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Hecho histórico · Constitución de 1991 · 1991–2002

Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM)

Primer Programa de Desarrollo y Paz de Colombia, surgido en 1995 en el Magdalena Medio como iniciativa de la sociedad civil que articuló al CINEP, la Diócesis de Barrancabermeja, Ecopetrol, la USO y cooperación internacional para construir desarrollo en medio del conflicto armado, anticipando la lógica territorial de los PDET de 2016.

Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM)
1995–2003
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1995–2003
Dónde
Magdalena Medio, Sur de Bolívar, Santander, Cesar, Caldas, Barrancabermeja (Santander), San Vicente de Chucurí (Santander), Cimitarra (Santander), El Llanito (corregimiento de Barrancabermeja), Puerto Berrío (Antioquia), La Dorada (Caldas), Puerto Boyacá (Boyacá)
Protagonistas
Francisco J. de Roux S.J. (CINEP, autor del diagnóstico fundacional de 1996 y conductor intelectual del programa), CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular, entidad gestora del programa), Diócesis de Barrancabermeja (socia institucional tras la salida de la SEAP), Obispo Jaime Prieto (Diócesis de Barrancabermeja), Sociedad Económica de Amigos del País – SEAP (cofundadora del Consorcio inicial, salida hacia el tercer año), Corporación de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (figura jurídica resultante de la reconfiguración institucional), Ecopetrol (financiador y actor del diagnóstico inicial), Unión Sindical Obrera – USO (participante en el diseño inicial y actor histórico de la región), Banco Mundial (referenciador y financiador multilateral), Coordinadora Popular de Barrancabermeja (organización cívica barrial articulada al programa), APALL – Asociación de Pescadores Artesanales de El Llanito (organización de base vinculada al proceso, fundada en 1992)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Débil y precaria presencia del Estado en el Magdalena Medio, históricamente reducida a la función militar y represiva, con ausencia jurisdiccional que dejó sin resolver los conflictos por la tierra y los servicios públicos.
  2. Economía de enclave extractivo (petróleo, ganadería extensiva, minería) que generó riqueza sin redistribuirla y profundizó la desigualdad estructural de la región.
  3. Alta intensidad del conflicto armado: el Magdalena Medio fue cuna tanto del ELN como de las AUC, con tasas de homicidio político muy superiores al promedio nacional.
  4. Densa tradición organizativa preexistente —sindical, campesina, cívica y eclesial— que proveyó el sustrato social sobre el cual el programa pudo operar.
  5. Ruptura del Consorcio SEAP-CINEP hacia el tercer año de funcionamiento, por incompatibilidad de enfoque entre la lógica de mercado de la SEAP y los principios de desarrollo centrado en la dignidad humana del CINEP, lo que reconfiguró el programa e incorporó formalmente a la Diócesis de Barrancabermeja.
  6. Convergencia de actores multilaterales (Banco Mundial, cooperación europea) que en los años noventa priorizaban la sociedad civil sobre el Estado en sus agendas de reconstrucción territorial en zonas de conflicto.
1995–2003Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM)

Consecuencias

  1. Creación de la Corporación de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio como figura jurídica híbrida que articuló iglesia, empresa, sindicato y cooperación internacional, constituyendo un modelo inédito de gobernanza territorial de paz en Colombia.
  2. Consolidación de los 'núcleos de pobladores' como mecanismo de planificación participativa y formación de liderazgos locales en municipios con ausencia estatal, especialmente en el sur de Bolívar.
  3. Formación de cuadros de liderazgo comunitario: un participante activo de los núcleos juveniles del programa llegó a ser elegido alcalde de Barrancabermeja para el período 2008–2011.
  4. Diezma de las organizaciones de base del programa por la ofensiva paramilitar entre 1998 y 2002, período en que Barrancabermeja se convirtió en una de las ciudades más violentas de Colombia, con masacres en mayo de 1998 y una intensa campaña de asesinatos selectivos desde finales de 2000.
  5. El PDPMM fue referenciado por el Banco Mundial y denominado en algunos contextos 'Laboratorio de Paz del Magdalena Medio', anticipando los Laboratorios de Paz financiados por la Unión Europea en la década siguiente.
  6. El programa prefiguró conceptual e institucionalmente los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) creados tras el Acuerdo de Paz de 2016, con dos décadas de antelación.
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La clave interpretativa

Por qué importa

El PDPMM fue el primer experimento sistemático de gobernanza híbrida de paz territorial en Colombia: demostró que era posible construir desarrollo sin esperar al Estado ni a la paz, articulando actores tan disímiles como una empresa petrolera, un sindicato histórico, la iglesia católica y la cooperación multilateral sobre una base de organización social preexistente. Su trayectoria expone también la aporía central de ese modelo: los mismos recursos —el petróleo— financiaban simultáneamente el programa y a las estructuras paramilitares que destruyeron sus bases comunitarias. Como precursor conceptual de los PDET post-2016, el PDPMM es una referencia obligada para entender tanto las posibilidades como los límites del peacebuilding territorial en regiones donde el Estado nunca terminó de llegar.
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Desarrollo histórico

