Antonio García Nossa
República Liberal
1912–1982
La biografía
Antonio García Nossa (Bogotá, 1912 — Bogotá, 1982) fue economista, sociólogo y ensayista colombiano, y el intelectual que con mayor sistematicidad tradujo la heterodoxia socialista europea a los problemas agrario e indígena de Colombia durante la República Liberal. Su obra es reconocida como una de las más sobresalientes del pensamiento económico colombiano del siglo XX por abundancia, fecundidad y originalidad. Asesoró la plataforma de Jorge Eliécer Gaitán presentada en el Teatro Colón en 1945, fundó ese mismo año el Instituto de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, y vio cómo el país al que dedicó sus diagnósticos se transformó por vías distintas a las que había pensado. No debe confundirse con el comandante homónimo del Ejército de Liberación Nacional (ELN), con quien no guarda relación alguna.
Línea de vida
- 1937
Publicación de 'Pasado y presente del indio' y 'Geografía económica de Caldas'
Leer contexto
García publica en Bogotá, por Editorial Centro, 'Pasado y presente del indio' (con reedición cercana en 1939 que ha generado discrepancias de datación), obra pionera que integra al indígena al análisis económico como sujeto histórico y polemiza con Juan Friede. Ese mismo año aparece la 'Geografía económica de Caldas', encargada en 1936, que representa su ruptura empírica con el medio intelectual bogotano: García sale al terreno, recoge datos y mapea la estructura productiva del corazón cafetero del país, inaugurando el análisis económico de escala regional en Colombia.
- 1938
Publicación de 'Esquema de la economía colombiana'
Leer contexto
García ensaya una lectura de conjunto de la economía colombiana, articulando su aparato heterodoxo —influido críticamente por la escuela histórica alemana y el socialismo— para diagnosticar la estructura agraria, el latifundio y el atraso económico como obstáculos estructurales, no como accidentes históricos.
- 1943
Publicación de 'Regímenes indígenas de salariado'
Leer contexto
Profundiza su análisis sobre las formas de trabajo forzado y servil que articulan la condición indígena con la estructura agraria colombiana, consolidando su posición como referencia en el campo indigenista antes de la profesionalización de la antropología en el país.
- 1945
Fundación del Instituto de Ciencias Económicas y asesoría a la plataforma gaitanista
Leer contexto
García funda el Instituto de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, primer espacio institucional orientado a formar economistas con vocación nacional y enfoque histórico-estructural, distinto del derecho y del marginalismo naciente. Ese mismo año elabora puntos fundamentales de la plataforma política de Jorge Eliécer Gaitán, algunos presentados en el discurso del Teatro Colón, entre ellos la propuesta de limitar la tenencia de tierra y revertir al Estado las tierras tituladas pero no explotadas.
- 1948
Publicación de 'Bases de la economía contemporánea' y cierre del ciclo gaitanista
Leer contexto
En 'Bases de la economía contemporánea' García formula su crítica a Keynes, calificándolo como 'el economista ortodoxo del capitalismo monopolista, cuyo problema fundamental es el del pleno empleo', y rechaza su método de equilibrio parcial. El asesinato de Gaitán ese mismo año cierra el ciclo del populismo civil y le enseña, a costa de la experiencia, las dificultades reales de los movimientos populares en Colombia.
- 1983
Publicación póstuma de sus tesis sobre la República Liberal
Leer contexto
Una obra citada con fecha 1983 recoge sus tesis sobre la Generación del Centenario y López Pumarejo, en las que sostiene que la 'Revolución en Marcha' no quedó en manos de generaciones de ideología revolucionaria sino en las de la élite burguesa liberal, y que el desplazamiento de la presión hegemónica del partido hacia la ocupación material y burocrática del Estado hizo más vulnerable a la República Liberal y estimuló las deformaciones absolutistas del Estado representativo.
Un heterodoxo de la República Liberal
García Nossa pertenece a la primera generación de intelectuales colombianos que hizo del análisis económico y social una disciplina profesional, y lo hizo al margen de las corrientes académicas dominantes de su tiempo. Cuando en 1930 el Partido Liberal recupera el poder con Enrique Olaya Herrera y se abre el ciclo de dieciséis años conocido como la República Liberal, García tiene dieciocho años y se forma en un ambiente donde el socialismo —en sus versiones utópica, científica y de Estado— compite con el keynesianismo naciente, con la escuela histórica alemana que llega tarde al país y con un pensamiento tradicional anclado en la jurisprudencia y las humanidades clásicas.
