Mito: censura y resistencia cultural bajo la dictadura de Rojas Pinilla
Entre 1955 y 1962, mientras el régimen de Gustavo Rojas Pinilla clausuraba los grandes diarios liberales y conservadores, la revista Mito —fundada en Bogotá por Jorge Gaitán Durán y Hernando Valencia Goelkel— operó como foro intelectual casi único para debates políticos y culturales que la esfera pública oficial había silenciado.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1955–1962
- Dónde
- Bogotá, Tolima, Sumapaz, Norte de Santander, París
- Protagonistas
- Gustavo Rojas Pinilla, Gabriel García Márquez, Gerardo Molina, Jorge Gaitán Durán, Hernando Valencia Goelkel, Álvaro Mutis, Pedro Gómez Valderrama, Fernando Charry Lara, Rafael Gutiérrez Girardot, Danilo Cruz Vélez, Darío Mesa, Juan Lozano y Lozano
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La clausura en agosto de 1955 de los diarios El Tiempo, El Espectador y El Siglo por el régimen de Rojas Pinilla dejó sin foros a la opinión pública colombiana, abriendo un vacío que una revista literaria terminó ocupando.
- El proyecto intelectual de desprovincialización cultural de una generación nacida entre 1920 y 1930 que había vivido el Bogotazo y la Violencia bipartidista como experiencia formativa y buscaba disputar la hegemonía simbólica al mimetismo de generaciones anteriores.
- La escasa presencia en Colombia de corrientes intelectuales europeas contemporáneas —a diferencia de Argentina o México— hacía necesaria una operación voluntarista de importación y traducción cultural.
- El viraje represivo del régimen, que incluyó la matanza de estudiantes en junio de 1954, la declaración de ilegalidad del Partido Comunista y los operativos militares en Villarrica y el Tolima, intensificó la necesidad de espacios de elaboración crítica fuera del control oficial.
Consecuencias
- Mito publicó 42 números entre 1955 y 1962 y consolidó en Colombia la recepción del existencialismo, la fenomenología y la narrativa moderna europea y latinoamericana, conectando al país con Sur (Buenos Aires) y Orígenes (La Habana).
- La revista sirvió de plataforma de lanzamiento para escritores que se convertirían en el canon literario colombiano: García Márquez publicó allí El coronel no tiene quien le escriba y Mutis sus primeros poemas.
- Mito abrió debates políticos de alcance internacional —como la invasión soviética a Hungría y el fusilamiento de Imre Nagy— que la prensa censurada no podía tramitar, articulando posiciones de socialistas independientes, comunistas ortodoxos y liberales.
- El grupo de Mito participó en la transición de la dictadura al Frente Nacional con una actitud crítica compartida, contribuyendo a moldear el debate intelectual colombiano de los años sesenta.
- La experiencia de Mito estableció un modelo de revista cultural como espacio de resistencia oblicua —no frontal— frente a regímenes autoritarios, modelo que influyó en la memoria cultural del país sobre ese período.
La clave interpretativa
Por qué importa
Mito importa porque demostró que, en ausencia de prensa libre, una revista literaria de tiraje modesto puede convertirse en el principal foro de debate político e intelectual de un país. Su operación no fue heroica sino calculada: sostuvo una escritura libre bajo censura mediante la elaboración oblicua antes que la denuncia directa, y esa tensión entre libertad y autocensura es tan constitutiva de su legado como las traducciones de Sartre o los cuentos de García Márquez. Estudiarla obliga a revisar la frontera entre resistencia cultural y convivencia con el poder.
Desarrollo histórico
La historia completa
Censura, Mito y resistencia cultural a la dictadura (1955-1957)
Entre 1955 y 1957, mientras el régimen de Gustavo Rojas Pinilla clausuraba los grandes diarios liberales y conservadores, un grupo de escritores nacidos entre 1920 y 1930 fundó en Bogotá una revista de sesenta páginas que se propuso, sin decirlo tan explícitamente, algo inaudito: sustituir el país que la censura había apagado por otro país intelectual, hecho de traducciones de Sartre y Beckett, poemas de Álvaro Mutis, cuentos de Gabriel García Márquez y ensayos filosóficos escritos desde Friburgo. La revista se llamó Mito, la dirigieron Jorge Gaitán Durán y Hernando Valencia Goelkel, publicó cuarenta y dos números entre 1955 y 1962, y su aparición coincidió con la fase represiva más nítida de la única dictadura militar del siglo XX colombiano. Esa simultaneidad no es anécdota: es la clave para entender por qué una revista literaria de tiraje modesto terminó siendo, en la memoria cultural del país, el equivalente civil de aquellos años en que la esfera pública oficial se había vuelto irrespirable.
De la pacificación a la censura
El golpe del 13 de junio de 1953 no fue un asalto castrense contra el orden civil sino una salida negociada dentro del propio bloque de poder. Lo organizó el ospinismo conservador, lo apoyó el liberalismo, y su objetivo inmediato fue frenar el proyecto de reforma constitucional corporativista de Laureano Gómez, que ya en su articulado suprimía la libertad de crítica, el derecho de oposición y consideraba la prensa como un servicio público. La Asamblea Nacional Constituyente legalizó la nueva situación mediante el Acto Legislativo N° 1 de 1953, que reconoció el título del teniente general Rojas Pinilla como presidente para el resto del período en curso.
