Ensayo · Transversal · —
Cultura popular y narco-violencia en Colombia
Durante décadas de conflicto armado y economía cocalera, la cultura popular colombiana absorbió la violencia como paisaje cotidiano, pero también produjo crónica, testimonio y memoria como dispositivos críticos. La pregunta es si ambas operaciones son separables o constituyen capas del mismo sedimento.
Orientación para entrar
La respuesta en breve
La connaturalización y la crítica no son opciones alternativas sino capas del mismo estrato cultural: la violencia prolongada recalibró imaginarios de éxito, género y cuerpo —como ilustran la iconografía global de Escobar, el narcocine y la alborada de origen paramilitar convertida en folklore festivo— mientras que la crónica de Molano, el proyecto contra-narcoturístico de Builes y el Informe Final de la Comisión de la Verdad (2022) demuestran que esas mismas prácticas culturales nombraron y disputaron la naturalización. La asimetría decisiva es que la sedimentación opera sin mediación institucional —por pura repetición— mientras que la crítica requiere casi siempre un aparato deliberado que la sostenga, lo que convierte la desigualdad de recursos entre ambas operaciones en el verdadero obstáculo estructural para la reconciliación.
La tensión central enfrenta dos diagnósticos incompatibles sobre el efecto cultural de la violencia prolongada. La tesis de la connaturalización sostiene que la economía cocalera y el paramilitarismo reconfiguraron los imaginarios de éxito, cuerpo y género de forma más duradera que sus propios capos, produciendo subjetividades guerreras como horizonte de aspiración y volviendo la guerra gramática antes que excepción —argumento reforzado por la alborada de origen paramilitar absorbida como tradición festiva y por el auge editorial narco sin paralelo regional. La tesis del archivo crítico replica que la crónica colombiana (Castro Caycedo, Molano, Salazar) construyó un saber testimonial sobre poblaciones que la historiografía formal ignoró, que el narcocine no replica la mirada imperial sino que produce una jerarquía simbólica subalterna donde el colombiano funciona como mártir popular admirado, y que instituciones como el GMH y la CEV demostraron que la memoria puede hacerse dentro del conflicto sin esperar un corte postdictatorial. El debate se agudiza en torno a si el modelo individualista de reintegración —racionalidad neoliberal que niega la dimensión política del excombatiente— y la desmovilización fraudulenta del Bloque Cacique Nutibara (declarada farsa por el propio 'Alemán' en 2011) prueban que los escenarios transicionales ensamblan guerra y paz en lugar de separarlas, haciendo obsoleta cualquier periodización limpia entre violencia y reconciliación.
Ensayo completo
La lectura
La cultura popular colombiana ante la narco-violencia: ¿sedimento o archivo?
¿Fueron el narcocine, la crónica roja, la alborada, el testimonio guerrero y la memoria del conflicto los síntomas de una violencia que se hizo horizonte de prestigio, o son, al contrario, los pocos dispositivos donde esa naturalización se vuelve legible y por tanto disputable? La disyuntiva, formulada así, es falsa. Entre el magnicidio de Rodrigo Lara Bonilla en 1984 y la publicación del Informe Final de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad en 2022, Colombia acumuló un sedimento cultural donde la violencia dejó de ser evento y devino paisaje. Pero ese mismo sedimento es el material del que están hechas la crónica de Alfredo Molano, el proyecto de contra-narcoturismo de Mauricio Builes, la biografía de Manuel Marulanda escrita por Arturo Álape y la reconstrucción de las voces LGBTIQ+ que la Comisión encapsuló en su volumen testimonial. La connaturalización y la crítica no son opciones alternativas: son capas del mismo estrato, con la asimetría decisiva de que la naturalización opera sin mediación institucional y la crítica requiere, casi siempre, de un aparato que la sostenga.
Preguntar si la cultura popular colombiana fue reconfigurada estructuralmente por la narco-violencia hasta volverla horizonte de prestigio no es una inquietud de sociología del gusto. Es una pregunta política sobre las condiciones de posibilidad de la reconciliación. Si la sensibilidad pública se recalibró de tal modo que la guerra dejó de ser excepción y se volvió gramática, entonces cualquier proyecto de paz enfrenta un obstáculo que ninguna ley de víctimas puede resolver: la propia lengua en que la sociedad se piensa. Si, en cambio, la producción cultural funcionó como archivo crítico donde la violencia se nombra y por tanto se resiste, el problema es menor y basta con multiplicar los dispositivos de memoria para que la sociedad procese lo vivido.
Ambas respuestas son insuficientes por la misma razón: presuponen que sedimento y archivo son operaciones separables. El caso colombiano prueba lo contrario. La misma década que produjo el auge editorial de memorias narco —escritas por familiares de Pablo Escobar, socios criminales, amantes, policías, proxenetas de los carteles— produjo también la Ley de Justicia y Paz, el Grupo de Memoria Histórica, la Comisión de la Verdad y la incorporación de Molano como comisionado. La misma Medellín donde el grafiti equiparó Medallo con Metrallo es la ciudad donde Alonso Salazar escribió las crónicas de sicariato que hicieron audible una subjetividad juvenil que las cifras solo registraban como estadística: en 1985 Medellín tenía una tasa de homicidios de 100,8 por cada 100.000 habitantes, la segunda más alta del mundo, y los perpetradores del sicariato eran jóvenes de los barrios marginales con una edad promedio cercana a los dieciséis años.
Lo singular del caso colombiano no es la magnitud de la violencia sino su duración. Entre 1958 y 2012, el conflicto produjo alrededor de 220.000 muertos y más de seis millones de desplazados. Esa persistencia obligó a que las prácticas culturales de nombramiento —crónica, testimonio, cine— se desarrollaran en simultáneo con la violencia que narraban, sin el corte que Argentina o Chile pudieron establecer entre dictadura y postdictadura. La memoria colombiana no vino después de la guerra: se hizo dentro de ella.
La tesis dura de la connaturalización sostiene que décadas de narco-violencia reconfiguraron los imaginarios de éxito, género y cuerpo hasta volverlos indistinguibles del paisaje de la guerra. Sus mejores argumentos son concretos: la denominación de Medellín como "cuna de sicarios" y "capital de la droga" se instaló mundialmente hacia finales de los años ochenta; el mercado editorial colombiano vivió un auge de literatura narco que no encuentra paralelo en otras cinematografías latinoamericanas del período; el narcocine mexicano adoptó a Escobar como referente heroico —hasta el punto documentado por el exdirector del DAS Luis Enrique Montenegro, quien encontró en allanamientos fotografías enmarcadas del capo vestido como Pancho Villa—; y la alborada, esa fiesta pirotécnica que hoy se extiende de Medellín a Cali sin que la mayoría conozca su origen, nació entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre de 2003 por orden de Diego Fernando Bejarano Murillo, "Don Berna", en el marco de la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara. La violencia paramilitar produjo folklore.
