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Biografía

Sinforoso Mutis Consuegra

Pre-independencia

1773–1822

18 min de lectura21 documentos
Nacimientoc. 1773, Bucaramanga, Nueva Granada
Fallecimiento1822
RolesBotánico colaborador de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada · Director interino de la Real Expedición Botánica (1808–c. 1810)
Lugar principalColombia
Período históricoPre-independencia1780–1809
03

La biografía

Sinforoso Mutis Consuegra (c. 1773–1822) fue el botánico neogranadino que heredó, apenas por dos años, la dirección científica de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada tras la muerte de su tío José Celestino Mutis en 1808. Su nombre figura como el del discípulo llamado a continuar el proyecto más ambicioso de conocimiento del territorio emprendido en la América española, y como el sobrino a quien la Independencia arrancó del herbario para depositarlo en la política, donde permanecería hasta su muerte. Entre esos dos destinos —el laboratorio ilustrado y la República en armas— transcurre una vida que la memoria nacional recuerda menos por sus obras que por lo que representa: la generación criolla formada en la Expedición Botánica, entrenada para leer el territorio propio con los ojos de Linneo, y desviada por la coyuntura hacia los cargos, los ejércitos y las juntas de gobierno. Su figura pesa, sobre todo, porque encarna la ambigüedad estructural de la ciencia criolla tardocolonial: producto de un proyecto imperial que, sin quererlo, formó a los hombres que rompieron con España.

02

Línea de vida

  1. 1783

    Incorporación al entorno de la Real Expedición Botánica

    Leer contexto

    La Expedición fue puesta bajo la dirección de José Celestino Mutis el 1 de abril de 1783. Sinforoso, sobrino del director, se formó en ese ambiente durante los últimos años del siglo XVIII, aprendiendo taxonomía linneana, recolección, clasificación de ejemplares y supervisión del trabajo iconográfico junto a dibujantes, herbolarios y corresponsales del proyecto.

  2. 1808

    Asume la continuación del trabajo botánico tras la muerte de su tío

    Leer contexto

    José Celestino Mutis murió en 1808, y Sinforoso recogió la dirección del proyecto. Entre 1808 y aproximadamente 1810 intentó mantener en marcha el herbario, el equipo de dibujantes y la correspondencia científica, ejerciendo una dirección de transición en un momento en que la crisis de la monarquía española minaba las bases institucionales y financieras de la Expedición.

  3. 1810

    Abandono de la ciencia y entrega plena a la política independentista

    Leer contexto

    Desde 1810 y hasta su muerte en 1822, Sinforoso Mutis estuvo completamente absorbido por la política, sin registro de actividad científica sostenida. Su trayectoria ilustra el patrón más amplio de la generación criolla ilustrada, en la que varios sabios formados en la época colonial fueron desviados hacia el liderazgo político republicano, reduciendo la continuidad de la actividad científica en Nueva Granada.

  4. 1816

    Clausura definitiva de la Real Expedición Botánica

    Leer contexto

    La Expedición Botánica fue cerrada en 1816 durante la Reconquista española dirigida por Pablo Morillo. Para entonces Sinforoso llevaba seis años alejado de la labor científica, y el proyecto que su tío había sostenido durante más de tres décadas desapareció como institución sin haber publicado la obra monumental que lo justificaba.

  5. 1822

    Muerte de Sinforoso Mutis Consuegra

    Leer contexto

    Sinforoso murió en 1822, el mismo año en que también falleció Francisco Antonio Zea, su colega del entorno de la Expedición Botánica. Murió sin haber retomado la labor científica, dejando un legado definido más por la custodia del herbario de su tío y por su participación en la política independentista que por una obra botánica propia.

El sobrino del director

Sinforoso Mutis nació en Bucaramanga, en el nororiente del virreinato de la Nueva Granada, en una fecha que la tradición sitúa hacia comienzos de la década de 1770. Llevaba el apellido compuesto Mutis Consuegra, y provenía de la rama neogranadina de la familia, es decir, del linaje que su tío José Celestino, gaditano de origen, había hecho enraizar en América tras su llegada al virreinato en 1761. Esa condición de sobrino no es un dato biográfico secundario: define toda su trayectoria científica. Sinforoso fue, ante todo, el pariente formado bajo la sombra del director, el heredero natural del proyecto botánico, el discípulo cuya lealtad al tío estaba garantizada por la sangre antes que por la conveniencia.

