Lucio Pabón Núñez
La Violencia
La biografía
Lucio Pabón Núñez fue el civil que dio forma administrativa a la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla. Nortesantandereano, doctor en derecho, conservador de doctrina y militante desde muy joven, ocupó tres carteras decisivas —Educación bajo Roberto Urdaneta Arbeláez, Guerra en las horas finales del laureanismo y Gobierno durante casi la totalidad del régimen militar—, y llegó a asumir también la de Relaciones Exteriores. Entre 1953 y 1957 fue el ingeniero de la política interior del rojismo: el hombre que gestionó la amnistía a los guerrilleros liberales, sostuvo la represión al campesinado agrario del Sumapaz, filtró las quejas de Washington sobre las misiones protestantes y diseñó, en los últimos meses, la trampa constituyente que pretendía reelegir al general hasta 1962. Su figura es la bisagra entre el conservatismo hispanista-anticomunista de los años cuarenta y la dictadura militar que lo prolongó con otros medios; sin él, el rostro civil del rojismo sería ilegible.
Línea de vida
- 1951
Ministro de Educación bajo Urdaneta Arbeláez
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Asumió la cartera de Educación durante el gobierno encargado de Roberto Urdaneta Arbeláez. Bajo su gestión se ejecutó una purga total de maestros y funcionarios liberales en el gobierno central, rehaciendo el magisterio a imagen del conservatismo militante, con depuraciones menos generalizadas pero presentes en el nivel departamental y municipal.
- 1953
Transición de Guerra a Gobierno en el golpe del 13 de junio
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Era ministro de Guerra cuando Laureano Gómez intentó destituir a Rojas Pinilla y nombrar a Régulo Gaitán en su lugar. Jorge Leyva, designado nuevo ministro de Guerra por Gómez, fue detenido en el Batallón Caldas. Entre el 13 y el 14 de junio, Pabón Núñez pasó de la cartera de Guerra a la de Gobierno, convirtiéndose en el rostro civil del nuevo régimen con respaldo del sector ospinista del conservatismo.
- 1953
Gestión de la amnistía a guerrilleros liberales
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Como ministro de Gobierno administró la oferta de garantías a quienes depusieran las armas. Entre julio y septiembre de 1953, más de diez mil guerrilleros aceptaron los términos ofrecidos, logrando una pacificación inicial significativa, aunque la letra menuda de la amnistía no garantizó la restitución de tierras ni detuvo la violencia de los 'pájaros' en zonas cafeteras.
- 1954
Acto Legislativo No. 6: ilegalización del comunismo
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Bajo su responsabilidad ministerial se impulsó el Acto Legislativo No. 6 de 1954, que consagró la ilegalización del comunismo en Colombia. La medida tradujo al derecho colombiano el clima anticomunista global del macartismo y dotó al régimen del marco jurídico para tratar a las autodefensas agrarias del Sumapaz como enemigos internos al servicio de una conspiración internacional.
- 1954
Represión a manifestantes universitarios en Bogotá
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El 8 y 9 de junio de 1954, el Ejército mató a trece manifestantes universitarios en Bogotá, entre ellos Uriel Gutiérrez. Pabón Núñez era el ministro de Gobierno responsable del orden público en la capital, y el hecho marcó el primer signo visible del viraje represivo del régimen contra sus críticos urbanos.
- 1955
Ofensiva militar contra Villarrica y Sumapaz
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El 4 de abril de 1955, Rojas Pinilla ordenó el ataque militar a Sumapaz, declarada Zona de Operaciones Militares. La operación combinó bombardeos aéreos, desplazamiento forzado y persecución de núcleos armados campesinos bajo influencia del Partido Comunista. Pabón Núñez fue el responsable político civil de la ofensiva, cuyo marco legal habilitante era el Acto Legislativo No. 6 que él había impulsado.
- 1956
Filtro diplomático entre Rojas y Washington sobre misiones protestantes
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Actuó como intermediario que aislaba a Rojas de las presiones estadounidenses sobre el trato a misioneros protestantes. Washington registró más de cincuenta quejas formales en 1956. Cuando el embajador Philip W. Bonsal discutió el problema con Rojas en abril de 1956, encontró al general llamativamente poco familiarizado con la posición de Washington, evidenciando el papel de Pabón Núñez como filtro informativo.
