Silvio Villegas
República Liberal
1902–1972
La biografía
Silvio Villegas Restrepo (Manizales, 1902 – 1972) fue el ideólogo más brillante y más incómodo del conservatismo colombiano del siglo XX. No debe su lugar en la historia a los cargos que ocupó, sino a algo más difuso y más duradero: la fabricación, desde Manizales y desde la prensa, de un lenguaje derechista de inspiración europea que en los años treinta y cuarenta empujó al Partido Conservador hacia un catolicismo integrista y un nacionalismo autoritario. Fue leopardo, es decir, integrante de la corriente juvenil que a comienzos de los años veinte irrumpió pidiendo recristianizar el conservatismo y librarlo de la vacilación centenarista; fue orador de tribuna, director de El Debate, agitador contra el liderazgo de Laureano Gómez y proponente del "terrorismo agrario" como respuesta al avance liberal. Su trayectoria condensa una paradoja: el radicalismo que le dio voz también lo condenó a la marginalidad práctica. Villegas escribió y arengó como si fuera a conducir al partido; el conservatismo, a la hora de la verdad, se dejó conducir por Gómez.
Línea de vida
- 1902
Nacimiento en Manizales
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Nació en Manizales, capital del joven departamento de Caldas, creado en 1905 a partir de territorios de Antioquia y el Cauca. Creció en un entorno de catolicismo militante, élite cafetera y prensa regional vigorosa, en una familia donde la disputa política era parte del paisaje doméstico.
- 1920
Irrupción como uno de los cinco Leopardos
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A finales de los años diez y comienzos de los veinte, Villegas se integró al grupo juvenil conservador conocido como Los Leopardos, junto a Augusto Ramírez Moreno, José Camacho Carreño, Joaquín Fidalgo y Eliseo Arango. Se expresaban en El Nuevo Tiempo y la revista El Gráfico, y buscaban recristianizar el conservatismo y restaurar su doctrina tradicional frente a los Centenaristas, apoyándose en las encíclicas papales, especialmente la Quanta Cura de 1864 y su Syllabus.
- 1929
Orador en las manifestaciones del 6 de junio en Bogotá
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En su calidad de director del periódico El Debate, Villegas actuó como orador en las manifestaciones del 6 de junio de 1929 en Bogotá, en protesta contra el manejo político de los servicios públicos bajo el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez. Compartió tribuna con Jorge Eliécer Gaitán, hecho que ilustra el desgaste terminal de la Hegemonía Conservadora.
- 1933
Desafío al liderazgo de Laureano Gómez y propuesta de 'terrorismo agrario'
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Durante los primeros años de la República Liberal, Villegas encabezó un grupo de jóvenes conservadores de derecha radical que calificaron el liderazgo de Gómez de 'sin dirección e impotente' y llamaron a los conservadores a unirse a una 'contrarevolución' para instalar un 'nuevo orden'. Propuso además una política de 'terrorismo agrario' para contrarrestar la fuerza electoral liberal en las ciudades. Este período coincidió con la caída del voto conservador del 55 al 37 por ciento entre 1930 y 1933.
- 1936
Posición marginal frente a la consolidación del laureanismo
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Cuando Laureano Gómez fundó El Siglo en 1936 como instrumento de combate conservador frente a la República Liberal, la hegemonía interna del partido quedó fijada en torno a Gómez. Villegas, con El Debate como tribuna propia, quedó fuera del laureanismo puro, perdiendo progresivamente la disputa por la conducción del conservatismo que había planteado desde comienzos de la década.
- 1972
Muerte
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Silvio Villegas murió en 1972, habiendo sobrevivido a la República Liberal, al Bogotazo, a la Violencia bipartidista y al Frente Nacional. Su legado fue el de un ideólogo cuyo radicalismo le dio voz nacional pero lo condenó a la marginalidad práctica frente a Laureano Gómez, quien terminó conduciendo al partido.
