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Hecho histórico · Estados Unidos de Colombia · 1863–1885

La colonización antioqueña y la fábrica del pionero (1870–1880)

Entre 1870 y 1880, la frontera agrícola antioqueña avanzó sobre la Cordillera Central y las laderas del Valle del Cauca impulsada por presión demográfica, capital comercial y legislación de baldíos; simultáneamente, élites e intelectuales construyeron el mito del pionero blanco, católico y laborioso que ocultó el despojo, el trabajo subalterno y la arquitectura estatal del proceso.

La colonización antioqueña y la fábrica del pionero (1870–1880)
1870–1880
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1870–1880
Dónde
Antioquia, Manizales, Rionegro, Caldas, Quindío, Tolima, Valle del Cauca, Cauca, Medellín, Cordillera Central, Cordillera Occidental, Sonsón
Protagonistas
Marco Palacios, Colonos campesinos antioqueños, Compañías colonizadoras medellinenses, Mazamorreros, Burguesía comercial de Medellín y Rionegro, Iglesia católica en Antioquia, Partido Conservador antioqueño, Congreso de Colombia, Frank Safford, James Parsons, Catherine LeGrand, Nancy Appelbaum
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Presión demográfica estructural en las zonas de origen (Rionegro, Marinilla): la tasa de crecimiento anual de Antioquia entre 1843 y 1912 fue del 2,6 %, el doble que la de Santander, y los hijos sin herencia debían migrar al sur para constituir nuevas unidades económicas, repitiendo el ciclo generación tras generación.
  2. Acumulación de capital comercial por la burguesía medellinense a partir de la minería mazamorrera: los mazamorreros —cuatro quintas partes de los 15.000 mineros antioqueños, un tercio mujeres— extrajeron una cuarta parte del oro exportado por Antioquia, pero ese capital se concentró en comerciantes y rescatantes que lo reinvirtieron en compañías colonizadoras y concesiones de tierra.
  3. Legislación de baldíos asimétrica: entre 1847 y 1914 el Congreso hizo concesiones de hasta 12.000 hectáreas a más de veintinueve poblaciones en Caldas y Tolima; el Decreto 832 de 1884 —que compiló las Leyes 61 de 1874 y 48 de 1882— exigía al adjudicatario de menos de 200 hectáreas explotar el 40 % del terreno, mientras que el concesionario de 3.001 a 5.000 hectáreas solo debía explotar el 10 %, blindando el latifundio improductivo.
  4. Interés de comerciantes medellinenses en productos de exportación como el café, que requería tierras de piso térmico templado disponibles en las laderas de la Cordillera Central y Occidental, y voluntad política conservadora de extender jurisdicción sobre territorios en disputa con el Cauca liberal.
1870–1880La colonización antioqueña y la fábrica del pionero (1870–1880)

Consecuencias

  1. Formación de una estructura agraria bimodal: minifundio en tierras altas, sistema mixto en laderas y latifundios en llanuras, patrón que según las fuentes aún caracterizaba el sistema de producción rural colombiano en el siglo XX, con proliferación de conflictos por la tierra de larga duración.
  2. Desplazamiento del peso demográfico nacional hacia el sur-occidente: la participación de Antioquia, el antiguo Caldas, Valle, Cauca, Chocó y Nariño en la población nacional creció del 22 % a finales del siglo XVIII al 30 % hacia 1870, mientras la costa atlántica y el oriente perdían participación relativa.
  3. Consolidación del mito del pionero antioqueño como doctrina racial y moral: textos del período describían al tipo antioqueño como el más bello de la República y proclamaban su superioridad racial, narrativa que la historiografía del desarrollo —incluida la lectura de Safford— recodificaría después en clave culturalista, atribuyendo el éxito regional a un ethos antes que a capital, ley o despojo.
  4. Invisibilización del trabajo subalterno femenino y mestizo: al codificar la fecundidad como virtud bíblica y el desmonte como épica masculina, el discurso del pionero borró el trabajo de las mujeres en la parcela y la reproducción del frente, así como el papel de mazamorreros y colonos sin título en la acumulación regional.
  5. Litigios y violencia por tierras: las concesiones del Congreso coexistieron con frecuentes conflictos entre reclamos coloniales previos y nuevos adjudicatarios; en zonas próximas a ferrocarriles como Yolombó en la década de 1890, los empresarios buscaron expulsar activamente a los colonos para apropiarse de la valorización del suelo.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

La colonización antioqueña de 1870–1880 es el momento en que se funden dos procesos inseparables: la expansión material de una frontera agrícola con consecuencias estructurales sobre la propiedad rural colombiana hasta el siglo XX, y la fabricación de un mito racial y moral que ocultó la arquitectura estatal del despojo y el trabajo no remunerado de mujeres, mazamorreros y colonos sin título. Entender ese doble proceso desmonta la lectura culturalista —la laboriosidad como causa del éxito regional— y revela en cambio una combinación de presión demográfica, capital acumulado por extracción minera y legislación asimétrica de baldíos. La ficha importa porque los conflictos agrarios, la desigualdad rural y las narrativas de excepcionalidad regional que ese período instituyó no son herencia del pasado sino condiciones activas del presente colombiano.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

La colonización antioqueña y la fábrica del pionero (1870-1880)

