Ensayo · Conquista · 1499–1599
La contradicción del conquistador-evangelizador
La empresa de conquista hispanoamericana combinó fe cruzadista, saqueo sistemático, doctrina pontificia y esclavitud en una coexistencia que la historiografía ha leído como hipocresía, como mentalidad medieval coherente o como dispositivo flexible de legitimación. Desentrañar cuál de estas interpretaciones prevalece define cómo se cuenta el origen mismo del orden colonial neogranadino y sus persistencias hasta la Regeneración.
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La respuesta en breve
La coexistencia de racionalidades en apariencia incompatibles en la conquista no fue hipocresía ni debilidad ideológica, sino la forma estructural en que operó el régimen colonial: una mentalidad cruzadista heredada de la Reconquista hacía inteligibles a la vez la cruz y el botín, mientras la pluralidad doctrinal —lascasismo, sepulvedismo, bulas pontificias, Leyes Nuevas— funcionó como arquitectura flexible que permitía adaptar la justificación de la violencia a cada coyuntura extractiva. Ninguna de las cuatro lecturas principales alcanza sola: la del cinismo es anacrónica porque proyecta una separación moderna entre religión y economía inexistente en el siglo XVI ibérico; la de la coherencia medieval no explica los conflictos estructurales entre Corona y conquistadores; la del dispositivo intencional atribuye una orquestación que la evidencia no sostiene. Lo que hubo fue una arquitectura funcional no diseñada, cuya gramática —autoridad confesional legitimando orden político, doctrina protectora coexistiendo con práctica extractiva— reaparece en la Regeneración de 1886 con el Concordato y la Constitución elaborada por Miguel Antonio Caro.
La tensión central enfrenta cuatro posiciones historiográficas: (1) la lectura del cinismo, que reduce la retórica religiosa a coartada de una operación extractiva, choca con el anacronismo de presuponer una separación moderna entre religión y economía que el siglo XVI ibérico no conocía; (2) la lectura de la mentalidad medieval coherente —que ve en la unión cruz-espada la continuidad directa de la Reconquista, donde saqueo y salvación eran caras de una empresa providencial— no explica los conflictos estructurales entre Corona y conquistadores ni la fórmula 'se obedece pero no se cumple' adoptada en Bogotá desde 1546 frente a las Leyes Nuevas; (3) la lectura del dispositivo flexible sostiene que la coexistencia de Sepúlveda y Las Casas, de la bula Sublimis Deus y la encomienda, no fue defecto sino ventaja operativa que permitía elegir el argumento útil en cada coyuntura, pero tiende a atribuirle una intencionalidad orquestada que la evidencia no respalda; (4) la lectura de la arquitectura funcional con proyección larga, que ve en esa convivencia entre humanitarismo doctrinal y violencia material la forma misma del régimen colonial y rastrea su gramática hasta la Regeneración, es la más abarcadora pero requiere sostener una continuidad estructural de tres siglos que no todos los historiadores aceptan. El debate de fondo es si las racionalidades incompatibles constituyeron debilidad ideológica que la Corona hubiera preferido resolver o arquitectura funcional que el sistema necesitaba mantener irresuelta.
Ensayo completo
La lectura
Entre 1492 y 1573 —los años que van de la caída de Granada a las Ordenanzas de Nuevos Descubrimientos de Felipe II— la monarquía castellana produjo un fenómeno que la posteridad ha leído con incomodidad: hombres que rezaban antes de saquear, papas que declaraban humanos a los indios mientras autorizaban su reparto, teólogos que discutían en Valladolid la legitimidad de una conquista ya consumada. La pregunta es vieja y sigue viva: ¿cómo se explica que la misma empresa que fundó universidades y tradujo catecismos a lenguas indígenas fuera también la que arrasó el altiplano muisca y torturó a caciques para arrancarles el oro de sus santuarios? La respuesta fácil —hipocresía, cinismo, coartada— no resiste el examen. Tampoco la respuesta piadosa: que la evangelización fue el proyecto genuino y la violencia una desviación. Lo que hubo, más bien, fue una mentalidad cruzadista recién triunfante en Iberia que hacía inteligibles a la vez la cruz y el botín, y un campo institucional en tensión permanente donde Corona, encomenderos y frailes disputaban qué mandaba la fe en cada coyuntura. Ese nudo —no resuelto en el siglo XVI, apenas administrado— dejó rastros hasta la Regeneración colombiana de 1886.
