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Ensayo · Estados Unidos de Colombia · 1863–1885

El Decreto Orgánico de Instrucción Pública de 1870

En 1870 el gobierno radical de Eustorgio Salgar promulgó la reforma educativa más ambiciosa del siglo XIX colombiano: enseñanza primaria obligatoria, laica y nacional. Seis años después estalló la guerra civil de 1876-1877 y en 1886 la Constitución devolvió la educación a la Iglesia. La pregunta es por qué fracasó y qué revela ese fracaso sobre los límites del liberalismo en una sociedad católica de masas.

14 min de lectura2.869 palabras35 documentos55 fragmentos
El Decreto Orgánico de Instrucción Pública de 1870
Actualizado 23 de julio de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El fracaso del Decreto Orgánico de 1870 fue el resultado de la convergencia de tres debilidades estructurales que la guerra de 1876-1877 no creó pero sí explotó hasta volver el retroceso irreversible. Primero, el federalismo de la Constitución de 1863 había vaciado al gobierno central de los recursos y la coerción necesarios para imponer una reforma nacional uniforme. Segundo, la élite radical concibió la reforma para reproducir un cuerpo docente letrado y leal, no para escolarizar masivamente a la población rural, como evidencia que en 1912 más del 80% de los colombianos seguía siendo analfabeto. Tercero, los radicales confundieron la separación jurídica de la Iglesia con su ausencia social, subestimando la capacidad del clero ultramontano —ya movilizado por el Syllabus de 1864— para convertir la neutralidad religiosa en el aula en detonante de una guerra cuyo costo equivalió al 118% del presupuesto nacional de 1878.

La tensión

La historiografía oscila entre cuatro interpretaciones en tensión. La tesis de la ceguera política sostiene que los radicales desencadenaron una contrarrevolución previsible al imponer maestros protestantes alemanes y neutralidad religiosa en una república de feligresía abrumadoramente católica, sembrando así las semillas de la Regeneración. La tesis del fracaso fiscal y de élite argumenta que la reforma fue derrotada menos por la guerra que por la incapacidad o falta de voluntad de las élites para costear la escolarización popular: la prioridad real fueron las escuelas normales y la misión alemana, no las aulas rurales, y la declaración de Aníbal Galindo —que la universidad debía formar liberales mientras el liberalismo gobernara— revela que el proyecto era de reproducción letrada, no de democratización. La tesis estructural señala que ningún Estado con rentas exiguas y aparato administrativo precario podía desafiar a la única institución nacional realmente existente, y que el caso antioqueño —mayor crecimiento escolar del período bajo un gobierno conservador que rechazó el Decreto— demuestra que la sociedad católica podía escolarizarse rápidamente siempre que la escuela fuera católica, lo que relativiza la incompatibilidad absoluta. Finalmente, la tesis de la movilización clerical subraya que el error radical no fue subestimar a la Iglesia como institución sino su poder moral específico: el púlpito ultramontano movilizó en 1876 lo que las urnas nunca habían dado a los conservadores desde 1863, convirtiendo la reforma en el detonante de su propia destrucción.

Temas
Federalismo radical y Constitución de 1863Regeneración y Constitución de 1886Relaciones Iglesia-Estado en el siglo XIX colombianoMisión pedagógica alemana y métodos pestalozzianosGuerra civil de 1876-1877Concordato de 1887Analfabetismo y escolarización en Colombia decimonónica
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Ensayo completo

La lectura

El 1 de noviembre de 1870, el gobierno de Eustorgio Salgar promulgó el Decreto Orgánico de Instrucción Pública, la empresa educativa más ambiciosa intentada en el siglo XIX colombiano: enseñanza primaria obligatoria, neutralidad religiosa, sistema nacional supervisado desde Bogotá, escuelas normales en cada estado dirigidas por una misión de pedagogos alemanes formados en Pestalozzi. Seis años después estallaría la guerra civil de 1876-1877, cuyo costo, según el propio Secretario del Tesoro, equivaldría al 118% del presupuesto nacional aprobado para 1878. Diez años más tarde, la Constitución de 1886 devolvería en su Artículo 41 la educación pública al control de la Iglesia católica, y el Concordato de 1887 sellaría la reversión. Entre esas tres fechas se juega una pregunta que aún no ha terminado de responderse: por qué la reforma laica más ambiciosa del siglo terminó siendo también su fracaso más rotundo, y qué revela ese fracaso sobre los límites del proyecto liberal en una sociedad católica de masas.

