José Asunción Silva y el modernismo literario (1886–1896)
Entre la sanción de la Constitución de 1886 y el suicidio de José Asunción Silva en mayo de 1896, Colombia vivió su primera modernidad estética: un modernismo cosmopolita y escéptico que germinó en tertulias y revistas mientras la Regeneración edificaba un Estado hispánico-católico que no le ofreció campo institucional propio.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 5 de agosto de 1886 – 24 de mayo de 1896
- Dónde
- Bogotá, París, Caracas, Barranquilla, Londres
- Protagonistas
- José Asunción Silva, Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Guillermo León Valencia, Baldomero Sanín Cano, Rubén Darío, José María Rivas Groot, Julio Flórez, Stéphane Mallarmé, Paul Verlaine, Edgar Allan Poe, José María Campo Serrano
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 instauraron un orden confesional, centralista y clerical que subordinó la educación pública a la Iglesia Católica y restringió la libertad de prensa, comprimiendo el espacio institucional disponible para una literatura autónoma y cosmopolita.
- El cosmopolitismo cultural de la élite bogotana —orientada hacia París, lectora en francés y consumidora de bienes europeos— creó una demanda estética sofisticada que el programa positivista-pedagógico de La Lira Nueva (1886) no satisfacía, abriendo lugar para la propuesta modernista de Silva.
- La ausencia de un campo literario autónomo —sin editoriales sólidas, sin prensa libre ni público lector amplio— obligó a la circulación de la obra de Silva por tertulias, copias manuscritas y revistas de alcance restringido, impidiendo su consolidación como proyecto cultural de mayor escala.
- La quiebra del patrimonio familiar tras la muerte de su padre sumió a Silva en deudas y pleitos, forzándolo a aceptar cargos diplomáticos en el exterior y alejándolo de las redes literarias bogotanas en el momento de mayor madurez creativa.
Consecuencias
- El naufragio del vapor Amérique en enero de 1895 destruyó o comprometió gravemente los manuscritos que Silva llevaba consigo —incluyendo novelas, colecciones de poemas y cuentos—, mutilando de forma irreversible el archivo de la primera modernidad literaria colombiana.
- Silva reescribió De sobremesa tras el naufragio y dejó el manuscrito sobre su escritorio la madrugada del 24 de mayo de 1896, cuando se suicidó, clausurando abruptamente la trayectoria del modernismo colombiano en su figura fundacional.
- La obra dispersa y parcialmente perdida de Silva fue reconstruida y canonizada póstumamente, convirtiéndolo en el referente central del modernismo hispanoamericano en Colombia y en símbolo de la tensión entre vanguardia estética y orden conservador.
- La política cultural de la Regeneración —confesionalismo, control clerical de la educación, restricción de la prensa— condujo al liberalismo a dos guerras civiles (1895 y la Guerra de los Mil Días, 1899–1902) y dejó sin bases institucionales el proyecto de modernización cultural que Silva y Sanín Cano representaban.
La clave interpretativa
Por qué importa
La década de Silva ilustra la paradoja central de la Regeneración: un régimen que toleró el cosmopolitismo como práctica de clase pero lo reprimió como programa institucional, produciendo una modernidad estética sin campo propio que solo pudo sobrevivir en circuitos privados. La pérdida de sus manuscritos en el naufragio del Amérique y su suicidio en 1896 no fueron accidentes ajenos a ese contexto: fueron el desenlace material y biográfico de una vanguardia a la que el Estado confesional de Núñez y Caro nunca ofreció las condiciones —prensa libre, educación laica, esfera pública pluralista— necesarias para consolidarse. Entender a Silva exige entender la Regeneración, y entender la Regeneración exige ver lo que contuvo.
Desarrollo histórico
La historia completa
José Asunción Silva y el modernismo literario, 1886–1896
Entre el 5 de agosto de 1886 —día en que se sancionó la Constitución de la Regeneración— y el 24 de mayo de 1896 —madrugada en que José Asunción Silva se disparó en el pecho tras dejar el manuscrito de De sobremesa sobre su escritorio de La Candelaria— transcurre la primera modernidad estética colombiana. Es un modernismo bogotano avant la lettre, contemporáneo del de Rubén Darío y anterior a su consolidación, germinado en tertulias y revistas mientras el país adoptaba un orden confesional, centralista y clerical. La coincidencia de fechas no es decorativa: la década en que Silva construyó una poética cosmopolita, escéptica y musical fue la misma en que Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro edificaron un Estado hispánico-católico que sustituyó el laicismo federalista de 1863 por una república de la letra ortodoxa. El resultado fue una vanguardia sin campo institucional propio: leída en salones, celebrada por unos pocos, hostigada por la prensa oficialista, empobrecida en su archivo material por un naufragio y clausurada por un suicidio.
El régimen que enmarcó la década
La Constitución sancionada el 5 de agosto de 1886 por el designado José María Campo Serrano —elegido por el Consejo Nacional— fue la carta de un país nuevo. Reemplazó el federalismo de 1863 por un Estado centralista con presidente de período de seis años elegido por voto directo, dividió el territorio en departamentos, restableció la pena de muerte, restringió libertades individuales y limitó el sufragio. Su arquitecto intelectual fue Miguel Antonio Caro, filólogo, latinista y defensor militante de la Iglesia Católica, que redactó buena parte del articulado y proveyó la doctrina. El giro más profundo fue confesional: donde la carta de 1863 había establecido separación entre Iglesia y Estado, la de 1886 reconoció al catolicismo como religión de la nación y elemento esencial del orden social.
