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Hecho histórico · Regeneración · 1886–1929

Expedición de Konrad Theodor Preuss a San Agustín (1913-1914)

Entre 1913 y 1914, el etnólogo alemán Konrad Theodor Preuss realizó la primera excavación sistemática de la estatuaria megalítica de San Agustín, integrando el sitio al canon científico europeo y desatando una polémica patrimonial que persiste, todo ello mientras el Estado colombiano de la Hegemonía Conservadora despojaba jurídicamente a los indígenas vivos de sus tierras.

Expedición de Konrad Theodor Preuss a San Agustín (1913-1914)
1913-1914
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1913-1914
Dónde
Colombia, San Agustín (Huila), Isnos (Huila), Río Magdalena, Berlín
Protagonistas
Paul Rivet, José Vicente Concha, Carlos Holguín, Konrad Theodor Preuss, Theodor Koch-Grünberg, Juan de Santa Gertrudis, Héctor Llanos, Partido Conservador de Colombia, Museo Etnológico de Berlín, Instituto Etnológico Nacional
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La escuela difusionista alemana impulsaba expediciones empíricas a América para mapear horizontes culturales y asignar lugar a los pueblos considerados exóticos dentro de sus marcos teóricos
  2. San Agustín concentraba más de cuatrocientas esculturas en piedra y decenas de túmulos funerarios dispersos en unos quinientos kilómetros cuadrados, sin haber sido objeto de excavación sistemática previa
  3. Las élites letradas colombianas de la Hegemonía Conservadora otorgaban legitimidad científica a la mirada europea, de modo que la intervención de un etnólogo berlinés era percibida como ascenso en el escalafón del reconocimiento internacional
  4. El Estado colombiano carecía de legislación efectiva de protección patrimonial y había establecido ya el precedente de ceder piezas prehispánicas a potencias extranjeras, como ocurrió con la donación del Tesoro Quimbaya a España en 1892
  5. La Ley 55 de 1905 había rematado las tierras de los resguardos a particulares, creando un clima jurídico en el que los vestigios arqueológicos de los antepasados indígenas circulaban con mayor libertad que los derechos de sus descendientes vivos
1913-1914Expedición de Konrad Theodor Preuss a San Agustín (1913-1914)

Consecuencias

  1. Preuss trasladó esculturas originales de San Agustín a Alemania, donde ingresaron a las colecciones del Museo Etnológico de Berlín, desatando una polémica sobre protección del patrimonio nacional colombiano que atravesó todo el siglo XX y permanece abierta
  2. La publicación de Arte monumental prehistórico estableció el primer corpus científico sistemático sobre San Agustín y se convirtió en referencia fundacional para toda la arqueología posterior del sitio, incluyendo ediciones colombianas con aportes de estudiosos locales como Héctor Llanos
  3. San Agustín quedó inscrito en el canon arqueológico internacional europeo, lo que allanó el camino para su posterior declaratoria como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco
  4. La expedición consolidó el modelo de arqueologismo selectivo: el pasado prehispánico era elevado a objeto de ciencia y orgullo nacional mientras los indígenas contemporáneos permanecían bajo un régimen tutelar que los declaraba menores de edad ante la ley
  5. La tradición de documentación y extracción inaugurada por Preuss influyó en generaciones posteriores de investigadores, entre ellos Gerardo Reichel-Dolmatoff, y contribuyó a estructurar la institucionalización de la antropología colombiana que culminaría con la fundación del Instituto Etnológico Nacional bajo Paul Rivet en la década de 1940
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La expedición de Preuss marca el momento en que el pasado prehispánico colombiano ingresó al canon científico internacional no por iniciativa del Estado colombiano sino por la agenda de la etnología alemana, revelando la dependencia epistémica de las élites criollas respecto de la validación europea. El hecho condensa una paradoja estructural de la Hegemonía Conservadora: el mismo Estado que despojaba jurídicamente a los indígenas vivos mediante la Ley 55 de 1905 y los declaraba salvajes tutelables por la Ley 89 de 1890 permitía —y legitimaba— que un extranjero se llevara las piedras talladas por sus antepasados, convirtiendo el extractivismo arqueológico en prueba de modernidad. La polémica patrimonial que el traslado de esculturas originales a Berlín desató no se ha cerrado, y sigue siendo un nudo donde se cruzan soberanía cultural, deuda colonial y los límites de la ciencia como redención del saqueo.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Expedición de Konrad Theodor Preuss a San Agustín (1913-1914)

