Ensayo · Posconflicto · 2016–presente
Arte y ritual de memoria en el conflicto colombiano (1998-2024)
Desde finales de los noventa, Colombia produjo una eclosión sin precedentes de prácticas estéticas y rituales dedicadas a nombrar y disputar el sentido de la guerra: alabaos en Bojayá, hip hop en la Comuna 13, contramonumentos como Fragmentos, bosques de paz, muralismo juvenil. El debate central es si estas prácticas son la prótesis simbólica de un Estado incapaz de ofrecer marcos de duelo y reparación, o la actualización política de repertorios culturales de larga duración que las comunidades reactivaron con autonomía propia.
Orientación para entrar
La respuesta en breve
Las prácticas estético-rituales de memoria en Colombia no son ni pura prótesis del fracaso estatal ni tradición cultural intacta: son el producto de una tensión irreducible entre ambas fuerzas. Las cantadoras de Bojayá reactivaron alabaos de siglos para cubrir el vacío que la guerra y el Estado dejaron, pero cuando el proceso de paz de 2012-2016 las incorporó, el Estado tuvo que operar dentro del marco simbólico que ellas ya habían establecido. El hip hop de la Comuna 13 nació sin mandato institucional en el momento álgido del conflicto y produjo un archivo emocional y narrativo que la institucionalidad no generó; Fragmentos, en cambio, solo existe porque el Acuerdo de 2016 produjo la entrega de armas cuyo metal es su materia prima. La tensión entre autonomía cultural y vacío estatal no se cancela: organiza tanto la forma de las obras como el modo en que la institucionalidad transicional las ha reconocido, cooptado o dejado en la opacidad.
Una posición sostiene que más de 260.000 muertos, 25.000 desapariciones forzadas y casi ocho millones de desplazados configuraron un vacío estructural que la creatividad de las víctimas llenó produciendo lo que la justicia y la reparación oficial no podían dar: un lugar para llorar, un objeto donde depositar la ausencia, un saber sobre el duelo que ningún fallo puede formular. La posición contraria argumenta que los alabaos del Pacífico, los ritos fúnebres afrocolombianos y la religiosidad popular caribeña existían antes del conflicto contemporáneo y fueron interrumpidos —no inventados— por la guerra; que el hip hop de la Comuna 13 se inscribe en un repertorio latinoamericano de politización estética en márgenes urbanos racializados que va del Bronx a São Paulo; y que leer estas prácticas como mero síntoma del fracaso estatal invisibiliza su densidad histórica propia y reproduce la lógica que reduce a las víctimas a reactores del poder. El nudo irresoluble es que ambas lecturas son simultáneamente verdaderas en casos distintos: Fragmentos no existe sin el Acuerdo de 2016, pero los alabaos de Bojayá existían siglos antes de que hubiera Estado transicional alguno.
Ensayo completo
La lectura
¿Prótesis del Estado ausente o tradición reactivada? El arte y el ritual como memoria del conflicto armado colombiano (1998-2024)
¿Cómo leer el hecho de que Colombia haya producido, entre finales de los años noventa y hoy, un fenómeno cultural sin equivalente en su historia: una proliferación simultánea de prácticas estéticas y rituales dedicadas a nombrar, llorar y disputar el sentido de la guerra? ¿Qué se hace con un país donde las cantadoras de Bojayá entonaron alabaos ante 102 cadáveres que no pudieron velarse, donde los raperos de la Comuna 13 fundaron la Red Élite Hip Hop en septiembre de 2002 —el mismo mes en que la Operación Orión desplegó helicópteros y tanquetas sobre San Javier—, donde Doris Salcedo construyó Fragmentos con el metal fundido de las armas entregadas por las FARC, donde los campesinos de la Alta Montaña de El Carmen de Bolívar sembraron un bosque de memoria viva, donde los habitantes de Puerto Berrío adoptaron los cuerpos anónimos que bajaban por el Magdalena, les dieron nombre y los sepultaron?
¿Constituye este archipiélago de prácticas la prótesis simbólica de un Estado incapaz de ofrecer marcos de duelo y reparación, o la actualización política de repertorios culturales previos —católicos, afrocolombianos, indígenas, latinoamericanos— que las comunidades reactivaron a pesar del Estado y antes que él? ¿Y si la pregunta bien formulada obligara a no elegir, a sostener la interrogación en la tensión entre ambas hipótesis, viendo cómo esa tensión organiza tanto la forma de las obras como el modo en que la institucionalidad transicional las ha reconocido, cooptado o dejado en la opacidad?
¿Qué se juega en la pregunta?
¿Es una discusión académica decidir si el arte y el ritual son sustituto del Estado o tradición autónoma? ¿O de esa respuesta depende cómo se lea la última generación de la guerra colombiana y, sobre todo, qué se espere de las instituciones creadas para procesarla? Si las prácticas de memoria son ante todo síntoma del fracaso estatal, ¿no aparecen entonces la Ley 1448 de 2011, la Jurisdicción Especial para la Paz, el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Comisión de la Verdad como respuestas tardías a un saber que las víctimas ya habían producido sin ellos? ¿No sería la tarea de esas instituciones traducir a los códigos del derecho lo que el alabao, el mural y el contramonumento ya cifraron? Si en cambio son repertorios culturales de larga duración con densidad propia, ¿puede el Estado absorberlos o convertirlos en insumo probatorio sin desnaturalizarlos, cuando existen antes, seguirán existiendo después, y su valor no depende del reconocimiento institucional?
