Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez (1982)
El 21 de octubre de 1982, la Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, consagrando internacionalmente al autor de Cien años de soledad en el momento en que Colombia se hundía en una crisis simultánea de narcotráfico, paramilitarismo y violencia guerrillera. El 8 de diciembre, en Estocolmo, García Márquez pronunció La soledad de América Latina, un discurso que convirtió el estrado literario en plataforma política continental.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 21 de octubre de 1982 (anuncio); 8 de diciembre de 1982 (ceremonia y discurso)
- Dónde
- Colombia, Bogotá, Medellín, Cartagena, La Habana, Puerto Boyacá, Estocolmo, México, América Latina
- Protagonistas
- Gabriel García Márquez, Belisario Betancur, Julio César Turbay, Pablo Escobar, Fidel Castro, Academia Sueca, Álvaro Mutis, Plinio Apuleyo Mendoza, Mercedes Barcha, Alfonso García Robles, Alva Myrdal, Olof Palme
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- Consolidación literaria de García Márquez como figura central de la narrativa hispanoamericana del siglo XX, con Cien años de soledad como bestseller mundial y Crónica de una muerte anunciada (1981) como confirmación de su vigencia creativa.
- Intercambio de capitales simbólicos entre la izquierda latinoamericana —con Cuba como referente desde 1959— y una generación de escritores que hizo de la política una parte constitutiva de su figura pública, convirtiendo a García Márquez en interlocutor reconocido de gobiernos y movimientos.
- Crisis estructural simultánea de América Latina en 1982: deuda externa, guerras centroamericanas con decenas de miles de muertos, consolidación del narcotráfico colombiano y radicalización guerrillera, contexto que dotó de urgencia política al discurso de aceptación.
- Decisión deliberada de García Márquez de usar el estrado de Estocolmo no para hablar de literatura sino para denunciar la incomprensión europea de la escala del horror latinoamericano y reclamar el derecho de la región a su propia utopía.
Consecuencias
- García Márquez se incorporó de inmediato al círculo informal de Belisario Betancur, poniendo su red de relaciones internacionales al servicio de la política exterior colombiana y participando en las negociaciones de paz con las guerrillas sin aceptar cargos oficiales.
- En diciembre de 1982, junto a los Nobel Alfonso García Robles y Alva Myrdal y al primer ministro sueco Olof Palme, firmó una carta a Betancur y líderes centroamericanos pidiendo negociaciones para preservar la paz en la región, convirtiendo el Nobel en credencial diplomática.
- El premio se integró al imaginario nacional colombiano como símbolo cultural capaz de contrarrestar la imagen del país asociada al narcotráfico y la violencia, consolidando a García Márquez como figura de proyección mundial identificada con la Costa Atlántica colombiana.
- Pablo Escobar, en octubre de 1982, recibió la recomendación de leer biografías del recién galardonado como estrategia para fortalecer su imagen pública, revelando que el Nobel circuló también como recurso reputacional en los circuitos del narcotráfico.
- El discurso La soledad de América Latina quedó como texto de referencia sobre la desmesura latinoamericana, su violencia y su derecho a la utopía, enlazando explícitamente la obra literaria —con la frase final sobre las estirpes condenadas a cien años de soledad— con una plataforma política continental.
La clave interpretativa
Por qué importa
El Nobel de 1982 es la paradoja cultural más nítida de la Colombia de su época: el máximo reconocimiento literario del mundo recayó sobre un país que simultáneamente fundaba el paramilitarismo, consolidaba el cartel de Medellín y acumulaba miles de detenidos políticos bajo el Estatuto de Seguridad. García Márquez no resolvió esa paradoja; la encarnó: usó el estrado de Estocolmo para denunciar la violencia latinoamericana y, semanas después, operó como diplomático informal del gobierno Betancur en sus negociaciones de paz. El hecho importa porque muestra cómo un premio literario puede funcionar como credencial política y cómo la consagración cultural de un país puede coexistir —sin contradicción aparente— con su degradación institucional más profunda.
Desarrollo histórico
La historia completa
El Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez (1982)
El 21 de octubre de 1982, la Academia Sueca anunció que el Premio Nobel de Literatura recaería en el colombiano Gabriel García Márquez. La ceremonia se celebró el 8 de diciembre en Estocolmo, donde el autor pronunció el discurso titulado La soledad de América Latina. El galardón consagró internacionalmente a un escritor ya leído en decenas de lenguas gracias a Cien años de soledad, y que un año antes había publicado Crónica de una muerte anunciada. Pero, más allá de la coronación literaria, el Nobel llegó en un momento en que Colombia se hacía visible al mundo por su literatura al tiempo que se hundía en una crisis de violencia sin precedentes recientes: el M-19 acababa de tomarse la embajada dominicana, el Estatuto de Seguridad de Turbay dejaba miles de detenidos, el cartel de Medellín daba sus primeros golpes multinacionales, el MAS —germen del paramilitarismo— acababa de fundarse en Puerto Boyacá, y Belisario Betancur, elegido en agosto, apenas empezaba a montar su apuesta de paz negociada. La pieza que sigue reconstruye ese cruce.
