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Hecho histórico · Regeneración · 1886–1929

Manual de Historia de Colombia de Henao y Arrubla como canon pedagógico oficial

En 1910, Jesús María Henao y Gerardo Arrubla ganaron el premio de historia de los concursos del Centenario de la Independencia con su Historia de Colombia, texto que se convirtió en el manual escolar oficial y dominó la enseñanza de la historia en Colombia durante los tres cuartos de siglo siguientes. La obra codificó un relato andino-céntrico, hispanizante y católico que marginó a las regiones periféricas y a los pueblos indígenas, sobreviviendo a la propia Hegemonía Conservadora que lo engendró.

Manual de Historia de Colombia de Henao y Arrubla como canon pedagógico oficial
1910–1911 (publicación y premio); vigente como canon escolar hasta la década de 1970
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1910–1911 (publicación y premio); vigente como canon escolar hasta la década de 1970
Protagonistas
Miguel Antonio Caro, Rafael Núñez, Carlos E. Restrepo, Rafael Reyes, José Manuel Restrepo, Jesús María Henao, Gerardo Arrubla, Academia Colombiana de Historia, Iglesia Católica, Ministerio de Instrucción Pública de Colombia
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 establecieron un Estado unitario, centralista y confesional que subordinó la educación pública a los dogmas y la moral de la Iglesia Católica, creando el marco institucional propicio para un texto escolar de orientación hispano-católica.
  2. Los concursos conmemorativos del Centenario de la Independencia (1910) demandaban una síntesis histórica pedagógicamente utilizable que fijara el relato fundacional del Estado centralista nacido de la Constitución de 1886, lugar vacante que el manuscrito de Henao y Arrubla vino a ocupar.
  3. El proyecto regeneracionista de Núñez y Caro necesitaba una justificación retrospectiva que presentara la Regeneración no como programa de partido sino como sentido común nacional y continuidad legítima de la herencia hispano-católica, función que el Manual cumplió al trazar una línea de continuidad con España sin repudiar la Conquista ni la Colonia.
  4. La debilidad estructural del sistema educativo colombiano —escasez de escuelas normales, maestros mal formados, fragmentación regional y baja circulación de innovaciones pedagógicas— favoreció la estabilización de un canon único y dificultó su sustitución una vez instalado.
  5. El clima de conciliación política del Centenario, encarnado en la Unión Republicana y en la presidencia de Carlos E. Restrepo, permitió que el relato hispanizante de la Regeneración se presentara como herencia compartida por liberales y conservadores, ampliando la base de legitimidad del texto.
1910–1911 (publicación y premio); vigente como canon escolar hasta la década de 1970Manual de Historia de Colombia de Henao y Arrubla como canon pedagógico oficial

Consecuencias

  1. Durante aproximadamente setenta años, generaciones de colombianos recibieron una imagen peyorativa de los pueblos indígenas —descritos como caníbales, adoradores del demonio y entregados a 'brutales instintos'— y una visión de la Conquista española como acto civilizatorio, naturalizando la jerarquía racial y cultural inscrita en el proyecto regeneracionista.
  2. El Manual instaló un andino-centrismo pedagógico que relegó a las regiones periféricas —Costa Caribe, Llanos Orientales, Chocó, Pacífico— a los márgenes del relato nacional, reforzando estructuralmente la exclusión regional que la Constitución de 1886 había consagrado en el plano político.
  3. La obra fijó una diacronía escolar —barbarie precolombina, civilización hispánica, independencia como desavenencia familiar, república como despliegue del proyecto católico-castellano— cuyos cortes temporales y protagonistas heroicos se mantuvieron sin modificación sustancial durante todo el siglo XX, bloqueando la renovación historiográfica en el aula.
  4. La Academia Colombiana de Historia, cuyos principios interpretativos encuadraban con los del Manual, custodió durante décadas la ortodoxia que el texto había fijado y resistió los primeros revisionismos desde los años treinta, prolongando la vigencia del canon más allá de los cambios políticos producidos por los gobiernos liberales.
  5. El texto sobrevivió a la Hegemonía Conservadora, a la República Liberal (1930–1946) y a la violencia bipartidista, demostrando que su durabilidad no dependía del partido en el gobierno sino de la inercia institucional del sistema educativo y de la ausencia de un relato alternativo articulado hasta los años setenta.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El Manual de Henao y Arrubla fue la tecnología más eficaz de fabricación del sentido común nacional en la Colombia del siglo XX: no impuso sus contenidos por la fuerza sino por la repetición escolar durante tres generaciones, convirtiendo una opción ideológica —la nación andina, católica e hispanizante de la Regeneración— en el horizonte incuestionable desde el cual los colombianos interpretaban su propio pasado. Su longevidad revela que los proyectos de exclusión regional y racial más duraderos no operan mediante la violencia directa sino mediante la pedagogía, y que desmantelarlos exige no solo cambiar leyes sino producir otro relato capaz de competir en el aula. Estudiar este artefacto textual es, por tanto, estudiar los mecanismos por los cuales una élite letrada bogotana logró que su imagen de Colombia fuera percibida como la historia de todos.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El Manual de Historia de Colombia de Henao y Arrubla