El Concordato con la Santa Sede, firmado en 1887 y aprobado al año siguiente, selló la alianza. Estableció el catolicismo como religión oficial, contempló la indemnización a la Iglesia por los bienes desamortizados en el siglo XIX, ató la instrucción pública a los preceptos católicos y abolió el divorcio civil. La educación quedó bajo pleno control eclesiástico, los jesuitas y otras órdenes reconstruyeron sus instituciones, y la Iglesia asumió la dirección de la salud y de la escuela como brazos administrativos del régimen. Núñez y Caro, ambos provenientes de la república de las letras, fundamentaron esta política en el pensamiento católico e hispánico: encontraban virtud en la herencia española y en la pureza doctrinal, y desconfiaban del liberalismo de matriz anglosajona.
La prensa fue el otro frente. Una cláusula transitoria de la Constitución autorizó al gobierno a regular los periódicos y castigar sus abusos hasta que el Congreso expidiera una ley específica; la transitoriedad se volvió permanente. A ello se sumó la llamada Ley de los Caballos, con restricciones severas a la libertad de expresión. Núñez y Caro se escudaron en el principio de la responsabilidad de la prensa para clausurar diarios y confinar opositores. Los periódicos, pasquines y hojas volantes que habían florecido bajo el federalismo decayeron en número y vitalidad, reemplazados por publicaciones obtusas y sectarias. Fusilamientos, destierros y clausuras marcaron la década. En 1895 el liberalismo se lanzó a una guerra civil breve; en 1899 estallaría la de los Mil Días.
Ese fue el marco político dentro del cual Silva escribió, publicó, quebró, viajó y murió.
Una élite cosmopolita en una república confesional
La Regeneración no fue una sociedad clausurada al mundo. En la vida material y cultural de la clase alta bogotana ocurría lo contrario. El auge del comercio internacional de finales de los ochenta y comienzos de los noventa reforzó hábitos de consumo suntuario despertados desde la Independencia y estimulados por los ciclos exportadores de 1850, 1860 y 1870. Los interiores de las mansiones de familias como los Lleras, Ferguson, Santamaría, Manrique o Pombo de Brigard —decorados artísticamente, amueblados con el mejor gusto, cubiertos de tapices y alfombras— contrastaban brutalmente con las calles sucias y las viviendas insalubres del pueblo llano que las rodeaban.
París era el modelo. Concentraba, en la fórmula de Baldomero Sanín Cano, todas las maravillas, todas las amenidades y adelantos de la civilización; haber estado allí confería en Bogotá algún grado de distinción. En ciertos círculos de la clase alta se hablaba y leía francés, inglés y alemán. La élite seguía de cerca los desarrollos de Europa y Norteamérica y se pensaba a sí misma como centro cultural orientado hacia afuera. La política económica de la Regeneración lo permitía: al proteccionismo moderado —condicionado por la debilidad fiscal del Estado— se sumaba la apertura total al capital extranjero mediante concesiones especiales en ferrocarriles, minería y agricultura de exportación. La burguesía comercial liberal, excluida del poder político central, siguió acumulando riqueza y disfrutando de su estatus pese a su oposición retórica al régimen.
Se hablaba francés en los salones y se leía a Baudelaire en los interiores, mientras las escuelas quedaban en manos del clero y los periódicos disidentes se clausuraban. La Regeneración toleró el cosmopolitismo como práctica de clase; lo reprimió como programa institucional. En ese terreno se movió Silva: podía leer París y traducir a Verlaine sin que el régimen se lo prohibiera, pero no encontraba un campo literario autónomo —prensa libre, educación laica, esfera pública pluralista— donde su obra pudiera consolidarse como proyecto.
El campo literario bogotano al comenzar la Regeneración
En el mismo año 1886 apareció La Lira Nueva, antología poética preparada por José María Rivas Groot que reunía a la joven generación bogotana. Su prólogo fue un manifiesto: exigía al poeta ocuparse de temas modernos —la historia natural, la ciencia, las grandes cuestiones humanitarias— y cumplir un papel pedagógico y divulgador. Era, en rigor, una poesía positivista, tributaria del cientificismo europeo, que pretendía sintetizar el verso con el conocimiento y hacer del poeta un maestro cívico. Silva figuró en la antología, pero su poética iba desde el inicio en otra dirección.
Alrededor de las redacciones de los periódicos y de casas particulares operaban las tertulias que hacían las veces de campo literario. La tradición venía de El Mosaico, tertulia y revista activa entre 1858 y 1872 que había reunido a publicistas de los nacientes partidos liberal y conservador con objetivos declarados: discusiones literarias, formación de una biblioteca nacional con obras contemporáneas y coloniales, publicación de biografías de neogranadinos ilustres y edición de documentos históricos para construir un pasado común. El argentino Miguel Cané, que asistió a varios de esos encuentros, dejó constancia de la viveza intelectual de los participantes. No era un campo literario en sentido estricto —le faltaban la autonomía y la especialización que Pierre Bourdieu identificó en el París del XIX—, pero sí un espacio de sociabilidad intelectual reconocible, en el que las mujeres participaban de manera limitada, sin quedar del todo al margen.
