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Biografía

Jesús Abad Colorado

Seguridad Democrática

N. 1967

19 min de lectura38 documentos
Nacimiento1967
FallecimientoSin fecha registrada
RolesFotógrafo y fotorreportero · Periodista y comunicador social
Lugar principalColombia
Período históricoSeguridad Democrática2002–2016
03

La biografía

Jesús Abad Colorado López (Medellín, 1967) es el fotógrafo que le puso rostro y nombre a las víctimas del conflicto armado colombiano. Durante más de tres décadas ha recorrido Urabá, el Chocó, el Oriente antioqueño, la Comuna 13 de Medellín y los Montes de María con una cámara y una libreta, y ha construido un archivo personal que hoy funciona como uno de los pocos contrapesos civiles al relato oficial del país en guerra. Su autoridad no proviene de la virtuosidad técnica ni de la búsqueda del gesto icónico, sino de un compromiso ético sostenido: fotografiar a los sobrevivientes sin espectacularizar su dolor, regresar a los mismos territorios año tras año y registrar el nombre de cada persona muerta o desaparecida. Fotografió duelos donde el Estado contabilizaba éxitos militares, especialmente durante los años de la Seguridad Democrática, y por esa vía su obra se volvió una evidencia estructuralmente incompatible con la narrativa de pacificación que dominó Colombia entre 2002 y 2010.

02

Línea de vida

  1. 1967

    Nacimiento en Medellín

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    Nació en Medellín, Antioquia, en una familia marcada por la memoria de La Violencia de mediados del siglo XX. Esa herencia biográfica —relatos familiares de muerte por partidos, desplazamientos rurales y nombres silenciados— alimentaría su obra posterior como fotógrafo del conflicto.

  2. 1990

    Formación y primeras coberturas en El Colombiano

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    Se formó en comunicación social y periodismo en la Universidad de Antioquia. Su iniciación práctica ocurrió en el periódico El Colombiano de Medellín, durante los años más duros de la ofensiva narcoterrorista de Pablo Escobar y el despliegue paramilitar en el noroccidente del país. De esa experiencia extrajo su decisión metodológica central: no quedarse en la escena inmediata del atentado, sino viajar hacia donde la violencia dejaba de ser noticia.

  3. 1994

    Cobertura de la masacre de La Chinita y el Urabá paramilitar

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    Documentó el Urabá antioqueño y chocoano en el período de expansión de las ACCU. El 23 de enero de 1994 ocurrió la masacre de La Chinita en Apartadó, donde murieron 35 miembros de Esperanza, Paz y Libertad. Fotografió los vacíos organizativos del genocidio de la Unión Patriótica, los entierros de dirigentes campesinos y el miedo a participar en política.

  4. 1997

    Documentación de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó y la Operación Génesis

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    En marzo de 1997 se fundó la Comunidad de Paz de San José de Apartadó con cerca de 1.400 miembros como experimento de neutralidad no violenta. Ese mismo año, entre el 24 y el 27 de febrero, la Brigada XVII condujo la Operación Génesis en el bajo Atrato chocoano, generando un desplazamiento masivo de comunidades afrodescendientes e indígenas que Abad Colorado documentó en cientos de imágenes.

  5. 2002

    Cobertura de la masacre de Bojayá

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    El 2 de mayo de 2002, 119 personas fueron masacradas en la iglesia católica de Bellavista, Bojayá, Chocó. Aproximadamente 1.744 familias fueron desplazadas. Abad Colorado fotografió el Cristo Mutilado —imagen que perdió sus extremidades durante la masacre y se convirtió en símbolo de resistencia—, las novenas comunitarias, la fosa provisional junto al río y las tensiones generacionales en los trabajos de memoria entre jóvenes y claretianos.

  6. 2002

    Documentación de la Operación Orión en la Comuna 13

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    Los días 16 y 17 de octubre de 2002, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez lanzó la Operación Orión sobre la Comuna 13 de Medellín con despliegue de helicópteros, tanquetas y corte de servicios básicos. Abad Colorado documentó no los emblemas militares del operativo sino a las mujeres sacando a sus hijos entre las ráfagas, las trapos blancos en las ventanas y los desaparecidos cuyos nombres se rezaban en la Escombrera.

  7. 2006

    Registro del período de posdesmovilización paramilitar

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    Entre noviembre de 2003 y noviembre de 2006, las AUC desmovilizaron oficialmente 31.521 combatientes por bloques. Mientras el gobierno Uribe exhibía las ceremonias de entrega de armas como logro de la Seguridad Democrática, Abad Colorado fotografiaba la continuidad del control paramilitar en comunas de Medellín, los falsos positivos, los desplazamientos internos y las madres de la Candelaria con retratos de hijos desaparecidos.

  8. 2015

    Consolidación del archivo y vínculos con organismos internacionales

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    Desarrolló vínculos de trabajo con el CICR y el ACNUR, preparando propuestas fotográficas para la página web del Comité Internacional de la Cruz Roja y manteniendo conversaciones con la oficina del ACNUR sobre material en zonas fronterizas con Venezuela, Ecuador y Panamá. Según sus propias declaraciones, estos encargos eran oportunidades para consolidar su archivo fotográfico personal de largo aliento sobre el conflicto colombiano.