El mundo del que brotó el premio
García Márquez llegó a Estocolmo con una biografía ya cargada. Había salido de Colombia hacia París en 1955 —para algunos, porque su Relato de un náufrago lo había convertido en enemigo de la dictadura de Rojas Pinilla; para otros, buscando trabajo como reportero en Europa—, se había casado con Mercedes Barcha en 1958, tenía dos hijos, Rodrigo y Gonzalo, y desde el éxito planetario de Cien años de soledad vivía por temporadas entre Barcelona, Bogotá, Ciudad de México, Cartagena y La Habana. Formaba parte de una generación de escritores colombianos que había tenido que hacer la literatura del país desde afuera, con México como uno de los grandes asilos culturales. En 1981, Francia le había concedido la Legión de Honor.
Su cercanía con la Revolución cubana venía de largo. Con Julio Cortázar, Pablo Neruda y otros escritores de la región, García Márquez había expresado simpatía por el triunfo del Movimiento 26 de Julio y por las ejecutorias del gobierno de Fidel Castro, en un intercambio que potenciaba mutuamente al régimen y a los intelectuales: los escritores prestaban prestigio a la revolución, la revolución prestaba causa a los escritores. Esa simpatía persistió a través de la crisis de los misiles y del aislamiento diplomático hemisférico. Cuando en 1981 concedió una entrevista a la revista Time sobre la guerra en Centroamérica, la señal era clara: el Nobel se lo darían no solo al autor de Macondo, sino a una figura pública latinoamericana con posiciones tomadas. La militancia era, para entonces, tan pública como la obra, y ambas se sostenían mutuamente en un juego de espejos que la Academia no podía ignorar.
Sobre esa figura recayó, entonces, el fallo de la Academia Sueca de 1982. En Colombia, el premio irrumpió en un país que llevaba años en tensión creciente. Bajo el gobierno de Julio César Turbay Ayala (1978-1982) se había expedido un severo Estatuto de Seguridad que otorgó amplia autonomía a las fuerzas militares en el manejo del orden público: se calculan cerca de ocho mil detenidos por razones políticas —la mayoría juzgados en tribunales militares—, y las organizaciones de derechos humanos documentaron un aumento notable de desapariciones forzadas y denuncias de tortura atribuidas a funcionarios militares. El M-19 había robado miles de armas de instalaciones militares en las afueras de Bogotá y, entre 1980 y 1981, había mantenido tomada la embajada de la República Dominicana durante unos sesenta y un días, situación resuelta por vía negociada. Un intento posterior de invasión guerrillera por la costa Pacífica precipitó la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba.
En paralelo, se estaba configurando en silencio una transformación de fondo. A comienzos de los años ochenta, Colombia había tomado control de toda la cadena de la cocaína —cultivo, procesamiento y distribución hacia Estados Unidos— y habían emergido carteles poderosos. Pablo Escobar había convertido su organización en una empresa criminal multinacional y sustituyó el uso de "mulas" individuales por flotas de camiones y aviones que movían toneladas de cocaína refinada. La cocaína desplazó a la marihuana como negocio principal, aprovechando rutas ya establecidas. Y en diciembre de 1981, en respuesta al secuestro de una hermana de los Ochoa por el M-19, un grupo de narcotraficantes fundó el MAS —Muerte a Secuestradores—, del que sectores importantes de la Fuerza Pública se sirvieron para trabajo contrainsurgente sin comprometer la imagen institucional. Ese MAS es, en la memoria del país, el antecedente directo del paramilitarismo. Su fundación puso en circulación una fórmula que Colombia tardaría décadas en desactivar: la de un poder armado privado, financiado por el narcotráfico y tolerado —o alentado— por franjas del aparato estatal.
A todo esto se sumó, en el segundo semestre de 1982, la crisis de la deuda externa latinoamericana, que erosionó la confianza en las instituciones financieras de la región. Colombia arrastraba, además, una crisis interna propia: el "czarpazo" del Grupo Gran Colombiano, que había asumido cargas financieras crecientes para engullir más empresas y terminó por arrastrar a la quiebra a instituciones enteras del sector. La quiebra ahondó la división del Partido Liberal y precipitó la derrota de López Michelsen en las elecciones. Ganó Belisario Betancur, conservador, con una promesa de paz con las guerrillas, para el período 1982-1986.
Ese era el país que amaneció el 21 de octubre con la noticia del Nobel.
