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Ensayo · Colonia · 1600–1780

La evangelización del Nuevo Reino de Granada

Entre 1550 y 1650, el Nuevo Reino de Granada se cristianizó sin plan maestro: ni Trento ni las controversias de Valladolid llegaron intactas al altiplano muisca. La pregunta es si ese proceso fue imposición vertical desde la metrópoli o una construcción local, visual y transaccional con las élites indígenas.

14 min de lectura3.030 palabras34 documentos53 fragmentos
La evangelización del Nuevo Reino de Granada
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La evangelización neogranadina fue un proceso de traducción y negociación, no de aplicación vertical. Los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé (1555-1558) legislaron antes de que Trento cerrara sus sesiones, respondiendo a condiciones locales que Roma no imaginó. La imagen flamenca-atlántica —grabados de la casa Plantin-Moretus de Amberes ensamblados por pintores criollos como Vásquez Ceballos y los Figueroa— descentró el catecismo verbal como vehículo de cristianización. Los caciques muiscas que comisionaron retablos y aparecieron como donantes en cartelas no fueron receptores pasivos sino agentes que se reposicionaron en el orden colonial, mientras que en 1594 los chuques seguían recibiendo su mochila de coca y su poporo como insignia de cargo, evidenciando que la negociación nunca fue rendición.

La tensión

La historiografía oscila entre una lectura verticalista —que ve los sínodos americanos como mera transcripción local de Trento y las controversias Las Casas-Sepúlveda como norma bajada desde Valladolid— y una lectura transaccional que subraya la agencia indígena, la heterodoxia estructural y la economía atlántica de imágenes. El nudo irresoluble es el peso relativo de cada factor: la lectura verticalista subestima la iniciativa local y la improvisación clerical ante el colapso demográfico; la lectura transaccional, llevada al extremo, corre el riesgo de disolver la coerción brutal que sostuvo todo el andamiaje —encomienda, mita, extirpación de idolatría, tortura en las confesiones en lengua mosca— y de la que la negociación fue siempre tributaria. La suspensión de las Leyes Nuevas de 1542 en el Nuevo Reino, por miedo a la revuelta de los encomenderos tras la guerra civil peruana, ilustra que incluso la política protectora más ambiciosa de la Corona fue archivada localmente: Popayán no fue Valladolid, sino Valladolid pasado por el tamiz de la encomienda irrenunciable.

Temas
Arte religioso colonial y Escuela TunjanaAgencia indígena y cacicazgo muiscaTridentinismo y sínodos colonialesEconomía atlántica de imágenes y casa Plantin-MoretusEncomienda, mita y colapso demográfico indígenaExtirpación de idolatría y persistencia de prácticas muiscas
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Ensayo completo

La lectura

La evangelización del Nuevo Reino de Granada, 1550-1650

Entre la instalación de la Real Audiencia de Santafé hacia 1550 y el apogeo de la pintura de Baltasar de Figueroa un siglo después, el Nuevo Reino de Granada se cristianizó sin plan maestro. ¿Fue esa cristianización una imposición vertical de la metrópoli o un proceso negociado en el terreno? La pregunta no es menor: la respuesta decide cómo se lee el catolicismo colombiano posterior.

Ni Trento —que sesionaba todavía cuando en Popayán ya se legislaba localmente sobre indios— ni las controversias de Valladolid entre Las Casas y Sepúlveda llegaron intactas al altiplano muisca, al valle del Cauca o a la costa. Llegaron filtradas. Filtradas por sínodos convocados con urgencia. Por grabados enviados desde la casa Plantin-Moretus de Amberes. Por doctrineros que huían de las tierras pobres al Perú, por caciques que financiaban capillas para reposicionarse, por confesionarios en lengua mosca que preguntaban a los indios si habían ofrendado mantas y esmeraldas a los ídolos.

¿Vertical o negociado? Si el proceso fue vertical, la Iglesia neogranadina sería una sucursal disciplinada de Roma vía Sevilla, y la persistencia de prácticas indígenas o afrocatólicas sería una falla del sistema. Si fue negociado, esas persistencias serían parte constitutiva del catolicismo que efectivamente se implantó, y el arte, la legislación sinodal y la vida devocional serían escenarios de negociación antes que de sumisión. La pregunta toca además el nudo mismo del orden colonial: la Corona consideraba la conversión de los indios tan crucial como el reconocimiento de su soberanía. Una y otra iban juntas. Evangelizar era gobernar. Por eso, cómo se cristianizó determina cómo se pobló, se tributó y se pintó el Nuevo Reino durante un siglo largo, y por qué en 1594 un chuque muisca seguía recibiendo su mochila de coca y su poporo como insignia de un cargo que el aparato colonial jamás pudo suprimir del todo.