La tesis del archivo crítico responde con otros hechos igualmente sólidos. La crónica colombiana, desde Germán Castro Caycedo hasta Molano, construyó un saber testimonial sobre la violencia que suplantó la ausencia de historiografía académica sobre poblaciones enteras: el preso común, el sicario juvenil, el desterrado. La Antología de crónicas periodísticas de Molano y Colombia amarga de Castro Caycedo, cuyo índice recorre episodios que van desde la Conquista del Darién hasta conflictos contemporáneos, son inventarios de un país que la historiografía formal apenas rozó. Patricia Lara, para escribir su crónica sobre el M-19, entrevistó durante ocho horas seguidas a Iván Marino Ospina y durante seis a otro protagonista identificado como Toledo, precisamente porque sobre esa organización guerrillera prácticamente no queda nada más que el testimonio. Arturo Álape hizo algo comparable con Manuel Marulanda Vélez: lo que se sabe con detalle de la vida del comandante guerrillero pasó por su pluma, aunque con las distorsiones hagiográficas que la propia crítica académica le señaló.
Entre una tesis y otra hay más que una diferencia de énfasis: hay dos maneras de entender qué hace la cultura popular cuando se enfrenta a una violencia prolongada. La primera sostiene que la absorbe y la devuelve como estética. La segunda, que la absorbe y la devuelve como conocimiento. Ambas son ciertas. La cuestión es cómo se articulan.
El sedimento opera en silencio y sin instituciones. La alborada es el ejemplo más nítido. Nació en un contexto de narcoterrorismo y paramilitarismo, por orden expresa de un comandante paramilitar vinculado a la Oficina de Envigado, en el mismo período en que se desmovilizaba el Bloque Cacique Nutibara. Dos décadas después es una fiesta popular que se replica en ciudades donde nadie recuerda —ni le interesa recordar— quién la ordenó ni por qué. La operación cultural es total: un acto de exhibición armada se convirtió en tradición festiva, y la tradición borró la firma. No hubo ministerio, ni comisión, ni catálogo: hubo repetición.
El narcocine y la iconografía global de Escobar operan con la misma lógica. La figura del narcotraficante colombiano circuló en el cine mexicano como héroe y mártir, hombre valiente e incomprendido que resiste al imperio. La imagen construyó una jerarquía simbólica subalterna donde el colombiano no era el dominado sino el modelo admirado —una inversión que complica cualquier lectura simple del narcocine como espejo de la mirada imperial. Escobar funcionó como arquetipo para sectores del narcomundo mexicano no por imposición metropolitana sino por identificación entre pares del Sur global. Esa transmisión ocurrió sin mediación estatal ni académica: la produjeron el cine, la música y las paredes de las propiedades allanadas.
La crítica, en cambio, requiere andamio. Cuando Mauricio Builes —exdirector de prensa del Centro Nacional de Memoria Histórica— quiso construir una contra-narrativa al turismo oscuro que llevaba visitantes a los sitios de Escobar en Medellín, tuvo que montar un proyecto de exploración virtual con estudiantes de periodismo, situado desde la perspectiva de las víctimas. La operación era necesaria y era artesanal: contra un imaginario global sostenido por Netflix, museos privados y guías turísticos, un pequeño equipo académico construyendo un dispositivo digital. La asimetría es evidente. Del mismo modo, el gobierno colombiano recurrió al nation branding desde mediados de los años 2000 —con las campañas "Colombia, el único riesgo es querer quedarse" y "Colombia, tierra de realismo mágico"— precisamente porque la iconografía narco había ocupado el espacio internacional sin resistencia.
El Grupo de Memoria Histórica, dirigido por Gonzalo Sánchez, encapsuló entre 2007 y 2018 el trabajo previo de agentes de memoria que venían operando desde los años ochenta. Reconoció explícitamente que hacer escuchar las voces de las víctimas no es un trabajo neutro, y asumió la reflexividad como parte constitutiva de su modo de trabajar. Colombia vivió, según su diagnóstico, una guerra de masacres con múltiples magnitudes, intencionalidades y secuelas. El GMH cruzó entrevistas y documentos, leyó la violencia contemporánea como capa de violencias étnicas de larga duración, y produjo balances específicos sobre daño y género. La Comisión de la Verdad, con su Informe Final de 2022 titulado Hay futuro si hay verdad, ancló su lectura en los territorios e incluyó volúmenes específicos sobre mujeres, LGBTIQ+, niñez, pueblos étnicos y exilio.
La producción crítica existe y es formidable. Pero requirió leyes, instituciones sucesivas —CNRR, GMH, CNMH, CEV—, directores como Sánchez o Villarraga, y métodos deliberadamente construidos. La sedimentación no requirió nada: la produjo la repetición.
Hay un material más denso, y más difícil de sostener con serenidad: el que documenta cómo la violencia armada modeló cuerpos y subjetividades. El cuerpo femenino fue utilizado como territorio de disputa entre actores armados para marcar control frente al adversario. Actores paramilitares ejercieron violencia sexual contra mujeres —violaciones, rapado de cabello, humillaciones públicas— y, junto a las guerrillas, controlaron la sexualidad y el comportamiento femeninos mediante amenazas de muerte o desplazamiento. Una mujer lesbiana del Caribe colombiano sufrió violencia sexual por parte de paramilitares con el propósito explícito de "corregir" su orientación. Una mujer transexual fue obligada a revertir su transición por las presiones combinadas de la Iglesia, la sociedad y los grupos armados. En Barrancabermeja hubo niñas asesinadas por milicianos por haber sido vistas hablando con soldados. Cada uno de estos hechos, aislado, sería una tragedia; sumados, dibujan una gramática. La guerra fabricó un catálogo de cuerpos permitidos y prohibidos, y lo hizo circular como norma tácita en regiones enteras.
El reclutamiento produjo la contracara: subjetividades guerreras. Para la población infantil y juvenil afrocolombiana, más de la mitad de los casos recayeron sobre las FARC-EP y otro tercio sobre el ELN, con participaciones menores de las Bacrim, los grupos posdesmovilización y las AUC. Ese reclutamiento estuvo marcado por racismo estructural y por dinámicas que buscaban romper y utilizar las tradiciones culturales de las comunidades negras ante la inoperancia estatal. En las Autodefensas de Cundinamarca, varios entrevistados manifestaron haberse vinculado siendo menores por motivos económicos: el engaño y la oferta de dinero fueron la técnica más frecuente, junto con casos documentados de reclutamiento forzado.