- 1957
Participación en la trampa constituyente del rojismo
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En los meses finales del régimen, estuvo vinculado al diseño del mecanismo de la ANAC que buscaba reelegir a Rojas para el período 1958-1962 mediante una nueva Asamblea Constituyente cuyos delegados serían todos afines al gobierno. El pacto bipartidista entre Lleras y Ospina (marzo de 1957) y la presión de gremios, prensa e intelectuales derrumbaron el proyecto y el régimen cayó en mayo de 1957.
Semblanza de un operador con doctrina
Pabón Núñez no fue un tecnócrata neutral llevado al poder por accidente, ni un ideólogo que escribiera tratados desde la penumbra. Fue las dos cosas a medias, y de ahí su eficacia. Doctor en derecho, catedrático de mercantil y de economía política, había hecho la carrera política ordinaria del conservatismo colombiano: militancia temprana, ascenso por escaños partidistas, cercanía con Mariano Ospina Pérez —hay fotografías que lo muestran conversando con el expresidente durante su paso por Educación— y disposición para servir en las carteras que el partido necesitara ocupar.
Lo que lo distingue de otros ministros del período no es un cuerpo doctrinal firmado sino una posición estructural: fue el conservador civil que estuvo en el gabinete el día del golpe, el que cambió de la cartera de Guerra a la de Gobierno en menos de veinticuatro horas, y el que permaneció en el centro de la máquina ministerial mientras Rojas ensayaba populismos y rupturas con su propio partido. Esa continuidad —del laureanismo tardío al ospinismo golpista y de allí a la dictablanda— lo convierte en el hilo civil que atraviesa el momento más denso de La Violencia bipartidista, entre 1952 y 1957, cuando el país acumulaba una cifra de muertos que las estimaciones ubican entre cincuenta y siete mil y más de doscientos mil, con epicentros en Tolima, Valle, Antioquia y Caldas.
Ninguna doctrina firmada; sí una obra hecha de decretos, purgas, amnistías con letra menuda, ataques militares contra veredas y maniobras de asamblea. Retratarlo exige leer esa obra como se lee la de cualquier político de largo aliento: por sus actos fechados.
Los orígenes: derecho, cátedra y militancia conservadora
De la formación de Pabón Núñez interesa menos la trayectoria académica que su significado político. Se doctoró en derecho y ejerció desde temprano las cátedras de mercantil y economía política, lo que lo situó en el segmento del conservatismo con credenciales universitarias: el que podía discutir de códigos y de balanzas de pagos, no solo de púlpito y patria. La militancia partidista la inició muy joven, en un partido que a finales de los años cuarenta se había radicalizado bajo la conducción de Laureano Gómez y bajo la sombra doctrinal del hispanismo, el corporativismo y una lectura militante del anticomunismo católico.
Esa formación explica el tipo de conservador que fue: legalista en las formas, dispuesto a construir estados de sitio y actos legislativos antes que a improvisar, pero también un hombre para el cual la ley era instrumento y no límite. Cuando el país entró en el turbulento cuatrienio 1950-1954 —con Ospina y Laureano disputándose el partido, con Roberto Urdaneta Arbeláez ejerciendo la presidencia por la enfermedad de Gómez, y con la guerra civil no declarada devorando el campo—, Pabón Núñez estaba ya preparado para ocupar cualquier cartera que la coyuntura pidiera.
Educación bajo Urdaneta: la purga del magisterio
Su primera cartera de peso fue Educación, bajo el gobierno de Roberto Urdaneta Arbeláez, presidente encargado desde noviembre de 1951 tras el retiro de Laureano Gómez por razones de salud. El período coincidió con la fase más aguda de la sectarización del Estado colombiano: bajo el estado de sitio decretado en 1949 y mantenido durante toda la presidencia de Gómez, las libertades civiles estaban restringidas y la depuración de la administración pública se ejecutaba de manera sistemática.
