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Ensayo · Constitución de 1991 · 1991–2002

El exterminio del sindicalismo colombiano (1986-2010)

Entre 1986 y 2010, Colombia fue el país más letal del mundo para el trabajo organizado: más de 2.500 sindicalistas asesinados y el 54% de los homicidios sindicales globales en el año 2000. La pregunta central es si esa violencia fue daño colateral de la guerra contrainsurgente o un mecanismo deliberado y funcional al modelo de apertura económica de 1990.

14 min de lectura2.996 palabras46 documentos59 fragmentos
El exterminio del sindicalismo colombiano (1986-2010)
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La violencia antisindical colombiana fue estructuralmente funcional al régimen aperturista, no mero subproducto de la guerra. La coincidencia cronológica entre el pico letal y la implementación de la Ley 50 de 1990 y la Ley 100 de 1993, la geografía patronal de las víctimas concentrada en sectores exportadores y privatizados —banano en Urabá, carbón en el Cesar, servicios públicos, alimentos—, y los pagos documentados de Chiquita Brands y Drummond a grupos paramilitares convergen en una arquitectura de complicidad que no se explica por la lógica contrainsurgente general. Esta funcionalidad se inscribe en una larga duración cuya matriz fue fijada en la Masacre de las Bananeras de 1928: la misma United Fruit Company, rebautizada Chiquita Brands en 1990, confesó en 2007 haber financiado paramilitares en el mismo enclave exportador, reproduciendo el dispositivo —marco legal represivo, complicidad patronal, retórica de estigmatización— con 79 años de distancia.

La tensión

La tesis del daño colateral, sostenida por el Estado colombiano ante la OIT y la CIDH en los años noventa, atribuye los asesinatos a un clima generalizado de violencia y señala que el sindicalismo cayó en la lógica más amplia del exterminio de la izquierda legal —junto a la Unión Patriótica y excombatientes desmovilizados—, sin que mediara un designio económico específico. Su argumento más sólido es que la violencia paramilitar victimizó a múltiples colectivos más allá del sindicalismo, lo que sugeriría una lógica contrainsurgente ampliada antes que una conspiración patronal-laboral. La tesis opuesta señala que esa explicación no da cuenta de la geografía patronal de las víctimas: Antioquia concentró 4.703 hechos violentos según el Sinderh-ENS —cifra cercana a la suma de Valle, Santander y Cesar—, y la correspondencia entre sectores estratégicos de la economía exportadora y la letalidad antisindical es demasiado precisa para ser azarosa. El nudo irresoluble es si los casos judicialmente documentados —Chiquita Brands, Drummond, Ingenio San Carlos— son excepciones que confirman una regla general de contrainsurgencia o el vestigio visible de una práctica sistémica que la impunidad estructural impidió esclarecer en su magnitud real: de los miles de homicidios registrados, solo la condena de Ramiro Rengifo Rodríguez por el Ingenio San Carlos constituye una sentencia firme por connivencia empresa-paramilitares.

Temas
Apertura económica y reestructuración laboral (1990)Paramilitarismo y Autodefensas Unidas de ColombiaMasacre de las Bananeras (1928) y larga duración de la violencia antiobreraTransnacionales y responsabilidad empresarial (Chiquita Brands, Drummond, Coca-Cola)Unión Patriótica y exterminio de la izquierda legalImpunidad estructural y justicia transicional en Colombia
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Ensayo completo

La lectura

¿Fue el exterminio del sindicalismo colombiano (1986-2010) daño colateral de la guerra o pieza funcional del modelo aperturista?

Entre 1986 y 2010, Colombia fue el país más letal del mundo para el trabajo organizado. Más de 2.500 sindicalistas asesinados en las dos décadas del pico paramilitar, y en el año 2000 el país concentró por sí solo el 54% de los homicidios y desapariciones forzadas de sindicalistas registrados en el planeta: 76 casos de 140. En los primeros diez meses de 2002, la cifra local trepó a 146. Esa concentración anómala coincidió, en su arranque cronológico, con el desmonte del modelo proteccionista y la instalación del régimen aperturista: la Ley 50 de 1990 flexibilizó la contratación, la Ley 100 de 1993 abrió la seguridad social al capital privado, y entre 1990 y 1994 cerca de 514 sindicatos entraron en receso o fueron liquidados, con pérdida de unos 95.229 afiliados. ¿Fue esa simultaneidad coincidencia trágica, trabajo organizado atrapado en una guerra ajena, o la violencia antisindical operó como pieza funcional del nuevo régimen de acumulación, con arquitectura probada de alianzas entre patronato regional, transnacionales, fuerza pública y paramilitarismo, en continuidad con un dispositivo represivo cuya matriz fue fijada en 1928?

¿Qué se juega en la pregunta?

