Consolidación de la sociedad de castas y el orden barroco neogranadino (1650–1700)
Entre 1650 y 1700 el Nuevo Reino de Granada fijó su arquitectura social, religiosa y letrada: la jerarquía de castas se estabilizó jurídicamente, los conventos se multiplicaron como ejes de poder urbano, el Tribunal del Santo Oficio de Cartagena alcanzó su régimen maduro y surgió una autoría criolla —pictórica, historiográfica, poética y mística— que funda el archivo cultural del país.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1650–1700
- Dónde
- Tunja, Popayán, Mompox, Quito, Nueva Granada, Santafé de Bogotá, Cartagena de Indias, Lima
- Protagonistas
- Jerónima Nava y Saavedra, Lucas Fernández de Piedrahita, Hernando Domínguez Camargo, Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, Francisca Josefa de Castillo y Guevara, Juan Flórez de Ocáriz, Fernando Fernández de Valenzuela, Tribunal del Santo Oficio de Cartagena de Indias, Órdenes religiosas (dominicos, franciscanos, jesuitas), Élites criollas neogranadinas
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El principio jurídico de limpieza de sangre reservaba los oficios nobles, los colegios mayores, los seminarios y la profesión religiosa a quienes no tuvieran ascendencia indígena, africana o mezclada, estructurando rígidamente el acceso al poder simbólico e intelectual.
- La honra hidalga y el desprecio del trabajo manual dejaban a los criollos limpios de sangre sin encomienda ni hacienda con solo dos salidas dignas: la jurisprudencia y la carrera eclesiástica, canalizando la producción letrada hacia el ámbito religioso.
- El parentesco —más que la riqueza— fue el criterio principal de acceso a las élites urbanas, lo que convirtió a las órdenes religiosas en espacios disputados donde el apellido y el claustro se reforzaban mutuamente generación tras generación.
- La naturaleza portuaria y comercial de Cartagena de Indias, nodo atlántico de la Flota de los Galeones, atrajo marineros y comerciantes del norte de Europa con ideas y prácticas religiosas heterodoxas, justificando la vigilancia inquisitorial sostenida desde 1610.
- La coexistencia en Cartagena de judíos conversos, esclavizados africanos y comerciantes portugueses de origen converso implicados en el tráfico esclavista creó un escenario de diversidad religiosa y cultural que el Tribunal del Santo Oficio buscó controlar.
Consecuencias
- Se consolidó una élite letrada criolla de cuerpo compacto cuya expresión cultural se canalizó hacia lo eclesiástico y lo simbólico, produciendo las primeras obras de autoría neogranadina reconocibles como tales: la mística de la Madre Castillo, la historiografía de Piedrahíta y la pintura de Vásquez de Arce y Ceballos.
- Los conventos femeninos reprodujeron internamente la estratificación de castas —monjas de velo negro, de velo blanco, mestizas con funciones domésticas— y se convirtieron en el único espacio donde mujeres de la élite podían ejercer la escritura, bajo vigilancia espiritual y con la dote como filtro económico.
- La criollización progresiva del clero regular y secular, al cerrarse las órdenes a indígenas, negros y mestizos, concentró el poder simbólico, intelectual y económico de la sociedad neogranadina en manos de las familias principales durante todo el período colonial tardío.
- El Tribunal del Santo Oficio de Cartagena operó como aduana espiritual del comercio atlántico, procesando a ochenta y dos personas por protestantismo y vigilando judaísmo críptico y prácticas afrodescendientes; en la década de 1690 la Corona ordenó que dejara de procesar a personas de ascendencia africana ante el riesgo de incentivar el cimarronaje.
- La desproporción entre el archivo escrito de las mujeres notables y el silencio sobre las demás clases sociales quedó inscrita estructuralmente en la cultura colonial, condicionando hasta hoy la historiografía colombiana, que ha estudiado principalmente a figuras de élite como la Madre Castillo en detrimento de otros grupos.
La clave interpretativa
Por qué importa
Este medio siglo fijó los moldes institucionales, simbólicos y jurídicos que la Colombia colonial heredaría hasta las reformas borbónicas: la limpieza de sangre como llave del poder, el convento como fábrica de cultura y jerarquía, y la Inquisición como aduana ideológica de un reino atlántico. En ese orden de exclusión precisa surgieron, paradójicamente, las primeras voces criollas —la Madre Castillo entre ellas— que hoy fundan el archivo literario y artístico del país, lo que convierte al período en el momento fundacional de la tensión entre exclusión estructural y creación cultural que atraviesa la historia colombiana.
Desarrollo histórico
La historia completa
Consolidación de la sociedad de castas y el orden barroco neogranadino (1650-1700)
Entre 1650 y 1700, el Nuevo Reino de Granada terminó de fijar la arquitectura social, religiosa y letrada que definiría a la Colombia colonial hasta las reformas borbónicas. En esas cinco décadas se estabilizó jurídicamente la jerarquía de castas, se multiplicaron los conventos femeninos y masculinos como ejes de poder urbano, el Tribunal del Santo Oficio instalado en Cartagena desde 1610 alcanzó su régimen de vigilancia maduro, y en Tunja, Santafé y Popayán aparecieron las primeras obras de una autoría criolla —pictórica, historiográfica, poética y mística— que ya no puede leerse como mero eco de Sevilla, México o Lima. No fue un florecimiento equiparable al de los grandes centros virreinales: la Nueva Granada carecía todavía de imprenta, sus haciendas religiosas eran una fracción de las peruanas y su producción artística respondía a una austeridad estructural. Pero fue en esa estrechez donde se articuló un orden singular, barroco por sus formas y por sus contradicciones, capaz de excluir con precisión y de generar, en los intersticios de esa exclusión, las voces que hoy fundan el archivo cultural del país.
