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Hecho histórico · Pre-independencia · 1780–1809

Expedición Balmis en la Nueva Granada (1803-1805)

Entre 1803 y 1805, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, dirigida por Francisco Javier Balmis y patrocinada por Carlos IV, introdujo la vaccínea jenneriana en el Virreinato de la Nueva Granada transportando el virus vivo en niños expósitos inoculados en cadena, desde Cartagena de Indias hasta Santafé y el sur andino. Fue la primera campaña sanitaria de escala continental impulsada por el Estado español y un dispositivo biopolítico que articuló filantropía imperial, ciencia ilustrada y gobierno de la población.

Expedición Balmis en la Nueva Granada (1803-1805)
30 de noviembre de 1803 (salida de La Coruña) – 1805
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
30 de noviembre de 1803 (salida de La Coruña) – 1805
Dónde
Mompox, Honda, Popayán, Quito, Nueva Granada, Caracas, Tunja, Cartagena de Indias, Santa Marta, Santafé de Bogotá, Lima
Protagonistas
José Celestino Mutis, Antonio Amar y Borbón, Francisco José de Caldas, Francisco Javier Balmis, José Salvany y Lleopart, Isabel Zendal Gómez, Carlos IV de España, Edward Jenner, Manuel Julián Grajales, Miguel de Pombo, Juan Hernández de Alba
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La viruela devastaba recurrentemente la población del virreinato desde el siglo XVI: epidemias documentadas en 1558, 1566, 1568-1569, 1587, 1607, 1705, 1760, 1775, 1782 y 1787 habían diezmado comunidades indígenas, esclavizadas y urbanas, sin que el arsenal terapéutico disponible —aislamiento, tisanas, purgantes, rogativas— pudiera contenerlas eficazmente.
  2. El descubrimiento de Edward Jenner en 1796 demostró que la inoculación con el virus de la viruela vacuna confería inmunidad frente a la viruela humana, ofreciendo por primera vez una herramienta preventiva viable que los gabinetes ilustrados europeos buscaron extender a sus dominios de ultramar.
  3. Las reformas borbónicas impulsaron una política de fortalecimiento del control territorial y de la población colonial: el bando virreinal del oidor Juan Hernández de Alba (9 de julio de 1802) ya había regulado la inoculación, movilizado a curas párrocos como agentes de persuasión sanitaria y combinado la medicina con medidas de higiene urbana, preparando el terreno institucional para la expedición.
  4. Mutis había argumentado desde 1782, en su informe al Ministro de Estado José Gálvez sobre la epidemia de viruelas de ese año, que la inoculación artificial del virus en los niños protegería a la población, anticipando conceptualmente la lógica vacunal y dotando a la élite criolla ilustrada de un marco favorable a la intervención estatal en salud.
  5. La red científica criolla construida por Mutis desde los años 1760 —que formó a Eloy Valenzuela, José Félix Restrepo, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Zea y José María Cabal— proporcionó una infraestructura humana e intelectual dispuesta a recibir y difundir la nueva ciencia médica en el virreinato.
30 de noviembre de 1803 (salida de La Coruña) – 1805Expedición Balmis en la Nueva Granada (1803-1805)

