Ensayo · Transversal · —
La cuestión agraria como sustrato del conflicto colombiano
El noventa por ciento de las víctimas del conflicto armado colombiano son civiles rurales. La pregunta es si esa violencia prolongada es la forma reciente de una estructura agraria excluyente de larga duración, o una ruptura producida por el narcotráfico y el neoliberalismo.
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La respuesta en breve
La violencia rural contemporánea es ante todo la manifestación reciente de una estructura agraria concentradora que se remonta a la legislación de baldíos del siglo XIX y se reprodujo mediante decisiones políticas deliberadas, entre ellas el Pacto de Chicoral de 1973 y la connivencia estatal con el paramilitarismo. El narcotráfico operó como acelerador y como coartada narrativa —el discurso narco-céntrico permitió eludir reformas estructurales y diluir responsabilidades estatales—, pero no como causa originaria: el coeficiente Gini de propiedad rural pasó de 0,86 en 1970 a 0,905 en 2014, y los predios mayores de mil hectáreas duplicaron su participación en el área total, precisamente en las décadas identificadas con el auge del conflicto por narcotráfico. La periodización corta que fija el Bogotazo de 1948 como punto cero invisibiliza esa matriz de larga duración inscrita en la formación misma del Estado nacional.
Una posición, asociada a Albert Berry, sostiene que el desarrollo rural colombiano requiere distribución más igualitaria de la tierra y que sin ella cualquier política agraria naufraga; la estructura concentradora se autoperpetúa y bloquea el desarrollo. James Robinson replica que la redistribución es impracticable y contraproducente, y que el problema se resuelve mejorando capital humano e instituciones sin tocar la propiedad rural. Una tercera lectura, políticamente dominante desde los años ochenta y formulada con mayor nitidez por el uribismo, reduce el conflicto a una amenaza terrorista y criminal: resolver la seguridad —desmovilizar, erradicar, sustituir cultivos— bastaría para restablecer el orden rural. Esta última lectura choca con los datos de concentración creciente de la tierra y con la evidencia de que cada vez que la organización campesina alcanzó representación política amenazante —Unión Patriótica, sindicatos bananeros, asociaciones del Catatumbo— respondió una violencia dirigida con participación directa o pasiva del Estado, patrón que precede al narcotráfico y se remonta al menos a la masacre de las bananeras de diciembre de 1928.
Ensayo completo
La lectura
En Colombia, entre 1985 y el presente, cerca del noventa por ciento de las víctimas del conflicto armado han sido civiles, y de ellas una proporción abrumadora corresponde a población rural: campesinos, indígenas, afrodescendientes. Ese dato solo, sostenido a lo largo de gobiernos, actores armados y ciclos económicos distintos, obliga a formular una pregunta que la narrativa oficial esquiva: ¿es esa violencia continuada la manifestación reciente de una estructura agraria excluyente que se remonta a la formación republicana, o es una ruptura cualitativa producida por el narcotráfico y la apertura económica de los años noventa? La respuesta no es simétrica: hay continuidad estructural de larga duración, y el narcotráfico opera como acelerador y coartada narrativa, no como causa originaria. Esa continuidad no es inercial: se reprodujo mediante decisiones políticas deliberadas —el Pacto de Chicoral en 1973, el exterminio de la Unión Patriótica entre 1984 y 2000, la connivencia estatal con el paramilitarismo— que hicieron del bloqueo a la redistribución un acto de gobierno tanto como un legado heredado.
Lo que se juega en la pregunta
Responder si el destierro contemporáneo es continuidad o ruptura no es un debate de historiadores. Define qué políticas se consideran adecuadas para cerrar el ciclo. Si el conflicto es una anomalía producida por el narcotráfico y por la irrupción neoliberal en los noventa, la solución es securitaria y coyuntural: erradicación, desmovilización, orden público, quizá subsidios focalizados a comunidades desplazadas. Si, en cambio, es la forma reciente de una guerra prolongada contra el campesinado —cuyo motor es la concentración de la tierra y la exclusión política del mundo rural—, ninguna paz será estable sin transformación agraria. La primera lectura ha sido la dominante desde los años ochenta y ha justificado la Ley 4 de 1973, la fumigación aérea, la lucha antinarcóticos, el Plan Colombia. La segunda emerge cuando se leen juntas las cifras de concentración, los mapas del despojo y las biografías del exterminio.
Hay algo menos visible pero decisivo: la periodización. Fijar el 9 de abril de 1948 —el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el Bogotazo— como punto cero del conflicto contemporáneo produce un efecto de olvido verificable. Recorta la historia justo donde comienza a doler y deja fuera del cuadro la Guerra de los Mil Días, la masacre de las bananeras de diciembre de 1928, la Ley Heroica de octubre de ese mismo año que prohibía la organización sindical, y el largo despliegue legislativo del siglo XIX que hizo de los baldíos un mecanismo de acumulación para las élites regionales. La periodización corta convierte en episodio lo que es estructura.
El debate y sus posiciones
Dos lecturas se disputan el fondo del problema. Una sostiene que el desarrollo rural colombiano requiere una distribución más igualitaria de la tierra, y que sin ella cualquier política agraria naufraga. La otra —defendida por James Robinson en 2014— replica que la redistribución es a la vez impracticable y contraproducente: genera falsas expectativas y aplaza decisiones más efectivas, entre ellas mejorar el acceso a la educación. La discrepancia no es técnica: refleja dos maneras de leer la historia colombiana. La primera ve una estructura concentradora que se autoperpetúa y bloquea el desarrollo; la segunda, un problema de capital humano y de instituciones que puede resolverse sin tocar la propiedad rural.
Hay una tercera posición, más silenciosa pero políticamente dominante, que asume que el problema del campo colombiano es sobre todo un problema de narcotráfico y de grupos armados ilegales. En esa lectura, resolver la seguridad —desmovilizar, erradicar, sustituir— basta para que el orden rural se restablezca. Es la lectura que ha estructurado la política pública desde los años ochenta y que encontró en el uribismo su formulación más nítida: el conflicto es una amenaza terrorista y criminal, no un síntoma agrario.
