Prohibición bolivariana de Bentham y guerra cultural sobre el currículo (1828)
El 12 de marzo de 1828, Simón Bolívar decretó la exclusión de los Tratados de Legislación de Jeremy Bentham de todas las universidades de Colombia, reformando el Plan general de estudios que Santander había promulgado en octubre de 1826. El acto convirtió el aula universitaria en campo de batalla explícito entre dos proyectos de república y elevó a política de Estado la disputa entre Iglesia y Estado sobre la educación.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 12 de marzo de 1828
- Dónde
- Bogotá, Nueva Granada, Caracas, Quito, Cundinamarca, Popayán, Cartagena, Londres
- Protagonistas
- Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, José Manuel Restrepo, Vicente Azuero, José Félix de Restrepo, Ezequiel Rojas, Mariano Ospina Rodríguez, Jeremy Bentham, Estanislao Vergara, Francisco Margallo, Arzobispo Fernando Caycedo y Flórez, Dirección General de Instrucción Pública de Colombia
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El Plan general de estudios del 3 de octubre de 1826, impulsado por Santander y elaborado por la Dirección General de Instrucción Pública (Félix de Restrepo, Vicente Azuero y Estanislao Vergara), introdujo los Tratados de Legislación de Bentham como texto obligatorio en las universidades de Bogotá, Caracas y Quito, constituyendo la primera filosofía política sistemática enseñada oficialmente en la Nueva Granada.
- La campaña clerical sostenida contra el benthamismo, encabezada por el presbítero Francisco Margallo desde el púlpito y el periódico El Gallo de San Pedro, presionó al poder político para retirar una doctrina que sus opositores consideraban contraria a la religión, la moral y el orden público.
- La ruptura política entre Bolívar y Santander, profundizada desde 1826 por el proyecto de Constitución boliviana y la crisis de Páez en Venezuela, convirtió el manual utilitarista en símbolo del proyecto educativo del vicepresidente y en blanco político de la facción bolivariana.
- El acercamiento estratégico de Bolívar a la Iglesia católica, visible en la cena del 23 de enero de 1828 con el arzobispo Caycedo y Flórez y los nuevos obispos, en la que brindó por 'el bien de la Iglesia', creó las condiciones para satisfacer las demandas clericales mediante la prohibición del texto benthamiano.
- El fracaso de la Convención de Ocaña en 1828, provocado por el retiro de los delegados bolivarianos, agudizó la confrontación entre facciones y empujó a Bolívar a consolidar su posición mediante gestos doctrinarios y políticos que incluían la reforma del currículo universitario.
Consecuencias
- El decreto del 12 de marzo de 1828 reformó el artículo 168 del Plan general de estudios y sustituyó los cursos benthamianos por el latín, el derecho romano y canónico, y la religión católica romana y su historia, revirtiendo el proyecto ilustrado de formación jurídica republicana.
- Tras el atentado del 25 de septiembre de 1828 contra Bolívar, los libros de Bentham fueron proscritos con mayor amplitud de la enseñanza pública bajo el argumento de que contenían ideas hostiles a la religión, la moral y el orden público, consolidando la asociación entre benthamismo y subversión política.
- La disputa radicalizó al santanderismo y polarizó a la élite letrada en dos bandos: los liberales, que defendieron a Bentham como símbolo de modernidad ilustrada, y los conservadores, que lo combatieron desde el púlpito y la prensa, prefigurando el cisma bipartidista del siglo XIX colombiano.
- El episodio inauguró institucionalmente la disputa Iglesia-Estado sobre el control de la educación, que atravesaría todo el siglo XIX colombiano y se expresaría en sucesivas reformas y contrarreformas del currículo universitario, incluyendo la polémica antiutilitarista de José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez en 1842.
- La prohibición consolidó la figura de Ezequiel Rojas —discípulo personal de Bentham en Inglaterra— como referente del liberalismo filosófico colombiano, y convirtió el benthamismo en bandera identitaria del liberalismo radical durante las décadas siguientes.
La clave interpretativa
Por qué importa
El decreto del 12 de marzo de 1828 demuestra que en sociedades letradas minoritarias el currículo universitario funciona como dispositivo de guerra política: prohibir un manual jurídico fue simultáneamente un gesto de alianza con la Iglesia, un golpe al proyecto educativo del adversario y una declaración de principios sobre qué tipo de república se quería construir. El episodio inauguró la disputa entre las dos potestades —Estado e Iglesia— sobre la formación de las élites, disputa que estructuraría el conflicto liberal-conservador colombiano durante todo el siglo XIX y cuyas resonancias alcanzaron las guerras civiles de ese período.