La semblanza
Villegas encarna al ideólogo de provincia que se vuelve nacional a fuerza de pluma y de tribuna. Nacido en el corazón de la joven Caldas cafetera, formado en la cultura letrada de una élite que leía a Rodó y a los españoles del 98 antes que a los periódicos de Bogotá, se hizo un nombre a comienzos de los años veinte como uno de los cinco Leopardos, la generación que se propuso relevar a los Centenaristas y devolverle al conservatismo un cuerpo doctrinario. Durante la República Liberal —los tres lustros en que Olaya Herrera, López Pumarejo y Santos gobernaron un país del que el conservatismo se sentía expulsado— Villegas fue la voz de la impaciencia derechista: la que juzgaba impotente a Gómez, la que llamaba a una "contrarevolución" y a un "nuevo orden", la que traía de Europa los ecos del franquismo y el fascismo y los ensayaba en columnas y arengas.
Su centralidad, sin embargo, no se mide en votos: se mide en el clima. Villegas fabricó parte del vocabulario con el que sectores del conservatismo se pensaron a sí mismos entre 1930 y 1946 y, por extensión, parte del vocabulario con el que se legitimó la violencia sectaria que estallaría después. Ese es su peso y esa es su sombra.
Los orígenes: Caldas, la catedral gris y los cinco leopardos
Villegas nació en 1902 en Manizales, capital de un departamento recién creado. Caldas había sido segregada en 1905, durante el gobierno conservador de Rafael Reyes, a partir de territorios que antes pertenecían al Estado de Antioquia y al Estado del Cauca. Esa geografía administrativa contiene una historia política: la nueva unidad territorial era exactamente la frontera donde se habían encontrado, y chocado, la Antioquia conservadora y el Cauca liberal. En sus municipios convivían colonos antioqueños de misa diaria y liberales caucanos de tradición radical, y desde el origen mismo del departamento las violencias bipartidistas y las tensiones étnicas fueron parte del paisaje.
Manizales, designada capital en 1905, creció como emblema de esa Antioquia extendida: comerciante, cafetera, católica militante. La enorme catedral gris que se levantaba inconclusa, visible a varios kilómetros de distancia, era el signo material de un catolicismo que no era decoración sino armazón. Ese fue el mundo formativo de Villegas: un catolicismo de fundación, una élite regional que se sabía joven y con vocación de nación, una prensa local vigorosa. En la familia extendida había, además, figuras contradictorias: el doctor Alfonso Villegas Restrepo dirigía La República y desde allí denunció, con valor casi temerario, la falsificación de más de ciento cincuenta mil votos a favor del general Ospina, entrando incluso a las oficinas del telégrafo para sorprender la maniobra fraudulenta. La familia Villegas Restrepo no era monolítica: contenía en sí misma la disputa que atravesaba a Caldas.
En ese cruce se formó Silvio Villegas. Entre finales de los años diez y comienzos de los años veinte, cuando el país seguía dominado por los Centenaristas —la generación que había irrumpido hacia 1910 con motivo del primer centenario de la independencia y que controlaba periódicos, ministerios y cátedras—, un grupo de jóvenes empezó a considerar que había llegado la hora del relevo. Villegas fue uno de ellos, junto a Augusto Ramírez Moreno, José Camacho Carreño, Joaquín Fidalgo y Eliseo Arango. Los llamaron los Leopardos. Se expresaban en el periódico El Nuevo Tiempo y en la revista El Gráfico, y su programa era, más que un programa, una restauración: querían que el conservatismo retomara su doctrina tradicional, se recristianizara y fortaleciera su vertiente social y política.
Contra qué escribían es tan importante como a favor de qué. Los Leopardos apuntaban contra las "sectas masónicas", contra el liberalismo y contra el socialismo, a los que consideraban expresiones convergentes de un mismo mal moderno. Su matriz doctrinaria era el catolicismo integrista: acogían íntegramente las encíclicas papales, con la Quanta Cura de 1864 y su Syllabus como referencias centrales. Se instalaban, así, en la línea más dura del magisterio antimoderno del siglo XIX, la que había condenado en bloque el liberalismo, la libertad de cultos y la separación entre Iglesia y Estado. En esa herencia, en ese lenguaje, Villegas encontraría durante décadas su repertorio.