Consecuencias

  1. Se implantaron Juntas de Vacuna en Cartagena, Santafé y otras ciudades del virreinato, se capacitaron vacunadores criollos locales y se establecieron rutinas de vacunación pública destinadas a autosustentarse mediante la cadena brazo a brazo una vez concluida la expedición.
  2. La expedición dejó un modelo de gobierno de la salud —articulación entre autoridad civil, clero parroquial, médicos titulados y red científica criolla— que la República heredaría como infraestructura conceptual e institucional para las políticas de salud pública post-independencia.
  3. El discurso ilustrado sobre la vacuna, tal como lo formularon Mutis y Miguel de Pombo, vinculó la salud de la población con la prosperidad económica y el aumento de la fuerza de trabajo, consolidando una racionalidad biopolítica que justificaba la intervención estatal sobre los cuerpos en nombre del bien común.
  4. José Salvany y Lleopart, al proseguir desde Santafé hacia Popayán, Quito y Lima, extendió la campaña vacunal por toda la costa occidental de América del Sur durante cerca de siete años, hasta su muerte en Cochabamba en 1810, convirtiendo el tramo suramericano en la operación sanitaria de mayor alcance geográfico del período colonial tardío.
  5. La figura de Isabel Zendal Gómez, encargada del cuidado de los niños expósitos durante la travesía, comenzó a ser rescatada por la historiografía como protagonista central de una empresa que dependía materialmente del trabajo de cuidado femenino y de los cuerpos de sujetos subalternos —niños expósitos y bogas del Magdalena— invisibilizados por el relato oficial.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La Expedición Balmis en la Nueva Granada es el primer ejemplo documentado de una campaña sanitaria estatal de escala continental en el mundo hispanoamericano, y su análisis revela la doble naturaleza del reformismo borbónico tardío: un gesto genuino de filantropía ilustrada que operó simultáneamente como dispositivo biopolítico, poniendo cuerpos vulnerables —niños expósitos, bogas africanos— al servicio de la salud pública imperial. Al apoyarse en la red científica criolla de Mutis y en la infraestructura parroquial movilizada desde 1802, la expedición demostró que el virreinato ya poseía las condiciones institucionales e intelectuales para gestionar la salud de la población, prefigurando los modelos de intervención estatal que la República adoptaría tras la independencia. Su estudio añade una dimensión médico-biopolítica indispensable al reformismo borbónico y obliga a pensar la independencia no solo como ruptura política sino como continuidad de proyectos de gobierno de la vida.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La Expedición Balmis en la Nueva Granada

Entre finales de 1803 y comienzos de 1805, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, dirigida por el médico alicantino Francisco Javier Balmis y patrocinada por Carlos IV, atravesó el Virreinato de la Nueva Granada llevando la vaccínea jenneriana desde Cartagena de Indias hasta Santafé, y de allí, por la ruta subsidiaria de José Salvany y Lleopart, hacia el sur, camino de Quito y Lima. El vehículo del virus atenuado no era un frasco ni un tubo: eran los brazos de niños expósitos que, inoculados en cadena, servían de reservorio biológico durante la travesía. Ese detalle —el que permitió la hazaña y el que hoy la incomoda— es la clave para entender lo que fue verdaderamente esta empresa: la primera campaña sanitaria de escala continental impulsada por el Estado español, un gesto de paternalismo ilustrado y, a la vez, un dispositivo biopolítico que puso cuerpos vulnerables al servicio de la salud pública imperial. En la Nueva Granada, la expedición se apoyó en una infraestructura preexistente —la red científica criolla tejida durante décadas alrededor de José Celestino Mutis, los curas párrocos como agentes de persuasión, los bogas del Magdalena como fuerza de transporte— y dejó tras de sí un modelo de gobierno de la salud que la República heredaría sin nombrarlo.

El mundo del que brota: viruela, reformas borbónicas y ciencia ilustrada

La viruela llegó a América con los conquistadores y encontró poblaciones sin inmunidad adquirida. Su efecto fue devastador desde el siglo XVI. En el territorio neogranadino, una población indígena que probablemente superaba los tres millones antes de la conquista quedó reducida, según el primer censo confiable de 1778-1780, a poco más de 150.000 indios registrados —cifra que no incluye a quienes ya eran clasificados como mestizos u otras categorías, pero que expresa la magnitud del colapso demográfico. El cronista Aguado consignó que en 1558 una epidemia mató a más de quince mil indígenas en la región, dato que reaparece en la visita de Tomás López a Pamplona y Tunja en 1560. Almaguer sufrió brotes violentos en 1566 y 1588; en el oriente hubo epidemias en 1568-1569 y en 1587. Tunja padeció la viruela en 1607, y su Cabildo llegó a solicitar a la Audiencia la suspensión de obras de iglesias. En mayo de 1705, un brote amenazó con diezmar las cuadrillas de esclavos de la región de Popayán, cuya economía minera dependía de ellas. Popayán registró nuevas epidemias en 1760, 1775 y 1787. Un abate italiano contemporáneo a la epidemia de 1783 anotó que la viruela era singularmente "funesta" en América: "cuando el contagio se enciende en un pueblo, le acarrea casi la desolación y ruina".

El arsenal terapéutico frente a la enfermedad era, hasta finales del siglo XVIII, tan limitado como ritualizado. En Santafé se recurría al aislamiento —la única medida verdaderamente científica, según el juicio de la época— y a un catálogo empírico de tisanas nitradas, purgantes de maná y sen, gárgaras de vinagre, unciones con aceite y apertura de pústulas. Cuando lo humano parecía insuficiente, las autoridades acudían a las rogativas y procesiones, práctica común en Popayán ante crisis agrarias y epidémicas de principios del siglo XVIII. En el mundo prehispánico, los caciques —como el de Sogamoso descrito por Juan de Castellanos— habían actuado como oráculos capaces de anticipar la llegada de las pestes, y a lo largo del siglo XVI aparecieron múltiples referencias a especialistas religiosos indígenas capaces de predecir y curar enfermedades del Viejo Mundo.