Lo que se juega en la pregunta
No es un ejercicio anticuario. De cómo se interprete la contradicción del conquistador-evangelizador depende cómo se cuente el origen mismo del orden colonial hispanoamericano, y en particular del neogranadino. Si la fe fue máscara, la conquista se reduce a una operación económica con barniz retórico y la Iglesia queda como cómplice pasiva de un despojo predeterminado. Si la evangelización fue el proyecto verdadero, la violencia se vuelve accidente lamentable y las Leyes Nuevas de 1542 o la bula Sublimis Deus de Paulo III (1537) bastan para redimir el conjunto. Ninguna de las dos lecturas explica por qué Gonzalo Jiménez de Quesada, tras entrar en la Sabana de Bogotá en 1537 con 166 sobrevivientes de los 705 que habían salido de Santa Marta un año antes, arranca yerbas en el sitio de Teusaquillo el 6 de agosto de 1538 en un gesto simultáneamente jurídico y sacramental de toma de posesión; ni por qué el mismo Bartolomé de las Casas que defendió la humanidad del indio propuso importar esclavos africanos para sustituirlo en las minas.
Lo que se juega es si las racionalidades en apariencia incompatibles —la religiosa, la jurídica, la económica, la antropológica— que operaban simultáneamente en la empresa de conquista constituían una debilidad ideológica que la Corona hubiera preferido resolver, o una arquitectura funcional que permitía adaptar la justificación de la violencia a cada coyuntura extractiva. Y detrás está la pregunta más incómoda: si esa arquitectura, lejos de agotarse en el siglo XVI, aportó el vocabulario con el que la República resolvió sus propios problemas de orden.
Los términos del debate
Cuatro posiciones han disputado el sentido de la contradicción, y conviene nombrarlas con precisión antes de tomar partido.
La primera —la lectura del cinismo— sostiene que la retórica religiosa fue una coartada añadida a una operación esencialmente extractiva. La evidencia parece contundente: el reparto del botín del zaque de Tunja, con su oro fino, su oro bajo y sus esmeraldas cuidadosamente contabilizados en pesos y unidades, precedió a cualquier catequesis sistemática; el propio Jiménez de Quesada no cumplió cabalmente las ordenanzas reales para la fundación de ciudades; y la fórmula del Cabildo de Bogotá desde 1546 —"se obedece, pero no se cumple"— frente a las Leyes Nuevas parece la confesión más elocuente de que la ley protectora era letra y el saqueo era práctica. Esta lectura tiene el atractivo de la denuncia, pero un problema serio: presupone que los actores tenían un pensamiento moderno, secularizado, en el que la religión podía separarse de la economía y funcionar como mero disfraz. Nada en el siglo XVI ibérico autoriza esa presuposición.
La segunda —la lectura de la mentalidad medieval coherente— invierte la anterior. La ideología del conquistador español era la misma que había presidido la Reconquista: una identificación tan estrecha entre lo civil y lo religioso que el infiel resistente perdía por ese solo hecho su condición de sujeto de derechos, y su tierra y sus bienes pasaban legítimamente al vencedor cristiano. El "quinto real" que la Corona se reservaba del botín en las capitulaciones americanas era una institución medieval trasladada sin ruptura desde las guerras contra los moros. El imaginario caballeresco del Cid seguía vivo en hombres que buscaban en América la fortuna y la gloria que la España empobrecida les negaba. En este marco, saqueo y salvación no eran contradicción sino dos caras de una empresa providencial: el oro arrancado al zaque financiaba la fundación de conventos, y el fraile que catequizaba al cacique legitimaba la encomienda que lo sometía. La cruz y la espada no eran aliadas: eran la misma arma.
La tercera —la lectura del dispositivo flexible— acepta la coherencia del marco cruzadista pero añade una capa: la coexistencia de doctrinas incompatibles dentro de ese marco no era un defecto sino una ventaja operativa. Juan Ginés de Sepúlveda predicaba la guerra "justa" contra los indios y proporcionaba justificación religiosa a la conducta de los encomenderos; Las Casas defendía a los mismos indios y exigía que terminara la conquista y comenzara la evangelización; Francisco de Vitoria matizaba el derecho de conquista desde Salamanca; Paulo III proclamaba en Sublimis Deus la plena humanidad del indio. Esta pluralidad doctrinal permitía a la Corona, a los encomenderos y a los frailes elegir en cada coyuntura el argumento útil: guerra justa cuando había que someter, evangelización cuando había que legitimar, humanidad del indio cuando había que preservar la base tributaria. El sistema funcionaba porque no estaba resuelto.
La cuarta —la lectura de la arquitectura funcional con proyección larga— es la más ambiciosa. Sostiene que la convivencia entre humanitarismo doctrinal y violencia material no fue tensión que el régimen buscara superar sino la forma misma en que operó, y que esa forma —autoridad confesional legitimando orden político, doctrina protectora coexistiendo con práctica extractiva— dejó una gramática institucional que reaparece en la Regeneración: el Concordato de 1887, negociado por Joaquín Fernando Vélez ante la Santa Sede con instrucciones directas de Rafael Núñez, restableció el catolicismo como religión oficial, devolvió propiedades eclesiásticas confiscadas, entregó a la Iglesia el aparato educativo y abolió el divorcio civil, en un gesto que Miguel Antonio Caro y sus contemporáneos entendieron explícitamente como continuidad con el orden colonial.