Estos datos no admiten la reducción a violencia sobre individuos. La producción de cuerpos disponibles para la guerra —cuerpos femeninos como territorio, cuerpos juveniles como tropa, cuerpos disidentes como blanco de "corrección"— es una operación cultural, no solo militar. Modela lo que en una región puede aspirarse a ser. Cuando la Comisión de la Verdad recogió testimonios de personas LGBTIQ+ y de mujeres, y los interpretó como formas de resistencia, hizo algo más que memoria: nombró subjetividades que la guerra había intentado suprimir y las devolvió al espacio público como sujetos posibles. La disputa por la subjetividad es, aquí, literal.
La Ley de Justicia y Paz permitió a combatientes irregulares desmovilizarse a cambio de beneficios penales condicionados a la confesión y la no repetición. Las desmovilizaciones colectivas de las AUC comenzaron el 25 de noviembre de 2003 con el Bloque Cacique Nutibara en Medellín y concluyeron entre agosto y noviembre de 2006 con el Bloque Élmer Cárdenas: más de treinta mil personas en unos 38 actos. Cada ceremonia incluyó registro biométrico, firma y un pago de 300.000 pesos cuya naturaleza —último salario paramilitar o primera transferencia estatal— quedó ambiguamente inscrita en los testimonios. La cifra es modesta, pero el gesto es enorme: el Estado cerró el ciclo bélico con un billete cuya autoría contable nadie supo definir.
El proceso fue cuestionado desde dentro. En audiencia ante el Tribunal Superior, el 3 de julio de 2011, el propio comandante paramilitar Fredy Rendón Herrera, "el Alemán", declaró que la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara había sido una farsa porque la mitad de los desmovilizados no eran paramilitares. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos constató que algunas comunas de Medellín mantenían fuerte presencia y control paramilitar tras la supuesta desmovilización. Las estructuras del Cacique Nutibara y del Héroes de Granada no se desarticularon: el Nutibara consolidó su dominio militar sobre Medellín. La alborada nació en ese momento exacto, ordenada por el mismo Bejarano Murillo que lideraba la desmovilización del BCN. La coincidencia no es accidental: es el signo de que el escenario transicional no separa guerra y paz sino que las ensambla.
Alejandro Castillejo y otros autores han insistido en que los escenarios transicionales son espacios sociales atravesados por leyes, geografías, economías, imaginarios y regímenes sensoriales que operan de forma integrada, y que en un contexto de expropiación sistémica —el despojo y la ocupación violenta de tierras como práctica constante durante todo el conflicto— conducen paradójicamente hacia una forma de capitalismo global. La promesa de una ruptura limpia entre "pasado" y "presente" se ve cuestionada por las continuidades que los propios dispositivos reproducen. En términos concretos: las estructuras paramilitares no se disolvieron, se reconfiguraron; los códigos culturales que impusieron sobre la ciudad no se extinguieron, se folclorizaron; el mercado editorial narco no desapareció, se profesionalizó.
La reintegración operó bajo una lógica individual y economicista. La Alta Consejería para la Reintegración se transformó en Agencia Colombiana para la Reintegración a finales de 2011. Los procesos con excombatientes del EPL tras su desmovilización de 1991 incluyeron capacitación en oficios —mecánica, panadería, carpintería— y educación financiera orientada al manejo de negocios. La consigna era clara: convertir al excombatiente en emprendedor. Lo que esa consigna no atiende es la dimensión política y moral del retorno a la civilidad: el peso del consejo de guerra, la culpa, el silencio, la reproducción intergeneracional del daño. Cuando la reintegración es asistencial e individual, la sostenibilidad simbólica del retorno queda en manos del propio excombatiente, sin comunidad ni reconocimiento.
Entre 1980 y 2020, la crónica colombiana construyó un saber sobre la violencia que la historiografía formal no produjo. Germán Castro Caycedo empleó técnicas literarias —diálogos, relatos intercalados, imágenes poéticas— para inscribir su obra en una tradición de reportaje que atravesó décadas. Molano, durante su exilio, escribió Desterrados (2001), donde reconoce que el drama de su propio exilio es "un pálido reflejo" de la tragedia de millones de colombianos desterrados. Su experiencia personal se volvió punto de partida para documentar el desplazamiento masivo, y su incorporación posterior a la Comisión de la Verdad supuso el reconocimiento institucional de esa trayectoria.
Este archivo paralelo tiene un rasgo formal notable: continuidades desde mediados del siglo XX que hacen de la crónica roja un género con reglas propias, donde el criminal se constituye como figura cultural antes que política. El "monstruo" y el "pueblo preso" son categorías del género antes que del derecho. La literatura sobre el Putumayo, desde los relatos de atrocidades del boom cauchero hasta el periodismo y la ficción popular contemporáneos sobre narcotráfico y violencia política, muestra una recurrencia al registro épico que sugiere una tradición narrativa sostenida sobre esa región fronteriza. La crónica no es una escritura sobre el margen: es la escritura del margen sobre sí mismo.
Conviene señalar una tensión que los defensores más entusiastas del testimonio suelen ignorar. El género fue cooptado. La biografía de Marulanda escrita por Álape contiene distorsiones hagiográficas apropiadas a la forma. El testimonio —desarrollado en América Latina desde la perspectiva metropolitana como voz de los subalternos frente a la dictadura— se ajusta mal a un contexto donde el conflicto persiste y donde la izquierda armada y la derecha paramilitar reclaman por igual el estatuto de narradores de sí mismos. La periodización clásica del testimonio se vuelve inoperante. En Colombia, el género fue usado por la guerrilla para producir sus propios mitos fundacionales, por los paramilitares para justificar sus operaciones en Justicia y Paz —donde los postulados interpretan sus confesiones como gestos políticos de paz y no como reconocimiento de culpa penal— y por las víctimas para reclamar reparación. La misma forma sirve a lados opuestos. Eso no invalida el testimonio: lo obliga a ser leído con la conciencia de su ambivalencia.
La cultura popular colombiana fue efectivamente reconfigurada por la narco-violencia. No como distorsión superficial sino como sedimento profundo. Los imaginarios de éxito, cuerpo y género se recalibraron durante décadas hasta admitir la violencia como horizonte de posibilidad —a veces como ascenso económico, a veces como modelo estético, a veces como forma de existir en el mundo cuando otras formas están bloqueadas. La segregación social profunda de Medellín, el debilitamiento de las instituciones tradicionales de sociabilidad —familia, escuela, vecindario, Iglesia— sin que fueran reemplazadas, la vulnerabilidad de hombres jóvenes desempleados o de bajo estatus, configuraron un entorno donde el sicariato no fue anomalía sino salida. El narcotráfico funcionó menos como causa que como catalizador y etiqueta simplificadora sobre una estructura preexistente. La cultura popular —del grafiti Metrallo al narcocine mexicano, del auge editorial de memorias narco a la alborada folclorizada— registró y amplificó esa recalibración con más fidelidad que los diagnósticos institucionales.