La respuesta no es un ejercicio académico. Determina si el Estado colombiano y las empresas beneficiadas por la reestructuración de los noventa fueron víctimas pasivas de la violencia paramilitar que degolló al sindicalismo, o si fueron, en distintos grados de dolo, tolerancia y complicidad, cocontratantes de esa violencia. La tesis del daño colateral, que fue la respuesta oficial colombiana ante la OIT y la CIDH en los años noventa, atribuyó los asesinatos a un "clima generalizado de violencia" con múltiples actores —narcotráfico, guerrilla, paramilitares, delincuencia común— y sugirió que ciertos sindicalistas mantenían vínculos con la insurgencia. Esa retórica no solo explicaba: descargaba responsabilidad. La tesis contraria sostiene que la letalidad colombiana careció de paralelo regional precisamente porque no se explicaba por la guerra —Perú y Guatemala también tuvieron conflictos armados sin cifras comparables de sindicalistas muertos—, sino por un dispositivo específico en el que la violencia paramilitar sirvió intereses económicos concretos en sectores concretos: banano, carbón, palma, servicios públicos, alimentos.

Se decide, así, la naturaleza del régimen que se instaló en Colombia con la apertura: si fue un modelo económico que operó sobre una violencia preexistente y la padeció, o si esa violencia le fue constitutiva. La distinción tiene consecuencias jurídicas sobre la responsabilidad de empresas y agentes estatales, memoriales sobre cómo se nombra a las víctimas, y políticas sobre qué reparación es debida a un movimiento social que fue reducido de una tasa de sindicalización del 16% de la población económicamente activa en 1980 a mínimos históricos en los años dos mil.

¿Cuáles son los términos del debate?

La lectura del daño colateral tiene, entre sus mejores argumentos, la constatación de que la violencia paramilitar victimizó a muchos otros colectivos: militantes de la Unión Patriótica, excombatientes desmovilizados, campesinos, defensores de derechos humanos. El período de mayor violencia antisindical, iniciado hacia 1986, coincide con el exterminio de la UP y con la persecución a quienes habían firmado acuerdos de paz. Desde esta óptica, el sindicalismo cayó en la lógica más amplia de exterminio de la izquierda legal y de la oposición social, en un ciclo que, de manera anómala, coincidió con la democratización del sistema político. La violencia habría sido, entonces, contrainsurgente en un sentido ampliado: eliminar la "base social" real o presunta de la guerrilla, dentro de la cual paramilitares y agentes estatales incluyeron sindicalistas, docentes y estudiantes.

La lectura opuesta señala que esta explicación no da cuenta de la geografía patronal de las víctimas. El Sistema de Información sobre Derechos Humanos de la Escuela Nacional Sindical (Sinderh-ENS) registra 4.703 hechos violentos en Antioquia, cifra cercana a la suma de Valle, Santander y Cesar. Antioquia no fue el departamento más peligroso por casualidad: allí se concentraban las plantaciones bananeras de Urabá, la industria antioqueña y el sindicalismo docente de Adida, cuyos dirigentes Orlando Alberto Gutiérrez Zapata (1999), Sergio Uribe Zuluaga (2000) y Bernardo Vergara Gómez (2000) fueron asesinados en la ciudad donde, entre 1995 y 2007, murieron 96 sindicalistas. Cesar concentró la violencia en el corredor carbonífero de La Loma; Barrancabermeja y el Magdalena Medio, la violencia contra el sindicalismo petrolero. La correspondencia entre sectores estratégicos de la economía exportadora y letalidad antisindical es demasiado precisa para ser azarosa.

Entre ambas lecturas se juega la pregunta más incómoda: ¿fueron las alianzas documentadas en casos específicos —Chiquita Brands, Drummond, Ingenio San Carlos— excepciones que confirman una regla general de contrainsurgencia, o el vestigio judicial de una práctica sistémica que la impunidad impidió esclarecer en su magnitud real?

¿Qué arquitectura empresarial quedó documentada?

El caso Chiquita Brands es el más contundente. En 2007, la compañía, la antigua United Fruit Company rebautizada en 1990, confesó ante una corte federal de Washington haber financiado a las Autodefensas Unidas de Colombia entre 1997 y 2004 a través de su filial Banadex. Los pagos, legales en Colombia, cayeron bajo la legislación antiterrorista estadounidense a partir de la designación de las AUC como organización terrorista en 2001. En 2002, la Junta Directiva ordenó una auditoría externa; consultados sus abogados, la empresa optó por revelar los pagos y negociar un acuerdo con el Departamento de Justicia. El argumento central de las demandas civiles presentadas por las víctimas colombianas es que Chiquita no habría pagado por extorsión sino a cambio de seguridad y de un "ambiente laboral favorable", lo que en la práctica significó la intimidación, expulsión y asesinato de líderes sindicales en Urabá. Los tribunales aún no se han pronunciado sobre la responsabilidad de la empresa frente a las víctimas.

Ese "ambiente laboral favorable" tuvo formas concretas. Carlos Castaño organizó el Bloque Bananero bajo la dirección de un empresario del sector, con el propósito explícito de coordinar la relación entre paramilitares y la agroindustria bananera. En la Zona Bananera del Magdalena y en Urabá, trabajadores sindicalizados y directivos de Sintrainagro fueron asesinados selectivamente bajo la acusación de vínculos guerrilleros, en connivencia con propietarios de fincas. Testimonios recogidos por el CNMH documentan órdenes patronales para suprimir la organización sindical bajo esa retórica.

