Virginia Gutiérrez de Pineda
Frente Nacional
1921–1999
La biografía
Virginia Gutiérrez de Pineda (Socorro, Santander, 1921 — Bogotá, 1999) fue la antropóloga que le puso mapa a la familia colombiana. Desde el trabajo de campo en la Guajira y el Chocó hasta La familia en Colombia —publicada en 1962 por el Centro de Investigaciones Sociales—, dedicó cuatro décadas a demostrar que en el país no existía una familia sino varias, distribuidas por regiones y moldeadas por historias distintas de conquista, poblamiento y mestizaje. Su obra se produjo dentro del andamiaje modernizador del Frente Nacional y fue, a la vez, uno de sus documentos más lúcidos y una de sus fisuras: al cartografiar la heterogeneidad cultural del país, exhibió los límites del relato bipartidista que aspiraba a administrar esa diversidad sin nombrarla. Estanislao Zuleta la leyó como obra magistral; Orlando Fals Borda y Marta Traba compartieron con ella el estatus de referencia intelectual en la redefinición de la cultura local; la antropología afrocolombiana posterior le reprocharía haber medido a la familia negra con la vara de la familia occidental cristiana. En esas tres recepciones —la admirativa, la canonizante y la crítica— cabe entera su figura.
Línea de vida
- 1921
Nacimiento en el Socorro, Santander
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Nació en una región cuya densidad histórica y demográfica —marcada por las guerras civiles del siglo XIX y una ética provincial particular— le entregaría tempranamente los rasgos del complejo cultural santandereano-boyacense que ella misma tipificaría años después con distancia analítica.
- 1940
Formación en la Escuela Normal Superior de Bogotá
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Se formó en la Escuela Normal Superior, institución donde una generación de profesores extranjeros —entre ellos el etnólogo francés Paul Rivet— profesionalizó las ciencias sociales colombianas. Allí coincidió con Gregorio Hernández de Alba, Milciades Chaves, Alicia Dussán, Gerardo Reichel-Dolmatoff y Roberto Pineda Giraldo, conformando la primera generación de antropólogos profesionales del país.
- 1950
Publicación de trabajos sobre medicina popular colombiana
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Antes de su obra mayor, publicó estudios sobre la medicina popular en Colombia, cartografiando el conocimiento vernáculo regional —curanderos, parteras, yerbateros— y tomándolo en serio como objeto científico, en un país donde ese saber era visto como superstición o pintoresquismo.
- 1962
Publicación de 'La familia en Colombia' por el Centro de Investigaciones Sociales
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Su obra mayor, publicada como serie socioeconómica N°7 del CIS de Bogotá, propuso que Colombia no tenía una familia sino un conjunto de complejos culturales regionales con reglas distintas de alianza, autoridad y filiación. La obra fue citada en bibliografías académicas de sociología de la familia y estudios sobre poblaciones negras, y referenciada en textos sobre Antioquia atribuibles a James Parsons.
- 1962
Reconocimiento como referente intelectual del Frente Nacional
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Una fuente sobre el período del Frente Nacional la menciona junto a Orlando Fals Borda y Marta Traba como ensayistas de referencia en la redefinición de la cultura local en la modernidad, consolidando su lugar en el canon intelectual de la época.
- 1970
Estanislao Zuleta dicta conferencia inspirada en su obra
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Alrededor de 1970, Zuleta dictó en la Universidad Santiago de Cali la conferencia 'Tres culturas familiares colombianas', inspirada directamente en 'La familia en Colombia' y calificada por él como obra magistral. La conferencia circuló ampliamente sin publicarse formalmente, ilustrando cómo la obra de Gutiérrez de Pineda sirvió de punto de partida para la transmisión oral e intelectual en Colombia.
- 1999
Fallecimiento en Bogotá
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Murió en Bogotá en 1999, dejando una obra que abarcó cuatro décadas de investigación sobre la familia, la medicina popular y los complejos culturales regionales colombianos, y cuya recepción crítica —admirativa, canonizante y cuestionadora— continuó después de su muerte.
La provinciana que llegó a Bogotá
Nació en el Socorro en 1921, en una Santander que todavía cargaba la memoria de las guerras civiles del siglo XIX y donde el debate entre centralismo y federalismo, lejos de resolverse, seguía definiendo las lealtades regionales. Ese origen provincial no es dato menor: quien más tarde escribiría sobre la variedad de complejos culturales colombianos —el santandereano-boyacense entre ellos— venía de una de esas comarcas cuya densidad histórica y demográfica había producido una forma específica de organización familiar y de autoridad. La casa provinciana santandereana, con su ética del trabajo, su austeridad devota y su culto a la palabra empeñada, le entregó tempranamente los rasgos de un complejo cultural que ella misma habría de tipificar años después con distancia analítica. Su formación intelectual la sacó pronto de Santander y la llevó a Bogotá en los años treinta y cuarenta, cuando la capital vivía la transformación silenciosa que haría posible su carrera: la aparición de una comunidad académica en ciencias sociales donde antes había apenas erudición jurídica y letrada.