Desarrollo histórico
La historia completa
La prohibición bolivariana de Bentham y la guerra cultural sobre el currículo, 1826-1828
El 12 de marzo de 1828, Simón Bolívar firmó en Bogotá un decreto de apariencia técnica y consecuencias sísmicas: los Tratados de Legislación de Jeremy Bentham quedaban excluidos de todas las universidades de Colombia, y sus cursos serían reemplazados, entre otras materias, por el latín, el derecho romano y canónico, y la religión católica romana y su historia. Una sola disposición reformaba el artículo 168 del Plan general de estudios expedido dieciocho meses antes por el vicepresidente Francisco de Paula Santander, satisfacía una campaña clerical que llevaba años arreciando contra el utilitarismo, y golpeaba la base doctrinaria de la formación jurídica que las élites republicanas venían construyendo desde la Independencia. El decreto no inventó la disputa —Bentham llevaba años siendo asunto de púlpito y de periódico— pero la elevó al rango de política de Estado, y con ello convirtió el aula universitaria en el primer campo de batalla explícito entre dos proyectos de república. Antes de marzo de 1828, el desacuerdo era polémica; después, era frontera.
El aula como proyecto: el Plan de 1826 y el ingreso oficial de Bentham
La reforma educativa que hizo posible la disputa fue promulgada el 3 de octubre de 1826. Ese día, bajo el gobierno de Santander y con la colaboración muy estrecha del ministro del Interior José Manuel Restrepo, se expidió el Plan general de estudios que reorganizaba escuelas, colegios y universidades de la República. La preparación había recaído en la Dirección General de Instrucción Pública, integrada por Félix de Restrepo, Vicente Azuero y Estanislao Vergara —tres nombres que resumen la voluntad ilustrada del santanderismo. Restrepo, el viejo maestro antioqueño; Azuero, jurista polémico y beligerante; Vergara, hombre de gabinete. Los tres respondían a una misma idea: la formación de los nuevos ciudadanos exigía romper con los contenidos coloniales y organizar la instrucción como una arquitectura racional, jerarquizada y controlada desde el centro.
El Plan revirtió la política descentralizadora ensayada por la legislación de 1821 y retornó a un esquema de control centralizado que, paradójicamente, se asemejaba más al orden colonial que al liberalismo original de la República. Los estudios profesionales se concentraron en las tres universidades principales del país —Bogotá, Caracas y Quito—, con los colegios provinciales funcionando como instituciones preparatorias. Cada una de las tres universidades debía sostener un observatorio astronómico, un museo de historia natural y jardín botánico, instrumentos de física y un laboratorio de química, el ideal enciclopédico ilustrado en forma de gabinete. La Dirección General, órgano de tres miembros, quedó encargada de velar por los estándares de todo el sistema.
En ese andamiaje, la cátedra de Legislación recibió como texto obligatorio los Tratados de Legislación de Jeremy Bentham, entonces el filósofo vivo más célebre del utilitarismo europeo. Fue la primera filosofía política sistemática enseñada oficialmente en la Nueva Granada. La elección tenía lógica interna y lógica geopolítica. Internamente, respondía al deseo de las élites republicanas de sustituir la escolástica y el derecho indiano por un pensamiento que redefiniera la ley desde la utilidad social y no desde la tradición o la revelación. Externamente, se inscribía en el clima de admiración por Gran Bretaña que dominaba a la generación de la Independencia: potencia protectora, prestamista, industriosa, portadora de capitales, ideas y modelos. Frente al resto de Hispanoamérica, donde predominaban las influencias francesas de Constant, Guizot o el eclecticismo, Colombia se distinguió por una orientación británica que hacía de Bentham figura natural.
El instrumento institucional para vigilar esa formación jurídica ya estaba en marcha. El 3 de enero de 1827 se instaló en Bogotá la Academia de Derecho Práctico, con veinte de los abogados más prestigiosos de la capital y con Francisco Pereira Martínez como primer director. Sus funciones eran aclarar puntos difíciles de la jurisprudencia, velar por la instrucción de los aspirantes y examinar a quienes quisieran recibirse de abogados conforme a la Ley de tribunales. La Academia era, en la práctica, el eslabón entre la formación universitaria y el ejercicio profesional, el lugar donde se decidía qué era un jurista republicano.
En 1826 y 1827, la República tenía ya montado su dispositivo. Un plan de estudios centralizado, una dirección general vigilante, un texto benthamiano en la cátedra de Legislación, una academia examinadora en la capital. Todo apuntaba a formar una casta letrada moderna, jurídicamente utilitaria y culturalmente anglófila. Faltaba solo que el país estuviera de acuerdo.