Durante la gestión de Pabón Núñez, la purga de maestros y funcionarios de la educación fue total en el gobierno central y menos generalizada —aunque presente— en el nivel departamental y municipal. La distinción no es menor: el ministerio limpiaba de raíz su propio aparato y dejaba en manos de las autoridades regionales el trabajo fino, con lo cual la persecución adquiría un carácter descentralizado que dificultaba fijar responsabilidades individuales. Miles de docentes liberales perdieron su empleo o fueron trasladados a zonas donde su seguridad no estaba garantizada. El magisterio quedó rehecho a imagen del conservatismo militante, y esa reconfiguración —más que cualquier reforma pedagógica— fue el legado inmediato del paso de Pabón Núñez por la cartera.
No hay una circular firmada por él que ordene la purga en esos términos, pero la responsabilidad ministerial es política antes que documental: bajo su gestión ocurrió, y él la administró. La escuela, para el conservatismo de la época, no era un espacio neutro sino el frente ideológico donde se disputaba el alma de la nación contra el liberalismo y contra el comunismo. Pabón Núñez ejerció ese principio.
El 13 de junio de 1953: de ministro de Guerra a ministro de Gobierno
El desenlace de la crisis interna del conservatismo lo encontró en la cartera de Guerra. La noche del 12 al 13 de junio de 1953, Laureano Gómez —desde su reasunción de la presidencia— intentó destituir al general Rojas Pinilla, comandante de las Fuerzas Militares, y reemplazarlo por el teniente general Régulo Gaitán. Jorge Leyva, designado por Gómez como nuevo ministro de Guerra, se presentó en el Batallón Caldas acompañado de cuatro oficiales para reclamar el cargo. Allí fue detenido, junto con Gaitán. Rojas, que había pasado esos días en su casa campestre de Melgar, viajó a Bogotá y encontró a sus dos rivales bajo custodia militar. Roberto Urdaneta, presidente encargado, no encabezó el movimiento; enfermo y renuente al enfrentamiento, había permitido que Gómez reasumiera el poder y, tras la salida del Palacio del jefe conservador, reunió a los ministros a esperar el desenlace.
Pabón Núñez era, en ese gabinete, el ministro de Guerra. La cartera lo situaba en el eje del conflicto: mantener la lealtad institucional a Gómez habría implicado enfrentarse a Rojas y a la casi totalidad del alto mando; alinearse con el golpe le abría la posibilidad de continuar en el poder bajo otra bandera. Optó por lo segundo, con la anuencia del sector ospinista del conservatismo, que respaldó abiertamente el movimiento militar. Entre el 13 y el 14 de junio pasó de la cartera de Guerra a la de Gobierno, una transición que no fue un ascenso menor sino la señal política de que el nuevo régimen no rompería con el conservatismo sino que sería administrado, en su rostro civil, por el ala que Ospina Pérez había cultivado durante años.
El golpe contó con el respaldo del ospinismo y de un amplio sector de las Fuerzas Armadas. La imagen que después se difundió —un país entero aliviado, con el clero, la prensa y el liberalismo aclamando al general— es exageración retrospectiva; el respaldo real en las primeras semanas fue más estrecho y más partidista. Pabón Núñez encarnaba precisamente esa estrechez: no era el ministro de una unión nacional sino el operador civil del sector conservador que había pactado con los militares el reemplazo de Gómez.
Gobierno bajo Rojas: amnistía, contrafuego y Sumapaz
Como ministro de Gobierno, Pabón Núñez tuvo a su cargo la política interior en el sentido más amplio: orden público, relaciones con los partidos, gobernaciones, prensa y culto. La primera decisión mayor del régimen en esa dimensión fue la oferta de garantías a quienes depusieran las armas, extendida en las semanas siguientes al golpe. Entre julio y septiembre de 1953, más de diez mil guerrilleros —en su mayoría liberales de los Llanos Orientales y de zonas de Antioquia y Tolima— aceptaron los términos ofrecidos. Fue el momento de mayor legitimidad del régimen: la pacificación pareció, por unos meses, alcanzable.
