Cooperativas de Trabajo Asociado y desmantelamiento del sindicalismo palmero (1995–2005)
Entre 1995 y 2005, las grandes palmicultoras del Magdalena Medio sustituyeron el contrato laboral directo por Cooperativas de Trabajo Asociado, convirtiendo a obreros sindicalizados en 'socios' que aportaban sus cesantías como capital, mientras la violencia paramilitar neutralizaba la resistencia sindical. La operación fusionó reforma laboral y coerción armada en un dispositivo inédito que liquidó la negociación colectiva sin derogar formalmente el derecho de asociación.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1995–2005
- Dónde
- Magdalena Medio, Barrancabermeja, Puerto Boyacá, Colombia, San Alberto (Cesar), Puerto Wilches (Santander), San Martín (Cesar), Aguachica (Cesar), Santa Helena del Opón (Santander), El Carmen de Chucurí (Santander), San Vicente de Chucurí (Santander)
- Protagonistas
- Carlos Castaño, Vicente Castaño, César Gaviria, Indupalma, SINTRAINDUPALMA, Palmas Oleaginosas Bucarelia, Oleaginosas Las Brisas, Palmas Monterrey, Palmas de la Costa, Bloque Central Bolívar (AUC), Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM), Ramón Isaza
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- La Ley 50 de 1990 flexibilizó la contratación laboral y habilitó formas triangulares y precarias de empleo, mientras la Ley 100 de 1993 privatizó la seguridad social, eliminando incentivos para mantener vínculos laborales directos en la agroindustria.
- La apertura económica del gobierno Gaviria devastó el sector agropecuario —que creció apenas 2,52% en promedio entre 1990 y 1994 y llegó a −2,0% en 1992—, presionando a las empresas palmicultoras a reducir costos laborales por cualquier vía disponible.
- La violencia paramilitar sistemática contra dirigentes sindicales en el sur del Cesar y Puerto Wilches —asesinatos, desapariciones forzadas, torturas y desplazamientos— desplazó las reclamaciones laborales hacia exigencias de respeto a la vida, debilitando estructuralmente la capacidad negociadora de los sindicatos.
- La lógica productiva de la palma africana —escala mínima de 3.000 hectáreas, procesamiento del fruto en menos de 12 horas, rendimiento tardío desde el tercer o cuarto año— generó incentivos para externalizar costos laborales manteniendo el control territorial sobre las plantaciones.
- El marco jurídico de las Convivir (Decreto 356 de 1994 y Resolución 368 de 1995) proveyó cobertura legal a estructuras paramilitares que operaron sobre fincas, cascos urbanos y organizaciones obreras con mínima supervisión estatal, facilitando la 'domesticación violenta' del sindicalismo.
- La consolidación paramilitar del Magdalena Medio desde los años ochenta —ACDEGAM, Autodefensas de Puerto Boyacá, MAS, modelo San Juan Bosco La Verde— creó el sustrato territorial sobre el que se desplegó la reingeniería contractual de los años noventa.
Consecuencias
- Los obreros sindicalizados de Indupalma y las palmicultoras de Puerto Wilches perdieron la condición de asalariados y pasaron a ser 'socios cooperados', aportando sus cesantías como capital social y asumiendo cargas de seguridad social antes a cargo del empleador, sin contraparte patronal reconocible para la negociación colectiva.
- La negociación colectiva fue liquidada de facto sin necesidad de derogar formalmente el derecho de asociación sindical: al desaparecer el empleador directo, el sindicato quedó sin contraparte jurídica contra la que dirigir un pliego de peticiones.
- El asesinato y desaparición de dirigentes como Manuel Ávila —cuyo cuerpo presentaba señales de tortura, quemaduras con ácido y mutilaciones— tuvo efecto pedagógico explícito: atemorizar a la directiva sindical, obligar al sindicato a abandonar su acción política y dispersar la base de trabajadores.
- En el año 2000, Colombia concentraba 76 de los 140 sindicalistas asesinados o desaparecidos en el mundo (54%), con 676 amenazas, 13 intentos de asesinato, 22 secuestros y 28 exilios forzosos adicionales, convirtiendo al sindicalista colombiano en el trabajador más asesinado del planeta.
- Entre 1990 y 1994 entraron en receso o fueron liquidados cerca de 514 sindicatos con aproximadamente 95.229 afiliados a nivel nacional, y la tasa de sindicalización cayó a alrededor del 6% de la población económicamente activa.
- Hacia 2005, el paisaje laboral del Magdalena Medio palmero era irreconocible: donde había existido un sindicato de industria capaz de convocar paros coordinados en cuatro empresas, había un mosaico de cooperativas de asociados sin contraparte patronal; las convenciones colectivas fueron reemplazadas por contratos de prestación de servicios entre personas jurídicas.
- El modelo Indupalma fue celebrado por sectores empresariales como caso de 'innovación social', legitimando la CTA como instrumento de reconversión productiva y exportando el dispositivo a otras agroindustrias del país.
La clave interpretativa
Por qué importa
Este proceso constituye el paradigma colombiano de ingeniería social paramilitar sobre relaciones laborales: demostró que era posible desmantelar el sindicalismo agroindustrial sin reformas legales explícitas, fusionando la flexibilización laboral de la apertura económica con la coerción armada territorial en un solo dispositivo. Explica la reconversión productiva del Magdalena Medio y la derrota estructural del sindicalismo palmero, y anticipa el uso masivo de las CTA en otros sectores durante la década siguiente. Su estudio revela cómo la violencia paramilitar no solo destruyó organizaciones sindicales sino que rediseñó las relaciones de producción en la agroindustria colombiana, con efectos que persisten más allá de la desmovilización de las AUC.