En 1910, mientras Bogotá se llenaba de banderas y monumentos por el primer centenario de la independencia, dos jóvenes historiadores conservadores —Jesús María Henao y Gerardo Arrubla— ganaron el premio de historia de los concursos conmemorativos con un manuscrito que el país acababa de recibir: la Historia de Colombia, publicada entre 1910 y 1911. El galardón abrió las puertas de las escuelas y las cerró detrás. Durante los tres cuartos de siglo siguientes, los colombianos aprendieron su pasado por este libro. Su cadencia narrativa, su selección de héroes, su geografía del alma nacional y sus silencios se volvieron el mapa mental compartido de generaciones que llegaron a la adultez creyendo que la historia patria era, sencillamente, lo que allí estaba escrito. El Manual —así se le llamó cuando el uso escolar contrajo su título— no fue un texto neutral que la fortuna encumbró: fue el dispositivo con que la Regeneración triunfante codificó una imagen andina, católica e hispanizante de Colombia, y sobrevivió a la propia Regeneración porque ninguna corriente rival ofreció, hasta los años setenta, una imagen de nación lo bastante articulada para desplazarlo.

El mundo que produjo el Manual

Cuando Henao y Arrubla presentaron su obra al concurso del Centenario, la Regeneración había cumplido veinticinco años de arquitectura política. La Constitución de 1886 impuso un Estado unitario, centralista y confesional. El Concordato firmado con la Santa Sede en 1887 devolvió a la Iglesia católica las propiedades desamortizadas a mediados del siglo XIX, abolió el divorcio y consagró el catolicismo como religión oficial. Dos artículos fijaron el principio rector. El 41 de la Constitución establecía: "La educación pública será organizada y dirigida en concordancia con la Religión Católica". El 12 del Concordato bajaba al detalle: universidades, colegios y escuelas debían conformar sus contenidos a los dogmas y la moral católicos. Sobre ese cimiento se levantó, durante cuatro décadas, la instrucción pública colombiana.

El Centenario de 1910 no fue, sin embargo, una fiesta de la Regeneración pura. La Guerra de los Mil Días, la separación de Panamá en 1903 y la dictadura de Rafael Reyes habían dejado a una generación entera marcada por el rechazo al sectarismo, el nacionalismo herido por la pérdida del istmo y una pasión por las libertades públicas. Esa generación —los centenaristas— construyó las celebraciones en clave de optimismo, conciliación e integración. Ese mismo año, la Unión Republicana llevó a la Asamblea Constituyente un programa de reconstrucción nacional en un clima de acercamiento entre liberales y conservadores, y Carlos E. Restrepo, inspirador del republicanismo, fue elegido presidente para el cuatrienio 1910-1914 con apoyo de ambas orillas. La exposición del Centenario reunió a representantes de todas las tendencias y proyectó una imagen de cultura y progreso pensada para clausurar simbólicamente la guerra civil.

Esta tensión es decisiva para entender el Manual. El texto premiado no encarnó a la Regeneración militante en su fase más beligerante —la de Miguel Antonio Caro—, sino a la Regeneración ya asentada, transformada en piso común y ofrecida como herencia a la reconciliación republicana. En las conmemoraciones del 20 de julio, el proyecto de Núñez encontró el vehículo perfecto para presentarse no como programa de partido sino como sentido común nacional. La celebración misma buscó unificar bajo un Estado centralista y democrático nacido de la Constitución de 1886, con epicentro en Bogotá y proyección a las regiones, presentando a los próceres como padres fundadores de una historia común a todo el país. El Manual fue el texto que fijó por escrito ese acto de fundación retrospectiva.