Toda historia del siglo XIX colombiano tropieza, tarde o temprano, con el Decreto de 1870. No porque sea el más sonoro de los actos radicales —Mosquera había expropiado los bienes de manos muertas en 1861, López expulsado a los jesuitas en 1850— sino porque concentra en un solo texto la apuesta cultural del liberalismo radical: transformar a las masas mediante la escuela, sustraer la formación de la infancia al monopolio eclesiástico, construir ciudadanos donde había feligreses. La reforma prometía lo que el Estado colombiano nunca había prometido antes: una escuela pública, gratuita, obligatoria y laica en todo el territorio de los nueve estados soberanos.

Que ese programa haya durado escasamente una década y media importa porque su derrota no fue local ni menor. Con él naufragó la posibilidad de un Estado docente en Colombia. La Regeneración no solo restituyó a la Iglesia el control del aula: lo constitucionalizó, lo hizo intocable durante casi un siglo, y produjo una Iglesia poco preparada para el mundo pluralista precisamente porque no tuvo que competir por las almas que el Estado le entregaba. La pregunta por las causas del fracaso es la pregunta por qué tipo de secularización fue posible en Colombia, y por qué la que aquí se intentó terminó siendo excepcionalmente frágil frente a experiencias contemporáneas en México o Argentina.

El Decreto puede leerse, en primer lugar, como un acto de ceguera política. Los radicales —Salgar en la presidencia, Felipe Zapata en la Secretaría del Interior, Dámaso Zapata en la conducción efectiva de la reforma, Enrique Cortés, Eustacio Santamaría, Manuel María Mallarino entre los promotores— gobernaron como si la Iglesia católica no fuera lo que era: la institución con más solidez financiera, mayor aceptación popular y presencia territorial más capilar del país. Contrataron pedagogos alemanes protestantes para formar a los maestros de una república de feligresía abrumadoramente católica. Impusieron neutralidad religiosa en el aula pocos años después de que Pío IX promulgara el Syllabus, que condenaba precisamente esa neutralidad. Y lo hicieron desde un gobierno central que la Constitución de 1863 había vaciado de recursos coercitivos. Era poner el dedo en la única llaga capaz de reunir contra el radicalismo a obispos, curas párrocos, hacendados conservadores y campesinos. La guerra de 1876 sería la consecuencia previsible; la Regeneración, la contrarrevolución largamente incubada.

Pero la imagen se puede invertir. No fue la Iglesia la que derrotó a la reforma: fueron los propios radicales, incapaces o poco dispuestos a costear lo que decían querer. La empresa era desproporcionada para los recursos económicos y humanos del país. El Decreto exigía escuelas en cada aldea, maestros formados en cada capital de estado, textos, edificios, salarios. La Constitución de 1863 había entregado los tributos a los estados y dejado al gobierno nacional funciones muy limitadas en educación y obras de comunicación. Se contrató una misión alemana costosa mientras la escuela rural se hundía en la deserción por trabajo infantil agrícola, distancias y pobreza. El esfuerzo se concentró en las escuelas normales —fábricas de un cuerpo docente letrado— antes que en las aulas donde vivía la mayoría analfabeta. Aníbal Galindo llegó a declarar que la universidad debía formar liberales mientras el liberalismo gobernara. Todo apunta a que la reforma fue, ante todo, un proyecto de reproducción del capital letrado de una élite, no de democratización efectiva. Que en 1912, más de treinta años después del apogeo radical, más del 80% de la población siguiera siendo analfabeta sugiere que la escuela nacional de masas nunca estuvo en el horizonte real de nadie.

Cabe también una explicación más pesimista y más estructural: ninguna reforma pedagógica podía, en el plazo de una década, revertir el desequilibrio que separaba al Estado colombiano de la Iglesia católica. Al inicio del período republicano, la Iglesia disponía de solidez financiera, aceptación popular y clero desplegado en todo el territorio; el Estado, de rentas exiguas, deudas externas y aparato administrativo precario. La laicización, en esas condiciones, no era una política sino un desafío frontal a la única institución nacional realmente existente. En México la Reforma juarista había pasado también por la guerra; en Argentina la Ley 1420 llegaría en 1884 sobre bases sociales distintas. La singularidad colombiana no sería el fracaso, sino la ingenuidad de haberlo intentado sin la clase media autosuficiente que en otras latitudes sostuvo el proyecto.