Desarrollo histórico
La historia completa
Cooperativas de Trabajo Asociado y desmantelamiento del sindicalismo palmero (1995–2005)
Entre mediados de los años noventa y 2005, las grandes palmicultoras del Magdalena Medio —Indupalma en San Alberto (Cesar) y las empresas de Puerto Wilches (Santander), entre ellas Palmas Oleaginosas Bucarelia, Oleaginosas Las Brisas y Palmas Monterrey— sustituyeron el contrato laboral directo por Cooperativas de Trabajo Asociado. Bajo la carcasa jurídica de la Ley 79 de 1988 y, sobre todo, de la flexibilización laboral de la Ley 50 de 1990, el obrero sindicalizado dejó de ser asalariado para convertirse en "socio cooperado" que aportaba sus propias cesantías como capital de trabajo. La operación corrió en paralelo a la consolidación del Bloque Central Bolívar y de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio en la región, y produjo un resultado inédito: la liquidación de la negociación colectiva sin necesidad de derogar formalmente el derecho de asociación sindical. La palma africana del piedemonte oriental se convirtió, en menos de una década, en el laboratorio donde reforma laboral y coerción armada se fundieron en una sola operación.
El mundo del que brota el arreglo
La palma africana llegó tarde al agro colombiano. No se cultivó a escala comercial sino a partir de 1950, y su lógica productiva impuso desde el comienzo una estructura empresarial rígida: es un cultivo permanente que solo empieza a dar frutos entre el tercer y cuarto año, la extracción del aceite exige procesar el racimo en las primeras doce horas tras la recolección —lo que obliga a montar plantas extractoras junto a los cultivos— y, según Fedepalma, la rentabilidad mínima solo aparece por encima de las 3.000 hectáreas en producción. Escala grande, tiempos largos, ventana de proceso corta: el negocio nació capital-intensivo y territorial, atado a la tierra.
Indupalma, instalada en San Alberto, fue durante los años setenta el emblema de ese modelo empresarial y también de sus tensiones. El 16 de agosto de 1977, los trabajadores agrupados en SINTRAINDUPALMA iniciaron una huelga en la que denunciaron —según lo relató luego Jaime Bateman Cayón— la invasión con tractores de los predios sindicales y la violación de la ley laboral en materia de derechos y prestaciones. El M-19 secuestró al gerente Hugo Ferreira Neira para presionar a favor del pliego, y su liberación se hizo coincidir con el paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977. Bateman se atribuyó después el resultado: el ciento por ciento de las peticiones obtenidas sin víctimas mortales. Aquella huelga fijó el molde del conflicto palmero: un sindicato fuerte, una empresa dispuesta a golpear y un Estado que llegaba tarde.
Trece años después, ese equilibrio se rompió por dos vías simultáneas. La primera fue la apertura económica impulsada por César Gaviria Trujillo. La Ley 50 de 1990 flexibilizó la contratación y habilitó la sustitución del vínculo asalariado por formas triangulares y precarias, aunque ampliara derechos de maternidad, vacaciones y primas. La Ley 100 de 1993 completó el giro con la privatización de la seguridad social. En el agro, la apertura fue devastadora: el sector agropecuario creció apenas 2,52% en promedio entre 1990 y 1994 y llegó a −2,0% en 1992, mientras el PIB se recostaba en el consumo suntuario, la construcción y el sector financiero. Entre 1990 y 1994 entraron en receso o fueron liquidados cerca de 514 sindicatos con unos 95.229 afiliados. La tasa de sindicalización se hundió hasta rondar el 6% de la población económicamente activa.
La segunda vía fue la violencia. Desde comienzos de los ochenta, el Magdalena Medio era terreno del proyecto narco-paramilitar que integró a grandes empresarios, ganaderos y hacendados agrupados en la ACDEGAM, junto con las Autodefensas de Puerto Boyacá, el MAS y otras estructuras como Los Tiznados, con auspicio y participación de la fuerza pública. Las Autodefensas de Puerto Boyacá se reorganizarían después como Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio bajo el mando de Ramón Isaza. En Santander, otro modelo paramilitar echó raíces desde 1981 en Santa Helena del Opón —creado por el inspector de policía Isidro Carreño Lizarazo— y a partir de 1988 se expandió a El Carmen de Chucurí, San Vicente de Chucurí y Bajo Simacota bajo el mando de Isidro Carreño Estévez. En los años noventa se consolidó a partir de ahí el Bloque Central Bolívar, que disputaría con las guerrillas el sur del Cesar y las tierras palmeras de Puerto Wilches.
A ese doble telón —reforma legal y coerción territorial— le faltaba la pieza jurídica que permitiera fundir ambas capas: la figura cooperativa.
El armazón jurídico: cooperativas, Convivir y la delgada línea de la legalidad
La Cooperativa de Trabajo Asociado no era, en sí misma, una invención de los años noventa. La Ley 79 de 1988 había regulado el sector cooperativo y la Ley 50 de 1990 le añadió el marco de flexibilización. Lo nuevo fue el uso empresarial masivo de la figura para desmontar la relación laboral directa. En la CTA, el trabajador se afiliaba como "asociado" y aportaba trabajo y —crucialmente— su liquidación de cesantías como capital social. Perdía así la condición de asalariado: sin empleador formal, sin patrón contra el que negociar colectivamente, sin sindicato con contraparte reconocible. La CTA se contrataba con la empresa palmicultora como proveedora de servicios; los antiguos obreros de plantación pasaban a ser socios de una entidad que, formalmente, se autoempleaba a sí misma en las mismas fincas de siempre.