Trayectoria y método

Definir a Abad Colorado como "fotógrafo del conflicto" resulta reduccionista y, en cierto modo, injusto. Su trabajo no se organiza alrededor del hecho violento sino de quienes lo sobreviven: viudas que rezan frente a un cristo mutilado, campesinos que enseñan una fotografía descolorida del hijo desaparecido, comunidades que caminan entre ataúdes rumbo a un cementerio recuperado. La cámara llega tarde a la masacre y temprano al duelo. Hay ahí una teoría implícita del oficio: la violencia no es un espectáculo que se cubre, sino un daño prolongado que se acompaña.

Su centralidad en la cultura colombiana descansa en una paradoja productiva. Abad Colorado nunca se propuso construir una posición pública frente al gobierno de Álvaro Uribe Vélez ni convertirse en referente moral: se pensó a sí mismo, según sus propias palabras, como alguien que trabajaba en "proyectos personales" orientados a "consolidar" un archivo de largo aliento sobre el conflicto colombiano. Pero fotografiar sistemáticamente los daños civiles en Urabá, Bojayá o la Comuna 13, en los años en que el discurso oficial celebraba operativos militares, produjo por acumulación un conjunto de imágenes que hoy sostiene buena parte de la memoria pública del país. La figura del fotógrafo-testigo se armó, en su caso, menos por diseño que por perseverancia.

Orígenes y formación

Nació en Medellín en 1967, en una familia antioqueña marcada por la memoria de La Violencia de mediados de siglo. Esa herencia biográfica —el relato familiar de la muerte por partidos, los desplazamientos rurales, los nombres que se dejan de pronunciar— alimenta su obra posterior. No es un fotógrafo que llegó al conflicto desde la curiosidad profesional, sino alguien cuyo horizonte doméstico ya estaba tocado por la guerra colombiana antes de que decidiera documentarla.

Se formó en la Universidad de Antioquia, donde estudió comunicación social y periodismo, y su iniciación práctica ocurrió en el periódico El Colombiano de Medellín, en los años más duros de la ofensiva narcoterrorista de Pablo Escobar y del despliegue paramilitar en el noroccidente del país. Esa generación de reporteros —a la que también pertenecen periodistas cuyas biografías profesionales fueron reorientadas por el asesinato de Luis Carlos Galán en 1989— aprendió el oficio cubriendo bombas, magnicidios y masacres, sometida a una exposición prolongada y traumática a escenas de muerte cotidiana. El caso de sus compañeros en El Colombiano, expuestos día tras día a los efectos de las bombas urbanas, ilustra el desgaste psíquico y ético que esa cobertura imponía.

De ese aprendizaje extrajo una decisión metodológica que definiría el resto de su carrera: no quedarse en la escena inmediata del atentado. La imagen del cuerpo tendido o del vidrio pulverizado, tan rentable para las primeras planas, le pareció insuficiente. Empezó a viajar hacia donde la violencia dejaba de ser noticia: hacia la vereda, el corregimiento, la casa de la familia. Ese movimiento del centro del hecho al margen del sobreviviente es el gesto fundacional de su obra.

Urabá

El territorio que forjó a Abad Colorado como fotógrafo del conflicto fue el Urabá antioqueño y chocoano de la década de los noventa. La región funcionaba entonces como corredor estratégico para el tráfico de narcóticos y el ingreso de armas, y se convirtió en zona de disputa territorial prioritaria entre las guerrillas —principalmente el EPL y las FARC-EP— y las estructuras paramilitares que impulsaban los hermanos Castaño desde el sur de Córdoba. Fidel, Carlos y Vicente Castaño articularon a finales de los años ochenta una ofensiva contraguerrillera que reunió intereses del Cartel de Medellín, mandos militares, hacendados y ganaderos, y que se tradujo en masacres sucesivas contra campesinos y trabajadores agrícolas señalados como base social del EPL.

Las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) reconfiguraron el mapa regional a lo largo de los noventa. Incorporaron a desmovilizados del EPL, conocedores del terreno y de las redes guerrilleras, y desplazaron el eje paramilitar desde el Magdalena Medio hacia el Urabá con el apoyo de ganaderos, comerciantes y empresarios locales. En medio de esa expansión, el 23 de enero de 1994, ocurrió la masacre de La Chinita, en un barrio obrero de Apartadó: murieron 35 miembros del movimiento Esperanza, Paz y Libertad, hecho que las FARC-EP reconocieron como crimen de guerra en 2016.

Abad Colorado llegó a ese Urabá cuando el genocidio de la Unión Patriótica ya había instalado en el imaginario colectivo la percepción de que los movimientos políticos alternativos eran inviables en la región. Fotografió los vacíos organizativos, el miedo a participar en política, los entierros de dirigentes campesinos. Y fotografió, sobre todo, a quienes se negaban a irse: la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, fundada en marzo de 1997 con cerca de 1.400 miembros como experimento radical de neutralidad no violenta. La Comunidad, inspirada en parte por la figura de Monseñor Isaías Duarte Cancino, prohibió el porte de armas y el ingreso de actores armados —FARC, ejército, paramilitares— y organizó comunalmente la actividad económica y los servicios públicos. Nació en un contexto en el que los paramilitares controlaban las zonas bajas hacia Apartadó y las FARC mantenían presencia en las colinas, y sus pobladores quedaban atrapados literalmente entre dos fuegos.

Ese mismo año, entre el 24 y el 27 de febrero de 1997, la Brigada XVII del Ejército condujo la Operación Génesis contra el Frente 57 de las FARC, con aparente apoyo de las ACCU. La operación —aérea y terrestre— se enmarcó en una fase de apertura contrainsurgente orientada a interrumpir corredores guerrilleros y a establecer control sobre la población mediante terror y dominación autoritaria. El resultado, en el bajo Atrato chocoano, fue un desplazamiento masivo que Abad Colorado documentaría en cientos de imágenes: familias enteras cargando lo poco que salvaban, comunidades afrodescendientes e indígenas en tránsito hacia albergues improvisados, niños con la mirada perdida ante un río que dejaban atrás sin certeza de regreso.