Y queda todavía una explicación más ajustada: el error radical no fue subestimar a la Iglesia como institución sino su capacidad específica de movilización de masas. Los radicales creían gobernar; ignoraban que el clero ultramontano —el que respondía al Syllabus de 1864, el que había desplazado a los eclesiásticos concordatarios de mediados de siglo— disponía de un poder moral que ningún decreto podía neutralizar. El púlpito, en 1876, movilizó lo que las urnas nunca les habían dado a los conservadores desde 1863: un ejército campesino, guerrillas en casi todos los estados, la simpatía activa de los obispos del sur y occidente del país. Confundir mayoría electoral con hegemonía cultural fue el pecado técnico de una generación letrada que leía a Bentham y no a sus párrocos.

Las cifras del período, sin embargo, resisten cualquiera de esas explicaciones tomada por separado. La reforma sí funcionó, aunque parcialmente, y su interrupción fue política antes que estructural.

La matrícula elemental pasó de 21.937 estudiantes en 1852 a aproximadamente 60.000 en 1870, el año mismo del Decreto, y a 79.123 en 1.464 escuelas en 1876, con un incremento de 327 escuelas y 27.177 escolares respecto a 1872. La proporción de escolares sobre la población total pasó del 1,2% en 1835 al 3,0% hacia 1873. Para fines de 1872 existían escuelas normales masculinas y femeninas en todos los estados. La revista La Escuela Normal, órgano semanal de la reforma, sostuvo durante ocho años lo que fue el eje efectivo de la cultura pedagógica del país. En una década, la escolaridad casi se cuadruplicó respecto a la cifra de mediados de siglo.

Y sin embargo, esas mismas cifras admiten otra lectura. En 1881, con la reforma ya en repliegue pero antes de la ruptura constitucional, la matrícula era de 71.070 estudiantes excluyendo a Santander —cifra apenas superior a la de 1873-1874— en un país cuya población escolar potencial se contaba en centenares de miles. Las escuelas funcionaban principalmente en núcleos urbanos; la deserción rural era masiva. Y el dato de 1912 es implacable: más del 80% de analfabetismo casi medio siglo después del Decreto. La escuela de masas nunca existió; la que hubo fue una escuela urbana y una red de normales que producía maestros para un sistema que no alcanzaba a absorberlos.

El caso antioqueño rompe todos los esquemas. Antioquia fue el estado de mayor crecimiento educativo bajo el régimen radical, y lo fue bajo un gobierno conservador —el de Pedro Justo Berrío— que había rechazado el Decreto de 1870. Los establecimientos de enseñanza se convirtieron allí en monopolio conservador; quien permitía educación liberal a sus hijos era señalado como hereje desde el púlpito. Y sin embargo la escolarización creció más rápido allí que en los estados que aceptaron formalmente la reforma. El plan educativo antioqueño exigía a las familias enviar al menos un hijo a la escuela. El conflicto Iglesia-Estado fue atemperado por una religiosidad compartida entre conservadores y liberales locales. Que el mejor caso de expansión escolar del período haya ocurrido bajo el modelo opuesto al del Decreto Orgánico obliga a matizar la tesis de la incompatibilidad estructural: la sociedad católica podía escolarizarse rápidamente, siempre que la escuela fuera católica.

Sobre la ferocidad de la movilización clerical, la evidencia es nítida. Miguel Antonio Caro, desde El Tradicionalista, denunciaba que el Estado invadía con escándalo y violencia los derechos de la religión y la ciencia. La contratación de maestros protestantes alemanes fue tratada como prueba de que los futuros docentes deberían lealtad al régimen liberal que financió su formación —temor que, en boca de los conservadores, admitía a la vez el éxito del proyecto y la razón para destruirlo. La guerra de 1876 estalló en el Cauca y el Tolima, con operaciones en Antioquia y Santander. El componente sociorracial fue decisivo —tropas liberales predominantemente negras y mulatas, propietarios conservadores atacados, saqueo de Cali en la Nochebuena de 1876—, pero la causa articuladora, la que unificó guerrillas dispersas en un frente nacional, fue la antirreformista liderada por el clero. Los obispos de Popayán, Pasto, Antioquia y Medellín serían expulsados por el gobierno de Aquileo Parra durante el conflicto, y el gobierno del general Julián Trujillo, ya en la transición, levantaría esas sanciones como primer gesto de conciliación.