De octubre a diciembre: el anuncio, el gobierno nuevo y el discurso
Betancur se posesionó el 7 de agosto de 1982. En sus primeras semanas movió las piezas que definirían su gobierno. Constituyó una Comisión de Paz presidida inicialmente por el expresidente Carlos Lleras Restrepo, quien renunció poco después alegando motivos de salud; Otto Morales Benítez ocupó su lugar. Y el 19 de noviembre expidió, con aprobación del Congreso a iniciativa del Ejecutivo, la Ley 35 de 1982: una amplia amnistía para alzados en armas y presos políticos, que benefició a guerrilleros de varias organizaciones, entre ellas las FARC, el M-19, el ELN y el EPL. El propio Betancur calculó en cerca de dos mil los excombatientes amnistiados.
Entre esos dos hitos —la posesión de agosto y la amnistía de noviembre— cayó el anuncio de Estocolmo. Cuando el mundo miró a Colombia por García Márquez, miró también a un gobierno recién estrenado que intentaba, en semanas, construir un marco jurídico para el desarme guerrillero. Y García Márquez, que había apoyado al candidato liberal vencido por Betancur, mostró muy pronto que estaba dispuesto a poner su capital simbólico al servicio de la política internacional del nuevo presidente. Las negociaciones avanzaron gracias a un reducido círculo personal en el que figuraban, junto al escritor, Bernardo Ramírez, Álvaro Leiva, el periodista Juan Guillermo Ríos y John Agudelo. García Márquez no aceptó cargos oficiales —había rechazado incluso, tiempo atrás, un consulado en Barcelona, argumentando la necesidad de preservar su independencia como escritor—, pero entró de hecho al equipo informal del presidente.
La ceremonia del 8 de diciembre en Estocolmo tuvo, en ese sentido, algo de acto de gobierno. Aquella tarde, en el salón de la Academia Sueca, García Márquez leyó La soledad de América Latina. El texto es, mucho más que una declaración de poética, una denuncia. El autor recorre la desmesura latinoamericana —sus dictadores, sus utopías fallidas, sus muertos— y desemboca en la violencia contemporánea de la región: en un tramo se alude a cifras estremecedoras de la guerra centroamericana, con más de cincuenta mil muertos en El Salvador y más de cien mil en Guatemala, aunque el punto de fondo no son los números sino la constatación de que la escala del horror latinoamericano supera las categorías con que Europa ha querido leerlo. Frente a esa escala, el escritor pone en tensión otra amenaza contemporánea: la posibilidad, entonces plenamente científica, de la destrucción total del planeta —una posibilidad que treinta y dos años antes se negaba a admitir quien, desde ese mismo estrado, había recibido el Nobel.
El cierre es célebre. García Márquez se incluye entre los "inventores de fábulas" para reclamar el derecho de la región a creer en la utopía, y llama a "una nueva y arrasadora utopía de la vida" donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde el amor sea cierto y la felicidad posible, y donde "las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra". La última frase enlaza el discurso con su novela, pero el gesto es más audaz: es una novela puesta al servicio de una plataforma política. El escritor no aprovecha el estrado para hablar de literatura; aprovecha la literatura para hablar desde el estrado.
Pocos días más tarde, en diciembre de 1982, García Márquez firmó junto a los también Nobel Alfonso García Robles y Alva Myrdal, y al primer ministro sueco Olof Palme, una carta dirigida a Belisario Betancur y a otros líderes centroamericanos, pidiendo que se iniciaran negociaciones para preservar la paz en la región. La secuencia es reveladora: consagración literaria el 8 de diciembre, gestión diplomática internacional en las semanas siguientes. El Nobel no fue un cierre; fue una credencial.
Las causas: por qué en 1982 y por qué con ese discurso
El fallo de la Academia Sueca respondió, en primer término, a una obra ya asentada. Cien años de soledad era desde hacía años una novela fundamental de la literatura hispanoamericana del siglo XX y un bestseller mundial, y Crónica de una muerte anunciada, publicada en 1981, había vuelto a confirmar el pulso del autor. En términos estrictamente literarios, García Márquez era, en 1982, un candidato de manual: el problema para la Academia no era darle el premio, sino explicar por qué había tardado tanto.
Pero el momento en que llegó tiene sus propias causas. La consagración se produce en el punto más alto de una operación de larga duración: el intercambio de capitales simbólicos entre la izquierda latinoamericana —con Cuba como referente central desde 1959— y una generación de escritores que había hecho de esa política una parte constitutiva de su figura pública. García Márquez llegó a Estocolmo como escritor y como interlocutor de Fidel Castro; leído en muchas lenguas y comprometido con causas concretas. El Nobel no crea esa politicidad: la certifica.
En segundo término, hay una causa estructural regional que rara vez se enuncia: 1982 fue el año en que América Latina cruzó, casi simultáneamente, umbrales críticos en varios frentes. La crisis de la deuda externa golpeó la confianza en las instituciones financieras del continente. Centroamérica se desangraba. El narcotráfico consolidaba en Colombia un poder paralelo. Y las guerrillas —convencidas desde el paro cívico de 1977 de que el país vivía una fase preinsurreccional— habían radicalizado su acción armada.