La arquitectura de la exclusión: castas, honra y limpieza de sangre
La sociedad neogranadina de la segunda mitad del siglo XVII se organizaba sobre un principio jurídico y social que operaba como llave maestra: la limpieza de sangre. Acceder a un colegio mayor, a un seminario, a la universidad o a la profesión religiosa exigía demostrar que ni el aspirante ni sus padres habían ejercido oficios bajos y que no había, en la genealogía, "sangre de la tierra" —es decir, ascendencia indígena, africana o mezclada. Este requisito, formalizado en informaciones y probanzas, delimitaba con exactitud quiénes podían aspirar a los llamados oficios nobles y quiénes quedaban confinados a los oficios plebeyos o manuales.
La jerarquía resultante situaba a los españoles peninsulares en la cima, a los criollos en una posición subordinada pero legítima, y desplazaba a indios, negros esclavos, mestizos, mulatos y zambos a los escalones inferiores. La condición legal no siempre coincidía con la posición social: los aborígenes eran, formalmente, vasallos libres del rey con derechos reconocidos y con la obligación de vivir en pueblos de indios regulados por normas específicas; en la práctica, ocupaban un lugar tan desventajoso como el de los esclavizados. Los mestizos y mulatos, grupos intermedios en expansión demográfica, carecían de un sitio claramente definido en el ordenamiento, y esa indefinición fue precisamente uno de los rasgos que el orden barroco tuvo que administrar mediante clasificaciones cada vez más finas.
El racismo colonial no se presentaba como consecuencia de la dominación sino como su justificación previa: se atribuían rasgos inherentes a cada grupo —a los indios se los tachaba de engañosos y perezosos, a los negros y castas de inferiores por naturaleza— y así se naturalizaba la jerarquía. La honra hidalga, con su desprecio explícito del trabajo manual, cerraba el círculo: para quien podía acreditar limpieza de sangre pero carecía de encomienda o hacienda, las únicas profesiones dignas eran la jurisprudencia y la carrera eclesiástica. Este embudo ocupacional tuvo una consecuencia decisiva para la historia cultural del período: buena parte de la producción letrada, artística y devocional del siglo XVII neogranadino salió de hombres y mujeres empujados a la Iglesia porque el orden social les negaba cualquier otra salida honorable.
Parentesco antes que fortuna
En las ciudades del interior —Santafé, Tunja, Popayán— la élite se definía menos por la riqueza acumulada que por la red familiar. El parentesco fue el principal criterio de acceso a los círculos de poder urbano, y las redes de linaje, matrimonio y compadrazgo constituyeron el mecanismo por el cual los grupos regionales más exitosos consolidaron su posición durante los siglos XVII y XVIII. La fortuna, en un reino sin la abundancia argentífera de Potosí ni la densidad indígena tributaria del centro de México, nunca fue el elemento decisivo: importaba más el apellido, la probanza y la vinculación con los cabildos, las órdenes religiosas y las magistraturas.
Ese predominio del linaje sobre el capital produjo una élite letrada de cuerpo compacto pero de recursos limitados, cuya expresión cultural se canalizó hacia lo eclesiástico y lo simbólico antes que hacia el mecenazgo suntuario. Explica también por qué las órdenes religiosas fueron, en la Nueva Granada, un espacio tan disputado: ingresar a los dominicos, franciscanos o jesuitas equivalía a asegurar a un hijo o una hija un estatus vitalicio, una formación académica y un lugar en la red simbólica de la ciudad. El apellido abría la puerta del claustro y el claustro devolvía al apellido, multiplicado, el prestigio con que había sido investido: un circuito cerrado que sostenía, generación tras generación, la posición de las familias principales.
El cierre de las órdenes
A partir del siglo XVII, y con particular firmeza en su segunda mitad, las leyes de segregación por origen familiar impidieron el acceso a la profesión religiosa a indígenas, negros y mestizos. La consecuencia fue una progresiva criollización del clero regular y secular: los conventos se llenaron de hijos de las familias principales, llevados a los claustros desde temprana edad para recibir allí toda su formación. Las órdenes religiosas se convirtieron así en el eje del poder simbólico, intelectual y económico de la sociedad colonial neogranadina; no se puede entender esa sociedad —ni su cultura, ni su política local— sin colocarlas en el centro.
Dominicos, franciscanos y jesuitas fueron protagonistas de la vida religiosa del Nuevo Reino, y sus conventos e iglesias, estrechamente vinculados a las élites locales, funcionaron como núcleos económicos de considerable peso. Poseían capitales en efectivo que prestaban mediante censos —una figura similar a la hipoteca— a una tasa cercana al cinco por ciento anual, y con esos rendimientos sostenían la manutención de frailes y monjas. Las capellanías, mediante las cuales un fiel donaba bienes o dinero a cambio de la celebración perpetua de misas en su nombre, encadenaban a las familias con los conventos por generaciones, en un régimen donde lo material y lo espiritual se sostenían mutuamente y donde una deuda temporal podía redimirse en clave escatológica.
Los jesuitas, en particular, articularon un patrimonio distribuido en haciendas ganaderas y agrícolas cuyas utilidades financiaban los colegios de la orden. Sus fortunas eran notables en el Nuevo Reino, aunque más modestas que las de Perú o México: mientras allí algunas haciendas jesuitas alcanzaban entre quinientos mil y setecientos mil pesos, en la Nueva Granada el techo estaba en unos cien mil. La escala misma revela el estatus del reino: importante, pero no de primera fila.