El púlpito contra la cátedra: Margallo, Azuero y la resistencia clerical
No lo estuvo. Desde muy temprano, el ingreso de Bentham a las aulas provocó una respuesta orgánica desde el clero, que percibió en el utilitarismo una amenaza contra la moral, la religión y el orden público. La figura central de esa reacción fue el presbítero Francisco Margallo, párroco de la iglesia de La Tercera, en Bogotá. Margallo emprendió una campaña violenta y sostenida contra el benthamismo por dos frentes: los sermones dominicales, que le daban acceso semanal al público más numeroso de la ciudad, y los artículos publicados en el periódico El Gallo de San Pedro. Los ataques no se limitaban a la doctrina; apuntaban directamente contra Vicente Azuero, su más beligerante defensor.
La virulencia de Margallo puso al gobierno santanderista en una posición incómoda. La autoridad social de un párroco activo era, sencillamente, mayor que la de un decreto oficial. En un país donde obispos y curas contaban con una autoridad casi universalmente aceptada, y donde la población percibía a los nuevos gobernantes republicanos con distancia, dejar el púlpito libre equivalía a perder la batalla antes de darla. Santander consideró la campaña excesiva y peligrosa, y solicitó la intervención del arzobispo de Bogotá, Fernando Caycedo y Flórez. La gestión resultó parcialmente exitosa. Margallo fue sancionado con días de reclusión en el convento de San Diego. Pero, cumplida su penitencia, el párroco salió del claustro y continuó combatiendo el utilitarismo hasta su muerte, en 1837. La sanción había sido un gesto, no una clausura.
En el otro extremo, Azuero defendía a Bentham con argumentos que buscaban desactivar la acusación de anticristianismo. Buscar la felicidad como fin del hombre, sostenía, no era inmoral; la doctrina no atacaba a la religión sino que redefinía racionalmente los criterios de la ley. Sus opositores, sin embargo, no discutían filología benthamiana. Denunciaban que la doctrina contenía principios contrarios a la religión, la moral y el orden público, y la consideraban peligrosa para la formación de las nuevas generaciones. La discusión era, en el fondo, sobre quién tenía derecho a formar a los jóvenes de la República. Si el Estado ilustrado, con sus catedráticos y sus manuales ingleses, o la Iglesia, con su autoridad milenaria sobre las conciencias.
El desequilibrio de fuerzas era estructural. El Estado republicano heredó el patronato sobre una institución eclesiástica cuyo peso económico, social y político era enorme, mientras las arcas fiscales eran pobres y la legitimidad del gobierno republicano frágil. Un sector de las élites políticas veía en ese poderío eclesiástico un peligro que había que controlar, limitar y reducir, especialmente en sus aspectos económicos y políticos. Pero controlarlo por decreto era una cosa, y enfrentarlo culturalmente desde una cátedra universitaria, otra muy distinta. La disputa por Bentham no era, entonces, un asunto académico. Era el primer ensayo real del conflicto entre las dos potestades que dominaría el siglo XIX colombiano.
La ruptura política de fondo: Bolívar, Santander y el camino a Ocaña
Mientras el pleito por Bentham hervía en púlpitos y periódicos, la política grande se descomponía en otro plano. Las diferencias entre Bolívar y Santander, apenas insinuadas al principio, se profundizaron desde 1826, cuando el Libertador promovió la adopción en Colombia de la Constitución boliviana, que establecía un presidente vitalicio con facultad de designar sucesor. Santander, defensor de la Constitución de Cúcuta de 1821, encabezó el sector que desconfió del proyecto. A ese desacuerdo constitucional se sumó, ese mismo año, la rebelión del general José Antonio Páez en Venezuela. Santander quería someterlo a la ley y enviar tropas; Bolívar viajó en 1827 a tratar de lograr su obediencia sin condenar la rebeldía. La actitud disgustó profundamente al vicepresidente.
La ruptura personal quedó formalizada en la carta que Bolívar dirigió a Santander el 19 de marzo de 1827, en la que le pidió que se abstuviera de escribirle. De ahí en adelante, la política colombiana fue el pulso entre dos hombres que ya no se hablaban. Ese pulso desembocó en la Convención de Ocaña, en 1828, convocada para reformar la constitución. Los bolivarianos defendían un ejecutivo fuerte y centralizado; los santanderistas se declaraban sujetos a la Constitución de 1821. Cuando la aritmética de la convención dejó de favorecer a los primeros, los delegados bolivarianos optaron por retirarse, forzando la disolución del cuerpo sin acuerdo alguno. El fracaso fue tan estrepitoso como calculado.
El decreto contra Bentham se firmó en medio de ese proceso, cuando Ocaña aún sesionaba pero su fracaso se anticipaba, y meses antes de que Bolívar asumiera el poder supremo mediante el Decreto Orgánico de la Dictadura, el 1 de agosto de 1828. La cronología no es incidental. La prohibición de Bentham no llegó en una fase estable de la República. Llegó en el momento exacto en que el proyecto grancolombiano se agrietaba y las facciones se preparaban para una prueba de fuerza más amplia. Golpear el manual utilitarista era, entre otras cosas, golpear la doctrina de quienes se declararían fieles a la Constitución de 1821.
