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Hecho histórico · Nueva Granada · 1831–1862

El Alacrán (1849): sátira, socialismo utópico y libertad de prensa en la Nueva Granada

En marzo de 1849, Joaquín Pablo Posada y Germán Gutiérrez de Piñeres publicaron en Bogotá El Alacrán, periódico satírico que mezclaba burla personal a la sociedad bogotana con el vocabulario radical europeo del 48 francés, levantó escándalo en la capital y trajo consecuencias judiciales y sociales a sus redactores, revelando los límites reales de la libertad de prensa en el temprano liberalismo granadino.

El Alacrán (1849): sátira, socialismo utópico y libertad de prensa en la Nueva Granada
Marzo de 1849
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Marzo de 1849
Protagonistas
José Hilario López, Joaquín Pablo Posada, Germán Gutiérrez de Piñeres, Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá, Louis Blanc, Charles Fourier
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La caída de la monarquía de los Orléans el 24 de febrero de 1848 introdujo en la Nueva Granada un vocabulario político radical —Blanc, Fourier, Proudhon— que circuló entre la juventud universitaria bogotana y los dirigentes artesanales, creando un clima propicio para la prensa de combate.
  2. La elección tormentosa de José Hilario López el 7 de marzo de 1849, decidida bajo presión de artesanos armados, abrió un espacio público plebeyo donde la sátira personal impresa podía operar como arma política.
  3. La doble amenaza del librecambio arancelario de 1847 y la competencia de manufacturas extranjeras politizó al artesanado bogotano y lo acercó a los círculos letrados radicales que producían hojas como El Alacrán.
  4. La vocación satírica y epigramática de Joaquín Pablo Posada, reconocida por sus contemporáneos, encontró en el periódico un vehículo para la crítica personal directa que la prensa doctrinaria de partido no ofrecía.
Marzo de 1849El Alacrán (1849): sátira, socialismo utópico y libertad de prensa en la Nueva Granada

Consecuencias

  1. El periódico levantó reacciones de rechazo en sectores de la sociedad bogotana, que lo consideraron malediscente y perjudicial para la reputación de las personas aludidas, y trajo consecuencias personales —hostigamiento social y presiones judiciales— a sus redactores.
  2. El caso evidenció la brecha entre la libertad de imprenta proclamada por el liberalismo granadino y la libertad efectiva: la sociedad bogotana, conservadores y liberales por igual, sabía imponer costos sociales y legales a quien ejercía la sátira nominal contra sus miembros.
  3. El silencio cuidadoso de Juan Francisco Ortiz sobre El Alacrán en su texto de 1852 —pese a elogiar a Posada como poeta— documenta que el escozor del periódico perduró al menos tres años después de su aparición.
  4. El episodio quedó inscrito en la memoria del periodismo colombiano del siglo XIX como el primer gran caso de sátira personal impresa capaz de reordenar conversaciones, reputaciones y la noción misma del límite de la prensa libre en la Nueva Granada.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El Alacrán demuestra que las ideas radicales europeas de 1848 —socialismo utópico, derecho al trabajo, crítica de la libre concurrencia— circularon en la Nueva Granada desde 1849 por canales satíricos y plebeyos, décadas antes de cualquier organización doctrinaria del socialismo en Colombia, y que esa circulación no fue un fenómeno de élite sino un hecho de cultura impresa compartido entre universitarios y artesanos. Al mismo tiempo, el escándalo que provocó y las consecuencias que sufrieron sus redactores revelan una tensión estructural del liberalismo granadino temprano: proclamaba la libertad de prensa como principio fundacional pero toleraba mal la sátira personal cuando apuntaba hacia adentro del propio campo, fijando así un patrón de censura social —no siempre legal— que marcaría el periodismo colombiano durante todo el siglo XIX.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El Alacrán (1849)

En marzo de 1849, cuando Bogotá aún olía a pólvora política tras la tormentosa elección de José Hilario López, apareció en la ciudad un periódico satírico de nombre venenoso: El Alacrán. Lo redactaban Joaquín Pablo Posada y Germán Gutiérrez de Piñeres, con la colaboración de otras plumas en los números sucesivos, y bastaron pocas entregas para que la ciudad hablara de otra cosa. La hoja mezclaba verso y prosa, se ocupaba de la vida privada de personas conocidas y lo hacía con una ligereza que a sus víctimas les pareció impertinencia y a sus lectores diversión culpable. Levantó, en frase que quedó registrada, "muchas ampollas en la sociedad bogotana", trajo males a sus autores y se convirtió, en la memoria del periodismo colombiano del siglo XIX, en el primer gran episodio de sátira personal impresa capaz de reordenar conversaciones, reputaciones y —hasta donde llegó su onda— la propia noción del límite de la prensa libre en la Nueva Granada del temprano gólgota. Su breve vida coincide, casi minuto a minuto, con la irrupción de la Revolución francesa de 1848 en la conciencia política granadina y con la agitación artesanal que empujó a López al poder. En ese cruce de tiempos, y no en un programa doctrinario, se juega el interés de El Alacrán para la historia intelectual del país.

