Idea · Seguridad Democrática
Memoria subalterna
Conjunto de prácticas, archivos y relatos con los que las víctimas del conflicto armado colombiano —campesinas, afrodescendientes, indígenas, mujeres, exiliadas, familiares de desaparecidos— construyeron una versión propia del pasado violento, disputando las versiones oficiales del Estado y los victimarios. Entre 2002 y 2016 pasó de práctica marginal criminalizada por la Seguridad Democrática a política pública de memoria con el CNMH y la Comisión de la Verdad.
Trayectoria de una idea
- 1962
Fundación de la violentología y la IAP
- 1982
Creación de ASFADDES y el archivo de los familiares
- 2002
Régimen del silencio bajo la Seguridad Democrática
- 2005
Ley de Justicia y Paz: la grieta jurídica
- 2007
Consolidación del Grupo de Memoria Histórica
- 2011
Ley de Víctimas y creación del CNMH
- 2013
Publicación de ¡Basta Ya!
- 2022
Informe Final de la Comisión de la Verdad
La lectura
La memoria subalterna en Colombia no nació como categoría académica sino como práctica de supervivencia: comunidades que guardaban objetos, cantaban alabados y hacían talleres cuando el Estado negaba que hubiera una guerra. Su genealogía enlaza la violentología de los años sesenta, la Investigación Acción Participativa de Fals Borda y el archivo de los familiares de desaparecidos construido desde ASFADDES y el CINEP en los años ochenta. Durante la Seguridad Democrática de Uribe, esas memorias fueron criminalizadas o ignoradas: el marco de 'guerra contra el terror' desactivó el reconocimiento de las víctimas y convirtió el recuerdo en acto de resistencia. La grieta jurídica de la Ley de Justicia y Paz (2005) y la metodología participativa del Grupo de Memoria Histórica (2007) abrieron el primer canal institucional para que esas voces entraran al archivo nacional, proceso que la Ley de Víctimas de 2011 y el informe '¡Basta Ya!' de 2013 consolidaron. El doble movimiento que define su historia —la conquista del reconocimiento y el riesgo de captura por el relato de Estado— sigue siendo el nudo irresoluble de la memoria subalterna colombiana.
La memoria subalterna nombra en Colombia menos una categoría académica que un proceso histórico: el conjunto de prácticas, archivos y relatos con los que las víctimas del conflicto armado —campesinas, afrodescendientes, indígenas, mujeres, exiliadas, familiares de desaparecidos— construyeron una versión propia del pasado violento, contra la versión oficial de los victimarios y del Estado. Ese proceso no nació con la Ley 975 de 2005 ni con el Grupo de Memoria Histórica, aunque allí se hizo visible: se venía cocinando desde los años ochenta en asociaciones de familiares, centros jesuitas, comunidades étnicas y talleres de investigación acción participativa. Entre 2002 y 2016 —del gobierno Uribe al Acuerdo de La Habana— esa memoria pasó de ser una práctica marginal, criminalizada por la Seguridad Democrática, a convertirse en política de Estado con el CNMH y, finalmente, con la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad. En el trayecto ganó un lugar en el archivo nacional y perdió, en parte, la autonomía de sus voces. Ese doble movimiento —la conquista y la captura, la dignificación y el encuadramiento— define lo que hoy llamamos memoria subalterna en Colombia.
Qué se nombra con memoria subalterna
La palabra es hija de una tradición intelectual: los Subaltern Studies de Ranajit Guha en la India de los años ochenta y la crítica de Gayatri Chakravorty Spivak a la posibilidad misma de que el subalterno hable sin ser traducido por otro. En Colombia, sin embargo, el término se aclimató para nombrar algo previo al préstamo teórico. Ya existía una práctica: la de comunidades y organizaciones que registraban sus muertos, guardaban objetos, hacían talleres, cantaban alabados, sembraban árboles, cuando el Estado no reconocía siquiera que hubiera una guerra. La categoría llegó tarde a nombrar lo que ya se estaba haciendo.
Lo subalterno, en el caso colombiano, se define por tres rasgos. Por la posición: son memorias de quienes fueron blanco de la violencia sin haber portado armas, o de quienes las portaron desde comunidades históricamente excluidas —indígenas, afrodescendientes— y fueron doblemente silenciados por el Estado y por los actores armados. Por el método: se construyen colectivamente, en talleres, asambleas, rituales, y no en el despacho de un investigador ni en la sentencia de un juez. Por la función: no buscan solamente recordar, sino resistir la imposición de significados y olvidos por parte de los victimarios, dignificar a las víctimas y disputar el sentido del pasado frente a las versiones oficiales. Las iniciativas de memoria, como las definió el propio Grupo de Memoria Histórica, se orientan a comunicar, hacer visible, reclamar y hacer colectivo el recuerdo de la victimización. Cuando cumplen esas funciones, dejan de ser prácticas y se vuelven política.
Antecedentes: violentología, IAP y el archivo de los familiares
La genealogía larga arranca en 1962, con la publicación de La violencia en Colombia, coescrita por el sacerdote Germán Guzmán Campos, el sociólogo Orlando Fals Borda y el penalista Eduardo Umaña Luna, como Monografía N° 12 de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional. Fue el primer intento sistemático de convertir la violencia bipartidista en objeto de conocimiento público, y fundó una tradición —la de los violentólogos— que a partir de los años setenta atrajo a economistas, historiadores, sociólogos y antropólogos defraudados por el Frente Nacional y el bipartidismo. En paralelo corría la Investigación Acción Participativa, de la que Fals Borda fue uno de los creadores más destacados en América Latina. La IAP propuso algo que la memoria subalterna heredaría casi al pie de la letra: que el conocimiento sobre las comunidades debe hacerse con ellas, que las víctimas no son objetos de investigación sino sujetos de saber, y que el archivo puede construirse desde abajo. Los tomos de la Historia doble de la Costa que Fals Borda publicó entre 1979 y 1984 —Mompox y Loba, Resistencia en el San Jorge— son el molde de esa apuesta epistémica: una historia narrada desde la voz de las comunidades ribereñas, sin cederle el monopolio al historiador profesional.
En 1982 se formó en Bogotá la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, ASFADDES, cuyos primeros miembros eran familiares de catorce estudiantes de la Universidad Nacional desaparecidos en una protesta. CINEP —el centro jesuita de investigación— fue instrumental en su creación y le prestó, en los primeros años, la infraestructura y los contactos internacionales necesarios para que la denuncia saliera del país. ASFADDES se independizó en 1984 y desde entonces se convirtió en la organización de referencia para documentar la desaparición forzada en Colombia. CINEP, por su parte, tejió lazos con las Madres de la Plaza de Mayo argentinas y con activistas del Cono Sur, aprovechando la red internacional que la Iglesia Católica ponía a disposición de las organizaciones de derechos humanos. Ese circuito —familiares que denuncian, jesuitas que documentan, académicos que investigan, redes internacionales que amplifican— fue la infraestructura material sobre la que se construiría, veinte años después, la política pública de memoria.