Pero esa misma cultura popular es el único archivo donde la operación es rastreable. La crónica de Molano, el testimonio del M-19, la biografía de Marulanda, las voces LGBTIQ+ del Informe Final, el proyecto de Builes contra el narcoturismo, la reconstrucción del reclutamiento afrocolombiano por la Comisión: todo eso salió de los mismos géneros y de las mismas prácticas que produjeron las hagiografías. La crítica no viene de fuera. Viene del interior del sedimento.
Y aquí está la asimetría decisiva: la naturalización opera sin institución y la crítica requiere una. La alborada se replicó en Cali sin ningún aparato; para que Cali sepa por qué se realiza necesitaría un Ministerio de Cultura o una universidad. La iconografía de Escobar circuló globalmente por mercado; para contrarrestarla se necesitó el CNMH. Esta asimetría no es accidente ni fatalidad: es la condición estructural de cualquier sociedad que trabaja su memoria en medio del conflicto y no después. El modelo postdictatorial latinoamericano supuso un corte y una institucionalidad que Colombia no tuvo. La memoria colombiana tuvo que inventar sus propios dispositivos —el enfoque territorial de la CEV, la mirada de larga duración étnica del CNMH, la reflexividad explícita del GMH, el testimonio como método central ante la escasez de archivos— y esa invención es también un legado.
La respuesta no es "sí" ni "no" sino una precisión: la cultura popular colombiana es simultáneamente sedimento y archivo, con la particularidad de que ambas funciones operan sobre los mismos materiales y a menudo en las mismas obras. Y como operan sobre los mismos materiales, el problema deja de ser cuál elegir y se vuelve cómo separarlos. Ese es el trabajo del lector, y la próxima pregunta.
Tres flancos resisten cierre. El primero es la reproducción intergeneracional. El daño moral del consejo de guerra, la culpa de los excombatientes, el silencio de las familias no fueron atendidos por una reintegración construida bajo lógica emprendedora. Cómo esa herida se transmite a hijos y nietos, y qué formas culturales toma cuando se transmite, no aparece con precisión ni en las cifras del conflicto ni en los informes. La sospecha razonable es que buena parte de la violencia urbana contemporánea es hija de esa transmisión no elaborada.
El segundo es la eficacia real del archivo crítico frente a la escala del sedimento. La Comisión de la Verdad publicó sus volúmenes en 2022; el auge editorial narco produce docenas de títulos al año. El proyecto de Builes es artesanal; Narcos está en Netflix. El desequilibrio de recursos entre la naturalización mercantilizada y la crítica institucional es enorme, y los indicadores para medir si el archivo modifica efectivamente la sensibilidad pública —o si se queda encapsulado en circuitos académicos y de víctimas— no existen todavía.
El tercero, el más incómodo, es si la propia forma testimonial puede seguir funcionando cuando ha sido cooptada por todos los actores del conflicto. Cuando el paramilitar en versión libre y la víctima en audiencia usan el mismo dispositivo narrativo, cuando el excomandante guerrillero y el excombatiente raso reclaman por igual el derecho a ser escuchados, la pregunta por cómo distinguir memoria de propaganda deja de ser retórica y se vuelve operativa. La Comisión de la Verdad avanzó una hipótesis —que la verdad se construye en el tejido de muchas voces situadas, no en la coincidencia con una versión única— pero esa hipótesis exige un lector activo, formado, dispuesto a sostener la ambigüedad.
La pregunta de fondo es si una sociedad recalibrada por cuatro décadas de narco-violencia tiene, en promedio, ese lector. Si no lo tiene, formarlo es tarea de la misma cultura popular que produjo tanto la hagiografía del capo como la crónica del desterrado. El remedio y el veneno, en Colombia, vienen del mismo frasco. Sin etiqueta. Y llevan cuarenta años sirviéndose.
Archivo documental
Documentos usados en esta lectura
69 documentos · 76 fragmentos de referencia01Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 3341 fragmento
[1]Medellín o del Cartel de Cali, o 3 Gabriel García Márquez, “Dos o tres cosas sobre la novela de la violencia”, en Obra preidística 3. De Europa y América, Norma, Bogotá, 1997. 4 Véase la entrevista que recoge María Alejandra Godoy Roa en su tesis “Hacia un análi- sis discursivo de La bruja. Coca, política y demonio ”,…
p. 334
02El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · p. 3802 fragmentos
[2]el mercado ahí en la tienda. Se los llevó para arriba. Pero ese hombre estaba lacrado. Se había resbalado, había puesto el fusil contra una ceiba pintadora y estaba espinado. Resignado el hombre. Entonces él nos hizo la reunión, él nunca nos incitó tampoco así como lo hacían los otros, que tenemos que agarrar las…
p. 380
[3]el mercado ahí en la tienda. Se los llevó para arriba. Pero ese hombre estaba lacrado. Se había resbalado, había puesto el fusil contra una ceiba pintadora y estaba espinado. Resignado el hombre. Entonces él nos hizo la reunión, él nunca nos incitó tampoco así como lo hacían los otros, que tenemos que agarrar las…
p. 380
03Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 241 fragmento
[4]la memoria histórica de las guerrillas en Colombia que se encuentra dispersa en varios cientos de textos, testimonios, narraciones, informes, biografías, documentos fílmicos y fotográficos, que cuentan y analizan los casi setenta años de este conflicto político armado contemporáneo, aún en proceso de resolución. Hay…
p. 24
04Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · p. 142, 1432 fragmentos
[5]Elster, La explicación del comportamiento social: más tuercas y tornillos para las ciencias sociales. Barcelona: Gedisa, 2010, p. 70. C APÍTULO 4 L UGARES COMUNES L OS TÓPICOS INTELECTUALES QUE LEGITIMARON UNA REBELDÍA SIN PUEBLO El escritor vallecaucano Arturo Álape (1938-2006) es uno de los principales responsables…
p. 142
[6]Elster, La explicación del comportamiento social: más tuercas y tornillos para las ciencias sociales. Barcelona: Gedisa, 2010, p. 70. C APÍTULO 4 L UGARES COMUNES L OS TÓPICOS INTELECTUALES QUE LEGITIMARON UNA REBELDÍA SIN PUEBLO El escritor vallecaucano Arturo Álape (1938-2006) es uno de los principales responsables…
p. 143
05Women's Writing in Colombia: An Alternative HistoryCherilyn Elston · 2016 · p. 1791 fragmento
[7]archivos que existen en los medios de comunicación, el testimonio es todo lo que queda del M-19” (With the exception of some media archives, testimonies are all that remain of the M-19) (2012: 84). In writing a guerrilla autobiography, Vásquez aims to give voice to a silenced group in Colombia and in doing so…
p. 179
06Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 251 fragmento