La trayectoria: de la irrupción leoparda al desafío contra Gómez
Los primeros años veinte fueron los de su formación pública. La generación leoparda entró al escenario colombiano en un momento peculiar: el pensamiento latinoamericano de la transición entre siglos había vivido el paso del positivismo a lo que se llamó "renovación espiritual", y el Ariel de José Enrique Rodó, publicado en 1900, dominaba parte del ambiente cultural con su rechazo al utilitarismo norteamericano. Junto a Rodó circulaban Taine, Anatole France, D'Annunzio y la generación española del 98. Los Leopardos leían todo eso y lo mezclaban con Pío IX. El resultado fue una prosa a la vez estetizante y combativa, con capacidad para el brillo retórico y para la denuncia sectaria en el mismo párrafo.
El salto decisivo llegó al final de la década. En junio de 1929, Bogotá vivió las jornadas contra el manejo político de los servicios públicos bajo el gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez. El 6 de junio, en las manifestaciones que sacudieron la ciudad, Villegas —director entonces de El Debate— intervino como orador. En la misma tribuna estuvo Jorge Eliécer Gaitán. Que un joven líder conservador radical y el futuro caudillo liberal compartieran arenga contra la burocracia y el clientelismo del régimen conservador dice algo del momento: el desgaste del hegemonismo conservador era tal que sus propias juventudes lo enfrentaban desde la calle. Poco después, en 1930, el conservatismo entregaría la presidencia a Enrique Olaya Herrera y comenzaría el largo interregno liberal.
Es entre 1930 y 1946 —los años de la República Liberal— cuando Villegas se convierte en lo que la historia recordaría. Con Olaya primero, con López Pumarejo después, con Santos y de nuevo con López, el liberalismo desplegó un programa de transformaciones que iba a redefinir el Estado colombiano: la reforma constitucional de 1936, que consagró la función social del Estado; el sufragio universal masculino; la educación laica; la separación entre Iglesia y Estado; los impuestos progresivos; la legislación agraria; la promoción del sindicalismo, con la Confederación Sindical Colombiana fundada en 1936 bajo auspicios oficiales. El propio López había llegado al poder, en su primer mandato, con el conservatismo practicando la abstención electoral, de modo que su triunfo se apoyaba esencialmente en el voto liberal.
Frente a esa ofensiva reformista, el conservatismo entró en un doble movimiento: repliegue institucional y ofensiva ideológica. Y allí Villegas ocupó un lugar que ninguna otra figura joven disputaba con la misma nitidez. Desde El Debate, y en las tribunas adonde lo llevaban su elocuencia y su nombre, encabezó a un grupo de jóvenes conservadores de derecha radical que decidieron, en lugar de seguir a Gómez, disputarle el partido. Calificaron su liderazgo, en términos que hoy suenan brutales, de "sin dirección e impotente". Llamaron a los conservadores a abandonarlo y a unirse a una "contrarevolución" para instalar un "nuevo orden". La palabra escogida no era casual: en Europa, ese "nuevo orden" era exactamente el lenguaje con el que se autonombraban las derechas autoritarias que reordenaban Italia, España y Alemania.
Villegas fue más lejos aún. Propuso una política de "terrorismo agrario" como táctica para contrarrestar la fuerza electoral liberal en las ciudades. La fórmula era transparente: si el liberalismo dominaba las urnas urbanas gracias al sindicalismo y a los intelectuales que había atraído —incluidos varios que en otros países latinoamericanos habrían fundado partidos propios de izquierda—, la respuesta conservadora debía librarse en el campo, y librarse por la fuerza. Era una traducción criolla, adaptada a la geografía electoral colombiana, del repertorio del contraterror de las derechas europeas.