Silva se movió en ese circuito y a la vez contra él. La antología de Rivas Groot le dio visibilidad pero le impuso una compañía estética que no era la suya. Su distanciamiento del programa positivista se hizo explícito en Gotas amargas, colección de poemas satíricos que ridiculizaban lo que él llamó la literatura semi-romántica, la afectación intelectual y los poetas grandiosos y sibilinos. En esos versos ácidos aparece una influencia europea distinta a la que pedía La Lira Nueva: no la ciencia positiva, sino el pesimismo filosófico de Schopenhauer, el desencanto lírico de Leopardi y la ironía versificada de José María Bartrina. Silva no quería enseñar: quería morder.
Silva, el modernismo hispanoamericano y el universalismo
El modernismo que Silva encarnó tiene coordenadas continentales. Es contemporáneo del que Darío desarrolló en Chile y Centroamérica, aunque la circulación entre ambas orillas fue desigual y tardía. Sus referentes eran los mismos que definirían la sensibilidad modernista hispanoamericana: Baudelaire, Verlaine, Mallarmé, Poe. Su apuesta consistía en trasladar a la lengua española la musicalidad, la sinestesia, la libertad métrica y el simbolismo que esos autores habían ensayado en francés e inglés.
El respaldo teórico de esa apuesta lo dio en Colombia Baldomero Sanín Cano, principal teórico del modernismo colombiano junto a Guillermo Valencia como su figura poética. En De lo exótico, Sanín Cano formuló una defensa del universalismo literario y una crítica al chauvinismo y al criollocentrismo: no existe, argumentó, literatura ajena a lo extranjero, y toda tradición nacional se nutre de préstamos. Su crítica más incómoda no iba contra los localistas sino contra los propios modernistas mal orientados: reprochó a Darío no su afrancesamiento en sí —que le parecía inevitable y saludable— sino haber seguido a autores franceses menores como Catulle Mendès en lugar de a los referentes mayores: Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud. El problema de la imitación no era imitar, sino hacerlo sin criterio, sin distinguir buenos autores de malos y sin saber por qué se elegía a unos y no a otros. Exigía además el conocimiento de lenguas extranjeras para apreciar plenamente literaturas como la alemana —Goethe, por caso—, lo que le valió reacciones adversas de escritores orgánicamente prevenidos contra él.
Proponer que un poeta colombiano se midiera con Mallarmé o leyera a Goethe en alemán equivalía a rechazar el marco cultural en que el régimen quería inscribir a la literatura nacional: el hispanismo católico de Caro, la fidelidad a la lengua peninsular y a la tradición devocional. La pobreza intelectual del país, en la lectura de Sanín Cano, tenía presupuestos sociales y políticos —lo desarrollaría luego en ensayos como Una República fósil (1928)—, y salir de ella exigía condiciones institucionales que la Regeneración no ofrecía.
Silva compartía ese diagnóstico y lo practicaba en sus versos. Su distanciamiento del programa positivista de La Lira Nueva apuntaba hacia una concepción más subjetiva e independiente del arte, en la línea de lo que Sanín Cano teorizaba. La poesía no debía ser pedagogía ni ciencia versificada, sino experiencia estética autónoma. Era un manifiesto de modernidad literaria enunciado en una república cuyo Estado había decidido que la educación, la prensa y la vida pública se ordenaran según los preceptos de la Iglesia.
Los años bogotanos: producción, redes y quiebra
Durante la segunda mitad de los ochenta y la primera de los noventa Silva vivió en Bogotá, en el barrio de La Candelaria, integrado a los circuitos de sociabilidad literaria de la ciudad y sostenido por la posición social de su familia. Su padre, Ricardo Silva, había sido comerciante y hombre de letras vinculado a las tertulias tradicionales; su hermana Elvira, con quien mantuvo una relación estrechísima, murió en 1891 y dejó en él una huella que atraviesa varios de sus poemas.
En esos años Silva escribió los textos que hoy definen su lugar en la literatura hispanoamericana: los Nocturnos —el tercero, dedicado a Elvira, se convertiría en el poema modernista más comentado de la lengua—, poemas como Los maderos de San Juan y Día de difuntos, las sátiras de Gotas amargas y los primeros bocetos de una novela ambiciosa. No publicó libro alguno en vida: sus poemas circularon en revistas, en copias manuscritas, en lecturas de tertulia. Esa circulación restringida era, en parte, opción estética —el poeta refinado que desconfía del mercado—, pero también consecuencia de un campo literario donde no existían editoriales sólidas ni un público lector amplio para el tipo de poesía que él escribía.
La red que lo sostuvo fue pequeña. Sanín Cano, teórico y amigo, defendió su obra y su horizonte estético. Rivas Groot, desde la orilla del positivismo antologizado en La Lira Nueva, lo incluyó en el canon joven. Julio Flórez y otros poetas bogotanos compartían tertulia sin compartir del todo su programa. Guillermo Valencia, más joven, prolongaría el modernismo colombiano en clave parnasiana. La conversación con el mundo se hacía por lectura: los libros llegaban de París, la crítica se leía en francés, y la producción local se medía —al menos en Sanín Cano y en Silva— con el pulso europeo.