Entre 1870 y 1880, la frontera agrícola antioqueña bajaba por las estribaciones de la Cordillera Central y se derramaba sobre las laderas orientales de la Cordillera Occidental, empujada por hachas, familias jóvenes y el humo constante de las tumbas de monte. Al mismo tiempo, en las imprentas de Medellín y en los memoriales enviados a Bogotá, se fabricaba otro producto: la figura del pionero antioqueño. Blanco, laborioso, católico, casado por la Iglesia, padre de familias numerosas, dueño por derecho propio de las tierras que desmontaba. Esa doble producción —de parcelas y de discurso— es el objeto de este artículo. La colonización fue un proceso material verificable, con sus rutas, sus cifras y sus víctimas; la excepcionalidad antioqueña, en cambio, fue un artefacto ideológico que tomó tendencias reales y las recodificó en clave racial y moral, ocultando la arquitectura institucional del despojo y el trabajo no remunerado de quienes hicieron posible la frontera. El ciclo 1870-1880 solo se comprende leyendo ambos planos a la vez, y desmontando la lectura culturalista que la historiografía anglosajona del desarrollo consagraría después.

El mundo del que brota la frontera

La colonización que en 1870 avanza sobre lo que después será Caldas, Quindío, norte del Tolima y el Cauca Medio no empieza en esa década. Viene rodando desde finales del siglo XVIII, cuando aventureros del oriente antioqueñoRionegro, Marinilla— comenzaron a moverse hacia el sur sobre tierras que la Corona había concedido a Felipe Villegas. Un memorial de 1789 dirigido al gobernador de la Provincia ya registra la queja que sería el motor sordo del proceso durante siglo y medio: la escasez de tierras y la extrema pobreza en las zonas de origen. De ahí salió el primer flujo hacia Sonsón; de Sonsón, hacia Abejorral y Aranzazu; y así, en cascada, hasta que a mediados del siglo XIX el frente estaba en Salamina y avanzaba sobre Manizales, fundada en el filo entre lo antioqueño y lo caucano.

La demografía sostenía el empuje. Entre 1843 y 1912, Antioquia creció al 2,6 % anual, frente al 1,6 % del promedio nacional y al 1,3 % de Santander. La participación del sur-occidente colombiano —Antioquia, el antiguo Caldas, Valle, Cauca, Chocó y Nariño— en la población nacional pasó del 22 % a finales del siglo XVIII al 30 % hacia 1870, mientras la costa atlántica caía del 16 % al 12 % y el oriente del 53 % al 50 %. El diferencial no obedecía tanto a una fecundidad prodigiosa —aunque el estereotipo la exagerara con datos de matrimonio católico, madres jóvenes y familias numerosas— cuanto a una mortalidad menos brutal: menos paludismo endémico, menos uncinariasis, condiciones de nutrición y salubridad relativamente mejores que las de otras regiones. Ese excedente de brazos jóvenes, sin tierra propia en Rionegro ni en Marinilla, era el combustible de la frontera.

La otra herencia decisiva era la minería. En el período de máximo empleo del siglo XIX, unos 15.000 mineros de oro trabajaban en Antioquia, y cuatro quintas partes eran mazamorreros: descendientes de esclavos o mestizos huidos de los sistemas onerosos de la agricultura de tierras altas, cerca de un tercio mujeres, que lavaban aluviones con bateas de madera talladas a mano, prácticamente sin capital ni maquinaria. Ellos extrajeron una cuarta parte del oro exportado por Antioquia durante el siglo. Pero ese oro no produjo un nivel de vida generalizado: se concentró en manos de los comerciantes y rescatantes de Medellín y Rionegro, que acumularon el capital con el que en 1870 estaban ya organizando compañías colonizadoras, comprando concesiones, financiando arrías de bestias y semillas. La minería mazamorrera fabricó el capital de la burguesía antioqueña sin enriquecer a quienes lo extrajeron; la colonización repetiría el patrón con la tierra.

Encima de todo eso corría la frontera política. El Estado Soberano de Antioquia era conservador y católico; el del Cauca, liberal. La línea entre ambos —que atravesaba justamente las zonas hacia donde bajaba la colonización— era escenario de tensiones militares, étnicas y partidistas que se agudizaron con las guerras civiles del último tercio del siglo. Poblar el sur no era solo abrir monte: era anexar territorio a una jurisdicción, imponer un cura, cambiar un padrón electoral.

El avance: rutas, cifras, mecánica

La década de 1870 encuentra la frontera en pleno movimiento. Sobre la Cordillera Central, los colonos bajan hacia el sur en un patrón autogenerado con lógica biológica: una familia desmonta una parcela, la parcela alimenta a la primera generación, pero al llegar los hijos a la edad de constituir hogar propio la unidad es insuficiente, y los hijos migran más al sur —o hacia el occidente, ladera abajo del Valle del Cauca, o al oriente, sobre las vertientes que caen al Magdalena— a repetir el ciclo. Cada generación empuja el frente unas jornadas más allá. No hay un plan, hay una mecánica.

Sobre esa mecánica se monta una arquitectura jurídica. Entre 1847 y 1914, el Congreso de la República hizo concesiones de tierras baldías —del orden de 12.000 hectáreas cada una— a más de veintinueve poblaciones en los territorios que hoy corresponden a Caldas y Tolima. La cifra suele pasar inadvertida en el relato canónico y es decisiva: la frontera no fue solo obra del hacha del colono, fue obra del Congreso, que dispuso de baldíos con una generosidad selectiva, muchas veces por encima de reclamos coloniales previos y de ocupaciones de facto. La legislación sobre baldíos del siglo XIX se compendió en el Decreto 832 de 1884, que recogió lo dispuesto por las Leyes 61 de 1874 y 48 de 1882, y estableció una asimetría reveladora: el adjudicatario de menos de 200 hectáreas debía explotar el 40 % del terreno, mientras que el concesionario de entre 3.001 y 5.000 hectáreas solo estaba obligado a explotar el 10 %. La ley pedía al pequeño lo que dispensaba al grande. El latifundio improductivo quedaba blindado por la norma.