Ese vínculo lo introdujo en el círculo más íntimo de la Real Expedición Botánica, la empresa científica que José Celestino dirigía desde 1783. Cuando el joven Sinforoso se incorporó al equipo, en algún momento de los últimos años del siglo XVIII, la Expedición ya funcionaba como una escuela: reunía dibujantes, herbolarios, colectores y jóvenes ilustrados de diversas provincias, formados en el rigor de la taxonomía linneana y en la convicción, entonces novedosa, de que las plantas del Nuevo Reino de Granada merecían un estudio propio y no una simple anexión a los catálogos europeos. Sinforoso creció intelectualmente en ese ambiente, entre pliegos de herbario, cajas de correspondencia hacia Cádiz y Madrid, y láminas iluminadas por los dibujantes quiteños que su tío había reclutado para dar forma visible a la flora neogranadina. Aprendió allí un oficio y una manera de mirar, una disciplina cotidiana hecha de nomenclaturas, prensados y descripciones que, en la Santafé de fines de siglo, todavía tenía algo de exótico y algo de fundacional.

Su formación combinó, como la de casi todos los criollos ilustrados de su generación, los estudios formales en Santafé de Bogotá con el aprendizaje práctico en el laboratorio del tío. El propio José Celestino había construido, a lo largo de cuatro décadas en América, una genealogía intelectual precisa: había enseñado a Felipe Vergara y Caycedo en los años 1760 y a Eloy Valenzuela en los 1770, quienes a su vez transmitieron los saberes matemáticos y botánicos en el Colegio del Rosario. Sinforoso perteneció a la tercera oleada de esa cadena, la que se formó ya con la Expedición en marcha y con la biblioteca del director como referencia cotidiana. Del joven que fue antes de entrar al proyecto se sabe poco; del botánico que resultó de ese aprendizaje quedan huellas dispersas y el hecho decisivo de que fue él —y no otro— quien recogió las llaves del herbario cuando el tío murió.

La Expedición como escuela

Para entender la ubicación de Sinforoso dentro de la Real Expedición Botánica conviene recuperar la escala del proyecto en el que se formó. La Expedición fue puesta bajo la dirección de José Celestino Mutis el 1 de abril de 1783 —con inauguración oficial el 27 de ese mismo mes— y clausurada definitivamente en 1816, durante la reconquista realista. Entre esas dos fechas se desplegó una de las empresas científicas más largas y ambiciosas de la Corona española en América.

El arzobispo virrey Antonio Caballero y Góngora, que patrocinó la iniciativa en la Nueva Granada tras la sugerencia del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, la concibió como parte de un plan de explotación racional de las riquezas naturales del reino y, sobre todo, como instrumento para cambiar la orientación cultural de los establecimientos de enseñanza, sustituyendo las ciencias especulativas por las exactas y naturales. Esa doble ambición —inventario económico e inflexión cultural— convirtió la Expedición en algo más que una empresa taxonómica. Fue, para ciertos sectores ilustrados neogranadinos, el vehículo por el cual entró al virreinato el concepto de utilidad social de la ciencia, contrapuesto a la cultura colonial de contenido esencialmente religioso y jurídico.

La Expedición tuvo sedes sucesivas: primero en la Mesa de Juan Díaz, en Cundinamarca, en 1783; luego, por un período, en Mariquita, en el actual Tolima; y finalmente en Santafé de Bogotá, donde José Celestino Mutis fijó su residencia definitiva y donde Sinforoso desarrolló la mayor parte de su trabajo. Cada traslado respondió a razones sanitarias, logísticas y políticas que fueron reconfigurando el equipo humano.

El rasgo más singular de la empresa fue su apuesta iconográfica. Llegó a contar con diecinueve dibujantes encargados de ilustrar los ejemplares botánicos, cifra que empequeñecía a las expediciones paralelas de México y Perú, que apenas incluyeron dos dibujantes cada una. Mutis formó él mismo a jóvenes neogranadinos, pero encontró en los pintores procedentes de Quito el material humano más adecuado para su escuela: la Escuela Quiteña era reconocida por la talla de sus esculturas y pinturas basadas en la minuciosidad, los colores brillantes y las líneas sinuosas, y sus jóvenes artistas eran hijos o discípulos de grandes pintores. Los hijos del pintor quiteño José Cortés, por ejemplo, habían aprendido pintura en el taller paterno; sabían representar imágenes de la Virgen pero no íconos botánicos, y fue el propio Cortés quien pidió a Mutis que aconsejara a sus hijos para que no olvidaran el arte religioso y lo practicaran en los días libres, aunque su oficio principal pasara a ser el trazo de las láminas de la Expedición. Ese detalle revela hasta qué punto la Expedición reconvirtió técnicas: transformó pintores de retablos en dibujantes de estambres y corolas, y produjo, en el proceso, una escuela de iconografía botánica sin equivalente en América.