Más allá de Bogotá, en Medellín y en poblaciones antioqueñas más pequeñas se desarrollaba en paralelo una sociabilidad literaria periférica que matiza la imagen de un país uniformemente clausurado: la Sociedad de la Bohemia Alegre y su revista homónima, la Tertulia Literaria heredera del Casino Literario, la librería de Antonio J. Cano —El Negro Cano— como espacio de reunión, o el semanario manuscrito El Aficionado de Yarumal. Esfuerzos culturales de escala modesta pero sostenidos, prueba de que el cosmopolitismo cultural sobrevivió en Colombia durante la Regeneración por vías extraoficiales. El bloqueo institucional no fue aniquilación total del campo sino su compresión: la literatura se refugió en circuitos privados, incapaz de convertirse en industria cultural o en esfera pública. Silva se movió en el equivalente bogotano de esas redes, con la diferencia de que su ambición estética —traducir a Colombia el modernismo europeo— exigía un campo mucho más denso que el que Bogotá podía ofrecerle, y que las tertulias medellinenses tampoco alcanzaban a construir.
A esa arquitectura frágil se le vinieron encima problemas materiales. Tras la muerte del padre, los negocios familiares se enredaron y quebraron. Silva se vio arrastrado a pleitos, deudas y a la penosa gestión de un patrimonio en descomposición. En 1894 aceptó el cargo de secretario de la Legación de Colombia en Caracas, en parte como salida diplomática a esa crisis. Se trasladó a Venezuela y allí, entre sus funciones oficiales, siguió escribiendo intensamente.
El naufragio del Amérique y la reescritura forzada
El 21 de enero de 1895 Silva se embarcó en La Guaira en el vapor Amérique para tomarse unas vacaciones en Bogotá. Llevaba consigo, en su baúl, la casi totalidad de la obra escrita en los últimos años: los manuscritos de la novela inconclusa Amor —cuya redacción había suspendido tres semanas antes del embarque, aunque había prometido a sus amigos venezolanos traerla terminada—, dos colecciones de poemas tituladas Las almas muertas y Poemas de la carne, dos recopilaciones de cuentos, Cuentos de la raza y Cuentos negros, y algunas novelas cortas, entre otros materiales.
Sobre el número de piezas hay diferencias en el propio círculo de Silva: algunos amigos afirmaban que Cuentos negros contenía siete relatos, otros que doce. La diferencia importa poco frente al hecho central. El Amérique encalló y los intentos de rescate fracasaron. El baúl con los manuscritos quedó perdido.
Fue una catástrofe archivística. Silva perdió, en un solo golpe, el corpus mayor de una década de trabajo. Sobrevivió lo que había circulado antes en copias manuscritas o en revistas y lo que la memoria le permitiera reconstruir. Regresó a Bogotá arruinado económicamente, en duelo prolongado por Elvira, y ahora también despojado de su obra.
Durante 1895 y los primeros meses de 1896 emprendió una reescritura. El único texto que llegó a completar —o al menos a dejar en versión final— fue De sobremesa. Terminó el manuscrito el 24 de mayo de 1896 y lo dejó sobre su escritorio esa misma noche. Horas después se disparó en el pecho.
De sobremesa es, casi literalmente, la última obra de un escritor que había perdido a su hermana, sus negocios y su archivo, y que reconstruía en pocos meses lo que le quedaba por decir.
De sobremesa: la novela modernista como diagnóstico
De sobremesa es genéricamente híbrida: combina memorias, boceto psicológico y diario personal. Su estructura es la de un relato enmarcado. José Fernández de Sotomayor y Andrade, protagonista y narrador, reúne a un grupo de amigos en un salón bogotano y les lee un diario en el que registró sus aventuras europeas. El lector accede así a dos planos simultáneos: la escena de la lectura en Bogotá y el relato ficticio del tiempo pasado en el extranjero.
Fernández se autodescribe como decadente y buscador de sensaciones. Encarna, en sus contradicciones, una tensión que el texto atribuye a sus dos linajes familiares: los Fernández, del altiplano bogotano, místicos e intelectuales; los Andrade, de los llanos venezolanos, impetuosos y sexuales. La geografía nacional se vuelve psicología de personaje. Las figuras femeninas Helena y Nelly encarnan esa contradicción en el plano amoroso.
La novela mezcla dos registros que hacen su lectura desconcertante. Por un lado, la mirada del protagonista sobre la sociedad bogotana desde su experiencia europea: comparación entre París y La Candelaria, entre los salones parisinos y las tertulias criollas, entre la vida estética del cosmopolita y la modorra provinciana del país al que ha vuelto. Por otro, pasajes en que Fernández imagina una transformación política violenta de Colombia bajo una dictadura que él mismo encabezaría, con imágenes de conquista militar y poder personal.
La fantasía política del decadente es el elemento más incómodo y más productivo del libro. Aparece como espasmo psicológico, como delirio del enfermo estético que necesita sentir intensidades más fuertes, pero se inscribe en un imaginario latinoamericano del hombre providencial. Silva, sin nombrar al régimen, escribió una novela donde el artista modernista sueña con ser el dictador que lo salve —o lo destruya—, precisamente en los años en que la Regeneración ejercía una dictadura civil real. La coincidencia no es programática pero sí elocuente: el modernismo silviano no ignoraba el poder, lo pensaba desde su reverso.