La historia completa

Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio

En 1995, cuando el Magdalena Medio era ya una de las regiones más disputadas del país —cuna del ELN y de las AUC, corredor petrolero, campo abierto a la guerra sucia—, un consorcio inusitado entre la Sociedad Económica de Amigos del País y el Centro de Investigación y Educación Popular puso en marcha el primer Programa de Desarrollo y Paz de Colombia. Pronto se le sumaría la Diócesis de Barrancabermeja y saldría la SEAP, en una ruptura que definió su carácter. Bajo la conducción del jesuita Francisco de Roux, el PDPMM propuso una idea sencilla y desconcertante: hacer desarrollo en medio del conflicto, sin esperar a que llegara la paz ni a que apareciera el Estado. Entre 1995 y 2003, en municipios donde la única presencia estatal efectiva era el ejército, el programa construyó una arquitectura híbrida de gobernanza —iglesia católica, empresa petrolera, sindicato, cooperación internacional, comunidades de base— que anticipó, con dos décadas de antelación, la lógica territorial de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial de 2016. Lo hizo pagando un precio alto: sus organizaciones de base fueron diezmadas por la ofensiva paramilitar entre 1998 y 2002, cuando Barrancabermeja se convirtió en una de las ciudades más violentas de Colombia.

La región que el Estado nunca terminó de ocupar

El Magdalena Medio no es propiamente un departamento sino una franja: unos 386 kilómetros del río entre las cordilleras Oriental y Central, atravesando municipios de Antioquia, Bolívar, Boyacá, Caldas, Cesar, Magdalena y Santander. Es una frontera interna, colonización antigua nunca cerrada, donde el Estado colombiano llegó siempre tarde y siempre en uniforme. La presencia estatal fue históricamente militar y represiva, con el ejército sustituyendo funcionalmente a una policía inexistente y una jurisdicción que rara vez alcanzaba a resolver los conflictos por la tierra. Ese vacío se llenó con lo que había: primero organizaciones irregulares que arbitraban las disputas entre terratenientes y campesinos, después guerrillas, más tarde estructuras paramilitares. Tanto el ELN como las Autodefensas Unidas de Colombia nacieron en esta región, y no fue casualidad.

Sobre esa geografía se montó una economía de enclaves: la explotación petrolera concentrada en Barrancabermeja, la ganadería extensiva de los valles, la minería del sur de Bolívar. El petróleo, sin embargo, hizo algo que la ganadería no podía hacer: proletarizó a la región. Alrededor de la refinería crecieron la Unión Sindical Obrera y una tradición de huelgas que se remontaba a la de enero de 1927, cuya sola convocatoria movilizó a los trabajadores petroleros contra la Tropical Oil Company. Junto al sindicato apareció, con el tiempo, una densa red de organizaciones cívicas barriales agrupadas en la Coordinadora Popular de Barrancabermeja, dedicada a exigir los servicios públicos que el Estado no proveía. La alianza entre USO y Coordinadora Popular articuló durante décadas las dos caras de una misma reivindicación: salarios dignos en la refinería, agua y luz en los barrios del nororiente.

Fuera de la ciudad, la movilización tomó formas campesinas. Entre 1980 y 1995, Santander fue el departamento con mayor cantidad de acciones campesinas de protesta en Colombia, y Cimitarra uno de sus epicentros. Los foros por derechos humanos, las marchas del silencio, los paros por el derecho a la vida, la marcha de solidaridad de Cimitarra en 1987 fueron piezas de un lenguaje político común: reivindicar la vida como derecho básico en una región donde la tasa de homicidio político superaba con creces el promedio nacional. Los pescadores artesanales sumaron su propia línea organizativa: en 1992 se fundó APALL en el corregimiento de El Llanito, primera asociación local de pescadores y anticipación de un movimiento más amplio a lo largo del río.

Toda esta actividad se desplegó, con la excepción de La Dorada y Puerto Salgar, al margen del bipartidismo tradicional. Fue una identidad política construida por fuera de los partidos, en el sindicato, en la parroquia, en la junta de acción comunal, en la asamblea campesina. Y fue esa densidad organizativa —no un diseño externo— la que hizo posible que el PDPMM tuviera un sustrato sobre el cual operar cuando llegó a la región a fines de 1995. El programa no inventaba nada: se apoyaba en una tradición de lucha que lo antecedía y que era, en rigor, su condición de posibilidad.

El diagnóstico de 1995 y la formación del consorcio

El origen inmediato del PDPMM está en un diagnóstico que Ecopetrol, la USO y el CINEP encargaron a mediados de los noventa para entender por qué el Magdalena Medio, con la refinería más grande del país y una posición estratégica en la economía nacional, seguía siendo una de las regiones más pobres y violentas. La respuesta apuntaba a lo estructural: concentración de la tierra sin resolver, servicios públicos precarios, ausencia jurisdiccional del Estado, economía de enclave que extraía riqueza sin redistribuirla. El documento central que sintetizó ese diagnóstico y propuso una hoja de ruta fue elaborado en 1996 por Francisco J. de Roux, y funcionó como acta fundacional intelectual del programa.