En las zonas próximas a los trazados ferroviarios el mecanismo se hacía francamente excluyente. Cuando en la década de 1890 el ferrocarril Medellín-Puerto Berrío tocaba tierras baldías en Yolombó, los empresarios buscaban expulsar a los colonos para apropiarse de la valorización del suelo que traía el riel. La política de baldíos podía estimular la colonización campesina o la inversión capitalista según conviniera, y en las zonas donde la valorización era previsible optaba por la segunda.

Los actores del avance eran más variados de lo que la mitología admite. Estaba, primero, el colono campesino, casi siempre un hijo segundo o tercero sin herencia, que salía con su mujer, un par de bueyes prestados, semillas y el título dudoso de una manga en el monte. Estaban las compañías colonizadoras —comerciantes medellinenses organizados como empresa— que reclamaban derechos sobre extensas concesiones y protagonizaron choques violentos con los colonos que las ocupaban. Estaba, en la fase de fundación de Neira y Manizales, la élite antioqueña que aportaba créditos, bestias de carga, semillas, herramientas y ganado, y sobre todo el músculo político-institucional para conseguir la titulación en Bogotá. Y estaba, siempre, el Estado —el de Antioquia o el central— cuyo apoyo era condición para la titulación jurídica y para la mediación en litigios que a menudo terminaban en violencia física.

Las condiciones materiales del frente eran duras. Los colonos vivían en chozas, cocinaban con leña en fogones rústicos, la alimentación era escasa. La casa de teja y tapia era patrimonio de la hacienda y de la familia pudiente; el colono habitaba un rancho de pajas, y esa precariedad —que el mito luego traduciría en épica— era la textura cotidiana del proceso.

Las causas: estructura y detonante

Lo estructural y lo coyuntural la mitología los confunde adrede, y hay que separarlos.

Lo estructural son tres capas. Primero, la presión demográfica antioqueña, sostenida durante todo el siglo XIX y particularmente aguda en las viejas zonas de poblamiento del oriente: sin nuevas tierras, la generación joven no podía constituir hogar. Segundo, el capital acumulado por la burguesía comercial de Medellín y Rionegro a partir de la minería mazamorrera y del comercio de importación, capital que hacia 1870 buscaba colocación productiva y encontró en la tierra —comprada como concesión, subdividida, revendida— un vehículo excelente. Tercero, la legislación de baldíos, que desde mediados de siglo abrió una vía de acceso a la tierra pública que favorecía tanto la especulación empresarial como, en menor grado y con más fricciones, la ocupación campesina. Sobre esas tres capas se apoyaba todo lo demás.

Lo coyuntural son los detonantes de la década de 1870. La consolidación de los Estados Soberanos había estabilizado —al menos formalmente— jurisdicciones y garantías; el interés de comerciantes medellinenses por productos de exportación como el café empujaba a buscar tierras de piso térmico templado; los precios internacionales de ciertos productos volvían atractiva la conversión de monte en cafetal. Y estaba, como cuña política, la voluntad conservadora antioqueña de extender su jurisdicción sobre territorios en disputa con el Cauca liberal: cada nueva parroquia era, además de un mercado, un voto y una parroquia.

La mitología del pionero opera precisamente en la sutura entre lo estructural y lo coyuntural. Sustituye la explicación económica e institucional por una explicación caracterológica: no fue la ley de baldíos, no fue el capital comercial, no fue la presión demográfica; fue la laboriosidad del antioqueño. Al hacerlo, invisibiliza tres cosas: la arquitectura estatal que hizo posible el proceso, el trabajo de los actores subalternos —mazamorreros, mujeres, colonos sin título— y el conflicto por la tierra que fue constitutivo del avance.

La fabricación del pionero

La construcción discursiva de la excepcionalidad antioqueña no es un subproducto tardío del proceso: es contemporánea de él. Entre 1870 y 1880, mientras las hachas trabajan en las laderas, las plumas trabajan en Medellín, y ambas producen algo indispensable para la otra.

El primer operador del discurso es la raza. Un observador externo describió al hombre de la región como emigrante sin gran apego al terruño y señaló que su tipo físico tenía más semejanza con el de los habitantes de las provincias vascongadas que con ningún otro grupo peninsular —aclarando, con honestidad, que los apellidos dominantes no correspondían con los del señorío de Vizcaya. Ese vínculo con lo vasco, cierto o inventado, servía a un propósito: dotar al antioqueño de una genealogía europea distinta y superior, que lo distanciara del mestizaje caucano o costeño. Los textos de la época describían al tipo antioqueño como "quizás el más bello tipo de la República", y esa observación estética funcionaba como puente hacia una afirmación moral: la belleza física era signo de virtudes interiores. Décadas después, el argumento se llevaría al extremo en publicaciones que proclamaban la superioridad racial del pueblo antioqueño y pronosticaban la "antioqueñización" del país mediante la expansión colonizadora y la asimilación de extranjeros. El mito era ya, en ese momento, doctrina.

El segundo operador es el paisaje. Las montañas antioqueñas —transformadas efectivamente por el trabajo de desmonte, siembra y arriería— fueron representadas como espejo del carácter del pueblo que las habitaba. Se invertía el determinismo habitual, según el cual el medio moldea al hombre: aquí el hombre moldeaba el medio, y esa capacidad de dominar la naturaleza era prueba de su superioridad. El paisaje cafetero —terrazas, cafetales, arrieros, mulas— se leía como autobiografía colectiva.

