Francisco Santos Calderón
Seguridad Democrática
N. 1961
La biografía
Vicepresidente de Colombia entre 2002 y 2010, periodista, sobreviviente del secuestro más notorio del cartel de Medellín y fundador de la Fundación País Libre, Francisco Santos Calderón —Pacho o Pachito para el país político— solo se entiende en la intersección de tres coordenadas: el apellido Santos, dueño y voz editorial de El Tiempo durante casi todo el siglo XX; su condición de víctima directa del narcoterrorismo, que le dio autoridad moral pública desde muy joven; y la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez, cuya cara internacional acabó siendo suya. Heredero de un poder mediático liberal, activista antisecuestro con causa propia y vicepresidente de un proyecto de derecha que redefinió el conflicto colombiano: en la contradicción entre esos tres planos se juega su lugar en la historia reciente del país.
Línea de vida
- 1990
Secuestro por el cartel de Medellín
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El 19 de septiembre de 1990, Francisco Santos fue secuestrado en Bogotá por orden de Pablo Escobar, siendo jefe de redacción de El Tiempo. Su plagio formó parte de la ofensiva de los Extraditables para forzar la prohibición de la extradición a Estados Unidos.
- 1991
Liberación y fundación de País Libre
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En mayo de 1991, Santos y Maruja Pachón de Villamizar fueron los últimos rehenes liberados por el cartel de Medellín, tras ocho meses de cautiverio. A raíz de la experiencia, impulsó la Fundación País Libre, ONG que se consolidó como referencia sobre el fenómeno del secuestro en Colombia.
- 2002
Columna sobre el Congreso y candidatura vicepresidencial
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El 28 de marzo de 2002, día de las elecciones legislativas, publicó en El Tiempo una columna advirtiendo que el nuevo Congreso sería 'aún peor' que el saliente. Meses después fue elegido vicepresidente en fórmula con Álvaro Uribe Vélez, quien ganó la presidencia el 26 de mayo de 2002.
- 2002
Posesión como vicepresidente e inicio de la Seguridad Democrática
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Asumió la vicepresidencia junto a Uribe. Al día siguiente de la posesión se lanzó el Plan Meteoro y cuatro días después se declaró el estado de conmoción interior, inaugurando el régimen de la Seguridad Democrática que subsumió derechos humanos y paz bajo la política de defensa.
- 2005
Ley de Justicia y Paz y desmovilización de las AUC
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Durante su vicepresidencia se sancionó la Ley 975 de 2005 (Ley de Justicia y Paz), marco jurídico del proceso de desmovilización de las AUC iniciado con el Acuerdo de Santa Fe de Ralito en 2003. Santos ejerció como interlocutor internacional de una política que generaba reservas en Europa y Estados Unidos.
- 2007
Controversia por falsos positivos y cifras de la Seguridad Democrática
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Las cifras oficiales contabilizaron 50.464 guerrilleros dados de baja, capturados o desmovilizados entre 2002 y 2010, y los efectivos de FARC y ELN bajaron de 20.600 en 2002 a cerca de 12.499 en 2007. Sin embargo, el fenómeno de los falsos positivos —asesinato de civiles presentados como guerrilleros— y la concentración del 60% de sindicalistas asesinados en el mundo cuestionaron la gestión de derechos humanos de la vicepresidencia.
- 2010
Fin del mandato vicepresidencial
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Concluyó ocho años como vicepresidente al término del segundo mandato de Uribe. Juan Manuel Santos, exministro de Defensa del gobierno, ganó las elecciones presidenciales de 2010 y fue visto como sucesor en materia de seguridad, aunque luego iniciaría un proceso de paz con las FARC.
Un apellido antes que un hombre
Nació en 1961 en el seno de una de las dinastías más influyentes del siglo XX colombiano. Su tío abuelo fue Eduardo Santos, director y propietario de El Tiempo, que había usado el periódico para catapultar la campaña de Enrique Olaya Herrera en 1930 y que él mismo llegó a la presidencia sin cumplir los cincuenta años, en una trayectoria en la que la muerte de su amigo Olaya en Roma, en febrero de 1937, marcó un punto de inflexión. Su abuelo fue Enrique Santos Montejo, el legendario Calibán de la columna La Danza de las Horas, uno de los articulistas más leídos del país durante décadas. Su padre, Enrique Santos Castillo, ejerció como jefe de redacción y editor general del periódico por cerca de sesenta años, alternando con su hermano Hernando Santos Castillo —Hersan, columnista de Detrás de las Noticias— hasta que este asumió la dirección el 17 de julio de 1981. Ese mismo día, Enrique Santos Castillo quedó como editor, y sus sobrinos e hijos entraron al núcleo directivo: Rafael Santos Calderón como jefe de redacción y Juan Manuel Santos Calderón —futuro presidente de la República— entre los principales artífices del matutino.
Francisco, hermano menor de Juan Manuel y de Enrique Santos Calderón —autor de la columna Contraescape, considerada precursora del pluralismo de opinión en la gran prensa colombiana junto con Reloj de Daniel Samper Pizano—, creció en un hogar donde el periódico y la política eran la misma conversación. No era una familia liberal que además tenía un diario, ni un diario que además apoyaba al liberalismo: era la misma cosa. Desde que en 1921 Eduardo Santos, siendo editor, había retornado al Partido Liberal abandonando la Unión Republicana, la identidad del periódico y la del partido habían quedado trenzadas. Francisco heredó por igual el oficio y la militancia: se formó como periodista, se vinculó a El Tiempo como columnista y accionista de la casa editorial, y desde muy joven aprendió que en Colombia una firma en el editorial pesaba tanto como un discurso en el Congreso.