La institucionalidad que se armó para ejecutarlo fue el Consorcio SEAP-CINEP: la Sociedad Económica de Amigos del País —entidad con vocación empresarial— administraría los recursos, y el Centro de Investigación y Educación Popular —el centro jesuita fundado en 1972 y ligado a la tradición de la iglesia progresista latinoamericana— aportaría el trabajo de campo, la metodología y la interlocución con las comunidades. El arreglo permitía, en teoría, combinar la eficiencia administrativa con la sensibilidad social. En la práctica reveló pronto sus fisuras.

Hacia el tercer año de funcionamiento, la SEAP salió del consorcio en una ruptura que expuso lo que estaba en juego. Desde el CINEP se leyó la orientación de la SEAP como un "capitalismo puro" con ánimo de lucro, incompatible con los principios que el programa quería sostener. No fue una disputa administrativa: fue un choque entre dos lógicas —la del mercado y la de una noción de desarrollo centrada en la dignidad humana— que no cabían en la misma estructura. La salida de la SEAP habría podido disolver el PDPMM. No lo hizo porque en ese momento se produjo el otro movimiento decisivo: la vinculación formal de la Diócesis de Barrancabermeja al programa.

El obispo Jaime Prieto reconoció con claridad la necesidad de que la iglesia local asumiera el proceso. La diócesis aportaba algo que ni el CINEP ni la SEAP podían aportar: territorialidad. Presencia parroquial en cada corregimiento, capilaridad social, una legitimidad construida durante décadas en el trato pastoral con obreros, campesinos y pescadores. Con la Diócesis dentro, el CINEP como entidad gestora y la SEAP fuera, surgió la Corporación de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, que sería en adelante la figura jurídica que canalizaría el programa. Sin la primera ruptura, la reconfiguración no habría tenido la forma que tuvo.

Detrás de esa arquitectura había una tradición eclesial específica. El CINEP se inscribía en el linaje del catolicismo social latinoamericano posterior al Concilio Vaticano II y a la Conferencia de Medellín de 1968, con su opción preferencial por los pobres. De Roux, jesuita formado en economía, era su figura pública más reconocida. La Diócesis de Barrancabermeja, por su parte, había sostenido durante años un trabajo pastoral en medio de la guerra, con sacerdotes que celebraban misa en barrios donde operaban indistintamente guerrilla, ejército y paramilitares. La iglesia que llegó al PDPMM no era la del Vaticano ni la de la Conferencia Episcopal en pleno: era una franja regional específica, con vocabulario y método propios, cómoda hablando de causas estructurales del conflicto.

Núcleos de pobladores: la metodología del programa

El PDPMM entró a la región a fines de 1995, en un momento en que la presencia de la insurgencia era predominante en amplias zonas rurales. El programa necesitaba un dispositivo operativo que le permitiera trabajar en ese contexto sin ser leído ni como brazo del Estado ni como aliado de los armados. Ese dispositivo fueron los núcleos de pobladores.

La idea era metodológicamente sencilla: convocar a la sociedad civil de un territorio —una vereda, un corregimiento, un municipio— a construir colectivamente un diagnóstico de sus problemas y un plan de proyectos productivos y sociales de tamaño discreto. No megaobras, no planes de desarrollo departamental: proyectos pequeños, inspiradores, capaces de mostrar que era posible mejorar la vida sin esperar a que se firmara ningún acuerdo de paz. Los núcleos funcionaron como espacios de planificación regional donde se articulaban demandas, se priorizaban intervenciones y se formaban liderazgos.

En el sur de Bolívar, donde el programa desplegó buena parte de su trabajo, los núcleos se consolidaron como referentes de organización comunitaria en un contexto marcado por los cultivos ilícitos y por una debilidad extrema del sector privado formal. La única empresa privada con presencia significativa eran los ganaderos y palmicultores, y ninguna institución empresarial —salvo asociaciones de productores— había previsto intervenciones frente a la problemática de la coca. En ese vacío, el PDPMM operó como el único actor capaz de convocar a comunidades campesinas alrededor de proyectos de sustitución.

El programa se articuló con la tradición organizativa preexistente en lugar de sustituirla. USO, sindicatos agrarios, asociaciones de pescadores como APALL, juntas de acción comunal, organizaciones de mujeres, movimientos cívicos: el PDPMM tejió con lo que ya existía. De Roux insistía en que la historia de lucha del Magdalena Medio antecedía al programa, y esa era, además de una constatación empírica, una posición política: el desarrollo no se decretaba desde afuera, se construía sobre agencia local acumulada. Más de una década después, un miembro activo de los núcleos juveniles del programa llegó a ser elegido alcalde de Barrancabermeja para el período 2008-2011, derrotando a los políticos tradicionales de la ciudad —un caso aislado pero significativo del tipo de liderazgo que el programa había ayudado a formar.

