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Biografía

José de Ezpeleta

Pre-independencia

17 min de lectura29 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesVirrey de la Nueva Granada (1789–1797) · Gobernador de Cuba
Lugar principalSantafé de Bogotá
Período históricoPre-independencia1780–1809
03

La biografía

Fue el virrey que gobernó la Nueva Granada entre 1789 y 1797, los ocho años en que las ideas de la Revolución francesa llegaron a Santafé de Bogotá y encontraron, para escándalo de la Corona, un pequeño círculo de lectores dispuestos a traducirlas. Militar navarro de carrera larga, administrador de mano firme y modales suaves, Ezpeleta encarnó con inusual nitidez la contradicción del despotismo ilustrado tardío: nombró bibliotecario real al fundador del primer periódico regular del virreinato, entregó a Antonio Nariño el libro del que este sacaría la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, patrocinó los circuitos intelectuales que darían forma a la conciencia criolla y luego —cuando esa misma conciencia se hizo texto impreso— ordenó la represión, las confiscaciones y las remesas de presos a España. Su virreinato es la bisagra donde se ve, casi en tiempo real, cómo las reformas borbónicas producían los instrumentos de su propia impugnación.

02

Línea de vida

  1. 1789

    Recepción en Santafé y llegada al virreinato

    Leer contexto

    Las fiestas de recepción del virrey Ezpeleta tuvieron lugar el 1 de agosto. Llegó precedido de una larga hoja de servicios en el Caribe —colaborador de Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana y de Cuba— y trajo consigo a Manuel del Socorro Rodríguez, letrado cubano que nombraría bibliotecario real del Nuevo Reino de Granada.

  2. 1791

    Fundación del Papel Periódico de Santafé

    Leer contexto

    El 9 de febrero de 1791 apareció el primer número del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, fundado y dirigido por Manuel del Socorro Rodríguez bajo el amparo institucional de Ezpeleta. La publicación se sostendría durante seis años, los mismos que duró el mando del virrey, hasta el número 265 del 6 de enero de 1797.

  3. 1793

    Ezpeleta facilita a Nariño el libro con los Derechos del Hombre

    Leer contexto

    El virrey entregó a Antonio Nariño una obra de Galart de Montjoie que contenía, en una hoja suelta, la transcripción íntegra de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Nariño tradujo y editó el texto en su Imprenta Patriótica, con Diego Espinosa como impresor, desencadenando la mayor crisis política del virreinato en la década.

  4. 1794

    Conspiración de los pasquines y represión ilustrada

    Leer contexto

    En 1794 aparecieron pasquines sediciosos en diversas ciudades del virreinato. Ezpeleta alertó a los gobernadores de Nueva Granada, Quito, Caracas y otras ciudades sobre la circulación del impreso de los Derechos del Hombre y los pasquines, calificándolos de potencial sedicioso de gran magnitud. La causa comprometió a Nariño, a Francisco Antonio Zea y al doctor Manuel Ignacio Fróes de Carvalho, entre otros.

  5. 1796

    Relación de mando: diagnóstico del virreinato

    Leer contexto

    Ezpeleta redactó su relación de mando, considerada uno de los documentos más valiosos del gobierno colonial para el estudio de la situación social, económica y política del virreinato. En ella adoptó un realismo moderado sobre la reforma poblacional, la enseñanza de primeras letras, la hacienda y la infraestructura, reconociendo los límites de la acción gubernamental sin dramatismo.

  6. 1797

    Entrega del mando y promoción al Virreinato de Navarra

    Leer contexto

    El 2 de enero de 1797 Ezpeleta entregó el mando a Pedro Mendinueta. Tres días después se publicó el último número del Papel Periódico. Tras su virreinato en Nueva Granada fue promovido al Virreinato de Navarra, cerrando una carrera americana que había marcado la bisagra entre el reformismo borbónico y la represión del criollismo ilustrado.

La semblanza: un funcionario ilustrado en el filo del siglo

Ezpeleta llegó a la Nueva Granada precedido por una hoja de servicios sólida en el imperio de Carlos III. Había sido colaborador de Bernardo de Gálvez en las campañas del Caribe durante la guerra contra Inglaterra, gobernador de la Luisiana y de Cuba, y hombre de confianza de las redes gubernativas que administraban el arco americano de la monarquía. Se casaría con María Josefa de Enrile, dama del entorno colonial cuya presencia en Santafé sería recordada por los cronistas con afecto singular. No fue un burócrata improvisado: llegó al virreinato como pieza probada de la maquinaria borbónica, entrenado en el manejo simultáneo de plazas fuertes, hacienda y política de fronteras.

