Ensayo · Prehispánico · antes de 1499
Circuitos de intercambio interregional prehispánicos y el orden colonial
Entre el 800 y el 1600 d.C., muiscas, taironas, zenúes y quimbayas operaron redes especializadas de sal, oro, esmeraldas y mantas que articulaban cuencas, pisos térmicos y cacicazgos. La pregunta es si el orden colonial heredó esa geografía mercantil, la destruyó o la seleccionó diferencialmente.
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La respuesta en breve
La economía colonial no continuó linealmente los circuitos prehispánicos ni los borró de golpe: los heredó de forma selectiva, y esa selección fue el resultado de una destrucción diferencial. El eje muisca-altiplano sobrevivió porque la sal de Zipaquirá era un bien renovable e inagotable, la densidad demográfica del altiplano hacía viable el sistema de encomiendas, y las estructuras cacicales ofrecieron una capa de mediación que los encomenderos aprovecharon; Santafé de Bogotá se fundó sobre un nodo mercantil preexistente, no sobre un vacío. Los circuitos zenú y quimbaya colapsaron porque su riqueza estaba acumulada en tumbas y santuarios —oro elaborado durante generaciones— que podía saquearse de una sola vez y fundirse en lingotes, vulnerabilidad estructural agravada por epidemias que golpearon la región zenú antes incluso del contacto directo.
La historiografía oscila entre tres posiciones incompatibles. La primera, asociada a trabajos como los de Langebaek sobre la economía muisca, sostiene que la primacía de Bogotá hereda una infraestructura de intercambio preexistente y que la fragmentación regional colombiana hunde raíces prehispánicas en circuitos especializados por cuencas y pisos térmicos, cuestionando la narrativa fundacional hispanocéntrica. La segunda, visible en los estudios de Plazas y Falchetti sobre los zenúes, subraya que la conquista fue una disrupción radical: el saqueo sistemático de sepulturas iniciado por Pedro de Heredia en 1534 destruyó en años la acumulación orfebre de siglos, y el colapso demográfico previo al contacto directo desarticuló poblaciones enteras antes de que pudiera haber continuidad alguna. La tercera, de raíz más antropológica, señala que la legitimidad cacical dependía de manipular bienes foráneos —esmeraldas del Zaque en manos del Zipa, oro del Magdalena en el altiplano sin minas, yopo de los Llanos en ceremoniales muiscas—, lo que implica que la circulación interregional era más antigua y constitutiva de lo que las crónicas del siglo XVI dejan ver, y que cualquier historia evolucionista del comercio nacional que trace una línea desde los mercados de Turmequé hasta las plazas republicanas ignora la violencia diferencial con que esos circuitos fueron intervenidos.
Ensayo completo
La lectura
Circuitos de intercambio interregional prehispánicos y el orden colonial temprano
Entre aproximadamente el 800 y el 1600 de nuestra era, el territorio que hoy llamamos Colombia estuvo atravesado por redes de intercambio. La sal bajaba desde Zipaquirá hasta Neiva y Barrancabermeja. Las esmeraldas circulaban desde Somondoco hacia los cacicazgos vecinos. El oro subía desde el Magdalena medio al altiplano cundiboyacense, las mantas de algodón viajaban entre la Sierra Nevada y el interior, y el yopo llegaba desde los Llanos a los ceremoniales laches y muiscas. Estas redes no fueron un mercado en el sentido moderno —no hubo moneda universal, ni patrón de valor estable, ni separación clara entre economía, política y ritual—, pero sí conformaron circuitos especializados, con rutas fijas, mercados periódicos, agentes reconocidos y bienes que solo se conseguían viajando. ¿Heredó el orden colonial impuesto a partir de 1536 esa geografía mercantil, la desmontó, o hizo algo más incómodo de nombrar: continuar selectivamente lo que le convenía y destruir lo que no?
Qué se juega en la pregunta
La respuesta importa por razones que van más allá del inventario arqueológico. Si la primacía de Bogotá como centro económico y político hereda una infraestructura de intercambio muisca preexistente, la narrativa fundacional según la cual Jiménez de Quesada instaló una ciudad ex nihilo en un altiplano vacío pierde consistencia: Santafé se plantó donde ya confluían caciques, sal, mantas y oro extranjero. Si la fragmentación regional colombiana —esa dificultad crónica de articular el país como mercado interno— hunde raíces prehispánicas en circuitos especializados que ya operaban por cuencas y pisos térmicos, entonces las explicaciones que la atribuyen a la geografía o a las guerras civiles del siglo XIX tocan solo la superficie. Y si, al contrario, la economía colonial disrumpió esos circuitos en lugar de continuarlos, cualquier historia evolucionista del comercio nacional —una que trace una línea desde los mercados de Turmequé hasta las plazas republicanas— se sostiene mal.
Detrás de todo esto hay una cuestión más profunda: cómo pensar una historia económica del territorio sin proyectar hacia atrás las categorías del capitalismo mercantil, y sin, al mismo tiempo, reducir el mundo prehispánico a un cuadro etnográfico congelado, ajeno a la dinámica de largo plazo. Hay que sostener a la vez la sofisticación de las redes indígenas y la violencia diferencial con que fueron intervenidas.