Sinforoso Mutis se movió en ese ecosistema. Trabajó al lado de dibujantes formados por su tío, colectores enviados a las provincias, herbolarios que preparaban los pliegos, corresponsales que enlazaban Santafé con el Jardín Botánico de Madrid. Compartió taller con Salvador Rizo, el mayordomo de la Expedición y uno de sus principales artistas, y con Pablo Antonio García del Campo, que se contaba entre los colaboradores estables. La segunda etapa de la Expedición, la más estudiada y fructífera, coincidió con los años en que Sinforoso hizo su aprendizaje: pintores formados por Mutis, escuelas y técnicas propias, apoyo económico sostenido de la Corona, y una continuidad que le permitió sobrevivir a la muerte del director en 1808 hasta el cierre definitivo en 1816.

El trabajo científico

La labor concreta de Sinforoso Mutis dentro de la Expedición aparece diseminada en el registro documental, pero sin la nitidez con que se conservan los aportes del tío. Colaboró en la recolección, clasificación y descripción de ejemplares, en la organización del herbario y en la supervisión del trabajo iconográfico. Su nombre circuló en la correspondencia científica del período y fue considerado, dentro del equipo, un discípulo capaz. Lo que no se conserva es un cuerpo de obra propia comparable al monumental legado manuscrito de José Celestino.

Esa asimetría no debe leerse como signo de mediocridad. La estructura misma de la Expedición estaba diseñada para producir una obra colectiva bajo un nombre único: el del director. Colectores, dibujantes y colaboradores alimentaban un archivo que se organizaba, se anotaba y se firmaba desde el escritorio de Mutis. Sinforoso trabajó dentro de esa lógica jerárquica y funcionó, en la mayor parte de su labor, como una extensión del proyecto de su tío. Su margen de autonomía era limitado no por incapacidad sino por diseño institucional. La firma del director era, a la vez, un instrumento de gestión y una forma de propiedad intelectual heredada del taller barroco: el maestro concentraba, el discípulo aportaba, y la obra circulaba con un solo nombre en la portada.

Cuando José Celestino Mutis murió en 1808, ese diseño colapsó por la parte alta y Sinforoso se encontró, casi por defecto, con el timón de una embarcación demasiado grande. Llevó adelante brevemente el trabajo botánico de su tío a partir de ese año, y la brevedad no fue elección suya sino imposición de la coyuntura. Entre 1808 y 1810 intentó mantener la maquinaria en marcha —el herbario, los dibujantes, la correspondencia—, pero el proyecto imperial que lo sostenía comenzaba a resquebrajarse desde adentro. La invasión napoleónica de España en 1808, la crisis de la monarquía, el vacío de poder en Madrid: todo eso llegaba a Santafé con retraso, pero llegaba, y minaba la base institucional y financiera sobre la que la Expedición se había levantado durante veinticinco años.

En ese intersticio angustioso, Sinforoso ejerció la única dirección plenamente suya que le corresponde. Fue una dirección de transición, ejercida en un tiempo desquiciado, y no permitió que su nombre se asociara a una obra propia sino más bien a una custodia. Custodió el legado material del tío, mantuvo abiertos los cauces del equipo, dio continuidad al trabajo iconográfico. Pero antes de que pudiera imprimir su propio sello, la Independencia lo arrastró.