Esa comunidad se formó en un lugar preciso: la Escuela Normal Superior. Fue allí donde se reunió, entre finales de los años treinta y los años cuarenta, una generación de profesores extranjeros —exiliados y viajeros— que profesionalizó las ciencias sociales colombianas. Paul Rivet, etnólogo francés, fue decisivo: fundador de la etnología americanista moderna, había traído a Colombia la idea de que la antropología no era solo el estudio de indígenas exóticos sino el análisis de la sociedad entera en su diversidad cultural. En ese ambiente cosmopolita por necesidad —dado que la universidad colombiana no producía todavía sus propios cuadros disciplinarios— Gutiérrez de Pineda encontró su formación. La Normal funcionaba como una isla intelectual dentro de una capital todavía provinciana: allí convivían la lingüística indígena, la etnología, la sociología incipiente y una pedagogía que aspiraba a reformar al país desde el magisterio.
De esa matriz surgió también su compañero de vida y de disciplina, Roberto Pineda Giraldo, con quien formaría una de las duplas académicas más productivas de la antropología colombiana. La generación era compacta: Gregorio Hernández de Alba, Milciades Chaves, Alicia Dussán —más tarde Dussán de Reichel— y Gerardo Reichel-Dolmatoff, entre otros, compartían aulas, expediciones y publicaciones. Fueron ellos los primeros antropólogos profesionales del país, y ellos también presenciarían el momento en que la disciplina, después de haber alcanzado carta de ciudadanía intelectual, prácticamente desapareció y hubo que refundarla. La clausura de la Normal Superior a finales de los años cuarenta y la dispersión de sus cuadros durante los peores años de La Violencia obligaron a esa generación a reconstruir, sobre nuevas bases institucionales, lo que había sido su hogar académico común.
Formación y método: la antropología como cartografía cultural
El marco teórico dominante en su formación fue el de cultura y personalidad, corriente norteamericana derivada de Franz Boas que buscaba en las prácticas de crianza, en los ritos y en la vida cotidiana las raíces de las conductas colectivas. En la Colombia de los años cuarenta y cincuenta esa perspectiva sirvió como herramienta para trazar las raíces de la conducta campesina, no ya como pintoresquismo folclórico sino como diagnóstico social. Los Reichel-Dolmatoff la usaron en Atanquez, en la Sierra Nevada; Gutiérrez de Pineda la aplicó a un objeto más difícil de contornear, más difuso y más doméstico: la familia.
Su método fue, desde el principio, comparativo y regional. Recorrió la Guajira, Nariño, el Valle del Cauca, el Chocó, Santander, Antioquia: buscaba no confirmar una tipología prestada sino identificar las variantes reales de la organización familiar colombiana en su relación con el territorio, la economía política local y la historia del poblamiento. Su formación se completó con una temporada en Berkeley, donde absorbió las corrientes de la antropología estadounidense de la posguerra, incluida la obra de George Peter Murdock sobre estructura social y sistemas de parentesco, cuyas categorías comparativas usaría con soltura pero también con distancia.
La combinación produjo una obra reconocible: trabajo de campo denso, atención al detalle etnográfico, tipologización cuidadosa. Antes de La familia en Colombia, había publicado ya trabajos sobre La medicina popular en Colombia, un tema que en apariencia se alejaba de la familia pero que compartía su lógica: cartografiar el conocimiento vernáculo, mostrar cómo se distribuía regionalmente, tomárselo en serio como objeto científico. En el país de mediados de siglo, donde la medicina popular era vista o bien como superstición o bien como pintoresquismo, ese gesto tenía peso. El curandero, la partera, el yerbatero dejaban de ser vestigios pintorescos y pasaban a ser figuras insertas en economías simbólicas locales, con sabidurías comprobables y con circuitos propios de aprendizaje y transmisión.
La familia en Colombia (1962) y la mirada por regiones
La obra que la fijó en el canon apareció en 1962, en plena consolidación del Frente Nacional, publicada por el Centro de Investigaciones Sociales. La familia en Colombia proponía una tesis a la vez sencilla y disruptiva: en Colombia no había una familia sino un conjunto de complejos culturales regionales, cada uno con sus reglas de alianza, autoridad, filiación y vida doméstica. Las desiguales condiciones del desarrollo socioeconómico regional y la heterogeneidad cultural del país habían producido familias de tamaños diferentes entre regiones e incluso entre localidades de un mismo departamento; las tasas de mortalidad infantil, las formas de tenencia de la tierra, la densidad de la Iglesia y la historia del poblamiento producían configuraciones distintas.