Cuatro lecturas se enfrentan aquí, depositadas por capas. La primera es verticalista: Trento se aplicó desde arriba, las órdenes mendicantes ejecutaron un programa metropolitano y los sínodos americanos no hicieron más que recibir la doctrina europea. Las Casas y Sepúlveda cerraron su disputa en Valladolid y el resultado —humanidad plena del indio, ilegitimidad de la guerra pero legitimidad de la tutela— bajó como norma. El sínodo de Popayán de 1558 sería, entonces, mera transcripción local.

La segunda lectura ve la evangelización como operación visual y material. El catecismo importó menos que la imagen. Los novogranadinos recibían de Amberes grabados que fijaban tipos iconográficos, y los pintores locales —los Figueroa, Gregorio Vásquez Ceballos— ensamblaban composiciones recortando cabezas, manos y torsos de estampas andaluzas. La cristianización se hizo por retablo, por lienzo, por procesión, más que por lectura del Catechismus ad Parochos. La palabra escrita queda descentrada; en su lugar aparece la economía atlántica de imágenes.

La tercera es la del catolicismo heterodoxo. Dada la distancia con Roma, la escasez crónica de clero, la competencia entre franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas, y las presiones locales, lo que se implantó fue una versión adaptada de Trento, no su reflejo. Los sínodos neogranadinos filtraron, recortaron y recompusieron los decretos conciliares para responder a problemas que Trento no imaginó: la idolatría muisca, la mita, el tributo de los caciques.

La cuarta subraya la agencia indígena y afrocolonial. Los caciques y las cofradías negras no fueron receptores pasivos: comisionaron obras, aparecieron como donantes en cartelas, integraron y desafiaron el catolicismo desde adentro. Para las primeras décadas del siglo XVIII, la población de ascendencia africana en Cartagena había transformado el catolicismo desde dentro, y no como práctica folklórica sino como parte intrínseca del catolicismo de la época. Si en 1720 la mezcla era intrínseca, entre 1550 y 1650 ya estaba en curso.

Las cuatro posiciones no son excluyentes; el problema es cómo pesan. La verticalista subestima la iniciativa local; la material y la heterodoxa, llevadas al extremo, corren el riesgo de disolver la coerción brutal que sostuvo todo el andamiaje. La tarea consiste en sostener la tensión sin evaporarla.

El primer dato desconcertante es cronológico. El Concilio de Trento sesionó en tres etapas entre 1545 y 1563. Los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé se celebraron en 1555, 1556 y 1558. La legislación eclesiástica local del Nuevo Reino empezó a ordenarse antes de que Trento cerrara sus sesiones y produjera el Catechismus ad Parochos. Los obispos neogranadinos no estaban aplicando Trento: improvisaban frente a problemas concretos —la doctrina de los indios, el tributo, la disciplina del clero disperso— con las herramientas jurídicas que tenían a la mano. Cuando después Trento se consolidó y su catecismo abrió la era de los manuales de uso universal —con el jesuita Gaspar Astete como el más difundido en Hispanoamérica hasta mediados del siglo XX—, los decretos conciliares entraron en un Nuevo Reino que ya tenía sus propias capas normativas. Las reformas tridentinas, además, no fueron pensadas originalmente para la Iglesia del Nuevo Mundo. Su recepción en Santafé, Tunja o Popayán fue una operación de traducción.

La llegada del arzobispo fray Luis Zapata de Cárdenas a Santafé en 1573 marca la fase de consolidación. Bajo su gestión, y hacia 1574-1575 —coincidiendo con la presidencia de Francisco Briceño en la Real Audiencia— se celebró en Santafé una junta orientada a tratar la evangelización de los naturales, cuyo informe de 1575 sugiere que el encuentro generó un ambiente propicio para acuerdos mínimos sobre adoctrinamiento. Zapata de Cárdenas creó las condiciones para uniformar la evangelización arquidiocesana; y fue también la Real Audiencia bajo Briceño la que instaló la mita como forma de trabajo forzoso, antes de 1576. Doctrina y coacción caminaban en paralelo bajo las mismas manos.