Antes de Henao y Arrubla, la historia colombiana ya había sido escrita muchas veces, pero de manera dispersa y militante. Joaquín Acosta había publicado en 1846 sus Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada, con extensas descripciones de las culturas precolombinas. José Manuel Restrepo había fijado en el siglo XIX el molde heroico de la Independencia. José Manuel Groot, historiador conservador de la segunda mitad del siglo XIX, había elaborado una historia decididamente favorable a la Colonia y al legado hispano-católico. Cada uno de estos autores produjo su relato en función de un proyecto político: la escritura de la historia decimonónica estuvo estrechamente vinculada a la creación de una institucionalidad estatal todavía incipiente y al problema abierto de la unidad nacional. Lo que faltaba —y lo que el Centenario exigía— era una síntesis pedagógicamente utilizable, capaz de ordenar cuatro siglos en una diacronía escolar. El Manual llegó a ocupar ese lugar vacante.

La consagración del texto

Los concursos del Centenario abarcaron varias disciplinas. Ricardo Lleras Codazzi obtuvo el galardón en ciencias, Andrés Santamaría fue declarado fuera de concurso en pintura, y Henao y Arrubla ganaron el primer premio en historia. El fallo, más que reconocer una obra, la instituyó: convirtió su relato en el relato oficial de un Estado que estaba estrenando cuatro décadas de conmemoraciones cíclicas del 20 de julio. Desde ese momento y hasta la década de 1970, el libro fue el texto por el que los colombianos aprendieron historia.

La obra dedicó el mayor porcentaje de sus páginas a la vida republicana, pero su clave interpretativa no estaba allí sino en el tramo previo. Henao y Arrubla no repudiaron a España ni cuestionaron su acción durante la Conquista y la Colonia. Cohesionaron, al contrario, dos momentos aparentemente opuestos —la separación armada de la metrópoli y el proyecto hispanizante de la Regeneración— trazando entre ambos una línea de continuidad. La independencia dejaba de ser una ruptura civilizatoria para convertirse en una desavenencia política dentro de una misma familia hispano-católica. El proyecto de Núñez y Caro, que había restablecido el idioma, la religión y la tradición castellana como fundamentos del Estado, encontraba así su justificación retrospectiva: la Regeneración no era una vuelta atrás sobre la independencia sino su verdadero cumplimiento, la corrección del extravío liberal-federalista que la había traicionado durante el siglo XIX.

Ese gesto tuvo consecuencias narrativas duraderas. La primera y más visible fue el tratamiento de los pueblos indígenas. Los caribes de la costa norte aparecieron descritos en términos abiertamente peyorativos, asociados al canibalismo, al culto del demonio y a los "brutales instintos". No era una nota marginal ni un descuido: era la operación fundacional del relato, porque solo si la América precolombina se presentaba como barbarie podía la llegada de España aparecer como civilización, y solo si la Conquista se leía como misión civilizadora podía la Regeneración presentarse como su continuidad legítima. Los estudiantes que abrieron el Manual durante siete décadas recibieron esa geografía moral antes que cualquier otra: los indígenas de la periferia como amenaza superada, los conquistadores como portadores de la lengua y la fe, la nación como resultado de esa superación.

La segunda consecuencia fue geográfica. El Manual instaló, sin necesidad de decirlo, una jerarquía territorial. El Caribe, poblado por caribes "caníbales" y evangelizado tardíamente, quedaba en el margen inferior del relato. Cartagena y Santa Marta aparecían fundamentalmente en función de la Conquista y de episodios puntuales de la Independencia, no como centros de una civilización propia. Los Llanos, el Chocó, la Amazonía y la región Pacífica —cuando aparecían— lo hacían como territorios de misión, escenarios de gesta o simples telones de fondo. El centro andino —Bogotá, Popayán, Tunja, la Sabana— proveía en cambio los actores, las instituciones y el tiempo mismo de la historia nacional. Era la geografía de la Regeneración vuelta pedagogía.