Los datos sobre concentración de la propiedad se acomodan mal a esa tercera lectura. El coeficiente Gini de propiedad rural en Colombia —sin contar territorios étnicos— pasó de 0,86 en 1970 a 0,905 en 2014, mientras los predios mayores de mil hectáreas duplicaron su peso en el área rural total (del 30,4% al 61,2%) y todas las categorías menores retrocedieron. En las cuatro décadas que la narrativa oficial identifica con el auge del conflicto por narcotráfico, la tierra se concentró más, no menos. Y esa concentración se produjo, en parte sustancial, mediante violencia contra la población rural.
La estructura de larga duración
El material legislativo del siglo XIX ya contenía el patrón. La ley de baldíos de 1868 impuso costos elevados para deslindar propiedades, y el Código Fiscal de 1873 exigió pagar la tierra pública con bonos territoriales, un mecanismo que la volvía prácticamente inaccesible al campesinado pobre. Los baldíos estaban formalmente disponibles, pero quedaban reservados a quienes disponían de capital y de conexiones para maniobrar dentro del laberinto administrativo. El patrón de adjudicación vinculaba la titulación a la ocupación previa, lo que premió a quienes ya tenían mano de obra y capacidad de imponer hechos sobre el terreno.
Ese diseño produjo una geografía específica: las mejores tierras planas se concentraron en manos de élites regionales, y el campesinado sin tierra fue empujado hacia las fronteras —selvas, piedemontes, márgenes cordilleranos— donde el Estado no tenía presencia. La colonización espontánea se volvió, ante la ausencia de política redistributiva, el mecanismo predominante de acceso a la tierra. El campesino que abría monte lo hacía por su cuenta, sin infraestructura vial, sin escuela, sin justicia, y con la certeza de que si su parcela se valorizaba llegarían pronto los abogados y los pistoleros de un propietario con títulos superiores.
Los intentos del siglo XX de romper ese patrón fracasaron sistemáticamente, no por defectos técnicos sino por bloqueo político. La Ley 200 de 1936, impulsada por Alfonso López Pumarejo, y la Ley 1.ª de 1968, promovida por Carlos Lleras Restrepo, establecieron que el aparcero o arrendatario podía adquirir la propiedad de la tierra que trabajaba tras diez años de ocupación efectiva. La Ley 135 de 1961 creó el marco para expropiar y redistribuir latifundios improductivos. Los resultados fueron irrisorios: en 1971, menos del 1% de las tierras sujetas a expropiación bajo la Ley 135 se había efectivamente distribuido, y la mayor parte de ese magro porcentaje correspondía a baldíos, no a latifundios privados. Los grandes propietarios sortearon las normas mediante subdivisiones ficticias, títulos preventivos y presión sobre jueces y sobre el propio Congreso.
El bloqueo culminó en 1972 con la reunión de Chicoral y su traducción legal en la Ley 4 de 1973, bajo la presidencia de Misael Pastrana. El pacto reunió al gobierno conservador con sectores del liberalismo y con los gremios de la producción rural. Redefinió el concepto de baldío para presumir que todo fundo poseído por particulares es propiedad privada, redujo los requisitos para calificar una tierra como "adecuadamente explotada" —y por tanto no expropiable— y frenó la adjudicación de baldíos, único mecanismo modestamente activo de la reforma. Dio por terminado el proceso reformista iniciado once años antes. El efecto duradero fue doble: dejar intacta la concentración en las zonas agrícolas centrales y desplazar la presión campesina hacia la colonización de fronteras y hacia los barrios subnormales de las grandes ciudades.
La geografía del despojo
Lo que ocurrió después de Chicoral no fue estabilidad: fue una nueva vuelta de tuerca de la concentración, esta vez por vías violentas y con actores nuevos. Los capitales del narcotráfico comenzaron a comprar tierra desde finales de los setenta, primero en el Magdalena Medio y en Córdoba, luego en Urabá, en el sur del Cesar, en los Llanos. La ganadería extensiva se volvió el destino privilegiado de esas compras, por su compatibilidad con el lavado de activos y por la baja densidad de mano de obra que requería —y, por tanto, la baja presencia de trabajadores que pudieran organizarse.
Cuando el narcotráfico se articuló con el paramilitarismo a lo largo de los ochenta y noventa, la compra se transformó en despojo. El fenómeno paramilitar articuló tres intereses convergentes: élites económicas rurales que buscaban defender su patrimonio de la extorsión guerrillera, narcotraficantes que buscaban proteger sus negocios y expandir su base territorial, y actores contrainsurgentes que veían en la organización campesina una amenaza subversiva. ACDEGAM, en Puerto Boyacá, fue el laboratorio temprano de esa articulación. Las ACCU de los hermanos Castaño, en el sur de Córdoba y el norte de Urabá, la llevaron a escala regional. Los paramilitares no solo desplazaron: adquirieron, como despojadores, participación directa en el sistema político —no mediada por partidos ni por representación campesina— y eso los convirtió en actores con voz sobre el orden rural en su conjunto.
El desplazamiento forzado siguió las rutas de esa reconfiguración. Se concentró primero, en la primera mitad de los noventa, en el sur de Córdoba, en Urabá y en el Magdalena Medio, y se expandió desde la segunda mitad de esa década hacia la Sierra Nevada de Santa Marta, los Montes de María, el Catatumbo, el oriente antioqueño, el Perijá. En Tibú y en el conjunto del Catatumbo, entre 2000 y 2006, se registraron los mayores niveles de abandono de tierras del país, en un territorio simultáneamente marcado por la expansión cocalera y por la presencia paramilitar.
Despojo no equivale a abandono forzado. Se puede abandonar sin ser despojado —si la tierra vuelve luego al ocupante— y se puede ser despojado sin haber sido nunca desplazado en sentido estricto, mediante fraudes notariales, presiones, compras a precios irrisorios. El reconocimiento institucional del despojo como categoría registrable solo comenzó con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que entró en vigor el 1 de enero de 2012. Antes, la institucionalidad registraba desplazamiento pero no despojo, lo que produjo un subregistro histórico cuya extensión probablemente nunca conoceremos.