El diseño trasladaba al trabajador cargas que antes asumía la empresa: aportes a seguridad social, provisiones, riesgos laborales. Encajaba con precisión en la definición internacional de trabajo precario —ausencia de protección social, salario bajo, contratos de corta duración, relaciones triangulares o encubiertas, posibilidad limitada o nula de afiliación sindical—, y respondía a la lógica de una industria que necesita procesar fruta fresca en doce horas pero prefiere no responder por quienes la cortan.
Al armazón cooperativo se le sumó, entre 1994 y 1997, un segundo componente institucional: las Convivir. El Decreto 356 del 11 de febrero de 1994, expedido durante el gobierno de César Gaviria como Estatuto de Vigilancia y Seguridad Privada, estableció el marco normativo para las cooperativas de vigilancia. La Resolución 368 del 27 de abril de 1995 de la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada, ya bajo el gobierno de Ernesto Samper Pizano, unificó bajo el nombre "Convivir" los servicios especiales y comunitarios de vigilancia. Una sentencia posterior de la Sala de Justicia y Paz reconocería que esa normativa dio marco legal a la defensa armada de campesinos, permitiéndoles portar armas de uso privativo de las fuerzas armadas; en la práctica, algunas Convivir accedieron a armamento más allá del de defensa personal. Álvaro Uribe Vélez, como gobernador de Antioquia desde 1995, defendió la figura y autorizó la creación de 67 cooperativas en su departamento.
La supervisión estatal fue deliberadamente mínima, y las cifras dibujan el tamaño de la omisión: de las más de 400 Convivir que llegaron a existir en el país, apenas se registraron 15 visitas de verificación, ninguna solicitud de armas fue rechazada y solo al 9% de sus integrantes se les revisaron antecedentes penales. No hubo sanciones. Cuando la Corte Constitucional restringió la figura en 1997, ninguna de las que llevaban más de dos años de funcionamiento estaba al día con sus permisos. En Urabá, las Convivir fueron uno de los cuatro factores organizacionales del despegue paramilitar, junto con los Comandos Populares, las escuelas de formación y —el dato importa aquí— la "domesticación violenta de la actividad sindical". En el Magdalena Medio palmero, la cobertura legal cumplió una función equivalente: proveer el paraguas institucional bajo el cual los grupos armados podían operar sobre fincas, cascos urbanos y organizaciones obreras.
Entre 1988 y 1995 quedaron dispuestas, así, dos figuras jurídicas paralelas: una cooperativa de trabajo que permitía transformar al obrero en socio, y una cooperativa de vigilancia que permitía transformar al paramilitar en agente autorizado. Ambas sostendrían el ciclo 1995–2005.
La reconstrucción del ciclo: San Alberto, Puerto Wilches, Barrancabermeja
Antes de que la CTA se generalizara, el sindicato palmero fue golpeado por la violencia directa. El 6 de marzo de 1990, los trabajadores de Indupalma pararon en protesta por el asesinato de los sindicalistas Álvaro Mora y Pablo Emilio Cárdenas. Diez días después, trabajadores de Palmas de la Costa e Indupalma cesaron actividades en respuesta al asesinato de José Augusto Maldonado y Gonzalo Blanco, también miembros de SINTRAINDUPALMA. El 18 de julio de 1990, un paro coordinado detuvo Palmas Oleaginosas Bucarelia, Indupalma, Oleaginosas Las Brisas y Palmas Monterrey, en medio de una serie de protestas por asesinatos de sindicalistas en la región palmera. Para entonces, el patrón era claro: en el sur del Cesar —San Martín, San Alberto, Aguachica— los paramilitares se tomaron los cascos urbanos e iniciaron una arremetida dirigida contra dirigentes sindicales de la zona palmera. Las reclamaciones laborales cedieron ante las exigencias de respeto a la vida. Los pliegos dejaron de hablar de salarios y de horas extras; empezaron a hablar de sobrevivir.
Ese desplazamiento del pliego —de las condiciones laborales al derecho a existir— fue la primera condición del mecanismo. Un sindicato que negocia sobre su propia supervivencia física no negocia sobre modelos de contratación. Cuando las empresas plantearon la reconversión hacia CTA, encontraron un interlocutor debilitado, atemorizado y sin capacidad para leer la propuesta como lo que era: la conversión definitiva del asalariado en socio de su propia precarización.
Los casos documentados de asesinato de dirigentes muestran cómo operaba el efecto disciplinante. La desaparición y posterior asesinato de Manuel Ávila —cuyo cuerpo presentaba señales de tortura, quemaduras con ácido, golpes y mutilaciones, y habría sido arrastrado por una camioneta en la vía Puerto Wilches–Sabana de Torres— tuvo el efecto explícito de atemorizar a la directiva sindical, obligar al sindicato a abandonar su acción política y dispersar a la base de trabajadores. No fue un asesinato aislado ni un exceso local: fue una operación con función pedagógica sobre el resto del cuerpo sindical.
La escala nacional daba la medida. En el año 2000, de los 140 sindicalistas víctimas de asesinato o desaparición forzada registrados en el mundo, Colombia concentraba 76 casos —aproximadamente el 54%—, a los que se sumaban 676 amenazas, 13 intentos de asesinato, 22 secuestros y 28 exilios forzosos. El sindicalista colombiano era, por márgenes amplios, el trabajador más asesinado del planeta.
En ese terreno pudo desplegarse con relativa fluidez la reingeniería contractual. Los antiguos obreros directos de Indupalma —que hasta 1977 habían protagonizado una huelga capaz de detener la empresa y forzar la intervención del M-19— aceptaron, dos décadas después, ingresar como "asociados" a cooperativas que los devolvían a las mismas plantaciones bajo condiciones sustancialmente inferiores. La empresa, bajo la dirección de Rubén Darío Lizarralde, se reorganizó como modelo de contratación externalizada y celebró el resultado como un caso de innovación social. La verdad estructural era otra: el vínculo laboral directo había desaparecido, y con él la figura del empleador contra el que podía dirigirse un pliego.