El costo de la guerra —118% del presupuesto nacional de 1878— dice dos cosas simultáneamente. Dice que el Estado radical carecía de músculo fiscal para sostener a la vez una guerra y una reforma; dice también que la reforma no fue derrotada por su propia inviabilidad, sino que fue interrumpida por un conflicto cuyo costo la volvió, retrospectivamente, insostenible. Aulas convertidas en cuarteles, libros de texto destruidos, clases suspendidas: la reforma no colapsó por debilidad interna en 1876, colapsó porque una guerra financiada al 118% del presupuesto se llevó por delante todo lo que hubiera podido financiarla.

El fracaso, entonces, se explica por la convergencia de tres debilidades estructurales que la guerra de 1876 no creó pero sí explotó hasta el punto de volver el retroceso irreversible.

Hubo un fracaso fiscal e institucional del federalismo radical. La Constitución de 1863 había vaciado al gobierno central de los recursos y la coerción necesarios para imponer una reforma nacional. Los estados soberanos determinaban sus tributos, adoptaban sus códigos, en ocasiones erigían aduanas internas. El gobierno nacional pretendía dirigir un sistema educativo uniforme sin tener siquiera un mecanismo legal para garantizar elecciones limpias en los estados. El Decreto Orgánico era, en rigor, la política de un gobierno que carecía de gobierno: una norma nacional en un régimen que había abolido lo nacional. Que el mayor éxito escolar del período ocurriera en Antioquia, un estado que rechazó el decreto, es la prueba invertida del argumento: la reforma prosperó allí donde una autoridad estatal tenía capacidad real de imponerla, aunque fuera contra el espíritu del texto.

Hubo también un fracaso de horizonte social. La élite radical concibió la reforma desde arriba y para reproducir un cuerpo letrado a su imagen. La declaración de Galindo sobre la universidad no era un desliz: era el programa. La disputa sobre los textos escolares —Bentham contra Balmes, utilitarismo contra tradición católica, "materialistas" contra "espiritualistas", con Ezequiel Rojas defendiendo la compatibilidad del utilitarismo con la moral cristiana y Caro atacando la destrucción de las raíces católicas del republicanismo— reveló que el conflicto no era sobre si educar a las masas, sino sobre qué doctrina inculcarles. Ambos bandos coincidían en que la educación era el medio para transformar a las masas; ninguno estaba dispuesto a costear una escuela verdaderamente popular. Que el Decreto haya priorizado escuelas normales sobre escuelas rurales, misión alemana sobre maestros de aldea, revista pedagógica sobre libros de texto masivos, indica dónde estaba la prioridad efectiva. La reforma quería un cuerpo docente leal; la escolarización popular era el envoltorio retórico, no el núcleo operativo. Cuando en 1912 el 80% del país seguía analfabeto, la sentencia era póstuma pero clara: la escuela de masas nunca había sido, para nadie de la generación radical, una prioridad presupuestaria real.

Hubo, por último, un fracaso de lectura de la sociedad católica. Aquí la crítica de Caro tenía fondo: el Estado radical confundió la separación jurídica de la Iglesia con la ausencia de la Iglesia. En una sociedad donde la parroquia era, en muchas aldeas, la única institución nacional existente, decretar la neutralidad religiosa en el aula equivalía a declarar la guerra al único aparato de socialización efectivo del territorio. Los radicales gobernaban desde Bogotá una república en la que Pío IX tenía más lectores que Bentham. El Syllabus de 1864 había recorrido el clero colombiano años antes del Decreto Orgánico; la contrarreforma ultramontana estaba movilizada antes de que la reforma comenzara. El episcopado no era clero concordatario dispuesto al arreglo: eran cuadros de una Iglesia militante que leyó el decreto como lo que también era, una declaración de hostilidades por el control del aula. El error radical no fue subestimar la fe popular —fenómeno de fondo, lento— sino la capacidad organizativa del clero para convertir esa fe en movilización política inmediata.