¿Son neutras las consecuencias jurídicas y políticas de la disputa? En el proceso de paz de 2012-2016, las cantadoras de Bojayá fueron colocadas en el centro del debate cuando el perdón emergió como tema. Fragmentos, inaugurado bajo la premisa de funcionar durante un período equivalente a la duración del conflicto, materializa el desarme guerrillero en su suelo mismo. ¿No selecciona esta operación qué memorias se vuelven legibles para el Estado y cuáles permanecen en el margen? ¿Por qué la Escombrera, en la Comuna 13, sigue sin excavarse? ¿Por qué los cuerpos anónimos del Magdalena que Puerto Berrío adoptó no tienen contraparte judicial? ¿Cómo se lee un país que decidió construir una infraestructura institucional para procesar su guerra y que convive con miles de prácticas comunitarias que esa infraestructura ni originó ni logra traducir del todo?
¿Cuáles son los términos del debate?
¿No se apoya la primera lectura —el arte como prótesis del Estado ausente— en cifras contundentes? Más de 260.000 muertos, 25.000 desapariciones forzadas, casi ocho millones de desplazados desde 1958: ¿no dibujan un país donde la maquinaria judicial y administrativa era, por diseño o por incapacidad, incompetente para procesar el daño? Frente a ese vacío, ¿no produjo la creatividad de las víctimas y de los artistas cercanos a ellas lo que la justicia no podía dar: un lugar donde llorar, un objeto donde depositar la ausencia, un relato donde reconocerse? ¿No hace visible Fragmentos, concebido como generador de contramonumentos cambiantes y polifónicos que acoge cada año a un artista invitado, lo que la sentencia no dice? ¿No produce Duelos —la videoinstalación multicanal de nueve proyecciones simultáneas que ocupa el espacio de piso a techo sin narrativa pero con dramaturgia— un saber sobre el luto que ningún fallo puede formular? ¿No ocurrieron las movilizaciones de las asociaciones de familiares de desaparecidos por Bogotá, con las fotografías convertidas en pancartas y la consigna Vivos los queremos, porque vivos se los llevaron, cuando las autoridades aún negaban que la desaparición forzada existiera? ¿No cubre cada una de esas prácticas un vacío: informa lo que el Estado no informa, reconoce lo que el Estado no reconoce, repara lo que el Estado no repara?
Pero ¿resiste ese diagnóstico una segunda mirada? ¿Fueron esas prácticas invenciones desde cero? El velorio de nueve días y el cabo de año, los ritos fúnebres afrocolombianos que en Bojayá no pudieron celebrarse en 2002 porque los combates impidieron ir al cementerio y los cuerpos fueron depositados en una fosa común junto al río, ¿eran novedad de la memoria del conflicto o una tradición antigua interrumpida por la guerra? Los alabaos, cantos fúnebres del Pacífico, ¿fueron creados para responder a las FARC o a los paramilitares? ¿O existían ya, y las cantadoras los pusieron a trabajar como política de la espiritualidad? La religiosidad popular que sostiene la adopción de cuerpos anónimos en Puerto Berrío —con inscripciones como Gracias por los favores recibidos, con el rescate figurado de las tinieblas del purgatorio—, ¿no tiene una densidad de siglos que ninguna política pública inauguró? ¿No se inscribe el hip-hop de la Comuna 13 en un repertorio latinoamericano de politización estética en márgenes urbanos racializados que va del Bronx a São Paulo, pasando por Ciudad de México y Buenos Aires? Bajo esta lectura, ¿cubren el arte y el ritual un vacío estatal, o continúan una historia cultural que precede al Estado transicional y lo excede?
¿Basta alguna de las dos posiciones por separado? ¿O solo tomadas juntas iluminan lo ocurrido?
¿Qué existió antes de ser reconocido?
¿No es Bojayá el caso más claro? El 2 de mayo de 2002, una pipeta de las FARC impactó la iglesia de Bellavista, en el Chocó, y mató a 102 personas identificadas oficialmente por el proceso forense. El entierro se hizo sin llanto, sin acompañantes, sin sepultura digna, sin lugar sagrado. Los combates entre las FARC y los paramilitares impidieron el traslado al cementerio, y los cuerpos fueron depositados en una fosa común cerca del río, con apenas una oración breve. No hubo velorio de nueve días. No hubo cabo de año. ¿No fue el ataque también contra la capacidad simbólica de la comunidad para procesar la muerte? Frente a esa doble violencia, ¿qué hicieron las cantadoras sino tomar los alabaos —cantos que ya sabían, cantos que llevaban siglos en el Pacífico— y convertirlos en el instrumento de un duelo colectivo que la guerra pretendía impedir? ¿Inventó la comunidad una respuesta estética a la ausencia estatal, o reactivó, en circunstancias imposibles, una tradición que estaba siendo destruida?
