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Ensayo · Prehispánico · antes de 1499

El maíz y la jerarquía muisca

La bioarqueología del altiplano cundiboyacense, con sus análisis isotópicos sobre restos óseos de sitios como Tibanica, revela que el maíz operó ante todo como marcador de género y vehículo ritual —no como motor mecánico de excedentes y jerarquía—, desafiando los modelos neo-evolucionistas que ven en la agricultura cerealera la causa directa de la complejidad social.

15 min de lectura3.159 palabras23 documentos71 fragmentos
El maíz y la jerarquía muisca
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El maíz en la sociedad muisca tardía funcionó principalmente como sustancia ritualmente marcada —vehículo de la chicha, soporte de las borracheras cacicales, signo de masculinidad instaurado desde la infancia— antes que como palanca de acumulación de excedentes. Los análisis de isótopos estables en Tibanica muestran que los hombres consumían más maíz y más proteína animal que las mujeres, pero esa asimetría no se tradujo en peor demografía femenina ni en una élite biológicamente privilegiada; el deterioro dental fue generalizado y el grupo con mayor consumo conspicuo no coincidió con el de ajuares más ricos. La transición a la agricultura intensiva trajo deterioro biológico colectivo, no bienestar diferencial, lo que cuestiona la narrativa evolucionista del progreso asociado al cereal.

La tensión

El núcleo de la tensión historiográfica enfrenta el modelo neo-evolucionista cacical —que encadena agricultura cerealera, excedente, apropiación de élite y jerarquía institucionalizada— con una lectura bioarqueológica que desmonta cada eslabón de esa cadena. Investigadores como Carl Henrik Langebaek y José Vicente Rodríguez Cuenca, apoyados en los datos isotópicos de Tibanica (Delgado et al., 2014; Aristizábal, 2015), muestran que la diferenciación dietética por sexo responde a una división cosmológica del alimento, no a privación femenina, y que la correlación entre dieta rica en maíz y ajuar funerario es tenue y no concluyente estadísticamente. Frente a quienes leen la asimetría isotópica como evidencia de patriarcado nutricional o de control cacical del cereal, la evidencia osteológica y demográfica sugiere que las mujeres —con mayor peso de recursos C3 en su dieta— no sufrían desventaja biológica sistemática, lo que bloquea tanto la lectura patriarcal simplista como la lectura neo-evolucionista que equipara complejidad política con jerarquización económica coherente y unilineal. La cuestión de si el maíz precedió cultural o cronológicamente a su adopción como alimento cotidiano —es decir, si su carga simbólica antecedió a su peso calórico— permanece abierta en las fuentes disponibles.

Temas
Bioarqueología e isótopos estables en el altiplano cundiboyacenseNeo-evolucionismo cacical y modelos de jerarquización prehispánicaGénero, dieta y cosmología en la sociedad muiscaChicha, ritual y poder redistributivo en los cacicazgos muiscasTransición agrícola y deterioro biológico: Aguazuque, Tequendama y Tibanica
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Ensayo completo

La lectura

¿Fue el maíz el motor de la jerarquía muisca, o algo más denso y más ambiguo?

Entre el siglo IV a.C. y la irrupción española del siglo XVI, los pueblos del altiplano cundiboyacense intensificaron el cultivo del maíz hasta convertirlo en el cereal dominante de su paisaje agrícola. La arqueología del último medio siglo —Aguazuque, Tequendama, Checua, Zipacón, Soacha, Tibanica— y, sobre todo, la bioarqueología reciente, con sus análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno sobre restos óseos, han permitido pesar por primera vez qué comían realmente los muiscas, y cómo esa dieta se diferenciaba por sexo. Lo que emerge no confirma la narrativa clásica. El maíz no aparece como el motor mecánico que catapultó al altiplano hacia el estado, ni como el alimento que sustentó a una élite bien nutrida frente a un pueblo demacrado. Aparece, en cambio, como sustancia densa: marcador de masculinidad desde la infancia, vehículo ritual en las borracheras cacicales, alimento cotidiano que trajo caries generalizadas y, apenas de modo tenue y no siempre coherente, un correlato del prestigio funerario. Reconstruir esa función múltiple, y confrontarla con las teorías neo-evolucionistas que hicieron de la agricultura cerealera la causa mecánica de la jerarquía, es el asunto de esta pieza.

¿Qué se juega en la pregunta?

Durante buena parte del siglo XX, la arqueología americana leyó el paso a la agricultura como un umbral: donde había cereal, habría excedente; donde había excedente, habría élite capaz de apropiárselo; donde había élite, habría estado. El maíz, en particular, fue el villano y el héroe simultáneo de ese guion evolucionista. En el altiplano cundiboyacense, un territorio ocupado sin interrupción durante unos doce mil años, la aplicación de ese esquema pareció natural: los muiscas encontrados por Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537 tenían dos jefes principales, el Zipa en Bogotá y el Zaque en Hunza, mercados periódicos cada cuatro días, orfebrería, especialización productiva y densidad demográfica alta. Todo encajaba: agricultura cerealera intensiva, excedente, jerarquía consolidada.

