Paro Cívico Nacional de 1977
El 14 de septiembre de 1977, las cuatro centrales obreras colombianas unificadas bajo el Consejo Nacional Sindical paralizaron el país en la mayor protesta social de la segunda mitad del siglo XX colombiano. La represión gubernamental —18 muertos, cerca de 3.000 detenidos, Bogotá militarizada— abrió el camino al Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 14 de septiembre de 1977
- Protagonistas
- Alfonso López Michelsen, Julio César Turbay, Luis Carlos Camacho Leyva, Abraham Barón Valencia, Consejo Nacional Sindical (CNS), CTC (Confederación de Trabajadores de Colombia), UTC (Unión de Trabajadores de Colombia), CGT (Confederación General del Trabajo), CSTC (Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia), ELN
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Caída sostenida del salario real industrial: el índice pasó de 100 en 1970 a 80,8 en 1974 y no se había recuperado en 1980, mientras la inflación alcanzó el 35% en 1977, licuando cualquier reajuste nominal
- Incumplimiento de las promesas reformistas de López Michelsen y adopción de medidas antipopulares —incluyendo un estado de emergencia económica de 45 días— en medio de una bonanza cafetera que no redistribuía ingresos hacia los sectores asalariados
- Respuesta represiva del gobierno a la oleada de huelgas sectoriales de 1977 (petroleros, cementeros, metalúrgicos, cerveceros, mineros, maestros): reimposición del estado de sitio y declaratoria de ilegalidad de las huelgas
- Agotamiento del modelo político del Frente Nacional, que mantenía mecanismos de exclusión y el estado de sitio como dispositivo permanente de gestión de la disidencia
- Unificación inédita de las cuatro centrales obreras en el Consejo Nacional Sindical, que superó divisiones históricas de lealtad partidista y orientación ideológica para articular una convocatoria nacional
Consecuencias
- 18 ciudadanos muertos y aproximadamente 3.000 personas detenidas durante la jornada del 14 de septiembre, con militarización de Bogotá y uso de métodos represivos propios del conflicto rural sobre población urbana
- Expedición por el gobierno de los Decretos 2004 y 2066 de 1977, que penalizaron la organización del paro y restringieron su difusión en medios de comunicación
- Presión de los altos mandos militares —Camacho Leyva y Barón Valencia— sobre López Michelsen para adoptar un estatuto de seguridad de excepción; López lo rechazó, pero la propuesta quedó en pie
- Expedición del Decreto Legislativo 1923 de 1978 (Estatuto de Seguridad) por Julio César Turbay Ayala, aproximadamente un mes después de su posesión, que convirtió el delito político en delito común, amplió la detención sin orden judicial e institucionalizó la tortura, resultando en 16.000 detenidos por razones políticas durante su vigencia
- Radicalización de sectores guerrilleros —especialmente el ELN— que interpretaron el paro como señal de madurez insurreccional, contribuyendo al ciclo de violencia política de los años siguientes
La clave interpretativa
Por qué importa
El Paro Cívico Nacional de 1977 es la bisagra entre el ciclo de protesta social de los años setenta y la militarización de la política colombiana de los ochenta: demostró que el descontento podía unificar sectores sociales y políticos históricamente fragmentados, y provocó una respuesta estatal —el Estatuto de Seguridad de Turbay— que institucionalizó la represión y asoció la protesta civil con la amenaza guerrillera. La distancia entre la magnitud civil del paro y la lectura militar que lo siguió revela el nudo estructural del conflicto colombiano: la incapacidad del régimen para procesar la disidencia por vías distintas a la coerción.
Desarrollo histórico
La historia completa
Paro Cívico Nacional de 1977
El 14 de septiembre de 1977 Colombia se detuvo. Convocado por las cuatro centrales obreras del país —reunidas por primera vez en un mismo pliego bajo el Consejo Nacional Sindical—, el Paro Cívico Nacional fue la mayor protesta social de la segunda mitad del siglo XX colombiano y el punto en que el descontento acumulado contra el modelo económico de Alfonso López Michelsen y contra el sistema político del Frente Nacional desbordó los cauces sindicales para volverse jornada de barrio, de escuela, de parroquia y de universidad. La represión que siguió —dieciocho muertos, cerca de tres mil detenidos, Bogotá militarizada— no cerró el ciclo: lo desplazó. Menos de un año después, el gobierno de Julio César Turbay Ayala expidió el Estatuto de Seguridad, el instrumento más comprensivo de restricción de libertades públicas desde 1958. El 14 de septiembre es, en ese arco, la bisagra: el día en que el malestar civil se hizo visible y el día en que el régimen decidió responder militarizándolo.
El mundo del que brota: bonanza cafetera, salarios que se hunden
La administración de Alfonso López Michelsen (1974-1978) había llegado al poder con un pliego reformista que la propia trayectoria del gobierno se encargó de desmentir. Las promesas de reformas políticas y sociales anunciadas en la campaña de 1974 fueron desplazadas por un giro económico que sus críticos calificaron de antipopular desde los primeros meses, cuando decretos de emergencia económica —un estado de emergencia de cuarenta y cinco días— coincidieron con las mayores alzas en el costo de la vida en una década.
