Fundación de ASFADDES y el movimiento de familiares de desaparecidos
En 1983, en Bogotá, familias —mayoritariamente mujeres— de catorce estudiantes de la Universidad Nacional desaparecidos durante una protesta fundaron la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (ASFADDES), primera organización colombiana que se autoidentificó como asociación de familiares de víctimas de violaciones de derechos humanos. Con ella nació públicamente en Colombia la categoría política de 'desaparecido' y un repertorio civil de denuncia, documentación y memoria que precedió por dos décadas la institucionalización estatal.
Ficha del acontecimiento
Síntesis
- Cuándo
- 1983 (proceso iniciado en 1982, al final del gobierno Turbay y comienzo del gobierno Betancur)
- Protagonistas
- Fabiola Lalinde, Julio César Turbay, Belisario Betancur, Héctor Abad Gómez, ASFADDES (Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos), Familias de los catorce estudiantes de la Universidad Nacional desaparecidos, Yanette Bautista, Nydia Erika Bautista, Luz Marina Hache Contreras, CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular), Alfredo Vázquez Carrizosa, Pedro Pablo Camargo
Lectura causal
Causas, hecho y consecuencias
Causas
- El Decreto 1923 de 1978 (Estatuto de Seguridad), expedido por Turbay bajo Estado de Sitio, institucionalizó detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones forzadas contra estudiantes, sindicalistas, campesinos e intelectuales de izquierda, con más de 5.000 detenidos y torturados solo en Bogotá y alrededor de 16.000 en todo el país por razones políticas.
- La desaparición colectiva de catorce estudiantes de la Universidad Nacional durante una protesta, ejecutada por aparatos de seguridad identificables (DIPEC, F-2, Brigada de Institutos Militares, Batallón Charry Solano), fue el detonante directo que reunió a sus familias y motivó la constitución formal de la organización.
- El Código Penal vigente (Decreto 100 de 1980) no tipificaba la desaparición forzada como delito autónomo, lo que dejaba a las familias sin herramientas jurídicas adecuadas y al Estado sin obligación formal de investigar el crimen como tal.
- La participación conjunta de estructuras estatales (F-2, DIPEC) y paramilitares (MAS) en las desapariciones creó un perpetrador híbrido que las familias no podían enfrentar individualmente ni encuadrar en las categorías jurídicas existentes.
- El ecosistema previo de organizaciones de derechos humanos —Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, CINEP, Comité de Solidaridad con los Presos Políticos— y la influencia del modelo organizativo de las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, transmitida a través del CINEP, proveyeron el marco institucional y el repertorio de acción que hicieron posible la fundación.
Consecuencias
- ASFADDES se convirtió en la primera organización colombiana que dotó de identidad pública y nombre colectivo a las víctimas de desaparición forzada, estableciendo la categoría política de 'desaparecido' en un contexto de negación oficial sistemática.
- La organización construyó un archivo civil artesanal —fichas, fotografías, testimonios, fechas, unidades responsables— que durante décadas fue la única fuente sistemática de documentación de desapariciones forzadas en Colombia, ante la inexistencia de registros oficiales.
- ASFADDES inauguró un repertorio de acción pública —marchas con fotografías en pancarta, galerías de la memoria, boletines, camisetas, consignas— que se convirtió en modelo para organizaciones de víctimas en otras regiones del país y contribuyó a la construcción del movimiento colombiano de derechos humanos.
- El trabajo político de ASFADDES durante los años ochenta tuvo como objetivo central el reconocimiento oficial de la desaparición forzada como modalidad de violencia y de la responsabilidad estatal, proceso que eventualmente condujo a su tipificación como delito autónomo en Colombia.
- La persecución contra la propia organización —incluyendo la desaparición de activistas como Ángel Quintero y Claudia Monsalve, y el exilio de algunos miembros— amplió el repertorio de ASFADDES hacia la búsqueda de sus propios integrantes y evidenció la continuidad del crimen que la organización denunciaba.
- El archivo y la experiencia acumulada por ASFADDES precedieron y alimentaron la institucionalización estatal de la memoria histórica, los registros de víctimas y los mecanismos de justicia transicional que Colombia desarrollaría dos décadas después.
La clave interpretativa
Por qué importa
La fundación de ASFADDES en 1983 es el acto inaugural del movimiento colombiano de derechos humanos en su forma moderna: el momento en que el dolor privado de un grupo de familias se convirtió en categoría política, en archivo civil y en demanda sostenida frente a un Estado que negaba el crimen y cuyo derecho penal ni siquiera lo nombraba. Su importancia no es solo conmemorativa: el archivo artesanal que ASFADDES construyó durante los años ochenta fue durante décadas la única fuente sistemática de documentación de desapariciones forzadas en Colombia, y el repertorio de acción que inventó —fotografías en pancarta, galerías de la memoria, consignas de identidad— se convirtió en el lenguaje común con que las víctimas colombianas reclamarían verdad, justicia y memoria durante los cuarenta años siguientes.
Desarrollo histórico
La historia completa
Fundación de ASFADDES y el movimiento de familiares de desaparecidos
En 1983, en Bogotá, un grupo de familiares —en su mayoría mujeres— de catorce estudiantes de la Universidad Nacional desaparecidos durante una protesta constituyó la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, ASFADDES. Fue la primera organización colombiana que se autoidentificó como asociación de familiares de víctimas de violaciones de derechos humanos, y con ella empezó a existir públicamente, en el país, la categoría misma de "desaparecido". Antes de ASFADDES había víctimas, casos aislados, denuncias dispersas de abogados y de la Iglesia; después de ASFADDES hubo un nombre, un archivo civil, un repertorio de calle y una demanda sostenida frente a un Estado que negaba la existencia del crimen y cuyo Código Penal ni siquiera lo tipificaba. Esa fundación, ocurrida al final del gobierno de Julio César Turbay Ayala y al comienzo del de Belisario Betancur, condensa el momento en que el dolor privado de un puñado de familias se convirtió en una forma nueva de política.