El desafío coincidió con un dato incómodo: entre 1930 y 1933, el voto conservador cayó del 55 al 37 por ciento del electorado nacional. La abstención posterior lo hundiría más. No hay línea directa entre la agitación leoparda y ese derrumbe, pero tampoco hay forma de ignorar que la fragmentación interna, la crítica pública al caudillo dominante y el lenguaje de contrarevolución debilitaron al partido justo cuando necesitaba unidad para resistir al gobierno. La paradoja del ideólogo radical se hizo aritmética: cuanto más radicalizaba su discurso, menos electores conservaba su partido.
La red: leopardos, Gómez, la prensa como trinchera
Villegas no fue un francotirador. Operó dentro de una red densa que conviene mirar de cerca.
Estaba, primero, el grupo original de los Leopardos. Con Augusto Ramírez Moreno, José Camacho Carreño y Eliseo Arango compartió tribunas, programa y estilo. La cohesión leoparda fue mayor en los años de la irrupción que en la madurez política de sus miembros —cada uno terminó modulando su propia trayectoria—, pero el sello generacional los acompañó siempre: eran los que habían llegado por asalto y a nombre de una restauración doctrinaria.
Estaba, segundo y central, Laureano Gómez. La relación entre ambos es la clave de bóveda de esta biografía. Coincidían en el diagnóstico: el liberalismo era la fuente de los males contemporáneos, la reforma social del Estado un peligro civilizatorio, el catolicismo el único cemento posible de la nación. Ambos bebían del ambiente ideológico de entreguerras, en el que el flujo de ideas del franquismo y el fascismo europeo llegaba a las élites colombianas y traía consigo hasta nociones de "pureza de raza", como las que Gómez había esbozado en sus conferencias Interrogantes sobre el progreso de Colombia de 1928. Gómez no era estrictamente fascista, sino más bien seguidor de la Falange española, pero su lenguaje se movía en zonas contiguas. En eso Villegas y él eran casi hermanos ideológicos.
Y, sin embargo, chocaron. Villegas encontraba impotente a Gómez, y Gómez encontraba insubordinado a Villegas. El desafío leopardo se produjo justo en los años en que Gómez consolidaba su hegemonía interna en el partido. En 1936, cuando el conservatismo ya se sentía asfixiado por la República Liberal, Gómez fundó El Siglo como instrumento de combate: el propio Gómez explicaría que el país atravesaba una época de violencia y que era indispensable crear un periódico para defender las vidas y propiedades de los correligionarios. La fundación de El Siglo fue, entre otras cosas, la respuesta institucional del laureanismo a la dispersión de voces radicales dentro del partido. Frente a El Tiempo —el diario más influyente del país, de orientación liberal—, frente a El Liberal de López y a la moderación de La Razón, Gómez armó su propia trinchera. En Medellín existía además un semanario conservador radical, y los jesuitas habían fundado poco antes la Revista Javeriana. Cada tendencia tenía su órgano; cada órgano libraba su batalla. Villegas, con El Debate, era una voz más en esa constelación, pero desde afuera del laureanismo puro.
El resultado del pulso, en el largo plazo, fue inequívoco: Gómez se quedó con el partido. Cuando llegó la hora del retorno conservador al poder en 1946 con Ospina Pérez, y sobre todo cuando estalló el 9 de abril de 1948, fue Gómez quien encarnó institucionalmente la línea dura. Desde su exilio español, adonde partió tras el Bogotazo, siguió dirigiendo la política conservadora a través de El Siglo, oponiéndose a los acuerdos de Ospina con los liberales y empujando hacia una hegemonía conservadora pura. Los grandes periódicos del conservatismo en esa coyuntura —El Siglo, El Colombiano, La Patria— rechazaron la Unión Nacional y la participación liberal en el gobierno, siguiendo la línea que Gómez marcaba desde Madrid. Villegas, en ese punto, ya había perdido la disputa que había planteado quince años antes.