La red criolla

Sinforoso Mutis pertenecía a la red de sabios criollos que la Expedición había ido tejiendo a lo largo de tres décadas y que en la primera década del siglo XIX alcanzaba una densidad sin precedentes. Esa red incluía a figuras como Francisco Antonio Zea, quien dirigió el Jardín Botánico de Madrid entre 1805 y 1808 antes de regresar a la lucha independentista; a Francisco José de Caldas, formado en filosofía natural por José Félix de Restrepo y responsable, entre 1808 y 1810, del Semanario del Nuevo Reino de Granada; a Jorge Tadeo Lozano, quien junto al presbítero José Luis de Azuola fundó y dirigió en 1801 el Correo Curioso, erudito, económico y mercantil de la ciudad de Santafé de Bogotá, considerado el primer periódico de particulares en la capital virreinal. Alrededor de estos nombres orbitaban Pedro Fermín de Vargas, Antonio Nariño —quien había impreso los Derechos del Hombre y del Ciudadano en su Imprenta Patriótica el 13 de diciembre de 1793— y una constelación de menores figuras que compartían formación, correspondencia y ambiciones.

Esa red no era una tertulia formalizada ni un club secreto, sino algo más difuso y más eficaz: un entramado intelectual sostenido por los colegios de Santafé, por las publicaciones periódicas, por la correspondencia privada y por la circulación de ejemplares. Reunía a hombres formados en distintas provincias del virreinato en torno a un interés común por la geografía, los recursos y el potencial económico de la Nueva Granada. La Expedición Botánica funcionaba, en ese sistema, como uno de los nodos principales: allí convergían saberes, allí se legitimaba una carrera científica, allí se aprendía a mirar el territorio propio como objeto de conocimiento antes que como mera dependencia colonial.

Sinforoso no fue de los publicistas más visibles de esa red —no editó periódicos, no firmó pronunciamientos famosos, no dejó una obra impresa comparable a la de Caldas—, pero estaba plenamente inscrito en ella. Su posición como sobrino del director de la Expedición le daba una centralidad estructural: era, junto a Zea, uno de los interlocutores obligados de cualquier proyecto botánico o científico en el virreinato. Cuando Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland pasaron por la Nueva Granada en 1801, en el marco de su célebre viaje americano, se encontraron con esa red viva y activa; y cuando la coyuntura política de 1810 forzó a los criollos a tomar partido, Sinforoso lo hizo desde la posición que la red le había asignado: la de un hombre culto, con contactos, con legitimidad intelectual, útil a la causa patriota.

La Expedición no fue una iniciativa aislada, sino la coronación de un proceso más largo que había comenzado en las aulas del Colegio de San Bartolomé, donde José Félix de Restrepo enseñó filosofía de orientación científica moderna entre 1778 y 1781 antes de trasladarse al Colegio-Seminario de Popayán. La difusión de la nueva filosofía —influida por la España ilustrada y por autores como Feijóo— y la introducción del concepto de utilidad social de la ciencia habían preparado el terreno para que la Expedición pudiera ser leída no como una empresa exclusivamente imperial, sino como una posibilidad de emancipación intelectual. Sinforoso Mutis fue uno de los frutos tardíos y ambiguos de ese proceso, alguien cuya formación misma contenía la semilla de la ruptura política que años después habría de arrastrarlo.

De la botánica a la política

El año 1810 marca la fractura biográfica de Sinforoso Mutis. Desde ese momento y hasta su muerte en 1822 estuvo completamente involucrado en la política, sin registro de actividad científica sostenida. No hay matices en este dato: fue una entrega total, una reconversión, un abandono. El botánico que hasta 1810 custodiaba el herbario de su tío se convirtió en un actor de la Primera República y, tras el interregno de la Reconquista, en un funcionario republicano de la Gran Colombia.

Esa reconversión no fue individual sino generacional. Los mismos años en que Sinforoso se apartó del laboratorio vieron a Francisco Antonio Zea trasladarse de la ciencia a la vicepresidencia de Colombia; a Francisco José de Caldas asumir, junto a Joaquín Camacho y José María Gutiérrez, la organización del Diario Político de Santafé de Bogotá, que comenzó a circular el 27 de agosto de 1810 con el fin de divulgar las disposiciones de la Junta Suprema y propagar los ideales de la revolución; a Jorge Tadeo Lozano ocupar la presidencia del Estado de Cundinamarca; a José Félix de Restrepo asumir después las obligaciones judiciales y legislativas que lo apartarían de la docencia a partir de 1825. El fenómeno fue colectivo, sistemático y devastador para la ciencia neogranadina: la generación formada en la Expedición Botánica, en las aulas del Rosario y de San Bartolomé, en los periódicos y las tertulias, fue absorbida por la política republicana con una velocidad que no dejó tiempo para la transición.