Las cifras del deterioro son inequívocas. Los salarios reales industriales de los obreros, tomando 1970 como base 100, cayeron a 80,8 en 1974 —el año mismo en que López se posesionaba— y no habían recuperado el nivel de partida ni siquiera en 1980, cuando el índice apenas alcanzaba 94,0. Los empleados de cuello blanco corrieron peor suerte: perdieron el 14,9% de su salario real entre 1970 y 1980, casi el triple de lo que perdieron los obreros (6%), en buena parte porque su menor tasa de sindicalización los dejaba sin capacidad de negociación colectiva. En 1977 la inflación tocó el 35%, cifra que licuaba cualquier reajuste nominal y que empobrecía cada semana los ingresos fijos del país asalariado.
El contraste con la coyuntura era brutal. Colombia atravesaba una bonanza cafetera —los precios internacionales del grano habían estallado tras la helada brasileña de 1975— y una entrada creciente de divisas del naciente negocio del narcotráfico. Había plata en el país; simplemente no llegaba a los hogares que trabajaban. Ese desajuste entre bonanza macroeconómica y hundimiento del ingreso real fue el combustible del 77.
A ese fondo estructural se sumó una acumulación acelerada de conflictos laborales. Durante 1977 estallaron huelgas de petroleros, cementeros, metalúrgicos, cerveceros, mineros, trabajadores de la caña, empleados de servicios públicos y maestros. El gobierno respondió con el manual habitual del Frente Nacional: reimposición del estado de sitio y declaratoria de ilegalidad de las huelgas. La combinación de expectativas defraudadas, salarios en caída y respuesta represiva empujó la protesta a dejar de ser sectorial y buscar una convocatoria nacional.
La construcción de una convocatoria imposible
Que las cuatro centrales obreras colombianas —la CTC de tradición liberal, la UTC ligada históricamente al conservatismo, la CGT y la CSTC de orientación comunista, esta última recién legalizada por el propio López Michelsen— coincidieran en una sola convocatoria era, hasta entonces, una hipótesis remota. El sindicalismo colombiano se había construido a lo largo del siglo XX en un mapa fragmentado por lealtades partidistas y por la Guerra Fría, y cada intento previo de acción unitaria había naufragado en las disputas internas.
En 1977 esas divisiones se doblegaron. Las cuatro centrales crearon el Consejo Nacional Sindical (CNS) como estructura de coordinación específica para organizar el paro, y esa arquitectura unificó en los hechos, aunque fuera de manera transitoria, las líneas políticas más dispares del sindicalismo del país. En agosto de 1977 los representantes de las centrales ratificaron la convocatoria formal.
El pliego que hicieron público constaba de ocho puntos, y su carácter combinaba lo económico con lo político de un modo que trascendía cualquier convención laboral: aumento salarial mínimo del 50%, congelamiento de precios de artículos de primera necesidad, jornada laboral de ocho horas, entrega de tierra a los campesinos, derogatoria del Estatuto Docente que había endurecido las condiciones del magisterio, supresión de los decretos de reorganización del Seguro Social, abolición de la reforma administrativa que afectaba a los trabajadores estatales y —punto que enmarcaba a todos los demás— levantamiento del estado de sitio. El paro no pedía únicamente pan: pedía también levantar el andamiaje jurídico con el que el Frente Nacional venía gobernando la protesta.
La respuesta del gobierno fue expedir dos decretos. El Decreto 2004 de 1977 estableció, en su artículo primero, arresto inconmutable de treinta a ciento ochenta días para quienes organizaran, dirigieran, promovieran, fomentaran o estimularan cualquier cese de actividades laborales mientras subsistiera el estado de sitio. Es decir, penalizó por adelantado a los convocantes. A diez días del paro, el 4 de septiembre, apareció el Decreto 2066, orientado a impedir que el movimiento obrero difundiera su convocatoria a través de los medios. Sin acceso a radio ni televisión, los convocantes tuvieron que armar el paro desde el volante, la reunión de barrio y la asamblea universitaria.
La jornada: una coalición inédita
El 14 de septiembre reveló que la convocatoria había desbordado al sindicalismo. En la preparación y en la calle confluyeron sectores que rara vez habían coincidido: juntas de acción comunal de los barrios populares, maestros de escuelas públicas, estudiantes universitarios, la Unión Nacional de Oposición (UNO) y otras fuerzas de izquierda como la URS, sectores del conservatismo, antiguos rojaspinillistas de la ANAPO, disidencias del liberalismo oficial y, por supuesto, la base obrera de las cuatro centrales. Era la primera vez desde el 9 de abril de 1948 que una protesta reunía, sobre un mismo eje, a franjas tan diversas del país.
En Bogotá, los barrios del sur y el occidente —Kennedy, Bosa y la periferia obrera que se extendía sobre Cundinamarca hacia Soacha— fueron el escenario principal. Los cierres de vías, las barricadas y los choques con la fuerza pública se concentraron allí, en las zonas donde la caída del salario real y el encarecimiento del transporte urbano se sentían con más brutalidad. La ciudad quedó, durante horas, fuera del control ordinario de la policía.