Al asumir el poder, Rojas pronunció frases —"No más depredaciones, no más sangre"— que abrieron un margen genuino de esperanza en un país que llevaba desde 1948 sumergido en la Violencia bipartidista. La negociación con jefes guerrilleros liberales, entre ellos Guadalupe Salcedo en los Llanos, dio forma a un proyecto de pacificación que, hasta mediados de 1955, mantuvo el respaldo del liberalismo y de la jerarquía eclesiástica. Durante unos meses pareció posible que el país saliera de la sangría por la vía menos previsible: la de un general con retórica populista y sensibilidad para las capas humilladas por la guerra.
Ese respaldo se erosionó rápido. A finales de 1953 el régimen creó el Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC), orientado al espionaje anticomunista y a la propaganda negra, en sintonía con el macartismo estadounidense. En 1954, Rojas declaró ilegales todas las actividades del Partido Comunista Colombiano; el gobierno llegó a afirmar que setenta mil comunistas operaban en el país fomentando el desorden, cifra groseramente inflada para consumo doméstico e internacional. El 8 de junio de ese año, durante la conmemoración estudiantil de un compañero muerto treinta años antes, fue asesinado por fuerzas del gobierno el estudiante Uriel Gutiérrez Restrepo; al día siguiente, la manifestación de protesta en Bogotá terminó con otros varios estudiantes muertos bajo intervención del Ejército. Fue uno de los primeros signos del viraje represivo, aunque la dirección de los partidos tradicionales aún continuó apoyando al régimen.
La ruptura definitiva llegó en 1955. A comienzos de ese año, Rojas declaró las regiones de Villarrica "zona de operaciones militares" e inició un operativo masivo —cerca de 4.000 soldados, artillería y más de 50 aviones, según el testimonio posterior del general Matallana— contra los núcleos guerrilleros y colonos comunistas del oriente del Tolima. El ataque al Sumapaz del 4 de abril dejó en evidencia que el régimen no era una tregua sino otro capítulo de la Violencia. En agosto de 1955 el gobierno clausuró El Tiempo, El Espectador y El Siglo, los tres grandes diarios de la opinión bipartidista. La causa directa fue la campaña sostenida de esos periódicos contra la dictadura; el efecto inmediato, el silenciamiento de las voces que hasta entonces habían articulado la conversación política del país. En cuestión de semanas, Colombia se quedó sin los foros que durante décadas habían tramitado sus desacuerdos, y esa desaparición abrió un vacío que ninguna instancia oficial estaba dispuesta ni preparada para llenar.
Una generación con nombre por hacerse
Cuando Mito aparece en 1955, el campo literario colombiano llevaba décadas gravitando alrededor de dos polos: la retórica seudo-modernista heredada de Guillermo Valencia y las escuelas poéticas que habían intentado renovarla —el movimiento Piedra y Cielo en los años treinta y cuarenta, el grupo Cántico algo después—. Ambos habían modernizado la poesía colombiana frente al academicismo valenciano, pero de manera mimética: sus referentes eran españoles y europeos —Vicente Aleixandre en primer lugar—, y esa dependencia limitaba su alcance renovador. La renovación era a la vez voluntad de independencia y forma de subordinación: una nostalgia colonial disfrazada de fervor independentista.
La generación que fundó Mito venía de un lugar biográfico distinto. Sus integrantes habían nacido entre 1920 y 1930, lo que significa que vivieron el 9 de abril de 1948 —el Bogotazo— como jóvenes que ya leían, escribían y militaban. Ese acontecimiento y sus consecuencias inmediatas —la Violencia rural, el desmoronamiento del orden liberal, el retorno del conservatismo autoritario— constituyeron su experiencia formativa. No la habían atravesado como niños ni como adultos consolidados: la atravesaron en el momento exacto en que se estaban haciendo intelectuales. Ahí se cifra buena parte de la particular temperatura moral de la revista: la de una generación que no podía darse el lujo de la inocencia estética porque había visto arder el centro de su ciudad antes de terminar la carrera.
A esto se añadía un rasgo estructural del campo cultural colombiano: la escasa inmigración europea que había recibido el país en la primera mitad del siglo XX, comparada con Argentina, Brasil o incluso México. Buena parte de la corriente intelectual europea contemporánea no llegaba a Bogotá por vías espontáneas; había que traerla. No había en el país exiliados republicanos españoles con revistas propias, ni una diáspora centroeuropea con editoriales asentadas, ni las cátedras universitarias que en Buenos Aires ocupaban las hornadas de sabios expulsados por el fascismo. La modernización cultural, si iba a ocurrir, sería un trabajo artesanal y voluntarista de unos pocos.