¿Se copiaron o se reformularon las controversias peninsulares? La Junta de Valladolid de 1550-1551 enfrentó las tesis de Las Casas —humanidad plena del indio, evangelización pacífica, ilegitimidad de la guerra— a las de Sepúlveda —servidumbre natural, guerra justa como preámbulo de la conversión. Ninguna ganó formalmente, pero la disputa fijó el vocabulario dentro del cual toda evangelización posterior tuvo que argumentarse. En Popayán, en 1558, el sínodo convocado por el obispo Juan del Valle abordó problemas que Valladolid había planteado en abstracto, pero desde una ciudad con población indígena en colapso, encomenderos poderosos y minas de oro que devoraban mano de obra. La reformulación no fue puramente doctrinal: fue jurídica y pastoral. Se trataba de decidir cómo doctrinar a poblaciones dispersas, cómo obligar a los encomenderos a sostener el clero, cómo tratar los santuarios prehispánicos. Las controversias metropolitanas suministraron el lenguaje; las condiciones del Cauca dictaron el problema.

La reformulación local se apoyaba en un dato estructural. Los Habsburgos venían disputando desde 1542 con los conquistadores. Las Leyes Nuevas de ese año, que limitaban las encomiendas a dos generaciones y buscaban un trato más benigno, provocaron guerra civil en el Perú. Con esa experiencia fresca, la Corona suspendió su aplicación en el Nuevo Reino. La legislación peninsular más ambiciosa a favor del indio fue archivada localmente por miedo a la revuelta de los encomenderos. Cuando los obispos legislaban en sus sínodos, lo hacían sabiendo que las políticas radicales no se podían aplicar y que la evangelización debía negociarse con la élite colonial. Popayán no fue Valladolid: fue Valladolid pasado por el tamiz de la encomienda irrenunciable.

Si el catecismo verbal era administrado por un clero escaso e itinerante, la imagen fue el vehículo persistente. Los novogranadinos recibían modelos grabados —santos, escenas evangélicas, tipos iconográficos— enviados por las grandes casas europeas, la más importante la Plantin-Moretus de Amberes. Este dato conecta al Nuevo Reino con la economía cultural flamenca-atlántica: la ortodoxia posterior a Trento se difundió por Europa y América mediante el grabado, y Amberes fue uno de sus centros neurálgicos. En Santafé y Tunja, esos grabados llegaron a los talleres de los pintores criollos. Gregorio Vásquez Ceballos —el nombre mayor de la pintura santafereña— trabajaba directamente con grabados: recortaba y ensamblaba fragmentos que luego iluminaba con color. Sus tipos mantienen un cercano parentesco con la escuela sevillana por el uso generalizado de modelos de origen andaluz. Los Figueroa —Baltasar y Gaspar— y los pintores criollos neogranadinos procuraron asimilar y mezclar el lenguaje del Renacimiento, el Manierismo y el Barroco. La pintura santafereña del siglo XVII reflejó muy de cerca la influencia sevillana.

La ortodoxia visual del Nuevo Reino no se produjo aquí, se ensambló. Los pintores locales operaban como editores de un archivo iconográfico transatlántico. La técnica misma —óleo sobre lienzo— es un aporte europeo sin tradición precolombina en ese medio. Pero el ensamblaje introducía variaciones: qué grabados se elegían, cómo se recombinaban, qué santos se privilegiaban en un retablo tunjano frente a uno sevillano. Ahí, en la selección y la recomposición, se abría un margen local. La escuela pictórica tunjana ilustra esa autonomía. La fundó Alonso —Alfonso— de Narváez (c. 1500-1583), cuya obra más importante fue la Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, encargada por el padre dominico fray Andrés de Jadraque y el español Antonio de Santana. Chiquinquirá se convirtió, en las décadas siguientes, en el centro devocional más poderoso del Nuevo Reino: una imagen pintada en Tunja por un pintor de origen europeo, encargada por un dominico y un vecino español, capturó la devoción popular con una fuerza que ningún catecismo verbal habría logrado. La cristianización se hizo, en gran medida, por vía de la imagen milagrosa.

Las pruebas más fuertes de la transacción con las élites indígenas están en las cartelas de donantes. En obras del Nuevo Reino aparecen donantes indígenas masculinos representados como responsables de la comisión, ubicados estratégicamente entre las almas piadosas en escenas de las postrimerías para aprovechar el sentido simbólico de la representación. No es un caso aislado: existen ejemplos en varios reinos americanos de donantes indígenas masculinos como comitentes de imágenes de vírgenes y escenas escatológicas, siguiendo un patrón iconográfico reconocible.