El secuestro que lo cambió todo
El 19 de septiembre de 1990, Francisco Santos fue secuestrado en Bogotá por orden de Pablo Escobar. Tenía 29 años y era jefe de redacción del diario. Su plagio se inscribía en la ofensiva final de los Extraditables contra el Estado colombiano, una campaña de secuestros de periodistas y familiares de la élite política diseñada para forzar la prohibición de la extradición a Estados Unidos. Con él fueron secuestrados, en distintas fechas de esos meses, Diana Turbay, Maruja Pachón de Villamizar, Beatriz Villamizar de Guerrero, Marina Montoya —hermana de Germán Montoya, exsecretario general de la Presidencia de Virgilio Barco—, Juan Vitta, Hero Buss, Azucena Liévano, Orlando Acevedo y otros comunicadores.
Los desenlaces fueron desiguales y marcaron a fuego a Santos. Entre noviembre y diciembre de 1990 salieron Juan Vitta, Hero Buss y Azucena Liévano; el 17 de enero de 1991 fue liberado Orlando Acevedo; Beatriz Villamizar recuperó la libertad en febrero; ese mismo mes, Diana Turbay —hija del expresidente Julio César Turbay— murió durante una operación de rescate. El grupo llamado Los Notables —el cardenal Mario Revollo Bravo, los expresidentes Misael Pastrana Borrero y Alfonso López Michelsen y Diego Montaña Cuéllar— se ofreció como mediador. Francisco Santos y Maruja Pachón fueron los últimos rehenes en salir con vida, en mayo de 1991, después de que todos los demás cautivos hubieran sido liberados o muerto. Escobar los retuvo, en la práctica, hasta el final de la negociación que precedió a su sometimiento a la justicia.
Ocho meses de cautiverio en manos del cartel de Medellín transformaron a Santos de periodista de familia en figura pública de la lucha contra el secuestro. Con Maruja Pachón y otros allegados a las víctimas, impulsó la Fundación País Libre, la ONG que durante los años noventa y dos mil se consolidó como fuente de información y referencia sobre el fenómeno, complementando las estadísticas oficiales de la Fiscalía, la Policía y el GAULA con los casos que la burocracia no capturaba. País Libre nació en la misma coyuntura en la que, en julio de 1991, apareció el Comité Nacional de Víctimas de la Delincuencia Antidemocrática, o Comité Vida, y reflejó el creciente protagonismo de las víctimas de la guerrilla y del narcotráfico en el debate público de la década.
Ese capital simbólico —periodista, víctima, activista, sobreviviente— acompañaría a Francisco Santos durante el resto de su vida pública. Lo situaba en un lugar difícil de atacar: quien había estado ocho meses encadenado a la voluntad de Pablo Escobar tenía licencia moral para hablar de seguridad, de terror y de Estado.
De la columna al despacho vicepresidencial
Durante los años noventa combinó el trabajo periodístico con la militancia por la causa antisecuestro. Escribía columna en El Tiempo, era accionista de la casa editorial y aparecía con frecuencia como voz autorizada en temas de orden público. Su tránsito hacia la política electoral ocurrió sobre el colapso del proceso de paz del Caguán entre el gobierno de Andrés Pastrana Arango y las FARC, que dejó a un amplio sector de la opinión pública convencido de que la solución negociada al conflicto había fracasado.
El día de las elecciones legislativas del 28 de marzo de 2002, Santos publicó una columna en El Tiempo en la que advertía que el nuevo Congreso sería "aún peor" que el saliente. El texto se leyó, en su momento, como una advertencia sobre la paramilitarización del legislativo que años después estallaría en el escándalo de la parapolítica. Con el tiempo, algunos analistas —Hernando Calvo Ospina entre ellos— apuntaron una lectura menos halagüeña: la columna no habría sido tanto profecía como constancia de un conocimiento previo del que disponía el establecimiento. La diferencia anticipa la ambigüedad que perseguiría a Santos en los años siguientes.
Dos meses después, el 26 de mayo de 2002, Álvaro Uribe Vélez ganó la presidencia en primera vuelta con una plataforma de cien puntos y el respaldo mayoritario de quienes se oponían al Caguán. Francisco Santos fue su fórmula vicepresidencial. La elección tenía una lógica precisa: Uribe traía la promesa de derrota militar de las guerrillas; Santos aportaba la legitimidad de la víctima, el apellido, el periódico y una red internacional que ningún antiguo alcalde de Medellín podía construir por sí solo. Uribe era el país que exigía mano dura; Santos, el país que exigía respeto por las víctimas. Juntos cubrían el espectro que la Seguridad Democrática necesitaba para presentarse como algo más que una política de guerra.
La Seguridad Democrática y el papel del vicepresidente
Al día siguiente de su posesión, el gobierno lanzó desde Valledupar el Plan Meteoro, con el propósito de recuperar la movilidad en las vías principales e involucrar a un millón de ciudadanos como informantes voluntarios. Cuatro días después, Uribe declaró el estado de conmoción interior conforme al artículo 213 de la Constitución. Colombia entraba en un régimen distinto al que había conocido durante los años del Caguán.
La Seguridad Democrática no fue una política de derechos humanos ni una política de paz. Subsumió ambas dimensiones bajo el paraguas de la "defensa y seguridad democrática", produciendo un viraje de fondo respecto a la búsqueda de solución política negociada al conflicto. Su innovación consistió en involucrar a todo el aparato estatal —no solo a la fuerza pública— en el combate a los grupos armados ilegales, apoyándose en un proceso de modernización militar iniciado en 1999, antes del gobierno Uribe. Washington ya había incluido a las FARC, las AUC y el ELN en su lista de organizaciones terroristas, y la campaña se articuló en torno a su derrota militar, tratándolas como enemigos por eliminar y no como actores políticos por negociar.