Bolívar había preparado el terreno también hacia el otro flanco. El 23 de enero de 1828 invitó a cenar en palacio al arzobispo Caycedo y Flórez y a los nuevos obispos de Santa Marta, Antioquia y Guayana —José María Estévez, fray Mariano Garnica y Mariano Talavera—, recién confirmados por el papa León XII. En presencia del cuerpo diplomático, el gabinete y altos funcionarios, brindó por "el bien de la Iglesia", complacido con el reciente acercamiento del Vaticano a Colombia. Entre esa cena de enero y el decreto de marzo mediaban menos de dos meses. La política eclesiástica del Libertador y su política universitaria se movían en la misma dirección, y quien leyera atento la secuencia de gestos podía anticipar lo que venía.
El decreto del 12 de marzo de 1828: texto y contexto
La disposición firmada el 12 de marzo de 1828 fue jurídicamente sobria y políticamente inequívoca. Reformó el artículo 168 del Plan general de estudios estableciendo que en ninguna universidad de Colombia podrían enseñarse los Tratados de Legislación de Jeremy Bentham. Fue más allá: autorizó a la Dirección General de Estudios a modificar los demás libros elementales en uso, previo informe de las juntas de gobierno universitarias. Y propuso reemplazar los cursos benthamianos por el estudio del latín, del derecho romano y canónico, y de la religión católica romana y su historia.
Bajo esa sobriedad, el decreto operaba en varios registros a la vez. La sustitución no era doctrinariamente neutra, porque al lugar del utilitarismo entraban precisamente los saberes contra los que el proyecto ilustrado de 1826 se había construido: el latín como cifra de la vieja formación humanista, el derecho canónico como reafirmación de la jurisdicción eclesiástica, la religión católica y su historia como asignatura de Estado. Al mismo tiempo, la reforma abría la puerta a una revisión más amplia del cuerpo bibliográfico, porque no solo Bentham quedaba tocado sino todo el ecosistema textual que la Dirección General podía en adelante modificar. El decreto respetó, además, las formas del Plan de 1826 —lo reformó, no lo derogó— y así preservó la ficción de continuidad institucional mientras alteraba su núcleo doctrinario. Y, quizá lo más revelador, la medida no se justificó por argumentos filosóficos sino por el efecto moral supuesto sobre los estudiantes.
Esa justificación era, examinada de cerca, difícil de sostener. En las obras de Bentham no había nada que justificara un asesinato político, ni ataques abiertos a las instituciones básicas de la sociedad. Otros autores ilustrados —Voltaire, Rousseau— circulaban también entre los jóvenes de las familias liberales de Bogotá sin que se hubiera decretado su expulsión. La selección de Bentham como influencia perniciosa resultaba opaca incluso para los contemporáneos. Lo que hacía a Bentham vulnerable no era su contenido sino su posición: era el texto oficial impuesto por el santanderismo, el símbolo más visible del proyecto educativo del vicepresidente, y la bandera intelectual de la facción con la que Bolívar rompía. Prohibirlo era, al mismo tiempo, satisfacer al clero, marcar territorio doctrinario y despojar al enemigo político de su libro.
Esta última dimensión se volvería más nítida después. Tras el atentado del 25 de septiembre de 1828 contra la vida del Libertador —organizado por conspiradores vinculados al santanderismo—, los libros de Bentham fueron proscritos con mayor amplitud de la enseñanza pública, bajo el argumento de que contenían ideas hostiles a la religión, la moral y el orden público. La conexión causal entre la lectura de un manual jurídico y el intento de magnicidio era, otra vez, inexplicable en términos estrictos. Pero para entonces la lógica ya no era la del argumento sino la de la sospecha. Quien había leído a Bentham era, por asociación, un enemigo potencial.
Causas: presión clerical, oportunismo político, geopolítica cultural
La prohibición fue producto de la superposición de fuerzas de escalas distintas, y ninguna basta por sí sola para explicarla. Debajo de la firma del 12 de marzo se cruzaban cuatro planos que conviene desenredar sin fingir que actuaban por separado.
Estaba, primero, el confesionalismo del Estado, ese piso sobre el que se apoyaba todo lo demás. Desde la Constitución de 1821, la República se había definido como católica, y ese carácter se prolongaría en las cartas de 1832 y 1843, reforzando cada vez más el vínculo Iglesia-Estado. La intolerancia al culto público de otras religiones era el reverso normativo de una realidad social más elemental. La Iglesia era la institución con mayor autoridad moral sobre la mayoría de la población, y su alianza o su hostilidad podían decidir la suerte de cualquier gobierno. Sobre ese piso, cualquier ministro republicano sabía lo mismo que Bolívar sabía en 1828: legislar contra la sensibilidad católica era caro, legislar a favor de ella, barato.