La evidencia empírica de las últimas décadas ha ido descosiendo, uno por uno, los eslabones de esa cadena. La transición agrícola en el altiplano no trajo mejora biológica sino deterioro; la jerarquización política del Muisca Tardío (1200–1600 d.C.) no se tradujo, en el registro funerario de sitios como Tibanica, en desigualdad económica marcada; y las diferencias dietéticas por sexo, reveladas por los isótopos, no siguen los patrones que un modelo simple de dominación patriarcal predeciría. La pregunta por el maíz es, entonces, la pregunta por si un modelo teórico —el neo-evolucionismo cacical— sirve para leer una sociedad que, medida con las técnicas del laboratorio, se resiste a caber en él.

¿De dónde venía esa mesa? Doce mil años de secuencia

Antes de que hubiera maíz, hubo venado. Los sitios del precerámico del altiplano muestran grupos móviles y pequeños que hacia el 10.000 a.C. cazaban mastodontes y caballos, y que tras la extinción de la megafauna se reorganizaron en torno al venado, complementado con recolección vegetal y caza menor. Hacia el 10.000 u 11.000 años antes del presente, un periodo más cálido y húmedo permitió a algunos grupos ocupar bosques y páramos con mayor frecuencia y establecerse a campo abierto. Los entierros de esa fase, mayoritariamente adultos en posición acurrucada en depresiones ovaladas, asociados a fauna y a artefactos líticos y óseos, dibujan comunidades sin marcas visibles de jerarquía interna.

La transición al cultivo fue lenta. El altiplano ofrecía una ventaja ecológica notable: microambientes escalonados por altitud, suelos variados, cortas distancias entre páramo, tierra fría y valles templados. Ese archipiélago vertical funcionó como laboratorio de domesticación para tubérculos andinos —papa, hibia, cubio, chugua— y para cultígenos importados como maíz, fríjol y yuca. Pero la primera ocupación cerámica identificable, la fase Herrera, no arranca hasta aproximadamente el siglo IV a.C. y se extiende por no menos de cinco siglos, hasta finales del siglo I d.C. Los sitios Herrera muestran cerámica incisa y una economía ya principalmente agrícola, con el maíz ocupando un lugar importante que se mantendrá en el Muisca propiamente dicho.

Qué ocurrió entre Herrera y el Muisca Temprano es una de las oscuridades pendientes de la arqueología del altiplano. Si hubo continuidad poblacional, conquista o desplazamiento, no está resuelto. Pero para el problema que aquí importa —el papel del maíz en la jerarquización— basta con retener el dato central: cuando llegan los españoles, el altiplano lleva al menos dos milenios cultivándolo y consumiéndolo, y el consumo se ha intensificado marcadamente en el Muisca Tardío.

¿Mejoró la vida al llegar el cereal?

La primera fractura del modelo neo-evolucionista aparece en el cuerpo mismo de los agricultores. Si la agricultura cerealera hubiera sido un vector inequívoco de progreso, tendrían que mejorar los indicadores biológicos: mejor talla, menos estrés fisiológico, dentaduras más sanas. Ocurre lo contrario. En Tibanica, cementerio muisca tardío, cerca de siete de cada diez personas presentan caries: una proporción muy alta respecto a fases anteriores, y directamente asociada al aumento del consumo de maíz. La caries fue, además, más frecuente en mujeres que en hombres, y particularmente alta entre las mujeres enterradas con ajuar.

El deterioro no es una peculiaridad muisca. Es un patrón conocido en las transiciones agrícolas de todo el continente, pero en el altiplano se documenta con precisión bioarqueológica creciente. Lo que estos datos sugieren no es solo que el cereal empeoró la salud dental. Sugieren, más profundamente, que la intensificación maicera no benefició selectivamente a una élite. Si el maíz hubiera sido palanca de acumulación cacical, tendrían que aparecer élites bien alimentadas y comunes deteriorados; se encuentra, en cambio, deterioro generalizado y ninguna correlación clara entre riqueza funeraria y salud. El grupo con mayor consumo de carne y mayor proporción de cerámica decorada en Tibanica —el que, por consumo conspicuo y festejo, parecería más próximo a una élite— no coincide ni con los ajuares más ricos ni con los mejores indicadores biológicos.

Este primer hallazgo obliga a reformular el problema. El maíz no fue una máquina de bienestar diferencial. Fue, en términos biológicos, un empeoramiento colectivo aceptado o impuesto por razones que están fuera del cálculo nutricional individual: presión demográfica, ventajas de almacenamiento y —esto es central— densidad ritual.

¿Por qué los hombres muiscas comían más maíz que las mujeres?

La segunda fractura, y la más sugerente, la aportan los análisis de isótopos estables sobre las series de Tibanica. La técnica es sencilla en principio: el maíz, como planta de fotosíntesis C4, deja una firma isotópica en el carbono óseo (δ13C) distinta de la que dejan las plantas C3 (papa, quinoa, tubérculos andinos, la mayoría de las verduras y frutos del altiplano). El nitrógeno (δ15N) informa sobre el consumo de proteína animal. Medidos sobre restos humanos, estos valores permiten reconstruir, con márgenes acotados, qué comía cada individuo a lo largo de los años previos a su muerte.