¿No llegó tarde y parcial el reconocimiento institucional? Las cantadoras entraron al proceso de paz iniciado en 2012 y firmado en 2016. El 11 de noviembre de 2019 —diecisiete años después de la masacre— los 102 restos regresaron a su territorio en 102 ataúdes, cuarenta y nueve blancos para los niños y cincuenta y tres cafés para los adultos, acompañados nuevamente por cantadoras entonando alabaos. Entre 2002 y 2019, ¿hubo un vacío que el canto cubrió hasta que llegó el Estado a resolver? ¿O hubo una comunidad sosteniendo con sus propios recursos culturales lo que ninguna institución podía darle, y un Estado que, cuando decidió reparar, tuvo que hacerlo dentro del marco simbólico que las cantadoras ya habían establecido? Las conmemoraciones anuales del 2 de mayo, con misas, marchas silenciosas, ofrendas florales y reuniones con instituciones, ¿no muestran esa hibridación en la que elementos religiosos afrocatólicos, rituales comunitarios y administrativos estatales conviven en un mismo acto que ninguna de las partes controla por completo?
¿Y qué decir de la Comuna 13? La Red Élite Hip Hop se conformó en septiembre de 2002 con veintitrés organizaciones juveniles y el lema En la 13 la violencia no nos vence, semanas antes de que la Operación Orión desplegara, los días 16 y 17 de octubre de ese año, helicópteros, tanquetas y fuerzas terrestres que dejaron más de cuatrocientos capturados llevados a un estadio. ¿Nació la red como respuesta a una política estatal de memoria? ¿O nació en el momento álgido del conflicto, sin financiación institucional, sin mandato, sin protección? ¿Y quién pagó el precio, sino cuerpos concretos: Héctor Enrique Marmolejo Kolacho en agosto de 2009, Andrés Felipe Medina en julio de 2010, Marcelo Pimienta en agosto de 2010? Casa Kolacho, que lleva el nombre del primero, desarrolló el GraffiTour, que articula memoria estética, sanación comunitaria y economía barrial. La Red Juvenil organizó en la estación de metro de San Javier un performance en el que participantes camuflados recreaban sonidos de helicópteros y armas de la Operación Orión. Los colectivos intervinieron la Galería Viva del cementerio La América con murales, placas conmemorativas, siembras y rituales. El Comité de Impulso de Acciones de Memoria de la Comuna 13, fundado en febrero de 2012, coordina desde entonces las conmemoraciones anuales de las operaciones Mariscal y Orión y la exigencia de verdad sobre La Escombrera.
¿Produjo el Estado alguna de esas prácticas? ¿Y sería falso, sin embargo, decir que estuvo ausente? ¿No estuvo presente como perpetrador, como omitente, como quien capturó a esos jóvenes y no investigó su muerte, como quien no ha excavado La Escombrera? ¿Llenó el arte un vacío, o respondió a una presencia hostil? ¿No llegó la institucionalidad transicional posterior a un terreno que las prácticas comunitarias habían configurado durante una década, y no llegó en una relación de reconocimiento tenso, más que de continuidad?
¿Qué solo escala con el roce institucional?
¿No tiene también su peso la tesis inversa? ¿Ciertas obras que hoy circulan como símbolo internacional del arte colombiano de la memoria alcanzaron esa escala solo cuando la infraestructura transicional las hizo posibles? ¿No es Fragmentos el ejemplo más evidente? Concebida como lugar de memoria, con la misión declarada de producir y exhibir, durante un período equivalente a la duración del conflicto, obras de arte que reelaboren la memoria de la guerra, su piso está fabricado con el metal de las armas entregadas por las FARC en el proceso de paz. Sin el Acuerdo de 2016, sin la Ley 1448, sin el dispositivo institucional que produjo la entrega de armas, ¿existe la obra? El contramonumento cambiante y polifónico —con un artista invitado cada año presentando su mirada sobre el pasado reciente— opera sobre una materia prima que es literalmente el resultado de una operación estatal. ¿Puede leerse Fragmentos como pura práctica autónoma de las víctimas? ¿O es un contramonumento producido en la frontera entre el arte, la institucionalidad transicional y el desarme guerrillero?
¿No opera bajo una lógica similar la producción audiovisual con enfoque diferencial étnico? Ñankara. Tras la mirada Awá, resultado de un proceso de formación en herramientas audiovisuales con el pueblo awá y de la co-creación de un guion cuyo eje es recorrer el territorio y escuchar la memoria viva, fue producido dentro de la política de memorias étnicas. Butisinu, memoria de un pueblo, de 2017, producido por la Organización Gonawindua Tayrona y los centros de comunicaciones Zhigoneshi y Yosokwi, narra las luchas de los líderes arhuacos por defender su territorio desde los años setenta. ¿No existen estas obras en una arquitectura híbrida donde los realizadores son de las comunidades, los procesos de comunicación tienen raíces organizativas propias, pero la escala nacional e internacional, el archivo, la distribución y la legibilidad pública dependen del encuadre institucional?
¿No ocurre lo mismo con el Bosque de memoria viva de la Alta Montaña de El Carmen de Bolívar, presentado en un informe de abril de 2018? La metáfora del bosque y los árboles para narrar y procesar las violencias del Bloque Héroes de los Montes de María y del Frente Canal del Dique proviene de la práctica campesina; ¿no le da su publicación como informe institucional un alcance que la práctica sola no tendría? El Bosque de Paz que en noviembre de 2017 el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá cedió como espacio para reunir simbólicamente a víctimas de desaparición forzada de Caquetá, tras el acto de siembra de árboles, pronunciamiento de nombres, encendido de velas e inscripción en placas metálicas realizado en 2016 en memoria de al menos catorce víctimas, ¿no opera en la misma frontera? La placa que María Eugenia Castro instaló desde el 1 de noviembre de 2012 en la vía del Ariari, donde los paramilitares abandonaron el cuerpo de su hermano el personero Mario Castro Bueno, ¿no opera en cambio en la escala íntima de una hermana que no espera al Estado, mientras el Bosque de Paz opera en la escala pública de una institución que reúne dolores dispersos? ¿Son la misma cosa?