La articulación con Ecopetrol, la USO y el Banco Mundial

El PDPMM se financió con una combinación de fuentes que rara vez habían coincidido en el mismo proyecto. Ecopetrol, la empresa estatal petrolera cuyo enclave de Barrancabermeja era a la vez motor económico y foco histórico de conflicto laboral, aportó recursos. La USO, sindicato que había protagonizado la mayoría de las huelgas y confrontaciones con Ecopetrol durante el siglo XX, participó como actor legítimo en el diseño inicial. A esa articulación local se sumaron actores multilaterales: el Banco Mundial referenció el programa en al menos una publicación sobre conflicto, paz y desarrollo en Colombia, con el documento fundacional de De Roux de 1996 en su bibliografía. Actores europeos, por su parte, adquirieron creciente protagonismo en la caracterización del conflicto colombiano y en la definición de qué actores debían participar en su solución. El programa terminaría siendo denominado, en algunos contextos, "Laboratorio de Paz del Magdalena Medio" —etiqueta que anticipó los Laboratorios de Paz financiados por la Unión Europea en la década siguiente.

La articulación era conceptualmente audaz y políticamente incómoda. Ecopetrol financiaba un programa que trabajaba con las mismas comunidades en las que se producía, sistemáticamente, la violencia contra el sindicalismo petrolero. Años después, ante la Comisión de la Verdad, un declarante señalaría directamente al Estado, a través de la administración de Ecopetrol, como responsable del asesinato de dirigentes sindicales como Manuel Gustavo Chacón y Ahmed Consuegra, y afirmaría que eran los administradores de la empresa quienes debían decir la verdad sobre esos hechos. La convivencia en la mesa del PDPMM entre la empresa y el sindicato no ocurría en un vacío: ocurría sobre una historia de sangre no procesada.

A esa contradicción se sumó otra igualmente pesada. El exgobernador de Santander Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo, condenado por parapolítica, declaró ante la Comisión de la Verdad que la principal fuente de financiación de los grupos paramilitares en el departamento fue el petróleo, particularmente a través del contrabando, la reventa y el negocio de gasolineras. El mismo recurso que financiaba el PDPMM —directamente vía Ecopetrol, indirectamente vía la economía regional del crudo— financiaba también a las estructuras armadas que asediaban a las organizaciones de base del programa. Es la aporía central de la experiencia: el petróleo pagaba, con manos distintas, tanto al desarrollo como a la guerra.

La incorporación del Banco Mundial y de la cooperación europea añadió una dimensión adicional. Los actores multilaterales, en la lectura que hacían del conflicto colombiano en los noventa, empezaron a definir agendas de reconstrucción territorial que priorizaban la sociedad civil sobre el Estado, coherentes con el paradigma dominante en la cooperación internacional de la época. El PDPMM encajó en ese marco y se benefició de él, pero también quedó atrapado en sus condicionalidades: recibía legitimidad y recursos externos a cambio de convertirse en objeto de análisis, en modelo replicable, en pieza de un debate internacional sobre desarrollo alternativo en zonas de conflicto. La denominación "Laboratorio de Paz" es reveladora: un laboratorio implica un experimento controlado desde afuera.

La escalada paramilitar y el asedio a las bases del programa

Mientras el PDPMM se consolidaba institucionalmente, la geografía militar del Magdalena Medio cambiaba de forma decisiva. Hasta 1998, la violencia contra la organización social en Barrancabermeja se había ejercido principalmente mediante operaciones encubiertas de guerra sucia antiguerrillera atribuidas a miembros del ejército y la Armada. La ciudad, aunque violenta, mantenía un equilibrio precario: el ELN, disidencias del EPL y las FARC-EP controlaban buena parte de los barrios nororientales y surorientales, con hegemonía del ELN sobre gran parte del casco urbano, mientras el Estado conservaba formalmente el control institucional.

Ese equilibrio se rompió en mayo de 1998. Una incursión paramilitar en barrios de Barrancabermeja dejó varios asesinados y un número aún mayor de desaparecidos y secuestrados. La fecha exacta —16 o 25 de mayo— y la cifra de víctimas varían, pero el sentido del hecho es inequívoco: marcó el inicio de la ofensiva abierta de las AUC sobre la ciudad y el comienzo de la urbanización de una disputa territorial que hasta entonces había sido predominantemente rural. Hacia finales de 2000, los paramilitares habían entrado con fuerza al casco urbano de Barrancabermeja y ejecutaban un intenso plan de asesinatos selectivos como parte de su estrategia para dominar la ciudad.

Entre 1998 y 2002, Barrancabermeja se convirtió en una de las ciudades más violentas de Colombia. Las masacres de 1998 y 1999 asestaron un golpe demoledor a las organizaciones sociales que eran, precisamente, el sustrato del PDPMM. La USO, la Coordinadora Popular, las organizaciones campesinas, las asociaciones de pescadores, los liderazgos juveniles vinculados a los núcleos: todas fueron blanco directo. La capacidad de oposición y movilización se redujo drásticamente, muchos líderes fueron asesinados y otros debieron desplazarse. El Frente de Guerra Norte del ELN, primero en ser desmantelado por la presión paramilitar de finales de los ochenta y comienzos de los noventa, ya estaba en franco declive para 1995; ahora era la sociedad civil no armada la que pagaba el costo de la reconfiguración territorial.

