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Hecho histórico · La Violencia · 1946–1957

El decomiso de La Habana (1956)

A finales de diciembre de 1956, las autoridades cubanas incautaron en La Habana un cargamento de heroína valorado en 16.000 dólares a Rafael y Tomás Herrán Olózaga, dos hermanos de una familia de la élite antioqueña. Es el registro documentado más temprano de tráfico de drogas duras protagonizado por colombianos en el exterior, casi veinte años antes de la bonanza marimbera.

El decomiso de La Habana (1956)
Finales de diciembre de 1956
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Finales de diciembre de 1956
Dónde
La Habana, Medellín, Antioquia, Cuba, Miami, Nueva York
Protagonistas
Gustavo Rojas Pinilla, Rafael Herrán Olózaga, Tomás Herrán Olózaga, Fulgencio Batista, Eduardo Sáenz Rovner
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La tradición mercantil antioqueña —movilidad, capital social denso, orientación al mercado externo y cultura de riesgo comercial— facilitó que familias con recursos y contactos internacionales se insertaran en circuitos transnacionales ilegales.
  2. La Cuba de Batista funcionaba como plataforma internacional del tráfico: su posición geográfica frente a Florida, su economía integrada al turismo y al juego, su porosidad regulatoria y sus comunicaciones densas con Miami y Nueva York la convertían en escala lógica entre Sudamérica y el mercado estadounidense.
  3. El contrabando histórico colombiano —con raíces coloniales en La Guajira y el Magdalena Grande, tolerado por autoridades locales y normalizado como alternativa económica— constituía un tejido cultural que reducía las barreras morales y prácticas para la actividad ilegal transfronteriza.
  4. La demanda sostenida de heroína en las ciudades de la costa este estadounidense a mediados de los cincuenta ofrecía márgenes de ganancia que ningún negocio legal comparable podía igualar, incentivando a actores con capital social y contactos internacionales a probar el negocio.
  5. El deterioro fiscal y cambiario colombiano de 1955-1956 —déficit comercial de 72 millones de dólares, descenso de los precios del café, incertidumbre política bajo el ocaso de Rojas Pinilla— pudo empujar a familias con capital y redes externas a diversificar hacia negocios más lucrativos.
Finales de diciembre de 1956El decomiso de La Habana (1956)

Consecuencias

  1. En lo inmediato, el decomiso no tuvo consecuencias públicas visibles en Colombia: no generó debate parlamentario, no motivó legislación y no produjo escándalo social, en parte porque la información quedó archivada en registros estadounidenses y en parte porque la categoría de 'narcotráfico' como problema nacional aún no existía.
  2. El triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959 clausuró La Habana como plaza del vicio internacional —casinos nacionalizados, operadores expulsados, isla reorientada hacia el campo soviético—, eliminando la ruta Medellín-Cuba-Estados Unidos antes de que pudiera consolidarse como estructura estable.
  3. El episodio quedó sepultado durante décadas en archivos de la Oficina Federal de Narcóticos estadounidense, contribuyendo a que la memoria pública colombiana situara el origen del narcotráfico en los años setenta y lo asociara a actores marginales, ocultando su raíz elitista y antioqueña.
  4. Historiográficamente, el caso obliga a reperiodizar el narcotráfico colombiano como fenómeno de larga duración: las mismas redes mercantiles antioqueñas, la misma cultura de riesgo comercial y la misma capacidad de inserción en circuitos transnacionales que operaron en 1956 se reactivaron —con proveedores andinos y mercado en expansión— en el auge de la cocaína de los años setenta y ochenta.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El decomiso de La Habana de 1956 desplaza en casi veinte años la periodización canónica del narcotráfico colombiano y demuestra que el fenómeno no nació en los márgenes del contrabando popular caribeño sino en las redes mercantiles de la élite antioqueña, con acceso a capital, contactos internacionales y movilidad transnacional. Esa continuidad de condiciones —no de organizaciones— entre el episodio de 1956 y los carteles de los ochenta revela el narcotráfico colombiano como un fenómeno estructural de larga duración, enraizado en la misma vocación comercial que hizo próspera a Antioquia, y no como una innovación criminal surgida de la nada en la bonanza marimbera.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

El decomiso de La Habana (1956)

A finales de diciembre de 1956, en La Habana, las autoridades cubanas incautaron un cargamento de heroína valorado en 16.000 dólares. Los detenidos fueron Rafael y Tomás Herrán Olózaga, dos hermanos de una familia reconocible del Medellín formal, no de los márgenes del contrabando popular ni del mundo pardo de la ilegalidad marítima. El episodio, sepultado durante décadas en archivos estadounidenses de la Oficina de Narcóticos, es el registro documentado más temprano de un tráfico de drogas duras protagonizado por colombianos en el exterior. Antecede en casi veinte años a la bonanza marimbera del Caribe —el momento que la memoria pública ha consagrado como el nacimiento del narcotráfico nacional— y desplaza la geografía fundacional del fenómeno: no arranca en la Sierra Nevada de Santa Marta ni en La Guajira, sino en una ruta triangular entre Medellín, La Habana y las ciudades de la costa este estadounidense. La ficha del caso es breve; sus implicaciones, considerables. Obliga a repensar cuándo, dónde y con quiénes empezó, en rigor, el narcotráfico colombiano.