La explicación más ajustada combina el fracaso presupuestario con la ceguera ante la movilización clerical, y matiza tanto la ingenuidad política como la incompatibilidad estructural. Los radicales fueron políticamente ingenuos frente a la movilización clerical, y esa ingenuidad era funcional a un proyecto que nunca tuvo intención presupuestaria de cumplir su propia promesa igualitaria. La reforma no fue derrotada porque la sociedad católica fuera incompatible con la escuela laica —el caso antioqueño lo desmiente—; fue derrotada porque una reforma laica sostenida a medias, mal financiada, sin base social de defensa, no podía resistir una movilización que sí tenía tropa, sí tenía púlpito y, tras la guerra, sí tuvo aliados en el propio liberalismo, cuando los Independientes se plegaron a Núñez y la muerte de Manuel Murillo Toro en 1880 selló la suerte del radicalismo.

La incompatibilidad estructural entre secularidad y sociedad católica es demasiado rígida: el caso antioqueño demuestra que la coexistencia entre religiosidad y expansión escolar era posible bajo condiciones específicas. Pero esas condiciones eran exactamente las opuestas a las del Decreto de 1870: autoridad estatal fuerte a nivel local, alineamiento entre poder político y poder eclesiástico, escuela católica financiada. El Decreto pedía lo contrario en las tres dimensiones. Que haya fracasado no prueba que toda laicización fuera imposible; prueba que esa laicización, en esas condiciones fiscales, con esa base social, sin coerción central efectiva y contra un clero ultramontano recién armado por Roma, no era viable.

La guerra de 1876 fue el detonante que reveló las fracturas, no la causa que las creó. Sin guerra, es concebible que la reforma hubiera durado más y producido más matrícula; y sin embargo las cifras de 1881 —matrícula estancada respecto a 1873— sugieren que el techo se había alcanzado ya antes, aunque la destrucción bélica oculta lo que habría venido después. La guerra tampoco fue un accidente exógeno: fue el punto en que el clero ultramontano y la facción conservadora caucana midieron que la reforma era vulnerable y actuaron. La vulnerabilidad estaba en el diseño; la explotación de esa vulnerabilidad, en la movilización. Y el paralelo con México y Argentina, sugerente pero incompleto, refuerza el diagnóstico: la Reforma juarista pasó también por la guerra y logró consolidarse; la Ley 1420 argentina lo hizo en un país con inmigración europea masiva y una clase media urbana en formación. Colombia carecía de ambas cosas, pero afirmar que por eso la reforma estaba condenada cierra demasiado pronto un debate donde el peso relativo del clero ultramontano, la fuerza de los ejércitos nacionales y la capacidad fiscal del Estado central pesaron de modo distinto en cada país. La singularidad colombiana no fue la reforma sino la debilidad del Estado que la intentó.

Culpar por igual a los radicales, a la Iglesia y al federalismo es cómodo pero no explica por qué en Antioquia la escolarización creció bajo un régimen antitético al Decreto. Hubo caminos posibles hacia una expansión educativa que la generación radical, atada a su fórmula laicista, no supo transitar. La Regeneración escogió el camino inverso —entregar la escuela a la Iglesia— y produjo, a costo de largo plazo, una Iglesia poco preparada para el mundo pluralista y un Estado educativamente cautivo hasta bien entrado el siglo XX. Entre el laicismo desfinanciado del 70 y el confesionalismo constitucionalizado del 86, la historia colombiana no encontró, durante el siglo XIX, la fórmula intermedia que en otras latitudes hizo posible una escuela pública sostenida.

Que el Decreto Orgánico de 1870 sea recordado como el gesto laico más ambicioso y como el fracaso educativo más rotundo del siglo colombiano expresa esa asimetría. Fue lo mejor que la élite letrada podía imaginar y menos de lo que hacía falta para transformar el país. Su derrota no fue inevitable, pero tampoco fue accidental: cada uno de los flancos por los que la reforma se hundió estaba diseñado en el propio proyecto. El Decreto fracasó donde estaba llamado a triunfar, y triunfó, brevemente, donde nadie lo había firmado.