El país que fabricó a los desaparecidos
El acto fundacional de ASFADDES es incomprensible fuera del Decreto 1923 de 1978, conocido como Estatuto de Seguridad, expedido por Turbay en septiembre de ese año bajo la figura del Estado de Sitio. El Estatuto fue el conjunto más comprensivo de restricciones a las libertades públicas en Colombia desde 1958: amplió la competencia de la jurisdicción penal militar sobre civiles, creó nuevas figuras penales, aumentó sanciones y estableció mecanismos de censura que alcanzaron a la radio y la televisión. Fue la traducción normativa de la Doctrina de Seguridad Nacional, esa cuadrícula continental que en los setenta convirtió al enemigo interno en la obsesión de los ejércitos latinoamericanos.
Bajo su vigencia, entre 1978 y 1982, se institucionalizaron las detenciones arbitrarias y la tortura contra sindicalistas, estudiantes, campesinos e intelectuales de izquierda. Solo en Bogotá se cuentan más de cinco mil personas detenidas y torturadas; el total nacional de detenidos por razones políticas se estima en alrededor de dieciséis mil. La protesta social quedó sometida a los consejos verbales de guerra. Y las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales, que ya existían de manera episódica, se hicieron sistemáticas.
Los aparatos responsables tenían nombre y sigla. Las investigaciones posteriores identificaron a la DIPEC, al SIPEC, al F-2 de la Policía Nacional, a la Estación IV de Policía, a la Brigada de Institutos Militares y al Batallón de Inteligencia Charry Solano como unidades tácticas involucradas en el llamado Caso Colectivo 82, que incluye la desaparición de las hermanas Galárraga. En agosto de 1983, el Instituto Nacional de Tránsito certificó que la mayoría de las víctimas de ese conjunto de casos habían sido ejecutadas utilizando vehículos asignados a la DIPEC-F2. La Brigada de Institutos Militares, cuya jefatura recayó por entonces en el general Miguel Vega Uribe, desapareció a Olga López de Roldán y a su hija tras acusarlas de guerrilleras; ambas fueron torturadas.
Ese detalle —vehículos oficiales, unidades identificables, agentes con placa— define la textura colombiana del crimen. La desaparición no se cometía en la clandestinidad total, sino con recursos rastreables: patentes, oficinas, jefaturas nominales. En los expedientes del Caso Colectivo 82 aparece también, junto a la firma del F-2, la del Muerte a Secuestradores (MAS), la primera estructura paramilitar con proyección nacional. El perpetrador era híbrido desde el principio: parte aparato estatal, parte estructura paraestatal montada en su órbita. Esa hibridez obligaría al movimiento de familiares a desarrollar un repertorio de denuncia más complejo, dirigido simultáneamente contra el Estado y contra actores que operaban a su sombra sin llegar a confundirse del todo con él.
Sobre ese paisaje pesaba, además, un vacío jurídico decisivo. El Código Penal vigente —Decreto 100 de 1980, en vigor desde el 23 de enero de 1981— no tipificaba la desaparición forzada como delito autónomo. Cuando algún fiscal o juez se atrevía a investigar los hechos, tenía que forzar el encuadre bajo la figura del secuestro, con toda la distorsión que eso implicaba: el secuestro presume un secuestrador identificable con fines de rescate o presión, no un aparato estatal que niega la retención misma. El derecho colombiano no tenía palabras para lo que estaba ocurriendo.
Las redes previas: el ecosistema que hizo posible la organización
ASFADDES no brotó del vacío. En los años inmediatamente anteriores a su fundación, un ecosistema disperso de organizaciones y personas había empezado a nombrar, con vocabularios distintos y desde flancos distintos, lo que ocurría bajo el Estatuto.
El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, presidido por el jurista y excanciller Alfredo Vásquez Carrizosa, funcionaba desde 1979 como espacio de denuncia jurídica y diplomática. El Comité de Solidaridad con los Presos Políticos documentaba las detenciones bajo el Estatuto y acompañaba jurídicamente a los detenidos. En Medellín, el Comité de Defensa de los Derechos Humanos, presidido por el médico Héctor Abad Gómez, denunciaba el creciente número de asesinatos y desapariciones que ya azotaban a Antioquia. Y el Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), obra de los jesuitas, articulaba investigación, publicación y acompañamiento pastoral en un país donde la Iglesia católica seguía siendo, para muchas familias, el único interlocutor confiable.
A ese entramado interno se sumaron dos golpes de contexto internacional. En 1980, Amnistía Internacional realizó su primera visita a Colombia, a solicitud de las propias organizaciones colombianas, y publicó un informe que denunció torturas, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas bajo el Estatuto. La visita colocó al país en la agenda mundial de derechos humanos en un momento en que el gobierno Turbay pretendía presentarse como una democracia asediada por la subversión. Un año antes, en 1979, el jurista Pedro Pablo Camargo había presentado ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas la Comunicación N.º 45/1979, correspondiente al caso Suárez de Guerrero, en representación del esposo de la víctima. Fue una de las primeras peticiones colombianas ante el sistema universal, y marcó una ruta que después recorrerían decenas de familias.