Su gobierno se inscribe en la fase madura de las reformas borbónicas, cuando los virreyes actuaban bajo la doble consigna de fortalecer la autoridad de la Corona y poner la ciencia y la administración al servicio del recaudo. Sucedía al arzobispo-virrey Antonio Caballero y Góngora, figura de enorme peso, protector de José Celestino Mutis y negociador con los Comuneros de 1781, y entregaría el mando el 2 de enero de 1797 a Pedro Mendinueta. Entre esas dos fechas transcurre el episodio que marcaría su lugar en la historia colombiana: la publicación clandestina de los Derechos del Hombre por Nariño, la conspiración de los pasquines de 1794 y el desmontaje represivo de la esfera pública ilustrada que hasta entonces él mismo había auspiciado.

Los santafereños lo estimaron sinceramente. La virreina se distinguió por su belleza y virtudes, y el propio virrey se ganó fama de hombre bondadoso e ilustrado. Admiró la Sabana de Bogotá, deseó conocer el Salto de Tequendama y organizó, para ese efecto, un paseo al que invitó a las familias más distinguidas de la capital, tomando medidas para facilitarles la asistencia. La escena parece un detalle mundano, pero condensa algo del estilo del personaje: un funcionario que gobernaba con sociabilidad, que integraba la administración con la cortesía, que tejía relación con la élite local a través de gestos concretos. La represión posterior no borraría del todo esa memoria amable.

Los orígenes de un despotismo ilustrado tardío

Para entender qué gobernaba Ezpeleta hay que retroceder al terreno que recibió. La Nueva Granada de finales del siglo XVIII era territorio de reformas fiscales agresivas y de descontento acumulado. La carga tributaria se había triplicado bajo la política borbónica: de cerca del 2,9% del producto en el período anterior a las reformas, había pasado a rondar el 10,4% en los quinquenios de mayor presión. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron un promedio de 2,4 millones de pesos anuales, de los cuales unos 770.000 —el 32%— provenían de los estancos de tabaco y aguardiente. La administración real había reducido los precios de compra del tabaco a los campesinos, subido los de venta y reprimido las siembras ilegales, activando el resentimiento que en 1781 estalló como rebelión de los Comuneros.

Aquel movimiento, precipitado por las medidas del regente Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, había sido negociado por Caballero y Góngora en las Capitulaciones de Zipaquirá con Juan Francisco Berbeo, después anuladas una vez reforzada militarmente la capital. José Antonio Galán, que rechazó las condiciones y quiso continuar la lucha, fue apresado cerca de Onzaga, conducido a Santafé y ejecutado junto a otros cabecillas. La rebelión no fue un grito de independencia —distaba mucho de serlo—, pero expresó el deseo de un gobierno con cara más criolla y dejó en la memoria pública una huella que resonaría durante décadas. Cuando Ezpeleta tomó posesión, ese recuerdo estaba fresco tanto en el pueblo neogranadino como en las autoridades españolas, y condicionaba cualquier lectura oficial de la disidencia.

Al mismo tiempo, la Corona borbónica había puesto en marcha, con Caballero y Góngora como impulsor local, la Real Expedición Botánica dirigida por Mutis. La empresa respondía al programa ilustrado de Carlos III: poner la ciencia natural al servicio del conocimiento y aprovechamiento de las riquezas del reino, con la mira puesta en mejorar la economía imperial. Mutis, sacerdote, médico y botánico autodidacta llegado en 1761 como médico del virrey Pedro Messía de la Cerda, había sido el agente más importante de la ilustración científica del virreinato. Su enseñanza de la cosmología copernicana le costó un conflicto con los dominicos que intentaron expulsarlo, y solo la protección de Caballero y Góngora le permitió continuar. A Ezpeleta le tocó heredar y sostener ese aparato científico, con sus tertulias, sus corresponsales, sus discípulos criollos —Francisco Antonio Zea entre ellos— y su capacidad silenciosa de gestar una conciencia local diferenciada.

Sobre ese doble suelo —tensión fiscal comunera y ebullición científica ilustrada— se levantaba el virreinato al que llegó Ezpeleta. El otro elemento del cuadro, decisivo, sería exterior: en el mismo verano de su recepción en Santafé, agosto de 1789, estallaba en París la Revolución francesa. Al otro lado del Atlántico, apenas trece años antes, se había fundado la república de los Estados Unidos. La combinación de fiscalidad exigente, memoria comunera, elite letrada ilustrada y noticias revolucionarias circulando por el Atlántico produciría, en menos de un lustro, la primera crisis política moderna del virreinato.

La trayectoria: gobernar entre reformas, tertulias y sospechas

El estilo de gobierno de Ezpeleta quedó registrado con precisión en su relación de mando de 1796, uno de los documentos más valiosos que dejó el gobierno colonial para el estudio de la situación social, económica y política del virreinato en la última centuria de la dominación española. En él aparece un administrador de temple moderado, sin dramatismo, capaz de reconocer los límites de la acción gubernamental sin caer en la desesperación. Sobre la cuestión de la reforma de la población no imitó el tono alarmista de Caballero y Góngora: admitió que no era posible modificar sustancialmente la distribución poblacional del reino y propuso solo mejoras graduales —reducir a cierto orden las poblaciones existentes, evitar mayor desarreglo, corregir defectos en las nuevas fundaciones—. Es el tono de un realismo administrativo que se sabe operando sobre inercias más grandes que él.