El caso Drummond ofrece la segunda pieza. En procesos ante la Corte del Distrito Norte de Alabama y en audiencias del Congreso de Estados Unidos, la minera del carbón fue acusada de financiar operaciones paramilitares en el Cesar y de proporcionar apoyo logístico a las AUC. El excontratista Alberto Blanco Maya declaró haber pagado cerca de 900.000 dólares a las AUC entre 1997 y mediados de 2001, y señaló que el departamento de seguridad de la empresa consideraba que eliminar a los líderes sindicales beneficiaba indirectamente a la compañía. Los homicidios de Valmore Locarno y Víctor Hugo Orcasita, dirigentes de Sintramienergética, aparecen en el corazón del expediente. El exparamilitar Edwin Manuel Guzmán declaró ante el Congreso estadounidense que Drummond entregó motocicletas y camiones a los paramilitares para patrullar el área de sus instalaciones. Drummond ha negado sistemáticamente cualquier vínculo; su presidente José Linares ha sostenido que la directriz de la empresa era trabajar únicamente con autoridades gubernamentales. Las acusaciones no se han traducido en condenas firmes, pero el volumen probatorio acumulado en sede judicial estadounidense es sustancial.

El tercer caso, Coca-Cola a través de sus embotelladoras en Colombia, llegó a tribunales de Florida por demanda de Sinaltrainal, que organizó tribunales internacionales contra la empresa por violaciones a derechos humanos. El asesinato del sindicalista Isidro Segundo Gil en Carepa en 1996 se convirtió en el emblema del litigio. En paralelo, Nestlé Colombia enfrentó el caso de Luciano Romero, dirigente de Sinaltrainal y exempleado de la empresa despedido en octubre de 2002, asesinado antes de poder testificar ante el Tribunal Permanente de los Pueblos en Berna sobre las políticas sindicales de la multinacional en Colombia.

A estos casos hay que sumar la única condena penal firme por vínculos empresa-paramilitares en el litigio antisindical colombiano: la de Ramiro Rengifo Rodríguez, exjefe de seguridad del Ingenio San Carlos, por entregar información al Bloque Calima sobre supuestos colaboradores de la guerrilla, entre ellos Fredy Ocoró Otero, fiscal del sindicato de trabajadores de Bugalagrande, quienes fueron amenazados o asesinados como resultado. La sentencia contra Rengifo no es una anécdota: es la excepción que ilumina la regla. En el resto de los casos, la connivencia patronal quedó en el terreno de la denuncia, el testimonio y la demanda civil, sin cierre judicial.

Junto a la arquitectura patronal, la fuerza pública dejó su firma. Adán Alberto Pacheco, fiscal de Sintraelecol, fue asesinado el 2 de mayo de 2005 tras aparecer en listas que el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) proporcionó al Bloque Norte de las AUC. La Red 07 de Inteligencia de la Armada Nacional fue señalada por la persecución a líderes sindicales en Barrancabermeja durante una primera fase paramilitar. La Corte Suprema de Justicia estableció que el Frente José Pablo Díaz del Bloque Norte desplegó un discurso antisubversivo para dar sustento ideológico a la persecución de civiles dedicados a la reivindicación de derechos sociales; su jefe alias 'Don Antonio' reconoció haber ordenado asesinatos de sindicalistas, docentes y estudiantes bajo el pretexto de vínculos guerrilleros.

¿Por qué importa 1928 como matriz?

Reducir la pregunta al arco 1986-2010 desconoce que Colombia ya había resuelto la relación entre organización obrera exportadora y violencia estatal-patronal más de medio siglo antes. En octubre de 1928, el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez aprobó la Ley Heroica o Ley de Defensa Social, que prohibía la formación de organizaciones populares y sindicales de oposición, impedía la difusión de "ideas socialistas" y estableció mecanismos de condena rápida. La jerarquía católica la celebró con telegramas de felicitación a los congresistas. Semanas después, el general Carlos Cortés Vargas ordenó disparar contra la multitud de trabajadores bananeros reunida en la plaza de Ciénaga, en la Masacre de las Bananeras. Los huelguistas habían presentado un pliego de nueve puntos que exigía, entre otras cosas, la abolición del pago en vales canjeables únicamente en los comisariatos de la United Fruit Company, la eliminación del sistema de contratistas intermediarios mediante el cual la empresa evadía el seguro colectivo, y el cumplimiento de la legislación laboral colombiana vigente. Un observador contemporáneo describió el enclave de la UFCO, dueña en 1921 del 59% de la tierra productiva e improductiva de la región, como "un verdadero Estado dentro del Estado colombiano".

La continuidad no es metafórica. La misma United Fruit Company, rebautizada Chiquita Brands en 1990, confesó en 2007 su financiación paramilitar en el mismo país, en un contexto de violencia contra el mismo tipo de trabajadores. Entre 1928 y 2007 median 79 años, tres guerras internas y una apertura económica, pero la estructura básica —transnacional bananera, enclave exportador, trabajadores organizados perseguidos con la anuencia o la acción de la fuerza pública— se repite con precisión desconcertante. La estigmatización del sindicalismo como amenaza subversiva, hoy nombrada bajo la ecuación guerrilla-sindicato, fue formulada legalmente en 1928 bajo la ecuación socialismo-desorden. El mecanismo discursivo cambió de vocabulario; la función represiva permaneció.