Ese era el proyecto de Jorge Gaitán Durán, nacido en Pamplona (Norte de Santander), poeta y editor con una fuerte formación europea, y de Hernando Valencia Goelkel, crítico literario y cofundador de la publicación. Mito se propuso traducir, comentar y difundir a los grandes autores modernos: Brecht, Sartre, Beckett; discutir la fenomenología de Husserl y el pensamiento de Heidegger a través de las contribuciones de Rafael Gutiérrez Girardot y Danilo Cruz Vélez, que colaboraban desde Friburgo. Y se propuso hacerlo articulando esa importación con una red latinoamericana ya en marcha: en el mismo eje continental estaban Sur en Buenos Aires y Orígenes en La Habana, revistas con las que Mito estableció desde el comienzo un diálogo de referencias.
Octavio Paz colaboró desde el primer número; Carlos Fuentes, Julio Cortázar y Alejo Carpentier figuraron entre los colaboradores internacionales. En el ámbito colombiano, la nómina inicial era la de una generación que buscaba nombre: García Márquez publicó allí El coronel no tiene quien le escriba junto con otros textos; Álvaro Mutis dio a Mito sus primeros poemas; Pedro Gómez Valderrama entregó ensayos sobre la historia del mal y del diablo; Fernando Charry Lara contribuyó a introducir la poesía moderna en lengua española. Nombres que en 1955 todavía eran hipótesis y que quince años después se habían vuelto el canon del país.
Una función que no habían buscado
La coincidencia entre la fundación de Mito y el cierre de los grandes diarios en agosto de 1955 no fue causal, pero fue estructuralmente decisiva. La revista no había nacido como respuesta al régimen: su proyecto de desprovincialización cultural existía por razones propias, ligadas a la historia interna del campo literario y a la voluntad de una generación de disputar la hegemonía simbólica a los herederos de Piedra y Cielo. Sin la dictadura, Mito habría existido igual, quizás en una escala más discreta. Con la dictadura, y con la clausura de la prensa masiva, la revista quedó ocupando un espacio que ninguna publicación literaria habría podido ocupar en condiciones normales: el de foro casi único para debates que la esfera pública oficial ya no podía tramitar.
El caso más nítido es el debate sobre Hungría. Cuando en 1956 la Unión Soviética invadió el país centroeuropeo y, poco después, fue fusilado el líder reformista Imre Nagy, Mito abrió sus páginas al problema. Las intervenciones dibujan un mapa ideológico de una precisión inusual para el momento. Gerardo Molina, socialista independiente, calificó la invasión y el fusilamiento como un crimen y una equivocación. Darío Mesa, desde una posición comunista ortodoxa, sostuvo que Nagy había sido "aniquilado en la corriente de la mayor revolución de la historia humana", fórmula que la propia lógica del debate expuso como muestra de las justificaciones forzadas que los comunistas se veían obligados a construir frente a los conflictos en los países socialistas. Y Juan Lozano y Lozano, dirigente e intelectual liberal, distinguió con precisión jurídica entre "el asalto criminal y bárbaro" y la "insurrección moralmente justa y vital y políticamente obligatoria de grupos oprimidos". Un solo debate reunía a un socialista, un comunista y un liberal en torno a un episodio internacional cuya discusión pública en Colombia era, en 1956, prácticamente imposible fuera de las páginas de una revista literaria.
Lo mismo ocurrió, de otra manera, con la Violencia colombiana. El régimen tenía interés en que la Violencia dejara de ser tema: la pacificación era su bandera fundacional, y admitir que en Villarrica había continuado la guerra, o que en enero de 1957 se renovaba en los Llanos, habría contradicho la narrativa oficial. Los diarios clausurados no podían ya contarlo, y los que quedaban operaban bajo censura. Mito no fue una revista de reportaje —no era su naturaleza—, pero sí un espacio donde la Violencia se elaboró oblicuamente: en la narrativa de García Márquez, en los relatos de Pedro Gómez Valderrama, en la sensibilidad general de una generación cuya escritura no podía prescindir de esa experiencia histórica. El silencio que la censura imponía en la esfera pública se compensaba en la esfera literaria por un tratamiento cifrado, elaborado, oblicuo, que hizo de la revista menos un dispositivo consciente de resistencia que un síntoma cultural de una crisis que el Estado pretendía negar.
La operación de Mito no fue una toma de posición limpia contra la dictadura, sino una negociación permanente con los márgenes que el régimen dejaba abiertos. La revista no fue clausurada; sus directores no fueron encarcelados; el proyecto pudo circular en librerías bogotanas mientras se ejecutaban operativos militares en Villarrica y se allanaban redacciones de diarios ya cerrados. Esa relativa impunidad se debía en parte al carácter minoritario del público lector, en parte al prestigio social de quienes firmaban, en parte a que la revista no ejercía una crítica frontal al régimen sino una elaboración oblicua de sus efectos. Lo que desde la memoria posterior se lee como resistencia fue, en el momento, una convivencia tensa: sostener una escritura libre en un país donde la libertad de imprenta estaba suspendida obligaba a calcular constantemente qué se decía, cómo se decía y qué se callaba. Ese cálculo, no la heroicidad, fue el gesto cotidiano de Mito entre 1955 y 1957. Y conviene no idealizarlo: la línea entre la elaboración oblicua y la autocensura es fina, y los propios directores no siempre supieron —ni quisieron saber— dónde exactamente pasaba.