Estaban, tercero, los adversarios liberales que combatió sin descanso: Olaya, López, Santos y, en las calles y las tribunas, Gaitán. El balance del historiador Otto Morales Benítez —adversario del universo villegasista— resumiría con dureza la estrategia global de la oposición conservadora durante la República Liberal: desacreditar al presidente, dividir al liberalismo, cuestionar los resultados electorales, desprestigiar al Congreso, propiciar el desconocimiento de las instituciones. Villegas fue uno de los operarios más eficaces de ese repertorio, y no el menos elocuente.
Y estaba, cuarto, la Iglesia. Sacerdotes y obispos convirtieron los púlpitos en tribunas contra el liberalismo y el comunismo, contribuyendo a la polarización sectaria. Villegas, como Gómez, se apoyaba en ese clima y lo alimentaba: el catolicismo integrista leopardo encontró en buena parte del clero un aliado natural, y el clero encontró en la prosa leoparda una legitimación culta de sus propias fobias.
La huella: ideólogo, agitador y sombra
Medir la huella de Villegas exige separar tres planos que suelen confundirse.
El primero es el doctrinario. Ahí su aportación fue mayor y duradera. Villegas ayudó a fabricar un lenguaje conservador colombiano que integraba tres ingredientes hasta entonces yuxtapuestos: el catolicismo integrista de matriz decimonónica, el nacionalismo autoritario de inspiración europea de entreguerras y el vitalismo estético de la generación del 98 y de Rodó. Esa combinación —Pío IX más la Falange más Ariel, por decirlo abrupto— definió durante décadas el imaginario de una parte sustantiva de las élites conservadoras. Cuando en Manizales, Popayán, Pasto o Tunja los notables del partido invocaban la "tradición", la "raza", el "orden", la "cristiandad", estaban usando, muchas veces sin saberlo, un vocabulario que Villegas y los suyos habían tenido un papel decisivo en armar.
El segundo plano es el político-partidario, y aquí el balance es adverso. Villegas quiso ser el conductor generacional del conservatismo y no lo fue. Su desafío a Gómez terminó en subordinación tácita: el partido se laureanizó, no se leopardizó. La caída del voto conservador en los años iniciales de la República Liberal, del 55 al 37 por ciento entre 1930 y 1933, es difícil de leer como triunfo suyo por más que él la explicara como consecuencia de la debilidad de Gómez. La abstención posterior, la fragmentación interna y la incapacidad para presentar candidato viable frente a Olaya y a López Pumarejo dejaron al conservatismo en la posición de oposición extra-institucional que Villegas, desde su radicalismo, había ayudado a hacer inevitable. Fue un acelerador, no un timonel.
El tercer plano es el moral e histórico, y es el más difícil de eludir. La retórica del "terrorismo agrario", la invocación de la "contrarevolución", los llamados a la violencia contra los liberales y los comunistas —expresados no solo por Villegas sino por otras corrientes conservadoras radicales, en un lenguaje que consideraba las ideas del adversario como productos de ideologías extranjeras— pertenecen a la genealogía de La Violencia. La primera ola se extendió entre 1946 y 1953, bajo los gobiernos y la dictadura conservadora, y estuvo marcada por masacres, descuartizamientos y quema de pueblos. Villegas no dio esas órdenes ni empuñó esas armas; pero el clima retórico que ayudó a construir durante veinte años —desde los primeros textos leopardos hasta la agitación de los treinta y las arengas de la posguerra— formó parte de las condiciones que hicieron pensable, para muchos, la eliminación física del contrario.