Sobre este fondo demográfico y terapéutico se desplegó, desde mediados del siglo XVIII, la política reformista de los Borbones. Carlos III y Carlos IV heredaron una tradición ilustrada que combinaba el rechazo a la escolástica, el entusiasmo por la ciencia moderna y una fe casi programática en el conocimiento como remedio contra los males sociales. En la Nueva Granada, esa política se tradujo en la reducción de la autonomía de audiencias y cabildos —que bajo los Habsburgo habían operado con notable independencia—, en el debilitamiento deliberado de las órdenes religiosas —con la Compañía de Jesús como blanco principal— y en la promoción de expediciones científicas, tertulias y sociedades económicas destinadas a formar una élite ilustrada local. La paradoja del proyecto se haría visible una generación después: al educar científicamente a los criollos, la Corona les entregó las herramientas para cuestionar el orden colonial.

En 1783, Mutis fundó la Real Expedición Botánica, con Eloy Valenzuela como subdirector y Antonio García del Campo como pintor. Su primera sede fue la Mesa de Juan Díaz, y en su segunda etapa contó con apoyo directo de la Corona hasta 1808. Más importante que sus resultados taxonómicos fue la red generacional que Mutis construyó: enseñó a Felipe Vergara y Caycedo en los años 1760, a Eloy Valenzuela en los 1770, y a través de José Félix Restrepo —que enseñó "física útil" en Popayán desde los años 1780— formó a Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Zea y José María Cabal. Mutis, que ejercía simultáneamente como médico, botánico y profesor de matemáticas, mantenía correspondencia con botánicos suecos que le facilitaban acceso a las obras de Linné. Cuando la expedición vacunadora tocara Cartagena, esa red estaría lista para recibirla.

El propio Mutis había reflexionado sobre la viruela mucho antes de la vaccínea de Jenner. En un informe de 1782 al Ministro de Estado José Gálvez, elaborado a raíz de la epidemia que asoló el virreinato ese año, argumentó que si los niños recibieran artificialmente el virus en sus primeros años, se lograría proteger a la población. Era la tesis de la inoculación —variolización con material humano, técnica anterior a Jenner— y anticipaba conceptualmente la lógica de la vacunación. Dos décadas más tarde, el 9 de julio de 1802, el oidor decano Juan Hernández de Alba firmó en Santafé un bando virreinal que estableció que la inoculación solo podía practicarse bajo supervisión de médicos reconocidos por la autoridad pública. El bando encargó expresamente a curas párrocos, prelados de casas religiosas, predicadores y confesores exhortar al pueblo a prestarse con docilidad a las "benéficas ideas y piadosos deseos del Superior Gobierno", desvaneciendo los errores y preocupaciones del vulgo. Al mismo tiempo, prohibió arrojar basuras, escombros, inmundicias y animales muertos a las calles, y asignó a cada vecino responsabilidades de limpieza. La medicina, la policía urbana y el púlpito quedaban articulados en un mismo dispositivo. Cuando llegara Balmis, no encontraría un vacío institucional: encontraría un terreno preparado.

La empresa: de Jenner a La Coruña, y de La Coruña a Cartagena

En 1796, el médico rural inglés Edward Jenner había demostrado que la inoculación con el virus de la viruela vacuna —una enfermedad benigna del ganado— confería inmunidad frente a la viruela humana. La noticia se difundió rápidamente por Europa, y en pocos años los gabinetes ilustrados discutían cómo llevar la vaccínea a los dominios de ultramar. El obstáculo era logístico: la linfa vacunal se degradaba con el calor y el tiempo. La solución, ideada por Balmis y sancionada por Carlos IV, consistió en transportar el fluido en el cuerpo mismo: niños expósitos, tomados de los hospicios de la Península, serían vacunados sucesivamente durante la travesía, de modo que uno hubiera desarrollado la pústula fresca cuando al anterior se le hubiera secado. Los cuerpos infantiles se convertían en la cadena de frío biológica del imperio.