Estaba también el clero movilizado, que había hecho durante dos años el trabajo previo. La campaña de Margallo desde La Tercera y El Gallo de San Pedro, respaldada por libelos y sermones a lo largo del país, había construido entre 1826 y 1827 un clima de opinión hostil al benthamismo que el gobierno santanderista no logró neutralizar. El clero no era una fuerza monolítica, pero en su ala más combativa vio en el utilitarismo la punta de lanza de una modernidad secular que había que frenar. Ese trabajo de zapa —sostenido, capilar, dominical— fue la condición de posibilidad del decreto de marzo. Cuando Bolívar firmó, estaba ratificando una batalla que otros llevaban años librando desde el púlpito y la imprenta. La legitimidad social del gesto ya estaba producida; al Libertador le quedaba solo la formalidad de convertirla en ley.
Estaba, encima, el cálculo político del momento. En marzo de 1828, la Convención de Ocaña avanzaba hacia el fracaso, la ruptura con Santander era total, y Bolívar preparaba el terreno para una concentración de poder que llegaría en agosto. En ese momento, aliarse tácitamente con la Iglesia le proporcionaba una base social que las bayonetas no podían darle. El brindis de enero por "el bien de la Iglesia" y el decreto de marzo contra Bentham forman una misma secuencia de gestos. No una estrategia confesional articulada —el Decreto Orgánico posterior no reprodujo un programa clerical detallado— sino una operación de alineamiento que aprovechaba una oportunidad ya cocinada por otros.
Y estaba, finalmente, la tensión de fondo entre dos proyectos de modernización que competían por definir cómo debía formarse la élite dirigente. El santanderista era anglófilo, utilitarista, jurídicamente racionalista, orientado a construir un Estado de leyes claras y funcionarios ilustrados según el molde británico. El que Bolívar adoptó en 1828 —más por táctica que por convicción íntima, si se atiende a su trayectoria filosófica previa— era hispanista en las formas, confesional en la moral pública, autoritario en la estructura. Ninguno de los dos era popular en un sentido moderno. Ambos pertenecían a la misma élite letrada y compartían el objetivo de excluir al pueblo del diseño institucional. La disputa era intraelitaria, y por eso mismo intensa. Se peleaba por el monopolio de la formación de los futuros dirigentes en un país donde esos dirigentes cabían, todos juntos, en el salón de una casa bogotana.
Consecuencias inmediatas: la fractura de la élite letrada
El efecto más visible del decreto en el corto plazo fue polarizar a la élite letrada de una manera que hasta entonces no se había producido con esa claridad. Antes de marzo de 1828, la polémica sobre Bentham enfrentaba a defensores de la modernidad ilustrada con miembros del clero e intelectuales tradicionalistas, pero sin traducción directa en un mapa de facciones políticas. Después de marzo, y sobre todo después del atentado de septiembre, la posición sobre Bentham empezó a funcionar como marcador de identidad política. Estar por Bentham era estar por Santander; estar contra Bentham era estar por Bolívar y por la Iglesia. La cátedra dejó de ser un lugar de formación técnica y pasó a ser un lugar de adscripción.
En julio de 1830, durante su visita a Londres tras la caída del régimen bolivariano, Santander cenó con el propio Bentham —entonces de 82 años— y sostuvo correspondencia con él. El gesto no era anecdótico. Era la reafirmación pública de un vínculo doctrinario que la persecución había convertido en marca de identidad. El santanderismo se radicalizaba en su vocación anglófila y utilitarista precisamente porque había sido combatido por serlo.
Al mismo tiempo, en la generación siguiente, un discípulo directo del filósofo inglés recogía la antorcha en Colombia. Ezequiel Rojas, que había sido alumno personal de Bentham en Inglaterra y mantenía relaciones epistolares con él, desarrolló a partir de esos años una ética y una teoría general del derecho público basadas en el principio del mayor placer para el mayor número. Sus obras filosóficas alcanzarían un peso considerable en la formación del liberalismo colombiano de mediados de siglo. El proyecto que el decreto de 1828 había querido clausurar sobrevivió en las aulas de manera clandestina, en las bibliotecas privadas y en la memoria de una generación que se sentía perseguida por su lectura.
En el bando opuesto, figuras que serían centrales del conservatismo empezaron a articular en clave doctrinaria su oposición al utilitarismo. En 1842, José Eusebio Caro publicó artículos antiutilitaristas, y Mariano Ospina Rodríguez cuestionó la benevolencia de la doctrina de Bentham, señalando que contenía principios contrarios a la religión, la moral y la paz. Estos argumentos alimentarían nuevas medidas restrictivas sobre la enseñanza del utilitarismo en los años siguientes. La línea abierta en 1828 no se cerró: se profundizó.