El resultado más limpio de Tibanica es que la mayor fuente energética de la población provenía de recursos C4 —atribuidos principalmente al maíz—, con cerca del 30% procedente de recursos C3, entre los que la papa ocupaba un lugar central. Pero al desagregar por sexo, la firma se separa. Los hombres consumían más maíz y más proteína animal que las mujeres. Y ese diferencial parece haberse instalado desde edades tempranas, posiblemente desde la infancia: no es una diferencia sobrevenida en la adultez por acceso desigual a los banquetes, sino una pauta de alimentación diferenciada por género que estructuraba la vida cotidiana desde muy pronto.

Aquí conviene detenerse. Que los hombres muiscas consumieran más maíz que las mujeres no significa mecánicamente que comieran más ni mejor. La papa de altura tiene rendimiento por hectárea superior al maíz y funcionó como alimento básico del pueblo raso; la combinación de tubérculos con leguminosas —fríjol, quinoa— permite una alimentación proteicamente completa incluso con poca carne.

Las mujeres muiscas, con mayor peso relativo de C3 en su dieta, no estaban necesariamente peor nutridas en términos energéticos. Lo que su firma isotópica indica es, más bien, que el maíz operaba como sustancia socialmente marcada: sustancia masculina, o al menos preferentemente masculina, distribuida de modo desigual desde la niñez.

Ese marcaje se comprende mejor cuando se coloca junto al otro uso del maíz que las fuentes coloniales registran con abundancia: la chicha. La bebida fermentada era el vehículo central de los festejos rituales, de las llamadas borracheras que los cronistas describieron con la simplificación que su propio vocabulario permitía. El término muisca biohote, glosado como "borrachera" en los diccionarios coloniales, probablemente designaba el acto ritual mismo, no el estado individual de embriaguez.

Presidía esos festejos Nemcatacoa, dios de los pintores de mantas y tejedores, figura de oso cubierto con manta y arrastrando la cola, que —a diferencia de otras deidades— no recibía ofrendas de oro ni de esmeraldas porque se creía que le bastaba embriagarse con los celebrantes. Chaquen, dios de las fiestas y regocijos, recibía las plumas y diademas usadas en los combates y las celebraciones. En los valles fríos, entre enero y marzo, la siembra del maíz se acompañaba de sacrificios humanos.

Este entramado permite reformular el papel del cereal. El maíz no era solo alimento: era sustancia que, transformada en chicha, sostenía la vida ceremonial del cacicazgo, y que en su consumo cotidiano marcaba —como el yopo entre los sikuani, o el tabaco entre otros grupos amerindios— una diferencia de género que era simultáneamente una diferencia ritual. Comer maíz era, para el varón muisca, algo cercano a lo que en otras sociedades andinas ha sido masticar coca o beber chicha en el ayllu: un modo de participar en una comunidad ritual reservada. Que las mujeres consumieran menos maíz no es, en este marco, un déficit; es una posición distinta dentro de una división cosmológica del alimento.

¿Comer menos maíz implicaba vivir peor?

La tercera fractura del modelo neo-evolucionista está en un dato que a primera vista contradice lo anterior. Si las mujeres muiscas comían menos maíz y menos proteína animal, y si presentaban más caries, deberían aparecer peores indicadores demográficos: mayor mortalidad, menor longevidad. Los patrones osteológicos apuntan, sin embargo, en otra dirección, coherente con lo observado en otras poblaciones prehispánicas: las mujeres sobrevivían las edades reproductivas con tasas que no permiten hablar de una desventaja biológica sistemática frente a los hombres. La caries, marcador de dieta rica en carbohidratos fermentables, no es un buen predictor de mortalidad general; y la dieta femenina, con más C3 y menos proteína animal, era compatible con una nutrición equilibrada gracias a la complementariedad de tubérculos y leguminosas.

Este dato importa porque bloquea una lectura fácil. Sería tentador leer la diferencia isotópica por sexo como marca directa de dominación patriarcal: los hombres se apropiaban del recurso valioso, las mujeres cargaban con el residuo. Pero la evidencia no encaja. Ni el maíz era nutricionalmente superior a la papa —era, si acaso, ritualmente superior—, ni la firma isotópica femenina se traduce en peor demografía. Lo que había era una división de género del alimento, no una privación femenina. Los jóvenes de ambos sexos, además, consumían mayor proporción de vegetales frente a proteína animal, patrón que se invertía en la adultez: la dieta se construía por edad tanto como por género.

Esto no niega asimetrías. Las hubo, y las fuentes coloniales, junto con las osteológicas, las registran. Pero la asimetría muisca no puede leerse en la clave binaria de un patriarcado nutricional en el que los hombres comen y las mujeres pasan hambre. Se leerá mejor como una diferenciación cosmológica de sustancias, cristalizada en la infancia y sostenida por un aparato ritual —chicha, siembra, festejos, dioses de la borrachera— que hacía del maíz un signo masculino sin que esa masculinización implicara superioridad biológica.

