Delia Zapata Olivella
Frente Nacional
1926–2001
La biografía
Delia Zapata Olivella (Santa Cruz de Lorica, 1926 – Bogotá, 2001) fue la coreógrafa, bailarina, folcloróloga y gestora cultural que, durante casi medio siglo, empujó las músicas y danzas afrocolombianas e indígenas hacia el centro de la representación oficial de la nación. Hermana y compañera intelectual de Manuel Zapata Olivella, no fue nunca su sombra ni su apéndice: mientras él escribía la épica afrodiaspórica en libros y artículos, ella la montaba en escenario, la enseñaba en aula universitaria y la exhibía en giras internacionales. Su vida útil como agente cultural coincide casi punto por punto con el Frente Nacional (1958-1974), y ese calce no es casual: fue en los márgenes de aquel régimen bipartidista —sus embajadas culturales, su naciente aparato de política cultural, la expansión de los medios masivos— donde Delia encontró las palancas para instalar el mapalé, el bullerengue, el currulao y las danzas del Pacífico como bienes patrimoniales legítimos de una república que hasta entonces se había mirado el ombligo andino. La suya es la biografía de una disputa por el canon librada desde el cuerpo y desde la escena.
Línea de vida
- 1943
Grupo fundador del futuro Centro de Estudios Afrocolombianos
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Con apenas diecisiete años, Delia participó junto a su hermano Manuel, Natanael Díaz, Arcesio Viveros, Carlos Calderón Mosquera y Adolfo Mina Balanta en el núcleo original que planteó la necesidad de adelantar estudios sistemáticos sobre el negro en Colombia, semilla del que sería el Centro de Estudios Afrocolombianos.
- 1947
Entrada en la esfera pública nacional como voces afrocolombianas organizadas
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El 13 de septiembre de 1947, Manuel Zapata Olivella publicó bajo el seudónimo 'Manuel Karabalí' en la revista Cromos un artículo que reclamaba rectificar la conducta de historiadores, científicos y literatos frente a los bisabuelos negros del país, texto hoy legible como manifiesto fundacional del proyecto intelectual compartido con Delia.
- 1962
Publicación de trabajos folklorológicos coescritos con Manuel Zapata Olivella
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Delia coescribió con su hermano Manuel trabajos folklorológicos publicados en 1962 (durante el gobierno de Guillermo León Valencia) que tuvieron mayor impacto en el debate público sobre el folklore colombiano que los estudios contemporáneos de Guillermo Abadía Morales y Rogerio Velásquez, cuyas obras quedaron principalmente como material de consulta universitaria.
- 1971
Segunda publicación folklorológica mayor junto a Manuel Zapata Olivella
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Durante el gobierno de Misael Pastrana Borrero, Delia y Manuel publicaron un segundo trabajo folklorológico de referencia que consolidó el marco interpretativo triétnico —indígena, africano y europeo— del folklore colombiano en la opinión pública nacional.
- 1974
Gira por África al cierre del Frente Nacional
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Concluido el Frente Nacional, Delia realizó una gira por África con su compañía, cierre simbólico de un arco de quince años en que había montado en escena una diáspora imaginada: la coreógrafa que había representado el origen africano en escenarios de Europa, Moscú y China, ahora lo pisaba en su geografía real.
- 1975
Formalización jurídica del Centro de Estudios Afrocolombianos
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Delia participó, junto a Manuel y otros miembros del grupo original de 1943, en la obtención de personería jurídica del Centro de Estudios Afrocolombianos, culminando más de tres décadas de gestión institucional iniciadas cuando ella tenía diecisiete años.