Los términos del debate
Una lectura sostiene que la primacía capitalina de Bogotá reorganiza una infraestructura muisca preexistente. El altiplano cundiboyacense concentraba, hacia 1537, la densidad demográfica más alta del territorio, una red de mercados periódicos que se celebraban cada cuatro días, caciques que actuaban como agentes de intercambio y no solo como recolectores de tributo, y un monopolio efectivo del Zipa sobre las salinas de Zipaquirá cuya producción llegaba a cientos de kilómetros. Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada instaló su campamento en las inmediaciones del cercado de Tisquesusa, no estaba fundando una ciudad en el vacío: se instalaba en el nodo de una red que ya articulaba el Magdalena, los Llanos y las cordilleras. Que Santafé de Bogotá haya terminado siendo capital virreinal, y después capital nacional, no es un accidente de la voluntad castellana.
Una segunda lectura amplía esa y afirma que la fragmentación regional colombiana es prehispánica. Los muiscas exportaban sal, esmeraldas, coca y telas de algodón; importaban oro, plumas, aves y yopo. Los taironas de la Sierra Nevada intercambiaban objetos de oro, mantas, adornos de plumas y piedras talladas por sal y pescado con las tierras bajas, y proyectaban vasijas de cerámica hasta la isla Salamanca. Los zenúes del Sinú y San Jorge desarrollaron un sistema hidráulico de camellones que sostenía una economía agrícola de excedente y una orfebrería ritual que fluía por rutas todavía imperfectamente mapeadas. Los quimbayas del Cauca medio produjeron piezas orfebres cuya presencia fuera de su territorio —el Poporo Quimbaya, aparecido en la región de Yarumal— documenta circulación interregional. Cada uno de estos núcleos era, ya en el siglo XV, un circuito especializado con productos, rutas y ritmos propios: la Colombia de cuencas mal comunicadas es más antigua que Bolívar.
Una tercera lectura invierte el signo. La economía colonial no continuó racionalizando esos circuitos: los quebró. El saqueo sistemático de tumbas y santuarios, iniciado en el Sinú por Pedro de Heredia en 1534, extrajo y fundió en lingotes una masa de objetos orfebres acumulada durante siglos, destruyendo de una vez las reservas de bienes de prestigio que articulaban las jerarquías cacicales. Las epidemias, que ya habían golpeado la región zenú antes de la llegada directa de los conquistadores en 1534, colapsaron poblaciones enteras. La captura y ejecución de caciques desarticuló las estructuras de mediación política que hacían posibles los mercados. Y el tributo colonial en oro obligó a comunidades sin minas a alterar sus pautas productivas para adquirir el metal en el mercado colonial, sujetándolas a una lógica que nada tenía que ver con la circulación prehispánica.
Una cuarta lectura viene desde otro flanco: la legitimidad política en los cacicazgos dependía de manipular símbolos foráneos —esmeraldas de Somondoco en manos del Zipa que no las producía, oro del Magdalena en el altiplano que carecía de minas, caracoles marinos en tierras interiores—, y esa dependencia sugiere que la circulación interregional era anterior, más antigua y más constitutiva de lo que las crónicas del siglo XVI dejan ver. El poder cacical se sostenía sobre bienes que solo el comercio a larga distancia entregaba. Sin circuitos, no había Zipa.
La evidencia
La sal muisca y su alcance. Las salinas del altiplano —Zipaquirá al frente— producían un bien renovable, geográficamente fijo, esencial para la vida, que no se hallaba en las regiones vecinas. La sal circulaba hacia el sur hasta Neiva, hacia el norte hasta las inmediaciones de Barrancabermeja, y por el oriente hasta unos 800 kilómetros del núcleo productor. Fray Pedro Simón, escribiendo hacia 1625, refiere que los indígenas de la región de Tunja bajaban a las salinas cercanas a Santa Fe para conseguir sal y revenderla, probablemente en la región del Opón —donde Jiménez de Quesada dijo haberla visto circular— o en Sorocotá, donde los guanes la adquirían. El Zipa tenía sobre este producto una suerte de monopolio, sostenido por el control territorial de las minas y por la capacidad de mover el bien a través de rutas fijas.
Mercados y mecanismos de intercambio. Los mercados muiscas se celebraban cada cuatro días —ciclo asociado a su sistema de numeración vigesimal— al menos en Tunja y, con probabilidad, en muchos otros lugares del altiplano. Al mercado de Tunja acudían caciques y señores principales, tanto por deferencia al cacique local como por sus propios intereses de intercambio: los mercados no eran solo espacios económicos, sino escenarios políticos y rituales donde se exhibía prestigio y se ratificaban jerarquías. No hubo moneda universal ni patrón de valor pleno: las mantas —de calidades variables, con las chingas como las de menor grado— fueron la mercancía que más se aproximó a servir como medida general, sin llegar a serlo. La sal y el oro circularon en abundancia sin funcionar como medios de cambio, precisamente porque quien los producía no los aceptaba como pago. Una economía sin equivalente universal, donde los caciques participaban activamente en el intercambio y donde lo que se llamó "tributo" era más bien un intercambio de regalos asimétrico.