Sartre como caballo de Troya
El referente intelectual central de la generación fue el existencialismo francés, con Jean-Paul Sartre como faro reconocido. La elección tenía una lógica precisa. El existencialismo permitía articular tres rupturas que la generación necesitaba: una ruptura estética con el mimetismo de Piedra y Cielo, porque proponía una literatura de la situación concreta antes que de la evocación lírica; una ruptura política con el catolicismo autoritario del laureanismo y con el corporativismo del proyecto de 1953, porque la libertad como categoría filosófica era incompatible con cualquier orden que la subordinara a un fin trascendente; y una ruptura con el realismo costumbrista dominante en la narrativa colombiana, porque desplazaba el foco de la descripción sociológica al problema de la conciencia frente a la historia.
Pero el existencialismo funcionó también como caballo de Troya modernizador. Publicar traducciones de Sartre en 1955 no era un gesto militante en un país donde la mayoría de los lectores no había leído L'existentialisme est un humanisme ni La Nausée: era una operación de importación cultural que ponía a Colombia en el mismo tiempo que París, Buenos Aires y La Habana. Lo mismo valía para Brecht —cuyo teatro proponía otra concepción del arte político— y para Beckett, cuyo En attendant Godot era, en 1955, novedad europea reciente. La revista funcionaba a la vez como aula, como laboratorio y como puente. Y esa función, en el contexto de una dictadura que apelaba a la tradición hispánica y católica como cemento ideológico, tenía consecuencias que trascendían lo estrictamente literario: traducir a Sartre era, sin proclamarlo, discutir en voz baja los fundamentos del orden que Rojas y sus ideólogos daban por naturales.
El propio Gaitán Durán, sin embargo, se distanció con el tiempo de Sartre. Ese alejamiento —cuyos motivos se desarrollarían en su obra ensayística posterior— revela algo importante sobre la revista: no era un órgano doctrinario ni una secta filosófica. Era un campo de tensiones donde el existencialismo francés convivía con la fenomenología alemana (por vía de Gutiérrez Girardot y Cruz Vélez), con la crítica marxista (Darío Mesa), con el socialismo independiente (Molina) y con el liberalismo reformador (Lozano y Lozano). Su cohesión fue más estética que política, más generacional que ideológica. Nadie firmaba un manifiesto en Mito; se firmaban textos que compartían, a lo sumo, un tono, una exigencia y una manera de entender que la literatura tenía algo que ver con la libertad aunque no siempre con la política inmediata.
Cafés, librerías y sesenta páginas trimestrales
Una revista es también un lugar físico, y Mito pertenece a una geografía muy precisa. Se hizo en Bogotá, en la ciudad de la Librería Central, del Café Automático y de los cafés noctámbulos donde ya habían tertuliado Los Nuevos y Piedra y Cielo, y donde ahora tertuliaban Gaitán Durán, Valencia Goelkel, Cote Lamus, Gómez Valderrama, Mutis y Charry Lara. Era una sociabilidad de proximidad —Bogotá era todavía una ciudad manejable a pie, con un centro donde uno se cruzaba a los mismos veinte interlocutores en el curso de una tarde— y de intensidad: la revista se pensaba en la conversación diaria antes que en las reuniones editoriales formales. Un poema se leía en voz alta sobre una mesa manchada de café antes de llegar a las galeradas, y una traducción de Beckett podía discutirse a las tres de la madrugada con el tipógrafo esperando el material a la mañana siguiente.
Esa dimensión material importa porque explica cómo un proyecto sostenido por muy pocas personas pudo tener el impacto que tuvo. No hacía falta una infraestructura: bastaban dos o tres cabezas centrales, un par de traductores capaces, una red epistolar con París —donde Gaitán Durán pasaba largas temporadas— y con Friburgo, y una imprenta que aceptara tirajes modestos. La revista circulaba entre lectores contados —el mercado real de la alta cultura colombiana de los años cincuenta era pequeñísimo—, pero esos lectores incluían a quienes iban a ser, en las dos décadas siguientes, los protagonistas del campo intelectual del país. Mito no era un fenómeno de masas ni pretendía serlo: era un dispositivo de formación de una elite letrada que, en circunstancias más normales, se habría formado por otras vías. Bajo Rojas, con los diarios cerrados y la universidad tensionada, esa función se concentró y adquirió una densidad que no habría tenido en la Colombia liberal de los años cuarenta.
La economía del proyecto tuvo un aire de milagro discreto. Sesenta páginas trimestrales, con traducciones cuidadas y colaboraciones internacionales, no salían solas. Paz, Cortázar, Fuentes escribían por prestigio, por amistad, por afinidad con el proyecto, no por honorarios que la revista jamás habría podido pagar. Los traductores locales eran los propios editores o su círculo inmediato: uno traducía a Sartre por la tarde y editaba a Mutis por la noche. La imprenta se sostenía con suscripciones, ventas de librería y aportes personales de los directores. Gaitán Durán, hijo de una familia acomodada de Norte de Santander, subvencionó en buena parte la existencia material de la revista, y esa base económica —una pequeña fortuna familiar puesta al servicio de un proyecto de importación cultural— fue tan determinante como la formación intelectual del director para explicar la viabilidad del proyecto. Sin ese respaldo privado, la aventura no habría llegado al segundo número. Que Colombia fuera, en los años cincuenta, un país donde una revista de sesenta páginas podía sostenerse con recursos personales modestos y donde el mercado de la alta cultura, aunque estrecho, era suficientemente denso como para reconocer y consumir una publicación de ese perfil, dice algo sobre el país y también sobre las condiciones —irrepetibles— en que Mito fue posible.