En este esquema, la vicepresidencia de Francisco Santos se especializó en dos frentes que respondían perfectamente a su perfil: los derechos humanos, dentro del programa presidencial que la vicepresidencia lideraba históricamente, y la interlocución internacional, particularmente con Estados Unidos y Europa, donde su inglés impecable, su condición de exsecuestrado y su fluidez para el debate lo hacían un embajador eficaz de una política que en el exterior generaba constantes reservas.
Los resultados de la Seguridad Democrática, en cifras oficiales, fueron considerables: entre 2002 y el fin del segundo mandato de Uribe se contabilizaron 50.464 guerrilleros dados de baja, capturados o desmovilizados, y los efectivos sumados de las FARC y el ELN pasaron de 20.600 en 2002 a cerca de 12.499 en 2007, aunque por cada 100 subversivos retirados la guerrilla lograba reclutar 84 nuevos. En el Pacífico colombiano, la política y el Plan Patriota forzaron el repliegue de las FARC-EP y el ELN hacia zonas de frontera y territorios económicamente estratégicos, redistribuyendo el mapa del control armado.
Esas cifras arrastraban, sin embargo, una distorsión que terminó por definir la memoria del período: los llamados falsos positivos. La expresión —una de las más siniestras del vocabulario político colombiano reciente— designa el asesinato de civiles inocentes por parte de militares, principalmente del Ejército, que luego los vestían como guerrilleros para inflar el conteo de bajas enemigas. Una estimación sitúa el fenómeno en cerca de 1.300 operaciones y unas 2.000 víctimas. A esto se sumó otra estadística demoledora: durante el gobierno Uribe, Colombia concentró el 60 % de los sindicalistas asesinados en el mundo en 2010, y desde 1986 fueron asesinados cerca de 3.000 sindicalistas colombianos, a razón de uno cada tres días.
La vicepresidencia encargada de los derechos humanos operaba, entonces, en un país donde el propio Estado producía cadáveres para el conteo y donde la violencia antisindical era la peor del planeta. Santos defendió internacionalmente la política, matizó cifras, sostuvo interlocuciones con ONG y gobiernos, pero no rompió con el gobierno del que era segundo.
Ralito, Mancuso y las visitas que precedieron al cargo
La faceta más difícil de la biografía política de Francisco Santos no está en su gestión vicepresidencial, sino en un episodio anterior a ella, que solo se conocería años después. En sus versiones libres ante la jurisdicción de Justicia y Paz, Salvatore Mancuso —comandante de las AUC— declaró que había visitado las instalaciones del periódico El Tiempo en Bogotá, aproximadamente una semana después de que Francisco Santos Calderón hubiera estado en Córdoba. Mancuso fue recogido en el aeropuerto El Dorado por el conductor del periódico y trasladado a las oficinas del diario. En su testimonio, identificó a Santos como "reconocido columnista y accionista de la casa editorial El Tiempo", y ubicó estas reuniones en el marco de una estrategia del comandante Carlos Castaño Gil para encontrar aliados en los medios y dar a conocer a la sociedad colombiana la razón de ser de las autodefensas.
El episodio es delicado. Se trata de una declaración de un jefe paramilitar en sede judicial, no de una verdad procesalmente acreditada en todos sus alcances. Pero fija un hecho que Santos nunca desmintió con contundencia: la existencia de contactos entre miembros de la familia propietaria de El Tiempo y la comandancia de las AUC en años previos a la Seguridad Democrática. La inversión temporal es lo que hace incómoda la escena. No se trata de un vicepresidente que, ya en el cargo, tuvo que dialogar con paramilitares en desmovilización: se trata de un periodista y accionista de un gran diario que —según Mancuso— habría sostenido contactos con Castaño antes de llegar al gobierno, en el marco de una estrategia mediática de las autodefensas.
La secuencia arroja luz sobre la posición de Santos frente al proceso de desmovilización que estaba por venir, y sobre las lecturas críticas de su columna del 28 de marzo de 2002. La advertencia sobre un Congreso "aún peor" adquiere, a la luz de esos contactos, una dimensión distinta a la profética: la de una constatación desde adentro.
El proceso de las AUC: entre Ralito y las extradiciones de 2008
El proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia fue una de las tareas centrales del primer mandato de Uribe y una prueba de fuego para la vicepresidencia. El cese de hostilidades de las AUC se declaró en noviembre de 2002. En julio de 2003, en el Acuerdo de Santa Fe de Ralito, en Córdoba, las AUC se comprometieron a desmovilizar la totalidad de sus miembros. Las desmovilizaciones colectivas comenzaron el 25 de noviembre de 2003 con el Bloque Cacique Nutibara en Medellín y concluyeron en 2006 con el Bloque Élmer Cárdenas, con un total que osciló entre 31.521 y 31.689 personas.
El marco jurídico llegó tarde, con la Ley 975 de 2005 —Ley de Justicia y Paz—, sancionada por Uribe, que ofrecía penas alternativas a los miembros de grupos armados que contribuyeran a la reconstrucción de la verdad sobre sus crímenes y a la reparación de las víctimas. La ley fue criticada desde el inicio por su generosidad. En junio de 2006, la Corte Constitucional intervino: si los jefes paramilitares no cooperaban plenamente con la verdad ni realizaban restitución suficiente, serían juzgados bajo la ley penal ordinaria y podrían enfrentar extradición. La sentencia dotó de rigor a una legislación que hasta entonces había sido extremadamente laxa.