Consecuencias de largo plazo: la polémica de los textos escolares
El decreto del 12 de marzo de 1828 inauguró en Colombia una polémica que duraría todo el siglo XIX: la disputa recurrente sobre qué libros podían usarse en la educación pública, que dividió a liberales y conservadores durante décadas. No era un asunto pedagógico marginal, sino la forma específica que adoptó en Colombia el conflicto entre Iglesia y Estado en materia educativa. En una sociedad donde la letra era escasa y el acceso a ella un privilegio, controlar los textos era controlar la reproducción de las élites; y controlar la reproducción de las élites era controlar el futuro del régimen.
Cuarenta y dos años después de la firma bolivariana, la escena se repetía casi calcada. En 1870, un Congreso de mayorías radicales aprobó un proyecto que recomendaba al ejecutivo hacer obligatorio el uso de las obras de Bentham para la cátedra de Legislación y de Destutt de Tracy para la de Lógica en la Escuela Universitaria. La medida provocó una impugnación en el Consejo Universitario y precipitó la renuncia del rector Manuel Ancízar. Desde las páginas de El Tradicionalista, Miguel Antonio Caro cargó contra la imposición estatal de textos liberales con una prosa densamente doctrinaria que anunciaba ya al futuro artífice de la Regeneración. Aníbal Galindo respondió en el flanco contrario, defendiendo sin eufemismos que la universidad debía enseñar doctrinas liberales para formar liberales, y resumiendo la disputa en una frase que quedaría: "Balmes y Bentham no pueden darse la mano en las aulas universitarias". Lo notable no era la agudeza de la sentencia sino su fecha. Medio siglo después de que Bolívar tachara el manual inglés del programa, los actores habían cambiado de nombre, la República se llamaba de otra manera, y la línea de combate era, sin embargo, exactamente la misma.
La forma partidista que adquirió la disputa —liberales por Bentham, conservadores contra él— hizo del utilitarismo británico algo que Bentham mismo probablemente no habría reconocido: un símbolo de identidad política nacional. En algún momento del último tercio del siglo, el entusiasmo por Bentham, Tracy y Rojas comenzó a ceder ante el agotamiento de la lucha dogmática entre sistemas antagónicos. Pero la estructura de la polémica —Estado laicizante contra Iglesia confesionalizante, con el currículo como campo de batalla— se mantuvo bajo otras banderas doctrinarias, y volvería a aflorar cada vez que una reforma escolar quisiera tocar la enseñanza religiosa o la selección de autores.
Coda: la política de un manual
El decreto del 12 de marzo de 1828 se estudia poco en las escuelas y aparece raramente en las cronologías populares de la Independencia, dominadas por batallas y constituciones. Pero en la historia intelectual del país pesa mucho más de lo que su brevedad sugiere. Estableció, por primera vez y con claridad, que en Colombia el currículo universitario era un asunto de Estado en el sentido más beligerante del término. Qué se enseñaba a los futuros abogados, jueces y ministros no era una cuestión técnica ni pedagógica, sino una decisión política de primer orden.
Mostró también algo más incómodo. En una sociedad letrada minoritaria, capturar la formación de la élite equivalía a capturar el país. La disputa por Bentham no fue entre la República y el pueblo —el pueblo no leía a Bentham ni sabía quién era—, sino dentro de la élite por el monopolio de su propia reproducción. Se peleaba por el canon con el resto de la sociedad como espectador desigualmente convocado.
Conviene, con todo, no leer 1828 desde 1849 ni desde 1870. En marzo de aquel año, Santander no era todavía el jefe de un partido liberal que aún no existía con ese nombre, y Bolívar no fundaba un conservatismo del que jamás se supo miembro. Los dos hombres eran, cada uno a su modo, herederos de la misma Ilustración hispanoamericana, y la disputa por un manual inglés los enfrentaba por razones que ellos mismos habrían tenido dificultad para separar de lo personal, lo táctico y lo doctrinario. Santander introdujo a Bentham porque creía en el utilitarismo, y también porque lo necesitaba como cemento doctrinario de su facción. Bolívar lo prohibió porque el clero lo pedía, y también porque el manual era la bandera del enemigo. En ambos gestos, la idea filosófica funcionó como instrumento de una política más grande, sin que ninguno de los protagonistas supiera todavía que estaba fundando bandos que durarían un siglo.