El tercer operador es el religioso-familiar. Lo católico funcionaba como distintivo antioqueño en dos frentes. Hacia adentro, la fecundidad se atribuía al matrimonio católico —descrito como más estable que las uniones libres que se suponía dominaban en las costas—, a las madres jóvenes y a las familias numerosas. Se dibujaba así una feminidad bíblica: la mujer antioqueña como esposa, madre prolífica, guardiana del hogar y del rosario, cuyo trabajo doméstico, alimentario, de crianza y de acompañamiento al frente colonizador desaparecía como trabajo justamente porque se codificaba como virtud natural y deber sagrado. Que un tercio de los mazamorreros fueran mujeres, que el desmonte y la siembra dependieran del trabajo femenino en la parcela, que la reproducción biológica y social del frente descansara en cuerpos de mujeres jóvenes que parían, criaban y enterraban hijos sin contabilidad alguna, no cabía en el retrato. Hacia afuera, la Iglesia antioqueña tenía en Medellín una presencia más marcada que en otras ciudades del interior, tanto en la cultura popular como más tarde en las fábricas, y el Partido Conservador fue mayoritario en la región hasta mediados del siglo XX. Esa combinación permitió tender un puente cultural entre empresarios y trabajadores que compartían ética del trabajo, religiosidad y costumbres: en las primeras generaciones no había una diferencia marcada entre patrón y obrero, y la Iglesia funcionaba como articulador de esa comunidad imaginada.

El cuarto operador es el ético-económico. La mentalidad burguesa y la ética del trabajo atribuidas a los antioqueños se presentaban como un desarrollo endógeno funcionalmente equivalente a la ética calvinista weberiana, surgido en el aislamiento político-económico de la región. La analogía tiene fuerza retórica —convierte a los antioqueños en los calvinistas del trópico— y ha resultado enormemente influyente; pero opera, cuando se la usa sin matiz, como coartada para atribuir el éxito regional a un espíritu antes que a un capital, a un ethos antes que a una ley de baldíos.

El resultado combinado de estos cuatro operadores es una narrativa cerrada: la colonización fue empresa de una raza superior, moldeadora del paisaje, sostenida por una moral católica que producía familias numerosas y estables, dotada de una ética del trabajo autogenerada. La narrativa borró tres presencias molestas: la de los colonos no antioqueños que también poblaron el sur, la de los mazamorreros mestizos que financiaron con oro el capital comercial, y la de los pueblos indígenas y ocupantes previos desplazados por concesiones parlamentarias.

Del mito local a la teoría del desarrollo

Que un discurso de autolegitimación regional acuñado en 1870 sobreviviera en la memoria local es esperable. Que se convirtiera en teoría académica internacional del desarrollo no lo es, y ahí está el problema.

La lectura anglosajona canónica —cristalizada por la geografía cultural norteamericana de mediados del siglo XX— hizo del avance antioqueño una "frontera de colonización" leída al modo de las tesis de Turner sobre el Oeste estadounidense: una ética particular del trabajo, un tipo humano modelado por el desafío del monte, una democracia rural de pequeños propietarios. Los informantes locales aportaban los materiales; el geógrafo extranjero los certificaba con trabajo de campo, informes gubernamentales y publicaciones periódicas. Trabajo empírico sólido, marco interpretativo prestado del mito. La mitología del pionero entró en la historiografía por la puerta grande, sin que sus fuentes fueran objeto de sospecha suficiente.

Otra línea, más productiva, aportó el dato que descoloca el mito: el oro antioqueño no creó un nivel de vida alto generalizado, sino que benefició principalmente a los comerciantes y rescatantes de Medellín y Rionegro, quienes acumularon capital, mientras los mazamorreros no se enriquecieron. Esa observación abre una grieta en el relato igualitario, porque desplaza el foco desde el pionero virtuoso hacia el comerciante acumulador. Y sin embargo, incluso esa historiografía correctora quedó atrapada en la pregunta misma —¿por qué los antioqueños?— que asume la excepcionalidad como fenómeno a explicar antes que a problematizar. Formular la pregunta en esos términos es aceptar buena parte del mito: implica que hay algo genuinamente distinto en los antioqueños que exige explicación cultural, ética o racial, y no algo distinto en las condiciones ecológicas, demográficas e institucionales que operaban sobre ellos. A eso se sumaba la ausencia de perspectiva comparativa internacional, que habría permitido ver frentes de colonización análogos en otras latitudes sin ninguna raza vasca de por medio.

La crítica más incisiva vino después, de la mano de los estudios sobre colonización campesina que documentaron los conflictos entre colonos y terratenientes y desmontaron la idea de que los grandes propietarios hubieran controlado pacíficamente a los campesinos: la frontera fue un espacio de choque, no de armonía. Las quemas de rancho, las expulsiones, los pleitos judiciales trucados estaban ahí, y la ausencia de revueltas campesinas espectaculares no significaba ausencia de violencia. La estructura agraria resultante, además, no fue igualitaria sino estratificada: minifundio en tierras altas, sistema mixto de producción en laderas y latifundio en llanuras, patrón que persistió durante todo el siglo XX. La identidad regional del antiguo Caldas, por su parte, se construyó como identidad "blanca" en oposición al Cauca "negro" e indígena, con efectos de larga duración sobre el racismo colombiano contemporáneo. Y desde flancos marxistas se opuso al culturalismo la insistencia en la estratificación de clases y los conflictos estructurales que el relato del pionero ocultaba.