Rutas al Magdalena y bienes de importación. Los muiscas bajaban al valle del Magdalena por trochas tan angostas que los conquistadores tuvieron que ampliarlas; en la región del Opón encontraron bohíos que funcionaban como ventas y aposentos de mercaderes. Por esas rutas subían la coca y el algodón, que no se cultivaban en el altiplano central, y bajaban la sal y las mantas. El oro que consumían los muiscas —insumo tanto ritual como político— venía de la región de Neiva y de otros puntos del Magdalena. Las esmeraldas que lucía el Zipa procedían de Somondoco, territorio bajo control del Zaque de Tunja: la piedra que simbolizaba el poder del señor de Bogotá dependía de un intercambio con su rival. El yopo, sustancia alucinógena esencial para los ceremoniales muiscas y laches, llegaba desde los Llanos a través de cadenas que empezaban en cazadores-recolectores —antecesores de los cuivas— y pasaban por grupos intermediarios de selva tropical.
Redes taironas y su alcance. Los taironas construyeron una red de caminos empedrados que conectaba los poblados de la Sierra Nevada, entre ellos Ciudad Perdida-Teyuna, y sostenía un mercado interno donde circulaban productos agrícolas, sal, pescado, oro, mantas, plumas y piedra tallada. Fray Pedro Simón registró que los indios de Betoma vendían mantas a los de la provincia de Carbón, y que los de Pocigüeica cambiaban oro y mantas por sal y pescado con otros grupos. Vasijas taironas alcanzaron al menos la isla Salamanca. El intercambio con los muiscas no era directo sino a través de intermediarios, cuya identidad no está resuelta arqueológicamente, pero cuya existencia se infiere de la circulación de bienes en ambos sentidos. La propia federación tairona pudo surgir de la interacción entre ecosistemas: pescadores de tierras bajas —chimila, guanebucán— y agricultores de altura articulados por trueque.
Zenúes y quimbayas. El sistema hidráulico zenú —camellones elevados, canales de drenaje e irrigación en la depresión momposina— sostuvo tres cacicazgos hacia el siglo XVI: Fincenú en el valle del Sinú con centro en la Laguna de Betancí, Pancenú en la hoya del San Jorge, y Cenúfana en el bajo Cauca y Nechí. La sociedad zenú tenía rangos bien definidos, evidenciados en la diferenciación funeraria, y una orfebrería —anillos nasales, filigranas en espiral— que expresaba una concepción del oro como sustancia numinosa vinculada al sol, la muerte y la fertilidad, no como moneda. Los quimbayas, por su parte, alcanzaron con la fundición a la cera perdida un nivel técnico que produjo piezas escultóricas de cuerpo redondo, y su distribución fuera del núcleo original —el Poporo Quimbaya hallado en la región de Yarumal— sugiere circuitos de intercambio o desplazamiento de bienes de prestigio cuya extensión todavía se discute.
La disrupción documentada. El 20 de agosto de 1537, tras capturar al cacique del Valle de Tunja, los hombres de Jiménez de Quesada asentaron en el libro oficial de la expedición un botín de 136.000 pesos de oro fino, 14.000 pesos de oro bajo y 280 esmeraldas —la mayor entrada de esmeraldas registrada en todo el diario de la campaña. Poco después, el 4 de septiembre, se registró la entrada correspondiente al Valle de Sogamoso. Estas cifras no representan producción sino acumulación: los objetos rituales, funerarios y de prestigio guardados durante generaciones fueron incautados, fundidos en su mayor parte, y enviados hacia Cartagena y España. Tres años antes, en 1534, Pedro de Heredia había iniciado en el Finzenú una modalidad de explotación —el saqueo sistemático de sepulturas— que constituye el primer episodio de extracción económica colonial no basada en el pillaje de combate. Cuando Heredia entró a la región, la población ya había disminuido: los propios indígenas aludían a epidemias recientes, probablemente propagadas por contactos indirectos antes de la llegada directa de los conquistadores.
La respuesta
La geografía mercantil colonial ni continuó linealmente los circuitos prehispánicos ni los borró de golpe. Los heredó selectivamente, y esa selección no fue una política deliberada de conservación racional sino el resultado de una destrucción diferencial.
El eje muisca-altiplano sobrevivió como estructura de extracción porque tres condiciones convergieron. La sal de Zipaquirá era un bien renovable y geográficamente fijo: ningún saqueo podía agotarlo, y su producción podía reorientarse hacia el tributo colonial sin necesidad de reconstruir la infraestructura. La densidad demográfica del altiplano —incluso después del colapso poblacional posterior— seguía siendo la más alta del territorio, lo que hizo viable el sistema de encomiendas. Y las estructuras cacicales muiscas, aunque violentamente reconfiguradas, ofrecieron una capa de mediación —caciques que habían sido agentes de intercambio se convirtieron en agentes tributarios— que los encomenderos supieron aprovechar. Santafé de Bogotá, fundada en 1538 en las inmediaciones del cercado de Tisquesusa, no fue una ciudad plantada sobre un altiplano vacío: fue una ciudad plantada sobre un nodo mercantil preexistente, y su primacía posterior arrastra esa inercia.