A García lo separa de sus contemporáneos un aparato conceptual heterodoxo que se empeña, además, en anclar empíricamente en la realidad colombiana. Escribe sobre el indio antes de que la antropología esté consolidada como disciplina en el país; coordina una geografía económica regional cuando el país carece de estadísticas confiables; propone una interpretación de la estructura agraria en la que los grandes propietarios no son un accidente sino un obstáculo estructural; y, ya en los años cuarenta, funda una institución destinada a formar economistas con vocación nacional. En todos esos gestos hay un mismo impulso: construir una ciencia social colombiana que no sea reflejo mecánico de teorías europeas, sino elaboración propia sobre un país de estructura singular.
Esa pretensión no lo pone del todo a salvo de una crítica que se le ha formulado a la izquierda intelectual colombiana del siglo XX: la de aplicar versiones prosaicas de teoría social universal a una formación histórica que exige análisis original. García figura en esa crítica —junto con la mayoría de los izquierdistas colombianos—, aunque su caso admite matices que otros no toleran. Sostenerlo como pensador central del pensamiento económico colombiano del siglo XX y a la vez inscribirlo en la crítica general al eurocentrismo de la izquierda es la primera tensión que este retrato registra.
Formación
García nace en Bogotá en 1912, cuando la Regeneración ha cerrado su ciclo y el país busca acomodo entre la hegemonía conservadora y las presiones modernizadoras del café, los ferrocarriles y las primeras huelgas obreras. Realiza estudios secundarios en Bogotá e ingresa a la Universidad Nacional de Colombia, donde cursa Derecho y Ciencias Económicas, disciplina esta última que en aquel momento carecía todavía de currículo autónomo y se enseñaba como apéndice de la Facultad de Derecho. Se gradúa en la década de 1930, en el momento en que el liberalismo prepara su regreso al poder y en que Bogotá empieza a articular circuitos intelectuales alternativos a la Universidad Nacional decimonónica.
La generación a la que pertenece —la que llegará a la vida pública en los años treinta— hereda las lecturas de un modernismo tardío, la irrupción de la sociología alemana traducida por vía francesa y española, y la circulación novedosa de literatura socialista latinoamericana editada por casas argentinas y mexicanas. Ese cruce de itinerarios da al joven García un horizonte de lecturas que rebasa el marco jurídico y humanístico dominante en la Universidad Nacional y en el Colegio Mayor del Rosario, y lo acerca a un pensamiento social que en Colombia todavía carece de canal institucional propio.
La bibliografía posterior de García da pistas sobre su ecosistema de lectura. En sus obras incorpora deliberadamente fuentes americanas e hispanoamericanas —memorias de hacienda colombianas del siglo XIX como las de Calvo y Castillo y Rada, obras de Salvador Camacho Roldán, autores del campo argentino como Sergio Bagú y Manuel Bilbao publicados por Claridad y Sopena— y aparta, en la explicitación de sus deudas, las obras europeas de teoría general que utilizó en su redacción. El gesto, más que omisión, es declaración de método: la teoría se lee en Europa, pero se piensa desde América. Sus prefacios se dirigen al "lector colombiano y americano", trazando un horizonte de circulación regional latinoamericana que en los años treinta y cuarenta era todavía excepcional.
Primeras obras: el indio y la economía regional
El primer libro que ancla a García en el debate público es Pasado y presente del indio, publicado en Bogotá por Editorial Centro en 1937 (con reedición cercana en 1939, lo que ha generado discrepancias de datación en la ficha bibliográfica canónica). Es un ensayo que se anticipa a la conformación de la antropología profesional en Colombia y que polemiza con Juan Friede, entonces la otra gran voz sobre la cuestión indígena. Su gesto es doble: rescata al indio del olvido positivista que lo trataba como problema demográfico o folclórico, y lo integra al análisis económico como sujeto histórico cuya condición explica en parte la estructura agraria del país.
En 1936, cuando Alfonso López Pumarejo lleva dos años ejecutando la "Revolución en Marcha" y el país discute la reforma agraria que se cristalizará en la Ley 200, García recibe un encargo que marcará su trayectoria: elaborar una Geografía económica de Caldas. Publicada en 1937, la obra le exige salir del gabinete y recorrer un departamento que es entonces el corazón cafetero del país, con su tejido de haciendas y de pequeña propiedad campesina, sus rutas comerciales y sus élites regionales. La Geografía económica de Caldas representa la ruptura empírica con un medio intelectual bogotano acostumbrado a la especulación jurídica y al ensayo literario. García sale al terreno, recoge datos, mapea actividades y traduce esa materia bruta en interpretación económica. El libro es también un ejercicio pionero de escala regional: en un país donde la reflexión económica se pensaba desde la capital y en clave nacional agregada, el trabajo sobre Caldas muestra que las unidades departamentales tienen configuraciones productivas, sociales y comerciales lo suficientemente densas como para exigir análisis propio.