El país podía leerse, sostenía, como un mapa de grandes áreas culturales —el Caribe, la Cordillera Oriental que llamaba el Reino, el Oriente de los Llanos y la Amazonía, y otras dos regiones más—, y cada una producía su propia manera de ser familia. La afirmación era, en la Colombia del Frente Nacional, políticamente delicada. El pacto bipartidista firmado en Sitges en 1957 había establecido la paridad estricta entre liberales y conservadores en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos, y la alternancia presidencial cada cuatro años a partir de 1958, con Alberto Lleras Camargo estrenando el arreglo. Ese esquema institucional aspiraba a una Colombia administrable, homogénea, gobernable desde el centro. La familia en Colombia mostraba lo contrario: una nación agregada de regiones culturalmente distintas, cada una con su historia demográfica y sus lealtades específicas.
La tensión estaba en el corazón del proyecto modernizador. Las reformas administrativas de 1958 y 1968 habían creado agencias tecnocráticas responsables ante el presidente, con poder decisorio sobre agricultura, industria, vivienda, banca y recursos naturales. El plebiscito de 1958 había destinado el diez por ciento de los ingresos nacionales a educación. La modernización necesitaba saber sobre la sociedad que pretendía transformar, y para eso financiaba centros de investigación, facultades y publicaciones. Gutiérrez de Pineda le entregó al Estado un mapa denso de la Colombia real; el Estado tomó el mapa pero prefirió usarlo para administrar la diversidad que para reconocerla políticamente. La distinción no es retórica: reconocer políticamente la heterogeneidad regional habría implicado ceder cuotas de poder a poblaciones que el pacto de Sitges había definido, de antemano, como electorado a repartir entre dos colectividades.
El costado normativo: la familia occidental cristiana como vara
Aquí aparece la sombra de la obra. El marco comparativo descansaba, implícitamente, sobre un modelo normativo: la familia nuclear occidental cristiana —padre, madre, hijos legítimos, matrimonio sacramental— funcionaba como punto de referencia desde el cual se medían las demás configuraciones. Cuando el trabajo se aproximaba a los grupos familiares negros del Pacífico o del Caribe, donde las uniones libres, la matrifocalidad, las redes extensas de parentesco y la circulación de niños entre hogares eran normas efectivas de organización, la mirada las codificaba como desviaciones, inestabilidades o desintegraciones.
La crítica llegaría, sobre todo, desde la antropología afrocolombianista posterior. Nina S. de Friedemann, entre otras voces, señaló que evaluar los grupos familiares negros desde el modelo cristiano occidental reproducía estereotipos de vieja data y confundía la diferencia con la falta. La imputación no es menor: convierte a La familia en Colombia menos en una crítica del proyecto modernizador que en uno de sus instrumentos de clasificación y jerarquización. La cartografía de la diversidad servía, sin proponérselo del todo, para ordenarla en una escala de proximidad a la norma.
La tensión no se resuelve. La misma obra que exhibía la pluralidad de complejos culturales colombianos —y que en manos de Zuleta sería leída como una demostración de la heterogeneidad irreductible del país— reintroducía, en su andamiaje conceptual, la jerarquía que su método comparativo amenazaba con disolver. Es la ambigüedad productiva de Gutiérrez de Pineda: fisura y sostén, a la vez, del proyecto modernizador bipartidista.
Ser mujer intelectual en la Colombia del Frente Nacional
Otro plano de la trayectoria merece detenimiento: el de género. Hizo su carrera en un país donde el reconocimiento pleno de los derechos políticos femeninos era reciente y donde la imagen pública de la mujer profesional seguía sujeta a condiciones específicas. Un reportaje de la revista Cromos de 1958, titulado Entre el Congreso y el hogar, ilustra ese régimen de representación con nitidez: las congresistas de la primera legislatura del Frente Nacional aparecían retratadas cocinando, cuidando a sus hijos y sosteniendo el hogar pese a sus nuevas responsabilidades públicas. La única soltera del grupo, Carmenza Rocha, quedaba fuera de ese encuadre doméstico. La lección era transversal a cualquier mujer con vida pública, académica o política: la participación intelectual solo era admisible si convivía con la demostración visible de las tareas del hogar. Ese fue el aire que Gutiérrez de Pineda respiró mientras publicaba, dictaba clase y hacía trabajo de campo.