Lo aprenderían los que vinieron después. Cuando Caro escribiera en El Tradicionalista y Galindo le respondiera desde la orilla contraria, la aritmética estaría ya hecha: quien perdía el aula perdía, más tarde o más temprano, los jueces del año siguiente, los ministros de la década siguiente, la doctrina jurídica del medio siglo por venir. En marzo de 1828, en un decreto de pocas líneas firmado en Bogotá, Colombia había aprendido —sin saberlo aún del todo— que se peleaba también por los libros.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 247, 290, 2963 citas
[1]Expedici ó n Bot á nica. Ten í an por lo tanto una clara idea de la importancia de la educaci ó n para el desenvolvimiento del pa í s, sobre todo de la educaci ó n t é cnica y de las “ ciencias ú tiles"' por las cuales ellos mismos y los altos funcionarios de la admit í traci ó n colonial hab í an clamado in ú…p. 290
[3]os lectura, escritura, aritm é tica y los dogmas de la moral cristiana. “ Les instruir á n en tos deberes y derechos del hombre en sociedad y les ense ñ ar á n el ejercicio militar todos los d í as de fiesta y los jueves en la tarde ”. 256 EL PROCESO DE LA EDUCACI Ó N Para este efecto, dice el art í culo 8? del…p. 247
[8]á rroco de la iglesia de La Tercera, quien en sus sermones domffiV cales y sus art í culos publicados en el Gallo de San Pedro adelant ó una violenta campa ñ a contra el benthamismo y contra su activo defensor, Vicente Azuero 26. El gobierno de Santander.ccoj sider ó excesiva y peligrosa la campa ñ a y solicit ó la…p. 296
02Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 365, 369, 4783 citas
[2]1993), Salamanca, San Esteban, 1995), 275-295 (Monumenta Historica Iberoamericana de la Orden de Predicadores, volumen VI). 150 “Acta del claustro de la Universidad de Caracas reunido el 7 de febrero de 1823” (El Venezolano, 42, sábado 7 de junio de 1823). También en Ildefonso Leal, La Universidad de Caracas en los…p. 365
[14]de los dos conventos suprimidos y los bienes de los dos. El 12 de marzo de 1828 decretó que en ninguna de las universidades de Colombia podrían ser enseñados los Tratados de Legislación de Jeremy Bentham. En cuanto a los demás libros elementales usados, la Dirección General de Estudios podría modificarlos después de…p. 478
[28]bunales y juzgados, aclarar puntos difíciles de la jurisprudencia, velar por la instrucción y aplicación de los aspirantes a la profesión de abogados y examinar a quienes quisieran recibirse de abogados en los términos prescritos por la Ley de tribunales. La Academia de Derecho Práctico de Bogotá fue instalada el 3 de…p. 369
03The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 1181 cita
[4]of Gran Colombia (Caracas, Bogotá, and Quito), with the expectation that these would serve as seed schools for the areas surrounding them. 25 Even before these hopes were avowed, the Congress provided for chairs in mineralogy in the newly au- thorized colegios of Medellín, Cali, and Ibagué. 26 These paper programs for…p. 118
04Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 44, 572 citas
[5]sido mejorado en forma sustancial. Por otro lado, durante el régimen colonial tan sdlo se habian fundado universidades en Bogota, Caracas y Quito. Por lo que Santander decreté, el 14 de abril de 1827, la fundacion de la Universidad de Popayan, la cual estaria llamada a ejercer notable influencia en el sur del pais.…p. 44
[20]se apresuré a despachar con caracter urgente a su edecan Daniel Florencio O'Leary con instrucciones precisas, a fin de que calmara al general Paez mientras él mismo se dirigia a Caracas. Cabe senalar en este punto que el general José Antonio Paez ya habia propuesto al Libertador que imitara a Napoleon y estableciera…p. 57
05El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 240, 251, 5773 citas
[6]y radical de ascendencia francesa, con un neoliberalismo de origen inglés, tarea que constituyó el esfuerzo de pensamiento y acción de Rafael Núñez, de Miguel Samper y de Manuel Ancízar, o con las del libera- lismo constitucionalista, tal como las sostenían Benjamin Constant, Rover Collard y otros escritores franceses…p. 240
[11]ninguna de las universidades de Colombia se enseñarán los tratados de le- gislación de Bentham, quedando por consiguiente reformado el artículo 168 del plan general de estudios» (Codificación nacional, t. iii, pág. 354). 578 Jíndi Jícídneer Ucnsi economía y filosofía en el Colegio de San Bartolomé. En Francia fue…p. 577
[26]creado por las reformas que Carlos iii y sus consejeros habían introducido en el Estado español, y bien sabido es que el espíritu de tales re- formas tendía a «modernizar» la administración, a darle eficacia, sobre todo eficacia económica, a simplificar y or- denar la legislación y la gestión gubernativa, en una pala-…p. 251
06Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 401 cita
[7]penetré en el pais el liberalismo utilitarista o radi- calismo inglés, que se difundid en esa época de 1347 transicion entre la dependencia colonial espanola y, desde el punto de vista econdémico, la influencia neocolonial inglesa. Con el triunfo de la democracia republicana so- bre el régimen colonial espanol, el…p. 40
07Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1291 cita