La semblanza: una intelectual que bailaba
Delia Zapata Olivella pertenece a una generación bisagra de mujeres colombianas que hicieron del folklore un campo intelectual y no un adorno. Nacida en 1926 en Lorica, en el Sinú cordobés, y formada entre la costa Caribe y Bogotá, encarnó desde temprano una doble condición que marcaría su trabajo: la de la mujer negra y costeña que llega a la capital andina no a asimilarse sino a traer consigo un repertorio, y la de la investigadora que documenta ese repertorio con el rigor de quien sabe que sin registro no hay legitimación. Su producción no es principalmente escrita —aunque coescribió con Manuel textos folklorológicos clave, publicados en 1962 y 1971— sino coreográfica, pedagógica e institucional. Fundó y dirigió compañías, formó bailarines, viajó por el mundo con su grupo, ocupó cátedras y, en 1975, participó en la formalización jurídica del Centro de Estudios Afrocolombianos, un proyecto que ella y su hermano habían impulsado desde 1943, cuando apenas tenía diecisiete años.
El lugar que ocupa en la historia cultural colombiana no se entiende sin esa doble palanca —la escena y la institución—, y tampoco sin reconocer que su influencia en la opinión pública superó a la de investigadores contemporáneos con más pergaminos académicos, como Guillermo Abadía Morales o Rogerio Velásquez. Los trabajos folklorológicos que firmó junto a Manuel tuvieron mayor impacto en el debate público que los de aquellos, cuyos estudios quedaron principalmente como material de consulta universitaria. Delia entendió antes que muchos que la representación cultural se juega tanto en la teoría como en el gesto que un cuerpo hace frente a una cámara de televisión.
Los orígenes: Lorica, la casa Zapata Olivella y un archivo familiar
Santa Cruz de Lorica, a orillas del río Sinú, fue en las primeras décadas del siglo XX un puerto fluvial cosmopolita donde convergían comerciantes sirio-libaneses, familias caribeñas mestizas y comunidades campesinas afrodescendientes. En ese entrecruce nació Delia. La casa Zapata Olivella fue, desde el principio, un espacio de circulación intelectual: allí crecieron ella y su hermano Manuel (nacido en 1920), y allí se sembró la convicción —heredada, transmitida, reafirmada por lecturas y viajes— de que el negro colombiano tenía una historia que reclamar y unos gestos culturales que defender.
El año 1943 marca el primer hito institucional en la trayectoria de los hermanos. En torno a Natanael Díaz se articuló un grupo que planteó abiertamente la necesidad de adelantar estudios sistemáticos sobre el negro en Colombia, semejantes a los que ya existían sobre las poblaciones indígenas. Del núcleo original hicieron parte Arcesio Viveros, Carlos Calderón Mosquera, Adolfo Mina Balanta, Manuel Zapata Olivella y la propia Delia. El planteamiento quedó registrado públicamente en un artículo firmado por Manuel bajo el seudónimo "Manuel Karabalí", aparecido en la revista Cromos el 13 de septiembre de 1947, donde se reclamaba rectificar la conducta de historiadores, científicos y literatos frente a los bisabuelos negros del país. Ese texto, hoy legible como manifiesto fundacional, fija una fecha en la que los Zapata Olivella entran en la esfera pública nacional como voces afrocolombianas organizadas.
Que aquel grupo tardara más de tres décadas —hasta 1975— en obtener personería jurídica bajo el nombre de Centro de Estudios Afrocolombianos dice tanto del proyecto como del país que lo recibía. Delia atravesó ese largo compás de espera bailando, dirigiendo, viajando y enseñando: haciendo, con el cuerpo y con el aula, lo que la institucionalidad tardaba en reconocer con un papel.
La trayectoria: escena, giras y cátedra bajo el Frente Nacional
La consolidación pública de Delia como coreógrafa e investigadora coincide con la instalación del Frente Nacional. El pacto bipartidista sellado en Benidorm en julio de 1956 entre Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo se puso en marcha en 1958 y organizó dieciséis años de alternancia presidencial y paridad milimétrica en los cargos públicos. Fue presentado como retorno a la democracia, fin de la violencia bipartidista y arranque de una reconciliación nacional que despertó enormes esperanzas en una sociedad exhausta. También fue, en la práctica, un reparto entre cuatro familias políticas —los Lleras y los López en el liberalismo, los Ospina y los Gómez en el conservatismo— que excluía a terceras fuerzas y respondía cada vez menos a las presiones populares.