¿Puede cancelarse la tensión?
¿Son las prácticas estético-rituales de memoria en Colombia entre 1998 y 2024 prótesis del Estado ausente o tradición cultural autónoma? ¿O son el producto de una tensión entre dos fuerzas simultáneas que no se cancelan? La primera: la reactivación política de repertorios culturales previos —alabaos afrocolombianos, ritos fúnebres del Pacífico, religiosidad popular caribeña, espiritualidad indígena, catolicismo popular, hip-hop transnacional apropiado localmente— que la violencia armada interrumpió y que las comunidades sostuvieron por su cuenta, sin permiso ni financiación, a menudo pagando con la vida por hacerlo. La segunda: el encuadre institucional que, desde la Ley de Justicia y Paz de 2005 y sobre todo desde la Ley 1448, ofreció a algunas de esas prácticas una escala, una legibilidad jurídica y una circulación internacional que sin él no habrían tenido.
¿Cancela alguna de esas fuerzas a la otra? ¿No sobrevive el alabao al proceso de paz que lo convocó como símbolo? ¿No es cierto que Fragmentos no existe sin el desarme de las FARC? ¿No opera el GraffiTour de Casa Kolacho en una economía de memoria que el Estado no diseñó y que, sin embargo, se beneficia del reconocimiento internacional que la infraestructura transicional generó para el país? ¿No adoptó Puerto Berrío cuerpos anónimos antes de que existiera una unidad de búsqueda, y no trabaja hoy la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas en un país donde Puerto Berrío ya había establecido, sin saberlo, un archivo de los muertos innombrables del Magdalena?
¿Qué es lo que estas prácticas produjeron, sino un saber sobre el duelo que la institucionalidad no genera por sí sola pero que tampoco puede ignorar sin volverse ilegítima? ¿No tiene ese saber contenidos concretos: que enterrar sin ritual es una segunda muerte; que la desaparición forzada altera el duelo hasta hacerlo imposible; que el cuerpo arrojado al río —abierto, vaciado de vísceras, relleno de piedras, según enseñaban los paramilitares en Puerto Boyacá— es un ataque no solo a la persona sino a la comunidad ribereña que ve pasar cadáveres sin poder velarlos; que las madres de desaparecidos recurren a las ánimas y a Dios porque ninguna otra explicación sostiene la espera; que el arte que trabaja con esa materia no ilustra la guerra, sino que produce condiciones sensoriales para pensarla? ¿No circula ese saber por canales que la justicia transicional no controla y que, sin embargo, necesita para operar con legitimidad? ¿No se apoyó explícitamente la Comisión de la Verdad, con su Informe Final entregado en 2022 bajo la dirección de Francisco de Roux, en repertorios culturales para dar forma a su relato? ¿No habría sido, sin ellos, un documento administrativo?
¿Y qué hacer con la cooptación, que existe y no puede minimizarse? ¿No ha reconocido el Estado colombiano las memorias comunitarias cuando le ha resultado funcional: las cantadoras de Bojayá durante las negociaciones de La Habana, Fragmentos como imagen internacional del posconflicto, los documentales étnicos como muestra de enfoque diferencial? ¿Y no permanecen otras memorias en la opacidad: La Escombrera sin excavar, los cuerpos anónimos del Magdalena sin equivalente jurídico, las víctimas de El Salado —cuyo daño central, según ellas mismas, es la ruptura de sus proyectos de vida— esperando aún que la reparación integral se traduzca en algo más que actos simbólicos? ¿No es una operación política la selección de qué memoria se vuelve legible?
¿Por qué este giro hacia bosques, murales, canciones, performances, placas y contramonumentos ocurre en Colombia y no en el modelo secularizado del Cono Sur? ¿No ayuda la comparación a formular la pregunta? La densidad católica del duelo colombiano —misas, novenarios, oraciones, la presencia de la Iglesia como articuladora simbólica—, ¿no distingue este repertorio del argentino o chileno, donde la tensión con las jerarquías eclesiásticas fue distinta y donde los organismos de derechos humanos operaron en otra economía religiosa? ¿No es la memoria colombiana afrocatólica, indígena, popular y global al mismo tiempo? El animé en El Salado y el alabao en Bojayá, ¿son polos opuestos, o evidencias de una misma hibridación en la que lo local ya no existe sin lo global, y en la que las víctimas construyen sus repertorios de duelo con todos los materiales culturales disponibles, sin pedir permiso a las jerarquías del gusto?
¿Qué queda sin cerrar?
¿Hasta qué punto la escala internacional de figuras como Salcedo, Fernando Botero, Óscar Muñoz o Erika Diettes altera el sentido político de sus obras? La circulación global funciona con lógicas propias —mercado del arte, bienales, museos del norte—: ¿pueden esas lógicas convertir en pieza consumible lo que en origen fue intervención situada? ¿No puede el Botero que se exporta invisibilizar al Botero político? ¿Gana o pierde Fragmentos en Bogotá según quién la financie y cómo se lea desde el extranjero? ¿No mostró temprano Antonio Caro, en una obra de 1977 leída retrospectivamente como presciente del giro de nation branding que el Estado adoptaría con campañas como Colombia, el único riesgo es querer quedarse, esa ambivalencia por la que el arte crítico puede terminar siendo funcional al relato que combate?