Esta larga duración importa porque desmiente la lectura que atribuye la letalidad antisindical exclusivamente a la coyuntura paramilitar de los años ochenta y noventa. El paramilitarismo fue el ejecutor moderno de un dispositivo cuya arquitectura —marco legal represivo, complicidad patronal, tolerancia estatal, retórica de estigmatización— venía funcionando desde antes. La apertura económica no inventó ese dispositivo: lo reactivó y lo intensificó en un momento en el que el trabajo organizado representaba un obstáculo específico para la reestructuración en curso.

¿Fue funcional al modelo, aunque descentralizada?

El material acumulado permite sostener una posición precisa, que evita tanto el reduccionismo del daño colateral como la exageración de la conspiración sistémica: la violencia antisindical colombiana fue estructuralmente funcional al régimen aperturista.

Tres evidencias convergen. La primera, la coincidencia cronológica: el arranque del pico letal en 1986, su aceleración con la Ley 50 de 1990 y la Ley 100 de 1993, y su cúspide entre 2001 y 2002 trazan un arco paralelo al de la implementación aperturista. La liquidación de 514 sindicatos entre 1990 y 1994 no ocurrió a pesar de la apertura; ocurrió dentro de ella y por ella, con la quiebra documentada de al menos 25.000 fábricas por las reducciones arancelarias. La segunda, la geografía patronal de las víctimas: bananeras de Urabá y del Magdalena, carbón del Cesar, servicios públicos, alimentos, palma, sector eléctrico. Los sectores exportadores y los privatizados, los dos ejes del nuevo modelo, concentraron la violencia. La tercera, los pagos documentados: Chiquita, Drummond y el patrón que sugieren los casos de Coca-Cola y Nestlé permiten afirmar que hubo transferencia de recursos empresariales a las estructuras que ejercieron la violencia letal contra los trabajadores organizados de esas mismas empresas.

Pero la arquitectura no operó como conspiración centralizada. Operó mediante alianzas locales entre patronos, comandantes paramilitares con jurisdicción territorial y agentes estatales de la región —jefes de inteligencia militar, funcionarios del DAS, oficiales de policía— dispuestos a compartir listas, tolerar operaciones o ejecutar directamente. Cada frente paramilitar tuvo su ecosistema patronal. El Bloque Bananero se acopló a la agroindustria de Urabá. El Bloque Norte, a la minería del carbón y al sector eléctrico del Cesar. El Bloque Calima, al sector azucarero del Valle. El Frente José Pablo Díaz, a distintos sectores del Caribe. La ausencia de una condena por asociación coordinada a escala nacional no significa ausencia de coordinación local: significa que la coordinación operó en escalas territoriales y sectoriales, no en una sala de directorio única.

Esta precisión no exculpa; agudiza el diagnóstico. La violencia antisindical colombiana fue el precio que el modelo aperturista descargó sobre el trabajo organizado, ejecutado por actores paramilitares en alianza con patronos y agentes estatales que compartían un mismo interés objetivo: eliminar el obstáculo sindical a la flexibilización, la privatización y la reducción de costos laborales. Que ese interés no requiriera una directiva centralizada para materializarse es, si acaso, la prueba más eficaz de su funcionalidad al modelo: cada actor local pudo actuar por su cuenta porque sabía que su acción encajaba en la lógica general.

La caída de la tasa de sindicalización, del 16% en 1980 a mínimos históricos dos décadas después, no se explica solo por los asesinatos. La combinación de flexibilización laboral, liquidación de sindicatos, estigmatización mediática —el término "oligarquía del overol" acuñado por la prensa de los noventa para desprestigiar a los trabajadores sindicalizados—, sustitución de convenciones colectivas por pactos suscritos con trabajadores no sindicalizados, y desplazamiento constituyó un régimen de destrucción cuya eficacia no dependía de la bala. Y sin embargo, la focalización en los asesinatos —3.264 en el período 1973-2019, según el Sinderh-ENS— tiende a oscurecer que la violación más frecuente contra sindicalistas fue la amenaza, con 7.433 casos, seguida del desplazamiento forzado, con 1.951, y la detención arbitraria, con 768. Se puede matar un sindicalismo sin matar sindicalistas, y en Colombia se hicieron las dos cosas a la vez.

La comparación regional confirma la anomalía. En 1999, América Latina registró 90 muertes de sindicalistas y el 70% de las detenciones globales; para 2000, Colombia concentraba 76 de 140 asesinatos y desapariciones mundiales. La violencia antisindical fue un patrón latinoamericano, pero la magnitud colombiana careció de paralelo, y esa desproporción exige explicación institucional, no meramente coyuntural. Argentina, Chile y Brasil vivieron dictaduras que cooptaron o desmantelaron el sindicalismo por vías institucionales; México lo integró al régimen priísta mediante corporativismo. Colombia siguió otra ruta: economía exportadora con capital transnacional intensivo, fuerza de trabajo organizada en enclaves, paramilitarismo con financiamiento diversificado y Estado con capacidad selectivamente delegada. De esa combinación resultó un régimen de exterminio, no de cooptación. La diferencia no es de grado; es de naturaleza institucional.