La tercera consecuencia fue lingüística y cultural. Al no repudiar a España, el Manual heredaba y difundía la construcción caroína —la de Miguel Antonio Caro y su círculo— del castellano como lengua "pura" cuya custodia era misión colombiana, y del catolicismo como sustancia moral de la nacionalidad. La obra encadenaba con los principios interpretativos que animarían a la Academia Colombiana de Historia y con el marco general de una historia patria centrada en héroes epónimos, ordenada linealmente, con cortes temporales estables que se mantendrían durante todo el siglo XX.

Por qué el Manual se volvió obligatorio

El premio del Centenario abrió las aulas, pero no explica por sí solo la longevidad extraordinaria del Manual. Hay que mirar la arquitectura institucional que lo sostuvo y las condiciones materiales del sistema educativo colombiano.

El marco legal ya estaba dispuesto. El Concordato de 1887 y la Constitución de 1886 dieron a la Iglesia católica un control predominante sobre la educación pública. Ese control se prolongaría al menos hasta 1930, cuando los gobiernos liberales iniciaron la lenta recuperación de las prerrogativas estatales en materia educativa. Los textos escolares oficiales impuestos durante la Hegemonía Conservadora incluyeron manuales de sacerdotes jesuitas como José Félix de Restrepo, Faustino Segura y José María Ruano —este último célebre por haber prohibido la lectura de José Asunción Silva, Guillermo Valencia y Luis Carlos López en los colegios donde su manual regía—. La educación media y la universitaria, hasta 1930, estuvieron casi en su totalidad dominadas por un pensamiento conservador de tendencia clerical; solo a partir de la Reforma de López Pumarejo en 1935 otras corrientes comenzaron a informar los claustros. En ese ecosistema, un manual de historia que trazaba una línea de continuidad con el proyecto regeneracionista, que no repudiaba a España, que ordenaba el pasado en clave hispano-católica y que había sido consagrado por un premio nacional en el año emblemático de 1910 era la elección natural. El Manual no necesitaba ser impuesto por decreto: era el texto que las condiciones legales, ideológicas y simbólicas hacían inevitable.

A eso se sumó la debilidad estructural del sistema educativo, que paradójicamente favoreció la durabilidad del texto. Hacia 1920-1925, solo el 18% de la población colombiana habitaba en zonas urbanas. Las escuelas urbanas contaban con un programa más amplio —historia, geografía, ciencias naturales, dibujo, gimnasia—; las rurales, mayoritarias en el país, se limitaban a lectura, escritura, aritmética y bordado para las niñas, con maestros escasamente calificados. En 1919 existían en todo el país apenas 28 escuelas normales, cifra que revela la penuria estructural de docentes formados. La deserción escolar rural era masiva por pobreza, distancias y trabajo infantil en las faenas agrícolas. Durante buena parte del siglo XIX y las primeras décadas del XX, los gobiernos regionales y locales pagaban y gestionaban la mayor parte del sistema, lo que limitaba el alcance efectivo del gobierno central sobre la instrucción pública. La unificación nacional de los programas de primaria, secundaria y educación normalista solo se alcanzó entre 1932 y 1935, ya bajo administraciones liberales.

Un sistema educativo fragmentado, con pocas normales, maestros mal formados y enorme peso local no favorece la circulación de innovaciones pedagógicas ni la rotación de textos. Favorece, al contrario, la estabilización de un canon: el texto que consigue instalarse en las pocas normales y en las editoriales que abastecen las escuelas se reproduce por décadas, porque ni hay maestros capaces de sustituirlo ni hay una autoridad central con capacidad efectiva de imponer alternativas. El Manual se benefició de esta rigidez inercial tanto como del respaldo eclesiástico. Cuando llegaron las reformas liberales de los años treinta y la unificación curricular, el texto ya estaba instalado en la memoria profesional de dos generaciones de maestros. Cambiarlo exigía más que un decreto: exigía formar otro cuerpo docente y producir otro texto, y ninguna de las dos cosas ocurrió pronto.