Tunja ofrece el ejemplo más nítido del peso conventual sobre la vida urbana. La ciudad se sostenía en gran medida por los numerosos conventos levantados en ella, enriquecidos por donaciones llegadas de todas partes, monopolios y sueldos del régimen colonial. En sus claustros —el más notable de los cuales, el de Santo Domingo, perdura junto con el conjunto conventual de Cartagena como testimonio arquitectónico— se concentraba una parte sustancial del capital simbólico y económico de la región. Otros grandes conjuntos, como los de San Francisco de Tunja y Bogotá, fueron demolidos, y su pérdida marca hasta qué punto la ciudad conventual del siglo XVII se ha desdibujado en el paisaje contemporáneo. Recorrer hoy Tunja es leer el negativo de aquella trama: casonas, plazas y templos sueltos que en el XVII formaban un tejido continuo de campanas, huertos, novicios y mercedarias.
Los conventos femeninos: jerarquía tras el velo
El fenómeno conventual femenino en el actual territorio colombiano se había iniciado en el último tercio del siglo XVI, con las primeras fundaciones desde 1574 en Tunja, Pamplona, Pasto, Popayán y Santafé. Hacia la segunda mitad del siglo XVII, estos claustros habían madurado como instituciones que articulaban tres dimensiones inseparables: el control y la jerarquía social, la religiosidad y la economía colonial.
Dentro de cada convento se reproducía, con precisión reveladora, la estratificación de castas de la ciudad. Las monjas de velo negro, o de coro, procedían de altas categorías sociales, aportaban dotes sustanciales y gobernaban la comunidad; las de velo blanco, o legas, disponían de menos recursos y su condición étnica limitaba su acceso a las posiciones de mando; las mestizas cumplían funciones domésticas con participación litúrgica restringida. En Santafé, desde mediados del siglo XVII hasta finales del XVIII, la dote para una monja de velo negro oscilaba habitualmente entre mil y dos mil pesos en todos los conventos, cifra que operaba como filtro económico y social.
La vida cotidiana dentro de los claustros no era la de una república ideal de la virtud. La presencia constante de criadas, esclavas y seglares que acompañaban a las monjas de origen distinguido generaba un desorden que obligaba a las autoridades eclesiásticas a reforzar el rigor de las reglas establecidas en concilios y sínodos. Tener una hija en el convento era, para las familias notables, una forma prestigiosa de "dar estado" a las herederas —una alternativa honorable al matrimonio— y el establecimiento mismo de nuevos claustros respondía en parte a los intereses de grupos acaudalados que buscaban asegurar ese destino a las suyas.
En este ecosistema, la cultura visual conventual desarrolló signos propios que circulaban entre los virreinatos: los retratos de monjas muertas, exhibidas como imágenes de devoción y ejemplos de "victoria por un tránsito gozoso a la gloria eterna", constituían una práctica pictórica común de Puebla a Arequipa, y los conventos neogranadinos participaron plenamente de esa iconografía. La monja coronada, con guirnaldas y palma, era menos un retrato individual que un emblema del orden que la había producido y ahora la despedía.
Francisca Josefa del Castillo: la voz vigilada
Fue en el convento de Santa Clara de Tunja donde surgió la voz literaria más singular del período. Francisca Josefa de Castillo y Guevara (1672-1741), oriunda de Tunja, escribió allí una obra mística que la crítica no ha dudado en situar en la tradición mayor de la lengua española, junto a San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila. Su vida y los Afectos espirituales —los dos títulos por los que se la conoce— ofrecen un contrapunto revelador al modelo teresiano.
Si el misticismo de la de Ávila es apacible, custodiado por el Señor y sus ángeles, el de la Madre Castillo está atravesado de destellos infernales y tentaciones que la asaltan como a San Antonio en el desierto. Sus páginas describen, con una precisión que hoy inquieta, prácticas de mortificación corporal: cadenas de hierro, cilicios, ortigas, golpes infligidos por manos de sirvientes. Ese cuerpo violentado, escrito con exactitud clínica, es la contracara física de una escritura interior de altísima intensidad, y en la tensión entre uno y otra se juega la fuerza literaria de su obra.
Una mujer de la élite tunjana del siglo XVII no disponía, fuera del convento, de espacio legítimo para la palabra: dentro, la escritura devocional bajo dirección espiritual era el único cauce autorizado. El velo negro fue, a la vez, condición de posibilidad y forma de vigilancia; la obra existe porque el orden barroco le proporcionó un lugar y una gramática, y porque ella supo llenar ambos hasta forzar sus límites. Sor Jerónima Nava y Saavedra, contemporánea santafereña, escribió también bajo un régimen semejante, y su caso confirma que la Madre Castillo no fue una anomalía sino la cima de una práctica más amplia de autoría femenina conventual.
De las mujeres de otros grupos sociales apenas queda rastro escrito: la desproporción entre el archivo de las notables y el silencio sobre las demás es, en sí misma, un efecto del orden que aquí se describe. La palabra pasaba por el velo negro o no pasaba.
La Inquisición de Cartagena: puerto, herejía y brujería
El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición había sido establecido en Cartagena de Indias en 1610, y hacia la segunda mitad del siglo XVII operaba con plenas atribuciones. Sus edictos abarcaban siete capítulos: judaizantes, mahometanos, luteranos, alumbrados, otras herejías —blasfemias, brujerías, satanismo—, delitos sexuales y tenencia o lectura de libros prohibidos. Cada uno de estos frentes iluminaba una dimensión distinta de la sociedad que vigilaba.