Las denuncias sobre el incumplimiento del cese de hostilidades no tardaron. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos constató que algunas comunas de Medellín seguían teniendo fuerte presencia y control paramilitar pese a la supuesta desmovilización del Bloque Cacique Nutibara, y el CINEP documentó la continuidad de crímenes contra la población civil durante el propio proceso de negociación. Al mismo tiempo, se comprobó que narcotraficantes ajenos a la estructura paramilitar habían ingresado al proceso: la Fiscalía estableció, por ejemplo, que Francisco Javier Zuluaga Lindo, alias Gordolindo, no reunía las condiciones para participar y fue excluido de la desmovilización del Bloque Pacífico.
En mayo de 2008, el gobierno Uribe extraditó a Estados Unidos a 14 jefes paramilitares, entre ellos Diego Fernando Murillo alias Don Berna y Salvatore Mancuso. La decisión se tomó en un momento en que las versiones libres estaban empezando a revelar los vínculos institucionales y políticos del paramilitarismo. Para sectores de víctimas y organizaciones humanitarias, la extradición fue un golpe al esclarecimiento de la verdad: los principales narradores del entramado paramilitar quedaban fuera del alcance de la justicia colombiana. Para el gobierno, era una demostración de cumplimiento con Washington en materia de narcotráfico.
Santos, como vicepresidente, no fue el arquitecto del proceso de Justicia y Paz —eso correspondió al Ministerio del Interior, la Alta Consejería para la Reintegración y la Oficina del Alto Comisionado para la Paz—, pero sí fue una de las voces del gobierno en foros internacionales donde el proceso era escrutado, y su historia previa con Mancuso lo situaba en una posición particular. La contradicción es estructural: el mismo hombre que había sido víctima del narcoterrorismo, que había fundado País Libre, que sostenía interlocución con la comunidad internacional en materia de derechos humanos, era también el segundo de un gobierno que extraditó a los jefes paramilitares antes de que confesaran plenamente y era, según testimonio de Mancuso, alguien que había sostenido contactos previos con Castaño.
Parapolítica, DAS y el ruido de fondo del segundo mandato
Uribe fue reelegido en 2006 y Santos permaneció como vicepresidente. Tres escándalos definieron la memoria de ese período: la parapolítica, los falsos positivos y las interceptaciones ilegales del DAS. Los tres se movían por debajo del discurso oficial de la Seguridad Democrática y, a medida que estallaban, iban dejando al descubierto que la coalición que sostenía el gobierno tenía un reverso judicial.
La parapolítica fue el primero en explotar. Desde 2006 salió a la luz un entramado que unía a paramilitares con congresistas y que terminó por comprometer a más de un centenar de legisladores, con condenas para una veintena de ellos y con gobernadores y funcionarios locales igualmente enredados en los expedientes. El grueso del daño se concentró en los partidos uribistas, con decenas de congresistas de la coalición de gobierno salpicados. La política de alianzas que sostenía la Seguridad Democrática exhibía, en tribunales, de qué estaba hecha.
Los falsos positivos, aunque anteriores como fenómeno, se hicieron públicos en su verdadera dimensión en 2008 con el caso de los jóvenes de Soacha reclutados con engaños y asesinados en el Norte de Santander. Un año después, los medios revelaron que el DAS había realizado interceptaciones ilegales y vigilancia contra periodistas, magistrados y opositores del gobierno. Jorge Noguera Cotes, director del DAS con rango de ministro de Estado, sería condenado en 2011 por concierto para delinquir agravado —integrar empresa criminal con paramilitares— y como autor mediato del homicidio del sociólogo Alfredo Correa de Andreis, en un caso en el que había participado Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, jefe del Bloque Norte de las AUC. Correa había enviado dos cartas al presidente Uribe pidiendo garantías constitucionales; no le valieron. El DAS sería reemplazado por una nueva agencia de inteligencia a comienzos de 2012, ya bajo el sucesor de Uribe.
En este entramado, la posición de Francisco Santos era estructuralmente frágil. Fuentes críticas al gobierno Uribe señalaron que dos de sus colaboradores más cercanos eran propietarios de El Tiempo, el principal diario de circulación nacional. La observación —dirigida sin nombrar explícitamente, pero apuntando con claridad al vicepresidente Francisco y al entonces ministro de Defensa Juan Manuel Santos— cuestionaba una situación inédita: dos miembros de la familia propietaria del periódico más influyente del país ocupaban los cargos ejecutivos más importantes después de la presidencia, mientras el propio diario sostenía editorialmente al gobierno del que ambos eran figuras centrales.
Las fricciones internas y la contradicción no resuelta
Sería un error convertir a Francisco Santos en un simple ventrílocuo de Uribe. Su trayectoria dentro del gobierno estuvo cruzada por fricciones que se hicieron notorias, aunque nunca alcanzaron el punto de la ruptura pública. Como responsable del programa presidencial de derechos humanos, tuvo que sostener interlocuciones con organizaciones internacionales que denunciaban precisamente las prácticas de la fuerza pública que la Seguridad Democrática protegía. Como periodista de vocación, no era ajeno a las revelaciones que su propio diario publicaba. Como víctima de secuestro, tenía una sensibilidad frente al terror que la retórica más dura del uribismo no siempre compartía.