Ese régimen tuvo, sin embargo, un aparato cultural en expansión: embajadas que necesitaban imagen país para la Guerra Fría, ministerios y universidades que empezaban a interesarse por el folklore como patrimonio, medios masivos —radio, prensa ilustrada, televisión— que multiplicaron su alcance. Delia y Manuel entendieron esas grietas y las trabajaron con método.
Desde 1951, Manuel había iniciado la difusión sistemática de una lectura del folklore colombiano como aporte triétnico —indígena, africano y europeo— utilizando medios masivos. Entre 1960 y 1962 publicó la serie de artículos "Los pasos del folklore colombiano", donde aludía al folklore andino, a la música y a otras dimensiones del repertorio nacional. Delia, en paralelo, montaba compañía y repertorio. Sus trabajos folklorológicos coescritos con Manuel aparecieron en 1962 y 1971, dos fechas que corresponden a los gobiernos de Guillermo León Valencia y de Misael Pastrana Borrero, es decir, a los momentos conservadores del Frente Nacional. La difusión de esos textos, combinada con la circulación escénica del repertorio, produjo un efecto acumulativo: para comienzos de los setenta, era ya casi imposible hablar de folklore colombiano sin nombrar el aporte afro, y ese desplazamiento del sentido común nacional debe mucho al trabajo simultáneo de los dos hermanos.
La compañía dirigida por Delia hizo giras internacionales que la llevaron a escenarios de Europa —París entre ellos—, a Moscú y a China. En 1974, ya cerrado el Frente Nacional, realizó una gira por África que puede leerse como cierre de un arco: la coreógrafa que había pasado quince años montando en escena una diáspora imaginada, ahora la pisaba en su origen geográfico. Estos viajes no fueron turismo cultural: funcionaron como embajadas paralelas, plataformas donde el Estado colombiano exhibía —a menudo sin comprender del todo lo que exhibía— una versión de nación que sus políticas internas apenas empezaban a admitir.
En paralelo, Delia consolidó una labor docente que sería quizás su legado más duradero. Formó a generaciones de bailarinas e investigadoras, entre las cuales su sobrina Edelmira Massa Zapata prolongaría la vocación etnográfica y coreográfica de la familia. Por sus manos pasaron también, en distintos momentos y con distintos grados de cercanía, cantadoras y artistas del Caribe cuya proyección nacional debe algo a la maquinaria escénica montada por los Zapata Olivella: Totó la Momposina, Leonor González Mina —"la Negra Grande de Colombia"—, cuyas carreras se enlazaron con los circuitos abiertos por esta generación de folkloristas afrocolombianos.
El taller: qué bailaba Delia y por qué importaba
El repertorio que Delia llevó al escenario no era neutro. Cada danza que montaba discutía en silencio con el canon oficial. El mapalé —de origen africano, ejecutado con predominio del tambor, originalmente canto y danza de labor nocturna para el procesamiento del pescado mapalé y hoy expresión de regocijo sexual con interpretación frenética y sensual— aparecía en los escenarios de Moscú o París como emblema colombiano, no como curiosidad regional. El currulao del Pacífico, las danzas del Chocó, el bullerengue, entraban en el repertorio de una compañía nacional en un país cuya música representativa oficial seguía siendo el bambuco.
Ese contraste conviene fijarlo. El bambuco, el más disperso de los aires andinos colombianos, cubre trece departamentos de la zona andina y conjuga melodías de tradición indígena con ritmos varios, entre ellos muy posiblemente ritmos vascos. Su codificación como referente central de la música nacional produjo un efecto de arrastre: los géneros afrocolombianos del Pacífico y de la costa Caribe quedaron largamente relegados a un segundo plano en la representatividad cultural oficial. Poner el mapalé o el currulao en la vitrina que las embajadas y los teatros abrían para el bambuco era, aunque el gesto no siempre se leyera así, una intervención en la jerarquía simbólica del Estado.