¿Qué queda abierto?

La posición sostenida no cierra tres flancos que la evidencia disponible deja pendientes.

El primero es probatorio. Más allá de Chiquita, que confesó ante una corte estadounidense pero no ha sido responsabilizada por sus víctimas colombianas; del expediente Drummond, abierto en Alabama sin condena firme; y de la sentencia contra Ramiro Rengifo en el Valle, la connivencia empresa-paramilitares-fuerza pública en la violencia antisindical no ha sido esclarecida judicialmente en Colombia con la sistematicidad que la magnitud del fenómeno exigiría. La impunidad, constatada incluso después de que los homicidios cayeran aproximadamente un 70% según la ENS y más del 80% según cifras gubernamentales hacia 2010, impide elevar la funcionalidad documentada en casos concretos a una demostración de política patronal-estatal deliberada a escala nacional. El nudo probatorio sigue abierto no porque la evidencia sugiera inocencia sino porque el sistema judicial colombiano no procesó, a pesar de tener elementos, la responsabilidad de conjunto.

El segundo es la agencia autónoma del paramilitarismo. Los grupos paramilitares no fueron meros instrumentos del capital: tuvieron agenda territorial propia, financiamiento diversificado en narcotráfico, extorsión y apropiación de tierras, y una lógica de control social que desbordó cualquier cálculo empresarial. Parte sustancial de la violencia antisindical respondió a su proyecto de dominación regional antes que a demandas patronales específicas. La estigmatización guerrilla-sindicato, aunque útil a intereses empresariales, operó con dinámica propia: el alias 'Don Antonio' del Frente José Pablo Díaz o los comandantes del Bloque Norte y del Bloque Bananero persiguieron sindicalistas también cuando ningún patrono lo había solicitado, porque la eliminación del liderazgo social era parte de su proyecto de reordenamiento territorial. Reducir el paramilitarismo a agente del capital simplifica una realidad más compleja: fue agente del capital en ciertas coyunturas, y agente de sí mismo en otras.

El tercero es la pregunta que la evidencia ya no puede responder sola: ¿cuánto de lo ocurrido volverá a ser nombrado como violencia funcional al modelo, y cuánto quedará archivado como violencia genérica de una guerra? El disciplinamiento del trabajo bajo la apertura colombiana fue un proceso multiforme cuyo saldo letal no tiene paralelo en América Latina y cuya continuidad con la Masacre de las Bananeras de 1928 sugiere que Colombia perfeccionó, más que inventó, un dispositivo represivo cuyas víctimas siguen esperando la verdad judicial que las cifras, por sí solas, no bastan a producir.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

46 documentos · 59 fragmentos de referencia
01The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1801 fragmento
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from kidnappings, but to also dispossess peasants from their land, which has been increasingly concen- trated to the advantage of agroindustrial businesses and mining companies (Reyes Posada 2009). Paramilitary death squads have played a fundamental role in the repression of workers’ organizations and the selective…

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02El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 121, 1253 fragmentos
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de la ci- fra mundial de 140 sindicalistas víctimas de asesinato o desaparición forzada, Colombia registraba 76, a lo que se sumaban 676 amenazas, 13 intentos de asesinato, 22 secuestros, 28 exilios forzosos, 149 heri- dos y 418 detenciones, principalmente por represión a movimientos huelguistas (El Tiempo, 2000,…

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contra de la pobla- ción indefensa. Desde este punto de vista se justificó el asesinato, el desplazamiento forzado y la amenaza con el argumento del de- recho a la autodefensa frente a la guerrilla (Romero, 2007, página 289). En sentido similar, la Corte Suprema de Justicia, al analizar el accionar del Frente José…

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03Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7191 fragmento
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p. 719
04Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 1991 fragmento
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la Memoria, Medellín, septiembre de 2015). Fotografía: Corporación Región. En cuarto lugar en este período también se despliegan modalidades de violencia que no hacen referencia a las disputas por el territorio, sino a disputas políticas enmarcadas en el contexto del proceso de la urbaniza- ción de la guerra. Se…

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05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 55, 1202 fragmentos
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defensa de la vida e integridad física y mental de los trabajadores sindicalizados. La violencia también aceleró los procesos de recambio en las directivas sindicales, a donde llegaron liderazgos sin la experiencia y madurez necesaria, aunque comprometidos y decididos a continuar sus luchas y resistencias. Las…

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para encontrar «enemigos internos» en los actores sociales. La historia nacional también demuestra que la guerra suele desbordar los límites humanitarios y que al final se tejerán ilícitas alianzas estratégicas que la reconfiguran en guerra sucia. Surge, entonces, un patrón de estigmatización, persecución, eliminación…

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06La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 90, 1402 fragmentos
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exilio, registradas principalmente en Ecuador (4.144), Venezuela (3.242), Canadá (2.878), España (2.110) y Estados Unidos (2.038). En los datos de la Acnur se destacan países de frontera, como Ecuador, que en 2007 registraba cerca de 265.000 solicitantes de asilo, y Venezuela, que para el mismo año reportó más de…