En materia de enseñanza informó, con orgullo mesurado, que se estaban estableciendo escuelas públicas en los barrios de la capital donde hacían falta, gracias a la dotación de maestros financiada por la piedad del arzobispo Caballero y Góngora. En los lugares de afuera con suficiente población, las escuelas de primeras letras se costeaban con las rentas de propios, método que —sugería— podía extenderse a otras localidades. Sobre la reforma de los límites y jurisdicción de los corregimientos, reconoció que reportaría grandes utilidades pero también inconvenientes considerables, y prefirió no forzarla. Sobre la administración de la hacienda en lugares retirados, dejó constancia de un problema estructural: los alcaldes ordinarios servían un año, sin sueldo, entre sus compatriotas, en tierras donde vecinos eclesiásticos y seculares estaban acostumbrados a vivir con fraude de los derechos reales. Su sucesor Mendinueta ampliaría el diagnóstico: elegir corregidores, recaudadores y escribanos era difícil por los bajos salarios, y eso propiciaba abuso de autoridad y corrupción a expensas del público.

Su obra material más recordada fue el mejoramiento del camino entre Bogotá y Zipaquirá, con la apertura de planos laterales y la construcción de puentes sobre los caños que facilitaron el comercio y la comunicación. Detalle pequeño pero significativo: la ilustración borbónica encontraba en la infraestructura de tránsito uno de sus lenguajes más concretos, y Ezpeleta lo hablaba con soltura.

En el terreno militar, gobernó una plaza de mando delicada. El regimiento auxiliar de Santa Fe de Bogotá realizaba ejercicios de fuego con cuatrocientos hombres, sin contar los reclutas recién llegados, bajo la comandancia del sargento mayor Juan Josef Cavallero, y tanto los oficiales como la tropa demostraban buena instrucción. Pero la geografía militar del virreinato mostraba fisuras: en Popayán y Santafé eran claras las tensiones entre el Ejército y el cuerpo civil, mientras que en Cartagena de Indias y Venezuela reinaba una armonía relativa. La razón era social: en los puertos, el número de oficiales criollos superaba desde antes de 1800 al de los peninsulares, y en Venezuela, aunque el 80% de los oficiales superiores fueran españoles, su base económica era débil y los llevaba a estrategias de alianza matrimonial con las familias principales de sus destinos. Después de 1800, los criollos ya constituían la mayoría de los cuadros medios del ejército, un 56% del total. Ezpeleta gobernó una milicia que se criollizaba silenciosamente por la base mientras la Corona seguía pensándola como brazo peninsular.

La red: Mutis, Rodríguez, Nariño y los circuitos que patrocinó

Aquí se juega la pieza central del retrato. Ezpeleta no fue un carcelero de la Ilustración: fue, durante años, uno de sus patronos institucionales. La prueba mayor es el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, primera publicación regular del virreinato, aparecida el 9 de febrero de 1791 y sostenida durante seis años —los mismos que duró el mando de Ezpeleta— hasta su número 265, publicado el 6 de enero de 1797, tres días después del relevo del virrey. La coincidencia temporal no es casual: fue el propio Ezpeleta quien había traído a Santafé, hacia 1789, a Manuel del Socorro Rodríguez, letrado cubano nacido en La Habana, como amigo personal y asistente suyo, y quien lo nombraría bibliotecario real del Nuevo Reino de Granada. Rodríguez fundó y dirigió el Papel Periódico bajo el amparo del virrey. Cuando este dejó el mando, la publicación se apagó.

El vínculo con la Expedición Botánica y sus discípulos fue igualmente estrecho. Francisco Antonio Zea, catedrático de ciencias naturales en el Colegio Mayor de San Bartolomé y miembro de la Expedición, orbitaba en el círculo científico de Mutis. Los criollos dedicados al estudio de las ciencias naturales tendían también a interesarse por los tópicos económicos, sociales y políticos de la Ilustración; casi todos ellos participarían más tarde en el movimiento de independencia. Ezpeleta sostuvo institucionalmente ese medio: la biblioteca pública, la enseñanza de primeras letras, la publicación regular, la ciencia patrocinada. Es el retrato del despotismo ilustrado en su fase de plenitud: la autoridad borbónica creyendo, con sinceridad administrativa, que podía cultivar la razón sin cosechar la subversión.