Hay un tercer hilo que suele omitirse: el de las comunidades negras del Pacífico. Desde los años setenta, en respuesta a la Ley 2 de 1959 que había declarado baldíos de la nación siete regiones del país —el Pacífico entre ellas— y había permitido la explotación forestal desconociendo la ocupación ancestral, esas comunidades iniciaron un proceso organizativo por el reconocimiento territorial. De ese proceso salieron conceptos político-territoriales propios, como palenque territorio negro y gran comarca, este último articulado transnacionalmente entre organizaciones del Pacífico sur colombiano y el norte de Esmeraldas, en Ecuador. Antes de que la memoria fuera categoría de política pública, estas comunidades ya practicaban una forma de recuerdo territorial que enlazaba pasado esclavista, ocupación ancestral y proyecto político. Cuando lleguen el GMH y el CNMH, encontrarán ahí un archivo hecho.
La Seguridad Democrática y el régimen del silencio
El gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) construyó su legitimidad sobre una operación semántica precisa: en Colombia no había un conflicto armado interno sino una amenaza terrorista contra un sistema democrático legítimo. La distinción no era menor. Reconocer conflicto armado implicaba admitir dos partes con estatus jurídico, aplicar el Derecho Internacional Humanitario, reconocer víctimas también del Estado y abrir el país al escrutinio de organismos internacionales de derechos humanos. Reducirlo a terrorismo alineaba a Colombia con la guerra contra el terror que Estados Unidos había lanzado después del 11 de septiembre de 2001, aseguraba el flujo de ayuda militar bajo el Plan Colombia y desactivaba la interlocución con organizaciones defensoras de víctimas.
Uribe fue el primer presidente colombiano en usar explícitamente el marco de guerra contra el terror. En septiembre de 2003 acusó a activistas de derechos humanos de ser selectivos en su defensa y de facilitar el terrorismo; en junio de 2004 acusó a Amnistía Internacional de legitimarlo internacionalmente. El gobierno no formuló una política general de derechos humanos ni una política de paz autónoma: ambas quedaron subsumidas en la política de defensa y seguridad democrática. Bajo ese marco discursivo se produjo el fenómeno de los falsos positivos —ejecuciones extrajudiciales presentadas como bajas en combate— que según el registro del CINEP cobró más de mil quinientas víctimas. Y bajo ese marco se mantuvo el suministro de ayuda militar internacional a unidades del ejército implicadas en operaciones de contrainsurgencia, eludiendo las preocupaciones sobre derechos humanos que el propio marco había desactivado.
Las consecuencias sobre la memoria subalterna fueron directas. Víctimas colombianas en el exterior fueron miradas bajo sospecha de vínculos con terrorismo o narcotráfico, lo que restringió su derecho al refugio. Organizaciones de exiliados, sin embargo, pusieron en marcha procesos autónomos de reconstrucción de memorias individuales y colectivas, precisamente porque el Estado colombiano les negaba la condición de víctimas. En el país, el desplazamiento forzado no disminuyó de manera inequívoca durante el período, y otras formas de violencia contra la población civil aumentaron. La memoria de esas violencias no podía tramitarse por vía estatal porque el Estado había decidido, por definición, que no había violencias que reconocer: había, apenas, operaciones antiterroristas.
Justicia y Paz: la grieta jurídica
La grieta se abrió, paradójicamente, desde el mismo gobierno. La Ley 975 de 2005 —la Ley de Justicia y Paz— fue promulgada para facilitar la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia y la reinserción de combatientes de grupos armados ilegales a cambio de beneficios judiciales sustanciales. El diseño original centraba el proceso en el victimario desmovilizado, no en la víctima. Pero la Corte Constitucional intervino con pronunciamientos que ampliaron el papel de las víctimas, y el mecanismo terminó abriendo un espacio inesperado: los paramilitares, para acceder a los beneficios, debían confesar los crímenes; esas confesiones, versiones libres y actuaciones judiciales pusieron en el registro público violaciones que hasta entonces solo circulaban en los archivos de las organizaciones de derechos humanos.
El proceso fue lentísimo y desigual. Tras dieciséis años de aplicación, la Ley de Justicia y Paz había producido apenas 92 sentencias condenatorias, lo que forzó una reforma general mediante la Ley 1592 de 2012. Entre 2005 y julio de 2021 se encontraron 6.460 fosas en el marco del proceso. Y sin embargo, esa lentitud produjo un efecto lateral decisivo: obligó al Estado a crear una institucionalidad de reparación. La Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación —la CNRR— desarrolló una estrategia comunicativa que hoy suele olvidarse pero que fue pionera: las series radiales La Hora de las Víctimas y Las Víctimas Cuentan, la serie documental Nunca Más transmitida por el Canal Institucional, los canales regionales y Señal Colombia, y materiales web orientados a posicionar a las víctimas en la opinión pública. Encuestas realizadas en el marco del proceso indicaron que el 78% de la población general apoyaba que la Ley de Víctimas incluyera a quienes fueron afectados por agentes del Estado —un dato que revela cuánto se había movido el terreno cultural mientras el ejecutivo seguía negando el conflicto.
En 2007, dentro de esa institucionalidad, se consolidó el Grupo de Memoria Histórica bajo la coordinación del sociólogo Gonzalo Sánchez Gómez. El GMH operó en estrecha relación con la CNRR —sus informes iban firmados como CNRR-GMH— y adoptó desde su origen un principio orientador que sería su marca: la verdad y la memoria son construcciones sociales, y las víctimas deben ser parte activa del proceso de construirlas. No era retórica. El primer informe, Trujillo: Una tragedia que no cesa, publicado en 2008, se hizo con la Asociación de Familiares de las Víctimas de Trujillo, ASAVIT, y con la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, CIJP. Le siguieron La masacre de El Salado (2009), Bojayá: la guerra sin límites (2010) y La Rochela (2010), entre otros. En cada caso, el equipo del GMH iba al terreno, trabajaba con organizaciones locales, hacía talleres colectivos y devolvía el informe a la comunidad antes de publicarlo. La memoria subalterna encontró, por primera vez, un dispositivo estatal dispuesto a escucharla y a firmarla con ella.
El giro de 2011 y la institucionalización
La Ley 1448 de 2011 —la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras— reordenó el campo. Reconoció formalmente la existencia del conflicto armado interno, un reconocimiento que no había tenido claridad en los gobiernos anteriores y que zanjó, desde la norma, la disputa semántica que Uribe había sostenido durante ocho años. Extendió la condición de víctimas a quienes sufrieron daños causados por guerrillas, paramilitares y bandas criminales. Y desplazó definitivamente el énfasis institucional del desmovilizado a la víctima: el Estado ya no reparaba como contrapartida de una desmovilización, sino porque las víctimas, en cuanto tales, tenían derecho a la reparación integral. La ley estableció mecanismos de restitución de tierras, atención, asistencia y reparación, y creó una arquitectura institucional dentro de la cual el CNMH heredó las funciones de memoria del GMH.