Hay un contraste iconográfico revelador. Mientras las representaciones femeninas indígenas en retratos del virreinato del Perú y de Nueva España aparecen con trajes tradicionales, los donantes indígenas masculinos neogranadinos hacen énfasis en símbolos foráneos, incluso cuando usan prendas indígenas confeccionadas con telas importadas de Asia o Europa. El cacique que comisiona un retablo no se presenta como resto de un pasado indígena, sino como sujeto colonial pleno, articulado a redes comerciales globales, capaz de patronazgo eclesial. Se reposiciona en el orden nuevo, no resiste desde afuera.

El mecanismo se cruza con la geografía del culto textil. Las Ordenanzas de la Real Audiencia de Santafé para la provincia de Tunja de 1575 prohibieron explícitamente que los indios portaran mantas pintadas con figuras de tunjos o demonios y que dichas mantas se pusieran en las iglesias. La prohibición dice más de lo que dice: si hubo que legislar contra tunjos en las iglesias, es porque las iglesias los contenían. Mantas de diferentes colores y con imágenes sagradas cristianas se usaron en los templos, y las mismas técnicas textiles indígenas —quizá los mismos talleres— servían a la nueva iconografía. Los términos con que la historiografía ha nombrado el fenómeno son varios: sincretismo artístico, eclecticismo, arte mestizo, arte indocristiano. Cada uno captura una faceta; ninguno agota el proceso. Los conventos de Tunja, enriquecidos con donaciones llegadas de diversas partes, sostuvieron económicamente a una ciudad cuya población indígena tributaria se agotaba a ojos vistas. Tunja progresó poco a lo largo del período colonial, pero sus iglesias se llenaron de retablos.

Sostener el carácter transaccional del proceso obliga a no borrar el fondo sobre el cual se transaba. Y ese fondo fue catastrófico. La población indígena de la provincia de Tunja cayó de cerca de 215.000 en 1537 a apenas 25.000 en 1757 —una reducción del 90% en dos siglos, del 25% en los primeros veinticinco años. En Popayán, un cómputo fragmentario registra 90% de caída en 68 años. Los Quimbaya, grupo de alto desarrollo cultural y tecnológico, pasaron de 100.000 individuos a solo 40 en cuarenta años. En las diez leguas del camino entre Lili —Cali— y Popayán, donde antes había numerosos pueblos de 500 a 800 casas, no quedaba memoria de ellos tras la conquista de Sebastián de Belalcázar. Las guerras de conquista, las epidemias y los efectos devastadores de encomienda y mita explican el desplome. Una epidemia hacia 1558 en Pamplona y Tunja mató a más de 15.000 indígenas; otras epidemias de viruela golpearon en 1568-1569, 1587 y 1607, esta última con tal fuerza que el Cabildo de Tunja pidió a la Audiencia suspender las obras de iglesias donde trabajaban indígenas.

Sobre este colapso —y precisamente porque la mano de obra se hacía escasa— el siglo XVII trajo la agregación de pueblos y la desaceleración de fundaciones nuevas. En Cundinamarca, Boyacá, Nariño, Tolima y Huila se configuró una estructura de latifundio-minifundio con rígida estratificación sociorracial. Las sociedades indígenas del centro y norte del Cauca estuvieron cerca del aniquilamiento biológico.

En este marco la evangelización no fue oferta cultural: fue política de Estado. La conversión era considerada tan importante como el reconocimiento de la soberanía española. Y cuando la conversión no ocurría como esperado, se recurría a la extirpación. Hacia 1569 el oidor Tomás López se mostraba sorprendido de que los indios continuaran sus ritos pese a haber recibido el evangelio, y autorizó a los españoles a perseguir los santuarios indígenas y apropiarse de sus ofrendas. La medida fusionaba dos objetivos: extirpar la idolatría y enriquecer las arcas —españolas y privadas— con el oro de los santuarios muiscas. A finales del siglo XVI, en Fontibón y alrededores, tras una campaña de predicación se recogieron y quemaron más de tres mil imágenes de los antiguos dioses que el pueblo mantenía escondidas en sus casas. El sitio ritual conocido como El Infiernito, en el valle de Villa de Leyva —bautizado así por los doctrineros—, empezó a ser destruido en el siglo XVI, y muchas de sus columnas fueron extraídas e incorporadas a construcciones coloniales. Los confesionarios en lengua mosca del siglo XVII incluían preguntas específicas sobre si los indios habían adorado santuarios y ofrecido mantas, esmeraldas u oro a los ídolos. La confesión —sacramento tridentino por excelencia— se convirtió aquí en instrumento inquisitorial de detección.