La soledad de América Latina es respuesta a ese contexto. No es un poema; es un diagnóstico. Y elige un blanco preciso: la incomprensión europea de la escala del horror y la utopía latinoamericanos. La denuncia de la violencia regional que hace el discurso no es adorno: es su razón de ser. Cuando García Márquez recuerda los muertos centroamericanos y contrasta esa realidad con el riesgo nuclear que amenazaba entonces al planeta, está diciendo que la escala del sufrimiento de su región no es menor que la de la guerra fría global.
Hay, además, una tercera clave que ayuda a entender el efecto que produjo el discurso: la lengua. García Márquez habló en Estocolmo un español que no pedía permiso. No adaptó el tono al auditorio ni glosó las referencias para hacerse entender por un lector europeo hipotético; describió a América Latina desde adentro, con nombres propios y con cifras, y dejó que la traducción se las arreglara. El gesto, discreto en apariencia, hacía cuerpo con la denuncia: si el continente había sido leído mal desde Europa, no era por falta de intérpretes, sino porque las categorías con que se lo leía eran insuficientes. El discurso las obligaba a ensancharse.
Colombia se mira en el espejo del Nobel
En Colombia, la recepción del premio se dio en el punto exacto de una redefinición cultural del país que ya venía en marcha, con Fernando Botero, Orlando Fals Borda, el nadaísmo y otros focos. García Márquez pasaría a ocupar en el imaginario nacional el lugar de la figura cultural de proyección mundial que sirve para contrarrestar la imagen de Colombia asociada al narcotráfico y la violencia. Su condición de producto cultural de la Costa Atlántica reforzaba una narrativa nacional que reconocía a esa región como fuente privilegiada de figuras de alcance planetario.
Pero el Nobel no llegó a un país en paz. Llegó a un país donde la palabra "García Márquez" empezó a circular casi de inmediato en circuitos inesperados. Uno de ellos, revelador, quedó registrado en la biografía política de Pablo Escobar. En octubre de 1982 —el mes mismo del anuncio— Escobar recibía la recomendación de leer biografías del recién galardonado como parte de una estrategia deliberada para fortalecer su imagen pública y abrirse espacios en la clase política bogotana. El Nobel se convertía, así, también en un recurso reputacional del que un capo del narcotráfico intentaba servirse para blanquear su ascenso.
Otro circuito, más denso, fue el político. Sobre las presuntas relaciones entre narcotráfico y campañas presidenciales de 1982 circularon versiones que todavía marcan la memoria del país. La revista Semana reportó que se habría producido un encuentro entre Escobar y la cúpula de la campaña de Alfonso López Michelsen —encabezada por Ernesto Samper— en el Hotel Intercontinental de Medellín, donde se habría concretado un aporte mediante compra de boletas de rifa. Hubo también rumores, respaldados por el testimonio de Virginia Vallejo, de que la campaña ganadora de Betancur habría recibido "dineros calientes". Ninguno de estos señalamientos fue probado judicialmente. Pero el hecho de que circularan a la par del anuncio del Nobel dibuja bien el tono del país: una república que en octubre de 1982 celebra al escritor más leído de su lengua y, en el mismo mes, ve a un capo de la cocaína intentar comprarse una biografía respetable.
Al mismo tiempo, y desde el otro lado del espectro, García Márquez se sumó —con su consentimiento activo— al proyecto pacificador de Betancur. Su regreso a Colombia y su incorporación al círculo personal del presidente, pese a haber apoyado al candidato perdedor, muestran con claridad que el escritor puso su red de relaciones internacionales al servicio de la diplomacia colombiana. Contribuyó a la política exterior del gobierno en Centroamérica: tendió puentes, escribió cartas, habló con quien había que hablar. En algunos episodios llegó a actuar como interlocutor informal en asuntos internacionales y como figura cercana a presidentes de distintos países. Rechazaba los cargos formales, pero ejercía —con la autoridad que le daba el premio— una diplomacia de facto.
Esta doble condición del García Márquez de 1982 —denunciante en Estocolmo, operador en Bogotá— no es contradictoria: es la forma concreta en que un escritor con capital político decide gastarlo. El discurso denunció la violencia latinoamericana; la carta de diciembre pidió negociaciones para Centroamérica; el círculo de Palacio empujó la amnistía interna. Son tres actos del mismo gesto, ejecutados en el intervalo brevísimo de un trimestre.
Consecuencias inmediatas y de fondo
En lo inmediato, el Nobel aseguró comercial y críticamente la posición de García Márquez, y modificó el estatus internacional de Colombia como productora de literatura. En el ecosistema literario colombiano, el peso del galardón fue tal que, con el tiempo, la propia crítica empezaría a leer sus obras posteriores —El amor en los tiempos del cólera, de 1985, y Del amor y otros demonios, de 1994— bajo la sombra de una técnica que él mismo había llevado al agotamiento, dificultando su imitación por escritores más jóvenes. El realismo mágico, consagrado por el premio, se volvió a la vez marca de fábrica y prisión estilística. Autores de generaciones siguientes tuvieron que escribir contra esa herencia para hacerse un lugar propio, y buena parte de la narrativa colombiana de los noventa y los dos mil se define por su distancia deliberada respecto de Macondo.
