Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Hecho histórico · Frente Nacional · 1958–1974

Transición demográfica acelerada colombiana (1965-1978)

Entre 1965 y 1978, la fecundidad total colombiana cayó de 6,7 a cerca de 3,7 hijos por mujer, una de las transiciones demográficas más rápidas de América Latina, impulsada por la fundación de Profamilia (1965), la urbanización acelerada y la incorporación laboral femenina, sin que se modificara el régimen jurídico familiar patriarcal.

Transición demográfica acelerada colombiana (1965-1978)
1965-1978
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1965-1978
Protagonistas
Carlos Lleras Restrepo, Misael Pastrana Borrero, Alfonso López Michelsen, Virginia Gutiérrez de Pineda, Fernando Tamayo Ogliastri, Profamilia (Asociación Pro Bienestar de la Familia Colombiana), Pablo VI
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Régimen previo de altísima fecundidad (cerca de 6,7 hijos por mujer en zonas urbanas y hasta 9 en zonas rurales), sostenido por nupcialidad temprana femenina y ausencia casi total de anticoncepción moderna
  2. Fundación de Profamilia en 1965 por Fernando Tamayo Ogliastri, que creó la infraestructura clínica y de distribución anticonceptiva con respaldo tácito de los gobiernos del Frente Nacional y financiación internacional
  3. Lectura desarrollista de la 'explosión demográfica' por parte de la clase dirigente del Frente Nacional, que veía el crecimiento poblacional descontrolado como freno al crecimiento económico e impulsó una concepción de la salud como inversión
  4. Urbanización acelerada: la mayoría de los colombianos ya vivía en ciudades en 1964, lo que transformó los incentivos económicos frente a la descendencia numerosa
  5. Incorporación masiva de mujeres jóvenes al mercado laboral urbano y expansión del acceso femenino a la educación, que ampliaron las alternativas vitales fuera del hogar conyugal
  6. Secularización silenciosa de la moral católica en las clases medias urbanas: la Humanae Vitae (1968) llegó cuando Profamilia ya estaba diseminada y los gobiernos ya la respaldaban, por lo que la condena eclesiástica no revirtió las prácticas anticonceptivas
1965-1978Transición demográfica acelerada colombiana (1965-1978)

Consecuencias

  1. La tasa de fecundidad total descendió de 6,7 hijos por mujer hacia 1964 a 4,7 hacia 1971 y a 3,5 hacia 1985, y el tamaño promedio del hogar bajó de seis miembros en 1970 a cinco en 1990
  2. La tasa de crecimiento demográfico, que había alcanzado el 3,3% anual entre 1951 y 1964, comenzó a descender sostenidamente, situándose por debajo del 2% anual en las décadas siguientes
  3. Transformación de la pirámide de edades: la base de niños y jóvenes se redujo progresivamente, alterando la composición etárea de la fuerza laboral y la demanda de servicios educativos y de salud
  4. Las responsabilidades reproductivas recayeron desproporcionadamente sobre las mujeres: la ligadura de trompas fue masivamente adoptada desde el principio, mientras que la vasectomía tuvo escasa aceptación (10.312 esterilizaciones masculinas entre 1970 y 1984 frente a cifras muy superiores de esterilización femenina)
  5. La transición demográfica operó sin reforma legal del régimen familiar patriarcal, lo que significó que la agencia reproductiva femenina se ejerció por debajo de una arquitectura jurídica que no la reconocía, sentando una tensión estructural que alimentaría el feminismo colombiano posterior
  6. La diferencia regional persistió: en las zonas rurales la fecundidad pasó de cerca de 9 a 5 nacimientos por mujer hacia 1980, y la costa Atlántica mantuvo las tasas más altas del país, evidenciando que el ritmo del descenso dependía más de condiciones laborales y educativas que de cobertura anticonceptiva
  7. Hacia 1990, el 70% de las parejas colombianas practicaba alguna forma de planificación familiar, convirtiendo a Colombia en una de las organizaciones de planificación familiar más dinámicas de América Latina
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La transición demográfica acelerada colombiana es la transformación estructural más profunda y menos ceremoniosamente reconocida del siglo XX en el país: reconfiguró la pirámide de edades, el mercado laboral, la geografía urbana y las relaciones de género antes de que ningún discurso público lo prescribiera. Su singularidad histórica reside en que se realizó en poco más de una generación —lo que a Europa le tomó casi dos siglos— sin modificar el régimen jurídico familiar patriarcal, lo que revela que las transformaciones más duraderas de la vida cotidiana pueden preceder y condicionar los cambios legales e institucionales. Constituye, además, la condición material silenciosa del movimiento estudiantil, del feminismo colombiano posterior y de la reconfiguración de la agencia femenina bajo el Frente Nacional.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La transición demográfica acelerada colombiana (1965-1978)