En Urabá aprendió los principios operativos que sostendrían su obra: preguntar el nombre de cada persona fotografiada, anotarlo en una libreta, regresar meses o años después con la copia impresa. La devolución sistemática —la fotografía como objeto que vuelve al retratado— transformó el vínculo con las comunidades. No era el reportero que extraía la imagen para publicarla en Bogotá; era alguien que reaparecía con el retrato del hijo muerto o del abuelo desplazado, y por eso ganaba acceso a duelos y ritos que otros ni siquiera veían.

Bojayá

El 2 de mayo de 2002, 119 personas fueron masacradas en la iglesia católica de Bellavista, cabecera del municipio de Bojayá, en el Chocó. La comunidad murió por el impacto de un cilindro-bomba en medio de un enfrentamiento armado, y aproximadamente 1.744 familias tuvieron que abandonar el territorio en las semanas siguientes, engrosando la larga cifra del desplazamiento forzado colombiano. Los rituales funerarios comunitarios quedaron interrumpidos: no hubo velorio de nueve días ni "cabo de año"; los cuerpos fueron enterrados sin llanto, sin acompañantes y sin sepultura digna en una fosa cerca al río Bojayá, porque los combates impedían llegar al cementerio.

La cronología del auxilio revela la escala del desamparo. El 3 de mayo, un grupo de hombres regresó desde Vigía del Fuerte a Bellavista, en medio de los enfrentamientos, para el reconocimiento y auxilio de heridos. La labor debió interrumpirse por el estado de los cuerpos y sólo se culminó el lunes 6. Días después, entre el 9 y el 12 de mayo, la misión humanitaria de Naciones Unidas, encabezada por Anders Kompas, director de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, visitó Quibdó, Bellavista, Vigía del Fuerte y Napipí. Para entonces, el país entero discutía a quién atribuir la responsabilidad de la matanza, y el Cristo Mutilado de Bojayá —una imagen que perdió sus extremidades durante la masacre y que la comunidad conservó como testimonio— empezaba a convertirse en símbolo de la reconstrucción de la vida en la Nueva Bellavista.

Abad Colorado llegó a Bojayá como parte del cuerpo de fotoperiodistas que cubrió la tragedia, pero regresó después, cuando las cámaras se habían ido. Fotografió el Cristo Mutilado, las novenas y oraciones que la comunidad le dirigía, los trabajos colectivos de memoria y las tensiones internas que atravesaban a la población. En Bojayá existe una fractura generacional persistente en el trabajo de memoria: jóvenes y viejos —estos últimos acompañados por los misioneros claretianos— sostienen una discusión larga entre la orientación de "no más duelo" y la de "sí duelos", entre la necesidad de cerrar y la de seguir nombrando. Esa complejidad interna, invisible para la mayoría de coberturas mediáticas, es la que sus imágenes permiten intuir cuando se detienen en un rostro que reza o en una mano que sostiene una veladora.

Bojayá se convirtió en el eje moral de su obra. Fotografiar la masacre no significó reproducir el impacto del cilindro, sino documentar el vacío ritual, la fosa provisional, el Cristo sin brazos, la insistencia comunitaria en recuperar la palabra. Un modo de trabajar que después llamaría, sin grandilocuencia, "acompañar", y que lo alejó del fotoperiodismo de impacto para acercarlo a la memoria como práctica cotidiana y disputada.

Comuna 13 y Seguridad Democrática

En octubre de 2002, apenas dos meses después de la posesión de Álvaro Uribe Vélez, el gobierno lanzó la Operación Orión sobre la Comuna 13 de Medellín. Entre los días 16 y 17 se desplegaron balas, bombas, tanquetas, helicópteros y aviones; se cortaron los servicios de luz, agua y teléfono; y los habitantes no podían salir de sus casas por los disparos que llegaban desde el aire y desde tierra. La operación se presentó ante la opinión pública como una victoria emblemática de la nueva política de Seguridad Democrática: la recuperación estatal de un territorio urbano dominado por milicias.

La otra cara del operativo se conoció por vía testimonial. Habitantes de la Comuna 13 señalaron que durante la Operación Orión los paramilitares entraron junto a la policía, indicándoles cuáles eran las casas de apoyo y quiénes las personas buscadas. Años después, en versiones libres, alias 'Don Berna' declaró que la operación fue coordinada entre el general Mario Montoya —comandante de la IV Brigada del Ejército— y el general Leonardo Gallego Castrillón, excomandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, con la participación de varios lugartenientes paramilitares. La Comuna 13, presentada como territorio recuperado, quedó bajo control paramilitar en los años siguientes.

Abad Colorado documentó la Comuna 13 antes, durante y después. Sus imágenes no se ocupan del helicóptero ni del tanque —los emblemas visuales de la ofensiva—, sino de las mujeres que sacan a sus hijos entre las ráfagas, de las trapoblancas colgadas de las ventanas, de los desaparecidos cuyos nombres se rezan en la Escombrera. Este último es un vertedero al occidente de Medellín donde, según testimonios y búsquedas posteriores, fueron enterrados clandestinamente cuerpos de víctimas del operativo. En sus fotografías, la Escombrera no es un paisaje neutro sino una fosa colectiva: madres con retratos, cintas, cruces improvisadas.