La tercera pieza del sostén institucional fue la Academia Colombiana de Historia. Las características de los manuales de historia patria y sus intereses pedagógicos —linealidad, protagonismo heroico, cortes temporales fijos, unidad nacional como horizonte— encuadraban con el proyecto y el desenvolvimiento de la Academia. El Manual encadenaba con sus principios interpretativos, y la Academia, a su vez, custodió durante décadas la ortodoxia historiográfica que el texto había fijado. Cuando aparecieron los primeros revisionismos, desde los años treinta, la Academia los recibió con animadversión desde su Boletín de Historia y Antigüedades, con observaciones que demostraban en general poco conocimiento de las nuevas corrientes historiográficas. La resistencia no era una defensa técnica del Manual: era la defensa de un marco de nación del cual el Manual era la expresión más visible.

Lo que el Manual enseñó

La obra organizó el pasado colombiano en una diacronía sencilla y memorizable: culturas precolombinas descritas como estadios de barbarie, Descubrimiento y Conquista como acontecimientos civilizatorios, Colonia como período de gestación de la nacionalidad católica y castellana, Independencia como desavenencia interna dentro de la familia hispánica, República como despliegue —con extravíos y correcciones— de un proyecto ya inscrito en los orígenes. Los cortes temporales de esa diacronía se mantuvieron sin modificación sustancial durante todo el siglo XX.

La trama era biográfica. Los estudiantes aprendían nombres, fechas de batalla, gestos ejemplares. La historia se movía por decisiones de individuos excepcionales dentro de un tiempo homogéneo, sin las complicaciones de la economía, las estructuras sociales, los conflictos de clase o las tensiones regionales. Esta simplificación tenía una virtud práctica —era memorizable, evaluable, transmisible por maestros de formación escasa— y una consecuencia ideológica: al reducir la historia a la biografía moral de próceres, disolvía las tramas colectivas y regionales que habrían complicado la imagen de una nación unificada desde sus orígenes.

Esta pedagogía no chocaba con el marco legal: lo cumplía. El artículo 41 de la Constitución exigía que la educación pública se organizara en concordancia con la Religión Católica; el Manual entregaba una historia en la que esa concordancia era, además de norma jurídica, resultado natural del proceso histórico. No había disonancia entre el catecismo del padre Astete —que el Ministerio de Instrucción Pública distribuía masivamente en las escuelas— y el Manual de Henao y Arrubla. Ambos formaban parte del mismo aparato de producción de sentido común. El catecismo enseñaba el dogma; el Manual, la genealogía histórica del país donde ese dogma era ley. Uno pedía asentimiento moral; el otro, asentimiento cívico. Juntos cerraban el círculo.

La longevidad y sus condiciones

Que un texto escolar dure setenta años es, en cualquier país, una anomalía. En Colombia, donde durante ese mismo período cayó la Hegemonía Conservadora (1930), gobernaron dos décadas los liberales, estalló el Bogotazo (1948), se instaló y colapsó una dictadura militar, se firmó el Frente Nacional (1958) y comenzaron las guerrillas contemporáneas, la longevidad del Manual pide una explicación adicional a las condiciones institucionales ya descritas. Hay dos factores que la completan.

El primero es un dato que suele pasarse por alto. Los revisionismos históricos surgidos desde los años treinta compartieron, pese a sus diferencias políticas, ciertos marcos de representación de la nación heredados del siglo XIX. Durante el siglo XX, distintos grupos intelectuales y políticos —incluidos los de oposición— siguieron compartiendo la imagen "ideal" de nación acuñada en el período decimonónico, aunque con nuevos fundamentos epistemológicos. El Manual no fue combatido durante décadas porque no había en el horizonte intelectual una imagen rival de nación suficientemente articulada como para desplazarlo. Los liberales de López Pumarejo transformaron la relación entre el Estado y la Iglesia, unificaron currículos, ampliaron matrículas, pero no produjeron un manual alternativo capaz de reemplazar al de Henao y Arrubla. La izquierda, todavía en construcción, tampoco lo hizo. La imagen andina, hispanizante y católica de Colombia siguió siendo, para casi todo el mundo, la imagen por defecto.

El segundo factor es la coincidencia entre el relato del Manual y la estructura de poder territorial del país. Un Estado unitario con capital en Bogotá, cuyas élites políticas, económicas e intelectuales se reproducían en el altiplano cundiboyacense, encontraba en el Manual la genealogía de sí mismo. Cambiar el texto habría implicado admitir que la geografía histórica de la nación era otra —caribeña, negra, indígena, plural—, y esa admisión no tuvo lugar durante casi todo el siglo XX. El "sentido común" territorial que el Manual codificaba coincidía con la estructura efectiva de poder que lo reproducía.