Su navegación de ese régimen tuvo un rasgo particular. Trabajaba con su marido, Roberto Pineda Giraldo, en una asociación intelectual que era, ella misma, un dato sociológico: la producción antropológica colombiana de la época se apoyó en varias duplas conyugales —los Reichel-Dolmatoff, los Pineda— donde el trabajo de la mujer podía ser tan sustantivo como el del hombre, aunque no siempre igualmente visibilizado. Su firma aparece en libros, series institucionales, notas de revistas especializadas; su presencia en las historias de la disciplina, sin embargo, tardó en alcanzar el tamaño de su contribución. Reseñas y prólogos de la época solían nombrar a los dos como bloque, y en ese bloque el orden alfabético o el peso de la costumbre patriarcal terminaban a menudo desplazando su nombre al segundo lugar.
La bibliografía académica sobre género que se desarrollaría en América Latina en las últimas décadas del siglo XX —cuestionando la subordinación universal de la mujer sustentada en el papel reproductivo, discutiendo la categoría misma de mujer como universal— llegaría demasiado tarde para transformar el marco desde dentro del cual ella había escrito. Su obra fue producida en la Colombia donde la mujer intelectual debía todavía demostrar que era compatible con la mujer doméstica, y esa presión atraviesa, silenciosamente, el estatus que la disciplina le concedió y las omisiones con que fue leída.
La atmósfera del Frente Nacional y el silencio sobre La Violencia
Situar a Gutiérrez de Pineda dentro del Frente Nacional exige entender qué clase de régimen intelectual era ese. El pacto bipartidista había estabilizado al país después de una década de violencia que dejaría más de doscientos mil muertos y el desplazamiento de más de dos millones de personas, en dos olas —de 1946 a 1953 bajo gobierno y dictadura conservadora, y de 1953 a 1957 bajo la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla—. El precio de esa estabilización fue un silencio: la élite política guardó reserva sobre las responsabilidades pasadas. La Violencia sería concebida como clave sociológica para auscultar al campesinado, pero no para examinar la organización política, los partidos o la Iglesia.
En ese marco se produjo, en 1962, un libro que rompió parcialmente el silencio: La Violencia en Colombia, del monseñor Germán Guzmán Campos, el sociólogo Orlando Fals Borda y el jurista Eduardo Umaña Luna, apareció desde la naciente Facultad de Sociología de la Universidad Nacional y estableció que había un modo de examinar la tragedia con las herramientas de la ciencia social. La misma facultad publicó, también en 1960, El impacto de la violencia en el Tolima: el caso de El Líbano, monografía número seis, escrita por Roberto Pineda Giraldo. Camilo Torres Restrepo, sacerdote y sociólogo formado en Lovaina, transitó por esos años de la investigación empírica hacia la acción política, y en 1966 moriría como guerrillero del ELN.
Gutiérrez de Pineda no participó de ese giro. Su objeto no era La Violencia sino la familia; su método no era el compromiso militante sino la etnografía comparativa. Pero su obra está atravesada por el mismo silencio: aunque el trabajo de campo la enfrentaba a regiones profundamente marcadas por la guerra —Tolima, Santander, Valle—, La familia en Colombia no convierte a la violencia política en una variable estructurante de la organización doméstica. La violencia queda como telón de fondo, no como fuerza modeladora. En ese sentido, su obra encaja mejor con el proyecto de conocimiento del Frente Nacional —diagnosticar al campesinado, no interrogar a las instituciones— que con la disidencia que empezaba a formarse a su alrededor.
Es una decisión, no una omisión inocente. Y es también, seguramente, una condición de posibilidad: la ciencia social que examinaba las responsabilidades del Estado, los partidos y la Iglesia difícilmente podía prosperar dentro de los circuitos institucionales que el Frente Nacional financiaba. Camilo Torres eligió salir del circuito. Gutiérrez de Pineda eligió permanecer, y desde adentro trazó un mapa que, sin decirlo, mostraba las heridas de la geografía colombiana. Que en las regiones más golpeadas por la violencia partidista aparecieran las formas familiares más frágiles, con mayor dispersión y ausencia paterna, era un hallazgo cuyas implicaciones políticas no se explicitaban, pero quedaban depositadas en la evidencia para que lectores posteriores las recogieran.
Red intelectual: universidades, institutos, revistas
La trayectoria se despliega sobre una red institucional que también hay que nombrar. El Instituto Colombiano de Antropología —el ICAN, activo al menos desde los años sesenta— fue uno de los polos de la disciplina, junto con la naciente Facultad de Sociología de la Universidad Nacional que Fals Borda contribuyó a fundar. La Revista Colombiana de Antropología, vinculada al ICAN, dio cuenta del proceso de institucionalización en sus notas e informaciones. Paralelamente, la Revista Colombiana de Folclor acogió muchos de los mejores estudios afroamericanos, dado que algunos antropólogos del ICAN no reconocían plenamente ese campo dentro de la antropología —un dato revelador sobre los límites raciales del canon disciplinario.