En Puerto Wilches, la mecánica fue similar. Las palmicultoras del corredor entre el río Magdalena y Sabana de Torres —Bucarelia, Las Brisas, Monterrey, Palmas de la Costa— aplicaron el mismo diseño en un contexto de disputa territorial entre el Bloque Central Bolívar, comandado por figuras como Iván Roberto Duque (Ernesto Báez) y con Roberto Prada Gamarra operando en el sur del Cesar, y las guerrillas del ELN y las FARC. Los paramilitares tomaron control de Barrancabermeja hacia finales del año 2000, tras un intenso plan de asesinatos selectivos, y consolidaron su dominio en 2001; las masacres de 1998 y 1999 habían golpeado duramente a las organizaciones sociales de la ciudad, reduciendo su capacidad de oposición. Cuando el Bloque Central Bolívar dominó Barrancabermeja, quedó dominada también la retaguardia urbana del sindicalismo palmero regional: las oficinas, las asambleas, las bases de solidaridad y los canales de denuncia.
Hacia 2005, cuando arrancó el proceso de desmovilización de las AUC, el paisaje laboral del Magdalena Medio palmero era irreconocible frente al de 1990. Donde había existido un sindicato de industria capaz de convocar paros coordinados en cuatro empresas, había ahora un mosaico de cooperativas de asociados sin contraparte patronal clara. Donde antes se negociaba una convención colectiva, se firmaban contratos de prestación de servicios entre personas jurídicas. La CTA había reemplazado al empleador por una ficción y al sindicato por su ausencia.
Por qué funcionó: economía, ley y coerción
Tres capas se reforzaron mutuamente y produjeron un resultado que ninguna por separado habría bastado a garantizar.
La primera capa fue el marco macroeconómico. La Ley 50 de 1990 flexibilizó la contratación; la Ley 100 de 1993 privatizó pensiones y salud. Ambas, hijas del gobierno Gaviria, giraron a la vez el derecho laboral y la seguridad social. El sector agropecuario, castigado por la apertura, entró en contracción y las empresas buscaron reducir costos laborales por cualquier vía disponible. La caída de la sindicalización nacional a niveles cercanos al 6% de la población económicamente activa no fue un efecto local: fue el marco continental sobre el que se recortó el caso palmero.
La segunda capa fue la lógica productiva del cultivo. El requerimiento de escala mínima —3.000 hectáreas para rentabilidad—, la necesidad de procesar el fruto en doce horas y el modelo de alianzas entre grandes compañías y pequeños cultivadores, que traslada a estos últimos los costos de los primeros tres años sin ingresos, dibujaban un negocio que empujaba de manera natural hacia la externalización de riesgos. En casos documentados como el de La Floresta en San Pablo, las empresas extractoras pignoraron la fruta —es decir, la ofrecieron como garantía ante los bancos— y fijaron el precio de compra, trasladando parte del riesgo económico al productor. La CTA fue, en el eslabón laboral, la aplicación exacta de esa misma lógica: sacar el riesgo del centro empresarial y colocarlo en la periferia.
La tercera capa —la que resolvió lo que economía y ley no podían resolver por sí solas— fue la coerción paramilitar. Un sindicato palmero fuerte —el que había forzado la huelga de 1977 y el que había parado cuatro empresas en 1990— habría convertido cada reconversión hacia CTA en un pliego, un tribunal de arbitramento, una intervención del Ministerio de Trabajo. La toma de los cascos urbanos de San Martín, San Alberto y Aguachica, la arremetida sistemática contra dirigentes, el efecto documentado del caso Manuel Ávila sobre la directiva y la base de SINTRAINDUPALMA y la consolidación del Bloque Central Bolívar en Barrancabermeja hicieron irreversible una transformación que, por vía puramente económico-legal, habría enfrentado resistencia organizada. La violencia sistemática, al desplazar las demandas hacia el respeto a la vida, canceló ese frente.
Las Convivir cerraron el círculo. La cobertura legal que ofrecieron —con supervisión mínima, sin sanciones y sin rechazos de solicitudes de armas— proveyó el puente institucional entre la seguridad privada legal y las estructuras paramilitares. En Urabá esa articulación fue explícita; en el Magdalena Medio operó con lógica similar, produciendo condiciones propicias para que actores armados vinculados al Bloque Central Bolívar y a las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio funcionaran bajo una capa de aparente formalidad.
Leída así, la CTA no fue una captura del Estado por actores privados sino un proyecto de ingeniería institucional donde cada actor aportó su parte: el Estado —vía Ley 50, Decreto 356, Resolución 368 y omisiones sistemáticas de supervisión— proveyó los marcos jurídicos; las empresas palmicultoras aportaron la lógica de negocio y el diseño operativo; y las estructuras paramilitares suministraron la coerción territorial que hizo del rediseño un resultado prácticamente inevitable para los trabajadores.
Consecuencias inmediatas: la CTA como forma consumada del trabajo precario
El efecto directo sobre los trabajadores fue la conversión en cooperados de sí mismos. Al aportar sus cesantías como capital social, los antiguos obreros directos transfirieron a la lógica empresarial una suma que, bajo el régimen anterior, era un derecho individual acumulado. Perdieron la protección social propia del vínculo asalariado, quedaron atados a relaciones triangulares donde el empleador jurídico dejaba de existir y accedieron, apenas, a salarios bajos y a la posibilidad limitada o nula de afiliación sindical.