La expedición zarpó del puerto de La Coruña el 30 de noviembre bajo la dirección de Francisco Javier Balmis, con José Salvany y Lleopart como subdirector, e Isabel Zendal Gómez, rectora del Hospital de la Caridad de La Coruña, encargada del cuidado de los niños. La embarcación llevaba también a los ayudantes Manuel Julián Grajales y Antonio Gutiérrez Robredo, entre otros vacunadores. Tras escalas en Canarias, Puerto Rico y Caracas, la expedición se dividió: Balmis siguió hacia México, Cuba y en última instancia Filipinas; Salvany quedó a cargo de la ruta suramericana, con la misión de recorrer el Virreinato de la Nueva Granada y proseguir hacia el Perú.

El criollo ilustrado Miguel de Pombo saludó la llegada de la expedición como signo inequívoco del "humanitarismo" y la "ternura paternal" del rey Carlos IV, conmovido por los estragos de la enfermedad. El elogio no era pura retórica cortesana: articulaba una manera precisa de leer el gesto imperial, en la que la salud del pueblo aparecía como ley suprema del Estado y la vacunación se justificaba tanto por el bien particular de los vacunados como por el aumento de la población trabajadora. Para Mutis y Pombo, el "buen gobierno" era el que ponía el conocimiento científico al servicio del crecimiento demográfico y económico de la colonia. La vaccínea entraba a la Nueva Granada como símbolo de una razón de Estado que ya no distinguía entre filantropía y política de población.

Cartagena, Santafé y el camino del sur: la ruta de Salvany

Salvany desembarcó en Cartagena de Indias a comienzos de 1804 con una parte de los niños vacuníferos y con la instrucción de organizar Juntas de Vacuna en cada localidad, capacitar vacunadores locales y garantizar la continuidad del suministro brazo a brazo. La ciudad, principal puerto caribeño del virreinato, funcionó como cabeza de puente: allí se instruyó a médicos y cirujanos, se vacunó a niños de vecinos y de instituciones de caridad, y se estableció el primer eslabón de una cadena humana que debía llegar hasta los Andes.

El siguiente tramo fue el río Magdalena. La geografía del virreinato imponía su lógica: no había otra manera de subir al altiplano que remontando la principal arteria fluvial del país, en champanes empujados a palanca por los bogas —remeros de ascendencia africana que controlaban el movimiento por el río y que gozaban de privilegios contenciosos como empleados del servicio postal, operando en la práctica fuera de la jurisdicción política de los asentamientos por los que pasaban. Sin ellos no había expedición posible. La subida desde la costa caribeña al interior podía tomar semanas —ciertos trayectos alcanzaban los setenta días—, y durante todo ese tiempo la vaccínea tenía que mantenerse viva en la sucesión de brazos infantiles. La empresa dependía, en su núcleo material, de dos tipos de cuerpos subalternos: los niños expósitos que portaban el virus y los bogas africanos que impulsaban la embarcación.

De Mompox a Honda y de allí, por caminos de mula, al altiplano, Salvany llegó a Santafé de Bogotá a lo largo de 1804. La capital vivía entonces un momento de excepcional densidad científica. Mutis continuaba trabajando en la Flora de Bogotá con un herbario que llegó a reunir veinte mil plantas. Francisco José de Caldas, comisionado por Mutis para recorrer y estudiar los bosques del Ecuador, regresaba precisamente en esos meses para encargarse del Observatorio Astronómico. Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland habían recorrido el país pocos años antes, dejando una estela de contactos y conversaciones que había reforzado el movimiento ilustrado local. La expedición vacunadora se insertó en un tejido institucional y humano preparado para recibirla: la Cátedra de Medicina —cuya dotación competente había sido ordenada por Real Cédula, con fondos de la Universidad, sobrantes de propios de la capital o de los pueblos del Reino—, los médicos formados en la órbita de Mutis, los curas párrocos ya movilizados por el bando de 1802.

Bajo la administración del virrey Antonio Amar y Borbón se organizaron Juntas de Vacuna, se establecieron rutinas de vacunación pública y se instruyó a vacunadores criollos. La operación no fue un desembarco puntual sino la implantación de una infraestructura: había que asegurar que, terminada la expedición, la vaccínea siguiera propagándose. Ese era, en última instancia, el sentido del proyecto: no solo vacunar en el momento, sino dejar montado el sistema para que la vacunación se autosustentara. La lógica de la cadena brazo a brazo obligaba a la continuidad; interrumpirla equivalía a perder el virus.