Y ahí donde no llegaba la extirpación abierta, la evangelización simplemente no llegaba. La cobertura fue desigual. En el siglo XVI se concentró en las altiplanicies orientales —distritos de Santafé y Tunja— y fue débil y demorada en la costa atlántica, el distrito de Popayán, los valles del Alto Magdalena y las zonas mineras del Cauca. Los clérigos que llegaban a la costa no permanecían: las comunidades indígenas eran demasiado pobres para sostenerlos, y los curas se iban al Perú o a las tierras altas. En Antioquia y Santander los conventos fueron muy pocos durante tres siglos; las misiones en los Llanos y el Chocó eran periféricas y no atraían ni muchos ni los mejores religiosos. La presencia doctrinera había sido reducida e interrumpida casi radicalmente en 1558 por la gran epidemia de viruelas, y solo desde septiembre de 1569 el presidente Andrés Díaz Venero de Leiva hizo traer 40 religiosos de San Francisco y Santo Domingo para que fueran efectivamente a las encomiendas. Los agustinos recorrieron el Caquetá desde 1542-1543 y visitaron pastoralmente entre 1572 y 1582; los jesuitas tuvieron misión en Mocoa entre 1650 y 1661; los mercedarios evangelizaron en el bajo Caquetá; los agustinos retomaron Mocoa entre 1793 y 1803. Fragmentos, retiradas, retornos.

Vuelve entonces la pregunta inicial, ya no en abstracto. ¿Qué fue la evangelización neogranadina? No fue aplicación vertical de Trento y las controversias peninsulares: los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé precedieron a la clausura del concilio y respondieron a problemas locales que Valladolid apenas había vislumbrado. Tampoco fue cristianización textual: los grabados de Plantin-Moretus, la escuela tunjana de Alonso de Narváez y la pintura sevillana ensamblada por Vásquez Ceballos y los Figueroa hicieron el trabajo pastoral por vía de la imagen. Ni fue ortodoxia tridentina pura: la distancia con Roma, la competencia entre las órdenes y la escasez crónica de clero produjeron una versión adaptada del catolicismo. Ni fue imposición ibérica unilateral: los caciques comisionaron obras, aparecieron como donantes, integraron sus talleres textiles a la iconografía cristiana y encontraron en el patronazgo eclesial una vía de reposicionamiento social.

Y sin embargo. Todo esto ocurrió sobre un fondo de destrucción demográfica, extirpación material, control inquisitorial y expropiación jurídica que fijó los límites de lo negociable. El cacique que comisionó un retablo se movía en un mundo donde el 90% de su pueblo había desaparecido en dos generaciones. Los chuques que en 1594 seguían recibiendo su poporo lo hacían mientras los confesionarios en mosca preguntaban por sus prácticas. Las mantas con tunjos que llegaron a las iglesias fueron prohibidas por ordenanza en 1575. La pintura santafereña del siglo XVII se desarrolló mientras el Tribunal del Santo Oficio de Cartagena procesaba a esclavizados africanos por hechicería.

Los márgenes de negociación —visuales, materiales, jurídicos— fueron reales, documentables y decisivos para entender el catolicismo que quedó implantado. Pero esos márgenes se ejercieron dentro de un dispositivo colonial que no ofreció alternativa. Reducir la historia a la coerción borra la agencia de los donantes, los sínodos, los pintores. Reducirla a la negociación borra la quema de Fontibón, el colapso de Tunja y las columnas robadas de El Infiernito para levantar iglesias.

Queda todavía una pieza que la lectura verticalista no explica: el desequilibrio geográfico. Donde hubo excedente indígena tributario, hubo doctrina, iglesia, retablo, sínodo. Donde no lo hubo, no hubo evangelización en sentido pleno. La Iglesia neogranadina siguió la geografía del tributo, no un plan universal. El proyecto evangelizador fue menos coherente ideológicamente de lo que la retórica de la época proclamaba, y más dependiente de la economía política concreta de cada región. Chiquinquirá tuvo su virgen; el Chocó tuvo curas de paso.