No se trata de imputarle una violencia que él no ejecutó, ni de convertir un editorial en un asesinato. Se trata de reconocer que Villegas fue un actor consciente del vínculo entre palabra y acción. Cuando en 1949 empezaron a escucharse, desde el Congreso y desde la gran prensa conservadora, frases que anunciaban que si el liberalismo se empecinaba el poder no se definiría en las urnas, esa frontera entre discurso y guerra ya había sido debilitada durante casi dos décadas por dirigentes, obispos, columnistas y oradores. La violencia bipartidista, además, no era una amenaza abstracta: se había manifestado desde los primeros años de la República Liberal, con las elecciones de 1931 marcadas por choques armados con muertos y desplazados en numerosos municipios, y con el incendio de Montería como episodio particularmente grave; y antes aún, la masacre de quince conservadores en Capitanejo, Santander, entre el 29 y 30 de diciembre de 1930, había señalado el regreso pleno de la violencia política. Villegas escribía y arengaba en ese mundo, no fuera de él.
Manizales, después
El país que Villegas dejó a su muerte, en 1972, no era ya el país de los Leopardos. La Violencia había pasado; el Frente Nacional se acercaba a su fin; las guerrillas de origen liberal y comunista habían mutado en las insurgencias que marcarían el medio siglo siguiente; el conservatismo se había fragmentado en corrientes que ya no obedecían a Gómez ni a nadie. Manizales, la ciudad de la catedral gris, seguía siendo capital de Caldas —aunque el propio departamento había sido dividido y reducido— y conservaba su fisonomía de élite cafetera y católica, aunque menos militante que en los años veinte.
En ese país tardío, la figura de Villegas se movía en la ambigüedad que corresponde a los ideólogos que no llegaron al poder. Para sus admiradores, era el orador y el prosista que había defendido la tradición cuando defenderla parecía condena; para sus adversarios, uno de los responsables intelectuales del clima que hizo posibles las peores décadas del siglo. Ambos juicios tienen fundamento; ninguno agota su figura.
Lo que queda, más allá del debate, es el papel específico que jugó en una historia mayor: la mutación del conservatismo colombiano en la primera mitad del siglo XX, de un partido de notables y de tradición a un movimiento capaz de articular un nacionalismo autoritario propio, con doctrina, con prensa, con juventudes y con lenguaje. Villegas fue uno de los arquitectos de esa mutación. Que otros —sobre todo Gómez— capitalizaran políticamente lo que él ayudó a construir no lo priva de su lugar: al contrario, lo define. Fue el ideólogo que produjo el material del que otros harían poder.
En un país donde con frecuencia la historia se cuenta a partir de quienes ocuparon la Casa de Nariño, la biografía de Silvio Villegas es un recordatorio de que el poder también se ejerce, y a veces con mayor durabilidad, desde la mesa de un periódico y desde la tribuna de una manifestación. La República Liberal se pensaba a sí misma como un proyecto de modernización del Estado; Villegas contribuyó, más que casi cualquier otro dirigente conservador de su generación, a convencer a media Colombia de que ese proyecto era una amenaza civilizatoria. En esa convicción, hecha lenguaje, hecha odio y a veces hecha bala, vivió su influencia; y en ella —tanto en lo que salvó del olvido como en lo que ayudó a incendiar— sigue viviendo su sombra.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
21 documentos · 27 fragmentos01Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Páginas 59, 972 citas
[1]u otro punto programático y doctrinario, aunque siempre buscaban mantener a su colectividad al comando del Estado. Tal era el caso de aquella que se expresaba en el periódico El Nuevo Tiempo y en la revista El Gráfico y que se hizo conocer con el nombre de los Leopardos. Conformada por jóvenes que comenzaban a dar sus…
p. 59
[11]Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:21:44 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. COLOMBIA SIGLO XX 98 mayoría en el Senado, actuaban con conocimiento de causa: expulsados de las alcaldías municipales durante el gobierno de Olaya Herrera y enfrentados a un…
p. 97
02Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 531 cita
[2]guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…
p. 53
03Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Páginas 28, 792 citas