Los circuitos zenú y quimbaya no corrieron la misma suerte, y su colapso no obedece a una decisión colonial de destruirlos: obedece a su vulnerabilidad estructural. La riqueza zenú y quimbaya estaba acumulada en tumbas y santuarios —oro elaborado durante generaciones, símbolo de estatus, sustancia ritual—, y esa forma de acumulación podía ser saqueada de una sola vez y fundida en lingotes. La riqueza muisca, en cambio, estaba distribuida entre un flujo renovable de sal, una producción textil descentralizada de mantas y minas de esmeraldas cuya explotación exigía trabajo indígena especializado en Somondoco: era menos incautable de un golpe. A esto se suma que las epidemias golpearon con particular violencia la región zenú antes incluso del contacto directo, y que los caciques quimbayas nunca alcanzaron la escala política de un Zipa o un Zaque capaz de negociar mediaciones prolongadas con el poder colonial.
El río Magdalena merece una precisión. No fue el altiplano en sí mismo el eje de continuidad, sino el corredor fluvial que lo articulaba con el Caribe y el sur. Por el Magdalena bajaba la sal muisca hasta Neiva, subían el oro y la coca hacia el altiplano, se movían mantas y esmeraldas, y funcionaban nodos como los bohíos-ventas del Opón. Ese corredor preexistente fue reorientado por los españoles hacia Santa Marta y Cartagena como puertos de salida atlántica, pero su lógica interna —tránsito por cuenca fluvial, jerarquización de nodos, especialización regional por piso térmico— era anterior. La expedición de Jiménez de Quesada, que partió de Santa Marta en abril de 1536 y emergió al altiplano en marzo de 1537, siguió inicialmente el Magdalena precisamente porque era la ruta indígena mejor documentada por los informantes costeros.
Lo que sí fue disrupción, en sentido estricto, fue la conversión del oro en instrumento tributario. En los cacicazgos prehispánicos el oro había sido símbolo de estatus, sustancia ritual, marcador de jerarquía en una sociedad de movilidad vertical relativa; la orfebrería respondía al pedido de artefactos de prestigio en un orden donde la riqueza personal importaba pero no se separaba del ritual. El tributo colonial en oro convirtió el metal en una obligación monetaria que las comunidades sin minas debían satisfacer vendiendo sus productos en mercados regidos por precios ajenos. Esta transformación no continúa la circulación prehispánica: la subvierte. La coca, el tabaco y el yopo —bienes de intercambio comercial y consumo cotidiano entre los muiscas— pasaron a ser gravados o prohibidos según los intereses eclesiásticos. Los caciques que habían presidido mercados periódicos se convirtieron en recolectores de tributo bajo supervisión de encomenderos y, más tarde, corregidores. La rivalidad entre grupos indígenas —que en el orden prehispánico podía sostener alianzas comerciales como la del Zipa con el Zaque por las esmeraldas de Somondoco— fue explotada militarmente por conquistadores como Jorge Robledo, que en el Cauca sumó carrapas y pozos contra vecinos suyos.
Hay que sostener, entonces, dos cosas a la vez. La primacía capitalina de Bogotá hereda una infraestructura muisca, y negar esa herencia para atribuir todo al gesto fundacional castellano es una simplificación hispanocéntrica que la evidencia arqueológica y documental no autoriza. La fragmentación regional colombiana hunde raíces prehispánicas en circuitos especializados por cuencas y pisos térmicos, y la legitimidad cacical dependía de una circulación interregional de bienes foráneos anterior a la conquista. Y al mismo tiempo, el orden colonial no fue una continuación racionalizada de esos circuitos: fue una intervención violenta que preservó lo que era funcionalmente absorbible y destruyó lo que no, sin ninguna lógica unitaria que gobernara el conjunto. La herencia es parcial y no fue planeada. La ruptura fue diferencial y no fue total.
La geografía mercantil colombiana no es el desarrollo natural de una tendencia prehispánica ni el producto puro de la imposición europea, sino la sedimentación de una violencia selectiva sobre una estructura preexistente cuya densidad variaba por regiones.
Lo que queda abierto
Varios flancos resisten todavía una respuesta cerrada. Uno es la identidad precisa de los intermediarios que conectaban los circuitos tairona con los muiscas: el intercambio no era directo, pero los grupos que hacían de puente entre la Sierra Nevada y el altiplano —¿guanes, chitareros, laches?— no están mapeados con certeza arqueológica, y las crónicas del siglo XVI son elípticas al respecto.
Otro es la extensión real de los circuitos quimbayas fuera de su núcleo del Cauca medio. La presencia del Poporo Quimbaya en la región de Yarumal admite al menos tres explicaciones —intercambio prehispánico, extravío de conquistadores, atribución equivocada de la pieza—, y decidir entre ellas exigiría una cartografía de hallazgos que aún se está construyendo. Sin esa cartografía, la afirmación de que los quimbayas participaban en redes de largo alcance descansa más en la sofisticación técnica de su orfebrería que en evidencia de distribución.