Desde Santafé, Salvany prosiguió hacia el sur. Popayán, ciudad con memoria repetida de epidemias —1760, 1775, 1787—, recibió la expedición en el curso del año. Restrepo y sus discípulos, formados en la tradición ilustrada, ofrecieron el marco intelectual local. Más adelante quedaban Quito y, ya fuera de la jurisdicción neogranadina en sentido estricto, Lima. Salvany no regresaría a España: moriría en Cochabamba en 1810, agotado por años de travesías en condiciones extremas. El tramo suramericano de la Expedición Filantrópica se prolongó, en total, cerca de siete años.

Los cuerpos que hicieron posible la empresa

Cualquier reconstrucción honesta de la expedición debe detenerse en el hecho material que la sostuvo: los niños. Extraídos de los hospicios españoles, vacunados en cadena, expuestos a los rigores de una travesía atlántica primero y de una remontada fluvial y andina después, esos niños eran a la vez sujetos protegidos por el rey —según el discurso oficial— e instrumentos biológicos de una política sanitaria de escala imperial. Isabel Zendal Gómez, encargada de su cuidado, fue una figura central que la historiografía ha comenzado a rescatar del olvido: su trabajo hizo posible que los niños sobrevivieran las condiciones del viaje.

La operación se apoyó, además, en otras dos categorías de cuerpos subalternos. Los bogas del Magdalena, sin cuya fuerza el interior del virreinato era simplemente inalcanzable, movieron literalmente la expedición río arriba. Y los curas párrocos, movilizados desde el bando de 1802 y luego por las Juntas de Vacuna, prestaron sus púlpitos y su autoridad moral para vencer la resistencia del "vulgo" a una técnica que, para muchos habitantes, era una intervención extraña y sospechosa sobre el cuerpo de sus hijos. La expedición fue, en este sentido, tanto una empresa médica como una operación de persuasión, y su éxito dependió de que la Iglesia colonial —a la que las reformas borbónicas venían debilitando en otros frentes— cooperara plenamente en esta.

Aquí se hace visible el rasgo biopolítico del proyecto: el Estado ilustrado no vacunaba individuos aislados, gobernaba poblaciones. Para hacerlo, movilizaba jerárquicamente cuerpos según su valor y su vulnerabilidad —los niños expósitos como reservorio, los bogas como transporte, los sacerdotes como transmisores del mensaje, los médicos como legitimadores técnicos— y presentaba el conjunto como dádiva regia. Pombo, al hablar del "humanitarismo" de Carlos IV, no mentía: efectivamente había un componente filantrópico en la iniciativa. Pero la filantropía estaba entramada con una razón de Estado que veía en la salud del pueblo un capítulo de la política de población y del interés del Fisco.

Por qué ocurrió cuando ocurrió: causas de fondo y detonantes

En el orden estructural, la expedición fue posible porque el reformismo borbónico había venido construyendo, durante décadas, una capacidad estatal en materia científica y sanitaria antes inexistente. La Corona había aprendido a ver la salud de sus vasallos como un asunto de Estado. Las expediciones científicas —la Botánica de Mutis, la de Ruiz y Pavón en el Perú, la de Sessé y Mociño en México— habían tejido una red de saberes locales sobre la que era posible desplegar una campaña sanitaria de escala continental. La reforma médica —cátedras de medicina, Tribunal de Protomedicato, regulación del ejercicio profesional— había producido un cuerpo de médicos capaces de recibir y replicar la técnica jenneriana. Y la formación de una intelligentsia criolla, entusiasmada con la ciencia moderna y hostil a la escolástica, había producido interlocutores dispuestos.

En el orden coyuntural, el detonante fue el descubrimiento de Jenner en 1796 y la rápida difusión europea de la vaccínea. Carlos IV, motivado en parte por antecedentes personales —tradicionalmente se ha señalado que la viruela había afectado a su propia familia—, autorizó y financió la expedición. Los estragos concretos de las epidemias americanas —que llegaban a Madrid en informes como el que Mutis había enviado en 1782— justificaban la urgencia. Y el propio contexto imperial, marcado por la competencia con otras potencias y por la necesidad de reafirmar la utilidad de la Corona ante sus vasallos americanos, hacía de la vaccínea un vehículo simbólico de primer orden. En un momento en que la legitimidad borbónica en las colonias empezaba a mostrar fisuras, un acto de generosidad regia con base científica ofrecía un argumento poderoso.