Gonzalo Sánchez Gómez continuó al frente como Director General, lo que garantizó continuidad metodológica y editorial. El Consejo Directivo incluyó a representantes ministeriales y estatales junto a figuras como Félix Tomás Bata Jiménez y Blanca Berta Rodríguez Peña. El CNMH declaró explícitamente que sus políticas editoriales respetaban los principios de pluralidad y controversia, sin condicionamientos ideológicos o políticos, con el fin de evitar versiones dogmáticas y verdades oficiales. En 2013 publicó ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, bajo la coordinación de Sánchez, el informe de más amplio alcance producido por la institución. ¡Basta Ya! funcionó como síntesis del conflicto armado, como archivo de casos y como narrativa nacional; su lanzamiento, en un país que apenas dos años antes había reconocido legalmente la existencia del conflicto, marcó el momento en que la memoria subalterna dejó de ser una práctica marginal y se volvió relato de Estado.
Ese giro tuvo dos caras. La de la conquista: nunca antes en la historia colombiana el aparato público había desplegado tantos recursos, tanta metodología y tanta legitimidad para escuchar a las víctimas y consignar su versión. Y la de la captura: al volverse relato de Estado, la memoria subalterna quedó sometida a los tiempos administrativos, a los mandatos institucionales, a las jerarquías editoriales y a la política mayor. Una investigación pactada con una comunidad debía cerrar en tal fecha; un informe debía pasar por comités; una publicación llevaba el sello oficial. Los métodos que el GMH desplegó —entrevistas, talleres, trabajo de campo prolongado— trataban de mitigar esa tensión, pero no la eliminaban.
La metodología: talleres, cuerpos, territorios
Lo distintivo de la memoria subalterna en su fase institucional colombiana fue la metodología. Los informes del GMH y del CNMH no se hicieron detrás del escritorio. En Trujillo, en Bojayá, en El Salado, en Bahía Portete, en San Carlos, en el Alto Nordeste Antioqueño, los equipos organizaron talleres colectivos donde cada familia narraba su historia frente a otras. Esa puesta en común permitió descubrir conexiones entre casos individuales y establecer patrones de responsabilidad: en varios talleres se identificó, por ejemplo, la participación del F-2 de la Policía Nacional en desapariciones forzadas, algo que ninguna entrevista aislada habría podido establecer.
En Bahía Portete, el trabajo con las comunidades Wayuu incluyó entrevistas, talleres de memoria y trabajo de campo prolongado, reconociendo que las memorias no son homogéneas: cambian según quién recuerda —niños, hombres, mujeres, ancianos— y en qué escenario. En San Carlos, el equipo se propuso comprender los daños desde múltiples dimensiones, incorporando los sentidos y significados que las propias víctimas atribuyen a sus experiencias, sin reducir la investigación a la descripción de pérdidas materiales o vulneraciones de derechos. En el Caribe, la investigación sobre mujeres víctimas contó con coordinadores regionales, académicos, periodistas, jueces y funcionarios que organizaron talleres y compartieron información, con el propósito explícito de dar voz a las mujeres como insumo para políticas de reparación.
Esa metodología no era decorativa. Correspondía a una tesis epistémica precisa: el conocimiento sobre el conflicto no se produce enteramente en la academia ni en los tribunales, sino en la interlocución con las comunidades victimizadas, que son las depositarias de un saber que ningún otro dispositivo puede sustituir. La cartilla Reconstrucción de la memoria histórica desde la perspectiva de género, publicada por el GMH en 2011, formalizó una parte de esa apuesta metodológica en clave feminista. Y la Ruta Pacífica de las Mujeres, con su informe de 2013 La verdad de las mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia, mostró que la sociedad civil podía producir, en paralelo al Estado, archivos igualmente rigurosos y a veces más audaces.
Memorias étnicas: el desborde
Las memorias étnicas —afrocolombianas, indígenas, raizales— constituyeron el punto de mayor productividad y también de mayor tensión dentro del proceso. En Bojayá, la incorporación como gestores locales de memoria de representantes de organizaciones comunitarias como COCOMACIA y ADOM —con figuras como Leyner Palacios Asprilla, líder de COCOMACIA— fue emblemática: el informe del GMH sobre la masacre del 2 de mayo de 2002 se construyó con voces afrocolombianas locales que no eran objetos de investigación sino coautoras del relato. En el Medio Atrato, las comunidades afroatrateñas concibieron la memoria como algo que rebasa el recuerdo individual: una fuerza que activa potencias emancipadoras, que se aborda desde las materialidades, el olvido y las espiritualidades, y que vincula memoria, territorio y acción colectiva.
Con los pueblos indígenas la tensión fue análoga y a veces más aguda. La guerrilla prohibió prácticas culturales y espirituales —entre ellas el uso del yagé y del yopo—, asesinó a líderes de los pueblos Makabaju, Inga y Murui en Caquetá, del Jiw y Nukak en Guaviare, del Sikuani en Vichada y Meta, e instaló minas antipersona en territorios indígenas, forzando desplazamientos y afectando la integridad cultural de esos pueblos. Las minas afectaron desproporcionadamente a comunidades rurales, campesinas e indígenas: en promedio el 98% de las víctimas por minas antipersona y remanentes explosivos de guerra se produjeron en áreas rurales, y para el pueblo Awá la presencia de minas amenazó con borrar las huellas territoriales que dan sentido a la vida comunitaria y al proyecto de vida propio. El CNMH publicó en 2015 Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos, sobre el Movimiento Armado Quintín Lame, abordando la relación entre conflicto armado y reconstrucción identitaria indígena.
El pueblo raizal de San Andrés añadió otra capa. Familias raizales fueron despojadas de tierras por intendentes militares con apoyo del Ministerio de Turismo, y la economía de la marimba —el comercio de marihuana de los años setenta y ochenta— alteró el patrón de vida de la comunidad. Algunas comunidades andinas, por su parte, rechazan ser catalogadas como indígenas porque esa categoría les confiere un estatus de inferioridad y una ciudadanía de segunda clase, lo que problematiza el uso mismo de la clasificación étnica en las políticas de memoria. La institucionalidad transicional se construyó sobre una lógica víctima/victimario que, para estas comunidades, resulta insuficiente: sus experiencias de violencia son también de violencia cultural, territorial y espiritual, y su concepción de la memoria como fuerza territorial y emancipadora desborda el marco reparativo. La oficialización de la memoria subalterna fue selectiva y reprodujo, en un segundo orden, exclusiones étnicas que la propia CEV intentó luego corregir con su tomo específico Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de Colombia.