En 1938 aparece Esquema de la economía colombiana, obra en la que ensaya una lectura de conjunto del país. En 1943 publica Regímenes indígenas de salariado, y en 1948 Bases de la economía contemporánea, donde su relación crítica con Keynes queda formulada en términos que después se citarán con frecuencia. Aunque estudia con interés la concepción keynesiana de la intervención estatal y la economía de guerra —temas que él mismo considera centrales para superar el atraso económico y la autocracia política—, rechaza el método del equilibrio parcial y las relaciones macroeconómicas que hacen del pleno empleo el problema por excelencia. En una fórmula que sintetiza esa distancia, califica a Keynes como "el economista ortodoxo del capitalismo monopolista, cuyo problema fundamental es el del pleno empleo". La sentencia es reveladora: para García el pleno empleo es un problema de sociedades ya desarrolladas; el problema colombiano es otro, y exige otro aparato.
Cargos institucionales y fundación del Instituto de Ciencias Económicas
García ocupó a lo largo de su vida diversos cargos técnicos y académicos. Fue funcionario del Ministerio de Economía Nacional durante la primera administración López Pumarejo, asesor en tareas de planificación económica y estadística, y profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia. Participó en misiones y consultorías internacionales, entre ellas trabajos para la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y para organismos de Naciones Unidas en materia de reforma agraria y planificación, y ejerció la docencia y la asesoría en varias universidades latinoamericanas, entre ellas la Universidad Central del Ecuador y universidades bolivianas, en las décadas de 1950 y 1960.
En 1945 funda el Instituto de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional. La institución representa el intento más ambicioso de García por dotar al país de un espacio propio de formación económica, distinto del derecho —desde donde tradicionalmente se pensaban las cuestiones económicas— y del incipiente marginalismo que años más tarde se impondría. El Instituto es, en su diseño, un aparato para formar economistas capaces de pensar la especificidad colombiana con instrumentos heterodoxos: pensamiento histórico-estructural, sociología de las clases rurales, análisis de la dependencia externa. En esas coordenadas, García anticipa preocupaciones que la teoría de la dependencia sistematizará una generación después.
El mismo año 1945 lo encuentra involucrado en la política práctica. Elabora puntos fundamentales de la plataforma con la que Jorge Eliécer Gaitán se posiciona como el liderazgo popular de un liberalismo que se agrieta. Algunos de esos puntos son presentados por Gaitán en el discurso del Teatro Colón. El más nítido en materia agraria propone limitar la tenencia de tierra a un máximo de mil hectáreas y revertir al Estado las tierras tituladas pero no explotadas por los terratenientes. Es, en esencia, una radicalización del espíritu que la Ley 200 había traicionado en la práctica: cerrar la vía de la lenta transformación capitalista de la hacienda mediante trabajo asalariado y abrir la vía redistributiva.
La asesoría a Gaitán no es un episodio menor sino una prueba de laboratorio del pensamiento de García. Le permitirá comprender —a costa del asesinato de Gaitán en 1948 y del cierre del ciclo populista civil— las dificultades reales que enfrentan los movimientos populares para tener éxito en Colombia. Es la lección amarga de un intelectual que había pensado la planificación y la economía de guerra como caminos hacia la superación del atraso y la autocracia, y que ve cómo el bloque dominante clausura precisamente esos caminos.
La cuestión agraria: la Ley 200 y las dos vías inconclusas
El eje mayor del pensamiento de García durante la República Liberal es la cuestión agraria, y su análisis de la Ley 200 de 1936 se ha convertido en referencia obligada. La ley, expedida durante el primer gobierno de López Pumarejo bajo presión del malestar rural que desde 1929 se manifestaba en invasiones de latifundios en Sumapaz, Cundinamarca, el norte del Valle del Cauca y Tolima, ordenaba la reversión al Estado de las tierras no explotadas económicamente y concedía a los grandes propietarios un plazo de diez años para poner sus predios a producir mediante trabajo asalariado.