En Barrancabermeja, la refinería del país petrolero, el paro adquirió un perfil singular. La población no se concentró en la Gran Avenida del Ferrocarril —el epicentro histórico de las movilizaciones de la Unión Sindical Obrera—, probablemente por el temor a la represión bajo la alcaldía militar que administraba el puerto. La jornada se descentralizó por barrios y contó con un respaldo poco previsible: los padres Rocero, Díaz, Vega y Ojeda, sacerdotes vinculados a la teología de la liberación, declararon que el paro se hacía en nombre de Dios. La adhesión eclesial de base, que en Barrancabermeja llevaba años acompañando el trabajo pastoral en los barrios obreros, amplió la protesta más allá de los cuadros sindicales de la USO.
En Antioquia, la jornada se inscribió en un momento más amplio de convergencia social que venía configurándose desde comienzos de la década: agitación campesina en el oriente antioqueño —donde las movilizaciones cívicas de fines de los sesenta habían reunido a campesinos, ganaderos, estudiantes, comerciantes, políticos locales, la Iglesia Católica y organizaciones comunitarias en una amplia base multiclasista—, movilizaciones de pobladores urbanos en Medellín, Bello e Itagüí, y protestas estudiantiles en instituciones educativas. El paro del 14 fue, para el departamento, el punto de máxima densidad de un ciclo en curso.
Las ciudades intermedias de la región central —Girardot, Ibagué, Chaparral, Duitama, Neiva, Tunja— tuvieron expresiones locales diferenciadas, con paros de transporte, cierre de comercio y concentraciones en las plazas principales. En Cali, Barranquilla y Bucaramanga, la protesta se sintió sobre todo en los barrios obreros y en los cinturones industriales.
Un elemento que marcaría después la lectura política del paro fue la participación de militantes de organizaciones guerrilleras. Cuadros del ELN y de otras estructuras participaron de manera individual y desde los barrios, empujados por sus propios trabajos políticos de masas, mientras sus organizaciones formalmente se mantenían al margen de la convocatoria. El M-19, en cambio, realizó ese mismo día una acción orgánica coordinada. La participación armada fue, en conjunto, marginal frente a la magnitud del movimiento civil; pero fue lo suficientemente visible como para permitir después la lectura militarizada del hecho.
Las causas: crisis salarial y crisis del régimen
El paro tuvo un detonante inmediato claro —el hundimiento del salario real en un año de inflación del 35%— pero descansaba sobre dos capas más profundas.
La primera es la crisis del modelo económico lopista. La administración de López Michelsen había prometido un giro reformista y había gobernado con estado de emergencia, decretos de excepción y una política de ingresos que, en pleno auge cafetero, distribuía la bonanza hacia arriba. La caída sostenida del salario industrial —del índice 100 en 1970 al 80,8 en 1974, sin recuperación hasta 1980— no fue un accidente coyuntural, sino el resultado deliberado de un modelo. Que 1977 se sintiera peor que 1974 con la economía macroeconómicamente floreciendo era exactamente el punto: la bonanza no estaba llegando.
La segunda capa es la crisis del sistema político. El Frente Nacional, el pacto bipartidista que gobernó Colombia entre 1958 y 1974, había terminado formalmente con la elección de López, pero sus mecanismos de exclusión política sobrevivían. La izquierda legal era marginal en el Congreso, los movimientos alternativos —la ANAPO en descomposición, la UNO en construcción— carecían de acceso real al poder, y el estado de sitio permanente hacía las veces de dispositivo para gestionar toda disidencia. Que la convocatoria del paro incluyera, como punto explícito, el levantamiento del estado de sitio revelaba que la protesta apuntaba también a la arquitectura política del régimen, no solo a su política económica.
A ambas capas se sumó el detonante coyuntural: la sucesión de huelgas sectoriales de 1977 —petroleros, cementeros, cerveceros, maestros—, respondidas con declaratorias de ilegalidad, había convencido a las cuatro centrales de que la lucha aislada no funcionaba. La unidad del Consejo Nacional Sindical no fue una conversión ideológica: fue la constatación pragmática de que sin acción conjunta no había manera de mover al gobierno.
La represión: dieciocho muertos y una ciudad militarizada
La cifra que quedó como saldo del 14 de septiembre —dieciocho muertos, alrededor de tres mil detenidos— condensa lo que ese día pasó en las calles. La mayoría de los muertos cayeron en Bogotá, en los barrios del sur y el occidente, en enfrentamientos con la policía y con el Ejército que patrullaba la ciudad. La magnitud de las detenciones, contrastada con el aparato judicial disponible, deja ver que la respuesta fue detención masiva y no procesamiento individual: se detuvo para desactivar, no para juzgar.
El paro reveló, en las grandes ciudades, un grado de violencia estatal que hasta entonces era rutina sobre todo en el campo. Las Fuerzas Armadas actuaron sobre población urbana con métodos que reservaban habitualmente para zonas de conflicto rural. Esa exposición del músculo represivo en el centro mismo de la vida civil marcó al 14 de septiembre y a los meses siguientes: la protesta social urbana quedó registrada, en la doctrina militar del momento, como escenario legítimo de operación castrense.