[8]de entonces comenzó a ser el retrato de personajes en extremo contro vertidos, cuyas vidas muestran aspectos diferentes de la historia de Colombia a partir del asesinato de Gaitán, y se unen en un punto trágico: el ejercicio de la violencia. El relato de Iván Marino Ospina es elocuente por sí solo. Lo reco gí en ocho…
p. 25
07Colombia's Forgotten Frontier: A Literary Geography of the PutumayoLesley Wylie · 2013 · p. 171 fragmento
[9]Putumayo’, protected by a ‘gatekeeper’ (in 69 Jaime A. Orrego, ‘Entrevista con Héctor Abad Faciolince’, La Hojarasca: alianza de escritores y periodistas, http://www.escritoresyperiodistas.com/NUMERO27/jaime. htm. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:00 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES.…
p. 17
08Desterrados: Crónicas del desarraigoAlfredo Molano · 2001 · p. 11 fragmento
[10]No obstante, cuando mataron aJaimc Garzon admiti que no podia regresar pronto, consegui una mesa de trabajo grande, afile la pluma y comence a escribir este libro. Al terminarlo comprendi -agachando la cabeza en seiial de profundo respeto- que el drama de mi exilio, a pesar de sus dolores, es un palido reflejo de la…
p. 1
09Antología de crónicas periodísticasAlfredo Molano Bravo · 2018 · p. 11 fragmento
[11]ALFREDO MOLANO periodismo AN t OLO gí A DE c R ó N ic A s p ER i OD ístic A s ALFREDO MOLANO AN t OLO gí A DE c R ó N ic A s p ER i OD ístic A s periodismo Molano Bravo, Alfredo, 1944-, autor Antología de crónicas periodísticas / Alfredo Molano; presentación, Alfredo Mola- no. – Bogotá: Ministerio de Cultura:…
p. 1
10Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 41 fragmento
[12]GERMÁN CASTRO CAYCEDO COLOMBIA AMARGA Fotografía de la portada: Félix Tissnés Jaramillo © Germán Castro Caycedo, 2015 © Editorial Planeta Colombiana S. A., 2015 Calle 73 N.° 7-60, Bogotá Primera edición en Planeta: 1986 Primera edición en esta colección: diciembre de 2015 ISBN 13: 978-958-42-4796-4 ISBN 10:…
p. 4
11Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 181 fragmento
[13]– . architectural landmarks, its prosperity and civic spirit. 14 Such guide- books included excellent photographs of modern factories, banks, stores, and educational, religious, and welfare institutions in Medellín; they showed clean uncrowded streets and wide thoroughfares; and reflect the confidence with which the…
p. 18
12Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 181 fragmento
[14]– . architectural landmarks, its prosperity and civic spirit. 14 Such guide- books included excellent photographs of modern factories, banks, stores, and educational, religious, and welfare institutions in Medellín; they showed clean uncrowded streets and wide thoroughfares; and reflect the confidence with which the…
p. 18
13Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · p. 601 fragmento
[15]years to come. In the Sunday edition of one of Colombia’s most important newspapers, El Tiempo, on September 13, 1987, a full-page article titled, De ‘Medallo’ a ‘Metrallo,’ was published (see Figure 3.1). The title was a play on words that 40 Alternative Stories of Youth Leadership Figure 3.1 El Tiempo, “De ‘Medallo’…
p. 60
14Pablo Escobar and Colombian NarcocultureAldona Bialowas Pobutsky · 2020 · p. 41 fragmento
[16]by Mauricio Builes, former press director of the Colombian Center for Historical Memory, and his journalism students. The idea of a virtual exploration of Escobar’s banditry through the eyes of his many victims came to life as a reaction to the growing popularity of the capo among tourists who flock to Medel- lín and…
p. 4
15Indómita: Colombia según el cine extranjeroPaula Andrea Barreiro Posada · 2019 · p. 1631 fragmento
[17]el camino hacia la beligerancia, haciendo que inmigrante y narcotraficante se conviertan en sinónimo de titanes. Ambos resisten al imperio desde sus países, inundando de droga al enemigo; de esta forma, México y Colombia unen fuerzas, el primero aporta su cercanía geográfica como puente y el segundo, la materia prima…
p. 163
16Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 1401 fragmento
[18]evidenciaré que no fue garantizado mi derecho a ser escuchada, pero además que ha sido mancillado mi nombre», aseguró. Amanecerá y veremos qué resuelve la justicia. Pero, por lo pronto, la representante ya cumplió lo que se había propuesto cuando llegó al Congreso: dejar huella. L LA ALBORADA: UN ESTRUENDO MORTAL a…
p. 140
17Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 851 fragmento
[19]muerte de Pablo Escobar (en diciem- bre de 1993), la Operación Orión en la Comuna 13 (en octubre del 2002) y la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara (diciembre del 2003), todas decisiones de los respectivos Gobiernos nacionales; Cesar Gaviria (1990-1994) y Álvaro Uribe (2002-2010). Capítulo 1 85 Gráfico 3.…
p. 85
18Guerrilla Marketing: Counterinsurgency and Capitalism in ColombiaAlexander L. Fattal · 2018 · p. 221 fragmento
[20]Colombian nation-state. As Colombia sought to carve out its own space in the neo- liberal world order, it resorted to nation branding to attract tourists and foreign investment. In a global marketplace of nations vying for the same with slogans, such as "Po-Land of Opportunities" and "Brand In- dia, " Colombia offered…
p. 22
19El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 1092 fragmentos
[21]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
[22]paramilitares) que iniciaron con la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara en noviembre de 2003 y terminaron con la del Blo- que Élmer Cárdenas en noviembre de 2006, arrojaron la ci- fra de 31. 521 paramilitares desmovilizados (O fi cina del Alto Comisionado para la Paz, 2006). Sin embargo, tanto el cese de…
p. 109
20La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1001 fragmento
[23]confron- tación con grupos armados ilegales, el despliegue de operativos militares en contra del secretariado de las FARC-EP, la puesta en marcha de la ley de justicia y paz y del proceso de desarme, desmovilización y reintegración de miembros de las antiguas AUC principalmente. Las desmovilizaciones de las…
p. 100
21Detrás de la guerra en ColombiaAriel Ávila · 2019 · p. 2451 fragmento
[24]la OEA, MAPP/OEA, 2007b). Por otra parte, la cifra de desmovilizados dista de manera significativa de lo que los paramilitares afirmaban tener al principio del proceso. En una entrevista realizada por Semana a Vicente Castaño el 6 de junio de 2005, el jefe paramilitar afirmó que unos 4.000 hombres de las AUC eran…
p. 245
22The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 2041 fragmento
[25]Bogotá to address congress: Salvatore Mancuso, Ernesto Báez, and Ramón Isaza. 2 Wearing new suits and ties, they spoke for about an hour and a half to 60 members (out of 268) of congress, highlighting the historical weakness of the state in its peripheries and the heroism of the self-defense groups. “This was…