¿Y qué decir de la relación entre racismo estructural y geografía del duelo interrumpido? Las masacres del Pacífico —Bojayá, Buenaventura, el bajo y medio Atrato— y las de los Montes de María cayeron sobre comunidades afrodescendientes atrapadas en disputas territoriales entre las FARC-EP, los paramilitares y, por omisión, el Estado. Que los ritos fúnebres impedidos hayan sido masivamente afrocolombianos, ¿es geográficamente casual? Que el saber sobre esa dimensión racial esté menos desarrollado que el saber sobre las cifras del daño, ¿es un déficit del propio proceso de memoria, o una ausencia neutra?
¿Y la pregunta por la traducción jurídica? La reparación integral reconocida por la Corte Interamericana y por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos es maximalista; las políticas efectivas de los Estados suelen quedar por debajo. ¿Hay que dar crédito a las posiciones escépticas frente al deber mismo de reparar, apoyadas en la idea de que la distinción entre víctimas y victimarios no siempre es clara y en el peso del tiempo transcurrido? Colombia, contra ese escepticismo, optó por construir instituciones ambiciosas. ¿Estarán esas instituciones a la altura del saber que las víctimas produjeron antes que ellas? ¿O seguirá el propio conflicto —oficialmente cerrado, materialmente irresuelto— formulando esa pregunta en las próximas décadas, mientras el alabao, el mural y el bosque continúan haciendo lo suyo?
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
42 documentos · 55 fragmentos de referencia01Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 662, 6752 fragmentos
[1]durante el conflicto armado, usando el metal de las armas entregadas por las FARC como materia prima. Cuarto, el emplazamiento de la instalación en un lugar cargado de un elemento simbólico tan fuerte refuerza la idea de ocupación de un espacio para pensar el conflicto como lo es Fragmentos. En el discurso de…
p. 675
[3]EN LA QUE la artista Clemencia Echeverri propone una reflexión o, más bien, una invitación a pensar y no olvidar uno de los tantos episodios vividos en el conflicto armado colombiano más reciente.* Con este fin, Echeverri piensa más allá de la obra convencional para proponer una experiencia vivencial y emocional sobre…
p. 662
02Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 451, 4672 fragmentos
[2]produces. Where violence has destroyed all available frameworks of meaning, and thus all the dimensions through which we might perceive and apprehend the world, oblivion also embodies an induced paralysis of our capacity to so much as imagine a site, a point of encounter, a mode of communication that could actively…
p. 451
[4]their erasability as the ultimate proof of power;” see “Sovereignty as Erasure,” 62. 39 In the postcolonial state, as Mbembe has accurately shown, the exercise of necroviolence is not accidental but constitutive of sovereignty. See Achille Mbembe, “Necropolitics,” Public Culture 15, no. 1 (2002): 11–40. 40 Juan Diego…
p. 467
03Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 221 fragmento
[5]Colombian nation-state. As Colombia sought to carve out its own space in the neo- liberal world order, it resorted to nation branding to attract tourists and foreign investment. In a global marketplace of nations vying for the same with slogans, such as "Po-Land of Opportunities" and "Brand In- dia, " Colombia offered…
p. 22
04Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 20, 972 fragmentos
[6]has been structured by war; ever since La Violencia and its bipartite confrontations (1958–1982); the revolutionary and counter- revolutionary violence of the sixties; followed by guerrilla, paramilitary, and state conflict, which intensified along with the violence of drug traf - ficking, in the eighties and…
p. 97
[7]of the State and of its bureaucratic apparatuses in the political instrumentalization of cruelty (a transversal fea - ture of clientelistic power or “indirect rule” that characterizes Colombia’s form of territorial control and uneven State presence and partially explains the collusion of economic, political, and State…
p. 20
05Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 19, 2922 fragmentos
[8]en la Iglesia en una fosa común. El día 3 de mayo de 2002, en medio de enfrentamientos, un grupo de hombres regresó desde Vigía del Fuerte a Bella- vista a cumplir una primera labor de reconocimiento, así como auxiliar a las personas heridas que se encontraban aún entre los escombros. Dicha labor, por el estado de los…
p. 292
[9]que ella también sufre los estragos de la guerra en la región. “ Esta tragedia se pudo evitar pero el Estado sólo entra a un pueblo cuando han matado a un poco de gente” 3, describe con crudeza y también con resignación un habitante de Bojayá. Y es que la reclamada presencia del Estado sólo se materializa después de…
p. 19
06Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 412, 4182 fragmentos
[10]no ceder el control militar al punto de que varias comunidades indígenas y afrodes- cendientes (más de 12.000 habitantes de los municipios de Bojayá, Murindó, Vigía del Fuerte y Medio Atrato) quedaron atrapadas en medio de una invasión masiva de tropas de ambos bandos. Frente a esta situación, varias instituciones y…
p. 418
[31]había ocupación o presencia de la guerrilla, donde se organizaban o sacaban los fusiles, o metían los secuestrados, ahí las Autodefensas organizaban operaciones militares que llegaban a la zona para golpear duro militar- mente a la guerrilla, y por eso se procede a esa serie de masacres en esa región» 963. El Bloque…