En el frente político, la trayectoria del gobierno Betancur muestra hasta dónde alcanzó, y hasta dónde no, la conjunción entre el capital simbólico del Nobel y el proyecto pacificador. La Ley 35 de 1982 dio marco jurídico al proceso; el círculo informal del presidente —García Márquez incluido— empujó los contactos con las guerrillas; en 1983, sin embargo, la violencia recrudeció. El 28 de abril de ese año, el comandante del M-19, Jaime Bateman Cayón, murió en un accidente aéreo; el día anterior había firmado un acuerdo con las FARC-EP para negociar conjuntamente cualquier cese al fuego con el gobierno. La muerte de Bateman dejó al M-19 sin uno de sus interlocutores decisivos justo cuando la posibilidad de una salida negociada empezaba a tomar forma.
En el flanco del narcotráfico y la violencia paramilitar, las consecuencias no dependieron de García Márquez, pero sí lo interpelaron. El MAS, fundado en diciembre de 1981, siguió operando en 1982 y 1983 como cobertura para el trabajo contrainsurgente de sectores de la Fuerza Pública, con la participación directa de capos como Gonzalo Rodríguez Gacha. El cartel de Medellín consolidó, en esos mismos años, una infraestructura multinacional; Escobar buscó activamente influencia política mediante la financiación de campañas y la creación de grupos armados. El narcotráfico multiplicó, además, los ingresos de las guerrillas, propiciando su fortalecimiento. La sangre creció al mismo ritmo que la fama del escritor.
El desenlace del gobierno Betancur confirmó ese descompás. Tras la toma del Palacio de Justicia por el M-19 en noviembre de 1985, las manifestaciones a favor de la paz que habían caracterizado al gobierno disminuyeron sensiblemente. A ello se sumaron las acciones del paramilitarismo y el narcotráfico, factores que hacían más remota la posibilidad de una paz verdadera antes del fin del mandato en 1986. El proyecto que había recibido, en diciembre de 1982, la bendición internacional de un Premio Nobel dispuesto a acompañarlo, terminó tres años después bajo los escombros de un palacio.
A más largo plazo, el Nobel de 1982 fijó tanto un modelo como una imposibilidad. Un modelo: el del escritor latinoamericano que combina obra literaria, compromiso político declarado y capacidad de interlocución con presidentes; un rol que, después de García Márquez, ningún colombiano volvió a ocupar en esa escala. Y una imposibilidad: la de que la sola visibilidad cultural del país pudiera compensar la creciente invisibilidad de sus víctimas. En cada índice académico sobre la Colombia contemporánea, el Premio Nobel de Literatura de 1982 y el Premio Nobel de Paz de 2016 comparten espacio como los dos hitos internacionales que el país ha querido oponer a su propia degradación.
Por qué sigue importando
La imagen tentadora del escritor que denuncia desde afuera es incompleta: García Márquez denunció desde Estocolmo lo que en Bogotá ayudaba a intentar resolver desde el gobierno. La imagen contraria —la del intelectual cooptado por el poder— es igual de insuficiente: rechazó cargos, conservó autonomía y utilizó su premio, no la burocracia del Estado, para maniobrar. Estuvo dentro y estuvo fuera; fue voz autónoma y fue engranaje. Los biógrafos que quisieron acomodarlo en una sola de esas casillas se estrellaron con la otra, y la crítica política que lo juzgó demasiado cercano a La Habana rara vez supo qué hacer con el hecho de que también empujaba, en Bogotá, una amnistía que beneficiaba a guerrillas de todos los signos.
Hay que sostener juntas las escenas de aquel trimestre, aunque incomoden. En octubre de 1982 el país recibió la noticia del Nobel; en el mismo mes, un capo del narcotráfico empezó a coleccionar biografías del laureado para acicalarse en Bogotá. En diciembre, García Márquez leyó en Estocolmo el discurso más traducido de la literatura colombiana del siglo XX; en el mismo trimestre, se expidió una amnistía general y el MAS cumplía su primer año fundado por narcotraficantes. La celebración europea y la fundación del paramilitarismo cabían en el mismo calendario. Esa simultaneidad explica por qué la lectura del Nobel como triunfo nacional siempre convivió, dentro del propio país, con una desconfianza sorda hacia los símbolos que se le ofrecían como consuelo.