El mundo que rodea el hecho

Para entender por qué dos jóvenes de apellido antioqueño fueron capturados con heroína en La Habana en 1956 hay que reconstruir tres capas superpuestas: la Cuba de Fulgencio Batista como plaza internacional del vicio, la Colombia de Gustavo Rojas Pinilla en su año más frágil y la larga tradición mercantil antioqueña que llevaba décadas tendiendo puentes comerciales fuera del país.

La Habana de mediados de los cincuenta era una ciudad puerto abierta al hemisferio, con comunicaciones marítimas y aéreas densas, población flotante de turistas y migrantes, hoteles-casino administrados por mafiosos estadounidenses y una economía integrada a los circuitos internacionales del comercio, el juego y las corrientes migratorias. Esa integración había producido también una condición estructural útil para el contrabando: rutas frecuentes hacia Miami y Nueva York, puertos con controles heterogéneos, aeropuertos con conexiones regionales y una densidad de intermediarios comerciales capaz de absorber operaciones ilegales sin llamar demasiado la atención. La isla participaba desde hacía décadas en circuitos de tráfico que la conectaban con otros países de la región; el episodio de 1956 no ocurre en el vacío, sino en un entramado ya en marcha.

La Colombia de la que salían los Herrán Olózaga vivía, entretanto, el ocaso ruidoso de la dictadura militar. Rojas Pinilla llevaba en el poder desde junio de 1953. Sus primeros años combinaron una política salarial expansiva —los salarios reales crecieron entre 1953 y 1956 a una de las tasas más rápidas del siglo XX colombiano— con programas de gasto social en educación, vivienda popular, centros de salud y caminos, en un tono populista que le compró tiempo político. Pero hacia 1954-1955 los precios internacionales del café comenzaron a descender y la balanza comercial se deterioró: el déficit alcanzó los 72 millones de dólares en 1955, en coincidencia con una liberación de importaciones de alimentos. La inflación se mantuvo controlada —bajo dos dígitos entre 1951 y 1956, con dos años de variación negativa y un cierre de 6,4% en 1956—, pero los signos de erosión fiscal y cambiaria eran visibles. En 1956 la popularidad de Rojas encajó golpes severos y liberales y conservadores avanzaban en el diseño del acuerdo bipartidista que desembocaría, en 1958, en el Frente Nacional. Alberto Lleras Camargo, Alfonso López Pumarejo y Laureano Gómez negociaban desde distintas orillas la manera de desplazar al militar.

En ese Medellín de la segunda mitad de los cincuenta, la tercera capa —la antioqueña— es la decisiva. Antioquia había construido, desde la Colonia, una estructura económica singular dentro de Colombia: minería del oro, cultivo minifundista del café, un mercado interno más monetizado que en otras regiones y relaciones sociales con mayor movilidad. A fines del período colonial, con apenas el 8% de la población nacional, la región concentraba el 40% o más de las exportaciones del país, gracias al predominio en la minería aurífera. En los años treinta, los antioqueños ya eran llamados "los yanquis de Suramérica" por su reputación de laboriosidad, tenacidad comercial y disposición a moverse. La explicación de esa vocación empresarial se ha discutido durante generaciones: algunos autores le atribuyeron rasgos psicológicos o culturales, incluso ascendencias particulares —judíos conversos, entre otras conjeturas—. Otra línea interpretativa remite la explicación a factores estructurales, en particular al predominio antioqueño en la minería del oro, que había generado mayor oferta monetaria y condiciones para la acumulación de capital y para la construcción de redes comerciales transfronterizas.

Fuese cual fuese el peso relativo de cada factor, para 1956 los comerciantes antioqueños llevaban décadas moviéndose por el Caribe, Centroamérica y Estados Unidos, con presencia en plazas como Colón (Panamá), donde a finales de los sesenta se documentarían los primeros contrabandistas antioqueños entrando al negocio de la cocaína. Esa infraestructura mercantil —familiar, informal, con capital social densamente tejido— es el fondo sobre el que ocurre el episodio de La Habana. No es un accidente que los detenidos llevaran los apellidos que llevaban.