SENDAS y la erosión final
Mientras Mito consolidaba su lugar en el pequeño mundo letrado bogotano, el régimen intentaba construir su propia base política popular. La figura central de esa operación fue María Eugenia Rojas, hija del presidente, nombrada a los 21 años directora de la Secretaría Nacional de Asistencia Social (SENDAS). Desde allí organizó el reparto de víveres en los barrios tuguriales de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, y la distribución de ropa y juguetes navideños. La operación generó apoyo popular real entre las capas desclasadas urbanas, y ese capital político sería el sustrato sobre el que Rojas construiría, tras ser derrocado, su movimiento de oposición. Pero SENDAS simbolizó también el enfoque casual y personalista de una administración marcada por el derroche y la mala gestión: una política social de gesto navideño en lugar de institucionalidad.
El intento de Rojas de afirmarse en un proyecto populista propio —apoyándose en fuerzas populares y sindicales, fundando su propio partido, distanciándose de los mentores ospinistas y liberales del golpe de 1953— provocó exactamente lo contrario de lo que buscaba: la reunificación del bloque de poder tradicional en su contra. La caída del precio del café desde 1955, el gasto excesivo en obras públicas, las críticas del empresariado a la intervención estatal en la economía privada, la censura a los diarios y los crímenes en la Plaza de Toros de Bogotá en 1956 fueron erosionando la base del régimen. El 24 de julio de 1956, Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez suscribieron en Benidorm, España, el pacto que estableció la alianza entre el liberalismo y la facción laureanista del conservatismo para enfrentar al gobierno militar, proponiendo "el regreso a la normalidad jurídica". La última facción conservadora que respaldaba a Rojas le retiró su apoyo en los meses siguientes.
El 10 de mayo de 1957, Rojas Pinilla fue depuesto. El poder pasó a una junta militar de transición, y el país entró en la fase de negociación que desembocaría en el Frente Nacional. Los integrantes del grupo de Mito vivieron esa transición como jóvenes profesionales ya en pleno ejercicio, con posiciones políticas diversas pero con una actitud crítica común ante la situación del país. Gaitán Durán había cumplido treinta y dos años; Valencia Goelkel, treinta y dos también; García Márquez, treinta; Mutis, treinta y cuatro. Eran ya escritores hechos, no promesas, y el fin del régimen los encontró con obra publicada, redes internacionales activas y un lugar propio en el campo cultural que la Colombia posterior al Frente Nacional no podría desconocer.
Lo que dejó
La revista continuó publicándose hasta 1962, año en que dejó de aparecer coincidiendo con la muerte de Gaitán Durán. En el período específico que aquí importa —1955 a mayo de 1957—, la revista logró tres cosas que ninguna otra publicación colombiana de esos años consiguió reunir.
Primero, ofreció a una generación de escritores un lugar de aparición. García Márquez, Mutis, Gómez Valderrama, Charry Lara, Cote Lamus consolidaron en sus páginas su lugar en el campo literario. La publicación de El coronel no tiene quien le escriba en Mito es, en la carrera de García Márquez, un hito editorial que precede al reconocimiento internacional posterior. Segundo, articuló una red latinoamericana de circulación intelectual que puso a Bogotá en el mismo mapa que Buenos Aires, La Habana y Ciudad de México en un momento en que la ciudad no tenía instituciones culturales de proyección continental. La aparición de Octavio Paz desde el primer número, la presencia posterior de Cortázar, Fuentes y Carpentier, sitúan a Mito como uno de los nudos —modesto pero real— de la conversación continental que preparó el terreno para lo que en los años sesenta se llamaría el boom. Tercero, mantuvo abierto durante la dictadura un espacio de discusión pública sobre temas que la esfera oficial había silenciado: la Violencia, el comunismo, la libertad, la relación entre intelectuales y poder.
A largo plazo, Mito fue reconocida por la Generación sin Nombre de los años setenta como su antecedente directo, junto con Los Nuevos y Piedra y Cielo, en la tradición literaria colombiana. Frente al Nadaísmo —que había ocupado la escena en los años sesenta con una postura de ruptura provocadora—, la Generación sin Nombre se propuso continuar la empresa intelectual que Mito había inaugurado: una modernización sostenida, atenta a la tradición europea y latinoamericana, exigente en la crítica, escéptica frente a los populismos culturales. Esa filiación es quizás el testimonio más elocuente de que la revista logró, en sus siete años de existencia, algo raro en la vida cultural colombiana: convertirse en referente sin haberlo buscado programáticamente.