La violencia como técnica agraria
Lo que distingue al caso colombiano no es la existencia de conflicto por la tierra —eso lo tuvieron todos los países latinoamericanos— sino la persistencia y la sofisticación de la violencia como técnica para producir orden agrario. El sistema político "cafetero-ganadero" que operó durante la primera mitad del siglo XX desplegó repertorios de despojo que la versión "cocalera-minera-ganadera" de finales del siglo XX y comienzos del XXI reelaboró con recursos nuevos —narcotráfico, minería informal, ganadería extensiva a gran escala— pero con lógicas reconocibles.
El caso más nítido de esa continuidad es la violencia contra el trabajo organizado en enclaves exportadores. En diciembre de 1928, en Ciénaga, Magdalena, el Ejército disparó contra los trabajadores en huelga de la zona bananera de la United Fruit Company. La represión ocurrió bajo el amparo de la llamada Ley Heroica, aprobada en octubre de ese mismo año, que prohibía la formación de organizaciones populares y sindicales de oposición e impedía la difusión de ideas socialistas. La jerarquía católica celebró la ley. Setenta años después, en el mismo Urabá bananero y en las plantaciones de palma que reemplazaron parcialmente a las de banano, las ACCU emprendieron un proceso deliberado de exterminio contra sindicatos y asociaciones campesinas. En el Alto Nordeste Antioqueño, entre 1982 y 1997, de 347 civiles muertos en el conflicto armado, 103 eran gestores de movilización social y política: líderes comunitarios, sindicalistas, autoridades políticas locales, defensores de derechos humanos y militantes de partidos de izquierda, muchos de ellos de la Unión Patriótica.
La Unión Patriótica es el caso arquetípico. Surgió en el marco de los diálogos entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC en los años ochenta y obtuvo representación electoral significativa. Fue sometida a una campaña de exterminio sistemático adelantada por narcoparamilitares con complicidad de agentes del Estado. Entre 1984 y 2000, al menos 4.153 personas de la UP fueron asesinadas o desaparecidas. En diciembre de 2012, en el proceso de Justicia y Paz contra Éver Veloza —alias "HH"—, los jueces reconocieron que ese exterminio constituye un genocidio político. En septiembre de 2016, el presidente Juan Manuel Santos reconoció públicamente la responsabilidad del Estado. El patrón es claro: cada vez que la organización campesina o cívica alcanzó umbrales de representación política que amenazaban con traducirse en cambios estructurales, respondió una violencia dirigida, geográficamente concentrada, con participación directa o pasiva del Estado.
El Paro Cívico del Nororiente de 1987, en el Cesar, movilizó a miles de campesinos, fue estigmatizado por élites locales —ganaderos, políticos, empresarios mineros— como infiltración guerrillera, y desencadenó la violencia de grupos de seguridad privada sobre líderes campesinos. En el Alto Sinú, paramilitares ordenaron a representantes campesinos destruir bajo amenaza de muerte los estatutos de las asociaciones y los listados de parcelas, un acto simultáneamente material y simbólico: se destruía el papel que documentaba la organización y con él la organización misma.
El narcotráfico: acelerador, no origen
Reconocer la centralidad de la cuestión agraria no obliga a minimizar el narcotráfico. Sus efectos sobre la estructura rural colombiana han sido enormes y en algunos aspectos cualitativamente novedosos. Colombia se convirtió en 1997 en el primer productor mundial de hoja de coca, tras la interdicción exitosa de los cultivos en Perú y Bolivia. La expansión cocalera se concentró en territorios de colonización periférica —Guaviare, Caquetá, Putumayo— que recibieron miles de inmigrantes durante los ochenta y noventa, atraídos por una alternativa económica que en muchos casos era la única viable. La apertura económica de comienzos de los noventa, al abaratar las importaciones agrícolas, hundió la rentabilidad de los cultivos tradicionales campesinos: el café perdió peso desde 1986, los cultivos transitorios se contrajeron, la infraestructura vial deficiente hacía inviable competir con productos importados. La coca se expandió también hacia zonas de agricultura consolidada como el Catatumbo, La Gabarra y Tibú.
Pero el narcotráfico no creó la estructura sobre la que operó: la encontró y la reforzó. Los esmeralderos que desde los años sesenta habían comprado tierras en el Guaviare, el sur de Casanare, Puerto López y el alto Ariari para legalizar fortunas ya habían montado laboratorios y pistas aéreas que sirvieron luego al negocio de la coca. La división del trabajo en el narcotráfico ubicó al campesino cocalero en la fase inicial —el eslabón peor pagado y más expuesto—, mientras la transformación, la exportación y el lavado de activos se concentraron en fases sucesivas con mayor valor agregado y menor visibilidad. El narcotráfico reprodujo en su interior la misma estructura de captura de renta por élites urbanas y financieras que caracterizaba la economía legal. El campesino cocalero es al narcotraficante lo que el aparcero era al terrateniente cafetero: proveedor de trabajo mal remunerado en la base de una cadena cuya rentabilidad se realiza arriba.
Presentar el conflicto colombiano como problema de narcotráfico —como han hecho, con matices distintos, la política antinarcóticos estadounidense, el Plan Colombia y la seguridad democrática— cumple una función política precisa: eludir la discusión sobre la estructura agraria y sobre la responsabilidad estatal en su preservación. Convierte lo que es una guerra sobre la tierra y contra la organización rural en un problema de mercancía ilícita y de crimen organizado. Redefine al campesino cocalero como criminal —susceptible de fumigación, judicialización o erradicación forzada— y al latifundista despojador como víctima de la extorsión guerrillera o como productor legítimo defendiéndose. El discurso narco-céntrico ha operado como mampara: no negó el problema rural, lo reencuadró como problema de seguridad.
La respuesta
La violencia contemporánea contra el campesinado y los pueblos étnicos en Colombia es, en su sustrato profundo, la continuación de una guerra estructural cuyo motor es la cuestión agraria irresuelta desde la formación republicana. La concentración de la tierra se agravó, no se atenuó, durante las décadas del auge narco; la geografía del despojo coincide con las zonas de expansión de la ganadería extensiva y de las economías extractivas más que con la de los cultivos ilícitos; el patrón de exterminio de líderes cívicos, sindicales y comunitarios reaparece con formatos distintos —masacre de las bananeras, La Violencia bipartidista, exterminio de la UP, asesinato de firmantes del Acuerdo del Teatro Colón— pero con función idéntica: eliminar la posibilidad de que la organización popular rural se traduzca en representación política capaz de transformar la estructura.