Reconstrucción del episodio

Los datos duros del caso son pocos y precisos. El expediente ha llegado a la historiografía a través de los archivos de la Oficina Federal de Narcóticos estadounidense, conservados en el National Archives bajo el Record Group 170.

La cifra —16.000 dólares de 1956— no era menor: representaba varias veces el ingreso anual de un profesional de clase media colombiana. La cantidad física —del orden de los 800 gramos— señala una operación de tráfico especializado, no un caso de consumo personal ni un contrabando marginal. La heroína en cuestión no se producía en Colombia; su origen presumible eran los circuitos de refinación que en esa década conectaban Turquía, el Líbano y Marsella con América. La ruta implicada situaba a Medellín no como origen del narcótico, sino como plaza logística: los Herrán Olózaga habrían operado como eslabón entre proveedores externos y compradores estadounidenses, usando Cuba como puente hacia el mercado final, del mismo modo en que otros traficantes latinoamericanos y europeos usaban la isla en esos años.

La identidad de los detenidos importa. No eran cargueros anónimos ni contrabandistas curtidos de la costa. Pertenecían a una familia reconocible dentro del Medellín formal, con capital social suficiente para moverse entre países, financiar operaciones de esa escala y sostener contactos en La Habana. Su condición de pioneros del procesamiento y tráfico de drogas entre Medellín, Cuba y Estados Unidos ha quedado establecida en la investigación posterior sobre los antecedentes tempranos del narcotráfico colombiano. Los detalles exactos del proceso judicial cubano, la duración de sus detenciones, las eventuales extradiciones o repatriaciones y el destino posterior de los hermanos permanecen en zonas oscuras del expediente. Queda establecido el hecho: dos ciudadanos colombianos, de una familia de la élite antioqueña, fueron capturados en el exterior con un cargamento de drogas duras a finales de 1956.

El silencio nacional sobre el episodio es tan revelador como el hecho mismo. La prensa colombiana de diciembre de 1956 estaba absorbida por el creciente pulso político con Rojas Pinilla, por los efectos del descenso cafetero y por los primeros diseños del Frente Nacional. La captura de dos colombianos en La Habana con heroína no dejó huella pública. En parte, porque la información no circuló: los archivos que hoy la documentan son estadounidenses, no colombianos. En parte, porque la categoría misma de "narcotráfico" como problema nacional aún no existía. Y en parte, cabe suponer, porque el apellido de los detenidos ayudó a que el asunto quedara fuera del foco. La invisibilidad del episodio en la memoria pública colombiana no es un accidente historiográfico: forma parte del caso.

Las condiciones que lo hicieron posible

Separar las causas estructurales de los detonantes obliga a distinguir dos planos: por qué en 1956 existían las condiciones para que dos antioqueños se dedicaran al tráfico de heroína entre Cuba y Estados Unidos, y qué del contexto inmediato pudo haber activado ese negocio concreto en ese momento concreto.

En el plano estructural, tres factores convergen. La tradición mercantil antioqueña aportaba movilidad, tenacidad, capital social denso y orientación al mercado externo: los mismos rasgos que en los años treinta habían llevado a llamar a los antioqueños "los yanquis de Suramérica", y que podían activarse en actividades legales o ilegales según los incentivos. A esa base se sumaba el contrabando colombiano histórico como práctica normalizada, con raíces coloniales especialmente densas en La Guajira y el Magdalena Grande. Allí, mazamorreros, intermediarios, comerciantes y marineros extranjeros habían tejido redes que intercambiaban oro, cuero, ganado y madera por telas, herramientas, armas e incluso esclavos, usando rutas fluviales y terrestres que en el siglo XX se emplearían para whisky, cigarrillos, café y ganado. Esa cultura del contrabando —tolerada por autoridades locales, aceptada por poblaciones enteras como alternativa económica en zonas de escasa presencia estatal— constituía un tejido nacional en el que la actividad ilegal transfronteriza no era anomalía sino modo de vida en ciertas regiones. Aunque los Herrán Olózaga operaban desde Medellín y no desde La Guajira, la existencia de esa cultura amplia normalizaba el paso al otro lado de la ley.

El tercer factor era la Cuba de Batista como plataforma internacional del tráfico. Sus comunicaciones, su ubicación geográfica frente a Florida, su economía integrada al turismo y al juego, su porosidad regulatoria y su condición de escala habitual entre Europa, Sudamérica y Estados Unidos hacían de la isla un lugar lógico para operaciones de tránsito. Traficantes de múltiples nacionalidades usaban La Habana en esos años; los antioqueños que llegaron a ella no fundaron el circuito, se insertaron en uno preexistente.