El PDPMM operó todo ese período bajo asedio. Los núcleos de pobladores, concebidos como espacios de planificación participativa, se convirtieron en espacios de riesgo: reunirse, en muchos barrios y veredas, era ya un acto peligroso. El programa no tenía protección estatal —no la había pedido, no le habría sido útil— y su legitimidad frente a las comunidades dependía, precisamente, de su distancia frente a la fuerza pública. Esa distancia, sin embargo, no lo protegía del paramilitarismo, cuyas relaciones con sectores del ejército y con actores políticos regionales convertían la neutralidad en una ficción operativa.

La respuesta del programa fue continuar. En el sur de Bolívar, donde la presencia estatal era todavía más precaria, los núcleos siguieron reuniéndose. En Barrancabermeja, la corporación mantuvo su trabajo pastoral y de acompañamiento a comunidades específicas. La apuesta era que la continuidad institucional del PDPMM —su capacidad de estar allí, año tras año, cuando todos los demás actores externos venían y se iban— constituía en sí misma una forma de resistencia. Fue una apuesta costosa. Muchas de las organizaciones que el programa acompañaba nunca recuperaron la capacidad organizativa que tenían antes de 1998.

Las causas: por qué esta arquitectura y no otra

El PDPMM no fue el resultado de una política de Estado ni de una decisión de la Conferencia Episcopal ni de una directiva del Banco Mundial. Fue una convergencia contingente de factores que, mirados desde el presente, parecen inevitables pero no lo eran.

La causa estructural es el vacío estatal. En una región donde la única presencia sostenida del Estado era militar y represiva, donde los conflictos por la tierra se dirimían por vías armadas, donde los servicios públicos eran precarios o inexistentes, cualquier actor que quisiera hacer algo distinto de la guerra tenía que construir su propia infraestructura institucional. La sociedad civil del Magdalena Medio lo había hecho durante décadas —USO, Coordinadora Popular, ANUC, APALL, movimientos cívicos— pero en modo defensivo y reivindicativo, no constructivo. El PDPMM se propuso pasar de la protesta a la propuesta, aprovechando la densidad organizativa preexistente como plataforma.

La causa coyuntural es la crisis de mediados de los noventa: recrudecimiento del conflicto armado, expansión paramilitar en curso, fracaso de los procesos de paz previos, apertura económica que golpeaba a las economías campesinas, presión internacional creciente sobre Colombia por temas de derechos humanos. En ese contexto, Ecopetrol y la USO —adversarios históricos— encontraron un mínimo común: la constatación de que la refinería no podía operar indefinidamente en medio de una región devastada. El diagnóstico de 1995 institucionalizó ese acuerdo mínimo.

La causa institucional es la presencia de una franja específica de la iglesia católica —el CINEP jesuita, la Diócesis de Barrancabermeja bajo Jaime Prieto— con capacidad técnica, legitimidad territorial y disposición a asumir el liderazgo. Sin el CINEP no habría habido metodología ni interlocución con la cooperación internacional. Sin la diócesis no habría habido capilaridad territorial. Sin figuras como De Roux, capaces de moverse entre el análisis económico, la teología y la interlocución política, no habría habido continuidad en los momentos de mayor tensión —como la ruptura con la SEAP hacia 1998, que en otras circunstancias habría podido disolver el programa.

Y la causa habilitante es la disponibilidad de financiación internacional. El Banco Mundial, la cooperación europea y otros actores multilaterales estaban redefiniendo en esos años sus enfoques hacia países en conflicto, priorizando el trabajo con sociedad civil sobre el fortalecimiento estatal. El PDPMM llegó en el momento exacto en que ese paradigma buscaba experiencias concretas para financiar. La coincidencia entre la demanda internacional de "modelos" y la oferta local de una experiencia articulada explica buena parte de la proyección posterior del programa.

Consecuencias: lo que dejó y lo que costó

Los efectos inmediatos del PDPMM entre 1995 y 2003 son difíciles de medir con precisión, en parte porque el programa se propuso deliberadamente proyectos de tamaño discreto y no megaobras evaluables. Su impacto se distribuyó en cientos de proyectos productivos pequeños, en núcleos de pobladores activos en varios municipios, en liderazgos formados que sostuvieron organizaciones locales durante los años más duros. La elección de un exmiembro de los núcleos juveniles como alcalde de Barrancabermeja para 2008-2011 es un indicador puntual de esa capilaridad política, aunque su gestión posterior fuera materia de debate.