Un tercer flanco es la escala temporal del comercio zenú antes del contacto. El sistema hidráulico de camellones sugiere una economía de excedente sostenida durante siglos, pero la relación entre esa infraestructura agrícola y las redes de intercambio de oro, sal y pescado documentadas por los Heredia en el momento del contacto no está resuelta cronológicamente. Es posible que las redes registradas en 1534 fueran ya un remanente empobrecido de un sistema más denso golpeado por epidemias previas.
Queda también la naturaleza exacta del "monopolio" del Zipa sobre la sal. Las fuentes hablan de una suerte de monopolio, pero no está claro si se trataba de un control productivo —los siervos del Zipa como únicos autorizados a extraer—, de un control distributivo —todos podían extraer pero solo el Zipa autorizaba la salida hacia el Magdalena— o de una combinación variable en el tiempo. La diferencia importa: un monopolio productivo se transfiere fácilmente al encomendero; uno distributivo requiere reconstituir toda la red de rutas.
Y queda, sobre todo, la pregunta sobre cuánto de la desarticulación de los circuitos indígenas fue consecuencia de la conquista militar y cuánto fue consecuencia previa de las epidemias que precedieron al contacto directo. Los propios zenúes indicaron a Heredia que sus poblaciones habían disminuido antes de su llegada. Si el colapso demográfico ya estaba en marcha antes de la incautación de tumbas y la imposición del tributo, entonces la disrupción colonial actuó sobre estructuras ya debilitadas, y la responsabilidad causal entre enfermedad y violencia extractiva se vuelve más difícil de repartir de lo que las narrativas suelen admitir.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
28 documentos · 65 fragmentos de referencia01Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 182, 303, 3706 fragmentos
[1]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…
p. 303
[2]productos muy diferentes en el sentido de que el primero era geográficamente restringido, esencial para la vida, pero no se hallaba en áreas vecinas; su valor económico dependía del comercio o de intercambios a corta y larga distancia. La transcendencia y el alcance geográfico de este intercambio por intermedio de los…
p. 303
[20]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
p. 182
[21]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…
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[22]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…
p. 370
[23]de metal o elaborados con huesos de ciertas clases de animales— servía para marcar una diferencia social que, sin embargo, no tenía relación alguna con el control de la vida económica. En el sitio, es probable que el grupo 2 se asocie con el consumo conspicuo: festejos, exhibición de fauna exótica e incluso consumo de…
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02Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 30, 37, 45, 524 fragmentos
[3]vertientes u n poco m ás tem p lad as y allí se extraían dos cosechas anuales. En tierras m ás bajas se sem braba arracacha, algodón, guayaba, piña y coca. A lgunos productos, com o la coca y el algodón, no eran cultivados p o r los m uiscas y los obtenían en el com ercio. C ad a cuatro días había m ercado en los…
p. 37
[53]d en sas selvas de esta vertiente de la cordillera O riental. Finalm ente, a principios de m arzo de 1537, once m eses d esp u és de salir de Santa M arta, unos ciento se tenta hom bres y treinta caballos em ergieron a las planicies an d in as h ab itad a s po r los m uiscas. En las planicies m uiscas, los…
p. 45
[54]y la arahuac. Puesto que las m igraciones y el poblam iento fueron m oldeados por las condiciones geográficas alu d id as, estos tres grupos lingüísticos no constituyeron bloques territoriales cohesionados y m ás bien es tuvieron entrem ezclados y dispersos. A la llegada de los españoles, los chibchas, ligados…
p. 30
[63]conquistadores. En consecuencia, los procesos judiciales em p ren d id o s por los funcionarios de la C orona se q u ed a ron en el papel. Las exigencias estaban d eterm inadas m ucho m ás por las aspira ciones d e los nuevos señores españoles que por las costum bres indígenas. Para satisfacer las d em an d a s de los…
p. 52
03Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 12, 172 fragmentos
[4]las relaciones comerciales afianzaban redes de intercambio cultural más profundas. un aspecto importante de la sociedad muisca fue el desarrollo y la complejidad que se desprendieron de una economía natural no monetaria, y que se desplegó al tener un escenario de vastas redes comerciales y cercanías culturales y…
p. 12
[60]reunieron en el cacicazgo de Bacatá (Bogotá) con la expedición de Jiménez de Quesada proveniente de Santa Marta. 1. Expedición de Jiménez de Quesada El primero de abril de 1536 don Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Santa Marta, dio en su “Instrucción y Memoria” para la jornada que iba al “Río Grande”, nombrando…
p. 17
04Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 74, 100, 1393 fragmentos
[5]19 y Langebaek, 1985). Ahora bien, para el período muisca, las crónicas así como la información de archivo dejan ver algunos aspectos generales del intercambio de sal. De acuerdo a Simón (/1625/ 1981, III: 257) los indígenas de la región de Tunja iban a conseguirla a las salinas cercanas a Santa Fé "por no tenerla…
p. 74
