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Ensayo · La Violencia · 1946–1957

Urbanización colombiana de 1948–1985

Entre 1938 y 1985 Colombia pasó de un 31% a un 68% de población urbana. El debate central es si ese reordenamiento masivo respondió a la atracción industrial de los polos productivos o a la expulsión violenta del campo, con consecuencias opuestas para entender la informalidad, la insurgencia y la crisis del bipartidismo.

16 min de lectura3.508 palabras43 documentos49 fragmentos
Urbanización colombiana de 1948–1985
Actualizado 28 de julio de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

Predominó la expulsión sobre la atracción industrial, con matices regionales fuertes. La Violencia bipartidista (1948–1958) despojó cerca de 393.648 parcelas campesinas, desplazó más de dos millones de personas y triplicó la población de Bogotá en dos décadas, mientras la industria sustitutiva —real pero insuficiente— era incapaz de absorber ese contingente. El resultado no fue una fase transitoria hacia la integración formal sino un régimen estabilizado de informalidad urbana, con migrantes empleados en oficios ocasionales y asentados en barrios piratas e invasiones sin servicios. La tesis de la modernización industrial explica un flujo de fondo continuo e independiente del conflicto, pero no la intensidad ni la geografía del salto urbano crítico entre 1951 y 1964.

La tensión

La historiografía se divide entre quienes leen la urbanización como modernización tardía pero exitosa —apoyada en la transición demográfica, la industrialización sustitutiva y la periodización del triángulo de oro Bogotá-Medellín-Cali— y quienes, desde Fals Borda, Pécaut, Molano y Machado, la interpretan como vaciamiento violento del campo sin proletarización clásica. Un tercer frente discute si la expulsión fue monolítica: los retornos al campo en el Tolima donde sobrevivió la propiedad campesina, la colonización armada hacia el Ariari y el Caquetá como válvula de escape, y los saldos migratorios negativos en regiones no afectadas por el conflicto sugieren que el motor expulsivo fue real pero no uniforme. Persiste además la disputa sobre las cifras de La Violencia —134.820 muertos directos según Guzmán, Fals Borda y Umaña Luna frente a 57.737 en revisiones econométricas recientes— y sobre si la informalidad urbana resultante es régimen estructural o fase transitoria, cuestión que condiciona directamente la lectura del ascenso de la ANAPO en 1970 y de la insurgencia urbana del M-19 en los años ochenta.

Temas
La Violencia bipartidistaReforma agraria y estructura de la propiedad ruralInformalidad urbana y barrios piratasFrente Nacional y crisis del bipartidismoIndustrialización por sustitución de importacionesColonización de la frontera agrícolaANAPO y radicalización política urbanaSistema urbano policéntrico colombiano
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Ensayo completo

La lectura

La urbanización colombiana de 1948-1985: ¿modernización industrial o expulsión violenta?

Planteamiento del problema

Entre 1938 y 1985 Colombia dejó de ser un país campesino. En cuatro censos y medio siglo, la proporción de habitantes en cabeceras pasó de cerca del 31% a alrededor del 68%, y las cuatro ciudades mayores —Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla— multiplicaron su peso en el conjunto nacional del 8% al 27%. El dato agregado admite dos lecturas radicalmente distintas. Una, la más difundida durante décadas, presenta esa mudanza como una modernización tardía pero exitosa, jalonada por la industria por sustitución de importaciones, la caída de la mortalidad y la atracción de los grandes polos productivos. Otra, decantada desde los años setenta, sostiene que fue sobre todo un vaciamiento del campo por la violencia bipartidista, el despojo y el cierre de la frontera agraria, con una industria demasiado débil para absorber a los recién llegados.

La distinción no es escolástica. De ella dependen la lectura de la informalidad urbana, la explicación del ascenso electoral de la ANAPO en 1970 y el diagnóstico de la insurgencia urbana de los años ochenta. La pregunta que organiza esta ficha es si la urbanización colombiana entre 1948 y 1985 respondió principalmente a la atracción industrial de los polos productivos o a la expulsión violenta de las zonas agrarias, y qué peso relativo tuvieron ambos vectores en cada región y cada tramo del período.

Colombia se urbanizó tarde y rápido. El censo de 1938 encontró apenas 8,7 millones de habitantes, con cerca de tres de cada diez en cabeceras. En 1951 la población había pasado a 11,5 millones y la proporción urbana rondaba el 39-40%; en 1964, con 17,5 millones, más de la mitad vivía ya en ciudades; en 1973, con 22,9 millones, la balanza se había inclinado con nitidez hacia lo urbano; y en 1985, con casi 28 millones, dos de cada tres colombianos residían en cabeceras. La población urbana se quintuplicó entre 1938 y 1973.

Que este proceso fuera comparable en velocidad al de Brasil, México o Venezuela oculta lo que tiene de específico. En los relatos canónicos de la modernización latinoamericana, la ciudad crece porque la industria demanda mano de obra: la fábrica absorbe al migrante, lo convierte en obrero asalariado y, con el tiempo, en ciudadano de un régimen de derechos laborales y de un movimiento sindical con capacidad de negociación. Ese guión, discutible en toda la región, encaja peor en Colombia que en casi cualquier otro país. Aquí la mudanza campesina se produjo bajo el estruendo de una guerra civil no declarada —La Violencia de 1948 a 1958— que dejó al menos 134.820 muertos directos según el conteo clásico, cifra que asciende a 200.000 si se suman heridos fallecidos y desplazados y que un estudio econométrico reciente ha revisado a la baja hasta 57.737 víctimas fatales. La misma guerra despojó cerca de 393.648 parcelas campesinas, concentradas en el Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, el antiguo Caldas y los Santanderes.