p. 412
07Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 3601 fragmento
[11]de velar a los muertos o de recuperar el cadáver de las personas asesinadas, así como “descubrir” partes de los cuerpos mutilados flotando sobre el mar, en los ríos o en lugares públicos y la imposibilidad de en- contrar a los desaparecidos o de identificar sus restos, ha modifi- cado sustancialmente la relación con…
p. 360
08Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 941 fragmento
[12]Chap. 4, I present one strategy they use to resist amid deracination. n otes 1. For further inquiry see http://www.semana.com/nacion/articulo/farc- piden-perdon-en-bojaya-por-la-masacre-de-2002/452601-3; http://www. semana.com/buscador?query = masacre%20de%20bojaya%2012; http://…
p. 94
09La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 1221 fragmento
[13]ramo de flores al papá. Eso fue frustrante, eso fue duro, parte el alma. Buenos Aires, Cauca, 2000, P.329. La pérdida de seres queridos en contextos de violencia política o conflicto armado, desata en los familiares y sobrevivientes un sentimiento de tristeza permanente y un dolor profundo, de incertidumbre cuando se…
p. 122
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1491 fragmento
[14]Víctima, afrocolombiano, Chocó. 150 fiflćflff́Th fl. fiThfifl La fuerza pública solo llegó a la zona una semana después de los hechos 584. El teniente coronel Orlando Pulido Rojas, comandante del Batallón Manosalva Flórez, incumplió con su deber jurídico y constitucional de proteger a la población civil. La inminencia…
p. 149
11Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 3641 fragmento
[15]• Proyección de video en la iglesia sobre la toma. 11. “Conmemoración de los quince años de la toma guerrillera al Municipio de Gama”: Gama (Cundi- namarca), 11 de febrero de 2013. Ataque: Gama (Cundi- namarca), 11 de febrero de 1998. Alcaldía Munici- pal de Gama. • Misa campal frente al Palacio Municipal. 12.…
p. 364
12Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · p. 3301 fragmento
[16]of, 12, 67, 122, 199, 206, 218– 222, 224– 225, 227, 231, 275 identity- formation of, 13, 214, 219– 220, 221, 222– 227, 228, 238, 276, 279 inclusion/ exclusion of, 264– 268 as official ethnic minority, 4, 219 and racial formation, 4– 8 rights of, 213– 214, 221, 223– 224 use of term, 23– 24n1, 219, 224 See also…
p. 330
13Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 2461 fragmento
[17]para reclamar el derecho a la vida y a la dignidad humana de todos los habitantes de la zona. Allí se dio a conocer un manifiesto por la vida y la dignidad humana en el que se hizo un llamado a la solidaridad con la población de la Comuna 13. Además, el comunica- do condena el uso de la fuerza “ya que esta deriva en…
p. 246
14Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 191, 2252 fragmentos
[18]el desasosiego. Haider era el menos apto para una muerte así… creíamos que el mismo respeto y admiración era común… y uno dice entonces ¿Pa’ que luchar?… Si no respetaron a Haider, no respetarán a na- die. (Quiceno, Cardona y Montoya 2007, 23) En menos de un año, entre 2009 y 2010, fueron asesinados tres jóvenes…
p. 191
[27]la comuna 13: la huella invisible de la guerra. Es lo que resume nuestro quehacer, nuestra filosofía. Porque esta- mos de acuerdo con un cambio, pero que ese cambio se haga a través de otros espacios y procesos: arte, cultura, educación” (De la Urbe, 2011, 30 de marzo). En esta ocasión, la Red Juvenil organizó un…
p. 225
15Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · p. 1661 fragmento
[19]given the prosperous nature of the GraffiTour, mem - bers of Casa Kolacho have encouraged community members to strengthen their entrepreneurial skills. For example, when someone takes the Tour, that person finds homemade ice-cream, barbershops, corner stores, souvenirs, and music, at their disposal. In this way, the…
p. 166
16Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2991 fragmento
[20]en 1996 a Mutatá». 299 valor adicional de ser instrumentos de aliento y canalización de la participación social en la generación de memoria 904. Así lo ha hecho, por ejemplo, la Galería Viva, ubicada en el cementerio La América, en Medellín. Este lugar fue intervenido por colectivos sociales de la Comuna 13 de…
p. 299
17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4481 fragmento
[21]manejar la guerra. Se llevaron a prestar servicio militar bastante personal de aquí, el joven no salía a diferentes partes de Colombia sino que se quedaba en el mismo pueblo, hacían control. Yo creo que esa fue la parte que tal vez le afectó duro a la guerrilla, porque a la gente ahí sí ya no le gustó. Era un familiar…
p. 448
18Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 2011 fragmento
[22]de eso, tenía mi plantita pequeña, de medio kilovatio, que a duras penas daba para prender mi televisor y un ventiladorcito. Pero en Medellín la pólvora es mucha, nunca había visto tanta. Estoy el 5 o 6 de enero sentado tomándome una gaseosa o un tinto con un muchacho de inteligencia de apellido Gutiérrez, y le digo:…
p. 201
19Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 641 fragmento
[23]16 y el 17 de octubre de 2002, en el desarrollo de la operación Orión, fueron las balas, bombas, tanquetas, helicópteros y ambulancias. Francisca recordó: «No podíamos salir, porque estaban disparando por todas partes, por el aire y por tierra. Por aire nos disparaban los avion es y por la parte del 20 de Julio…
p. 64
20Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1791 fragmento