La letra menuda de esa amnistía, sin embargo, contenía su propia derrota. Las tierras que los guerrilleros habían dejado atrás durante los años de la persecución conservadora quedaron en otras manos, sin garantías reales de restitución, y la violencia de los pájaros —los asesinos a sueldo del conservatismo rural— continuó operando en zonas cafeteras del Valle, Caldas y el norte del Tolima. Muchos exguerrilleros interpretaron la amnistía como un engaño. Grupos como el de Teófilo Rojas, alias Chispas, se reagruparon en el Tolima y el Quindío; en el Sumapaz y el oriente del Tolima, las autodefensas campesinas de raíz agrarista y con presencia del Partido Comunista mantuvieron sus estructuras.
Ante ese rebrote, el régimen —y Pabón Núñez como su ministro político— respondió con dos movimientos. El primero, administrativo: designar gobernadores militares en las zonas más comprometidas, entre ellos el coronel Cuéllar Velandia en el Tolima, con el mandato de perseguir y acorralar a los grupos que no habían aceptado la amnistía o que la habían roto. El segundo, jurídico e ideológico: el Acto Legislativo No. 6 de 1954, que consagró la ilegalización del comunismo en Colombia. La medida traducía al derecho colombiano el clima anticomunista global del momento —el macartismo estadounidense estaba en su apogeo— y dotaba al régimen de un marco para tratar a las autodefensas agrarias comunistas del Sumapaz no como opositores políticos ni como campesinos alzados por la reforma agraria, sino como enemigos internos al servicio de una conspiración internacional.
El 8 y 9 de junio de 1954, el Ejército mató a trece manifestantes universitarios en Bogotá, entre ellos Uriel Gutiérrez. Fue el primer signo visible de un viraje represivo del régimen contra sus críticos y opositores urbanos, apenas un año después del golpe recibido como restaurador de la paz. El ministro de Gobierno era la autoridad política responsable del orden público en la capital.
El punto de no retorno llegó el 4 de abril de 1955, cuando Rojas Pinilla ordenó el ataque militar a Sumapaz, declarada Zona de Operaciones Militares, y desató la ofensiva contra Villarrica y las veredas de autodefensa campesina que operaban bajo la influencia del Partido Comunista y la conducción local de figuras como Juan de la Cruz Varela. La operación combinó bombardeos aéreos, desplazamiento forzado de la población y persecución sistemática de los núcleos armados, que se replegaron hacia el sur del Tolima y el oriente huilense en las llamadas columnas de marcha que años después darían origen a las guerrillas comunistas de los sesenta. Gonzalo Sánchez ha señalado con exactitud que el régimen rojista no fue una tregua en La Violencia sino otro capítulo de ella: el capítulo militar, con Fuerza Aérea y decretos de estado de sitio, contra el campesinado agrario del centro del país.
Pabón Núñez no fue el estratega militar de esa ofensiva, pero fue su ministro de Gobierno mientras se ejecutaba, su responsable político frente al país, y el redactor —o cuando menos el firmante— del marco legal que la habilitaba. La ilegalización del comunismo por Acto Legislativo no era un adorno doctrinal; era el instrumento que permitía tratar a Villarrica como frente de guerra y no como problema social.
La cuestión religiosa: filtro entre Rojas y Washington
Simultáneamente a la represión agraria, Pabón Núñez administró otro conflicto que marcó el aislamiento diplomático del régimen: el trato a las misiones protestantes extranjeras. Colombia venía, desde los años de Laureano Gómez, aplicando restricciones severas a la actividad protestante, en línea con el hispanismo católico dominante en el conservatismo y con la doctrina del estado confesional pactada en el Concordato. Bajo el rojismo, esas restricciones no se relajaron; en muchas regiones se agravaron con hostigamientos, cierre de escuelas protestantes y agresiones a misioneros.
El asunto se volvió problema internacional cuando la administración Eisenhower —dispuesta en general a trabajar con líderes no democráticos aliados en la Guerra Fría— comenzó a presionar por vía diplomática. Solo en 1956, Washington registró más de cincuenta quejas formales sobre el trato a misioneros extranjeros en Colombia. En marzo de ese año, el embajador colombiano en Washington admitía, en un giro revelador, que reinaban condiciones especiales en países como Colombia y España —hostiles a los intereses protestantes—; en abril, el embajador Urrutia Holguín aseguraba a funcionarios estadounidenses que Bogotá al menos descartaría la línea protestante-comunista, ese argumento común según el cual las misiones eran vehículos de subversión.
