la Iglesia colombiana no se organizaría por decreto tridentino ni por voluntad de un solo prelado, sino por acumulación de sínodos, cédulas, órdenes religiosas, colegios jesuitas, resistencias indígenas y transacciones locales. Zapata había querido acelerar el proceso desde la cúspide. El proceso siguió su ritmo. Sus cartas quedaron en los legajos del Consejo de Indias como testimonio de un pulso que, en vida suya, nadie ganó del todo, pero que fijó los términos en que la Iglesia neogranadina discutiría sus poderes durante los dos siglos siguientes.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
25 documentos · 34 fragmentos01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 821 cita
[1]contingente de misioneros, bajo la dirección de fray Tomás de Ortiz, con el título de protector de los indios, per- tenecientes a la comunidad de los dominicos, cu- 326 Arzobispos de Santa Fe antafé fue elevada a la categoría de S arquidiócesis en 1563. Los arzobispos fueron fray Juan de los Barrios (1563-1569), Luis…
p. 82
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 175, 195, 2063 citas
[2]que se acog í an a la Iglesia, o porque cobraba derechos e impuestos sobre los indios de alquiler y la venta de velas, carne y vino, el cabildo escrib í a: “ Porque los ecomende- ros, mercaderes y hombres ricos, que tienen negros y caballos con qu é servirse y estancias con ganado para su. mantenimiento, no alquilan…
p. 206
[3]en un estado pu nitivo, poco aculturados. En sus cartas al Consejo de Indias no 206 LA CONQUISTA DEL TERRITORIO Y FL POBLAMIENTO ocultaba Zapata su desilusi ó n. Denunciaba el “ poco fruto que han ’ hecho — los espa ñ oles — en la vi ñ a del Se ñ or". Los indios prose gu í an sus ritos y ceremonias, los frailes eran…
p. 195
[16]s de la oportuna intervenci ó n de Venero y el castigo de algunos, el resto de ese ej é r cito se dispers ó, unos hacia Venezuela y otros al Per ú. '.M á s agitado era el ambiente en las esferas eclesi á sticas. Se produjeron serios roces y franca enemistad entre el clero regular y el secular e incluso entre los…
p. 175
03Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 551 cita
[4]y vara y tres cuartas de ancho, y pintada la Virgen en el centro, como viese que le quedaba mucho espacio blanco a los lados, los llenó con las efigies de San Andrés y San Antonio, poniendo esta a la derecha de la Virgen en obsequio del encomendero, 56 Míndic Anersít quien pagó por el cuadro veinte pesos de oro.…
p. 55
04Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · Páginas 6, 122 citas
[5]los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…
p. 6
[7]las imágenes de santos que ponían en sus casas y sus horarios. Adicionalmente, la permanencia del doctrinero significó, para las comunidades indias, más exacciones en productos o servicios. De modo que la evangelización trastocó no solo las 16 nociones de lo sagrado y lo profano de los indígenas —mediante la…
p. 12
05Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1381 cita
[6]y respuestas al alcance de to- dos. Su uso es antiguo en la vida de la Iglesia y desde fines de la Edad Media aparecieron textos de doctrina cristiana para los niños y el pueblo y fue el Concilio de Trento, con su Catechismus ad Pa- rochos, que inició la obra de los catecismos manuales de uso en todo el m u n d o. En…
p. 138
06Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · Página 4232 citas
[8]diferentes colores o con imágenes sagradas de la nueva religión. También las utilizaron para el “cielo” o cobertura textil ubicada en la parte superior del altar a modo de baldaquín. “…y porque del todo se extirpe la idolatría ordenaron y mandaron que los indios no traygan mantas pintadas con figuras de tunjo o…
p. 423
[9]diferentes colores o con imágenes sagradas de la nueva religión. También las utilizaron para el “cielo” o cobertura textil ubicada en la parte superior del altar a modo de baldaquín. “…y porque del todo se extirpe la idolatría ordenaron y mandaron que los indios no traygan mantas pintadas con figuras de tunjo o…
p. 423
07Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 101, 1032 citas
[10]lengua chibcha para los doctrineros, según lo ordenaban las leyes; intento fracasado porque los frailes no acudieron a las clases. En el caso del colegio encontramos una nota marginal que rezaba: "La Audiencia informa de qué podría sustentarse"; pero al margen de las demás peti- ciones se lee invariablemte: "No hay…
p. 103
[24]poderes inquisitoriales y que se impusieran diezmos a los artículos que antes no lo pagaban, como eran las mantas y la leña. Consideraba perjudicial el nombramiento de "oficiales —manuales- y advenedizos" para curas, acusaba a los frailes de estorbar la inspec- ción de su bienes y protestaba contra el continuo envío…
p. 101
08Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · Páginas 1, 142 citas
[11]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…
p. 1
[13]algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…
p. 14
09Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 2091 cita
[12]o ser anguicliócesis en 1563. Misiones evangelizadoras Las misioneros que iniciaron la evan. gelización en las tierras colombianas fueron franciscanos llegados con el arribo de sa labor debie- at hamtrr las costumbres onsideraron paganas y de vida Ticenciesa de los indica, comoda codi cio y repacidad de los…
p. 209
10Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 252 citas
[14]una posesión de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus…