Cada una de estas lecturas tiene su evidencia. Ninguna, por sí sola, abarca los hechos.
La evidencia: qué sostiene cada lectura
El marco cruzadista tiene raíces que un solo hilo permite seguir. Las bulas de Alejandro VI de 1493 concedieron a los Reyes Católicos —título recibido durante ese mismo papado— derechos sobre los territorios del Nuevo Continente en un lenguaje que continuaba el de las guerras contra el Islam; la toma de Granada en enero de 1492 y el primer viaje de Colón en octubre del mismo año no son coincidencia cronológica sino continuidad ideológica. La ideología aplicada a los nativos americanos fue, en lo sustancial, la que había presidido las relaciones entre cristianos e infieles durante la Reconquista medieval: dominación o exterminio para los que resistían, catequización obligatoria para los sometidos. El propio mecanismo jurídico de la conquista —las capitulaciones, contratos entre Corona y particulares donde se estipulaban licencias, prerrogativas, derechos y obligaciones, incluido el quinto real y el deber de catequizar a los vencidos— trasladaba una institución medieval al escenario atlántico, y la Real Cédula del 19 de abril de 1495 abrió América a la emigración general a través de ese mismo cauce. Sobre esa base se articuló el patronato regio, cuyos antecedentes están en las Partidas de Alfonso X del siglo XIII, que otorgó a la Corona el derecho exclusivo para autorizar la construcción de templos y presentar personas idóneas para iglesias, monasterios, dignidades y beneficios eclesiásticos; virreyes, presidentes de audiencias y gobernadores actuaban como vicepatronos, de modo que la evangelización fue política de Estado y la expansión de los dominios de la monarquía significaba la expansión de la fe católica, y viceversa. El concepto de "policía cristiana" —esa fusión entre fe y razón de Estado según la cual las autoridades daban pláticas a los indios para animarlos a ser a la vez fieles vasallos del rey y buenos cristianos— nombra con precisión la unidad del proyecto. Contra la lectura del cinismo, este material es demoledor: no hubo una religión "verdadera" traicionada por la conquista ni una conquista "pura" disfrazada de religión, sino una empresa donde ambas dimensiones eran constitutivas.
Pero la lectura de la mentalidad coherente choca a su vez con evidencia contraria robusta, y aquí conviene mirar la escala de los hombres concretos. La empresa de conquista no fue estatal sino privada: la Corona no comprometía recursos directamente sino que estipulaba condiciones mediante capitulaciones, y los conquistadores —hombres de origen humilde en su mayoría, campesinos, marinos, aventureros sometidos a los rigores de una España empobrecida— eran financiados por comerciantes establecidos en Sevilla y en las islas, que participaban como especuladores y proveedores de recursos para las huestes. Esa lógica de empresa privada se reproducía en escala menor entre los propios soldados: la hueste era, en términos económicos, una sociedad por acciones donde cada quien esperaba su parte del rescate, saqueo y esclavización que constituían las formas primarias de apropiación de la riqueza indígena antes del tránsito hacia la encomienda. Si la fe hubiera sido un marco tan integrador como sugiere la segunda lectura, las tensiones entre Corona y conquistadores no habrían aparecido tan pronto ni tan violentamente. Los procesos judiciales contra Colón y contra Cortés, el enjuiciamiento y desgarramiento fratricida de los Pizarro, la guerra civil que las Leyes Nuevas de 1542 desataron en el Perú al limitar las encomiendas a dos generaciones, la fórmula "se obedece pero no se cumple" adoptada en Bogotá desde 1546, el encuentro casi simultáneo en el altiplano muisca de las huestes de Jiménez de Quesada desde Santa Marta, Sebastián de Belalcázar desde Quito y Nikolaus Federmann desde Venezuela, con la disputa por el control del territorio que ese encuentro generó: todo indica que el marco cruzadista, por más compartido que fuera, no impedía conflictos estructurales sobre a quién pertenecía qué y quién mandaba sobre quién.