Entre 1965 y 1978, Colombia hizo en trece años lo que a Europa le tomó casi dos siglos: la fecundidad total pasó de cerca de 6,7 hijos por mujer a algo más de la mitad, y el país que en 1964 crecía al 3,3% anual —el ritmo más alto de toda su historia— comenzó a desacelerarse sin haber tocado una sola coma del régimen familiar patriarcal. No hubo reforma legal del matrimonio, no hubo divorcio civil, no hubo ruptura pública con la Iglesia. Hubo, en cambio, una organización privada llamada Profamilia fundada en 1965, un flujo continuo de mujeres jóvenes hacia Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, unas aulas universitarias que hacia 1980 recibían tantas mujeres como hombres, y una decisión repetida en millones de hogares de que los hijos serían menos. La transición demográfica colombiana es una de las transformaciones más profundas y menos ceremoniosas del siglo XX del país: cambió la pirámide de edades, el mercado laboral, la geografía urbana y las relaciones de género antes de que ningún discurso público lo hubiera prescrito.

El país que crecía sin frenos

Para entender lo que se descompuso entre 1965 y 1978 conviene mirar primero el régimen que estaba en pie. Colombia entraba a los años sesenta con una tasa de fecundidad total cercana a los 6,7 hijos por mujer y, en las áreas rurales, con niveles que rozaban los nueve nacimientos por mujer en edad reproductiva. Esa fecundidad altísima descansaba sobre dos pilares que se reforzaban mutuamente: la nupcialidad temprana y la ausencia casi total de anticoncepción moderna.

Lo usual, en el mundo rural y en las capas populares urbanas, era que las mujeres contrajeran matrimonio poco después de llegar a la pubertad, en una sociedad que les ofrecía pocas alternativas por fuera del hogar conyugal. Ese ingreso precoz a la unión, combinado con la inexistencia de una oferta accesible de métodos para espaciar o limitar los nacimientos, producía un patrón muy nítido: la maternidad se prolongaba casi hasta el fin del ciclo fértil. Una mujer que se casaba a los quince y llegaba a los cuarenta y cinco sin haber muerto en el parto pasaba por siete embarazos, o más, sin que en ningún punto de esa cadena hubiera espacio para una decisión.

Las diferencias regionales no dependían tanto de regímenes reproductivos distintos como de patrones diferenciales de mortalidad infantil y adulta. Antioquia, con su matrimonio católico estable y sus condiciones socioeconómicas comparativamente favorables —organización de la propiedad y del trabajo, climas benignos, hábitos alimenticios e higiénicos que aseguraban mayor sobrevivencia—, era el estereotipo nacional de familia numerosa. La costa Atlántica exhibía las tasas más altas de fertilidad, mortalidad y natalidad del país, sostenidas por condiciones laborales y educativas desfavorables para las mujeres y por una participación femenina escasa en el mercado de trabajo. Que la autoridad eclesiástica hubiera sido siempre tenue en el Caribe importaba menos de lo que suele suponerse: el apego a las pautas tradicionales de alta fecundidad dependía más del trabajo y de la escuela que del sermón.

Ese régimen produjo, entre los censos de 1951 y 1964, la aceleración más pronunciada de la historia demográfica colombiana. La tasa de crecimiento anual llegó al 3,3%, alimentada por un descenso sostenido de la mortalidad —vacunas, antibióticos, potabilización del agua, urbanización de la atención médica— que no fue acompañado por un descenso simultáneo de la natalidad. Colombia vivía una explosión demográfica en el sentido técnico del término: la brecha entre nacimientos y muertes hinchó la base de la pirámide hasta hacer que, en 1964, el 46,64% de la población tuviera menos de catorce años y la edad mediana fuera de 18,1 años. El país que se preparaba para modernizarse era, sobre todo, un país de niños.

La percepción del problema en la cúpula del Frente Nacional

La clase dirigente que gobernaba bajo el Frente Nacional —el pacto bipartidista que entre 1958 y 1974 alternó liberales y conservadores en la Presidencia— leyó ese crecimiento con inquietud. Hacia mediados de los años sesenta, la tasa de crecimiento demográfico rondaba el 2,9% anual, una de las más altas de América Latina, y coincidía con la crisis del campesinado andino, con la expulsión masiva de trabajadores del campo y con un crecimiento urbano desordenado que tensionaba los servicios de las grandes ciudades. La "explosión demográfica" empezó a ser vista como un freno al crecimiento económico, no como una bendición providencial.

Esa lectura se tradujo en una concepción de la salud vinculada al desarrollo. Los recursos sanitarios dejaron de leerse como gasto y comenzaron a leerse como inversión, con una intención planificadora que terminaría desembocando en el Sistema Nacional de Salud de los años setenta. Fue en ese clima —desarrollista, tecnocrático, permeable a las teorías de la modernización— cuando el ginecólogo bogotano Fernando Tamayo Ogliastri fundó en 1965 la Asociación Pro Bienestar de la Familia Colombiana, Profamilia, con el respaldo tácito de los gobiernos y con financiación internacional. El país tenía, tres años antes de la Humanae Vitae, una organización privada dedicada a lo que ninguna ley había autorizado explícitamente y ninguna doctrina eclesiástica bendecía: enseñar a las mujeres colombianas a decidir cuántos hijos tener y cuándo tenerlos.