Delia trabajó, además, con conciencia de las mutaciones que la escena imponía al repertorio popular. Sabía que llevar a escena una danza de labor no es lo mismo que ejecutarla en su contexto original; que la profesionalización de los conjuntos costeños había implicado, por ejemplo, la pérdida progresiva del coro de cantadoras femeninas y su estribillo, desplazadas por la integración de la voz en formato de llamada y respuesta ejecutada por los propios músicos instrumentistas. La suya no fue una danza de museo, congelada en supuesta autenticidad, sino una danza en negociación entre archivo, cuerpo, público y país.
Un dato que insistía en subrayar en su trabajo pedagógico marca la diferencia entre Colombia y otras zonas de la diáspora: aquí, las danzas negras del Pacífico conservaron melodías, ritmos e instrumental de origen africano pero carecen de máscara ritual; no se produjo el sincretismo religioso que en Cuba, Brasil o Haití preservó cultos africanos bajo formas como la santería, el candomblé o el vudú. Esa "desnudez" ritual de lo afrocolombiano —consecuencia de una historia particular de dispersión, palenques y evangelización— hacía más urgente, no menos, el trabajo de recuperación y visibilización que ella se impuso.
La red: hermano, folkloristas, cantadoras, académicos
La biografía intelectual de Delia no se sostiene sin nombrar la red que la sostuvo y a la que sostuvo. En el centro, Manuel Zapata Olivella: hermano, coautor, socio del proyecto triétnico, autor de una obra literaria monumental que corre en paralelo a la coreográfica de Delia. Manuel dejó una producción diversa que incluye novela, teatro, crónica, cuentos populares, poesía, guiones para radio y televisión, y el texto autobiográfico Levántate mulato (1990). Sus libros de viaje tempranos —Pasión vagabunda (1949), que lleva al lector desde Bogotá hasta México a través de Centroamérica, y He visto la noche (1952), que recorre desde México hasta los Estados Unidos de los años cincuenta— combinan observación etnológica, destreza literaria y comentario social. Su cumbre es Changó, el gran putas (1983), épica afrocéntrica y descolonial sobre la lucha por la libertad de los africanos en la diáspora americana, concebida —como observó el crítico Darío Henao Restrepo— sobre la cosmogonía de los dioses africanos, especialmente los del panteón yorubá, en contraste con la manera en que Cien años de soledad se apoya en el código bíblico y en la mitología grecorromana. La novela Chambacú, corral de negros (1962/1965) funciona como alegoría de la exclusión y opresión racistas en la Colombia de mediados del siglo XX.
Delia y Manuel fueron el tándem, pero no el mundo entero. En el campo del folklore compartieron —y disputaron— espacio con Guillermo Abadía Morales, que desde 1962 proyectó sus opiniones a nivel radial y publicó en 1970 una obra de referencia sobre el folklore colombiano, y con Rogerio Velásquez, investigador chocoano cuyos trabajos sobre las culturas negras del Pacífico anticiparon buena parte de las preocupaciones que después la academia asumiría. Los estudios de Abadía y Velásquez tuvieron menor proyección en la opinión pública que los de los Zapata Olivella, lo que consolidó una asimetría: la investigación más rigurosamente académica quedó en las bibliotecas mientras el marco interpretativo de los hermanos capturaba prensa, radio y sentido común.
En una generación siguiente, la antropóloga Nina S. de Friedemann emprendería la tarea de fundar unos estudios afrocolombianos con métodos etnográficos más sistemáticos, y el sociólogo Aquiles Escalante prolongaría la reflexión sobre el negro en Colombia iniciada por el grupo de 1943. Con esas figuras el proyecto de los Zapata Olivella entra en diálogo y a veces en tensión: lo que Delia y Manuel habían hecho desde la escena y desde el ensayo periodístico, la nueva generación lo procesaría desde la universidad.