Sinforoso Mutis, dentro de ese cuadro, no fue una excepción heroica ni una desviación menor: fue un caso más, quizás uno de los más ilustrativos porque encarnaba con claridad especial la promesa científica interrumpida. Los detalles precisos de su actuación política durante la Primera República —qué cargos ocupó, qué facciones acompañó, qué posiciones defendió— quedan en penumbra, pero la afirmación estructural es firme: fue político desde 1810 hasta su muerte, con la dedicación absoluta que la coyuntura exigía. El paso del herbario a la junta no fue metafórico; fue una sustitución de horarios, de correspondencias, de compañeros de trabajo. Donde antes había pliegos de secado, hubo actas; donde antes hubo cartas a Cádiz, hubo memorias políticas.

Entonces llegó Morillo. El general Pablo Morillo comandó el ejército expedicionario español enviado a Venezuela y la Nueva Granada para reconquistar los territorios independentistas, y su avance fue implacable. Cartagena cayó bajo dominio realista el 6 de diciembre de 1815, tras un asedio de ciento dos días durante el cual la ciudad perdió más de la tercera parte de su población a causa del hambre y las epidemias. La reconquista realista de la Nueva Granada se completó en los primeros días de octubre de 1816, tras una campaña rápida. Ese año fueron fusilados la mayoría de los líderes independentistas neogranadinos: Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, José María Carbonell, entre otros. La represión afectó de manera particular a las élites ilustradas —Morillo fue descrito por historiadores como el chileno Diego Barros Arana y el venezolano Rafael María Baralt como cruel por sistema más que por inclinación— y produjo un vacío en la generación de sabios-patriotas del que la ciencia neogranadina tardaría décadas en recuperarse.

Sinforoso Mutis sobrevivió a esa masacre. No están claras las circunstancias exactas —si logró exiliarse, si permaneció escondido, si su perfil menor lo salvó del pelotón—, pero el hecho es que en 1819, cuando la victoria de Boyacá reabrió el proceso republicano, Sinforoso seguía vivo y disponible. La represión fernandina, con todo su horror, había forzado a los independentistas a unificar esfuerzos, a buscar apoyo en los sectores medios y populares, y produjo también, como efecto contrario al buscado, el desprestigio definitivo de la monarquía española. Los sobrevivientes de la élite ilustrada fueron reabsorbidos por la nueva República, esta vez con menos margen para regresar a la ciencia: había demasiada institución que construir, demasiada guerra que continuar, demasiada muerte que administrar.

Los últimos años

Los últimos años de Sinforoso Mutis coincidieron con la consolidación de la Gran Colombia bajo la vicepresidencia de Francisco Antonio Zea, el otro botánico de la Expedición que había hecho el mismo tránsito. La simetría de sus destinos es elocuente. Zea, director del Jardín Botánico de Madrid entre 1805 y 1808, había sido elegido vicepresidente de Colombia tras la proclamación de la República en diciembre de 1819, y fue enviado por el congreso colombiano a Europa con el objetivo de obtener reconocimiento internacional y fondos extranjeros para el nuevo Estado. Zea murió en 1822, en Europa, mientras cumplía esa misión diplomática. Sinforoso Mutis murió el mismo año, en la Nueva Granada.

La coincidencia cronológica no es una curiosidad biográfica: es el cierre simbólico de la generación botánica de la Expedición. Dos de sus discípulos principales, los dos que habían llegado más lejos en el escalafón científico —uno en Madrid, otro en Santafé—, se apagaron el mismo año, ambos consumidos por la política republicana, ninguno de los dos habiendo regresado a la botánica. Y ninguno de los dos, además, había podido consolidar una obra científica propia comparable con la que la Expedición prometía. Ambos son citados hoy como ejemplos de un mismo fenómeno: sabios criollos absorbidos por la política, perdidos para la ciencia, aunque con trayectorias y desenlaces distintos.

La Expedición Botánica había sido clausurada definitivamente en 1816, durante la Reconquista. Sus materiales —herbarios, láminas, manuscritos— fueron parcialmente embarcados hacia España; otros permanecieron en Santafé; otros se perdieron en el caos de la guerra. Cuando Sinforoso murió en 1822, no quedaba ya el proyecto institucional que había dado sentido a su vida científica. Murió después de que hubiera muerto lo que le había hecho ser botánico.