Pero esas fricciones nunca fueron ruptura. Santos completó los dos mandatos, defendió la política en el exterior, sostuvo la línea del gobierno en materia de guerrillas y de proceso paramilitar, y solo tras dejar el cargo empezaría a marcar distancia crítica en algunos aspectos. Ahí operaba la contradicción productiva del uribismo civil: figuras con credenciales democráticas, humanitarias y liberales aportaban legitimidad a un proyecto cuyas prácticas concretas atentaban contra los principios que ellas mismas encarnaban en abstracto. El sistema funcionaba porque nadie del círculo civil rompía a tiempo.
Después de la vicepresidencia: la ruptura Uribe-Santos y su lugar en ella
En 2010, Juan Manuel Santos —primo de Francisco, hijo mayor de Enrique Santos Castillo— ganó las elecciones presidenciales con un amplio mandato, tras haber sido ministro de Defensa de Uribe y aparecer como su sucesor natural en materia de seguridad. Muy pronto, sin embargo, la relación entre Uribe y Santos se rompió: Juan Manuel abrió negociaciones con las FARC, giró hacia una política de solución negociada al conflicto, y Uribe se sintió traicionado. La ruptura se convirtió en la fractura política más importante de la década. Uribe pasó a ser el crítico más vocal de la presidencia de Santos, atacándolo por redes sociales, acusándolo de ceder ante terroristas y liderando desde el Centro Democrático la oposición que en 2014 presentó a Óscar Iván Zuluaga como candidato presidencial. En primera vuelta, Zuluaga derrotó a Santos con 29,3 % frente a 25,7 %; en segunda, Santos remontó con 51 % frente a 45 %. El eje del debate fue el proceso de paz, planteado por Santos como dicotomía guerra/paz y por Zuluaga como oposición justicia/impunidad.
Francisco Santos quedó, en esta división que partió a la élite política colombiana en dos bandos, del lado uribista. En 2018, con la llegada de Iván Duque Márquez a la presidencia bajo el paraguas del Centro Democrático, fue nombrado embajador de Colombia en Washington, cargo que ejerció hasta 2020. El nombramiento cerraba, en cierto modo, un círculo: la vicepresidencia lo había vuelto el rostro internacional del uribismo en materia de seguridad, y la embajada lo devolvía a esa función en el momento en que el uribismo intentaba resistir la implementación del Acuerdo de La Habana firmado por su primo. En algún momento intermedio, se lanzó como precandidato a la alcaldía de Bogotá sin lograr consolidar una candidatura ganadora.
Huella
Existen sobre Francisco Santos dos lecturas irreconciliables en la memoria pública colombiana, y ninguna es plenamente satisfactoria. La primera lo recuerda como víctima ejemplar del narcoterrorismo, fundador de País Libre, defensor de causas humanitarias, vicepresidente que le dio cara humana a una política de seguridad que el país necesitaba para salir de la parálisis del Caguán, y funcionario decente en un gobierno complicado. La segunda lo ve como copropietario de un diario que sostuvo al uribismo mientras dos miembros de su familia ocupaban la vicepresidencia y el Ministerio de Defensa, como beneficiario del capital simbólico de víctima que le permitió legitimar internacionalmente prácticas indefendibles, y como interlocutor previo del proyecto paramilitar según el testimonio de Mancuso.
Ninguna de las dos alcanza para explicarlo. La primera olvida que Santos no fue un ciudadano cualquiera catapultado a la política por circunstancias trágicas, sino un heredero de un poder mediático-político centenario que operó como tal desde el primer día. La segunda olvida que su historia con el secuestro y la Fundación País Libre no fue construida a posteriori: es anterior al uribismo y tiene su propia densidad. Santos encarnó, más bien, un patrón de larga duración de la élite política colombiana, en el que la propiedad periodística, la militancia partidista y el ejercicio del poder ejecutivo se entrelazan hasta hacerse difíciles de distinguir. Es la versión reciente de un fenómeno viejo.
Y hay un costo en esa continuidad. La Seguridad Democrática produjo resultados militares que su vicepresidencia contribuyó a vender al mundo; también produjo falsos positivos, parapolítica, extradiciones apresuradas y espionaje ilegal que el mismo esquema institucional impidió corregir a tiempo. La desmovilización de las AUC dejó sobre el terreno grupos que la CIDH pudo documentar en las comunas de Medellín antes de que se secara la tinta de los acuerdos. Los sindicalistas siguieron muriendo. Y en el centro de esa estructura, la vicepresidencia encargada de derechos humanos operó como legitimadora simbólica sin capacidad —o sin voluntad, o sin ambas— de ejercer un veto efectivo.