En el centro de esa maraña estaba Pabón Núñez. Cuando el embajador estadounidense Philip W. Bonsal discutió el problema directamente con Rojas Pinilla en abril de 1956, encontró al general llamativamente poco familiarizado con la posición de Washington. La observación es política antes que anecdótica: significa que la información diplomática relevante no estaba llegando al presidente. El filtro más plausible era el ministro de Gobierno, encargado precisamente de las relaciones con el culto y de la gestión de las presiones externas sobre el orden interno. Pabón Núñez actuó, en la práctica, como intermediario que aislaba al general de las preocupaciones estadounidenses, permitiéndole al régimen mantener su política sin costo político interno inmediato —el conservatismo católico de base la aplaudía— y proyectando hacia afuera la ficción de un desconocimiento presidencial.
Las gestiones diplomáticas de Eisenhower tuvieron escaso efecto: el régimen no revirtió su política hacia las misiones. Y ese escaso efecto es, indirectamente, la medida del éxito de Pabón Núñez como operador. Un ministro menos hábil habría dejado que Washington llegara al escritorio del general; él consiguió que las quejas se estrellaran contra su propia oficina.
La red: conservatismo, iglesia, ejército
La eficacia de Pabón Núñez no se explica sin la red en que se movía. Del lado partidista, su base fue el sector ospinista del conservatismo, el que había pactado el golpe de junio de 1953 con Rojas. Mariano Ospina Pérez fue durante los primeros años del régimen un aliado incómodo pero funcional, hasta que las pretensiones continuistas del general lo empujaron a la oposición. Del lado del laureanismo, Pabón Núñez había roto de hecho al aceptar la cartera de Gobierno bajo Rojas, y esa ruptura marcó su relación posterior con el ala más doctrinaria del partido.
Del lado militar, sirvió al general Rojas Pinilla y trabajó con jefes castrenses como Gabriel París —que en enero de 1957 daría a conocer la decisión irrevocable de las Fuerzas Armadas de mantener a Rojas hasta 1962— y con los gobernadores militares de zonas en conflicto. Del lado eclesiástico, se benefició de la posición del alto clero, que durante los primeros años respaldó al régimen como restaurador del orden católico frente al riesgo comunista, aunque hacia el final de la dictadura ese respaldo se agrietaría, como probaría la carta del cardenal Crisanto Luque contra la reelección, redactada en los meses finales pero dada a conocer solo tras la caída.
Frente a esa red interna, la oposición fue tejiéndose entre 1955 y 1957 en dos frentes convergentes. Alberto Lleras Camargo, jefe del liberalismo, y Laureano Gómez desde su exilio en España firmaron la Declaración de Benidorm el 26 de julio de 1956, y luego el Pacto de Sitges en 1957, que sentaron las bases del Frente Nacional: alternancia presidencial cada cuatro años y reparto igualitario del poder entre liberales y conservadores durante los siguientes cuatro períodos electorales. Ese acuerdo bipartidista, coronado en marzo de 1957 con un pacto entre Lleras y Ospina contra la reelección de Rojas, dejó al régimen —y a su ministro de Gobierno— aislado frente a la totalidad de la clase política civil.
La trampa constituyente de 1957
El último acto de Pabón Núñez en el poder fue el más audaz y el que precipitó la caída. Ante la evidencia de que el régimen carecía de apoyo popular amplio —contaba solo con burocracias militares y civiles, funcionarios conservadores y unos pocos políticos de tendencia socialista, habiendo perdido a los gremios empresariales, la prensa, los intelectuales y las jefaturas partidistas—, la maniobra de continuidad tenía que ser institucional.