La Gran Colombia bajo cuya bandera se apagó era una construcción todavía frágil, con instituciones improvisadas, con territorios apenas pacificados, con una hacienda pública desangrada por doce años de guerra. Los sobrevivientes de la Expedición que aún ocupaban cargos no tenían la posibilidad material de reanudar el trabajo botánico interrumpido: los herbarios estaban dispersos, los dibujantes muertos o desperdigados, la Corona patrocinadora convertida en enemigo derrotado. Aunque hubieran querido volver al laboratorio, no había laboratorio al que volver. Sinforoso pertenecía a esa cohorte de científicos sin ciencia, funcionarios de una República que necesitaba administradores más que naturalistas.

La huella y su silencio

La memoria posterior de Sinforoso Mutis está condicionada por dos factores. El primero es la asimetría con su tío. José Celestino Mutis se convirtió, desde muy pronto, en el símbolo central de la botánica colombiana: la Expedición se identificó con su nombre, las láminas quedaron bajo su firma, y la memoria científica iberoamericana lo canonizó como figura fundacional —al punto de que un Premio Iberoamericano de Botánica lleva su nombre y se otorga en España—. Sinforoso, sobrino y continuador, quedó a la sombra de esa figura mayor, con presencia en los índices pero sin capítulos propios.

El segundo factor es la interrupción biográfica. El relato canónico de la botánica colombiana ha tendido a organizarse en torno a tres momentos estelares y tres figuras eminentes —José Celestino Mutis, José Jerónimo Triana y probablemente Enrique Pérez Arbeláez—, dejando a los colaboradores y continuadores en un segundo plano. Sinforoso Mutis nunca fue candidato a integrar ese trío. Su brevísimo período directivo, entre 1808 y 1810, y su abandono posterior de la ciencia lo dejaron fuera del canon fundacional.

Y sin embargo, por eso mismo, su figura resulta reveladora. Los científicos criollos ilustrados —Mutis, Caldas, Zea, Triana— fueron rescatados por la memoria republicana como figuras ejemplares de cultura, erudición y laboriosidad, consolidados como referentes de identidad nacional colombiana. Ese rescate operó por selección: eligió a los que dejaron obra impresa, o a los que murieron trágicamente en el patíbulo, o a los que continuaron produciendo tras la Independencia. Sinforoso Mutis no cumplió con ninguno de esos requisitos. Sobrevivió a Morillo pero no dejó obra mayor; abandonó la ciencia pero no murió mártir; heredó la dirección pero solo por dos años. Su figura queda en un intersticio, y precisamente por eso permite ver lo que la memoria canónica esconde: que la mayoría de los hombres formados por la Expedición no fueron ni fundadores ni mártires, sino continuadores interrumpidos.

José Celestino Mutis, gaditano, representa el proyecto imperial en su cara más lúcida: un savant enviado por la Corona que acabó identificándose con el territorio que estudiaba. Sinforoso, en cambio, es el criollo formado en la Expedición, el producto genuino de la máquina educativa que su tío puso en marcha. La Expedición no fracasó porque España colapsara: la lógica ilustrada que la animaba —la utilidad social de la ciencia, el conocimiento del territorio propio, la formación de una élite criolla capaz de leer su mundo— empujó a esa élite hacia el proyecto republicano, donde la urgencia política devoró la vocación científica. La misma escuela que enseñó a Sinforoso a clasificar plantas le enseñó a pensar el territorio como asunto público, y ese pensamiento, llevado a sus consecuencias, condujo a la junta antes que al herbario.

Sinforoso Mutis no traicionó la ciencia: fue arrastrado por ella hacia otro terreno. Su interrupción botánica en 1810 no es un abandono voluntario ni una debilidad de carácter, sino el punto exacto en que la Expedición, como escuela criolla, colisionó con la coyuntura revolucionaria y produjo el resultado que su patrocinador —el arzobispo virrey Caballero y Góngora— no había previsto ni podía prever. Su nombre permanece como el del sobrino que sostuvo brevemente el proyecto del tío, el criollo que cambió la lupa por la escarapela y murió el año en que también murió Zea, cuando la generación de la Expedición se apagó definitivamente y la ciencia colombiana entró en un largo silencio del que solo Triana, décadas después, empezaría a sacarla.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