En ese ecosistema, el CINEP cumplió un papel decisivo para lo que vendría. Los vínculos internacionales de la Iglesia católica le permitieron establecer contacto estrecho con activistas de derechos humanos del Cono Sur, en particular con las Madres de la Plaza de Mayo, que en Argentina llevaban desde 1977 marchando cada jueves con pañuelos blancos alrededor del monumento central de Buenos Aires. Cuando las primeras familias bogotanas de desaparecidos empezaron a buscarse, a preguntarse quiénes eran las otras familias, a intuir que su caso no era el único, el CINEP les ofreció a la vez un lugar de encuentro, un archivo incipiente y un modelo organizativo probado: el de las Madres.
De un caso a una organización (1982–1983)
El detonante fue una desaparición colectiva de estudiantes de la Universidad Nacional durante una protesta. Catorce jóvenes fueron sustraídos por aparatos de seguridad en operativos coordinados. Sus familias, procedentes de distintos barrios y estratos, se conocieron en las peregrinaciones habituales: la Brigada de Institutos Militares, la Estación IV, la Procuraduría, los batallones, los hospitales, la morgue. Descubrieron que hacían las mismas preguntas y recibían las mismas negativas. Descubrieron, sobre todo, que solas no llegaban a ninguna parte.
De ese descubrimiento nació la asociación. Los primeros miembros de ASFADDES fueron las familias de esos catorce estudiantes. En 1983, con el acompañamiento del CINEP y bajo la influencia declarada del modelo argentino, constituyeron formalmente la organización. La fecha exacta ha quedado registrada por la propia asociación en su documento Veinte años de historia y lucha, publicado en 2003, que funciona hoy como fuente primaria sobre su nacimiento.
Entre las figuras que empezaron a articular el trabajo en esos años iniciales o en los inmediatamente siguientes aparecen mujeres que se convertirían en referentes del movimiento colombiano de derechos humanos: Fabiola Lalinde, madre de Luis Fernando Lalinde, desaparecido en 1984 en el suroeste antioqueño; Yanette Bautista, hermana de Nydia Erika Bautista, cuyo caso definiría décadas de litigio internacional contra el Estado colombiano; Luz Marina Hache Contreras, cuya trayectoria en la búsqueda se sostendría por décadas. El perfil demográfico era inequívoco: madres, hermanas, esposas, hijas. La búsqueda del desaparecido, en Colombia como en el resto de América Latina, fue desde el principio un trabajo predominantemente femenino, sostenido por mujeres que abandonaron oficios, familias y, con frecuencia, vidas enteras para dedicarse a una tarea que el Estado no reconocía como tarea.
La consigna que la organización adoptó como sello quedó fijada en dos frases: "Vivos los queremos, porque vivos se los llevaron". En ella se comprimía todo: la negación del duelo por adelantado, la exigencia de responsabilidad estatal en la sustracción, la afirmación de que la víctima no había desaparecido sino que había sido desaparecida por alguien concreto.
El repertorio: fotografías, marchas, boletines, camisetas
Lo que ASFADDES inventó, más que una vocería, fue un repertorio: un conjunto reconocible de gestos, objetos y prácticas con los que un grupo de familias transformó la búsqueda íntima en presencia pública sostenida.
El objeto central era la fotografía. En las marchas, las integrantes de ASFADDES portaban las imágenes de los desaparecidos en tamaño grande, en forma de pancartas. Cada imagen iba acompañada del nombre de la víctima, la fecha de su desaparición, las circunstancias del hecho o la edad que tenía al momento de ser tomada. El propósito era literal y político a la vez: devolverle al desaparecido un rostro, un nombre, una fecha concreta, en un contexto en que las autoridades negaban que la desaparición forzada estuviera ocurriendo. La fotografía era la prueba de que la persona había existido, y su exhibición pública, la exigencia de que siguiera existiendo en la cuenta del Estado.
De esa práctica derivaron las llamadas galerías de la memoria: instalaciones en plazas y espacios institucionales donde se exhibían los rostros y los nombres. Las galerías convertían un espacio público en archivo. En una época sin internet, sin bases de datos oficiales, sin registro nacional de víctimas —todo eso llegaría décadas después—, la galería era el archivo. Y era un archivo hecho a mano: cartulinas, fotografías domésticas reproducidas artesanalmente, marcadores. Un archivo civil, hecho por las familias, contra el olvido y contra el desmentido oficial.
Las marchas tenían una coreografía precisa. Salían con destino a sedes institucionales —principalmente la Procuraduría, en la Plaza de Bolívar y sus alrededores— donde el grupo se detenía, gritaba consignas y en ocasiones repartía hojas volantes con denuncias específicas. Boletines, pendones, carteles y afiches complementaban la acción de calle. La camiseta también entró temprano en el repertorio: prendas del mismo color, o estampadas con las imágenes de los desaparecidos, comunicaban visualmente que la causa de quien la portaba no era el caso particular de un familiar sino el conjunto de todos los desaparecidos. Era un pequeño gesto de universalización política que convertía a cada madre o hermana en representante de todas.
Ese repertorio tenía una fuente clara —las Madres de la Plaza de Mayo— pero incorporó adaptaciones locales significativas. La pancarta con fotografía retomaba, ampliaba y sistematizaba el gesto argentino. Las galerías, en cambio, tuvieron un desarrollo propio que después inspiraría prácticas de memoria en otras regiones del país. Y las consignas se ajustaron a un interlocutor distinto: no una junta militar identificable con un rostro y una fecha de golpe, sino un aparato estatal que se proclamaba democrático y que, por lo tanto, era más resbaladizo, más difícil de responsabilizar públicamente.