¿Se traducía la jerarquía en la tumba?

Queda por examinar la relación entre dieta y jerarquía. Aquí la evidencia se vuelve más ambigua, y conviene no forzarla. En Tibanica, los individuos enterrados con ajuar consumían más proteína animal y presentaban valores de δ13C más altos que los enterrados sin ajuar. Los pocos individuos enterrados con oro mostraban lecturas aún más elevadas. Existe, por tanto, una correlación tenue entre dieta más rica en maíz y proteína, por un lado, y presencia de bienes suntuarios en la tumba, por otro.

Pero la correlación se debilita en cuanto se cruza con otros indicadores. El grupo con mayor consumo de carne y mayor proporción de cerámica decorada —aquellos individuos cuyos hábitos de comensalidad más se acercarían al banquete y al festejo— no coincide con el grupo de ajuares más ricos ni con el de mejor salud. La gran mayoría de los entierros de Tibanica no tiene ajuar alguno, y las diferencias entre los que sí lo tienen son modestas; muchas se relacionan con oficio y sexo antes que con riqueza acumulada. Las mujeres con ajuar tenían más caries que las mujeres sin ajuar, dato incómodo para cualquier lectura que asocie estatus con dieta mejor.

Este patrón tiene una lectura coherente: en el Muisca Tardío, el prestigio se construía menos por acumulación excluyente que por capacidad redistributiva. El cacique concentraba excedente en tributo y trabajo, pero lo devolvía en festejos, banquetes rituales, distribución de chicha y comensalidad ampliada. El modelo funcional se acerca más al del big man melanesio o al del cacique anfitrión andino que al del señor feudal que retiene: el prestigio se legitima disolviendo excedente, no reteniéndolo. Que el grupo más carnívoro no sea el más rico en tumba encaja con este esquema; los que más comían en los festejos podían ser precisamente aquellos cuya posición social se construía festejando, sin que ello se tradujera en oro acumulado ni en tumbas suntuosas.

La comparación regional refuerza la lectura. En el área muisca, como en el alto Magdalena, la diferenciación social expresada en ajuares funerarios es muy baja en cualquier período, en contraste con la región Calima —ocupación Yotoco— donde las ofrendas de oro en contextos de élite son abundantes y notorias. La orfebrería fue marcador social prominente en Calima, no en el altiplano cundiboyacense. Los muiscas producían orfebrería —aunque el oro debía importarse desde el Magdalena, pues no había depósitos auríferos en su territorio—, y esa orfebrería tuvo carácter simbólico y ritual, pero no colonizó la tumba como marcador jerárquico sistemático.

¿Un cacicazgo consolidado o una jerarquía en transición?

A este cuadro se suma una observación política. Los dos grandes señoríos muiscas del momento de la Conquista —el zipazgo con sede en Funza, el zacazgo con sede en Hunza— eran resultado de campañas de expansión no concluidas. Territorios como los de Tundama en Duitama o Sáchica seguían siendo cacicazgos marginales cuya sumisión al Zipa o al Zaque no era clara; en las hoyas del Suárez y del Moniquirá, y en las montañas al noroccidente de Tunja, persistían jefaturas menores independientes. Los señores de los principales centros ceremoniales, además, eran sacerdotes de alto rango que no se sujetaban plenamente al poder civil o militar de los grandes caciques. La organización política era piramidal pero incipiente, apoyada en capacidad militar y en destacamentos fronterizos, y erosionada por traiciones, rencillas palaciegas y usurpaciones.

Esto encaja mal con la imagen de un cacicazgo consolidado que hubiera transformado el excedente maicero en jerarquía institucional, y bien con la de un altiplano en transición hacia una centralización que no había cristalizado: los muiscas estaban en un estadio intermedio entre la organización tribal-vecinal y un estado central incipiente, sin haber alcanzado la complejidad incaica.

Entonces, ¿qué era el maíz para los muiscas?

De todo lo anterior se sigue una respuesta articulada. El maíz muisca no operó principalmente como motor económico igualitario de la complejidad social, ni como palanca mecánica de jerarquización. Operó como sustancia densa que articulaba simultáneamente tres dimensiones sin reducirse a ninguna: género, ritual y política.

Fue sustancia de género porque su consumo diferencial por sexo, instalado desde la infancia y visible en las firmas isotópicas de Tibanica, marcaba a los varones como participantes de una comensalidad ritualmente cargada de la que las mujeres —sin ser por ello peor nutridas ni biológicamente desventajadas— quedaban en posición distinta. Fue sustancia ritual porque su transformación en chicha sostenía las borracheras cacicales, porque su siembra se acompañaba de sacrificios humanos, y porque los dioses de la fiesta —Nemcatacoa, Chaquen— presidían sobre su fermentación y su consumo colectivo. Fue sustancia política porque la capacidad de redistribuirlo en festejos legitimaba al cacique como anfitrión y no como acumulador, articulando prestigio con generosidad antes que con acaparamiento.