21 documentos · 27 fragmentos
01La botánica en Colombia, hechos notables en su desarrolloSantiago Díaz Piedrahita · 2016 · Páginas 21, 2142 citas
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28, 53, 59, 62, 64, 65, 68, 69,70, 72, 75, 76, 78, 80, 81, 86, 91, 92, 93, 95, 96, 97, 98, 100. 101, 102, 103, 104, 107, 108, 110, 118, 215 Lfi índicerfi sc Cntnaíefi, ósrónl cndfiítsl sc lo gslfiáánttn 124, 125, 142, 145, 168, 171, 174, 175, 176, 177, 179, 180, 181, 182, 183, 184, 186, 187, 189, 191, 193, 203. Mutis…

p. 214
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más, entre los muchos que se han escrito so - bre este tema que de suyo ha merecido la atención de una amplia gama de historiadores, intelectuales y académicos colombianos y extranjeros del pasado y el presente siglo. Aparte de describir e interpretar los hechos cruciales a la luz de documentos que por muchos años…

p. 21
02The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Páginas 101, 1072 citas
[2]

from time to time in the 1830s and 1840s and had some impact on at least a few young New Granadans. 30 Some other creole savants who escaped execution were diverted into political leadership and permanently lost to science. Francisco Antonio Zea, at one time director of the Botanical Gardens of Madrid (1805-1808),…

p. 107
[10]

them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…

p. 101
03Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 1841 cita
[4]

the plaza and museum. In a deliberate fashion, the city has been building parks and outdoor public spaces for tourists and citizens alike. 168 22. Casa Mutis CGM, 2008 Place: Mariquita, Colombia This is the house where José Celestino Mutis lived while in Colombia. It was also the headquarters of the botanical…

p. 184
04Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 911 cita
[5]

alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…

p. 91
05Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Páginas 48, 532 citas
[6]

innovación y experimen- tación. La desarrolló únicamente con los recursos que obtuvo de sus distintas disciplinas: médico, mineralogista y profesor. Tuvo un solo pintor de santos, monjas y más adelante, virreyes, Pablo Antonio García del Campo, y alguno que otro ocasional. Este período duró desde 1760 hasta 1783. La…

p. 48
[16]

santafereño, José María Espinosa. Dentro de la comunidad de artistas fue el que causó más proble- mas hasta el punto que Mutis le aconsejó a Rizo, en un momento de crisis, que lo dejara abandonar la Expedición. Donde Mutis pudo modelar su escuela de iconos botá- nicos fue con los quiteños. Los jóvenes, en su gran…

p. 53
06Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 251 cita
[7]

Jose Celestino Mutis leads expedition to search out and describe all botanical species in viceroyalty. 1 794 Antonio Narino is arrested and convicted of sedition for having printed a Spanish translation of the French "Declaration of the Rights of Man and Citizen." 1 808 Abdication of Ferdinand VII, under pressure of…

p. 25
07El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 538, 5432 citas
[8]

el progreso de la sociedad. En el pensamiento neogranadino aparecía el concepto de «utilidad social de la ciencia», que había 370 Vida y escritos, ed. cit., págs. 143 y 144. 544 Jíndi Jícídneer Ucnsi sido completamente ajeno a la cultura colonial, cultura de contenido religioso esencialmente, jurídica y filológi- ca,…

p. 543
[11]

su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…

p. 538
08Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 1781 cita
[9]

taxonómica de la naturaleza, era una estructura del conocimiento que daba más prioridad al orden, a través de la mediday la composición de series jerárquicas. Conocer significaba discriminar, y esta disaiminación tenía lugar a través de la separación de interminables parecidos en dos grupos: de u n a parte, las…

p. 178
09Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Página 2791 cita
[12]

ilustración neograna- dina: Mutis, Zea, Matiz, Caldas, Ulloa, entre otros, además del mismo Rodríguez. El segundo periódico de importancia y el primero fundado y dirigido por particulares, Jorge Tadeo Lozano y su primo el presbítero José Luis de Azuola, tiene una orientación más específica y recibe sólo colaboraciones…

p. 279
10Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Página 1361 cita
[13]

sentim iento incipiente de id en tid a d n eo g ran ad in a antes de finalizar el periodo colonial. El m u ch as veces citado Imagined Com m unities, de Benedict A nderson, sostiene q u e los periódicos del p eriodo colonial tardío, publicados en la N u e Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de…

p. 136
11Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · Páginas 110, 1142 citas
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de las plantas, una perspec- tiva que ciertamente adquirié durante sus viajes por el Cauca y el Ecuador y, sobre todo, cuando insistid en la urgencia de realizar una expedicion «geogra- fica 0 econdémica», con la cooperacién simultanea de astronomos, botanicos, mineralogistas, zodlo- gos, economistas y unos cuantos…