El punto de quiebre fue Nariño. Antonio Nariño, hombre de fortuna y cabeza brillante, había sido recaudador de diezmos y era propietario de la Imprenta Patriótica, taller establecido en la Plazuela de la Iglesia de San Carlos donde trabajaba el impresor Diego Espinosa. En algún momento previo a 1794, Ezpeleta le facilitó personalmente un libro que había llegado a sus manos: una obra de Galart de Montjoie —Christophe Félix de la Touloubre—, autor francés poco entusiasta de la Revolución, que sin embargo incluía, en una hoja suelta contenida en uno de sus tomos, la transcripción íntegra de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Nariño leyó, tradujo y editó ese texto. Lo imprimió en su propia Imprenta Patriótica —la misma donde saldrían los últimos seis números del Papel Periódico—. El virrey, sin proponérselo, había puesto en circulación en Santafé el documento fundacional del constitucionalismo revolucionario europeo.

La reacción de la propia administración de Ezpeleta ante la publicación fue inmediata y aguda. El texto fue calificado de sedicioso; el virrey alertó no solo a Nueva Granada sino a los gobernadores de Quito, Caracas y otras ciudades de Su Majestad sobre la circulación del impreso, atribuyéndole un potencial sedicioso de gran magnitud. La causa por sedición comprometió, además de a Nariño, a Zea y al doctor Manuel Ignacio Fróes de Carvalho, visitador de boticas, entre otros distinguidos ciudadanos. Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Comenzó a pagar la pena en 1796, en los calabozos de Cádiz, de donde se fugaría al año siguiente para viajar a Inglaterra y Francia en busca de apoyo para la causa independentista. Los demás presos fueron remitidos a España, donde acabaron siendo absueltos.

La confiscación de los bienes de Nariño reveló algo que ninguna autoridad quería ver escrito: una extensa biblioteca introducida clandestinamente, con clásicos griegos y latinos, historia, filosofía, teología, matemáticas, medicina, ciencias naturales, tratados de leyes y —sobre todo— escritos de los enciclopedistas franceses del siglo XVIII. Esa biblioteca era el mapa material de la conciencia criolla ilustrada. Y estaba, literalmente, en la casa del hombre a quien el virrey le había prestado el libro de Montjoie.

Hay un detalle adicional que complica la lectura simple del caso. Nariño, como recaudador de diezmos, había sido acusado de desfalco al no poder presentar los fondos en el momento exigido. El episodio de los Derechos del Hombre fue utilizado para acusarlo políticamente y forzarlo a restituir esos fondos antes del vencimiento de su cargo, lo que lo dejó en quiebra pese a que sus créditos superaban la deuda. La represión política se entrelazó con la persecución fiscal, y esa mezcla —tan típica del período— muestra que la maquinaria virreinal no operaba con la pureza doctrinaria del anti-jacobinismo, sino con la lógica pragmática de un aparato que aprovechaba las coyunturas.

La crisis de 1794: pasquines, sedición y el reflejo del miedo

El caso Nariño no fue el único frente de tensión. En 1794 aparecieron pasquines en diversas ciudades del virreinato, que las autoridades coloniales asociaron a una conspiración anti-hispánica en marcha. El episodio se ha conocido como la conspiración de los pasquines, y funcionó como uno de los detonantes de la respuesta represiva del gobierno virreinal, aunque el principal fue la publicación del impreso de Nariño. La sensibilidad oficial estaba en máxima alerta: los sucesos de 1781 seguían presentes en la memoria administrativa, la Revolución francesa acababa de entrar en su fase jacobina, y cualquier señal de disidencia se leía en clave de conspiración inminente.

La crisis se desarrolló en un contexto internacional que la sobredeterminaba. El establecimiento del gobierno republicano en Estados Unidos y los dramáticos sucesos de París ofrecían a los criollos letrados un repertorio de ideas y a las autoridades una razón para temerlas. La influencia ideológica de la Revolución francesa sobre la generación criolla neogranadina fue reconocible; la del ejemplo norteamericano resultó más limitada, porque las noticias sobre él eran menos conocidas y su efecto sobre los criollos suramericanos, menor. Pero el efecto combinado bastó para que un virrey pragmático como Ezpeleta —que había facilitado él mismo el libro de Montjoie— viera de pronto sedición donde antes había visto lectura.

La respuesta represiva evidenció una creciente tensión entre criollos y autoridades españolas, en un contexto donde el enfrentamiento por el acceso a cargos se hacía cada vez más agudo. Conviene medir el peso relativo de las causas. La crisis de los años 1790 no la produjo Ezpeleta. Tampoco la habría evitado otro virrey más severo o más laxo. Respondía a fuerzas estructurales que ningún funcionario individual podía contener: triplicación de la carga fiscal, exclusión criolla de los cargos de decisión, memoria comunera viva, circulación transatlántica de ideas revolucionarias. Lo que sí hizo el virreinato de Ezpeleta fue concentrar en un mismo espacio y tiempo el patrocinio del Papel Periódico, la circulación del texto que detonaría el caso Nariño y la represión subsiguiente, haciendo visible con inusual claridad que las reformas borbónicas generaban los instrumentos de su propia impugnación.