El efecto de mediano plazo fue conceptual e institucional. El PDPMM demostró que era posible articular actores heterogéneos —iglesia, empresa estatal, sindicato, cooperación internacional, comunidades— en torno a una agenda de desarrollo territorial en zonas de conflicto activo. Esa demostración se convirtió en modelo. La denominación de "Laboratorio de Paz" fue adoptada formalmente por la Unión Europea para financiar experiencias similares en otras regiones, y la Redprodepaz agrupó posteriormente a los distintos Programas de Desarrollo y Paz surgidos en el país. El vocabulario mismo del programa —desarrollo en medio del conflicto, núcleos de pobladores, sociedad civil como actor de paz— se incorporó al léxico oficial del posconflicto.

Es en esa incorporación donde se juega el legado más ambivalente. Los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial diseñados a partir del Acuerdo de Paz de 2016 heredaron muchos rasgos del PDPMM: enfoque territorial, participación comunitaria, articulación entre actores heterogéneos, priorización de zonas históricamente abandonadas por el Estado. La diferencia es que los PDET son política pública estatal, con recursos y responsabilidades formales del gobierno nacional, mientras el PDPMM operó siempre como sustituto funcional del Estado, sin protección ni respaldo institucional efectivo. El costo de esa sustitución lo pagaron los líderes sociales asesinados entre 1998 y 2002. Lo pagan, todavía hoy, los líderes sociales que continúan siendo asesinados en las mismas geografías donde el programa operó.

La consecuencia de largo plazo es también conceptual: la instalación de la idea de que la paz territorial es una construcción de sociedad civil antes que una decisión estatal. Esa idea, que en los noventa era una necesidad impuesta por el vacío del Estado, se convirtió en principio doctrinario del peacebuilding contemporáneo. El Magdalena Medio de los años del PDPMM aportó el laboratorio empírico donde esa idea se probó, con todos sus aciertos y todas sus contradicciones. De Roux, décadas después, presidiría la Comisión de la Verdad —una trayectoria que traza, en la biografía de un hombre, el arco desde el diagnóstico regional de 1996 hasta el informe nacional de 2022.

Por qué sigue importando

El PDPMM importa hoy por tres razones que se refuerzan entre sí. Primero, porque anticipó las categorías con las que Colombia terminaría pensando su transición: enfoque territorial, participación comunitaria, articulación entre sociedad civil y cooperación internacional, desarrollo como precondición y no como consecuencia de la paz. Buena parte del vocabulario del Acuerdo de La Habana estaba ya en el diagnóstico de De Roux de 1996.

Segundo, porque expone con crudeza la aporía de operar como sustituto del Estado. El programa asumió funciones que le correspondían al Estado —mediación, planificación territorial, provisión indirecta de servicios— y lo hizo porque no había alternativa. Pero al hacerlo, quedó expuesto a una violencia contra la cual no tenía defensa. Sus organizaciones de base fueron el blanco preferido de la ofensiva paramilitar precisamente porque encarnaban una forma de agencia social que las AUC querían eliminar. La lección incómoda es que la sustitución del Estado por la sociedad civil no protege a quienes la ejercen; puede, incluso, exponerlos más.

Y tercero, porque muestra hasta qué punto las arquitecturas institucionales aparentemente sólidas dependen de configuraciones contingentes de liderazgo. El PDPMM no habría existido sin Francisco de Roux ni sin el obispo Jaime Prieto ni sin la disposición específica del CINEP en esos años. Cuando esas figuras se movieron, cuando las coyunturas cambiaron, la experiencia tuvo que reinventarse una y otra vez. Es un recordatorio útil para quienes creen que las instituciones se sostienen solas: casi nunca lo hacen, y menos en geografías como el Magdalena Medio, donde cada avance se construye contra una gravedad que empuja siempre hacia la violencia.

El programa siguió existiendo después de 2003, y su historia posterior —la articulación con los Laboratorios de Paz de la Unión Europea, la consolidación de Redprodepaz, la relación con los gobiernos de Uribe y Santos— pertenece a otro capítulo. Pero fue en el arco de sus primeros ocho años cuando el PDPMM decidió qué quería ser: no una ONG más, no un brazo eclesial de la cooperación, no un contratista de proyectos, sino un intento sostenido de construir gobernanza territorial desde una densidad organizativa que el Magdalena Medio había cultivado durante todo el siglo XX. Que ese intento coincidiera con los años en que la región vivió su mayor escalada de violencia no es una ironía: es la condición misma en que fue concebido.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

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Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