La lectura del dispositivo flexible da cuenta de estas tensiones sin negar el marco compartido, y encuentra en Valladolid su escena decisiva. La Junta de 1550-1551, donde Sepúlveda y Las Casas disputaron la humanidad del indio, no produjo una definición vinculante: produjo dos posiciones que quedaron disponibles en el arsenal doctrinal. Sublimis Deus proclamó la humanidad plena del indio y su capacidad para recibir la fe, pero no derogó las capitulaciones ni las encomiendas. La Corona tenía un interés genuino en preservar la población indígena como fuente permanente de tributos —de ahí las Leyes Nuevas—, mientras los encomenderos tenían interés en explotarla al máximo aunque eso significara agotarla. El clero mismo estaba dividido: frailes lascasianos y encomenderos-clérigos convivían dentro del mismo aparato eclesiástico. La "policía cristiana" incluyó el uso de la confesión y la tortura como instrumentos para despojar a los indígenas de sus santuarios y objetos de oro, señalados como ídolos por arzobispos, clérigos y frailes con el objetivo de enriquecer las arcas españolas: el sacramento operaba como técnica extractiva.
La cuarta lectura encuentra su apoyo empírico en la persistencia del nudo Iglesia-Estado más allá de la independencia. La cuestión de las relaciones entre ambos fue uno de los ejes de conflicto más agudos entre liberales y conservadores colombianos a lo largo del siglo XIX, y definió en gran medida la identidad de ambos partidos. La Regeneración, liderada por Núñez desde 1878-1880 con el apoyo del Partido Conservador y de liberales independientes, se consolidó institucionalmente con la Constitución de 1886 —elaborada en gran medida por Caro, principal pensador conservador y firme defensor de la Iglesia católica— y con el Concordato de 1887, que otorgó a la Iglesia el monopolio del aparato educativo oficial, un regreso a su posición durante la colonia en materia educativa, a cambio de concesiones económicas que la penuria fiscal del gobierno hacía atractivas. El catolicismo ibérico colonial había interiorizado sistemas medievales de estratificación en su teología y organización; el aparato eclesiástico reproducía rasgos del aparato del Estado, y sus enseñanzas operaban como incitaciones políticas a la sumisión. La Regeneración no inventó esa gramática: la reactivó.
La respuesta
Ninguna de las cuatro lecturas alcanza sola. La del cinismo es anacrónica: proyecta una separación moderna entre religión y economía sobre hombres para quienes esa separación no existía. La de la coherencia medieval es incompleta: no explica los conflictos estructurales entre Corona y conquistadores, ni la agencia disruptiva de los soldados insatisfechos cuya errancia inquieta tras el reparto del botín muisca multiplicó las fundaciones y desbordó el control metropolitano. La del dispositivo flexible captura la coexistencia de doctrinas pero tiende a atribuirle una intencionalidad orquestada que la evidencia no sostiene: nadie diseñó desde arriba la coexistencia de Sepúlveda y Las Casas, de Sublimis Deus y encomienda; esa coexistencia fue resultado de una disputa real en la que nadie ganó del todo. La de la arquitectura funcional con proyección larga corre el riesgo del teleologismo: leer la Regeneración como desenlace inevitable de una lógica colonial ininterrumpida borra la contingencia de las decisiones de Núñez y Caro, que reactivaron selectivamente ciertos elementos del pasado colonial mientras descartaban otros.
La síntesis viable tiene jerarquía. La mentalidad cruzadista ibérica —forjada en ocho siglos de Reconquista, triunfante en 1492, exportada al Atlántico en las bulas alejandrinas del año siguiente— proveyó el vocabulario compartido que hacía inteligibles a la vez la violencia y la protección, el saqueo y las Leyes Nuevas, la tortura sacramental del cacique y la defensa lascasiana del indio. Ese vocabulario no era máscara: era la lengua en que todos —Corona, encomenderos, frailes, conquistadores— pensaban lo que hacían. Pero el marco compartido no era un dispositivo unificado ni una arquitectura conscientemente diseñada. Era un campo de tensión estructural donde actores con intereses divergentes usaban los mismos términos para fines contradictorios: la Corona invocaba la fe para justificar su suprema jurisdicción y su quinto real y para preservar a los indios como base tributaria; los encomenderos invocaban la misma fe para legitimar la guerra justa y la servidumbre; los frailes lascasianos la invocaban para exigir el fin de la conquista; los doctrineros de las parroquias de indios la usaban para imponer exacciones de productos y servicios que fortalecían su poder pastoral. La contradicción no era hipocresía porque nadie mentía sobre sus creencias; no era mero dispositivo flexible porque nadie controlaba desde arriba la flexibilidad; era la forma que asumió una disputa real dentro de un marco compartido.
Esa forma tuvo efectos materiales precisos. Permitió que la utopía misional —sostenida por algunos religiosos y humanistas— fuera diluida en la práctica por colonos y encomenderos sin que la doctrina protectora tuviera que ser derogada formalmente: bastaba con obedecerla y no cumplirla. Permitió que el colapso demográfico indígena, catastrófico ya en las primeras décadas y agravado por epidemias como la que fray Pedro Simón describió llegada desde Guinea y que mató más de la tercera parte de la población, fuera compensado por la importación de esclavos africanos —propuesta por el mismo Las Casas— sin que la contradicción con Sublimis Deus obligara a repensar el sistema. Permitió que la evangelización produjera sincretismos duraderos: creencias católicas y mitos precolombinos coexistiendo en forma paralela, con identificaciones y contradicciones como las que se hicieron visibles siglos después en el pensamiento de Quintín Lame, o como las que operaron entre los guambianos, donde la conversión avanzó gracias a curas que desestimaron sus deidades como meras supersticiones y toleraron así una religiosidad doble que la Iglesia nunca reconoció como fracaso de su proyecto porque su gramática misma la hacía invisible.