Este es el hecho fundamental para comprender lo que vino después. Cuando el papa Pablo VI publicó la Humanae Vitae en julio de 1968, condenando los métodos anticonceptivos artificiales y los programas de control de la natalidad basados en ellos, los organismos privados de planificación familiar ya estaban bien diseminados en Colombia y contaban con el apoyo de los gobiernos. La encíclica llegó tarde a un país donde el debate ya se había resuelto de facto, sin declaración pública, en los consultorios y en las cocinas. El gobierno de Carlos Lleras Restrepo, que terminaría su mandato en 1970, no revirtió el respaldo estatal a la planificación; tampoco lo harían Misael Pastrana Borrero entre 1970 y 1974, ni Alfonso López Michelsen a partir de 1974. La política de población colombiana consistió, en la práctica, en dejar hacer a Profamilia mientras el discurso oficial evitaba el enfrentamiento abierto con la jerarquía católica.

Las cifras de la caída

El resultado fue una curva que sorprende incluso a quien la mira con familiaridad. La tasa de fecundidad total pasó de aproximadamente 6,7 hijos por mujer hacia 1964 a 4,7 hacia 1971, y siguió cayendo hasta 3,5 hacia 1985 y 3,1 hacia 1993. Medido de otra manera —el tamaño promedio del hogar—, el descenso es igual de nítido: cinco hijos por familia en 1971, tres en 1992, dos en 2009. La tasa de natalidad, que era de 44,2 nacimientos por mil habitantes hacia 1964, bajó a 34,5 hacia 1971 y a 29,2 hacia 1985.

En términos de crecimiento poblacional, el pico de 1951-1964 no volvió a repetirse. En un lapso relativamente breve la tasa se situó nuevamente por debajo del 2% anual, un nivel comparable al de los años treinta, y siguió en descenso. La explosión demográfica que había definido la primera mitad del siglo XX terminó, en términos estructurales, antes de que la mayoría del país se hubiera enterado.

Lo notable de estas cifras no es sólo su magnitud sino su ritmo. Lo que a los países europeos les tomó casi dos siglos —el paso de la alta a la baja fecundidad— Colombia lo hizo en poco más de una generación. Y lo hizo sin cambios legales estructurales: el matrimonio católico seguía siendo la única forma de unión con reconocimiento pleno, el divorcio civil no existía para los matrimonios religiosos, la patria potestad seguía organizada sobre el modelo patriarcal, la mujer casada aún requería en muchas dimensiones la autorización del marido. La transformación demográfica ocurrió por debajo de esa arquitectura jurídica, sin desmontarla.

Profamilia: la infraestructura de la agencia

Para que millones de mujeres pudieran ejercer una decisión reproductiva antes negada hacía falta más que voluntad: hacía falta una infraestructura. Profamilia proporcionó la red de clínicas, la formación del personal, la importación y distribución de anovulatorios, dispositivos intrauterinos y, más tarde, la oferta quirúrgica. Su expansión desde Bogotá hacia las otras capitales y hacia las zonas periféricas fue el vector material sin el cual las nuevas actitudes reproductivas no habrían tenido dónde encarnarse.

El programa de ligadura de trompas fue exitoso desde el principio. La esterilización femenina, promovida con brigadas que llegaban hasta zonas rurales apartadas —en el Putumayo, grupos de mujeres eran trasladadas hasta un hospital de la región para el procedimiento—, se convirtió con rapidez en un método de anticoncepción definitiva ampliamente adoptado. La esterilización masculina siguió otra trayectoria. Aunque la vasectomía comenzó a practicarse en Profamilia desde 1971, tuvo inicialmente poca aceptación entre los hombres colombianos. En zonas rurales del Putumayo, la resistencia se expresaba en el temor a quedar "capados", incapacitados sexualmente, y sólo tras un trabajo prolongado de sensibilización algunos hombres accedían al procedimiento.

Las cifras revelan la escala del desbalance. Entre 1970 y 1984, Profamilia realizó 10.312 esterilizaciones masculinas en todo el país. Para 1993 la cifra acumulada había subido a 44.618, en buena medida por la apertura en 1985 de las Clínicas para el Hombre en Bogotá, Medellín y Cali. Bogotá concentraba en 1993 el 40% de esas vasectomías, señal de una penetración muy desigual entre regiones. El contraste con la ligadura de trompas —masivamente adoptada— señala un hecho que la demografía sola no explica: las responsabilidades reproductivas se asignaron diferencialmente a las mujeres, en un orden cultural de género que dejaba las decisiones sobre el cuerpo del hombre casi intactas incluso cuando el cuerpo de la mujer se había vuelto territorio de intervención médica.