24 documentos · 29 fragmentos
01Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 1111 cita
[1]Caldesa S.A. Puerto Nare ha sido uno de los municipios de mayor explotación de mármoles y calizas en el distrito minero que com- prende también los municipios de Puerto Berrío, Maceo y Puerto Triunfo. El Magdalena Medio es una región geográ fi ca que se encuentra ubicada en el centro de Colombia, entre las cordilleras…p. 111
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 31, 1092 citas
[2]cuerpo de los campesinos. Como ya se mencionó, cada uno de estos relatos tiene hilos conductores que en general coinci- den con características, problemáticas, conflictos e incluso violencias que anteceden al conflicto armado, en las que se insertan los actores armados y sus disputas por el control territorial, e…p. 31
[25]sinos, organizaciones, mujeres, radios comunitarios y algunos funcionarios públicos de los municipios. Acerca de ellos, un líder religioso que trabajó en la región relató a la Comisión: 316 Informe 119-CI-00064, Camargo Gómez et al., «Ejército Nacional II División», 110. 317 Informe 119-CI-00064, Camargo Gómez et al.,…p. 109
03Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 506, 5442 citas
[3]y la expansión de la ganadería extensiva. Históricamente, el Magdalena Medio ha sido una frontera de colonización interna y se ha mantenido como una región periférica, con débil y precaria presencia del Estado, tanto física como en términos de servicios sociales y públicos (Rudqvist y Van Sluys, 2005: 15). La…p. 506
[28]Dynamics, Process and Structure. Aldershot: Ashgate. Europa Glosario. 2009. http://europa.eu/scadplus/glossary/variable_geometry_europe_es.htm. Fe- cha de consulta: 31 de mayo de 2009. Francia, R. 2003. “L’Union Européenne et la crise en Colombie: Faits, analyses et propositions pour l’avenir”. unu/cris e-Working…p. 544
04La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2581 cita
[4]Bolívar (San Pablo, Morales y Simití) y Cesar (Gamarra y San Alberto). La Rochela: memorias de un crimen contra la justicia 260 en la segunda estos provinieron principalmente del Bajo Magdale- na, Bolívar y las sabanas de Sucre y Córdoba. 3 Es imprescindible señalar que el Magdalena Medio adquirió su identidad por la…p. 258
05Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1201 cita
[5]silícea, la explotación de la minería y, recientemente, el descubrimiento de yacimientos de carbón, gas y esmeraldas. A lo cual hay que agregar: ü La variedad de actividades comerciales y turísticas que se entrecruzan y pasan necesariamente por la región hasta el centro del país, a puertos y puntos estratégicos del…p. 120
06El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 2921 cita
[6]en la defensa de la vida, en la desmilitarización de las regiones campesinas y sólo en un tercer lugar la tierra y los servicios públicos. Ello debido a la persecución y el asesinato consecutivo en forma individual y en masacres de los dirigentes campesinos por la acción de los grupos paramilitares que ya se habían…p. 292
07El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 2921 cita
[7]en la defensa de la vida, en la desmilitarización de las regiones campesinas y sólo en un tercer lugar la tierra y los servicios públicos. Ello debido a la persecución y el asesinato consecutivo en forma individual y en masacres de los dirigentes campesinos por la acción de los grupos paramilitares que ya se habían…p. 292
08Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 5071 cita
[8]Medio es muy alta comparada con otras regiones de Colombia y con el promedio nacional (opi, 2006: 19). El proceso de desmovilización de los paramilitares no ha disminuido conside - rablemente tampoco la violencia en la región. El control paramilitar ha per - manecido en varias áreas y una nueva generación de grupos,…p. 507
09En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 65, 782 citas
[9]se llamó Unidad Dinamizadora del Progra- ma. A su sombra se formó la Organización Femenina Popular (OFP), (www.ofp.org.co). Eran tiempos violentos. La guerrilla dominaba el campo y el Ejército no, se atrevía a combatirla frontalmente. En Barranca, la insurgencia dictaba conferencias públicas y hacía mítines en las…p. 65
[23]llevar a cabo las obras a cambio de votos. En el Programa, por lo menos como entidad, no hay votos de por medio, aunque empleados que jugaron pa- peles importantes han sido, fuera del Programa, candidatos y funcionarios elegidos. Un ejemplo sobresaliente de esta condi- ción es la elección del actual alcalde de…p. 78
10Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 2371 cita
[10]de Noviembre, de Barrancabermeja, Ignacio Torres Giraldo habla a los obreros, el 26 de diciembre de 1926, durante los preparativos de la huelga petrolera que será declarada el 5 de enero de 1927. 236 Nueva Historia de Colombia. Vol. III mostró algunos triunfos obreros. Pri- mero fueron los braceros de Girardot y luego…p. 237
11Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 387, 4932 citas
[11]Como dice García (2006): “La segregación socio-espacial, económica, política y cultural ha alimentado, en amplios sectores de habitantes de esta ciudad, tanto la percepción de la desigualdad social que padecen –vivir en un enclave de pobreza al lado de un enclave de riqueza- como el sentimien- to de que esa situación…p. 493
[17]de la Re- pública (2001), entre 1983 y 1986, en pleno auge del accionar del ELN a raíz de las extorsiones a las compañías petroleras en Arau- ca, nació la Regional Cristóbal Uribe en Barrancabermeja y Buca- ramanga. Años después, entre 1989 y 1991, en los alrededores del puerto petrolero surgió el Frente Manuel…p. 387