[3]dando en el país suscitaron profundos debates en el campo intelectual de la época. A través de la prensa, de la cátedra, de la política, los intelectuales desempeñaron un papel de primer orden, pues sus intervenciones contribuyeron en muy buena medida a reconfigurar la sociedad colombiana. A finales de los años diez,…
p. 28
[6]que se identificaba. Cada partido, más aún, cada tendencia partidista, poseía su propio periódico. López contaba con El Liberal, 86. Citado en Tirado, Álvaro, Velásquez, Magdala, La reforma constitucional de 1936, Bogotá, Fundación Friedrich Naumann, Oveja Negra, 1982, pp. 223-224. 87. Anales de la Cámara de…
p. 79
04Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 282, 3302 citas
[4]el desenlace de estas jornadas expresaba a cabalidad el des- contento de la clase dirigente con el gobierno de Abadía, con lo que algu- nos juzgaban una provocación a los in- tereses petroleros norteamericanos, otros estridencias anticomunistas del ministro de Guerra y todos el despil- farro inaudito de los…
p. 282
[13]Pontificia Bolivariana. Para afrontar esta situación de tipo insurreccional, el gobierno nombró como ministro de Guerra a Plinio Mendoza Neira, que tenía fama de enérgico y gran organizador. Éste lla- mó a filas a campesinos boyacenses de reconocida trayectoria liberal, que él conocía, y ordenó que se le hiciera un…
p. 330
05When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 901 cita
[5]the fear of change and anger over fraud and violence drove G6mez and other party leaders to take a more militant stand in the late 1930s. The ConseIVatives suffered a tremendous drop in their share of the national electorate over the decade) part of which was caused by on again-off again abstention. Between 1930 and…
p. 90
06No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 49, 562 citas
[7]ideología de ultraderecha tenía audiencia y el anticomunismo, arraigo. Si bien en Bogotá los partidos mantenían las formas, en medio de una gran polarización política, en las regiones los episodios de violencia pasaron de ser esporádicos a reiterados. Probablemente uno de los episodios que marcaron el regreso de la…
p. 49
[24]Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…
p. 56
07Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 3191 cita
[8]Molina, Las Ideas Socialistas, pp. 303 y ss.; e Ignacio Torres G., Los Inconformes, Vol IV, pp. 284-286. Los diplomáticos norteamericanos reseñaron el origen de grupos fascistas pero sin considerarlos como una seria amenaza (NAW 821.00/1122 y 1215). Denunciaron también conspiraciones conservadoras (821.00/ 1099).…
p. 319
08Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 151 cita
[9]cultural”. 43 Los presupuestos teóricos y este tipo de conclusiones del eximio representante liberal coincidían con las del líder conservador Laureano Gómez. Más allá del ámbito electoral y de las disputas por el poder local y nacional, los grupos dirigentes colombianos tienen claras coincidencias. Imbuido por la…
p. 15
09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 821 cita
[10]y la cultura. La reforma constitucional de 1 936 al ' consagrar la función social del Estado, fue la expresión más notable de todo este proceso. 161 ¿Otra historia de Colombia? Si bien al comienzo de s u gobierno Olaya Herrera ofre ció participación conservadora, las difer e ncias estallaron muy pronto por e l control…
p. 82
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2011 cita
[12]cam bios no fueron muy dr á sticos. Entre é stos estuvieron una reforma constitucional que dio otra vez el voto a pobres y analfabetos. El sufragio universal estuvo acompa ñ ado de la movilizaci ó n del elec torado, que se acostumbr ó a hacer manifestaciones callejeras para respaldar un gobierno que promet í a educaci…
p. 201
11Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1251 cita
[14]«Toda ten- dencia al intervencionismo de Estado prepara el advenimiento integral del socialismo; toda tendencia a robuste- cerda individualidad favorece el afian- zamvento de la democración. Reunidos algunos opositores en la Acción Patrió- fica Económica Nacional ¡APEN), quisie- ron impedir el trienio de las doctrinas…
p. 125
12Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1611 cita
[15]s, dio pie a toda cl ase de vers ion es co n spirativas, en las que el pr esi dent e aparecía como el << idiota útil> > de los co muni stas, el Keren s ki colombiano. La rápida evolución del ca mp o republica- no español hacia la h ege monía d e la izquierda marxista, primero soc ialista y lu ego co muni s ta, pu so a…