Los detonantes inmediatos son más difíciles de fijar. La coyuntura colombiana de 1956 —deterioro fiscal, descenso cafetero, incertidumbre política— pudo empujar a familias con capital y contactos a diversificar hacia negocios más lucrativos, sin que esto explique por sí solo la elección del narcótico. La demanda estadounidense de heroína a mediados de los cincuenta, sostenida por los circuitos urbanos de la costa este, ofrecía márgenes que ningún negocio legal comparable podía igualar. Bastan una ventana de oportunidad externa y una capacidad logística previa para explicar por qué ocurrió el episodio. Qué llevó a los Herrán Olózaga a esa operación concreta, y no a otras familias antioqueñas de perfil similar, escapa a lo consignado.

Nada sugiere que los hermanos hayan encabezado una organización sostenida ni que su captura haya interrumpido una estructura mayor. Lo que sí sugiere el caso es que, en 1956, las condiciones —redes comerciales, contactos internacionales, cultura de contrabando, demanda externa, debilidad regulatoria— ya estaban disponibles para que actores con capital social suficiente pudieran probar el negocio. La sorpresa historiográfica no es que dos antioqueños fueran capturados con heroína en La Habana; es que la memoria pública hubiera olvidado que ese tipo de operaciones era posible dos décadas antes de la bonanza marimbera.

Consecuencias del caso y lugar en la periodización

En lo inmediato, el decomiso de La Habana no tuvo consecuencias públicas visibles en Colombia. No generó debate parlamentario, no motivó legislación, no produjo escándalo social. La caída de Rojas Pinilla en mayo de 1957, la instauración de la Junta Militar, el plebiscito de diciembre y el arranque del Frente Nacional en 1958 absorbieron la agenda pública. Al año siguiente, en enero de 1959, la huida de Batista ante el avance de las guerrillas de Fidel Castro cerró la Habana como plaza del vicio internacional: los casinos fueron nacionalizados, los operadores estadounidenses expulsados y la isla emprendió, en menos de treinta meses, la reforma agraria, la expropiación de empresas norteamericanas, la incorporación al campo soviético y la proclamación socialista que la enfrentó con Estados Unidos. La ruta que los Herrán Olózaga habían aprovechado desapareció con el régimen que la había hecho posible.

Esa clausura tiene un efecto historiográfico curioso: el circuito Medellín-Cuba-Estados Unidos, tal como existió en los cincuenta, quedó fuera de servicio antes de poder consolidarse. Los antioqueños que a finales de los sesenta entraron al negocio de la cocaína operaban ya desde otros nodos —Colón, en Panamá, principalmente— y con proveedores distintos. En 1969 ya se fabricaban pequeñas cantidades de cocaína en Colombia, aunque el país no tenía historia previa de producción a gran escala. La conexión entre el episodio de 1956 y el auge posterior es, por eso, indirecta. No hay una línea recta de continuidad organizativa entre los Herrán Olózaga y los carteles de los ochenta. Hay una continuidad de condiciones: las mismas redes mercantiles antioqueñas, la misma cultura de riesgo comercial, la misma capacidad para insertarse en circuitos transnacionales, se activaron en un contexto distinto —proveedores andinos, mercado estadounidense en expansión, ruta caribeña alterada— produciendo un fenómeno de dimensiones incomparables.

A mediados de los setenta, cuando la demanda estadounidense de cocaína se disparó, los traficantes colombianos usaron la violencia para eliminar a la mafia cubana de la que dependían como intermediaria en el acceso al mercado norteamericano, y accedieron directamente a los consumidores. El azar de la coincidencia —capacidad logística preexistente y choque de demanda imprevisible— situó a los colombianos en control del tráfico justo cuando el negocio adquirió dimensiones colosales. Para comienzos de los ochenta, Colombia controlaba toda la cadena de la cocaína, del cultivo a la distribución, con los carteles de Medellín, Cali y el Norte del Valle articulando un sector económico paralelo que reordenaría la vida política del país durante cuatro décadas.

Aquí es donde el episodio de 1956 desordena la cronología aceptada. La narrativa canónica sitúa el origen del narcotráfico colombiano en la segunda mitad de los años setenta, con la bonanza marimbera de la Sierra Nevada y La Guajira como acto fundacional. Ese relato ha organizado la memoria pública, la producción académica y buena parte de la política antidrogas: el narcotráfico habría sido una innovación de contrabandistas costeños, hijos del contrabando de whisky y cigarrillos, que aprovecharon la demanda estadounidense de marihuana para saltar a una escala inédita. Los antioqueños habrían llegado después, con la cocaína, en los ochenta.