Los debates entre Uribe y Santos —entre los dos Santos, primo contra primo, después de 2010— fueron discusiones intraélite sobre cómo terminar el conflicto, mientras las víctimas del Pacífico, de Soacha, de las comunas y de los sindicatos seguían pagando el costo real de una guerra en la que su voz apenas se registraba. En esa asimetría, más que en la enemistad entre Uribe y Juan Manuel Santos que dominó los titulares de la década de 2010, se juega el peso histórico de la figura de Francisco: el hombre que tuvo todas las credenciales para haber ejercido una vicepresidencia crítica desde adentro, y que optó, en cambio, por completar el mandato.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
43 documentos · 49 fragmentos01La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 531 cita
[1]Resuelto a colocarse por encima de quienes habían ensangrentado el territorio nacional con una violencia de que estaba harto el país”. 99 Ejercía una enorme influencia a través de su periódico El Tiempo, el cual utilizó para controvertir con el Partido Conservador e impulsar la campaña y posterior victoria de Enrique…
p. 53
02Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 3671 cita
[2]poniendo que había puesto en ver- güenza al país por no saber compor- tarse en una asamblea como la de la Sociedad de las Naciones y su inca- pacidad para hablar la lengua oficial de la asamblea que era el francés. Cuando Santos se presentó al Senado e informó sobre su misión, se conocie- ron las informaciones de su…
p. 367
03Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 3031 cita
[3]y el mundo de la pol í tica, le plan teaban a los grupos dominantes un proyecto capitalista apoyado en una poblaci ó n obrera educada y emancipada del control autorita rio de terratenientes y curas. Entre los presidentes de Colombia de 1910 a 1990 hubo m á s periodistas que grandes propietarios de tie rras e…
p. 303
04Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 161 cita
[4]lleva a Antonia Santos, su tía-tatarabuela, heroína y mártir de la Independencia— es sobrino-nieto del presidente Eduardo Santos; nieto del recordado columnista Enrique Santos Montejo, que firmaba como Calibán, e hijo de Enrique Santos Castillo, jefe de redacción y editor general de El Tiempo, el periódico más…
p. 16
05Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Páginas 390, 3942 citas
[5]en el país. Tiene en Colombia, veinte mil agencias. En Bogotá atiende setenta mirsuscriptores. Y envía al exterior, 4.650 ejem plares. Sesenta periodistas cubren la redacción, y cuentan con 18 camionetas con radioteléfono para su trabajo. Los principales artífices del matutino son: Hernando y Enrique Santos Castillo,…
p. 394
[6]onorario" de ja "Casa Editorial EL T IE M P O Com o director, asumió don Hernando Santos Castillo. Editor, don Enrique Santos Castillo y Jefe de Redacción, don Rafael Santos. El viernes 17 de julio de 1981, don Hernando Santos Castillo ocupó la dirección de "EL TIEMPO" Hijo de Calibán, desde los años universitarios…
p. 390
06Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1301 cita
[7]diario, que expresan análisis y comentarios que no sólo di- fieren de la orientación política del pe- riódico, sino que en muchas ocasiones resultan francamente antagónicas res- pecto de sus editoriales. Las columnas «Contraescape» de Enrique Santos Calderón y «Reloj» de Daniel Samper Pizano podrían considerarse en…
p. 130
07Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 341 cita
[8]Palacios, Between Legitimacy, 65. 17. Colombia a su alcance, 725. 18. Abel, Política, 62. 19. Henderson, Modernization in Colombia, 102–3. 20. Palacios, Between Legitimacy, 66-67; Colombia a su alcance, 725. 21. Restrepo cited by Ocampo López, História básica de Colombia, 272–3. 22. Colombia a la alcance, 725. 23.…
p. 34
08El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 3152 citas
[9]campaña no tuvieran competencia en sus jurisdicciones, y el día de la elección que el pueblo votara masiva- mente por ellos. A cambio de ese “aval”, los elegidos se hacen los de la vista gorda ante sus actividades, e incluso han llegado a adjudi- carles contratos públicos para sus empresas [...] 3 El establishment…
p. 315
[10]campaña no tuvieran competencia en sus jurisdicciones, y el día de la elección que el pueblo votara masiva- mente por ellos. A cambio de ese “aval”, los elegidos se hacen los de la vista gorda ante sus actividades, e incluso han llegado a adjudi- carles contratos públicos para sus empresas [...] 3 El establishment…
p. 315
09Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · Página 3181 cita
[11]la República de 2002 a 2010– apoyaba el proyecto contrainsurgente que se gestaba en ese momento 63. En virtud de esa Sentencia, dijo Salvatore Mancuso: Asistí como comandante del Bloque Norte a las instalaciones del pe- riódico El Tiempo en Bogotá, aproximadamente una semana después de que Pachito [Francisco Santos…
p. 318
10Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 961 cita
[12]de Medellín con el secuestro de los periodistas y el grupo de “Los Notables”, compuesto por el cardenal Mario Revollo Bravo, los ex presidentes Misael Pastrana Borrero y Alfonso López Michelsen y Diego Montaña Cuéllar, se ofrece como mediador para la libera- ción. Un mes después, fue secuestrada Maruja Pachón de…
p. 96
11Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · Página 561 cita
[13][Quintero] had planned the appearance of groups of children on radio and television newscasts all over the country to read a plea for the release of the hostages. On October 19, the "Day of National Reconciliation," she had ar- ranged for simultaneous noon masses in various cities and towns to pray for goodwill among…
p. 56
12Mi vida y mi cárcel con Pablo EscobarVictoria Eugenia Henao · 2018 · Página 3181 cita
[14]sido secuestrado el 19 de septiembre de ese año, y a Marina Montoya, hermana de Germán Montoya, exsecretario general de la presidencia de Virgilio Barco. La ansiedad de Juan Pablo por saber qué pasaba en Colombia y en particular con su padre, nos sacó de la relativa zona de confort en que nos encontrábamos y se volvió…
p. 318
13Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · Página 3441 cita