El más nutrido, contra lo que a veces se supone, fue el de los reformistas: el tribunal procesó a ochenta y dos personas por protestantismo, luteranismo, calvinismo y adhesión al hugonotismo. Los luteranos fueron perseguidos con particular insistencia, y la razón se encuentra en la geografía misma de Cartagena. Como puerto atlántico principal del Nuevo Reino y punto de salida de la Flota de los Galeones, la ciudad recibía marineros, comerciantes y viajeros del norte de Europa que llegaban con libros, ideas y hábitos religiosos incompatibles con la ortodoxia católica. La Inquisición cartagenera fue, ante todo, una aduana espiritual del comercio atlántico.
La ciudad albergaba también, en el barrio de San Diego —los Jagüeyes—, una convivencia densa entre judíos conversos y esclavizados africanos, y era escenario visible de la presencia de comerciantes portugueses de origen converso implicados en el tráfico esclavista. Esa mezcla explica que el tribunal desplegara una vigilancia sostenida sobre el judaísmo críptico, sobre las prácticas mágico-religiosas de las mujeres afrodescendientes y sobre los libros que entraban por el puerto.
Fue en el capítulo de brujería y hechicería donde la Inquisición cartagenera dejó su huella más ambigua. Conjuros, rituales, pócimas y magias para fines amatorios acercaron en la práctica a hechiceras blancas, negras y mulatas, y las mujeres blancas y mestizas de las élites acudían a ellas para resolver males de amor e invertir, aunque fuese momentáneamente, el orden social de subordinación, castidad y monogamia. La mujer blanca cartagenera del siglo XVII carecía de voz en el marco familiar, donde la autoridad del padre y los hermanos era total; en ese vacío, la magia ofrecida por hechiceras de las castas inferiores funcionó como una economía paralela de la agencia femenina, y produjo alianzas fugaces pero significativas entre mujeres separadas por la ley y la piel.
El tribunal leyó estas prácticas con el marco normativo colonial y calificó como brujería lo que en muchos casos eran gramáticas rituales africanas trasplantadas y reinterpretadas. Las reacciones de las acusadas fueron diversas: algunas aprovecharon las acusaciones para sostener una imagen temible —la de la mujer negra como bruja y asesina de niños en rituales— que operaba como forma de terror contra los blancos y de resistencia oblicua; otras se sometieron voluntariamente, apelando al perdón. El archivo inquisitorial, con toda su violencia, guarda por eso una paradoja: es la única fuente sistemática para reconstruir la vida ritual de esas mujeres, y las conserva con el detalle propio de quien quería aniquilarlas.
Hacia el final del siglo, entre las décadas de 1680 y 1690, ocurrió un giro decisivo: la Corona ordenó al tribunal cartagenero abstenerse de procesar a personas de ascendencia africana por todos los delitos, ante el riesgo de que la persecución inquisitorial incentivara el cimarronaje. La decisión —tan pragmática como reveladora— muestra que la amenaza de la fuga y la resistencia armada podía forzar límites a un aparato de vigilancia que en teoría era irrestricto. Los subalternos, aun en la clandestinidad, movían las piezas de la maquinaria.
Un arte de la austeridad
La producción artística del Nuevo Reino en la segunda mitad del siglo XVII se desarrolló en condiciones que la separaron nítidamente de los grandes centros virreinales. La atonía, la falta de riquezas y la austeridad del contexto social produjeron una expresión más contenida y moderada que la de México, Perú o Quito, hasta el punto de que algunos autores han cuestionado la plena aplicabilidad del término barroco a esta producción. Fue un barroco de escasez, o quizá —y esta es la lectura más productiva— un barroco cuya forma se acomodó a los medios disponibles sin renunciar a la ambición simbólica.
La escuela tunjana de pintura, cuyo fundador fue Alfonso de Narváez (1500-1583), avecindado en Tunja, había establecido en el siglo anterior el modelo devocional local. Su obra mayor, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, encargada por el dominico fray Andrés de Jadraque y el español Antonio de Santana, se convirtió en imagen matriz de una tradición pictórica regional. Sobre esa base trabajaron los pintores de la segunda mitad del siglo, entre quienes Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos ocupó el lugar central: su iconografía se orientó a la devoción universal, componiendo una gramática visual que trascendía la especificidad criolla para inscribirse en el repertorio católico transatlántico.
La zona sur del reino —los actuales departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca— recibió una influencia distinta: la de Quito, foco artístico incorporado al Virreinato de la Nueva Granada, marcado por una fuerte presencia del rococó en pintura y decoración arquitectónica. Popayán, en particular, se articuló culturalmente con el eje quiteño, mientras Santafé y Tunja miraban más hacia Sevilla y hacia los modelos peninsulares filtrados por el clero. La producción artística americana en su conjunto, con estos cruces, generó procesos que la historiografía ha intentado nombrar con términos como sincretismo, eclecticismo, arte mestizo o arte indocristiano, todos ellos maneras imperfectas de designar el encuentro entre tradiciones que el arte colonial no cesó de gestionar.
Letras sin imprenta
El punto más revelador de la posición neogranadina en el sistema cultural atlántico es, quizá, la ausencia. La Nueva Granada no contó con imprenta estable durante el siglo XVII, y su producción intelectual local enfrentó limitaciones estructurales en la difusión frente a México y Lima, centros con desarrollo editorial e institucional propio. Este dato modifica cualquier lectura del período: las obras escritas en Santafé, Tunja o Cartagena entre 1650 y 1700 circularon, cuando circularon, en manuscrito, o esperaron décadas —a veces siglos— para acceder a la letra impresa.