El decomiso de La Habana no anula esa cronología: la bonanza marimbera fue el momento en que el narcotráfico se hizo fenómeno social masivo, económico decisivo y político desestabilizador. Pero el episodio de 1956 muestra que, veinte años antes, actores antioqueños de la élite formal —no marginales costeños, no contrabandistas de subsistencia— ya operaban en el tráfico internacional de drogas duras. La periodización que fija el nacimiento del narcotráfico en 1976-1980 confunde el momento del auge masivo con el del origen. El origen es anterior, más disperso y más elitista de lo que la memoria pública ha aceptado.

La corrección tiene consecuencias interpretativas. Si el narcotráfico colombiano tuvo un antecedente elitista antioqueño en los cincuenta, la lectura que lo explica exclusivamente como producto de la marginalidad, la pobreza costeña o la crisis social de los setenta pierde exclusividad. Sin negar el peso de esos factores en la escala posterior, hay que aceptar que la capacidad de participar en tráficos ilegales transnacionales estaba también en las clases altas, dependía de redes comerciales formales y se activó allí donde hubo oportunidad. La misma laboriosidad antioqueña que produjo textiles, exportaciones cafeteras y grandes empresas, produjo también, en la orilla oscura del mismo capital social, a los Herrán Olózaga.

Los límites del hallazgo

El caso de La Habana es, por ahora, un episodio: no una serie, no una organización, no un patrón. Hay un decomiso, dos detenidos, un cargamento, una fecha. No hay indicios de que Cuba funcionara como nodo estructural del narcotráfico colombiano en las décadas previas, ni de redes antioqueñas continuas entre los cincuenta y los setenta, ni de sucesores organizativos directos de los hermanos. El episodio muestra un umbral de posibilidad, no una estructura montada.

Frente a esa lectura pesa otra: la que sostiene que el verdadero antecedente estructural del narcotráfico colombiano es el contrabando histórico de la costa Caribe, con sus rutas coloniales, su tolerancia institucional y su lógica de economía informal, del que la bonanza marimbera sería continuación natural. Bajo esa mirada, el caso de los Herrán Olózaga sería una variante puntual dentro de un patrón más amplio, no su origen diferenciado. Las dos lecturas pueden convivir sin cancelarse: el contrabando caribeño ofrece la base cultural y territorial extendida sobre la que se construyó la aceptación social del tráfico ilegal; el episodio antioqueño muestra que, en paralelo, actores de otro perfil socioeconómico —familias formales del capital urbano, con redes internacionales de otro tejido— también podían y sabían operar en circuitos transnacionales de drogas.

Se le suma una tercera lectura, menos cómoda para el debate colombiano: la que reduce el narcotráfico nacional a un producto de la demanda externa y del azar geopolítico. Los colombianos eliminaron a la mafia cubana justo cuando la demanda estadounidense de cocaína se disparó; sin ese choque de demanda, ni el contrabando caribeño ni las redes antioqueñas habrían producido la escala que produjeron. Vista así, la captura de 1956 confirmaría una capacidad latente que solo se activó masivamente cuando el mercado externo lo permitió. Aquí se juega dónde queda la responsabilidad: si el fenómeno se explica sobre todo por la demanda, se desplaza hacia afuera; si se explica sobre todo por las condiciones internas, queda en casa. Lo razonable es aceptar que ambos factores se reforzaron mutuamente. Sin capacidad interna, la demanda externa no habría encontrado quién la satisficiera desde Colombia; sin demanda externa, la capacidad interna habría producido casos puntuales como el de 1956, no un sector económico dominante.

Por qué el episodio sigue importando

El decomiso de La Habana de 1956 importa hoy por tres razones que exceden la curiosidad archivística.

Primero, porque corrige una periodización que sigue organizando el debate público. Presentar el narcotráfico colombiano como un fenómeno nacido en los setenta permite leerlo como anomalía tardía, accidente de la globalización o desviación de la modernización truncada. Aceptar que sus antecedentes documentados se remontan a los cincuenta obliga a leerlo como fenómeno de larga duración, entrelazado con la historia económica, mercantil y regional del país. No es un tumor que apareció en un cuerpo social sano; es un modo posible de activar capacidades que llevaban tiempo instaladas.