Las teorías neo-evolucionistas que hicieron de la agricultura cerealera la causa mecánica de la jerarquización presuponen una separación limpia entre economía y ritual, y una jerarquización que se traduce en desigualdad nutricional y biológica. Los datos muiscas rompen esas dos presuposiciones. Ritual y economía no se separan: el maíz que alimenta es el mismo que se fermenta en chicha para las celebraciones cacicales. Y la jerarquización política, todavía incipiente en el Muisca Tardío, no produjo un patrón sistemático de desigualdad nutricional; produjo, más bien, un deterioro biológico compartido —caries en siete de cada diez individuos— y una diferenciación funeraria modesta que se enredaba con oficio y sexo antes que con riqueza.

¿Qué queda por resolver?

Varios flancos permanecen abiertos. El primero es la relación entre Herrera y Muisca: continuidad poblacional, sustitución o hibridación son hipótesis que aún compiten. La estratigrafía del altiplano sigue siendo incompleta, y reconstruir los orígenes de la cultura muisca es una tarea pendiente.

El segundo es la representatividad de Tibanica. Los patrones funerarios varían entre sitios cercanos —Soacha, La Candelaria, Marín— con suficiente heterogeneidad como para desaconsejar generalizaciones. Lo que Tibanica sugiere sobre débil jerarquización funeraria y consumo diferenciado por sexo puede matizarse cuando otras series bioarqueológicas del altiplano sean estudiadas con la misma resolución isotópica.

El tercero es la cronología del deterioro biológico. Saber en qué momento exacto de la secuencia —Aguazuque, Herrera temprano, Muisca Temprano, Muisca Tardío— se produjeron los saltos en prevalencia de caries y en estrés fisiológico permitiría afinar la conexión entre intensificación maicera y coste biológico. El ajuste cronológico fino todavía no está hecho.

El cuarto, quizá el más importante, es cuánto de lo aquí dicho para el altiplano se sostiene para otras regiones del cacicazgo muisca. Los alrededores de Tunja, los valles de Sogamoso y de Leyva, el Valle de Fúquene, tuvieron trayectorias que no son necesariamente idénticas a las de la sabana de Bogotá. Solo una bioarqueología regional con la densidad que ya tiene la de Tibanica dirá si el patrón descrito fue una constante del mundo muisca o una peculiaridad meridional.

Lo que ninguno de esos flancos abiertos altera es la tensión de fondo: una complejidad social evidente en mercados, orfebrería y señoríos, y una jerarquización que, cuando se la mide en el hueso y en la tumba, se afina hasta lo tenue. Ahí, en ese desajuste entre lo que se esperaba encontrar y lo que la firma isotópica devuelve, el caso muisca sigue funcionando como contraejemplo incómodo para los modelos que hicieron del cereal una causa. El maíz acompañó la desigualdad, la simbolizó y —en las tumbas de Tibanica— la desmintió parcialmente. No la produjo.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

23 documentos · 71 fragmentos de referencia
01Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 158, 162, 182, 339 y 2 más12 fragmentos
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larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…

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isótopos realizados por Delgado et al. (2014) y Aristizábal (2015). La mayor fuente energética de los individuos en Tibanica provendría de recursos c₄, probablemente maíz, complementado; cerca de un 30% de la energía provendría de recursos c₃, incluyendo tubérculos como la papa. Los resultados obtenidos por…

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de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…

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la diferenciación social puede basarse en las más diversas combinaciones y permutaciones. No hay modelos únicos que correspondan a niveles de complejidad social que se puedan definir en tipos característicos, pero sí distintas estrategias de diferenciación social determinadas por el grado de control que pueden ejercen…

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este caso, la mayor inversión en obras como campos elevados y drenajes corresponde a la ocupación Yotoco (100-800 d. C.) y en menor grado en la Sonso (800-1200 d. C.), pero no es claro que su uso fuera prerrogativa de las élites o que hubiera implicado un acceso limitado a los productos agrícolas para algunos sectores…

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y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…

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y la consolidación de las figuras de autoridad en estas sociedades mediante la redistribución de bienes provenientes de diversas ecologías (Sahlins, 1958; Service, 1962). Eventualmente se revaluó la redistribución como atributo de las economías cacicales (Earle, 1977; Feinman y Neitzel, 1984) y esta pasó a ser…

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02Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 38, 225, 230, 235 y 3 más7 fragmentos
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tonces, ¢l poblamiento se caracterizó por conformar grupos pequeños, que posiblemente se movían a menudo, obteniendo la ayor parte de sus proteínas de venados, sin descuidar la recolección | 41 las muiscas de plantas o la cacería de animales más pequeños, El sitio de Tibitó, excavado por Gonzalo Correal, demuestra,…

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tenían peces en “zanjas y corrales”, como si tuvieran en “hoyos y pesquería”. arqueólogos, por su parte, han desarrollado sus propias s para reconstruir la lista de alimentos disponibles para los sin estar apegados a lo que escribieron los conquistadores. no mucho tiempo tenían como su principal evidencia para…

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Los valores de C, fluctúan con la edad, de tal manera que probablemente los jóvenes consumieran más maíz que el resto de los individuos. En general, a edades tempranas se consumía mayor proporción de vegetales en relación con la proteína animal y luego a edades adultas el patrón se invierte. En cuanto a las…