Documentar cuando el Estado niega
Pero el repertorio de calle era solo la mitad visible de una tarea que requería, al mismo tiempo, un trabajo paciente lejos de las cámaras. Cada fotografía exhibida en una marcha suponía una ficha detrás: un nombre completo, una fecha, un lugar, un testimonio recogido. Detrás de la escena pública operaba, silenciosa y minuciosa, la otra tarea de la asociación: documentar. Registrar caso por caso, fecha por fecha, unidad militar por unidad militar. Ante la inexistencia de un registro oficial de personas desaparecidas —que no llegaría hasta finales de los noventa, y con vaivenes— y ante la negación institucional del crimen, ASFADDES construyó su propio archivo artesanal.
Ese archivo tenía un valor jurídico y político doble. Servía, por un lado, para sustentar las denuncias penales que las familias insistían en presentar aun sabiendo que la ausencia de tipo penal las condenaba a un desvío casi seguro hacia la figura del secuestro, cuando no al archivo. Servía, por el otro, para alimentar las comunicaciones internacionales que empezaban a llegar a Ginebra y a Washington. Cada caso que ASFADDES sistematizaba era una posible petición ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, ante la Comisión Interamericana o ante Amnistía Internacional.
La labor de documentación tuvo, en esos primeros años, un carácter fundacional. En un país donde las cifras oficiales de desaparición forzada no existirían por décadas —y donde, cuando finalmente empezaron a existir, dependerían de la información acumulada por organizaciones no gubernamentales—, ASFADDES y sus organizaciones hermanas se convirtieron en las productoras primarias del dato. Que hoy sea posible hablar del fenómeno con cifras, aunque discutidas y disímiles, se debe a un trabajo iniciado en cocinas y salones prestados en el Bogotá de comienzos de los ochenta.
Transición política: el gobierno Betancur y su ambigüedad
La fundación de ASFADDES coincidió con el cambio de gobierno. Turbay levantó el Estado de Sitio a menos de tres meses de dejar el poder, a mediados de 1982, después de seis años ininterrumpidos, argumentando que la acción subversiva estaba controlada. La afirmación era, como mínimo, discutible: el Estatuto, diseñado según sus propios promotores para exterminar la subversión, produjo el efecto contrario, fortaleciendo a los movimientos de oposición y contribuyendo al crecimiento de las guerrillas.
Betancur ganó la presidencia en 1982 aprovechando la división del Partido Liberal entre la facción oficialista de Alfonso López Michelsen y una disidencia. Las denuncias de violaciones a los derechos humanos bajo Turbay fueron un factor relevante en la campaña, en la que la paz se instaló como tema central. El nuevo presidente impulsó una política de negociación con las guerrillas y decretó una amnistía que buscaba abrir un compás distinto.
Para ASFADDES, la llegada de Betancur fue ambigua. Por un lado, el clima general se distendió y la denuncia pública encontró márgenes que bajo Turbay eran impensables. Por el otro, la política de paz dependió en la práctica de un círculo personal del presidente más que de una estrategia institucional articulada, y desde el interior de las Fuerzas Armadas —contrarias a la subordinación al poder civil que la nueva línea implicaba— surgieron corrientes que buscaron soluciones clandestinas con apoyo de sectores civiles para continuar el esfuerzo contrainsurgente. La movilización social, incluida la de las familias de desaparecidos, fue interpretada por esos sectores como extensión del proyecto guerrillero.
De ese conflicto entre política civil y autonomía militar se alimentaría, en los años siguientes, buena parte de la violencia sucia de los ochenta y noventa. Y ASFADDES, precisamente por haberse convertido en la voz visible de la denuncia, sería uno de sus blancos.
Los costos: perseguir a los que buscan
La fundación de ASFADDES no puso a las familias a salvo; las expuso más. La persecución contra la organización incluyó la desaparición de miembros activistas de la propia asociación —entre ellos Ángel Quintero y Claudia Monsalve— y obligó a algunas de sus integrantes al exilio. La búsqueda del desaparecido se convirtió en una tarea que podía costarle a quien la emprendía su propia desaparición.
Ese costo tenía múltiples capas. La primera era jurídica: las familias que insistían en denunciar recibían amenazas, en parte por el involucramiento o la complicidad de agentes del Estado en los hechos. La segunda era simbólica: los victimarios, y en ocasiones también funcionarios estatales, recurrían a la estigmatización de las víctimas —presentarlas como guerrilleras, delincuentes o "elementos subversivos"— para desmentir el crimen y endilgar responsabilidad a las propias desaparecidas. Los familiares no solo debían soportar la ausencia; debían defender el nombre de sus seres queridos frente a una campaña sistemática de difamación.
La tercera capa era psíquica, y quizá la más difícil de nombrar. La imposibilidad de constatar una pérdida definitiva —ese rasgo estructural de la desaparición forzada— hizo que las familias vivieran en una incertidumbre prolongada que la literatura psicosocial identifica como una forma de tortura: quebranta la personalidad y deja huellas permanentes en la estructura emocional. El duelo no puede elaborarse cuando no hay cuerpo, cuando no hay fecha de muerte, cuando cada mañana existe la posibilidad —remota, pero existente— de que la persona regrese. Ante ese vacío, las familias inventaron o recuperaron rituales propios para sostener la ausencia sin cerrarla. Entre buscadoras afrodescendientes de la costa Pacífica, por ejemplo, se han documentado prácticas como encender velas, fogatas y sahumerios: gestos heredados de tradiciones espirituales que les permiten hacer un lugar al desaparecido dentro de la casa sin declararlo muerto, sostener una relación con quien no está sin renunciar a esperarlo. La búsqueda tenía, así, una dimensión ritual además de política y jurídica: convivir con la ausencia era una tarea diaria que exigía formas propias de simbolización.