La paradoja central de la élite criolla de finales del siglo XVIII consistía precisamente en eso: la misma formación intelectual promovida por la Corona —expediciones científicas, tertulias, sociedades económicas, bibliotecas públicas, periódicos patrocinados— gestaba una conciencia diferenciada y empujaba a algunos grupos hacia ideas que pretendían cambios más profundos al sistema colonial. La circulación de esas ideas entre la minoría letrada criolla tenía carácter reservado, dado el peligro que representaba apoyarlas públicamente; pero coexistía con la naturaleza abierta de actividades como la Expedición Botánica, y esa asimetría —lo público científico, lo privado político— definió el tono de la esfera pública ilustrada neogranadina. El imperio quiso concentrar el control sobre recursos económicos, sociales y culturales, y produjo, sin buscarlo, una élite criolla capaz de apropiarse selectivamente de los espacios que el régimen toleraba y de convertirlos en cimiento de su propia diferencia.

Los virreyes borbónicos han sido caracterizados como déspotas ilustrados que aplicaron en el territorio los conceptos de la Ilustración española; su motivación principal, sin embargo, era fortalecer la autoridad de la Corona, no necesariamente mejorar la situación socioeconómica del territorio como fin en sí mismo. Ezpeleta encaja limpiamente en ese perfil. Fomentó el progreso económico, sostuvo la introducción de la ciencia moderna, apoyó la publicación regular; pero su preocupación central, como la de todo el sistema borbónico, era el incremento del recaudo fiscal y el orden político. Cuando esos dos objetivos entraron en conflicto con los efectos culturales de las mismas reformas, no dudó: el orden y el recaudo tenían prioridad, y la Ilustración patrocinada podía ser recortada sin ceremonia.

La huella: salida, epílogo y lectura larga

Ezpeleta fue reemplazado el 2 de enero de 1797, tras casi ocho años de mando. La coincidencia entre el fin de su gobierno y el cierre del Papel Periódico —el último número, el 265, terminado en la página 1620, apareció el 6 de enero de 1797— dice todo lo que hay que decir sobre la dependencia institucional de aquella esfera pública ilustrada respecto de su patrón virreinal. Sin Ezpeleta protegiendo a Manuel del Socorro Rodríguez desde el cargo de bibliotecario real, el periódico se apagó. La represión post-Nariño ya había disciplinado a los letrados y clausurado el margen dentro del cual la publicación había prosperado.

Tras su virreinato en Nueva Granada, Ezpeleta fue promovido al Virreinato de Navarra, en la propia península, cerrando así el arco de una carrera que lo había llevado del Caribe militar al gobierno civil americano y de allí al escalón superior de la administración peninsular. Vivió aún largos años —moriría en 1823—, atravesando desde el poder, o desde su cercanía, la crisis de 1808, la invasión napoleónica y la definitiva desmembración del imperio americano que él había gobernado. No le tocó ver directamente la culminación del proceso que su virreinato había ayudado a incubar; pero le tocó ver, con la lucidez del veterano, cómo las piezas que se habían agitado bajo su mando —Nariño escapado en Europa, la elite criolla ilustrada, la memoria de los pasquines y de los Comuneros— se recomponían en el escenario nuevo de la crisis imperial.

La lectura larga de su virreinato exige una precisión doble. Por un lado, el desarrollo científico ilustrado, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente al absolutismo monárquico crearon las condiciones para el proceso de Independencia, convirtiéndolo en un resultado indirecto e inesperado de las reformas borbónicas. La independencia neogranadina no fue el efecto directo de la Revolución francesa ni del ejemplo estadounidense, sino el destilado de una química interna en la que la propia Corona había vertido reactivos decisivos. Ezpeleta administró la fase en que esa química empezó a producir cambios visibles.

Por otro lado, sería un error hacerlo protagonista causal de un proceso mayor que él. La crisis de los 1790 fue ante todo estructural, hija de la fiscalidad borbónica, del bloqueo del ascenso criollo, de la memoria comunera y del temblor atlántico de la década revolucionaria. Ezpeleta fue un gestor competente, moderado, personalmente afable, atrapado en la contradicción de un sistema que le pedía simultáneamente cultivar la razón ilustrada y reprimir sus consecuencias políticas. Los sucesos de 1794-1797 resonaron con fuerza en la crisis imperial de 1808-1810 que precipitó la independencia, y en esa cadena —Comuneros de 1781, pasquines y Nariño de 1794, Junta Suprema de 1810— la etapa Ezpeleta ocupa el eslabón intermedio, el momento en que la esfera pública criolla se hizo visible por primera vez y fue disciplinada por primera vez.