Entre finales de 1913 y comienzos de 1914, el etnólogo alemán Konrad Theodor Preuss remontó el alto Magdalena hasta las lomas de San Agustín, en el sur del actual departamento del Huila, y emprendió allí la primera excavación sistemática de la estatuaria megalítica que dormía dispersa por más de quinientos kilómetros cuadrados. En pocos meses documentó, dibujó, midió y fotografió centenares de esculturas y montículos, embarcó rumbo a Berlín un cargamento de piezas originales que todavía hoy se exhiben en museos alemanes y sentó las bases del reconocimiento científico internacional del sitio arqueológico más espectacular de Colombia. Su expedición hizo lo que ningún viajero anterior había hecho: convertir a San Agustín, curiosidad colonial que Fray Juan de Santa Gertrudis había despachado en el siglo XVIII como obra demoníaca, en objeto de la arqueología profesional europea. Y lo hizo justo cuando el Estado colombiano de la Hegemonía Conservadora, bajo la Ley 55 de 1905, remataba a particulares las tierras de los antiguos resguardos indígenas. El pasado prehispánico entraba al canon nacional como piedra tallada al mismo tiempo que los herederos vivos de esa piedra eran declarados jurídicamente menores de edad.

El sitio que Preuss encontró

San Agustín no era una novedad cuando Preuss llegó. Fray Juan de Santa Gertrudis, mallorquín nacido en 1724 y muerto en 1799, había recorrido la zona hacia 1756 y consignado en sus Maravillas de la naturaleza —manuscrito escrito hacia 1768 que permanecería inédito hasta su publicación colombiana en 1954— las primeras descripciones coloniales conocidas de los vestigios. Su asombro se resume en una fórmula: solo seres demoníacos podían haber esculpido aquellas figuras, dado que los indígenas carecían de herramientas de metal antes de la conquista. Lo que no se comprendía se despachaba como obra del diablo. Esa fue, durante casi dos siglos, la respuesta oficial de la cultura letrada a las piedras del alto Magdalena.

Lo que Preuss encontró en 1913 desbordaba cualquier fórmula. La zona arqueológica comprende más de treinta agrupaciones de rasgos culturales, situadas en las partes elevadas de las lomas entre una red de arroyos y pequeños ríos que descienden hacia el naciente Magdalena, en los actuales municipios de San Agustín e Isnos —a 520 kilómetros de Bogotá, 227 de Neiva, 45 de Pitalito—. Los sitios llevaban entonces, y siguen llevando, nombres vernáculos que la arqueología no ha logrado desplazar: Las Mesitas, Alto de Lavapatas, Alto de los Ídolos, Alto de las Piedras. Más de cuatrocientas esculturas en piedra, dispersas en unos quinientos kilómetros cuadrados, custodiaban un elevado número de túmulos que cubrían templos y entierros.

Las tumbas ofrecían una diversidad desconcertante: pozos profundos con cámara lateral, sarcófagos tallados en piedra, entierros que variaban en forma y composición sin que un patrón único los ordenara. Las estatuas, por su parte, se organizaban en torno a tres grandes temas —antropomorfismo, zoomorfismo, bimorfismo— y representaban bestias y deidades mitológicas: felinos, monos, lagartos, serpientes, ranas, águilas, búhos, junto a figuras humanas y a los seres híbridos que combinaban rasgos humanos y animales. La estatuaria estaba regida por concepciones religiosas en las que predominaban los atributos divinos idealizados y la cabeza como centro solar de la inteligencia. Preuss no llegó a un yacimiento silencioso: llegó a un panteón de piedra en el que un pueblo desaparecido había depositado su cosmología, y llegó con el equipo mental adecuado para reconocerlo como tal.

De dónde venía Preuss

Konrad Theodor Preuss no viajaba solo, aunque llegara solo al Huila. Traía a cuestas una escuela entera. A comienzos del siglo XX, la etnología alemana atravesaba su momento de ambición máxima: Preuss, Theodor Koch-Grünberg, Alfred Jahn y otros habían diseminado investigadores por América buscando materiales para resolver los debates internos de la escuela difusionista, que se preguntaba cómo circulaban las culturas por el mundo y qué lugar ocupaban en ese circuito los pueblos considerados exóticos. La metodología era clara: constatación empírica mediante observación directa, largos períodos de convivencia con los portadores de culturas e idiomas distintos, recolección exhaustiva de datos materiales y lingüísticos. San Agustín, con sus estatuas mudas y sus tumbas selladas, ofrecía justo el tipo de acertijo que la escuela sabía cómo tratar.

Preuss llegó a Colombia con el prestigio institucional del Museo Etnológico de Berlín detrás y con la solvencia científica de un difusionista que había trabajado ya en el mundo mexicano. Su expedición no fue una aventura solitaria sino un capítulo del proyecto berlinés de mapear los antiguos horizontes culturales americanos. Y ese proyecto, aunque tuviera su motor en las universidades y museos alemanes, encontró en Colombia una recepción cómoda: Berlín era, para las élites letradas colombianas del final de la Regeneración, sinónimo de ciencia legítima. Que un alemán excavara San Agustín parecía menos una expropiación que un ascenso en el escalafón: la piedra ganaba autoridad al ser mirada por Europa. El difusionismo alemán proporcionaba, además, un marco teórico halagador para las élites criollas: si las culturas circulaban y se contagiaban, entonces las estatuas del alto Magdalena podían dialogar con Mesoamérica, con los Andes centrales, con horizontes prestigiosos. San Agustín dejaba de ser un enigma provincial para convertirse en pieza de un rompecabezas continental.