Consecuencias: café, política, fragmentación regional

El ciclo 1870-1880 tuvo consecuencias inmediatas y consecuencias de largo plazo, y hay que distinguirlas.

Inmediatas: la fundación y consolidación de un rosario de poblaciones —Salamina, Aranzazu, Manizales, Neira, más tarde las del Quindío— que reconfiguraron el mapa demográfico y político del centro-occidente colombiano; el desplazamiento efectivo del eje poblacional del país hacia el sur-occidente; la incorporación de nuevas tierras a la producción agrícola comercial; y la exacerbación del conflicto bipartidista en las zonas fronterizas entre Antioquia conservadora y Cauca liberal, con violencias que se prolongarían durante décadas.

De largo plazo, tres consecuencias merecen detenerse.

La primera es cafetera. En 1874, el 90 % de la producción cafetera colombiana —estimada en 114.000 sacos— provenía de Santander; el café era un cultivo de la Cordillera Oriental. La colonización antioqueña sentó las bases para el desplazamiento del eje productivo hacia el occidente, aunque los efectos plenos solo se sintieron en la segunda década del siglo XX. Para 1932, cuando se levantó el primer censo cafetero, Antioquia y el Viejo Caldas aportaban el 47 % de la producción nacional. Y —esto es crucial— lo hacían con una estructura predominantemente de pequeñas y medianas unidades productivas familiares, en contraste con el régimen de haciendas que había caracterizado la expansión cafetera del siglo XIX en Cundinamarca, Santander y la propia Antioquia oriental. En Cundinamarca y Tolima predominó el latifundio cafetero con arrendamiento precapitalista; en Antioquia coexistió latifundismo con campesinado parcelario bajo sistema de agregados; en Santander, aparcería. El café colombiano se hizo, por esta vía, un café de propietarios pequeños y medianos, y esa estructura tuvo consecuencias económicas mayores —retención interna del excedente, distribución más amplia de las divisas cafeteras, mercado interno más denso— que distinguen a Colombia del Brasil de las grandes plantaciones o de las repúblicas centroamericanas de enclave. La colonización antioqueña, aun con todos sus conflictos y todas sus jerarquías, produjo efectivamente esa tendencia. El mito la exagera; los hechos la registran.

La segunda es política. Las guerras civiles del último tercio del siglo XIX barrieron los proyectos liberales, centralizaron férreamente las regiones y abolieron las aduanas y pontazgos internos que obstaculizaban el tráfico interestatal, igualando los regímenes jurídicos, comerciales, aduaneros y tributarios de los antiguos Estados Soberanos. En 1905, bajo el gobierno conservador de Rafael Reyes, se creó el departamento de Caldas a partir de territorios segregados de Antioquia y Cauca; sus límites se ajustaron por anexiones hasta 1912 y se mantuvieron hasta la segregación de Quindío y Risaralda en 1966. Caldas fue, literalmente, el departamento nacido de la colonización, y su territorio consagró la conquista antioqueña sobre lo que había sido jurisdicción caucana. La violencia bipartidista, que allí tuvo desde el origen mismo del departamento una intensidad particular por la confluencia de liberales caucanos y conservadores antioqueños, es hija directa de ese proceso.

La tercera es cultural. La cercanía entre empresarios y trabajadores en Medellín —que compartían religión, ética del trabajo y costumbres— facilitó, durante décadas, la conformación de un mundo laboral con menor distancia patrón-obrero que en otras regiones, mediado por la Iglesia católica y por el Partido Conservador. Ese modelo, celebrado en su momento como armonía social, fue también un dispositivo de control ideológico eficaz, que retrasó la formación de una conciencia de clase autónoma y de un sindicalismo combativo en la industria antioqueña. La feminidad bíblica del mito colonizador tuvo su prolongación urbana en la obrera antioqueña —la operaria textil de Fabricato o Coltejer— sometida a regímenes disciplinarios de tinte religioso que en buena medida derivaban del imaginario forjado en la frontera.

Por qué sigue importando

Un siglo y medio después, la colonización antioqueña 1870-1880 sigue operando en el país en dos planos.

En el plano estructural, la estructura agraria que dejó —minifundio de ladera, latifundio de llanura, sistema mixto intermedio— es todavía reconocible en el mapa rural colombiano, y las tensiones que la atraviesan alimentan los conflictos por la tierra que forman parte de la vida nacional. La legislación de baldíos del siglo XIX, con su asimetría entre grandes y pequeños adjudicatarios, instaló una estructura bimodal de la propiedad que el Estado colombiano estimuló y consintió desde la independencia, y que institucionalizó una desigualdad rural cuyas secuelas se siguen litigando.

En el plano simbólico, la mitología del pionero es una de las gramáticas identitarias más eficaces que ha producido Colombia. Ha nutrido el paisaje literario, la publicidad turística, la autoimagen empresarial paisa, la explicación popular del "por qué Antioquia es diferente". Su fuerza no se explica solo por su elaboración ideológica; se explica también porque tomó tendencias reales —el avance efectivo de la frontera, el diferencial demográfico, la estructura de pequeña propiedad cafetera, la acumulación mercantil medellinense— y las tradujo en un relato coherente y emocionalmente eficaz. El mito no fue pura invención: fue distorsión selectiva, con base material suficiente para resultar creíble.