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gente de Colombia es muy emprendedora. Aquí no solo hay el «busque», sino también el «rebusque». Pero la policía lo perseguía también en el refugio. Entonces no aguantó más y regresó. Los paramilitares volvieron tras él. Desde allí escribía, porque hay lazos que una vez se hacen no hay tiempo ni distancia que pueda…

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(aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…

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08Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1221 fragmento
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de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…

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09El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1541 fragmento
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con base territorial y composici ó n social popular ” 3. 3 Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo 4, Bogot á 1974, p. 7/8 Aqu í aparece como soluci ó n de emergencia precisamente aquello en que descansaban la fuerza y la capacidad movilizadora del nuevo partido: su í ntima relaci ó n con las agrupaciones…

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10Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 641 fragmento
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sus actividades independientes al margen de la plantacion bananera, actuaban como una reserva de fuerza laboral. El sistema de contra- tistas implementado por la U.F.C., contratistas que a su vez enganchaban trabajadores, permitid el uso del trabajo parcial de estos campesinos. Y ademas, en la medida que la compajiia…

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11El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 392 fragmentos
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12Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 361 fragmento
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14¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 791 fragmento
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15Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1321 fragmento
[17]

maleza, la opro- biosa cerca que separaba el mundo de sus protegidos del resto de la población se conserva intacta. Pero del paso de la United por la zona bananera no sólo quedan esos registros arquitectónicos. También, como lo anuncia la pri- mera frase que abre el testimonio de Margarita, queda una huella traumática…

p. 132
16Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5581 fragmento
[18]

principal marco de desarrollo de las organizaciones sindicales agrarias ha sido la agricultura exportadora. Las primeras organizaciones surgieron en las haciendas cafetaleras, en particular a partir de la segunda década del siglo xx; 5 Entrevistas a trabajadores de la industria de la caña de azúcar, afiliados a los…

p. 558
17Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 2101 fragmento
[20]

en los trabajadores tanto urbanos como rurales. Antes de la Primera Guerra Mundial, los artesanos c9nstituían el volumen principal de la llamada «clase trabajadora» en Colombia. Su organización se limitaba asocie- dades de ayuda mutua, constituidas generalmente bajo los auspicios paternales de la Iglesia católica. El…

p. 210
18Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 2321 fragmento
[21]

derecha y muertes de sindicalistas. Delahunt, presidente del subcomité de Organizaciones Internacionales, Derechos Humanos y Supervisión, también afirmó que «Somos cómplices en la devastación de esa sociedad, por consiguiente, tenemos un imperativo moral de ayudar a Colombia a terminar ese ciclo de violencia». El…

p. 232
19Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 2321 fragmento
[22]

derecha y muertes de sindicalistas. Delahunt, presidente del subcomité de Organizaciones Internacionales, Derechos Humanos y Supervisión, también afirmó que «Somos cómplices en la devastación de esa sociedad, por consiguiente, tenemos un imperativo moral de ayudar a Colombia a terminar ese ciclo de violencia». El…

p. 232
20La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 871 fragmento
[23]

pre- sentada la demanda y la apelación, aún no se han manifestado sobre la responsabilidad de Chiquita frente a los familiares de las víctimas y las demandas por reparación. La multinacional enfrenta varias demandas por su responsabilidad en la violación de derechos humanos a cientos de pobladores y trabajadores…

p. 87
21Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 56, 732 fragmentos
[24]

de Medellín. Rad. 101 768. 22 De fi nido por Sciarrone como “la capacidad de la ma fi a para obtener la cooperación de otros sectores sociales exteriores a su núcleo organizacional” (2000, p. 36). 23 En 2002, la Junta Directiva de la empresa ordenó una auditoría externa sobre los pagos efectuados por su fi lial…

p. 56
[27]

y, además, le exigían a uno el pago de la vacuna (extorsión). ¡La madre! Yo es por eso que nunca dejé sindicatos en mi empresa, así me fue bien. 12 Con el progreso de la producción de banano se desplegó la violencia contra los sindicatos. No se trataba solo de una serie de actos violentos contra los líderes de las…

p. 73
22El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 3961 fragmento
[25]

i c i d a e n C o l o m b i a: l a s C o n v i v i r, l o s p a r a m i l i t a r e s y e l s is t e m a p o l í t i c o la experiencia del Magdalena Medio). Pero por entonces tal clase de respuesta provenía de grupos armados pequeños e informales, con el apoyo del Ejército. El cambio vendría con la conformación de…

p. 396
23La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 256, 2662 fragmentos
[26]

Por lo tanto, el sindicato de las empresas ubicadas en estos lugares de vocación productiva bananera quedó en medio del control de los paramilitares que operaban en la región. Como forma de ejercer dicho control, en connivencia con los grandes propietarios, se procuró suprimir todo tipo de organizaciones sindicales…

p. 266
[36]