El foco editorial durante la Seguridad Democrática no fue accidental. Mientras el gobierno acumulaba cifras de reducción de homicidios y desmovilizaciones, él fotografiaba lo que quedaba fuera de la estadística oficial: los falsos positivos, los desplazamientos internos que continuaban, las masacres selectivas menores, las madres de la Candelaria caminando por el centro de Medellín con las fotos de sus hijos desaparecidos. En Antioquia, entre 2002 y 2016, el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica registró 12.447 asesinatos selectivos, 1.211 muertes en masacres y 6.610 personas afectadas por desaparición forzada. Cada una de esas cifras tiene, en su archivo, un rostro, un nombre y una fecha.

Posdesmovilización

Entre noviembre de 2003 y noviembre de 2006, las Autodefensas Unidas de Colombia entregaron las armas por bloques: el Cacique Nutibara en Medellín abrió la secuencia; el Élmer Cárdenas la cerró. La cifra oficial fue de 31.521 paramilitares desmovilizados y el gobierno Uribe la exhibió como uno de sus grandes logros. Las armas apiladas en tarimas, los ceremoniales de entrega, los discursos de reconciliación circularon por los medios como imagen de un país que cerraba un ciclo. En Medellín, las columnas del Cacique Nutibara entregaron los fusiles frente a cámaras de televisión; en Urabá, el Élmer Cárdenas prolongó la ceremonia hasta finales de 2006 con actos escalonados en distintos municipios. La estética de la entrega —uniformes ordenados, banderas, discursos— buscaba fijar en el imaginario la imagen del cierre.

La realidad de los territorios contaba otra historia. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos constató que algunas comunas de Medellín seguían bajo fuerte presencia y control paramilitar pese a la desmovilización formal del Bloque Cacique Nutibara, y recibió denuncias de violaciones de derechos humanos en zonas de influencia de las AUC. El supuesto cese de hostilidades no se cumplió: los grupos continuaron perpetrando crímenes contra la población civil durante y después del proceso. Se registraron irregularidades en las ceremonias formales, y en apenas el 18% de los municipios con presencia paramilitar la guerrilla representaba una amenaza de elevada actividad armada, lo que sugiere que la expansión paramilitar respondía a intereses económicos y políticos que iban mucho más allá de la lucha contrainsurgente. La parapolítica —las alianzas entre políticos regionales y estructuras armadas— reveló, en paralelo, el grado de captura institucional al que había llegado el fenómeno.

Abad Colorado fotografió esa continuidad. Documentó los territorios donde las estructuras armadas cambiaron de nombre pero conservaron control, los desplazamientos que no cesaron, la persistencia del despojo de tierras. Volvió a veredas del bajo Atrato de las que había salido la gente cinco años antes, para encontrar que el retorno no se había producido o que se había hecho bajo la tutela de los mismos actores que provocaron la huida. Fotografió también a los líderes campesinos que empezaban a hablar de restitución de tierras, y cuyos rostros irían sumándose, en los años siguientes, a la larga lista de asesinatos selectivos que atravesarían todo el periodo del llamado posconflicto.

Su archivo de esos años funciona como contraarchivo de la retórica oficial: donde el discurso hablaba de reintegración y reconciliación, sus imágenes mostraban veredas vacías, líderes sociales asesinados, retornos frustrados. Trabajó desde una posición humanitaria, sin adscripción partidista, y sin embargo la acumulación misma de imágenes fue componiendo una evidencia que hoy sostiene buena parte de la investigación histórica sobre esa década. Es la política que produce la constancia, no la del panfleto: fotografiar durante quince años a la misma mujer que sigue buscando a su hijo desaparecido termina siendo una manera de decir que el país no cerró nada.

Redes de trabajo

El trabajo de Abad Colorado no es el de un fotógrafo solitario. Se entreteje con comunidades, con organismos humanitarios internacionales y con las instituciones de la memoria que empezaron a construirse en Colombia desde mediados de los años dos mil.

En Urabá, la Comunidad de Paz de San José de Apartadó ocupa un lugar particular como experimento de neutralidad no violenta iniciado en 1997, acompañado internacionalmente y estudiado etnográficamente por la investigadora Gwen Burnyeat. La relación de Abad Colorado con la Comunidad se prolongó durante años y le permitió registrar no sólo los momentos de mayor visibilidad —las masacres, las conmemoraciones—, sino la vida cotidiana de una experiencia que decidió sostenerse en medio de la guerra sin recurrir a las armas. En Bojayá, la relación con los misioneros claretianos y con las estructuras comunitarias del Medio Atrato configuró el marco en el que pudo trabajar durante años: los claretianos, presentes en el territorio desde mucho antes de la masacre, sirvieron de puente para acercarse a los rituales colectivos y a las tensiones internas del duelo. En la Comuna 13, las organizaciones de mujeres y las madres de la Candelaria construyeron el vínculo que le permitió acceder a los duelos por los desaparecidos, y su presencia en las caminatas a la Escombrera se volvió parte del propio ritual de búsqueda.

En el plano humanitario, desarrolló vínculos de trabajo con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), organizaciones que valoraron su capacidad para registrar territorios y poblaciones a las que muy pocos reporteros llegaban. En una etapa preparaba material fotográfico para la página web del CICR y sostenía conversaciones preliminares con ACNUR sobre un encargo relativo a las zonas fronterizas de Colombia con Venezuela, Ecuador y Panamá. Él mismo entendía esos trabajos como oportunidad para consolidar su "proyecto personal": el archivo de largo aliento sobre el conflicto. La combinación de encargos humanitarios y proyecto documental propio definió su modo de operar durante buena parte de la Seguridad Democrática y la posdesmovilización, y le permitió sostener económicamente una práctica que no dependía del ritmo noticioso de los grandes medios.