Bogotá en vísperas: el 48 francés entra por la Sabana

El 24 de febrero de 1848 cayó en París la monarquía de los Orléans. La noticia tardó semanas en cruzar el Atlántico. Llegó a la Nueva Granada como una descarga y aceleró el movimiento hacia las grandes reformas sociales que las minorías letradas venían acariciando desde hacía años. Salvador Camacho Roldán, en sus Memorias, dejó constancia del efecto: la República francesa —proclamada por trabajadores y estudiantes, con los talleres nacionales de Louis Blanc en el horizonte y la Comisión de Luxemburgo debatiendo el derecho al trabajo— se convirtió en el modelo mental de la juventud universitaria bogotana y de una porción crecientemente politizada del artesanado capitalino.

No fue una sola idea la que viajó. Fue un vocabulario entero. Louis Blanc y sus ateliers nationaux, Charles Fourier con su crítica de la libre concurrencia y su gradualismo comunal, y —en tono más disperso— Pierre-Joseph Proudhon y Étienne Cabet circularon entre estudiantes del Colegio del Rosario y de San Bartolomé, entre tertulianos de las trastiendas y entre los primeros dirigentes de las Sociedades Democráticas. En Bogotá se prometió a los artesanos, con eco directo del programa de Blanc, el establecimiento de talleres industriales donde perfeccionarse en los principales ramos de la industria, y el alza de aranceles a productos extranjeros. La influencia francesa entró por dos puertas simultáneas: la de las élites que leían en francés y viajaban a París, y la de las asociaciones plebeyas que oían traducciones apresuradas en las noches de tertulia. Esa influencia se convertiría en marca de la cultura colombiana entre 1850 y 1870, con su frondosa literatura política radical, romántica y utópica.

El artesanado bogotano no llegó virgen a esa cita. Desde 1847 sufría la doble amenaza del cambio tecnológico —la navegación a vapor por el Magdalena abarataba la llegada de manufacturas extranjeras— y de las nuevas tarifas librecambistas impulsadas por Florentino González como ministro de Hacienda de Mosquera. La Sociedad de Artesanos, fundada para pedir protección aduanera, se politizaba a ojos vistas; los tradicionalistas, por su parte, tenían ya un antecedente organizativo en las Sociedades Católicas creadas en 1838. El 48 francés cayó sobre un terreno labrado.

La elección tormentosa del 7 de marzo y el nuevo espacio público

El 7 de marzo de 1849, el Congreso de la Nueva Granada eligió presidente a José Hilario López. La sesión fue tormentosa: López había obtenido la votación más alta en la elección popular sin alcanzar mayoría absoluta, y la decisión legislativa se tomó bajo la presión de un pueblo vociferante —y, según varios testimonios, armado— que rodeaba el recinto. Los artesanos, encabezando esa presión, entendieron ese día que su fuerza colectiva pesaba en la política nacional. El liberalismo victorioso también lo entendió: la utilidad de la calle armada quedó apuntada en el debe del cálculo partidario, y la Sociedad de Artesanos comenzó a mutar, en cuestión de semanas, en la Sociedad Democrática, un club político que conservaba de su origen la agenda proteccionista pero añadía ejercicios militares, ruanas teñidas de rojo —de donde vendría el apodo de "rojos"— y gritos de "Viva la ruana" y "Abajo las casacas azules". El propio López simpatizaba en secreto con la Democrática bogotana, y llegó a asistir a una de sus sesiones.

En ese preciso instante, con la tinta del 7 de marzo todavía fresca, aparece El Alacrán. Un testimonio retrospectivo, escrito en 1863, describe cómo la noticia de su aparición se comentaba en las conversaciones privadas de Bogotá en marzo de 1849. La coincidencia importa: la ciudad estrenaba a la vez un presidente elegido bajo presión plebeya, un artesanado organizado con vocación militar y un panfleto satírico dispuesto a nombrar por su nombre a quien hiciera falta. Los tres fenómenos no compartían programa, pero compartían atmósfera.