Su huella en Colombia es, por eso, ambigua y por eso mismo indispensable. La historiografía nacional lo recuerda menos como represor que como el virrey del Papel Periódico y del episodio Nariño, como el gobernante bajo cuyo mando se articuló la primera crisis moderna del virreinato. La memoria santafereña conservó el afecto por el hombre —el paseo al Tequendama, la virreina hermosa y virtuosa, el camino a Zipaquirá— junto al recuerdo del gobierno que envió a Nariño a los calabozos de Cádiz. Ambas cosas son ciertas, y su convivencia es exactamente lo que hace de su virreinato una pieza tan difícil de reducir: en él se ve cómo un régimen puede querer, con sinceridad, ilustrar a sus súbditos, y verse forzado —por la lógica misma del proyecto— a castigarlos cuando la ilustración da su fruto político.

El Semanario del Nuevo Reino de Granada, que aparecería entre 1808 y 1811, ha sido leído como el escenario donde se expresó y consolidó una ideología criolla gestada hacia finales del siglo XVIII, en el mismo contexto de las reformas borbónicas. La línea que va del Papel Periódico al Semanario, y del caso Nariño a la Junta de 1810, pasa por el virreinato de Ezpeleta como por su nudo más apretado. Ese nudo —hecho de patrocinio ilustrado, contradicción interna y represión reactiva— es su verdadero legado. No fundó la conciencia criolla ni pudo impedir su desarrollo; le tocó ser el virrey durante el momento en que esa conciencia se hizo, por primera vez, texto impreso, causa judicial y expediente de sedición. Pocos funcionarios del imperio americano quedaron, sin quererlo, tan cerca del punto exacto donde la fábrica de la lealtad empezó a producir la materia prima de la ruptura.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

29 documentos · 39 fragmentos
01Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 3461 cita
[1]

y la de los virreyes Eslava, escrita por el oidor Ber á s- tegui (1751), Sol í s (1760), Mess í a de la Zerda (1772), Guirior (1776), Caballero y G ó ngora (1789), Ezpeleta (1796), Mendinueta (1803), Montalvo (1818), se cuentan entre los m á s valiosos docu mentos que dej ó el gobierno colonial para el estudio de la…

p. 346
02Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · Página 461 cita
[2]

Derechos del Hombre, y las ideas propagadas por tal publicación fueron consideradas subversivas por el Gobierno colonial, y comprometieron en causa por se- dición a todos los que en tal publicación hubieran tenido parte. Entre otros distinguidos ciudadanos resultaron com- prometidos don Francisco Antonio Zea,…

p. 46
03Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · Página 491 cita
[3]

Granada que nos ha dejado el señor arzobispo virrey. Ezpeleta escribe pacientemente, que no es posible procurar obtener una modificación de la población del virreinato. Se inclina sin cólera ni desesperación ante la ineludible necesidad histórica: «Prescindiendo de entrar en el examen de si la población del Reino es…

p. 49
04Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 176, 178, 2023 citas
[4]

relación del virrey Ezpeleta. Sólo añadiré -dice el virrey después de referirse a la situación de los estudios superiores- que para la enseñanza de las primeras letras en esta capital se está tratando de poner escuelas públicas en los ba- rrios en donde hacen falta, y se halla este pro- yecto en buen estado,…

p. 202
[31]

sustitución de él y en cierta forma para llenar sus funciones, para el Nuevo Reino, bajo Carlos III se creó la institución de la Regencia. En la Real Orden del 25 de marzo de 1783, dirigida a la Audiencia de Quito, con motivo de la lle- gada del regente para ese territorio, se acompa- ñaba la Ordenanza de Intendentes…

p. 178
[33]

y de lo mucho que a ellas ocurre, y el que siempre han tenido los alcaldes ordinarios que han ma- nejado la Hacienda en estos lugares retirados, como que lo hacen por un año, sin sueldo y entre sus compatriotas. Pero es menester soste- ner a los puestos y a los que se pusieren; porque es mucho lo que los hacen padecer…

p. 176
05Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · Página 821 cita
[5]

que se distinguía por su belleza y por sus virtudes. Estas condiciones hicieron que estos Virre- yes fueran sinceramente estimados por los colonos. Ezpeleta admiró la belleza de la Sabana de Bo- gotá, y manifestó vivísimos deseos de conocer el Salto de Tequendama. Pasadas las fiestas de la cere- monia de la recepción…

p. 82
06Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · Página 261 cita
[6]

- tanos laterales, facilitando el comercio y comunicación entre Bogotá y Zipaquirá, es uno de los muchos testimo - nios que de su ilustración y bondad dejó en este país el virrey Ezpeleta. Regresé a la pseudoposada y hallé a mi compañero confortablemente acostado sobre el pellón de su silla con los zamarros por…

p. 26
07Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Páginas 14, 162 citas
[7]

dida. El 2 de diciembre del mismo año se reanudó pero ya en el taller denominado: "Imprenta. Patriótica", que funcionaba en la Plazuela de la Iglesia de San Carlos, cuyo 13 propietario era don A n to n io Nariño. A llí se sacaron los últimos seis números del "PAPEL PERIODICO." El impresor de esta tercera tipografía,…

p. 16
[16]