En los años sesenta se produjo el desplazamiento del centro de gravedad hacia las universidades: los departamentos de antropología se fueron consolidando en Uniandes, en la Universidad Nacional, en la de Antioquia y en la del Cauca. La Universidad Nacional albergaría, en las décadas siguientes, centros de investigación interdisciplinaria como el IEPRI y el Centro de Estudios Sociales; fuera de la universidad, el CINEP —Centro de Investigación y Educación Popular— y el Foro Nacional por Colombia crearían espacios paralelos donde la investigación social podía articular análisis y acción.
Gutiérrez de Pineda se movió entre esos polos. Publicó en las series institucionales, participó en la vida académica de las universidades bogotanas, mantuvo el contacto con la generación de Rivet y con sus contemporáneos. Su nombre aparece —junto con los de Fals Borda y Marta Traba— en las cartografías intelectuales del período como una de las ensayistas que contribuyeron a la redefinición de la cultura local colombiana en el momento en que Botero, Grau y García Márquez alcanzaban proyección internacional. Ese reconocimiento la sitúa en un canon menos citado que el literario o el sociológico, pero de peso equivalente: el de los pensadores que, desde las ciencias sociales, produjeron el autorretrato del país que la modernización estaba transformando.
La lectura de Zuleta y el desborde interpretativo
Un episodio ilumina el estatus alcanzado por La familia en Colombia. Hacia 1970, en la Universidad Santiago de Cali, Estanislao Zuleta dictó una conferencia titulada Tres culturas familiares colombianas, inspirada directamente en el libro. Zuleta —filósofo autodidacta, marxista heterodoxo, conferencista más que autor— nunca publicó formalmente ese texto, pero la conferencia circuló ampliamente en su época gracias al atractivo de su exposición y a la fuerza con que reelaboraba las tesis del libro.
Su lectura fue una recreación original, no una glosa. Le interesaba, según sus propias palabras, pensar el colombiano del mañana: usar la cartografía cultural de Gutiérrez de Pineda como punto de partida para una reflexión sobre las condiciones subjetivas de la modernidad colombiana. La familia santandereana, la antioqueña, la del litoral: cada una producía un tipo de individuo con relaciones específicas con la autoridad, el trabajo, el placer y la ley. Zuleta usaba a Gutiérrez de Pineda para hacer filosofía práctica sobre el país.
Ese uso revela dos cosas. Primero, que la obra de Gutiérrez de Pineda había alcanzado el estatus raro de referencia canónica movilizable por otros pensadores para elaborar tesis propias. Segundo, que su tesis central —la pluralidad irreductible de complejos culturales colombianos— podía apropiarse para producir lecturas que iban más allá del marco normativo original. En manos de Zuleta, la cartografía dejaba de ser instrumento de clasificación y se convertía en materia de pensamiento sobre el futuro. El desborde del método comparativo respecto a las intenciones administrativas del Frente Nacional se hacía, en esa apropiación, evidente.
La conferencia también dice algo sobre las formas de circulación intelectual del período: en la Colombia de los sesenta y setenta, buena parte del pensamiento importante se transmitía oralmente, en conferencias que a veces se grababan, a veces se transcribían, y a veces simplemente se recordaban. Zuleta operaba fuera de las universidades tradicionales; Gutiérrez de Pineda trabajaba desde dentro. Entre esos dos polos —el ensayo oral iconoclasta y la monografía institucional— se tejió el pensamiento colombiano sobre la cultura del país.
La huella y sus disputas
La influencia se distribuyó de manera desigual entre las disciplinas y los campos. En la sociología de la familia, su obra fue durante décadas la referencia obligada: las bibliografías académicas colombianas de los años sesenta, setenta y ochenta la citan sistemáticamente. En los estudios afrocolombianos, su presencia fue más ambigua: citada como pionera en el reconocimiento de las variantes regionales, pero criticada por el marco normativo con que había procesado la evidencia sobre la familia negra. Una generación posterior de investigadoras —Juana Camacho Segura entre ellas— revisaría las obras clásicas desde perspectivas nuevas, atenta a los estudios de la mujer afrocolombiana que el canon había codificado como ausencia o desvío.
La crítica afrocolombianista es la más sustantiva y la que más pone en juego el legado. Si el mestizaje colombiano fue un proyecto altamente regionalizado, donde la construcción de la identidad étnica tenía más que ver con cultura y geografía que con nociones de sangre, entonces la obra de Gutiérrez de Pineda participa de una lógica más amplia: la de imaginar algunas regiones como más homogéneas y civilizadas que otras, y trazar las jerarquías culturales del país sobre ese eje. Antioquia con su mito de pureza racial pese a la evidencia demográfica triétnica; los Santanderes con su imagen de blanquitud e inmigración; el Pacífico y el Caribe como marcas del componente negro y de las formas familiares que se codificarían como incompletas. La cartografía de la familia colombiana replicaba, sin quererlo, la cartografía racial del país.