La agencia reproductiva, en Colombia, se ejerció mayoritariamente sobre los cuerpos femeninos. Que las mujeres fueran quienes tomaban la iniciativa no las eximió del costo físico ni del riesgo quirúrgico: fue, en muchos sentidos, una emancipación cara.

La Iglesia y sus fisuras

La Iglesia Católica colombiana, que había sido durante un siglo la garante moral del régimen de alta fecundidad, se encontró en 1968 defendiendo una doctrina que sus propios fieles ya no obedecían. La Humanae Vitae llegó a un país donde el 70% de las parejas terminaría practicando alguna forma de planificación familiar hacia 1990, y donde la organización de planificación era ya una de las más dinámicas de América Latina.

Lo que ocurrió no fue una ruptura teológica ni un pronunciamiento episcopal contestatario: fue una fragmentación silenciosa de la coherencia doctrinal. Los creyentes recompusieron por su cuenta sus prácticas, en materia de moral sexual y control de la natalidad, sin hacer demasiado caso de las autoridades religiosas. Se seguía yendo a misa, se seguía bautizando a los hijos, se seguían casando por la Iglesia; pero entre la primera y la segunda comunión, entre el matrimonio y el bautismo del último hijo, la mujer visitaba discretamente el consultorio y tomaba sus decisiones. La formación católica colombiana, que había predicado durante generaciones una doctrina donde el cuerpo se anteponía negativamente al espíritu, había producido una doble moral tolerante con la prostitución y hostil al goce sexual legítimo de la mujer casada; ese régimen doble se resquebrajaba desde adentro.

En algunas comunidades rurales el conflicto fue más audible. En El Placer, en el Putumayo, testimonios recogidos décadas después recordaban que hombres y mujeres percibían la planificación familiar como pecado, y que fue necesaria la intervención de personas ajenas al pueblo —figuras que enseñaban a planificar y aseguraban que la anticoncepción no era pecado— para que la práctica se abriera paso. En las clases medias urbanas, en cambio, la mediación religiosa se disolvió sin escándalo: la conciencia individual se hizo cargo de una decisión que la doctrina no acompañaba, y la vida siguió.

La costa Atlántica ofrece la contraprueba más elocuente. Allí, donde la autoridad eclesiástica había sido siempre tenue, las tasas de fecundidad se mantuvieron entre las más altas del país. Si la doctrina católica hubiera sido el freno principal a la transición demográfica, la costa habría sido su vanguardia; fue, al contrario, su rezaguera. La conclusión es incómoda para las lecturas que hacen de la Iglesia el gran obstáculo: el apego a la alta fecundidad dependía más de las condiciones laborales y educativas de las mujeres que del sermón dominical.

Urbanización, educación, trabajo: el suelo material del cambio

La caída de la fecundidad no fue un fenómeno flotante. Se apoyó en tres transformaciones estructurales que operaban en paralelo, y sin las cuales la mera oferta anticonceptiva de Profamilia habría producido resultados mucho más modestos.

La primera fue la urbanización. La proporción de colombianos que vivían en cabeceras municipales pasó de aproximadamente un tercio en 1938 a algo más de la mitad en 1964, y a dos terceras partes hacia 1985. Ya en 1964 los colombianos vivían mayoritariamente en las ciudades, y Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla concentraban una proporción creciente del total nacional: 15,7% en 1951, 22,8% en 1964, 32,6% en 1993. La ciudad no sólo aloja: reconfigura los incentivos. El hijo que en el campo era mano de obra desde los ocho años se convertía en la ciudad en una carga económica que había que educar, alimentar en espacios estrechos y acompañar por más tiempo.

La segunda fue la migración femenina. A diferencia del patrón clásico de migración familiar, en Colombia el éxodo rural hacia las ciudades fue predominantemente femenino, de mujeres jóvenes adultas y de carácter individual. La tendencia se remontaba a los años cincuenta y se intensificó durante los setenta, en parte por la mecanización de la agricultura que desplazó la mano de obra femenina de la agricultura de subsistencia. Las mujeres que llegaban solas a la ciudad —al servicio doméstico primero, a las fábricas y oficinas después— entraban en un régimen social donde el matrimonio precoz dejaba de ser el único horizonte y donde la maternidad temprana empezaba a competir con otros proyectos de vida.

La tercera fue la expansión educativa. Para 1980, el número de mujeres que ingresaban a la universidad en Colombia era igual al de los hombres, aunque la elección de carrera seguía marcada por sesgos culturales. La reforma constitucional de 1936 había habilitado el acceso femenino a cargos públicos por nombramiento, pero fue en los años sesenta y setenta cuando la matrícula femenina en secundaria y educación superior se disparó. Cada año adicional de escolaridad de una mujer se traduce en menos hijos: no por doctrina sino por horizonte, no por norma sino por costo de oportunidad. La joven que estudia posterga la maternidad; la que posterga, la limita.