[24]«AUC». (Paramilitares) 210. Y las acusaciones contra este militar traspasaron las fronteras. El 25 de marzo de 2007 el periódico estadounidense «Los Ángeles Times» daba cuenta —sobre un informe emanado de la CIA— los nexos entre el general Montoya Uribe y los escuadrones de la muerte. El periódico relata cómo este…
p. 179
21Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1791 fragmento
[25]«AUC». (Paramilitares) 210. Y las acusaciones contra este militar traspasaron las fronteras. El 25 de marzo de 2007 el periódico estadounidense «Los Ángeles Times» daba cuenta —sobre un informe emanado de la CIA— los nexos entre el general Montoya Uribe y los escuadrones de la muerte. El periódico relata cómo este…
p. 179
22Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 3981 fragmento
[26]Fue frecuente en este período la creación de organizaciones centradas en la recuperación de la memoria histórica de los barrios y comunas. Una de ellas fue el Comité de Impulso de Acciones de Memoria de la Comuna 13, fundado en febrero de 2012. El Comité ha liderado las conmemora- ciones anuales de las operaciones…
p. 398
23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2041 fragmento
[28]también ha visto valerosos procesos organizativos y de resistencia, tanto desde la sociedad civil como desde expresiones de la misma institucionalidad, que han recurrido a diferentes formas de organización, movili- zación y acción a través del arte, la cultura, el deporte y la espiritualidad. El objetivo ha sido…
p. 204
24Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de BolívarCentro Nacional de Memoria Histórica, Carmen Andrea Becerra Becerra · 2018 · p. 1, 3082 fragmentos
[29]Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de Bolívar INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Y DEL PROCESO PACÍFICO DE RECONCILIACIÓN E INTEGRACIÓN DE LA ALTA MONTAÑA DE EL CARMEN DE BOLÍVAR Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de Bolívar Centro Nacional de Memoria…
p. 1
[30]audiovisuales del proceso de memoria de la Alta Montaña de El Carmen de Bolívar. 309 6 La maleza Nuestra vida en medio del conflicto armado Como les hemos contado son varias las versiones, las memorias que existen en el territorio sobre la afectación del aguacate en me- dio del conflicto armado. Todas coinciden en…
p. 308
25Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzadaHelka Quevedo Hidalgo · 2018 · p. 661 fragmento
[32]Huila a sembrar 14 49 árbo- les, a pronunciar sus nombres, a encender el fuego de una vela en su memoria, a inscribir sus nombres en placas metálicas; a hacer pre- sencia en un pequeño Bosque de Paz en Bogotá 50, en donde nueva- mente estas 14 personas, simbólicamente están reunidas. Y esta vez no en fosas…
p. 66
26Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 2401 fragmento
[33]de estas iniciativas individuales y colectivas de memoria que por supuesto no se agotan en la siguiente tabla, que sin embargo expresa algunas de las nociones del para qué recordar. 240 Pueblos arrasados Tabla No. 10. Recuento de algunas iniciativas de la Memoria Iniciativa Descripción Placa en homenaje a Mario Castro…
p. 240
27Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 3661 fragmento
[34]intenta comprender la diversidad de iniciativas de memoria de las víctimas del conflicto armado en Colombia, las cuales sirven de referente para analizar sus expresiones en el Alto Nordeste Antioqueño 484. 481 Testimonios y Diario de Campo. 482 Ibíd. 483 Testimonios y Diario de Campo. El victimario emplazado…
p. 366
28Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 69, 2822 fragmentos
[35]y justicia. Memoria indígena https://www. youtube.com/ watch?v=94z7K0QBC_8 282 Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica DOCUMENTOS Y PRODUCTOS DE MEMORIA HISTÓRICA CON ENFOQUE DIFERENCIAL Tipo Serie CNMH Título…
p. 282
[48]experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica El proceso de formación en herramientas audiovisuales, la co- creación de un guion audiovisual que tiene como eje narrativo “recorrer el territorio y escuchar-registrar la memoria viva” del…
p. 69
29La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 2061 fragmento
[36]a El Salado es la desesperanza de vivir, acrecentada cuando se confrontan con el hecho de habitar en medio de las ruinas del pueblo y de las dificultades para recuperarlo. El pueblo perdido está directamente asociado a las dificultades de recuperar los pro- yectos de vida. Todas las víctimas sobrevivientes de la…
p. 206
30Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 21, 4172 fragmentos
[37]pique” (en Buenaventura), el “chalet de la muerte” (en Palmira, Valle) o “el matadero” (los hornos crematorios en Juan Frío, en Norte de Santander). Otros lugares conservaron sus nombres, pero una vez asociados al horror fueron abandonados y se convirtieron en rui- nas. El corregimiento de Puerto Torres (en Caquetá),…
p. 21
[51]en Colom- bia. Un estudio de casos del conflicto armado colombiano 1985 – 2015, Bogotá. Gallón Gustavo; Rodríguez Rincón Harvey y Abonía Vergara Die- go Fernando, (2013), Desa fi ando la intransigencia, Comisión Co- lombiana de Juristas. Gallón, Gustavo, (1983), La República de las armas, CINEP, Bogotá. Grupo de…
p. 417
31Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4322 fragmentos
[38]hicieron en esas vías, la mayoría de gente que por ahí mataron pararon en el río. El río Magdalena, al río Claro, al río de Sa- maná, al río de Calderas. Porque de la gente que mataban en esas vías, fue muy poca la que encontraron. Mucha gente fue botada. Entonces ¿a dónde hay fosas comunes? No las hay. ¿Por qué no…