En el plano institucional, participó en el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación —después Centro Nacional de Memoria Histórica— y posteriormente se vinculó con la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad. El Grupo de Memoria Histórica, dirigido por el sociólogo Gonzalo Sánchez y con la participación de investigadoras como María Victoria Uribe, produjo informes regionales y temáticos, entre ellos el emblemático ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad. Ese equipo se reconoció explícitamente como un actor no neutral en la arena de la memoria: asumió que la interacción con víctimas, las subjetividades en juego y los procesos de selección de información llevaban la impronta de quienes recopilaban la información. Optó mayoritariamente por las voces de las víctimas, aunque también incorporó memorias de perpetradores a través del análisis de versiones libres. Uno de los desafíos centrales de ese trabajo colectivo fue la transición de una memoria orientada al pasado hacia una memoria orientada al futuro, y las tensiones documentadas en casos concretos —El Castillo, Trujillo, San Carlos, Bojayá— mostraron la complejidad de mediar entre distintas comunidades, generaciones y actores étnicos.

En ese entramado, Abad Colorado aportó lo que ningún informe estadístico podía dar: la textura visual de los territorios, la fisonomía de los sobrevivientes, la topografía del daño. Su archivo dialoga con las crónicas rurales de Alfredo Molano, que tejen un mapa afín al suyo, y con la obra de otros artistas visuales del conflicto. Entre ellos, Juan Manuel Echavarría, cuya pieza NN. 2006-2013, realizada con la colaboración de Fernando Grisalez, fue incorporada por la Comisión de la Verdad al informe final Sufrir la guerra mediante fotografía lenticular. La memoria visual del conflicto colombiano no es obra de un solo autor, pero pocos han sostenido con tanta constancia como Abad Colorado la disciplina del regreso.

Oficio, riesgos y tensiones

El periodismo colombiano que cubrió el conflicto entre los años ochenta y dos mil operó bajo restricciones editoriales y bajo amenaza física. Los grandes periódicos imponían límites institucionales a la cobertura: El Tiempo, pese a su tradición liberal, era defensor de las Fuerzas Militares y las instituciones, lo que restringía los ángulos posibles de la información sobre el Ejército y sobre las operaciones contrainsurgentes. Cubrir insurgencia era una tarea de alto riesgo, sometida a presiones editoriales cuyo peso obligaba a autocensuras y omisiones.

En ese ecosistema, quien pretendiera fotografiar a los paramilitares o registrar sus rutinas se exponía a represalias inmediatas. El caso de alias 'El Mojao', que coordinó un atentado contra una reportera por haber entrevistado a paramilitares con la cara descubierta y por haber reportado hallazgos de armas, y el seguimiento fotográfico que suboficiales del Ejército hicieron a los dirigentes de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) —una vigilancia que precedió al asesinato coordinado de sus líderes y de una periodista que los acompañaba— definen el terreno concreto sobre el que trabajaba también Abad Colorado. No son episodios ajenos ni ilustrativos: son la temperatura del oficio en los años y las regiones en los que él sostuvo su archivo. Fotografiar en Urabá, en el Chocó o en el Oriente antioqueño implicaba desplazamientos físicos por trochas y ríos, exposición a retenes de todos los actores armados y una gestión permanente del riesgo. Abad Colorado nunca cultivó la figura del reportero heroico ni convirtió el peligro en argumento de venta de su obra. Pero su archivo se construyó bajo condiciones que hicieron que muchos otros abandonaran el oficio o se replegaran a las salas de redacción.

La figura pública que emerge tiene, sin embargo, sus zonas de tensión. La lectura mítica del "fotógrafo del dolor" —el hombre que se entrega a las víctimas, el testigo puro— corre el riesgo de invisibilizar la complejidad de las comunidades fotografiadas y de reducir la agencia política de los sobrevivientes a materia prima de una mirada externa. Las comunidades de San José de Apartadó y Bojayá no son sujetos pasivos del lente sino agentes de memoria con sus propias tensiones y disputas. La imagen final —la fotografía publicada, exhibida, reproducida en catálogos y museos— es siempre una negociación entre la mirada del autor y la autorepresentación comunitaria, no una captura unilateral. Que Abad Colorado haya sido especialmente cuidadoso con esa negociación —devolviendo copias, consultando usos, colaborando en trabajos de memoria comunitaria— no elimina la tensión estructural del oficio fotográfico en contextos de dolor colectivo.

Hay además una lectura política que conviene no eludir. Su obra funciona hoy, retrospectivamente, como contradocumento del relato oficial de la Seguridad Democrática. Pero durante buena parte de los años en que la produjo, no se planteó como opositor: trabajó desde una posición humanitaria, en diálogo con el CICR y el ACNUR, orientado a un archivo de continuidad. La fuerza política de su obra emerge del volumen acumulado y de la ética del nombre —cada víctima con su historia, cada territorio con su nombre completo—, no de una declaración de posición previa. Ese cruce entre la posición humanitaria y el efecto de denuncia que la obra terminó teniendo es una de las claves menos comentadas de su lugar en la cultura colombiana.