De ese sustrato de dolor irresuelto surgió, paradójicamente, la energía política sostenida de ASFADDES. La búsqueda podía durar toda una vida; y de hecho duró toda una vida, para muchas mujeres, la mayor parte de las cuales murió sin encontrar a los suyos.
Efectos de largo plazo: fundar una gramática
El legado inmediato de ASFADDES puede medirse en tres planos.
En el plano de la nomenclatura, la asociación logró instalar la desaparición forzada como categoría autónoma en el debate público colombiano. Antes de ASFADDES, el crimen se disolvía en las cifras de la violencia general, se confundía con el secuestro, se explicaba como fuga o como reclutamiento guerrillero. Después de ASFADDES, la desaparición forzada existió como problema con nombre propio, aunque el derecho colombiano tardara todavía años en recogerlo. El Código Penal vigente durante toda la década no lo tipificó. Y cuando el legislador finalmente empezó a moverse, lo hizo en dirección oblicua: la Ley 282 de 1996, diseñada para combatir el secuestro y la extorsión, creó instituciones y mecanismos orientados a esas figuras y no a la desaparición, con lo que las familias de desaparecidos forzadamente quedaron por fuera de los beneficios previstos por la norma. La brecha entre la magnitud del fenómeno y la respuesta legal era abrumadora: solo entre 1986 y 1990 fueron desaparecidos forzadamente 137 sindicalistas, una cifra que dibuja un patrón sistemático mientras el andamiaje legal seguía sin producir un tipo penal específico. La tipificación autónoma llegaría después, arrancada al Estado tras años de presión de las propias familias.
En el plano organizativo, ASFADDES estableció el modelo del familiar-víctima como sujeto político. No los abogados ni los intelectuales ni los militantes partidarios, sino las madres, las hermanas, las esposas. Ese desplazamiento del protagonismo hacia las familias tuvo consecuencias duraderas: definió el rostro público del movimiento de derechos humanos colombiano y estableció una legitimidad —la del dolor directo, la de la carne propia— difícil de disputar retóricamente incluso para los adversarios más recalcitrantes.
En el plano del repertorio, ASFADDES fundó una gramática que otras organizaciones adoptarían y adaptarían en las décadas siguientes. Las fotografías, las galerías, las camisetas, las consignas, los boletines, la ocupación de la Plaza de Bolívar y de los alrededores institucionales del poder: todo ese vocabulario visual y espacial de la memoria, que hoy se ha vuelto casi rutinario en las movilizaciones colombianas, fue invención suya. Cuando el Estado colombiano, dos décadas después, empezó a construir sus propias instituciones de memoria —el Grupo de Memoria Histórica, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, luego el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Comisión de la Verdad— lo hizo llegando tarde a un trabajo que las familias organizadas llevaban veinte años haciendo con sus manos.
Mantener las fotografías de los desaparecidos ha contribuido a que las nuevas generaciones no olviden lo ocurrido en el siglo XX, y ha facilitado la incorporación de jóvenes al movimiento por la verdad y la justicia. La transmisión intergeneracional del duelo se convirtió, así, en transmisión intergeneracional de la lucha.
Por qué sigue importando
La fundación de ASFADDES pertenece a la historia colombiana por razones que exceden ampliamente el episodio de 1983.
Fija, en primer lugar, un principio institucional: la memoria de las víctimas no es un producto del Estado, ni una concesión del Estado, ni una tarea que dependa de los ciclos políticos del Estado. Es un trabajo civil, sostenido en primera persona por quienes soportan la pérdida, que puede sobrevivir a gobiernos hostiles y persecuciones directas y que produce, con el tiempo, el archivo sobre el cual el propio Estado —cuando por fin decide asumir su responsabilidad— tendrá que apoyarse. Cuando el Centro Nacional de Memoria Histórica publicó sus primeros informes, cuando la Comisión de la Verdad recogió testimonios, cuando la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas empezó a funcionar, las bases documentales sobre las que trabajaron no fueron construidas por funcionarios: fueron entregadas, celosamente conservadas durante décadas, por las mismas mujeres que en 1983 habían empezado a llenar carpetas en cuadernos escolares.
Fija, en segundo lugar, un rasgo específico de la experiencia colombiana. El movimiento colombiano de familiares no pudo apoyarse en el desmentido evidente que ofrecían las dictaduras del Cono Sur —la excepcionalidad moral del régimen de facto, la fecha de golpe, el retorno a la democracia como horizonte compartido—. Nació y creció bajo democracias formales, con congresos electos y presidentes constitucionales, y tuvo que batallar contra la afirmación normalizada de que Colombia era un Estado de derecho. La denuncia no se dirigía contra un régimen de excepción sino contra la excepción dentro de la regla: contra los agujeros oscuros de una institucionalidad que se seguía presentando como legítima incluso mientras sus aparatos desaparecían gente. Esa asimetría explica por qué la lucha de las familias colombianas ha sido tan larga y por qué su reconocimiento oficial ha llegado tan tarde y tan parcialmente. Contra una dictadura se combate hasta que cae; contra una democracia que niega los hechos hay que combatir indefinidamente, porque nunca hay una fecha de cierre.