p. 432
[39]hicieron en esas vías, la mayoría de gente que por ahí mataron pararon en el río. El río Magdalena, al río Claro, al río de Sa- maná, al río de Calderas. Porque de la gente que mataban en esas vías, fue muy poca la que encontraron. Mucha gente fue botada. Entonces ¿a dónde hay fosas comunes? No las hay. ¿Por qué no…
p. 432
32Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 257, 2602 fragmentos
[40]Estiben, Juan de Dios, Milagros. Otras contenían un mensaje: “Gracias por los favores recibidos”. Muchas decían “Escogido”, seguido de un nombre y las iniciales nn. Estas dos letras cuentan la misma historia en tres idiomas diferentes. En latín, Nomen Nescio; en inglés, No Name; en español, “No Nombrado”. El muro de…
p. 257
[42]identificar a su hija cuando la encontraran. No dije nada. Pero no pude evitar recordar lo que Diana había dicho sobre los muertos sin rostro, sus rasgos consumidos por los avatares de su permanencia en el río. —Tengo noches que son como el día —dijo Blanca—. Me despierto preguntándome cuándo encontraré a mi hija.…
p. 260
33Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 621 fragmento
[41]2. La pérdida del microgrupo social de referencia y de perte- nencia, cuando la comunidad teme que le ocurra lo mismo y se aleja de la familia, en este sentido se da una pérdida de la representación grupal primordial para el sostenimiento de la identidad individual y familiar y que genera una crisis de identidad. 3.…
p. 62
34¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 293, 2952 fragmentos
[43]Procuraduría, allí gritábamos consignas unos minutos y continuábamos. A esa hora mucha gente salía de las oficinas a buscar almuerzo y se detenía a mirar la marcha, pues llevábamos las fotografías de los desaparecidos en tamaño grande, en forma de pancartas. Algunas veces repartíamos hojas volantes con la denuncia.…
p. 295
[49]mediante su reconstrucción, el reconocimiento de la estigmatización a la que fueron sometidos y la impunidad en las que quedan muchos de los crímenes que sufrieron. Es precisamente la lucha contra la impunidad y las labores de dignificación de la memoria de las víctimas y sus comu- nidades las que informan las…
p. 293
35Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 111 fragmento
[44]Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…
p. 11
36La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 211 fragmento
[45]el origen de los actores armados y que diera cuenta de los daños infligidos a la sociedad. A partir de estos mandatos han surgido instituciones, como el Centro de Memoria Histórica, que tienen la responsabilidad de estudiar a fondo el conflicto privilegiando las voces de las víctimas y su memoria, aunque también la…
p. 21
37El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1572 fragmentos
[46]la pretensión discursiva de alcanzar la terminación del con fl icto, y, por el otro, la falta de desarrollo adecuado de las medidas para garantizar los de- rechos de las víctimas a la justicia, a la verdad y a la reparación. Estas últimas, como veremos en detalle más adelante, fueron in- corporadas posteriormente…
p. 157
[47]la pretensión discursiva de alcanzar la terminación del con fl icto, y, por el otro, la falta de desarrollo adecuado de las medidas para garantizar los de- rechos de las víctimas a la justicia, a la verdad y a la reparación. Estas últimas, como veremos en detalle más adelante, fueron in- corporadas posteriormente…
p. 157
38Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 4401 fragmento
[50]la región Caribe 1960-2015. Campesinado en el departamento de Córdoba. (2017b). Campesinos de tierra y agua: memorias sobre sujeto colectivo, trayectoria organizativa, daño y expectativas de reparación colectiva en la región Caribe 1960 - 2015. Campesinado en el departamento de Sucre. (2017c). Memorias étnicas.…
p. 440
39Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4751 fragmento
[52](from the National Center for Historical Memory), including Grupo de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, “Recordar y narrar el con fl icto: Herramientas para reconstruir memoria histórica” pamphlet (2009), 19 (“a unifying”); Sánchez G., “Prólogo,” in ¡Basta ya!, 16 (“Far”). 57. Ley…
p. 475
40Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 3281 fragmento
[53]be received (Love- man 1998: 506). In Argentina the Catholic Church displayed an ambivalent atti- tude toward the military government, and the country lacked the embedded activist networks found in Chile. Because of abuses and the erosion of legal rights as a result of precoup counterinsurgency efforts against…
p. 328
41Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 1921 fragmento
[54]brecha entre el contenido normativo del dere - cho a la reparación integral —que suele ser afirmado de modo maximalista por tribunales internacionales como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la Corte Interamerica- na de Derechos Humanos— y las políticas efectivas de reparación puestas en marcha por los estados…
p. 192
42Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 4381 fragmento
[55]identidades de las poblaciones afrocolombianas del Pacífico y suroccidente en un contexto de movilidad y urbanización". EnBoletín socioeconámico, No. 31 Cidse, Universidad del Valle, Cali: 134-140. Hoffmann, üdile. 2000a. "La movilización identitaria y el recurso de la memoria (Na- riño, Pacífico colombiano)". En C.…
p. 438