En los días posteriores al paro, los altos mandos militares —el general Luis Carlos Camacho Leyva a la cabeza, con el ministro de Defensa del gobierno saliente, el general Abraham Barón Valencia— se acercaron a López Michelsen para pedirle un endurecimiento sustancial de las medidas de orden público. La propuesta ya tenía cuerpo: era, en lo esencial, el articulado que después se conocería como el Estatuto de Seguridad. López rechazó adoptarlo. Su gobierno estaba en el tramo final, había una campaña presidencial en marcha, y el presidente entendió que un giro represivo de esa magnitud comprometería su legado más allá de lo tolerable.
Ese rechazo, sin embargo, no clausuró la propuesta militar: la aplazó.
La lectura política: dos espejos armados
Tanto la guerrilla como el Estado leyeron el paro del 14 de septiembre de manera notablemente similar: como evidencia de que las condiciones sociales estaban maduras para una radicalización.
El ELN interpretó el 14 de septiembre como una señal de potencial insurreccional. Instruyó a sus redes urbanas para participar activamente en las jornadas subsiguientes y envió cuadros de la guerrilla rural a varias ciudades para tomar contacto con líderes sociales. La lectura era que el paro anunciaba una fase superior de lucha en la que la movilización civil confluiría con la acción armada.
En el otro extremo, los altos mandos militares —formados durante dos décadas en la Doctrina de Seguridad Nacional difundida a través de la Escuela de las Américas— leyeron el paro también como evidencia de infiltración guerrillera en los movimientos sociales. Bajo esa doctrina, huelgas, manifestaciones y campañas electorales eran considerados focos de conflicto equiparables a acciones subversivas. Que en el 14 de septiembre hubieran participado militantes armados —aunque fuera de manera individual y marginal— confirmaba, para esa mirada, la hipótesis de fondo: la protesta social era la superficie civil de una amenaza militar.
Las dos lecturas eran, en su lógica, espejos. Ambas convertían al movimiento civil masivo en función de las estrategias armadas de sus respectivos actores. Y ambas dejaban fuera lo que el paro tenía de específicamente civil: la coalición multiclasista, la demanda salarial concreta, la exigencia de levantar el estado de sitio, la organización barrial y parroquial. Al leerlo como preludio insurreccional, ambos actores armados marginaron la salida política que el movimiento civil, en la práctica, estaba reclamando.
Esa doble lectura tuvo consecuencias asimétricas. La guerrilla, con capacidad militar limitada, radicalizó su discurso pero no cambió sustantivamente el mapa del conflicto en el corto plazo. El Estado, con la maquinaria completa, sí lo cambió.
El desbloqueo: del rechazo de López al giro de Turbay
Julio César Turbay Ayala se posesionó como presidente el 7 de agosto de 1978. Aproximadamente un mes después, el 7 de septiembre de 1978, expidió el Decreto Legislativo 1923, el Estatuto de Seguridad, amparado en el decreto de estado de sitio 2131 de 1976 que seguía vigente. El general Camacho Leyva, que había pedido el instrumento a López, era ahora ministro de Defensa de Turbay. La propuesta rechazada por el presidente saliente se convirtió, en un año, en decreto vigente.
El Estatuto era, en su arquitectura, el conjunto más comprensivo de restricción de libertades públicas y garantías individuales desde 1958. Ampliaba la competencia de la jurisdicción penal militar sobre civiles, transfiriendo a comandantes de batallón y de brigada la facultad de conocer, juzgar y sancionar delitos que afectaran el orden público. Establecía penas de hasta veinticuatro años de cárcel para quienes en centros urbanos causaran o participaran en perturbaciones del orden público, con condenas proferidas por comandantes de brigada sin recurso de segunda instancia. Creaba mecanismos de censura sobre radio y televisión. Y —esto es lo decisivo— asociaba toda práctica de oposición con la subversión, ampliando figuras penales y sanciones existentes de modo que la protesta social, el sindicalismo, la reunión política y la expresión pública quedaron enmarcados dentro de una lógica contrainsurgente.
La aplicación fue inmediata. En enero de 1979, apenas cuatro meses después de la expedición, el Consejo de Ministros autorizó la detención de 138 personas bajo el Estatuto; al menos diecinueve fueron detenidas entre el 2 y el 8 de enero y sus detenciones se legalizaron retroactivamente mediante el Acta 10. Durante la vigencia del Estatuto se registraron alrededor de 16.000 detenciones por razones políticas, y solo en Bogotá el Ministerio de Defensa reconoció después más de 5.000 personas detenidas y torturadas por militares. El Estado colombiano fue condenado como responsable de las torturas a las que fue sometida Olga López de Roldán en la Brigada de Institutos Militares. El Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas recibió en 1979 la Comunicación 45/1979 denunciando el asesinato intencional de María Fanny Suárez de Guerrero y otras seis personas en un allanamiento ordenado por un juzgado militar, y concluyó que la privación de vida había sido intencional y que las víctimas no tuvieron oportunidad de ser judicializadas.