Para García, la Ley 200 expresaba de manera ambigua las dos vías posibles del desarrollo capitalista en el campo colombiano. Una era la distribución de tierras no explotadas. La otra, la transformación capitalista de la hacienda mediante trabajo asalariado. La ambigüedad no era retórica sino política. La "Revolución en Marcha" nunca pretendió eliminar a los terratenientes como clase; prefirió la vía de la lenta transformación capitalista de la hacienda y otorgó plazos que en la práctica se convirtieron en tiempo ganado por los grandes propietarios. La reversión al Estado de las tierras ociosas, disposición central de la ley, nunca se cumplió. Cuando el plazo de diez años se acercaba, la Ley 100 de 1944, promulgada durante el segundo gobierno de López, modificó los términos en beneficio de los grandes propietarios.
El diagnóstico de García sobre este proceso conecta con una tesis más amplia: la solución al problema agrario en Colombia no vino por la subdivisión de la propiedad ni por el abatimiento de la gran hacienda, sino por el rompimiento de las relaciones de trabajo iniciado en los años veinte con el movimiento campesino contra las relaciones serviles. La estructura de la hacienda fue una traba para la formación de un proletariado y de un mercado de tierras, pero su disolución no siguió el camino redistributivo. El modelo de política de tierras privilegió la entrega de baldíos —para no afectar la gran propiedad con fines redistributivos— y dejó a los campesinos beneficiados a la espera de servicios estatales que tardaron décadas en llegar.
El intelectual que diagnosticó con lucidez la ambigüedad de la Ley 200 y que asesoró a Gaitán en propuestas redistributivas radicales vio cómo el problema agrario colombiano se resolvió —hasta donde se resolvió— por vías que escapaban a su marco. El proceso lo hicieron los campesinos que rompieron las relaciones serviles antes de que él escribiera, y lo consumó una modernización capitalista que preservó la gran propiedad transformando su relación con el trabajo. Su diagnóstico fue más certero como radiografía del fracaso reformista que como programa efectivo de transformación: el instrumento analítico de García sirve para explicar por qué no ocurrió la reforma que él mismo consideraba deseable, y lo hace porque el aparato conceptual está calibrado para captar los mecanismos de bloqueo antes que las condiciones de posibilidad de la transformación.
La crítica a la República Liberal: López Pumarejo y el "gobierno de partido"
En textos posteriores, García elabora una lectura sistemática de la República Liberal. Su tesis central es que la "Revolución en Marcha" no quedó en manos de generaciones de ideología revolucionaria sino en las de la élite burguesa de la Generación del Centenario, y que con el gobierno de López Pumarejo la presión hegemónica de partido se desplazó enérgicamente hacia la ocupación material y burocrática del Estado.
Para 1936, sostiene García, el partido liberal ocupaba solo y sin disputas el andamiaje del Estado, con el repliegue táctico del partido conservador. Esa ocupación no fue neutral: hizo más vulnerable a la República Liberal y estimuló, a partir del segundo gobierno de López, las deformaciones absolutistas del Estado representativo. La tesis del "gobierno de partido" —expresión que García acuña con precisión analítica— describe una dinámica en la que la hegemonía se ejerce menos por consenso ideológico que por control burocrático, con el consiguiente vaciamiento simbólico de las banderas reformistas.
En ese cuadro, López Pumarejo no es para García el revolucionario que la iconografía liberal celebró después, sino el más inteligente reformista de la burguesía liberal. La caracterización de "caudillo burgués", "hábil administrador", "pragmático" y "demagogo" circula en la tradición de comentaristas de García. Su lectura desmonta el mito de una ruptura radical: la elección de López fue producto de alianzas tácticas dentro del Partido Liberal y no significó la derrota de la fuerte facción terrateniente. A partir de 1937 se pactó una "pausa" en las reformas ante el crecimiento de la oposición de los gremios afectados y otros estamentos sociales, y las medidas legislativas vieron debilitado su alcance.
El primer gabinete de López es sintomático de esa dinámica. No incluyó grandes líderes del liberalismo tradicional sino jóvenes intelectuales: Alberto Lleras con veintiocho años, Plinio Mendoza Neira, Antonio Rocha, Jorge Soto del Corral, Darío Echandía, todos menores de treinta y ocho años. Esos jóvenes —lo advirtió García con temprana lucidez— dominarían la política colombiana durante las tres décadas siguientes. La República Liberal fue, en su diagnóstico, el momento en que una generación se apropió del Estado desplazando la presión ideológica hacia la administración de un aparato.