p. 204
23Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 411 fragmento
[26]los derechos humanos y los crímenes de guerra, y la desmovilización se demuestre con los hechos y no solo sobre el papel» (20 de junio de 2003). Después de una fase exploratoria, el 15 de julio de 2003, se firmó un acuerdo que tenía como objetivo «el logro de la paz nacional a través del fortalecimiento de la…
p. 41
24La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 4521 fragmento
[27]preparación del proceso, en la elección de los lu- gares, las formas en que se llevaron a cabo las ceremonias de desmovilización, 47 Para efectos de este capítulo, se entiende por perspectiva simbólica todas aquellas formas de re- presentación en el lenguaje o en el imaginario que tienen un significado particular para…
p. 452
25Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1251 fragmento
[28]since become criminal bands with de facto power in many places throughout the country. Their campaign against leftist insurgents, campesinos, and unionists has been truly terrifying. Union leaders, human rights activists, and those who call for just wages, better working conditions, or land reform for the poor have…
p. 125
26Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 2501 fragmento
[29]antes referida, luego del Programa para la Reincorporación a la Vida Civil del Minis - terio del Interior entre 2003 y 2006 que mantuvo la atención a los exguerrilleros desvinculados de forma individual y el inicio de las desmovilizaciones paramilitares, la ACR inició como tal desde allí la atención con base en la…
p. 250
27Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · p. 102 fragmentos
[30]en el proceso de ellos. Después de la desmovilización, con Arturo Alape evaluamos la reinserción del y los procesos de capacitación de EPL esas personas, muchos de los cuales lo único que sabían era echar plomo. En esos procesos se les enseñaron nuevos oficios, por ejemplo, mecánica, panadería, carpintería, y se les…
p. 10
[31]en el proceso de ellos. Después de la desmovilización, con Arturo Alape evaluamos la reinserción del y los procesos de capacitación de EPL esas personas, muchos de los cuales lo único que sabían era echar plomo. En esos procesos se les enseñaron nuevos oficios, por ejemplo, mecánica, panadería, carpintería, y se les…
p. 10
28Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 2511 fragmento
[32]el ELN, con los Frentes Carlos Alirio Buitrago y Bernardo López Arroyave 199. Desmovilización y bandas criminales emergentes La desmovilización en Antioquia puede dividirse en los sitios donde hubo alta y baja concentración de la tierra por parte de los grupos paramilitares 200. En los sitios donde existió alta…
p. 251
29El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 5652 fragmentos
[33]el día de la desmovilización: Y otra vez que ¿cómo se llama? ¿De dónde viene?, anótese aquí, que pasa otro anotándolo hasta que ya se llega allá al sitio dónde íbamos, una cancha grande y llegan los helicópteros y toda esa vuelta y se hace la entrega de armas. Se hace la ceremonia y eso era una sola anotadera, que…
p. 565
[34]el día de la desmovilización: Y otra vez que ¿cómo se llama? ¿De dónde viene?, anótese aquí, que pasa otro anotándolo hasta que ya se llega allá al sitio dónde íbamos, una cancha grande y llegan los helicópteros y toda esa vuelta y se hace la entrega de armas. Se hace la ceremonia y eso era una sola anotadera, que…
p. 565
30Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1692 fragmentos
[35]normalizaciones de la vida cotidiana— plantea continuidades y mutaciones que pondrían en tela de juicio precisamente la ruptura entre “pasa - do” y “presente”. Una deconstrucción de dicha teleología requiere del análisis no solo de esta serie de dispositivos y ámbitos que operan integradamente (en últimas, incluso…
p. 169
[36]normalizaciones de la vida cotidiana— plantea continuidades y mutaciones que pondrían en tela de juicio precisamente la ruptura entre “pasa - do” y “presente”. Una deconstrucción de dicha teleología requiere del análisis no solo de esta serie de dispositivos y ámbitos que operan integradamente (en últimas, incluso…
p. 169
31Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4271 fragmento
[37]1980s related to the armed conflict and its victims. However, unlike other Latin American countries that undertook memory struggles and campaigns once dictator - ships had already ended or when negotiated solutions to armed conflict had been reached, memory agents in Colombia began their struggle in the midst of an…
p. 427
32Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4191 fragmento
[38]rostro y u n a v oz a qu ien h a b ía sido en m u decido. Rastros en un catálogo de cuerpos mudos, de pedazos que buscan reconectarse, de miembros que buscan ser restituidos en su integridad. Está lleno de fantasmas, de presencias sin cuerpos, de voces sin poder hablar: es un proyecto de restitución de la palabra.…
p. 419
33La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 261 fragmento
[39]disputa 27 Conflicto, se ha reconocido también como un jugador en la arena de la memoria, pues hacer escuchar las voces de las víctimas no es un trabajo neutro. De este modo, en los ejercicios colectivos e indi- viduales de reflexividad, 4 se ha analizado cómo la interacción con las víctimas, las subjetividades e…
p. 26
34Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 11 fragmento
[40]Género y memoria histórica Balance de la contribución del cnmh al esclarecimiento histórico Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Centro Nacional de Memoria Histórica Género y memoria histórica Balance de la contribución del cnmh al esclarecimiento histórico Lina…
p. 1
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 11 fragmento
[41]HAY FUTURO si hay verdad INFORME FINAL Comisión para el Esclarecimieto de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición COLOMBIA ADENTRO Relatos territoriales sobre el conflicto armado ENSAYO INTRODUCTORIO COLOMBIA ADENTRO RELATOS TERRITORIALES SOBRE EL CONFLICTO ARMADO HAY FUTURO si hay verdad INFORME FINAL ENSAYO…
p. 1
36No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 11 fragmento
[42]NO MATARÁS Relato histórico del conflicto armado interno en Colombia HAY FUTURO si hay verdad INFORME FINAL Comisión para el Esclarecimieto de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición NO MATARÁS RELATO HISTÓRICO DEL CONFLICTO ARMADO INTERNO EN COLOMBIA Colombia. Comisión de la Verdad, autor Hay futuro si hay…
p. 1
37Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 5051 fragmento
[43]». Erick Arellana Bautista, poeta testimoniante. Volumen Testimonial del Informe Final de la Comisión de la Verdad Versión digital - 28 de junio del 2022 505 Identidades limítrofes – Segundo relato intermedio « Vivir en alerta». 110-VI-00005. Un joven homosexual del Caribe explica la tensión cotidiana con la que vivía…