El Estatuto no operó únicamente contra la guerrilla urbana. Se aplicó contra sindicalistas, estudiantes, médicos, abogados, campesinos y militancia legal de izquierda. En San Martín, Meta, grupos espontáneos de colonos que habían perdido sus tierras por endeudamiento e intentaron ocupar predios en las haciendas La Loma y Chaparral fueron objeto de la nueva normativa. La militancia legal del Partido Comunista, en zonas como la región del Carare, quedó expuesta a persecuciones asociadas a las acciones armadas de grupos guerrilleros con los que no tenía relación operativa. La indiferenciación entre militancia legal y guerrilla, propia de la Doctrina de Seguridad Nacional, dejó al descubierto una franja política amplia que hasta entonces había tenido cierto margen de acción pública.
Las consecuencias: un ciclo que no se cerró
El arco 1977-1978 dejó consecuencias en tres planos.
En el plano inmediato, el movimiento sindical que había logrado la unidad del Consejo Nacional Sindical no consiguió sostenerla más allá de la coyuntura. Las conmemoraciones anuales del 14 de septiembre continuaron hasta entrados los años ochenta, impulsadas por las centrales y con participación estudiantil, pero la coordinación política unitaria se erosionó bajo la presión combinada del Estatuto y de las divisiones internas del sindicalismo. Ninguno de los ocho puntos del pliego se cumplió en los términos exigidos.
En el plano de mediano plazo, la militarización de la protesta social se instaló como política de Estado. El sindicalismo colombiano registró entre 1973 y 2019 alrededor de 15.157 violaciones a la vida, libertad e integridad física de sus miembros, incluyendo 3.264 homicidios, 7.433 amenazas, 768 detenciones arbitrarias, 251 desapariciones y 110 casos de tortura. Antioquia, el departamento donde el ciclo movilizador de los setenta había sido más denso, se convirtió también en el más peligroso para el ejercicio sindical, con 4.703 hechos violentos registrados, cifra casi equivalente al total sumado de Valle, Santander y Cesar. La militancia sindical dejó de ser, en Colombia, una actividad de riesgo político razonable para convertirse en actividad de riesgo vital.
En el plano de largo plazo, el 14 de septiembre marcó el momento en que las Fuerzas Armadas colombianas transformaron su rol político. Hasta mediados de los setenta, el Ejército había sido, en la política interna, una institución con influencia limitada, con tradición de subordinación al poder civil y con una lucha contrainsurgente relativamente exitosa que no había requerido radicalizar métodos al nivel argentino o chileno. Bajo el Estatuto de Seguridad, esa institución se convirtió en garante activo de la seguridad del Estado, con jurisdicción penal sobre civiles, con censura, con detención sin orden judicial y con una doctrina que equiparaba protesta y subversión. El cambio de rol no se revirtió con el final del Estatuto: se institucionalizó.
Por qué el 14 de septiembre sigue importando
El Paro Cívico Nacional de 1977 fue el mayor movimiento social del siglo XX colombiano posterior al 9 de abril, y fue también el punto exacto en que dos historias se cruzaron. Por un lado, la de un régimen —el sistema político que salía del Frente Nacional y el modelo económico que descargaba una bonanza sobre hombros asalariados en caída libre— que había perdido la capacidad de responder con reformas y solo conservaba la de responder con represión. Por otro, la de una coalición civil —sindical, comunal, estudiantil, parroquial, política— que por un día encontró un lenguaje común y una convocatoria capaz de sostenerlo.
La respuesta del Estado no fue el Estatuto de Seguridad de manera inmediata: fue, primero, dieciocho muertos y tres mil detenidos, y después el rechazo de López Michelsen a la propuesta castrense de endurecimiento. Pero esa negativa fue táctica, no estructural. La propuesta ya estaba redactada, la doctrina que la sustentaba ya estaba incorporada por dos décadas de formación militar, y los actores que la impulsaban seguían en su puesto. Bastó el cambio de gobierno para que se materializara.
El paro no creó el Estatuto de Seguridad. Lo desbloqueó. Le dio a los mandos militares, que ya tenían el instrumento y la doctrina, el argumento político que López les había negado: la evidencia visible, en las calles de Bogotá y en los barrios del país, de un malestar civil de dimensiones que ningún gobierno del Frente Nacional había enfrentado antes. Turbay, a diferencia de su predecesor, no tuvo voluntad ni interés en resistir esa presión. El Estatuto fue, así, el producto de una convergencia: una demanda castrense de largo aliento que encontró, en la coyuntura del 77, la ocasión que necesitaba para volverse ley.