03

Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

35 documentos · 55 fragmentos de referencia
01Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 261, 264, 2673 fragmentos
[1]

quejaba de no poder iniciar labores por falta de libras y de estudiantes. Pero Hotschic ’ í tuvo gran é xito en Cundinamarca; se residenci ó definitivamente en Colombia, edit ó libros y lleg ó a ser director de Educaci ó n pfl. blica en Santander. Para fines de 1872 la misi ó n hab í a organizado escuelas normales en…

p. 264
[27]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
[44]

t é rmino a su ambicioso intento de reforma educativa. El gobierno del general Juli á n Trujillo (1878-1880), lleg ó al poder con pro mesas de conciliaci ó n y contrarreformas. En efecto, levant ó las sanciones contra los obispos de Popay á n, Pasto, Antioquia y Me- dell í n, que hab í an sido expulsados del pa í s…

p. 267
02Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 1511 fragmento
[2]

period show a decline in enrolments, and the central governments neglected public education almost totally to the point that, in some years, it included no item for education in the na- tional budget. 8 The education reform of President Eustorgio Sal gar proposed compulsory elementary schooling, neutrality in…

p. 151
03Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 124, 1392 fragmentos
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ejemplo de lo que llegó a generar estos desacuerdos fue la guerra civil de 1876: se gestó, entre otras razones, por el desacuerdo manifiesto del Partido Conservador y la Iglesia católica con las reformas educativas introducidas desde 1870 por el liberalismo radical en el poder, que impuso la enseñanza laica, la…

p. 124
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práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…

p. 139
04Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 921 fragmento
[4]

this, however, there was no agree- ment among contenders who sought to control Colombian education. Like most disagreements in Colombia from the mid-nineteenth century to the late twentieth century, educational disputes merged with political party faction- 76 Chapter Four alism. The civil war of 1876 is an example of…

p. 92
05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1601 fragmento
[5]

la segunda mitad del siglo XIX rigieron una escuela normal y una elemental mo- delo, anexa a la normal; introdujeron la enseñanza prusiana y en especial los métodos de enseñanza pestalozziana, que se basaban en la actividad de los alumnos por medio de la inducción y con la disciplina del amor reflexivo. Como sustento…

p. 160
06The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 117, 2712 fragmentos
[6]

7 January 1871. Notes to Pages 107–11 255 24. Obeso, Proyecto de lei sobre orden público, 5; Caraballo, El negro Obeso, 21– 22; Torres Almeida, Manuel Murillo Toro, 2–3, 5, 294, 300; Rodríguez Piñeres, El Olimpo radical, 201, 205–7; quoted from Marroquín, Obras escogidas en prosa y en verso, 51. 25. Wilson, A Ramble…

p. 271
[7]

significant reforms over public instruction, from the freedom of learning during emancipation to the major reform of 1870 known as the Organic Decree over universal primary education. Each sys- temic change in schooling embodied particular features of liberal civiliza- tion, and while letrados understood basic…

p. 117
07Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 213, 259, 2653 fragmentos
[8]

la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…

p. 213
[35]

temporal de la Compañía, a que el subsidio se redujera a $100.000, el Congreso no aprobó la negociación, y esta suma entró cumplidamente en las arcas públicas hasta 1880. En ese año, y con el objeto de conseguir capital para el Banco Nacional que proyectaba el Gobierno de Rafael Núñez, se negoció un anticipo de la…

p. 265
[36]

1895 son de presupuestos aprobados; en los demás casos se trata de ingresos reales. FUENTE: Memorias de Hacienda, 1871-74; Pérez, op. cit.; DANE, Boletín Mensual de Estadística, Nos. 257-58, Bogotá, diciembre 1972 y enero 1973. La era de los radicales En general el sistema tributario surgido de las leyes de 1850 y…

p. 259
08Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 62, 642 fragmentos
[9]

sus padres, re- ciban dicha instrucción de los párrocos o ministros», aunque no resultó esto en garantía suficiente para los sectores más tradicionalistas. Esta enérgica política instruccionis- ta que planteaba la reforma se reflejó no sólo en un amplio debate educativo sino, también, en un rápido y soste- nido…

p. 64
[10]

se correspondió en ma- yor medida con el plano de las reali- zaciones prácticas. Frente a una po- blación que de manera reducida pero estable no dejó de crecer a lo largo del siglo, el sistema escolar se mostró siempre incapaz para ofrecer a los re- cién estrenados ciudadanos la dosis mínima de escolaridad que supone…

p. 62
09Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 50, 53, 1143 fragmentos
[11]

altas en las capitales departamentales que en el resto de los municipios. En las veredas la deserción escolar estaba más generalizada que en las cabeceras municipales y en las ciudades, debido al papel reservado a los niños en las faenas agrícolas, a las distancias, a veces enormes, entre las casas y las pocas…

p. 114
[18]

ito disciplinado y, según se qu e jara el Secretario del Tesoro en 1 878, la operación costó el 1 18 % del presupuesto na- c i ona l apro bado para aquel año. El con fli cto duró 1 1 m eses y se libró principalmente en el Ca uca y cll o lima. Los clérigos de Palmira, Ca rta go y Tuluá abanderaron la causa…

p. 53
[39]