La ruptura que introdujo el narcotráfico es real, pero de segundo orden: aceleró procesos, aportó recursos violentos inéditos, reconfiguró alianzas entre élites tradicionales y capitales ilegales, y ofreció al Estado y a las élites una coartada narrativa poderosa. No creó el desplazamiento, cuya matriz es más antigua, pero lo multiplicó y le añadió escala industrial. No inventó la violencia contra el trabajo organizado, cuya cronología va de 1928 al presente, pero le dio recursos y aliados nuevos.
Sostener que la continuidad es estructural no equivale a decir que es pasiva. El Pacto de Chicoral no fue un accidente: fue un acto de gobierno. El exterminio de la Unión Patriótica no fue una desviación: fue una operación con participación estatal reconocida. La no aprobación del proyecto de reforma agraria de Gaitán por el Congreso de mayoría liberal en los años cuarenta no fue omisión: fue bloqueo interno del propio partido que la promovía. La estructura se sostiene sobre agencia política reiterada, y cada intento de cierre negociado —de la amnistía de Rojas Pinilla y los pactos del Frente Nacional hasta el Caguán y La Habana— se enfrentó a la misma pregunta —qué hacer con la tierra— y encontró vías para diferir la respuesta. Que la reforma rural integral haya sido el primer punto acordado en La Habana el 26 de mayo de 2013 marca una novedad importante, y que se haya firmado el Acuerdo en el Teatro Colón el 24 de noviembre de 2016, aún más. Pero el asesinato de más de trescientos excombatientes de las FARC-EP en los años posteriores a la firma, sumado a la persistencia del asesinato de líderes sociales, indica que las fuerzas opuestas a la transformación estructural siguen operativas y siguen contando con espacios de impunidad.
El propio Programa Agrario de las FARC, proclamado el 20 de julio de 1964 en Marquetalia y ampliado en la Octava Conferencia de 1993, declaraba explícitamente venir "de 1948", inscribiendo la insurgencia en la continuidad de La Violencia bipartidista. Esa autoinscripción es reveladora en dos sentidos. Confirma que los propios actores armados leyeron su lucha como respuesta a una cuestión agraria irresuelta. Y muestra, a la vez, que ellos también operaron dentro de la periodización corta que toma 1948 como origen, dejando fuera del cuadro las décadas anteriores donde ya estaba operando la matriz del despojo. Manuel Marulanda Vélez, colono desplazado del sur del Tolima en los años cincuenta, es tan producto de la estructura agraria de Chicoral por venir como Guadalupe Salcedo, líder guerrillero liberal de los Llanos, lo había sido de la estructura agraria del Frente Nacional por instalarse.
Quedan flancos abiertos que la respuesta central no cierra: la ponderación fina entre inercia estructural y decisión política concreta, que probablemente opera como bucle recursivo —la estructura habilita la violencia, la violencia reproduce la estructura— y exige trabajo empírico regional aún en curso; y la especificidad de los pueblos étnicos, cuya lógica territorial —resguardo, cabildo, ancestralidad, tal como la nombró Manuel Quintín Lame en la primera mitad del siglo XX— es irreducible a la del minifundio mestizo, y cuya exclusión del cálculo del Gini rural sugiere que la magnitud real de la concentración es todavía mayor que la registrada. Estos flancos complican la respuesta en el sentido correcto: obligan a leer el conflicto colombiano no como anomalía del siglo XX tardío ni como efecto del narcotráfico, sino como el desenlace previsible de una manera de fundar un país sobre una estructura agraria que nunca se resolvió.
Los sucesivos procesos de paz han buscado clausurar ese ciclo sin abrir el catastro. El próximo tendrá que hacerlo con nombres, escrituras y linderos, o repetirá el ciclo con otra sigla armada y otra generación de muertos.
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Documentos usados en esta lectura
72 documentos · 85 fragmentos de referencia01Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1981 fragmento
[1]haciendo legalmente difícil la adquisición de tierras. La política agraria, por lo tanto, estuvo en- caminada a desincentivar la fuga de la barata mano de obra rural. La adquisición de baldíos por parte de individuos de escasos medios fue obstaculizada por una ley de 1868 que establecía como requisito de compra una…
p. 198
02El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 321 fragmento
[2]de precios que encarecía notablemente la tasa salarial, consti- tuyéndose en impedimento para la acumulación de capital. 16. Jorge Enrique Gutiérrez Anzola, Violencia y Justicia. Ediciones Tercer Mun- do, 1962. 30 dustriales sobre la agricultura; por ello, la legislación entró co- mo elemento que contribuyó a la…
p. 32
03Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 99, 1172 fragmentos
[3]ramiento de la tierra por las élites regionales creó una estructura concentradora y excluyente del campesinado, que se vio forzado a colonizar territorios sin presencia estatal ni infraestructura, y que en ellos se incubó la fuerza de las guerrillas y posteriormente se expandieron los cultivos ilícitos, configurando…
p. 117
[23]Sierra Nevada de Santa Marta, en los depar- tamentos de Guajira, Magdalena y Cesar, reunió su importancia estratégica como ruta de salida del narcotráfico con la creación de un grupo paramilitar dirigido por un colono antioqueño, Hernán Giraldo Serna, que prestó servicios de seguridad para grandes ha- cendados y…
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04Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 29, 444 fragmentos
[4]36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…
p. 29
[5]36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…
p. 29
[13]igualitaria de la tierra” (Berry, 2012, p. 295). En contravía de la tesis de Berry, el profesor de Harvard James Robinson, economista y politólogo, sostiene que la modernización de Colombia no pasa por la redistribución de la tierra y que dicho problema no debería ser tenido en cuenta y debía ser sustituido por la…
p. 44
[14]igualitaria de la tierra” (Berry, 2012, p. 295). En contravía de la tesis de Berry, el profesor de Harvard James Robinson, economista y politólogo, sostiene que la modernización de Colombia no pasa por la redistribución de la tierra y que dicho problema no debería ser tenido en cuenta y debía ser sustituido por la…
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05Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1821 fragmento
[6]y el Gobierno nacional frenó los intentos de la redistribución de baldíos en el territorio colombiano (Villaveces y Sánchez 2015). Por tal motivo, los propietarios de los grandes latifundios emprendieron un proceso sistemático de demandas, el cual tuvo como resultado la expedición de la Ley 4 de 1973, finiquitada en…
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06Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 2651 fragmento