Que la respuesta al malestar civil haya sido su militarización —y no una reforma económica, política o laboral que atendiera las razones concretas del pliego de ocho puntos— es la marca decisiva del 14 de septiembre. Colombia optó, en esa encrucijada, por gobernar la protesta con la jurisdicción penal militar antes que por reformar las condiciones que la producían. Esa opción se prolongó, con transformaciones sucesivas, durante las cuatro décadas siguientes. El paro sigue importando porque en su represión se decidió esa continuidad, y porque la coalición civil que reunió —la posibilidad de que sindicatos, juntas comunales, curas de barrio, estudiantes y disidencias políticas actuaran juntos alrededor de un pliego concreto— fue exactamente lo que el Estatuto de Seguridad, y todo el ciclo represivo que abrió, se encargaría de imposibilitar.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 331 cita
[1]grupo gue- rrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN). Omaira había sido una de las creadoras de las estructuras urbanas del ELN en la ciudad de Medellín 43. Años después, el ELN bautizaría a uno de sus frentes con el nombre de “Omaira Montoya Henao”. 3. Antecedentes El segundo semestre de 1977, el país vivía un…p. 33
02Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 396, 4162 citas
[2]identidad con las actividades que adelantaban las organizaciones guerrilleras en Colombia y en el mundo. El gobierno de López se convirtió en el centro de sus críticas y denuncias; así mismo, de manera permanente, informaba sobre la organización popular, los paros, huelgas y mítines en distintos puntos del país.…p. 396
[7]de coordinación denominada Consejo Nacional Sindical (CNS), para orientar las acciones y garantizar el éxito del paro. No fue fácil llegar a ese punto, que unificaba en los hechos, aunque temporalmente, a las más diversas líneas políticas de izquierda y de derecha dentro del sindicalismo colombiano. Para la protesta…p. 416
03The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 142, 2032 citas
[3]unions. 9 The PAN program itself was no more than a small attempt to improve the conditions of reproduction of the labor force without raising 124 The agrarian question and the peasant movement in Colombia its cost, ignoring the fact that low incomes were the cause of malnutrition and reducing the problem to the…p. 142
[42]managed to retain part of the land but, in the other two cases, the peasants accepted money from the landowners and evacuated their plots. 21 Outside the Atlantic Coast there were invasion attempts in veredas of Barranca- bermeja, where the usuarios of Middle Magdalena were trying to rebuild an independent regional…p. 203
0425 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 16, 1972 citas
[4]parecia ser resulladO del aprovechamienlo de una oportunidad polilica afile la allemación. que no estaba en el pac1o orig•nal. en 1.1'1 momen10 de auge revolueionariO inlefnaCional. paso que pUdo ser alimenlado por la exclusión que s!AriO ae los clrculos ol;c;ales del l;berallsmo eo las elecc;ones de 1958 (/IJidem.…p. 16
[16]de la relación estu- diantes-fuerza pública, año tras año se engrosó la lista de mártires estu- diantiles y la memoria colectiva flaqueaba. El Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977 fue objeto de conmemoraciones impulsadas por las centrales obreras. que se realizaron hasta entrados los años 80, y los…p. 197
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4862 citas
[5]adquisitivo de ambas capas de trabajadores: AUGE, NEOLIBERALISMO Y CRISIS 495 CUADRO 8.17 ÍNDICE DE SALARIOS REALES DE LA INDUSTRIA Año 1970 Base: 1970 1970 1971 1972 1973 1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 Obreros 100 96.4 94.1 85.2 80.8 85.3 84.4 85.2 92.7 92.7 94.0 Empleados 100 98.7 94.9 88.6 83.5 88.2 85.0 83.4…p. 486
[6]adquisitivo de ambas capas de trabajadores: AUGE, NEOLIBERALISMO Y CRISIS 495 CUADRO 8.17 ÍNDICE DE SALARIOS REALES DE LA INDUSTRIA Año 1970 Base: 1970 1970 1971 1972 1973 1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 Obreros 100 96.4 94.1 85.2 80.8 85.3 84.4 85.2 92.7 92.7 94.0 Empleados 100 98.7 94.9 88.6 83.5 88.2 85.0 83.4…p. 486
06Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 1591 cita
[8]el ánimo de pro- testa y resistiéndose a negociar, expidió el Decreto 2004 de 1977, el cual estableció en su artículo 1. 0: "Mientras subsista el actual estado de sitio, quienes organicen, dirijan, promuevan, fomenten o estimulen, lS Garzón {2013), p. 43. 1<1 Archila Neira (2005), p.l46. 20 Voz Proletaria, 1977. 21…p. 159
07No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 144, 1472 citas
[9]conformidad con la ley, son hechos susceptibles de producir la desvertebración del régimen 406 Ibíd. 407 Entre otras, se le otorgó reconocimiento a la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), se equiparó el salario mínimo legal del campo con el de la ciudad, se estableció Prosocial como un cobro parafiscal…p. 144
[22]presidente a esa reunión. Cuando terminó la reunión, López agradeció la invitación y se levantó y nos fuimos, no hizo el más mínimo comentario. No le podían presentar a un libe- ral como él hacer censura de prensa. Tiempo después, el Estatuto de Seguridad se lo propusieron a López y dijo que no» 425. Sin embargo,…p. 147
08Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 266, 2692 citas
[10]de las organizaciones sindicales, que tenían un escaso margen de juego en el Consejo Nacional de Salarios, o en el Consejo Nacional Laboral que lo reemplazó en 1987. Sobre un fermento de descontento generalizado, mu y propio de la segunda mitad de la década de 1970, surgió un problema de legitimidad política. Mucha…p. 266