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De nuevo, la respuesta es “Todos los individuos, independientemente de su per- a un grupo, tuvieron una dieta mixta, con acceso a los alimentos, aunque en el grupo 1 se identificó un consumo nor de carne, En términos de la edad de los individuos, 231 Los muiscas se encuentra la misma tendencia. Más contundente es el…

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los festejos comunales. Pero, como se ha visto, eso no implicó que las élites controlaran el consumo de maíz, aunque lo interesante es que sí parece haber servido de medio para identificar roles de sexo, No porque las mujeres no lo consumieran, sino porque los hombres parecen haberlo consumido mucho más, y desde muy…

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a individuos enterrados con y sin ajuar. Otro estudio relevante es el de Luisa Fernanda Mendoza. Su trabajo se concentró también en Tibanica, pero limitado al tema de la salud dental. Allí confirmó que las personas enterradas con ajuar podían suftir de algunos problemas dentales en una proporción bastante alta, pero…

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social, apenas basada en la edad y en el rango heredado, sin mayor discriminación en términos de sexo, excepto por aquellos objetos que indican actividades restringidas a hombres (como cazar) o a mujeres (como hilar algodón). Otros, como en Tibanica, reconocen que existía una diferenciación social, pero que esta se…

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03Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 203, 282, 297, 322 y 3 más7 fragmentos
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a las áreas de asentamiento humano o se relacionó con actividades como la caza, sin que se puedan inferir actividades agrícolas de consideración. También es claro que la gente cultivaba sin que existiera una población abundante. Según lo que conocemos hasta ahora, lo anterior fue cierto hasta hace unos 3500 años, y en…

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los segundos, de 159 cm. En Malagana, los hombres medían 166 cm y las mujeres, 153 cm, en promedio. En otras palabras, se puede sugerir que los indígenas de periodos tardíos, pese a ser agricultores, no tenían una estatura baja en relación con sus antecesores. A veces, incluso, pudieron ser más altos. Entre los…

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indican distinciones muy marcadas. No hay en ninguna parte unos entierros que revelen la existencia de personajes especiales que fueran enterrados con objetos singulares a través de los cuales se quisiera marcar distancias respecto a otros individuos. De hecho, las diferencias que se pueden encontrar sugieren ante…

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En los objetos de orfebrería también se destacan las representaciones de mujeres, las que están más adornadas que las de hombres. Figura Sinú. Fondo de Promoción de la Cultura. Foto Roberto García. El caso muisca podría ser otro ejemplo interesante de cambios en la forma como se representaron los sexos. Siempre que…

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de población. Estudios llevados a cabo por José Luis Socarras han confirmado que el maíz fue importante no solo en la segunda ocupación, sino también en la primera. Los estudios de José Vicente Rodríguez en el sitio de Santa Helena han encontraron que la segunda ocupación no se interrumpió hace 650 años, es decir,…

p. 376
04Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 137, 1412 fragmentos
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laguna de la Herrera, Zipacón, Tequen- 114 Dibujo explicativo de los diferentes tipos de cerámica muisca. Entre esas variadas formas había piezas de simple utilidad doméstica y otras de uso ritual, como copas, múcuras y figurillas. dama, Zipaquirá, Sopó y Nemocón, y hacia el norte del altiplano en los alrededores de…

p. 141
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y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…

p. 137
05Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 174, 262, 332, 3494 fragmentos
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vida, pero la tendencia general fue hacia el interior, hacia los valles de las cordilleras. Entre las consecuencias más notables de este desarro- llo se destacan algunas que deben tratarse en más detalle, debido a su particular importancia. En primer lugar, un movimiento demográfico hacia el interior montañoso debe…

p. 174
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true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…

p. 332
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que representan aves, peces, reptiles o figu- ras humanas estilizadas. A veces las incisiones tienen un relleno o un pigmento mineral blanco, lo que hace resal- tar los motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que…

p. 349
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adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…

p. 262
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 64, 94, 983 fragmentos
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riables pod í an afectar la producci ó n o recolecci ó n de los alimentos necesarios. El r é gimen de lluvias era, por lo general, predecible, y las diversas zonas de abastecimiento, o sean las playas, esteros, lagu nas, pantanos, r í os, sabanas, colinas, bosques, etc., eran contiguas y ofrec í an una amplia y muy…

p. 64
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escondido. El arte muisca es r í gido, lineal y altamente estilizado, y se distingue inmediatamente de los estilos elaborados, a veces exuberantes, de las culturas prehist ó ricas de las tierras vecinas. Pero esta misma rigidez y simetr í a, estas superficies opacas y estas formas sobrias, tienen un especial encanto.…

p. 98
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perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…

p. 94
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 151 fragmento
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condiciones ambientales. Dichas fluctuaciones produjeron fuertes alteraciones en la temperatura ambiental, que iban desde un cli- ma helado hasta uno más cálido que el presente, Primeros vestigios os vestigios más antiguos están representa- dos por restos óseos de origen animal (ca- ballo, mastodonte y venado),…