Los redactores: Posada, Gutiérrez de Piñeres y el círculo de plumas afiladas

Joaquín Pablo Posada firmó por entero el primer número y fue el redactor principal de los siguientes. Poeta reconocido en su tiempo por el filo epigramático de sus versos, cultivaba una vena satírica que sus mismos contemporáneos elogiaban con reservas. Juan Francisco Ortiz, en un texto de 1852, alabó de Posada "el chiste y la pureza" de sus versos —pero se abstuvo, cuidadosamente, de mencionar El Alacrán: el silencio de Ortiz sobre el periódico, viniendo de un hombre que sí elogiaba al poeta, es una de las mejores pruebas del escozor que la publicación seguía provocando tres años después.

Germán Gutiérrez de Piñeres aportó la segunda pluma. La familia Gutiérrez de Piñeres tenía tras de sí una larga trayectoria en la política costeña radical, y su presencia en la redacción enlazaba la aventura bogotana con el liberalismo cartagenero, cuyo animador más visible era entonces Juan José Nieto, quien figura también entre los editores del periódico. Cartagena y Bogotá compartían en 1849 un mismo aire liberal-radical, y El Alacrán fue, entre otras cosas, un puente entre las dos capitales del liberalismo neogranadino.

Ese puente tenía enfrente su reverso conservador. En Cartagena, los adversarios del avance liberal fundaron su propio periódico —también llamado El Porvenir, distinto del posterior de Núñez— desde el que acusaban a los liberales de anticlericalismo e impiedad. El hecho ilumina el terreno en que El Alacrán jugaba sus cartas: para 1849, la confrontación de imprentas era ya un dato consolidado del espacio público neogranadino, cada partido tenía su hoja y cada hoja se leía con la misma pasión con que se cargaban los fusiles. La sátira de Posada y Gutiérrez de Piñeres no operaba en el vacío sino en un tablero donde las publicaciones se contestaban entre sí, y donde el gesto de nombrar personas concretas cortaba a través de un debate que hasta entonces se libraba, sobre todo, a golpe de doctrina.

Qué era, en sus páginas, El Alacrán

El periódico se ocupaba de la vida privada de personas conocidas, tocando hechos en verso y en prosa con ligereza y fuerza. La descripción es de época y hay que tomarla al pie de la letra: la materia prima de El Alacrán eran los hechos de la vida bogotana —adulterios, prebendas, amistades convenientes, gestos ridículos, contradicciones entre el decoro público y la conducta privada— tratados con la mezcla que su nombre prometía: el aguijón corto y el veneno duradero. La sátira no era abstracta ni programática; era personal, y por serlo se hacía política, porque las personas aludidas ocupaban puestos, redactaban leyes, oficiaban misas o dirigían casas comerciales.

En esas páginas circulaban también, entre burla y burla, ecos del vocabulario radical europeo que entonces se leía en Bogotá: los mismos círculos plebeyo-letrados que producían El Alacrán frecuentaban las Sociedades Democráticas y traducían a Blanc y a Fourier en voz alta. Pero el rasgo dominante del periódico fue otro: la irrupción de la vida privada en la letra impresa, la ruptura del pacto tácito por el cual las élites bogotanas se aludían entre sí en clave pero no se nombraban en público.

Esa ruptura es la clave de la reacción que suscitó. En una sociedad donde el honor personal era una categoría central —no adorno retórico, sino base de la sociabilidad y del crédito comercial y matrimonial— la sátira nominal equivalía a una agresión pública. Los "males" que el periódico trajo a sus autores y las "ampollas" que levantó no fueron indignaciones abstractas: fueron demandas, presiones, retiros de saludo y procedimientos judiciales que llevaron a Posada y a Gutiérrez de Piñeres a padecer las consecuencias directas de su irreverencia.

El escándalo y sus intérpretes

Un contemporáneo improbó la publicación por considerarla malediscente y perjudicial para la reputación de las personas aludidas. La palabra —malediscencia— condensa la censura moral de los bogotanos serios: no era la política del periódico lo que se rechazaba (esa era objeto de debate legítimo) sino su método. El Alacrán violaba, según sus críticos, el pacto de discreción que hacía posible la vida en común de una élite pequeña donde todos se conocían.

La lectura admite un segundo plano. Los mismos liberales que en 1849 defendían la libertad de prensa como principio fundacional del nuevo orden encontraban en El Alacrán un caso incómodo. Podía celebrarse la sátira contra los conservadores; era menos cómodo celebrarla contra un correligionario cuya esposa o cuyo hermano aparecía en verso. El gólgota temprano —esa juventud universitaria embriagada de librecambio y de romanticismo político— toleraba mejor la libertad de opinión doctrinaria que la sátira personal capaz de tocar el decoro de clase. Aquí el periódico reveló, sin proponérselo, un límite. Lo reveló también hacia el otro lado: los artesanos draconianos y sus aliados letrados encontraban en la irreverencia de la hoja un instrumento para desafiar la autoridad social de los mismos comerciantes librecambistas con quienes chocaban en la cuestión arancelaria.