Desmontarlo no consiste en negar la colonización, ni en negar sus efectos, ni en igualar Antioquia con las demás regiones a fuerza de simetría militante. Consiste en devolver al proceso su arquitectura completa: las concesiones parlamentarias que lo hicieron posible, los mazamorreros mestizos que aportaron el capital, las mujeres cuya reproducción biológica y social lo sostuvo, los colonos no antioqueños que también empuñaron el hacha, los indígenas y ocupantes previos desplazados, las compañías colonizadoras que combinaban fomento y expolio, y los conflictos violentos que la mitología pastoral silenció. En esa restitución, el pionero antioqueño no desaparece: aparece por primera vez a tamaño natural, con las manos partidas y el título discutible, mientras a mil kilómetros de su rancho de pajas el Congreso adjudica, en una tarde, doce mil hectáreas más.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

34 documentos · 48 fragmentos
01Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 241 cita
[1]resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…p. 24
02Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 2001 cita
[2]Central, en donde se encontraron con las grandes migraciones rumbo al corredor antioqueño que ya llevaba en proceso más de cien años. La movilización de los antioqueños se había iniciado muchas décadas antes de la Independencia, huyendo de la hambruna, las sequías y la sobrepoblación de las zonas montañosas de los…p. 200
03Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 309, 3462 citas
[3]Después de la primera fase de la colonización siguió un proceso autogenerado, consistente en que la parcela primeramente desmontada servía por un tiempo para albergar y dar trabajo a la familia, pero luego, al crecer esta, se tornaba insuficiente y algunos hijos se marchaban cada vez más hacia el sur a constituir su…p. 309
[36]jornales implicó un mercado amplio y propicio, que sirvió de base para que en la región surgiera una industria productora de bienes de consumo. En síntesis, la producción de oro en Antioquia creó condiciones propicias para que con otros elementos se diera una industria. El mercado se amplió, se adquirieron…p. 346
04La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 8, 132 citas
[4]antioqueñas aun más allá de Popayán, en las tierras volcá- nicas de Moscopán en el Huila y en los declives de la cordillera de Bogotá. La colonización más reciente se ha realizado en las franjas septentrionales del territorio antioqueño, hacia el Chocó, las tierras del Sinú y el valle del río Nus; pero la región…p. 13
[33]ha escogido a Medellín (y a Antioquia) como uno de los ejemplos principales. Los marxistas también se han lanzado a los estudios antioqueños, mas ponen el acento en la estratificación de clases y los consiguientes conflictos, negándose a llegar al nivel de la acción humana individual y de las configuraciones…p. 8
05Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1531 cita
[5]las reivindicaciones de negros y mulatos. Por esto, las formas de discriminaci ó n racial, mantenidas con severidad en la “ sociedad ci vil ” — no hab í a curas negros, ni estaban en los colegios elegantes, ni pod í an entrar a los clubes sociales, ni eran admisibles como pareja matrimonial de los blancos — se…p. 153
06Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 201 cita
[6]% anual a fines del siglo xix y en los albores del siglo xx. Es interesante hacer la comparación entre las tasas demográficas de los distintos estados soberanos que cons- tituyeron los Estados Unidos de Colombia durante el siglo 21 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois xix, pues refleja las disparidades en el…p. 20
07Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2061 cita
[7]bastante altas cuando se comparan con las cifras contemporáneas de otros países. La alta natalidad dependía en parte de la ausencia casi total de medidas de control de los nacimientos, y en parte de una elevada frecuencia de las uniones tempranas. No existen estudios que permitan comparar estos aspectos entre…p. 206
08La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 691 cita
[8]la vista del investigador a medida que se va inter- nando en el interesante mundo de los archivos locales. Un memorial dirigido al gobernador de la Provincia, con fecha de 27 de agosto de 1789, es muy elocuente y preciso sobre este particular. Dice así, en su parte pertinente: Nosotros, los suscritos vecinos de la…p. 69
09Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 5301 cita
[9]detalle, aún subsiste. La continuidad del poblamiento no implicaba la homogeneidad de la población. Al contrario, en la faja oriental, sobre el fondo de raza indígena, se marcaban más y más claramente las diferencias locales. Y aunque los grupos entraban ya en contacto sobre frentes anchos, no se compe- netraban y…p. 530
10Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 8, 3612 citas
[10]1870, la mitad de la población residía en el oriente colombiano (Santanderes, Bo- yacá y Cundinamarca); el 30 % en el sur-occidente, en lo que hoy son los departamentos de Antioquia, antiguo Caldas, Valle, Cauca, Chocó y Nari- ño; el 8 % en el centro (Tolima y Hui- la) y el 12 % en la costa atlántica. Pese al notorio…p. 361
[41]que se han adoptado aquí para la subdivisión cronológica del tema. De hecho, en sus comienzos en las últimas décadas del siglo XIX, la expan- sión cafetera se asentó sobre un régimen de haciendas, principalmente en el occi- dente de Cundinamarca, los Santande- res, Antioquia y en menor medida el Valle del Cauca. Sin…p. 8
11Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 114, 1344 citas
[11]apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…p. 114
[12]apropiación de la tierra por parte de nuevos terratenientes se iba haciendo relativamente más moderada, como sucedió en las regiones de Caldas y Quindío, con excepción del valle de Risa- ralda que es también ocupado en grandes extensiones. Uno de los enfrentamientos más espectaculares entre los colo- nos y los grandes…p. 114