La Asamblea Nacional Constituyente, la ANAC —heredada del gomismo y reconfigurada por el rojismo—, se reunió en marzo de 1957. Ospina Pérez, que se había retirado el 29 de enero junto con Alberto Lleras para protestar contra la declaración del general París, ya no estaba dentro. Sin esa oposición, la ANAC decretó su propia disolución y su reemplazo por una nueva Asamblea Constituyente de 90 miembros: un tercio nombrados directamente por el presidente y los otros 60 por juntas locales escogidas por la misma ANAC que se cerraba. El mecanismo garantizaba que todos los delegados fueran afines al gobierno. El objetivo declarado: reelegir a Rojas para el período presidencial 1958-1962.
Era una obra de ingeniería institucional pura, y Pabón Núñez, ministro de Gobierno y experto en derecho, fue una de sus mentes centrales. La trampa consistía en producir una asamblea a la medida y hacerla pasar por expresión constituyente originaria. El país no la aceptó. El pacto bipartidista del 20 de marzo, la carta del cardenal Luque, el retiro del respaldo empresarial y las movilizaciones estudiantiles de mayo confluyeron en la caída del régimen el 10 de mayo de 1957. Las Fuerzas Armadas retiraron su respaldo y Rojas entregó el poder a una Junta Militar de transición que gobernaría hasta la instalación del Frente Nacional. Pabón Núñez salió del gabinete con el régimen.
Huella e interpretación
La trayectoria de Pabón Núñez después de mayo de 1957 se opaca. Los meses que siguieron a la caída del régimen incluyeron para varios de sus ministros el exilio o el retiro discreto de la escena pública, en un país que rápidamente construyó, bajo el Frente Nacional, una narrativa según la cual el rojismo había sido un paréntesis anómalo y no una prolongación del propio conservatismo. Esa narrativa favoreció el olvido selectivo. Pabón Núñez, que había sido el rostro civil de la dictadura, quedó reducido en la memoria pública a una silueta de gabinete, sin la centralidad que su gestión efectivamente tuvo.
Ninguna doctrina firmada le sobrevive como cuerpo. No hay un pabonismo comparable al laureanismo o al ospinismo; no hay una obra teórica que lo sitúe entre los ideólogos del conservatismo. Su huella es institucional: los actos que administró, los decretos que firmó, las decisiones de orden público que sostuvo. Y esa huella tiene tres capas.
La primera es la del magisterio purgado bajo Urdaneta, una operación silenciosa que reconfiguró la escuela colombiana y cuyos efectos —de largo plazo, difíciles de contabilizar— pesaron sobre la formación de al menos una generación de docentes y estudiantes.
La segunda es la del Acto Legislativo No. 6 de 1954 y la campaña contra el Sumapaz. La ilegalización del comunismo no fue un gesto simbólico: fue el marco jurídico bajo el cual el Estado colombiano trató a las autodefensas agrarias comunistas como enemigos de guerra, habilitó la ofensiva de Villarrica en abril de 1955 y contribuyó al desplazamiento de núcleos campesinos hacia zonas de refugio donde, años después, se organizarían las primeras guerrillas de las FARC. La conexión no es mecánica —muchos factores intervinieron entre 1955 y 1964—, pero la línea existe, y Pabón Núñez es uno de sus autores institucionales. Al articular el macartismo global con la tradición hispanista-anticomunista del conservatismo colombiano, dio al régimen un lenguaje jurídico e ideológico que criminalizaba la protesta agraria comunista y desarmaba, de paso, cualquier lectura del conflicto en clave de reforma social.
La tercera es la de la maniobra constituyente de 1957: un intento fallido pero instructivo de perpetuación institucional que dejó como lección, para la clase política civil, que la vía de las Fuerzas Armadas al poder era demasiado costosa. El Frente Nacional se construyó, en parte, contra el recuerdo de esa trampa.
Queda el problema de cómo leerlo. La tentación de convertirlo en cerebro ideológico del rojismo choca con la ausencia de una producción doctrinal propia y sistemática; la tentación inversa —presentarlo como mero gestor sin peso— choca con la evidencia de su centralidad efectiva en cada momento decisivo del régimen. La lectura más honesta lo sitúa entre las dos: fue un operador político-institucional de primer orden cuya eficacia residió precisamente en la opacidad. No firmó un cuerpo doctrinal, pero ejecutó la doctrina del conservatismo de orden en las circunstancias específicas de una dictadura militar; no diseñó la represión de Sumapaz en un despacho, pero le dio el marco legal e ideológico que la volvió administrativamente posible; no gobernó como Rojas, pero sin él Rojas no habría podido gobernar como lo hizo.