[12]mostrar en línea generales qué clase de artículos intercambiaban los muiscas con etnias vecinas y a través de cuáles ruta podían circular los productos por el territorio de lo que hoy en día es Colombia. Paralelamente, se plantearán algunos datos generales sobre el trueque prehis-pánico en diversas regiones del país…
p. 139
[15]artículos cuya circulación está íntimamente ligada porque su fuente natural es la misma. En territorio muisca la cera fue aprovechada como materia prima en la elaboración de figuras de oro mediante la técnica de la "cera perdida" (cf. Falchetti y Plazas /1978/ 1983: 32-33), aunque algunos hallazgos arqueológicos…
p. 100
05Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 36, 432 fragmentos
[6]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…
p. 43
[14]un aspecto fundamental que explica el establecimiento de comunidades independientes, puesto que este tipo de vínculos aseguraba la pertenencia de un individuo a una comunidad y con esto su acceso a los recursos del territorio que controlaban (Lleras, 1986). Posiblemente se dieron enfrentamientos bélicos para obte- ner…
p. 36
06Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 137, 1542 fragmentos
[7]y ciertos productos agrícolas, la sal era otro elemento básico del comercio de los muiscas. un grupo de especialistas en el intercambio. Las re- ferencias históricas parecen indicar que todos los indígenas comunes y corrientes iban a los merca- dos. Por otra parte, el trueque de artículos tuvo un papel importante al…
p. 137
[28]varios tamaños y longitud, sostenidas generalmente por muros de contención de piedra. En contraste con esto, en las proximi- dades de Santa Marta empleaban zanjas y acequias profundas para irrigar los cultivos durante las épo- cas de sequía y también para conducir agua a lu- gares donde ésta escaseaba. Por las…
p. 154
07Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 35, 262, 325, 332, 3595 fragmentos
[8]true - que con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales artículos que se exportaban eran sal 153, esmeraldas, coca y Memoria sobre las Antigüedades Neo-Granadinas, Librería de F. Schneider i Cía., Berlín. Acerca de la arqueología «premuisca», véanse las notas biblio- gráficas para el capítulo iv, así como…
p. 332
[24]adquirido o hereditario, que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la orfebrería y alfarería de algunos —no todos— cacicaz- gos se debía al creciente pedido que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad en que la riqueza personal tenía…
p. 262
[29]cultivo del maíz y este, así como otros cultígenos y frutales, se sembra- ban en campos y terrazas irrigadas. En las tierras planas, cerca de la actual ciudad de Santa Marta, los españoles que- daron admirados con el perfecto sistema de irrigación que 170 Llama la atención que la oposición que existía entre ciertas…
p. 359
[41]tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…
p. 325
[58]de ahí en ade- lante el oro se volvió su obsesión. Lo raparon de los vivos y de los muertos; extorsionaron las poblaciones, tortura- ron a los caciques, saquearon las tumbas y los santuarios. La búsqueda del oro pronto se convirtió en el factor deci- sivo en determinar las rutas de penetración de las huestes…
p. 35
08Los muiscas. La historia milenaria de un pueblo chibchaCarl Henrik Langebaek · 2019 · p. 84, 1292 fragmentos
[9]“lugares de mercado fueron casi todos que había de indios en estas dos provincias de Bogotá y Tunja”. Por otro, dijeron que en Tunja se hacía cada cuatro días, período relacionado con su sistema de numeración, y parece que así era en muchos otros lugares. Al parecer el sitio exacto del mercado era dentro del cerca- do…
p. 129
[11]la única lectura posible de los documen- una forma distinta. Los cacicazgos muiscas habrían estado ados por capitanías, que además de unidades territoriales dades sociales básicas. Sin embargo, las fronteras no tenían cronistas llamaron tributación, Londoño afirmó que esta ha terpretada erróneamente a través de los…
p. 84
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 129, 1322 fragmentos
[10]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…
p. 129
[26]activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…
p. 132
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 87, 91, 94, 1344 fragmentos
[13]perfecci ó n de las construcciones de los Tairona. Esta falta de inter é s en la conservaci ó n de tierras o en la intensificaci ó n de su uso, podr í a indicar la general abundancia de tierras f é rtiles, ocupadas por una poblaci ó n bastante dispersa. Es claro que el pa í s. de los Muisca ten í a un “ interior ”,…
p. 94
[27]n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…
p. 91
[33]parece que ten í an en cada hoya hidrogr á fica varios centros de redistribuci ó n, en forma de ciudades. Cada ciudad rodeada de sus cultivos, y aun cada grupo de terrazas aisladas, formaba as í un ecosistema artificial. ‘ Al comienzo del siglo xvi gran n ú mero de poblaciones de los Tairona se hab í an aglutinado…
p. 87
[57]la expedici ó n reducida ya a dos Centenares de hombres, vari ó su ruta dirigi é ndose a la cordi llera que se elevaba al oriente. Y, ciertamente, la vanguardia del ej é rcito enviada por Jim é nez para explorar el Op ó n, encontr ó varias chozas habitadas por ind í genas. Un nuevo destacamento enviado posteriormente…
p. 134
11Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 44, 482 fragmentos
[16]1987: 38 y ss.). De otra parte, estos grupos de cultura de selva tropical mantenían complejas y ritualizadas relaciones de comercio con la grupos nómades, cazadores, recolectores, que los proveían de miel, venenos y, sobretodo, semillas de yopo (A n aden an thera), una sustancia alucinógena, consumida a través de…