Los efectos combinados de estos tres vectores se hicieron sentir en los indicadores más íntimos de la vida familiar. La familia extensa patriarcal, que había sido la unidad de producción básica del mundo agrario, perdió importancia como estructura económica al movilizarse los individuos hacia los centros industriales. El tamaño promedio del hogar colombiano descendió de seis miembros en 1970 a cinco en 1990. Los hogares encabezados por mujeres solas aumentaron del 27% del total en 1979 al 31% en 2000, con una visibilidad mucho mayor en las ciudades que en las zonas rurales. La familia nuclear —padre, madre, dos o tres hijos— siguió siendo dominante, cerca del 60% en 2000 según el DANE, pero convivía con formas nuevas: familias reducidas, monoparentales, uniones libres reconocidas, hogares recompuestos.

La geografía desigual del descenso

El descenso de la fecundidad no ocurrió al mismo ritmo en todo el territorio. En las áreas urbanas la caída fue rápida y precoz; en las áreas rurales fue más lenta y partió de una base mucho más alta. La fecundidad rural pasó de aproximadamente nueve nacimientos por mujer a cinco hacia 1980: una caída enorme en magnitud, pero que dejaba al campo, hacia el final del período, con niveles reproductivos que las ciudades ya habían dejado atrás una década antes.

La costa Atlántica siguió siendo, dentro de este cuadro nacional, la región de mayor fecundidad, mayor natalidad y mayor mortalidad. La modernización demográfica avanzó en Antioquia, en el altiplano cundiboyacense, en el Valle del Cauca; se demoró en el Caribe y en las zonas rurales periféricas del sur y el oriente. Las condiciones estructurales explican la geografía: donde la mujer no se incorporaba al mercado laboral, donde la escolaridad no despegaba, donde la urbanización era lenta, la transición se demoraba aun cuando Profamilia hubiera abierto sus puertas y la Iglesia hubiera aflojado su vigilancia.

El descenso tampoco fue igualmente rápido entre las familias de menores recursos. La publicidad de métodos anticonceptivos en medios como Cromos, hacia 1978, asociaba la planificación familiar con la "paternidad responsable" y con la pareja casada de clase media, un destinatario implícito que dejaba en la penumbra a las mujeres populares. La transición fue, en su primera fase, un fenómeno de las clases medias urbanas educadas; sólo con los años se extendió a los estratos populares y al mundo rural, y aun entonces con desigualdades marcadas.

Los efectos sobre la vida cotidiana y sobre el país

Lo que produjo la transición demográfica no fue sólo un cambio en las tasas. Fue una reorganización de la vida individual y colectiva cuyas consecuencias apenas comenzaban a sentirse hacia 1978 y desplegarían sus efectos plenos en las décadas siguientes.

La primera consecuencia fue biográfica. La difusión de la anticoncepción moderna acortó la vida reproductiva de las mujeres, que antes se extendía casi hasta el final del ciclo fértil, y redujo drásticamente el número de hijos. Declinaron la proporción de madres muy jóvenes y la de madres de edad madura: la maternidad dejó de ser el horizonte total de una vida adulta para volverse una fase de ella. La mujer de treinta años que tenía dos hijos en Bogotá en 1978 tenía todavía media vida por delante, y en esa media vida cabían la universidad terminada, el trabajo asalariado, la participación pública. La mujer de treinta años que en el mismo año, en una vereda rural, iba por su séptimo embarazo tenía, por delante, sólo más de lo mismo.

La segunda consecuencia fue estructural. La pirámide de edades se transformó. La base ancha de 1964 —casi la mitad del país por debajo de los catorce años— empezó a angostarse; el tramo joven-adulto se ensanchó; la esperanza de vida creció. El país que en los años cincuenta y sesenta había producido cohortes gigantescas de niños empezó a producir cohortes más pequeñas, mejor escolarizadas, urbanas, con perspectivas laborales distintas. Esa cohorte fue el suelo humano del movimiento estudiantil del final de los sesenta y de los setenta, del boom universitario, de la incipiente presencia pública de las mujeres.

La tercera consecuencia fue política, aunque de largo plazo y sin traducción inmediata en los agentes visibles del período. El feminismo colombiano que se articularía en los años ochenta y noventa —el que forzaría reformas legales, el que llegaría a la Constitución de 1991— no habría sido posible sin la base material creada entre 1965 y 1978. Las mujeres que en los ochenta reclamaron derechos habían pasado en su juventud por Profamilia, habían estudiado en universidades donde eran ya la mitad, habían trabajado, habían decidido si tener hijos y cuántos tener. El feminismo legal fue posible porque el feminismo de facto —el ejercicio callado de la agencia reproductiva— había cambiado antes las condiciones de vida.

Los cambios en los modelos de género fueron, en el período mismo, más discretos de lo que la magnitud demográfica podría sugerir. Los nuevos modelos de feminidad que se difundieron en los años setenta no subvirtieron radicalmente las relaciones tradicionales: matizaron el rol sumiso de la esposa sin poner en discusión la centralidad del matrimonio ni la vocación materna. La revolución fue lenta, sedimentaria, sin manifiesto. En Bogotá las nuevas formas familiares y los nuevos roles fueron más aceptados que en el resto del país; en Antioquia y el suroeste, las tradiciones religiosas y patriarcales se entrelazaron con las nuevas dinámicas sin ceder terreno de manera frontal.