[47]la capacidad de las haciendas para reclutar arrendatarios bajo las 75 Alvaro Tirado Mejía, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, Biblio- teca Básica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1976, pp. 37 y ss. 138 ECONOMÍA Y NACIÓN muchas veces fallida garantía de que los latifundistas…p. 134
[48]la capacidad de las haciendas para reclutar arrendatarios bajo las 75 Alvaro Tirado Mejía, Aspectos sociales de las guerras civiles en Colombia, Biblio- teca Básica Colombiana, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1976, pp. 37 y ss. 138 ECONOMÍA Y NACIÓN muchas veces fallida garantía de que los latifundistas…p. 134
12Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 40, 482 citas
[13]mayor la porción de explotación en cul- tivo o ganados que el adjudicatario debía demostrar para adquirir el título de propiedad. Así pues, mientras los adjudicatarios de bal- díos inferiores a 200 hectáreas debían explotar el 40 por ciento del terreno, los concesionarios de 3.001 hasta 5.000 hectáreas estaban…p. 40
[17]uno por cien- to al 7 por ciento. 49 Asignación de tierras y evolución de la propiedad agraria en Colombia En resumen: el reconocimiento de los derechos de propiedad a los cultivadores de tierras baldías se expresó en el crecimiento de las adjudicaciones de menos de 500 hectáreas y el decreci- miento relativo de las…p. 48
13Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 89, 1472 citas
[14]trazado de ferrocarriles, los territorios anteriormente vacantes atraían simultáneamente tanto a especuladores como a colonos. En esos sectores los empresarios orientaban sus principales esfuerzos a la adquisición de derecho sobre la tierra per se, la cual, gracias a su localización privilegiada, podía, al venderse,…p. 147
[15]Consecuentemente, estos eran los rasgos propios de la Colombia de esa época: fronteras altamente esparcidas, una economía exportadora que se desa- rrollaba en las vertientes de las montañas y en las tierras bajas, y una política de tierras que estimulaba tanto la inversión capitalista como la colonización campesina en…p. 89
14Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 581 cita
[16]el manejo del problema de tierras y baldíos se con figuró una estructura institucional en la que compartían responsabilidades varias instancias del Ejecutivo, generando una descoordinación y confusión, que en algunos casos condujo a serios conflictos entre empresas beneficiarías de concesiones de tierras baldías. 5 6…p. 58
15Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 348, 3682 citas
[18]de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura altamente móvil con el fin de aprovechar los…p. 348
[45]todo el período que va de 1932 a 1955 la propiedad en la producción cafetera colombiana también estaba diseminada y que existían grandes cantida des de fincas familiares operadas por sus propietarios. De cualquier modo, la trayectoria histórica de la producción cafetera en Colombia durante estas décadas condujo a tal…p. 368
16La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1311 cita
[19]la presión refor- mista del grupo de comerciantes medellinenses establecidos en compañías colonizadoras y constructoras de caminos, como los que en 1835 eran dueños del extenso territorio de Caramanta (J. Parsons, 1949, pp. 85-95). A estos comer- ciantes, empr e sarios y contratistas les interesaba el fomento de…p. 131
17Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 211 cita
[20]de esta fase de la lucha fue una estructura de clases basa- da en la extensión de la tierra poseída que, a comienzos del siglo se configuraba así: rninifundio en las tierras altas; un sistema mixto de pro- ducción en las laderas, y latifundios en las llanuras 6. Estos patrones de producción todavía caracterizan el…p. 21
18Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 761 cita
[21]las pautas so- cioeconémicas y politicas conocidas en la fase de poblamiento que termina en las fundaciones de Neira y Manizales. Aqui intervinieron tres factores que combinaban aspectos econdémicos sociales y politicos: a) La dotacién de recursos para las faenas del desmonte y el poblamiento inicial, consistentes en…p. 76
19El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2651 cita
[22]los mercados cercanos con herramientas tradicionales y primitivas quedaron atrapadas en rendi- mientos decrecientes, sin posibilidades de expandir la frontera agrícola y restringidas culturalmente al hábitat de la vereda y el municipio. El cre- cimiento demográfico, además de la diferenciación, generaba desempleo y…p. 265
20El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 203, 2842 citas
[23]de la región (en este caso apropiándose de baldíos) mientras que paulatina- mente se poblaba con indígenas expulsados del Cauca. En estas regiones, se anotó arriba, la tremenda disparidad cultural y étnica entre los propietarios («blancos») y los jornaleros y peones («indios») reforzó actitudes e ideologías racistas…p. 203
[24]en un medio natural pobre, de tierras yermas, penosas para trabajar por lo abruptas y erosionadas. Así fueron llegando a los nuevos parajes pioneros y aventureros con sus ilusiones, su pobreza y su coraje para buscar y desenterrar guacas, explotar los bosques sacando cau- cho y sembrar cacao en pequeñas parcelas…p. 284
21Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 16, 192 citas
[25]ser un pueblo campesino, comerciante, próspero y moral, frente a un pueblo considerado mayoritariamente contrario a estas características. La fuerza de la descripción alabadora y positiva del tipo antioqueño obedeció, en gran medida, a la construcción de una imagen poderosa de la población y el paisaje antioqueño…p. 16
[27]más que la visión de colonos, fue la de comerciantes andariegos la que primó en torno a lo antioqueño.1 2 Después de la minería, y gracias al capital acumulado con ésta, fue el comercio una actividad privilegiada para las élites antioqueñas. El espíritu comerciante y capitalista adjudicado a los antioqueños fue…p. 19
22Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 150, 1852 citas