Por eso La soledad de América Latina envejeció mejor de lo que quisiéramos: la utopía que reclamó —que nadie decida por otros hasta la forma de morir, que el amor sea cierto, que la felicidad sea posible, que las estirpes condenadas tengan por fin una segunda oportunidad sobre la tierra— sigue siendo, cuarenta años después, la deuda pendiente del país que aquella tarde de diciembre miró a Estocolmo con la sensación, breve, de estar hablándole al mundo en voz propia.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 1981 cita
[1]soledad, novela fundamental de la literatura hispanoamericana del siglo XX, que se convirtió de inmedia- to en un verdadero bestseller mundial. Transformado en un personaje céle- bre, García Márquez se radicó en Bar- celona y por temporadas vivió en Bo- gotá, México, Cartagena y La Habana. Durante las décadas…p. 198
02Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3531 cita
[2]del Almirante, 194 Nobel Peace Prize, 1, 125, 240, 267–68 Nobel Prize in Literature, xv, 1, 6, 190, 277 Noceti, Andrea, 211 “Nocturno III,” 192 Noriega, Manuel, 271 Norte de Santander, Department of, 12, 45, 46, 50–51, 178, 262 North Korea, 237 Novelas y cuadros de la vida suramericana, 192 Nóvita, 22–23 Nueva Andaluc…p. 353
03¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 911 cita
[3]García Márquez recibiera el Nobel de Literatura en 1 982. Mientras tanto, la cultura local se redefinía al reconocer su diversidad en la mo dernidad: en las artes plásticas con Enrique Grau, Fernando Botero, Eduardo Ramírez Villamizar y Beatriz González; en la literatura con Manuel Zapata Olivella, Álvaro Cepeda…p. 91
04Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 2791 cita
[4]libro. 287 s é P tima P arte NARRATIVA DE FINALES DEL SIGLO XX (1970-1999) h acia una narrativa P osmodernista Esta penúltima parte se ocupa de los principales narradores de ficción posteriores a García Márquez, es decir, de los nacidos en su mayoría entre 1930 y 1945, aproximadamente. La excepción la hacen Pedro…p. 279
05Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4641 cita
[5]December 8, 1982. www.nobelprize.org/prizes/literature/1982/marquez/lec - ture/. My italics. 8 I have argued this point in detail in my discussion of the structural challenges that constrain the construction of historical memory in Colombia in my essay “Gramáticas de la escucha: Aproximaciones filosóficas a la…p. 464
0630 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 2471 cita
[6]sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace treinta y dos años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de…p. 247
07La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 1551 cita
[7]pueden alcanzar sus territorios en cuestión de minutos [...]”. “Los científicos y los médicos más prestigiosos y experi- mentados aseguran que el hombre no podría sobrevivir a un conflicto nuclear global. La potencia destructora de las armas de este tipo acumuladas supera un millón de veces las rústicas bombas que en…p. 155
08Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 83, 892 citas
[8]de hace dos generaciones y que se había cor- tado por la presencia de Franco y por la hegemonía norteamericana en América. En diciembre de 1982, tres premios Nobel, Alfonso García Robles, Alva Myrdal y Gabriel García Márquez, y el primer ministro del gobierno socia- lista sueco, Olof Palme, les dirigieron una carta a…p. 83
[27]no tenía ninguna opción di- ferente, y que las medidas de política económica deberían acogerse en for- ma inmediata por el mecanismo de ex- cepción de la emergencia económica. El gobierno adoptó sin embargo una estrategia diferente: buscó un acuerdo con el Fondo que tuviera ca- racterísticas distintas a los acuerdos…p. 89
09Mi vida y mi cárcel con Pablo EscobarVictoria Eugenia Henao · 2018 · p. 2061 cita
[9]dijo que quería lucirse en la Cámara de Representantes y para hacerlo le daría más relevancia al papel que desde septiembre anterior le había encomendado a la presentadora Virginia Vallejo para fortalecer su imagen pública y para abrirle espacios en la cerrada clase política bogotana. Al mismo tiempo, Pablo previó que…p. 206
10Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 811 cita
[10]anterior gobierno. Sumado a estas dificultades, de manera sorpresiva, Carlos Lleras renunció ocho días después de su posesión, alegando motivos de salud87, por lo que fue sustituido por el exministro de Trabajo y Agri 84 Laura Restrepo sostiene que si las negociaciones de paz pudieron avanzar a pesar de esa multitud…p. 81
11Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 1211 cita
[11]él tenía 16 años, en Zipaquirá, poesía que firmó con el seudónimo de “Javier Garcés”. El hijo de un telegrafista, que creó una novela fantástica de “un mundo imaginario pero coherente” y que tuvo también una vida de novela, se casó con Mercedes Barcha en 1958 y tuvieron dos hijos, Rodrigo y Gonzalo. Su poder político…p. 121
12Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 151 cita
[12]aplausos y vítores de un público embriagado de sangre y sangría es bárbaro, tal vez usted nunca haya ido a una corraleja. Gran parte de ese abanico cultural, que hace que en otros países tengamos el alivio de que muchas veces nos reconozcan no por el endiosado narcotraficante y terrorista Pablo Escobar, ni por nuestra…p. 15
13Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 163, 1642 citas