La ejecución de la expedición

Preuss trabajó como se trabajaba entonces en la mejor arqueología europea: midió, dibujó, fotografió y excavó. El corpus resultante fue meticuloso: cientos de esculturas registradas con precisión germánica, croquis de las agrupaciones, descripción sistemática de los tres grandes temas iconográficos, primeras tentativas de una tipología de las tumbas y de los ajuares. El resultado fue Arte monumental prehistórico, obra fundacional que años más tarde, en sus ediciones colombianas, incluiría material introductorio de estudiosos locales como Héctor Llanos.

Lo distintivo de su intervención no fue solo el rigor. Fue el gesto adicional: además de documentar, Preuss cargó con esculturas originales de la región y las llevó a Europa. Estatuas talladas por manos prehispánicas fueron desmontadas de las lomas del Huila, embaladas, transportadas por trocha hasta el Magdalena, embarcadas río abajo hasta el Caribe y de allí a Alemania, donde ingresaron a las colecciones del Museo Etnológico de Berlín. Ese traslado —autorizado, tolerado o simplemente no impedido por las autoridades colombianas— desató una polémica sobre la protección del patrimonio nacional que atravesaría todo el siglo XX y aún no se ha cerrado.

Preuss no fue el primero en llevarse piezas colombianas a Europa. Apenas veintiún años antes, en 1892, el presidente Carlos Holguín había donado a la reina regente María Cristina de España el Tesoro Quimbaya: 122 piezas de orfebrería procedentes de dos sepulturas de La Soledad, en el municipio de Finlandia, exhibidas en Sevilla con ocasión del IV Centenario del descubrimiento de América. La donación fue un gesto diplomático, reconocimiento a la labor arbitral de la reina en la delimitación de fronteras colombianas. Aquellas 122 piezas siguen hoy en el Museo de las Américas en Madrid. El Estado colombiano había convertido ya, por decisión propia, la orfebrería prehispánica en moneda de intercambio geopolítico; que un etnólogo alemán se llevara estatuas de San Agustín en 1913-1914 no fue por tanto una ruptura del orden, sino su continuación por otros medios.

Los objetos prehispánicos circulaban desde antes por canales criollos poco escrupulosos. La colonización antioqueña del Gran Caldas se había hecho en parte profanando tumbas quimbayas, ricas en objetos de oro. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo, fundiendo o atesorando las piezas, y algunas colecciones así formadas terminaron compradas por museos de la época. La expedición de Preuss se insertó en un mercado ya activo, en una economía extractiva que trataba las tumbas indígenas como veta. Lo que él aportó fue el marco científico: convirtió la extracción en documentación, el saqueo en excavación, la mercancía en dato. La operación fue tan eficaz que hoy resulta difícil pensar la diferencia entre profanar una tumba y excavarla sin remitirse precisamente al gesto inaugural que él encarna: la firma científica que redime materialmente el mismo acto que un comerciante habría ejecutado por lucro.

El país que lo dejó entrar

Colombia recibió a Preuss en el momento más estable, en apariencia, de su historia reciente. Entre 1910 y 1930 el Partido Conservador mantuvo el orden público bajo una arquitectura política que combinaba dominio partidista con respeto formal a las libertades civiles de las clases altas. En 1914, año central de la expedición, José Vicente Concha ganó la presidencia con 300.735 votos frente a los apenas 36.763 del candidato republicano Nicolás Esguerra: una victoria aplastante que desintegró a la Unión Republicana —el tercer partido que había llevado a Carlos E. Restrepo a la presidencia entre 1910 y 1914— y consolidó el retorno pleno de los conservadores nacionalistas al poder. Concha triunfó con el respaldo de la Iglesia Católica y, sorpresivamente, con el apoyo del líder liberal Rafael Uribe Uribe, que esperaba con ello asegurar trato justo para su partido. Asumió la presidencia el 7 de agosto de 1914, seis días después de la declaración de guerra en Europa.

Mientras Preuss desmontaba estatuas en el Huila, el mundo se precipitaba en la Primera Guerra Mundial y Colombia se replegaba en una neutralidad que su gobierno defendería con firmeza. Concha rechazaría, más adelante, secundar las iniciativas de conferencias de neutrales latinoamericanos promovidas desde Argentina, sobre todo tras la entrada de Estados Unidos en la guerra. Colombia se convertiría en uno de los pocos países latinoamericanos —si no el único— que entre la primera posguerra y la crisis de 1930 sorteó sus dificultades sin golpes de Estado ni gobiernos militares. La flexibilidad legalista de los partidos tradicionales les servía, entre otras cosas, de blindaje contra la aparición de alternativas políticas nuevas.