Que Posada y Gutiérrez de Piñeres terminaran padeciendo consecuencias personales por sus escritos —hostigamiento social, presiones judiciales, males que su contemporáneo registró sin detallar— es coherente con el patrón. La República granadina proclamaba la libertad de imprenta, pero la sociedad bogotana —conservadores y liberales igualmente— sabía imponer costos a quien la ejercía contra sus miembros. La distinción entre libertad legal y libertad efectiva, tan familiar en la historia colombiana del siglo XIX, tiene en el caso de El Alacrán uno de sus primeros y más nítidos ejemplos.

La ecología de la prensa bogotana en 1849

El Alacrán no apareció en un desierto. 1849 fue un año particularmente denso para la imprenta capitalina, con la puesta en circulación de varias empresas periodísticas que buscaban ocupar el espacio abierto por la política reformista. En los mismos meses el arzobispo Manuel José Mosquera fundó El Catolicismo, quincenario vinculado a la Iglesia y al partido conservador; y José Eusebio Caro creó La Civilización (1849-1851), donde junto a Mariano Ospina Rodríguez publicaría el Programa Conservador —texto que articuló la doctrina del partido en respuesta al avance reformista.

En ese cuadro, El Alacrán ocupó un nicho distinto. No era el órgano del gobierno, no era el órgano de la Iglesia, no era el órgano del conservatismo doctrinario. Era una hoja de combate menor en formato, mayor en escándalo, cuyo alcance no se medía en tiraje sino en el zumbido que dejaba en los círculos donde se leía en voz alta. La época enseñó, y en Colombia se aprendió pronto, que incluso la prensa literaria acababa siendo instrumento de formación de opinión y de partido: no hubo, en la Colombia del siglo XIX, un campo cultural autónomo del poder político. El Alacrán, con su vocación de sátira personal, aceleró esa lección al llevarla a un extremo que sus propios lectores no estaban preparados para digerir.

Gólgotas y draconianos: la fractura donde el periódico se sitúa

Para entender por qué El Alacrán provocó lo que provocó hay que mirar la fractura interna del liberalismo que se venía consolidando desde 1847. Los gólgotas —jóvenes universitarios, comerciantes librecambistas, admiradores del 48 francés en su vertiente romántica y republicana— defendían el librecambio y encontraban en las revoluciones europeas una fuente de fuerza e inspiración. Los draconianos —militares, funcionarios, artesanos organizados— defendían el proteccionismo y sospechaban del cosmopolitismo comercial. El eje del enfrentamiento era el arancel: González había reducido tarifas en 1847, López las reduciría un quinto adicional, y los artesanos veían en cada rebaja la ruina de sus talleres.

Aquí asoma la ironía política del período. El vocabulario radical europeo —Blanc, Fourier— era leído sobre todo por los gólgotas letrados. Pero los intereses económicos que ese vocabulario protegía —talleres nacionales, protección al productor local— eran los de los draconianos-artesanos. Los universitarios importaban de París un socialismo utópico que, en el plano económico interno, contradecía su propio librecambismo. Los artesanos, a su vez, adoptaban el lenguaje radical europeo instrumentalmente, para reforzar demandas proteccionistas que ya tenían antes de haber oído hablar de Blanc. La retórica de las Sociedades Democráticas —"Viva la ruana", "Abajo las casacas azules"— tenía más de resentimiento de clase local que de programa fourierista.

En medio de esa contradicción irrumpe El Alacrán. Sus redactores compartían con los gólgotas la cultura letrada y el gusto por la ironía francesa, pero su irreverencia contra las personas conocidas —muchas de ellas comerciantes librecambistas— alineaba el filo del periódico con la sensibilidad plebeya de los draconianos. El escándalo de la hoja fue, en parte, la venganza simbólica del artesano contra el letrado, aunque los redactores fueran ellos mismos letrados. Los artesanos, más tarde, utilizarían retórica racial para atacar a los universitarios gólgotas, tildándolos de "partido de los negros" —una inversión deliberada de las categorías raciales para desacreditar la legitimidad política e intelectual de la facción. El Alacrán fue, en ese sentido, uno de los primeros textos donde la fractura se hizo audible.

Las reformas de López y el destino de las Sociedades Democráticas

El gobierno de José Hilario López (1849-1853), con Manuel Murillo Toro como secretario de Hacienda coordinando buena parte del programa, tradujo la atmósfera de 1849 en un conjunto de reformas de largo alcance. Se abolió la pena capital por delitos políticos. Se liberó a los esclavos. Se suprimió el monopolio estatal sobre el tabaco. Se redujeron las tarifas aduaneras en un quinto —profundizando la línea abierta por González. Se permitió a los buques de naciones extranjeras el tráfico por ríos y aguas interiores del país, una primicia continental. La Constitución de 1853, proclamada el 21 de mayo bajo el sucesor Obando, consolidaría el federalismo, la abolición de la esclavitud, la libertad religiosa y la eliminación de la personería jurídica de la Iglesia Católica.