Entre las intérpretes que orbitaron o cruzaron el mundo de Delia hay que nombrar a las cantadoras y bailarinas que, sin haber pertenecido siempre a su compañía, se movieron en circuitos afines. Y hay que ubicar en el mapa a figuras como Mercedes Montaño —una de las pocas coreógrafas que incorporó múltiples estilos dancísticos y musicales del Pacífico (Guapi, Tumaco, Buenaventura, Chocó) en su grupo, aprendiendo las danzas del Chocó directamente de integrantes chocoanos de su propio conjunto— o como Teófilo Potes, cuya trayectoria coreográfica se cruzó posiblemente con la gira sudamericana de Katherine Dunham entre 1951 y 1953. Aquella gira incluyó Brasil, Argentina, Chile y Colombia, y estuvo marcada por el escándalo del estreno de Southland en enero de 1951 —una danza-drama antirracista ambientada en el sur segregado de Estados Unidos, con un linchamiento como núcleo—, cuya representación llevó al Departamento de Estado a cortar el financiamiento de la compañía y precipitó su salida de Chile. Que la circulación afrodiaspórica de la danza tuviera esa carga política internacional a comienzos de los cincuenta ayuda a entender el terreno sobre el que Delia empezó a montar su propia obra.
El Frente Nacional como escenario ambiguo
Conviene detenerse en la relación entre Delia y el régimen que enmarcó su trabajo más visible. El Frente Nacional no fue una dictadura pero tampoco una democracia plena: fue un pacto entre élites que se repartió el poder de manera predecible y que despojó progresivamente al Congreso de funciones legislativas y presupuestales —cedidas voluntariamente al Ejecutivo mediante facultades extraordinarias desde 1968—, con una reforma constitucional impulsada por Carlos Lleras Restrepo que fortaleció el poder presidencial, introdujo la emergencia económica como figura de excepción y prolongó la paridad bipartidista cuatro años más allá del cierre del Frente, hasta 1978. El régimen no logró suprimir la violencia armada: las amnistías fracasaron y nuevas guerrillas emergieron en el período. En política exterior se articuló con la Guerra Fría estadounidense, incorporándose a la Alianza para el Progreso y adoptando en ese marco una reforma agraria de alcance limitado.
En ese Estado, la política cultural fue un terreno abierto para intelectuales dispuestos a llenarlo. Delia y Manuel lo llenaron. Aceptaron giras internacionales financiadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores, cátedras universitarias en instituciones públicas, apariciones en medios oficiales y semioficiales. En 1974, año de cierre del Frente Nacional, Manuel publicó El hombre colombiano por la Universidad del Valle, una reflexión sobre la identidad nacional que se leía a contrapelo de la homogeneidad andina que la política oficial seguía privilegiando.
Esa relación con el Estado no es ni un pacto oculto ni una traición al proyecto afrodiaspórico: es la operación posible en un país cuyo aparato cultural, aunque limitado, ofrecía plataformas que ningún otro actor podía ofrecer. Pero conviene no idealizarla. El propio itinerario del Centro de Estudios Afrocolombianos —treinta y dos años entre la formulación pública de 1943 y la formalización jurídica de 1975— muestra que el Estado colombiano del Frente Nacional no adoptó como política oficial el marco triétnico que los Zapata Olivella proponían. Escuchó, dejó circular, cedió escenarios, pero no reestructuró su gramática. La visibilidad conquistada fue mediática y escénica; la transformación institucional profunda —currículos escolares reescritos, políticas afirmativas, reconocimiento constitucional de la nación pluriétnica— tendría que esperar a la Constitución de 1991, casi dos décadas después del cierre del Frente Nacional y cuando Delia entraba en su última etapa vital.