Responder si Colombia se urbanizó por atracción o por expulsión determina tres diagnósticos encadenados. Primero, si la informalidad de los barrios piratas y las invasiones es una fase transitoria hacia la integración formal o un régimen estabilizado desde su nacimiento. Segundo, si el descontento urbano que estalló electoralmente con Rojas Pinilla y la ANAPO en abril de 1970, y militarmente con el M-19 en los años setenta y ochenta, es un residuo agrario mal absorbido o un producto propio de la ciudad. Tercero, si la crisis del bipartidismo del Frente Nacional se explica por su cerrazón institucional o por la aparición de un nuevo sujeto social —el migrante urbano informal— para el que el sistema no tenía casilla.

Dos lecturas en pugna

La lectura modernizadora se apoya en tres hechos sólidos. La transición demográfica —caída de la mortalidad con fecundidad todavía alta— basta por sí misma para explicar una parte importante del crecimiento absoluto de las ciudades desde los años cuarenta. La industrialización por sustitución de importaciones fue real y no un espejismo: el valle de Aburrá replicó, con paralelismo sorprendente, la evolución textil inglesa; Barranquilla contaba en 1953 con 1.814 establecimientos industriales que empleaban a unas veinte mil personas en textiles, molinos, alimentos, bebidas y química; y la periodización clásica —afianzamiento industrial de Bogotá y Medellín entre 1930 y 1950, diversificación e integración del sistema entre 1950 y 1958, conformación del triángulo de oro Bogotá-Medellín-Cali entre 1958 y 1968, y consolidación de Bogotá como centro económico nacional entre 1968 y 1978— muestra un tejido productivo que crece con orden y jerarquía. Los saldos migratorios rurales fueron negativos en todas las regiones y en ambos períodos intercensales analizados, salvo Barranquilla entre 1951 y 1964: la gente se iba del campo antes, durante y después del pico de La Violencia, hacia cabeceras que no siempre eran las más golpeadas por el conflicto.

La lectura expulsiva responde con una geografía y una cronología igual de duras. Las zonas donde se concentró la muerte y el despojo —Tolima norte y sur, el antiguo Caldas, el norte del Valle, Cundinamarca cafetera, algunas provincias santandereanas— son las mismas que ya habían sido escenario de conflictos entre hacendados y campesinos colonos en los años veinte y treinta, y las mismas que en el trienio posterior al 9 de abril de 1948 expulsaron oleadas continuas de familias hacia Bogotá, Medellín, Cali e Ibagué. Bogotá pasó de cerca de 500.000 habitantes a comienzos de los años cuarenta a 620.000 en 1950 y 1.300.000 en 1960: casi triplicó su población en dos décadas, y lo hizo justamente cuando los pueblos cafeteros del centro se vaciaban. Los estimados clásicos elevan a más de dos millones el número de desplazados por la violencia bipartidista, cifra que por sí sola alcanzaría para explicar el grueso del salto urbano entre 1951 y 1964.

Entre ambas lecturas hay una tercera, más incómoda y probablemente más certera: la que sostuvo Camilo Torres cuando afirmó que La Violencia fue el cambio sociocultural más importante en las áreas campesinas colombianas desde la Conquista, porque integró a esas comunidades en un proceso de urbanización sociológica —división del trabajo, mentalidad de cambio, expectativas de movilidad social por canales no previstos— antes incluso de que se completara la urbanización demográfica. El campesino que llegaba al inquilinato del centro bogotano o a la ladera nororiental de Medellín no era un obrero en potencia esperando su turno en la fábrica: era un actor social nuevo, con biografía marcada por la muerte de vecinos, la venta forzada de la parcela a un notario cómplice y la travesía hacia una ciudad que no lo esperaba.

Hipótesis de trabajo

La hipótesis que la ficha propone someter a discusión es que predominó la expulsión, con matices regionales fuertes, sobre una capacidad industrial de absorción real pero insuficiente. Ni modernización tardía ni vaciamiento puro: doble presión asimétrica, con expulsión dominante en los momentos y las regiones críticas, y con una industria efectiva pero corta en todo el período. La informalidad urbana no sería una fase transitoria hacia la integración formal, sino el régimen estabilizado que ese desajuste produjo.

Evidencia disponible y sus regiones

El expediente empírico más contundente a favor de la tesis expulsiva está en la geografía del despojo. Las 393.648 parcelas perdidas no se distribuyeron al azar: se concentraron en las tierras cafeteras del centro-occidente, precisamente donde la muerte se intensificaba con las cosechas. El patrón —robos de café en árbol, robos de animales, ventas forzadas a precios irrisorios, muertes selectivas en épocas de recolección— fue documentado con detalle en el Tolima, el Quindío, Risaralda y el norte del Valle. Los Pájaros de León María Lozano, alias el Cóndor, actuaban en el norte del Valle, el noroccidente de Risaralda y Caldas, mientras cuadrillas liberales replicaban una violencia especular en zonas de mayoría contraria. Notarios, especuladores y compradores urbanos completaban la operación con transacciones legales a precios de miedo. La arremetida latifundista transformó las estructuras de propiedad justamente en las regiones que más pesaron en el saldo migratorio negativo hacia las ciudades.