Esa estabilidad tenía un reverso. El Estado que ofrecía orden a las clases altas y hospitalidad a los científicos alemanes era el mismo que había sancionado, el 25 de noviembre de 1890, la Ley 89 —firmada por el presidente encargado Carlos Holguín y el ministro de gobierno encargado Antonio Roldán— con un título que lo dice todo: por la cual se determina la manera cómo deben ser gobernados los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada. La ley reconocía el estatus oficial de los resguardos y frenaba de momento la disolución de la propiedad colectiva, pero al costo de inscribir a los indígenas en un régimen tutelar que los declaraba menores de edad ante la ley. Junto con el Concordato de 1887, la Ley 89 articuló un proyecto evangelizador-civilizatorio que otorgó a las misiones católicas un papel central en la presencia estatal en territorios indígenas, sobre todo en regiones consideradas de salvajes.

Quince años después, la Ley 55 de 1905 —expedida durante el quinquenio de Rafael Reyes— dio el golpe siguiente: cedió las tierras de los antiguos resguardos a los municipios para su remate a particulares, despojando por vía legal a las comunidades indígenas de sus territorios en beneficio de hacendados y jefes políticos locales. Ese era el marco jurídico vigente cuando Preuss llegó: un país que declaraba salvajes a sus indígenas vivos, remataba sus tierras y al mismo tiempo entregaba a un etnólogo extranjero la libertad de excavar y embarcar las piedras que habían tallado sus antepasados. La distancia jurídica entre el indígena de 1913 y el indígena de mil años antes no podía ser mayor: el segundo era ciencia; el primero, población tutelada.

La imaginación criolla del indio

Que las cosas ocurrieran así no fue accidente ni pura debilidad del Estado. Fue el resultado de una manera muy trabajada de imaginar el pasado indígena, cultivada durante todo el siglo XIX por las élites letradas colombianas. Los notables nacionales de la Hegemonía Conservadora representaban a los indígenas del pasado prehispánico como bárbaras parcialidades ajenas a la nación actual, y establecían con firmeza un corte tajante entre los ciudadanos colombianos y los herederos de los aborígenes. Las élites criollas del temprano siglo XIX habían percibido a las razas negra e indígena como amenazas y obstáculos al proceso de construcción nacional basado en valores occidentales, y el mestizaje —invocado como fundamento identitario— era más un proyecto del siglo XIX que una realidad consumada.

En ese marco, el estudio y la exhibición de los vestigios prehispánicos cumplía una función precisa: demostrar erudición arqueológica y etnográfica ante pares europeos. Hacia 1895 se afirmaba en la letra impresa que los muiscas no podían ser pilar de la nacionalidad colombiana, porque eran apenas uno de los innumerables grupos que ocupaban el territorio a la llegada de los españoles, y que el estudio tanto de sus monumentos como de los documentos coloniales indicaba una sociedad relativamente pobre. Con la conquista, se decía, había cesado la producción artística indígena: un corte histórico limpio que dejaba a los indígenas contemporáneos sin filiación con el pasado que las élites exhibían. En los compendios históricos regionales, sobre todo antioqueños, se defendía la inferioridad de la raza indígena y la superioridad del elemento mestizo predominante en la nación. Había también voces que exaltaban a los muiscas como referente fundacional, pero en la corriente principal del pensamiento letrado la ecuación estaba clara: pasado indígena, sí, como objeto de erudición y ornamento nacional; indígena vivo, no, como sujeto político pleno.

Las obras de los cronistas coloniales habían pavimentado el camino: convertidas en ídolos y expresiones diabólicas las representaciones religiosas indígenas, la imagen del indio quedaba desprovista de trascendencia histórica y servía a los propósitos del dominio. Cuando Preuss llegó, la operación intelectual estaba consumada. Las estatuas de San Agustín podían entrar al canon científico europeo precisamente porque nadie con voz política reclamaba filiación con ellas. La piedra podía viajar porque su parentesco humano había sido previamente desactivado.

La sombra de Quintín Lame

Nadie, con una excepción que la historia oficial tardaría décadas en integrar. Justo en 1915, apenas terminada la expedición de Preuss, Manuel Quintín Lame comenzó a liderar en Tolima y Huila —la región adyacente al alto Magdalena de San Agustín— un levantamiento social que combinaba el litigio jurídico con acciones de hecho para recuperar los resguardos despojados y el autogobierno indígena. La coincidencia geográfica es notable: mientras las piezas del Huila viajaban a Berlín para representar allí a un pueblo prehispánico digno de estudio, en las mismas montañas los descendientes de esos pueblos organizaban una rebelión para no perder lo que aún les quedaba. La traducción del pasado prehispánico en patrimonio muerto no fue un proceso incontestado: fue coetánea de una movilización indígena viva a la que el relato centrado en las élites y en la ciencia europea tiende a disociar artificialmente del acontecimiento arqueológico.