Mito no derrocó a Rojas Pinilla —eso lo hicieron el Pacto de Benidorm, la caída del precio del café, la pérdida del apoyo empresarial y militar—, pero cuando la dictadura cayó en mayo de 1957, la conversación intelectual del país tenía un lugar donde continuar. Ese lugar lo habían construido Gaitán Durán, Valencia Goelkel y sus colaboradores durante los dos años previos, mientras la mayor parte de la esfera pública oficial se hundía en el silencio. Lo que hicieron no fue heroico ni programático, y tampoco fue puro: negociaron con los márgenes del régimen, callaron lo que era prudente callar, financiaron con dinero familiar lo que ninguna institución pública iba a financiar, y en ese cálculo sostenido, semana a semana, número a número, mantuvieron abierta una puerta estrecha por la que, cuando la dictadura cayó, pudo volver a entrar el aire.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 221, 2252 citas
[1]da, conforman dos lecturas esenciales y de creciente influencia en la poesía hispanoa- mericana de este siglo. LALA YI E E Evolución de la literatura colombiana Fernando Charry Lara, poeta y crítico literario, activo miembro y colabo- rador de la revista Mito, con Sus ensayos y artícu- los dio a conocer en Co- lombia…p. 221
[43]forman parte esencial. La coincidencia entre Nadaísmo y medios es clara: los une el afán de impactar y de ganar votos de la audiencia, sin importar los contenidos. Ello coincide hoy con la retórica textual y visual de la cultura light. Podría pensarse que el Nadaísmo eludió, casi por entero, tres condiciones ligadas…p. 225
02Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 2591 cita
[2]supuesto, quien in- cluyó El coronel y otros dos textos en la revista. Hubo colaboraciones de Carlos Fuentes y también desde el primer número el magisterio tan grave y continuado de Octavio Paz. 15 La lista de colaboradores de la revista Mito, en efecto, ofrece los mejores escritores colombianos de aquellos tiempos.…p. 259
03Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 1851 cita
[3]by the poet Jorge Gaitán Durán and literary critic Hernando Valencia Goelkel. Mito would be compared to the journal Sur published in Buenos Aires by Jorge Luis Borges and Orígenes in Havana, directed by Alejo Carpentier. But unlike Argentina and Cuba, Colombia received a relatively low number of European immigrants…p. 185
04Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 86, 892 citas
[4]Instituto Colombiano de Cultura. 1979. 88 Capítulo 4 Literatura y pensamiento. 1958-1985 Luis Antonio Restrepo El grupo de Mito L a revista Mito permite ubicar, así sea sin mucho rigor, un grupo de escritores que ya sea como orienta- dores de la publicación o bien como sus habituales colaboradores se han denominado el…p. 89
[5]del esque- matismo de sus análisis de la situación coyuntural del país. Además, los co- munistas se veían obligados a hacer justificaciones que resultaban poco o nada convincentes acerca de los trá- gicos conflictos que acompañaban el proceso político en los países socialis- tas. Esto se vio muy claro cuando Mito…p. 86
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 3151 cita
[6]to coalition government —Treaty of Sitges (Spain) establishes National Front procedure SENA (“National Learning Service”) established —Tenth Salón Nacional de Artistas: Fernando Botero wins prize —National school of journalists established —Bogot á establishes Luis Ángel Arango Library, backed by Banco de la…p. 315
06Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 153, 1542 citas
[7]que “en todos los grupos políticos o ideológicos del país ha sido grande la tendencia a ver como legítima la rebelión, la resistencia armada, cuando se considera que las autoridades no están respetando sus derechos y que no hay una forma eficaz de defenderlos en forma pacífica. Hay un derecho a la desobediencia, un…p. 153
[8]que “en todos los grupos políticos o ideológicos del país ha sido grande la tendencia a ver como legítima la rebelión, la resistencia armada, cuando se considera que las autoridades no están respetando sus derechos y que no hay una forma eficaz de defenderlos en forma pacífica. Hay un derecho a la desobediencia, un…p. 154
07Conversaciones con Estanislao ZuletaEstanislao Zuleta · 2020 · p. 2371 cita
[9]vida de Estanislao. La segunda y definitiva salida de la casa materna y el traslado a Bogotá, donde, en compañía de Mario Arrubla, Álvaro Vélez, Rómulo Jaramillo, Bernardo Guerra, Octavio Vélez y otros amigos, compartían una pensión de cinco pesos mensuales, que incluía comida y lavado de ropas. La dictadura de Rojas…p. 237
08Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 241, 2442 citas
[10]y 9 de junio de 1954 se cumplieron una serie de manifestaciones estudiantiles en contra del régimen —las primeras protestas urbanas que se presentaban desde el 9 de abril-, cuyo resultado fue la muerte del estu- diante Uriel Gutiérrez y doce compañeros más, lo que desató el descontento de ciertos sectores de la…p. 244
[16]los pode- res legislativo y judicial mantuvieran sus acciones claramente delimitadas, mientras al ejecutivo se le otorgaban poderes especiales para determinar los rumbos a seguir en casos de crisis, lo cual, dicho en pocas palabras, era una dictadura civil. En mayo de 1952 se creó la Comisión de Es- tudios…p. 241
09Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 652 citas
[11]despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…p. 65
[12]despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…p. 65
10¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 861 cita
[13]los diarios liberales El Tiem po y El Espectador a principios de 1 956 y la agresión de agentes del Estado al público en la plaza de toros de la capital ese mismo año. De esta manera, el régimen era criticado no solo como una dictadura militar, sino como una continuación de la represión de las administraciones…p. 86
11Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 121, 1612 citas
[14]odio fra- tricida haya desaparecido y podamos de nuevo transitar el camino de la paz y recobrar nuestro prestigio de nación culta y cristiana», lo cual en el contex- to de violencia que se padecía, equi- valía de cierta manera a una condi- ción imposible. Luego, en el mensaje de año nuevo que dirigió al país en 1955,…p. 121
[35]armas, se reafir- maron en la necesidad de conservar- las, y los que las habían entregado, lo lamentaron y empezaron a ver la am- --stía como una trampa del gobierno. No cabía duda, la violencia partidista retomaba la dinámica de años anterio- res. Ex guerrilleros como Teófilo Ro- jas («Chispas») encontraron fácil re-…p. 161
12Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1981 cita
[15]político, como se suponía que debía ser en un país de arraigadas tradiciones gamonales. UN PASO ADELANTE… MUCHOS PASOS ATRÁS Numerosos hechos iban en contravía de la anhelada pacificación nacional. Algunos eran imputables al propio gobierno o a sus agentes, otros hacían parte de las estrategias partidistas de…p. 198
13Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 3041 cita
[17]sitio, bajo el cual se restringía una gran cantidad de liber tades civiles, se mantuvo desde 1949 y luego durante toda la presidencia de Laureano Gómez, elegido ante la ausencia liberal en las elecciones. Con la 3 0 2 P o l ít ic a a g r a r ia y c o n f l ic t o s d u r a n t e l a V io l e n c ia posesión de…p. 304
14Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4931 cita
[18]la violencia contra el adversario. La confrontación durante estos años llegó a su climax, las estadísticas sobre muertes violentas, masacres políti- cas y éxodos, así lo permite observar. Ni siquiera el relevo en el mando presidencial de Roberto Urdaneta ante una enfermedad de Gómez, repercute en un cambio de am-…p. 493
15Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 396, 4064 citas
[19]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…p. 396
[20]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…p. 396
[36]alimentos adelantada por un nuevo instituto, el Sendas, cuya directora, María Eugenia Rojas de Moreno, ordenó repartir víve- res en los barrios tuguriales de Bogotá, Medellín, Cali y Barran- quilla. 12 Tal conducta despertó un gran apoyo para el régimen dentro de estas capas desclasadas de la población y explicaría en…p. 406
[37]alimentos adelantada por un nuevo instituto, el Sendas, cuya directora, María Eugenia Rojas de Moreno, ordenó repartir víve- res en los barrios tuguriales de Bogotá, Medellín, Cali y Barran- quilla. 12 Tal conducta despertó un gran apoyo para el régimen dentro de estas capas desclasadas de la población y explicaría en…p. 406
16La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 4881 cita
[21]acierto y de paz: "No más depredaciones, no más sangre", fueron palabras que esperanzaron a los colombianos. Veinticuatro horas más tarde la Asamblea Nacional Constituyente legalizó el nuevo régimen mediante el Acto Legislativo N° 1 de 1953: "Es legítimo el título del actual presidente de la república, teniente…p. 488
17Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2241 cita
[22]ú n partido pol í tico [...] Paz, derecho, libertad, justicia para todos [...] y de manera especial para las clases menos favorecidas de la fortuna, para los obreros y menes terosos. La patria no puede vivir tranquila mientras tenga hijos con hambre o desnudos ”. En este momento la ret ó rica de la paz llegaba a los…p. 224
18Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 1121 cita
[23]estaba con un uniforme liviano, de tierra caliente, y con una chompa de cuero color café, con la que había llegado de Melgar. ¿Cuáles fueron los cambios que se produjeron entre la mañana del 13 de junio y la mañana del 14? Arturo Abella los resume así: el general Gustavo Rojas Pinilla pasó de comandante de las Fuerzas…p. 112
19Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 611 cita
[24]El jefe insurgente Guadalupe Salcedo dialoga de igual a igual con el general Duarte Blum. Herrera habia padecido atroces vejamenes a manos de los agentes de seguridad en los dias de su cau- tiverio. Agosto 19. En rueda de prensa con periodistas norteamericanos, Rojas afirma que no ha incorpo- rado a los liberales a su…p. 61
20Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2111 cita
[25]de •9SJ atacó la corr up ción del poder judicial, qu e toda- v ía en mu chos dis tritos seguía en manos de abogados y tint erillos laureanist as. Par a com batir la impunidad est ab leció la composición paritaria de la Cor te Suprema de Justicia y satisfizo a los liberales al ll evar a dicha co rp o ración a sus más e…p. 211
21No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 49, 632 citas
[26]el retorno al país del Batallón Colombia, después de la guerra de Corea y con las posteriores reformas en aspectos como la inteligencia civil. Para finales de 1953 se creó el Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC), cuyo foco era el espionaje anticomunista y las cam- pañas de propaganda negra 121; ecos locales del…p. 63