Es un programa gólgota, no draconiano. Ahí está el drama de las Sociedades Democráticas y de su periferia satírica: los artesanos que en marzo de 1849 empujaron con sus fusiles la elección de López obtuvieron a cambio libertades civiles amplias, pero perdieron la protección arancelaria que era su demanda económica original. La rebaja aduanera de un quinto, la apertura de los ríos a la navegación extranjera, la supresión de monopolios: todo iba en la dirección opuesta a los "talleres nacionales" de Blanc que los redactores les habían prometido. Cuando en 1854 la coalición militar-artesanal se lanzó a la guerra —el golpe de Melo—, ese desencuentro estalló abiertamente. Su aplastamiento impuso el librecambio como doctrina hegemónica y permitió a los liberales superar, al menos por un tiempo, sus pugnas internas.

El Alacrán no vivió para ver ese desenlace. Su ciclo se cerró en el propio 1849, con sus redactores penando las consecuencias del escándalo. Pero el periódico había alcanzado a captar, en verso y en prosa, el momento exacto en que el liberalismo neogranadino se abría en dos: la sátira era una forma de decir lo que la prosa doctrinaria de La Civilización o de El Catolicismo no podía decir, y de nombrar los cuerpos concretos —esposas, amantes, socios comerciales, curas de aldea— donde las contradicciones abstractas de la política nacional se encarnaban.

Causas: por qué justo en 1849

La aparición de El Alacrán se cifra en un intersticio muy preciso: la elección tormentosa del 7 de marzo, la presión artesanal armada sobre el Congreso y la conversión de la Sociedad de Artesanos en Sociedad Democrática crearon el ambiente donde una hoja así podía aparecer sin ser clausurada por la vía legal —el nuevo régimen se proclamaba defensor de la libertad de prensa— pero podía ser castigada por la vía social. El orden viejo ya no podía censurar; el orden nuevo aún no había codificado sus propios límites.

A ese intersticio interno se sobrepuso una coyuntura europea. La Revolución de 1848 golpeó a la juventud universitaria y al artesanado bogotano en el mismo semestre en que se decidía la sucesión presidencial, y el vocabulario radical francés dio a los redactores plebeyos-letrados un modelo cultural: la sátira como arma política, el desafío al decoro burgués como forma de crítica al orden. París era entonces el referente central del pensamiento, el gusto y las costumbres de las élites colombianas; los círculos altos hablaban y leían en francés. Que la irreverencia del 48 se filtrara hacia formas literarias locales era casi inevitable.

Consecuencias: la sátira como forma política

La primera consecuencia fue estrictamente biográfica y tuvo la aspereza de lo cotidiano. El Alacrán trajo males a sus redactores, y esos males —hostigamientos, presiones, procedimientos— no llegaron por la vía de una clausura oficial sino por el goteo constante de la sanción social. Posada continuó escribiendo versos, y su reputación literaria sobrevivió intacta gracias a la vena epigramática que Ortiz elogiaría en 1852; el silencio del mismo Ortiz sobre el periódico, en cambio, demuestra cuánto tardó en cerrarse la herida que la hoja había abierto. Gutiérrez de Piñeres continuó en la política liberal, con su familia inserta en las redes radicales costeñas. Nieto siguió activo en Cartagena, donde el liberalismo radical se organizaría con creciente fuerza a lo largo de la década, y donde los aprendizajes de la aventura bogotana —cómo se sanciona una hoja, hasta dónde estira la libertad de prensa el límite del decoro— se decantaron en el manejo de las publicaciones costeñas.

La lección de método vino después. El escándalo de 1849 dejó a la vista un umbral que la prensa satírica posterior tomó como advertencia y como técnica. Después de El Alacrán, el género se instaló como forma reconocida de la vida pública colombiana, y con él se instaló también la conciencia de sus riesgos. Los editores aprendieron a dosificar la sátira personal, a esconderla en pseudónimos, a codificarla en alusiones que los iniciados descifraran sin dar pie a demandas formales. Nadie escribió un tratado sobre el asunto; se aprendió por imitación y por evitación, del modo en que se aprenden las reglas no escritas de una sociedad. La violencia simbólica de la hoja de Posada y Gutiérrez de Piñeres había mostrado hasta dónde llegaba la tolerancia social, y los sucesores modularon su tono en consecuencia. El gesto directo del alacrán —nombrar a la persona, exhibirla en verso— fue reemplazado por una economía de la insinuación que dominaría la prensa satírica colombiana por décadas.