Que el proyecto se ejecutara con éxito en la Nueva Granada dependió, sin embargo, de factores locales que la Corona no controlaba: la disponibilidad de la red mutisiana, la cooperación del clero, la fuerza de los bogas, la relativa estabilidad institucional del virreinato bajo Amar y Borbón. Sin esos apoyos, la logística de la vaccínea brazo a brazo habría colapsado antes de subir a Santafé.

Lo que dejó: consecuencias inmediatas y de largo plazo

En el plano inmediato, la expedición vacunó a miles de personas en las principales ciudades y pueblos de la ruta, y —lo que probablemente fue más importante— estableció Juntas de Vacuna, capacitó vacunadores locales y montó el sistema de conservación brazo a brazo del virus, con la meta de que la cadena no se rompiera al retirarse Salvany. Este segundo logro fue frágil: cada interrupción de la cadena obligaba a esperar el reingreso de linfa desde otra región, y no siempre las Juntas locales lograron sostener el ritmo. Pero el precedente institucional quedó fijado. Por primera vez en la historia de la Nueva Granada, el Estado había asumido la vacunación de una población como responsabilidad propia, había regulado quién podía practicarla y bajo qué condiciones, y había articulado autoridades civiles, médicas y eclesiásticas en un dispositivo común.

En el plano ideológico, la expedición ofreció a los criollos ilustrados un lenguaje. Cuando Pombo hablaba del "humanitarismo" de Carlos IV, no estaba simplemente adulando a la Corona: estaba apropiándose de un vocabulario en el que la salud de la población, el crecimiento demográfico y la utilidad económica quedaban articulados como fines legítimos del gobierno. Ese vocabulario, calibrado en 1804 en clave imperial, resultaría perfectamente utilizable pocos años después en clave republicana. Los mismos criollos —Mutis moriría en 1808, pero Caldas, Zea, Cabal y muchos otros vivirían la ruptura— dirigirían las primeras políticas sanitarias del Estado independiente. La paradoja borbónica se cumplió aquí como en tantos otros campos: la Corona formó a quienes la desplazarían, y les entregó los argumentos con los cuales gobernarían después de ella.

En el plano biopolítico, y este es tal vez el efecto más duradero, la expedición inauguró un modelo. Cuerpos vulnerables como infraestructura sanitaria, poblaciones como objeto de intervención estatal, cooperación entre Iglesia y Estado como marco práctico de la salud pública, discurso filantrópico como legitimación de intervenciones que involucraban asimetrías profundas de poder. Ese modelo no fue desmantelado con la independencia. La Constitución de 1832 —la primera en incorporar el concepto de "beneficencia" o caridad pública en la Colombia republicana— asumió que la salud del pueblo era asunto del Estado, pero mantuvo la administración eclesiástica de hospitales y organizaciones de caridad, con la que los reformadores republicanos tendrían un largo pulso a lo largo del siglo XIX. Las Juntas de Vacuna republicanas, que operaron con distintos nombres desde los años 1820 y 1830, replicaron esencialmente el esquema borbónico: vacunación gratuita a poblaciones amplias, apoyo del clero para la persuasión, uso de cuerpos disponibles —niños de hospicios, presos, soldados— como reservorio cuando la cadena de linfa se rompía.

Solo hacia finales del siglo XIX, con la incorporación de la mentalidad etiopatológica surgida de los trabajos de Pasteur y Koch, y con la aparición de materias como bacteriología, micrografía y toxicología en el pénsum médico —en torno a la reforma curricular de 1881—, el modelo comenzó a transformarse desde adentro. Pero incluso entonces, la lógica de fondo —el Estado interviniendo poblaciones en nombre de una salud pública articulada con intereses económicos y políticos— seguía siendo reconociblemente la que había inaugurado Balmis.

Por qué sigue importando

La Expedición Balmis en la Nueva Granada es, en la escala corta de los acontecimientos, un episodio breve: dos años, algunas ciudades, unos miles de vacunados, un puñado de nombres europeos y criollos. Pero en la escala larga de las estructuras es un momento fundacional. Es el instante en que el Estado colonial —y, por herencia directa, el republicano— asume que la salud de la población es un asunto propio, y comienza a construir los dispositivos técnicos, jurídicos e institucionales para gobernarla. Es también el momento en que se hace visible, con nitidez inusual, la trama de cuerpos subalternos —niños expósitos, bogas africanos, feligreses movidos desde el púlpito— que la salud pública moderna necesita para funcionar y que, sin embargo, rara vez aparecen nombrados en los relatos oficiales.