Y sin embargo, la escritura no cesó. Juan Flórez de Ocáriz compuso hacia mediados del siglo sus Genealogías del Nuevo Reino de Granada, monumento de la memoria criolla de las familias principales. Lucas Fernández de Piedrahíta escribió una Historia general de las conquistas del Nuevo Reyno de Granada que consolidó la narrativa fundacional del reino. Hernando Domínguez Camargo produjo una poesía barroca de altísima densidad gongorina, entre la que sobresale su Poema heroico de San Ignacio de Loyola. Fernando Fernández de Valenzuela contribuyó, desde otra vertiente, a la formación del canon letrado local. Estas obras encuentran un precedente temprano en la Cartagena de comienzos de siglo: en 1616, el médico Juan Méndez Nieto —personaje de origen judío y vida aventurera, que ejercía la medicina con credenciales dudosas, posiblemente protegido por su comunidad— había compuesto lo que se considera el primer libro escrito en tierras colombianas, y su caso ilumina desde antes de 1650 el clima intelectual del puerto que las generaciones posteriores heredarían.
Las bibliotecas privadas complementan el cuadro. En Santafé destacó la del canónigo Fernando de Castro y Vargas, cuya colección ha sido objeto de estudio especializado y ejemplifica la existencia de un consumo letrado de nivel considerable entre el alto clero, en un reino sin imprenta pero no sin libros. Rodríguez Freyle, cuyo Carnero pertenece al horizonte inmediato del período, revela en cada página un bagaje que incluye a los clásicos, la mitología greco-romana y la literatura española del Siglo de Oro. Las ideas llegaban; lo que faltaba era el mecanismo local para reproducirlas.
Esa carencia tuvo un correlato ideológico. España se había cerrado al pensamiento moderno europeo, y ese cierre condicionó estructuralmente la apertura de sus colonias americanas: lo que no entraba en la metrópoli difícilmente entraba en Santafé o Tunja. Cartagena, en cambio, por su condición portuaria, funcionaba como grieta —controlada por la Inquisición pero grieta al fin— por donde se filtraban libros, marineros con Biblia protestante y noticias del norte. Mompox operaba como nodo intermedio entre la costa y el interior, punto de tránsito de mercancías en la ruta hacia Santafé y Tunja, y con las mercancías viajaban también las palabras.
El monopolio de la letra
Este contexto explica por qué el monopolio de la alfabetización y de las funciones administrativas se convirtió, junto con la religión y la diferenciación cultural continua, en uno de los mecanismos centrales de dominación durante los siglos XVI y XVII en la Nueva Granada. A medida que los medios militares de conquista fueron reemplazados por instrumentos de control simbólico, saber leer y escribir en castellano —y hacerlo con las convenciones de la letra oficial— se volvió una forma de poder tan efectiva como el arcabuz.
En la vida pública colonial de la segunda mitad del siglo XVII pueden distinguirse tres actores principales: los españoles peninsulares en posición de mando; los españoles criollos en posición subordinada de supervivencia, luchando por su lugar en las instituciones que ellos mismos poblaban; y un clero que se extendía vertiginosamente como actor dominante de la vida cultural. Estos tres grupos, todos ellos "limpios de sangre", monopolizaban el acceso a la letra y a la administración, y sobre esa base construyeron una sociedad que se autorrepresentaba como cristiandad completa mientras dependía cotidianamente del trabajo indígena, africano y de castas al que negaba dignidad y reconocimiento. La firma al pie de un documento, la caligrafía cancilleresca, el uso preciso de las fórmulas jurídicas: cada uno de esos gestos separaba a quien mandaba de quien obedecía tanto como el color de la piel o el linaje del apellido.
El barroco como forma de mundo
Visto en conjunto, el período 1650-1700 en el Nuevo Reino de Granada muestra un ordenamiento que solo puede llamarse barroco si se entiende el término en su sentido más denso: no como estilo decorativo sino como forma de mundo. Una forma que resolvía tensiones mediante la superposición y no mediante la síntesis, que administraba jerarquías rígidas mediante clasificaciones proliferantes, y que hacía compatible la vigilancia estricta con la producción de voces singulares en su seno.
La limpieza de sangre cerraba el acceso, pero al mismo tiempo empujaba a los criollos sin encomienda hacia el clero y la escritura. La segregación conventual reproducía la sociedad de castas dentro del claustro, pero permitía a mujeres como la Madre Castillo escribir una obra mística que hoy pertenece al canon. La Inquisición de Cartagena vigilaba, censuraba y procesaba, pero su archivo mismo se ha vuelto la fuente principal para reconstruir la vida de las mujeres afrodescendientes cuyas prácticas rituales el tribunal quiso eliminar. Las órdenes religiosas, cerradas a indígenas y mestizos, se convirtieron en el motor económico y simbólico de ciudades enteras como Tunja. Y la ausencia de imprenta local no impidió que se escribiera: la retrasó, la volvió manuscrita, la hizo circular por otras vías, pero no la canceló.
Sostener que el Nuevo Reino fue un laboratorio equiparable a los grandes centros virreinales sería falsear la escala: sus haciendas eran menores, su producción artística más austera, sus instituciones editoriales inexistentes. Pero decir que fue periferia inerte omitiría lo esencial. En la estrechez misma se produjo una autoría criolla singular —la de Vásquez de Arce, la de Domínguez Camargo, la de Flórez de Ocáriz, la de la Madre Castillo—, densa precisamente por lo angosto del canal que la hizo posible. El orden barroco neogranadino operó como embudo: concentró la vida letrada en manos criollas y eclesiásticas, la vigiló de cerca, y en ese proceso produjo una expresión cultural cuyo peso simbólico excede con creces la modestia material del reino que la vio nacer.