El desplazamiento y sus tiempos

El desmontaje del canon comenzó tarde y por vías indirectas. A partir de los años setenta, una generación de jóvenes académicos —muchos de ellos cercanos al marxismo y defraudados con los resultados del Frente Nacional— emprendió reflexiones sobre el pasado colombiano desde perspectivas diversas: la cuestión agraria, el bipartidismo, el desarrollo económico, la Violencia. Estos enfoques circularon primero en revistas académicas y espacios universitarios, con impacto limitado en la enseñanza escolar. La ruptura pública llegó cuando el Estado, a través del Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura), decidió patrocinar publicaciones históricas de gran tiraje que llevaran las nuevas corrientes a un público amplio.

El primer volumen del Manual de Historia de Colombia editado por Colcultura apareció a fines de los años setenta. Su introducción reconoció explícitamente el mérito del "benemérito" manual de Henao y Arrubla y de los estudios de la Academia de Historia, pero señaló la necesidad de una nueva síntesis que los superara metodológicamente. El proyecto reunió a investigadores, economistas y sociólogos con enfoques distintos a los de la historiografía académica establecida, y ofreció una lectura del pasado nacional que abandonaba el molde heroico y hispanizante para incorporar economía, sociedad, culturas regionales y actores subalternos. La Academia Colombiana de Historia recibió el proyecto con recelos, y sus observaciones críticas, publicadas en el Boletín, no ocultaron la animadversión hacia la nueva producción.

Conviene detenerse en lo que ese relevo significó materialmente. Un manual escolar no se sustituye con la aparición de un texto alternativo, por ambicioso que sea. Requiere que los maestros lo adopten, que las editoriales lo impriman en volúmenes accesibles, que los ministerios y las secretarías departamentales lo incluyan en sus programas, que las bibliotecas escolares lo distribuyan y que los padres de familia lo reconozcan como legítimo. Cada uno de esos eslabones estaba, a comienzos de los años ochenta, ocupado por personas formadas bajo el canon de Henao y Arrubla. La renovación historiográfica que las universidades habían acumulado durante una década tenía que atravesar ese cuerpo intermedio, y el paso no fue rápido. Las nuevas síntesis convivieron durante años con las viejas, y en muchas regiones el texto de 1910 siguió circulando, en versiones abreviadas o adaptadas, incluso después de haber perdido oficialmente el respaldo curricular.

La hegemonía del Manual en el ámbito educativo fue formalmente declarada terminada en 1984, cuando nuevos criterios historiográficos comenzaron a informar los textos escolares oficiales. El proceso no fue inmediato ni completo. Los marcos de representación heredados —la geografía andina, el molde heroico, la denigración implícita de los pueblos indígenas y afrodescendientes— sobrevivieron mucho más allá del reemplazo formal del texto, porque llevaban tres cuartos de siglo instalados en la memoria colectiva de los maestros, los padres de familia, los funcionarios y las élites políticas. Un manual se puede cambiar por decreto; un sentido común no.

La renovación historiográfica encontró una de sus voces más incisivas en el desmontaje específico de la geografía andina y hispanizante que el Manual había consagrado. Trabajos posteriores sobre Cartagena y el Caribe, sobre las regiones del Pacífico, los Llanos y la Amazonía, fueron mostrando que la ausencia de estos territorios en el relato canónico no era un olvido casual sino una operación deliberada: la élite letrada del altiplano había construido a lo largo del siglo XIX una imagen de Colombia en la que la costa, con su población negra y mulata, aparecía como estorbo civilizatorio antes que como componente fundacional. Esa recuperación de las historias regionales ha transformado los currículos universitarios en las últimas décadas, y ha permitido que los archivos costeños, chocoanos y llaneros dejen de leerse como apéndices para volver a ser lo que siempre fueron: fuentes centrales de una historia nacional que el canon andino había marginado.