Fija, finalmente, una vara moral. Que un puñado de mujeres, sin recursos, sin protección institucional, con maridos e hijos desaparecidos, con amenazas encima, hayan sido capaces de fundar en Bogotá, en 1983, la primera organización sistemática contra la desaparición forzada en Colombia, y de sostenerla durante décadas, mientras el país acumulaba masacres, magnicidios y ciclos de guerra sucia, es uno de los hechos más honorables de la vida pública colombiana del siglo XX. Los desaparecidos del Estatuto de Seguridad no fueron recuperados en su mayoría; sus responsables, en su mayoría, no fueron sancionados; el crimen no dejó de cometerse. Pero el silencio se rompió, y se rompió porque un pequeño grupo de familias decidió que no iba a permitir que sus muertos —o sus vivos, según se resolviera— sufrieran una segunda desaparición, esta vez a manos del olvido.
Esa segunda desaparición, la del silencio colectivo, es la que sigue en disputa. ASFADDES la trabó en Bogotá en 1983, y esa disputa continúa cada vez que una fotografía vuelve a levantarse en la Plaza de Bolívar, cada vez que un nombre se pronuncia en voz alta después de cuarenta años, cada vez que una hija que no llegó a conocer al padre desaparecido recoge la pancarta de una madre que ya no puede sostenerla. La organización, más que una asociación de víctimas, terminó siendo el lugar donde se aprendió, en Colombia, cómo se resiste al olvido: con papel, con fotografía, con cuerpo, con archivo, con calle. Y con el tiempo, que es la materia más escasa y la más obstinada de todas.
La época alrededor
Este hecho no ocurrió solo
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
01Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 12 citas
[1]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…p. 1
[2]16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…p. 1
02"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · p. 251 cita
[3]6; “De los fines del Estado” (Boletín de Estrategia 001), en el mismo ejemplar, pp. 79 a 82; “Organización básica de la defensa nacional”, (Boletín estratégico 002), en Nº. 89, mayo-junio-julio-agosto 1978, Vol. XXX, pp. 227 a 236; “Generalidades sobre seguridad nacional”, (Editorial), en No.96,…p. 25
03La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2721 cita
[4]miembros de las fuerzas armadas. En 1976, fue expedido el decreto 2578, que le concedía a los mayores del ejército y a inspectores de policía la facultad de sancionar con una multa a personas consideradas potencialmente criminales. El segundo decreto fue el 0070, promulgado en enero de 1978 que concedía a miembros de…p. 272
04Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 3671 cita
[5]se adelantan cap- turas sin orden judicial, se aplica la sanción de arresto hasta por 180 días por alcaldes y gobernadores contra dirigentes sociales, dando como resultado detenciones arbitrarias y masivas, tortu- ras, restricciones a las garantías judiciales y al derecho al babeas corpus. La labor de las ONG de…p. 367
05Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 269, 2722 citas
[6]del p en- sami ento argentino de la <1seg uridad naci onah>. Segú n el presidente, esos asuntos debían ser abordados por una Asamblea Constituyente qu e má s ta rd e la Corte Suprema declararía inconstituciona l. En la s el ecc iones d e 1978, Turba y, el repre se ntant e por exce- lencia de la clase política li bera…p. 269
[44]a las que también se impusieron ca rgas financieras elevadas para co mprar más empresas. Las operaciones del holding llevaron a la quiebra de las in st ituciones financieras y el grupo cayó como un castillo de naipes. El esclarecimiento del episodio del <czarpazo,> del Grupo Gran Co lombiano ahondó, sin duda, la…p. 272
06Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 511 cita
[7]durante más de una década. EL GOBIERNO DE JULIO CÉSAR TURBAY AYALA, 1978-1982 Antes de finalizar este primer capítulo, y aunque ya se han apuntado algunas de las cuestiones en torno a los diferentes gobiernos presidenciales que tienen lugar en Colombia desde los años ochenta, resulta necesario recoger de un modo algo…p. 51
07Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 32, 854 citas
[8]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…p. 32
[9]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…p. 32
[21]ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…p. 85
[22]ramilitarismo e n C olombia Es decir que en todos los casos las personas eran siempre sospechosas y cual- quiera podía convertirse en objeto paramilitar, ya que estas órdenes exigían com- promisos superiores a los de la sana ética militar y empujaba a los campesinos a conformar grupos de autodefensa. Producto de esa…p. 85
08Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 611 cita
[10]es decir, un mes después de la posesión presidencial, fue asesinado en su hogar el exministro Rafael Pardo Buelvas por parte del ado. El 31 de diciembre, miembros del M-19 ingresaron por un túnel al complejo militar más importante y más custodiado del país y sustrajeron miles de armas en la llamada Operación Ballena…p. 61
09Conversaciones de honor: Memorias MilitaresMartín Nova · 2020 · p. 521 cita
[11]que el manejo debía ser de manera amplia estatal, no solamente la aplicación de la fuerza y operaciones militares. Se percibe la participación de los ministerios en lo que es de su esencia y su responsabilidad. Y en cuanto a las Fuerzas Militares hay un margen de maniobra más amplio. Por ejemplo, el manejo por parte…p. 52
10Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · p. 531 cita
[12]eight thou- sand Colombians were detained for “political reasons,” with the vast major- ity tried in military courts. During this same period a noticeable increase of forced disappearances and allegations of torture at the hands of military offi- cials was documented by human rights organizations (Gallon 1991, 13–15).…p. 53
11En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 371 cita