Segundo, porque desmiente la iconografía marginalista del narcotráfico. La imagen del contrabandista costeño, del muchacho pobre que se hizo traficante, del narco de barrio popular, ha capturado la representación pública del fenómeno. Es una imagen parcialmente cierta —Pablo Escobar, para citar al más notorio, se inició en el contrabando de mercancías en un entorno social donde la ilegalidad se percibía como actividad habitual de subsistencia—, pero incompleta. El caso de los Herrán Olózaga muestra que la participación de élites formales en el tráfico de drogas no fue consecuencia tardía del enriquecimiento marimbero, sino posibilidad presente desde el comienzo. La aceptación social del dinero del narcotráfico entre clases medias y altas colombianas, tan visible en los ochenta y noventa, tenía antecedentes en la disposición previa de esas mismas clases a participar directamente cuando la oportunidad se presentaba.

Tercero, porque ilumina la relación entre condiciones estructurales y decisiones individuales en la historia económica de la ilegalidad. Los Herrán Olózaga fueron capturados en La Habana porque existían redes, había demanda, había medios de transporte, había márgenes, había tolerancia regulatoria, y ellos decidieron participar. Las condiciones no producen los hechos; los hacen posibles. Pensar el narcotráfico como una posibilidad activada por decisiones concretas de actores concretos en contextos concretos, y no como destino ni como accidente, obliga a preguntar, para cada momento y cada actor, por qué esa posibilidad se activó y no otra.