Actores y ausencias

Vale la pena nombrar con precisión a los protagonistas y también a los ausentes. Fernando Tamayo Ogliastri fundó Profamilia en 1965 y dirigió durante décadas la organización que hizo materialmente posible el cambio. Hernán Echavarría Olózaga, empresario y figura del establecimiento económico, formó parte del círculo de dirigentes que respaldó tempranamente la planificación familiar como componente de una política de desarrollo. Los tres presidentes del período —Lleras Restrepo, Pastrana Borrero, López Michelsen— optaron por el mismo curso de acción: apoyar sin proclamar, dejar hacer sin legislar. Virginia Gutiérrez de Pineda, la antropóloga pionera en el estudio de la familia colombiana, había establecido desde los años cincuenta las tipologías regionales que permitieron entender por qué el cambio demográfico avanzaba a ritmos distintos en Antioquia, la costa, el altiplano y los llanos.

Los grandes ausentes son los actores colectivos que en otros países fueron protagonistas del cambio. No hubo un movimiento feminista organizado que reclamara la anticoncepción como derecho —eso vendría después—; no hubo un partido político que hiciera de la planificación familiar una bandera; no hubo un debate público nacional sobre la Humanae Vitae con voces disidentes visibles. La transición demográfica colombiana fue, en ese sentido, singularmente institucional en su forma y singularmente individual en su sustancia: un tejido de decisiones privadas facilitadas por una organización especializada y toleradas por un Estado pragmático.

Por qué sigue importando

La transición demográfica acelerada de 1965 a 1978 es uno de esos procesos que operan por debajo del ruido de la historia oficial y que, precisamente por eso, terminan siendo decisivos. Mientras el país discutía el Frente Nacional, la reforma agraria fallida, la guerrilla naciente, las mujeres colombianas —solas o en compañía de sus parejas, con más o menos culpa, con más o menos conflicto religioso— cambiaban la estructura profunda del país. La Colombia de 2000 —urbana, con familias pequeñas, con mujeres universitarias y trabajadoras, con hogares monoparentales visibles, con una pirámide de edades ya envejecida en su base— es hija directa de esa década larga.

Entender la transición demográfica como fenómeno estructural, y no como simple curiosidad estadística, corrige varias narrativas fáciles. Muestra que la modernización colombiana no fue sólo obra de los planes de desarrollo ni de la industrialización sustitutiva: fue también, y quizás sobre todo, obra de cambios en la vida íntima que ninguna política gubernamental prescribió. Muestra que la agencia femenina en Colombia no comenzó con las leyes de los ochenta ni con la Constitución del 91, sino décadas antes, en el ejercicio silencioso de un derecho que ninguna norma reconocía todavía. Y muestra, finalmente, que la relación entre Iglesia Católica y sociedad colombiana se fracturó por dentro mucho antes de que se fracturara por fuera: en 1968, el año en que Pablo VI intentó contener el uso de anticonceptivos, el país ya había decidido lo contrario sin necesidad de decirlo.

Que un cambio tan hondo se hiciera sin discurso, sin ruptura, sin nombre propio, es parte de su naturaleza. La transición demográfica colombiana entre 1965 y 1978 no tuvo héroes visibles ni fecha conmemorativa. Tuvo, en cambio, millones de mujeres que empezaron a decidir. Con eso bastó.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