p. 44
[36]embargo, por la misma época, la colonización antioqueña del Gran Caldas se hizo en gran parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo de las tumbas, fundiendo y atesorando estas piezas; algunos las conservarían formando las primeras…
p. 48
12Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 28, 45, 553 fragmentos
[17]El ma í z serv í a para hacer arepas y “ chi 30 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA cha ”, una bebida fermentada para sus frecuentes fiestas y celebra ciones. Usaban tambi é n el tabaco y la coca. En casi toda la cordillera oriental, sus vecinos de los valles inter medios del r í o Magdalena y de la tierra caliente eran…
p. 28
[62]a ñ os o d é cadas despu é s a un sitio ya visitado, ten í an descripciones de las costumbres de los indios, de sus formas de hacer la guerra, de los alimentos y re cursos existentes. Mientras tanto, los ind í genas eran centenares de comunidades independientes que no pod í an ponerse de acuerdo o coordinar sus…
p. 55
[64]tres conquistadores, cada uno de los cuales alegaba que la tierra de los muiscas estaba dentro de su jurisdicci ó n, se pusieron de acuerdo para viajar a Espa ñ a a alegar sus derechos, y dejaron unos 400 hombres y 150 caballos, as í como 300 marranas pre ñ adas, en Bogot á. 48 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA Para dar…
p. 45
13Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 83, 92, 1083 fragmentos
[18]easily movable, and very porous, and it remains thus until the Indians come across one of the veins, which is made up of a clay-like substance. The Indian miners then follow the vein, and with their wooden tools they remove the emeralds that they discover within it. In this practice, as in so many others, the Indians…
p. 92
[19]Valenzuela departed with several others, and after six days they arrived at the said mines, where he and the other Spaniards with him, watched the Indians extract the emer- alds from below the ground, and they witnessed such strange new things. The mines are located roughly fifteen leagues from the Valley of the…
p. 83
[25]the incredible riches of the land in which we found ourselves, Jiménez and the captains decided to return to 10. The figures cited here vary only slightly from the ones recorded in the expedition’s official logbook. The logbook entry from Monday, August 20, 1537, states that “ 136, 000 pesos of fine gold were found in…
p. 108
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 42, 452 fragmentos
[30]con la de grupos vecinos; su cerámica ha sido comparada con la del complejo La Mesa, del extremo sur de la sierra, y a través de éste con algunos aspectos del segundo hori- zonte pintado guajiro, las tradiciones tardías de la cuenca del lago Maracaibo y el horizonte de urnas cefalomorfas de la cuenca del valle del…
p. 42
[38]lograron máxima habilidad y amplia ex- periencia en la técnica de la fundición por el siste- ma de la cera perdida, de uso universal y de anti- quísimo conocimiento, practicado con diferentes variantes y siempre con suprema maestría. El método de la cera perdida tomaba como base un núcleo de arcilla mezclada con…
p. 45
15Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 64, 692 fragmentos
[31]vaciones sobre el crecimiento de la yuca y a experimentos para lograr un máximo éxito después de cada siembra. Las cadenas de relaciones sobre las cuales hemos venido hablando no son excepcionales. En una publica- ción de 1978, Arocha demostró que la interacción entre 70 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt…
p. 69
[46]Fiídadnfitt Además de ganarle la batalla a las inundaciones anua- les, el manejo hidrológico busca unos mecanismos que permitan la utilización del líquido donde y cuando se nece- site. La primera meta exige la construcción de canales de desagüe y terraplenes que se eleven bien por encima del nivel de las aguas. Para…
p. 64
16Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 44, 502 fragmentos
[32]complejo. Contactos culturales Las investigaciones arqueológicas aún no permiten reconstruir los orígenes de la Cultura Tairona, y sólo se pueden hacer breves sugeren- cias acerca de algunas fases de su desarrollo. La fase protohistórica a histórica la conocemos a través de varios sitios de contacto, es decir, de…
p. 50
[40]vasijas en forma de una persona acurrucada que lleva un recipiente en la espalda, y otras más. La zona del Calima se destaca además por su orfebrería elaborada; se han encontrado grandes máscaras de oro, dia- demas, pectorales, orejeras, collares, narigueras y aun instrumentos musicales y cucharas del mismo metal. A…
p. 44
17Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 60, 97, 144, 2864 fragmentos
[34]de virilidad y fertilidad; figuras femeninas encontradas en cámaras funerarias, que tal vez fueron puestas allí para facilitar la concepción y el renacimiento después de la muerte; montículos en forma de mujeres en los últimos meses del embarazo, todos sembrados con árboles floridos de cuyas ramas colgaban bellísimos…
p. 286
[51]remolinos tan llenos de peces que podían agarrarse con la mano o sacarse metiendo una cesta en el río. Había tantas tortugas en el Magdalena Bajo que viajeros posteriores las califican de obstáculos para la navegación. Un cronista, fray Pedro Simón, cuenta que en un trayecto de trece días por el río, el grupo que lo…
p. 60