El expediente cubano-estadounidense de finales de 1956 es, en sí mismo, breve: un decomiso, dos nombres, una cifra. Cruzado con la larga historia mercantil antioqueña, con el mundo de La Habana prerrevolucionaria, con la crisis final del rojismo y con la periodización canónica del narcotráfico colombiano, deja de ser anécdota archivística. Dos décadas antes de que la palabra "narcotráfico" entrara al vocabulario público colombiano, dos hermanos de una familia formal de Medellín ya estaban dentro del negocio. Y todo lo que vino después —la marimba, la coca, los carteles, la guerra— ocurrió sobre un terreno en el que esa posibilidad, comprobadamente, ya existía.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 34 fragmentos
01Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 377, 3982 citas
[1]Co- lombia, había dos hermanos, Rafael y Tomás Herrán Olózaga, pioneros en el procesamiento y tráfico de drogas entre Medellín y Cuba y los Estados Unidos a mediados de siglo. Narcotics”, Nueva York, agosto 15 de 1955, n A - RG 170, 170-74-12, Box 33. 93. “AmEmbassy to Department of State”, La Paz, marzo 24 de 1958, n…p. 398
[2]dinámica del con- flicto armado en el país; no es posible pensar en la solución de uno sin resolver el otro, y es allí en dónde, cada vez más, la llamada “comunidad internacional” se torna insoslayable. 378 VIII Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Contrabando, narcotráfico y juego en Cuba, de los años…p. 377
02Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2411 cita
[3]la violencia para eliminar a la mafia cubana de la que entonces dependían y accedieron de manera directa al mercado estadounidense. De forma simultánea, y sin que hubieran podido preverlo, las preferencias de los consumidores estadounidenses cambiaron de forma súbita y la demanda de cocaína se disparó. Así, los…p. 241
03La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 33, 342 citas
[4]y ”Que ningún Estado miembro del Sistema Interamerica- no puede reclamar los derechos y privilegios del mismo si niega o desconoce las obligaciones correlativas, ”DECLARA: ”1. Que el actual Gobierno de Cuba, como consecuen- cia de sus actos reiterados, se ha colocado volunta- riamente fuera del Sistema Interamericano.…p. 34
[5]Interamerica- no puede reclamar los derechos y privilegios del mismo si niega o desconoce las obligaciones correlativas, ”DECLARA: ”1. Que el actual Gobierno de Cuba, como consecuen- cia de sus actos reiterados, se ha colocado volunta- riamente fuera del Sistema Interamericano. ”2. Que esta situación requiere la más…p. 33
04El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 852 citas
[6]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…p. 85
[7]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…p. 85
05Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 681 cita
[8]rodeó el regreso de Rojas Pinilla al país y su juicio en el Congreso, los dirigentes del Frente Nacio- nal (FN) podían estar optimistas porque, en lo fundamental, el reparto biparti- dista estaba funcionando bien. La izquierda liberal era una minoría creciente y respetable. En 1962 la candidatura presidencial de López…p. 68
06Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 772 citas
[9]en Colombia, todas las personas de su oficina la descartaban como algo que “no estaba a su alcance”. 40 Los agentes del BNDD pueden ser perdonados por no saber que Colombia había entrado al negocio de la fabricación de cocaína. Aun cuando en 1969 ya se fabricaban pequeñas cantidades de droga en el país, Colombia no…p. 77
[10]en Colombia, todas las personas de su oficina la descartaban como algo que “no estaba a su alcance”. 40 Los agentes del BNDD pueden ser perdonados por no saber que Colombia había entrado al negocio de la fabricación de cocaína. Aun cuando en 1969 ya se fabricaban pequeñas cantidades de droga en el país, Colombia no…p. 77
07Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2741 cita
[11]y Ospina V ásquez pertenecen a una gran tradición dentro de la economía que atribuye un papel especial y decisivo a la iniciativa empresarial. Safford, por su parte, está de acuerdo con la tesis general de que los antioqueños desempeñaron un papel destacado, pero sos- tiene que no se requiere una teoría psicológica…p. 274
08Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2481 cita
[12]la economía form al y de las redes clientelistas de los políticos profesionales existía un sector inform al en constante crecimiento. Décadas atrás había surgido un mercado ambulante en la zona de Guayaquil (Ocampo, 2002; 158 Kn 1983, la revista Sanana, quizá el semanario más importante de Colombia, tituló en su…p. 248
09La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 101 cita
[13]XVIII, cuando tuvo lugar un cambio de las antiguas y ardientes tierras 24 La colonización antioqueña de Santa Fe hacia la nueva villa de Medellín. El conquistador Jorge Robledo había sentado el precedente de regresar de su visita a España con su esposa y un séquito de dieciséis señoritas. U na de éstas, doña Mencia de…p. 10
10La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 3461 cita
[14]El Espectador, Bogotá, octubre 21 de 1926. 155 Zuleta, Eduardo, «Antioqueños y judíos», Suplemento Literario Ilustrado de El Espectador, Bogotá, noviembre 4 de 1926. 347 Lí ndidceaínelc ícbedrsptí otros nombres bíblicos son comunes a esta estirpe empren- dedora y tenaz, hábil para el comercio, la industria y las…p. 346
11Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 891 cita
[15]and the wooded areas near Santa Marta and Riohacha. In return, British sailors illegally brought in fabrics, tools, arms—and, occasionally, slaves. 127 Spain officially imposed a yearly fixed tax of four pesos on the mazamo- rreros (independent prospectors) panning for gold in the Sinú, San Jorge, and Cauca Rivers and…p. 89
12Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 891 cita
[16]and the wooded areas near Santa Marta and Riohacha. In return, British sailors illegally brought in fabrics, tools, arms—and, occasionally, slaves. 127 Spain officially imposed a yearly fixed tax of four pesos on the mazamo- rreros (independent prospectors) panning for gold in the Sinú, San Jorge, and Cauca Rivers and…p. 89
13Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1651 cita
[17]en busca de marihuana. Allí aterrizan, desembarcan la mercancía que traen de contrabando —casi todo aparatos eléctricos—, y cargan la avioneta con paquetes de la yerba que llevan a la pista algunos vecinos cultivadores. Muchos se enriquecen de la noche a la mañana y no saben qué hacer con la piara. Por aqui todos nos…p. 165