La llegada de esa transformación al aula escolar y al imaginario colectivo, sin embargo, es más lenta. La geografía moral que Henao y Arrubla instalaron en 1910 —el centro andino como sede de la historia, la periferia caribeña y pacífica como escenario subordinado, la lengua castellana como sustancia común, la fe católica como cimiento— dejó huellas de larga duración que siguen operando cuando los colombianos piensan su propio país, aunque el libro que las produjo lleve medio siglo fuera de circulación.

Ahí reside la importancia histórica específica del Manual: no fue solo un texto escolar, fue el molde en que un país aprendió a imaginarse, y su durabilidad multigeneracional lo convirtió en vector de exclusiones regionales y raciales que sobrevivieron ampliamente al régimen que lo engendró. Entender su génesis, su consagración y su lenta erosión es entender cómo un país produce y reproduce la imagen que tiene de sí mismo, y por qué esa imagen resulta tan difícil de cambiar aun cuando las condiciones políticas que la crearon hayan desaparecido hace tiempo.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

23 documentos · 29 fragmentos
01Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 322 citas
[1]que el país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…p. 32
[2]país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…p. 32
02Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2301 cita
[3]1983). Capítulo 8 215 De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez. Republicanismo y gobiernos conservadores Jorge Orlando Melo Se inauguraron monumentos y esta- tuas, así como el acueducto de Cha- pinero y el Parque de la Independen- cia, con varios pabellones en los que se hicieron exposiciones industriales,…p. 230
03Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 271 cita
[4]post he retained until 1930. 3 Olaya's career has been recounted in detail because it is representative of a generation of Colombian academicians, politicians, and intellectuals who shaped national events in the 1920s and 1930s. 4 Calling themselves the Centenarios (Centenarists) because their actions came 100 years…p. 27
04Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1001 cita
[5]nation. Something similar happened with historiography. The construction of the state and its consolidation required the writing of its history from its origins, inheritances, and great patriotic deeds. This task had already been clearly realized when the celebration of the first centennial of independence took place.…p. 100
05Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 421 cita
[6]del liberalismo del general Rafael Uribe y aquel de los núcleos duros del conservatismo, mientras pregonaba la inutilidad de los radicalismos extremos –guerras y exclusiones– y la obligatoriedad del entendimiento político. Carlos E. Restrepo fue el inspirador del republicanismo. Su denodada lucha política y el apoyo…p. 42
06Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 331 cita
[7]del centenario de la Independencia en 1910. Como lo señala Miguel Ángel Urrego, “la coyuntura que representó la Guerra de los Mil Días había desestructurado parcialmente la relación de fuerzas entre los partidos, sin que ello hubiese significado un cambio en los fundamentos del orden político dominante. La guerra…p. 33
07Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 1141 cita
[8]y en los embates recurrentes contra «la perversión de lo moderno». Los retratistas de la burguesía trabajan bajo la égida del centenarismo. En 1900 el Partido Nacional pierde el poder en Colombia y comienza a gobernar el conservatismo, definiéndose como el «triunfo de las oli- garquías y del individualismo», mientras…p. 114
08La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 151 cita
[9]de una simple expansión del gran océano. 2 Los estudiantes aprendíamos, por otra parte, que las costas del norte de Colombia estaban pobladas por los caribes, como salidos de un confuso norte geográfico. Indígenas de muy mala fama –se nos decía–: caníbales, enemigos del progreso y violentos sin justa causa. En…p. 15
09Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 13, 224 citas
[10]hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…p. 13
[19]revisión hacía explícita la exposición de nuevos criterios para explicar el pasado nacional, los cuales hicieron su irrupción para EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:28:03 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 66 un amplio público a…p. 22
[20]27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…p. 1
[21]79 Capítulo III Los revisionismos históricos: el momento de los años treinta Un autor no especializado se dirige a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Eduardo Galeano en (1971) Las venas abiertas de…p. 1
10Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 2701 cita
[11]la Santa Sede en 1887, dar í an a la Iglesia Cat ó lica el control completo de la educaci ó n por lo menos hasta 1930, é poca en que los gobiernos liberales iniciaron una recupera ci ó n de las prerrogativas del Estado en materias educativas a. MANUAL DE HISTORIA III 279 5 ¡ 1 art í culo 41 de la Constituci ó n de…p. 270