Cuando la imprenta llegó finalmente a Santafé —tardíamente, muy avanzado el siglo XVIII—, encontró un reino que había pasado un siglo y medio produciendo escritura sin ella, y una sociedad de castas cuyas categorías las reformas borbónicas comenzarían a tensar sin lograr desmontarlas. La Independencia heredaría este mundo entero y no supo, o no quiso, deshacer sus nudos principales. La pregunta por la ciudadanía siguió tropezando con la pregunta por el linaje, porque la república adoptó el vocabulario liberal sin desmontar las probanzas mentales que lo antecedían. El saber letrado continuó siendo instrumento de mando en manos de un estrato estrecho, heredero directo del monopolio criollo-eclesiástico del XVII. La Iglesia no cedió su lugar en la vida pública sino que lo renegoció, una y otra vez, contra los gobiernos sucesivos. Y la tensión entre el litoral atlántico —permeable, mestizo, atravesado por las rutas del comercio y de la herejía— y el interior andino —conventual, letrado, replegado sobre sí— siguió organizando la geografía política del país con la misma lógica con que había organizado la del reino. El siglo XVII neogranadino no fue, en ese sentido, un pasado que se dejó atrás: fue el suelo sobre el que la nación siguió caminando.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 233, 2542 citas
[1]son el concepto de la honra y el hidalguismo -con su consiguiente desprecio del trabajo manual- en la que rige una división en castas y una rigurosa distinción entre "oficios nobles", que están a disposición solamente de los "limpios de sangre", es decir, de aquellos sin "sangre de la tierra", y "oficios plebeyos", o…p. 254
[39]marcan aproximada- mente los años 1740 y 1820 y se localiza sobre todo en la capital del Virreinato, Santa Fe de Bogotá. Este gusto, más europeo que propiamente español, se manifestó sobre todo en el mobiliario y en la decoración o en aspectos accesorios y ornamentales de las pinturas y esculturas, pues seguía la…p. 233
02Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1, 6, 163 citas
[2]beneficios que otorgaban, especialmente en cuanto a poder simbólico e intelectual y bienestar económico. 16 Esto fue facilitado también por las leyes de segregación por origen familiar que impedían el acceso a la profesión religiosa —especialmente a partir del siglo — a indígenas, negros y mestizos. Eran los XVII…p. 6
[32]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…p. 1
[36]o convento escogido nombraba a un “capellán” (de ahí el nombre) que se encargaba de hacer las celebraciones. Asunción Lavrin, “Cofradías novohispanas: economías material y espiritual”, en Cofradías, capellanías y obras, ed. María del Pilar Martínez (Ciudad de México: UNAM, Instituto de pías en la América colonial…p. 16
03Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 651 cita
[3]forzado de la población indígena, la mano de obra esclavizada —importada de África— se convirtió en fuerza de trabajo cada vez más numerosa, conviviendo con formas de trabajo asalariado 20. La combinación de ingresos procedentes de pro - piedades urbanas, propiedades agrarias, minas, obrajes, la incursión en…p. 65
04The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 431 cita
[4]forms of cultural control, varying in their relative importance over time, helped to support, first, the power of the Spanish population in general and, second, that of a small group within that population. Military and related means of cultural dominion exercised by the upper class gave way during the sixteenth and…p. 43
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 411, 4962 citas
[5]publicaci ó n (1605) 22; en M é xico y en Lima se representaban las mismas come dias que pod í an verse en las principales ciudades espa ñ olas; en los colegios y universidades se ense ñ aba casi lo mismo que en la me tr ó poli. Sin embargo, no hay que olvidar que mal pod í a abrir las colonias al pensamiento moderno…p. 496
[34]por lo general de los m á s antiguos, ini ciados antes de 1600, como son el de San Francisco de Tunja, demo lido por un emprendedor gobernador de Boy ac á (?) o el de San Francisco de Bogot á, tambi é n destruido para levantar el edificio de la gobernaci ó n, por lo que sus iglesias quedaron s ó lo como testi monios…p. 411
06Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 32, 682 citas
[6]el caso de los mobiliarios ricos y la extrema aus- teridad en los mobiliarios comunes, y, centrando este es- cenario, la paraliteratura inocente y áspera de la crónica, 33 Híndicíe eríscde tsa ecds óiaioríeui ajustan perfectamente con una existencia colonial neo- granadina sin gloria, moderada por la falta de…p. 32
[38]median- te la inteligente inserción de pequeñas zonas cromática- mente fuertes, que esa aparente fragilidad es aristocracia y no abulia, distinción y no debilitamiento. Ni el dise- ño ni el color dan un paso en falso; por eso la definición de los personajes es tan enérgica como deseaba hacerse aparecer ante los…p. 68
07Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Salcedo Martínez · 2022 · p. 1, 72 citas
[7]74 VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, SIGLOS XVII Y XVIII Diana Paola Hernández Fernández Introducción El estudio de la vida religiosa femenina en Colombia se ha desarrollado desde múltiples perspectivas que buscan dar cuenta del papel de la mujer en la Colonia y la manera como la Iglesia católica…p. 1
[9]en los grandes gastos de las celebraciones religiosas, la salida y entrada de algunas de las mujeres, especialmente esclavas y seglares, que habitaban los claustros, habían creado una sensación de desorden que obligaba de nuevo a poner en extremo rigor las reglas establecidas en concilios y sínodos para lograr su buen…p. 7
08Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 499, 506, 5173 citas