Y permitió, más de tres siglos después, que Núñez y Caro reactivaran el nudo colonial no como restauración nostálgica sino como solución política contingente a un problema republicano: la fragmentación del federalismo radical, la derrota liberal en la guerra civil de 1885, la penuria fiscal del gobierno central, la necesidad de una autoridad simbólica capaz de sostener la centralización. El Concordato de 1887 no fue el desenlace inevitable de una lógica colonial: fue una decisión política que echó mano del arsenal disponible. Que ese vocabulario permaneciera operativo tres siglos y medio después es lo que revela la profundidad del nudo. Que su reactivación tuviera costos —la Iglesia, al descansar sobre el control del sistema educativo oficial, no se vio obligada a crear estructuras propias de evangelización ni a desarrollar una labor intelectual autónoma, lo que limitó su desarrollo institucional; la Regeneración generó una oposición liberal que desembocó en la Guerra de los Mil Días (1899-1903), uno de los conflictos más prolongados y sangrientos del siglo XIX colombiano— revela que la reactivación no fue solución sino aplazamiento.
Queda entonces una figura más precisa que las cuatro lecturas iniciales, y también más inquietante. El conquistador que rezaba antes de saquear no mentía; el fraile que exigía la humanidad del indio y proponía traer africanos tampoco. Uno y otro habitaban una lengua en la que esas operaciones eran decibles a la vez, y cuya productividad histórica consistió precisamente en no obligar a decidir. Cuando Caro escribió la Constitución de 1886, cuando Vélez firmó el Concordato el año siguiente, cuando la escuela colombiana quedó entregada al catecismo hasta bien entrado el siglo XX, no se restauraba un pasado: se aprovechaba una lengua que nunca se había dejado de hablar. Tal vez esa sea, al final, la lección más difícil de las que ofrece el siglo XVI neogranadino: que las contradicciones más persistentes de una sociedad no son las que esperan resolución, sino las que —por su misma irresolución— siguen sirviendo.
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Documentos usados en esta lectura
49 documentos · 76 fragmentos de referencia01Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 252 fragmentos
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02Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 21, 292 fragmentos
[3]Gonzalo Jiménez de Quesada sentó su real en la Sabana de Bogotá, mandó construir doce bohíos en memoria de las doce tribus de Israel en su estación de Elim... Esta puede ser la clave de la persistencia del trazado en damero y de la regularidad creciente de la manzana cuadrada en las ciudades americanas... El modelo de…
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[33]noticia de la muerte de Fernández de Lugo, gobernador de la provincia de Santa Marta, hizo que Jiménez de Quesada apresurase su traslado en la mayor brevedad a la Corte Española, y provisto de una mayor cantidad de dinero se despreocupó de la organización de la ciudad de Bogotá con el debido cumplimiento de las…
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03La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 531 fragmento
[4]más importantes de la estructura colonial” 66 Esta identificación entre la Corona y la Iglesia marcó el proceso evangelizador que coincide con el proyecto político. ¿Pero cuáles eran los rasgos del conquistador? El español llegaba con una característica esencial y era el ser creyente de cris- tiandad. Es decir, una…
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[6]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
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[7]y a los nativos ameri- canos se les tratará como infieles y se les aplicará el mismo procedimiento, hasta las últimas consecuencias: derrota y expulsión para los moros y dominación o exterminio para los indíge- nas americanos. En ambos casos se requiere poblar de fieles castellanos las tierras recuperadas o «des-…
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[70]Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…
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[71]Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…
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06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 114, 2762 fragmentos
[8]ello en deudas y gastos, pero los medios financieros de que dispon í a no eran suficientes para continuarla como tal monopolio. En 1495, la Real C é dula del 19 de abril abri ó las puertas de Am é rica a la emigraci ó n general mediante aquellas “ capitulaciones * con personas particulares. En estas se otorgaban…
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[26]que produc í an una errancia inquieta de soldados y caudillos insatis fechos con "el bot í n inicial. El asentamiento definitivo de una hueste, tras el reparto del bot í n, hacia evidente una estratificaci ó n social. Que no siempre iba acompa ñ ada de la conformidad entre los miembros de la antigua hueste militar.…
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[12]de Granada, quedó reducido a escombros. Por tanto, la idea de que había llegado un horizonte nuevo, una presión muy grande sobre la tierra de España, y que la hora de la partida estaba al menos anunciada, fue un destino que empezaron a sentir todos los cristianos nuevos desde mediados del siglo XV y de un modo…