Así que la pregunta con la que empezó esta ficha admite una respuesta, pero no la que la fórmula fácil sugiere. El catolicismo que echó raíces en el Nuevo Reino de Granada entre 1550 y 1650 no fue el de Trento intacto ni el de Valladolid resuelto, sino uno recompuesto por sínodos apurados, imágenes ensambladas de grabados flamencos, retablos financiados por caciques y confesiones interrogadas en mosca, todo montado sobre el colapso demográfico más veloz del continente. Ese catolicismo compuesto —y no el que Roma imaginaba— es el que Colombia heredó.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

34 documentos · 53 fragmentos de referencia
01Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1211 fragmento
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el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 481 fragmento
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sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…

p. 48
03Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 611 fragmento
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nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…

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04Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 14, 234 fragmentos
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instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

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instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…

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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

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y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…

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05Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 461 fragmento
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diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…

p. 46
06Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 13, 2212 fragmentos
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Francisco Bri- ceño, presidente. Se es- tablece la mita como forma de trabajo forzoso para los indígenas. Fun- dación del convento de agustinos en Santafé. 1576 El pirata inglés Oxenham desembarca en el Da- rién y establece una alianza con negros cimarrones. 1577 Prosiguen insurrecciones indígenas. Los indios -Pijao…

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las comunidades religiosas que se establecieron en la ciudad de Tunja desde el momento mismo de su fundación (1539). Al Letra capital de un libro de coro iluminada con las armas del arzobispo Lobo Guerrero. 739 mismo tiempo acudieron tallado- res y artistas de la región, convoca- dos por dichas comunidades para la…

p. 13
07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 691 fragmento
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d id o s en el siglo xvi fueron débi les y dem o rad o s en la costa atlántica y en el d istrito de P opayán en el occidente, así com o en regiones inestables com o los valles del Alto M agdalena y las zonas m ineras del Cauca. Los clérigos q u e llegaban a la costa atlántica p o r lo general no perm anecían allí m…

p. 69
08Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 1, 6, 123 fragmentos
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43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…

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los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…

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las imágenes de santos que ponían en sus casas y sus horarios. Adicionalmente, la permanencia del doctrinero significó, para las comunidades indias, más exacciones en productos o servicios. De modo que la evangelización trastocó no solo las 16 nociones de lo sagrado y lo profano de los indígenas —mediante la…

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09Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 69, 962 fragmentos
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de los doctrineros había sido muy reducida y aun se había visto interrumpida casi radicalmente en 1558, a causa de una gran epidemia de viruelas. La escasez de frailes era el prin cipal obstáculo, según los encomenderos, para que ellos pudieran cum plir con su obligación de adoctrinar a los indios. Sólo desde…

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que contribuían a diezmar a los indios. En el curso de la visita de Tomás López* en 1560, por ejemplo, indígenas de Pamplona y Tunja aludieron a una epi demia que había ocurrido recientemente. Aguado se refiere a ella y la sitúa en 1558. En esta ocasión murieron, según el cronista, más de quince mil indígenas. Algunos…

p. 96
10Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1, 142 fragmentos
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algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…

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57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

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11Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 2421 fragmento
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de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…

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12Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 251 fragmento
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de nuevos territorios, se inició un poco después de la muerte de Isabel la Católica, bajo el reinado de Fernando, su viudo. Isabel y Fernando recibieron el título de Reyes Católicos durante el papado de Alejandro VI; los discípulos de San Agustín, San Francisco y Santo Tomas de Aquino fueron sus confesores y…

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13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 82, 1652 fragmentos
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contingente de misioneros, bajo la dirección de fray Tomás de Ortiz, con el título de protector de los indios, per- tenecientes a la comunidad de los dominicos, cu- 326 Arzobispos de Santa Fe antafé fue elevada a la categoría de S arquidiócesis en 1563. Los arzobispos fueron fray Juan de los Barrios (1563-1569), Luis…