[15]normas eran parte del engranaje jurídico con que el Estado ejercía la dominación de clase (Restre- po, Luis Alberto, mayo-agosto de 1992, página 11). En los años noventa se institucionaliza la protección de los de- rechos humanos, primero con la creación de la comisión de dere- chos humanos que se había creado a…
p. 344
14The Kidnap Industry in Colombia: Our Business?M. Moor, L. Zumpolle · 2001 · Página 281 cita
[16]with ‘kidnapping’ or will be changed to, for example, ‘homicide’ or ‘disap- pearance’. This explains why the statistics of the police are always higher THE KIDNAP INDUSTRY IN COLOMBIA – OUR BUSINESS? 29 than those of the Fiscalía. On the other hand, the commanders of the GAULA (police and military forces) do have some…
p. 28
15Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Páginas 160, 1682 citas
[17]de los políticos, incluidos los de la coalición centro-izquierdista del Polo De mocrático que, en la campaña electoral del 2005-2006 ni mencionó el tema que, claro está, descubrió poco después.39 Contra el Caguán En las elecciones del 26 de mayo de 2002 Alvaro Uribe Vélez ganó la presi dencia de Colombia. Había…
p. 160
[18]plataforma de cien puntos, tópicos de campaña electoral de un político profesional: contra la corrupción, el despilfarro del sector público, la ineficiencia administrativa y los rigores sociales que padecen los pobres como efecto de políticas neolibe- rales y por una Colombia sin guerrillas ni paramilitares. La…
p. 168
16Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2681 cita
[19]Ca- cica», forzó al presidente Pastrana a suspender el proceso y a ordenar la recuperación de la zona de despeje por parte del ejército en febrero de 2002, tres meses antes de la celebración de las eleccio- nes presidenciales. 12 veia” pi ro de 2003, ocasionó treinta y nueve muertos y cerca de ciento setenta heridos.…
p. 268
17Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1861 cita
[20]y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…
p. 186
18Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · Página 1821 cita
[21]las dos administraciones de Álvaro Página 182 Uribe se deben en gran parte al proceso de modernización y trasformación que él inició en 1999, aunque otros opinan que estos logros se deben exclusivamente a la administración Uribe. Aquí la respuesta es que fue un proceso de transformación del aparato militar que si bien…
p. 182
19Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 7751 cita
[22]alma cada madrugada para que las acciones de autoridad que emprenda tengan la más pura intención y el más noble desarrollo. Apoyaré con afecto a las Fuerzas Armadas de la Nación y estimularemos que millones de ciudadanos concurran a asistirlas” 857. Al día siguiente, desde Valledupar, lanzó el Plan Meteoro, que tenía…
p. 775
20Álvaro Uribe: El Caballo de Troya del NeoliberalismoJuan Manuel López Caballero · 2009 · Página 451 cita
[23]total de guerri- lleros dados de baja o capturados o desmovilizados bajo la Segu- ridad Democrática es 50.464 (son las cifras que más reivindica el Gobierno) También de acuerdo las mismas fuentes los efectivos de las guerrillas (FARC + ELN) bajaron de 20.600 en el 2002 a 13.799 en 2006 y a 12.499 estimados en…
p. 45
21Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1521 cita
[24]1985-2005, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Proyecciones de población municipal por área 2005-2020, Departamento Administrativo Nacional de Estadística. 602 Entrevista 208-PR-02012. Testigo, mujer, religiosa. 153 fiflćffć́Th́ El repliegue de la insurgencia, los herederos del paramilitarismo y la…
p. 152
22Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1181 cita
[25]Washington power brokers on the importance of “saving” Colombia from itself. Plan Colombia was approved in the final days of the Clinton administration, and at that time, “Plan Colombia” turned Colombia into the third-leading recipient of U.S. foreign aid, after Israel and Egypt. Toward the end of Pastrana’s term of…
p. 118
23Colombia - Culture Smart!: The Essential Guide to Customs & CultureKate Cathey · 2011 · Página 431 cita
[26]subject to intimidation.” In the presidential elections of 2010, Juan Manuel Santos won with an overwhelming mandate. Santos is seen as Uribe’s successor, and is expected to continue his focus on security. COLOMBIA TODAY Security Colombia’s last president (2002–10), Alvaro Uribe, ran for o ce during the height of the…
p. 43
24Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · Página 51 cita
[27]fall below 10% in 2012 according to some analysts. The large, unregulated informal sector accounts for 50% to 60% of Colombian workers. Drug trafficking has helped to perpetuate Colombia’s conflict by providing earnings to both left- and right-wing armed groups. The two main leftist guerrilla groups are the FARC and…
p. 5
25La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · Página 3091 cita
[28]en Santafé de Ralito. Diciembre Desmovilización del Bloque Calima (exclusión de Gordolindo). Noviembre AUC declara cese de hostilidades. Enero Inicio negociación política. Reconfiguración del Bloque Pacífico. 2002 2003 2004 310 LA GUERRA VINO DE AFUERA EL BLOQUE PACÍFICO EN EL SUR DEL CHOCÓ: UNA HERIDA QUE AÚN NO…
p. 309
26Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · Página 3341 cita
[29]Paz de Colombia, manifestaron su disposición a iniciar diá- logos con el Gobierno y establecieron un cese de hostilidades a partir del 1 de diciembre de 2002. En esta declaración, ninguno de los comandantes del BCB 334 BLOQUE CENTRAL BOLÍVAR SUR DE BOLÍVAR BLOQUE CENTRAL BOLÍVAR SUR DE BOLÍVAR apareció como firmante…
p. 334
27El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 1092 citas
[30]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
[31]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
28La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1001 cita
[32]confron- tación con grupos armados ilegales, el despliegue de operativos militares en contra del secretariado de las FARC-EP, la puesta en marcha de la ley de justicia y paz y del proceso de desarme, desmovilización y reintegración de miembros de las antiguas AUC principalmente. Las desmovilizaciones de las…
p. 100
29Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · Página 111 cita
[33]distintos enfoques ideo- lógicos y políticos. Por otra parte, las formas violentas del deno- tado paramilitarismo surgieron y se consolidaron a lo largo del territorio colombiano a mediados de los ochenta y durante todo el final del siglo XX. 12 Justicia Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico…