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12Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2091 fragmento
[17]o ser anguicliócesis en 1563. Misiones evangelizadoras Las misioneros que iniciaron la evan. gelización en las tierras colombianas fueron franciscanos llegados con el arribo de sa labor debie- at hamtrr las costumbres onsideraron paganas y de vida Ticenciesa de los indica, comoda codi cio y repacidad de los…
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13Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 351 fragmento
[19]institución eclesiástica sufrió un asalto sin precedentes, iniciado por ministros y funcionarios que se jactaban de sus ideas ilustradas. Sin embargo, esta no es la única interpretación disponible acerca de las relaciones entre Estado e Iglesia, pues también existieron miembros del clero afines a las reformas, incluso…
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14Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 33, 462 fragmentos
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[52]diversa, han sido uno de los rasgos más peculiares y permanentes de las sociedades hispanoamericanas. CONFLICTOS Y REFORMAS Gran parte de los conflictos politicos y sociales posteriores a la Conquista se originaron en los intentos de la Corona española de limitar los privilegios y los abusos de los encomenderos. Las…
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15Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 3651 fragmento
[21]o ha cen posible el logro de un fin social. En este caso, “ethos empresarial” hace referencia precisa mente al conjunto de los valores que hacen que un individuo pueda desempeñarse exitosa mente como empresario. 2 Wallerstein (1979). Jairo Gutiérrez Ramos financistas y proveedores de los viajes- que dieron lugar a los…
p. 365
16Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 20, 312 fragmentos
[22]operaba no solamente en las especu laciones de los comerciantes establecidos en Sevilla o en las islas, sino que se reproducía, en escala más modesta, entre los soldados mismos. Después 1. Cf. Silvio Zavala, Las instituciones jurídicas en la conquista de América, Madrid, 1935. Un resumen de la tesis central en Ensayos…
p. 20
[57]12 H is t o r ia ec o n ó m ic a y so c ia l i toda nueva conquista que no estuviera autorizada por las Audiencias obe decía al designio de la Corona de retomar la carga que ella había abando nado a la iniciativa de los particulares desde el comienzo. Se quiso ante todo hacer cesar un derroche de vidas humanas, las de…
p. 31
17La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 67, 832 fragmentos
[24]parte del i m pulso de las conquistadores provenía del no muy celestial afán de rique- za y del ansia de poder. Su ideal de hombría era el soldado, y aun los religiosos y místicos resultaron ser “caballeros a lo divino”. Aunque hablaban mucho de la justo, demostra- ron tener solo un sentido abstracto de la justicia y…
p. 83
[41]sobre la “humanidad” del indio. La propia exp e riencia colonizado- ra en el sur de España abrió la posibil i dad de” concebir un nuevo tipo de poblamiento para las ti e rras de ultramar, con plaza rectangular y calles rectas, un poco más eficiente que el antiguo en la Iberia (Foster, 1960). El mismo ambiente…
p. 67
18Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1211 fragmento
[25]el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…
p. 121
19The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 37, 1122 fragmentos
[27]as part of an expedition, organized by Pedro Fernández de Lugo, that included at least ten ships and more than a thousand people (including Euro- pean men, some European women, a small number of enslaved African men, and perhaps a few enslaved African women as well). After some initial excursions near Santa Marta…
p. 37
[42]Bogotá (an encomienda was a grant made by the crown, in which a Spaniard received the right to collect tribute, paid in labor and in goods, from a specific group of Indians). Yet priests received goods and labor from Indians too, and also meted out punishments, meaning that when a voice from the pulpit called for…
p. 112
20Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 141 fragmento
[28]overwhelming numerical superiority of indigenous forces, not a single Spaniard has lost his life in combat. The native ruler is not so fortunate. Despite the obvious similarities, the preceding paragraph does not describe the opening phase of the Spanish conquest of Peru. 2 And the setting for this story is not the…
p. 14
21Memorias para la historia de la medicina en Santafé de BogotáPedro María Ibáñez · 2017 · p. 221 fragmento
[29]salió el 6 de abril del año de 1536 otra expedición de 705 hombres mandada por don Gonzalo Jiménez de Quesada, con el objeto de conquistar las tie- rras situadas a las cabeceras del río Magdalena. Quesada enfermó gravemente en el Carare, lugar en donde dispuso que Juan Gallegos regresase a Santa Marta con los enfer-…
p. 22
22Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 751 fragmento
[30]y con la noticia de haber visto a través de una brecha en la cordillera, extensos llanos hacia el oriente. Para reconocer esos llanos, despachó Jiménez al capitán Juan Tafur, quien no logró atravesar la cordillera. La visión de tan extensas tierras llanas al oriente y el señuelo de un "Do- rado", en aquellas partes,…