Preuss no supo, o no le importó, que a pocas jornadas de sus zanjas de excavación se estaba gestando la primera gran ofensiva indígena del siglo XX colombiano. La comunidad científica alemana lo ignoraba también. El Estado colombiano, en cambio, lo sabía muy bien, y actuaría en consecuencia: reprimiría a Lame, protegería a Preuss, celebraría en unos años los hallazgos berlineses. La misma administración que expedía licencias arqueológicas expedía órdenes de arresto. La misma tinta que autorizaba embarcar estatuas hacia Hamburgo firmaba las requisitorias contra el hombre que reclamaba las tierras donde esas estatuas habían sido talladas.

Las piezas viajan

Junto a la documentación, el registro fotográfico y los croquis, Preuss embarcó esculturas originales que ingresaron a las colecciones berlinesas. Ese traslado, antecedente que gestó desde entonces la polémica sobre la protección del patrimonio nacional, quedó como el hecho más discutido de toda la expedición.

La circulación de piezas prehispánicas colombianas por Europa no era nueva. Lo nuevo fue la escala del emblema: San Agustín no era una tumba antioqueña con oro fundido en el fuego de los comerciantes ni un lote diplomático regalado a una reina. Era la estatuaria más espectacular del país, la más monumental, la que por su volumen mismo desafía el traslado. Que piezas de allí terminaran en Berlín introdujo en la conciencia culta colombiana una incomodidad que se prolongaría por décadas. En un país donde el pasado prehispánico servía sobre todo de credencial ante Europa, la exportación material de ese pasado ponía en aprieto el pacto tácito: se podía exhibir el indio muerto en museos propios, pero verlo también exhibido en museos ajenos revelaba con crudeza que las élites colombianas no controlaban del todo el capital simbólico que administraban.

Con los años, la polémica sobre las piezas de Preuss se enlazaría con otras: la del Tesoro Quimbaya siempre en Madrid, la de los objetos que aparecerían en el mercado internacional, la de las estatuas fotografiadas pero nunca repatriadas. En algún sentido, el nombre de Preuss quedaría fijado en la memoria colombiana menos por la calidad monumental de su obra —Arte monumental prehistórico fundó la arqueología del sitio— que por el peso simbólico de las piedras ausentes. Al lector culto de Bogotá o de Medellín, San Agustín llegaría a través de una doble mediación: la de los libros alemanes que lo describían y la de las fotografías de las salas berlinesas donde las estatuas descansaban. El pasado nacional se conocía por reflejo europeo, y ese reflejo era, en parte, expropiación consumada.

Consecuencias inmediatas

La expedición produjo dos efectos concretos y encadenados. Colocó a San Agustín en el mapa científico internacional: la publicación de Arte monumental prehistórico convirtió al sitio en referencia obligada de la arqueología americanista, y las piezas de Berlín en material de estudio para generaciones de investigadores europeos que compararían las cabezas felinas del alto Magdalena con motivos mesoamericanos y andinos, tejiendo la red difusionista que la escuela de Preuss buscaba trazar. Y abrió en Colombia un espacio de conciencia patrimonial nuevo: la incomodidad ante las piedras ausentes empezó a filtrarse en las discusiones cultas y a preparar el terreno, aunque muy lentamente, para una futura noción de patrimonio nacional protegido por ley.

El trabajo de Preuss estableció además los ejes fundamentales de la interpretación de San Agustín: la organización tripartita de la estatuaria en motivos antropomorfos, zoomorfos y bimorfos; la centralidad de las concepciones religiosas y míticas; la lectura de la cabeza como centro solar de la inteligencia; la diversidad tipológica de las tumbas. Esos ejes seguirían discutiéndose durante todo el siglo, corregidos y refinados por la arqueología estratigráfica posterior, pero difícilmente podría negarse que fue Preuss quien los planteó primero de manera sistemática. La discusión sobre San Agustín se armaría, en adelante, contra o a partir de él; nunca sin él.

Consecuencias de largo plazo

La expedición inauguró una tradición alemana en la arqueología y la etnología colombianas que se prolongaría durante medio siglo. A comienzos del siglo XX ya habían llegado a la región etnólogos y arqueólogos de formación alemana; en las décadas siguientes, y sobre todo con el ascenso del nazismo y las persecuciones que empujaron a intelectuales fuera de Europa central, otros alemanes se instalarían en Colombia y darían continuidad a esa presencia. Wolfram Schottelius llegó al país en 1938 y murió apenas tres años después, hacia 1941; Juan Friede, alemán radicado en Colombia, participaría en actividades científicas e indigenistas de alcance internacional, como el congreso de Pátzcuaro de 1940, y desarrollaría una obra antropológica e histórica sostenida en la que el problema indígena dejaría de ser mero objeto de curiosidad europea para convertirse, por primera vez, en asunto de reivindicación política.