Su figura es síntoma de una cultura política —el conservatismo hispanista, católico y anticomunista de la Colombia de mediados del siglo XX— antes que agencia individual determinante, y por eso mismo su biografía importa: leerlo bien es leer la manera en que una tradición partidista se acomodó a la dictadura militar sin sentir que rompía con nada esencial. La dictablanda tuvo, en Lucio Pabón Núñez, su rostro civil menos ruidoso y más consecuente.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
17 documentos · 24 fragmentos01Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 1151 cita
[1]papel dirigente en la educación, no tenía los medios ni el personal docente necesarios para suplir las deficiencias del Estado. Lucio Pabón Núñez, ministro de Educación de Rafael Urdaneta Arbeláez, habla con el ex presidente Mariano Ospina Pérez. La purga de maestros y funcionarios de la educación fue total en el…
p. 115
02Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Página 2411 cita
[2]y Sa- lamanca. Se doctoró en derecho y desempeñó las cátedras de mercantil y economía política. Desde muy joven comenzó la actividad parti- dista conservadora. Fue concejal, diputado y congresista en varios períodos. También actuó como embajador en Perú y Argentina, ministro de Relaciones Exteriores, Guerra y…
p. 241
03Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Páginas 107, 1122 citas
[3]estaba con un uniforme liviano, de tierra caliente, y con una chompa de cuero color café, con la que había llegado de Melgar. ¿Cuáles fueron los cambios que se produjeron entre la mañana del 13 de junio y la mañana del 14? Arturo Abella los resume así: el general Gustavo Rojas Pinilla pasó de comandante de las Fuerzas…
p. 112
[6]dos soldados con fusiles ametralladoras, en seguida otros y detrás de ellos el general Rojas. En el campo se encontraban unos oficiales que habían salido a recibirlo. Con ellos se dirigió al Batallón de Ingenieros Caldas, situado en las cercanías, en Puente Aranda. Una vez en el batallón, Rojas se enteró de lo que…
p. 107
04Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 4931 cita
[4]la violencia contra el adversario. La confrontación durante estos años llegó a su climax, las estadísticas sobre muertes violentas, masacres políti- cas y éxodos, así lo permite observar. Ni siquiera el relevo en el mando presidencial de Roberto Urdaneta ante una enfermedad de Gómez, repercute en un cambio de am-…
p. 493
05Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Páginas 57, 662 citas
[5]un peligroso rival del presidente Laureano Gémez. Auge del sector ospinista Es evidente que, al aproximarse el 13 de junio de 1953, el sector ospinista se ha granjeado la so- lidaridad de un vasto sector de las Fuerzas Armadas contra el presidente Gémez. El grado de polariza- cién de los adversarios se acerca…
p. 57
[16]a la pre- sidencia de la Asamblea. 1957. Enero 27. El general Gabriel Paris da a conocer a la naci6n la «decisi6n irrevocable» de las Fuerzas Armadas de que Rojas siga en el poder hasta el afio 1962. Enero 29. Ospina Pérez se retira de la ANAC y junto con Alberto Lleras se pronuncia contra la de- claraci6n del general…
p. 66
06Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 224, 2302 citas
[7]ú n partido pol í tico [...] Paz, derecho, libertad, justicia para todos [...] y de manera especial para las clases menos favorecidas de la fortuna, para los obreros y menes terosos. La patria no puede vivir tranquila mientras tenga hijos con hambre o desnudos ”. En este momento la ret ó rica de la paz llegaba a los…
p. 224
[15]n. La anac, en la que hab í a una minor í a opositora fuerte, se reu ni ó en marzo de 1957 y busc ó dar todo el poder al rojismo. Para ello decret ó su disoluci ó n y su reemplazo por una nueva Asamblea Constituyente, de 90 miembros, la tercera parte de ellos nombrados por el presidente y los otros 60 por juntas…
p. 230
07Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Páginas 66, 78, 883 citas
[8]licize this policy, he sent air force planes over guerrilla strongholds in the Llanos, Antioquia, and Tolima to drop leaflets signed by his minister of war, General Alfredo Duarte Blum, announcing that Gómez had fallen and that the new gov- ernment would extend guarantees to all who wished to lay down their weapons.…