p. 505
38No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3371 fragmento
[44]verdad, la recopilación de los hechos y la publicación de la memoria histórica. El programa de reparación integral a niñas, niños, adolescentes y jóvenes incluirá tres tipos de medidas de satisfacción, según sus responsables y sus impactos, los cuales son institucionales, socioculturales, pedagógicas y de memoria. 934…
p. 337
39Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 771 fragmento
[45]a la recu- peración del territorio afectado a través del fortalecimiento de las autoridades espirituales y de los dispositivos propios de transmisión de memoria que puedan conducir ya no solo a la reparación de los daños, sino, sobre todo, a la sanación espiritual del territorio. La larga duración de las memorias La…
p. 77
40Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 281 fragmento
[46]vida comunitaria, de la imposibilidad de narrar lo ocurrido, en- tre otras afectaciones, parecen adquirir una lógica que alcanza a naturalizar la expresión del sufrimiento de las víctimas y al lector, para que este pierda la duda sobre la dimensión perjudicial de lo que ha destruido la vida de las víctimas. 1.1.4. La…
p. 28
41Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 261 fragmento
[47]y su capacidad (también a veces inexplicable) de búsqueda de sentido en un mundo social que les ha dado la espalda. 19 Jelin, Elizabeth. (2002). Los trabajos de la memoria. España: Siglo XXI. 20 Ibídem, p. 14. 28 Entre la incertidumbre y el dolor Impactos psicosociales de la desaparición forzada Esta perspectiva…
p. 26
42Análisis cuantitativo del paramilitarismo en Colombia. Hallazgos del Mecanismo no Judicial de Contribución a la VerdadÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Bruce David Ochoa Ochoa, Gustavo Adolfo Narváez Rodríguez, Jonathan Peter Stucky Rodríguez, Anascas del Río Moncada · 2019 · p. 11 fragmento
[48]ANÁLISIS CUANTITATIVO DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA Hallazgos del Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad ANÁLISIS CUANTITATIVO DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA Hallazgos del Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad Centro Nacional de Memoria Histórica ANÁLISIS CUANTITATIVO DEL PARAMILITARISMO EN…
p. 1
43Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 131 fragmento
[49]el Sistema de Derechos Humanos de Naciones Unidas..........................................................................328 4.5. La CISVT: concertación frente a la impunidad, en medio del conflicto y la debilidad institucional....................................330 Índice onomástico 13 Pág. 4.6. Contradicciones,…
p. 13
44La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 691 fragmento
[50]esa época en Barranca fue mucha la niña que murió por el sólo hecho de que hablara con un soldado y un miliciano la estaba viendo, ahí mismo asesinaba a la niña. Barrancabermeja, Santander, 161. Son relatos reveladores de cómo el cuerpo de las mujeres se convierte en territorio de disputa entre los actores armados. Es…
p. 69
45Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 711 fragmento
[51]pico de puntos y a los tres días me dieron de alta. La Policía de San Onofre me quitó las recetas de los medicamentos. Ellos eran los mismos: eran mandados por ‘Cadena’. Ese día venían a buscar a mi marido y como no lo encontraron se ensañaron conmigo. Él me sacó desnuda y me sentó en la calle a ha- cerme todo eso. El…
p. 71
46Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 3421 fragmento
[52]desplazamiento forzado: El 11 de abril de 2002, el señor Marco Tulio Cagueñas y su familia residían en la finca Pan de Azúcar-El Roble, ubicada en la vereda el Cámbulo del municipio de Caparrapí, hasta que fueron desplazados forzadamente como consecuencia de que paramilitares de las ABC llegaron a su residencia para…
p. 342
47Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3961 fragmento
[53]Sanín, F. «Telling the Difference: Guerrillas and Paramilitaries in the Colombian War». SAGE 36 (n.º 3, 2008): 03 - 34. DOI: 10.1177/0032329207312181 Hernández Castillo, Rosalva Aída. «Entre el etnocentrismo feminista y el esencialismo étnico. Las mujeres indígenas y sus demandas de género». Debate feminista 24…
p. 396
48Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4691 fragmento
[54]afrocolombiana, el 50,84% fue responsabilidad de las FARC-EP; seguido por el ELN, con el 30%; las Bacrim, con el 8,63%; los grupos armados posdesmovilización, con el 4,8%; sin identificar, el 1,87%, y por las AUC, con el 1,31% 1183. En este sentido, las guerrillas cuentan con un margen mayor de responsabilidad. Para…
p. 469
49Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 3632 fragmentos
[55]214, 220, 222, 227, 229-284, 287, 323 Aguilas Negras, 355 asesinatos selectivos, 246 Asociación Campesina de Ganade- ros y Agricultores del Magdalena Medio (Acdegam), 238-239, 252, 255-256, 261 Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) v. Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) Autodefensas Unidas de…
p. 363
[56]214, 220, 222, 227, 229-284, 287, 323 Aguilas Negras, 355 asesinatos selectivos, 246 Asociación Campesina de Ganade- ros y Agricultores del Magdalena Medio (Acdegam), 238-239, 252, 255-256, 261 Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) v. Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) Autodefensas Unidas de…
p. 363
50Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 251 fragmento
[57]relato de los llamados escopeteros que, con el tiempo y a medida que se afianzó el paramilitarismo, adquirió fuertes elementos de justificación externa y cohesión interna para estas dos estructuras parami- litares incluso durante la llamada etapa de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia). Un primer elemento…
p. 25
51Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 2151 fragmento
[58]y cuantitativo de aquellas subregiones y munici- pios que evidenciaron patrones de violencia letal paramilitar mar- cadamente distintos entre el antes y después de la desmovilización de las AUC. En ese capítulo se mostrarán con mayor nivel de de- talle los mecanismos y procesos que subyacen a la persistencia del…
p. 215
52Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 4381 fragmento
[59]Negociar con los paramilitares, documento del International Crisis Group, 16 de septiembre de 2003. 11 Memorias de las reuniones de comandantes y con el Alto Comisionado de Paz, 11 y 12 de noviembre de 2002. Primera parte: Reunión de Comandantes. 12 Como lo publicó VerdadAbierta.com en La Impunidad ronda crímenes del…
p. 438
53Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 11 fragmento
[60]www.InSightCrime.org Colombia Elites and Organized Crime Colombia E lites and Organized Crime www.InSightCrime.org 2 Table of Contents Introduction............................................................................................... 3 Land and Trade - Colombia's…
p. 1
54San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 1031 fragmento
[61]anteriormente, fue asociado con el exterminio de esa pri- mera generación de dirigentes cívicos. Así mismo, en dichas narrativas se identifica que los ganaderos y comerciantes, en su mayoría acosados por las extorsiones de la guerrilla, contri- buyeron de manera directa al establecimiento y desarrollo del proyecto…
p. 103
55Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 211 fragmento
[62]lógica militar y política, los abusos de las FARC en la zona de despeje y la arremetida paramilitar, harían incierta la agenda de negociación, y bloquearían de manera persistente el desarrollo de las negociaciones. Este fracaso explica la llegada de Álvaro Uribe (2002-2010) al poder, etapa que González denomina como…
p. 21
56Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 801 fragmento
[63]Marta desde los años cincuenta. Es claro que este narcotráfico seminal tejió fuertes redes con la política. Los casos más sobresalientes aparecerían más adelante, como el de Samuel Santander Lopesierra, más conocido como «El Hombre Marlboro», que ocupó curules en el Congreso y fue extraditado a los Estado Unidos,…
p. 80
57Pablo Escobar: Colombia's Hero or Villain? History of the Greatest Drug LordJ.D. Rockefeller · 2015 · p. 21 fragmento
[64]PABLO ESCOBAR COLOMBIA’S HERO OR VILLAIN? HISTORY OF THE GREATEST DRUG LORD J.D.ROCKEFELLER ~~~ Smashwords Edition Copyright © 2015 by J.D. Rockefeller. All Rights Reserved. No part of this publication may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, including photocopying, recording, or…
p. 2
58Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2661 fragmento
[65]of theater, and scholars from diverse disciplines have been animated by “the crisis” (an example of which is represented by the critically acclaimed 1999 gallery show at the Museo de Arte Moderno de Bogotá, “Arte y Violencia en Colombia Desde 1948”), 2 and at the same time, they have worked to challenge the official,…
p. 266
59Este es el cordero de DiosJuan Pablo Barrientos · 2021 · p. 871 fragmento
[66]y corrompían los estamentos estatales, comerciales y sociales de la urbe. No se podía hablar de cultura sin mencionar ese nombre, no se podía comerciar sin que a ese hombre le correspondiera una tajada, no se podían tomar decisiones políticas sin su consentimiento. La ciudad estaba secuestrada, la noche prohibida. Los…
p. 87
60¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 2641 fragmento
[67]armados, porque en este caso lo que se interroga es si los vínculos volun- tarios o forzados que la población tuvo, por ejemplo, con las guerrillas la expuso más al riesgo. 68. Entrevista #1 a hombre adulto, Sucre, 2010. GMH, Mujeres y guerra, 98. 69. Entrevista a pobladora. Diario de campo, Sucre, 2010. 70. Taller de…
p. 264
61Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3231 fragmento
[68]y la carencia d e sistem as modernos de tr ansp or te p úb lico m as i vo, sac ar on a la lu z una pro fund a segregación socia l. I.a au- senc ia o debilidad de la s llamadas ins titm:iones tr adicionales (l a fa milia, la escuela de jo rnada completa, el vecindario, la Iglesia) sin q ue h aya n encontrado reemplazo,…
p. 323
62Colombia: Essays on Conflict, Peace, and DevelopmentAndres Solimano (Editor) · 2000 · p. 331 fragmento
[69]have been identified in Colombia, including Muerte a Gamines, Mano Negra, and Los Cucas. These organized groups report- edly account for 81 percent of social-cleansing homicide. The police account for the remaining 19 percent (Rojas 1996). The Number of Internally Displaced Persons Has Increased over the Last Decade…
p. 33
63Urban Poor Perceptions of Violence and Exclusion in ColombiaCaroline Moser, Cathy McIlwaine · 2000 · p. 491 fragmento
[70]in 1994, reduced the perception of violence. In contrast, in Colombia Chiquita, Aguazul, where 14 people have been assassinated since 1998, the relatively low levels of reported perceptions of violence probably reflect community fear of retaliation. The perception of drugs as a community problem reflected both the…
p. 49
64Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 1311 fragmento
[71]cuales se produce la dis- tancia varían en cada caso, pero puede decirse que todas, sin ex- cepción, tienen la forma de un gesto de paz. La distancia tempo- ral, así, es construida en función de una voluntad de paz cuyas razones cambian según el postulado y también según el tiempo (para algunos, la voluntad de paz es…
p. 131
65Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 2971 fragmento
[72]de una apuesta colectiva para reconocer sus opiniones, experiencias, testimonios y aportes. Entender la complejidad del fenómeno requiere también reco- nocer las experiencias históricas de otros procesos de exilio en América Latina, que pueden arrojar luces sobre cómo abordar el presente y el camino hacia el futuro.…
p. 297
66Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7741 fragmento
[73]la No Repetición. Bogotá, 2020. Módulo de Catalogación Colaborativa 29-OI-629909e129e5207e167b2cb0. «Contribuciones a la verdad y reconocimiento de responsabilidades de inte - grantes del Ejército Nacional de Colombia: espacio público», documento escrito. Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y…
p. 774
67Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 251 fragmento
[74]la verdad 25 dieron lugar a la investigación emprendida en el segundo semestre del 2008, que resul- taría en la expulsión de los militares. ¿Por qué no lo hicieron antes, cuando eran tantas las denuncias? De haberlo hecho, se habrían evitado cantidades de asesinatos. Más de mil familias de los asesinados a lo largo…
p. 25
68La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3371 fragmento
[75]que en otros países de América Latina, y no tiene, ni jamás ha tenido, el monopolio de la fuerza; por ello, en las zonas alejadas del centro institucional han surgido y florecen los grupos guerrilleros de izquierda, los grupos paramilitares y los narcotraficantes. Al no haber monopolio de la fuerza por parte del…
p. 337
69Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 1771 fragmento
[76]es un factor a considerar. En el plano regional, Valle es el depar- tamento con mayor nivel de afectación, con el 29% de su población rural, segui- do por Antioquia y Meta, con el 24%, y por último se encuentra la región de Mon- tes de María, con el 20% de afectación. El estudio muestra que en los hoga- res afectados…
p. 177