Iniciativas desde abajo: el archivo paralelo
Junto al aparato institucional floreció, y sigue floreciendo, un archivo paralelo. En El Placer, corregimiento del Valle del Guamuez en el Putumayo, el padre Nelson construyó un Museo de la Memoria recolectando objetos de guerra —armas, munición, utensilios de cocina baleados, uniformes, hamacas— y desplazándose él mismo a los lugares de los enfrentamientos para recoger pruebas de la tragedia que vivía la comunidad. En El Vergel, La Llanada, Nariño, el Grupo de Memoria de La Casita Vergeleña, Jardín del Recuerdo y de los Sueños, articuló una iniciativa comunitaria acompañada por el CNMH cuyos contenidos son responsabilidad de la propia comunidad. En el Macizo Colombiano, el CIMA solicitó al CNMH en marzo de 2014 acompañamiento para un trabajo de memoria orientado a visibilizar la lucha social del campesinado maciceño y a contribuir a una eventual reparación colectiva.
En octubre de 2014, en la Reserva Thomas Van der Hammen de Bogotá, se construyó un Bosque de Paz con 36 árboles sembrados como acto de reparación simbólica para víctimas de desaparición forzada en Caquetá, con la intención de entregar cada árbol —identificado con el nombre de una víctima— a sus respectivas familias. Cada uno de estos gestos es una unidad de memoria: pequeña, local, sin ambición nacional. Pero son ellos los que sostienen la política pública, no al revés. El Estado consignó lo que las comunidades habían empezado a hacer solas, y en el mejor de los casos —Bojayá, Trujillo, el Macizo— construyó un puente entre la iniciativa comunitaria y el archivo nacional.
Las tensiones: memorias en disputa
El propio CNMH documentó las tensiones internas al proceso. En El Castillo, Meta, apareció el conflicto sobre el abanico de víctimas a rememorar: víctimas de paramilitares y de las Fuerzas Armadas de un lado, víctimas de las FARC del otro, en desacuerdo sobre qué muertos entraban al relato común. En Bojayá se registró una tensión generacional entre jóvenes y los mayores junto a los claretianos, asociada a orientaciones distintas frente al duelo —no más duelo frente a sí duelos. En Bahía Portete apareció el desencuentro entre instituciones nacionales y medios de comunicación, por un lado, y las autoridades Wayuu, por otro, enmarcado en una diferencia de orientación entre la nación y la comunidad étnica. En Trujillo, la CIJP priorizaba la denuncia en derechos humanos y la confrontación al Estado en niveles nacional e internacional, mientras ASAVIT se orientaba hacia el dolor y el tejido social interno a la comunidad. En San Carlos, unas víctimas vinculadas a CARE eran favorables a actividades de reconciliación con desmovilizados; otras se negaban a compartir espacios con ellos.
Estas tensiones no son fallas del proceso: son su materia. La memoria no llega hecha desde la comunidad al informe: se produce en la disputa. Y las disputas se organizan en al menos tres planos —quiénes son las víctimas legítimas, hacia dónde orientar el trabajo de memoria, cómo relacionarse con los desmovilizados— que atraviesan cada caso. El CNMH declaró como principio editorial el respeto por la pluralidad y la controversia justamente porque el material con el que trabajaba lo obligaba a ello. Al mismo tiempo, la exposición académica de esos mecanismos de poder no constituye por sí misma un acto de emancipación de quienes están sujetos a ese poder: nombrar las tensiones no las resuelve, y la constitución del sujeto político de las víctimas como colectivo de memoria no está garantizada por el hecho de que un informe institucional lo enuncie.
Género y cuerpo: la verdad encarnada
La violación como arma de guerra en los genocidios de Bosnia y Ruanda en los años noventa llamó la atención internacional sobre la naturaleza de género del sistema bélico e impulsó a las científicas sociales feministas a incorporar el análisis de género en los estudios sobre conflictos armados. En Colombia esa incorporación tuvo su tiempo. La cartilla del GMH de 2011 fue un primer paso institucional; la Ruta Pacífica de las Mujeres, con su informe de 2013, aportó una síntesis feminista desde la sociedad civil. Y en julio de 2022, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad publicó, como parte de su Informe Final, el volumen Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armado.
El título condensa una tesis fuerte: las experiencias corporales de mujeres y personas LGBTIQ+ son fuente de verdad histórica. La guerra profundiza el control y la dominación sobre los cuerpos de las mujeres, restringiendo su libertad y su autonomía no solo en escenarios del conflicto armado sino en todos los espacios donde viven, se relacionan y se movilizan, expresando la cultura patriarcal en su forma más violenta a través del militarismo. Al reconocer al cuerpo como archivo —como lugar donde se inscribe lo que las palabras del proceso judicial no siempre pueden decir— la CEV desplazó el centro de gravedad de la verdad transicional. Alejandra Miller Restrepo integró la Comisión, y el volumen forma parte del conjunto de once tomos en veinticuatro volúmenes que constituye el Informe Final Hay futuro si hay verdad, publicado en 2022.
De La Habana al Informe Final
El Acuerdo de La Habana, firmado en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, cerró el ciclo. Creó el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, dentro del cual la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad —presidida por el sacerdote jesuita Francisco de Roux— asumió el mandato del esclarecimiento extrajudicial. La CEV heredó la infraestructura metodológica que el GMH y el CNMH habían construido durante casi una década, pero la desplegó con recursos, mandato constitucional y ambición mayores. Su Informe Final, Hay futuro si hay verdad, estructurado en once tomos y veinticuatro volúmenes, es el archivo más extenso jamás producido sobre el conflicto armado colombiano.
La CEV recogió lo que ya estaba y lo desbordó. Su volumen específico sobre pueblos étnicos, Resistir no es aguantar, reconoció la dimensión étnica de la violencia con un peso que el GMH no había alcanzado. Su volumen Mi cuerpo es la verdad llevó la perspectiva de género al centro. Y su gramática general —el título optimista, el énfasis en el futuro, la apuesta por la reconciliación— trató de proponer una narrativa nacional donde antes había solo casos regionales. Al terminar, el ciclo iniciado en 2005 con la Ley 975 se había cerrado: la memoria subalterna colombiana, que había vivido treinta años en la marginalidad, tenía ahora un archivo público con vocación de canon.
La huella: una memoria capturada, una memoria conquistada
El balance del proceso no admite simplificación. Entre 2005 y 2022, Colombia pasó de un régimen discursivo que negaba la existencia del conflicto armado a un archivo público que reconoce y documenta la victimización a una escala que pocos países han alcanzado. La institucionalidad de memoria —del GMH al CNMH y de allí a la CEV— amplió el espacio de enunciación subalterna en una medida que las organizaciones de víctimas de los años ochenta no habrían podido imaginar. Sin el marco jurídico de Justicia y Paz, sin la Ley 1448, sin los pronunciamientos de la Corte Constitucional que ampliaron el papel de las víctimas, las memorias comunitarias habrían permanecido en la marginalidad, tal como lo estuvieron durante el gobierno Uribe. La institucionalización no fue simple cooptación: fue condición de posibilidad.