12El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 301 cita
[12]las minas de Muzo por el río Minero. La extracción de oro se desarrolló en la quebra- da de La Corcovada. 109 Entrevista a Campesino realizada por María Teresa Acosta. Mayo de 1992. Acosta,María Teresa. Op.cit. 110 ATCC. Plan de desarrollo Corregimiento de La India. 1988. S,p. pp 1-3. 111 ATCC. Plan de desarrollo…p. 30
13Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 1101 cita
[13]de capacitación para la parti - cipación campesina. Varios pescadores fueron convocados y reci - bieron esa capacitación. Todo eso se fue convirtiendo en hechos y situaciones que abonaron el terreno para que se concretara, en 1992, la creación de apall, que fue la primera asociación local que se constituyó en el…p. 110
14¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1161 cita
[14]AUC hacia el Meta estuvo acompañado por una ofensiva sobre la zona norte del Magdalena medio: el 25 de mayo de 1998, un comando de los paramilitares incursionó en varios barrios de las comu- nas nororiental y suroriental de Barrancabermeja, donde asesinó a siete pobladores y se llevó vivos a otros 25. Esta acción…p. 116
15No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3851 cita
[15]víctimas. Las FARC-EP reconocieron su res- ponsabilidad por esta masacre casi dos décadas después, en el marco de la Comisión de la Verdad, aunque no han aceptado explícitamente la crueldad de los hechos. 1116 Comisión de la Verdad, «“Colombia necesita la verdad de los militares de una manera inmensa”». 386 fifl…p. 385
16Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 1721 cita
[16]década de 1990 y que intensificaron en 1998. Yolanda Becerra Vega Una Colombia que nos queda 174 “La masacre del 16 de mayo de 1998 fue el aviso de llegada de los paramilitares, después de haberse tomado poco a poco todo el Magda lena Medio. Ese día, un grupo de 50 paramilitares ingresó al sector noroccidental de la…p. 172
17Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 47, 632 citas
[18]fases se pueden identificar con claridad en Barrancabermeja. Una primera relacionada con la persecución a líderes y sin- dicalistas, de la que es acusada como responsable la Red 07 de Inteligencia de la Armada Nacional; otra que involucra dos aspectos: la migración de per- sonas provenientes de regiones controladas…p. 47
[19]fuerza pública, correspondiente con las definiciones estratégicas surgidas en 1993 durante su VIII Conferen- cia. En ella, se direccionó la estructura y el desdoblamiento de frentes con el objetivo de consolidarse política y militarmente en zonas del país donde el grupo guerrillero había tenido influencia,…p. 63
18Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 1661 cita
[20]del ELN. La ofensiva paramilitar del Bloque Calima, así como la presión de las Fuerzas Militares destruyeron el Frente José María Becerra. La última zona de importante presencia era la zona centro y particularmente el Tolima. El Frente Bolcheviques del Líbano lograba aglutinar la presencia del ELN en el centro del…p. 166
19Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 3481 cita
[21]ocasiones, también, han sido actor es que ha n hecho frente a la violencia y ha n liderado acciones que han aportado a la construcción de paz. Como le dijo a la Comisión un empresario del Valle del Cauca: «Este es el país que nos tocó vivir. Aquí nacimos, nos educamos y formamos nuestra familia… Queremos vivir en un…p. 348
20Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 2371 cita
[22]iniciativas bajo los parámetros del humanismo decente, sino por iniciativas disfrazadas con piel de ovejas, con intenciones ocultas. Esa es una realidad que teníamos que afrontar y allí venían las reacciones. Estas tenían que ver con el forcejeo para ver quién controlaba las propuestas. El hecho de que del Consorcio…p. 237
21Colombia: Essays on Conflict, Peace, and DevelopmentAndres Solimano (Editor) · 2000 · p. 1711 cita
[24]War to Peace. Policy Research Working Paper 1392. World Bank, Policy Research Department, Washington, D.C. 156 COLOMBIA: ESSAYS ON CONFLICT, PEACE, AND DEVELOPMENT Bejarano, Jesuis Antonio. 1995. Una agenda para la paz. Aproximaciones desde la teoria de la resoluci6n de conflictos. Santa Fe de Bogota: Tercer Mundo.…p. 171
22Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 2291 cita
[26]información sobre estas regiones es limitada. Ninguna de estas instituciones adelanta acciones de inter- vención sobre la problemática de la coca. En las dos regiones hay programas de formación intermedia ofrecidos por algunas universidades de departamentos vecinos, aunque no disponen de sedes propias.El sector…p. 229
23Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9631 cita
[27]radicales como nosotros, Hernando Hernández, César Carrillo, otros más de la época de los que usted me está mencionando, los ochenta, y toda esta cuestión después de que mataron a Manuel Gustavo Chacón, a Ahmed Consuegra, a Luis Hernández, a Luis Martínez, a Juan Hernández, al mismo Alirio Bermúdez y toda esta gente…p. 963
24Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 411 cita
[29]su carácter unipolar. Por eso, como lo quiero mostrar en este capítulo, frente a la progresiva interacción del conflicto colombiano con dinámicas de la globalización y ante el aumento de su notoriedad internacional, distintos actores europeos, pese a su lejanía del conflicto, a que éste no afecta su política interna…p. 41