La crítica alcanza también a la izquierda. Ni el efímero movimiento unirista de Gaitán —la Unión de Izquierda Revolucionaria, que Gaitán liquidó al reincorporarse al Partido Liberal cuando López anunció reformas que sintetizaban sus anhelos— ni el Partido Comunista, que respaldó abiertamente los gobiernos liberales en la lógica de "frente popular", lograron impulsar una ideología liberal arraigada en las masas. Ese fracaso permitió que el liberalismo cooptara a los movimientos populares mediante asesorías legales, reglamentación sindical desde 1931, sindicalización agenciada por el Estado y lazos con dirigentes provenientes de fracciones radicales del propio partido.
Red intelectual: Gaitán, Nieto Arteta, Molina, Friede
La red intelectual de García durante la República Liberal se articula alrededor de figuras que hoy nombran territorios enteros del pensamiento colombiano del siglo XX. Con Jorge Eliécer Gaitán la relación es de asesoría técnica al populismo civil. Gaitán se había posicionado como político de izquierda dentro del liberalismo, cultivando bases entre trabajadores urbanos, campesinos y huelguistas rurales, con una retórica de oposición al "plutocratismo antinacional" que se distanciaba tanto de la ortodoxia liberal como del comunismo prosoviético. García proporcionó al gaitanismo elementos programáticos —singularmente en materia agraria— que traducían el impulso emocional del movimiento en propuestas concretas. Esa colaboración se cristaliza en la Plataforma del Colón de 1945.
Con Luis Eduardo Nieto Arteta, autor de Economía y cultura en la historia de Colombia (1942), García comparte el proyecto de una economía política nacional: leer la historia colombiana con instrumentos económicos, buscar los engranajes materiales bajo la superficie política, dotar al país de una interpretación propia. Los dos son ejemplares tempranos de una generación que hace del análisis económico un instrumento crítico, aunque su formación y sus énfasis difieren: Nieto Arteta, jurista de formación, se acerca al problema económico desde la historia del derecho y las instituciones; García, desde la sociología rural y la economía política aplicada.
Con Gerardo Molina, García comparte la tradición socialista y la producción historiográfica de izquierda. Molina, autor de Las ideas liberales en Colombia y Las ideas socialistas en Colombia, pertenece al mismo campo intelectual que acentúa la ruptura de López Pumarejo con el modelo liberal del siglo XIX y que construye una lectura estructural de la República Liberal.
Con Juan Friede, la relación es polémica. Ambos disputan el terreno del indigenismo y de la historia social del indio en Colombia. La disputa marca una de las primeras controversias sostenidas en Colombia sobre cómo pensar la condición indígena: no como resto etnográfico, sino como problema histórico y estructural.
Alrededor de esa red concreta se dibuja un campo más amplio: los sindicalistas y campesinos organizados en las asesorías del liberalismo, los profesores del Instituto de Ciencias Económicas y los intelectuales de izquierda que en los años sesenta consolidaron el marxismo académico en la Universidad Nacional.
Obras principales
Entre sus libros y trabajos mayores figuran:
A ellos se suma una producción abundante de artículos, informes técnicos y ponencias en revistas colombianas y latinoamericanas. Obra suya siguió circulando editorialmente hasta 1983, un año después de su muerte, en ediciones cuya condición original, reeditada o póstuma no siempre es fácil de discernir.
Reconocimientos
García fue miembro correspondiente de sociedades científicas y económicas latinoamericanas, y su obra recibió reconocimiento sostenido en circuitos universitarios de la región. Su nombre ha sido dado a cátedras, seminarios y centros de estudio en varias universidades colombianas, entre ellos la Cátedra Antonio García de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, sede de posgrados en pensamiento económico y desarrollo. En homenajes póstumos, colegas y discípulos publicaron volúmenes colectivos que examinan su contribución a la economía política y a la sociología rural latinoamericanas.
Huella: dependencia anticipada, exilio interior, tradición interrumpida
Después de 1946, con la vuelta del conservadurismo al poder y el inicio del ciclo que desembocaría en La Violencia, García entra en una fase distinta. El asesinato de Gaitán en 1948 clausura el populismo civil sobre cuya plataforma había trabajado; el país se sumerge en un ciclo de violencia bipartidista que dura hasta 1957; y la profesionalización e internacionalización de la economía colombiana empieza a desplazar el aparato conceptual histórico-estructural en el que él operaba. La economía académica se orienta hacia la teoría marginalista, los modelos de equilibrio general, el álgebra matricial y la econometría, dejando al margen a los intelectuales que —como quienes habían introducido la escuela histórica alemana— trabajaban con otros instrumentos.