De sobremesa dialoga con otras novelas modernistas hispanoamericanas —Pax de Lorenzo Marroquín entre ellas— en el uso de ambientes europeos, escenas parisinas y reuniones en salones. El motivo del artista escindido entre la sofisticación cosmopolita y el atraso de la patria era compartido en el continente. La versión de Silva lo lleva a su límite: el artista no solo no encuentra lugar en su país, sino que fantasea con rehacerlo por la fuerza y termina disparándose.
La censura y los límites del campo
En el mismo horizonte de años en que Silva escribía y Sanín Cano teorizaba, la Regeneración construía los dispositivos que limitaban el campo literario colombiano. La clausura frecuente de periódicos, los destierros y confinamientos de líderes liberales, las restricciones de la Ley de los Caballos, la cláusula de prensa hecha permanente: todo eso configuraba un espacio público estrecho, donde la disidencia se pagaba con la salida del país o el silencio.
El caso de José María Vargas Vila muestra hasta dónde llegaba la asfixia. Sus novelas —anticlericales, incendiarias, retóricamente ampulosas— fueron prohibidas en Colombia, en parte porque el Vaticano lo había excomulgado. La prohibición tuvo el efecto paradójico de multiplicar su fama en el mundo hispanohablante: lo prohibido seduce. Su prosa, con sentencias, letanías y proverbios, empleaba recursos retóricos parecidos a los del discurso religioso al que atacaba, y su leyenda creció como espuma. Cuando la fama parecía alarmante, críticos latinoamericanos del siglo XX reaccionaron negativamente ante su influencia.
Vargas Vila es el reverso panfletario del modernismo silviano: escritor combativo, exiliado, best seller clandestino. Silva, refinado, discreto, publicado a cuentagotas, no fue prohibido por el régimen ni excomulgado por Roma. No hacía falta: su obra circulaba tan poco que no ameritaba clausura. Ahí reside la clave. La Regeneración no reprimió a Silva; simplemente no construyó las condiciones —libertad de prensa, educación laica, editoriales, revistas literarias independientes, público lector formado fuera del molde clerical— que le habrían permitido consolidarse como proyecto estético reconocible antes de 1896.
La educación pública, entregada por el Concordato a la dirección de la Iglesia, formó lectores en una sensibilidad devocional e hispanista, no en la sensibilidad simbolista y musical que la poesía de Silva requería. La prensa oficialista y sectaria del período no era el vehículo para versos como los Nocturnos. Las tertulias siguieron funcionando, pero como circuitos privados de una élite que consumía cosmopolitismo sin producir instituciones para él. El modernismo silviano quedó atrapado entre un régimen que lo toleraba en el salón y lo bloqueaba en la esfera pública.
Por qué la marginalidad de Silva no fue solo biografía
La versión sentimental atribuye el destino de Silva a factores íntimos: la muerte de Elvira, la quiebra tras el padre, el naufragio del Amérique, un temperamento melancólico. Todo eso es cierto y todo eso importa. Pero reduce a azar biográfico lo que fue también efecto de estructuras.
Las causas estructurales se acumularon durante la década. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887–1888 entregaron a la Iglesia el control de la educación pública, lo que impidió la formación masiva de un público lector con sensibilidad estética laica y cosmopolita. La cláusula constitucional sobre prensa, la Ley de los Caballos y la práctica sistemática de clausura de periódicos redujeron los canales por los que una poesía nueva podía circular y ser discutida. La hegemonía intelectual de Caro impuso un canon hispanista que hacía de la fidelidad a la tradición peninsular y a la doctrina católica el criterio de legitimidad literaria. El clientelismo regeneracionista, más voraz por el aumento de los recursos fiscales bajo el nuevo orden centralista, orientó los favores del Estado hacia escritores adictos al régimen y dejó fuera a quienes no se ajustaban.
Sobre esa base estructural operaron detonantes coyunturales. La quiebra de los negocios familiares tras la muerte de Ricardo Silva empobreció al poeta y lo forzó a aceptar la legación en Caracas. La muerte de Elvira en 1891 marcó su vida afectiva y su escritura. El naufragio del Amérique en enero de 1895 destruyó materialmente el corpus. La reescritura de De sobremesa durante 1895 y comienzos de 1896 se hizo bajo presión de tiempo, con salud deteriorada y en soledad creciente.
Hubo, además, una causa interna al campo literario: la propia poética de Silva era distante de los circuitos de consagración disponibles. Su rechazo del programa positivista-pedagógico de La Lira Nueva, su ironía corrosiva en Gotas amargas, su ambición modernista adelantada al gusto del público bogotano lo alejaban de las antologías, de las revistas y de las tertulias donde se otorgaba prestigio. No fue perseguido por el régimen; fue ignorado por un campo que no había desarrollado el vocabulario para reconocerlo. Y ese subdesarrollo del campo era, en parte, efecto del régimen.