[13]del modelo de sustitución de importaciones, y del otro, la crisis agraria. El resultado fue una ola de protestas y ma- nifestaciones en el nivel nacional que desembocaron en el Paro Cívico del 77, que costó la vida a 18 ciudadanos y la privación de libertad a 3.000. Los militares trataron de imponer el llamado…p. 37
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 86, 1102 citas
[14]Leyva y el General Abraham Barón Valencia que era el ministro de guerra de la época, el ministro de Defensa del gobierno López, pidieron endurecer las medidas. […] Un mes después de posesionado, el doctor Julio César Turbay aprobó el Estatuto de Seguridad que es uno de los hechos más vergonzosos de la historia…p. 86
[20]estas desapariciones recae sobre el MAS y miembros del F2. La mayoría de las desapariciones incluso se hicieron en vehículos asignados a la DIPEC-F2, como certificó el Instituto Nacional de Tránsito en agosto de 1983 337. 330 Ronderos, Guerras recicladas, 41-42. 331 Salazar, La parábola de Pablo: Auge y caída de un…p. 110
1325 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1841 cita
[15]de~ universidad con una malla metalica. res1ringir el lrinsilO de vehic!Aos y peiSOnaS e impedir delinilivamen1e ellransito de buSes de seNicio I)(JblrCO- " Oi31ogo c011 eslud~nles de universidades privadas de Bogola (ft Trempo. 20 de marzo de 1977. plos. 1 y 11 A). '' Marlilesla<iórl en~ Plarofela del Concejo…p. 184
14El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1432 citas
[16]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…p. 143
[17]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…p. 143
15Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 3791 cita
[18]1982 to begin this process in earnest. During the government of President Turbay Ayala (19781982), guerrilla actions, especially those instigated by the M-19, reached new, unexpected levels compared to the previous decade. It was during this period, for example, that the M-19 stole hundreds of weapons from the army's…p. 379
16Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 120, 2202 citas
[19]Ferrer 4. Carlos Humberto Naranjo López 5. Jaime Roncancio González Unidades tácticas: 1. DIPEC 2. SIPEC 3. F-2 4. Estación IV de Policía 5. Brigada de Institutos Militares 6. Batallón de Inteligencia Charry Solano. r Derecho a la vida r Derecho a la integridad personal r Derecho a la libertad personal r Derecho sobre…p. 220
[31]han visto la Galería con sus rostros, sus nombres y han estructurado una y mil veces cada una de nuestras historias de dolor, pero también de lucha, resistencia y persistencia contra el olvido, contra la impuni- dad y por el derecho a saber qué pasó con nuestros seres queridos detenidos-desaparecidos, ¿por qué se los…p. 120
17Balance de la acción del Estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas. Tomo IVCentro Nacional de Memoria Histórica; Luz Marina Monzón Cifuentes (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 87, 1182 citas
[23]Balance de la acción del Estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas sado por la propia Fiscalía, con esta entidad se busca generar con- fi anza y seguridad jurídica en la sociedad, mediante la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación 88. El Código Penal con el cual la Fiscalía inició su…p. 87
[46]desaparición forzada. 145 Presidencia de la República de Colombia. Decreto 2231 del 3 de octubre de 1989. Publicado en el Diario O fi cial número 39.007 del 3 de octubre de 1989. 146 Presidencia de la República de Colombia. Decreto 048. Del 04 de enero de 1990. Sin datación de publicación en Diario O fi cial. 120…p. 118
18La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 1251 cita
[24]lo van a velar, es un perro que murió” y que no iba a pasar para arriba, que se regresen. Vereda Santa Clara, Putumayo, 2002, P.524. La mayor parte de las ejecuciones o desapariciones forzadas se hicieron estigmatizando a las víctimas, criminalizándolas, como una forma de justificar la acción. Muchos fa - miliares…p. 125
19Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 261 cita
[25]que se ha realizado sobre el conflicto armado y el horror que vivieron sus víctimas en las últimas tres décadas. Fue publicada en 2013 por el Centro de Memoria Histórica dirigido por Gonzalo Sánchez. 2 Según datos de Codhes (Consultoria para los Derechos Humanos y el Desplazamiento Forzado). Según la agencia…p. 26
20Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 1081 cita
[26]y tortura en Caqueta (Death and Torture in Caqueta); the report was also translated and published in the United States by activists based in New York. In part because of the international institutional links provided by the Catholic Church, CINEP developed a strong relationship with human rights activists in the…p. 108
21¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 217, 2952 citas
[27]Procuraduría, allí gritábamos consignas unos minutos y continuábamos. A esa hora mucha gente salía de las oficinas a buscar almuerzo y se detenía a mirar la marcha, pues llevábamos las fotografías de los desaparecidos en tamaño grande, en forma de pancartas. Algunas veces repartíamos hojas volantes con la denuncia.…p. 295
[28]sus restos. 94 El dolor y los sufrimientos, causados por las difíciles situaciones que experimentan las familias de los desaparecidos, se agravan debido a los rasgos de esta modalidad de violencia y del contexto sociopolítico. La dificultad para demostrar la desaparición, por ejemplo, ha sido utiliza- da…p. 217
22Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 331, 3632 citas
[29]que las imágenes están acompañadas del nombre de las víctimas, la fecha de desapari- ción, las circunstancias del hecho o la edad que tenía cuando comenzó su ausencia. Movilización por víctimas de desaparición forzada y secuestro. Bogotá, 14 de octubre 2012. Fotografía: © Guillermo Torres / Revista Semana. 364 Hasta…p. 363
[30]en el Registro de Memoria del Mundo, un “reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura (Unesco) a la dignidad de las víctimas, a la lucha de la sociedad co- lombiana y a la reivindicación de los derechos humanos” (Centro de Memoria Histórica.gov.co, 29 de octubre…p. 331