Hay un matiz más que la lectura complaciente omite. El proyecto triétnico de los Zapata Olivella operó dentro de la lógica mestizante que el Estado colombiano venía cultivando desde comienzos del siglo XX. Al enmarcar lo africano y lo indígena como "aportes" a una síntesis nacional —el mestizaje cósmico, humanístico y planetario que Manuel articularía en sus obras póstumas Deslumbramientos de América y Africanidad, indianidad y multiculturalidad (ambas de 2017)—, los hermanos reprodujeron, quizás inevitablemente, la gramática integracionista antes que impugnarla desde una posición de ruptura. La observación no rebaja el logro, pero lo sitúa: Delia disputó el canon desde adentro del canon, ensanchándolo hasta hacerle sitio a lo que había sido excluido, sin necesariamente derribarlo. Fue reforma, no revolución cultural, y eso es también lo que hizo posible que el Estado le abriera las puertas de la embajada.
La huella: cuerpo formado, patrimonio abierto, canon disputado
Delia Zapata Olivella murió en Bogotá en 2001. Su legado se mide en varios registros simultáneos. Primero, el cuerpo formado: generaciones de bailarines e investigadores pasaron por sus talleres y compañías, y sostuvieron después el trabajo con las comunidades del Caribe y el Pacífico. Su sobrina Edelmira Massa Zapata prolongó una vocación que hoy tiene continuidad institucional. Segundo, el patrimonio abierto: el repertorio afrocolombiano —mapalé, currulao, bullerengue, danzas del Pacífico— dejó de ser exótico y pasó a ser reconocible como colombiano en la conciencia pública nacional, y ese desplazamiento tiene fecha y agentes, entre los cuales Delia ocupa un lugar destacado. Tercero, el canon disputado: la reconfiguración simbólica que los Zapata Olivella impulsaron desde 1951 alimentó los debates que desembocaron en el reconocimiento de la Colombia pluriétnica y multicultural en la Constitución de 1991 y en la posterior Ley 70 de comunidades negras, aunque ni Delia ni Manuel firmaran esos textos.
La recepción crítica ha sido asimétrica. Manuel se convirtió en objeto de estudio académico sostenido, con dossiers en revistas especializadas —"Manuel Zapata Olivella: Writer and Humanist", publicado en 2006 en Afro-Hispanic Review—, el volumen monográfico Manuel Zapata Olivella. Un legado intercultural (2016) y estudios como los de Laura Correa Ochoa sobre política racial y panafricanismo en la Colombia de los años setenta, aparecidos en The Americas en 2022. Delia, en cambio, ha sido menos leída como intelectual y más recordada como coreógrafa, en parte porque su producción escrita fue menor y porque la historia intelectual tradicional privilegia el libro sobre el gesto. La reparación historiográfica —leerla como la gestora intelectual que fue, no como la hermana bailarina— es una tarea en curso.
Queda una última consideración. Delia trabajó con la certeza de que representar era transformar, y esa certeza sigue vigente. Pero también trabajó con la limitación de todos los que operan desde la escena: el aplauso no es política pública, y la ovación en el Bolshói o en la Sala Pleyel no reordena las jerarquías raciales del país que envía la delegación. Su victoria fue verdadera y fue parcial. Amplió el campo de lo representable como "colombiano" con más eficacia que casi cualquier intelectual de su generación, pero no transformó por sí sola las estructuras institucionales que seguían subordinando lo afrocolombiano y lo indígena al eje andino-mestizo del Estado. Que hoy podamos nombrar esa asimetría con lucidez —y que el país tenga vocabulario para hacerlo— es, en buena medida, mérito de lo que ella y su hermano empezaron a decir en voz alta desde 1943, y de lo que Delia empezó a bailar en firme durante los dieciséis años del Frente Nacional.