De ese despojo salieron dos rutas paralelas. Una condujo a los polos urbanos y a las ciudades intermedias. La otra, menos visible en el relato modernizador, condujo a la frontera agraria: al Magdalena Medio, al Caquetá, al Putumayo, al Sarare araucano y al Ariari metense. Entre 1947 y 1962 la Amazonia occidental recibió uno de los procesos migratorios más importantes del siglo, alimentado por campesinos expulsados de la región interandina. Las Columnas de Marcha que salieron de Villarrica en el Tolima tras los bombardeos y la política de tierra arrasada de 1955 —campesinos vinculados en parte al Partido Comunista, perseguidos militarmente— reubicaron familias enteras en el Ariari en un proceso conocido como colonización armada, con toda la ambigüedad que el término conserva. Meta se convirtió en el destino preferido de los migrantes llaneros; entre 1938 y 1964 superó ampliamente a los demás territorios de la región. Esa frontera funcionó como válvula de escape: alivió parcialmente la presión sobre las cuatro grandes ciudades, y su clausura progresiva a partir de los años setenta —cuando la colonización se topó con la agricultura comercial, el narcotráfico y nuevos ciclos de conflicto— explica en parte por qué la urbanización se aceleró justamente cuando La Violencia clásica ya había terminado.

Los datos migratorios agregados matizan la lectura puramente expulsiva. Los saldos rurales negativos en regiones que no fueron epicentro del conflicto —el sur del país, la Costa Caribe fuera de Barranquilla, Nariño en parte— sugieren un flujo de fondo independiente de la violencia bipartidista, alimentado por la transición demográfica y por diferenciales de ingreso entre campo y ciudad. Más del 6% de la población había cambiado de lugar de residencia en un lapso de cinco años, y un cuarto de los migrantes lo había hecho en ese mismo período: un movimiento ágil y continuo que no cabe atribuir en su totalidad a episodios violentos concretos. Las tasas eran extremas y heterogéneas: apenas el 4% de los habitantes del sur del país migraba, frente a más del 55% de los sanandresanos y providencianos, con retenciones intradepartamentales altísimas —62% en Casanare, 63% en Meta, 54% en Cundinamarca— que replican circuitos económicos previos a los ciclos de desplazamiento forzado.

Del lado de la modernización, la evidencia industrial es menos concluyente de lo que sugiere el guión clásico. La industria colombiana creció, sí, pero no al ritmo del contingente humano que llegaba a las ciudades. Barranquilla, con veinte mil obreros industriales en 1953, difícilmente podía absorber el flujo migratorio que empujaba su población hacia el millón antes de 1964. Medellín, capital textil, ofrecía cupos en fábricas que representaban una fracción del contingente que se instalaba en la Comuna Nororiental. Bogotá, cuyo aparato industrial era proporcionalmente menor al de Antioquia hasta bien entrados los sesenta, recibía cada año decenas de miles de familias que se acomodaban como podían en inquilinatos del centro y luego en urbanizaciones piratas hacia el sur y el suroccidente. El resultado fue la ciudad informal: barrios piratas con título legítimo pero sin cumplimiento de normas urbanísticas, e invasiones ilegales por doquier. La estadística oficial es reveladora en un sentido inverso al que pretendía: entre 1918 y 1942, la gestión estatal de vivienda obrera en Bogotá produjo 791 unidades. Frente a un crecimiento de cientos de miles de habitantes en pocos años, el número es un epitafio.

Ese desajuste —volumen expulsivo alto, capacidad de absorción industrial baja— es el hecho estructural del período. Los migrantes se emplearon como vendedores ambulantes, en construcción, en el servicio doméstico, en oficios ocasionales; ocuparon los inquilinatos del centro histórico bogotano cuando las élites migraron al norte, y luego las laderas: Aguablanca en Cali, la Zona Nororiental en Medellín, Ciudad Bolívar en Bogotá, La Chinita en Barranquilla. Los servicios básicos —agua, energía, transporte— llegaron con años o décadas de retraso, cuando llegaron. Las periferias fueron rotuladas como territorios nacionales, zonas rojas o repúblicas independientes, estigmas que legitimaron desde intervenciones militares hasta abandonos deliberados.

El sistema policéntrico como variable

La forma que tomó el sistema urbano colombiano es tan importante como su ritmo. A diferencia de la macrocefalia mexicana, argentina o peruana —donde una ciudad concentra el peso demográfico y económico del país—, Colombia consolidó desde principios del siglo XX un sistema policéntrico. Bogotá quedó en el primer nivel como centro nacional; Medellín, Cali y Barranquilla en el segundo como centros regionales de importancia nacional; y detrás de ellas, una red de ciudades intermedias —Bucaramanga, Manizales, Pereira, Cúcuta, Ibagué, Pasto, Cartagena— con jerarquías propias. Las cuatro mayores concentraban el 15,7% de la población nacional en 1951, el 22,8% en 1964 y el 32,6% en 1993.