[8]siglo xvii y tres al pe- riodo final del virreinato. El cuadro siguiente suministra en orden cronológico las fechas de fundación de las insti- tuciones con el objeto de facilitar una mayor comprensión de lo que fue el fenómeno global de la clausura femenina. Tipo de ciudad y fundación Fundación del primer convento…p. 499
[11]la vida religiosa primaron, en la mayoría de los casos, en las fundaciones de los mo- nasterios femeninos. En el siglo xvi, y sobre todo en el xviii, la importancia de una ciudad, ya fuese de naturaleza administrativa, agrícola, minera o de frontera, traía nece- sariamente de la mano el establecimiento de un grupo de…p. 506
[12]diretes entre el claustro y las gentes del siglo. La misma visita practicada por el arzobispo Sanz Lozano pretendía corregir: «Que las criadas que asis- ten a las religiosas no salgan continuamente de la clausura, y nunca a pernoctar fuera de ella» 309. Para la sensibilidad quebradiza y anhelante de paz interior de la…p. 517
09Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 399, 623, 6353 citas
[10]conventual. Estos lienzos, como representaciones de “la victoria por un tránsito gozoso a la gloria eterna”⁴, permanecían en la clausura del monasterio como ejemplos e imágenes de devoción para las demás religiosas. El alcance de estas pinturas no era exclusivo a un solo cenobio, ni parece afectarse por las múltiples…p. 623
[18]la religiosa no se descomponía, ni despedía hedores sino aromas florales, eran conocidos en los claustros como signos milagrosos que indicaban su muerte en “olor de santidad”. Encontramos noticias al respecto en la amplia geografía conventual hispanoamericana. Sabemos, por ejemplo, del cuerpo incorrupto de la hermana…p. 635
[41]usado los historiadores para intentar describir el resultado de estos fenómenos: sincretismo artístico, eclecticismo, arte mestizo o arte indocristiano son algunos de ellos⁴. Independientemente del afán reduccionista de estos intentos, lo cierto es que revelan unos procesos complejos y que habría que evaluar teniendo…p. 399
10¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 21, 702 citas
[13]un niño y una niña. El hecho de que las familias numerosas escogían algún niño o niña para que fueran curas o monjas fue muy recurrente en los pueblos de Santander y duró más de 300 años. En Antioquia la proporción era un poco menor pero muy parecida. En el Cauca y en el Valle del Cauca, en el Viejo Caldas, en la…p. 70
[27]y de supervivencia en tierras nuevas, las cuales estaban plagadas de enfermedades, incertidumbres y dificultades. La limpieza de sangre fue, por tanto, uno de los aspectos decisivos de la trasformación de la península ibérica y de la migración definitiva de casi todos los indianos a América, pues no solo los obligaba…p. 21
11Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 47, 502 citas
[14]muy difícil de alcanzar. Iba más allá de la teología y se confundía con la poesía en la medida en que estaba lleno de visiones o delirios divinos. El misticismo, dijo Menéndez Pelayo, “llevó la elocuencia castellana al grado más alto a que pueda llegar lengua humana, convirtiendo la nuestra en la lengua más propia…p. 47
[16]que 32 Véase de Rocío Vélez de Piedrahita, “La Madre Castillo”, en Manual de literatura co- lombiana. Procultura-Planeta, Bogotá, 1988, tomo I, pp. 101-141. 33 Madre Francisca Josefa de la Concepción de Castillo, Su vid a, ed. de Ángela Inés Ro- bledo, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2007, p. 131. 34 Ibíd., p. 139. 35…p. 50
12Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 73, 1562 citas
[15]humanization", Afro-Hispanic Review, vol. i, N° 1, (Washington, enero de 1982), Afro-Hispanic Institute. [76] Las m u j e r e s y el c r i m e n en la é p o c a colonial El caso de la ciudad de Antioquia BEATRIZ A. PATINO MILLÁN Universidad de Antioquia La historiografía colombiana ha investigado muy poco el papel de…p. 73
[23]detentan el poder y, por consiguiente, tienen los pocos puestos públi- cos que la ciudad requiere; además, ejercen el comercio. Del otro lado se encuentran los negros, llegados como es- clavos y poseedores de fuerza de trabajo, y en menor esca- la, los indios. La Cartagena del siglo xvii es una pequeña ciudad con una…p. 156
13The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 125, 2582 citas
[17]God distances himself, so close is it to us in this most vile flesh, which is no more than a sack of decay. That highest gift of chastity and purity, which makes of the soul the spouse of the Most High God, descends from above, from the Father of Light. I tore open my flesh with iron chains: I had myself My Soul,…p. 125
[31]used courts to their advantage across Spanish America and Brazil. Colombia was no excep- tion, meaning that legal strategies for fighting inequality precede the 1991 Constitution by centuries. One key to understanding hierarchies of race and class in Colombia is grasping their flexibility. In the distant past as well…p. 258
14Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 1771 cita
[19]simbólicos y materiales. Los conjuros, rituales, pócimas y magias para fines amatorios acercaron a hechiceras blancas, negras y mulatas, a quienes las mujeres blancas y mesti- zas de las elites acudían para resolver sus males de amor e invertir el orden social de subordinación, castidad y monogamia. Esta trasgresión…p. 177
15Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · p. 1, 6, 103 citas
[20]89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…p. 1
[21]a un judaizante; el segundo, de aquellas que podrían delatar a un mahometano; el tercero se refería a los luteranos; el cuarto, a los alumbrados, secta mística desarrollada en España en el siglo; el quinto, a otras herejías, como blasfemias, brujerías y XVI satanismo; el sexto, a delitos sexuales, como la prostitución…p. 6