El sindicalismo palmero, como interlocutor, quedó estructuralmente descabezado. La violencia no solo eliminó físicamente a dirigentes; produjo tres efectos acumulativos: aceleró el recambio de directivas hacia liderazgos sin experiencia, generó daños psicológicos graves en los dirigentes supervivientes y debilitó la capacidad organizativa de base. Sin cuadros formados, sin memoria negociadora acumulada y sin base movilizable, el sindicato que sobrevivió lo hizo como cascarón. A principios de 1998, el Ministerio de Trabajo sancionó a 50 empresas por omitir la afiliación y los aportes al Instituto de Seguros Sociales y por remunerar a trabajadores con sumas inferiores al salario mínimo; el dato mide el tamaño de la irregularidad tolerada en el mercado laboral colombiano de la época.
Los sindicalistas fueron, además, sistemáticamente estigmatizados: grupos económicos y empresariales, sectores del Estado y actores armados los consideraban un obstáculo para el desarrollo, y esa etiqueta —difundida en discursos públicos y en pactos privados— se convirtió en justificación implícita de la persecución.
La reconversión productiva del Magdalena Medio quedó anclada sobre esa base. Las palmicultoras operaron con costos laborales sustancialmente inferiores, sin la carga de las convenciones colectivas heredadas de los años setenta, y pudieron sostener la expansión del cultivo hacia el modelo de alianzas con pequeños cultivadores que hoy define la geografía de la palma colombiana.
El patrón regional: Urabá, Bajo Atrato, Magdalena, sur del Cesar
El caso del Magdalena Medio no fue único; fue el más nítidamente documentado de un patrón que se repitió en las zonas palmeras del país con variaciones significativas. En Urabá, la violencia paramilitar destruyó primero el sindicalismo bananero —la Unión Patriótica y el EPL sucumbieron al terror, los disidentes del EPL fueron aniquilados en combate y las FARC se retiraron— y dejó a SINTRAINAGRO aceptando contratos sin concesiones frente a Augura. La represión sindical en el sector bananero, ya desde 1979, había combinado militarización directa de plantaciones, imposición de pactos colectivos por parte de los empleadores y asesinato de dirigentes.
En el Bajo Atrato, el énfasis se desplazó del control del trabajo al control de la tierra. Vicente Castaño Gil declaró haber conseguido personalmente empresarios para invertir en cultivos de palma en Urabá, con la idea explícita de llevar a los ricos a distintas zonas del país para atraer también la presencia del Estado. La empresa de referencia fue Urapalma, que articuló a otras firmas y familias empresariales del conglomerado palmero, y su avance descansó en una mecánica muy específica de despojo. Para acceder a los Incentivos de Capitalización Rural otorgados por Finagro a través del Banco Agrario, el conglomerado constituyó asociaciones de pequeños palmicultores que también sirvieron para dar posesión efectiva sobre tierras usurpadas. Las licencias ambientales las obtuvo cooptando las corporaciones autónomas Codechocó y Corpourabá; los títulos de propiedad, falsificándolos en notarías. El proyecto proyectaba expandir el cultivo a entre 70.000 y 100.000 hectáreas en el marco de un modelo empresarial a negociar en acuerdos de posconflicto.
En el departamento del Magdalena, la expansión del Bloque Norte coincidió geográfica y temporalmente con los cultivos de palma en Ciénaga, Algarrobo, Fundación y Zona Bananera. El Bloque Norte identificó tres focos de colaboración —forzada y voluntaria— con la palma de aceite: norte del Cesar en El Copey, norte del Magdalena, y Atlántico como nodo financiero articulador. La integración industrial atravesaba fronteras departamentales: Cl. El Roble S.A., domiciliada en Santa Marta y creada en 1997, tenía integrantes directivos que se solapaban con los de Urapalma, Extractora Bajirá y Palmura.
La comparación revela un continuo. En Urabá bananero, el modelo fue la destrucción del sindicalismo y la imposición de pactos colectivos empresariales. En el Bajo Atrato palmero, el énfasis estuvo en el despojo territorial y la construcción del cultivo sobre tierras usurpadas. En el Magdalena Medio, el eje fue la reconversión contractual mediante CTA sobre un sindicalismo debilitado por la violencia. Tres formas distintas de una misma convergencia entre proyecto empresarial palmero y estructuras armadas, con el Estado proveyendo los marcos jurídicos.
Consecuencias de largo plazo
Hacia 2005, el ciclo había producido tres transformaciones duraderas. El trabajo palmero de campo —corte de racimo, cosecha, mantenimiento— quedó estabilizado bajo formas cooperativas y de subcontratación. La expansión posterior del cultivo bajo la política de biocombustibles impulsada por el Conpes 3510 de 2008, que llevó a que más del 40% de la producción se destinara a biocombustibles, se hizo sobre esa base contractual: no hubo, en la nueva ola expansiva, retorno al vínculo laboral directo de los años setenta.
En paralelo, la derrota del sindicalismo agroindustrial se consumó. SINTRAINDUPALMA, que en 1977 había sido capaz de forzar la negociación de un pliego completo con intervención del M-19, quedó reducido a una sombra de sí mismo. El fenómeno no fue exclusivo de la palma: el desarrollo histórico de las organizaciones sindicales agrarias en Colombia —cafetaleras desde la segunda década del siglo XX, luego bananeras, cañeras y palmeras— sufrió en el ciclo 1990–2005 una regresión que en algunos sectores fue irreversible. El sindicalismo agrario colombiano llegó a la segunda década del siglo XXI convertido en un actor marginal frente a lo que había sido tres décadas antes.