p. 75
23El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 288, 2942 fragmentos
[31]relati- vamente desarrollada. Luego de que los pacíficos habitantes de la Sabana quedaron sometidos, no sin que dejaran de cometerse al- gunas innecesarias crueldades y asesinatos en la persona de sus jefes, dispuso Quesada construir una ciudad en algún punto favorable y adecuado. Eligió para ello el lugar de es-…
p. 288
[36]y hombre de gran tacto político y agudeza de observación, el de más talento de aquellos tres conquistadores. Federmann, cuyo lugar de nacimiento no es conocido, era también de aventajada estatura y rostro blanco y bello, orlado de rojiza barba, muy diestro en toda clase de ejer- cicios, tan cortés y suave que jamás se…
p. 294
24Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1011 fragmento
[32]half of his party to shipwreck at the mouth of the Magdalena and to disease, insects, and hunger on the march. After easily overcoming armed resistance, Jimenez de Que- sada and his lieutenants occupied the entire Muisca territory and on August 6, 1538, founded the city of Santafe (present-day Bogota, known as Santa…
p. 101
25Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 471 fragmento
[34]bres y 130 caballos. D espués de m ás de dos años de travesía hacia el sur, atravesó los Llanos O rientales y, finalm ente, rem ontó la cordillera para llegar al territorio de Jim énez de Q uesada. Féderm an perdió 70 europeos, 40 caballos e innum erables cargueros indígenas. El arribo casi sim ultáneo de Belalcázar y…
p. 47
26Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 63, 672 fragmentos
[35]conspiración de implacables rivales. Terminó arrojado a un calabozo español y para cuando pudo retornar a América, estaba quebrado y humillado, abrumado por el sufrimiento, y murió en Cartagena en 1551. Federmán fue el primero de ellos en morir, en 1542, en una tormenta que hundió su barco. Ninguno de ellos cumplió…
p. 67
[75]la fertilidad de sus tierras, contaba con una fuerza de cuarenta mil hombres. En un principio, los muiscas creyeron que los españoles eran hijos del sol y de la luna, y habían sido enviados por el creador para castigarlos por sus pecados. El vocablo con el que se referían a los invasores era uchies, conjunción de usa,…
p. 63
27Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 931 fragmento
[37]Corona. Pero estas eran disquisiciones de gabinete. En el mismo terreno de los hechos, el espa- ñol dominaba, explotaba y expoliaba al indio. Y esa era la alternativa. Una cruzada violenta contra los ritos indíge- nas, que Germán Colmenares denomina con propiedad como policía cristiana fue táctica común para lograr no…
p. 93
28Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 21, 242 fragmentos
[38]España, pues el rey no era soberano temporal del mundo, ni ocuparse de la conversión de los indios lo convertía en soberano de ellos. Pero si los indios no se sometían y, en especial, si ofrecían alguna forma de resistencia armada a la prédica cristiana, era lícito atacarlos y someterlos a la fuerza. Era, entonces,…
p. 21
[40]ordenar formas serviles de trabajo. Los debates sobre estos temas fueron interminables y de gran riqueza, y en ellos aparece el rechazo de los colonos a los alegatos de los curas y a las normas reales que los obligaban a moderar la explotación del indio. Los nuevos pobladores de las Indias argumentaban la necesidad de…
p. 24
29La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 21, 262 fragmentos
[39]Siglo XVI. Mientras el erudito Gines de Sepúlveda predicaba la guerra “justa” y hacía lo posible para dar una buena conciencia religiosa a la conducta de los encomenderos, el padre de Las Casas encabezaba un movimientó en defensa de los indios, cuyo contenido histórico se expresa en la consigna: “que termine la…
p. 26
[46]nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…
p. 21
30En defensa de mi raza y otros textosManuel Quintín Lame Chantre · 2017 · p. 1031 fragmento
[43]católicos y los mitos precolombinos o telúricos se entremezclan en la mente de Quintín. En algunos casos hay identificación o correspondencia —«Jehová es el verdadero Muschca »—, pero en otros casos las dos mitologías persisten en forma paralela, o se confrontan en abierta contradicción. Ejemplo de paralelismo: la…
p. 103
31La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 731 fragmento
[44]en mucho y creyeron ser gran cosa, y dende á otros cuatro ó cinco días hobo otros 300 que se les hizo la misma fiesta (Andagoya 1829: 440-442). EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:26:42 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 74 L a g e n t…
p. 73
32Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 481 fragmento
[45]sonal, aunque pagaban impuestos al comercio o a la producci ó n minera (quinto, que se redujo a menos de 5% en pocos a ñ os) y agr í cola (diezmo para sostener la Iglesia). Con estas reformas, desde 1550 existi ó una autoridad local en todo el territorio y hubo un esfuerzo persistente por someter a los EL…
p. 48
33Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 14, 234 fragmentos
[47]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[48]y capitanes se convirtieron prácticamente en agentes de la Corona, y se les concedieron pri- vilegios, tierras y a veces encomiendas, responsabilidades organi- zativas y títulos. Las encomiendas en la sabana de Bogotá, por ejemplo, se organizaron con base en las capitanías, pueblos ente- ros sometidos a la dirección…