Recuperar esa trama no es un ejercicio de revisionismo tardío. Es reconocer que la vaccínea llegó a Cartagena en los brazos de niños de los que no siempre conocemos el nombre, subió el Magdalena impulsada por bogas cuya biografía la historia apenas registra, y se instaló en Santafé porque Mutis y su red la esperaban. Balmis y Salvany dirigieron una empresa admirable, y no hay razón para regatearles el mérito. Pero la empresa fue, en su ejecución concreta, obra de muchos otros. Y el modelo de gobierno de la salud que legaron —que combina intervención estatal, apoyo eclesiástico, uso instrumental de cuerpos vulnerables y legitimación filantrópica— sigue operando, con distintos ropajes, en la manera en que Colombia piensa la salud pública dos siglos después.

En una historia nacional que suele contarse por las guerras y las constituciones, la Expedición Balmis recuerda que también los virus, las agujas y los cuerpos vacunados escriben capítulos decisivos. Y que la biopolítica colombiana no nació en el siglo XX ni en las reformas sanitarias del republicanismo liberal: nació en 1804, cuando un cirujano español entró a Cartagena con un grupo de niños expósitos y una linfa que había que mantener viva.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

22 documentos · 29 fragmentos
01Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 70, 732 citas
[1]"siendo la salud del pueblo la ley suprema, persuade también la política y el interés dell Estado contribuir por su parte a promover los descubrimientos de conocidas utilidad al bien del particular y del público. Guiados por este principio todos los gobiernos ilustrados y muchos monarcas con su ejemplo protegen lal…p. 73
[2]de Alba en ausencia obligada del Virrey, el gobierno central estipula lo siguiente: Que ninguno, por su propio dictamen, haga la inoculación sin consultar previamente o tomar consejo del Médico que sea de su satisfacción; entendiéndose por tales médicos los que están admitidos y reconocidos por la autoridad pública,…p. 70
02Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 28, 414 citas
[3]que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…p. 28
[4]de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…p. 28
[13]mulatos; diez años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se…p. 41
[14]años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se reprodujera ese…p. 41
03Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1681 cita
[5]fundación de las primeras audien- cias y la promulgación de las primeras Leyes de Indias, particularmente con las de 1542, ex- pendidas por Carlos V, en la Ciudad de Burgos. En este momento es la monarquía, el Estado español, el que asume el control y ejercita sus plenos derechos soberanos sobre los nuevos te-…p. 168
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 5491 cita
[6]franc é s cuyas obras, que penetran lentamente y a menudo de contrabando, influir á n de manera decisiva s ó lo en la generaci ó n siguiente, la que har á la Independencia. En la etapa comprendida entre 1760 y 1800 la intelligentsia criolla se encuentra preocupada por los mismos temas, los mismos problemas y…p. 549
05¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 481 cita
[7]en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…p. 48
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 88, 912 citas
[8](1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…p. 88
[21]alemanes en la Nueva Granada, y por sugerencia, entre otros, del visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñe- res, se dio nacimiento a la Expedicion Botánica, que el primero de abril de 1783 se puso bajo la dirección de Mutis, la subdirección de Eloy Va- lenzuela (1756-1834) y la plaza de pintor de Antonio García del…p. 91
07Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 101 cita
[9]Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…p. 10
08Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 501 cita
[10]ser los hijos del Sol (gagua), los conquistadores pasaron rápidamente a ser llamados diablos o demonios de la luz (suegagua) (Simón 375). Al igual que la llegada de los españoles, los aconteci- mientos posteriores debieron ser explicados —esto es, pronosticados— por los espe- cialistas religiosos. Por ejemplo, en…p. 50
09Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1531 cita
[11]denominador y principal movil de la conquista del territorio colombiano fue la busqueda del oro. La leyenda de El Dorado fue creada desde aquella época, parece que por los propios indige- nas, para despistar a los espanoles. La conquista fue una empresa cruenta. Muchas poblaciones nativas fueron arrasadas y los…p. 153
10Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 961 cita
[12]que contribuían a diezmar a los indios. En el curso de la visita de Tomás López* en 1560, por ejemplo, indígenas de Pamplona y Tunja aludieron a una epi demia que había ocurrido recientemente. Aguado se refiere a ella y la sitúa en 1558. En esta ocasión murieron, según el cronista, más de quince mil indígenas. Algunos…p. 96
11Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2601 cita
[15]Para 1696, se temía un invierno riguroso y la renovada pérdida de las cosechas debido a una plaga de langostas 20. Al año siguiente, los panade- ros achicaron el pan y tuvieron que abastecerse de harina de fuera, pues no la había en Popayán. No habían transcurí:ido otros dos años, cuando las sementeras se perdieron…p. 260
12Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · p. 571 cita
[16]que venía de remota antigüedad, pues desde tiempos muy lejanos era usado en la China y en la India. A más del aisla- miento, única medida verdaderamente científica, los galenos de la época aplicaban la siguiente terapéutica empírica, que se publicó, y que consistía en cortar el pelo, tisanas nitradas, abrigo, media…p. 57
13Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 63, 692 citas
[17]España, y trabaja en la Fauna cundinamarquesa; Caldas había sido comisionado por el Director para recorrer y es- tudiar los bosques del Ecuador, y regresaba cargado de ricos despojos de esta campaña científica a encargarse del Ob- servatorio; Juan Bautista Aguiar y Benedicto Domínguez se habían distinguido por su…p. 69
[18]su mérito y servicio cuando se provea en propiedad; y conviniendo se dote competentemente esta Cátedra, he resuelto que, con audiencia del Rector y 64 Píndi M. Icerís Claustro de esa Universidad, del Rector del Colegio del Rosario y del Fiscal de lo Civil, instruyáis expediente a la mayor brevedad; previniéndoos que…p. 63
14Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 42, 482 citas
[19]innovación y experimen- tación. La desarrolló únicamente con los recursos que obtuvo de sus distintas disciplinas: médico, mineralogista y profesor. Tuvo un solo pintor de santos, monjas y más adelante, virreyes, Pablo Antonio García del Campo, y alguno que otro ocasional. Este período duró desde 1760 hasta 1783. La…p. 48
[25]grandes avances en el territorio español pero murió al llegar a Venezuela. Dejó un cúmulo de íconos por los que se disputaban los botáni - cos españoles y el círculo de Linné. Dentro de la disputa y gracias a la presencia de botánicos suecos en Cádiz, Mutis pudo acceder, días antes de su viaje a América, a la famosa…p. 42
15Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2041 cita
[20]Pedro Messía de la Cerda. Lo impulsaba, fundamentalmente, el de- seo de desentrañar las propiedades de la quina y establecer sus auténticas propiedades médicas. El impacto del trópico fue grande, pues a cada paso se encontraba con una novedad botá- nica o zoológica. Al año de su llegada, sentó las bases de su…p. 204
16The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 1011 cita
[22]them and were awaiting higher appointments. These young men were more likely to be responsive to the new science than were older men operating according to a long-established routine. It is possible to construct a kind of intellectual genealogy showing how Mutis's influence spread from one student genera- tion to the…p. 101
17Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1381 cita
[23]dio más tiempo para ir a presentar sus respetos al hombre por el que había desviado su camino: José Celestino Mutis. La visita se alargó por dos meses. Mutis deleitaba a Humboldt con sus historias de Guatavita y las leyendas de El Dorado; con el recuento acerca de las dificultades técnicas de la extracción de sal en…p. 138
18Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1201 cita
[24]o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…p. 120
19Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 791 cita
[26]around seventy days. 35 Travel from the Caribbean coast to the interior and the Pacific was lengthier. The Magdalena River was the main artery of movement between the Caribbean and the interior of the Viceroyalty. The river permitted mobility and relative freedom for people of colour in the eighteenth century. Bogas,…p. 79
20A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 1101 cita
[27]social services such as health and education (Sotomayor, 1997) in second place. The 1832 Constitution, how - ever, was the first to include beneficencia or public charity. Concerns about poverty, welfare, and public health began to be a recurring topic in the writings of government officials and intellectuals after…p. 110
21Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 2641 cita
[28]del mismo Tapia, y se decide que sea uti- lizado en clínica a pedido de los mé- dicos, y no sólo para la enseñanza. Las primeras materias de la medicina de laboratorio que aparecen en el pén- sum son las que sustentan la mentali- dad etiopatológica (micrografía, bac- teriología y toxicología), mentalidad ésta que…p. 264
22Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5611 cita
[29]ven asomar las primeras acciones que sugieren que toma forma una razón biopolítica. Se la identifica por las inquietudes que causaban ciertas enfermedades que podían afectar aspectos comerciales y económicos, determinados rasgos de los habitantes y sus formas de vida, las características de las ciudades y de su…p. 561