La institucionalización de la disciplina llegaría con el Instituto Etnológico Nacional, regentado por Paul Rivet y articulado al Museo Arqueológico y Etnográfico según el modelo francés. La Revista del Instituto Etnológico Nacional, dirigida inicialmente por Rivet, se convertiría en el vehículo principal de los informes de campo y en el escenario donde se fijaron, entre finales de la década de 1940 y comienzos de la siguiente, las representaciones estables del patrimonio arqueológico colombiano que alimentarían el imaginario nacional durante décadas. Nada de eso habría sido pensable sin el terreno preparado por Preuss: la certeza de que San Agustín era un objeto de ciencia legítima, la infraestructura conceptual básica, la reputación internacional del sitio. La antropología colombiana profesional nació, entre otras cosas, en el surco que dejó su expedición.

La polémica patrimonial, en cambio, no se cerró. Continuó abierta a lo largo del siglo, alimentada por cada nuevo hallazgo llevado al extranjero, por cada tesoro nunca devuelto, por cada estatua ausente de las lomas del Huila. Décadas después de Preuss, la conversación sobre las piezas de San Agustín en museos alemanes sigue siendo una conversación no saldada, reactivada periódicamente por peticiones de repatriación, por exposiciones itinerantes, por gestos diplomáticos que ni resuelven ni dejan del todo intacto el statu quo. Y persiste porque su origen fue exactamente el que fue: no una negociación entre iguales sino un permiso concedido en un país donde los descendientes de quienes tallaron aquellas piedras eran, en el momento mismo de la excavación, despojados de sus tierras por ley de la República y perseguidos por levantarse contra ese despojo. La huella de esa asimetría fundacional no se borra con acuerdos de préstamo ni con catálogos bilingües; queda incrustada en la piedra misma, en cada estatua que hoy alguien mira en Berlín sabiendo, o sin saber, que Manuel Quintín Lame preparaba en las mismas montañas del sur, mientras aquellas piedras eran embaladas, el primer gran levantamiento indígena del siglo colombiano.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