Pero decir solo eso sería injusto. La misma obra que reprodujo esos marcos fue la que aportó las herramientas para desmontarlos. Sin la evidencia comparativa que Gutiérrez de Pineda acumuló durante décadas, la crítica posterior no habría tenido sobre qué trabajar. La antropología afrocolombianista de fines de siglo, la sociología de género en Colombia, los estudios regionales sobre parentesco: todos parten, para discutirla, de la obra que ella dejó. Los libros que abrieron trocha suelen quedar expuestos a ese doble movimiento: fundan un campo y, al hacerlo, ofrecen el suelo firme sobre el que otras generaciones se pararán para corregirlos.
Su muerte en 1999, en Bogotá, cerró un ciclo que había empezado en Socorro casi ochenta años antes. La antropología colombiana que la despidió era muy distinta de aquella pequeña comunidad de la Escuela Normal Superior donde ella se había formado: contaba con departamentos universitarios consolidados, revistas especializadas, generaciones de doctores formados adentro y afuera, y una diversidad de perspectivas —de género, étnicas, regionales, políticas— que en los años cuarenta habría sido inimaginable. Buena parte de esa transformación le debía algo: no solo la obra específica, sino la demostración de que la ciencia social colombiana podía producir libros que se seguirían leyendo, se seguirían discutiendo y se seguirían usando para pensar el país.
Gutiérrez de Pineda queda como una figura que la historia intelectual colombiana no ha terminado de procesar. Reconocida y a la vez subestimada, canónica y a la vez controvertida, funcional al proyecto modernizador del Frente Nacional y a la vez productora de una evidencia que ese proyecto no supo asimilar. Su lugar en el archivo vivo de la historia colombiana no es el de una santa laica del feminismo académico ni el de una cómplice del establecimiento bipartidista, sino el de una intelectual que, desde una posición determinada por su tiempo y su género, hizo lo que su tiempo y su género permitían hacer: cartografiar una nación que se resistía a ser una sola. El mapa que dejó todavía se consulta.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 37 fragmentos01Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Páginas 9, 372 citas
[1]coordi- nado por Jaime Arocha y Mary De Grys, Bogotá, Cuadragésimo Quinto Congreso Internacional de Americanistas (julio 2 y 3 de 1985). 32. Manuel Arlei Ussa Fernández, "El descarne: tierra, ganado y cultura del negro patiano", tesis presentada como requisito para optar al título de antropólogo, Popayán, Programa de…
p. 37
[23]Pero más allá de un análisis basado en la "economía del sexo", las relaciones de género son, como plantea Georges Balandier, relaciones "fundamentales", que se en- cuentran en el mismo origen de las sociedades y traducen los datos de la naturaleza en hechos de cultura 2. La bibliografía de las dos últimas décadas…
p. 9
02La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · Páginas 10, 832 citas
[2]1965 se reportaron 3.700 casos de tuberculosis en Antio- quia y Caldas y 25.000 casos de enfermedades venéreas, o sea el40% del total para Colombia. Este fenómeno es en gran parte atribuible a la proliferación de la prostitución entre los antioqueños. Cada pueblo tiene su barrio de tolerancia con la debida…
p. 83
[33]XVIII, cuando tuvo lugar un cambio de las antiguas y ardientes tierras 24 La colonización antioqueña de Santa Fe hacia la nueva villa de Medellín. El conquistador Jorge Robledo había sentado el precedente de regresar de su visita a España con su esposa y un séquito de dieciséis señoritas. U na de éstas, doña Mencia de…
p. 10
03Tres culturas, tres familias y otros ensayosEstanislao Zuleta · Página 11 cita
[3]ìn_..._ -_,.. __.¿í É- __ Tres culturas, tres familias y otros ensayos Estanislao Zuleta I. | |. '.,__ ¡. _.. _ lff¬rl¿1†|ìi.~¬'l¿ìo /.tlllclu llum' t“onor'i<lo por el t11I1i<.“l(*|“ 1ì1¿1;1,ist|“t1| de sus c<›|1Iim'e|u¬ior¬ <›r¿1|e~¬' y de sus i|r1te|"\/enri<›nes púlvliras, y por a|_eu|ms publi» cor'i<›|ìe'¬"…
p. 1
04¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 911 cita
[4]García Márquez recibiera el Nobel de Literatura en 1 982. Mientras tanto, la cultura local se redefinía al reconocer su diversidad en la mo dernidad: en las artes plásticas con Enrique Grau, Fernando Botero, Eduardo Ramírez Villamizar y Beatriz González; en la literatura con Manuel Zapata Olivella, Álvaro Cepeda…
p. 91
05La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · Páginas 1, 4512 citas
[5]ospina, Eduardo, s.j., Las sectas protestantes en Colombia. Bogotá: Imprenta Nal., 1955. parís lozano, Gonzalo, Geografía económica de Colombia. Tomo VIL Tolima. Bogotá: Publicaciones de la Contraloría Genera] de la República, 1946. pineda, Roberto, El impacto de la violencia en el Tolima: El caso de El Líbano.…
p. 451
[25]?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…
p. 1
06Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 671 cita