p. 11
30Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2701 cita
[34]la Ley 975 de 2005. En ese contexto, se puede entender que las AUC puedan ser caracterizadas de mejor manera como una alianza coyuntural de señores de la guerra y narcotraficantes, que por separado terminaron negociando con el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, su trán - sito a la legalidad. 386 383 Entrevista…
p. 270
31Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Página 3341 cita
[35]una invitación a la impunidad.4 En efecto, el proyecto buscaba motivar la desmovilización de los grupos armados a cambio de penas bajas, sin que los actores del conflicto contribuyeran a resarcir los daños que habían causado. En esencia, era un proyecto centrado en los victimarios. Después de un proceso de negociación…
p. 334
32Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 1321 cita
[36]parecían tareas convergentes. Se politizaba la criminalidad de los paramilitares, asociándola al delito de sedición, y por consiguiente se la hacía negociable; mientras se criminalizaba a la insurgencia como “amenaza terrorista”, y su agenda se convertía en no negociable. En suma, se pueden destacar los siguientes…
p. 132
33The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · Página 2441 cita
[37]closed following the accusation that it was operating as the political wing of Don Berna’s Oficina de Envigado drug network. 17. Along with other thirteen leaders of the paramilitaries, Don Berna was extradited to the United States in May 2008. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:30:29 PM…
p. 244
34Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · Página 621 cita
[38]as well. In June 2006, t he Peace and Justice Law of 2005, introduced by President Álvaro Uribe and approved by Congress as a way to facilitate demobilization of the AUC, was modified: the Constitutional Court ruled that if paramilitary leaders did not fully cooperate in telling t he truth about their criminal…
p. 62
35Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · Páginas 10, 142 citas
[39]“parapolitics” scandal in 2006 that exposed links between illegal paramilitaries and politicians, especially prominent members of the national legislature. Subsequent scandals that came to light during Uribe’s tenure included the “false positive” murders allegedly carried out by the military (primarily the Colombian…
p. 10
[48]the right, such as the Conservative Party, that contained both Uribe and Santos supporters. In a tight but decisive contest, President Santos won reelection in a June 2014 runoff with 51% of the vote to his CD opponent’s 45%, with about 4% of voters casting blank ballots, suggesting some disillusionment with both…
p. 14
36Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1891 cita
[40]que los anteriores ejemplos, hasta dónde estaba dispuesto a ir el Gobierno en su afán por satisfacer sus propios intereses: magistrados de las Altas Cortes, periodistas y políticos de la oposición, académicos, intelec- tuales, fueron objeto de seguimientos ilegales por parte de agencias estatales para calumniarlos e…
p. 189
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1321 cita
[41]juez ordenara la detención de Correa por el delito de rebelión 298. Correa estuvo detenido entre junio y julio de 2004. Su detención era insólita. Recuperó la libertad al demos- trar su inocencia. Sin embargo, su muerte fue ordenada por una troika de políticos, funcionarios del DAS encabezados por su director, Jorge…
p. 132
38Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · Página 2431 cita
[42]journalists done by Uribe’s secret police. Moreover, with most official killing no longer being outsourced to the paramilitaries, now Colombian troops faced charges of kid- napping and then killing innocent civilians, dressing them as guerrillas, so that their officers got pay raises, extra vacations, and promotions…
p. 243
39Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 1831 cita
[43]bordeada de sólidos ribetes de fascismo. Es más, su frialdad y cinismo para voltear estas pruebas de terrorismo de Estado a su favor, culpando a las víctimas y llamando terroristas a organizaciones humanitarias 218 que buscan la verdad y denuncian el crimen organizado, al cual han pertenecido funcionarios civiles y…
p. 183
40Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 1831 cita
[44]bordeada de sólidos ribetes de fascismo. Es más, su frialdad y cinismo para voltear estas pruebas de terrorismo de Estado a su favor, culpando a las víctimas y llamando terroristas a organizaciones humanitarias 218 que buscan la verdad y denuncian el crimen organizado, al cual han pertenecido funcionarios civiles y…
p. 183
41Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 1772 citas
[45]El Tiempo. (1985a). Acuerdo político, en la mitaca de 1988 la elección de alcaldes p. 1A y 12A. 30 de octubre de 1985. Recuperado de: http://www.eltiempo.com/eltiempoimpreso/ index.php?modeq=poranio&anio=1985 El Tiempo. (1985b). M- 19 se toma el Palacio de Justicia. Recuperado de: (http://www3.…
p. 177
[46]El Tiempo. (1985a). Acuerdo político, en la mitaca de 1988 la elección de alcaldes p. 1A y 12A. 30 de octubre de 1985. Recuperado de: http://www.eltiempo.com/eltiempoimpreso/ index.php?modeq=poranio&anio=1985 El Tiempo. (1985b). M- 19 se toma el Palacio de Justicia. Recuperado de: (http://www3.…
p. 177
42Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 2111 cita
[47]apenas ocho mil combatientes. —Por muchas razones, Uribe y Santos se volvieron rivales irreconciliables —señaló Juan—. En gran parte, porque Santos no siguió la misma línea de Uribe cuando se volvió presidente en el 2010. Uribe se sintió traicionado, al igual que muchos colombianos de la derecha que votaron por…
p. 211
43No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 5551 cita
[49]Uribe, se veía ahora dividida en torno al apoyo al proceso de paz, en medio de un gobierno que no lograba consolidar una narrativa clara que involucrara a los colombianos. La división de la sociedad se hizo evidente en las elecciones presidenciales del año 2014. En estas, Santos buscó su reelección y para ello se…
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