Exposiciones, documental y memoria pública

El Testigo, la gran exposición retrospectiva de Abad Colorado, y el documental homónimo dirigido por Kate Horne se convirtieron en el vehículo por el cual su obra alcanzó al gran público colombiano. Miles de personas recorrieron las salas donde se exhibieron sus fotografías de Urabá, Bojayá, la Comuna 13 y el Oriente antioqueño; muchos vieron por primera vez, en formato grande y con nombres asociados, los rostros de un país en guerra que la televisión y la prensa habían resumido en cifras. Esa conversión de archivo privado en experiencia colectiva de duelo público es una de sus contribuciones más significativas al proceso de memoria histórica del país.

Su papel en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, entre 2018 y 2022, consolidó su lugar institucional. La CEV incorporó materiales visuales de diversos autores, entre ellos su obra, para construir un relato histórico en el que la imagen no era ornamento sino evidencia. La fotografía lenticular de Echavarría y las fotografías de Abad Colorado convivieron en el mismo espacio institucional, señal del reconocimiento —tardío pero real— de que la memoria visual del conflicto colombiano es parte constitutiva de su verdad.

Su huella se mide también en un desplazamiento cultural más amplio. Antes de su obra, el fotoperiodismo colombiano de guerra estaba dominado por la lógica del hecho: bomba, cuerpo, primera plana. Después, se instaló la posibilidad —y en muchos casos la exigencia ética— de fotografiar el después: la comunidad, el duelo, la persistencia. Fotógrafos más jóvenes trabajan hoy en esa clave sin necesariamente saberlo, en universidades, periódicos y proyectos de memoria regional.

Queda una discusión abierta sobre los límites del testimonio visual. En un país donde se han documentado tensiones entre distintas víctimas, entre gestores de memoria, entre generaciones y entre comunidades étnicas, ninguna obra puede pretender representar la totalidad del daño. La contribución de Abad Colorado no es la de haber contado todo el conflicto, sino la de haber sostenido —durante más de treinta años, en territorios muy concretos, con una ética verificable en cada imagen— una manera de mirar que se rehúsa al espectáculo y que le devuelve a cada víctima lo mínimo: su nombre. En un país que durante la Seguridad Democrática contaba éxitos en cifras redondas, esa terquedad del detalle, del rostro y del apellido fue, y sigue siendo, un acto de historia.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

38 documentos · 42 fragmentos
01Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Páginas 302, 3092 citas
[1]

the two films is that Meiselas is not from Nicaragua but the northeastern United States and Pictures from a Revolution, narrated in the first person, centers her own experience as an outsider. She, like Nachtwey and Salgado, is a liberal hero with whom western audiences can identify and admire for her adventur -…

p. 302
[2]

his plans at the time: I’m about to sit down and work on a proposal for the International Committee of the Red Cross that needs some photographs for its web page. There’s another possibility with the office of UNHCR [The United Nations High Commissioner for Refugees].... I’m waiting for a rep - resentative from UNHCR…

p. 309
02Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · Página 241 cita
[3]

por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…

p. 24
03La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · Página 681 cita
[4]

ya entrada la década de los noventa, sirvieron como plataforma para el posicionamiento, a nivel nacional, de los hermanos Castaño, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); y en la dimensión regional, de los grupos paramilitares en el sur del Chocó y su costa…

p. 68
04Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 2431 cita
[5]

sitúan dentro del Parque Nacional Natural Nudo de Paramillo, por ejemplo, Ituango, Dabeiba y Peque—, las minas antipersonales y el miedo 163. El Urabá antioqueño, como eje de salida de narcóticos y entrada de armas y contrabando, ha sido una zona en disputa territorial entre grupos ilegales. Buena parte de los…

p. 243
05No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3011 cita
[6]

barrio obrero conocido como La Chinita, en Apartadó, el 23 de enero de 1994 900. El barrio era una invasión promovida por los antiguos militantes del PCML, para otorgarles viviendas a trabajadores de las empacadoras de banano que vivían en con- diciones infrahumanas en barracas junto a las plantaciones. En La Chinita…

p. 301
06Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 451 cita
[7]

paradigmático de la organización político-militar que es la guerrilla. Se trata, según Cubides, de una forma de “mimetismo”. Este mimetismo se vio estimulado por el ingreso, en las fi las de las ACCU, de antiguos guerrilleros del EPL y de militares en retiro. La cooptación de desmovilizados del EPL se inscribía en la…

p. 45
07Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · Página 1641 cita
[8]

¿entonces qué pasa? Que cuando los pelados entraron, yo mandé... veinticinco manes mandé yo ahí. Todos esos que están ahí yo los mandé y se fueron vestidos de guerrilla. Con brazaletes de la guerrilla, con equipo de la guerrilla, y, como ellos habían sido guerrilleros y todos los cono- cían, todo mundo los conocía,…

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08Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · Página 1271 cita
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José down to Apartadó was taken over by paramilitary groups, but the FARC continued to be present in the hills. The settlers were truly be- tween a rock and a hard place. Inspired by Monseñor Isaías Duarte (later killed), a major force behind the Cuartas “Consenso” experiment, the San José de Apartadó Peace Community…

p. 127
09Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · Página 2471 cita
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tam- bién empieza como a perder ese… ese rol propio de defender libremente al trabajador. Entonces se presentaron muchos vacíos. (CNMH-DAV, exmili- tante de Esperanza, Paz y Libertad, Apartadó, 2017, 3 de diciembre) Otro daño político derivado de la desaparición de la UP fue la instalación en el imaginario y en el…