En un plano más largo, El Alacrán pertenece —junto con los discursos de Nieto, los ejercicios de las Democráticas y las traducciones sueltas de Blanc y Fourier— al episodio de circulación temprana del vocabulario radical europeo en la Nueva Granada. Ese episodio no dio lugar, en 1849, a una doctrina socialista organizada: los canales fueron satíricos, plebeyos, discontinuos, y la agenda económica de los artesanos era proteccionista antes que socialista. Pero puso en circulación palabras —taller nacional, derecho al trabajo, emancipación, fraternidad, sublevados— que reaparecerían en la prensa costeña de mediados de siglo, en las sociedades de obreros de Cartagena, Barranquilla y Cereté, y, muchas décadas después, en el vocabulario del socialismo colombiano de comienzos del siglo XX. Que ese linaje empezara en una hoja de burlas antes que en un manifiesto dice bastante sobre las vías por las que las ideas atravesaban la sociedad neogranadina: entraban de lado, disfrazadas de chiste, y solo mucho después se dejaban leer como programa.

Por qué sigue importando

El Alacrán es una fuente rara para comprender el instante en que Colombia recibió el 48 francés y lo tradujo en formas locales. No fue una gran obra doctrinaria ni un manifiesto: fue una hoja satírica que en pocas semanas mostró hasta qué punto la política colombiana del siglo XIX se libraba tanto en las leyes como en la prensa, y con qué porosidad se cruzaban en esa sociedad la línea del debate público y la del escándalo privado. Mostró, además, que las ideas europeas radicales llegaban al país por canales múltiples —el aula universitaria, el club de artesanos, la traducción apresurada, el verso satírico— y no por una vía canónica, lo que explica su recepción fragmentaria y su durabilidad soterrada. Y mostró, sobre todo, que la libertad de prensa proclamada por el liberalismo tenía en la práctica un límite no escrito: el decoro de las personas conocidas, el honor de las familias, el pacto tácito por el cual las élites se aludían sin nombrarse. Cruzar ese límite tenía costos, y los pagaron Posada y Gutiérrez de Piñeres al contado.

Leer hoy El Alacrán es asomarse al momento en que Bogotá, tres décadas después de la Independencia, ensayaba en pequeño el gran conflicto que la marcaría por el resto del siglo: el del orden letrado y jerárquico frente a la irrupción de voces plebeyas capaces de nombrar, de burlarse y de exigir que el discurso público dejara de ser un privilegio del decoro. Que esa irrupción viniera acompañada de un aguijón satírico, y no de un tratado programático, dice mucho sobre cómo se pensaba, se discutía y se ajustaban las cuentas en la Bogotá de mediados del siglo XIX: en verso, entre iniciados, con la lengua rápida y la firma pronta a pagar el precio.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