Al mismo tiempo, ese espacio institucional introdujo jerarquías nuevas. Las metodologías participativas, por rigurosas que fueran, seguían siendo diseñadas por equipos profesionales; los informes, por plurales que se declararan, llevaban el sello del Estado; los tiempos de la memoria comunitaria —cíclicos, ritualizados, lentos— chocaban con los tiempos administrativos de la política pública. Comunidades como las afroatrateñas o las Wayuu producen memoria en registros que la lógica víctima/victimario no captura enteramente. La memoria subalterna colombiana, tras dos décadas de proceso, es a la vez una conquista y un archivo capturado: un logro histórico y una tarea inacabada.
La huella se mide en tres planos. Cultural: hoy es imposible hablar del conflicto armado colombiano sin apelar a las voces de las víctimas, algo que hace veinte años era excepcional. Institucional: el país cuenta con un archivo público, arquitecturas de reparación y un Informe Final que fijan un piso desde el cual ninguna versión negacionista puede ya operar sin costos. Político: el sujeto colectivo de las víctimas, aunque siga siendo internamente heterogéneo y esté atravesado por tensiones no resueltas, se consolidó como actor con voz propia en la escena pública. Las tres son ganancias reales. Ninguna cancela el hecho de que la voz subalterna, aun institucionalizada, sigue siendo una voz que negocia con quien la escucha y con quien la publica —y de que la memoria, en Colombia como en todas partes, es un campo de disputa que no se cierra con un informe, por extenso que sea.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Orlando Fals Borda
- 02Gonzalo Sánchez Gómez
- 03Álvaro Uribe Vélez
- 04Ranajit Guha
- 05Gayatri Chakravorty Spivak
- 06Pilar Riaño Alcalá
- 07Myriam Jimeno
- 08Bojayá
- 09Trujillo
- 10El Salado
- 11Montes de María
- 12Memoria histórica
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
67 documentos · 68 fragmentos
01Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4311 cita
[1]975. The GMH’s reports tried to adhere to what its team had cautioned since consolidating in 2007: Truth and memory are socially con - structed. Consequently, truly participatory mechanisms were vital to its work to guarantee that victims and their organizations be “part of the construction” of truth and memory…
p. 431
02Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 11 cita
[2]LA MASACRE DE TRUJILLO UNA TRAGEDIA QUE NO CESA Informe del centro nacional de memoria histórica TRUJILLO Una tragedia que no cesa Miembros del Grupo de Memoria Histórica Gonzalo Sánchez G. Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Álvaro Camacho Guizado Relator de la investigación sobre la masacre de “La Masacre de…
p. 1
03Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 21 cita
[3]2 Gonzalo Sánchez G. Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Martha Nubia Bello Albarracín Relatora de la investigación sobre el Caso Emblemático de Bojayá Pilar Riaño Alcalá Correlatora Belky Mary Pulido Camila Orjuela Villanueva Ricardo Chaparro Pacheco Asistentes de investigación Diana Marcela Gil Asistente…
p. 2
04La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 11 cita
[4]La masacre de El Salado esa guerra no era nuestra informe del centro nacional de memoria histórica La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra Miembros del Grupo de Memoria Histórica Gonzalo Sánchez G. Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Andrés Fernando Suárez Relator de la investigación sobre la masacre…
p. 1
05Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 2041 cita
[5]esclarecidas. Por otra parte, las implicaciones que tiene la elección de unas metodologías sobre otras al momento de desentrañar esas diversas causas, y la necesidad de combinar varias de ellas, para tener una comprensión más integral, en este caso, de las razones que explican niveles tan altos de despojo de tierras y…
p. 204
06Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 11 cita
[6]Director General Gonzalo Sánchez G. Coordinador del informe Otros títulos de Memoria Histórica Trujillo. Una tragedia que no cesa (2008) El Salado. Esa guerra no era nuestra (2009) Recordar y narrar el conflicto. Herramientas para reconstruir memoria histórica (2009) El despojo de tierras y territorios. Aproximación…
p. 1
07Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4751 cita
[7](from the National Center for Historical Memory), including Grupo de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, “Recordar y narrar el con fl icto: Herramientas para reconstruir memoria histórica” pamphlet (2009), 19 (“a unifying”); Sánchez G., “Prólogo,” in ¡Basta ya!, 16 (“Far”). 57. Ley…
p. 475
08Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 11 cita
[8]H UELLAS Y ROSTROS DE LA DESAPARICIÓN FORZADA (1970-2010) TOMO II INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010) Centro Nacional de Memoria Histórica Desaparición forzada tomo II: Huellas y rostros de la desapa- rición forzada (1970-2010) Director General…
p. 1
09Análisis cuantitativo del paramilitarismo en Colombia. Hallazgos del Mecanismo no Judicial de Contribución a la VerdadÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Bruce David Ochoa Ochoa, Gustavo Adolfo Narváez Rodríguez, Jonathan Peter Stucky Rodríguez, Anascas del Río Moncada · 2019 · p. 141 cita
[9]y divulgación se promueva la más amplia participa- ción de las comunidades académicas, sin ningún tipo de con- dicionamientos ideológicos o políticos. Las políticas editoriales del CNMH incluyen el respeto por los principios de pluralidad y controversia. Lo anterior con la intención de enriquecer el acer- vo cognitivo…
p. 14
10Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 11 cita
[10]CONVOCATORIA A LA PAZ GRANDE Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición HAY FUTURO si hay verdad INFORME FINAL Comisión para el Esclarecimieto de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición CONVOCATORIA A LA PAZ GRANDE DECLARACIÓN DE LA COMISIÓN PARA EL…
p. 1
11¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 2931 cita
[11]mediante su reconstrucción, el reconocimiento de la estigmatización a la que fueron sometidos y la impunidad en las que quedan muchos de los crímenes que sufrieron. Es precisamente la lucha contra la impunidad y las labores de dignificación de la memoria de las víctimas y sus comu- nidades las que informan las…
p. 293
12Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 3661 cita
[12]intenta comprender la diversidad de iniciativas de memoria de las víctimas del conflicto armado en Colombia, las cuales sirven de referente para analizar sus expresiones en el Alto Nordeste Antioqueño 484. 481 Testimonios y Diario de Campo. 482 Ibíd. 483 Testimonios y Diario de Campo. El victimario emplazado…
p. 366
13Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1161 cita
[13]Giraldo gestionó un espacio, acompañó la jornada y facilitó los diálogos iniciales. Cada familia comenzó a contar su historia frente a las demás y empezaron a descubrir que los casos los demás tenían relación con el suyo propio. Así recuerda el encuentro: Recuerdo que me acerqué al tablero [y me puse a] gra fi car las…
p. 116
14Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 3111 cita
[14]miembros de la Comisión realizaran viajes a distintos países de América y Europa para recibir material probatorio. El presidente Sábato mantuvo más de 100 entrevistas personales, radiales y televisivas dentro y fuera del país. Véase Conadep (1984). 312 Exilio colombiano Huellas del conflicto armado más allá de las…
p. 311
15La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 1831 cita
[15]quienes buscaban asociados en esa memoria a conejos. Estos temas e imá- genes están hilvanados en una narrativa que subraya el sinsentido de estos eventos para quienes los vivieron: se sabía por los eventos anteriores que los paramilitares iban a llegar pero nunca imagina- ron los extremos de violencia que iban a…
p. 183
16San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 2251 cita
[16]viviendo. Seguir luchando como un verraco. (Testimonio de mujer adulta, Medellín, 2010) Para los unos y los otros, la errancia continúa. Escuela de Palmichal. San Carlos 2011. Fotografía: Jesús Abad Colorado© 227 Capítulo 4 Memorias de los daños y las pérdidas: sobre lo perdido e irrecuperable La identificación de los…
p. 225
17Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 101 cita
[17]memoria, que confiaron en el equipo de investigación y compartieron con nosotros sus histo- rias. Estas páginas son un tributo a su coraje y una forma de re- paración simbólica que busca evitar que sus sufrimientos queden suprimidos del relato sobre nuestro conflicto. Quisimos dar voz a las víctimas, y en este Informe…
p. 10
18Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1251 cita
[18]since become criminal bands with de facto power in many places throughout the country. Their campaign against leftist insurgents, campesinos, and unionists has been truly terrifying. Union leaders, human rights activists, and those who call for just wages, better working conditions, or land reform for the poor have…
p. 125
19Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 111 cita
[19]distintos enfoques ideo- lógicos y políticos. Por otra parte, las formas violentas del deno- tado paramilitarismo surgieron y se consolidaron a lo largo del territorio colombiano a mediados de los ochenta y durante todo el final del siglo XX. 12 Justicia Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico…
p. 11
20No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4941 cita
[20]mío, cómo sufriría mi hermanito, un niño de diecisiete años, cómo suplicaría, cómo les imploraría. Eso me ha dado esa fuerza para seguir [pidiendo] verdades, para que nos entreguen esa verdad que nunca nos han entregado. ¿Para qué sirvió Justicia y Paz? porque no nos entregaron la verdad, no nos han entregado aquí en…
p. 494
21Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 111 cita
[21]Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…
p. 11
22La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 2201 cita
[22]que nunca hemos participado en esos actos de crueldad, tenemos una deuda con quienes lo han perdido todo: la vida, la salud, las tierras, el amor y la compañía de sus seres queridos. Y dije luego una frase que resumía la inmensa trascendencia del paso que estábamos dando: Si logramos pasar esta ley, y cumplirla, en…
p. 220
23Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 261 cita
[23]el ELN y las bandas criminales, aunque no derrotarlas. La elección de Juan Manuel Santos Calderón, ministro de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe, en 2010, significó una inflexión en la manera de concebir la respuesta al conflicto armado, pues comenzó por reconocer la existencia de este. A finales de 2010, Santos…
p. 26
24La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1241 cita
[24]zonas selváticas de ínfima productividad. […] el segundo gran componente de una política de ordenamiento de la población en el territorio es la urbanización planificada y ordenada de los desplazados por la violencia” [Reyes, 2009, 369-370]. La Ley de Víctimas fue expedida en noviembre de 2011 y contiene la…
p. 124
25Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 2831 cita
[25]radial titulado la “Hora de las víctimas” que tenía dos secciones, una de las cuales estaba diri- gida a narrar cómo iba el proceso de Justicia y Paz, y qué se había confesado en las versiones libres. Para introducir testimonios de las mismas víctimas, se creó, además, una serie radial titulada “Las víctimas cuentan”.…
p. 283
26Encuesta Nacional ¿Qué piensan los colombianos después de siete años de Justicia y Paz?Gonzalo Sánchez Gómez, Iván Orozco Abad, Álvaro Villarraga Sarmiento, Luis Carlos Sánchez Díaz, Patricia Linares Prieto, María Consuelo Ramírez Giraldo, Angelika Rettberg Beil, Laura Otálora Cuenca, Irina Mago Cordido, Paola Ximena Silva Cortés · 2012 · p. 871 cita
[26]llevada a cabo por grupos paramilitares entre el 15 y el 20 de julio de 1996. El caso de Mapiripán es conocido como una masacre llevada a cabo por grupos paramilitares entre el 15 y el 20 de julio de 1996. En un principio, se reportaron 49 asesinatos y centenares de desplazamientos. El caso llegó a instancias de la…
p. 87
27La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2951 cita
[27]mil. El desbordamiento del conflicto y el repliegue de actores armados a zonas periféricas y fronterizas del país –así como el incremento y la sofisticación de las rutas para tráfico de drogas y otras economías ilegales– hicieron que muchas víctimas con necesidad de protección fueran vistas como una amenaza, bajo el…
p. 295
28«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 151 cita
[28]A pesar de ello, nunca negaron la existencia de un conflicto armado per se, a diferencia del actual presidente. Además, el gobierno del presidente Uribe es el primero en utilizar el concepto de «guerra contra el terror». Esta formulación y la de la «guerra contra el narcotráfico» han sido utilizadas por algunos…
p. 15
29¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · p. 2491 cita
[29]contra el terrorismo". Tanto sus alocuciones como los documentos gubernamentales y oficiales sobre el conflicto político o armado en Colombia se hablaba exclusivamente de la "amenaza narcoterrorista". Este discurso se profundizó con los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos, que alinearon más…
p. 249
30Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1861 cita
[30]y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…
p. 186
31Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1601 cita
[31]de los políticos, incluidos los de la coalición centro-izquierdista del Polo De mocrático que, en la campaña electoral del 2005-2006 ni mencionó el tema que, claro está, descubrió poco después.39 Contra el Caguán En las elecciones del 26 de mayo de 2002 Alvaro Uribe Vélez ganó la presi dencia de Colombia. Había…
p. 160
32Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 1651 cita
[32]has begun to build. According to Amnesty International (2006), “All the parties to the conflict continue to show grave disregard for human rights.” Moreover, the notion of human rights is generally politicized (Restrepo 2001). This situation con- tinues into the presidency of Uribe, who in 2003 criticized many human…