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[15]de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…
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11Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Página 691 cita
[17]de los doctrineros había sido muy reducida y aun se había visto interrumpida casi radicalmente en 1558, a causa de una gran epidemia de viruelas. La escasez de frailes era el prin cipal obstáculo, según los encomenderos, para que ellos pudieran cum plir con su obligación de adoctrinar a los indios. Sólo desde…
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12Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · Páginas 1, 62 citas
[18]edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios eclesiásticos y lugares píos. 14…
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[19]26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…
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13Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 301 cita
[20]las parro- quias; la dotacién de los templos, monasterios y hospitales; la revisi6n de las sentencias de los tri- bunales eclesiésticos; la autorizacién para la circu- laci6én y aplicacién de todas las disposiciones pa- pales y el recibo de los diezmos que la Iglesia re- caudaba para sus atenciones. Por su parte, la…
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14Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Página 291 cita
[21]de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…
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15Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · Página 1211 cita
[22]el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…
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16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 481 cita
[23]sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…
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17Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 691 cita
[25]d id o s en el siglo xvi fueron débi les y dem o rad o s en la costa atlántica y en el d istrito de P opayán en el occidente, así com o en regiones inestables com o los valles del Alto M agdalena y las zonas m ineras del Cauca. Los clérigos q u e llegaban a la costa atlántica p o r lo general no perm anecían allí m…
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18Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · Páginas 12, 3542 citas
[26]en pocos días saldría para Alejandría, Beirut y Damasco a per- feccionar sus conocimientos de árabe. Pensaba regresar a Bruselas en febrero, pero el 28 de julio de 1880 murió en Beirut por causa de una apoplejía. Muchos de los trabajos de Uricoechea no se alcanzaron a publicar y dejó truncos varios proyectos…
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[29]atuca gue cha- quysca señor ipcuabie azonuca quyhic ai chahac umtyzinz yniapuyquyn npcuac muec umguen npcuac chaquyia chauza pecaro muhuc guahicac aguen quihichan zepuyquy quie atyzinz yniapuyquyne. Ynaia ysc quie chahac tyzupcua magueza. Yspcua bquy za- cuc chabgyes nga. Cho señor Dios ban ie hatac zepuyquyn mnyquy…
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19Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Página 3421 cita
[27]los doctrineros constituía pues un lugar diabólico —El Infiernito— y la destrucción del sitio se inició ya en siglo xvi y ha continuado hasta hoy en día. Muchas columnas han sido sacadas del sitio, se han incor- porado en la construcción de casas campesinas y aun de casas urbanas en Villa de Leyva. Hoy en día este…
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20Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · Página 201 cita
[28]coti- dianos) para adaptar y posicionar su cultura durante la temprana Colonia. El artículo de Martha Herrera, “Muiscas y cristianos: del boihote a la misa y el tránsito hacia una sociedad individualista”, propone una mirada al sistema de creen- cias muiscas, organizado en consonancia con la organización social,…
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21Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 131 cita
[30]y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…
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22Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 391 cita
[31]acciones de la comunidad eran regidas y supervisadas por el Cabildo, pero sus contrapartes, la Real Audiencia y sus oidores, se reservaron la legislación sobre temáticas centrales y primordiales para el funcionamiento económico de la ciudad: Tasación de los tributos indígenas.. Legislación sobre encomienda..…
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23Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 461 cita
[32]diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…
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24Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 421 cita
[33]y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…
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25Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2211 cita
[34]Francisco Bri- ceño, presidente. Se es- tablece la mita como forma de trabajo forzoso para los indígenas. Fun- dación del convento de agustinos en Santafé. 1576 El pirata inglés Oxenham desembarca en el Da- rién y establece una alianza con negros cimarrones. 1577 Prosiguen insurrecciones indígenas. Los indios -Pijao…
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