[34]del p en- sami ento argentino de la <1seg uridad naci onah>. Segú n el presidente, esos asuntos debían ser abordados por una Asamblea Constituyente qu e má s ta rd e la Corte Suprema declararía inconstituciona l. En la s el ecc iones d e 1978, Turba y, el repre se ntant e por exce- lencia de la clase política li bera…p. 269
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 105, 1082 citas
[11]desde organizaciones de izquierda hasta liberales y conservadores ospinistas. En el libro Un día de septiembre de Arturo Alape abundan los testimonios al respecto: En la preparación del paro, creamos un comité integrado por representantes de las juntas comunales, sin que hicieran pública su adhesión; participaron…p. 105
[14]paro propuesto por organizaciones armadas, como decía la prensa y Alfonso López, el presidente, ¿sí?, que la mano de las organizaciones había estado ahí y habían financiado, carreta, unas estuvieron al margen, pero los integrantes, los militantes se vieron en un momento dado abocados a participar, ¿sí?, porque había…p. 108
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 83, 862 citas
[12]era una Diócesis de lo que en ese momento enlazaba un poquito con el pensamiento de la teología de la liberación. Ahí están los padres Rocero, el padre Díaz, el padre Vega, el padre […] Ojeda. Todos esos padres están ahí, y sí se les reconoce como Los Padres, y entonces la gente se sentía protegida por esa…p. 83
[25]Leyva y el General Abraham Barón Valencia que era el ministro de guerra de la época, el ministro de Defensa del gobierno López, pidieron endurecer las medidas. […] Un mes después de posesionado, el doctor Julio César Turbay aprobó el Estatuto de Seguridad que es uno de los hechos más vergonzosos de la historia…p. 86
11Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 3001 cita
[13]smuggling of large quantities of marijuana” and respond “in the manner it would if a natural disaster or other grave emergency had struck the area.” Specifically, the White House should order special law enforcement task forces, coordinate with the Department of Justice in reducing the disparity in sentencing for…p. 300
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 811 cita
[15]realizados en abril de 1969 y enero de 1970. Las protestas lograron unir a las comunidades alrededor de la defensa del terri- torio a todos los sectores sociales de estos municipios: campesinos, ganaderos, estudiantes, comerciantes, los políticos locales, la Iglesia Católica, docentes, orga- nizaciones comunitarias…p. 81
13En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 371 cita
[17]del modelo de sustitución de importaciones, y del otro, la crisis agraria. El resultado fue una ola de protestas y ma- nifestaciones en el nivel nacional que desembocaron en el Paro Cívico del 77, que costó la vida a 18 ciudadanos y la privación de libertad a 3.000. Los militares trataron de imponer el llamado…p. 37
14El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 123, 1294 citas
[18]grandes ciudades el grado de violencia del que eran capaces las Fuerzas Armadas contra la ciudadanía inconforme. Tal nivel de represión era rutina en el campo, pero el campo siempre estaba demasiado lejos. Es probable que las Fuerzas Armadas no desearan volver a asumir las riendas del Estado, como en tiempos del…p. 123
[19]grandes ciudades el grado de violencia del que eran capaces las Fuerzas Armadas contra la ciudadanía inconforme. Tal nivel de represión era rutina en el campo, pero el campo siempre estaba demasiado lejos. Es probable que las Fuerzas Armadas no desearan volver a asumir las riendas del Estado, como en tiempos del…p. 123
[36]penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…p. 129
[37]penas podían llegar hasta 24 años de cárcel para quienes en los “centros o lugares urbanos causen o participen en perturbaciones del orden público, o alteren el pacífico desarrollo de las actividades sociales [...]”. Estas condenas, que generalmente eran proferidas por los comandantes de brigada, carecían del recurso…p. 129
15Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 691 cita
[20]de septiembre de 1977, la represión contra los partidos de oposición y los movimientos so- ciales se endureció. Los sectarismos políticos se reeditaron y tu- vieron las mismas manifestaciones violentas de años anteriores. Un año después fue expedido el decreto que dio vida al Estatuto de Seguridad Nacional del…p. 69
16Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 491 cita
[21]de movilización social se había generalizado en todo el país, tanto en los grandes centros urbanos como en las ciudades intermedias y en las zonas rurales. Es impactante constatar que tanto la guerri lla como el gobierno tuvieron una lectura similar de este auge del movimiento social y del paro cívico. Por una parte,…p. 49
17Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 32, 804 citas
[23]rural y urbana. Es en este periodo cuando la prensa por primera vez documentará la inquietud del gobierno respecto del hecho de que la guerrilla había incursionado en las ciuda- des y específicamente en Bogotá, donde se dan las primeras células guerrilleras (El Tiempo, 1977: 1y4c). Estos hechos dieron pie para que la…p. 80
[24]rural y urbana. Es en este periodo cuando la prensa por primera vez documentará la inquietud del gobierno respecto del hecho de que la guerrilla había incursionado en las ciuda- des y específicamente en Bogotá, donde se dan las primeras células guerrilleras (El Tiempo, 1977: 1y4c). Estos hechos dieron pie para que la…p. 80
[29]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…p. 32
[30]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…p. 32