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de clasificaci6n zooldgica y botanica. La Sociedad de Naturalistas publicé dos nu- meros de su boletin: Contribuciones de Colombia a las ciencias y a las artes (1860-1861). En el co- trespondiente al primer ano se incluy6 la que habria de ser la primera obra sobre la historia de la ciencia en Colombia: Memoria sobre…

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12Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1711 cita
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los hechos en los cuales habían participado, sino las virtudes que caracterizaron su actuación. NOSOTROS Y LOS OTROS 172 De científicos como José Celestino Mutis, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Zea y Jerónimo Triana se rescataba su cultura, erudición, mérito, labo- riosidad y dedicación; de héroes…

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13¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 511 cita
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biern o esp a ñ o l y fue c a ptu ra d o en 1814 p or l a s guerrill a s de indígen a s, neg r os y mestiz o s qu e defendí a n l o s a lre d ed or es d e P a st o. Con el rest a blecimiento d e 99 ¿Otra historia de Colombia? Fernando VII en el trono, el movimiento realista se fortaleció aún más, al enviar a Venezuela…

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14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 401 cita
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más radical de santafereños, conocidos como los “chisperos”, se encargó de dificultarle a la Junta Suprema de Santafé la moderación de sus decisiones iniciales. A consecuencia de ello, el 26 de julio, la Junta finalmente declaró que no reconocía al Consejo Supremo de Regencia, marcando un momento decisivo: ninguna…

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15Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 831 cita
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acta en la que se declaraba la total independencia de la provincia de Cartagena, en Nueva Granada, histérico documento que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. que s6lo esperaba la oportunidad para manifes- tarse, como ocurrié en Cartagena el 22 de mayo y el 14 de junio de 1810, cuando el cabildo depuso al…

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16Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 271 cita
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periodistas, a quien le suspendieron los pocos denarios que le pagaban por sus funciones como director de la Bilioteca. Lógico era que quien le debía tanto a la corona, no podía de un momento a otro pronunciarse contra ella. No entendió el buen cubano la situación que se le planteba y por ello aquí empezó su triste…

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17Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 611 cita
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conjunto de leyes podemos rescatar algunos de sus artículos que se orientan al mantenimiento de las propiedades secuestradas. Mediante los procedimientos de secuestros, el Virreinato de Nueva Granada y su capital Santafé de Bogotá se convirtieron en la región administrativa de mayor fortaleza para la “pacificación”,…

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18Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Páginas 28, 1152 citas
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Hhhong (ss * i presidente de las Provincias Unidas de Nueva Gra- “ ti: nada, Camilo Torres. Morillo volvid a Venezuela de- jando al pais en aparente sumision. La represion fernandina estuvo en el origen de un cambio profundo en la contienda civil, pues forz6 a los americanos a unificar sus esfuerzos, hasta entonces…

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dia a los nativos lares. Como es de suponer, cuando finalmente el ge- neral Morillo y sus tropas penetraron en la ciudad, 859 lo que encontraron fue el mas macabro de los es- pectaculos: cadaveres, ruina, miseria, muerte por todas partes. Don Lino de Pombo, testigo presencial del asedio, y otros coeténeos, como el…

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19Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · Página 1031 cita
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102 En lo moral era un hombre imperioso y frío, cruel por sistema más que por inclinación, con arranques espontáneos de franqueza y aun de generosidad in- termitente, pero desconfiado y sujeto a accesos de ira que lo ponían fuera de sí 36. El chileno Diego Barros Arana refiere que es- tando Morillo en Mompós, a…

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20La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · Página 1111 cita
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Alejandro que apoyar a los rebeldes griegos promovía la revolución internacional y se oponía diametralmente a los objetivos de la Alianza. Mientras el zar ya estaba reuniendo los fondos necesarios entre banqueros amsterdameses, supieron evitar a última hora que declarara la guerra a Turquía. 11 La misión de Zea Una…

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21Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · Página 951 cita
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á s i c a d e c o c i n a s t r a d i c i o n a l e s d e c o l o m B i a m i n i s t e r i o d e c u l t u r a Cuando a comienzos de 2012 el naturalista bogotano Santiago Díaz Piedrahita ganó el Premio Iberoamericano de Botánica José Celestino Mutis, en España, el jurado se refirió a “su excepcional trayectoria…

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