Esta arquitectura no es accidental: es hija de la geografía andina fragmentada, del aislamiento histórico de los valles interandinos, del desarrollo tardío de una red ferroviaria y de la formación de burguesías regionales con proyectos económicos diferenciados —la industria textil paisa, el comercio caribeño de Barranquilla, la agroindustria azucarera vallecaucana, la centralidad administrativa bogotana—. Cada uno de estos polos operó como cabeza de una cuenca migratoria relativamente autónoma. Cali atrajo migración del suroccidente y del Pacífico, incluida la zona rural de Tumaco. Medellín recibió flujos del suroeste antioqueño, el norte, y del viejo Caldas. Barranquilla concentró la migración de Bolívar, Magdalena y Atlántico, con una nota singular: fue la única región cuyo saldo migratorio rural fue positivo entre 1951 y 1964, señal de que su economía retenía población incluso en el pico expulsivo. Bogotá se convirtió en receptora nacional, con predominancia de flujos del altiplano cundiboyacense, el Tolima y los Santanderes.

Ese policentrismo tuvo dos consecuencias. Diluyó la presión demográfica sobre cualquier ciudad individual, lo que evitó una macrocefalia catastrófica pero también fragmentó las respuestas políticas al fenómeno migratorio; el movimiento obrero, el sindicalismo y las formas de protesta urbana se desarrollaron en clave regional antes que nacional, y ninguna ciudad concentró la energía política necesaria para forzar reformas de fondo. Y produjo cuatro estructuras de informalidad diferentes: la de Aguablanca no es la de Ciudad Bolívar, la de La Chinita no es la de la Nororiental de Medellín. La variable regional resulta, en muchos casos, más explicativa que la dicotomía expulsión/atracción aplicada al conjunto nacional.

Hacia el final del siglo, sin embargo, el policentrismo comenzó a erosionarse. Bogotá concentraba ya siete millones de habitantes en los últimos años del siglo XX y ocho millones hacia 2015, generando el 25,7% del PIB nacional. Medellín, Cali y Barranquilla frenaron su ritmo de crecimiento en los años ochenta y noventa por fenómenos propios —la crisis textil, el narcotráfico en Cali, el estancamiento portuario en Barranquilla— y quedaron rezagadas, concentrando conjuntamente cerca del 13% de la población. La primacía capitalina, largamente contenida por la geografía, terminó imponiéndose.

Cómo poner a prueba la hipótesis

Someter la hipótesis de la doble presión asimétrica a prueba exige, como mínimo, tres operaciones metodológicas encadenadas. La primera es descomponer el flujo migratorio por región y por tramo temporal, cruzando saldos censales con series de despojo documentado, precios de la tierra y cifras de empleo industrial regional; sin ese cruce, atribuir peso relativo a expulsión, atracción y transición demográfica es ejercicio impresionista. La segunda es mapear con detalle las cuencas migratorias de cada uno de los cuatro polos, prestando atención sobre todo al caso barranquillero, cuyo saldo rural positivo entre 1951 y 1964 obliga a preguntar qué mezcla local de retención, ritmo de conflicto y estructura productiva explica la excepción. La tercera es comparar sistemáticamente las zonas donde La Violencia fue intensa con las zonas donde no lo fue, para aislar el efecto del conflicto sobre la expulsión frente al efecto del diferencial de ingresos y la transición demográfica.

Los datos disponibles permiten avanzar en las tres sin cerrarlas. Los dos millones de desplazados y las 393.648 parcelas son órdenes de magnitud robustos, pero no descomponen el flujo total con precisión. Los saldos migratorios departamentales existen para los períodos intercensales clave, aunque no siempre cruzados con indicadores locales de conflicto o de empleo. Y separar despojo político-partidista de arremetida latifundista aprovechada del contexto violento es difícil de operacionalizar, probablemente porque no fueron dos fenómenos separables.

Implicaciones políticas: ANAPO, insurgencia urbana, crisis del bipartidismo

Si la hipótesis se sostiene, un proceso mixto —expulsión dominante, absorción industrial corta, matices regionales— tuvo consecuencias políticas que las tesis puras no captan.

La emergencia electoral de la ANAPO el 19 de abril de 1970 es el primer indicador de que algo se había roto. Rojas Pinilla, el dictador depuesto trece años antes, obtuvo una votación tan competitiva que llegó a tener ventaja inicial en los escrutinios; Misael Pastrana Borrero fue declarado ganador con márgenes estrechísimos, en medio de acusaciones de fraude que la intervención televisada del ministro de Gobierno alimentó en lugar de disipar. Las encuestas mostraron con claridad quién votó por Rojas: los estratos bajos de las grandes ciudades, los desempleados, los inmigrantes rurales, los habitantes de tugurios. Fueron ellos —no los obreros industriales, no los sindicalizados, no un proletariado clásico— quienes convirtieron a la ANAPO en el polo de aglutinamiento del descontento popular urbano al final de la década del Frente Nacional.