[6]lingüística, etc., que hasta el momento habían estado en manos de simples aficionados, los cuales, en sus ratos libres, sin el bagaje académico apropiado, se convertían en “antropólogos”, “historiadores”… Los estudiantes de la Normal, por el contrario, cursaban todo un programa académico, familiarizándose con las…
p. 67
07Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Páginas 248, 2502 citas
[7]siglo comenzaron a llegar los etnólogos y arqueólogos ale- manes. A Konrad Theodor Preuss, Theodor Koch-Grunberg o Alfred Jahn les interesaba el lugar que le asig- naba la escuela difusionista a la gente exótica de este lado del mundo. Le- garon una metodología de constata- ción empírica basada en observaciones…
p. 248
[20]de campo, sino de una teoría an- tropológica, como la de cultura y per- sonalidad para trazar las raíces de la conducta campesina. Otra investigación guiada por esa teoría fue la llevada a cabo por Ali- cia y Gerardo Reichel-Dolmatoff en Atanquez. La colonización estaba convirtiendo en campesinos a los in- dígenas de…
p. 250
08Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Páginas 44, 692 citas
[8]la antropología prácticamente desapareció (Friedemann y Arocha 1979). Solo hasta ahora parece notarse un renovado interés por la lingüística debido a la necesidad de contrarrestar la consolidación que, infortunadamente, ha logrado en el país el Instituto Lingüístico de Verano. Pero hay otros hechos más que abonarle a…
p. 44
[9]de manera significativa a la antropología colombiana. Entre ellos se destacaron, Gonzalo Correal, Nina de Friedemann, Álvaro Chaves, Miguel Méndez, Yolanda Mora de Jaramillo, entre otros. Como puede observarse, la orientación de la Escuela continuaba influida por la tradición rivetiana, aunque se había abierto…
p. 69
09Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 781 cita
[10]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
10Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 3151 cita
[11]to coalition government —Treaty of Sitges (Spain) establishes National Front procedure SENA (“National Learning Service”) established —Tenth Salón Nacional de Artistas: Fernando Botero wins prize —National school of journalists established —Bogot á establishes Luis Ángel Arango Library, backed by Banco de la…
p. 315
11El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 852 citas
[12]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[13]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
12Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 4102 citas
[14]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
[15]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
13Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1921 cita
[16]en u11 centenar de poblaciones'. A la búsqueda de la Violencia Al llegar en 1958 el FN, la llamada <cgeneración de mayo)>, sur- gida de las jornadas contra la dictadura militar, era marginal en el personal político, extraído del mismo fondo de jefes, subjefes y lugartenientes que venían actuado desde las décadas…
p. 192
14Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · Página 431 cita
[17]efficiently, displacing peasants from their properties (accelerat- CIVIL-MILITARY RELATIONS IN COLOMBIA 32 ing urbanization), and exacerbating land concentration. Foreign investment increased in manufacturing during the late 1940s and early 1950s, industrial production increased by 56 percent between 1948 and 1953,…
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15Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 2801 cita
[18]como resultado del plebiscito de 1958 los gobiernos del Frente Nacional aplicaron a educaci ó n e) 10% de los ingresos,' porcentaje que fue aumentado eri los posteriores presupuestos nacionales. La reforma adelantada en la d é cada de 1930-1940 fue cohe rente con el esp í ritu reformista de los gobiernos liberales.…
p. 280
16La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 5001 cita
[19]nos oprimió nos hizo comprender nuestro yerro y nos decidió a volver rápida y decididamente las espaldas a los antiguos métodos de lucha para entregarnos a esta tarea generosa y fecunda, destinada a la rectificación fundamental de la vida de nuestro pueblo " (1). (1) Laureano Gómez "Discurso para dar posesión al Dr.…
p. 500
17Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 3641 cita
[21]orga- nización de la propiedad y del trabajo, la predominancia de climas benignos, ingresos más elevados, y la existencia de hábitos alimenticios e higiénicos fa- vorables a la prevención y conserva- ción de la salud determinaron una ma- yor sobrevivencia de la progenie y la formación de familias numerosas. Las…
p. 364
18Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · Página 1741 cita
[22]Córdoba de Solorzano, Esmeralda Arboleda de Uribe y Carmenza Rocha. Con la excepción de Carmenza Rocha, todas eran mujeres casadas. De hecho, objetivo del reportaje era investigar su posición, sugerida desde el título, “entre el Congreso y el hogar”, mostrando su capacidad de desempeñarse en su rol público sin…