11De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 632 citas
[12]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…p. 41
[16]las prioridades de la Iglesia estaban dirigidas al de- sarrollo de la educación de la elite, en detrimento de las otras clases. Cárdenas, por el contrario, dice que la Iglesia realizó mejoras significati vas en el campo de la educación durante los primeros cuarenta años del siglo xx. a pesar de las hostilida- des…p. 63
12Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1621 cita
[13]cordato de 1887: “En las universidades y en los colegios, en las escuelas y en los demás centros de enseñanza, la educación e instrucción pública se organizará y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica” (tomado de José David Cortés Guerrero, “Regeneración, intransigencia y régimen de…p. 162
13El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1941 cita
[14]ó logos y la imposibilidad de contrastar la interpretaci ó n marxista de la realidad con otros esquemas te ó ricos, debido al enclaustramiento cultural del pa í s en aquella é poca. B á stenos recordar que hasta 1930 tanto la educaci ó n media como universitaria casi en su totalidad dominada por el pensamiento…p. 194
14La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 411 cita
[15]relaciones con los demás. El Estado es una cuestión religiosa. Garantizar la unanimidad moral a través de la edu- cación es, en uno y otro caso, indispensable. Tal como Laureano Gómez, ese ingeniero conservador y banderizo en su proyecto de Constitución de 1953 con respecto a la libertad de cultos, Restrepo recurre a…p. 41
15De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 631 cita
[17]Iglesia estaban dirigidas al de- sarrollo de la educación de la elite, en detrimento de las otras clases. Cárdenas, por el contrario, dice que la Iglesia realizó mejoras significati vas en el campo de la educación durante los primeros cuarenta años del siglo xx. a pesar de las hostilida- des presupuestales y ]a…p. 63
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 13, 232 citas
[18]Instituto Colombiano de Cultura reuni ó en Medellin a un grupo de investigadores de la historia nacional y de economis tas y soci ó logos interesados en problemas hist ó ricos con el objeto de estudiar las posibilidades de escribir un Manual de Historia de Co lombia. Se discutieron entonces los fines, el contenido y…p. 13
[28]y epistemolog í a de la historia que posiblemente nunca encontrar á n una soluci ó n que produzca el sosiego del historiador y que é ste tendr á que plantearse continua mente. Lo cierto, es que, tanto el historiador como el investigador de todas las formas de expresi ó n de la sociedad, tendr á que vivir en medio de…p. 23
17Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1351 cita
[22]sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…p. 135
18Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 761 cita
[23]y el bordado para las mujeres, grupo de conoci- mientos que tiene un parecido asom- broso con lo que fue usual en las es- cuelas de primeras letras durante el si- glo XVIII en la sociedad colonial. Por su parte el programa de estudios en las escuelas urbanas, medio en el que tan sólo habitaba un 18 % de la población…p. 76
19Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1141 cita
[24]altas en las capitales departamentales que en el resto de los municipios. En las veredas la deserción escolar estaba más generalizada que en las cabeceras municipales y en las ciudades, debido al papel reservado a los niños en las faenas agrícolas, a las distancias, a veces enormes, entre las casas y las pocas…p. 114
20Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 1511 cita
[25]period show a decline in enrolments, and the central governments neglected public education almost totally to the point that, in some years, it included no item for education in the na- tional budget. 8 The education reform of President Eustorgio Sal gar proposed compulsory elementary schooling, neutrality in…p. 151
21La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 701 cita
[26]Nacional de Educación Primaria y Nor - malista -1931-; b) el relevo gradual de los inspectores provinciales y locales por los directores departamentales de educación y los rectores de las normales, ligados al Estado central; c) la progresiva intervención de la inspección estatal sobre la educación privada; d) la…p. 70
22Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1621 cita
[27]indios y esclavos, fueron pasivos. A mediados de siglo Joaqu í n Acosta public ó unas Consideraciones sobre la historia del descubrimiento de la Nueva Granada (1846), que describ í an las culturas precolombinas. En la segunda mitad del siglo conserva dores como Jos é Manuel Groot hicieron una historia favorable de la…p. 162
23Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 111 cita
[29]todas las pruebas cuando trata de explicarse y recons- truir un período, una época o un proceso histó- rico complejo como una revolución. Por eso sus sentencias estarán siempre sujetas a revisión y nunca podrán tener el efecto "de cosa juzgada". De ahí el carácter de abierto, de provisionalidad y también de…p. 11