[55]docena de mesas en la penumbra, parece escasa, casi una sombra de lo que era antes. Aun así, la gama de criaturas bellas y exóticas, de formas extravagantes y curiosos apéndices, constituye una visión asombrosa para cualquier persona no familiarizada con la pesca tradicional de la región; peces que un extranjero…
p. 97
[56]La Miel, Cimitarra y Opón, Lebrija, Nare, Carare y Sogamoso, además de una serie de pequeños afluentes. Cuando llega a Puerto Berrío, a más o menos doscientos kilómetros en línea recta desde Honda, es más del doble de ancho —casi quinientos cincuenta metros—. Al acercarse a los humedales y la ciénaga de Simití, otros…
p. 144
18Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 50, 532 fragmentos
[35]se ha dicho, un maravilloso ajuar funerario, verdadero tesoro de obras de arte, que durante siglos permaneció oculto como compañía de ultratumba de estos descono- cidos señores quimbayas. La existencia de tantas piezas de oro es un fiel testimonio del suntuoso y refinado sentido de los bienes materiales que tenían los…
p. 50
[59]diferentes usos. Fue tanta la im- portancia de la «guaquería» en el siglo x1 que muy pronto la Corona española, a medida que se iban descubriendo los enterramientos de Sierra Nevada y del Sinú, sumamente ricos en oro, tuvo que re- glamentaria considerándola como un privilegio que correspondia 2 los primeros pobladores…
p. 53
19La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 671 fragmento
[37]sembraban maíz y frijol y comerciaban con estos productos en una intrincada red de caminos, de hasta 10 metros de ancho, que construyeron. Se cree que eran buenos alfareros y no tenían tanto oro. El historiador Orlando Montoya Moreno tiene tres teorías sobre por qué había piezas quimbaya, como el Poporo Quimbaya, por…
p. 67
20La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 511 fragmento
[39]son decepcionantes, y los datos de la antigüedad de esta área son insuficientes. No se han descubierto sitios de poblados grandes, pero se han encontrado algunos cimientos de casas marcadas con anillos de piedra. Los muiscas enterraban sus difuntos en cuevas secas y en tumbas de pozo, algunas de estas últimas…
p. 51
21Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 371 fragmento
[42]riego, lo que indica la presión de una densa población; la existencia de especialistas orfebres —que mezclaban, según Fernández de Enciso, el oro con plata—, la presencia de especialización regional y de un activo comercio sugieren un desarrollo económico notable. El más importante especialista, Gordon, sostiene con…
p. 37
22Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1392 fragmentos
[43]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…
p. 139
[44]sistema inundado. Los ríos, caños, lagunas y marjales se confunden en el ecosistema acuático más com- plejo del país, en donde el hombre se convierte en un ser semiacuático y aprende a convivir con una naturaleza muy especial. Aquí, en el bajo río Cesar, se halla la ciénaga más grande de Colom- bia, Zapatosa, al lado…
p. 139
23Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 61, 65, 693 fragmentos
[45]tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…
p. 61
[47]el ambiente de todo el acontecimiento era alegre y positivo, casi como en los velorios de hoy después de que se van las lloronas. Pues para los zenú-malibúes la muerte no lle- gaba trágicamente como en un limbo frío o en una caldera satá- nica dónde expiar pecados, sino que aparecía como un simple paso en la vida…
p. 65
[48]extraordinario. Mientras se aprestaba a la defensa del Panzenú por ese lado del gran río con apremio de sus colegas malibúes, Guley se vio asediado por el otro, el de las sabanas, cuando don Pedro de Heredia (el fundador de Cartagena) avanzó en 1534 desde Cala- mar! por los montes de María para descubrir el Finzenú.…
p. 69
24Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 271 fragmento
[49]agotado21. El episodio de las sepulturas fue la primera ocasión que se ofreció a los españoles de montarjina.explotació:n_.econó.mica-que.no. estuviera fundada enJa-japiña_de los combates. Se trataba, en escala muy modesta, de un preludio de la futura economía minera. La explotación se desenvolvía en los límites…
p. 27
25Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 621 fragmento
[50]modo de produc- ción comunitario primitivo que distinguió a la mayoría de las tribus americanas que estaban en la etapa de recolección y agri- cultura rudimentaria. Aunque combinaban eficazmente estas formas de producción, los malibúes no habían desarrollado el modo de producción tributario que caracterizó a naciones…
p. 62
26Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 1081 fragmento
[52]en la cuenca del río Magdalena se encuentran gran número de ecosistemas diferentes 291. Entre estos ecosistemas se encuentran las selvas tropicales ubicadas en las pendientes húmedas desde cerca del nivel del mar hasta 1000 metros de altitud. Estas por lo general se ubicaban en las cercanías de las orillas del río.…
p. 108
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 fragmento
[61]se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…
p. 44
28La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 311 fragmento
[65]pozos, carrapas, ansermas, pícaras y paucuras y los enigmá- ticos quimbayas y quindíos. 9 Habiendo carecido por completo del 9. Juan Friede, Los quimbayas bajo la dominación española (Bogotá, 1963), estudio basado en numerosos documentos del Archivo de Indias en Sevilla, España. Ver, igualmente, Ernesto Restrepo…
p. 31