La paradoja de la ANAPO ilumina la naturaleza del sujeto migrante. Su plataforma no cuestionaba la hegemonía económica del capitalismo: adoptó la ideología de la cogestión en las empresas sin plantear una amenaza a la propiedad. Y, más revelador todavía, no levantó ningún programa específico para las zonas devastadas por la Violencia, y cuando abordó el problema agrario lo hizo desde una perspectiva terrateniente. La base social de la ANAPO era el migrante urbano informal; su plataforma programática, la de un populismo conservador que no expresaba los intereses de clase de sus votantes. Esa disociación entre base y programa no es peculiar del rojismo: es el rasgo estructural de una política construida sobre ciudadanos parciales —propietarios pobres, informales, clientelizados— para quienes no había ni movimiento obrero fuerte que los organizara ni partido socialdemócrata que los representara. La burguesía colombiana temió, con razón, que el flujo migratorio pudiera desestabilizar el sistema; el sistema respondió con más clientelismo y con menos incorporación.

La insurgencia urbana de los años setenta y ochenta —el M-19 de Jaime Bateman Cayón, la Autodefensa Obrera, el PLA— llegó después, no antes. La ciudad no disolvió la radicalización campesina absorbiéndola: fue el escenario tardío en el que esa radicalización, sumada a la exclusión política del Frente Nacional y a la nueva conflictividad de los barrios populares, encontró expresión armada. El M-19 hizo del asalto a la espada de Bolívar en 1974 y del robo de armas del Cantón Norte en 1978 gestos dirigidos a una audiencia urbana joven, hija de la migración, que no encontraba lugar ni en las instituciones ni en la insurgencia rural de las FARC o el ELN. Que las ciudades colombianas produjeran sus propias guerrillas —cosa rara en la región— es coherente con un proceso urbanizador que nunca completó la integración de sus recién llegados.

La crisis del bipartidismo, finalmente, no fue solo cerrazón institucional del Frente Nacional. Fue la aparición de un electorado urbano informal para el que las estructuras clientelares heredadas del bipartidismo agrario resultaban a la vez indispensables —eran la vía de acceso a servicios, empleos, títulos de propiedad tolerada— e insuficientes para constituir ciudadanía plena. Sobre esa base sociológica erosionada, el liberalismo y el conservatismo perdieron progresivamente su capacidad de encuadrar el conflicto social, hasta la fractura definitiva de los años ochenta.

Flancos abiertos

Tres flancos siguen sin cierre firme. El primero es cuantitativo: cuánto del crecimiento urbano entre 1951 y 1973 se explica por expulsión violenta, cuánto por diferencial de ingresos y transición demográfica, y cuánto por cierre de frontera agraria. El segundo es la relación entre despojo violento y estructura agraria previa: las zonas donde La Violencia fue más cruda —Tolima, Caldas, Valle— eran también donde los conflictos entre hacendados y campesinos colonos de los años veinte y treinta habían dejado tensiones sin resolver, y separar despojo político-partidista de arremetida latifundista es un ejercicio pendiente. El tercero es la reversibilidad: los retornos parciales al Tolima durante los años cincuenta y sesenta —familias que regresaron a parcelas conservadas o recuperadas cuando la violencia amainó— indican que la propiedad campesina, donde sobrevivió, actuó como imán de regreso. Medir esos retornos frente al flujo urbano dominante, y establecer en qué condiciones se dieron —económicas, familiares, generacionales—, queda por hacer. Sin ese ejercicio, la tesis de una urbanización parcialmente reversible es intuición fundada, no demostración plena.

Lo que sí queda establecido, y no admite regreso al relato modernizador simple, es que Colombia no se urbanizó como São Paulo ni como Buenos Aires. Se urbanizó como país que vaciaba su campo bajo el fuego, que abría fronteras internas para descargar la presión, que dejaba a las cuatro capitales regionales absorber lo que podían y a la informalidad hacer el resto. La ciudad colombiana contemporánea —con sus cinturones populares, su economía de rebusque, su cultura política clientelizada, su cultura urbana atravesada por el miedo— es hija reconocible de ese origen, y una investigación futura que pretenda desmontar esa filiación tendrá que hacerlo con más datos que los aquí reunidos, no con más retórica.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

43 documentos · 49 fragmentos de referencia
01Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 57, 702 fragmentos
[1]

y 7'851.000 diez años más tarde. El censo de 1938 arrojaba una población de 8'701.816 y el de 1951, 11'584.172 (36). A pesar del rápido crecimiento poblacional, que ubicaba a Colombia en cuarto lugar en América Latina después de Brasil, México y Argentina, ésta tenía grandes extensiones prácticamente desocupadas. De…

p. 57
[41]

hasta los años veinte, y luego bajo la República Liberal, hasta 1946. Económicamente, con la consolidación del café como producto de exportación, se inició un lento proceso de ampliación del mercado nacional. Posteriormente las coyunturas internacionales exigieron la sustitución de importaciones, generando las bases…

p. 70
02Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4371 fragmento
[2]

ciudades 12 ciudades” Urbano Rural Total población 1912 5.073 220 378 nd. nd. 1918 5.855 273 473 nd. n.d. 1938 8.702 708 1.021 2.692 6.010 1951 11.548 1.484 2.100 4.468 7.080 1964 17.485 3.491 4.767 9.093 8.391 1973 22915 5641 7.394 13.580 9.335 1985 27.867 7.614 9.937 18.735 9.132 Crecimiento intercensal (%) 1912-38…

p. 437
03Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1281 fragmento
[3]

la ex- presion de la crisis que aquejaba originalmente al este y al sur del pais y que a mediados del siglo se generaliza con intensidad variable en todo el terri- torio andino nacional. Esta anemia demografica contrastaba con el empuje de las tierras célidas. En efecto, las llanuras de la Costa Atlantica, los Llanos…

p. 128
04Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 501 fragmento
[4]