[26]was the true explanation of the region’s eco- nomic well-being. The legend, in his view, was the expression of a kind of “sour grapes” attitude to the region’s success by the economi- cally weak provinces. 128 But as Álvaro López has pointed out, it is dif- ficult to say that the control of resources is enough to…p. 185
[30]Catalans whose lands were freed from feudalism and encomiendas, resulting in a more equitable distribution of property, has few things in common with the polite Cundinamarqués of the capital, and even less in common with descen- dants of the Chibchas, mixed with Spanish blood, who were ruled in the semi-feudal…p. 150
23La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 3551 cita
[28]católico, antes separados, porque «Barranquilla está llamada a ser […] la patria común de familias de distintas nacionalidades y por consiguiente de distintas creencias religiosas» 34. El cementerio, creado por iniciativa de los masones, es universal por el espíritu cosmopolita que lo anima. Contrario a este espíritu…p. 355
24Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 631 cita
[29]amoldó inteligentemente a esas condiciones, reforzando el apego típico antioqueño a los valores tradicionales. Por ello en Medellín, más que en otras ciudades del interior, la cultura popular va a estar marcada por la presencia eclesial. A principios de siglo era común tener un cuadro del Sagrado Corazón en todos los…p. 63
25Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 2071 cita
[31]ge- neral esta sección es la segunda en la República. Bastará decir, en relación con este asunto, que en diez años fueron fundados allí, de 1871 a 1881, trece o catorce bancos de circulación, establecimientos que hasta entonces eran del todo desconocidos, no sólo en ese estado, sino en la Na- ción. Su tipo físico…p. 207
26A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 218, 2242 citas
[32]explained this Antioqueño exceptionality? This is precisely the question that James J. Parsons asked in his dissertation. Parson’s book is divided into 12 chapters. The first six relate to the region’s geography and the colonial period. In Chapter six, he refers to Antioqueño colonization. The narrative centerpiece of…p. 218
[35]the Andes divides into three mountain ranges when it enters Colombia – this has been a country where regions and regionalism have played an enormous role in the economy, politics, and culture. Throughout the 19th century, but especially in the first half of the 20th century, Antioquia and the areas its people…p. 224
27Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1071 cita
[34]of Colombia; Glenn Curry, "The Disappearance of the Resguardos Indígenas of Cundinamarca, Colombia, 18001863" (Ph.D. diss., Vanderbilt University, 1981); Orlando Fals Borda, El hombre y la tierra en Boyacá (Bogotá, 1972); David Church Johnson, "Social and Economic Change in Nineteenth-Century Santander, Colombia"…p. 107
28Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 266, 2812 citas
[37]de cambios independientes en la economía y en la sociedad. Los cambios en mención no ocurrieron a lo largo y ancho del país sino que se concentraron en varias ciudades principales y en la región antioqueña. Durante muchos años ha sido materia de controversia la cuestión de si la aceleración del desarrollo económico…p. 266
[40]ahora, el expendio de café era algo prácticamente desconocido en el país hacia 1850, donde el té y el chocolate eran bebidas más comunes. Los primeros cálculos de la producción cafetera colombiana da- tan de 1874. Para ese año, la cosecha total fue de unos 114 mil sacos, de los cuales el 90% provino de Santander. El…p. 281
29Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 621 cita
[38]vivían en chozas; las casas de teja y tapia eran exclusivas para haciendas y casas de familias pudientes de pueblos y ciudades. Estas familias campesinas 93 Juan Carlos Jurado, “Pobreza y nación en Colombia, siglo XIX”, HIB. Revista de Historia Iberoamericana 2 (2010): 49. 94 Ibídem, 50. 95 Marco Palacios y Frank…p. 62
30Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 81 cita
[39]y, del otro, las divisiones p ro fu n d as de la sociedad colom biana, ya sean culturales, étnicas, de clase o de localidad, región, políticas e ideológicas. Vista en una p ersp ectiv a de m uchos siglos, la historia colom biana resulta un tejido ab ig arrad o en el que se en trecru zan la geografía y la acción social…p. 8
31Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 261 cita
[42]ion es y par - tid os. Algunos trazos de este cuadro cambiaron pau sada mente co n la ca - fi cultura. C once ntrada prime ro en la, Cordill era Oriental, se desplaz ó al occide nte del país, e impul só el capital ism o c omercial y / as co loni- zaciones. Las oscila c iones de precios internacionales traje ron ciclos…p. 26
32Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · p. 1801 cita
[43]/ Aranzazu La Dorada.f r N • ••••/ Manzanares -'pL./ac (. - • - C A L D A S,-.Pavas H o n d a ^ J ' N e i r a. • • • • • j MAN IZ ALES /.'/.Chinchina O T A "->?• A. P E R E I R A..•) Filandia # "•••/ Toro f Quimbaya. m.Salento / O b La Union / V A L/L E • Circasia / _ n andoiARMENIA / ' U • " •Calarca JQUINDIO/'. • •…p. 180
33Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 311 cita
[44]medianas y pequeñas propiedades de San- tander bajo el sistema de aparcería; en las grandes haciendas de Cundinamarca se hizo bajo la con- tratación de arrendatarios; y en las explotaciones de Antioquia, por intermedio de los agregados, formas propias de la economía del siglo XIX. Último paso del proceso cafetero: el…p. 31
34Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 461 cita
[46]pasaron por allá. […] Digamos que esa […] siempre fue una zona donde se vivían con mucha intensidad las guerras civiles porque además, como era una frontera entre el Estado de Antioquia conservador [y] el Estado del Cauca liberal, había también esas tensiones étnicas entre antioqueños y caucanos» 51. En 1905, durante…p. 46