Edulfo Zambrano, presidente del sindicato, asesinado el 27 de octubre de 1997; Luis Oñate Henrí- quez, ocurrido el 24 de mayo de 2003, y Adán Pacheco, asesinado el 2 de mayo de 2005. Además, el sindicato reporta que se dieron amenazas contra Rubén Castro Quintana en 2004, y un atentado contra Fernando Echavarría en…

p. 256
24La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 60, 652 fragmentos
[28]

los paramilitares. El excontratista asegura que los cinco millones faltantes los sacaba de su bolsillo. Según su tes- timonio, entre 1997 y mediados de 2001 pagó cerca de 900. 000 dólares a las llamadas “autodefensas”. Antes del crimen de Locarno y Orcasita, Blanco recuerda que la guerrilla voló varias veces la línea…

p. 65
[31]

—Nunca hubo ninguna reunión con ningún grupo paramili- tar ni con ningún grupo guerrillero. Fue una directriz que dejó clara el señor Drummond: solo se trabaja con la autoridad, con el gobierno y sus instituciones —dice su presidente, José Linares en la entrevista antes citada. Los paramilitares insisten en la versión…

p. 60
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1401 fragmento
[29]

justicia poco o nada ha hecho para corroborar o descartar esas afirmaciones. Una de las pocas acciones penales existentes en torno a los vínculos entre las empresas y los paramilitares es la condena contra Ramiro Rengifo Rodríguez, exjefe de seguridad del Ingenio San Carlos, responsable de los delitos de…

p. 140
26The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5311 fragmento
[30]

the tensions reached their peak, they offered Romero help in obtaining a visa. He declined, explaining that his interest lay in continuing the work of the union in freedom and safety and that leaving the country would have been more counterproductive than helpful in this respect. When, in October 2002, the company…

p. 531
27War in Colombia: Made in U.S.A.Teresa Gutierrez, Sara Flounders, Rebeca Toledo, Andy McInerney (eds.) · 2003 · p. 2531 fragmento
[32]

members. The National Union of Food Industry Workers (Sinaltrainal) has filed a suit against Coca-Cola in Florida to stop the murders and has been holding interna- tional tribunals against the company. Coca-Cola, the dominant soft drink brand throughout the world, has careful- ly crafted its public image as being…

p. 253
28"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 401 fragmento
[33]

Comité de Libertad Sindical. Marzo de 1994.http://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p =NORMLEXPUB:50002:0::NO::P50002_COMPLAINT_TEXT_ID:2901781 86 Cfr. 1. OEA. Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Informe 1993. Colombia. Capítulo VII. Derecho a la Vida, en: http://www.cidh.oas.org/countryrep/Colombia93sp/…

p. 40
29Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1961 fragmento
[34]

- y - resistencias/voces - vivas - universidades. 579 Informe 353 - CI - 00625, Escuela Nacional Sindical (ENS), «Violencia antisindical en Colombia». 580 P Para profundizar sobre este tema, visite la pieza «Voces vivas: Universidades», Videocápsula Palabras contra las armas (punto Plazoleta Central) en el recorrido…

p. 196
30Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 471 fragmento
[37]

fases se pueden identificar con claridad en Barrancabermeja. Una primera relacionada con la persecución a líderes y sin- dicalistas, de la que es acusada como responsable la Red 07 de Inteligencia de la Armada Nacional; otra que involucra dos aspectos: la migración de per- sonas provenientes de regiones controladas…

p. 47
31El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 732 fragmentos
[38]

impulso notorio en esta década, llegándose, por ejemplo, a la primera sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) al Estado colombiano en 1995 38. De ahí en adelante, las decisiones en estas instancias, enmarcadas, en particular, en el sistema inte- ramericano de derechos humanos, cobraron…

p. 73
[39]

impulso notorio en esta década, llegándose, por ejemplo, a la primera sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) al Estado colombiano en 1995 38. De ahí en adelante, las decisiones en estas instancias, enmarcadas, en particular, en el sistema inte- ramericano de derechos humanos, cobraron…

p. 73
32Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · p. 471 fragmento
[40]

Total homicides dropped by 46% from a peak in 2001 to 2010 according to data from the Colombian Ministry of Defense. As presented in Figure 2, the reduction in labor union homicides from a peak in 2001 to 2010 is about a 70% decrease according to the ENS data and more than 80% according to the government data. Some…

p. 47
3325 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 30, 492 fragmentos
[41]

importaciones. pero desatendió la infraestructura. sobre todo la rural. que atravesó la peor recesión en muchos años. Mientras el PIB general creció en pro- medio 4,26% entre 1990 y 1994. el agropecuario lo hizo en 2,52% con cambios dramáticos como pasar de 5.9% en 1990 a -2.0% en 1992"". El crecimiento del PIB…

p. 30
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Quizás po- dría afirmarse que si no hubiera huelgas, poco se conocería acerca de acciones laborales. Dinámica de las luchas laborales Aunque la movilización social, y en particular la huelguística. responde muy desigualmente ante sus probables acicates (alza del costo de vida. desempleo, represión. bruscos cambios…

p. 49
34Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 207, 2252 fragmentos
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la expedición de la Ley 50 de 1990, la Constitución Política de 1991 (claramen - te Neoliberal como se desprende de su artículo 333 y s.s.) y la Ley 100 de 1993 que privatizó a la Seguridad Social, an - tes totalmente a cargo de entidades públicas como la Caja Nacional de Previsión, el Instituto de Seguros Sociales y…