[7]olvidar la necesidad de incorporar a grandes masas campesinas a una vida digna y productiva, en un marco de respeto a la propiedad privada. Como se dijo, bajo el Gobierno conservador de Misael Pastrana, con apoyo de sectores liberales y de gremios de la producción, se suscribió el Pacto de Chicoral, que en la práctica…
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07Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 301 fragmento
[8]hecho de que esta región se encuentra de Santander y del inte- rior del país una cadena de 1nontaúas y llanuras y a la baja densi- dad de población aún más el de la guerra Los términos la distribución de tierra eran tan ambiguos que el Ministerio Agricultura tuvo la determinar tierras podían ser Se llegó a este…
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08Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 231 fragmento
[9]con el conflicto armado. 2. El 70 por ciento de los registros bibliográficos está concen- trado en los 13 años transcurridos del siglo XXI. Bases de datos estadísticas Sobre las políticas de tierras del Estado colombiano en el siglo XX y el primer decenio del XXI, contamos con dos nuevas fuentes estadísticas que…
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09Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 132 fragmentos
[10]y urgen al Gobierno central un cambio en la política de tierras. A lo anterior se han sumado las decisiones jurisprudenciales que sobre la prescriptibilidad o no de los terrenos baldíos se han venido suscitando a partir de la interpretación de la Ley 160 de 1994. Para algunos autores (Salazar, 1948, p. 238) dicha…
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[11]y urgen al Gobierno central un cambio en la política de tierras. A lo anterior se han sumado las decisiones jurisprudenciales que sobre la prescriptibilidad o no de los terrenos baldíos se han venido suscitando a partir de la interpretación de la Ley 160 de 1994. Para algunos autores (Salazar, 1948, p. 238) dicha…
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10Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 2681 fragmento
[12]50 a 100 has 2,4 98 5,9 21 100 a 500 has 1,7 99,7 12,6 33,6 500 a 1.000 has 0,2 99,9 4,8 38,4 >1000 has 0,2 100,1 61,2 99,6 Sin contar los territorios étnicos del censo agropecua- rio, el Gini de 2014 se reduce a 0, 905, bastante mayor que el de 1970 que alcanzó 0, 86, reflejo de la concentración de la propiedad que…
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11Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1631 fragmento
[15]el deporte, los medios de comunicación, la banca, miembros del Ejército y miles de campesinos y de comerciantes. La corrupción del narcotráfico llegó a tal nivel que, incluso, un presidente de la República (Ernesto Samper) fue acusado de recibir enormes cantidades de dinero del cartel de Cali para financiar su campaña…
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12Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 331 fragmento
[16]lectura que se le quiera dar? En efecto. Es una historia de los conflictos agrarios en Co- lombia. Es también un análisis comparado, así sea solo con la mirada periférica. Es, ciertamente, una historia de nuestro Estado y de la manera en que actuó y se construyó en nuestros territorios de colonización. No menos…
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13La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 11 fragmento
[17]INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA LA TIERRA NO BASTA Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el Caquetá La tierra no basta Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el Caquetá Centro Nacional de Memoria Histórica LA TIERRA NO BASTA COLONIZACIÓN, BALDÍOS,…
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14En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 241 fragmento
[18]motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…
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15Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 11 fragmento
[19]1 The Llanos Frontier on the Eve of La Violencia The attraction of the Llano is irresistible. It can happen that it may produce a de- formation of the spirit and that men, accustomed to the comforts and advantages of what is called civilization, will become fond of what there is in the plains, in the hatos, in the…
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16Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 320, 5122 fragmentos
[20]de precariedad para comercializar sus productos y conectarse a los mercados agrícolas: «En un punto, a La Gabarra [municipio de Tibú, Norte de Santander] se le acabó la carretera; usted fácilmente podía gastarse de Tibú a La Gabarra… ¿qué le digo yo?, se podía demorar hasta una semana. Es que los carros se enterraban,…
p. 320
[50]- pesinado del Catatumbo ante las violaciones de derechos humanos que se dieron por 1017 Informe 1306-CI-01879 Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro), Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (Anzorc), Coordinador Nacional Agrario de…
p. 512
17¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 951 fragmento
[21]crecimiento del conflicto armado dalena medio, el 18 de enero de 1989. 94 Ante esta masacre, el Gobierno impartió una orden al DAS para que investigara la estructura criminal de los grupos paramilitares en esa región. Igualmente, derogó la Ley 48 de 1968, a través de los decretos 813 y 814 de 1989, que penalizaban la…
p. 95
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1411 fragmento
[22]Gráfica 1. Desplazamiento forzado en Colombia Fuente: Elaboración propia, con base en el Registro Único de Víctimas. En el mapa 10 se puede observar el comportamiento regional del desplazamiento en la población rural no étnica, como una aproximación a lo campesino, por periodos, dividido por quinquenios a partir de…
p. 141
19Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1281 fragmento
[24]la agro- 61 Esa formulación cambia de acuerdo con las respectivas temáticas de cada uno de los informes, ya sea de los casos emblemáticos o estudios regionales, de las mo- dalidades de violencia o sobre poblaciones más victimizadas y vulnerables o los grupos armados propiamente dichos. 128 Paramilitarismo Balance de…
p. 128
20Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5072 fragmentos
[25]fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…
p. 507
[26]fueran concentrando en el des - pojo no quiere decir en ningún sentido que hayan dejado de ser antisubversivos o políticos, (…) Es precisamente como despojadores que los paramilitares empiezan a adquirir voz y participación directa, no mediada, en el sistema político. (…) la violencia exterminadora que se vivió en el…
p. 507
21¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 1071 fragmento