25 documentos · 33 fragmentos
01Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 2611 cita
[1]de relieve en la estirpe de los Prometeos». 262 Díndic Síeris Pdtína Entre la opinión de Samper Ortega y la de Santos Molano transcurrió cerca de medio siglo —que va de 1935 a 1985 —, plazo suficiente para reivindicar la imagen de Posada. Ninguno de los dos, por supuesto, lo conoció en persona. Pero un contemporáneo…p. 261
02Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 59, 652 citas
[2]'m l l ipáut»»; ptra ao podrá toafeaeda porga ifr- de sMUaona.” ao qin pao#do 40 di»»«ornado· dcidoaMafe-. Por el Ciodtdiaofretidaoia da la Rapábiiaa. i. porqot má toen·i 310 no» baflamo»«a la BSnmiuria. Psradm tmtUiv*. A ^ft MlUfllf «I «ItsUtflifliÍMttA n Facsímiles da "L A BANDERA NACIO NAL", periódico del Genera!…p. 59
[27]de ciencias médicas. La falta de estímulos para escribir en un país pobre i atrazado, la escasez de lectores, el estado poco satisfactorio de la medicina i la profesión médica entre nosotros, i las preocupaciones de la política, que han invadido también el santuario de la ciencia, esplican suficientemente este estraño…p. 65
03Cuadros de la vida privada de algunos granadinosJosefa Acevedo de Gómez · 2017 · p. 231 cita
[3]se enternezca profundamente con el capítulo de «Soledad, hambre y demencia» o con «El soldado», ha perdido su corazón. Bogotá, abril 22 de 1863. J. M. Vergara Vergara. 25 § Introducción y dedicatoria Una hermosa tarde del mes de marzo del año de 1849 me hallaba yo ocupada de mis quehaceres ordina- rios cuando entró en…p. 23
04El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 278, 2882 citas
[4]vencedor» 184. Los años comprendidos entre 1850 y 1870, que verán surgir en la Nueva Granada una frondosa literatura política de carácter radical romántico y utópico, están marcados por 184 En Ángel y Rufino J. Cuervo, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, ed. cit., vol. i, pág. 54. 279 Eí ndicersdita…p. 278
[6]establecimiento de los talleres industriales», dicen Ángel y Rufino J. Cuervo en su Vida de Rufino Cuervo, ed. cit., vol. ii. pág. 188. Refiriéndose al eco que tuvo en la Nueva Granada la idea de los talleres nacionales como solución al problema social del proletariado, que entonces (1848) predicaba en Francia Louis…p. 288
05El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 821 cita
[5]Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…p. 82
06Las ideas socialistas en ColombiaJorge Eliécer Gaitán · 2017 · p. 1661 cita
[7]sólo el trabajo pueda otorgar, y estableciendo una libertad distinta de la presente, cuyo carácter esencialmente político no ofrece ninguna garantía para el proletariado por ser una libertad irrisoria. Su sistema está basado en la necesidad de una evolución lenta y gradual; esto lo diferencia un tanto de los demás…p. 166
07Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 280, 6222 citas
[8]destruir la Colonia. 623 Eíndnice r ístasóe ld te ogpanóge ml Cntniuge En la historia de la Nueva Granada hay también un momento estelar de la realización de los objetivos que habían inspirado al Precursor don Antonio Nariño y a Camilo Torres, de las esperanzas que habían arrullado el espíritu noble y abnegado de José…p. 622
[15]pugna de comerciantes y manufactureros se expresó en las luchas de gólgotas y draconianos. Los pri- meros eran una manifestación política de los intereses económicos de los comerciantes, y los segundos expresaban la defensa igualmente política de los intereses económicos de los manufactureros y artesanos. Por eso, los…p. 280
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 139, 1472 citas
[9]en 1854. Inclusive las mujeres integraron una Sociedad del Niño Jesús. Hasta el presidente López simpatizaba secretamente con la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá y asistió a una de sus sesiones. Presidencias de López y Obando Sin embargo, fue en la elección del 7 de marzo de 1849, en la cual el Congreso…p. 139
[10]] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…p. 147
09Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 130, 1332 citas
[11]N DEL MEDIO SIGLO Para 1849 los candidatos presidenciales eran, en el conservatismo gobernante, el vicepresidente Rufino Cuervo, un maestro boya- cense, civilista y antiguo secretario de Hacienda, que representaba el esp í ritu de transacci ó n con el liberalismo que ahora encarna 1 38 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA ba…p. 133
[17]í a llevado al poder, pero pon í an el acento en el cambio y' el progreso m á s que en el mantenimiento del orden y la tradici ó n. El cambio m á s brusco de este gobierno fue la adopci ó n ines perada del liberalismo econ ó mico internacional. Aunque é ste hab í a sido un deseo de casi todos los dirigentes, rebajar…p. 130
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2161 cita
[12]es que mucha gente consider ó que la interven ci ó n de las artesanos armados fue ú til para el partido liberal. A partir de ese momento la Sociedad se volvi ó cada d í a m á s un club pol í tico, y hasta cambi ó su nombre de Sociedad de Artesanos por el de Sociedad Democr á tica. Aunque esto la desvi ó de su pri…p. 216
11Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 20, 222 citas
[13]bajo el Sistema Democrático, fundada en la parro- quia de Micái [un cantón de Guapí, en la provincia de Buenaventura]. El propósito de la sociedad era el de "sostener a todo trance nuestro actual sistema de gobierno, promover la agricultura e industria, hacer conocer esos sagrados principios de igualdad, libertad y…p. 22
[18]importación, la agitación a favor de mayores tarifas de aduana haya coincidido con el establecimiento de la navegación de vapores por el Magdalena. Aunque las tarifas de carga de los v~pores no eran mucho más bajas que las de los champanes, la veloctdad y seguridad del nuevo método reducía sustancialmente los costos.…p. 20
12Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 1081 cita
[14]Hilario Lopez. Por su parte, los tradi- cionalistas ya habian fundado, en 1838, las Socie- dades Catodlicas; y un grupo de jévenes intelectuales de izquierdas fund6 la llamada Escuela Republi- cana, simpatizante del socialismo utdopico y del ra- dicalismo. 1305 1306 A la izquierda, el filésofo espanol Jaime Balmes en…p. 108
13Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 2391 cita
[16]en la región de Santander, abogaban por la supresión del estanco del tabaco que les impedía la expansión de la producción, y secundaban también las reformas fiscales, en especial la abolición del diezmo eclesiástico que pesaba duramente sobre ellos. Los terratenientes, por el contrario, eran los partidarios del statu…p. 239
14A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 711 cita
[19]letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…p. 71
15The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 57, 2552 citas
[20]shadowed political The Emancipatory Moment 41 attacks by artisans against their rivals, the university students and lawyers of the liberal Gólgota faction. The smearing of the Gólgotas as the party of blacks implied they organized followers along the lines of discredited legal and social categories. The polemical…p. 57
[24]Grusin, “The Revolution of 1848 in Colombia.” For the democratic societies, see Colmenares, Partidos politícos y clases sociales; Escobar Rodríguez, La revolución liberal y la pro- testa del artesanado; Sowell, The Early Colombian Labor Movement; and Aguilera Pena and Vega Cantor, Ideal democrático y revuelta popular.…p. 255
16Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 186, 1992 citas
[21]uno de ¡os editores de E l Alacrán (1849). 97A EL IL.-.P.-.H/. Y LA REVOLUCIÓN en París. Por eso Nieto se aprendió la famosa cuarteta de Louis Ménard (Homenaje a los sublevados) para recitarla en algunos de sus discursos: Vosotros dejáis a n t e s que nosotros una tierra maldita donde Dios mismo está de p a r t e d e…p. 186
[22]pudo Nieto comunicar en El Impulso a la ciu- dadanía que la epidemia había cedido, hasta en las parroquias de Santo Toribio y la Trinidad que habían sido las más afecta- das. El gobernador Obando programó así un viaje a Barranqui- lla, para el 12 de julio; y la gente volvió a hablar de juegos, de los toros, de los…p. 199
17Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2071 cita
[23]que, distinto al toro, arremete y pega con los ojos abiertos". En otros pueblos y ciudades (Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos, Neiva) se crearon casi simultáneamente sociedades de obreros y obreras similares a las de Montería en cuyos estatutos se abogaba "por la emancipación de la mujer organizando socieda-…p. 207
18El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4441 cita
[25]tribunales de justicia y redujo en un quinto las tarifas adua- neras. Colombia fue el primer Estado que, bajo la adminis- tración de dicho presidente, permitió el tráfico de buques de naciones extranjeras, por sus ríos y demás aguas, hasta el interior del país. Insistió en la confiscación de los bienes eclesiásticos y…p. 444
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 341 cita
[26]gobernaciones y la mayoría de las alcaldías en su contra. Su corto gobierno se caracterizó por su intento de mantener la paz entre los partidos y la aprobación de una nueva constitución. El 21 de mayo de 1853 Obando proclamó la nueva constitución del país, que puso fin a la constitución ministerial de Márquez de 1843.…p. 34
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1771 cita
[28]mismo sentido, quienes la protagonizan, encarnan en sí mismos los ideales del héroe romántico. Quizás por es- ta razón y por las características ex- huberantes de nuestra geografía, el romanticismo se instaló de manera contundente en la Nueva Granada, generando un inusitado aumento en la producción literaria. Los…p. 177
21Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1041 cita
[29]of the state by developing uniquely Colom- bian institutions throughout the territory. This occurred at the same time that a central ideology increasingly gave rise to the consciousness of what it meant to be Colombian. Colombians began to travel along the same path, but perhaps not all in the same way. NOTES 1.…p. 104
22Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 2321 cita
[30]Co- lombia (Bogotá: El Áncora Editores, 1985), 233. 21. A discussion of the debate in the first half of the nineteenth century appears in Evelyn J. G. Ahern, “El Desarrollo de la Educación en Colombia: 1820 – 1850,” Revista Colombiana de Educación 22 – 23 (1991). 22. J. M. Restrepo (1828), quoted in Rufino J. Cuervo…p. 232
23Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 2161 cita
[31]los momentos críticos cuando la política se volvía demasiado apasionada y los desacuerdos se tornaban manifiestos. En dichos momentos críticos, cuando con más claridad se evidencia el valor estratégico de la prensa para ganar adeptos, hasta la prensa literaria se convierte en un nicho desde el cual se puede formar…p. 216
24Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 791 cita
[32]Las nuevas élites de la ciudad distan mucho de aquellas que se concentraban alrededor del chocolate. En síntesis, la sociedad bogotana fue evolucionando a medida que sus hábitos de consumo incorporaban nuevas tendencias y modificaban sus formas de socialización. En 1813, se convidaba a tomar una taza de chocolate, en…p. 79
25Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3141 cita
[33]los dictados de París Lo francés, elemento deslumbrante del ostentoso cosmopolitismo euro- Capítulo 15 315 peo, es el modelo para el pensamien- to, el gusto y las costumbres sociales desde el siglo XIX. «A las mentes avan- zadas de Colombia —escribió Ignacio Torres Giraldo— las encontró el si- glo xx dilucidando…p. 314