1.1. El marchitamiento de la primavera de Medellín: 1965-1981 Aunque la urbanización de la población colombiana fue rápida y prema- tura respecto a indicadores mundiales, y a veces se le atribuyeron efectos perversos sobre la vida citadina, “Colombia vivió un proceso de urbaniza- ción típico, similar en su velocidad y…

p. 50
05¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 961 fragmento
[5]

a los intereses económicos de Estados Unidos. Este viraje aceleró aún más la urbanización del país, la cual llegó a ser de un sesenta y ocho por ciento en 1 985, un fenó meno que también generó el deterioro en la calidad de vida derivado de un crecimiento urbano espontáneo, casi al márgen del Estado. Así aparecieron…

p. 96
06¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 1051 fragmento
[6]

por una acelerada urbanización, entre otras cosas debido al impacto acumulado de los dos grandes ciclos de violencia de los que hemos venido hablando aquí y la consiguiente estela de desestabilizaciones de las economías agrarias y de desplazamiento masivo que estos dejaron. En 1964, el 70 % de la población colombiana…

p. 105
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 42, 492 fragmentos
[7]

estuvo estrechamente vinculado a las dinámicas de la guerra. Al impacto de la industrialización se sumó el desplazamiento forzado como uno de los factores que definió los ritmos, tamaños y dinámicas específicas del crecimiento y transformación de las ciudades. Los primeros ciclos fundacionales 72 no garantizaron la…

p. 49
[17]

regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…

p. 42
08Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2781 fragmento
[8]

de las capitales de- partamentales. - El segundo nivel (1) en la jerarquia urbana esté conformado por los centros regionales de im- portancia nacional, que concentran la mayorfa de los servicios financieros de su region y son sede de importantes empresas comerciales e industriales. Ofrecen todos los bienes y servicios…

p. 278
09Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 901 fragmento
[9]

Los analistas han caracterizado el crecimiento de las ciudades en función del proceso de indus- trialización de la siguiente forma: 1930-1950, afianzamiento de la industria y de los centros más Conjunto residencial Los Sauces, del arquitec- to Alfonso García Gal- vis, 1981. importantes (Bogotá y Medellín); 1950-1958,…

p. 90
10Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 281 fragmento
[10]

ciudades inter- medias como Pereira, Bucaramanga, Cartagena y otras, indicaba un reparto de las oportunidades de crecimiento industrial y de los servicios en muchas regiones del país que, sin embargo, se va concentrando a favor de la capital. En 2015, Bogotá alberga el 16, 6 % de la población, con 8 millones de…

p. 28
11No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 fragmento
[11]

el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…

p. 72
12Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 351 fragmento
[12]

las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…

p. 35
13Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 21, 262 fragmentos
[13]

su la Colección del periódico “ El Cronista ”, también, aunque de manera más escasa, se pueden apreciar ciertos sucesos de mujeres que están relacionadas con hechos sobre la Violencia y que resultan ser también importantes para este trabajo. Por último y, marginalmente, se cita la prensa periódica, en la que se…

p. 21
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que llegó bastante población desplazada y amnistiada por políticas gubernamentales. Muchos de ellos llegaban a donde familiares, pero al poco tiempo, se ubican en zonas periféricas o sitios de invasión para trabajar como vendedores ambulantes, en construcción, servicio doméstico u otros oficios ocasionales. 1.3…

p. 26
14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 59, 642 fragmentos
[14]

forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…

p. 64
[18]

campesino. 60 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć quedaba desheredado y que no podía acudir ante las autoridades, me decidí a buscar al Partido Comunista» 113. Es así como la respuesta de algunos campesinos gaitanistas a la violencia generali- zada fue emplear tácticas de autodefensa, apoyados por el PCC. En el partido pronto…

p. 59
15Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 441 fragmento
[15]

años treinta denunciada por parte de los conservadores (Guzmán, Fals Borda y Umaña, 1962). Como consecuencia de lo anterior, la arremetida latifundista tuvo, entre otros efectos, un despojo de tie- rras que el analista Paul Oquist calculó en 393.648 parcelas, princi- palmente en departamentos como Valle del Cauca,…

p. 44
16Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1731 fragmento
[19]

vereda, establecían estrictas líneas de demarcación política cuya transgresión tenía consecuencias fatales. Una corbata, una camisa o una puerta roja eran una invitación a la muerte; como también cargar una cédula de identidad que llevara el registro de determinadas elecciones. Y formas atroces de mutilación, de…

p. 173
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1021 fragmento
[20]

populares en Bogotá, Tunja, Ibagué y Neiva. Todo esto ocurrió de forma paralela a las dinámicas de desplazamiento forzado de la población campesina en territorios donde se acentuó la violencia. Algunos de estos procesos de desplazamiento estuvieron marcados por la influencia de sectores políticos liberales, comunistas…