Qué se cerró el 24 de mayo de 1896
La consecuencia inmediata del suicidio fue la pérdida de un escritor de treinta años, en plena madurez, con una obra que apenas empezaba a consolidarse. La consecuencia a mediano plazo fue la lenta canonización póstuma: el Nocturno III se convirtió en un poema de referencia en toda la lengua, y Silva fue reconocido —tardíamente— como uno de los fundadores del modernismo hispanoamericano, contemporáneo de Darío y comparable a Martí en su modo propio.
Queda la ausencia, más difícil de medir. La modernidad estética que Silva encarnaba no arraigó institucionalmente en Colombia hasta décadas después. La renovación literaria que Sanín Cano teorizó y que Silva practicó no dio origen, en los años inmediatamente posteriores, a un movimiento organizado, a una revista sostenida, a una escuela con seguidores. Guillermo Valencia prolongaría el modernismo en clave parnasiana, pero desde una posición más cómoda dentro del establecimiento cultural conservador. Los grandes debates estéticos del país siguieron enmarcados por la ortodoxia católica y por el hispanismo hasta bien entrado el siglo XX.
La Regeneración, por su parte, condujo al país a la crisis. La discriminación sistemática del liberalismo en el poder y en la burocracia empujó al partido a la guerra civil de 1895 y, tras el fracaso, a la de los Mil Días entre 1899 y 1902. El orden confesional se prolongó bajo la Constitución de 1886 —con reformas— durante más de un siglo. La Iglesia mantuvo el control de la educación pública en grados variables hasta la reforma de 1936 y aún después. El modelo cultural hispanista dominó el canon oficial durante generaciones.
Por qué esta década sigue importando
La coincidencia entre 1886 y 1896 —entre la sanción de la Constitución regeneracionista y el suicidio de Silva— no es solo cronológica. Marca el momento en que Colombia pudo haber tenido una modernidad estética temprana, contemporánea de la europea, y no la tuvo como proyecto público. Tuvo, en cambio, poemas sueltos que sobrevivieron en la memoria de una élite pequeña, una novela reescrita a contrarreloj antes de un disparo, y un teórico —Sanín Cano— que siguió argumentando durante décadas por un universalismo que a nadie en el poder le interesaba.
Leer a Silva desde este marco no es psicologizarlo ni victimizarlo. Es reconocer que la historia de la literatura colombiana está atravesada por decisiones políticas concretas: qué Constitución se sanciona, con qué Iglesia se firma el Concordato, qué prensa se clausura, qué educación se financia. Detrás de cada poeta hay un régimen que decide qué escuela, qué biblioteca, qué periódico y qué público tendrá el país para leerlo.
El 24 de mayo de 1896 se cerró una vanguardia. La Regeneración no la mató —la vanguardia se mató sola, podría decirse—, pero tampoco la hospedó: le negó las condiciones materiales e institucionales para existir como algo más que un rumor de salón.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2411 cita
[1]de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…p. 241
02Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[2]el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…p. 10
03Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 56, 592 citas
[3]as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…p. 56
[16]e el manifiesto proteccionismo de N úñe z y la c re ación del Ba nco Nac ional y del papel mone da plantaron la se- milla de la industrialización co mo un p royec to de d esarrollo na - cional autónomo. El grad o de inter vención eco n ómica de la Re ge n erac i ón fue moderado en compara ci ón co n otros modelo s co…p. 59
04De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[4]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…p. 44
[9]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…p. 41
05De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[5]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…p. 44
[10]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…p. 41
06Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 891 cita
[6]carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…p. 89
07Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 1141 cita
[7]el restablecimiento de la pena de muerte, el fortalecimiento del Ejecuti- vo, el confesionaliemo, la eduración organizada conforme alos dogmas de la religión católica. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 con frguraron el neevo arden, El liberalismo empezó a padecer los rigores de la discriminación; desespe…p. 114
08La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 cita
[8]- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…p. 150
0930 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 1511 cita
[11]división entre los conservadores, los históricos y los nacionalistas. Carlos Martínez Silva quedó a la cabeza de los conservadores históricos y Miguel Antonio Caro de los nacionalistas. Los históricos propugnaban por darles participación a los liberales y abolir la llamada Ley de Caballos, que incluía fuertes…p. 151
10Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 35, 542 citas
[12]for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…p. 35
[15]upper-class bogotanos during the decades following Independence, the surge in international trade in the late 1880's and early 1890' s reinforced upper-class luxury consumption habits awakened during the Independence era and stimulated during the export booms of the 1850's, 1860's and 1870's.34 A "practical guide" to…p. 54
11Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1281 cita
[13]amenazaran con abandonar la República. 129 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois Gráfica 18 Fuente: Kalmanovitz, 2012. La República tuvo también una regla de sucesión clara pero sesgada del partido en el poder, con serios proble- mas en los derechos de la oposición, como los vetos a la participación liberal en el…p. 128
12Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 80, 2762 citas
[14]fueron a pique y, en su forma original, resultó tan inadecuada a la realidad nacional (a pesar de reconocer mejor que la Cons- titución del 63 algunos aspectos bási- cos de esta realidad) como las anterio- res. Mientras no fue modificada, lo que ocurrió a consecuencia del gran fracaso representado por la guerra de los…p. 80
[40]de las presiones políticas y diplomáticas, sino que estas relaciones abarcaban necesidades tecnológicas y la intrusión de misiones de todo tipo con las cuales el sistema político tradicional parecía mal preparado para negociar. Las respuestas posibles estaban lle- nas de ambigüedades. Por un lado, las exigencias del…p. 276
13Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1801 cita
[17]muchos campos, pero unos cortos años de inusitada prosperidad no al- teran tan fundamentalmente a ningún país. Hay que recordar la pequeña es- cala de las innovaciones, la persisten- cia de la vieja Colombia rural, lo fugaz de muchas de las esperanzas. El es- tudio de las modas de la clase alta, con toda su…p. 180
14Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3141 cita
[18]los dictados de París Lo francés, elemento deslumbrante del ostentoso cosmopolitismo euro- Capítulo 15 315 peo, es el modelo para el pensamien- to, el gusto y las costumbres sociales desde el siglo XIX. «A las mentes avan- zadas de Colombia —escribió Ignacio Torres Giraldo— las encontró el si- glo xx dilucidando…p. 314
15Cuatro ensayos sobre historia social y política de Colombia en el siglo XXMaría del Pilar Zuluaga, Rodrigo Hernán Torrejano, Susana Inés Ojeda, Franz Flórez · 2007 · p. 101 cita
[19]tiempo libre la clase dominante en un período determinado, nos permite conocer sus gustos, sus intereses, su conducta, la creación de identidad, el nivel de satisfac - ción y de integración social. Es posible lograr este conocimiento acercándonos a las distintas formas que utilizaron aquellos grupos “selectos” de la…p. 10
16El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 130, 1622 citas
[20]fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…p. 130
[21]imponerlo con mayor severidad. Los debates de 1894-1898 son un claro testimonio de la aparición de grupos sociales que reclaman políticas menos "ideológicas", concebidas en función del "interés nacional". En resumen, la inflación anuló los efectos positivos que hubiesen po- dido tener la consiguiente devaluación de la…p. 162
17Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 188, 193, 1963 citas
[22]la ruptura entre el artis- ta y la sociedad de su tiempo. La Lira Nueva Esta antología poética, publicada en 1886, coincide con los precep- tos positivistas. El prólogo de José María Rivas Groot constituye un verdadero manifiesto de la poesía positivista: el poeta debe respon- der a una serie de problemas mo- dernos y…p. 188
[30]una literatura nacional y castiza, en su obra De lo exótico Sanín se muestra favorable al universalismo y es en esta medida que se convier- te en un teórico del modernismo, al decir que no hay literatura ajena a lo extranjero. La idea de re- chazar la literatura extranjera le parece una mues- tra de chauvinismo y…p. 193
[31]estos poemas, que no consideraba dignos de su talento. La sátira abar- ca temas tales como la literatura de la época, a la que Silva califica de sensiblerías «semi-románti- cas», también son tema de su mofa la afectación intelectual, los poetas «grandiosos y sibilinos», los 4 Do ndo en alla: noche ña ranguila, Sobre…p. 196
18Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 461 cita
[23]lo haría grande después: la política. Sus contemporáneos lo describían como un caballero que parecía una estampa de club londinense, que llegaba a la redacción de los periódicos — en donde entonces se hacían tertulias— a paso lento, con su flema y con su sonrisa extraña. Como buen hijo y nieto de sastre, vestía muy…p. 46
19Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 521 cita
[24]estaba conformada por publicistas de la élite bogotana, afines a los nacientes partidos liberal y conservador, y tuvo como uno de sus objetivos prin- cipales las discusiones literarias y la conformación de una biblioteca nacional en la que se publicaran tanto las obras de los autores contemporáneos como las que habían…p. 52
20Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 2111 cita
[25]y Pintura (1847), la Academia de Santo Tomás de Aquino (1857), que fue fomentada por los religiosos dominicos, u n a Sociedad Protectora del Teatro y u n a Sociedad de Lectura que tuvieron u n a existencia efímera. Pero si no se cuenta con trabajos acerca de este tipo de asociaciones constituidas de u n a manera…p. 211
21Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 1291 cita
[26]contertulios. De ella nace la publicacién del mismo nombre y el hoy tesoro inapreciable del «Museo de cuadros de costumbres», uno de cuyos mayores impulsores, editor, alma y genio fue José Maria Vergara y Vergara (1831-1872), figura de las mas queridas por aquellos dias, tanto por la activi- dad, las ideas y…p. 129
22Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 111 cita
[27]rima y la velocidad de creación de los capitalinos, que presenció en varios de los mosaicos literarios a los que fue invitado, donde quedó gratamente sorprendido por la «viveza de inteligencia, sorprendente, eléctrica en su rapidez de percepción». Otro de los repre- sentantes de esta generación de poetas que dejó una…p. 11
23Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · p. 241 cita