El tercer sedimento fue territorial. El sur del Cesar y el corredor de Puerto Wilches se consolidaron como plataformas exportadoras de aceite, con extractoras conectadas a plantas de refinación y a la incipiente industria de biocombustibles, en un tejido económico que integró palma, seguridad privada legal y estructuras paramilitares. La violencia dejó como sedimento un mapa productivo: fincas grandes, cooperativas de trabajo, alianzas con pequeños cultivadores endeudados y comunidades rurales sin capacidad organizativa para renegociar los términos del arreglo.
La reforma cooperativa posterior —cristalizada en la Ley 1233 de 2008, que buscó regular las CTA y exigir que garantizaran a los trabajadores derechos comparables a los del régimen laboral— llegó cuando la reconversión ya estaba consumada. Las sentencias posteriores de la Corte Constitucional y las decisiones administrativas que limitaron el uso de CTA para el suministro de trabajadores en actividades misionales permanentes moderaron la figura sin revertir el paisaje: los sindicatos destruidos entre 1990 y 2005 no reaparecieron con la reforma legal.
Coda
En San Alberto y en Puerto Wilches, el paisaje agrícola sigue siendo el mismo desde el aire: filas ordenadas de palma, extractoras conectadas por carreteras, camiones de fruta cruzando la vía a Sabana de Torres. Debajo de ese paisaje, un cambio silencioso de figura jurídica —de asalariado a cooperado— y una violencia dirigida transformaron entre 1995 y 2005 la relación entre trabajo y capital en la agroindustria más pujante del piedemonte oriental. Entre la huelga de 1977 y el terror que le siguió se juega ese cambio. Los muertos tienen nombre; los expedientes de SINTRAINDUPALMA los guardan.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 1791 cita
[1]cuando secuestramos al gerente de una empresa cuyos trabajadores, en huelga una vez más, se habían acos tumbrado a que los conflictos laborales se terminaban cuando la empresa invadía con tractores los predios sindicales, mientras seguía violando la ley laboral en lo que a derechos y prestaciones sociales de los…p. 179
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1081 cita
[2]paro propuesto por organizaciones armadas, como decía la prensa y Alfonso López, el presidente, ¿sí?, que la mano de las organizaciones había estado ahí y habían financiado, carreta, unas estuvieron al margen, pero los integrantes, los militantes se vieron en un momento dado abocados a participar, ¿sí?, porque había…p. 108
03Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 1511 cita
[3]sólo en los sitios de trabajo, sino en todas las otras dimensiones de la vida cotidiana, en una confrontación más sutil y a veces más intensa, como veremos en el siguiente capítulo. De esta forma la clase obrera colombiana construía lentamente su identidad como tal. NOTAS (1) Ver El Tiempo, 14 febrero, 18 marzo, 1920;…p. 151
04Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 367, 3772 citas
[4]al sur del departamento del Cesar, se tomaron los cascos urbanos de municipios como San Martín, San Alberto y Aguachica, e iniciaron la arremetida paramilitar con- tra los dirigentes sindicales. La situación se tornó tan grave que las condiciones laborales y las mejoras salariales dejaron de ser el centro de las…p. 367
[11]Medio Cuando se supo la noticia la gente del sindicato salió a las ca- lles del pueblo y organizó la búsqueda. Al otro día se supo que un cuerpo con las señales de Manuel había sido recogido en la carretera y que se encontraba en la morgue de Sabana de Torres. Su esposa y sus compañeros de trabajo fueron a verlo. Su…p. 377
05Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 22, 242 citas
[5]y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…p. 22
[6]Rione - gro, Matanza, Suratá y El Playón, mediante el Frente Ramón Gil - berto Barbosa Zambrano (Vicepresidencia de la República, 2001b, páginas 5-8). Este Frente como tal actuó hasta 1991, cuando se suscribió el pacto de paz entre el EPL y el Gobierno nacional, pero quedó activa en esa región una fracción disidente…p. 24
06Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 122 citas
[7]hasta 2000 con el nombre Autodefensas de Puerto Boyacá. Se revisa cómo desde entonces operó con la denomina- ción de BPB-ACMM (Bloque Puerto Boyacá-Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio) bajo el mando de Arnubio Triana Mahecha. Y se examina su desmovilización ocurrida en 2006 con la etiqueta de ACPB…p. 12
[8]hasta 2000 con el nombre Autodefensas de Puerto Boyacá. Se revisa cómo desde entonces operó con la denomina- ción de BPB-ACMM (Bloque Puerto Boyacá-Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio) bajo el mando de Arnubio Triana Mahecha. Y se examina su desmovilización ocurrida en 2006 con la etiqueta de ACPB…p. 12
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 941 cita
[9]cuentas por la guerra contra el cartel de Medellín, otras que lo mató el Cartel de Cali por incumplir un negocio de armas y algunas más que fueron sus propios subalternos por negociar con el gobierno sin consultarles. Tras la muerte de Otero, las ACMM se reorganizaron. Las pujas por el poder llevaron a Isaza a…p. 94
08Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 471 cita
[10]fases se pueden identificar con claridad en Barrancabermeja. Una primera relacionada con la persecución a líderes y sin- dicalistas, de la que es acusada como responsable la Red 07 de Inteligencia de la Armada Nacional; otra que involucra dos aspectos: la migración de per- sonas provenientes de regiones controladas…p. 47
09El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 1252 citas
[12]de la ci- fra mundial de 140 sindicalistas víctimas de asesinato o desaparición forzada, Colombia registraba 76, a lo que se sumaban 676 amenazas, 13 intentos de asesinato, 22 secuestros, 28 exilios forzosos, 149 heri- dos y 418 detenciones, principalmente por represión a movimientos huelguistas (El Tiempo, 2000,…p. 125