p. 174
19De quebradores y cumplidores: Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en ColombiaMara Viveros Vigoya · 2002 · Página 471 cita
[24]observo, enuncio e interpreto los datos. 4. Aportes de los estudios feministas al estudio de lo masculino Para finalizar este capítulo, quiero plantear algunas reflexiones sobre los aportes de los trabajos feministas al estudio de lo masculino y sobre la importancia del punto de vista de las mujeres en la compren-…
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20Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 351 cita
[26]las FARC, sí articuló formas organiza- tivas agrarias, legales e ilegales, constituidas en los años precedentes. En este sentido, la base construida por el movimiento comunista en los núcleos agra- rios cafeteros de Cundinamarca posibilitó la conformación de las estructuras guerrilleras en la década de 1960. 1.…
p. 35
21Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · Página 381 cita
[27]their sociology.2 Professor Orlando Fals Borda asserts that it is possible to dis¬ tinguish three stages in the development of sociology in Colombia: the philosophical or European phase; the transitional or Euro- North American phase; the present stage which involves an elab¬ oration of the other two.3 Personally, I…
p. 38
22No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 561 cita
[28]Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…
p. 56
23Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · Página 101 cita
[29]de la Violencia; como se manifestaron y cuál fue la posición subordinada, en un entorno regional de ejercicio de Violencia partidista en la sociedad? ¿Cuál fue el centro de las acciones de violencia que sufrió la mujer en el sur del Tolima en ese momento, cómo actuaron y cuáles fueron las consecuencias? Como premisa…
p. 10
24Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · Página 2281 cita
[30](2000). 30. Political struggles between centralist and more federalist models for the Colombian state were central issues in the numerous civil wars of the nineteenth century, and as the 1991 Constitution shows, they were still being worked out near the turn of the twenty- first. 31. Attempts, from any discipline, at…
p. 228
25Becoming Black Political Subjects: Movements and Ethno-Racial Rights in Colombia and BrazilTianna S. Paschel · 2016 · Página 561 cita
[31]of “superior” and “inferior” races, which preoccupied elites elsewhere, mapped 44 Chapter Two directly onto the Colombian territory in unique ways. In this sense, Colom- bia’s imagined race mixture could be said to be more about culture and geography than about imagined notions of “mixed blood,” even though the latter…
p. 56
26Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1501 cita
[32]Catalans whose lands were freed from feudalism and encomiendas, resulting in a more equitable distribution of property, has few things in common with the polite Cundinamarqués of the capital, and even less in common with descen- dants of the Chibchas, mixed with Spanish blood, who were ruled in the semi-feudal…
p. 150
27The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 261 cita
[34]Colombia’s unique interrelation of climate, elevation, and topography creates sharply distinct regional and cultural dif- ferentiation. One way to sketch a simplified map of regions and subregions is to trace five broad areas: 1. Colombia’s Caribbean: This is bisected by the Magdalena River; it extends westward to…
p. 26
28Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · Página 491 cita
[35]Cesar (2000) (Angulo & Nieves, 2021, pp. 170–172), as well as at the Universidad del Rosario. In 2005, the pro - gram of the Pontificia Universidad Javeriana was reopened. At the same time, some research centers were created that allowed the development of a more interdisciplinary work positioning social sciences;…
p. 49
29Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · Página 2041 cita
[36]familia y en su conceptualización”, en: Astrid Ulloa (ed.), Contribución africana a la cultura de las Améri- cas, Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología -Ican-, Proyecto Biopacífico, 1993, págs. 95-111. –––––. “Las mujeres negras en la historia de Colombia”, en: Las mujeres en la historia de Colombia, Bogotá,…
p. 204
30Born of War in Colombia: Reproductive Violence and Memories of AbsenceTatiana Sanchez Parra · 2024 · Página 1831 cita
[37]of Illinois Press, 2015. Butler, Judith. Bodies That Matter: On the Discursive Limits of “Sex.” New York: Routledge, 1993. ———. Frames of War: When Is Life Grievable? London: Verso, 2009. Caicedo, Alhena. “Introducción: Antropología y feminismo; Confluencias y tensiones.” In Caicedo, Feminismo y antropología, 9– 14.…
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