14La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica, Lukas Rodríguez Lizcano · 2022 · p. 401 cita
[18]menor a cincuenta kilómetros todos los pisos térmicos, lo que favorece la libre siembra y la producción de cultivos en laboratorios escondidos en la espesura de las montañas de la Sierra (Villarraga, 2009, p. 16). La SNSM se convirtió en un punto estratégico de disputa de los distintos actores armados para el control…p. 40
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 741 cita
[19]en el territorio. Los grupos delincuenciales ligados al contrabando heredado de la primera mitad del siglo, crecieron y se sofisticaron. Algunas confrontaciones que dieron cuenta de ello fueron: la «guerra del Marlboro», entre contrabandistas antioqueños a comienzos de los años setenta en el Valle de Aburrá 182; la…p. 74
16Mi vida y mi cárcel con Pablo EscobarVictoria Eugenia Henao · 2018 · p. 1491 cita
[20]se notaba, pero yo no tenía conciencia de dónde provenía el dinero pues era aún una adolescente y joven ingenua de familia, en un contexto social machista donde el papel de la mujer se circunscribía al cuidado exclusivo de los hijos y el hogar, no al de opinar sobre lo que hacía o no el hombre de la casa para proveer…p. 149
17Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1871 cita
[21]las repercusiones hemisféricas de la crisis y co lapso de l peronism o. La tibia identificacibn de Rojas con éste, a fines de 1954, no pudo ll e- ga r más a dest iempo. Fue resentida en el palacio ca rdena li <.: i o, en la prensa de los Estados Unidos y en l os organi smos multilaterales de crédit o. Además de la…p. 187
18Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 3911 cita
[22]joined López in calling for creation of a bipartisan Civic Front aimed at restoring peace and constitutional rule to the nation. Still there were three serious problems to overcome before anything like a bipartisan agree- ment could be achieved. First, the Santos faction of the party must be cajoled into dealing with…p. 391
19Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1211 cita
[23]odio fra- tricida haya desaparecido y podamos de nuevo transitar el camino de la paz y recobrar nuestro prestigio de nación culta y cristiana», lo cual en el contex- to de violencia que se padecía, equi- valía de cierta manera a una condi- ción imposible. Luego, en el mensaje de año nuevo que dirigió al país en 1955,…p. 121
20Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 375, 4014 citas
[24]militar seguía garantizando la libre in- versión de capital extranjero y el oportuno desembolso tanto de utilidades como del propio capital. 9 En febrero de 1954 el régimen militar autorizó la libre impor- tación de alimentos para combatir la inflación, centralizando las operaciones en el INA. En octubre del mismo año…p. 401
[25]militar seguía garantizando la libre in- versión de capital extranjero y el oportuno desembolso tanto de utilidades como del propio capital. 9 En febrero de 1954 el régimen militar autorizó la libre impor- tación de alimentos para combatir la inflación, centralizando las operaciones en el INA. En octubre del mismo año…p. 401
[26]1954 1955 1956 Variación % 9.2 -2.4 7.4 8.7 -0.8 6.4 Fuente: Contraloría General de la República Como puede observarse en el Cuadro 6.6, la inflación sobre- pasa los dos dígitos de 1946 en adelante y hasta 1950. Lo que básicamente impulsó la inflación de 1945 en adelante fue el atraso agrícola y ganadero, agravado por…p. 375
[27]1954 1955 1956 Variación % 9.2 -2.4 7.4 8.7 -0.8 6.4 Fuente: Contraloría General de la República Como puede observarse en el Cuadro 6.6, la inflación sobre- pasa los dos dígitos de 1946 en adelante y hasta 1950. Lo que básicamente impulsó la inflación de 1945 en adelante fue el atraso agrícola y ganadero, agravado por…p. 375
21Organized Crime in Colombia: The Actors Running the Illegal Drug IndustryFrancisco Thoumi · 2014 · p. 31 cita
[28]obstacle to the enforcement of economic laws and facilitates the growth of illegal economic activities. Schneider and Klinglmair (2004, p. 10) estimate that the informal economy in 1999–2000 accounted for 39.1% of the gross domestic product. Perry et al. (2007) found that between 1992 and 2005 Colombian independent…p. 3
22Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1931 cita
[29]de posibilidades que permi- tieron la implantación con éxito del narcotráfico en Colombia, pero no contribuyen a dilucidar porqué el país se convirtió en un centro tan importante del narcotráfico. Para esto puede pen- sarse en otros dos factores, complementarios entre sí. El factor accidental, al cual se hizo ya…p. 193
23Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 761 cita
[30]se ha planteado el debate académico entre quie- nes sostienen que el narcotráfico fue un “choque externo”, in- ducido por la demanda internacional de narcóticos, y quienes afirman que, a diferencia de países similares, Colombia partici- pó de lleno en la oferta y tráfico de drogas porque la sociedad colombiana era…p. 76
24The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1541 cita
[31]a car thief but later reached legendary status. Escobar is credited with transforming the Medellín Cartel into a multinational criminal corpo- ration. Instead of using individuals as drug mules, which is how the business had worked prior to Escobar, the “ patrón of evil,” as he was nicknamed, had at his disposal…p. 154
25Pablo Escobar and Colombian NarcocultureAldona Bialowas Pobutsky · 2020 · p. 91 cita
[32]curiosity among world botanists. A breakthrough in cocaine production was developed in Peru between 1884 and 1887 by the pharmacist Alfredo Bignon, who with the use of inexpen- sive and accessible materials (kerosene, soda ash, and lime) produced a “crude cocaine, or cocaína bruta ” (Gootenberg 39). This product…p. 9
26Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · p. 611 cita
[33]production in Colombia, so that in 2012, Peru reemerged as the global leader in cocaine production, surpassing Colombia, for a year or so. In the early 2000s, given C olombia’s predominance as the source of cocaine destined for U.S. markets and its status as the second-largest producer of heroin consumed in the United…p. 61
27Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · p. 4951 cita
[34]Baltimore: John Hopkins University Press, 1995. Rostam-Kolay, Jasamin. “ ‘Beautiful Americans’: Peace Corps Iran in the Global Sixties.” In Jian et al., The Routledge Handbook of the Global Sixties. Rotker, Susana, ed. Citizens of Fear: Urban Violence in Latin America. New Brunswick, NJ: Rutgers University Press,…p. 495