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poder fue mayor, debido a las caracte- rísticas de la colonización y evangelización. Cundinamarca, Boyacá, Nariño y algunas zonas del Tolima y Huila, en donde había una población aborigen abundante sobre la que se impuso la en- comienda, el resguardo y la mita, dieron lugar a una estructura de latifundio y minifundio…

p. 165
14Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1381 fragmento
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y respuestas al alcance de to- dos. Su uso es antiguo en la vida de la Iglesia y desde fines de la Edad Media aparecieron textos de doctrina cristiana para los niños y el pueblo y fue el Concilio de Trento, con su Catechismus ad Pa- rochos, que inició la obra de los catecismos manuales de uso en todo el m u n d o. En…

p. 138
15La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 53, 702 fragmentos
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más importantes de la estructura colonial” 66 Esta identificación entre la Corona y la Iglesia marcó el proceso evangelizador que coincide con el proyecto político. ¿Pero cuáles eran los rasgos del conquistador? El español llegaba con una característica esencial y era el ser creyente de cris- tiandad. Es decir, una…

p. 53
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1492 por realizar una obra evangelizadora. Con diverso grado y éxito se realizó esa evangelización. Al principio la evangelización fue super- ficial. Muestra de esto es la persistencia de la religión indígena en la clandestinidad. El arzobispo de Lima debió iniciar una campaña sistemática de extirpación de la…

p. 70
16Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 32, 352 fragmentos
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institución eclesiástica sufrió un asalto sin precedentes, iniciado por ministros y funcionarios que se jactaban de sus ideas ilustradas. Sin embargo, esta no es la única interpretación disponible acerca de las relaciones entre Estado e Iglesia, pues también existieron miembros del clero afines a las reformas, incluso…

p. 35
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que al Nuevo Testamento, hizo que el pueblo tomara a los santos más que como sus verdaderos custodios. Así, se llegó a considerar a los santos casi que como deidades paralelas, o al menos auténticos intercesores ante Dios, antes que ser percibidos como modelos de vida, este último aspectos era, a fin de cuentas, el…

p. 32
17Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 93, 2982 fragmentos
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Corona. Pero estas eran disquisiciones de gabinete. En el mismo terreno de los hechos, el espa- ñol dominaba, explotaba y expoliaba al indio. Y esa era la alternativa. Una cruzada violenta contra los ritos indíge- nas, que Germán Colmenares denomina con propiedad como policía cristiana fue táctica común para lograr no…

p. 93
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y con ellos sus madres, desgastadas prematu- ramente por los múltiples partos y por el arduo trabajo de la casa y la parcela. La poca comida y las enfermedades hacen que el crecimiento de las poblaciones del Cauca indí- gena sea más lento que el de las poblaciones del Cauca campesino. La pausada expansión demográfica…

p. 298
18Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 441 fragmento
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que era idéntico al que seguían los especialistas religiosos más importantes. En 1594 se menciona que los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de su autoridad, pero es claro que los caciques también tenían ese privilegio (AGI Santa Fe, 17). Por otra parte, el escenario político en el que se…

p. 44
19Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 4234 fragmentos
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larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

p. 182
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larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

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diferentes colores o con imágenes sagradas de la nueva religión. También las utilizaron para el “cielo” o cobertura textil ubicada en la parte superior del altar a modo de baldaquín. “…y porque del todo se extirpe la idolatría ordenaron y mandaron que los indios no traygan mantas pintadas con figuras de tunjo o…

p. 423
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diferentes colores o con imágenes sagradas de la nueva religión. También las utilizaron para el “cielo” o cobertura textil ubicada en la parte superior del altar a modo de baldaquín. “…y porque del todo se extirpe la idolatría ordenaron y mandaron que los indios no traygan mantas pintadas con figuras de tunjo o…

p. 423
20La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 711 fragmento
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total entre los Chibchas. Hubo grupos que huyeron a los mo n tes; otros realizaron suicidios colectivos; aún otros ejecutaron el retraimiento anímico, alejándose socialmente de los esp a ñoles (Aguado, 1906, p. 207). Epidemias de en- fermedades nuevas como las venéreas y las viruelas, fueron aniquilantes. La anomia…

p. 71
21Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1221 fragmento
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el informe negativo anterior de! protector Lorenzo de Aponte, AGÍ, Escribanía de Cámara, leg. 644, cuaderno 1, fols. 47- 51 (declaración en San Andrés, 8 de febrero de 1675). Detalle del Milagroso. 65A LOS INDIOS DE JEGUA APRENDEN A SOBREVIVIR jeguanos de la cofradía y los habitantes de otras partes, es otra muestra…

p. 122
22Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3421 fragmento
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los doctrineros constituía pues un lugar diabólico —El Infiernito— y la destrucción del sitio se inició ya en siglo xvi y ha continuado hasta hoy en día. Muchas columnas han sido sacadas del sitio, se han incor- porado en la construcción de casas campesinas y aun de casas urbanas en Villa de Leyva. Hoy en día este…