[27]grandes protagonistas de la insurgencia paramilitar, apoyados por oficiales y funcionarios, ¿cómo podemos caracterizar la respuesta del núcleo duro de tomado- res de decisiones a nivel nacional en el sistema político y el Estado? Propongo allí algunas respuestas. Mientras tanto, la lectura localista estaba siendo…
p. 107
22Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 3891 fragmento
[28]en torno a los propietarios de los hatos 117 y a la salvaguarda de sus intereses debido a la incapacidad del Estado colombiano para regular y proveer bienes públicos y seguridad en las áreas más periféricas, Lo anterior, conjugado con las redes de clientelismo, la corrupción de los funcionarios públicos, la preca-…
p. 389
23La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 45, 1952 fragmentos
[29]como un proceso específico en aras de distinguir analítica y conceptual- mente las etapas o pasos que lo constituyen, hace parte de proce- sos de mayor envergadura, en tanto está profundamente atado a las motivaciones y fines de los autores materiales e intelectuales que lo originan, así como a lógicas locales,…
p. 45
[31]2 1 Usurpación de tierras 2 Invasión de tierras 1 Total Tierras 7 21 5 2 1 Delitos en general 175 341 146 63 42 Fuentes: Versión Libre Juancho Dique, Diego Vecino y Mancuso Procesamiento/tabulación Cifras y Conceptos, Grupo de Memoria Histórica, CNRR, Mayo 2010. Gráfica N. 14. Cantidad de veces que el versionado…
p. 195
24Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 4221 fragmento
[30]para generar una imagen favorable, obtener la aprobación, el respaldo, la soli- daridad y la afiliación por parte de la sociedad civil al proyecto de seguridad del grupo armado, y de paso configurar una base social que lo respaldara” (CNMH, 2017d, p. 428). 63 Ver capítulo de trayectorias y los análisis del accionar…
p. 422
25Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 11 fragmento
[32]INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Con licencia para desplazar Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, Catatumbo Con licencia para desplazar Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, Catatumbo Serie: Una nación desplazada Centro Nacional de Memoria Histórica Con licencia para desplazar…
p. 1
26Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 1581 fragmento
[33]de abandono de tierras por desplazados han sido: 1. Alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta, en La Guajira, Cesar y Magdalena. La pérdida de tierras comenzó en 1998 y aumentó hasta llegar a ser alta en Magdalena en 2002 y en Cesar en 2003. 2. Región de Perijá y Catatumbo, en Cesar y Norte de Santander. En…
p. 158
27Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 2401 fragmento
[34]0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 # 0 #…
p. 240
28Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1271 fragmento
[35]y con unos conocimientos y formas de sociabilidad que han sido afectad a s especialmente por experiencias como el desplazamiento forzado y el despojo: Recordemos que la dimensión territorial del campesinado fue definida por las relaciones con el espacio, la vida social y la identidad cultural, no obstante, como…
p. 127
29Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 1651 fragmento
[36]vuelven, deja sin compañía a quienes resistieron al quedarse. A la llegada de quienes se fueron ocurre una sensación de extrañeza y de alteridad de ellos mismos (los resistentes) que irrumpe con violencia en los recuerdos afectivos anteriores a la guerra y que se podría notar en la expresión “ellos ya no son como…
p. 165
30El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 1821 fragmento
[37]estar en circunstancias provisionales al no tener un techo asegurado, al encontrarse con toda clase de dificultades para trabajar y ganarse la vida; no poder darles educación a sus hijas e hijos; es un limbo al tener que vivir situaciones precarias y humillantes a pesar de haber sido personas que lo tuvieron “todo”:…
p. 182
31El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 1821 fragmento
[38]estar en circunstancias provisionales al no tener un techo asegurado, al encontrarse con toda clase de dificultades para trabajar y ganarse la vida; no poder darles educación a sus hijas e hijos; es un limbo al tener que vivir situaciones precarias y humillantes a pesar de haber sido personas que lo tuvieron “todo”:…
p. 182
32Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4491 fragmento
[39]Tierra». 1394 Catálogo de Fuentes de Archivo Externas, Informe 35-OI-5fc85891b5a905584b9fbfa5, Comisión de la Verdad, «El conflicto que despojó vidas y territorios». hasta la guerra tiene límites 450 Penal. La institucionalidad, ante las denuncias de hechos victimizantes, registra prin- cipalmente el desplazamiento…
p. 449
33Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 691 fragmento
[40](aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…
p. 69
34Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1221 fragmento
[41]de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…
p. 122
35El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 392 fragmentos
[42]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
p. 39
[43]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
p. 39
36¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 791 fragmento
[44]una jornada laboral que era de doce horas o más, el acceso a servicios de seguridad social -atención en salud y pensión en 155 ¿Otra historia de Colombia? caso de retiro o incapacidad-, el derecho a organizar sindicatos y sociedades de ayuda mutua, más el aumento de los salarios. Los movimientos campesinos también…
p. 79
371989María Elvira Samper · 2019 · p. 481 fragmento
[45]y desmoralizar a comunidades enteras. Entre 1984 y 2000, la campaña exterminio adelantada por narcoparamilitares con la complicidad de agentes del Estado, deja por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar a las víctimas de tipos de violencia no letal. En diciembre de 2012, dentro del proceso de…
p. 48
38Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 441 fragmento
[46]particular a la izquierda social y p c olítica. De acuerdo con la Base de Datos de Conflicto Armado 17 Esta denominación administrativa tiene origen en la distancia entre los municipios y Medellín, la capital departamental. 42 Silenciar la democracia. Las masacres de remedios y segovia 1982–1997 Cartograma N°. 1…
p. 44
39Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 2381 fragmento
[47]creador de las escuelas de entrenamiento paramilitar La 35 y La Acuarela (VerdadAbier- ta.com, 2012, 16 de noviembre). Bueno, resulta que él [JL ] sabía que… como representante legal, yo tenía la… esa documentación, donde estaban los estatutos. Estaba el listado de todas las personas, estaba, digamos, parcela por…
p. 238
40La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 741 fragmento
[48]La Jagua de Ibirico, Becerril, Agustín Codazzi, San Diego, El Paso y Chiriguaná. Un punto de inflexión en la lucha por la tierra y la vida digna en el departa- mento fue el año 1987, con la realización del Paro Cívico del Nororiente, que logró movilizar miles de campesinos. Esto despertó reacciones negativas por parte…