[44]ideología de ultraderecha tenía audiencia y el anticomunismo, arraigo. Si bien en Bogotá los partidos mantenían las formas, en medio de una gran polarización política, en las regiones los episodios de violencia pasaron de ser esporádicos a reiterados. Probablemente uno de los episodios que marcaron el regreso de la…p. 49
22El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 792 citas
[27]irían a encenderlas. Para el general Rojas Pinilla la solución fue realizar un opera- tivo militar inmenso a comienzos de 1955, luego de declarar las regiones como “zona de operaciones militares”, dando inicio a lo que se conoció como la “Guerra de Villarrica”. Después de meses de combates, lo único que consiguió fue…p. 79
[28]irían a encenderlas. Para el general Rojas Pinilla la solución fue realizar un opera- tivo militar inmenso a comienzos de 1955, luego de declarar las regiones como “zona de operaciones militares”, dando inicio a lo que se conoció como la “Guerra de Villarrica”. Después de meses de combates, lo único que consiguió fue…p. 79
23Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 75, 882 citas
[29]social structure that had existed since colonial times. The large ranchers retained their position at the top of the social and economic scale while their workers were no better off than they had been before 1948. Even worse was the fact that the Colombian army, which in the beginning had been regarded as a force for…p. 88
[34]freedom for all prisoners jailed by the past regime who were residents of the Llanos, and that it comply with the promises it had made in the first day of June 13, 1953. 80 Tur- riago responded that the government was working hard to comply with these demands and denied that it had anything to do with the arrival of…p. 75
24A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 26, 374 citas
[30]f r e d o M o l a n o Perseguidas por tierra y aire por las ff. m m., lograron en seis meses escapar de la ofensiva e instalarse en las regiones altas del macizo de Sumapaz. Otras fueron evacuadas y fun daron colonizaciones en las vertientes del río Guayabero, del Ariari y de El Pato. Toda la vertiente del Orinoco.…p. 37
[31]f r e d o M o l a n o Perseguidas por tierra y aire por las ff. m m., lograron en seis meses escapar de la ofensiva e instalarse en las regiones altas del macizo de Sumapaz. Otras fueron evacuadas y fun daron colonizaciones en las vertientes del río Guayabero, del Ariari y de El Pato. Toda la vertiente del Orinoco.…p. 37
[32]la mayoría de los com batientes liberales, los comunistas subjetivam ente no podían continuar p o r su cuenta y riesgo” el m o vim iento. E ntonces optó p o r constituir, en com pañía de C harro N egro, u n com ando clandestino, “ abso lutam ente m óvil”, que se conoció com o el de “Los T reinta”, con 26 hom bres y…p. 26
[33]la mayoría de los com batientes liberales, los comunistas subjetivam ente no podían continuar p o r su cuenta y riesgo” el m o vim iento. E ntonces optó p o r constituir, en com pañía de C harro N egro, u n com ando clandestino, “ abso lutam ente m óvil”, que se conoció com o el de “Los T reinta”, con 26 hom bres y…p. 26
25Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3941 cita
[38]Rojas Pinilla’s administration. And in the case of the pájaros, the president was at least indi- rectly responsible for the resurgence. That frustrated and embittered increas- ing numbers of Colombians and helped pave the way for Rojas’s overthrow in early 1957. Rojas Pinilla did no better in handling Colombia’s…p. 394
26Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 781 cita
[39]pero la gente se acuerda de las cosas, las cosas. Y el pueblo lo que más recuerda del gobierno de Rojas fue lo que hizo su hija María Eugenia. Ella les repartía alimentos a los po bres, ropa, les regalaba en Navidad juguetes a los niños, ayudaba a los ancianos. Eso no iba a cambiar la estructura del Estado, obvio.…p. 78
27Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1081 cita
[40]de las autoridades fuera evidentemente injusta. Guadalupe Salcedo era un guerrero vigoroso y leal con sus hombres, hábil estratega y memorable ser humano, firme en sus convicciones e implacable en el combate, que cuando fue llamado a la paz y a la concordia y se convenció de que la promesa oficial era sincera, actuó…p. 108
28Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1811 cita
[41]decisión de Rojas de conformar y consolidar una alternativa a los partidos tradicionales lo acompañaría hasta la tumba. A tres años de iniciado su gobierno, el divorcio con las jerarquías liberal y conservadora era total. C AÍDA DE R OJAS, F RENTE N ACIONAL, VIOLENCIA Y BANDOLERISMO Al frente de la oposición al…p. 181
29Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 6971 cita
[42]í a a Vicente Aleixandre, al poeta espa ñ ol que por su po é tica no se inscrib í a totalmente entre los de la Generaci ó n del 27, sino que, como Luis Cernuda m á s tarde, hab í a asimilado el surrealismo y buscado nuevas formas del lenguaje. El reinado de Aleixandre en la poes í a colombiana lleg ó a mantenerse…p. 697
30Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 2581 cita
[45]sum, the rigid hierarchy of the Catholic Church supported the political and social stratification of the state. For treatment of the Church in Colombia, see Levine, Reli- gion and Politics in Latin America. notes to pages 64–67 235 118. “Persecution in Colombia,” 29 Nov. 1949, 821.00/11–2049, Box 5243, Department of…p. 258