[13]de la ci- fra mundial de 140 sindicalistas víctimas de asesinato o desaparición forzada, Colombia registraba 76, a lo que se sumaban 676 amenazas, 13 intentos de asesinato, 22 secuestros, 28 exilios forzosos, 149 heri- dos y 418 detenciones, principalmente por represión a movimientos huelguistas (El Tiempo, 2000,…p. 125
10Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1651 cita
[14]Frente Nacional, creado en 1957. 7. Del presidente Guillermo León Valencia y la primera refor - ma importante al Código Sustantivo del Trabajo mediante el Decreto 2351 de 1965. 8. Del presidente Carlos Lleras Restrepo y la Reforma Consti - tucional de 1968. El proteccionismo a la economía nacional y el Derecho del…p. 165
1125 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 301 cita
[15]importaciones. pero desatendió la infraestructura. sobre todo la rural. que atravesó la peor recesión en muchos años. Mientras el PIB general creció en pro- medio 4,26% entre 1990 y 1994. el agropecuario lo hizo en 2,52% con cambios dramáticos como pasar de 5.9% en 1990 a -2.0% en 1992"". El crecimiento del PIB…p. 30
12Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 57, 672 citas
[16]expresión, como ocurrió en el Ministerio de Hacienda y el DAÑE. Como señala Ríos en su artículo ya citado, "Entre 1990 y 1994 han entrado en receso o han sido liquidados en Colombia cerca de 514 sindicatos", con unos 95.229 afiliados. "Hoy escasamente está sindicalizado el 6% de la población económicamente activa".…p. 57
[46]empresas estatales la inclinación a negociar se vio estimulada por las ventajas que el Estado ofreció a los sin- dicatos para crear fondos de pensiones y competir con ellos en el mercado financiero y de servicios. La fórmula fue: acepten la terminación del antiguo régimen de cesantías y pensiones de jubilación y…p. 67
13¿Es precario el trabajo en Colombia?Mario Eduardo Hidalgo Villota · 2024 · p. 82 citas
[17]que la definición « trabajo precario » 4 es ambigua y multifacética. Tanto en la economía formal como en la informal exis - te trabajo precario con características objetivas (situación legal) y subjetivas (sensación de in - certidumbre e inseguridad). Un trabajo de cor - ta duración, con varios posibles empleadores,…p. 8
[18]que la definición « trabajo precario » 4 es ambigua y multifacética. Tanto en la economía formal como en la informal exis - te trabajo precario con características objetivas (situación legal) y subjetivas (sensación de in - certidumbre e inseguridad). Un trabajo de cor - ta duración, con varios posibles empleadores,…p. 8
14De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 911 cita
[19]marco legal a la defensa que hacían los campesinos de sus propias tierras ante la amenaza de los grupos guerrille- ros, permitiéndoles el porte de armas de uso privativo de las fuerzas armadas a los particulares que hicieran parte como asociados de dichas Cooperativas” (Tribunal Superior del 92 DE LOS GRUPOS…p. 91
15Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2561 cita
[20]contrainsurgencia. Los extensos perio - dos de legalidad, de la que han estado revestidos los grupos de seguridad privada, se constituyen en un factor central de su sostenimiento y supervivencia. Las autodefensas civiles fueron promovidas y declaradas legales durante 27 años, hasta 1989, cuando el gobierno de Virgilio…p. 256
16Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 1191 cita
[21]las víctimas de desaparición forzada, Plaza de Bolívar – Bogotá. Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013. 121 Evolución de la normatividad internacional y colombiana sobre la desaparición forzada 3. Periodo 3: 1995-2002 3.1. Derecho interno 3.1.1. Las Convivir, las medidas contra el secuestro y la tipi fi cación…p. 119
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1051 cita
[22]políticos clandestinos en las ciudades a través de milicias urbanas y acciones de incidencia social y comunitaria desde el Movimiento Bolivariano, proyecto político que las FARC-EP presentaron el 29 de abril de 2000 desde la zona de distensión del Caguán. Alianzas entre narcotraficantes, paramilitares y políticos El…p. 105
18Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2661 cita
[23]Como resultado, los grupos paramilitares terminaron por con fi gurarse en un poderoso actor político, social y militar. Al menos cuatro factores organizacionales fueron fundamen- tales para el despegue y consolidación de la coalición que soportó a los grupos paramilitares en la región: los Comandos Populares y el…p. 266
19Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 73, 1702 citas
[24]de la lucha contra el trá fi co de drogas. Hijo del célebre artista homónimo, Botero era miembro de la élite social de Bogotá; había sido el jefe de campaña del nuevo presidente y había obtenido el apoyo fi nanciero y político de los más ricos y poderosos contribuyentes del Partido Liberal. El presidente terminó por…p. 170
[39]y, además, le exigían a uno el pago de la vacuna (extorsión). ¡La madre! Yo es por eso que nunca dejé sindicatos en mi empresa, así me fue bien. 12 Con el progreso de la producción de banano se desplegó la violencia contra los sindicatos. No se trataba solo de una serie de actos violentos contra los líderes de las…p. 73
20Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 96, 1642 citas
[25]esas organizaciones de la facultad de utilizar armas y les quitó bue- na parte de las funciones de control y vigilancia que habían ejercido debido a la extrema laxitud en su regulación; no fueron debidamente supervisadas ni reguladas por el Estado durante su vigencia a pesar de los fuertes indicios de relación e…p. 96
[35]habiendo generado un fondo de gastos comunes (...). (Juzgado Quinto Penal del Circuito Especializado de Medellín, 2014, 30 de octubre, p. 46) 23 Para garantizar la conformación de dicho triángulo, los paramilitares y empresarios se trazaron como estrategia –además de las amenazas para la venta de los predios– utilizar…p. 164
21Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 141 cita
[26]palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…p. 14
22En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 1361 cita