[13]la aventura armada en todo el continente. Pero el ardor no les llegó solo a ellos. La simpatía hacia el triunfo del Movimiento 26 de Julio, primero, y por las ejecutorias del nuevo gobierno cubano fueron más extensas y plurales. El caso más notorio es el de los artistas y, entre ellos, las estrellas ascendentes de la…p. 163
[14]la aventura armada en todo el continente. Pero el ardor no les llegó solo a ellos. La simpatía hacia el triunfo del Movimiento 26 de Julio, primero, y por las ejecutorias del nuevo gobierno cubano fueron más extensas y plurales. El caso más notorio es el de los artistas y, entre ellos, las estrellas ascendentes de la…p. 164
14A Gringa in Bogotá: Living Colombia's Invisible WarJune Carolyn Erlick · 2010 · p. 1551 cita
[15]conflict that the protagonists say is caused by social injustice. Public projects like these generate equality. The books are arms that open the way.” Schoolchildren crowd the halls at the book fair, held every year in Bogotá’s sprawling Corferias, almost twice the size of a U.S. football field. Journalism students,…p. 155
15La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 401 cita
[16]Betancur, elegido para el periodo 1982-1986, quien quiso consagrarse como el presidente de la paz. Bajo su administración se lanzó el primer gran proceso de diálogo con las guerrillas que se habían formado casi veinte años atrás. Sin embargo, las guerrillas ya no eran las mismas de la década del setenta. El…p. 40
16Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2721 cita
[17]a las que también se impusieron ca rgas financieras elevadas para co mprar más empresas. Las operaciones del holding llevaron a la quiebra de las in st ituciones financieras y el grupo cayó como un castillo de naipes. El esclarecimiento del episodio del <czarpazo,> del Grupo Gran Co lombiano ahondó, sin duda, la…p. 272
17Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 231 cita
[18]los sectores, y a ellos tenía que hacer frente uno de los estados latinoamericanos más débiles, considerando el presupuesto de la nación, la capacidad fiscal, la integración territorial, la infraestructura física o la calidad de las Fuerzas Armadas. Quizás una pequeña muestra de este desbordamiento que padecía el…p. 23
18Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3791 cita
[19]1982 to begin this process in earnest. During the government of President Turbay Ayala (19781982), guerrilla actions, especially those instigated by the M-19, reached new, unexpected levels compared to the previous decade. It was during this period, for example, that the M-19 stole hundreds of weapons from the army's…p. 379
19Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1351 cita
[20]poco tiempo aduciendo cuestiones de salud; lo sucedió el connotado político liberal Otto Morales Benítez. El presidente se dedicó a sacar en el Congreso una ley de amnistía" amplia, in condicional y automática para todos los presos políticos y para quienes de pusieran las armas. Una vez aprobada, (Ley 35 de 1982),…p. 135
20La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · p. 101 cita
[21]Belisario Betancur presentó, entre sus propuestas, la de buscar la paz con la guerrilla. Una vez elegido, hizo contacto con las distintas organizaciones subversivas y se reunió, en México y en España, con dirigentes del M-19, con el cual trazó los planes para alcanzar el objetivo indicado. En los años setenta, el M-19…p. 10
21Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 511 cita
[22]de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…p. 51
22¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 1671 cita
[23]se beneficiaron gue- rrilleros de las FARC, M -19, ELN, EPL, del PLA (Comando Pedro León Arboleda), de la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) y de la ADO (Autodefensa Obrera), que fueron excarcelados. El número de beneficiarios varía dependiendo de la fuente, sin embargo, en la mitad de su gobierno, Betancur,…p. 167
23Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[24]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…p. 1
[25]48 II. La “Iniciativa para la Paz”: el punto de partida (1986-1990) Antes de las elecciones presidenciales de 1986, en lo que respecta al desarrollo del conflicto armado, Colombia había sufrido grandes cambios. La Ley de Amnistía de 1982 y la tregua aún pactada con las, pero desconocida por ambas FARC partes,…p. 1
24Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 5021 cita
[26]Betancur. Durante su administración se propone una nueva conducta en el manejo de los pro- blemas nacionales. Una nueva mentalidad que reclama cambios y reformas políticas y sociales, que reconoce la necesidad de dialogar y negociar para poner punto final al conflicto armado, se abre paso en la opinión pública. Para…p. 502
25Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 511 cita
[28]durante más de una década. EL GOBIERNO DE JULIO CÉSAR TURBAY AYALA, 1978-1982 Antes de finalizar este primer capítulo, y aunque ya se han apuntado algunas de las cuestiones en torno a los diferentes gobiernos presidenciales que tienen lugar en Colombia desde los años ochenta, resulta necesario recoger de un modo algo…p. 51
26Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2691 cita
[29]como M-19, que entre otras realizó operaciones como las siguien- tes: el robo de más de cinco mil armas a unas instalaciones del ejército, en las afueras de Bo- gotá; la toma durante 61 días de la embajada de la República Dominicana, también en la ca- pital; el intento de sabotaje de la cumbre de presidentes…p. 269
27Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 531 cita