p. 74
41De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 651 fragmento
[49]la estructura del Bloque Tolima de las AUC. 66 DE LOS GRUPOS PRECURSORES AL BLOQUE TOLIMA (AUC) INFORME No. 1 indígenas quedan al margen derecho del río y el campesino a la margen izquierda del río. Entonces, ahí nos dividieron y cuando entra la operación de Marquetalia es cuando el Ejército aprovecha a través de mi…
p. 65
42La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 1171 fragmento
[51]al pro pio tiempo que la demanda para su producción se encontraba asegurada ya que, tratándose de un pro ceso de industrialización por sustitución de impor taciones, contaba con una demanda tradicional insa tisfecha, acrecentada por el ascendente volumeñ de población que se incorporaba a las actividades ur banas. De…
p. 117
43Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2291 fragmento
[52]contradicciones y ca- rencia de coherencia política. Enfrentó las críticas del sector santista y de los conservadores, afrontó la generalización de la Violencia política, la cual no supo manejar, pues sus diálogos con el gobier- no habían resultado infructuosos. El país comen- zaba a desangrarse sin que se hiciera…
p. 229
44Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 391 fragmento
[53]sobresale por su abundancia. Se trata entonces de una clara división del trabajo con sus respectivas particularidades de acuerdo con la. ubicación geográfica de cada una de las fases del negocio. Un criterio simple para clasificar la división del trabajo en el narcotráfico es el grado de especialización de cada fase…
p. 39
45Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 971 fragmento
[54]y otros grupos delincuenciales, tal como lo confirmó el relato del excombatiente: «Era que eso [el proceso de desmovilización] no tenía ningún futuro para el com- batiente raso, o sea la gente sentía que después de tener un arma, ser alguien con poder en una región, tener un uniforme, salir a dormir en el piso, sin…
p. 97
46Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2201 fragmento
[55]insumos, por parte de los narcotraficantes. Todo se enmarca en un cuadro de desempleo y pobreza créni- ca de la poblacién campesina, consecuencia de la falta de infraestructura, medios de transporte, crédito, apoyo tecnolégico y facilidades de comercializacién y merca- deo para los productos agropecuarios…
p. 220
47Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2371 fragmento
[56]Plan Colombia, extradición, fumigación de cultivos ilícitos. El narcotráfico y sus efectos han sido centrales en la vida colombiana de las últimas tres décadas. Dado el carácter ilegal de esa actividad, son inevitables los vacíos de nuestro conocimiento sobre su naturaleza y sus alcances. Mucho de lo que sabemos tiene…
p. 237
48Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 851 fragmento
[57]de la casa y recuerdo la charla que le dio» 254. Pero el narcotráfico se disparó con el establecimiento de los laboratorios de coca y el aprovechamiento de pistas aéreas (como las que en su momento hicieron los indígenas koreguaje para el M-19). Tanto traficantes como esmeralderos empezaron 251 Entrevista…
p. 85
49Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 251 fragmento
[58]la mayoría de las veces la gasolina es usada como insumo para las actividades de la producción de la pasta básica de la cocaína y el clorhidrato de coca. Por ejemplo, la gasolina robaba en el Magdalena Medio es un insumo para los grandes laboratorios de producción de cocaína en el Sur de Bolívar. 26 Grupos Armados…
p. 25
5030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 2191 fragmento
[59]de fundación fueron: ELN, 1962; Farc, 1964; EPL, 1967; M- 19, 1970. El M-19 se desmovilizó en 1990, el EPL en 1991 y las Farc-Ep en 2016. Todos fueron producto de la revolución cubana. Y, con alguna excepción, a partir de los años ochenta encontraron en el narcotráfico su fuente de financiamiento y expansión,…
p. 219
51Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 3251 fragmento
[60]Pese a que el primer informe de la mesa de negociación no revela los pormenores del pacto, el anuncio resulta muy significa- tivo en tanto que el problema agrario ha ocupado un lugar cen- tral en el conflicto y es una de las razones del mismo. Como se ha mostrado a lo largo del texto, las farc nunca han dejado de…
p. 325
52La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 3411 fragmento
[61]el exitoso cumplimiento de la dejación de armas por las Farc. Como presidente, lideré el esfuerzo para obtener el máximo apoyo internacional, y en este empeño tuve, durante los ocho años de mi gobierno, la mejor de las coequiperas, que fue la canciller María Ángela Holguín, una profesional y diplomática de lujo que se…
p. 341
53Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 451 fragmento
[62]del bloque más numeroso de las F A R C (septiembre de 2010) y el máximo comandante (noviembre del 2011). Las gestiones continuaron y a principios de 2012 se inició una fase exploratoria que se prolongaría durante seis meses hasta que, el 26 de agosto, se dio a conocer el documento conjunto Acuerdo general para la…
p. 45
54The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · p. 641 fragmento
[63]Havana, accompanied by representatives from the Norwegian and Cuban governments, to discuss an agenda for formal negotiations. The FARC wanted to resume the twelve- point agenda from Caguán. The government wanted a more limited agenda, and Santos (2019, 320) insisted on various “red lines”: the political and economic…
p. 64
55Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2181 fragmento
[64]pasen al terreno de la opinión, el debate, las propuestas y la acción política. Del seno de la oposición de derecha personajes como la excandidata presidencial del Partido Conservador, Martha Lucía Ramírez, juega un papel importante por sus posiciones civilistas y por sus propuestas constructivas. Las señales de l…
p. 218
56Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 891 fragmento
[65]la que, por primera vez, resulta posible pensar en su desactivación por la vía militar debido a que tras décadas de violencia, y sin atisbo de victoria por ningún lado, tanto Gobierno como guerrilla, racionalmente, llegan a un punto crítico (ripe moment) por el que mantener el conflicto abierto es mutuamente…
p. 89
57Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1131 fragmento
[66]Socialista de los Trabajadores (PST), que se agruparon en torno a la idea de construir una propuesta política extra institucional y en oposición a los métodos que ellos mismos consideraban conciliatorios, como los diálogos de paz. Para mayor información revisar el caso sobre la persecución, estigmatización y…
p. 113
58Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 841 fragmento