p. 15
08Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 42, 56, 64, 67 y 3 más7 fragmentos
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cosecha por heladas, fueron las condiciones que debió soportar el agricultor de maiz en los altiplanos. Por el contrario la agricultura de la papa de altura tiene un rendimiento por hectáreas muchas veces superior al maiz y fue, con seguridad, el alimento básico del pueblo raso, teniendo el maiz carácter de alimento…

p. 56
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19 y Langebaek, 1985). Ahora bien, para el período muisca, las crónicas así como la información de archivo dejan ver algunos aspectos generales del intercambio de sal. De acuerdo a Simón (/1625/ 1981, III: 257) los indígenas de la región de Tunja iban a conseguirla a las salinas cercanas a Santa Fé "por no tenerla…

p. 74
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que éstos les garantizaran el suministro de al menos parte de las gachas, leña y mantas que consumían. De la misma manera, los de Guata vita difícilmente podrían haberse especializado en orfebrería si no hubieran hecho parte de un sistema de intercambios que hacía llegar oro y cera a sus tierras. Varios ejemplos más…

p. 135
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tierra (cf. Reichel- Dolmatoff /1978/, 1982: 100) así como la presencia de fuentes de aguasal tan ricas como las que se encontraban en ciertas partes de la Sabana. Subsisten, por cierto, muchos aspectos del control de pisos térmicos que no se conocen apropiadamente. Por ejemplo, requiere mayor investigación saber de…

p. 67
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medida este grupo pudo actuar como intermediario en la circulación de artículos muiscas, pero resulta interesante anotar la información de Friede (/1953/ 1974: 166) en cuanto a que sus miembros hacían trueques con los indígenas del Alto Magdalena, productores de coca, pita y maní. 146 CAPITULO V Consideraciones…

p. 146
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de origen agrícola fueron: Sisativa lugar en el cual "en los años abundantes y que no se les hiela tienen para su sustento y para vender" (/1594/, A.N.C. Vis. Boy. XVII f 477r), Ramiriquí donde en 1572 el Cacique refirió que los indios de su repartimiento trocaban parte de su producción de maíz y turmas (A.N.C. Vis.…

p. 64
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no debemos olvidar es que el documento citado es tardío. Sin embargo, la tendencia durante la colonia fue que los indígenas perdieran tierras así que si éstos mantenían parcelas en un lugar tan distante se debe a una supervivencia de las tradiciones prehispánicas y no a un hecho novedoso. De otro lado, existen fuentes…

p. 42
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 10, 22, 283 fragmentos
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pi ñ a, guayaba, aguacate, tomate, guan á bana, granadilla, curaba, uchuva), verduras y tub é rculos (ahuyama, achira, cubios, arracachas, hibias y ullucos o chuguas), legumbres y semillas (frijol y quinoa) y anima les dom é sticos, ofrec í an una alimentaci ó n adecuada, sin las ham brunas peri ó dicas comunes en…

p. 22
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El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…

p. 28
[66]

1500-1570. INTRODUCCI Ó N 13 dad para producir lo esencial cerca y las dificultades de transporte se reforzaron entre s í. Durante los ú ltimos tres siglos los dirigentes vieron esta diversidad natural como promesa de riquezas infinitas, en contraste con la pobreza de la poblaci ó n. Los pueblos que ocuparon la regi ó…

p. 10
10Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 36, 52, 543 fragmentos
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en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…

p. 52
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cultivos. En algunos lugares, como Funza, Tunja y Sogamoso se han hallado vesti- gios de postes u horcones de madera que marcan una construcción circular u ovalada; pero en verdad, aún no se conoce una sola casa muisca sistemáticamente excavada. Lo poco que sabemos de la cultura prehis- tórica de los Muisca se basa…

p. 54
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desarrollo del cultivo del maíz permitió a los pobladores Colombia indígena, período prehispánico 43 -hasta entonces ribereños y dependientes de una combinación de recursos acuáticos y de su agri- cultura de raíces- retirarse de los ríos y exten- derse sobre las laderas del sistema andino. Al ocupar tierras tan…

p. 36
11Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 35, 372 fragmentos
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u e corrían en dirección nororiental p o r unos ochenta kiló m etros, sep arad as p o r el río Chicam ocha. A unque las co m u n id ad es indígenas de estas zonas pag ab an tributo a los señores de Sugam uxi y D uitam a, algunos especialistas han su g erid o recientem ente que uno de ellos, o am bos, aceptaban el dom…

p. 35
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vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…

p. 37
12La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 59, 632 fragmentos
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de turno. De esta etapa del vecindario, los Chibchas estaban pasan- do a otra basada en la conveniencia de un estado central, gracias al predominio que empezaba a ejercer el Zipa o rey de Hunza (hoy Funza), sobre los uzaques o jefes de tribus. Se re- conocían jerarquías entre los uzaques y los capitanes. Los pri -…

p. 63
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“Occidental” para referirse al orden señorial, así perdiéndose en el océano de sentidos que tiene la compleja entidad cu l tural de Europa y América. Estudiaremos aquí someramente los componentes del orden áylico: sus valores, normas, org a nización social y técnicas. Sacralidad y Tolerancia En la época de llegada de…