p. 225
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correlativa de los empleadores que años 206 Iván Alberto Díaz Gutiérrez APROXIMACIONES A LA HISTORIA DEL DERECHO EN COLOMBIA después darán el puntillazo, afortunadamente no final, pero sí muy intenso en la disminución de la favorabilidad de la legisla - ción laboral colombiana, lo cual viene a acrecentarse, mayor -…

p. 207
35Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 571 fragmento
[44]

expresión, como ocurrió en el Ministerio de Hacienda y el DAÑE. Como señala Ríos en su artículo ya citado, "Entre 1990 y 1994 han entrado en receso o han sido liquidados en Colombia cerca de 514 sindicatos", con unos 95.229 afiliados. "Hoy escasamente está sindicalizado el 6% de la población económicamente activa".…

p. 57
36Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 2191 fragmento
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fuerza laboral) para clasificarlos como parte de una élite protegida por una extensa legislación laboral. La pren- sa rápidamente acuñó el término de “la oligarquía del overol” para despresti- giar a las protestas de los trabajadores sindicalizados y justificar su represión. 4 En los años noventa, se volvió común…

p. 219
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 861 fragmento
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(Acdegam) en 1982 187 y las autodefensas de la Casa Castaño en Córdoba y Urabá a mediados de la década de 1980. Otros grupos de seguridad privada ilegal se armaron en el suroeste, norte, nordeste, Bajo Cauca y Oriente antioqueño. La primera generación paramilitar del norte de Antioquia y el sur de Córdoba siguió el…

p. 86
38El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1892 fragmentos
[48]

lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…

p. 189
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lo que fuera UP, fuuu. Había que golpearlos. (CNMH, CV, Sepúlveda, 2016, 21 de junio) Exterminada o desterrada la dirigencia de la izquierda en Cimitarra, Puerto Boyacá y Puerto Berrío, el genocidio de la UP se coordina desde Puerto Boyacá hacia las zonas en los que ese partido adquirió alguna presencia y fuerza…

p. 189
39Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 1721 fragmento
[50]

década de 1990 y que intensificaron en 1998. Yolanda Becerra Vega Una Colombia que nos queda 174 “La masacre del 16 de mayo de 1998 fue el aviso de llegada de los paramilitares, después de haberse tomado poco a poco todo el Magda lena Medio. Ese día, un grupo de 50 paramilitares ingresó al sector noroccidental de la…

p. 172
40Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 387, 4892 fragmentos
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de la Re- pública (2001), entre 1983 y 1986, en pleno auge del accionar del ELN a raíz de las extorsiones a las compañías petroleras en Arau- ca, nació la Regional Cristóbal Uribe en Barrancabermeja y Buca- ramanga. Años después, entre 1989 y 1991, en los alrededores del puerto petrolero surgió el Frente Manuel…

p. 387
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entre 1984 y 1990, y 62 entre 1991 y 2001. Asimismo, de los paros 102 Un caso se registró en Barrancabermeja y el otro en Bucaramanga, la capital del departamento donde a menudo buscaban refugio los sindicalistas amenazados en Barranca. 103 En un informe del PNUD refieren varios hechos de esta índole: durante la…

p. 489
41Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 771 fragmento
[53]

luego en las AUC. A comienzos de los años noventa, la desmovilización del EPL, y de los grupos armados del Clan Castaño en el contexto de la Asamblea Nacional Constituyente, parecían representar el princi- pio del viraje hacia el fin de la violencia política en la región. Sin embargo, a pesar de este panorama…

p. 77
42Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1941 fragmento
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pués hubo un relativo periodo de calma (1960-1984), con tasas entre 20 y 40 que, aunque bajas en el contexto histérico nacional, son altas a nivel internacional. A par- tirde 1985 se produjo el despegue de la mas reciente ola de violencia, que ha llevado al pais a presentar una de las mas altas tasas de homicidios del…

p. 194
43Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 1301 fragmento
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sindicatos en Colombia (30%), aunque es algo generalizado en la región, pues sólo en Chile (45%) y en Brasil (37%) los sindicatos generan más con- fianza que en Colombia. También debe resaltarse que los sin- dicatos generan más confianza que el Congreso y los partidos políticos. De todos modos, pareciera que el…

p. 130
44Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 321 fragmento
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sector exportador y el resto de los tra- bajadores y otros grupos sociales. En aquellos lugares donde la produc- un desarrollo sostenido v roso. Donde las condiciones estructurales se invertían, esto es, dond producción exportadora comprometia capital nacional y fuerza de trab extranjera o al menos étnicamente…

p. 32
45Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 541 fragmento
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a hechos como la marginalidad indígena, las débiles estructuras organizativas del movimiento campesino y sindical, y la sensación global de la Violencia como derrota del movimiento popular en el caso de Colombia. En la inestable Bolivia el movimiento popular les muestra recurrentemente su fuerza a las élites, y las…

p. 54
46¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 341 fragmento
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repre- sión puede calificarse como exterminadora (brutal, masiva y homicida): un primer ciclo "conocido como periodo de la Violencia (más o menos desde la segunda mitad de la década de 1940 hasta comienzos de la década de 1960), y [un segundo ciclo] que llamaré periodo de la guerra contrainsurgente que comienza…

p. 34