[27]de mostrar que no todo lo que los empleados de FUNDEPALMA nos decían sobre Candelia era una verdad completa. Caso San Pablo La Floresta es una comunidad relativamente nueva y se ha for- mado alrededor de una hacienda comprada por el INconER para desarrollar un programa de palma campesina con apoyo del Fondo de…p. 136
23Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 4831 cita
[28]la superficie destinada a este cultivo en tan solo 3 años. Gracias a esta evolución “al final del siglo, el país había pasado de ser un importador neto de oleaginosas a ser el quinto productor mundial de aceite palma e incluso a exportar parte de su producción” (Kal- manovitz y López, 2006, página 260). Si bien se ha…p. 483
24Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 931 cita
[29]gral de ciénagas y restauración de la oferta ictiológica en el Mag - dalena Medio, caracterizan el cultivo de la palma en relación con su afectación de los humedales: La palma no se integra en el ambiente existente, lo reem - plaza en el suyo, lo que quiere decir que destruye las especies de fauna y flora que no son…p. 93
25El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 431 cita
[30]Codazzi y el Magdalena Medio" Esta apreciación de Currie, de que un cultivo tras otro hayan bajado de las laderas a las tierras planas, debe ser una expresión figurativa. De hecho, muchos de los cultivos comerciales eran an- tes prácticamente inexistentes o se cultivaban en áreas reduci- das de las planicies. Estos…p. 43
26Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2661 cita
[31]financiamos de las grandes cadenas de producción de la economía como el banano, el plátano, la ganadería. Pero en la región se adquirieron muchas tierras que se dice compraron las autodefensas. La realidad es que se quedaron con ellas los que iban atrás de nosotros ‘palmoteándonos’” (Urabá Hoy N o 34, abril 2006;…p. 266
27Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1641 cita
[32]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…p. 164
28Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 1641 cita
[33]narcoparamilitar Freddy Rendón Herrera, alias 'el alemán' afirmo: «…necesitamos una gran revolución agraria que nos involucre». Por su parte la revista semana en una de sus entrevistas al temido cabecilla Vicente Castaño, alias 'el profe' —prófugo de la justicia y quien se pasea como Pedro por su casa en toda la Costa…p. 164
29La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 143, 1472 citas
[34]llevaba calculadora y vio que se podía aprovechar ese nicho. Entonces en ese caso llegaron los Argote, los Freigne Ochoa, los Sierra, los Ló- pez, los Ríos. Mucha gente compró cientos de hectáreas en esa zona 27. León García, Juanita, "El paso de! alemán", entrevista a Juan Rodrigo García, vocero político para e!…p. 143
[37]secreto a voces que es un proyecto suyo que alcanzado entrará a nivelarse con cualquier emporio de los del estableci- miento, incluso promoverá su crecimiento a unas 70 ó 100 mil hectáreas como uno de los muchísimos proyectos que habrá en el pos conflicto. Es este tipo de inversiones las que se nego- cian en los…p. 147
30La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 266, 3882 citas
[36]dos sectores: por un lado, las em- presas de palma de aceite o palma africana. Por otro, los grandes cultivos industriales de banano. Respecto a la dinámica de la palma, esta estructura paramilitar encontró tres focos importantes de colaboración forzada y volun- taria: i) en el norte del Cesar, en especial en el…p. 388
[40]Por lo tanto, el sindicato de las empresas ubicadas en estos lugares de vocación productiva bananera quedó en medio del control de los paramilitares que operaban en la región. Como forma de ejercer dicho control, en connivencia con los grandes propietarios, se procuró suprimir todo tipo de organizaciones sindicales…p. 266
31Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5581 cita
[38]principal marco de desarrollo de las organizaciones sindicales agrarias ha sido la agricultura exportadora. Las primeras organizaciones surgieron en las haciendas cafetaleras, en particular a partir de la segunda década del siglo xx; 5 Entrevistas a trabajadores de la industria de la caña de azúcar, afiliados a los…p. 558
32At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 189, 2152 citas
[41]radical elements within the union movement, in the electoral arena, and on the battle fi eld. The Liberal party had regained its stronghold over departmental, county executive, and county council positions while the Patriotic Union and E.P.L. either fl ed for safety or succumbed to paramilitary terror. SINTRAINAGRO,…p. 215
[42]1977. In 1979, SINTRABANANO attempted to regroup, but the military was called in to occupy a banana plantation and the workers were forced to sign, what was widely regarded as, an “ employer-imposed ” collective bargaining pact. Another planta- tion owner offered the union representative a bribe of roughly US $ 1,000…p. 189
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1201 cita
[43]defensa de la vida e integridad física y mental de los trabajadores sindicalizados. La violencia también aceleró los procesos de recambio en las directivas sindicales, a donde llegaron liderazgos sin la experiencia y madurez necesaria, aunque comprometidos y decididos a continuar sus luchas y resistencias. Las…p. 120
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1231 cita
[44]intereses de numerosos campesinos trabajadores de agroindus- trias en sectores como el bananero, floricultor, caficultor y de la palma aceitera. Esta organización, caracterizada por su cercanía a las apuestas sociales y gremiales del Partido Comunista, al igual que por su apoyo a las movilizaciones, paros y exigen-…p. 123
35La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1401 cita
[45]gente de Colombia es muy emprendedora. Aquí no solo hay el «busque», sino también el «rebusque». Pero la policía lo perseguía también en el refugio. Entonces no aguantó más y regresó. Los paramilitares volvieron tras él. Desde allí escribía, porque hay lazos que una vez se hacen no hay tiempo ni distancia que pueda…p. 140