23La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 217, 2212 citas
[32]tuvo que vivir Asfaddes fue preci- samente la desaparición de Ángel [Quintero] y Claudia [Monsalve] 389, porque eso era llegar y tocarnos a nosotros en lo más íntimo…[llanto]. Era decirnos «miren, por lo que están pidiendo, eso les puede tocar a ustedes también» […] Empezamos a hacer acciones de búsqueda de Ángel y…p. 221
[33]política como las utopías que tenía, y de tanto hablar con él, él me insistía mucho, me decía: “Vea, compañerita, yo respeto lo que él designó”. Eduardo me había hecho prometerle que yo no hablaría de su desaparición en caso de que le ocurriera. Jairo me dijo: “Él podía tener sus motivos, pero usted tiene que pensar…p. 217
24El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 2. Las víctimas y las antesalas de la justicia. Conclusiones y RecomendacionesCentro Nacional de Memoria Histórica · 2016 · p. 802 citas
[34]que ha mantenido, que no ha desfallecido, ya también es líder con una visión más del tema que se ha estudiado, que ha estado en eventos; Paola también es una persona muy importante en el tema de desaparecidos en los temas de las luchas sociales, yo creo que eso también nos ha permito no dejar que eso no quede oculto,…p. 80
[35]que ha mantenido, que no ha desfallecido, ya también es líder con una visión más del tema que se ha estudiado, que ha estado en eventos; Paola también es una persona muy importante en el tema de desaparecidos en los temas de las luchas sociales, yo creo que eso también nos ha permito no dejar que eso no quede oculto,…p. 80
25Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 181, 1942 citas
[36]tiene, no tiene reversa» 502. La permanencia de ese sufrimiento por la ausencia, la continua impotencia y la incertidumbre por el paradero y la suerte de los desaparecidos se constituye, para los familiares, en una forma de tortura que puede quebrantar la personalidad y dejar huellas permanentes en su estructura…p. 194
[49]de febrero de 1986, en Bogotá, y de Amparo Tordecilla y Carlos Uribe, el 25 de abril de 1989, en Bogotá. hasta la guerra tiene límites 182 otra parte, varios testimonios documentados por la Comisión narraron desapariciones forzadas cometidas por las guerrillas durante la década de los ochenta, en el marco de las…p. 181
26Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2731 cita
[37]los muertos y permitirse avanzar en el duelo de la pérdida. Estas tradiciones ancestrales denotan el arraigo al territorio y la cultura, y alimentan la esperanza de mantener o recomponer el tejido social y la relación con la naturaleza. Así lo expresó ante la Comisión una buscadora de Tumaco: «Yo vivo inspirada todo…p. 273
27Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 3361 cita
[38]no el único, los particulares también violan los derechos. […] Y entonces aquí aparece el debate sobre la dimensión jurídica de los derechos humanos y luego la dimensión ética de los derechos humanos. Todo ese debate se movía mucho ya no sólo en las organizaciones de derechos humanos sino tam- bién en las…p. 336
28El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 28, 324 citas
[39]los derechos humanos y para las garantías constitucionales, fueron muy importantes las primeras visitas que Colombia recibió de organizaciones interna- cionales de defensa de derechos humanos, así como de mecanis- mos de protección de derechos humanos del sistema regional y del sistema universal de derechos humanos.…p. 32
[40]los derechos humanos y para las garantías constitucionales, fueron muy importantes las primeras visitas que Colombia recibió de organizaciones interna- cionales de defensa de derechos humanos, así como de mecanis- mos de protección de derechos humanos del sistema regional y del sistema universal de derechos humanos.…p. 32
[42]a la justicia, fi nales de la década 1970, Colombia Procuraduría General de la Nación, Estados de Excep- ción, páginas 31 y siguientes, 2004, en el cual se alude a: el caso de la comunicación enviada por Pedro Pablo Camargo en 1979, en nombre del esposo de María Fan- ny Suárez de Guerrero, asesinada el 13 de abril de…p. 28
[43]a la justicia, fi nales de la década 1970, Colombia Procuraduría General de la Nación, Estados de Excep- ción, páginas 31 y siguientes, 2004, en el cual se alude a: el caso de la comunicación enviada por Pedro Pablo Camargo en 1979, en nombre del esposo de María Fan- ny Suárez de Guerrero, asesinada el 13 de abril de…p. 28
29No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1541 cita
[41]la vagina. Sangro y tengo dolores en el vientre por mes y medio» 446. Debido a las múltiples denuncias de violaciones a los derechos humanos, la Cámara de Representantes designó una comisión para investigar la tortura. Por primera vez les 444 Gerardo Reyes, en Comisión de la Verdad, «La tragedia del “oficio más bello…p. 154
30Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 2431 cita
[45]con el manejo del conflicto social como problema de orden público. Durante buena parte del gobierno Turbay la fuerza pública tuvo facultades dadas por el Estatuto de Seguridad. Por contraste, durante el gobierno Betancur, el Ejecutivo impulsó una política que puso el énfasis en la negociación con las guerrillas y en…p. 243
31Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 2431 cita
[47]la invisibilización y la desatención pública sobre esta modalidad especí fi ca de violencia. A estas limitaciones, sobre todo referidas a décadas anteriores, se enfrenta la revisión del soporte estadístico o inventario de casos de la desaparición, con énfasis en la desaparición forzada. Este hecho es difícil…p. 243
32Desaparición forzada. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoElsa Blair · 2018 · p. 781 cita
[48]más certeramente construidos. Pero, sin duda, uno de los aspectos que más dificulta el trabajo compara- tivo con las cifras de las víctimas de la DFP, para unir esfuerzos y consolidar un registro único, son las diferencias existentes entre las instituciones (sobre todo no gubernamentales) a la hora de determinar un…p. 78