[28]estos interrogantes. Si partimos de una noción como la de campo literario descrita por Bourdieu (1995) en su obra Las Reglas del Arte, nos podemos preguntar si estas escritoras participaron activamente en el espacio literario o intelectual vigente en Colombia en los últimos años del siglo XIX: El campo literario es un…p. 24
24Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3441 cita
[29]poco pedante el enunciado, pero co- rresponde a una actitud que está pre- sente en algunos de los mejores poetas representativos de la escuela. Se trata de una visión generalmente escéptica, amarga, a veces «negra», de la vida, no desprovista en ciertos casos de to- ques surrealistas. Un buen ejemplo es el siguiente…p. 344
25Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 151, 1572 citas
[32]embarcó en el vapor Amérique en La Guaira, Venezuela, resolvió llevar consigo toda la obra que había escrito en los últimos años. Era el 21 de enero de 1895. Silva ocupaba la secretaría de la lega- ción de Colombia en Caracas y se marchaba de vacaciones a Bogotá. Había prometido a sus amigos venezolanos que a su…p. 151
[33]rescate. Lo intentaron de varias maneras. La primera fue un cerdo, al que amarraron el lazo en la esperanza de que, nadando, lo llevara a tierra firme. Pero el cerdo murió ahogado por las olas y por el peso del lazo. No sólo era una mala noticia desde el punto de vista del rescate sino también desde el gastronómico,…p. 157
26The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 545, 5542 citas
[34]whispers, of perfumes and of wing-songs A few years prior to the shipwreck, Asunción Silva had lost his sister Elvira (his grieving for her is palpable in “Nocturno III”), and he had begun to face the bank- ruptcy of the business ventures he had attempted after his father’s death. In 1896 he pushed himself to rewrite…p. 545
[37]mental picture of the transformation of the country in the pro- tagonists who will accompany me in every age and in every scene of the undertaking, from entering the capital in blood and fire, bursting bombs all around and the discharges of rifle fire of the vanquishing army, dispatched by the most select of the…p. 554
27Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 138, 1422 citas
[35]que entran como áspides por entre el raso amoroso de los labios, a los besos que penetran como insectos borrachos de miel hasta el fondo de las flores; a las manos trémulas que buscan; al olor y al sabor del cuerpo femenino que se abandona. 36 Helena y Nelly simbolizan la contradicción que atenaza al protagonista José…p. 138
[41]anona- dada, se sintió feliz; ¡ya podía amar libremente a Elbina […]. 42 Y ni siquiera queda arrepentido cuando Elbina muere; todavía tiene arrestos para seducir y embarazar a otra muchacha viuda, Sofnia, en un hotel de Venecia. Y lamenta de nuevo el poder procreador de su simiente porque detesta la proliferación de…p. 142
28La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 80, 952 citas
[36]pero no en el interior de un salón, como en Pax y De sobremesa, sino al aire libre. La escena tiene lugar en el lago de Enghien, en Francia. Un bote conduce a dos amigos lejos de los ar- tificios de la vida moderna, en busca de un entorno natural. Mientras reman, contemplan los castillos de las orillas, los mármoles…p. 95
[38]venidas a menos y una especie de negociado en el que entran el gobierno, a través del general Ronderos, ministro de Guerra y encargado de finanzas, y sus amigos Roberto Ávila y Alejandro Borja, jóvenes descendientes de familias de alcurnia cuyos títulos provienen de la Colonia, accionistas de la empresa de Bellegarde…p. 80
29Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 6531 cita
[39]Un escritor org á nicamente prevenido, reaccion ó alguna vez contra el escritor de estas l í neas por haber dicho que para entender a Goethe y apreciar el encanto de su poes í a en manera completa, importaba conocer la lengua alemana ” ™. Este mandamiento elemental de la vida inte lectual en los pa í ses occidentales…p. 653
30Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 237, 2432 citas
[42]primeras revistas ilustradas de Antioquia’, BCB, / (), – . 54 Quoted by C. Gómez in Lo mejor de Efe Gómez (Medellín, ), . 55 See ‘Recuerdo de un viaje de Medellín a Bogotá, ’, BHA, / (Bogotá ), , fn. . 56 Estatutes of the Compañía El Montañés, quoted in El Montañés, (Medellín,…p. 243
[44]literary salon convened in San Pedro by Luis López de Mesa at the turn of the century; El Trabajo, edited by Miguel Ángel Osorio, later famous under the pseudonym Porfirio Barba Jacob, in in Angostura; and La Voz del Pueblo, issued in Andes in . Two of the best documented cases are those of El Andino, edited…p. 237
31Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 237, 2432 citas
[43]primeras revistas ilustradas de Antioquia’, BCB, / (), – . 54 Quoted by C. Gómez in Lo mejor de Efe Gómez (Medellín, ), . 55 See ‘Recuerdo de un viaje de Medellín a Bogotá, ’, BHA, / (Bogotá ), , fn. . 56 Estatutes of the Compañía El Montañés, quoted in El Montañés, (Medellín,…p. 243
[45]literary salon convened in San Pedro by Luis López de Mesa at the turn of the century; El Trabajo, edited by Miguel Ángel Osorio, later famous under the pseudonym Porfirio Barba Jacob, in in Angostura; and La Voz del Pueblo, issued in Andes in . Two of the best documented cases are those of El Andino, edited…p. 237
32María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 581 cita
[46]en las tertulias, había tres que hacían parte de los afectos entrañables de María: su primo segundo, el Negro Cano; su sobrino Luis Tejada y el poeta Abel Farina. Antonio J. Cano, El Negro Cano, era poeta, librero y editor. Tenía una librería en el cruce de la calle Colombia con Carabobo, a donde concurrían personajes…p. 58