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10La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 1381 cita
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desarrollo del proyecto rebelde. La masacre de 13. Uribe, M. T., Urabá: ¿región o territorio? op. cit. Garda, C. 1,. Urabá. Región, actores y conflicto, op. cit. 14. Uribe de Hincapié, María Teresa, Nación, ciudadanoy soberano, Corporación Región, Medellin, 2001. 277 LA ECONOMÍA DE LOS PARAMILITARES Brisas" dio inicio…

p. 138
11Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · Página 1531 cita
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el banano, por ejemplo, y economías ilegales como el narcotráfico, el contrabando de armas y la trata y tráfico de personas. Durante décadas se ha planteado la construcción de una carretera que atraviese el Tapón del Darién y un nuevo puerto para facilitar la comunicación con el Pacífico; sin embargo, se han quedado…

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12Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 2662 citas
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(alias 88 Glenda Martínez, Salvatore, 111. 89 Glenda Martínez, Salvatore, 109-110. 266 James D. Henderson H. H.), comandante del Bloque Bananero de las ACCU con base en Urabá, se trasladaron hacia el sur a través de pueblos y aldeas dispersos en medio de las plantaciones de banano a lo largo de la orilla oriental del…

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(alias 88 Glenda Martínez, Salvatore, 111. 89 Glenda Martínez, Salvatore, 109-110. 266 James D. Henderson H. H.), comandante del Bloque Bananero de las ACCU con base en Urabá, se trasladaron hacia el sur a través de pueblos y aldeas dispersos en medio de las plantaciones de banano a lo largo de la orilla oriental del…

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13Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · Página 111 cita
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Map 1.2 State Fragility Index 2009 12 Fig. 2.1 Preliminary schema of historical events of deracination at the Bojayá region 1500–2002 40 Photo 3.1 Image of the Mutilated Christ of Bojayá, May 2, 2008. A symbol of resistance to rebuild life in the New Bellavista 56 Photo 4.1 Group of alabadoras 71 xvii l ist of t ables…

p. 11
14Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · Página 3481 cita
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nueve en otros lugares de la geo- grafía nacional. La cifra resulta un tanto exigua habida cuenta de lo que se ha señalado en el presente informe respecto del elevado número de incursiones armadas guerrilleras y el importante guaris- mo de víctimas y afectaciones causadas por las mismas. En las conmemoraciones…

p. 348
15Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · Página 1841 cita
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de Bojayá, hoy te miramos más bello, aunque sin piernas ni CSB[PT DPNQSPNFUJEPFOFMEPMPSDPOUVQVFCMP FOVOBCSB[P Nos quedamos sin unos hijos, sin padres, madres, hermanos, y tu señor tan solidario sin tus pies y sin tus manos. Háblanos señor que tu palabra no pasa, JOWÎUBOPTBUVSFJOPEBOPTGVFS[BZFTQFSBO[B Recuérdanos el…

p. 184
16Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · Página 2921 cita
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en la Iglesia en una fosa común. El día 3 de mayo de 2002, en medio de enfrentamientos, un grupo de hombres regresó desde Vigía del Fuerte a Bella- vista a cumplir una primera labor de reconocimiento, así como auxiliar a las personas heridas que se encontraban aún entre los escombros. Dicha labor, por el estado de los…

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17Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · Página 891 cita
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no haber salido era la falta de combustible y embarcaciones suficientes». En horas de la mañana llega el presidente Andrés Pastrana Aran- go, « se compromete con las Comunidades a garantizar la seguridad y recons- truir las poblaciones. En Quibdó, en la segunda semana de mayo, ya eran miles los desplazados [...]. Eran…

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18Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · Página 1331 cita
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abarcado Entre victimas de diferentes victimarios Víctimas paras y FF. AA. / víctimas FARC (El Castillo) Abanico de víctimas abarcado 134 Regiones y conflicto armado Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Conflicto Orientación Entre gestores de memoria CIJP / ASAVIT - Por DH y confrontar al…

p. 133
19Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · Página 641 cita
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to San José. Three weeks later, paramilitary gunmen accosted the cooper - ative’s president before dawn and forced him to open the co-op and give them money in the co-op safe, after which they killed him and three other leaders— two of whom had given testimony to the commission. Soldiers from the Seventeenth Brigade…

p. 64
20The Face of Peace: Government Pedagogy amid Disinformation in ColombiaGwen Burnyeat · 2022 · Página 271 cita
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and conducting ethnographic research in Urabá, which led to my first book, Chocolate, Politics and Peace- Building: An Ethnography of the Peace Community of San José de Apartadó, Colombia (Burnyeat 2018), and a film, Chocolate of Peace (2016). 7 While in Bogotá, I participated in Rodeemos el Diálogo (ReD), literally…

p. 27
21Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 641 cita
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16 y el 17 de octubre de 2002, en el desarrollo de la operación Orión, fueron las balas, bombas, tanquetas, helicópteros y ambulancias. Francisca recordó: «No podíamos salir, porque estaban disparando por todas partes, por el aire y por tierra. Por aire nos disparaban los avion es y por la parte del 20 de Julio…

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22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1561 cita
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víctimas y hechos victimizantes siguieron siendo muy altas. De acuerdo con el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica, entre 2002 y 2016 se presentaron 12.447 casos de asesinatos selectivos en Antioquia, 576 en el sur de Córdoba y 127 en el Bajo Atrato. En el mismo periodo, en…