[30]eight thou- sand Colombians were detained for “political reasons,” with the vast major- ity tried in military courts. During this same period a noticeable increase of forced disappearances and allegations of torture at the hands of military offi- cials was documented by human rights organizations (Gallon 1991, 13–15).…p. 53
28Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1781 cita
[31]o menos unos 20 días. Estuve en varios batallones, me tuvieron en el batallón de Armenia, en el batallón de Pereira y en el batallón de Manizales. Durante el tiempo de los 20 días que estuvimos desaparecidos mi familia fue a los cuarteles de policía, a los hospitales, a la morgue, al Ejército y siempre le 456…p. 178
2925 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 201 cita
[32]este paso. lejos de fortalecer a las confederaciones tradicionales. las debilitó más porque permitió que se agudizaran sus crisis internas. De esta forma, el sindicalismo ya no representarla un gran desafío social, como se consta- tó en el Segundo Paro Cívico Nacional de 1981. Si por un lado '1\ubay jugaba a la…p. 20
30Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 852 citas
[33]ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…p. 85
[34]ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…p. 85
31Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 4911 cita
[35]insistió en que la amnistía no era la paz, acusó a los militares de torpedear las tareas de paz del Presidente de la República y criticó la inoperancia de la Comisión de Paz; en sus declaraciones fijó las que consideraba tareas más urgentes del momento: “Prioridad uno, seguir buscando la paz. Seguir buscando el…p. 491
32Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 951 cita
[36]ELN; de José Raquel Mercado, por el M-19, y de Rafael Pardo Buelvas, por la Autodefensa Obrera (ADO). 63 Término usado con frecuencia en las organizaciones al margen de la ley para referirse a delatores. 96 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz en Colombia, a pesar de que regía una democracia, los militares estaban por…p. 95
33Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1971 cita
[37]las inmensas riquezas genera- das por el narcotráfico estaban produciendo una profunda trans- formación de la sociedad colombiana, la cual aún continúa. Las jerarquías sociales, el destino de las inversiones, el régimen polí- tico, todo esto fue afectado completamente por el narcotráfico. Fue en el terreno político…p. 197
34No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1721 cita
[38]en un escenario de ambigüedad entre guerra y paz. El movimiento insurgente transitó dividido entre unos que apostaban por la insu- rrección armada y la revolución socialista, y otros por abrir la democracia a través de acuerdos de paz y reformas. Este cambio tuvo que ver con un contexto internacional favorable a las…p. 172
35Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4151 cita
[39]MAS, por supuesto, importantes sectores de la Fuerza Pública descubrieron que era posible realizar un trabajo sucio mu- cho más efectivo contra el movimiento guerrillero, sin comprometer la imagen de sus instituciones. Los narcos facilitaron la infraestructura y el dinero aun- que, en forma temprana, algunos de ellos,…p. 415
36The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1541 cita
[40]a car thief but later reached legendary status. Escobar is credited with transforming the Medellín Cartel into a multinational criminal corpo- ration. Instead of using individuals as drug mules, which is how the business had worked prior to Escobar, the “ patrón of evil,” as he was nicknamed, had at his disposal…p. 154
37Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2601 cita
[41]Ver en revista Semana el artículo “Vuelven los 80”, publicado el 29 de julio de 2006: “Las preguntas sin respuesta sobre la infiltración mafiosa en la política de estos años comienzan con la elección presidencial de 1982 entre Belisario Betancur y Alfonso López. Hasta ahora se había hablado de un encuentro entre…p. 260
38Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 2031 cita
[42]oficio compromete la independencia del escritor, y que esta es para él, según mi modo de pensar, algo tan esencial, como saber escribir. Más aún: si no he asistido a la entrega de los premios que se me han otorgado en distintos países, ni participado nunca en ninguna clase de promociones públicas, no es solamente por…p. 203
39Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 631 cita
[43]país. Porque aquí nadie los expulsaba, ni siquiera había ya el respeto y el temor que tuvieron por Vargas Vila y que los llevó a desterrarlo. Ahora les daba igual. Colombia era capaz de apreciar los libros, pero no de ayudar a escribirlos. Un artista estaba abandonado a su suerte, y lo más probable es que no se…p. 63
40Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 801 cita
[44]Alianza Popular Revolucionaria Americana del Perú, huyeron hacia México en busca de refugio durante esa época. Véase Semana (1987, 23 de noviembre). 100 Dentro de estos casos se encuentra Carlos J. Villar Borda, considerado uno de los primeros periodistas exiliados de Colombia, quien buscó protección en España en…p. 80
41Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 321 cita
[45]la economía. Así lo entendió muy bien el presidente. Fui el tercer presidente de la Comisión Nacional de Valores nombrado por el presidente Betancur, y junto con los otros miembros del equipo económico, como el ministro de Hacienda, el gerente del Banco de la República y el superintendente bancario, formamos el núcleo…p. 32