22 documentos · 30 fragmentos
01Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 252, 2962 citas
[1]para co mprar dos ca na stas de alim entos (<~ pobres•>) y el r8% no alcanzaba a c omprar un a canasta d e alime nto s («indi ge nt es •>). E n 1986 esas magnitud es eran d el 38% y del 17 % re spectiva ment e en el total nacional pe ro en el sector rural mo s traban una evolución mejor: los p ob re s del ca mpo…p. 296
[14]la píldora. Cuando el Papa Pablo VI emitió su encíclica Huma11ae Vitae (1968), condenatoria de tales métodos y progra- mas, los organismos privados de planificación familiar ya estaban bien diseminados en el país y contaban con el apoyo de los gobier- nos, que consideraban la <1explosión demográfica)> como un freno…p. 252
02Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 364, 3822 citas
[2]tanto que en las áreas rurales la disminución parece haber sido más significativa pa- sando de 9 a 5 nacimientos hacia 1980. Un régimen de siete hijos por mu- jer, como el que imperó a la fase de la expansión acelerada, suponía una ma- ternidad prolongada casi hasta la cul- minación de la vida fértil de la mujer. En…p. 382
[7]orga- nización de la propiedad y del trabajo, la predominancia de climas benignos, ingresos más elevados, y la existencia de hábitos alimenticios e higiénicos fa- vorables a la prevención y conserva- ción de la salud determinaron una ma- yor sobrevivencia de la progenie y la formación de familias numerosas. Las…p. 364
03¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 1071 cita
[3]en Bogotá, multimillonarias comisiones en la licitación de obras públicas que llevaron a la cárcel al alcalde Samuel Moreno. Pero el país no solo cambiaba en su traumático proceso político, lo hacía también en su cotidianidad. Para las décadas de los 90 y 2000, las mujeres se convertirían en la mayoría del mercado…p. 107
04Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2032 citas
[4]crecimiento se eleva y se mantiene cercano al 2,2 por cien- to. La explosión demográfica se ex- perimenta a mediados del siglo, con una tasa de crecimiento entre los censos de 1951 y 1964 de 3,3 por ciento, la más alta de toda su historia. A partir de allí el crecimiento disminuye y, en un lapso muy breve, el…p. 203
[5]crecimiento se eleva y se mantiene cercano al 2,2 por cien- to. La explosión demográfica se ex- perimenta a mediados del siglo, con una tasa de crecimiento entre los censos de 1951 y 1964 de 3,3 por ciento, la más alta de toda su historia. A partir de allí el crecimiento disminuye y, en un lapso muy breve, el…p. 203
05Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 206, 4372 citas
[6]bastante altas cuando se comparan con las cifras contemporáneas de otros países. La alta natalidad dependía en parte de la ausencia casi total de medidas de control de los nacimientos, y en parte de una elevada frecuencia de las uniones tempranas. No existen estudios que permitan comparar estos aspectos entre…p. 206
[19]ciudades 12 ciudades” Urbano Rural Total población 1912 5.073 220 378 nd. nd. 1918 5.855 273 473 nd. n.d. 1938 8.702 708 1.021 2.692 6.010 1951 11.548 1.484 2.100 4.468 7.080 1964 17.485 3.491 4.767 9.093 8.391 1973 22915 5641 7.394 13.580 9.335 1985 27.867 7.614 9.937 18.735 9.132 Crecimiento intercensal (%) 1912-38…p. 437
06De quebradores y cumplidores: Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en ColombiaMara Viveros Vigoya · 2002 · p. 317, 3332 citas
[8]de planificación familiar hacia ellas. Para los hombres, se traduce en una escasa participación en las prácticas anticonceptivas y en el menor desarrollo de la tecnología anticoncep- tiva dirigida hacia ellos, entre otros efectos. En Colombia, la práctica de la esterilización masculina empezó a realizarse en…p. 317
[9]restricción y representación— del orden que, según Turner (1989), es universal a las formaciones sociales. La reproducción poblacional exige una regulación de los cuerpos en el espacio y la imposición de un régimen del deseo con sus tensiones constantes entre ascetismo y hedonismo, en función de las metas buscadas.…p. 333
07El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 3502 citas
[10]con el ingreso del marido. Había mucho hacinamiento, en una cama dormían cuatro, él les enseñó a planificar y les decía que eso no era pecado, porque pensaban que era pecado. Buscaba los métodos más adecuados de acuer- 17 Entrevista n.º5, mujer adulta, El Placer, julio de 2011. 18 Entrevista n.º6, mujer adulta, líder,…p. 350
[11]con el ingreso del marido. Había mucho hacinamiento, en una cama dormían cuatro, él les enseñó a planificar y les decía que eso no era pecado, porque pensaban que era pecado. Buscaba los métodos más adecuados de acuer- 17 Entrevista n.º5, mujer adulta, El Placer, julio de 2011. 18 Entrevista n.º6, mujer adulta, líder,…p. 350
08Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · p. 1141 cita
[12]tenden- cia de las tasas de la región que han sido moderadas a princi- pios del siglo y más pronunciadas después. La tasa de crecimien- to que en la actualidad ostenta Colombia (2.9%) puede cata- logarse entre las más altas de América. Sin embargo, no debe sorprender una tasa de este orden de magnitud ya que los cén-…p. 114
09Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1311 cita
[13]que se produjo a mediados de los afios cincuenta, la _, poblacién infantil lleg6 a “yma! ser numerosisima. A la derecha, una calle de la ciudad de Florencia, capital del Caqueta. Situada en plena zona selvdtica, y quizé por eso, es uno de los pocos nticleos urbanos que no experiments el crecimiento de otras ciudades…p. 131
10Hacer la guerra y matar la política. Líderes políticos asesinados en Norte de SantanderCarlos Andrés Pallares Rincón · 2014 · p. 1431 cita