En ese contexto, la obra de García adquiere el carácter de tradición interrumpida. Su análisis de la Ley 200, su tesis del "gobierno de partido", su crítica temprana a Keynes desde la periferia, su insistencia en la planificación y la economía de guerra como vías para superar el atraso, su lectura del indio como sujeto histórico: todo eso anticipa, con dos décadas de anticipación, categorías que la teoría de la dependencia sistematizará en los años sesenta y setenta desde la CEPAL y desde el pensamiento social latinoamericano. Cuando Raúl Prebisch consolida el estructuralismo y cuando la vertiente leninista del marxismo colombiano se afirma en los años sesenta postulando las contradicciones productivas como base de la sociedad, el aparato de García está ya construido, aunque su relación directa con esas corrientes posteriores no siempre sea explícita.
La consecuencia es paradójica. García es reconocido como uno de los pensadores económicos más sobresalientes del siglo XX colombiano y, al mismo tiempo, opera en un exilio interior respecto de la economía académica que se profesionaliza a su alrededor. Sigue publicando, pero su lugar es cada vez más el de una autoridad que se cita más que se practica. El desfase entre reconocimiento y continuidad efectiva es característico de las tradiciones intelectuales que quedan a caballo entre dos regímenes disciplinares: la economía política de raíz histórica que García cultivaba pierde terreno frente a una economía profesionalizada de vocación matemática, y la sociología histórica de la que fue precursor tardará todavía dos décadas en encontrar cauce académico estable en las universidades colombianas.
La crítica al eurocentrismo de la izquierda intelectual colombiana matiza ese reconocimiento. Al aplicar versiones de teoría social universal —marxismo, keynesianismo, dependencia— a una formación social de singular estructura y anómalo desarrollo histórico, la izquierda produjo una historiografía que hizo aparecer a Colombia como más revolucionaria de lo que fue. García está incluido en esa crítica general, aunque se le reconocen matices que a otros no se les admiten. El intelectual que más se esforzó por construir una ciencia social colombiana empíricamente anclada no estuvo del todo libre del universalismo teórico que había querido evitar.
Su huella es doble. Por un lado, García dejó un aparato interpretativo que sigue siendo referencia obligada para pensar la República Liberal, la cuestión agraria colombiana, la ambigüedad de la Ley 200, el carácter reformista y no revolucionario de López Pumarejo, la ocupación burocrática del Estado por el partido de gobierno. Por otro, dejó una tradición institucional —el Instituto de Ciencias Económicas, la vocación de una economía política nacional— que la modernización disciplinar posterior no continuó y que hoy se recupera más como capítulo de la historia intelectual que como programa vigente. En un país donde el pensamiento social ha oscilado entre el importe teórico y el ensayismo impresionista, Antonio García Nossa fue de los primeros que intentaron una síntesis: leer a Colombia con instrumentos rigurosos sin renunciar a la especificidad de su historia.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 31 fragmentos01Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 2271 cita
[1]las entidades te- rritoriales y fortalecer las rentas de la Nación, así como centralizar las fun- ciones administrativas en el Gobierno Nacional. Pensamiento económico colombiano en el siglo xx La orientación científica colombiana en materia económica durante el si- glo xx es mucho más compleja que la que prevaleció…
p. 227
02A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Páginas 234, 2472 citas
[2]be found in the resort to Keynesianism applied to Latin America by Prebisch and ECLAC. They later radicalized and 216 Salomón Kalmanovitz combined Marxist and Leninist elements in the dependency theory. García studies Keynes with interest in the development of the conception of state intervention and war economy but…
p. 234
[4]institutions in method and concepts slowly disappeared among the majority of economists (López 1984). Margin - alist economic theory, general equilibrium models, matrix algebra, input-out - put tables, slightly more refined statistics, and econometrics have been adopted by mainstream economists, but also by…
p. 247
03Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 3411 cita
[3]burló de los lugares comunes dé Nieto Arteta sobre la estabilidad poJítica de la nación promovida por el café. La bárbara intensidad que asumió el conflicto en las zonas cafete ras demolió la Jírica descripción "lopezmesiana" de la civilización de vertiente. Empero, la forma poJítica tradicional en que La Violencia…
p. 341
04Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Páginas 19, 6292 citas