Jubilado, Regente que ha sido de estudios en este Convento Máximo, y Colegio del Seraphico Doctor S. Buenaventura. Ex-Custodio de esta Provincia, Examinador Synodal de este Arzobispado, y actual Misionero en la Jurisdicción de Tunja, Velez y el Socorro". PRELUDIOS DEL PERIODISMO El 12 de jul ¡o de 1785, un movimiento…

p. 14
08La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1031 cita
[8]

que habría de alcanzarse s i guiendo las leyes eternas de la naturaleza y la razón. Es esta concepción integral de la transformación de la sa - ciedad humana, con sus implicaciones revolucionarias, la que anima a pensadores como Rousseau a escribir tratados como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los…

p. 103
09Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 1831 cita
[9]

frutos vegetales y sobre las crías de los animales, con destino al servicio del culto. Precisamente Antonio Nariño, quien era recaudador de ellos, incurrió en un desfalco al no poder presentar los dineros confiados a su custodia, en el momento en que se le exigían. Sin embargo, para juzgar su conducta hay que tener en…

p. 183
10Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 141 cita
[10]

circular el escrito, que tradujo de la lengua de Voltaire. El impacto y la indignación que el suceso produjo en las autoridades se revelaron en su reacción: Nariño fue condenado a diez años de cárcel, extrañamiento perpetuo de América y confiscación de todos sus bienes. Esto último permitió conocer cuánta avidez…

p. 14
11Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 2921 cita
[11]

llegó a las autoridades que entraron en pánico y asociaron la publicación de ese documento a una conspiración anti-hispánica en marcha, sobre la cual veían indicios en otras ciudades a través de pasquines, que como lo mostró posteriormente García Márquez en su novela sobre “La Violencia”, La mala hora, no sólo son de…

p. 292
12Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · Páginas 120, 122, 1283 citas
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u e el gobierno real tuviera u n a cara m ás criolla. Esto distaba m u cho del grito de in d ependencia, pero re p resen ta b a un paso hacia u n sentim iento nacionalista. En los años siguientes, ni el p u eblo neogranadino ni sus gober nantes españoles o lv id aro n la rebelión d e los C om uneros. Los sucesos de…

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o r el tem a, poco se hizo al respecto, acaso p o rq u e los gastos m ilitares absorbían g ran p arte d e los recursos fiscales. A p a rtir d e la décad a d e los años 1790, los criollos ilu strad o s com enzaron a c u lp ar cada vez m ás al régim en español p o r no tom ar m ed id as ad e cu ad a s para m ejorar las…

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en las ciencias n atu rales tam bién debió facilitar la introducción d e las ideas políticas de la Ilustración. Esto es difícil de com probar puesto q u e fue peligroso para las elites criollas ap o y ar públicam ente las ideas revolucionarias. Sin em bargo, p u ed e establecerse q u e los escritos bási cos de la…

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13Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 941 cita
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formar aldeas cimarronas- — no parec í an indicar m á s que la l (adicional indisciplina que los virreyes atribu í an a negros e indios. Algo m á s irritante era el creciente enfrentamiento entre americanos y espa ñ oles por el nombramiento de peninsulares en la mayor í a de los cargos, que produc í a peleas y…

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14Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 161 cita
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entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…

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15Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 1101 cita
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febrero de 1791 con la aparición del Papel Periódico de la Ciudad de Santa Fe de Bogotá, que fundó y dirigió Ma- nuel del Socorro Rodríguez. Don Ma- nuel, nacido en La Habana, Cuba, ha- bía llegado dos años antes al Nuevo Reino de Granada en calidad de ami- Primera página del "Papel periódico de la Ciudad de Santafé…

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16Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · Página 282 citas
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de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser utilizados…

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que uno de los principales ilustrados españoles fue José Celestino Mutis, sacerdote y botánico autodidacta que se había instalado en 1761 en la Nueva Granada. A su alrededor se inició la formación de una nueva imagen de nuestro territorio, la de un espacio enormemente rico en recursos naturales que podrían ser…

p. 28
17Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 601 cita
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alumnos lo que ya se discutía en el resto de Europa: la Revolutionibus orbium coelestium de Copérnico, que sostenía que la tierra es otro planeta girando alrededor del sol, y no al revés, como querían las Sagradas Escrituras. La orden de los dominicos se fue lanza en ristre contra Mutis. No pudieron expulsarlo como…

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18El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Página 5381 cita
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su pensamiento. Sarrailh revalúa el «españolismo» de Jovellanos y otros contempo- ráneos suyos, su amor a España, su sincero catolicismo, y analiza el conflicto intelectual que en ellos se produjo al querer ser fieles a la tradición nacional y al propio tiempo renovar la cultura española en todos sus aspectos desde la…