En una biografía como la suya no hay separación posible entre lo que se piensa y lo que se hace con el cuerpo. Delia Zapata Olivella pensó a Colombia bailándola, y la bailó pensándola. Esa síntesis —rara en su generación, rara en cualquier generación— es la razón por la cual una ficha suya no puede ser solo una lista de giras y compañías. Es también la crónica de cómo, en las grietas de un pacto bipartidista que se creía la última palabra, una mujer negra y costeña logró meter en la escena central del país lo que el país oficial había preferido dejar en la periferia. No es poco. No es tampoco todo. Es, exactamente, el peso que tiene su nombre en la historia cultural colombiana del siglo XX.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
21 documentos · 28 fragmentos01The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 3071 cita
[1]this position if there is any opposition to the defense of truth and justice, as well as cheating and judicial fraud against the Indigenous Race, which has been persecuted and murdered by nonindigenous civilization since October 12, 1492. It is in this manner that we present our protest. Mr. Judge and Mr. Lawyer, the…
p. 307
02Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Páginas 72, 912 citas
[2]communitarian motto “I am because others are.” 2 Manuel Zapata Olivella, El hombre colombiano (Cali: Universidad del Valle, 1974), 12. 3 This interview is part of a project on the life and work of Manuel Zapata Olivella that includes previous research that I have carried out such as “Pensamiento, mestizaje e…
p. 91
[4]theater, chronicle, novel, folk tales, poetry, and even scripts for radio and television, in addition to a beautiful autobiographical text called Levántate mulato (1990). His distinguished work is Changó... el gran putas (1983), a monumental and fundamental work about the African diaspora literature and libertarian…
p. 72
03Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2301 cita
[3]importantes comentarios sobre el trato a los extraños (en este caso, un hombre colombiano de piel oscura); Pasión vagabunda lleva al lector desde Bogotá hasta México a través de Centroamérica, y He visto la noche va desde México hasta la urbana Estados Unidos de los cincuenta. Sus obras tienen gran importancia…
p. 230
04Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 2191 cita
[5]te necesito. Vengo por ti. Quiero sacarte de esta porquería. Nos iremos a vivir a Manga donde nunca sepamos nada de Chambacú. Ahora soy sargento. Sé que no es mucho dinero, pero en secreto te digo que me han prometido mu- chos dólares. Viviremos decentemente. Te compraré vestidos, radio… y podría ser que hasta un…
p. 219
05The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 2461 cita
[6]to one grounded in pluralism and multiculturalism has not come close to settling the issue of Afro-Colombian visibility. As Peter Wade and Elisa- beth Cunin note—echoing arguments made by Colombia’s writers and activists of color since the 1940s—the shift from mestizaje to multicul- turalism has produced less rupture…
p. 246
06Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · Páginas 434, 4472 citas
[7]su iniciación profesional. Los estudios de Guillermo Abadía (1970) y los del antropólogo Rogerio Velásquez permanecieron más bien como fuentes de consulta universitaria, aunque las opiniones de Abadía desde 1962 se han proyectado a nivel radial. Pero fueron los trabajos de Manuel Zapata Olivella y Delia Zapata…
p. 434
[8]Cromos (septiembre 13, 1947) -donde escribía con el seudónimo de Manuel Karabalí- “creyó llegado el momento de rectificar la conducta de historiadores, científicos y literatos ante sus bisabuelos”. Hacían hincapié en “la necesidad de adelantar estudios sobre el negro en la misma forma que se venía haciendo con el…
p. 447
07Rites, Rights & Rhythms: A Genealogy of Musical Meaning in Colombia's Black PacificMichael Birenbaum Quintero · 2019 · Páginas 208, 2112 citas
[9]clarinet [as in the capital of Chocó]; it was with flutes made from reeds [in the rural style, today practically extinct], that was the late Venté Murillo... [AC:] He was Chocoano because in the group there were members from Guapi, from Tumaco, from Buenaventura and from Chocó, and so the Chocoanos taught their…
p. 211
[10]Brazil, Argentina, Chile, and Colombia, and perhaps France, Spain, and North Africa as well during a 1951– 1953 tour. Crucially, it was during the South American tour that Dunham premiered her only overtly political, antiracist work. Set in the antebellum United States, Southland was a dance- drama that graphi - cally…
p. 208
08Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 781 cita
[11]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
09Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 2071 cita