p. 59
13Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 24, 28, 363 fragmentos
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su industria. El país chibcha, antes de las conquistas de los zipas, lo creo comprendido entre la cordillera al oriente de Bogotá hasta las cercanías de Facatativá y desde Zipaquirá hasta el río Tunjuelo. Dos pruebas tene- mos en apoyo de esta creencia, legítimas ambas: la diferencia del len- guaje y la diferencia de…

p. 24
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aniversarios en los cuales repetían, cantando tristemente, la vida y las acciones del finado. El homicidio, el rapto y el incesto eran castigados con pena de muerte y el incestuoso la sufría por hambre en un subterráneo en medio de reptiles venenosos. Al que no pagaba sus contribuciones o sus deudas enviaba el uzaque…

p. 36
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inundación a Chibchacum como veremos enseguida. Entre sus deidades estaban Bochica, dios bienhechor y protector especial de los uzaques y de los capitanes de sus familias; Chibcha- cum, dios encargado especialmente de la nación chibcha y de ayudar a los labradores, mercaderes y plateros; Chaquen, dios encargado de los…

p. 28
14Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 75, 116, 1313 fragmentos
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relaciones siempre fueron reducidos a guazabaras, las cuales eran rápida- mente ‘desbaratadas’ por los hispanos, lo que obligaba a la huida de los muiscas. Refiriéndose a estas batallas, Aguado dice que los cacicazgos se apoyaban en ligas o confederaciones militares, como la de Duitama y Sogamoso (1: 297-8), o la que…

p. 116
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los conquistadores hallaron en las proximidades de los cercados fueron señaladas como almacenes para los pertrechos de guerra. Además de los destacamentos militares en los territorios sometidos, otros guerreros se apostaban en las fronteras para defen- der el imperio. Se trataba de parientes del ‘rey’ y se insistía en…

p. 131
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de borrache- ra, 24 concepto que en español refiere fundamentalmente al consumo excesivo (que hace perder el sentido) de bebidas fermentadas. De la misma manera en que el 22 Sobre este problema véase Turner, Dramas. 23 No se puede descartar la entonación de cánticos y la ejecución de bailes en la entai; sin embargo,…

p. 75
15Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 451 fragmento
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casos de guerra o necesidad, y para consumirlos con sus sujetos en ocasiones solemnes, grandes festejos y celebraciones: el trabajo dado por los indios se dedicaba al cultivo del sembrado del cacique, al sostenimiento del sacerdocio y, en algunas instancias, parece que a la elaboración de algunas obras comunes, como…

p. 45
16Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 fragmentos
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un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…

p. 36
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que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…

p. 43
17Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 4, 122 fragmentos
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las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…

p. 12
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© Marco Forero, 2016 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2016 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Diseño de cubierta: Departamento de diseño Grupo Planeta Primera edición: abril de 2016 ISBN 13: 978-958-42-4984-5 Desarrollo e-pub: Hipertexto Ltda. Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo…

p. 4
18Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1391 fragmento
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en el caso de la hoja de coca: como se verá más adelante, cuando la coca aún no había sido afectada por el prohibicio- nismo internacional, en Colombia se realizó una campaña agresiva, aunque fracasada, para su erradicación. Alcohol y prohibición en la Colonia A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con México,…

p. 139
19El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3001 fragmento
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hambre y que les permitía superar todos los es - fuerzos. Los cronistas españoles, empero, les reprochan su ebriedad; pero las orgías y bacanales de los chibchas eran en ellos una expresión de alborozo y sólo tenían lugar en ocasiones especialmente solemnes, sobre todo en las fies- tas religiosas. El vestido de los…

p. 300
20El bejuco del alma. Los médicos tradicionales de la Amazonía colombiana, sus plantas y sus ritualesRichard Evans Schultes, Robert F. Raffauf · 2018 · p. 2541 fragmento
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la figura dominante fue el chamán… Él era quien influenciaba el festival que, sin él, no hubiera tenido lugar. De tiempo en tiempo, el chamán convocaba a los ancianos… y, mientras circulaba la coca, comenzó el canto misterioso. B. Moser y D. Tayler (1965) 255 § Kubeo tomando chicha Río Kuduyarí, Vaupés El contenido…

p. 254
21La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 fragmento
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son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…

p. 51
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 371 fragmento
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nieves perpetuas y páramos interminables a la vista, conviven el frailejón, el cañizo y el romero en absoluta quietud y en un silencio que solo se altera con el sobrevuelo del águila. Allí, colchones de musgo, que actúan como esponjas de la naturaleza, gota a gota forman los ríos que marcan la geografía y la historia…

p. 37
23Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 192 fragmentos
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múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…

p. 19
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múltiples y distintas: iban desde agrupaciones que habían alcanzado etapas superiores de agricultura sedentaria y producían amplios excedentes, como los muiscas, hasta organizaciones menos avanzadas de recolec- tores y cazadores, generalmente en las tierras bajas, pasando por comunidades tribales de desarrollo…

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