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19Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · Página 101 cita
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Buitrago 'Yo diré siempre con un filósofo piadoso que más me gusta Keaumur observando las polillas y dándonos remedios para poner a cubierto nuestras telas de la voracidad de estos insectos, que Leibni^ creando mundos" Francisco José de Caldas En el presente texto, haciendo uso de algunos conceptos desarrollados por…

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20Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 85, 88, 983 citas
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E 329 Sin embargo, las reformas no sólo tuvieron ese carácter, sino que también pretendieron solucionar los problemas de una sociedad que, como la neogranadina, acusó grandes cambios en el siglo XVII, cuando la población creció rápida- mente, el elemento mestizo pasó a ser el grupo mayoritario de la po- blación, se…

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(1818-1819). tado a través de la aplicación de las llamadas cien- cias útiles, la conciencia de habitar un territorio distinto de la metrópoli y la apropiación de una ideología diferente a aquella que sustentaba el ab- solutismo monárquico, crearon las condiciones para madurar el proceso de Independencia, el cual de…

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del Socorro. En esta pro- vincia, entre el 20 de por el arzobispo Caballero y Góngora, que se ha- llaba de visita en la región, no apoyó las preten- siones del pueblo. Galán, que había llegado a Mogotes el 2 de septiembre, pertenecía al bando de quienes no creían en las promesas del arzobispo de hacer cumplir las…

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21¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 481 cita
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en las que se representó la flora de la Nueva Granada. Pero, ya se dijo, además de estimular la formación intelectual de los criollos, los monarcas españoles también deseaban forta lecer su autoridad sobre sus reinos en América, de ahí el apodo de "déspotas ilustrados" con el que se conocería posteriormente a estos…

p. 48
22Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 651 cita
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0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…

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23Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · Página 441 cita
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estimó que cerca de cuatro mil personas avanzaban hacia la capital. Cuando llegaban a la actual ciudad de Zipaquirá, el arzobispo español Antonio Caballero y Góngora (designado para negociar la pacificación de la rebelión) se reúne con los líderes del movimiento, siendo el principal Juan Francisco Berbeo; es ahí que…

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24Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · Página 1611 cita
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a la religión y no haber entre ellos asesinatos ni peleas, aún en sus b o r r a c h e r a s ". (En esta tarea misional González Belandres tuvo d e s p u é s sus fuertes encontrones con el p a d r e José Palacios de la Vega, a quien también se le confió, en 1787, la misión de re- ducir a los indios de San Cipriano y…

p. 161
25El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 3981 cita
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llevaban y llevan los españoles en la propia sangre. Con esta exposición de lo que fue un sistema feu- dal teocrático-absolutista culpamos menos a un determi- nado pueblo civilizador que a la totalidad de una época. Diversos levantamientos de mayor o menor magni- tud, como el de los Comuneros del año 1781 en Colombia,…

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26Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 1761 cita
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habían desempeñado funciones no insignificantes en España y en algunas de sus colonias 162, y de una «Sociedad Patriótica de Comercio». 161 Dio 21.500 habitantes para fines de 1800. 162 También trataba del establecimiento de esa institución el virrey Mendinueta ([R-4], pág. 488) y parece que se llevó a efecto en…

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27Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Páginas 35, 382 citas
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conde de Guibert. 38 Pero domina la literatura corriente del siglo XVIII. que convierte a la batalla en un estricto ballet ordenado según una estricta partitura. Las sabias maniobras exigidas por la estrategia de Federico exigen repetidos entrenamientos, sobre todo los cambios de formación, que se deben ejecutar con…

p. 38
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del desafío a su autoridad. 20 Sin embargo, se deben evitar unas conclusiones demasiado generales: si en Popayán, así como en Santa Fe de Bogotá, son claras las tensiones entre el Ejército y el cuerpo civil, en Cartagena o en Venezuela reina una armonía relativa. Una evolución continental justifica este relativo…

p. 35
28Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Páginas 35, 382 citas
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conde de Guibert. 38 Pero domina la literatura corriente del siglo XVIII. que convierte a la batalla en un estricto ballet ordenado según una estricta partitura. Las sabias maniobras exigidas por la estrategia de Federico exigen repetidos entrenamientos, sobre todo los cambios de formación, que se deben ejecutar con…

p. 38
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del desafío a su autoridad. 20 Sin embargo, se deben evitar unas conclusiones demasiado generales: si en Popayán, así como en Santa Fe de Bogotá, son claras las tensiones entre el Ejército y el cuerpo civil, en Cartagena o en Venezuela reina una armonía relativa. Una evolución continental justifica este relativo…

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29Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · Página 1451 cita
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rebelión de Quito pudo ser aplastada. Para salvaguardar la protección de Santa Fe, cuyo regimiento había sido enviado prácticamente en su totalidad a Quito, se llevaron tropas de un regimiento de Cartagena. Cuando estos refuerzos llegaron a Santa Fe, el Virrey adoptó medidas en contra aquéllos que se tenía sospechas…

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