Estado de Bo ya cá cuya población era cinco y media veces ma - yor. La s vo taciones para presidente, cuyo mandato era de dos años y comenzaba el primero de abril, se efectuaban con notables dife - rencias, de ma yo a no viembre. Tales calendarios debilitaban al eje- cutivo nacional. A mitad del período presidencial,…

p. 50
10Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 308, 3202 fragmentos
[12]

tenuous con- sensus agreements struck by national government authorities and state officials were strained to the breaking point. Ultimately, the success of a secular national education system would prove to be partly responsible for its unraveling. Conser- vative Party members began to fear how the new cadre of…

p. 308
[43]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
11Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 901 fragmento
[13]

uprisings, which raise even to the highest posts ignorant and uncivil people, can vulgarize (aplebeyar) the language, bringing into general use antigrammatical terms and low words. 43 Grammar was not the sole quality deployed as power; education served this objective as well. The passage of Colombia from a barbar- ian…

p. 90
12Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 31, 532 fragmentos
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Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…

p. 53
[55]

debate there was a “conversation among gentlemen,” as one writer phrased it. 18 The debate over liberal and conservative principles was an intra- elite affair in which traditional leaders of society fought to impose their ideals as they marched at the head of peasant armies whose cadres were clients first and…

p. 31
13A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 261 fragmento
[15]

faith. As the educational process aims to educate rational individuals, it should be free from the influence of religion, and in no way should it impose or weaken the private individual’s faith. The debate con - ltinued throughout the 19th century, alternating between the official endorse - ment of the books and their…

p. 26
14Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 139, 1572 fragmentos
[16]

experimental tenía sobre la creencia en el alma y el punto delicado era cómo explicar las relaciones alma- cuerpo. Por razones diferentes, pero que coinciden en el interés de salvar una metafísica, ambos, Ancízar y Carrasquilla, contribuyen a trazar una nueva línea epistemológica entre lo fisiológico y lo espiritual,…

p. 157
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para ello que esperar a un Comte, pero, de nuevo, no hagamos teleología. Por ahora, baste decir que en últimas, todo este recorrido del ideólogo no podía sino desembocar en un proyecto pedagógico, pues en el fondo, era allí donde se podía conjurar, "hasta donde fuese posible", la "falla del sujeto": intervenir…

p. 139
15El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4551 fragmento
[19]

los créditos de la deuda exterior y en la reducción del tipo de interés de los bancos. La escuela primaria su- frió también en esta revolución profundas heridas, todavía no curadas por entero. Frente a las guerrillas conservado- ras surgidas en casi todos los estados, el Gobierno de la Unión juntó un ejército de 25.…

p. 455
16Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 47, 58, 2033 fragmentos
[20]

and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…

p. 58
[29]

n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar,  –  (Medellín, ),  – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…

p. 47
[40]

public instruction and the roads. In , the state’s secretario de gobierno, the Caucano Néstor Castro, argued unreservedly for government interven- tion in education: it should be ‘... made as readily available to the people as the water from the public fountain’. 5 That year the state of Antioquia adopted a…

p. 203
17Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 47, 58, 2033 fragmentos
[21]

and so paved the way for the era of bloodshed and disaster that devastated the country in our days. He later adds In a land like Antioquia, where the Masonic tradition is completely unknown, the clergy raged about it every day, painting it in the most hateful colours and declaring that masonry and liberalism were one…

p. 58
[30]

n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar,  –  (Medellín, ),  – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…

p. 47
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public instruction and the roads. In , the state’s secretario de gobierno, the Caucano Néstor Castro, argued unreservedly for government interven- tion in education: it should be ‘... made as readily available to the people as the water from the public fountain’. 5 That year the state of Antioquia adopted a…