p. 66
[17]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
[24]social structure that had existed since colonial times. The large ranchers retained their position at the top of the social and economic scale while their workers were no better off than they had been before 1948. Even worse was the fact that the Colombian army, which in the beginning had been regarded as a force for…
p. 88
08Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 491 cita
[9]rojo sangre. “Tras ellos avanzaba un hombrecito encorvado que llevaba un casco de acero alemán de la Primera Guerra Mundial. Luego venían más de cien guerrilleros del grupo de Dumar Aljure, jefe insurgente de origen libanés. Ciento treinta y dos hombres en pingajos, con pantalones militares remendados y de todo color,…
p. 49
09Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · Página 1471 cita
[10]otras manos y sin ninguna garantía recibida pese a lo prometido por el gobierno (Uribe 1990 p. 62). Ante este descontento con los pactos incumplidos la delincuencia se vuelve a apoderar de los campos o zonas rurales y la crueldad reaparece. Los grupos armados vuelven a organizarse. Ante lo anterior el gobierno militar…
p. 147
10La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 4881 cita
[11]acierto y de paz: "No más depredaciones, no más sangre", fueron palabras que esperanzaron a los colombianos. Veinticuatro horas más tarde la Asamblea Nacional Constituyente legalizó el nuevo régimen mediante el Acto Legislativo N° 1 de 1953: "Es legítimo el título del actual presidente de la república, teniente…
p. 488
11Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 1981 cita
[12]político, como se suponía que debía ser en un país de arraigadas tradiciones gamonales. UN PASO ADELANTE… MUCHOS PASOS ATRÁS Numerosos hechos iban en contravía de la anhelada pacificación nacional. Algunos eran imputables al propio gobierno o a sus agentes, otros hacían parte de las estrategias partidistas de…
p. 198
12Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Páginas 173, 1762 citas
[13]Indeed, Washington registered more than fifty com- plaints about the treatment of foreign missionaries in Colombia during 1956 alone. In March 1956 the Colombian ambassador admitted that “special conditions reign[ed] in countries like Colombia and Spain,” which were hostile to Protestant interests.50 Nevertheless, in…
p. 176
[14]Rojas invoked Catholic religious and social doctrine to inspire unity. Honoring the legacy of Simón Bolívar, the military government also extolled the ideas of “loyalty, honesty, modesty, strength, and moderation.”31 Together, these virtues would help Colombia move beyond la Violencia, toward some higher, albeit…
p. 173
13El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 1021 cita
[18]la ingobernabilidad. Pero, por otro lado, Rojas siguió con el proyecto constituyente autoritario que había ya inicia do Gómez, y que en esencia excluía al Partido Liberal. A medida que las críticas contra su gobierno fueron arreciando se lanzó a una represión abierta, aunque no muy sistemática, que incluía cierres…
p. 102
14No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 721 cita
[19]el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…
p. 72
15Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · Página 3041 cita
[20]sitio, bajo el cual se restringía una gran cantidad de liber tades civiles, se mantuvo desde 1949 y luego durante toda la presidencia de Laureano Gómez, elegido ante la ausencia liberal en las elecciones. Con la 3 0 2 P o l ít ic a a g r a r ia y c o n f l ic t o s d u r a n t e l a V io l e n c ia posesión de…
p. 304
16Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 3962 citas
[21]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…
p. 396
[22]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…
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17Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 2321 cita
[23]view the amnesty as a ploy of the government. The partisan violence soon regained its dynamic of past years. Former guerrillas, such as Teófilo Rojas ("Chispas"), found it easy to recruit new fighters and to convince old comrades that peace was an illusion and that they had to rearm. In Quindío the coffee growers and…
p. 232