p. 23
[54]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
[55]instrumentos de intervención: de las prime- ras ocupaciones, financiadas privadamente, se había pasado al entronizamiento de una burocracia administrativa y eclesiástica, además de algún pie de fuerza militar, suficientes para debilitar el poder de los conquistadores. Las contradicciones entre la política colonial…
p. 14
34Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 751 fragmento
[49]pueblos de indios o en sus cercanías. En la isla de Mompox y fuera de ella, las autoridades concedieron así 39 encomiendas, a otros tantos encomenderos. Fue el comienzo formal de lo que se ha llamado el " r é g i m e n señorial" implantado en tierras ameri- canas. [C] Según los documentos, Loba era tan poblada…
p. 75
35Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 211 fragmento
[50]y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…
p. 21
36Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 69, 952 fragmentos
[51]explotación de los indígenas, pero por causa de esta tendencia adoptó instituciones que garantizaran a los conquistadores el no interferir su prejuicio con respecto al trabajo material y que les permitieran vivir de sus rentas a costa de los sometidos.⁷⁸ Pero esta tendencia no se hubiera concretado si no hubieran…
p. 69
[53]conquistados. En desarrollo de esa política fueron introducidos en América los primeros esclavos africanos. El cambio en la concepción y valoración del indígena tuvo sus raíces materiales muy concretas. Con la dominación colonialista en las Antillas y la intensísima tasa de explotación, la población autóctona estaba…
p. 95
37Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 251 fragmento
[56]HISTORIA DEL DERECHO EN COLOMBIA directrices y control de los reyes españoles, lo que equivale a afirmar que los gobiernos territoriales de ultramar no tuvieron ni liberad ni autonomía. Ahora bien, la Corona fue pródiga en la expedición de man - datos (leyes) para la buena marcha de sus colonias y, en esa regulación…
p. 25
38De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 fragmentos
[58]civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…
p. 44
[63]papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…
p. 41
39De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 fragmentos
[59]sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…
p. 44
[64]tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…
p. 41
40Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 fragmento
[60]util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…
p. 44
41¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 681 fragmento
[61]la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…
p. 68
42Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3201 fragmento
[62]so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…
p. 320
43Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 348, 3522 fragmentos
[65]el Concordato es una consecuencia lógica de lo estatuido por la Constitución. Joaquín Fernan- do Vélez había sido nombrado repre- sentante del gobierno de José Eusebio Otálora ante la Santa Sede, pero sin ins- trucciones. Regresa al país para par- ticipar en la defensa del gobierno de Núñez en la guerra civil (1885) y…
p. 348
[66]aumentando equi- tativamente cuando mejore la situa- ción fiscal. Esta renta se destinará al auxilio de diócesis, cabildos, semina- rios, misiones y otras obras eclesiásti- cas. En resumen, la Iglesia hace conce- siones sobre sus derechos económicos a cambio del monopolio en el aparato educativo; esto significó un…
p. 352
44Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 1181 fragmento
[67]ve clara- mente Genovese cuando observa cómo la Iglesia católica interiorizó los sistemas medievales de estratificación de clases, no sólo en su teología sino en su organización 18, tenía como consecuencia que el aparato eclesiástico reprodujera los rasgos objetivos del aparato del Estado y que sus enseñan- zas…
p. 118
45El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 fragmento
[68]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
46Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 fragmento
[69]central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…
p. 114
47La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 411 fragmento
[72]infectada de esta enfermedad, trayéndola de Guinea, sin haber advertido en ella las Justicias para no dejarla entrar, se infestó todo el Nuevo Reino y corrió por la parte de la banda del Perú hasta Chile y a la parte del Norte hasta Caracas, que destruyó. así naturales como españoles, más de la tercera parte de la…
p. 41
48Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 fragmentos
[73]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
[74]to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…
p. 32
49Antes de Colombia. Los primeros 14.000 añosCarl Henrik Langebaek · 2021 · p. 4341 fragmento
[76]y que supuestamente le dio una ventaja a este último, cambió con el tiempo. Los muiscas, por ejemplo, se supone que recibieron a los españoles como “dioses”, pero rápidamente los llamaron “demonios”. Pocos años después de la Conquista, los encomenderos tenían que guardar bien sus espaldas, pues sabían que su vida…
p. 434