p. 102
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 521 fragmento
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civiles conservadores contra los liberales. Esas aplanchadas eran hechas por los futuros Pájaros» 68. Si bien existen varias tipologías del denominado «bandolerismo», se asocia el bandolerismo político 69 con las agrupaciones violentas que reivindicaron una filiación política y usaron las armas en la aniquilación del…

p. 52
19Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 4301 fragmento
[22]

la Violencia. Durante esta fase el ejército colombiano ·hizo frente a fieras organizaciones de bandidos en las zonas cafeteras centrales y, apoyado por grupos de contramsurgencia de Esta dos UnidoS, emprendió una ofensiva contra las comunidades rurales de orientación marxista en ciertas regiones aisladas y…

p. 430
20Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 3681 fragmento
[23]

Valle Subtotal departamentos Territorios nacionales Total país Fuente: Cuadro 6. 1905 13.6 2.4 2.8 0.3 1.9 2.4 1.9 1.9 2.5 36.5 11.4 12.1 3.8 9.0 0.2 14.5 5.1 5.8 3.6 31.6 15.4 3.6 1.1 0.7 1.3 4.9 4.6 98.7 1.3 100.0 1912 14.4 2.3 3.6 0.7 2.3 1.5 1.7 2.3 2.6 35.0 11.0 11.5 4.0 0.6 0.6 13.0 4.2 5.7 3.1 32.7 14.6 4.2 1.4…

p. 368
21Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 951 fragmento
[24]

que los sem de emigración rural tienden a igualarse a los de inmigración urbana, pero con signo contrario, de tal manera que los saldos para la pobla- ción total propenden a minimizarse. Este resultado hace presumir que la población rural de una región tiene alta preferencia en su emigración por las respectivas…

p. 95
22Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 1171 fragmento
[25]

espacios, prácticas y desafios (individuales, familiares, sociales) que se articulan alrededor de la movilidad, para captar los determinan- tes de estos movimientos de personas y bienes y los diferentes impactos que tienen sobre los lugares, tomados de manera individual, pero más que todo con- siderados como un…

p. 117
23Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 601 fragmento
[26]

assistance, the Caja de Crédito Agario was authorized to make up to 5 million pesos available in loans to colonos, and on September 26, the commission received 300,000 pesos to begin the process. 24 According to historian Myriam Jimeno Santoyo, “The magnitude of coloni- zation produced by the destabilization of rural…

p. 60
24El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 1271 fragmento
[27]

país que están llegando desplazados por la violencia. Pe- ro, igualmente, hay unos flujos migratorios procedentes de mismo departamento 14. Así por ejemplo, quienes se desplazan de Arauca se quedan en su departamento en el 50% de los casos, y como segundo lugar de llegada está Santander con un 13,3%. Para el caso de…

p. 127
25El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 1271 fragmento
[28]

país que están llegando desplazados por la violencia. Pe- ro, igualmente, hay unos flujos migratorios procedentes de mismo departamento 14. Así por ejemplo, quienes se desplazan de Arauca se quedan en su departamento en el 50% de los casos, y como segundo lugar de llegada está Santander con un 13,3%. Para el caso de…

p. 127
26Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2062 fragmentos
[29]

E BRASIL más del 6 por ciento había cambiado de lugar de residencia en los últimos cinco años. Cuando se incluyen los movimientos en el interior de los de- partamentos la proporción de migrantes aumen- ta. Un cuarto de la población migrante se ha tras- ladado en los últimos cinco años: el país se encuentra en un «ágil…

p. 206
[30]

E BRASIL más del 6 por ciento había cambiado de lugar de residencia en los últimos cinco años. Cuando se incluyen los movimientos en el interior de los de- partamentos la proporción de migrantes aumen- ta. Un cuarto de la población migrante se ha tras- ladado en los últimos cinco años: el país se encuentra en un «ágil…

p. 206
27Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1751 fragmento
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Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Panel 2 · Colonización, coca y movimiento social: el caso del Putumayo 175 iniciaron esfuerzos para colonizar esta parte de la Amazonia con el fin de ejer- cer su soberanía sobre esta área de frontera. 1947-1962: la colonización de la violencia Durante este periodo se…

p. 175
28La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 381 fragmento
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hablo de garantías para la colonización, debo signifi- carle que el artículo 2 del contrato celebrado entre el señor mi- nistro de Obras Públicas y los señores Cano, Cuello y compañía y Pedro Antonio Pizarro, sobre mejoramiento y conservación de las vías que conducen al Caquetá, etc., firmado en Bogotá 15 Sobre las…

p. 38
29Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 511 fragmento
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comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…

p. 51
30Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 521 fragmento
[34]

hablaba hasta que acabara. Él era muy buena gente (…) era chiquitico, pero era bravo de la lengua” (CNMH, entrevista con abuela, 2012). 1.4. Colonización, continuidad de la Violencia, e influencia del movimiento comunista En este contexto, el municipio de Villarrica, ubicado al oriente del departamento del Tolima,…

p. 52
31Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3941 fragmento
[35]