[25]de los inquisidores. 17 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 99 EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:23:33 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…p. 10
16La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 19, 312 citas
[22]los judíos y a los negros por lo que calificó de prácticas diabólicas para referirse a sus religiones. En San Diego, conocido para aquel entonces como el barrio de los Jagüeyes, es decir de los cangrejos, situado en la parte alta de la ciudad, cohabitaron en extraña cercanía judíos conversos –por lo que hemos visto no…p. 31
[42]de los primeros de propiedad de la Corona española. Por su puerto salía rumbo a La Habana, Cuba, y de allí a España, la gran Flota de los Galeones, cargada de fantásticas toneladas de oro y plata. Se ha escrito bastante sobre esta caravana de imponentes barcos que surcó el mar Caribe a lo largo de dos siglos,…p. 19
17Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 1581 cita
[24]case, Colin A. Palmer states that: “The pattern is familiar: blasphemy usually under duress, denunciation, trial and punishment.” 15 Historians of early colonial Cartagena de Indias have made a similar argument. 16 Kirsten Block concludes that the tribu - nal rarely prosecuted blasphemy cases by the 1680s and 1690s.…p. 158
18Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 341 cita
[26]caracterizaciones, que se volvieron rutinarias, sobre los rasgos de cada grupo, y que se atribuían presuntamente a todos sus miembros: por ejemplo, el indio era visto como engañoso, falso, perezoso, estúpido, etc. También los negros, o las mezclas que incluyen estos grupos inferiores, como los mestizos y los mulatos,…p. 34
19Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1962 citas
[28]las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…p. 196
[29]las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…p. 196
20Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 711 cita
[30]los nobles, eran considerados vecinos y ten í an derechos similares a ellos, al menos frente a la ley: declaraban en juicio, pod í an ocupar cargos p ú blicos, ir a los colegios u ordenarse como sacerdotes. En esta sociedad, los indios, considerados vasallos libres del rey, estaban sometidos a una tutela minuciosa:…p. 71
21Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 3311 cita
[33]bit of Achilles, seemed to be combined in every Greek— they were born to be seamen, that is, initially, pirates. Thucydides mentions this profession by name, and expressly adds «that no stigma attached to the business»… Emil Ludwig 333 § La isla de Cromwell, el Protector, y Morgan, el Pirata Mientras los puritanos…p. 331
22Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 3751 cita
[35]se avecindaron en Tunja, labrando casas cos - tosas, cuyas portadas sembraron de escudos de armas «para eternizar su fama en la posteridad», según cándidamente lo afirmaba Juan de Castellanos, primer cura y cronista de la encopetada ciudad, la cual, no obstante todo aquello, progresó tan poco, que ciento cincuenta…p. 375
23Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1391 cita
[37]más prósperas en el renglón de la manufactura durante el siglo xviii y que poblaciones como Morocote se hicieran famosas por los lienzos que distribuían en los mercados de la Nueva Granada. Las haciendas De gran importancia fueron también las haciendas de los jesuitas, por su valor económico y por las técnicas de…p. 139
24Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 13, 632 citas
[40]las comunidades religiosas que se establecieron en la ciudad de Tunja desde el momento mismo de su fundación (1539). Al Letra capital de un libro de coro iluminada con las armas del arzobispo Lobo Guerrero. 739 mismo tiempo acudieron tallado- res y artistas de la región, convoca- dos por dichas comunidades para la…p. 13
[43]rior, función que fue disputada por Tunja y Santa- fé de Bogotá; pero en un corto plazo de tiempo se dirimió la decisión a favor de la segunda, gracias a su situación de cruce de caminos y a que gozaba de una localización más estratégica en términos de defensa de la ciudad, debido a la barrera de montañas que servían…p. 63
25¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 39, 452 citas
[44]itinerario del co mercio colonial al conocer la actividad portuaria de Cartagena, Mompox y Honda, como también al tener una comunicación permanente con habitantes de Tunja y Popayán, hacia donde él mismo se dirigía para comercializar los productos de los indíge nas a los que evangelizaba en el piedemonte amazónico. Él…p. 39
[47]en el Nuevo Reino (2011) de Gregorio Salda rri ag a; La sociedad de Sant af é colonial (1990) de Julián Vargas Lesmes; Esclavitud, regj,ón y ciudad (2002) de Rafael Díaz; Sentimientos y vidaf amiliar en el Nuevo Reino (1997) de Pablo Rodrí gu ez; De la caridad barroca a la caridad ilustr ada (2006) de María Himelda…p. 45
26Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1661 cita
[45]cuatro años antes de su muerte, en 1642. Desde el punto de vista historiográfico, Rodrí- guez Freyle se basa en las crónicas de fray Pedro Simón, el padre Juan de Castellanos y en la ex- tensa tradición oral americana. Rafael Humberto Moreno-Durán considera que esta obra, concebi- da inicialmente como una crónica,…p. 166
27Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 791 cita
[46]en los consumos que le valieron el nombre de “Pamplonita la loca”, la ciudad entró en un período de larga decadencia. Poblados como Vitoria o Guamocó podían desaparecer sin dejar rastro o convertirse en sombras. Durante el siglo xvi1 ciudades como Popayán, Medellín y Rionegro hicieron su fortuna con la internación de…p. 79