[15]salud, cuyo rasgo distintivo es la vinculación entre salud y desarrollo, en la cual los recursos desti- nados al sector son vistos como una inversión y no como un gasto, lo cual implicaba una intención planificadora en su manejo en el período 1958-1974 145. Esa intención planificadora e inversionista del Estado generó…p. 143
11La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1101 cita
[16]católicos que se autodenominan así, pero en sus creencias y comportamientos asimilan o practican creencias y comportamientos de otras fuentes simbólicas. Y lo mismo puede aseve- 141 MARDONES, J. M. Op. cit., p. 129 142 CHAMPION, F. Op. cit., p. 741-771 111 Secularización y renacimiento de lo religioso en Colombia…p. 110
12Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 151 cita
[17]de la pruden- cia, el perdón y el olvido de los des- lices del marido y se le negaba el goce sexual. La Fernanda del Carpio des- crita por García Márquez en Cien años de soledad es una clara muestra de este modelo femenino, encarnación de la frustración. l6 Nueva Historia de Colombia. Vol. IV "La casa de María Duque",…p. 15
13Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 1201 cita
[18]podemos presenciar cambios notorios en la composición demográfica de las recientes migraciones hacia Cali (Cuadro 1)5. A imagen de una tendencia general para la mayoría de los países de América Latina (Chackiel y Villa, 1993), la migración con destinación urbana en Colom- bia es predominantemente femenina, de jóvenes…p. 120
14Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 501 cita
[20]1.1. El marchitamiento de la primavera de Medellín: 1965-1981 Aunque la urbanización de la población colombiana fue rápida y prema- tura respecto a indicadores mundiales, y a veces se le atribuyeron efectos perversos sobre la vida citadina, “Colombia vivió un proceso de urbaniza- ción típico, similar en su velocidad y…p. 50
15Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 1301 cita
[21]que sélo cuentan con educacion primaria. La oferta laboral actual es, pues, el resultado de estos procesos en virtud de los cuales quienes hoy buscan o tienen trabajo son hombres y mujeres mayoritariamente urbanos, buena parte de los cuales cuenta, por lo menos, con educacion secundaria. Mercado de trabajo urbano Los…p. 130
16Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2971 cita
[22]stica o Arte y Decorado, as í como carreras auxiliares de las profesiones “ masculinas ”, como Laboratorio Cl í nico, Enfermer í a o Dibujo Arquitect ó nico. Pero la presi ó n real de las mujeres hizo que esta transici ó n no durara: para 1950 la mayor í a segu í an carreras profesionales como Medicina, Derecho,…p. 297
17Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 581 cita
[23]sign ificativos en cuanto a l logro de Ia tra nsformaci6n de su entorno y el ejercicio de sus derechos. A las m ujeres las ha bfa n desti nado a ser las " reinas del ha ga r ", a estar ocupadas en ta reas que las m a ntuviera n alejadas de Ia vida p u b l ica y por lo tanto las h icieran menos pel igrosas y mas uti…p. 58
18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 2011 cita
[24]participate in some decisions. Since the 1980s, data on household composition and the economic activities of their members are more available, and female heads of households have become more visible. Indeed, households headed by single women increased from 27 percent of all households in 1979 to 31 percent in 2000.…p. 201
19Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 295, 3012 citas
[25]deben a cambios de tipo económico, social, cultural y demográfico, que a su vez repercuten en la forma como los hombres y las mujeres viven la experiencia de pareja y como ellos y ellas construyen sus familias. Como también que la estructura familiar –o la manera de ser familia– es una realidad plural que evoluciona…p. 295
[26]1980 al referirse a la “la geografía del problema”, ya que cada región y cada cultura ofrecían características propias, como también lo reconocieron los obispos en el Documento de Santo Domingo: “ Ciertamente reconocemos la diversidad de familias rurales y urbanas, cada una dentro de su contexto cultural” (DSD 210).…p. 301
20Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 253, 2562 citas
[27]al trabajo doméstico, y los sentidos de culpa padecido cuando no los ejercían, la llevaron a considerar la liberación femenina “un mito” (C -2733, 1970: 31). Paralela a esta situación era, de todas formas, la difusión de nuevos modelos de feminidad que se adaptaban, sin subvertirlas radicalmente, a las relaciones de…p. 253
[28]los efectos del calor, determinaría una sexualidad descontrolada y bestial (Van der Lugt, 2005: 448-455). Por su parte, Biller ha mostrado cómo en la Edad Media se racionalizó la idea ar istotélica según la cual, por tener más calor, las personas “oscuras” o “negras” tendrían un mayor deseo sexual (Biller, 2005: 484 -…p. 256
21Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 591 cita
[29]means, therefore, that Cundinamarca was the most populated department that made up the fledgling independent nation- state, since it held close to 50 percent of the total population. Table 2.1 shows how during the two hundred years of the Colombian republic, the population multiplied roughly forty- two- fold. This…p. 59
22Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 511 cita
[30]Hasta 14 años de edad 46,64 % 15 a 19 años de edad 10,10 % 20 a 64 años de edad 40,26 % 65 y más años de edad 3,00 % +4 Tasas +3 +2 +1 0 -1 -2 -3 20 M Habitantes 18 M 16 M 14 M 12 M 10 M 8 M 6 M 4 M 2 M 0 1800 1900 10 25 35 43 51 50 50 70 64 05 12 18 20 38 51 64 1800 1900 10 25 35 43 51 70 64 05 12 18 20 38 51 64…p. 51