p. 161
13When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 1033 citas
[16]president's messenger) Alberto Ueras) found G6mez so stricken he could barely speak) though he did manage to tell the young Liberal of his feelings. uAlfonso didn't want to trick me/' he told Ueras) Ubut there is something behind him that won't let him do what he wants-perhaps the Masons."44 G6mez identified L6pez and…
p. 103
[17]president's messenger) Alberto Ueras) found G6mez so stricken he could barely speak) though he did manage to tell the young Liberal of his feelings. uAlfonso didn't want to trick me/' he told Ueras) Ubut there is something behind him that won't let him do what he wants-perhaps the Masons."44 G6mez identified L6pez and…
p. 103
[18]president's messenger) Alberto Ueras) found G6mez so stricken he could barely speak) though he did manage to tell the young Liberal of his feelings. uAlfonso didn't want to trick me/' he told Ueras) Ubut there is something behind him that won't let him do what he wants-perhaps the Masons."44 G6mez identified L6pez and…
p. 103
14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2151 cita
[19]luego trasladado a Bogotá, ciudad desde la que se hizo un periódico liberal de circulación nacional. El Tiempo, fundado en Bogotá en 1911, es hoy el diario de mayor circulación en el país y el de más influencia en la opinión pública, con una orientación abiertamente liberal. El Siglo, ahora conocido como El Nuevo…
p. 215
15Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 211 cita
[20]su residencia en 1952, actuó con ener- gía y vitalidad incansables. La vocería del gaitanismo la asumió Francisco José Chaux, político veterano y ecuá- nime. Los gaitanistas, acostumbrados a la fuerte figura de Gaitán que con- trolaba todas las decisiones, después de su muerte se debilitarían por las lu- chas internas…
p. 21
16La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · Página 651 cita
[21]el concejo de Manizales, compró las tierras restantes dentro de la ciudad que pertenecían a la compañía por 22.500 pesos. Pero cuando el concejo decidió que el precio era muy alto, los compradores constituyeron una compañía privada (Moreno, Walker y Cía.), que vendió lotes y acciones a los últimos pobladores. 26 El…
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17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 461 cita
[22]pasaron por allá. […] Digamos que esa […] siempre fue una zona donde se vivían con mucha intensidad las guerras civiles porque además, como era una frontera entre el Estado de Antioquia conservador [y] el Estado del Cauca liberal, había también esas tensiones étnicas entre antioqueños y caucanos» 51. En 1905, durante…
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18Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 541 cita
[23]lo obligó a quitarse la careta atropellándolo todo. Se cerró el telégrafo por tres días; y, bajo la dirección personal de los respectivos jefes, se falsificaron los registros electorales, aumentando fraudulentamente en más de ciento cincuenta mil votos los que favorecieron al general Ospina. El doctor Alfonso Villegas…
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19Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 181 cita
[25]y el Partido Conservador. La última de esas guerras, conocida como la guerra de los Mil Días, transcurrió entre 1899 y 1902 causando 100.000 muertes —sobre una población de menos de tres millones—, y suponiendo, además, la pérdida de Panamá. Es por esto que algunas voces, tomando como base lo anterior, entienden que…
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20Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 1691 cita
[26]manes, italianos, colombianos...; en su Idola Fori, obra de mucha influen- cia en la Generación del Centenario, la influencia quizás más notable es la del uruguayo Rodó. Carlos Uribe Ce- lis, en su reciente libro Los años veinte en Colombia, ideología y cultura, se- ñala la persistente influencia de Taine y de la…
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21Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 4771 cita
[27]se vivió una etapa de transición ideológica que en América se 478 B índic Gercst c Adíraí identifica como el paso de la filosofía positivista a un campo opuesto conocido como de «renovación espiritual» 373. El origen de esta actitud se encuentra en la obra Ariel del escri- tor uruguayo José Enrique Rodó, libro que…
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