p. 203
18Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 1331 fragmento
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servicio público; al escéptico au- tor del 'Que sais je', el iniciador vidente del ferrocarril del norte; al don Juan irresistible, robador de mujeres, el jefe austero de un hogar cristiano". Parra se posesionó el lo. de abril de 1876 y a los tres meses le tocaría hacer frente a una sangrienta guerra civil concebida…

p. 133
19¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 65, 682 fragmentos
[23]

la aparición de ferrerías e industrias anexas en Pacho, Amagá y Samacá, como también los avances mucho más estables en la producción de alimentos y bebidas, cuyo ejemplo más notable fueron las fábricas de cerveza aparecidas a fmales de siglo. COLOMBIA EN 1886, BAJO LA ILUSIÓN DEL ORDEN Una dura consecuencia del ciclo…

p. 68
[33]

garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
20Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 1071 fragmento
[24]

despacharon a los campamentos. Los niños también fueron a la gue- rra: unos desfilando en grupos desde las propias aulas de la escuela, otros fugados de la casa, atraídos por los «héroes» militares que encarnaban los ideales de la juventud, y los más atra- pados a la fuerza entre los bandos con- tendientes y obligados…

p. 107
21Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 342, 3522 fragmentos
[25]

nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
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aumentando equi- tativamente cuando mejore la situa- ción fiscal. Esta renta se destinará al auxilio de diócesis, cabildos, semina- rios, misiones y otras obras eclesiásti- cas. En resumen, la Iglesia hace conce- siones sobre sus derechos económicos a cambio del monopolio en el aparato educativo; esto significó un…

p. 352
22Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 fragmento
[26]

y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…

p. 38
23Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1091 fragmento
[28]

and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…

p. 109
24Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 441 fragmento
[31]

jesuitas, comuni- dad militante de la Iglesia Catdlica perseguida por los anticlericales de todo el mundo. La crisis religiosa se difundié en Nueva Granada a través de periddicos, hojas volantes, avisos, pan- fletos y otros medios de comunicacién social. Por su parte, los prelados utilizaron las pastorales para dar a…

p. 44
25Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 1972 fragmentos
[32]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
[34]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
26Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 fragmento
[37]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
27Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1431 fragmento
[38]

el fraude para garantizar ese voto era grande, tanto para los poderes locales como para el gobierno de la federaci ó n. Las divisio nes del Partido Liberal se convert í an en incentivos para golpes y re voluciones y, como dos estados fueron dominados por los conserva dores (Antioquia y Tolima), la disputa por los…

p. 143
28Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 4671 fragmento
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t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 Antioquia fue durante mucha parte del periodo un islote conservador. Las ideas y las acciones de los hom- bres políticos —liberales y conservadores— de Antioquia estaban condicionadas y limitadas por esa circunstancia. La consecuencia desastrosa de la guerra del 76 abrió un…

p. 467
29Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1971 fragmento
[45]

organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…

p. 197
30De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 fragmento
[46]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
31De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 fragmento
[47]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
32La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 fragmento
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- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
33Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1371 fragmento
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encontraran oneroso el procedimiento. Además, cuando las condiciones económicas no eran buenas, se hacía imposible (o, al menos, inconveniente) pagar siquiera el modesto 6% que, se suponía, debían producir los activos legados. En consecuencia, tampoco es sorprendente que se hubieran pedido reformas al sistema. No…

p. 137
34Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2152 fragmentos
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ambiguo carácter del régimen político que las instituciones nacionales simplemente se copiaron de las extranjeras, volviendo la espalda a las condicio- nes reales en las cuales se desenvolvía la política nacional. Esto tiene algo de cierto en relación con los aspectos formales del ré- gimen (el tipo de constitución,…

p. 215
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ambiguo carácter del régimen político que las instituciones nacionales simplemente se copiaron de las extranjeras, volviendo la espalda a las condicio- nes reales en las cuales se desenvolvía la política nacional. Esto tiene algo de cierto en relación con los aspectos formales del ré- gimen (el tipo de constitución,…

p. 215
35Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 441 fragmento
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el preambulo o anticipo de lo que ha de venir con las ideas radicales a las que el general José Hilario Lopez da prestigio desde la presidencia de la Republica. Pero para ello era preciso que se realizara antes el proyecto historico-politico modernizante de la pri- mera administracién del también general Tomas…

p. 44