[67]esos hechos, le argumentaban a los miembros de la guerrilla que, pues, no tenían cómo pagar, pues ellos no generaban, pues, unas acciones en contra [específicamente] de esas familias. Al parecer, les hacían como un estudio socioeconómico a dichas familias y otras sí se iban desplazadas» 228. El exterminio de la Unión…
p. 84
59La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 fragmento
[68]poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…
p. 200
60¿Un nuevo ciclo de la guerra en Colombia?Francisco Gutiérrez Sanín · 2020 · p. 781 fragmento
[69]Aunque les daba voz y una interfaz institucional, lo que estuvo muy bien, paraba en seco cualquier veleidad con respecto de la sustitución gradual, un principio por el que distintas organizaciones agrarias habían roto más de una lanza a través de lustros de movilizaciones y que había sido aceptado también por…
p. 78
61Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1361 fragmento
[70]medias y falsas noticias para confundir a la opinión pública, como lo aseveró de forma explícita el coordinador de la campaña por el No a los Acuerdos de la Habana, posteriormente ajustados por los firmantes en el nuevo Acuerdo del teatro Colón, firmado el 24 de noviembre de 2016. 20 _______________ 1 Ver Grupo de…
p. 136
62No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 241 fragmento
[71]guerra de los Mil Días, la amnistía de Gustavo Rojas Pinilla, los acuerdos de los que surgió el Frente Nacional y las negociaciones con las gue- rrillas a finales de la década de los ochenta. Este acumulado de experiencias revela que la guerra se ha dado en una constante disputa por el poder, la representación y el…
p. 24
63Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 1461 fragmento
[72]temor y pensé para mis adentros: “Esta puede ser una emboscada al jefe de la delegación gubernamental de esta reunión”. De pronto se prendió una luz y Tirofijo dijo para gran tranquilidad mía: —Lo he traído hasta acá pues, como usted verá, en esta sala hay una serie de cuadros que han pintado los niños de la región.…
p. 146
64When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 243 fragmentos
[73]population increase, urbanization, advances in communication, and many related factors made Colombia of the bogotazo a quite different place from that of the Frente Nacional. Second, just as the country changed over two decades, so too did the Violencia. In fact, it passed through four distinct phases that were…
p. 24
[74]population increase, urbanization, advances in communication, and many related factors made Colombia of the bogotazo a quite different place from that of the Frente Nacional. Second, just as the country changed over two decades, so too did the Violencia. In fact, it passed through four distinct phases that were…
p. 24
[75]population increase, urbanization, advances in communication, and many related factors made Colombia of the bogotazo a quite different place from that of the Frente Nacional. Second, just as the country changed over two decades, so too did the Violencia. In fact, it passed through four distinct phases that were…
p. 24
65Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 231 fragmento
[76]the nineteenth century, to be the scene of various civil wars (Sánchez, 1991, p. 19). The reference to this period becomes relevant because, just as it is the moment in which the conditions for the emergence of academic sociology in Colombia were configured, its main promoters are recognized as belonging to the…
p. 23
66Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 511 fragmento
[77]comu- Barrancabermeja (Santander), Franco en Urrao (Antioquia), Juan de la Cruz Varela en la región del Sumapaz y en el Tolima José María Oviedo Arboleda y Leopoldo García. Todos ellos pactaron la paz y regresaron a la actividad agrícola (Colombia Nunca Más, 2011). 51 Procesos de colonización y semillas del…
p. 51
67Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4111 fragmento
[78]Richard Stoller (Durham and London: Duke University Press, 2006), 174, for quote. Representative examples include Alfredo Molano, Amnistía y violencia (Bogotá: CINEP, 1980), 61. It is telling that one of this orthodox view’s primary dissenters is a foreigner: Daniel Pécaut, Guerra contra la sociedad (Bogotá: Espasa,…
p. 411
68La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 112, 1132 fragmentos
[79]región de Marquetalia (Tolima), don- de el Estado nos expropió fincas, ganados, cerdos y aves de corral, extendiendo esta medida a miles de compa- triotas por no compartir con la política bipartidista del Fren- te Nacional”. “Mientras tanto, aumentaba el presupuesto para la guerra y se creaban los primeros batallones…
p. 112
[80]oficial, nos radicamos como colonos en la región de Marquetalia (Tolima), don- de el Estado nos expropió fincas, ganados, cerdos y aves de corral, extendiendo esta medida a miles de compa- triotas por no compartir con la política bipartidista del Fren- te Nacional”. “Mientras tanto, aumentaba el presupuesto para la…
p. 113
69Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 441 fragmento
[81]Y L U G A R E S D E U N C O N F L IC T O A R M A D O IN C O N C L U S O Oligarquía, populismo, clientelismo Interesa constatar que en Colombia nunca han sido derrotadas políticamente las clases dominantes y diligentes de la "república oligárquica”.28 Civilistas y antimilitaristas —desde la década de 1810 hasta fines…
p. 44
70Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 481 fragmento
[82]por parte de Espana. Sin embargo, en este estudio sdlo se senalaron las caracteristicas mas importantes del periodo que se inicia en nuestro pais con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitan, hecho que establece un puente de continuidad de la llamada «Gran Violencia». Fue éste un fendmeno alucinante que ha sido objeto de…
p. 48
71Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 551 fragmento
[83]generation to the next. Strong clientalist relationships led to intense rural and lower-class identi- fication with parties, as the vertically linked networks of privilege and patronage were the only channel connecting remote rural regions to national politics. One of the few significant differences between the two…
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72Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 2072 fragmentos
[84]un territorio riquísimo gobernado por la democracia “más perfecta de América” revivió en los discursos de los centenaristas; pero al poco tiempo, treinta años después, el gobierno liberal se encontró nuevamente ante la imposibilidad de controlar todo el territorio, esta vez dividido por diferencias ideológicas que…
p. 207
[85]democracia “más perfecta de América” revivió en los discursos de los centenaristas; pero al poco tiempo, treinta años después, el gobierno liberal se encontró nuevamente ante la imposibilidad de controlar todo el territorio, esta vez dividido por diferencias ideológicas que revivían el enfrentamiento armado y que se…
p. 207