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 691 cita
[26]de las estructuras estudiantiles y sindicales 123. A partir de 1977 las estructuras urbanas del M-19 presionaron pliegos de peticiones sindicales y llevaron a cabo acciones obreristas, como la toma de buses transportadores de trabajadores donde arengaban a los ocupantes y distribuían propaganda. También emprendieron…p. 69
19Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 54, 572 citas
[27]o en contra de la nación, nunca neutrales, dada la visión que se hacía a través del prisma de la lucha contrainsurgente. En ese sentido, las huelgas, la manifestación social y las campañas electorales de ciertas condiciones eran consideradas como focos de con fl ictos y, por ende, sujetos de control estatal 64. La in…p. 57
[32]la normatividad internacional y colombiana sobre la desaparición forzada Presidente de la Republica, en virtud de la disposición constitu- cional, unida a un control formal que ejercía la Corte Suprema de Justicia al centrarse meramente en la existencia de facultad presi- dencial para tal declaratoria 58. Una gran…p. 54
20El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 491 cita
[28]partido conservador. Colombia Nunca Más. Cimitarra. www.dere- chos.org/nizkor/colombia. 178 Voz. Marzo 16 de 1978. 179 Vanguardia Liberal Agosto 28 de 1981. 96 Capítulo 2 97 El orden desarmado La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) tuvo efectos bastante negativos para la…p. 49
21Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 1001 cita
[31]venían enfrentando un desafío insurgente desde mediados de los años sesenta, con la aparición de las guerrillas de las FARC, el ELN y el EPL, lo que haría suponer que habría un contexto parti- cularmente proclive para la radicalización de los medios en la lucha contrainsurgente, dentro de los preceptos de la Doctrina…p. 100
22Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1481 cita
[33]tradición antimilitarista en la que el Ejército desempeña un papel históricamente muy débil. 9 De esa manera lo explica el historiador Fernando Guillén: Al contrario de lo que ocurre en algunos otros países latinoamericanos […] los militares colombianos de carrera no encontraron en su profesión canales de ascenso…p. 148
23Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 521 cita
[35]que el manejo debía ser de manera amplia estatal, no solamente la aplicación de la fuerza y operaciones militares. Se percibe la participación de los ministerios en lo que es de su esencia y su responsabilidad. Y en cuanto a las Fuerzas Militares hay un margen de maniobra más amplio. Por ejemplo, el manejo por parte…p. 52
24"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 251 cita
[38]6; “De los fines del Estado” (Boletín de Estrategia 001), en el mismo ejemplar, pp. 79 a 82; “Organización básica de la defensa nacional”, (Boletín estratégico 002), en Nº. 89, mayo-junio-julio-agosto 1978, Vol. XXX, pp. 227 a 236; “Generalidades sobre seguridad nacional”, (Editorial), en No.96,…p. 25
25La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2721 cita
[39]miembros de las fuerzas armadas. En 1976, fue expedido el decreto 2578, que le concedía a los mayores del ejército y a inspectores de policía la facultad de sancionar con una multa a personas consideradas potencialmente criminales. El segundo decreto fue el 0070, promulgado en enero de 1978 que concedía a miembros de…p. 272
26Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2551 cita
[40]panameños en 1999. Se firmaron tratados de delimitación de áreas marinas y submarinas con Ecuador, Panamá, Costa Rica, República Do- minicana y Haití. Administración Turbay Ayala A López lo sucedió Julio César Turbay Ayala (1916), uno de los más hábiles políticos de la his- toria de Colombia. Su programa presidencial…p. 255
27Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 351 cita
[41]y de seguridad, al fin y al cabo versiones más refinadas del Estatuto de Seguridad de las ad- ministraciones López Michelsen (1974-1978) y Turbay Ayala (1978-1982). La violencia y las guerras civiles del siglo XIX Es posible, además, que la descripción descarnada de acciones violentas y la estrategia narrativa del…p. 35
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4161 cita
[43]1979, el Consejo de Ministros autorizó la detención de 138 personas, dentro de las cuales se encontraban figuras del M-19, estudiantes y médicos, entre otros. Al menos 19 personas detenidas entre el 2 y el 8 de enero de 1979 fueron incluidas en actas ministeriales posteriores a su detención. Es decir, dichas…p. 416
29El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 282 citas
[44]a la justicia, fi nales de la década 1970, Colombia Procuraduría General de la Nación, Estados de Excep- ción, páginas 31 y siguientes, 2004, en el cual se alude a: el caso de la comunicación enviada por Pedro Pablo Camargo en 1979, en nombre del esposo de María Fan- ny Suárez de Guerrero, asesinada el 13 de abril de…p. 28
[45]a la justicia, fi nales de la década 1970, Colombia Procuraduría General de la Nación, Estados de Excep- ción, páginas 31 y siguientes, 2004, en el cual se alude a: el caso de la comunicación enviada por Pedro Pablo Camargo en 1979, en nombre del esposo de María Fan- ny Suárez de Guerrero, asesinada el 13 de abril de…p. 28
30Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7191 cita
[46]esta guerra está viva. ¿por qué sigue pasando? 719 Tabla 3. Violaciones a la vida, libertad e integridad física cometidas contra afiliados al movimiento sindical, según tipo de violencia (1973-2019) Tipo de violencia Mujer % Hombre % Total Amenazas 1.897 26 5.536 74 7.433 Homicidios 336 10 2.928 90 3.264…p. 719