[5]se ha ubicado a la cultura dentro de los hechos que la ocasionaron, y la ocasionan. Será posible en tal virtud, presentar en nuevas obras a la cultura como un cuerpo inhistórico y hacer de ella una exhaustiva explicación formal. Se prescindirá o se podrá prescindir de colocarla o situarla dentro de la histo- ria,…
p. 19
[6]Memoria de Hacienda. 2 Con el fin de no ampliar desmesuradamente la presente bibliogra- fía, se ha prescindido de hacer figurar en ella las obras europeas, en las cuales se encuentran aquellas teorías generales que se han utilizado para la redacción de la obra. 630 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc Bagú, Sergio, 1939, Mariano…
p. 629
05Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 351 cita
[7]2006b “Interpretaciones antropológicas sobre lo ‘indígena’ en Colombia”. Universitas H um anística. (62): 15-41. Duque Gómez, Luis 1947 “Información antropológica de Colombia: 1947”. Boletín B ibliográfico d e A ntropología A m erican a. 10: 16-19. Dussán de Reichel, Alicia 1965 P roblem as y n ecesid ad es d e la…
p. 35
06Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Páginas 171, 1742 citas
[8]generaciones de ideología revolucionaria, sino en las ma nos de la élite burguesa de la Generación del Centenario” (García, 1983: 221). Algunos dirigentes buscaban un cambio revolucionario, pero ni el partido uni- rista ni el comunista estuvieron a la altura de la coyuntura, para impulsar una ideología liberal…
p. 174
[15]los centros vitales de la economía. “Bien podría resolverse la presión sobre la tierra a partir de la colonización de regio nes alejadas, pero ello dejaba sin resolver el problema esencial: convertir la agricultura en un mercado para los productos manufacturados y estimular la provisión de productos para los centros…
p. 171
07Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · Página 221 cita
[9]Depresión que, al aumentar los precios de los productos importados, los había puesto por fuera del alcance de la 1nayoría de los consu1nidores y estünuló así la demanda de productos locales, disponibles a precios mucho más b~jos. Es de anotar que el Par- tido Conservador ejercía un proteccionisn1o con1ercial que rigió…
p. 22
08Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 721 cita
[10]crecimiento económico. Con este objeto trajo a su Gobierno un programa completo de reforma social y un nuevo grupo de intelectuales y administradores para que lo ejecutaran. Su primer gabinete no incluía ninguno de los grandes líderes del Partido Liberal. Estaba compuesto de jóvenes in- telectuales como Alberto…
p. 72
09El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · Página 361 cita
[11]la conformación de una amplia capa media campesina que pro- dujera grandes excedentes agrícolas que sirvieran para obtener un bajo nivel de precios para las subsistencias (salarios) y ma- terias primas de la industria, para dar lugar a un alto nivel de exportaciones agrícolas diferentes al café y para constituirse, en…
p. 36
10Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Páginas 337, 3874 citas
[12]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…
p. 337
[13]y cómo se indemnizaba a los propietarios por la pér- dida de sus rentas. Nunca se pretendió eliminar a los terratenien- tes como clase, lo cual desentraña a cabalidad el alcance de la reforma vislumbrada por la "Revolución en Marcha". Se dirimía, además, la vía para el desarrollo del capitalismo en el campo; con base…
p. 337
[18]y la dignidad, mientras el país nacional se debatía en la miseria. En lo tocante al problema agrario, Gaitán, en el Programa del Colón, de 1945, 47 subrayaba la necesidad de limitar la extensión de la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y de revertir al 46 Ver definición de populismo en Laclau, op. cit., p. 187.…
p. 387
[19]y la dignidad, mientras el país nacional se debatía en la miseria. En lo tocante al problema agrario, Gaitán, en el Programa del Colón, de 1945, 47 subrayaba la necesidad de limitar la extensión de la tenencia a un máximo de 1.000 hectáreas y de revertir al 46 Ver definición de populismo en Laclau, op. cit., p. 187.…
p. 387
11El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 3861 cita
[14]de la Ley de Tierras 14• Los fundamentos teóricos, las bases ideológicas y los efectos prácticos de la Ley 200 han sido muy divulgados y analizados por diferentes especialistas, especialmente en el campo del derecho agrario. Esto nos permite tocarla sólo de pasada. En cuanto a modernizar el derecho dándole uniformidad…
p. 386
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 501 cita
[16]jueces agrarios y estableció mecanismos para evitar la acumulación ociosa de baldíos, lo que a la larga les permitió a muchos campesinos hacerse con la propiedad de la tierra que ocupaban. Así se inició una tradición en el modelo de garantía del derecho a la tierra del campesinado que privilegió la entrega de baldíos…
p. 50
13Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 3631 cita