p. 165
33El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1691 cita
[33]no necesariamente se Mcabará o siquiera se moderarán las dinámicas exterminadoras. Dis minuyase este nivel: no necesariamente se expandirán dichas diná micas. La narrativa muestra también que hay importantes inercias, üobre todo con relación a las agencias de seguridad. Eventualmen- If, prácticas como el ataque a…
p. 169
34El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 3232 citas
[34]un camuflado, un arma, balas o granadas, buscaba al Padre Nelson, quien se encargaba de montar los obje- tos hallados. Justo después de los enfrentamientos más objetos y elementos de guerra llegaban a la Iglesia, pues él mismo se despla- zaba a los lugares, no solo con el ánimo de verificar los hechos y acompañar a la…
p. 323
[35]un camuflado, un arma, balas o granadas, buscaba al Padre Nelson, quien se encargaba de montar los obje- tos hallados. Justo después de los enfrentamientos más objetos y elementos de guerra llegaban a la Iglesia, pues él mismo se despla- zaba a los lugares, no solo con el ánimo de verificar los hechos y acompañar a la…
p. 323
35Memorias de El Vergel: un jardín entre montañasGrupo de Memoria de la Casita Vergeleña, Jardín del Recuerdo y de los Sueños · 2022 · p. 11 cita
[36]U n j a r d í n e n t r e m o n t a ñ a s g r u p o d e m e m o r i a d e l a c a s i t a v e r g e l e ñ a, j a r d í n d e l r e c u e r d o y d e l o s s u e ñ o s U n j a r d í n e n t r e m o n t a ñ a s Una iniciativa de Memoria Histórica acompañada por el Centro Nacional de Memoria Histórica 2022 MEMORIAS DE EL…
p. 1
36Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 111 cita
[37]integrantes de esta organización social que también fueron asesinados a lo largo de la trayectoria del CIMA, incluso aquellos que como Jaime Bronstein Bonilla, sin ser del CIMA, nutrieron e impulsaron los procesos sociales en el suroccidente colombiano. A 12 Crecer como un río sus nombres y al de muchos otros líderes…
p. 11
37Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 2641 cita
[38]en la historia para la gente afroatrateña. "MIBCMBSEFMBTNFNPSJBTBGSPBUSBUFÒBT QJFOTPFOBMHPRVFiBUFOUBDPOUSBMB QB[NFOUBMu 3JWFSB$VTJDBORVJ &TEFDJS VOBNFNPSJBRVFOPTIBDFQFOTBS que activa potencias emancipadoras y no se reduce a una aparente interioridad que emerge cuando es abordada desde el universo narrativo y…
p. 264
38Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzadaHelka Quevedo Hidalgo · 2018 · p. 721 cita
[39]historia y con familia. Así, en la Reserva Thomas Van der Hammen 53 construimos un Bosque de Paz, sembramos 36 árboles y los rodeamos de una línea como símbolo del croquis de este país. En el centro del Bosque dejamos una placa como testimonio de ese acto de solidaridad y esperanza, pues somos 28 colombianos, en…
p. 72
39Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1331 cita
[40]abarcado Entre victimas de diferentes victimarios Víctimas paras y FF. AA. / víctimas FARC (El Castillo) Abanico de víctimas abarcado 134 Regiones y conflicto armado Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Conflicto Orientación Entre gestores de memoria CIJP / ASAVIT - Por DH y confrontar al…
p. 133
40Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 141 cita
[41]testimonial y coral. Una curaduría de voces que van del pasado al porvenir, pasando por el presente. Hay cuatro tomos cuyo aporte específico es hacer visibles los impactos que tuvo el conflicto en sectores y grupos humanos que sufrieron de manera diferenciada la guerra y que suelen ser poco visibles en las políticas…
p. 14
41Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3651 cita
[42]de la Verdad analice y resuelva» 802. El despojo en el Pacífico: «Desafiamos la idea de los foráneos de creerse dueños y amos de nuestros territorios» 803 En los años setenta las comunidades negras del Pacífico norte iniciaron un proceso organizativo para el reconocimiento de la ocupación ancestral de sus territorios.…
p. 365
42Comisión de la Verdad - metodología étnica.htmlp. 11 cita
[43]Final. En el ejercicio de su labor como Comisionada abogó por la escucha a las víctimas y lideró el trabajo con pueblos étnicos junto con la comisionada Patricia Tobón Yagarí. Leyner Palacios 28 sept 2020- agosto 2022 Leyner Palacios es un líder chocoano y abogado de profesión con una trayectoria de más de 20 años en…
p. 1
43Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2361 cita
[44]como entidades de coordinación subregional (departamental) hacia mediados de la década del noventa. Así, por ejemplo, para 1996 en un evento en Bocas de Satinga se argumentaba: “¿Qué es el Palenque territorio negro en Nariño? Es el gran territorio de las comunidades negras, es un espacio para la construcción de la…
p. 236
44Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 11 cita
[45]INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Guerra propia, guerra ajena Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos El Movimiento Armado Quintín Lame Guerra propia, guerra ajena Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos El Movimiento Armado Quintín Lame…
p. 1
45Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1801 cita
[46]742 Reyes Posada y Duica Amaya, Guerreros y campesinos. 743 Ibíd. 744 Entrevista 278-VI-00009. Campesina, víctima. 745 Entrevista 228-VI-00046. Víctima de extorsión. la guerra a muerte: el territorio en medio de las violencias (1997-2010) 181 ocasiones a las autoridades indígenas, reclutaron jóvenes y niños y usaron…
p. 180
46Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 3671 cita
[47]comienzan las pérdidas de las tierras por todos los juicios de pertenencia o de prescripción Volumen Testimonial del Informe Final de la Comisión de la Verdad Versión digital - 28 de junio del 2022 367 adquisitiva ordinaria. Eso fue por allá en el tiempo de la quema del Palacio de la Intendencia. La misma época en que…
p. 367
47Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 2401 cita
[48]con el ímpetu y el signo del futuro, saturado de posibilidades nunca vistas hasta el momento (Zizek, Sublime 139-41). Y ahí, en esa memoria muisca, pueden estar las pistas que nos permitan salir de esta encrucijada que nos ha metido la razón ilustrada y colonizadora. determinante en las sociedades cundiboyacenses. Los…
p. 240
48La guerra escondida. Minas Antipersonal y Remanentes Explosivos en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica, Fundación Prolongar · 2017 · p. 1291 cita
[49]de personas y su lugar. El territorio es el lu- gar donde una colectividad puede reconocer sus propias huellas. Cuando la guerra está en el territorio -como lo expresa el hombre Awá cuyas palabras fueron tomadas para el título de este capítulo- ella amenaza con borrar o transformar las huellas territoriales que le dan…
p. 129
49Women's Writing in Colombia: An Alternative HistoryCherilyn Elston · 2016 · p. 431 cita
[50]Studies) in 2001. For a detailed examination of women’s/gender studies in the Colombian academy, see Wills, Chap. 7. INTRODUCTION: MODERNITY’S REBEL DAUGHTERS 33 10. For these scholars this is one side of the contemporary feminist debate, positing on the other side the anti-essentialists or poststructuralist femi-…