[12]la época, situación que dificultará la reproducción histórica de las colec- tividades políticas como se verá más adelante. Para muchos de los liberales que han luchado por años contra la dictadura y la violencia conservadora, no parece legítimo que se conceda el gobierno a una reconocida minoría. Estas contradicciones…
p. 207
10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 601 cita
[13]acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…
p. 60
11El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 852 citas
[14]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[15]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
12Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1191 cita
[16]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…
p. 119
13Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2471 cita
[17]doso, el de la paridad entre los dos partidos, y buscó afianzar el poder civil, restringiendo el que tenían las fuerzas militares. Contó con la oposición de sectores disidentes de ambos parti- dos: el Unionismo de Ospina Pérez y Alzate Avendaño y el Movimiento Revolucionario Li- beral (MRL) de Alfonso López Michelsen.…
p. 247
14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 601 cita
[18]Lleras Camargo (1958- 1962) sugería que el Frente Nacional inaugurado con su juramento significó el regreso al poder de los gobiernos civiles, pero no la conquista de la paz. Tras una década de desgarradora crueldad y cinco años de dictadura militar, la violencia política persistía –aunque en menor escala– por lo cual…
p. 60
15Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 4102 citas
[19]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
[20]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
16Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 2231 cita
[21]tenidos en cuenta gracias a la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc) y a que la reforma agraria recibió un gran impulso con el objetivo de entregar tierras a los campesinos. Otro asunto importante durante el gobierno de Lleras fue la reforma constitucional de 1968, pues, desde el inicio de…
p. 223
17Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 255, 3202 citas
[22]mé tod o aceptado para fijar la base de dicha renta. Bien recibida por la opi- nión pública, para los empresarios era el mal menor frente a la agi- 255 256 Mar co Palacios tación social a lr ed edor de la reform a agraria. Y log rar on desmon- tarla en la legislatura de 1979. La mecánica política del FN Bajo el FN la…
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[26]veredas y pueblos de la cordillera Central, a cargo de los mucha- chos de cananas en bandolera, dueños de vidas y haciendas. El sen- timiento popular también se expresaba en tristísimos y fatalistas pasillos ecuatorianos y valses peruanos. Los pasodobles cantados hallaron nicho en las clases medias que, en sus…
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18Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · Página 521 cita
[23]governing practice that circumscribed black social life and interiority.” It “inscribed the juridico-political status of the enslaved and governed their movement, treatment, and life within the order. Suffering social death and gross alienation upon arrival, deracinated 60 Roberto Burgos Cantor, ed., Rutas de…
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19Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Páginas 151, 1542 citas
[24]cución se utiliza una tambora o bombo, un guache, una maraca y una caña de millo; es un aire básica- mente mulato y zambo, cuyo baile típico se danza con velas encendidas y usualmente no es cantada. El bullerengue y el chandé se interpretan con tambores y batir de palmas de las manos; a dife- rencia de la cumbia, sí…
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[27]de la zona andina Las tonadas y cantos mestizos de la zona andina o cordillerana son on- ce: bambuco, torbellino, guabina, rajaleña, sanjuanero, guaneña, bun- de tolimense, caña y cañabrava, vueltas antioqueñas y fandanguillo criollo, pasillo y danza criolla. El de mayor dispersión es el bam- buco, que cubre trece…
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20Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 3101 cita
[25]en la segunda mitad del siglo XVI, en una situación de ex- pansión colonial y bajo el imperio del sistema esclavista, no les fuera posible a los africanos venidos a América con- servar sus creencias y tradiciones de una manera integral. Máscara y danza ritual desaparecen casi por completo de la cultura negra…
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21Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · Página 411 cita
[28]of cumbia, the Mompox area. Between the sixteenth and eighteenth centuries, many palenques, vil- lages formed by fugitive slaves (cimarrones) during the colonial period, sprang up in this area.8 In fact, from the organological point of view, the line- up of coastal conjuntos consists of drums that make up the tambora,…
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