[17]nacional. Esta obligación se denominó “prueba diabólica”, puesto que para muchos propietarios era practicamente imposible cumplirla. “Estas sentencias —indica Albert Hirschman— hicieron temblar los cimientos del orden establecido. Acuciados por sus necesidades, los arrendatarios no fueron nada remisos para aprovechar…
p. 363
14The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 3661 cita
[20]laundresses, waiters, small proprietors, and renters. This was the fluid world that had produced his own class mobility and that fueled his politics. He knew that Co- lombia’s electoral system was ballooning and that winning meant moving to its outer edge. Beyond the cities, he explicitly pitched himself to radicals…
p. 366
15Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 4841 cita
[21]época de la Violencia, que va de 1946 a 1957; después, el Frente Nacional, de 1958 a 1982 y, por último, el proceso de negociación, apertura política y reforma institucional que se viene desarrollando desde 1982. Cada uno de ellos se desenvuelve en el contexto de unos hechos y situaciones específicas, tiene unas…
p. 484
16No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 491 cita
[22]ideología de ultraderecha tenía audiencia y el anticomunismo, arraigo. Si bien en Bogotá los partidos mantenían las formas, en medio de una gran polarización política, en las regiones los episodios de violencia pasaron de ser esporádicos a reiterados. Probablemente uno de los episodios que marcaron el regreso de la…
p. 49
17Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2011 cita
[23]cam bios no fueron muy dr á sticos. Entre é stos estuvieron una reforma constitucional que dio otra vez el voto a pobres y analfabetos. El sufragio universal estuvo acompa ñ ado de la movilizaci ó n del elec torado, que se acostumbr ó a hacer manifestaciones callejeras para respaldar un gobierno que promet í a educaci…
p. 201
18Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 2871 cita
[24]campaña reformista "(43). En un comportamiento contradictorio, que dejó sorprendidos a amigos y enemigos, Jorge E. Gaitán, después de negar que tenía alianzas con el liberalismo, apareció en una lista oficial de ese partido a la Cámara. Cuando fue elegido renunció a la UNIR, dejando huérfana a la organización, la que…
p. 287
19Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 181 cita
[25]las dificultades que tuvieron para actuar en el ámbito político colombiano; aunque, participaron de la “crisis del sistema conservador”, como lo demostró la creciente actividad huelguística en los años veinte y treinta. 50 El incipiente peso de los movimientos políticos de izquierda permitió que estos se replegaran al…
p. 18
20Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 3371 cita
[26]esfuerzos El 18 de julio de 1944 se produce la tentativa de golpe militar contra Ló- pez, conocido como el golpe de Pasto. El presidente recibió un respaldo po- pular considerable, que lo llevó a ope- rar con un giro a la izquierda en su go- bierno. No olvidemos, además de los hechos internos, el avance de los alia-…
p. 337
21Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1371 cita
[27]administración, los trabajadores y los comunistas se la jugaron por apoyarlo y defenderlo políticamente, en especial después del intento de golpe de Estado del 10 de julio de 1944, cuando el presidente fue apresado por un movimiento militar en Pasto. Los militares demostraban así que no estaban al margen de los…
p. 137
22Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · Página 201 cita
[28]Gabriel Misas, recuerda que "en la Uni- versidad Nacional,..., se podían contar, en el lapso 1960-1965, únicamente tres profesores marxistas" (ibid., p. 213). [22 ] MAURICIO ARCHILA su difusión, especialmente en el sistema público de educación superior. En esas condiciones sociopolíticas y culturales, el marxismo…
p. 20
23Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 3741 cita
[29]Gustavo Humb erto Rodríguez, 0/ay a H errera: político, estadista, caudillo, Bogotá, 1979; Eduardo Z uleta Ángel, El presidente Ló pe z, Mede- llín, 1968 y Richard E. Sharplcss, •Gaitán o[Co/ombia: A Política/ Biograp~y, Pittsburgh, 1978. En su Estudio sohre las tmdencias ideológi c as de/libe ralismo en Col o mbia,…
p. 374
24Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Páginas 33, 392 citas
[30]al que aspirábamos trascendía la academia, tenía como objetivo primario la población y por ello buscábamos una forma sencilla que, en ocasiones, se codeaba con lo elemental. Por ese camino, en ciertos planteamientos nos encontramos con el dogmatismo y con la interpretación mecánica del devenir de las clases sociales,…
p. 33
[31]Editores, 1977. 46 Id. El café en Colombia 1930-1958: producción, circulación y política. Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1982. 47 Marco Palacios. El café en Colombia (1850-1970): una historia económica social y política. Bogotá, Presencia, 1979. 48 José Antonio Ocampo. Colombia y la economía mundial 1830-1910.…
p. 39