p. 43
50Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2501 cita
[51]y memoria histórica -Mujeres http://www.centrodeme- moriahistorica.gov.co/in- formes/informes-2011/ mujeres-que-hacen- historia Cartilla Documentos metodológicos Cartilla: Re- construcción de la memoria histórica desde la perspectiva de género GMH-CNRR 2011 El documento plantea algunas reflexiones en torno a cómo…
p. 250
51La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 11 cita
[52]Víctimas del conflicto armado en Colombia Tomo I En esta guerra ha habido innumerables víctimas, mujeres y hombres. Todos han sufrido y han experimentado enormes impactos traumáticos y pérdidas irreparables. Sin duda, muchos más hombres que mujeres han perdido el bien más importante: la propia vida. Pero cuando nos…
p. 1
52La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 5441 cita
[53]ca de las Mujeres (Ed.), (2013 b), La verdad de las mujeres. Víctimas del con fl icto armado en Colombia (Vol. III), Bogotá. Sanabria, M., (2005), Entre el quehacer pedagógico y las ganas de salir corriendo: Un maestro en Zonas de con fl icto, San Juan de Pasto, Editorial UNIMAR. Sánchez, G., (1990), Las ligas…
p. 544
53Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 21 cita
[54]COMISIÓN PARA EL ESCLARECIMIENTO DE LA VERDAD, LA CONVIVENCIA Y LA NO REPETICIÓN Hay futuro si hay verdad – Informe Final. Mi cuerpo es la verdad EXPERI ENCIAS DE MUJERES Y PERSONAS LG B T IQ+ EN EL CONFLICTO ARMADO Julio de 2022 Hay futuro si hay verdad. Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la…
p. 2
54Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 2391 cita
[55]y monolítico sujeto político, sino también su carácter ornnisapiente de las condiciones históricas y sociales sobre las que se fundamenta su domina- ción o sujeción. Como Judith Butler (1990, [1990] 1995) lo muestra para el caso del feminismo, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (op. cit.) para el de la clase, o Stuart…
p. 239
55La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 11 cita
[56]?! 1*71 Vil CI MIIUL VtíllüLlU EL SIGLO' llm Errw fcTT^ Secu lentos soore la nrtín Xyueva PRENSA aWL - < ucercl Estudio de un Proceso Social lm Lacha coatí Armados SEGUNDA EDICION Mons. GERMAN GUZMAN ORLANDO FALS BORDA EDUARDO UMAÑA LUNA Va 0 alCrimi F2278 * a¿ Gánese la.G99 V. | os ém^mmí' Gritaban- n; n „ nh v -…
p. 1
56Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 451 cita
[57]asserts that those who bear these signs have the right to abuse and take advantage of those who do not. The inter - action between these classes of values is paradoxical, as it promotes the M. ZULETA 9 idea that the resolution of conflict is achieved through permanent war, in which the strongest side, which are…
p. 45
57Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1351 cita
[58]sociólogos, antropólogos y compañía no estaban motivados únicamente por darle mayor rigor a sus respectivos quehaceres. Igualmente importante, para todos ellos, era utilizar el trabajo científico como un instrumento para conocer mejor la realidad del país, una realidad bastante sombría que planteaba todo tipo de…
p. 135
58El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 51 cita
[59]El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivariana Investigación Acción Participativa Orlando Fals Borda s e r i e Caracas,Venezuela 2008 P ensamiento social ©Orlando Fals Borda © Fundación Editorial el perro y la rana, 2008 Centro Simón Bolívar Torre Norte, piso 21, El Silencio, Caracas - Venezuela, 1010. Teléfonos:…
p. 5
59Sociology in ColombiaJanneth Aldana Cedeño · 2023 · p. 111 cita
[60]by the weight of events that developed during this period. This journey closes with an exposition of certain trends that have marked the development of Colombian sociology, while it presents some of the challenges derived from the post-agreements (Havana Agreements—2015—and Cartagena Agreements—2016) and what today is…
p. 11
60La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 11 cita
[61]D e la subversión y la finali D a D histórica Orlando Fals Borda Bogotá, D. C., 2008 Colección 2 l a s ubversión en c olombia 1º Edición española, 1967 Universidad Nacional de Colombia/ Tercer Mundo Bogotá, Colombia. 2º Edición Española, 1968. Idem. 3º Edición Inglesa, 1969. Columbia Univesity Press, New York 4º…
p. 1
61Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 31 cita
[62]Serie Maestros de la Sede U N I V E R S I D A D N A C I O N A L DE C O L O M B I A S E D E B O G O T Á Historia doble de la Costa R E T O R N O A LA T I E R R A J*f& • Pivijay VALLEDUPAR MAR CARIBE María la Baja,,San Juan Nepomuceno San Onofre» „ V\ • San Jacinto j L Plato.El Carmen Zambrano I Colosó» «Ovejas Tolú •…
p. 3
62Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 31 cita
[63]S e r i e M a e s t r o s d e la S e d e U N I V E R S I D A D N A C I O N A L DE C O L O M B I A SEDE B O G O T Á Historia doble de ia Costa RESISTENCIA EN EL SAN JORGE O R L A N D O FALS BORDA Historia doble de la Costa 3 RESISTENCIA EN EL SAN JORGE U N I V E R S I D A D N A C I O N A L DE C O L O M B I A BANCO DE…
p. 3
63Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 31 cita
[64]Serie Maestros de la Sede U N I V E R S I D A D N A C I O N A L DE C O L O M B I A SEDE B O G O T Á Historia doble de la Costa M O M P O X Y LOBA La depresión m o m p o s i n a y la costa atlántica. O R L A N D O FALS BORDA Historia doble de la Costa 1 MOMPOX Y LOBA U N I V E R S I D A D N A C I O N A L DE C O L O M B…
p. 3
64El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 11 cita
[65]UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS. DEPARTAMENTO DE HISTORIA. EL MARXISMO en Colombia Orlando Fals Borda. Gerardo Molina. Dar í o Fajardo. Gabriel Misas. Ricardo S á nchez. Klaus Meschkat. Eduardo Pizarro. Carlos Uribe. Fernando D'Janon. Gonzalo Cata ñ o. EL MARXISMO EN COLOMBIA ORLANDO FALS…
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65Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 1081 cita
[66]y tortura en Caqueta (Death and Torture in Caqueta); the report was also translated and published in the United States by activists based in New York. In part because of the international institutional links provided by the Catholic Church, CINEP developed a strong relationship with human rights activists in the…
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66Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1101 cita
[67]estas desapariciones recae sobre el MAS y miembros del F2. La mayoría de las desapariciones incluso se hicieron en vehículos asignados a la DIPEC-F2, como certificó el Instituto Nacional de Tránsito en agosto de 1983 337. 330 Ronderos, Guerras recicladas, 41-42. 331 Salazar, La parábola de Pablo: Auge y caída de un…
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67Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 4541 cita
[68]Intellectual Precursors of the Mexican Revolution, 1900-1913. Austin: University of Texas Press, 1968. Dean, Warren. The Industrialization of Sao Paulo, 1880-1945. Austin: University of Texas Press, 1969. De Wind, Adrian. "From Peasants to Miners. The Background to Strikes in the Mines of Perú." Science and Society,…
p. 454