1985), 85. 33. Malcolm Deas, "El rompecabezas de la paz," El Tiempo, Lecturas Dominicales, April 19, 1986. 34. Arturo Alape, La Paz, la violencia: Testigos de excepción (Bogotá, 1985), p. 367. 35. Ricardo Santamaría and Gabriel Silva, Proceso político en Colombia (Bogotá, 1984), 69. 36. Zabala, "La toma del Palacio de…

p. 394
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 53, 582 fragmentos
[36]

mismo tiempo se abrieron huecos, se clavaron palos, se instalaron plásticos. A las seis de la mañana, estaban montados treinta ranchos. Sus palos y sus paredes de plástico. Ya habíamos hecho posesión y para cuando llegaron los policías ya estaban prendiendo las ollas y repartiendo los primeros tintos. Y aunque nos…

p. 58
[37]

menos. En, Informe de la Alcaldía de Bogotá. Secretaría Distrital de Planeación de Bogotá (SDP), «Análisis demográfico y proyecciones poblacionales de Bogotá». 54 fiflćflThxiff fffl. iThififf xffff ćff ff periferias urbanas, al igual que los territorios de periferia en todo el país fueron estig- matizados como…

p. 53
33Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3161 fragmento
[38]

también empezaron a con- tar en los nuevos esquema de préstamos hipotecarios. Pero sería erróneo s uponer que el negocio de la especulación urbana era un monopolio. Al contrario, estas prácticas descendieron la escala so- cial y con el tiempo se reprodu cirían en las barriadas. El emp uje de nuevas avalanchas humanas…

p. 316
34Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 1371 fragmento
[39]

su perímetro urbano a inicios del siglo XX. La capital extendió sus tentáculos urbanos tan rápidamente que los servicios básicos como el transporte, el agua, la electricidad y otros servicios, fueron un paso atrás de la construcción de nuevos complejos de vivienda, e incluso de barrios enteros. Esta situación…

p. 137
35La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 4761 fragmento
[40]

el barrio 1º de Mayo—. Estas viviendas tuvieron grandes dificultades para ser adjudicadas (Samper Madrid, 1925, 44). Debido a que no era posible construir dentro de un plazo aceptable y corto las casas baratas suficientes para alojar a todos los que se albergaban en el Paseo Bolívar, se propuso acelerar el proceso…

p. 476
36Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 fragmento
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económicas que se dieron desde finales del siglo XIX; la más conocida es la del café, que se concentró en los pueblos del Suroeste antioqueño. En otras subregiones ocurrieron: la explotación del fruto de la palma de tagua, también llamado el «marfil vegetal», que se usaba para la elaboración de botones y artículos…

p. 44
37Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 7221 fragmento
[43]

conocida y experi- mentada. Las operaciones sobre acciones de estas empresas daban buena parte de su materia prima al mercado bursátil, que ya tomaba cierta importancia, aunque sin organiza- ción formal. Aunque la región de Medellín está relativamente bien provista de carbón mineral, no jugó papel impor- tante este…

p. 722
38La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1311 fragmento
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1 Industria Textiles Ropa Comidas y bebidas 1 d 1 NúMERO DE ESTABLE- CIMIENTOS lB 1 112 445 363 Productos metálicos 1 e 1 246 Minerales no metálicos 200 Químicos 101 Producto del tabaco 26 Toda la industria 1.864 NúMERO DE EMPLEADOS 25.300 7.800 7.100 7.600 7.200 2.600 600 68.800 VALOR DEL PRO- DUCTO /CI 1.820 300…

p. 131
39Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 671 fragmento
[45]

También funcionaban algunas tenerías, fábricas de ladrillos y baldosas, talabarterías, desmotadoras, fábricas de calzado y aserraderos. En los primeros directorios telefónicos de la ciudad se incluía un número significativo de herreros, carpinteros, pas- teleros, plateros, zapateros y sastres. Según investigación de…

p. 67
40Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3441 fragmento
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oferta cargada en la cabeza: frutas para dulce, legumbres, frutas frescas, gallinas y aves de monte. Las cajoneras y pandequeseras venden parva y algunas pan de azúcar, que parten con un serrucho. La modernización del trabajo, es decir, la generalización del salario como forma de pago en detrimento del trabajo…

p. 344
41La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 1481 fragmento
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no cuenta con el apoyo de fracción alguna. Lá emergencia de ANAPO en la confrontación elec toral del 19 de abril de 1970 se ha constituido en un punto central de referencia para la apremiante campaña que ha emprendido el Llero-Lopismo a fin de retomar directamente el control del Estado. Las encuestas electorales (31)…

p. 148
42Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1661 fragmento
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tuvo a punto de caer en el vacío. Los escrutinios electorales dieron una ven- taja inicial a Rojas Pinilla sobre su contendor, el candidato del Frente Nacional Misael Pastrana Borrero. pero tras una intervención televisada del ministro de Gobierno, que fue in- terpretada como un anuncio público y oficial de fraude, el…

p. 166
43Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 261 fragmento
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y de nuevo cuño, y, consecuente, se preci pitó al campamento madre del eln en las selvas del Opón? Según Camilo, La Violencia ha constituido para Colombia el cambio socio-cultural más impor tante en las áreas campesinas desde la Conquista efectuada por los españoles. Por conducto de ella las comunidades rurales se han…

p. 26