[9]authors of Santander’s plan, reconsid- ered the benevolence of Bentham’s doctrine in the following terms: An examination of the philosophy of educational reform brings me to the conclusion that the origin of the wrong behavior lies in the politi- cal science taught to students by professors without enough judgment to…p. 129
08Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 2731 cita
[10]by authors like Bentham and the others, whose works contain not only enlightening ideas but also many that are hostile to religion and morality and public order’. These courses should be replaced by, among others, the study of Latin, Roman and Canon Law, and the Roman Catholic religion and its history. 80 The…p. 273
09Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 134, 1422 citas
[12]nacional; para con- trolar la educación oficial, se crearon juntas generales integradas por el rector, vicerrec- tor, catedráticos y doctores. La enseñanza universitaria se organizó en cinco facul- tades: jurisprudencia; teología, medicina; filosofía y ciencias naturales; literatura y bellas artes. Durante la década,…p. 134
[18]bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…p. 142
10Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 cita
[13]y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…p. 38
11Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 94, 2142 citas
[15]más terrible de los gobiernos papula- res. Siendo la herencia la que perpe: Reyimenes políticos - Simivo Maltzar: Méstefuczo de José María Expéecir Pricin Mareo all Sighs AUX: Fogoti toa el régimen monárquico y lo hace cas) general en el mundo, ¡Cuánto más útil no es el método que acabo de proponer para la sucesión:…p. 94
[24]religión Católica, Apostólica, Romano es lo res ligión de la República. Es un debor del gobierno, en ejercicio del patro- mato de la Iglesia colombiana, prote- gerda y no tolerar el culto público de ninguna otras, Adquirió asíel Estado un carácter confesional y de intole- rancia hacia cualquier culto que no fuera el…p. 214
12Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1151 cita
[16]blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…p. 115
13Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4061 cita
[17]l l(1985),p. 147. 2 3 Noticia Biográfica, p. 2. 2 4 B u s h n e l l (1985),p. 65. 2 5 Ibid., p. 152. 2 6 P o rd i v e r s a sr a z o n e se s t a ss o c i e d a d e sf r a c a s a r o ne n s uo b j e t i v o. Ibid., p p. 177 - 185. [3 2 8 ] En 1828 f u e e l e g i d o a l aConvención de Ocaña, en l aque formó p a r t…p. 406
14Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 991 cita
[19]de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…p. 99
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1211 cita
[21]a responder a Bogot á. Aun que Santander trat ó de convencerlo de que deb í a dar ejemplo de cumplimiento y de asegurarle que todo saldr í a bien, P á ez se neg ó a obedecer e hizo un “ pronunciamiento ” declar á ndose en rebeld í a y considerando injusta la investigaci ó n a la que se le quer í a some ter. Como se…p. 121
16Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 521 cita
[22]en la cual la con- ducta legalista del segundo no fue bien aceptada por el Libertador. O como el rechazo que San- tander hizo de la rebeldía de Páez en 1826, al desconocer la autoridad granadina, conducta que no fue condenada por Bolívar, lo que desa- gradó profundamente al mandatario cucuteño. O como la simpatía que…p. 52
17Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 211 cita
[23]así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…p. 21
18Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 175, 1812 citas
[25]toda la filosofía, todo el pensamiento hispanoamericano se orienta hacia la política y son las influencias francesas las que predomi- nan: liberalismo de Benjamin Constant, doctrinarismo de 176 Cíndic Anerni Tinnsc Guizot, por dondequiera luchan y se imponen; en libros y folletos coméntanse estas doctrinas que los…p. 175
[31]la escuela de la violencia en el pensamiento, cuya proyección necesaria en la polí- tica es la escuela de la violencia en los hechos, bautizada entonces con el nombre de draconianismo. Draconianos y gólgotas, más que dos fracciones políticas del liberalismo, son dos formas antagónicas del pensamiento, dos concep-…p. 181
19A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 921 cita
[27]Nevertheless, the Colombian penal system has specificities, mainly because the country moved between modernization efforts and the construction of national identity during the sec - ond half of the 19th century. There was a constant tension between the ideas of enlightened liberalism and conservative thought, whose…p. 92
20Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 531 cita
[29]Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…p. 53
21Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 1111 cita
[30]del mismo año, el maestro Rojas, en el momento senador y profesor de filosofía del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, volvió a proponer en el Parlamento la adopción oficial de los Elementos de Ideologíadél conde Destutt de Tracy. En medio de acalorados debates logró hacer aprobar por las mayorías radicales…p. 111