p. 342
23Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 361 fragmento
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laborioso e instruido en la ciencia natural» 15. Cuando a Mutis le roban el descubrimiento de los árboles de quina, es a Suecia y no a España donde acude en busca de auxilio. La extensa biblioteca de Mutis, que abarcaba todos los aspectos de la cultura, historia, literatura, geografía, matemá- ticas y botánica,…

p. 36
24Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 4501 fragmento
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“ El Divino ”, o a grandes escul tores como Mart í nez Monta ñé s y Alonso Cano; reflejar de alg ú n modo la dulzura cl á sica de los grandes renacentistas italianos como Rafael Sanzio, Correggio y los seguidores de Leonardo; tratar de alcanzar el naturalismo de Tiziano o de los m á s notables flamen cos; repetir las…

p. 450
25Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 271 fragmento
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los tipos de nuestro pintor co- lonial tienen un cercano parentesco con los de la escuela sevillana, es debido a que disponía generalmente de mo- delos de origen andaluz». El pintor Santiago Martínez Delgado publica tam- bién un texto en la magnífica recopilación de 1955: «Sin mengua de sus muchos méritos y de su…

p. 27
26Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 152, 158, 3993 fragmentos
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Rivas et al. (Bogotá: Museo Nacional de Colombia-Ministerio de Cultura, 2002), 29-39; y Natalia Lozada Mendieta, La incorporación del indígena en el purgatorio cristiano: estudio de los lienzos de ánimas de la Nueva Granada de los siglos XVI y XVII (Bogotá: Ediciones Uniandes, 2012). FIRMADO POR SU PUPILO LUIS GARCÍA…

p. 158
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ha hecho un énfasis especial en la figura de la mujer con la manta indígena que se representa en el arco toral¹⁸ (figura 31), lo cierto es que es una figura más bien periférica en la composición y ciertamente en la cartela, que da crédito al hombre retratado como uno de los responsables de la comisión de esta obra.…

p. 152
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usado los historiadores para intentar describir el resultado de estos fenómenos: sincretismo artístico, eclecticismo, arte mestizo o arte indocristiano son algunos de ellos⁴. Independientemente del afán reduccionista de estos intentos, lo cierto es que revelan unos procesos complejos y que habría que evaluar teniendo…

p. 399
27Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 1281 fragmento
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del prominente lugar que ocupa mi preocupación por la escritura y por los materiales escritos no busco equiparar la cultura colonial con la escritura. La escritura encarnaba el discurso de la ley pero no contenía ni saturaba por completo el discurso. Las imágenes, las cifras y los objetos arquitectónicos fungieron…

p. 128
28Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 101 fragmento
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de los inquisidores. 17 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 99 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…

p. 10
29Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 1551 fragmento
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material objects. Inquisition sources allow one to sketch the material and spiritual world that people of African descent inhab - ited and transformed in their day-to-day lives. This engagement cannot be understood as a cover for alternative African practice. This was not a folkloric version of Catholicism but an…

p. 155
30Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 1181 fragmento
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ve clara- mente Genovese cuando observa cómo la Iglesia católica interiorizó los sistemas medievales de estratificación de clases, no sólo en su teología sino en su organización 18, tenía como consecuencia que el aparato eclesiástico reprodujera los rasgos objetivos del aparato del Estado y que sus enseñan- zas…

p. 118
31Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Salcedo Martínez · 2022 · p. 11 fragmento
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74 VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, SIGLOS XVII Y XVIII Diana Paola Hernández Fernández Introducción El estudio de la vida religiosa femenina en Colombia se ha desarrollado desde múltiples perspectivas que buscan dar cuenta del papel de la mujer en la Colonia y la manera como la Iglesia católica…

p. 1
32Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 3751 fragmento
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se avecindaron en Tunja, labrando casas cos - tosas, cuyas portadas sembraron de escudos de armas «para eternizar su fama en la posteridad», según cándidamente lo afirmaba Juan de Castellanos, primer cura y cronista de la encopetada ciudad, la cual, no obstante todo aquello, progresó tan poco, que ciento cincuenta…

p. 375
33Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 190, 2253 fragmentos
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de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

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de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
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década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…

p. 225
34La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 711 fragmento
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h a s t a 1 9 7 1 pueblos en la ruta a Cali, llamada entonces Lili o Lile. Masacres y quema de casas se convirtieron en su política, pueblos enteros fueron arrasados o destruidos completamente. Pascual de Andagoya, que sirvió brevemente como adelantado de la provincia de Popayán, describió lo que encontró en su…

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