31 documentos · 37 fragmentos
01Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 571 cita
[1](es decir, sin catequizar). El fraile mallorquino Juan de Santa Gertrudis (1724-1799) fue un cronista con un tono picaresco. Es- cribió sus Maravillas de la naturaleza alrededor de 1768, pero el manuscri- to permaneció inédito muchos años en la Biblioteca Pública de Palma de Mallorca, hasta que se publicó en Colombia…p. 57
02¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 371 cita
[2]el primero en dejar descripciones escritas de los vestigios arqueológicos de las culturas Tumaco y San A gu stín, además de que tuvo tiempo para narrar las costumbres de los indígenas del Caquetá y las comunidades negras del Pacífico. A su paso también encontró ciudades y villas dominadas por criollos, pueblos de…p. 37
03Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 71, 752 citas
[3]chozas de barro, el cura local le habló de las extrañas piedras. Lo que Santa Gertrudis descubrió, después de investigar un poco, lo sacudió hasta el tuétano. Para él, las estatuas representaban claramente a obispos de mitra y vestimentas pontificias e indudablemente eran franciscanos. Sin embargo, la orden de San…p. 71
[8]en caso de que solo sus cementerios sobrevivieran al cataclismo de una guerra nuclear. En efecto, como Reichel-Dolmatoff lo mostró en sus estudios, solo tomando en cuenta un amplísimo contexto geográfico y cultural se puede comenzar a comprender lo que estas monumentales y enigmáticas estatuas pueden estar…p. 75
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 671 cita
[4]por las monta ñ as del sur hacia las cordilleras ecuatorianas. Si a ñ a 74 COLOMBIA INDIGENA dimos el gran valle del r í o Magdalena que se abre hacia el norte, se puede apreciar que San Agust í n est á ubicado en la encrucijada de grandes v í as de comunicaci ó n, de migraciones y de influencias culturales. La zona…p. 67
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 401 cita
[5]en las partes elevadas de las lomas que se extienden por toda la región entre una red de arroyos y pequeños ríos. San Agustín es indudablemente el sitio ar- queológico más espectacular del país, ya que tradicionalmente está caracterizado por varios centenares de grandes estatuas de piedra y por un crecido número de…p. 40
06Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3521 cita
[6]Huila, en inmediaciones de los municipios de San Agustín e Isnos, aparte de su gran belleza, es la necrópolis de mayor extensión a nivel mundial con vestigios monumentales como estatuas, relieves y sarcófagos tallados en piedra; templetes o dólmenes de lajas; montículos funerarios, terrazas, caminos y terraplenes de…p. 352
07Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 221 cita
[7]Carib Speaking Indians. Culture, Society and Language (E. Basso Ed.), Ari- zona, 1977. Rudle, K. y W. J. Los yupka, en Los aborígenes de Ve- nezuela, vol. ll, Caracas, 1983. Whithead, N. — Carib canibalism. The historical evi- dence, en «Journal de la Société des Américanistes», t. LXX, p. 69-98, Pa- rís, 1984. 133…p. 22
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 271 cita
[9]el tiempo; hacia los siglos V y VII d.C. En diferen- tes sitios se incrementó la construcción de centros funerarios monumentales: montículos, templetes, sarcófagos, o tumbas de cancel, y esculturas. Dioses y creencias En esta cultura durante siglos dominan estructu- ras de pensamiento con elementos míticos y ri-…p. 27
09Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2481 cita
[10]siglo comenzaron a llegar los etnólogos y arqueólogos ale- manes. A Konrad Theodor Preuss, Theodor Koch-Grunberg o Alfred Jahn les interesaba el lugar que le asig- naba la escuela difusionista a la gente exótica de este lado del mundo. Le- garon una metodología de constata- ción empírica basada en observaciones…p. 248
10Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 151 cita
[11]la expedición se dividió en igual número de grupos (Perry 2006: 42). Siguiendo el modelo francés, el IEN funcionó articulado al Museo Arqueológico y Etnográfico. Los informes de campo eran consignados en la Revista del Instituto Etnológico N acional, dirigida inicialmente por Rivet;9 en esta etapa se 7 Wolfran…p. 15
11Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1691 cita
[12]manes, italianos, colombianos...; en su Idola Fori, obra de mucha influen- cia en la Generación del Centenario, la influencia quizás más notable es la del uruguayo Rodó. Carlos Uribe Ce- lis, en su reciente libro Los años veinte en Colombia, ideología y cultura, se- ñala la persistente influencia de Taine y de la…p. 169
12La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 101, 2472 citas
[13]Pre-Colombian Past: Cast and Models in Exhibitions of Ancient America, 1824-1935”, en Collecting the Pre-Columbian Past, editado por Elizabeth Hill Boone (Washington D. C.: Dumbarton Oaks Research Library, 2011), 143. Todas las citas de este texto que se presentan en este capítulo son traducción propia. 2 Fane et al.,…p. 247
[33]y prácticas en la transformación de la sociedad. Al contrario, el segundo sentido en que se emplea esta expresión tiene que ver con la creación de representaciones más o menos estables del patrimonio arqueológico, que se fraguaron entre finales de la década de 1940 y comienzos de la siguiente. En ese caso, se trata de…p. 101
13Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 81, 872 citas
[14]de su creatividad imaginativa en distintos niveles temporales y espaciales, hay elementos que aparecen comunes. En el ámbito del mito, del ritual religioso y del pensamiento filosófico en torno a la creación del universo, es válido reiterar que el jaguar y la anaconda son figuras prominentes. Las vivencias actuales,…p. 81
[37]a las grandes civilizaciones precolombinas como engendros irra- cionales y producto de la barbarie. Tornaron en ídolos las representaciones de los dioses de los indios y en expresión diabólica la escultura india de piedra y madera. Ni siquiera escucharon la literatura oral en donde sur- gían el jaguar y la anaconda.…p. 87
14Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 481 cita
[15]embargo, por la misma época, la colonización antioqueña del Gran Caldas se hizo en gran parte profanando las tumbas de los indígenas Quimbayas, ricas en objetos orfebres. Un grupo de comerciantes financiaba el saqueo de las tumbas, fundiendo y atesorando estas piezas; algunos las conservarían formando las primeras…p. 48
15Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 1, 82 citas
[16]ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…p. 1
[19]new third party, and the more intransigent resented any kind of cooperation with Liberals. As a result, in the presidential election of 1914, the Republican candidate, Nicolás Esguerra was overwhelmingly defeated by Conservative José Vicente Concha gaining just 36,763 votes to Concha’s 300,735. 22 Concha won with the…p. 8
16Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2481 cita
[17]reforma de 1910, resultó elegido con 300 735 votos. El presidente Concha acompañado por Miguel Abadía Méndez y Pedro Nel Ospina se dirige al Palacio de la Carrera después del acto de posesión, agosto 7 de 1914. Atrás, Jorge Vélez y el general Melo. uno de los pocos países latinoameri- canos, si no el único, que pudo…p. 248
17Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 221 cita
[18]clause.) 20 Before leaving office in 1914 Restrepo delivered a speech listing the accomplishments of his administration that included the establishment of peace between public and private interests, undisturbed public order, and an increase in revenue that was creating national economic stabil- ity. 21 Despite these…p. 22
18Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 1501 cita
[20]beligerantes, o reunir simplemente una asam blea de neutrales en Buenos Aires o en Montevideo. La respuesta colombiana fue al principio cautelosa y aquiescente; pero la decla raci ó n de guerra norteamericana cambi ó la situaci ó n hasta hacei ver que, ante la reuni ó n eventual de una fracci ó n de rep ú blica!…p. 150
19Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 1881 cita
[21]aumento, se atendió la deuda exterior, se doblaron las expor- taciones, se volvió al sistema del oro y plata, se organizó el servicio militar obligatorio a partir de enero de 1912, se creó la comisión asesora de relaciones exteriores, se señaló la jurisdicción de lo contencioso administrativo, se decretó la…p. 188
20Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2051 cita
[22]vez refrendado por el Senado, el proyecto se convirtió en la ley 89 de 1890, sancionada el 25 de noviembre por el presidente encargado, Carlos Holguín y el ministro de gobierno encargado, Antonio Roldan. Esta ley, REITERACIÓN: LOS RÍANOS SE REPLIEGAN 117 vigente aún, permitió que muchos resguardos —especialmente los…p. 205
21No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 391 cita
[23]la Verdad ha encontrado que dicha ironía encarna un patrón de comportamiento histórico respecto al despojo de tierras, especialmente de los pueblos étnicos 22. En Tolima y Huila había un levantamiento social liderado desde 1915 por Manuel Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez. Era una lucha por la recuperación de los…p. 39
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[24]entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…p. 45
23Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 501 cita
[25]1810, the system became, if anything, more repressive: legislation and judicial rulings autho - rizing the sale of resguardo lands legitimized their expropriation by outsiders, often achieved through violence. 5 A great deal of land was lost in this way. The dominant ideology of the era, enacted into law, facilitated…p. 50
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 521 cita
[26]conocedor del asunto, Las élites criollas de principios del XIX percibían aún el mestizaje como un proceso precario, que no alcanzaba, ni mucho menos, a menguar la otra percepción que se tenía de las razas negra e indígena como amenazas y obstáculos reales al proceso de construcción de una nación fundamentado en los…p. 52
25Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1531 cita
[27]histórico, logró la constitución y el reconocimiento de resguardos de origen colonial y republicano, principalmente en las regiones Caribe y Andina. Si bien los pueblos indígenas contaban con estos títulos, casi en su totalidad fueron ocupados por hacendados y colonos. Esto también sucedió en territorios que no…p. 153
26Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1761 cita
[28]enemigas muchas veces y frecuen- temente en guerra. En tales condiciones, el aislamiento era el estado natural de aquellas bárbaras parcialidades, que si en tiempo de paz tenían algunas comunica- ciones, era sólo con las tribus vecinas y con las más próximas. 30 La nación actual no se podía identificar con aquellas…p. 176
27Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 600, 6212 citas
[29]Aunque el comercio del tabaco fue lo que atrajo a la mayoría de los alemanes, estos pronto se expandieron al comercio de importación y exportación de todo tipo de pro ductos, la navegación por el río Magdalena, la banca, la ganadería y la aviación. B a r r a n q u i l l ah a n s e á t i c a: e lcaso de un empresario…p. 621
[32]n C e p e d a. 2 8 G a r c í a E s t r a d a (1993), p. 67. [522 ] B a r r a n q u i l l ah a n s e á t i c a: e lcaso de un empresario alemán Cuadro 17.2. Socios de la firma A. Held y sus condiciones legales, 1894-1951 Socio Fecha ingreso Fecha retiro C ondiciones legales Com entario A dolfo H eld 06-03-1894…p. 600
28El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 131 cita
[30]de África. Como el nazismo había iniciado su ascenso, la persecución contra los judíos se evidenció, y el grupo Vanderfiegel se desvertebró, decidió, en 1934, retornar a Manizales, esta vez como liquidador de la F. Stern y representante de otras empresas. En la capital cal- dense compró una propiedad rural en el Alto…p. 13
29Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 2121 cita
[31]power under his lead- ership. Important too, the government posting replenished his personal cof- fers, sadly depleted by two years’ travel on the Continent. Finally, acceptance of the German ministry sent him not merely to a portion of Europe he had not previously visited, but to the continent’s most exciting…p. 212
30Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 104, 1732 citas
[34]superior anterior a la muisca. Otros intelectuales de la época llegaron a sostener ideas muy diferentes a las de Zerda. Manuel Uribe, en Compendio histórico del departamento de Antioquia, defendió la idea de que los habitantes de Antioquia no habían alcanzado un grado de desarrollo nota- ble. Este autor planteó,…p. 104
[36]nativas ¿Son signos totemicos o verdaderos jeroglíficos, o simples monumentos de ingenuidad pueril o de experiencia impotente?”. (Arrubla 10). 22 Los estudios del padre Duquesne sobre el supuesto calendario muisca, en 1795, influencian trabajos posteriores como “Disertación sobre las naciones americanas”, de Manuel…p. 173
31Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 681 cita
[35]Universidad de los Andes, 2006). 3 Alexander von Humboldt, Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América (Madrid: Universidad Autónoma, 2012), 292. 4 La discusión sobre las aproximaciones al pasado indígena y a la idea de civilización se puede entender en Carl Henrik Langebaek Rueda, Los…p. 68