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23Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · Página 2011 cita
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de eso, tenía mi plantita pequeña, de medio kilovatio, que a duras penas daba para prender mi televisor y un ventiladorcito. Pero en Medellín la pólvora es mucha, nunca había visto tanta. Estoy el 5 o 6 de enero sentado tomándome una gaseosa o un tinto con un muchacho de inteligencia de apellido Gutiérrez, y le digo:…

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24Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · Página 4381 cita
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Negociar con los paramilitares, documento del International Crisis Group, 16 de septiembre de 2003. 11 Memorias de las reuniones de comandantes y con el Alto Comisionado de Paz, 11 y 12 de noviembre de 2002. Primera parte: Reunión de Comandantes. 12 Como lo publicó VerdadAbierta.com en La Impunidad ronda crímenes del…

p. 438
25El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 1092 citas
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paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…

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paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…

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26Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 1921 cita
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delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…

p. 192
27Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 1921 cita
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delincuentes políticos, o sediciosos. Y así quedo establecido en la Ley de Justicia y Paz elaborada por el gobierno tiempo después. Acto se-guido, vendría el apoyo a sus compinches políticos para las elecciones al congreso en el 2002; la “elección” (de Uribe) parapresidente ese mismo año, y para las elecciones…

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28La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · Página 4551 cita
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que sin duda im- pactó en las diferencias en tiempos y características de la desmovilización de cada una. Esto también permite explicar por qué en las diferentes desmovili- zaciones se destacaron los perfiles de varios de los jefes paramilitares, como lo fue el de Jorge Cuarenta; figura central en el proceso de…

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29Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · Página 501 cita
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Medio y sur de Bolívar). De igual manera, profundizaron sus métodos de lucha contraguerrillera, logra- ron fortalecer en varias regiones el modelo de desarrollo agra- rio latifundista y agroindustrial y, por último, llevaron hasta sus últimas consecuencias la estrategia de violencia para excluir la oposición social y…

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30La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · Página 261 cita
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disputa 27 Conflicto, se ha reconocido también como un jugador en la arena de la memoria, pues hacer escuchar las voces de las víctimas no es un trabajo neutro. De este modo, en los ejercicios colectivos e indi- viduales de reflexividad, 4 se ha analizado cómo la interacción con las víctimas, las subjetividades e…

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31Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 871 cita
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iguales, que son diversas, o cuando están las voces de las instituciones, del Estado, que tampoco son uniformes, o las de los victimarios? Es decir, cuando se abre la “caja” para darles voz seriamente a “todos”, los compromisos éticos son más complicados de manejar, porque a la hora de la verdad no se puede dar…

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32Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · Página 11 cita
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Director General Gonzalo Sánchez G. Coordinador del informe Otros títulos de Memoria Histórica Trujillo. Una tragedia que no cesa (2008) El Salado. Esa guerra no era nuestra (2009) Recordar y narrar el conflicto. Herramientas para reconstruir memoria histórica (2009) El despojo de tierras y territorios. Aproximación…

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33La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · Página 11 cita
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esbozo de una memoria institucional la política de reforma agraria y tierras en colombia Centro Nacional De Memoria Histórica Director General Gonzalo Sánchez G. Coordinador de la investigación Absalón Machado C. Foto de portada © Jhon Jairo Rincón García. Campesinos recordando su vida en el territorio. Departamento…

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34Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · Página 2701 cita
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o NN. 2006 - 2013. Fotografía Le nticular. ©Juan Manuel Echavarría con la colaboración de Fernando Grisalez. 270 En ocasiones, las acciones para resguardar la vida han venido de personas externas a la comunidad. Funcionarios públicos, por ejemplo, aun arriesgando su vida, cumplieron su labor y se comprometieron con…

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35Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 1921 cita
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una debilidad especial por el ciclismo, y los ochenta, a pesar de las bombas, fueron una era dorada para los ciclistas colombianos, y también para Juan, quien escribía sobre ellos. Todo cambió con la muerte de Luis Carlos Galán, en 1989. El editor de El Colombiano, el periódico en el que Juan trabajaba en aquel…

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36Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Página 192 citas
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paz. Cuando la guerrilla ponía El Tiempo una bomba, cuando secuestraba y cuando extorsionaba sí lo cubría judicial. Pero cuando las hablaban de liberar algún FARC secuestrado o de hechos de paz, le correspondía a la sección política. Nosotros cubríamos el aspecto y la cara política de estos movimientos, lo cual…

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paz. Cuando la guerrilla ponía El Tiempo una bomba, cuando secuestraba y cuando extorsionaba sí lo cubría judicial. Pero cuando las hablaban de liberar algún FARC secuestrado o de hechos de paz, le correspondía a la sección política. Nosotros cubríamos el aspecto y la cara política de estos movimientos, lo cual…

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37El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 2311 cita
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hallazgo de armas en el río Carare, presuntamente propiedad de paramilitares, además de ello, la periodista había tenido una entrevista con alias El Mojao con la cara descubierta, en la cual aceptaba que el paramilitarismo tenía recono- cimiento y apoyo en la región, éste mismo fue quien coordinó el atentado contra la…

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38En las regiones de Colombia. La Universidad del Rosario piensa el paísJuan Felipe Córdoba Restrepo, Claudia Dulce Romero, Natali Maldonado Pineda · 2021 · Página 181 cita
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113 veces las relatemos para no dejarlas caer en el olvido, pero otras veces pareciera que las contamos para no olvidarnos a nosotros mismos. Y allí estábamos, en la Casa de la Memoria, un lugar creado para dignificar la memoria de las víctimas del conflicto armado, afirmando la vida, ganándole el pulso a la muerte,…

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